El polvorín de Torredembarra

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Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Este pueblo de 15.000 habitantes es el centro de la trama que apunta a la financiación ilegal de Convergència. Vecinos y concejales describen el mandato del alcalde Daniel Masagué, que según el sumario usó el consistorio para enriquecerse, financiar al partido y lanzar su carrera como diputado al Parlament.

Este pueblo de 15.000 habitantes se ha convertido en la punta del iceberg de una trama que apunta a la financiación ilegal de Convergència. Vecinos y concejales describen el mandato del alcalde Daniel Masagué, que según el sumario usó el consistorio para enriquecerse, financiar al partido y lanzar su carrera como diputado al Parlament.

Una de las primeras cosas que se ven al llegar al centro de Torredembarra es una oficina electoral medio vacía. Dentro sólo se observan un par de sillas destartaladas frente a un escritorio. Encima de la mesa hay una impresora y una pequeña señera, lo único que se mantiene en pie. En la cristalera se puede leer el nombre de Daniel Masagué, el ex alcalde del pueblo imputado por delitos de malversación, cohecho, blanqueo y organización criminal. La estampa describe perfectamente lo que es hoy en día Torredembarra: Masagué ya no está en la alcaldía pero aún se perciben los escombros de su mandato.

La historia de Torredembarra es la de cualquier caso de corrupción y caciquismo en el que las luchas internas lo hacen saltar todo por los aires. Pero va mucho más allá. Lo que en un principio parecía un simple alcalde corrupto fue el origen de una investigación que sigue en pie y que ha supuesto detenciones de ediles y alcaldes, ha salpicado a pesos pesados de Convergència y ha ocasionado registros en varias empresas y en las sedes del partido y de su fundación CatDem, a través de la cual la Justicia cree que se canalizaban las comisiones por adjudicaciones de la obra pública del ayuntamiento y de la Generalitat.

La denuncia de dos ediles y de un empleado dio las primeras pistas para tirar del hilo y constatar que no se trataba de un problema de ámbito municipal.

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La oficina electoral del ex alcalde Masagué. / ALBERTO GAMAZO

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

El sumario muestra un municipio en el que se sobornaba a ediles de todos los colores, en el que circulaban sobres con billetes, se cobraban comisiones, se favorecía a empresas vinculadas con Convergència y se adjudicaban contratos millonarios de manera irregular.

La mayor parte del caso permanece bajo secreto de sumario. Pero las escuchas telefónicas que han trascendido hasta la fecha muestran a un alcalde que durante seis años controló a su antojo un consistorio con un presupuesto que ronda los 20 millones de euros. Las actas de los plenos revelan un ayuntamiento crispado y fraccionado con enfrentamientos constantes, con la sombra de la corrupción planeando sobre las votaciones y con intervenciones de la policía para calmar los ánimos en alguna ocasión.

“Este pueblo es un polvorín”, explica Montserrat Gassull, que durante años fue concejala de ERC y que fue la primera en denunciar las presuntas corruptelas.

A través de su abogado, Masagué ha declinado dar su versión de los hechos para este reportaje.

El origen de las denuncias

El 28 de agosto la precampaña catalana se vio sacudida por una gran operación de la Guardia Civil. Los agentes acudieron a varios ayuntamientos que habían estado en manos de CiU y a la sede del partido y de su fundación. También registraron el domicilio del ex tesorero del partido, Daniel Osácar. La operación era un nuevo capítulo de una investigación que ha llevado a la Guardia Civil a registrar y detener a ediles, alcaldes y empresarios próximos a CiU en un intento de desenmascarar la presunta financiación ilegal del partido y las comisiones del 3% que se cobraban por adjudicar obra pública de la Generalitat.

Las fuerzas soberanistas interpretaron la operación como un episodio más de la guerra sucia del Estado. Pero el origen de la operación se encuentra en una denuncia que interpuso en junio de 2012 Montserrat Gassull, que en aquella época aún era concejal de ERC. Tanto la cúpula de ERC como la de Convergència fueron advertidas por Gassull y por el presidente del comité local de Convergència, Jordi Guasch. “ERC me apoyó en un principio y luego me dejó sola”, explica ahora la concejal.

