El Banco de España aflora 1.000 millones de deuda oculta en Cataluña

Artur Mas, the acting head of Catalonia's regional government, speaks during a meeting at the regional government headquarters in Barcelona, Spain, September 29, 2015. Catalonia's Supreme Court has indicted Mas for carrying out a non-binding referendum on independence last November, facing preliminary charges for disobedience, abuse of authority, and usurping authority, according to court documents released on Tuesday. REUTERS/Stringer

Las ‘facturas ocultas’ elevan la deuda pública de Cataluña casi un 2%, por encima de 67.800 millones de euros e imposibilitan al Gobierno cumplir el Programa de Estabilidad.

Foto: REUTERS/Stringer

Artur Mas, the acting head of Catalonia's regional government, speaks during a meeting at the regional government headquarters in Barcelona, Spain, September 29, 2015. Catalonia's Supreme Court has indicted Mas for carrying out a non-binding referendum on independence last November, facing preliminary charges for disobedience, abuse of authority, and usurping authority, according to court documents released on Tuesday. REUTERS/Stringer
Arturo Mas, presidente en funciones de la Generalitat./ REUTERS/Stringer

La pesadilla de las deudas sin contabilizar vuelve a revivirse este año. El Banco de España saca a la luz facturas ocultas del último año en Cataluña por valor de 1.042 millones de euros. Este pasivo no contabilizado hasta ahora procede de deudas de asociaciones público-privadas. En concreto, se refieren a dos grandes bloques de deuda: uno con fecha en diciembre de 2014 y un segundo, de junio de este año, que superan los 1.000 millones de euros. Estas facturas contra el erario público afloran justo cuatro días después de la celebración de las elecciones catalanas, por lo que no han influido en el voto de los ciudadanos.

Dos picos que elevan el pasivo de Cataluña hasta los 67.855 millones de euros, un nivel nunca antes visto, y que llevan la ratio de deuda sobre el PIB de la comunidad hasta el 33,9%. En total, un avance de 1,1 puntos del PIB que deja a Cataluña en el tercer puesto de autonomías más endeudadas, por detrás de la Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha.

Ratio deuda/PIB de las comunidades autónomas (%)

Fuente: Banco de España. Datos hasta junio.

Cataluña, que ya era una de las comunidades que tenía más problemas por el volumen de su deuda, empeora su situación de un plumazo. La Comunidad tiene ya el 27% del pasivo de todas las autonomías. En el extremo opuesto se sitúa la Comunidad de Madrid, para la que el Banco de España ha revisado a la baja su volumen total de deuda. En concreto, ha ajustado su pasivo en 29 millones el pasivo de la región, hasta dejarlo en 26.312 millones, lo que supone un 13,3% de su PIB.

Rompe la promesa del Gobierno

Esta desviación de las cuentas de Cataluña, unido a la revisión a la baja del PIB realizada por el INE, hará imposible que España cumpla este año las previsiones de déficit y deuda comprometidas con Europa. Hacienda remitió a Bruselas en abril su Programa de Estabilidad para los años 2015-2018 en el que prometía que el endeudamiento público se quedaría en el 98,9% del PIB y que en ningún caso superaría el 100%.

Estas promesas son ya papel mojado con las nuevas cifras del Banco de España. La actualización de las cuentas financieras ha elevado el endeudamiento público en 1,8 puntos de PIB, hasta el 99,5%. De un plumazo el pasivo de España se ha colocado seis décimas por encima de lo comprometido por el Ejecutivo. En total, en torno a 6.000 millones de euros de desviación sólo hasta el mes de junio que tendrán una solución muy complicada en la segunda mitad del año.

España también tenía muy complicado cumplir el objetivo de déficit para este año marcado por Bruselas, pero con este nuevo pasivo carga sobre sus espaldas, ahora es prácticamente imposible que lo logre. El mandato europeo es cerrar el año con un déficit del 4,2% sobre el PIB y al cierre de julio ya contabiliza un desvío superior al 3%.

Las comunidades autónomas están siendo las más incumplidoras de todas las administraciones públicas. Si antes de esta revisión ya habían superado el límite de déficit para todo el año, ahora el escenario es mucho peor. El Ejecutivo central había marcado un objetivo de desviación máximo del 0,7% sobre el PIB, cifra que ya habían sobrepasado en julio. Con esta actualización del Banco de España, la desviación de las autonomías ya será superior al 0,8% del PIB.

Actualización del PIB

Una buena parte de la revisión al alza de la ratio de endeudamiento se debe a que el Banco de España ha incorporado la revisión a la baja del PIB español realizado por el INE. Esto significa que, como baja el tamaño de la producción española anual, el porcentaje que representa la deuda sobre ésta es mayor.deuda_nueva

El endeudamiento de todas las autonomías ha aumentado tras esta revisión, liderado por el avance de Cataluña, que aumenta 1,1 puntos de PIB. La Comunidad Valenciana ocupa esta dudosa segunda posición, ya que su ratio de endeudamiento aumenta en 0,7 puntos de su PIB y Castilla-La Mancha ocupa el tercer puesto, con un avance de 0,6 puntos.

Cataluña entre dos extremos

Supporters of secessionist group Junts Pel Si (Together for Yes) react after polls closed in a regional parliamentary election in Barcelona, Spain, September 27, 2015.  Separatists have won a clear majority of seats in Catalonia's parliament, an exit poll showed on Sunday, in an election that could set the region on a collision course with Spain's central government over independence.     REUTERS/Andrea Comas

REUTERS / Andrea Comas

La dinámica actual no terminará pronto. Al menos hasta el 20 de diciembre el independentismo tiene todos los incentivos posibles para continuar forzando la legalidad y poniendo a prueba al Gobierno central.

Anoche, al principio del Passeig del Born, ante el espectacular edificio reformado que alberga el museo-homenaje a la construcción nacional de Cataluña, cientos de personas gritaron “in-inde-independencia” hasta quedarse sin voz. Aún estando allí como observador, resultaba difícil no sentir dentro de uno el impulso de unirse al clamor. Cuando Raül Romeva subió al estrado y, con la autoridad y el aplomo que da estar detrás de un atril, empezó a corear “la veu d’un poble” con todos los asistentes, la atracción de pasar a formar parte del “poble” era casi irresistible. Pero la misma escena vista después, a través de la pantalla del móvil, en YouTube, se apreciaba de manera completamente distinta. La atracción se diluía hasta desaparecer. Y aquello solo tenía el aspecto de lo que era: un mitin.

A unos pocos kilómetros de allí, en una sala más bien blanca, más bien luminosa y con una moqueta más bien moderna, toda alma viviente que cabía en ella gritaba “Cataluña es España” ante un estrado níveo coronado por el logo naranja de Ciudadanos. La acústica hacía que la voz rebotase en los oídos y en el interior de la cabeza de manera vibrante. De nuevo, ser uno con la masa era una tentación difícil de esquivar. El atril, la sala, los gritos vibrantes y la moqueta estaban en el Hotel Barceló Sants. Justo sobre la estación del mismo nombre, donde sale el AVE para Madrid.

Al llegar al vestíbulo de esa estación hacia las diez de la noche me encontré con un nutrido y variado grupo de personas con carpetas y acreditaciones azules. Era la pequeña división de militantes que el PP había traído a las elecciones. Esperando al tren que les devolvería al centro de la Península. Ninguno parecía exultante. Algunos estaban cariacontecidos. Hoy, muchos de los dirigentes de Ciudadanos, que ahora es un partido estatal a pesar de sus orígenes catalanes, bajarán de sus habitaciones y, en pocos minutos, tomarán o habrán tomado la misma dirección. Llevándose una parte de las voces consigo.

Entre estos dos extremos anoche cabía Cataluña entera.

La salida del callejón

Llegué a Barcelona en la medianoche del jueves. Yo venía fresco y con ganas: hacía meses que no pisaba la ciudad, en la cual no nací ni crecí pero sí viví y trabajé dos veces en mi vida, la segunda hasta septiembre de 2011. Pero Barcelona me recibió más agotada que entusiasmada.

En las siguientes 72 horas recorrí todo el espacio entre aquellos dos extremos. Fue un periplo dialéctico, tejido a través de todas las discusiones que había dejado de mantener en mi ausencia y que por fin podía recuperar. Al principio me dediqué con devoción a la tarea. Pero no me costó demasiado comprender el agotamiento al que se sometía la ciudad. Hablase con quien hablase, la conversación siempre acababa en el mismo lugar.

