La cúpula de ETA cayó al organizar una reunión para el Gudari Eguna

David-Pla-Iratxe-Sorzabal-EFE_66003433_45188_854x480Los dos miembros más buscados de la banda terrorista ETA -Iratxe Sorzabal y David Pla, en la imagen- fueron detenidos este martes por la policía francesa. Los dos etarras fueron capturados en una operación conjunta con la Guardia Civil cuando preparaban una reunión con otros miembros de la banda para preparar un documento de cara al Gudari Eguna del próximo domingo.

Iratxe Sorzabal y David Pla, los dos etarras detenidos este martes.

Los dos miembros más buscados de la banda terrorista ETA -David Pla e Iratxe Sorzabal- fueron detenidos este martes por la policía francesa en una casa rural junto a la frontera española. Los dos etarras fueron capturados en una operación conjunta con la Guardia Civil cuando preparaban una reunión con otros miembros de la banda. ¿El motivo? preparar la estrategia y un posible comunicado etarra de cara al Gudari Eguna que se celebra el próximo domingo. Por ello, los máximos responsables del aparato político de ETA se desplazaron desde su escondite en un piso franco cercano a París hasta una casa rural en Saint-Étienne-de-Baigorry, el los pirineos franceses, donde fueron arrestados.

Junto a Sorzabal y Pla, los gendarmes galos detuvieron también a otras dos personas; un histórico miembro de la banda llamado Ramón Sagarzazu -en libertad desde 2010- y el propietario de la vivienda donde se cobijaban, Pantxo Flores, acusado de dar apoyo a los etarras. Los expertos antiterroristas investigan ahora si la citada casa pudo ser utilizada con anterioridad por otros comandos antes de cruzar de forma ilegal a España.

La pista definitiva para la detención de la cúpula de ETA se produjo hace semanas, cuando los operativos españoles en Francia detectaron los preparativos de la reunión. Desde entonces, un dispositivo de la Guardia Civil ha trabajado sobre el terreno en labores de inteligencia y vigilancia para confirmar la presencia de los objetivos y garantizar su detención.

La pareja más buscada

Davil Pla e Iratxe Sorzabal fueron identificados por el Ministerio del Interior como dos de los tres etarras que leyeron, hace casi cuatro años, el comunicado que anunciaba el cese definitivo de la lucha armada por parte de ETA. Poco después recibieron asilo político en Oslo, desde donde comenzaron las negociaciones con España para la disolución definitiva de la banda. Poco se consiguió, hasta el punto de que los etarras perdieron su estatus de amparo dentro del país y pasaron de nuevo a la clandestinidad.

Desde entonces, la inteligencia española situaba a Sorzabal y Pla en una vivienda en una zona cercana a París. Desde allí se desplazaron presuntamente hasta la frontera de España para encontrarse con Ramón Sagarzazu, considerado durante años el máximo responsable del aparato internacional de la banda y en libertad desde 2010. En el momento de su encuentro, los tres etarras fueron detenidos.

Yo vi jugar a Pau Gasol

Pau-Gasol-encuentro-Francia-REUTERS_65003500_38248_854x480 Con 35 años y renqueante desde el encuentro ante Grecia, Pau Gasol agiganta su grandeza con 18 de los últimos 28 puntos de España ante Francia para derrotar al anfitrión y actual campeón de Europa, vengar el Mundial de 2014, alcanzar la final del Eurobasket y certificar la clasificación para los JJOO de Río 2016.

Pau-Gasol-encuentro-Francia-REUTERS_65003500_38248_854x480No será este un artículo en primera persona. Ni mucho menos, pero dentro de algunos años -muchos, esperemos- usted, querido lector de EL ESPAÑOL, y yo podremos decir que vimos jugar a Pau Gasol. Será una frase que nos llene de orgullo, de recuerdos imborrables y también, delo por seguro, de nostalgia. Porque Pau Gasol, antes o después, ley de vida, terminará su recorrido con España, dejará de representar nuestra bandera, de regalarnos noches de gloria y sueños que parecían irrealizables. Porque algún día, usted y yo, descubriremos que vivimos un sueño. Tan grande como el de Rafa Nadal, igual de surrealista, igual de increíble. Pero fue verdad, lo vivimos. Usted y yo.

Se escabulle a la memoria su imagen imberbe y espigada, de aquellos tiempos cuando Sasha Djordjevic, entonces su mentor en el Barcelona, el domingo quizás entrenador del rival por el oro continental, abroncaba a Gasol y a su inseparable Juan Carlos Navarro por fumar a escondidas. Retoza en nuestra mente su aspecto de quinceañero con acné cuando David Stern le puso la gorra de los Atlanta Hawks en aquel draft de 2001. Aparece entre brumas su tímido gesto de desafío a Kevin Garnett (mirada abajo, hombro contra hombro) después de ese mate remontando la línea de fondo, botando con la izquierda, hundiéndola a dos manos…

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40 puntos, 11 rebotes, 11 faltas recibidas y 1 tapón. 52 de valoración. Pau Gasol anotó el 50% de los puntos de España en el Metropole Arena de Lille. 40 de 80, que se dice pronto. Ni los 27.000 franceses que abarrotaban las gradas ni los 100.000 hijos de San Luis habrían podido con el de Sant Boi. Con 35 años y renqueante desde el encuentro de cuartos de final ante Grecia, Pau Gasol anotó 10 de los últimos 14 puntos de España en el último cuarto (los otros cuatro fueron de Sergio Rodríguez) y ocho de los 14 puntos que la selección de Sergio Scariolo -que también tiene su mérito, y mucho- firmó en la prórroga.

La última gesta del sin duda alguna mejor jugador español de todos los tiempos. La última de muchas. Desde jugadas concretas como aquel mate ante Garnett o aquel contrataque, ya con los Lakers, con él dirigiendo la transición como si fuera un base de 1,80 pasándose el balón entre las piernas antes de dar la asistencia mirando al tendido. Desde aquella clasificación histórica de los Memphis Grizzlies para los playoffs de la NBA por primera vez en la historia de la franquicia gracias a él y a nadie más que a él a sus anillos con los Lakers.

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Desde aquel Mundial de Japón, en 2006, liderando en el parqué y también fuera de él. Sus números ante Argentina en semifinales, lesión incluida. Su capacidad para aglutinar a la selección que se proclamaría campeona del mundo en torno a su figura a pesar de que ni siquiera pudo jugar en aquella final ante Grecia.

Primeros retazos de una grandeza que no encuentra su fin, que no alcanza su cima. Ni siquiera con sus anillos de la NBA, ni siquiera cuando todo el Reedem Team pasó por el banquillo de España para rendir pleitesía al hombre que les mantuvo en jaque en las finales olímpicas de Pekín y Londres. Ni siquiera con su actuación ante Francia en un estadio de fútbol repleto de franceses, ante la actual campeona de Europa y defensora del título. Ni siquiera con una España mermada por las bajas de Calderón, Navarro o Ibaka.

Ni con todos esos condicionantes encuentra techo su grandeza, porque mientras toda España celebraba el pase a la final, la vendetta tras lo sucedido en nuestro Mundial en 2014 y la clasificación para los Juegos Olímpicos de Río 2016, él, calmado, bajas las pulsaciones y voz serena, respondía a un sencilla pregunta como sólo se puede esperar de él.

– ¿Qué le has dicho a tus compañeros?- Les he dicho enhorabuena, pero ahora queremos el oro.

La semana en la que EL ESPAÑOL dio la vuelta al mundo

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Pasaban exactamente 15 minutos de la primera medianoche del año cuando Pedro J. Ramírez anunció en Twitter que este periódico “será universal pero se llamará EL ESPAÑOL”. Aún antes de nacer, nuestro proyecto ha logrado ya dar la vuelta al mundo.

Pasaban exactamente 15 minutos de la primera medianoche del año cuando Pedro J. Ramírez anunció en Twitter que este periódico “será universal pero se llamará EL ESPAÑOL”. Aún antes de nacer, nuestro proyecto ha logrado ya dar la vuelta al mundo.

En la última semana han informado del lanzamiento el Financial Times, uno de los periódicos más prestigiosos del mundo, los económicos de referencia en Alemania –Handelsblatt– y Francia –Les Echos-, The Times y The Guardian en Reino Unido, el Diario de Noticias en Portugal, la radiotelevisión pública de Austria y hasta una web de noticias en Australia, las antípodas de la madrileña Avenida de Burgos donde la redacción del periódico poco a poco comienza a llenarse de periodistas.

La publicación en el Financial Times, que tituló la información “El periódico español que envía una señal desafiante en medio de temores sobre la libertad de la prensa”, creó una auténtica bola de nieve informativa. El diario es de obligada lectura en la élite empresarial y política en todo el mundo, por lo que sus textos son habitualmente reseñadas en la prensa internacional. Pero además, el rotativo reservó una de sus páginas nobles (la 3) para el amplio artículo firmado por el corresponsal en Madrid, Tobias Buck.