Gassull (54 años) empezó a reunir documentación en 2011. Al año siguiente presentó seis denuncias de las cuales se archivaron tres. Las denuncias, a las que también se sumó Enric Granjel, edil del PSC, se referían a tres asuntos: el alquiler de un local en condiciones ruinosas por 6.000 euros al mes, el sobrecoste de más de un millón de euros de un aparcamiento adjudicado a la constructora Teyco y el pago de decenas de miles de euros a Efial, una consultora próxima a Convergència que también se ha visto salpicada en otros casos de corrupción municipal.

“Llevaba desde 2011 advirtiendo a los ediles que no votaran ciertas cosas en los plenos y que estaban prevaricando”, recuerda Gassull.

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La concejala Gasull. / ALBERTO GAMAZO

El impulso que necesitaba la investigación no llegaría hasta octubre de 2013. Rachid el-Ghzaoui, que trabajó durante 23 años en la panificadora del alcalde Masagué, estaba enfadado y con ganas de hablar. Masagué le había despedido sin ofrecerle ninguna indemnización después de dos décadas.

Durante ese tiempo, El-Ghzaoui fue el hombre de confianza del alcalde, según explican habitantes del pueblo. “Le había salvado de muchos marrones”, explica un vecino que prefiere no dar su nombre. “No era un simple empleado: le hacía recados y le solucionaba problemas”.

El-Ghzaoui explicó entonces a Gassull que durante años vio circular sobres con decenas de miles de euros en billetes de 500. Acudieron a la Guardia Civil y declararon juntos. La Fiscalía empezó a atar cabos y estrechó el cerco sobre el alcalde. El-Ghzaoui, que ahora reside en Inglaterra con su familia, ha preferido no hacer ningún comentario para este reportaje.

La ‘omertà’ de ERC y CDC

En febrero de 2013 el juez inició la instrucción y preguntó al PSC y a ERC si querían personarse en el proceso. Los socialistas dijeron que sí pero ERC reculó. “Me dijeron que yo ya había hecho lo que tocaba y que dejáramos actuar a la justicia”, recuerda Gassull.

Eduard Rovira (ERC), actual alcalde del municipio, argumenta que su partido no se personó porque ya lo había hecho el PSC y porque en ese momento la formación pasaba por malos momentos de tesorería. Afirma además que Gassull no quiso el respaldo del partido cuando fue a presentar las primeras denuncias.

En paralelo a las denuncias, Gassull, que mantenía un enfrentamiento abierto con Masagué desde años atrás, empezó a emplear su cuenta de Twitter para denunciar las irregularidades en el ayuntamiento. El alcalde la denunció entonces por injurias y fueron llamados a un acto de conciliación en el juzgado de paz. Gassull acudió con una abogada del partido. Pero la conciliación fracasó y la querella por injurias pasó a la jurisdicción civil.

La dirección de ERC dijo entonces a Gassull que aquello era un tema personal y que no la defendería más. “El caso de las injurias era una batalla personal entre dos egos, no tenía nada que ver con el partido ni tenía contenido político”, argumenta ahora Rovira, el alcalde de ERC. “Gassull empleó un tono políticamente incorrecto y muy agresivo. No compartíamos esos mensajes”.

Según Rovira, algunos de los tuits no se referían a casos de corrupción sino a otros aspectos personales del alcalde como por ejemplo sus implantes de pelo. Explica además que el distanciamiento de Gassull de ERC no tiene nada que ver con el escándalo sino con unas primarias en las que intentó sin éxito hacerse con el control de la formación en la localidad. Gassull niega esta versión y asegura que se sintió abandonada por el partido sin motivo aparente.

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ALBERTO GAMAZO

Entre 2012 y 2014 Gassull remitió varias cartas al presidente Mas y a la cúpula de ERC para avisar de lo que estaba sucediendo en Torredembarra. Nunca recibió respuesta.

Escribió a Marc Sanglas, secretario de acción municipal de ERC, que admitió después que había recibido la carta. En un acto celebrado en Tarragona interpeló a Oriol Junqueras, a quien conocía desde antes de que fuera el presidente del partido. “En Barcelona sois muy amigos de CiU, pero que sepas que lo que pasa aquí es muy grave”, asegura que le dijo. “Cada municipio debe hacer lo que crea”, le respondió Junqueras, siempre según la versión de Gassull.

Rovira reconoce que en la cúpula de ERC se hablaba del caso pero no asume ningún error. “Una carta de un edil con acusaciones, sin ningún tipo de prueba jurídica, no constituye algo tan relevante”.