Había entre mis interlocutores y yo una serie de premisas compartidas, que ellos llevaban repasando una y otra vez desde hacía meses, años incluso. La primera era que, ahora mismo, el independentismo no sumaba una mayoría absoluta de individuos dispuestos a votar por él. La segunda consistía en asumir que la mayoría relativa era lo suficientemente importante como para requerir algún tipo de respuesta por parte del resto de España. La tercera, que ahora mismo no existe la salida no negociada al conflicto. Es decir: que en cualquier caso iba a haber una mesa y personas hablando en torno a ella en algún momento del futuro próximo. Fuere para discutir un referéndum, una reforma constitucional, un cambio en el modelo de financiación o un proceso de secesión irreversible, la alternativa unilateral quedaba siempre totalmente descartada.

Cabe aclarar que la mayoría de las personas con las que venía hablando eran politólogos, economistas o sociólogos. Por tanto, independientemente de sus preferencias personales comprendían perfectamente que la esencia de cualquier estado consiste en el monopolio de la violencia, la capacidad para recaudar sus propios impuestos sobre una población dispuesta a pagarlos y el reconocimiento internacional. A una hipotética Cataluña separada de España de manera no negociada no le esperaba ninguna de las tres cosas, al menos no con menos del 50% de sus ciudadanos dispuestos a ello y ningún tipo de represión violenta desde Madrid.

Era una vez aceptadas estas tres premisas cuando se llegaba al auténtico punto muerto, al callejón sin salida que provoca el agotamiento. ¿Cuál sería la forma de esa negociación? ¿Cómo se iniciaría, quién daría el primer paso, en qué términos? Era entonces cuando nos embrollábamos en elucubraciones destinadas a reconciliar posturas aparentemente irreconciliables

La Cataluña que está entre el mitin del Passeig del Born y los gritos sobre la Estació de Sants se encuentra también en el siguiente gráfico. La imagen encierra a España de la misma manera. En él se representa la distribución de preferencias en torno al modelo de Estado que quieren los catalanes para España, y el que quieren el resto de españoles para su país, incluyendo en él al país de los otros. La diferencia entre ambos colectivos no es opuesta, pero sí desalentadora.

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Que nadie dude de que de aquí al 20 de diciembre todos los partidos van a aprovecharse de estas diferencias para jugar en corto. Pero lo que importa es que la mesa de negociación, ahora vacía, les espera al final del camino. Paciente.

Una mesa de negociación es un instrumento curioso. Nos hace entender que las preferencias de los individuos no son tan sencillas como parecían un segundo antes de sentarse en ellas. Tomemos un ejemplo sencillo. Un matrimonio. Ella le dice a él que se quiere divorciar, que no está dispuesta a aceptar el actual reparto de trabajo doméstico, según el cual él solo friega los platos una vez por semana y ella se encarga de limpieza, niños, cuentas y compras. Él, lógicamente, tiene una preferencia muy fuerte por mantener su tiempo libre de todas esas tareas. Sin embargo, probablemente también albergue un interés bastante importante por mantener su matrimonio. Ante la expresión por parte de ella de que el coste de las horas adicionales de trabajo supera al coste de romper la relación, tal vez él decida que no sería tan mala idea dedicar más horas a las labores del hogar. Las preferencias no han cambiado exactamente, pero el resultado es distinto gracias a que se ha abierto un proceso de negociación explícito. Gracias a la mesa.

El callejón sin salida del que nos afanábamos en salir en las conversaciones mis interlocutores y yo era precisamente qué pasaría si tal proceso se abriese. Nos preguntábamos, para empezar, si el independentismo era irreversible. Acabamos de vivir la campaña más intensa de la historia reciente de Cataluña. Es normal que, desde fuera, los independentistas parezcan un bloque cerrado, cohesionado. Los intentos que la oposición ha hecho de subrayar las diferencias, casi las contradicciones, ideológicas entre sus integrantes no han surtido demasiado efecto. Debate tras debate, tertulia tras tertulia, el “cómo os vais a poner de acuerdo con X” se estrellaba contra un muro inquebrantable construido con unos ladrillos bien simples: “lo primero es establecer el marco para poder discutir entre nosotros”. Pero todas las campañas tocan a su fin. Y la verdad es que el campo secesionista no es tan homogéneo como pudiese parecer.

Catalanes por convencer

Alguien en el Centre d’Estudis d’Opinió (el CIS catalán) tuvo la fantástica idea de ofrecer tres y no dos opciones ante la pregunta que hacen en sus barómetros periódicos: si usted se considera independentista. En lugar de reducir las alternativas a sí o no, obligan a quien responde a especificar si se trata de un independentista “de toda la vida” o sólo “desde los últimos tiempos”. Gracias a esta distinción podemos apreciar que entre estos últimos los motivos de tipo, digamos, instrumental, son mucho más habituales. Es decir: cuando son interpelados sobre sus razones para la secesión, la cuestión identitaria es citada con mucha menos frecuencia entre los recién incorporados a la causa, que suelen preferir argumentos de conveniencia o de proyecto de futuro. Eso significa que pueden ser convencidos si llega una oferta lo suficientemente interesante y creíble, que les lleve a pensar que tal vez es más conveniente para Cataluña, más provechoso, permanecer dentro de España.

La primera cuestión es quién representa a estos independentistas que podrían ser socios de un pacto. Cuando Oriol Amat, número siete en la lista de Junts pel Si en Barcelona, aceptaba la otra noche en una radio alemana que estaban no solo dispuestos sino incluso interesados en volver a poner sobre la mesa el Estatut de 2006, en realidad se estaba señalando a sí mismo como interlocutor. Probablemente de manera no intencionada, y desde luego no con el acuerdo del resto de su partido. Pero así era. Cuando Mas acaba cualquier intervención memorable con una coletilla que llama a la “concordia” y al “entendimiento” con el resto de España durante el proceso, como hizo incluso en su discurso de victoria la noche electoral, está abriendo una rendijita por donde pueda colarse algo de luz. El fantasma de la negociación planea sobre (al menos una parte de) Junts pel Sí. Pero para que pase a ser una realidad es necesario que haya algo sobre la mesa.

Ésta es la segunda cuestión: quién y cómo tiene la capacidad para hacer una oferta sólida, interesante y creíble de autogobierno desde Madrid hacia Cataluña. Llegados a este punto, uno puede repasar (como hice yo en mis incontables discusiones) el abanico de posibles candidatos y ordenarlos de mayor a menor disposición para la negociación: Podemos, PSOE, Ciudadanos y el Partido Popular. Lo dramático es que el último de esta lista posee ahora mismo el Gobierno de la nación, y todo parece indicar que se mantendrá con más de un 25% del voto después del 20 de diciembre. Se trata por tanto de un partido que incluso aunque pierda el Ejecutivo desde 2016, es muy probable que lo vuelva a ganar en algún momento del futuro. Esto significa que cualquier oferta necesita el apoyo del PP para que sea creíble en la mesa de negociación. Si no, nada garantiza que se mantenga con la siguiente mayoría conservadora y centralista.

Llegará más temprano que tarde un momento en el cual el Partido Popular deberá elegir entre romper España… y romper España. Por un lado, si escoge subirse al barco de la reforma y de la negociación política, sus votantes con preferencias más fuertes y extremas sobre un modelo de Estado centralista lo verán como una traición, y pensarán que el PP acabará por romper España al ceder ante el nacionalismo periférico. Por otro, si elige mantener una postura inflexible ante el independentismo, estará poniendo al Estado en riesgo de ruptura ante los ojos de los más moderados, que entienden que no es posible mantener el matrimonio sin ceder un poco para evitar un divorcio en el largo plazo.

En el agotamiento

No son pocos los independentistas que cuentan con que el PP se mantendrá en la última casilla. De hecho, una parte muy importante del cierre de filas en torno a la idea de secesión hoy se corresponde con la desconfianza, si no directamente la desesperación, respecto a qué hará el PP de ahora en adelante. Un “pierda toda esperanza” flota en el ambiente. De hecho, estoy seguro de que la mayoría de independentistas que lean los párrafos anteriores (incluso de los instrumentales) lo harán arqueando una ceja, preguntándose por qué dedico tantas palabras a hablar de una posibilidad que no parece real ahora mismo en lugar de aquello a lo que se han dedicado los medios en las últimas tres semanas de una manera un tanto desconcertante: si Cataluña se queda en la UE o no, si la ciudadanía española se pierde o no, si los bancos se van o no ante una secesión unilateral. Este debate es en parte artificial, o lo es en el medio plazo, en tanto que no se cumplen los requisitos para que la Generalitat pueda llevar adelante una secesión unilateral: como enunciaba más arriba, una mayoría abrumadora que permita montar estructuras de estado reales y reconocimiento internacional. Pero es normal que el independentista arquee la ceja: al fin y al cabo, en el pasado reciente poco o nada le indica que debe tener esperanza alguna. Por qué ahora.

