Diccionario satírico burlesco (VIII)

La letras G, H, e I tienen su espacio en el fascículo octavo del Diccionario satírico burlesco. Términos tan habituales como Generalitat, Himno o Inmersión lingüística desprenden chispas al pasar por las manos de Anna Grau.

Generalitat

Cúspide del autogobierno catalán y, a la vez, sede de la máxima representación del Estado español en Cataluña. Toma lío bonito. Es sólo una de las contradicciones de una institución que ya se ha fundado tres veces: en 1192, en 1289 y en 1979. Una cosa divertida es que inicialmente la Generalitat era sólo una maquinaria para recaudar impuestos para el rey catalán. Un saco fiscal. Una Montorada. Poco a poco fue adquiriendo peso político hasta el punto de incorporar un Parlamento, un gobierno más o menos ejecutivo con un president al frente, un palacio gótico para este president con su residencia oficial y todo, la famosa Casa dels Canonges. Famosa entre otras cosas porque en ella exigió Lluís Companys a su novia juramento de fidelidad, que se lo exigió en la mismísima cama donde antes que ellos dos durmiera el president Macià. Jordi Pujol, que nunca residió de verdad allí (demasiados hijos…) tuvo que echar a Josep Tarradellas poco menos que con agua hirviendo. Entonces no estaba Ada Colau para frenar desahucios.

Guerra Civil

Inhumano drama humano, valga la paradoja, que cuesta mucho recordar y relatar con la cabeza fría. Quien más quien menos se arma una memoria histórica a la carta, en función del grado de culpa y/o derrota y/o vergüenza y/o rencor que puede soportar. De cada cual según su capacidad, a cada cual según sus… en fin. Que hay silencios brutales. Y discursos espantosos. Y hasta hay delirios que no se explican ni echando peyote en las aguas de la Font de Canaletes. Atención, atención, gran noticia: la Guerra Civil la perdieron en Cataluña los mismos que la perdieron en toda España. Y viceversa: los que la ganaron en Burgos, también la ganaron en Barcelona. No fue un catalanicidio. Si acaso un hispanicidio. Un omnicidio. El asesinato del todo. Un monumento a una estupidez y una maldad tan grandes que no se salva nadie. ¿O es que hay mucha diferencia entre la muerte de Federico García Lorca y la de Andreu Nin?

Hacienda propia catalana

A ver. Esto hay que contarlo despacio porque hace demasiado tiempo que se cuenta muy deprisa. ¿Saben por qué los vascos tienen Hacienda propia y los catalanes no? “Porque está en la Constitución”, repiten todos en voz alta como un papagayo. Ya. ¿Y quién puso allí, y por qué, semejante discriminación con el resto de los contribuyentes españoles, semejante dislate? Entonces te dicen, más bajito, que todo empezó porque a Franco le salió de los fueros y continuó porque a ETA le salía de las bombas. Puede ser. Y también puede ser que los vascos, que serán egoístas, pero no tontos, hayan tenido ininterrumpidamente claro a lo largo de su historia lo que querían, mientras los catalanes se lo montaban en plan Hamlet. Miquel Roca negoció la Carta Magna en nombre de CiU. Al principio él también hablaba por el PNV, hasta que los de Arzallus le retiraron la franquicia precisamente por este asunto: porque Cataluña reculaba espantada ante la posibilidad de tener un régimen fiscal especial, una Hacienda propia, como la vasca. ¿Y por qué tan espantada Cataluña reculó? Pues porque les dio miedo la impopularidad de recaudar, o les dio miedo no recaudar bastante (los vascos no pueden acogerse al Fondo de Liquidez Autonómica, del que ya hemos hablado…), o les dio miedo su sombra, qué sé yo. ¿De aquellos polvos vienen estos lodos? Vista la impresionante capacidad de los sucesivos gobiernos catalanes para la gestión no ya mala sino pésima, asusta pensar qué habría podido llegar a ocurrir en Cataluña de tener una Hacienda propia. ¿A lo mejor hasta Xavier García Albiol tendría que vender algo con una manta en el suelo para sobrevivir? Por lo menos ahora siempre queda el consuelo de pensar que España nos roba y los inmigrantes ilegales se lo pulen todo.