“Los fundadores de EL ESPAÑOL, que han contratado a los mejores periodistas de investigación de medios rivales, aspiran a enviar una señal desafiante en un momento en el que gran parte de la prensa española sigue maniatada por la crisis”, dice el texto, que al final incluye una pregunta clave: “¿Hay gente que debería tener miedo de EL ESPAÑOL?. ‘Depende de lo que hayan hecho”, resuelve el presidente y director, Pedro J. Ramírez.

Este eco global coincide con el absoluto silencio de la prensa de ámbito nacional en España, que no ha dedicado una sola línea al lanzamiento periodístico de mayor envergadura desde 2007.

Muchos medios han publicado en los últimos meses informaciones sobre el lanzamiento, entre ellos la agencia Bloomberg y la revista especializada Columbia Journalism Review.

Esta semana, además, el equipo de EL ESPAÑOL celebraba que 9.000 suscriptores han dado ya su confianza al proyecto, cuyos detalles ultiman ya decenas de periodistas, técnicos y el equipo de gestión en una redacción que no se ha ido de vacaciones.

Medios internacionales que han informado del lanzamiento esta semana:

Además, en EL ESPAÑOL:

Los cinco gráficos que Rajoy no quiere que veas

El crecimiento del PIB

Mariano Rajoy presentó este viernes ocho gráficos para demostrar hasta qué punto la economía había mejorado durante su mandato. La mayoría estaban mal dibujados, omitían detalles relevantes o destacaban datos erróneos. A continuación presentamos los datos del presidente bien presentados, acompañados de contexto y despojados de la propaganda oficial.

Mariano Rajoy presentó este viernes ocho gráficos para demostrar hasta qué punto la economía había mejorado durante su mandato. La mayoría estaban mal dibujados, omitían detalles relevantes o destacaban datos erróneos. A continuación presentamos los datos del presidente bien presentados, acompañados de contexto y despojados de la propaganda oficial.

1. Las exportaciones. 

¿Se han triplicado las exportaciones en España desde 2011? Así lo sugiere este gráfico del Gobierno español, que trunca el eje vertical en el 27% y presenta una subida mínima  como un aumento notable.

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La realidad es más compleja de lo que sugiere el gráfico del presidente del Gobierno. Las exportaciones españolas empezaron a subir durante el mandato de Zapatero y su crecimiento se ha frenado durante el mandato de Rajoy.

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2. El déficit.

El gráfico elaborado por La Moncloa sugiere que el Gobierno ha reducido el déficit público poco a poco desde 2011 e incluye un año que no ha terminado (2015) y tres que ni siquiera han empezado (2016, 2017 y 2018).

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La clave está en la letra pequeña del gráfico, que indica que sus cifras excluyen el impacto del rescate bancario de junio de 2012. Esas cifras sí están incluidas en este otro gráfico, que ofrece una visión más fiable de la realidad.

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3. El crecimiento.

El Gobierno destaca en este gráfico la previsión de crecimiento de varios estados desarrollados para 2015 y presenta a España como el país que más crecerá. La fuente de  estas cifras es la OCDE.

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Este otro gráfico ofrece más información sobre la evolución de la economía española desde el principio de la crisis. España está un 5% por debajo del PIB de 2007. La economía de otros países (salvo la de Italia) ha evolucionado mejor que la nuestra: Alemania ha ganado un 5% y Estados Unidos, un 8%. España no ha alcanzado el nivel de renta que tenía al principio del mandato de Mariano Rajoy.

El crecimiento del PIB

4. El gasto social. 

El Gobierno destaca que el gasto social supone un 53% de los presupuestos de 2016. Esa cifra la presenta sin desglosar el gasto en las pensiones y en la prestación por desempleo en esta tarta tridimensional.

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Este otro gráfico refleja la evolución del gasto social del Gobierno español desde 1980 y de la tasa de paro desde 1987. En este caso, el gasto social se expresa como un tanto por ciento del PIB y proviene del agregado de la OCDEAquí se aprecia la relación entre ambas variables durante la crisis de los años 90 y durante la recesión actual. El gasto social sube sobre todo porque sube el número de ciudadanos que solicitan la prestación por desempleo. 

El gráfico refleja además que el gasto social se ha mantenido estable desde el principio de la crisis y no ha aumentado desde que llegó al poder el Partido Popular.

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5. La evolución del PIB. 

Este gráfico enfatiza que España ha encadenado ocho trimestres consecutivos de crecimiento desde julio de 2013.

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Este otro gráfico presenta la evolución del PIB español desde 1996. España encadenó 50 trimestres de crecimiento antes de la crisis durante los mandatos de José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. evolucion-pib-trimestral

También en EL ESPAÑOL: 

Contador, Quintana, Froome y Nibali en busca del Tour 2015

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En un deporte de caídas, lesiones y sanciones, no es muy frecuente que un duelo anticipado desde meses atrás se acabe consumando. En este Tour –que arranca este sábado– no solo ha sucedido eso, sino que el duelo es a cuatro: Alberto Contador, Nairo Quintana, Chris Froome y Vincenzo Nibali son los grandes favoritos para ganar, y ninguno de ellos se ve menos favorito que sus rivales.

Quizá un día Europa se deshaga, pero entonces aún nos quedará el Tour de Francia, una institución centenaria a la que solo pudieron parar las Guerras Mundiales y que tan pronto empieza desde San Sebastián o Leeds como desde Utrecht. Como cada mes de julio, la carrera ciclista más importante del mundo recorrerá el hexágono francés en busca de su maillot amarillo.

En un deporte de caídas, lesiones y sanciones, no es muy frecuente que un duelo anticipado desde meses atrás se acabe consumando. En este Tour –que arranca este sábado– no solo ha sucedido eso, sino que el duelo es a cuatro: Alberto Contador, Nairo Quintana, Chris Froome y Vincenzo Nibali son los grandes favoritos para ganar, y ninguno de ellos se ve menos favorito que sus rivales.

Alberto Contador
Alberto Contador

Alberto Contador (Tinkoff-Saxo, 1982, España)

De los cuatro candidatos, Contador es el que menos y más presión tiene al mismo tiempo. Por un lado, haber ganado el Giro soluciona su palmarés de 2015, que ya no necesita un triunfo en el Tour para darse por bueno. Ninguno de sus rivales puede decir lo mismo, y tampoco pueden presumir de haber ganado dos veces la carrera francesa, algo que sí ha hecho el madrileño (2007 y 2009).

Por otro, Contador es el más veterano de los cuatro candidatos –cumple 33 años en noviembre– y ya hace seis veranos desde su última victoria. Froome y Nibali son los dos últimos campeones, mientras que Quintana, con 25 años, tiene toda su carrera por delante (aunque esto a veces no signifique tanto como parece, como pueden atestiguar Jan Ullrich y Andy Schleck). No está claro cuántas oportunidades le quedan a Contador por delante para ganar su tercer Tour. Hace ocho años desde su primera victoria en París; solo el mito Gino Bartali en la II Guerra Mundial vio pasar más tiempo entre sus dos triunfos en el Tour.

En esos términos históricos y legendarios hay que hablar para analizar lo que quiere hacer Contador. El doblete Giro-Tour le pondría mirando a los ojos de Miguel Indurain –y con más grandes vueltas ganadas que el navarro–, y a la derecha de cualquier leyenda de la bicicleta. “La gente que dice que ganar Giro y Tour es imposible me motiva todavía más”, ha repetido el escalador español en varias ocasiones en la previa.

En su contra está el tremendo desgaste de un Giro de Italia corrido con el cuchillo entre los dientes. A su favor, que en mayo vimos a un Contador más maduro que nunca, en una gran vuelta que ganó con piernas y cabeza a partes iguales. En Italia Contador fue superior a sus rivales, también humano –pájara incluida– y muy inteligente. Con el desgaste de la maglia rosa en las piernas, en el Tour tendrá que darle uso a su reciente condición de veterano de la bici.

Best climber's polka dot jersey Colombia's Nairo Quintana thumbs up to celebrates his second-placed in the overall standings as he rides during the 133.5 km twenty-first and last stage of the 100th edition of the Tour de France cycling race on July 21, 2013 between Versailles and Paris.   AFP PHOTO / PASCAL GUYOT
Nairo Quintana

Nairo Quintana (Movistar, 1990, Colombia)

Nibali comentó hace unos días con malicia que no sabía dónde estaba Nairo Quintana. El joven ciclista de Movistar pasa grandes partes de la temporada en Colombia, incluyendo las semanas previas al Tour, y Nibali insinuaba que quizá en su región de origen su rival podría estar menos controlado.