Este es el agotamiento que se ha instalado de manera implícita en el debate,  y que ha conseguido invadir también mi ánimo en las últimas horas. La mala noticia es que la dinámica actual no terminará pronto. Al menos hasta el 20 de diciembre el independentismo tiene todos los incentivos posibles para continuar forzando la legalidad y poniendo a prueba al Gobierno central. Éste, por su lado, no tiene por qué moverse ni un ápice de su posición cuando su objetivo es maximizar la cantidad de votos recibidos en las siguientes elecciones. Pero llega un momento en el que las opciones se reducen, el largo plazo nos alcanza y nos exige tomar decisiones. Y serán el independentista instrumental que arqueaba la ceja al leer este texto o el ambiguo defensor del statu quo que se sonreía pensando en la posibilidad de que la discusión con la Generalitat fuese más allá de la firme exigencia del cumplimiento de la ley, quienes impongan tal exigencia. Por una razón sencilla: los (altísimos) costes de la incertidumbre no van a ser asumidos eternamente. La mayoría de nosotros no trabajamos ni vivimos para mantenernos en una lucha permanente. No estamos dispuestos a esperar para siempre a que algo pase.

Después de salir de Sants pasé un momento por el Born, donde esperaba que aún resonase “la veu d’un poble”. Pero no fue así. Era la una de la madrugada. A primera vista, allá no quedaba apenas nada. Mientras paseaba con un amigo nos encontramos con agentes de seguridad, limpiadores del Ayuntamiento, taxistas, cámaras de televisión, policías locales que recogían con paciencia y pero sin pasión lo que el mitín había dejado a su paso. A esa hora, pensé, en la sala de blanco luminoso con moqueta moderna alguien estaría desmontando el escenario, recogiendo papeles y botellines de cerveza, pensando quizás en a qué hora le tocaba empezar el siguiente turno de trabajo, quizás en qué iba a ser de su pensión o del futuro de sus hijos, tal vez esperanzado, tal vez algo asustado. Todos, probablemente, dudosos ante lo que viene. En el vacío dejado por los extremos en éxtasis, allí emergía de nuevo: Cataluña entera. Trabajando. Esperando.

¿Qué moneda adoptaría una Cataluña independiente? Los tres escenarios monetarios de la secesión

euro

Una de las cuestiones clave para una Cataluña independiente sería elegir cuál sería su moneda para intentar minimizar el impacto negativo de salir de la eurozona. De esta decisión dependerían los ahorros privados, el sistema bancario y los ciclos de crecimiento. Toda la economía dependerá de esta simple elección: ¿qué divisa elegir?

También en EL ESPAÑOL:

Una de las cuestiones clave para una Cataluña independiente sería elegir cuál sería su moneda para intentar minimizar el impacto negativo que tendría salir de la eurozona. Aunque no lo parezca, la teoría monetaria pone a su alcance muchas posibilidades. De esta decisión dependerían los ahorros privados, la capacidad para devolver las deudas, la sostenibilidad del sistema bancario… En definitiva, toda la economía a merced de esta elección; ¿qué divisa elegir?

El euro, sea como sea

La opción preferida de los miembros de la lista soberanista es que Cataluña siga en el euro, pero ¿cómo es posible si sale de la Unión Europea? Hay dos opciones: quedarse en la moneda común con el beneplácito de las instituciones de la eurozona o bien adoptar la divisa de forma unilateral sin el respaldo de los socios. En el euro ya hay ejemplos de los dos grupos.

El primero son los estados que tienen firmado un acuerdo monetario con la eurozona por el que emplean el euro como su moneda oficial. Son cuatro países: Mónaco, San Marino, Ciudad del Vaticano y Andorra, que tienen potestad para emitir un pequeño número de monedas y billetes cada año que son de curso legal en toda la región. Todos ellos han estado vinculados históricamente a las divisas de países que entraron en el euro y no tenían una moneda propia. Mónaco empleaba el franco francés, San Marino y el Vaticano utilizaban la lira italiana y en Andorra circulaban de forma paralela la peseta y el franco.

El acuerdo monetario de cada uno de estos cuatro países con la eurozona no implica que sean estados miembros de pleno derecho del euro. En otras palabras, no tienen ni voz ni voto en los órganos de decisión de la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE), pero sí están amparados por las instituciones comunitarias.

Los expertos coinciden que ésta sería la mejor opción para Cataluña al menos durante los primeros meses, ya que serviría para minimizar el impacto negativo que tendría adoptar una nueva divisa. En este escenario, “sería posible que la independencia tuviera un impacto mínimo sobre el marco monetario y también sobre el bancario, que está íntimamente ligado a aquél”, explica Enrique Díaz-Álvarez, experto en divisas de Ebury. Para conseguirlo, el nuevo estado catalán tendría que contar con el beneplácito de la comunidad europea y la española. Pero, ¿quién puede garantizar este respaldo?

La alternativa para los líderes soberanistas si quieren quedarse en el euro sería adoptar la divisa de forma unilateral, sin el apoyo de las instituciones. Si elige este camino, seguiría los pasos de Kosovo y Montenegro, que también emplean la divisa común sin el visto bueno europeo. Ésta es una fórmula que han utilizado muchos países de Latinoamérica durante el siglo XX con el dólar en un proceso que se conoció como dolarización. De esta forma, Cataluña tendría la potestad para quedarse en el euro si así lo decidiese aunque no tendría el respaldo del resto de socios.

En cualquiera de los dos casos, el país perdería un poder cada vez más importante: el control de la política monetaria. El país tendría que renunciar a adoptar las medidas anticíclicas que tienen a su disposición los bancos centrales. De este modo, no podría aplicar estímulos monetarios para combatir las épocas de recesión o los riesgos de deflación ni medidas para frenar un sobrecalentamiento de la economía y la subida de los precios.

 REUTERS/Yves Herman
REUTERS/Yves Herman

La pérdida de la autoridad monetaria podría llevar a una situación paradójica en la que la región se enfrentase a una recesión económica con los tipos de interés altos y al alza. “El problema de no controlar la política monetaria es que genera desequilibrios internos muy extensos”, explica Manuel Hidalgo, profesor de macroeconomía de la Universidad Pablo de Olavide. “Sería un escenario similar al patrón oro de finales del siglo XIX, que generaba ciclos económicos mucho más pronunciados”.

Este escenario “desestabiliza mucho la economía de un país y el riesgo de sufrir continuas recaídas en recesión es muy elevado”, advierte Juan Ignacio Crespo, economista y escritor. Los bancos centrales modernos han conseguido limitar la profundidad de los ciclos económicos y así lo demuestran numerosos estudios, pero un país sin autoridad monetaria puede enfrentarse a una política que va justo en contra de su ciclo económico. A largo plazo, los problemas de este escenario podrían ser recurrentes.mapa

Los inconvenientes de adoptar el euro de forma unilateral van más lejos del sector público y se extienden al sector financiero, ya que las entidades con sede en Cataluña perderían el acceso a la financiación del BCE. Esto significa que no podrían acceder ni a las operaciones ordinarias (MRO, por sus siglas en inglés) ni a las megasubastas trimestrales de liquidez (TLTRO) ni a la liquidez de emergencia del ELA. Este último programa fue el que se hizo muy famoso durante la primavera, ya que sirvió para mantener con vida a la banca griega durante seis meses: desde la victoria de Syriza en las elecciones del 25 de enero hasta que declaró el referéndum. En ese momento, el BCE decidió congelar el ELA y automáticamente Grecia se vio obligada a imponer el corralito.

Las principales entidades con sede en Cataluña ya han advertido de todos los riesgos que se enfrentaría la comunidad autónoma en el caso que declarase unilateralmente la independencia y saliese del euro. No sólo el flujo de crédito estaría en juego sino también los depósitos. ¿Podría evitar Cataluña un control de capitales?

Imprimir una nueva divisa

El segundo escenario para Cataluña es emitir su propia divisa. ¿Tal vez la peseta catalana? El nombre no sería extraño para la región, ya que la moneda nació en La Seca de Barcelona, la casa de la moneda catalana, durante la Guerra de la Independencia en el siglo XIX. Pero el nombre no es lo importante. Lo verdaderamente relevante es cómo conseguiría el banco central del nuevo estado proteger su divisa. En otras palabras: ¿cómo evitar un desplome histórico de la moneda?

Los expertos no quieren poner cifras porque la situación es inédita e imprevisible. “La depreciación sería masiva, no menos de un 40% para empezar”, indica Díaz-Álvarez. Cataluña tendría que convencer a los mercados de que su divisa tiene un valor para evitar una fuga masiva de capitales y la descapitalización de sus bancos. Al mismo tiempo, el banco central necesitaría conseguir capital que respaldase esa divisa que está emitiendo, ya que Cataluña no tiene reservas internacionales y tampoco oro.