Otra batalla interna, esta vez en CiU, motivó los avisos a la cúpula convergente en julio de 2013. Jordi Guasch, en aquel momento presidente del comité local de CiU y enfrentado también con Masagué por el control del partido, escribió una carta a Lluís Coromines, secretario general adjunto del partido. Advertía de lo que sucedía, pero tampoco recibió ninguna respuesta.

Desde entonces Guasch (36 años) se ha dado de baja en el partido y se muestra muy decepcionado. Es independentista desde que tiene uso de razón y forma parte de una familia convergente de toda la vida. Su madre ha sido edil del partido, uno de sus primos fundó la sección local de CiU y tiene un primo que también es concejal del partido en un pueblo vecino.

“Yo ya sé que un partido no es una ONG”, dice. “Lo que nunca imaginé es que era la Mafia siciliana”. Tiene muchas ganas de contar cosas pero dice que no hablará hasta que no pasen las elecciones y se levante el secreto de sumario. Como Gassull, lamenta que se les esté usando para hacer daño al proceso de independencia en Cataluña. “El 27-S votaré a la CUP”, explica. “Si lo supiese mi abuela…”.

A todos los consultados les sorprende el apoyo que la cúpula de CiU ha prestado a Masagué desde su detención. Ni siquiera lleva una década en política y no es un peso pesado del partido, pero ha tenido el apoyo incondicional de figuras tan importantes como Felip Puig. “Es un buen amigo al que conozco desde hace años”, dijo Puig de Masagué cuando lo encarcelaron.

Tampoco entienden por qué Masagué tardó casi dos semanas en dimitir a pesar de estar en la cárcel imputado por varios delitos. Todos los concejales con los que he hablado, además, aseguran que el partido le paga la defensa. Un aspecto que una portavoz de Convergència no ha querido confirmar ni desmentir. El abogado de Masagué es Javier Melero, el letrado de confianza del partido.

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Sin estrenos. El teatro Auditori de Torredembarra, en el que se han gastado cuatro millones de euros, permanece abandonado desde 2010 pese a estar casi acabado.

Una carrera fulgurante

Masagué tuvo una carrera meteórica dentro de CiU. Este empresario del sector panadero accedió a la alcaldía del pueblo en 2008, cuando solo llevaba dos o tres años militando en el partido. En poco tiempo, sin embargo, se prodigaba en mariscadas y comidas con la cúpula del partido y alardeaba de sus lazos de amistad con Oriol Pujol y Felip Puig.

Media docena de ediles, vecinos y militantes de distintos partidos rememoran las copiosas comidas de Masagué y Pujol en el restaurante Les Palmeres, que se encuentra en el paseo marítimo del pueblo. Recuerdan cómo el alcalde alardeaba de su amistad con un sector de la cúpula de CDC.

Masagué ya no tiene responsabilidades públicas. Pero en el pueblo se percibe cierto miedo cuando se pregunta por él. La gente que lo trató lo describe como una persona obsesiva y paranoica, mentirosa, de trato difícil, que intentaba controlarlo todo y siempre miraba hacia los lados cuando iba por la calle. “Era muy desconfiado”, describe el actual alcalde del municipio. “Es capaz de hacer cualquier cosa. No tiene ningún límite ético ni moral”, asegura Gassull.

Un miembro de Convergència que lo conoce bien y que sólo accede a hablar si no se publica su nombre recuerda cómo Masagué ponía a los concejales de su partido a espiarse entre ellos. También desvela su fijación por la magia negra y su insistencia en que había espíritus en el Ayuntamiento. “Cuando llegué a la alcaldía me encontré una factura de un santero que vino a limpiar el edificio”, explica Enric Granjel (PSC), su inmediato sucesor en el cargo después de que lo encarcelaran.

Este miembro de Convergència describe el punto de inflexión en la ascendencia de Masagué en el partido. Fue en 2010, cuando al alcalde se le puso entre ceja y ceja ser diputado en el Parlament. Fue entonces cuando empezaron las comidas con Felip Puig y Oriol Pujol y cuando en el municipio desembarcó Jaume Vila Fontcuberta, un ex diputado de CiU que asumió el cargo de coordinador de urbanismo.

“Firmaba todo lo que el alcalde le pedía”, coinciden Gassull, Granjel y Rovira.

En una cena ante cientos de militantes durante la campaña de las municipales de 2011, Masagué explicó que entró en política porque su empresa se le había quedado pequeña. “Masagué tenía mentalidad de empresario, no de político”, prosigue Granjel. “No le gustaba tener que seguir con el protocolo establecido para la contratación pública”.