Esas palabras del ganador del Tour hirieron el orgullo a Quintana. “Algunos hablan de Colombia como si fuera un país perdido en la selva, lejos de todo y de todos. Hace dos años también decían que vengo de una familia pobre”, explicaba el colombiano al diario belga Het Nieuswblad. “No: mis padres no son ricos, pero tampoco pobres”. Esta es la gran historia de Quintana: su realidad acaba por vencer al relato de sus apariencias.

Uno ve en Nairo Quintana a un ciclista pequeñito y ligero, pero ya se le ha visto ganar carreras bajo la nieve y a 30ºC, cuesta arriba y cuesta abajo. Cuando habla parece que esté pidiendo permiso, pero todos los que le conocen destacan que su ambición y su dureza mental son extraordinarias. Quintana se esfuerza en destruir todas las narrativas que se le construyen, excepto la de su inmenso talento.

Su aparición en el Tour de Francia con el colosal segundo puesto de 2013 –siendo mejor que Froome en el último bloque de montaña– fue la típica explosión de un joven destinado a vestirse de amarillo. Irónicamente, el siguiente paso de su carrera fue saltarse el siguiente Tour, una decisión saldada con el éxito de la victoria en el Giro de Italia.

Ahora Quintana aparece por primera vez como gran favorito en el Tour, una presión que nunca le ha afectado en el resto de grandes eventos de su carrera. Con 25 años –todavía forma parte de la clasificación de los jóvenes, que obviamente ganó en 2013–, Nairo Quintana no tendría por qué tener prisa. Pero si sobrevive a la primera semana, no hay razones para pensar en que este no puede ser su primer Tour.

Christopher Froome

Chris Froome (Sky, 1985, Reino Unido)

No debería ser ni ofensivo ni discutible definir a Christopher Froome como uno de los ciclistas más extraños que ha conocido la élite de este deporte. Nacido en Kenia hace 26 años  y viviendo siempre entre África y el Reino Unido, pasó en un tiempo escaso de ser un ciclista mediocre (y sin especial proyección) a candidato a llevarse cualquier vuelta grande. Desde entonces ha ganado un Tour, ha sido segundo en otro y se ha subido al podio de una Vuelta.

Las rarezas de Froome van más allá de su trayectoria, pues no hay más que verle sobre la bicicleta para sentir que viene de otro planeta. Desde sus esqueléticos 185 centímetros, Froome puede arrancar pletórico en la peor cuesta del puerto más duro y parecer hundido medio kilómetro después, o al revés. Sus planes de carrera se mueven en lo predeciblemente impredecible: el guion que sigue su equipo, Sky, es siempre el de un control férreo para que el líder remate al final, pero a la vez sus rivales nunca pueden saber si Froome está bien, mal o regular.

Aunque su comportamiento en cuesta sea errático, Froome detesta que las cosas se escapen de su control, lo que le convierte en el producto más fiel del científico equipo Sky. Con ocho compañeros programados para que todo siga por sus raíles, Froome tendrá que aprovechar las pocas oportunidades que este Tour concede a la contrarreloj –dos: la primera etapa, de 13,8 km. en Utrecht, y la crono por equipos del noveno día–, donde cuenta con la mayor ventaja sobre sus rivales. En sus mejores momentos, Froome machaca tanto contra el crono como cuesta arriba, pero el recorrido de este Tour le gusta tan poco que incluso amenazó con correr Giro y Vuelta y no pasar por Francia.

Froome cedió porque el Tour es el Tour, y, con permiso del resto de rivales, su duelo con Contador es el más atractivo de la carrera. Desde que Froome se instaló en la élite, están empatados: mientras el británico machacó a Contador en el Tour 2013, el español se vengó en la Vuelta 2014 con una victoria neta, después de que las caídas privasen a ambos de luchar el Tour. Algunas victorias parciales para Contador (Dauphiné ’14), otras para Froome (Andalucía ’15), y el reto definitivo en este mes de julio. El keniata llega con la tranquilidad de haber ganado en Dauphiné, el gran ensayo previo al Tour, y la convulsión de haber reconocido que se saltó un control antidopaje en sus últimas vacaciones.

Nibali

Vincenzo Nibali (Astana, 1984, Italia)

No es frecuente que un ciclista gane un Tour con siete minutos de ventaja –y parecen hasta pocos recordando cómo dominó la carrera– y al año siguiente, sin que medien lesiones, no sea el máximo favorito. Vincenzo Nibali es el dorsal número uno del Tour, el primer italiano en poder repetir triunfo en Francia desde Fausto Coppi, y aun así no tanta gente cree en su victoria.

El líder de Astana llega al Tour de manera muy similar a la del año pasado: su rendimiento ha sido modesto y su único triunfo de la temporada ha sido el Campeonato de Italia. Además, Nibali ha vivido durante el año bajo el influjo de la pésima imagen que recibe su equipo, que estuvo a punto de perder su pertenencia a la máxima categoría del ciclismo por una serie de positivos a final de la temporada pasada. Y nadie olvida que su dominio del año pasado llegó con las caídas de Contador y Froome, más la ausencia de Quintana.

Pero en este Tour, Nibali cuenta con varias cartas a su favor. El recorrido le beneficia porque en la primera semana hay poca etapa llana y mucha pequeña clásica; en especial, la cuarta etapa (Seraing-Cambrai) será clave con sus siete tramos de pavés. El año pasado una jornada similar fue la más decisiva de la carrera: Froome se cayó y abandonó, y Nibali se exhibió para sacarle dos minutos a Contador. El italiano es el más hábil de los favoritos en las jornadas de guerrilla, y aunque este año no lloverá sobre el pavés, esta etapa de adoquines es una de las más decisivas de un recorrido que incluye puertos como Plateau de Beille, Tourmalet, Alpe d’Huez, Glandon y la Croix de Fer.

En general, no conviene olvidar lo difícil que es sobrevivir a la primera semana, que en las últimas ediciones casi siempre se cobra una víctima importante. Hace diez años que un ciclista no repite victoria en el Tour, y suben a 20 (desde Indurain en 1995) si consideramos que Lance Armstrong fue desposeído de sus triunfos. Hasta hace dos años, Nibali era un ciclista adorado por la afición porque atacaba en todas las carreras desde marzo hasta octubre, y de vez en cuando también las ganaba. El siciliano, que ahora ha sacrificado todo eso por el Tour, tiene por delante una apasionante e histórica defensa de su título.

Más candidatos… pero menos

Son cuatro los grandes favoritos y un nutrido grupo de candidatos que les acompaña. Entre ellos, dos de los mejores ciclistas españoles de siempre (Alejandro Valverde y Joaquim Rodríguez), dos componentes del último podio del Tour (Jean-Christophe Péraud y Thibaut Pinot), el campeón del mundo (Michal Kwiatkowski), un grupo de jóvenes en busca de su gran salto (Tejay Van Garderen, Romain Bardet, Bauke Mollema, Andrew Talansky), sprinters, contrarrelojistas y toda la plana mayor del pelotón internacional. Es el Tour de Francia, el gran festival de la bicicleta del que cada año tenemos dos únicas certezas: siempre se presenta apasionante y siempre termina en París. 3.360 kilómetros nos resolverán el resto de incógnitas.

DSK, indulto penal, condena moral

Un tribunal de Lille ha absuelto al ex director general del FMI Dominique Strauss-Kahn (DSK) del delito de “proxenetismo agravado” que se le imputaba, poniendo fin a un proceso que ha durado cuatro años.

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‘Conozco y frecuento a DSK desde hace años. Niego que sea un «hombre cruel, primitivo o sádico». La violencia no forma parte de su cultura. Ama el sexo ¿y qué?’ (Carmen Llera)

Un tribunal de Lille ha absuelto al ex director general del FMI Dominique Strauss-Kahn (DSK) del delito de “proxenetismo agravado” que se le imputaba, poniendo fin a un proceso que ha durado cuatro años.

Previamente al fallo, no se privó de dar una increíble explicación sobre su participación en las orgías, admitiendo que estuvo involucrado porque necesitaba “sesiones recreativas” que aliviaran sus tareas de “salvar el mundo” de una de sus peores crisis financieras.

Los magistrados estimaron, en ese sentido, que ni la vestimenta ni las prácticas sexuales de las mujeres que frecuentaban las fiestas eran indicios suficientes para justificar que DSK fuera consciente de su condición de profesionales del sexo.

Los lectores más cinéfilos recordarán la película Bienvenidos al Norte (2008), una comedia francesa que cuenta las andanzas del director de una oficina de correos en el sur del país quien, como medida disciplinaria, es enviado a la región del Norte, a la que pertenece Lille, y que, no olvidemos, formó parte de los Países Bajos españoles.