La opción que se planteó en Grecia durante la primavera ante la posibilidad de una salida del euro fue que la autoridad monetaria incautase un 30% de los depósitos para generar capital propio. Pocas alternativas tendría el nuevo banco central catalán.

A partir de aquí, los problemas teóricos se adentran en el terreno de la especulación, por lo que es imposible determinar qué podría ocurrir. Lo que sí está claro es que un fuerte descenso de la nueva divisa provocaría un fuerte avance de la inflación ya que todos los productos importados se apreciarían de forma proporcional.

El problema más grave es el petróleo, ya que la materia prima afecta a toda la economía a través de los precios energéticos y del transporte. El banco central se vería obligado a aplicar una política monetaria restrictiva, con unos tipos de interés altos, para atraer capitales y frenar el avance de la inflación. Pero con ello provocaría un deterioro mayor de la actividad económica. Brasil, por ejemplo, se ha visto obligado a subir el precio del dinero hasta el 14,25% los tipos de interés para frenar la inflación y la depreciación de su divisa.

Todos estos problemas parecen menores ante el gran desafío al que se enfrentaría Cataluña: su deuda en euros. El último dato del Banco de España del cierre del segundo trimestre del año sitúa el pasivo de la comunidad en 66.813 millones de euros. De toda esta deuda directa, el 56% está financiada a través del Fondo de Liquidez Autonómica, ya que los tipos que exige el mercado eran insostenibles para la región. A esta cifra habría que añadir la parte de la deuda de la administración central del Estado que le correspondiese a la región, ya fuese por PIB, población o cualquier otro criterio. ¿Cómo conseguiría refinanciar toda esta deuda que, además, está denominada en euros? Una opción es cambiar la divisa y devolver la duda en la nueva divisa. Pero desde el punto de vista legal no es sencillo, ya que necesitaría un acuerdo mayoritario con sus acreedores. ¿Firmarían recibir sus deudas en pesetas catalanas?

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La ‘tercera vía’: una doble divisa

El hipotético Estado catalán independiente podría optar por una vía intermedia: mantener el euro y emitir una moneda paralela. Para lograr un sistema viable, las autoridades tendrían que superar los problemas que enunció en el siglo XVI el comerciante y financiero Sir Thomas Gresham en una ley que lleva su nombre. Según esta máxima, el mercado siempre trata de atesorar la moneda buena y deshacerse de la mala. En otras palabras, “los euros desaparecerían de la circulación y se generaría un gran problema de liquidez”, explica Hidalgo.

Para evitar este escenario, las autoridades tendrían que restringir mucho el uso de euros y obligar a los ciudadanos a emplear la moneda catalana tanto para sus operaciones cotidianas, como para sus ahorros. “Los sistemas en los que se ha implantado este tipo de sistema prohíben las cuentas corrientes denominadas en la moneda fuerte”, explica Javier Santacruz, profesor del IEB. “De este modo, el euro serviría para atender el servicio de la deuda y la inversión extranjera”.

En este escenario de dos monedas paralelas, las autoridades del nuevo estado tendrían que fijar un tipo de cambio fijo (o con cierta fluctuación) entre las dos divisas, pero no podrían permitir la libre circulación de capitales. En otras palabras, para cambiar la divisa catalana por cualquier otra moneda sería necesario pedir autorización al banco central y cumplir los requisitos que éste imponga.deuda_habitante

El problema para todos los estados que vinculan su tipo de cambio a otra divisa es la dificultad para proteger el nivel marcado ante las fuerzas del mercado. Doblegar sus vaivenes no es sencillo y hay ejemplos de grandes bancos centrales que han sucumbido. El caso más famoso fue el ataque de George Soros a la libra, con el que consiguió doblegar al Banco de Inglaterra en septiembre de 1992.

Argentina también tiene un mal recuerdo de sus luchas contra el mercado con la Ley de Convertibilidad del año 1991 por la que establecía un tipo de cambio de uno a uno entre el peso y el dólar. Buenos Aires luchó por defender esta paridad, lo que provocó una gran fuga de pesos a dólares que tuvo que soportar el Banco Central de la República Argentina, lo que provocó que sus reservas se vaciaran. Esta política cambiaria saltó por los aires 11 años después en 2001 y fue una de las causas del corralito argentino.

Hay ejemplos más recientes de la aplicación de un tipo de cambio controlado. Suiza reconoció en enero que era incapaz de mantener un techo de su divisa contra el euro después de pasarse tres años y medio defendiendo el nivel de los 1,20 francos por euro. Los mercados atacaron también a Dinamarca, pero el país los detuvo en colaboración con el BCE ya que es el único país que no está en el euro pero sí dentro del Mecanismo de Tipos de Cambio.

Estos casos vienen a demostrar la dificultad que tiene un país para defender un tipo de cambio fijo contra una moneda fuerte y los desequilibrios que se generan cuando ese tipo de cambio salta por los aires. “La solución puede ser adoptar un tipo de cambio que esté devaluado para así no tener que luchar por defender el nivel de la divisa, aunque esto implicaría una fuerte depreciación de la divisa”, indica Santacruz.

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Todo lo que debes saber sobre el futuro de las pensiones de una Cataluña independiente

GRA602. MANRESA (BARCELONA), 18/09/2015.- Artur Mas, president de la Generalitat y número 4 de la candidatura de 'Junts pel Sí' (c), durante el acto de campaña celebrado hoy en la plaza de Sant Domènec de Manresa . EFE/ Quique García

Uno de los temas que más preocupan a los contribuyentes catalanes y españoles es el futuro de sus pensiones. El debate mezcla cuestiones económicas y jurídicas con proclamas políticas. EL ESPAÑOL arroja un poco de luz a la polémica.

Una de las preocupaciones principales de los contribuyentes catalanes y españoles es conocer cuál será el futuro de sus pensiones. El debate público ha mezclado cuestiones económicas y jurídicas con proclamas políticos. Es necesario aportar algo de luz con la regulación vigente.

¿Qué cambiaría en las pensiones catalanas en una Cataluña independiente?

Para comprender los cambios a los que se enfrentaría el sistema de pensiones catalán hay que comprender cómo funciona actualmente en España. El modelo español es de reparto. Esto es, las cotizaciones de los trabajadores sirven para financiar todos los gastos de la Seguridad Social. De este modo, los cotizantes pagan año a año las pensiones salvo una parte concreta que se sufraga a través de los Presupuestos. Es decir, que se financia por medio de los impuestos o del déficit público.

Los años en los que hay superávit, el excedente se acumula en el Fondo de Reserva, popularmente conocido como la hucha de las pensiones. En el año 2011 llegó a acumular un saldo de 66.815 millones de euros. Pero entonces llegaron los años de déficit, que se pagaron también con esta caja. En julio se conoció que el montante ahorrado está ya por debajo de los 40.000 millones de euros.

Este sistema de reparto sería el que adoptaría también Cataluña después de la independencia, por lo que el cambio respecto a la situación actual sería limitado. El cambio sería mucho mayor si se pasara de un sistema de reparto a uno de capitalización.

¿En qué consiste un modelo de capitalización? Es un sistema similar a un plan de pensiones: cada trabajador va acumulando su propia hucha durante su vida laboral y esa hucha se emplea luego para pagar su jubilación, muy común en los países latinoamericanos, como Chile o México. También existe el modelo mixto, que mezcla los dos sistemas, empleado especialmente en el norte y este de Europa, como en Suecia, Rusia, Bulgaria o Rumanía. Con el modelo de reparto (que es el mayoritario en el mundo), si Cataluña se independiza y asume su propia Seguridad Social, la contribución de sus trabajadores se destinaría a cubrir los gastos de su Seguridad Social, entre ellos el pago de las pensiones de sus mayores, un escenario similar al actual.

¿Qué pasaría con el Fondo de Reserva?

Éste es uno de los aspectos clave, ya que la hucha de las pensiones es la que garantiza actualmente el pago de las pensiones en España y por extensión en Cataluña. Desde el año 2011 los gastos de la Seguridad Social están por encima de los ingresos por cotizaciones, lo que provoca que el sistema incurra en un déficit cada año que hay que pagar. El Estado cubre este agujero con el Fondo de Reserva. Cataluña también incurre en déficit anual, por lo que también necesitaría disponer de su parte de la hucha. ¿Se puede romper?

La propuesta que ha lanzado el Consejo Asesor para la Transición Nacional, un órgano creado por la Generalitat para preparar el camino a la independencia, dispone que el nuevo estado catalán independiente tendría que negociar con España para romper la hucha y repartir el ahorro. Su escenario base en estas conversaciones para repartir activos y pasivos sería que Cataluña se quedase con “la parte del Fondo que se dotó con los superávits de la Seguridad Social de Cataluña”. La segunda opción que plantea, que es “más conservadora”, es la de realizar el reparto en función de la población, lo que supondría que a Cataluña le correspondería algo más de un 16% del ahorro actual, esto es, en torno a 6.500 millones de euros.