Los ediles consultados describen cómo trató de articular un ayuntamiento paralelo para poder adjudicar las obras públicas a su antojo. Nombró interventora a Esther Agulló, que hasta entonces era su secretaria personal. Puenteaba los informes adversos del secretario municipal Rafael Orihuel mediante estudios externos, muchos de ellos de la consultora Efial. La dirección nacional de Convergència le mandó al pueblo a Jaume Vila Fontcuberta como responsable de urbanismo. Masagué duplicó la remuneración por asistir a los plenos de 800 a 1.600 euros.

En el sumario aparece una conversación entre Masagué y Toni Martos, responsable de Efial, que ilustra la poca querencia del alcalde por seguir los procedimientos establecidos. “Quedaremos en el pabellón deportivo. Haremos la reunión ahí (…) el tema está en que no pase por el secretario, el tema clave es ése”, le dice Masagué a Martos.

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Un aparcamiento fantasma. Fue adjudicado a la empresa Teyco por 2,5 millones, pero tuvo un sobrecoste del 40%. Se cerró en agosto de 2014 porque no era rentable. Aún no se sabe qué uso se le dará.

La punta del iceberg

Quienes conocen de cerca la investigación aseguran que lo que ha trascendido hasta ahora es sólo la punta del iceberg. La investigación está en manos del Juzgado de Instrucción 1 de El Vendrell y está a punto de terminar. Según una fuente que ha leído el sumario, el caso podría generar un cisma en la política catalana porque el modus operandi se repetía en diversos municipios controlados por Convergència.

Hay varias líneas de investigación en Torredembarra. Están los presuntos pagos al alcalde por parte de Teyco, la empresa familiar del constructor y cofundador de CiU Carles Sumarroca. También los contratos con la empresa Efial a cambio de informes a medida, los sobornos a diversos ediles a cambio de votos favorables y un contrato de entre 15 y 17 millones con la empresa Sorea relacionado con la gestión del agua en el municipio.

“Con el tema de Sorea se ha hecho lo que se ha querido. El 4% o el 5% se ha ido dónde se ha querido y aquí ni Dios respira”, le dice un empresario imputado a la teniente de alcalde Paquita Falguera, de Unió, en una de las grabaciones. Sorea es una filial del grupo Agbar, que ha sido el mayor donante de la fundación de Convergència durante los últimos años, según publicó el pasado martes el diario El País.  

La Fiscalía pide que PP y FAES den datos sobre su relación con los jueces de Gürtel recusados

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La Fiscalía Anticorrupción cree que la recusación de los magistrados Concepción Espejel y Enrique López (en la imagen) como integrantes del tribunal que juzgará el caso Gürtel debe ser admitida a trámite para practicar diligencias que aclaren la “relación singular” que pueden haber tenido con el PP. Entre ellas, cuántas veces han participado en actos de FAES o del partido y si han cobrado por ello.

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Los magistrados Concepción Espejel y Enrique López.

La recusación de los magistrados Espejel y López por las acusaciones populares que actúan en el caso Gürtel -entre ellas, la ejercida por Ángel Luna, del PSOE valenciano- ha encontrado un aliado en el Ministerio Público. La Fiscalía Anticorrupción ha informado a favor de que la recusación sea admitida a trámite y se abra un incidente en el que, entre otras pruebas, la fundación del PP (FAES) y el propio partido tendrían que dar datos sobre su relación con los recusados.

La Fiscalía ha presentado dos informes, uno relativo a Concepción Espejel y otro referido a Enrique López, en los que, sin llegar a afirmar que exista en ellos una tacha de parcialidad, sí sugiere que hay datos de una relación con el PP que, a su parecer, habría que aclarar antes de que la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional decida si se mantienen o no como jueces del caso Gürtel.

Miembros de la Sección Segunda de esa Sala, a Espejel y López les ha correspondido por reparto el enjuiciamiento de la primera parte de caso Gürtel, relativa a la actividad que desarrolló la supuesta trama de corrupción vinculada a cargos públicos del PP entre los años 1999 y 2005.

Para la Fiscalía, el hecho de que el Partido Popular vaya a estar sentado en el banquillo como partícipe a título lucrativo -esto es, por haberse beneficiado de las comisiones ilícitas supuestamente percibidas por los cargos implicados, destinadas en parte a campañas electorales- es un dato relevante a tener en cuenta a la hora de valorar las recusaciones.