Feudo socialista del norte de Francia, esta maravillosa ciudad ha sido el escenario del juicio a propósito del caso Hotel Carlton, por el que se ha juzgado a DSK de un presunto delito de explotación o utilización de prostitutas de manera organizada. No se podía haber encontrado escenario más adecuado para escenificar este auto de fe sin arrepentimiento sobre tan destacado elemento de la gauche caviar parisina.

De poco han servido las pesquisas porque DSK ha vuelto a ganar, y eso después de haber logrado -por los pelos y gracias a un acuerdo económico- salvar los muebles de un lance anterior, que se llevó por delante su cargo como director del FMI y una prometedora carrera política.

Nacido en una familia judía, este socialdemócrata francés y ex ministro padecería una insaciable afición al sexo que habría arruinado su oportunidad de optar al cetro del Elíseo. Víctima propiciatoria, pues, de esa curiosa enfermedad, con etiología tan francesa –démons du Midi– que combina ingredientes variados: vida rutinaria caracterizada por el aburrimiento, cansancio por el trabajo y deseo de sentirse joven. Un cóctel que aboca a los que han franqueado una determinada barrera de edad -hombres y mujeres- a buscar una segunda juventud fuera del estructurado hogar, en el que ya poco queda por descubrir.

Nueva York, 2011

Pero volvamos a Nueva York, cuando a DSK lo sacaron de un avión, en una cinematográfica detención en el John Kennedy Airport, a punto de despegar para París, acusado de haber forzado a una camarera guineana a tener sexo oral en el Hotel Sofitel.

La Policía americana lo detuvo sin pararse a pensar si se trataba del gerente del FMI o de un viajero anónimo, o si iba rumbo a París y Berlín, para explicitar sus planes como candidato y reunirse con Merkel. Lo sacaron del avión de Air France, casi a rastras y sin perder el tiempo en verificar la certeza de la denuncia.

Este judío, casado por tercera vez -la última con una figura de la televisión francesa- sufrió daños irreparables en su carrera política. Dada la mal disimulada manía que tienen muchos americanos a todo lo que huela a francés, uno no pudo dejar de pensar en la posibilidad de que a este hombre -tan inteligente como fogoso- alguien le hubiera tendido una honey trap, porque ¿a quién se le puede ocurrir echar el pestillo de la habitación con la camarera dentro y abalanzarse sobre ella, forzando su voluntad?

Desde luego que no es algo muy propio de un hombre que, junto a su merecida fama de seductor, dejó en la UE el recuerdo de ministro competente y europeo convencido -con la puesta en marcha del Eurogrupo- y que, hasta el episodio del Sofitel, era la gran esperanza del socialismo francés; quizás una ofuscación transitoria, pero -en cualquier caso- injustificable. Menudo regalo de domingo le hizo a su íntimo contrincante, Nicolas Sarkozy.

Pero DSK, ya la había armado años antes, a cuenta de sus escarceos con una economista húngara del FMI. Sin embargo, y aunque su asonada en el hotel de Manhattan fue exponente de una conducta indigna, subyacen algunas cuestiones -quizá retóricas y maliciosas- sin despejar: ¿Es posible que hubiera habido algo de exageración por parte de la víctima? ¿Cuánto hay de maniobra urdida por sus oponentes políticos?

Un happy end saliendo por la gatera puso punto final a este lamentable sucedido gracias a que la guineana, en virtud de un suculento acuerdo económico –seis millones de dólares, según Le Monde– aceptó retirar los cargos. Y es que la justicia funciona así cuando uno -en este caso la ex mujer de DSK, Anne Sinclair- se pudo permitir pagar las minutas de abogados de campanillas, a 1.300 dólares la hora.

Lille, 2015

Un tribunal compuesto por dos mujeres y un hombre ha juzgado, en el subsuelo del Palacio de Justicia de Lille -un edificio moderno de hormigón, de construcción controvertida, al lado de un hospicio- al acusado DSK y a sus compañeros de correrías, por unos presuntos delitos que habrían tenido lugar entre 2009 y 2011.

A lo largo del juicio no se ha inmutado en las tres negativas con las que ha contraatacado: ni fue nunca al Carlton, ni se reunió jamás con el proxeneta Dodo la Saumure -el dueño de los  burdeles en Bélgica, que se blanqueó los dientes en España con vistas al proceso- ni sabía que a las señoras que participaban en los parties les pagaban para tener sexo con los invitados.

Estas orgías -sufragadas por hombres de negocios de medio pelo, cabe suponer que postulantes a los favores del futuro presidente- ya fueron calificadas por el tribunal como libertinas, una forma muy gala de etiquetar conductas, que no ha dejado de provocar en los medios anglosajones alguna que otra mueca. Ya se sabe, los franceses…

El fiscal sostuvo que la evidencia contra DSK era endeble. Sin embargo, a las dos magistradas que han formado parte de la tríada de jueces su alegato les pareció una pamema, por lo que lo ignoraron y ordenaron la apertura del juicio oral que ahora culmina.

El presidente del tribunal, con su pajarita de rayas negras y amarillas -muy Bienvenidos al Norte– cuando abrió el juicio ya avisó de que ellos no son los guardianes del orden moral, sino de la correcta aplicación de la ley, por lo que se iban a examinar los detalles, las anécdotas y los hechos bajo el prisma de la calificación penal.

Es natural, pues, que el magistrado pusiera las manos por delante y advirtiera que éste no podía ser un juicio sobre la doble vida del acusado, principal beneficiario e instigador de las fiestas libertinas al tiempo que favorito de los sondeos para las presidenciales francesas de 2012.

Impasible durante la lectura de la sentencia, DSK sólo asintió con la cabeza cuando el juez de Lille lo declaró no culpable.

Sin minimizar la gravedad de los hechos, uno no puede evitar sazonar el relato con una reflexión no exenta de cinismo, y es que algunos personajes públicos -entre los achaques de autoestima por la edad, las servidumbres de la próstata y la permanente pugna electoral- son incapaces de contenerse. También Berlusconi, ya fuera de la pista política, se inmoló, a cuenta de sus enredos en Cerdeña con una menor marroquí.

A esto, los especialistas lo llaman crisis de identidad pero, tal y como está la cosa, a los contribuyentes les llevan los demonios, sólo de pensar que están delegando la administración de los menguantes ingresos y la creciente deuda, en manos de individuos tan poco juiciosos en su vida personal.

De ahí que la pregunta que se hace uno sea: ¿cómo es posible que DSK haya podido comportarse de forma tan necia? Porque, a pesar de las advertencias del magistrado, no es otra cosa que la doble moral lo que se ha juzgado en Lille. Puro Balzac.


Luis Sánchez-Merlo es abogado y economista

Permiso para morir

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Se llama Vincent Lambert, tiene 38 años y desde hace siete se encuentra en estado vegetativo crónico. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha avalado ahora la decisión que un año antes había adoptado el Consejo de Estado francés –equivalente a nuestro Constitucional– de retirar a Vincent la alimentación que le mantiene vivo. 

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«Busco desesperadamente un médico que me ayude a morir cuándo y cómo yo lo desee. Tenemos normas que se obstinan en mantener en estado de sufrimiento a personas que no tienen ya vida» (Indro Montanelli. Fundación Floriani. Diciembre de 1999)

Se llama Vincent Lambert, tiene 38 años y desde hace siete se encuentra en estado vegetativo crónico en el Hospital Universitario de Reims, al nordeste de Francia. Vincent era un hombre sano hasta que, poco después de casarse con Rachel,  enfermera como él, sufrió un accidente de moto que le dejó tetrapléjico. Desde entonces Vincent no ha vuelto a la vida, quiero decir a la vida mortal y perecedera.

Ahora, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en una sentencia dictada por la Gran Sala –doce votos contra cinco– y que parte de la premisa de la «falta de consenso entre los Estados miembros del Consejo de Europa», ha avalado la decisión que un año antes había adoptado el Consejo de Estado francés –equivalente a nuestro Tribunal Constitucional– de retirar a Vincent la alimentación e hidratación artificiales que le mantienen vivo. Los argumentos que las dos instancias judiciales superiores ofrecen son básicamente tres y se inspiran en los dictámentes emitidos por la Academia Nacional de Medicina, el Comité Consultivo de Ética, formado por médicos, filósofos y juristas, y el Consejo Nacional de Médicos, con sede en Francia.

Uno, que Vincent es como un fósil sin vuelta atrás. Sus señorías consideran irrefutable el diagnóstico de que el cerebro de Vincent Lambert está dañado para siempre. Así resulta de los escáneres realizados y que revelan que su encefalograma es plano. En un informe del doctor Éric Kariger, jefe del Servicio de Cuidados Paliativos del Hospital de Reims, se concluye que el estado del paciente es que «sufre de lesiones cerebrales irreversibles. Nunca hemos podido establecer comunicación con él».