Sin embargo, la hucha única está protegida por la legislación española, que determina que el sistema de pensiones es de reparto y solidario, por lo que no puede partirse. ¿Qué significa “solidario”? Que cada región, al igual que cada generación, aporta al sistema de forma solidaria, por lo que no puede reclamar una parte mayor de lo que le corresponde. Al igual que la generación del baby boom no puede reclamar una parte mayor de la que le corresponde por haber contribuido más a la Seguridad Social, una región tampoco puede hacerlo. De este modo, la regulación actual determina que una Cataluña independiente no tendría acceso a la hucha de las pensiones.

pensiones

¿Qué pasaría con los catalanes que han cotizado en España?

La normativa también es taxativa en este punto: España tiene que cubrir la pensión de todos sus nacionales. En otras palabras: los catalanes recibirán su pensión del sistema estatal, ya que no puede retirarse la nacionalidad española a ningún ciudadano. ¿O sí se puede? Éste es uno de los debates más calientes de los últimos días, pero se escapa al marco puramente económico para entrar a depender del marco legal. En principio, todos los catalanes que hayan cotizado en España tendrán que recibir su pensión de las arcas públicas españolas. Artur Mas ya ha explicado que hasta que no se produzca un traslado total de las competencias España tendrá que seguir pagando las jubilaciones.

¿Y si los catalanes pierden la nacionalidad española?

Si los catalanes perdiesen la nacionalidad española tras la independencia, algo que actualmente no contempla la legislación, pasarían a tener el mismo tratamiento que los extranjeros. En este caso, hay que distinguir dos tipos de foráneos en función de si su país tiene firmado un acuerdo bilateral con la Seguridad Social española o si no lo tiene.

En el grupo de países que tienen firmado un pacto con España se encuentran todos los miembros de la Unión Europea, los estados latinoamericanos y el resto de principales economías desarrolladas. Este convenio entre los países supone que, a la hora de pagar las pensiones, cada estado aporta a la pensión una parte proporcional al periodo en que el cotizante contribuyó en cada uno de ellos.

El segundo grupo está formado por los países que no tienen un acuerdo bilateral con España. En estos casos, la cotización se perdería, ya se trate de un nacional que fuese a trabajar a otra región o de un extranjero que llegase a España.

En definitiva, sería necesario que las dos autoridades negociasen para alcanzar un acuerdo. “Lo lógico, por analogía con los tratados que ahora hay con otros países, sería que la pensión de un trabajador que ha cotizado en varios territorios la paguen a escote esos territorios en proporción a lo que el trabajador haya cotizado en cada uno de ellos, y que el trabajador mantenga sus derechos independientemente de donde elija vivir cuando se jubile”, explica Ángel de la Fuente, investigador del Instituto de Análisis Económico del CSIC.

¿Es sostenible el sistema catalán de pensiones?

La respuesta es diferente en el corto o en el largo plazo. A corto plazo, el sistema de pensiones catalán es deficitario, por lo que podría tener un problema si tuviese que pagar sus pensiones.

Al cierre de 2014, el gasto en pensiones de Cataluña superó a los ingresos de la seguridad social en 4.544 millones de euros y sólo las comunidades autónomas de Madrid y Baleares consiguieron superávit en el balance de ingresos y gastos al cierre del ejercicio. Cataluña no podría cubrir este desfase con la hucha de las pensiones, por lo que tendría que cargarlo a cuenta de sus Presupuestos y cubrirlo con impuestos o déficit. La otra opción sería reducir la cuantía de los pagos. La asociación antinacionalista Societat Civil Catalana ha aprovechado esa eventualidad para decir que los pensionistas catalanes cobrarían entre un 6,7% y un 16,9% menos.

En cuanto a la sostenibilidad a largo plazo la respuesta es tajante: es difícil que sea sostenible, exactamente igual que el sistema español. Cataluña se vería obligada a adoptar un sistema de reparto, ya que al nacer desde cero las contribuciones se tendrían que emplear en pagar las pensiones. De este modo, tendría que lidiar con el mismo problema de España y que es inherente a los sistemas de reparto: la demografía. A medida que la generación del baby boom va envejeciendo, que la natalidad baja y que la esperanza de vida se va alargando, quedan menos contribuyentes para sufragar los pagos a un número creciente de jubilados. Cuando la pirámide poblacional se convierte en un rectángulo, todo sistema de reparto tiene un grave problema.

La propuesta del Consejo Asesor para la Transición Nacional reconoce que será necesario financiar una parte de las pensiones con los Presupuestos. En cualquier caso, una Cataluña independiente tendría que afrontar el problema de la demografía, igual que tiene que hacerlo España. A partir de ahí, a muy largo plazo cualquier situación es posible. Dependerá, en gran medida, de cómo se gestione.

El suscriptor 9.000: “Hay que apostar por los que apuestan por la calidad”

MARCO1

Unos minutos después de las cinco de la tarde, Marco Nurra adquirió la suscripción en su ordenador. Ese gesto convirtió a este periodista italiano en el suscriptor número 9.000 de EL ESPAÑOL. La fotografía del equipo da fe de la celebración, que llegó 20 días después de que el periódico alcanzara 8.000 suscriptores y unas semanas antes de su lanzamiento oficial. 

Unos minutos después de las cinco de la tarde, Marco Nurra adquirió la suscripción en su ordenador. Ese gesto convirtió a este periodista italiano en el suscriptor número 9.000 de EL ESPAÑOL. La fotografía del equipo da fe de la celebración, que llegó 20 días después de que el periódico alcanzara 8.000 suscriptores y unas semanas antes de su lanzamiento oficial.

Este hito llega ocho meses después del lanzamiento del proyecto, que batió el récord mundial de crowdfunding para periodismo en los primeros dos meses del año al recaudar tres millones de euros de 5.624 personas que desde entonces son accionistas de EL ESPAÑOL.

MARCO1

Marco Nurra vive en Madrid desde hace siete años y es periodista y consultor digital. Hizo prácticas en El Mundo y colaboró con diversos medios de comunicación. “Llegué justo unos días después de la caída de Lehman Brothers: la España que he conocido y amado es la de la crisis”, explica Nurra. “A pesar de haber comprado pocas veces un periódico impreso, me informo todos los días en internet. ¿Por qué he decidido suscribirme a EL ESPAÑOL? Porque creo y admiro su apuesta. Porque conozco muchas de las firmas de este proyecto. Porque lo que han publicado hasta ahora en su blog me inspira confianza: análisis políticos independientes, periodismo de datos, una gestión dinámica de las redes sociales y mucho más. Hay que apostar por los que apuestan por la calidad”.

Los 9.000 suscriptores coincidieron con el eco del proyecto en los grandes diarios de la prensa internacional. El Financial Times reflejó este martes el espíritu del periódico en este artículo de su corresponsal Tobias Buck. “Aún quedan unas semanas para el lanzamiento pero el ruido que lo rodea es difícil de ignorar”, dice el artículo. “Los fundadores de El Español, que han contratado a los mejores periodistas de investigación de medios rivales, aspiran a enviar una señal desafiante en un momento en el que gran parte de la prensa española sigue maniatada por la crisis”.

Abordaron también el influyente blog sobre medios del periodista británico Roy Greenslade y el diario portugués Jornal de Negocios, que resaltó en este artículo esta frase de Pedro J. Ramírez: “Al perder dinero, todos los medios dependen cada vez más de las grandes empresas, que a su vez están vinculadas al Gobierno. El resultado es censura y, lo que es peor, autocensura”. Antes escribieron sobre el lanzamiento de EL ESPAÑOL la agencia Bloomberg y la Columbia Journalism Review

 

“Nuestro ‘crowdfunding’ contribuye a generar una nueva cultura en España”

Eva Fernández, consejera delegada de EL ESPAÑOL, durante su intervención.

“Hemos recaudado más de cuatro millones de euros y hemos conseguido involucrar a casi seis mil accionistas, a quienes consideramos parte esencial y fundamental de nuestro proyecto. También hemos contribuido a generar una nueva cultura en este país”. Así ha sido la intervención de Eva Fernández, consejera delegada de EL ESPAÑOL, en el III Congreso Internacional Financial Litigation Network.

“Me toca la parte más bonita”, dice Eva Fernandez con una sonrisa. La consejera delegada de EL ESPAÑOL ha participado este martes en un encuentro sobre el crowdfunding en el III Congreso Internacional Financial Litigation Network organizado por la Asociación Española de Accionistas Minoritarios de Empresas Cotizadas.