El Ministerio Público admite que, de acuerdo con la doctrina del Tribunal Constitucional y del Tribunal Europeo del Derecho Humanos, la “afinidad ideológica” de un juez con una determinada formación política no es causa de recusación.

También indica que “ciertamente, no aparecen acreditados hasta donde sería exigible en este trámite el interés personal y directo” de los recusados en la causa.

Pero, pese a ello, sostiene que “no puede afirmarse que resulten de todo punto irracionales las dudas albergadas por los recusantes”, en especial en el caso de López.

La Fiscalía afirma que “ha de tomarse en consideración” que entre 2003 y 2010 “se estableció una relación singular” entre FAES, la fundación del PP, y Enrique López, que, además, accedió a propuesta del Partido Popular a dos cargos que ejerció en el pasado: vocal del Consejo General del Poder Judicial y magistrado del Tribunal Constitucional.

El informe no llegar a sostener que el nombramiento para esos cargos determine una falta de imparcialidad -de hacerlo, abriría una vía de consecuencias imprevisibles, puesto que en la propia Audiencia Nacional hay actualmente varios magistrados que han sido vocales del CGPJ a propuesta del PSOE e IU-, pero sí considera relevante el hecho de que cuatro de los acusados en el proceso Gürtel votaron en 2008 a favor de la candidatura de López al Tribunal Constitucional. Se trata de Carlos Clemente, Alfonso Bosch, Benjamín Martín Vasco y Alberto López Viejo, que eran diputados autómicos del PP.

En realidad, la Asamblea de Madrid propuso una candidatura conjunta pactada por PP y PSOE y en la que figuraron López y Fernando Valdés, por lo que ambos recibieron los votos en bloque de ‘populares’ y socialistas.

La declaración de Cospedal

Para la Fiscalía, sin embargo, hay que determinar “si la participación del PP en la elección del magistrado para alguno de los más altos cargos del Poder Judicial y de su carrera profesional desvirtúa el requisito de independencia” y “ha de decidirse si la familiaridad que pueda existir entre el juzgador y alguna de las partes implicadas debida a una conexión ajena al procedimiento cuestiona la imparcialidad de aquel, haciendo objetivamente justificable el temor a su falta de imparcialidad”.

En este sentido, considera que las recusaciones no deben ser rechazadas de plano sino que debe abrirse un trámite para practicar varias de las pruebas instadas por las acusaciones populares. Entre ellas destaca que se requiera a la Fundación para el Análisis y Estudios Sociales (FAES) y al PP para que certifiquen las actividades en las que haya participado López y cuánto ha cobrado por ello.

La Fiscalía se opone, por estimarlo “inútil e impertinente”, a que Dolores de Cospedal tenga que prestar declaración sobre su relación con Espejel. La secretaria general del PP participó en el acto de imposición de la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort a la magistrada, a la que dedicó elogios y de la que dijo que “para todos es Concha y lo va a ser siempre”.

También rechaza que declare el ex parlamentario del PP Federico Trillo, actual embajador en Londres, que salió en defensa de López cuando su primer intento de acceder al TC fue bloqueado por el Senado. Enrique López acabaría siendo promovido al Constitucional por el Gobierno.

La Fiscalía tampoco considera necesario el interrogatorio de los recusados, que, en cualquier caso, tendrán que informar por escrito sobre si aceptan o no como ciertas las causas de recusación alegadas.

Anticorrupción descubre al ex tesorero de CiU destruyendo pruebas con una trituradora

Daniel Osacar, ex tesorero de CDC, abandona la sede convergente de la calle Córcega, que ha sido registrada por la Guardia Civil. EFE/Marta Pérez Daniel Osácar, ex tesorero de CDC, abandona la sede de la calle Córcega registrada por la Guardia Civil. EFE/Marta Pérez

La Fiscalía Anticorrupción y la Guardia Civil sorprendieron este viernes al ex tesorero de Convergéncia Democrática de Cataluña (CDC) destruyendo pruebas. Los investigadores descubrieron en el despacho de Daniel Osácar una trituradora repleta de documentos vinculados con Teyco, la empresa de la familia Sumarroca que pagó comisiones del 3% a la formación nacionalista.

Daniel Osácar, ex tesorero de CDC, abandona la sede convergente de la calle Córcega, que ha sido registrada por la Guardia Civil. EFE/Marta Pérez

La Fiscalía Anticorrupción y la Guardia Civil sorprendieron este viernes al ex tesorero de Convergéncia Democrática de Cataluña (CDC) destruyendo pruebas. Los investigadores descubrieron en el despacho de Daniel Osácar una trituradora repleta de documentos vinculados con Teyco, la empresa de la familia Sumarroca que pagó comisiones del 3% a la formación nacionalista.