Himno

¿Cabe mayor prueba de la superioridad moral catalana el hecho de que el himno catalán tiene su música y tiene además su letra, mientras que el himno español sólo tiene chumba, chumba, y por eso hay que pitarlo? Si es para hacerles un favor a los españoles, para que no se note… Otra cosa es que la letra del himno catalán sea un grito de guerra feroz (a su lado, La Marsellesa parece la sintonía de Bob Esponja) que evoca uno de los episodios más violentos de nuestra historia, la sublevación de los campesinos catalanes contra Felipe IV en 1640. Esta sublevación fue el fruto de una suma de injusticias y humillaciones morrocotudas que desencadenaron una fabulosa orgía de sangre y de odio contra Castilla que al parecer nadie en las instituciones catalanas está interesado en amenguar. Como mucho en disimular oficialmente (y no siempre), por ejemplo aprobando en el Parlament una versión oficial moderna del himno pelín menos salvaje y homicida: ya no hay alusiones a teñir las barretinas de rojo con sangre castellana. Aun así, lo que ha quedado no es para mandar a Eurovisión. Para entendernos, el bon cop de falç (buen golpe de hoz) busca segar de todo menos trigo. ¿Y si el himno español no tuviese letra precisamente para no discutir y no acabar de liarla? ¿Pitan, luego cabalgamos?

Inmersión lingüística

Más delante de este diccionario se hablará con más amplitud y cuidado de las lenguas, que, sin ser cosa que cargue el diablo, sí son cosa arrebatada y complicada. Centrémonos aquí en explicar a los profanos y primerizos en Delfos qué es y para qué sirve la inmersión lingüística en las escuelas. Vamos a suponer que vive usted en un país bilingüe, trilingüe o incluso peralingüe. ¿Cómo se soluciona eso? Opción a) garantizando una presencia proporcional y equilibrada de todas las lenguas en liza, no ya como asignaturas sino como vehículos de comunicación, en igualdad de condiciones, en los centros escolares. Opción b) si por lo que sea la opción a) resulta inviable, por falta de medios, por desniveles agudos entre lenguas o incluso, que nunca hay que descartarlo, por mala leche pura y dura del personal, siempre queda la opción de tener coles en una lengua, coles en el otro, y dar todas las facilidades que se puedan para elegir. La opción b) tiene la pega de que favorece los guetos, da ideas a quien se quiera encastillar en lo suyo y hacer oídos sordos a lo otro. Teóricamente la inmersión se planeó para frenar esto, para que un portentoso tsunami de fraternidad lingüística bañara y hasta sumergiera la sociedad catalana toda. ¡Todos tenían que hablarlo todo, y desde el primer día además! Aaaaaaah, pero, feta la immersió, feta la trampa… haciendo como que la parte es el todo, y alegando la necesidad de compensar años de estrangulamiento franquista del catalán en la escuela y en la Administración (que lo hubo, y dolió, y duele), con la excusa de erradicar guetos en castellano se convierte toda Cataluña en un inmenso gueto escolar en catalán. Si no estás de acuerdo te tiran igual a la piscina de cabeza, como el primer día en clase de natación. La única manera de salir del agua es yéndote a la privada (pagando) o al Supremo (retratándote). Dicho y escrito esto por una catalana de pura cepa que cuando recibe cartas de su padre las recibe en castellano porque a él no le enseñaron a escribir bien en catalán. Dios les confunda. Pero no hace falta que nos sigamos confundiendo, ¿no? El enemigo no es la gente castellanohablante que ahora está en la misma situación en Cataluña que en los años 40 estaba mi padre…

Diccionario satírico burlesco (VII)

La séptima entrega del glosario satírico burlesco, dedicado a la letra F, incluye a los tres Felipes más famosos hoy en Cataluña: Felipe V (el monarca que acabó con los fueros), el Rey Felipe VI y Felipe González. También a la monja Teresa Forcades.

Fotografía: Alberto Gamazo

Felipe V

En Cataluña, la Calamidad de la Patria, el Archienemigo del mundo libre, el ISIS de su época. El peor Borbón. En su leyenda negra no se pone el sol. Y eso que era un pobre esquizofrénico, que le costó Dios y ayuda ganar el trono y la guerra y que su ímpetu recentralizador deja mucho que desear. Con Decreto de Nueva Planta y todo, los catalanes siguieron huraños y respondones, mucho más de lo que se habrían podido permitir en Francia, donde al primer verbo irregular francés mal conjugado te cortaban la lengua, fin de la historia. Felipe V además se deprimió, abdicó, se le murió el hijo que había heredado la Corona, tuvo que volver a reinar, dejó de lavarse. Lo pasó fatal. ¿Fue acaso el primer republicano frustrado? ¿Le habría gustado votar a Podemos, como dicen que le gustaría a Froilán?