“El resultado de la campaña de crowfunding del Español ha sido espectacular”, ha dicho Fernández. “Hemos recaudado más de cuatro millones de euros y hemos conseguido involucrar a casi seis mil accionistas, a quienes consideramos parte esencial y fundamental de nuestro proyecto. También hemos contribuido a generar una nueva cultura en este país. Ahora el crowfunding despierta curiosidad en muchos sectores, sin duda en el sector de los medios”.

Según Eva Fernandez, el éxito de la campaña, llevada a cabo entre enero y febrero, radica en haber formado un proyecto al que los accionistas se sienten orgullosos de pertenecer. “Nosotros no tenemos inversores profesionales. La mayor parte de nuestros inversores están haciendo una inversión por primera vez. Es una responsabilidad tremenda. Nuestros accionistas esperan mucho de nosotros, y nosotros tenemos que responder a sus inquietudes”.

Por teléfono y WhatsApp

Además de Eva Fernández, expertos sobre financiación colectiva nacional e internacional han participado en el debate. Sin embargo el lanzamiento de EL ESPAÑOL ha acaparado la mayor parte de las preguntas del público. Uno de los miembros del público ha indagado sobre la manera en la que EL ESPAÑOL manejará a sus casi 6.000 accionistas.

“Estamos desarrollando múltiples herramientas para que nuestros accionistas tengan total implicación en el proyecto”, ha explicado la consejera delegada. “Tenemos un servicio de atención telefónica al accionista y una línea de WhatsApp que todo accionista puede utilizar. También estamos planeando una junta general extraordinaria, a la que es probable que asistan casi 3.000 personas. ¡Puede que tengamos dificultades para encontrar un sitio en Madrid donde quepa tanto accionista!”.

Las intervenciones del público han dejado de manifiesto el gran interés por EL ESPAÑOL, que irá informando puntualmente a accionistas y lectores de cada nuevo paso en el proyecto.

EL ESPAÑOL escucha al accionista

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EL ESPAÑOL crea un departamento de atención personalizada liderado por Leticia Lombardero que atenderá cualquier duda de los accionistas.

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Leticia Lombardero, directora del departamento de Marketing y responsable de atención al accionista

Familias enteras, profesionales y ciudadanos de todos los rincones de España, incluso recién nacidos… El perfil de los inversores refleja la variedad y pluralidad del país. Con el objetivo de escucharles, EL ESPAÑOL crea ahora un departamento de atención personalizada liderado por Leticia Lombardero, que atenderá cualquier cuestión.

“La idea es ofrecer un trato diferencial a nuestros accionistas y atender cualquier duda que les pueda surgir acerca de su inversión”, dice Lombardero.

Es todo un reto teniendo en cuenta la expectación y los números iniciales del proyecto: 5.595 inversores y una recaudación de 3.606.600 euros en la mayor campaña de crowdfunding que haya hecho nunca un medio de comunicación global.

La atención a los accionistas es una de las señas de identidad de la compañía. El primero en invertir fue José Antonio Galeano, un guardia de seguridad de 33 años al que el proyecto le gustó “desde el primer momento. “Me parece emocionante porque nace potente y eso no pasa muy a menudo”, dice. A Galeano le atrae sobre todo la idea de participar de una forma activa en la génesis del proyecto y “no sólo con una aportación económica”.

En familia

Varias familias, algunas muy numerosas, se han animado a invertir en EL ESPAÑOL. Enrique Pemán Sierra lo hizo junto a sus seis hermanos, su mujer Elena y tres de sus sobrinos.

familia
Enrique Pemán (en el centro) con cinco de sus seis hermanos.

El propio Pemán expone sus razones, entre las que se encuentran “ayudar y contribuir a la creación de un medio que sea capaz de contar con libertad las cosas que pasan en un país que no merecemos y que está al borde del precipicio”.

“Con nuestro granito de arena y todo vuestro trabajo, esperamos remover conciencias y empezar un cambio que llegue a todos los rincones del planeta”, dice Pemán, que espera que sea “una inversión rentable y sobre todo segura”.

“No tengo claro que los bancos merezcan nuestros ahorros”, explica. “Ahora esos ahorros están convertidos en ilusión y esperanza. El objetivo es mantener lo que hemos invertido. Si con el tiempo se incrementa, mejor que mejor”.

Una recién nacida

Entre los accionistas de EL ESPAÑOL se encuentra alguien muy especial: Lucía, un bebé de apenas unas semanas de vida que recibió una acción como regalo de nacimiento. Ella es la accionista más joven de este proyecto. Este original obsequio se lo hizo otro de los accionistas, amigo íntimo de la familia.

El padre de la pequeña Lucía dice que tanto él como la madre del bebé están “encantados con este regalo” tan original. “La prensa es un servicio fundamental y un valor de esta sociedad que no se debe perder”, dice. “Invertir en un medio que nace por una persona que acaba de nacer es una bonita metáfora”.

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Foto de Mikel Janín

Los accionistas constituyen una pieza fundamental de este proyecto periodístico por ser una garantía de pluralidad. La última persona en adquirir participaciones de EL ESPAÑOL en esta fase, Mikel Janín, es la muestra perfecta de esa independencia a la que se compromete este medio. “Políticamente estoy en las antípodas de Pedro J. Ramírez”, dice. “Pero él siempre ha sido combativo con el Gobierno, por lo que veo que este proyecto es distinto y me parece interesante”.

Hace un mes, y en una declaración inédita, el propio fundador de EL ESPAÑOL se comprometió por escrito a la creación de “un servicio permanente de atención al accionista que sirva de cauce a sus sugerencias, quejas y comentarios”. En palabras de Leticia Lombardero, esta promesa se va a traducir en un trato diferencial, una atención personalizada y “el desarrollo de una serie de herramientas que facilitarán la gestión del día a día” con el máximo compromiso y la máxima transparencia.


Para contactar con el servicio de atención al accionista puede llamar a los números de teléfono 915998343 y 915998344 o enviar un correo electrónico a la dirección siguiente: accionista@elespanol.com

Por qué he invertido
en EL ESPAÑOL

Cuando se rumoreó a finales de 2014 que Pedro J. Ramírez podría crear un nuevo periódico digital no me sorprendió. Tampoco me sorprendió la gran expectación levantada tras revelar en Twitter que el nuevo medio se iba a llamar EL ESPAÑOL. Sí me sorprendió, en cambio, la solicitud de apoyo económico y el ofrecimiento de ser accionista en las mismas condiciones que su fundador. Por eso, cuando se abrió el plazo no me lo pensé ni un instante y me dispuse a invertir una importante cantidad de dinero (al menos para mí lo es) en el proyecto.

Los pasos para registrarse en la web resultaban fáciles e intuitivos, así que rellené el formulario e hice la transferencia. Mi esposa no me pidió muchas explicaciones. Simplemente le dije: “Confía en mí. Esto va a ser muy grande”. Y de momento se está cumpliendo: récord mundial de crowdfunding para periodismo. Unos días después, Pedro J. hizo públicos sus 10 compromisos con los accionistas, lo que confirmó que esto era justo lo que yo esperaba. Y aún no ha hecho más que empezar.

Tengo que decir que si este mismo proyecto lo hubiera liderado otra persona no habría recibido mi respaldo económico (y creo que tampoco el de tanta gente), aunque sí mi apoyo como lector. Creo que el reconocido prestigio, profesionalidad y solvencia de Pedro J. han sido claves para el éxito en la captación de inversores.

Pero, ¿por qué motivos he invertido parte de mis ahorros en EL ESPAÑOL? Posiblemente no basten unas pocas líneas para describir la ilusión y las esperanzas depositadas en un proyecto así, que ya considero tan mío como del propio fundador. Voy a intentarlo, con el máximo respeto y admiración:

Espero de EL ESPAÑOL la defensa a ultranza de la libertad y de la justicia. Dicho así puede parecer muy extenso e impreciso, pero tenemos para ello un marco legal incomparable: la Constitución Española de 1978.

Espero de EL ESPAÑOL la búsqueda incesante de la verdad, duela a quien duela y pese a quien pese. Y confío en que, para perseguir ese objetivo irrenunciable, vuelva el mejor periodismo de investigación de la época dorada de El Mundo. Creo, igual que mucha gente, que El Mundo supuso un antes y un después en el panorama mediático y EL ESPAÑOL debe aspirar a ello.

Espero, como se dice en el propio blog, que EL ESPAÑOL sea combativo, plural, innovador e independiente (lo que no quiere decir imparcial), con un permanente espíritu crítico contra unos y otros.