Los fiscales Fernando Bermejo y José Grinda, que dirigieron la entrada y registro en los inmuebles de Osácar y en la propia sede de CDC ya han ordenado que la documentación que estaba siendo triturada sea recompuesta lo antes posible.

Anticorrupción tiene acreditado que la familia Sumarroca ha venido abonando a CiU un 3% de comisiones de cada obra adjudicada a sus empresas por los ayuntamientos gobernados por los nacionalistas.

Los investigadores han llegado a esta conclusión tras analizar la documentación intervenida el pasado mes de julio en el registro del domicilio y las oficinas de Jordi Sumarroca Claverol, consejero delegado de Teyco e hijo del fundador de CDC, Carles Sumarroca Coixet.

El Ministerio Público puso en marcha este viernes una nueva operación en el marco del denominado ‘caso Torredembarra’, en el que se investiga el pago de al menos 1,43 millones en comisiones al ex alcalde de CiU Daniel Massagué. Esta nueva fase de la investigación se centra en la canalización de dichos fondos hacia el partido y los investigadores, según ha podido saber EL ESPAÑOL, tienen ya acreditado que el enlace ha sido la Fundación Catalanista y Demócrata (Catdem), que está siendo registrada en estos momentos. Asimismo están siendo registrados cuatro ayuntamientos: Sant Celoni, Sant Cugat, Figueres y Lloret de Mar.

Según sostienen fuentes de la investigación, la plataforma empleada para introducir las comisiones en el partido ha venido siendo la fundación de Convergència, que está siendo registrada este viernes. Asimismo, está prevista la entrada y registro en el domicilio de Daniel Osàcar, ex tesorero de CiU.

La familia Sumarroca empleó un entramado de siete sociedades para sobornar al ex primer edil de Torredembarra. Tras detectar dicho entramado, los fiscales que coordinan la operación, Bermejo y Grinda, pusieron en marcha la ‘Operación Petrum’ el pasado 23 de julio. Esta se saldó con la detención de Jordi Sumarroca y con la práctica de ocho registros en los domicilios de los implicados y en la sede de la empresa constructora.

El pago de comisiones se realizó, en una primera fase, a través de dos empresas de Massagué -la panadería Maes Flequers i Pastissers y la inmobiliaria Daloi-. Estos pagos fueron materializados entre diciembre de 2011 y agosto de 2013 a través de una serie de filiales de Teyco: Teycotel BCN, Teycotel Cap Roig, Teycotel Gestió d’Hotels y Castellbell Residencial. Estas operaciones no están respaldadas por ningún soporte documental, lo que ha llevado a los fiscales Anticorrupción a concluir que se trata de comisiones ilegales.

Tras la detención del consejero delegado de Teyco, la empresa hizo un comunicado en el que reconoció la existencia de pagos al alcalde aunque negó tajantemente que encubrieran comisiones ilegales. “Todas las relaciones comerciales con el exalcalde se realizaron en el ámbito profesional privado, de forma transparente, legal y documentada y sin ninguna vinculación con Massagué como alcalde”. Según este mismo comunicado, “Teyco y Massagué acordaron gestionar conjuntamente restaurantes situados en hoteles y el dinero iba destinado a su equipamiento”. “El negocio no salió adelante y ahora es Massagué el que nos debe dinero”, explicaron desde Teyco.

Una reunión sin nada que ocultar

Nada que ocultar

UN AGOSTO EN LA AVENIDA DE BURGOS (II)

Queridos accionistas y suscriptores.

El hombre propone y los dioses del Olimpo disponen. Estaba yo tan dispuesto a dedicar esta segunda crónica agosteña a mis partidas de ping pong con la reina del HTML y la emperatriz del Javascript, mientras la madeja tecnológica se va trenzando espasmódicamente alrededor, cuando don Rodrigo Rato Figaredo Rodríguez de San Pedro Sela y Duquesne mandó llamar a su mecánico. Los de su estirpe no tienen conductor, menos aún chófer, sino mecánico y usan el plural con relamida condescendencia: “Saque el coche, que nos vamos al Ministerio del Interior”.