La segunda razón es que aún cuando Vincent nunca expresó por escrito su voluntad, o sea, que no otorgó «testamento vital», sus señorías dan por hecho que varias veces había manifiestado a su esposa y seis de los ocho hermanos que si tenía un accidente no consintieran que le mantuvieran vivo ficticiamente. Y la tercera, que autorizar que Lambert pueda dejar de recibir alimentación artificial no viola el artículo 2 del Convenio Europeo de Derechos Humanos –derecho a la vida– y respeta la ley francesa de 22 de abril de 2005 en vigor –Ley Leonetti– que prohibe el «ensañamiento» terapétutico u «obstinación  farmacológica» en caso de enfermedad irreversible y autoriza «el final de la vida» cuando la consciencia y la autonomía humana son inexistentes.

Aunque la polémica viene de lejos, seguro que la sentencia del TEDH en el L´affaire Lambert et autres c. France reavivará la discusión entre los que defienden que pacientes como él no han de seguir conectados a las sondas que les mantienen “vivos” –las comillas son obligadas– y aquellos que opinan lo contrario. Los primeros afirman que como la vida de estas personas es inapelablemente decrépita, en nombre de la dignidad humana, cuanto antes se termine con esa degeneración física, mejor. Los segundos replican que nadie es quien para decidir la muerte prematura de un ser humano y que con los progresos de la medicina, sus vidas siguen siendo un valor absoluto e incluso sostienen que muchos enfermos en ese estado llegan a experimentar emociones y visualizar recuerdos. Según cuentan, hay experiencias consistentes en poner a los pacientes una grabación con la voz de familiares que les hablan, que demuestran que tienen la misma afectividad cerebral que las personas sanas.

“El último acto de amor”

Desconozco las pruebas con las que el abogado de Vincent Lambert compareció ante la justicia francesa, primero, y ante el TEDH, después, como tampoco sé de las que se han servido los padres de Vincent, que siempre se opusieron a la «muerte dulce» de su hijo,  pero doy por supuesto que para la mujer de Lambert, decidir «desenchufar a su marido» no es ni cómodo ni egoísta. «Dejarle morir es el último acto de amor», ha declarado Rachel.

No es fácil pronunciarse acerca de la eutanasia –en su acepción de “intervención deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura”– como fenómeno social y jurídico, como situación humana y como actividad digna de calificaciones éticas. La muerte, por mala que pueda resultar, siempre será mejor que la suma del pesar y de la incertidumbre. Aunque el caso de Vincent Lambert no es un supuesto típico de eutanasia sino de lo que los expertos denominan suspensión progresiva de esfuerzos terapéuticos en pacientes irrecuperables, me pregunto: ¿Qué puede haber de malo en el fin de un hombre con una falsa vida?

Creo, y lo hago con el mayor respeto hacia quienes piensen en sentido opuesto -empezando por los padres de Vincent Lambert-, que ni invocando el dogma de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, para quien «la eutanasia es la usurpación del poder de Dios, único dueño de la vida y muerte», en el supuesto que analizo y en otros de idénticos perfiles puede decirse que se esté disponiendo de la vida ajena. ¿En qué ofende a la Autoridad Suprema una forma de poner fin a la vida tan suave y moderada como la del paciente Lambert? Lo preocupante es que la solución, prevista únicamente para los verdaderamente desahuciados, después, mediante interpretaciones expansivas que algunos justificarían por eso de la «acomodación a la realidad social», nos equivoquemos al marcar la linde donde el remedio ha de detenerse. De ahí que quizá el meollo de la cuestión esté en responder a la pregunta de si en los casos de diagnóstico clínico explícito de estado vegetativo permanente debe aplicarse una alimentación artificial o, por el contrario, ese suministro es un tratamiento falso y absurdo.

Al margen de condenas religiosas –Spinoza defendía que sólo una torva religión puede glorificar el dolor–, lo difícil es acertar en si merece ser considerada delictiva la conducta de quien ayuda a morir a un semejante porque éste, por sí mismo o por persona con poder de representar su voluntad, decide poner fin a su vida. En concreto: ¿Debe encarcelarse a quien, sea médico o no, retira la respiración asistida al paciente que es como un vegetal?

Aunque la excepciones existen, la mayoría de los países de occidente obligan a mantener intacto hasta el final el finísimo hilo de la vida de pacientes clínicamente muertos antes de que les llegue su hora. Ésta es la tesis de los padres de Vincent, para quienes lo que necesita su hijo es la compañía de ellos para evitar que no sea más cosa que una vela que se apaga sin remisión.

En España y sin duda que por influencia de la religión católica, la legislación siempre ha sido muy severa con la eutanasia, hasta el punto de equipararla con el homicidio, sin descartar el asesinato, si bien, en la práctica, la ley dejaba abierta una puerta por donde se colaban justificaciones como el estado de necesidad u otras eximentes, lo que, al final, podía comportar la absolución del acusado. Es más: hoy el tratamiento de la eutanasia en el Código Penal es desafortunado. Si se examina el artículo 143.4 resulta que, con la excusa de despenalizar la eutanasia pasiva, se castiga con prisión al «que causare o cooperare activamente con actos necesarios y directos a la muerte de otro, por la petición expresa, seria e inequívoca de éste, en el caso de que la víctima sufriera una enfermedad grave que conduciría necesariamente a su muerte o que produjera graves padecimientos permanentes o difíciles de soportar (…)».

En fin. No conozco, ni conocí jamás, a Vincent Lambert. Hablo de él de oídas; más bien de leídas. Lo único que sé es que desde que entró en coma, ha estado siempre en contacto con el otro mundo. Su vida de estos últimos años no ha sido demasiado distinta a la muerte. Si de mí dependiese, en el epitafio de su tumba pondría, para orgullo suyo, que sólo dentro de la muerte somos eternos.

 

Hollande en la Manzana de Gómez

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De la seducción y la pasión inflamada de la izquierda francesa, hemos pasado a la diplomacia económica. El presidente Hollande ha deambulado en Cuba por la fina cuerda del equilibrismo diplomático.

La Manzana de Gómez -que fue el primer centro comercial de Cuba- es un edificio imponente que se levanta en el corazón de La Habana Vieja. Construido por José Gómez-Mena, Don Pepe fue sede del banco y las oficinas de la empresa familiar de este acaudalado magnate azucarero hasta la revolución de 1959. El año que viene la Manzana albergará el que será el mayor hotel de Cuba, un Kempinski de cinco estrellas con 250 habitaciones. 

Originario de un pequeño pueblo del Valle de Mena, en la provincia de Burgos, el patriarca, Andrés, emigrante a Cuba, levantó una fortuna colosal a costa del turbio negocio de la trata negrera y del comercio clandestino. Mas tarde, su hijo Don Pepe, propietario de cuatro centrales azucareras, emparentó a la familia con Alfonso XIII a través de su primogénito, Alfonso de Borbón, que renunció a sus derechos sucesorios para casarse con Edelmira, una hija de los Gómez-Mena.

Edificio de la Manzana de Gómez en La Habana.
Edificio de la Manzana de Gómez en La Habana.

El presidente Hollande, en visita a La Habana, ha inaugurado la nueva sede de la Alianza Francesa en la Manzana de Gómez para participar, acto seguido, en un fórum económico franco-cubano en el Hotel Sevilla, uno de los míticos cuarteles generales de Hemingway en la capital.

No ha ocultado Hollande el sentido último de su viaje: “La economía debe ser la resultante, la traducción de lo que hemos querido en el plano político. Siempre estamos dispuestos a decir una verdad tan simple como que para que Cuba pueda estar presente en el mundo, el embargo tiene que levantarse” .

Es decir, que de la seducción y la pasión inflamada de la izquierda francesa hemos pasado a la diplomacia económica. Signo de los tiempos e ironía de la historia, esta visita -que empieza con la Manzana de Gómez- se convierte esencialmente en un viaje de negocios y mercados.

En su discurso en la Universidad de la Habana -en presencia de quien podría estar bien situado para suceder a los Castro, el vicepresidente del gobierno cubano, Miguel Díaz-Canel- el presidente Hollande ha deambulado por la fina cuerda del equilibrismo diplomático.

Y así, sin el más mínimo complejo, ha exhibido en La Habana -por cierto acompañado por su ex, Ségolène Royal, ministra de Ecología en el Gabinete de Manuel Valls- su avidez por conseguir contratos para las empresas francesas sin abrir la boca sobre las libertades fundamentales.

Porque el jefe del Estado francés ha hablado más de construcción y obras públicas, biotecnología y telecomunicaciones que de libertades y democracia. De eso se trata, de meterse en el mercado cubano en un momento en el que se abre y al mismo tiempo reforzar la posición de sus empresas antes de la llegada de la competencia, la americana y la española, por cierto.