Felipe VI

Dice mucho del fino espíritu risueño de su señor padre, Juan Carlos, que decidiera bautizarle de forma tan evocadora y tan simpática, sin duda pensando en la futura popularidad de la monarquía en Cataluña. Entre esto y el caso Urdangarin… Otra cosa es que el chaval haya salido menos Borbón y más Grecia, menos campechano y más ligeramente prusiano. Eso en Barcelona gusta. Como gusta, curiosamente, “ir al Rey” (como quien va a la seño…) haciendo en lo posible caso omiso del presidente del Gobierno (de España). La mismísima Pilar Rahola salió en su día arrobada de la Zarzuela porque, según ella, el rey emérito -que entonces, de emérito, nada- le había metido mano al escote con la excusa de ver mejor y más de cerca un pin de Francesc Macià. Artur Mas no aspira a tanto. Pero también se emociona cuando lee en la prensa que ha puesto en “jaque” a la Jefatura del Estado con su visita. Es un… ¿subidón?

Felipe ‘el One’

Felipe González Márquez es sin duda el gobernante español que más y mejor ha entendido a Cataluña… en el sentido de tomarle la medida y hasta el pelo de la dehesa. Ciertamente esto pasaba en los tiempos en que el socialismo catalán parecía algo. Alfonso Guerra iba a la Feria de Abril catalana y le aclamaban multitudes. Hasta Pepe Borrell llegó a caer simpático y Narcís Serra a parecer normal. Nadie como Felipe, pero, para llenar el Palau Sant Jordi. O para torear al otro Jordi un poco menos santo -lo cual se ha ido sabiendo con el tiempo-, transfiriéndole esta competencia y aquella otra pero sin un duro (esta es sólo una de las claves del harakiri financiero de la Generalitat) o haciendo como que le daba la luna cuando en realidad… tururú. Andado el tiempo, el mismo Pujol admitiría que Aznar era áspero, pero hombre de palabra, mientras que negociar con Felipe implicaba un constante y extenuante ir a por lana para volver sedosamente trasquilado. Cepillado de arriba abajo y sin cobrar. Ahora que Felipe ya no es presidente de España ni de nada, se dedica a escribir cartas a Cataluña cargadas de razón, advirtiendo de que la ruptura de España es imposible pero la de la convivencia, no. Lástima que no pusiera más empeño en evitarla tomando menos el pelo a los nacionalistas con los que pactaba. Lástima que no se los tomara más en serio, a ellos y al cataclismo que ahora melancólicamente vaticina.

Fondo de Liquidez Autonómica (FLA)

El secreto a voces mejor guardado del moderno Estado de las Autonomías. Visto desde Cataluña: no llegamos a final de mes (en la Generalitat) porque España nos roba, y por eso mismo vamos a Madrid a pedir dinero para llegar a final de mes. ¡Y Madrid sin rechistar nos lo da! Lógica aristotélica pura, ¿a que sí? Nunca lo que va del dicho al hecho en el discurso nacionalista había sido tan quilométricamente desfachatado. Tan niqueladamente cínico. Pero la verdad es que lo del otro lado no se entiende mucho tampoco. Montoro no tiene piedad fiscal ni de su madre y en cambio venga a meter moneditas en el chancho catalán, venga a aguantar sus gruñidos y hasta sus insultos estoicamente y con esa sonrisilla de Jaimito que le sale… Mira que si al señor ministro de Hacienda lo que de verdad le va es la caña, en plan Cincuenta Sombras de Grey

Forcades, Teresa

Prominente religiosa catalana conocida por sus controvertidas opiniones mediáticas sobre muchas cosas y por su encendido apoyo a la independencia. Esto no es nuevo. La Abadía de Montserrat es y ha sido un formidable referente del nacionalismo catalán y al muy católico, apostólico y romano Jordi Pujol poco le faltó para subir la Scala Sancta para tratar de atraerse a la causa al Vaticano, que siempre se ha mostrado entre desdeñoso y reservón. Hay mucho exseminarista en el panteón hipernacionalista o incluso independentista: lo fueron Joan Rigol, Àngel Colom, Josep-Lluís Carod-Rovira… La versión más romántica de todo este asunto es que la Iglesia catalana siempre se significó históricamente frente al franquismo, amparando -de ser menester- a cuantos fugitivos lo fuesen bajo sus sotanas. En esto había a menudo más leyenda que verdad. Pero efectivamente algún que otro ateazo como el Guti, mítico dirigente comunista catalán, fue visto huyendo de la brigada político-social por las azoteas de la calle Entença de Barcelona tras una reunión clandestina en una parroquia, al amparo de un cura encarcelado al principio de la guerra por los rojos. Últimamente la cosa ha perdido narices y matices. La Iglesia catalana, como tantas cosas en Cataluña, se está fracturando en curas “buenos” o “malos” en función de si ven o no ven la estelada en los pucheros. Un cristiano que no se quiera meter en el tema puede llegar a sentirse un tanto… ¿incómodo?