Espero de EL ESPAÑOL su apuesta por la necesaria regeneración democrática para que los españoles volvamos a creer en nuestras instituciones. Una regeneración que cercene de raíz la escandalosa corrupción política, que termine con los actuales privilegios de los partidos, de los sindicatos y de la propia Iglesia y que desemboque en la reforma de la ley electoral, entre otras, de cara a conseguir una democracia más abierta, justa y cercana a la sociedad. Si no hacemos esto desde dentro del sistema, otros lo harán desde fuera.

Espero de EL ESPAÑOL la denuncia del inviable Estado de las Autonomías, que constituye uno de los mayores lastres que tenemos los españoles. Contamos con un conglomerado descoordinado e ineficiente de administraciones que duplican (y hasta triplican) sus funciones y que en demasiados casos sólo sirven para colocar a familiares y amigos, constituyendo auténticos focos de burocracia y despilfarro.

Espero de EL ESPAÑOL la más dura crítica hacia el infierno fiscal que ciudadanos y empresas tenemos que soportar para mantener el elevado gasto público y el brutal nivel de endeudamiento. No creo que la solidaridad consista en que nuestros hijos y nietos paguen con sus impuestos nuestro mal concebido Estado del Bienestar.

Espero de EL ESPAÑOL el fomento de los valores de esfuerzo, sacrificio, mérito, capacidad y responsabilidad individual como el mejor camino para el desarrollo humano. Hay que huir del conformismo, del igualitarismo, del clientelismo y del discurso de lo políticamente correcto que tanto daño ha hecho y sigue haciendo en nuestra opinión pública.

Espero de EL ESPAÑOL la defensa del capitalismo como la mejor forma conocida de utilización eficiente de los recursos, como máxima expresión de la libertad económica de los ciudadanos y cómo la única vía de cooperación y desarrollo sostenible de la sociedad.

Espero de EL ESPAÑOL, y de esto prácticamente no me cabe duda, su solidaridad con las víctimas del terrorismo y su apoyo incondicional ante el continuado ataque a su dignidad y su memoria. Ataques que no sólo se producen desde los entornos más radicales sino también desde algunos ayuntamientos, diputaciones, parlamentos autonómicos y (esto es lo más triste) desde ciertos juzgados y tribunales.

Y, por supuesto, espero de EL ESPAÑOL la defensa de la legalidad y de la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles.

Si he invertido en EL ESPAÑOL lo he hecho para conseguir una España mejor y un mundo mejor: más libre, justo y próspero. Una España que no se avergüence de su propio nombre (hay que dejar de utilizar eufemismos como ‘el Estado español’, ‘el conjunto del Estado’ y bobadas parecidas); una España de modernidad y oportunidades en el que todos arrimemos el hombro para sacar adelante a esta gran Nación. Decía John F. Kennedy: “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país”.

En conclusión, espero de EL ESPAÑOL la consolidación de una nueva y gloriosa época de los medios de comunicación, en un complicado escenario -internet- donde ya existen excelentes medios. “El futuro del periodismo será digital o no será”, dijo hace poco Pedro J. Y qué razón tenía.

No pretendo estar de acuerdo con todas y cada una de las noticias, opiniones y análisis que se publiquen en EL ESPAÑOL. El que pretenda eso no entiende lo que significan pluralidad e independencia y se equivoca si piensa que invertir en un medio es comprarlo. La uniformidad es algo de lo que se debe huir y el pensamiento único es algo contra lo que hay que rebelarse.

Por último, lo que de verdad no espero de EL ESPAÑOL es ganar dinero. No he invertido en este proyecto para recibir grandes dividendos ni nada parecido. Lo he hecho para ayudar a crear un medio libre e independiente. Si entre todos lo conseguimos, será la mayor recompensa que podamos tener.

EL ESPAÑOL logra 5.595 inversores y 3.606.600 euros

Redacción

EL ESPAÑOL ha cerrado su fase de financiación colectiva o crowdfunding tras superar todas las expectativas. Se asegura así la independencia del nuevo periódico digital, que nacerá en otoño. En total, desde la noche del 10 de enero hasta la medianoche de este domingo, el proyecto ha logrado la confianza de 5.595 inversores, que se convertirán en accionistas en las mismas condiciones que los promotores iniciales. La cifra total de recaudación se sitúa en 3.606.600 euros.

Redacción

EL ESPAÑOL ha cerrado su fase de financiación colectiva o crowdfunding tras superar todas las expectativas. Se asegura así la independencia del nuevo periódico digital, que nacerá en otoño.

En total, desde la noche del 10 de enero hasta la medianoche de este domingo, el proyecto ha logrado la confianza de 5.595 inversores, que se convertirán en accionistas en las mismas condiciones que los promotores iniciales. La cifra total de recaudación se sitúa en 3.606.600 euros, más del doble del récord mundial de crowdfunding para periodismo, que se situaba en 1.38 millones y que fue sobrepasado en la noche del 14 de febrero.

Gracias al enorme apoyo recibido, nuestra redacción ya no estará vacía. La llenaremos de buenas historias.

 

A continuación te ofrecemos algunos de los artículos que explican nuestro proyecto y que hemos ido publicando en este blog desde el primer día:

Pedro J. Ramírez responde: “Nunca sacrificaremos nuestros principios a nuestros intereses”

Encuentro digital con Pedro J. Ramírez

¿Cómo será EL ESPAÑOL? ¿Puedo aún ser accionista? ¿Qué ventajas tengo si me sumo al proyecto? Pedro J. Ramírez, director de EL ESPAÑOL, ha respondido a las preguntas de accionistas y simpatizantes de su nuevo proyecto periodístico.

Encuentro digital con Pedro J. Ramírez

¿Cómo será EL ESPAÑOL? ¿Puedo aún ser accionista? ¿Qué ventajas tengo si me sumo al proyecto? Pedro J. Ramírez, director de EL ESPAÑOL, ha respondido a las preguntas de accionistas y simpatizantes de su nuevo proyecto periodístico.

 


 

¿Estuvo a punto de tirar la toalla o se la ha tirado a la cara con El Español a los que le daban por muerto?. pregunta José María Marco
27/02/2015 | 13:59

El periodista que hay en mí sólo morirá el día en que me entierren. Y no es una metáfora.

Muchas gracias por vuestras preguntas. Siento tener que dejar varios cientos de ellas sin contestar. Repetiremos la experiencia de cuando en cuando, al menos una vez al mes. Ahora os pido que aprovechéis estos últimos días, estas últimas horas, para sumaros al proyecto.
Invertid en EL ESPAÑOL, convertíos en socios nuestros.
Hagámoslo juntos.


¿La ética periodística la van a tener o cuenta o lo importante va a ser la rentabilidad? pregunta Beatriz
27/02/2015 | 13:58

Nunca sacrificaremos nuestros principios a nuestros intereses, pero sólo haciendo un periódico rentable podremos garantizar nuestra independencia.


¿Cree que el periodismo está en crisis? Seamos sinceros. pregunta Carmen
27/02/2015 | 13:56

El perodismo no está en crisis, todo lo contrario: lo que está en crisis es un modelo de negocio obsoleto.


¿Quién será el Larra de el nuevo Español? pregunta John
27/02/2015 | 13:55

Espero que encontremos a unos cuantos pero todos los días echaré de menos a Umbral.


¿Tendrán los mismos derechos todos los accionistas con independencia de la cuantía de la inversión? pregunta David
27/02/2015 | 13:55

Tendrán los mismos derechos a participar en el desarrollo del proyecto. Naturalmente el retorno dependerá de la cuantía de la inversión.


Teniendo claro que la técnica mixta de financiación en medios tradicionales (pago contenidos y publicidad) no ha funcionado, y que cada soporte debe de apostar firmemente por una financiación concreta, ¿por qué El Español no apuesta únicamente por la financiación directa de sus lectores, como afirmaba en estos días Jordi Pérez Colomé, más aún con el éxito que ha significado la campaña de crowdfunding del periódico? Gracias, pregunta José Antonio
27/02/2015 | 13:54

Niego la mayor. En el caso de mi anterior periódico, esa fórmula mixta fue un gran éxito y supongo que lo seguirá siendo. Hay además ya algunos medios nativos digitales en España que también la están aplicando de manera muy alentadora.

La publicidad de calidad es también un servicio y pienso que los lectores deben pagar lo menos posible por los contenidos informativos.


Guarda ya alguna exclusiva para este nuevo diario? pregunta José
27/02/2015 | 13:51

Los buenos periodistas siempre tienen buenas historias en marcha y en la redacción de EL ESPAÑOL habrá muchos buenos periodistas. Permanezcan pues atentos a sus pantallas.


Cómo si de una entrevista de trabajo se tratase. ¿Cómo se ve en 5 años en El Español? pregunta Lorenzo
27/02/2015 | 13:49

Como ahora, un poco metido en todo. Para mí el periodismo no es un trabajo sino una manera de vivir.