Muchas cosas han cambiado desde aquel viaje de Mitterrand a Cuba en 1974, impulsado por Danielle, gran admiradora de la causa de la revolución. Entonces el comandante en jefe los recibió en la pequeña granja de Siboney, de donde partiera con 135 camaradas antes de la ofensiva de 1953.

Eran tiempos en que Fidel Castro -burlándose de los americanos- complacía a los franceses. Pero el régimen cubano ahora se está agotando y el oxígeno de los últimos años, que venía de los petrodólares venezolanos, parece que se ha acabado.

Eso explica los últimos acontecimientos que están llevando al deshielo y a este desfile de quienes no parecen dispuestos a dejar pasar la oportunidad que abre la normalización de las relaciones con Estados Unidos. Cuba necesita inversiones y a eso responde esta cabalgata, que será interminable y que ya han inaugurado los franceses.

Pero que no se equivoquen los tertulianos porque esta apertura no significa que los dirigentes cubanos vayan a ceder el poder ni que los visitantes de los países occidentales -desde 1996 varados en la llamada posición común europea– se atrevan a dar un puñetazo en la mesa exigiendo una economía liberal.

Nuestros vecinos –cualquiera que sea su signo político- interpretan en la defensa de los intereses de sus empresas el célebre aforismo de Bertolt Brecht “Kommt das Fressen, dann kommt die Moral“. Es decir: “Primero comer y luego la moral”. Tampoco es momento de lo que Jean Paul Sartre, en tiempos de exaltación rebelde, loaba: “El valor de la intransigencia” de Castro.

En el proceso que acaba de comenzar tras la reconciliación mediática de Panamá, el hermano pequeño (El Chino) está avanzando con pequeños pasos que le podrían terminar dando la razón. Según un historiador de La Habana, “el problema de Fidel sería que nunca aprendió a bailar. Raúl, sí. Pero el hecho de moverse al ritmo de la música no le impide quedarse en su sitio”. Y ahí estamos porque, aunque el militar parezca haber descubierto el pragmatismo, la palabra reforma sigue siendo tabú.

En la Manzana de Gómez, acompañando a François Hollande -“las empresas que me acompañan en este viaje, sería importante que invirtiesen en Cuba”-, estaban los patronos de Pernod-Ricard, Accor, Nouvelles Frontières, Fram-Voyages, Bouygues, Total y Air France.

A ninguno de ellos parecía importarles que quien construyó aquel gigantesco edificio recién restaurado -que llegó a albergar teatros, bancos, bufetes, consulados, academias, revistas, restaurantes, compañías mercantiles hasta sumar 560 oficinas- fue uno de los hombres más ricos de Cuba ni que Jodie Foster y Robert de Niro -que no habían vuelto a coincidir en la gran pantalla desde Taxi Driver– tuvieron a punto un guión para rodar una película, Sugarland, inspirada en la historia del imperio azucarero de un magnate cubano con el trasfondo de la explotación de trabajadores antillanos en las plantaciones de caña de azúcar. 

La historia de Don Pepe con el telón de fondo de la Manzana de Gómez, paradigma de la diplomacia económica.


Luis Sánchez-Merlo fue secretario general de la Presidencia del Gobierno y es presidente de SES Astra Ibérica.

El festín de la Sala de las Batallas

Ilustración: Javier Muñoz

Nunca sabremos si fue primero la delicada mordida en el foie gras, la suave suspensión en la espuma de champiñón silvestre o la flexible consistencia de las mullidas gougères de pasta de queso borgoñón.

Uhhhmmm, c’est délicieeuuxx… Nunca sabremos si fue primero la delicada mordida en el foie gras, la suave suspensión en la espuma de champiñón silvestre, la flexible consistencia de las mullidas gougères de pasta de queso borgoñón (vulgo petisús) que sirven de percutiente nido al resto del manjar o la inesperada sorpresa, toma castaña, del fragmento de marrón glacé que endulza un inolvidable bocado salado y alado, poco aerodinámico y nada rockanrol, pero muy color caramelo de ron. Ya que no ha venido Tom, me las apañaré para contarlo yo.

El caso es que en la sala de la coronación del Castillo de Versalles, perdón en la Salle du Sacre du Chateau de Versailles, los elegidos para la gloria gastronómica extendemos ansiosos los brazos como hacen los selectos comandantes de Napoleón en la ceremonia de entrega de las águilas en el cuadro de David que tenemos encima, a la espera de que los edecanes del imperio culinario nos entreguen nuevos símbolos efímeros de su excelencia como agasajo de recibimiento. Pronto remontarán el vuelo rumbo hacia nuestras papilas gustativas, a cambio del juramento de lealtad que cual Horacios y Curiacios de la religión del buen sabor nos disponemos a prestar: Vive le goût de la France!

Entre bocado y bocado, entre gougère y gougère, le explico a un embajador africano que el que aparece en el cuadro detrás de Napoleón es su hermano José, sin duda el rey de España con mayores luces de los dos últimos siglos, a quién por fin esta noche podremos llamar Pepe Botella sin intención injuriosa, y que la razón por la que a Eugène de Beauharnais, hijastro del Emperador, le ha crecido un muslo elefantiásico es porque había que tapar el lugar en el que se sentaba su madre, Josefina, presente en la ceremonia de 1804 y eliminada de la familia imperial, vía divorcio, cuando se terminó el cuadro cinco años después.

Dos regimientos de coraceros-cocineros-camareros entran entonces a paso ligero por uno de los flancos, como si brotaran del segundo gran lienzo de la sala que representa el triunfo en la batalla de Aboukir del garrulo y exhibicionista Joaquín Murat, el hijo del posadero del Midi a punto de devenir en cuñadísimo al casarse con Carolina Bonaparte, el hombre que amaba los uniformes más aún que Jorge IV, siempre a la carga, sable y patillas en ristre, tal y como lo representó Antoine Josef Gros antes de suicidarse. Unos visten de blanco como el piafante alazán del guerrero, otros de azul mahón como su casaca pero con un reborde tricolor en el cuello para que nadie ponga en duda el patriotismo de su tahona.

Brioches, tartaletas, volovanes

No traen los brevetes enrollados que confieren dignidades, pero sí deslumbrantes bandejas de plata con el anticipo del pan y el vino de la más exquisita comunión nacional imaginable: brioches con foie, tartaletas de caviar, volovanes de salmón con la firma de Marc Haeberlin y Fumiko Kono por un lado y copas afrodisíacas con un reluciente fresón al fondo sobre las que te vierten, revierten y requeterrevierten el Dom Perignon del 2004 por el otro. “¿Y qué se hace con la fresa?”, pregunta el embajador africano al final de la tercera ronda. “Comérsela”, contesta inmutable el mensajero de la viña y los toneles . Dicho y hecho, ñam, ñam… ¡Qué festival de la pulpa y la burbuja!

Todavía hay un tercer cuadro descomunal en la habitación cuadrada y es el de la coronación propiamente dicha en el que el avispado superviviente de todas las guillotinas que fue David hizo la manipulación inversa a la perpetrada en el de la entrega de las águilas. Incluyó en el sitial de honor a una persona que había boicoteado la solemne ceremonia de Notre-Dame -viva la veracidad pictórica- pero es que se trataba de la mismísima madre de Napoleón –Madame Mère en la jerarquía imperial-, a la sazón rebotada por la proscripción de su hijo Lucien, el verdadero revolucionario del clan.

¿Y a quién le va a caer ahora esta corona que el Emperador levanta con las dos manos, relegando al Papa Pio VII a poco más que un mudo y pasivo elemento del mobiliario de la catedral? Pues a juzgar por el inmaculado traje blanco con las iniciales bordadas en el pecho que miran todas las cámaras, que iluminan todos los flashes, que buscan todos los selfies, la novia de esta boda es Alain Ducasse, el chef que desde que sumara seis estrellas Michelin en 1998 en dos restaurantes míticos no ha dejado de convertir en oro todo lo que toca hasta pisar con serena firmeza los peldaños de un altar en el que la haute cuisine se entrega en esponsales a la Historia.

Ilustración: Javier Muñoz

Alain Ducasse es hoy la encarnación de Le Goût de France o para el mundo anglosajón The Good France. Así se llama el proyecto que nos ha traído a Versalles el 19 de marzo, que nos llevará desde la Salle du Sacre a la Salle des Batailles y que, como un mágico seísmo en la escala culinaria, tiene réplicas simultáneas en docenas de países del mundo. ¿Qué mejor manera de promocionar Francia como destino gastronómico que con una cena fastuosa, digna a la vez de Pantagruel y Savarin, bajo la cenefa plástica de todas las epopeyas nacionales?