UN AGOSTO EN LA AVENIDA DE BURGOS (II)

Queridos accionistas y suscriptores:

El hombre propone y los dioses del Olimpo disponen. Estaba yo tan dispuesto a dedicar esta segunda crónica agosteña a mis partidas de ping pong con la reina del HTML y la emperatriz del Javascript, mientras la madeja tecnológica se va trenzando espasmódicamente alrededor, cuando don Rodrigo Rato Figaredo Rodríguez de San Pedro Sela y Duquesne mandó llamar a su mecánico. Los de su estirpe no tienen conductor, menos aún chófer, sino mecánico y usan el plural con relamida condescendencia: “Saque el coche, que nos vamos al Ministerio del Interior”.

El auriga sabía de sobra que todos los apellidos del prócer cabían holgadamente en el asiento trasero, pero no pudo evitar dirigirle una mirada de espanto. ¿Al ministerio del Interior? ¿Habría decidido don Rodrigo confesar nuevos delitos y entregarse? Su jefe se sintió obligado a tranquilizarle: “No, no se preocupe… Le contaré al ministro todo lo que me está pasando. Le daré mi versión”.

Y allí que se fueron, arrojando al llegar a Castellana 5 la colilla que prendió el gran incendio del verano. Aunque el fuego tardó, por razones que explicaré al final, más horas de lo normal en propagarse, ya que entrada la semana todo el bosque político era pasto de unas llamas que avanzaban imparablemente hacia el reducto vacacional del Jefe del Gobierno.

Tan grave era la conflagración que estuve a punto de pedir a Javier Muñoz y al Arponero Ingenuo que interrumpieran sus vacaciones y acudieran en mi ayuda para adentrarnos entre las lianas de fuego y las columnatas de humo, antes de que no quedara ni una yesca que llevarse al folio. Pero hétenos aquí que irrumpió don Tomás Serrano -apunten este nombre pues les hará sonreír muchas veces desde ahora- enviándonos el magnífico dibujo que acompaña a este texto, con tres palabras como título: “Nada que ocultar”. Y la magia de la imagen sirvió para activar un recuerdo de cuando el Arponero aún no había nacido, que cobra ahora extraordinaria importancia.

Partamos de la base de que yo creo a pies juntillas que Rato y Fernández no cerraron ningún trato inconfesable en su conversación del ministerio. Como bien refleja el dibujo, lo vergonzoso en sí, lo que obliga al pudor a meterse debajo de la mesa, fue el propio encuentro en el despacho oficial. A partir de que el ujier abrió la puerta del Excelentísimo al imputado acogotado, lo que se tratara allí ya sólo era un elemento ornamental. Un a más a más. Porque el medio era el mensaje y la noticia el encuentro en sí.

Por Rodrigo Rato como si había que hablar de las indubitadas apariciones de la Virgen de Fátima durante la vigilia de adviento en algunos cuarteles remotos de la Guardia Civil. Lo que le importaba era que la reunión se celebrara. Y que trascendiera. Que se supiera, que lo supieran los policías, los jueces, los fiscales, la prensa marianista –o sea toda la empapelada-, la opinión pública en suma: que él no es un apestado, que para la cúpula del PP sigue siendo “uno de los nuestros”, alguien a quien hay que proteger y defender en memoria de los servicios prestados, como hizo Rafael Hernando al decir que él también lo hubiera recibido. ¡Criatura! No nos cabe la menor duda de que lo hubiera hecho.

Lo sustancial no era el contenido del encuentro sino su apariencia. Por eso Rato sólo precisó que, claro, cómo no, había ido a hablar de lo suyo, “de todo lo que me está pasando”; cuando Fernández Díaz, en un alarde de majadería política con pocos precedentes, dijo en su nota de prensa que había puesto como “condición previa” que no se tratara de la “situación procesal” del visitante.

Hacía tiempo que nadie nos tomaba tan abiertamente por imbéciles. ¿Se imaginan el pitorreo si “el Pollo del Pinar” -Eligio Hernández en este mundo- se hubiera parapetado en esa misma “condición previa” cuando recibió a Amedo durante uno de sus permisos carcelarios en la sede de la Fiscalía General del Estado? O si Bermejo hubiera alegado que aceptó compartir caza y mantel con Garzón con la “condición previa” de no hablar de la Gürtel. O, por quitarle hierro, si Florentino Pérez se reuniera con su ten million dollar baby con la “condición previa” de no hablar de su renovación. O si dos apasionados amantes superaran todas las dificultades para verse con la “condición previa” de no tocarse.