¿Cree que llegará a desaparecer el papel, en el periodismo? pregunta Bea
27/02/2015 | 13:48

Lo que creo es que no hace falta papel para cumplir ninguna de las misiones del buen periodismo. No sé si desaparecerá, pero su presencia será cada vez más residual. Dentro de poco se mirará a los que lleven un periódico impreso en el autobús con la misma mala cara con la que ahora se mira a los fumadores, porque no hace falta talar árboles ni quemar gasolina para informar a los ciudadanos.


Es obligatorio ser subscriptor cuando se es accionista? pregunta Paloma
27/02/2015 | 13:44

No es obligatorio, pero sí muy recomendable. Además, ser accionista implica el derecho a un descuento de por vida del 50% en la suscripción.


Usted ha manifestado publicamente su apoyo a Ciudadanos, como en su día lo hizo con Upyd. El Español será un periódico independiente? pregunta Carmen A.
27/02/2015 | 13:42

Más que manifestar mi apoyo, he expresado mi simpatía por Ciudadanos. Asistí al acto de Bellas Artes porque tanto LUis Garicano como Manolo Conthe son amigos míos. Pero esa cercanía con las ideas o las personas nunca me ha condicionado como periodista. Tuve mucha relación con Aznar o con Zapatero y ahí están las hemerotecas.


¿Qué supone para Ud. encabezar un proyecto novedoso con un apoyo de unos 4000 accionistas inscritos vía online, con una recaudación de unos 2.500.000, algo insólito en un medio de comunicación? pregunta Ángel Mateos
27/02/2015 | 13:40

Un honor, una responsabilidad, una fortaleza y, sobre todo, una gran oportunidad. Tener 4.000 socios va a permitirnos estar siempre en contacto con la realidad y nadie nos podrá mirar por encima del hombro. Perdonadme por la broma, pero esto sí que es un “primo de Zumosol”. Ningún poder fáctico podrá doblegar nuestro empeño colectivo.


Hola, que lugar van a tener en el Español el resto de lenguas cooficiales? Gracias. pregunta ramon
27/02/2015 | 13:37

Todo lo español tendrá sitio en EL ESPAÑOL.


¿No es un error escoger una cabecera con la letra ñ (Español) si se apuesta por Internet? pregunta John Fante
27/02/2015 | 13:35

Si eso fuera así, nos tendríamos que ir de España, yo tendría que abjurar de mi querida Logroño, y nunca podríamos soltar un ‘¡coño!’. Pelearemos para que que los fabricantes de ‘software’ incluyan en los sistemas a nuestra ‘ñ’.


¿Habrá información cultural y de moda como para ser un diario europeo de referencia? pregunta Dolors Massot
27/02/2015 | 13:33

Desde luego. Y con un toque de distinción, creatividad e innovación que darán mucho que hablar. El estilo de EL ESPAÑOL será revolucionario.


¿Van a tener en cuenta lo que dijo Kapuściński “los cinicos no sirven para este oficio”? pregunta María
27/02/2015 | 13:31

Por supuesto: ni los cínicos, ni los rebotados, ni los perezosos, ni los aburridos. Para ser un buen periodista hay que ser una buena persona en el sentido de una persona íntegra. Y además, llegar todos los días a la redacción dispuesto a divertirse.


¿Como deben afrontar los estudiantes de periodismo el nuevo mercado laboral digital? pregunta Angel de Diego Hernandez
27/02/2015 | 13:29

Hasta este domingo seguiremos admitiendo currículos. Hemos recibido más de 6.000 y los estamos leyendo todos. Aproximadamente la mitad de nuestra redacción será seleccionada por ese camino. Otros seguirán nuestra estela y creo que empezarán a surgir oportunidades para los jóvenes periodistas.


¿Cuál va a ser la prioridad en los contenidos de El Español? ¿Será un sitio de referencia en cuanto a la información “al minuto” o su prioridad es el análisis y la opinión? ¿Cómo va a innovar en la participación de los lectores? pregunta Gonzalo N.
27/02/2015 | 13:27

Como se dice en “Tosca”, podemos atender a las “bellezas diversas”. Queremos ser los primeros en llegar y los que ofrezcan mejores reflexiones y análisis.


¿Tienen ya un cura rebotado para la información religiosa? pregunta James
27/02/2015 | 13:25

Estamos en ello.


¿Tendrá el Español sección de deportes? pregunta Oscar
27/02/2015 | 13:25

Desde luego, y muy buena.


¿Cree usted que Valéry Giscard d’Estaing es un corrupto? pregunta YoNoSoyWallace
27/02/2015 | 13:24

No lo creo, aunque desconozco muchos detalles de su larga y a veces polémica carrera pública. Me honro con su amistad y hace dos meses tuve la suerte de que fuera el presentador en París de la edición francesa de “El primer naufragio”.


¿No crees que el nombre escogido puede dar lugar a pensar que se trata de un periódico de ideología claramente nacionalista española? pregunta Julio
27/02/2015 | 13:22

EL ESPAÑOL fue la cabecera de Blanco White, de Larra, de Antonio Maura y de Luis Bonafoux “la víbora de Asnieres”. “España” fue la cabecera de Ortega, Luis Araquistáin, Azaña, Unamuno y Baroja. Desde luego, si lo suyo fuera nacionalismo, que no lo es, no me importaría nada que me confundieran con ellos.


¿EL ESPAÑOL se plegará a lo que le pidan los empresarios o los poderosos? pregunta Francisco G. Hernández Poveda
27/02/2015 | 13:19

¿Puedo contestar con un monosílabo? Es muy sencillo: No. Y ellos lo saben.


¿Qué rentabilidad tiene previsto repartir al accionista vía dividendos? pregunta @jarbeja 27/02/2015 | 13:18

No me gusta vender la piel del oso antes de cazarlo, pero nuestra consejera delegada estimó el martes en el acto de Hotel Ritz que la editora de EL ESPAÑOL valdrá dentro de cinco años unos 100 millones de euros. Además de la revalorización de las acciones, los accionistas tendrán dividendos cuando la compañía tenga beneficios. Una parte de esos beneficios se dedicará a nuevos proyectos y ottra a dividendos.


Usted ya ha manifestado que la indemnización íntegra recibida de El Mundo la invierte en este proyecto, son 5,3 millones, ¿se conocerán las aportaciones del resto de los miembros del Consejo? pregunta David
27/02/2015 | 13:14

Creo que al final de esta semana, entre los fundadores, nuestras familias y amigos, y el ‘crowdfunding’ llegaremos a 10 millones de euros de capital. Luego entrarán otros inversores en otras condiciones. Y en todo caso los fundadores no perderemos nunca la mayoría de control. Yo mismo he invertido ya seis millones: lo que me dejó Montoro de mi indemnización y un poco más. Los datos de los demás pertenecen a su intimidad.


Buenos días, Pedro J. ¿Cómo va a mejorar EL ESPAÑOL a España? pregunta ÁLVARO
27/02/2015 | 13:11

Publicaremos todas las notcias que puedan contribuir a que los ciudadanos ejerzan sus derechos con conocimiento de causa. Y propondremos cambios concretos en las reglas del juego para llenar de contenido los derechos de participación política.


Sr. Pedro J, cuál es su motivación para crear este nuevo periódico? pregunta Paloma
27/02/2015 | 13:09

Quieron contribuir a la regeneración de la democracia en España y quiero devolverle al periodismo algo de lo mucho que me ha dado. Llevo diciendo desde hace un par de añños y a contracorriente que podemos vivir una edad de oro de la prensa. Ahora toca pasar de las musas al teatro.


Como se designa el consejo de dirección y tendremos los accionistas minoritarios posibilidad de participar, por ejemplo mediante votación a uno de los miembros? pregunta Paloma
27/02/2015 | 13:07

Me he comprometido a ofrecer a los accionistas mecanismos de participación constante en el desarrollo de EL ESPAÑOL. Necesitamos un poco de tiempo para concretarlos. Esta primavera habrá una Junta General que será muy importante para nuestro proyecto.


Soy un fiel seguidor suyo, mi pregunta es ¿cree que le dejarán hacer los poderes fácticos el gran periodismo que usted hace? pregunta Erik Encinas Ortega
27/02/2015 | 13:04

Con la ayuda de nuestros 4.000 accionistas, todo será mucho más sencillo. No cejaremos en el empeño mientras España sea una democracia.


¿Podría decirme tres motivos por los que me interese hacerme accionista de El Español? pregunta Antonio López
27/02/2015 | 13:03

Porque contribuirá a mejorar España, porque servirá para revitalizar el periodismo, y porque será una buena inversión.