Hace años que Agatha y yo conocemos a Ducasse del Comité Cultural Cartier que cada trimestre se reúne bajo la traviesa presidencia de Giscard. Por eso ella le transmite la desagradable sorpresa con la que nos hemos topado en dos de nuestros bistrós favoritos que forman parte de su grupo: “Caray, cómo has subido los precios en Benoit y en Allard…”. Ducasse sonríe con astucia de galán maduro, sube una mano a la patilla de sus gafas,  mueve la otra en pequeños círculos como si batiera una de sus legendarias cocciones a baja temperatura y da la respuesta por sobrentendida: amigos, lo bueno se paga…

Zanahorias, coliflores, espárragos

¿Cuánto valdría el cubierto en una cena como ésta en un lugar tan grandioso? Alguien me sopla que nos esperan 18 kilos de trufa y cinco o seis de caviar. Pero, tranquilos, que no paga el contribuyente sino las propias empresas del sector de la gastronomía y grandes multinacionales francesas como Air France, JC Decaux, Michelin o Renault. Reivindicar París como capital mundial del paladar bien vale esta misa.

El recorrido de los 120 metros de largo de la Galería de las Batallas, flanqueados por solemnes columnas corintias de mármol verdoso bajo su imponente lucernario, bastaría para abrir el hambre de honores y la sed de posteridad del más timorato. Fue creada por Luis Felipe de Orleans, el Rey Ciudadano, para resumir en 33 descomunales lienzos los hechos de armas que durante 14 siglos forjaron la identidad de Francia. Desde la batalla de Tolbiac que el pagano rey Clovis ganó a los alamanes en 496 cuando invocó al Dios único de su esposa Clotilde hasta la de Wagram en la que Napoleón derrotó a los austriacos en 1809 a 15 kilómetros de Viena al cabo de tres días de carnicería.

Pero es otro tipo de apetito el que suscita la mera lectura del menú con festones tricolores, sujeto por una cinta blanca, que acompaña el nombre de cada invitado en el centenar de mesas sobre las que tintinean las llamas de los candelabros, entreverados con desafiantes haces de zanahorias, coliflores y espárragos como ésos que llamamos cojonudos, ligados con cuerdas sobre reposteros de plata. A los flancos de cada mesa, los bustos en las repisas de los grandes generales muertos en combate, desde Carlos el Temerario y Simón de Monfort a los mariscales Lannes y Kleber, pasando por el gran Turenne, parecen inmóviles camareros aguardando el momento de recibir la señal para salir de su máscara de mármol a servir la cena.

Pero antes tienen que entrar en la sala Napoleón y Josefina. Perdón, el ministro de Exteriores Laurent Fabius y su amiga oficial Marie France Marchand-Baylet -¡María Francia tenía que ser!- acompañados de su séquito imperial. La rutilante cabeza de huevo del hijo del anticuario judío del distrito de la Avenue Montaigne que se convirtió con Mitterrand en el primer ministro más joven de la Quinta República y es hoy el político mejor valorado de la Francia que proyecta la grandeur en el consenso de su política exterior emerge de un entallado traje negro con el mismo toque de distinción con que el pico de su pañuelo blanco lo hace del bolsillo de la chaqueta. Marie-France, una madura morena de atractivo rostro cuadrado con el moño recogido a lo María Antonieta, lleva un vestido palabra de honor verde oscuro y unos largos pendientes a juego que bailan como pececillos sobre sus hombros desnudos. El séquito incluye a la presidenta del Château, Catherine Pegard, a la última Miss Francia empaquetada, pobrecilla, con su banda tricolor como un souvenir para turistas, al diseñador Kenzo y al embajador de Túnez al que Fabius situará en lugar de honor en solidaridad y desagravio por la masacre del Museo del Bardo.

Tal vez como primer español que publica en Francia un libro sobre la Revolución (Le Coup d’Etat, Vendemiaire, 2014) o más probablemente como acompañante habitual de una diseñadora con boutique abierta en la misma rue Guenegaud del primer salón de Madame Roland, el caso es que nuestra mesa es la de al lado del ministro. Tenemos al lado al patrón del Tour de Francia Christian Prudhomme, a los embajadores de México y Japón y a Louis Schweitzer, ex presidente de Renault y del Consejo de Vigilancia de Le Monde. Esa posición estratégica me permite observar de cerca a los oradores durante los breves discursos que pronuncian bajo el cuadro que representa la entrada de Juana de Arco en Orleans.

No, Alain Ducasse no va a ser quien reciba hoy la corona. Su papel es sólo el de gran chambelán de la orden de la espumadera y los pucheros que da paso al ministro con una elegante pero vaga defensa de la “cocina humanista”. Fabius nos descubre a su vez que el verdadero patriarca de la gauche caviar, con la que tantas veces se ha identificado a su amigo Jack Lang, a Segolène Royal o a él mismo, no fue otro que el proteico Tayllerand. Hoy cuenta su triunfo gastronómico en el Congreso de Viena, cuando logró que el brie fuera elegido “rey” de los quesos: “La única monarquía a la que será siempre fiel”.

Salmón, lubina, cordero

Pero esta noche el caviar no es sólo una metáfora de las contradicciones de esa izquierda compasiva que creía, como Françoise Sagan, que “se llora mejor dentro de un Jaguar que dentro de un autobús” sino que ya se ha hecho sombrero y techumbre recubriendo generosamente la Symphonie de tartare de saumon aux pousses de shiso, firmada por Joël Robuchon como primer plato del menú. La cucharita de plata invade el molde redondo y los granos del mejor beluga revientan en la boca mezclándose, como temas de una partitura musical, con la elegante grasa del salmón especiado por los brotes del shiso rojo japonés. Uhhhmmm. ¿Qué mejor compañía que una copa de Ruinart Non Vintage, o sea, la mezcla de la mejor selección de varias cosechas servido en botellas magnum?

Llega luego la Cookpot de quinoa d’Anjou, légumes racines, formidable guiso presentado en pequeñas marmitas de porcelana blanca con orejeras, en las que abundantes láminas de trufa sofistican la agradable sencillez de un cereal sin gluten como la quinua andina, trasplantado a las tierras del sur del Loira y complementado con tiernas verduritas preprimaverales. Uhhhmmm. Por algo decía Savarin que “hace más por la Humanidad el descubrimiento de un nuevo plato que el de una nueva estrella”. Éste lo firma el propio Ducasse y en su ayuda viene un afrutado Pinot Gris Cuvée Sainte-Catherine de Alsacia, obsequiado en todos los sentidos de la palabra por la bodega Domaine Weinbach.

Es ahora el turno de la lubina cocinada por el marsellés Gérald Passédat según la reputada receta de su abuela, cantante de ópera y musa de Louis Lumière. Le bar Lucie Passédat es un aria dedicada a la carnalidad del pescado mediterráneo, adherido como si fuera un crustáceo a esa piel áspera pero sabrosa de la que cuesta tanto despegarlo y reblandecido por una salsa, casi una sopa, de tomate, albahaca y coriandro. Y que tampoco falte la trufa. Uhhhmmm. Junto a la lubina aterriza el Borgoña: un Chablis Grand Cru Les Vaudesirs, Domaine Long-Depaquit de 2012. El único blanco que sabe como un tinto.

Sigue, atención paladares, el cordero de Alain que excita los apetitos del mundo. Un Agneau de lait des Pyrénées, primeurs au jus de navarin cocinado por Alain Dutournier, el mago de Las Landas que triunfa como chef en Paris. Y ciertamente la carne será blanda y sabrosa como la leche de las montañas vasco navarras hasta que el jugo del navarín, ese estofado en el que no deben faltar los nabos y que a menudo llamamos ragú, le otorgue en la boca la consistencia y la envergadura de los grandes platos. Uhhhmmm. Pero no adelantemos acontecimientos y recibamos antes con los honores debidos, si me hubiera dado cuenta me habría puesto de pie, al vino tinto que los bustos de mármol de los héroes de todas las batallas acaban de servir en nuestra mesa: ¡un Chateau Cheval Blanc Saint-Emilion 1er Grand Cru Classé de 2006!

Cheval Blanc, Camembert, cacao

Amigos, éstas ya son palabras mayores, pues estamos ante el rey de reyes. Y digo que lo han servido en nuestra mesa -y también en la de Fabius y Marie-France- porque, como es lógico, no hay suficiente Cheval Blanc para todos. Otros grandes vinos de Burdeos sí, Cheval Blanc no. Esta noche el Goût de France ha dividido el mundo en dos porciones: los que estamos en la Galería de las Batallas y los que no estáis en la Galería de las Batallas. Tendréis que leerlo para imaginarlo pero consolaos porque vuestra desgracia es menor que la de los que, estando aquí, han quedado excluidos en el último momento del goce supremo. Han llegado pero no besarán al santo. Es la frontera final de la noche. To be or not to be, to have or to have not, beber Cheval Blanc o no beber Cheval Blanc. Muchos son los llamados, muy pocos los escogidos.

Es una experiencia mística. ¿Cómo hay que saborear en 2015 un Cheval Blanc del 2006? Desde luego no como está a punto de hacerlo la embajadora de Méjico, precipitando la copa hacia sus ávidos labios. “Espera, espera…”. Afortunadamente llego a tiempo de evitarlo y como ella ha visto -yo también- el último montaje de La Cena de Jean-Claude Brisville en el Théâtre de la Madeleine, es fácil explicárselo con las mismas palabras con que Talleyrand, de nuevo Talleyrand, enseña al rústico Fouché qué debe hacer con un buen brandy: “Se pone la copa en el hueco de la mano, se la calienta, se le da un impulso circular para que libere su aroma. Luego hay que llevarlo a la nariz, respirarlo…”. “¿Y después?”. Una risa inteligente recorre el patio de butacas cuando Talleyrand replica: “Después se deja que repose, y se habla”.

El Cheval Blanc de 2006 tiene un aire muy sexy, entre morado y carmesí. Cuando llega a la nariz destila un dulce aroma -uhhhmmm- a tabaco rubio y a carbón, a menta, a cacao y a regaliz. Antes de comenzar a beberlo debemos hablar de él. De la singularidad del terreno arcilloso y seco en el límite norte de Saint Emilion con Pomerol en el que arraigan sus viñas. De la singularidad de sus cepas con un 52% de Cabernet Franc y sólo un 38% del Merlot común a todos los grandes vinos de la zona. De la singularidad de su cosecha manual y sus 18 meses de envejecimiento en barrica antes de poner a la venta las 6.000 cajas que a precios astronómicos se disputan los potentados urbi et orbi. Y también de la singularidad de sus últimos propietarios, los multimillonarios Arnault y Frère, que, rompiendo todos los pronósticos, siguen rindiendo culto a la excelencia y preservando la excepcionalidad de la marca frente a cualquier tentación cortoplacista.

El lema de la noche bien podría haber sido hasta ahora: Liberté, Egalité, Voracité. Desde el mismo instante en que el primer sorbo de Cheval Blanc traspasa nuestros labios, se troca en Liberté, Inégalité, Voluptuosité. ¡Ah la suave caricia del Merlot, ah la complejidad elegante del Cabernet, ah la delicada sensualidad de estos opulentos taninos que van tomando posesión del paladar y de la mente de un puñado de elegidos por los dioses!

Es como si la cena hubiera vuelto a comenzar o como si una cena que llevaba camino de desembocar en suculenta comilona -imagínense, “la grande bouffe” de la Historia de Francia- hubiera mutado en un delicioso festín de Babette como aquél de la película danesa que ganó el Oscar que terminaba con los viejecitos de la aldea dando saltos en la plaza y diciendo tonterías en la oscuridad. ¿De qué color es el caballo blanco que yace a los pies de Bonaparte en el cuadro de la batalla de Rivoli que tengo encima? ¿Y el caballo blanco del Gran Condé cuando doblegó a nuestros tercios en Rocroi? ¿Y el caballo blanco de Carlomagno al someter a los bárbaros en Paderborn? ¿Y el caballo blanco del general Jourdan bajo el aerostato blanco que se alzó en Fleurus?

Toda la Galería de las Batallas es ya un carrusel que desfila alrededor cuando el Cheval Blanc despide como se merece al cordero tierno como la leche, cuando el Cheval Blanc acoge entre aplausos de los alegres invitados una espectacular tabla de quesos a base de Comté de Garde, Camembert y Roquefort o, no digamos nada, cuando el Cheval Blanc embrida heréticamente las texturas amargas del chocolate Lenôtre en su dulce suspensión sobre arcilla de cacao. Marie-France -para mí que es ella la que, al acercarse a nuestra mesa, ya lleva puesta la corona, pronto habrá rumores de boda- me explica sus éxitos como directora general de La Dépêche, el gran diario del Midi. Apenas continua con su gentil ronda como anfitriona, yo me dirijo al héroe de mármol más cercano: “Puede ponerme un poco más de vino, por favor”. “Lo siento, señor, no queda Cheval Blanc. Puedo traerle otro Grand Cru…” “Qué lástima, no será lo mismo…” “Espere, señor, mi compañero acaba de encontrar una última botella de Cheval Blanc…”. “Pues habrá que terminársela”.

Más al trote que al galope, salimos pletóricos de la Sala de las Batallas y yo fantaseo con una cena española servida en el Museo del Prado por Arzak y Mugaritz, por Ferrán Adriá, Carme Ruscalleda, los hermanos Roca y por David-Dabiz Muñoz el de Diverxo con los mejores Riojas y Riberas y repostería de Paco Torreblanca, sin que nadie distinga entre fogones vascos, peroles catalanes y viñas castellanas. ¡Toma marca España! ¡Aprende del gallo, Margallo! Es entonces cuando Agatha me dice que nunca me había visto tan borracho. “Vas a empezar a ver doble de un momento a otro”. Y así sucede, una y otra vez, 168 veces para ser preciso, al atravesar, bajo las rutilantes arañas de cristal, la monumental Galería de los Espejos diseñada por Mansart. Mientras el tipo de mi derecha va cantando “Allons enfants de la Cuisine…“, es su gemelo de la izquierda quien prosigue: “…le jour de boire est arrivée“. Bebamos y comamos que mañana moriremos, dijo San Pablo a los Corintios. Uhhhmmm. Carpe diem. Vive la Nation!

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Fe de errores: la primera versión de este artículo identificaba al repostero español Paco Torreblanca como Manolo Torreblanca.

Seis datos confirmados sobre el copiloto que estrelló el avión

El copiloto que estrelló el vuelo de Germanwings se llamaba Andreas Günter Lubitz, tenía 27 años y creció en Montabaur (Alemania). Repasamos los datos confirmados por las autoridades a cargo de las investigaciones.

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Imagen de Andreas Lubitz extraída de su perfil de Facebook.

1. Se llamaba Andreas Günter Lubitz, tenía 27 años y creció en Montabaur (Alemania). Sus padres viven allí. Tenía un apartamento en Düsseldorf.

2. Contaba con una experiencia de 630 horas de vuelo, segun Martin Riecken, portavoz de Lufthansa. Sus primeras clases de vuelo las recibió en el club de vuelo LSC Club Westerwald. Trabajaba en Germanwings, filial de Lufthansa, desde septiembre de 2013. Se formó en la escuela de la compañía aérea en Bremen y en el centro ATCA de Phoenix (EEUU), que también pertenece a la aerolínea. “El copiloto contaba con un certificado médico de clase 1 plenamente válido para el servicio del 24 de marzo de 2015”, día del siniestro, informa Lufthansa.

3. El fiscal de Marsella al cargo de la investigación, Brice Robin, explicó el pasado jueves que, según los datos de la primera caja negra recuperada, el copiloto aprovechó la salida del comandante de la cabina para bloquear la puerta blindada e hizo descender el aparato deliberadamente hasta estrellarlo contra la ladera de una montaña en los Alpes franceses.

4. La Fiscalía de Düsseldorf desvela, “sin entrar en especulaciones”, que Lubitz recibió hace varios años “atención psicoterapeútica por tendencias suicidas” durante un periodo prolongado, según informa New York Times. En las visitas de seguimiento desde entonces, dice el fiscal, “no se documentaron signos de tendencias suicidas u otras agresiones”. En un comunicado oficial, Lufthansa asegura que “ha presentado documentos adicionales a la Fiscalía de  Düsseldorf, especialmente sobre temas médicos y la formación proporcionada”. Esto incluye también los correos electrónicos del copiloto con la Escuela de Pilotos”, asegra, y añade que “en documentos médicos adjuntos relacionados con la reanudación de su entrenamiento de vuelo, informaba a la escuela en 2009 de un episodio previo de depresión severa”.

5. También la Fiscalía de Düsseldorf dice que el copiloto estaba recibiendo medicación -no  aclara qué tipo de enfermedad padecía, aunque no constan lesiones físicas- y deduce que ocultó esta información a la aerolínea. En el registro de su domicilio ha aparecido roto en pedazos el papel de la baja laboral para el pasado martes, día del siniestro del vuelo de Germanwings. El Hospital Universitario de Düsseldorf afirma en una nota que Lubitz estuvo en sus instalaciones el 10 de marzo para unas pruebas diagnósticas, “amparadas por el secreto médico”. Desmiente que estuviera tratándose de una depresión en dicho centro médico.

6. El presidente de Lufthansa, Carsten Spohr, dijo días más tarde del siniestro que Andreas obtuvo su calificación como piloto en 2008. “Trabajó primero como auxiliar de vuelo y se convirtió luego en primer oficial (piloto) en 2013”, explicó. También aclaró que hace seis años se tomó unos meses de baja en su formación sin ofrecer más detalles sobre los motivos. Después volvió a hacer las pruebas técnicas y psicológicas y se le consideró apto para volar.