Con comparecencias así de cínicas se destruye todo atisbo de fe en un sistema basado en la rendición de cuentas.

Por supuesto que hablaron de lo suyo, “de todo –todito todo- lo que me está pasando”, ¿cómo no iban a hacerlo? Pero los apaños ignominiosos, los tratos de favor inconfesables, se cocinan siempre a través de intermediarios de poco lustre. Cada cosa a su tiempo. Lo que Rato buscaba ahora era una especie de desagravio oficioso por el episodio de la mano en la nuca y el trato mediático anejo. Conoce lo suficientemente bien el percal como para saber que en la España del revoltijo de poderes sólo podrá afrontar acusaciones como las de blanqueo si previamente es blanqueado por los suyos. A partir de ahí, será cosa de los Enrique López, Concepción Espejel y demás jueces de partido.

La coartada recalentada por Fernández Díaz en el microondas de su comparecencia agosteña no pudo ser más ridícula. Dijo que Rato había recibido “400 tuits” intimidatorios –sin precisar si fueron de uno o de 400 tuiteros-, que estaba preocupado por el “eventual” riesgo de que le retiraran la escolta y que él consideró que era su deber “explicarle cómo funciona el sistema” de protección policial. Pamplinas. Ni Rato tiene cuenta de Twitter, ni se había tomado decisión alguna sobre su escolta, ni sería en todo caso el ministro el encargado de darle detalles técnicos.
Ahora nos cuentan que en realidad fue la pareja de Rato quien recibió un tuit de un tarado diciendo que iba a “desmembrar” al ex vicepresidente al modo de “la matanza de Texas”; pero, a juzgar por las fotos difundidas de ambos, no parece que estén pasando el verano bajo la sombra de la “motosierra”. Aunque en materia de seguridad personal toda precaución es poca, el “principio de proporcionalidad”, varias veces invocado por el ministro, no aparece aquí por ningún lado. Demasiado despacho para tan poco motivo. Además, ¿por qué ninguno de los dos interlocutores mencionó las amenazas en sus primeras versiones? Con comparecencias así de cínicas se destruye todo atisbo de fe en un sistema basado en la rendición de cuentas.

La pregunta clave no es si el presidente lo sabía. Salvando las distancias, es tan imposible que Rajoy ignorara que su ministro del Interior iba a recibir a Rato como que González ignorara que el suyo andaba secuestrando viajantes de comercio por error. La pregunta clave es por qué autorizó y tal vez propició el encuentro precisamente con Fernández Díaz. Y aquí entra en funcionamiento la hemeroteca de la memoria.

Nada que ocultar
Ilustración: Tomás Serrano

Cuando en julio de 2013 publiqué mis “Cuatro horas con Bárcenas” actué por mi cuenta y riesgo. Yo era, como siempre, un electrón libre. Ni la conversación había sido grabada, ni había convenido con el ex tesorero su publicación. Pero tampoco me había pedido que no lo hiciera. En las normas deontológicas de EL ESPAÑOL constará que un periodista sólo debe respetar el “off the record” tras haberlo convenido con la fuente de forma expresa. In dubio pro lector. Esa ha sido y será mi pauta. Pero no las tuve todas conmigo hasta que Bárcenas no avaló mi relato ante el juez Ruz.

El punto de no retorno para todos -menos para los lacayos del grupo parlamentario del PP que lamieron la mano del amo- fue la publicación de los SMS intercambiados durante años con Rajoy hasta desembocar en el “Luis, sé fuerte”, dos días después de que se divulgara el descubrimiento de su dineral en Suiza. Aunque el impacto mediático de aquella portada fue fulminante -sobre todo para mí- su intrahistoria no deja de tener su guasa pues Bárcenas se comunicaba como podía con su entorno desde la cárcel y eran otras personas las que localizaban los SMS en los distintos terminales móviles que había venido utilizando. Pues bien, en medio de aquel barullo hubo otros mensajes que no aparecieron: los de Fernández Díaz. Aparecieron los de Rajoy, aparecieron los de Mauricio Casals, Príncipe de las Tinieblas, pero no los del ministro del Interior.

¿Se refería a ellos Bárcenas cuando comentó durante su merendola con Raúl del Pozo que “hay en marcha un libro –sin duda el de Marisa Gallero para La Esfera- con dos SMS más que sale en septiembre”? Lo que es obvio es que esta “liaison dangereuse” debe vincularse al dispositivo montado desde Interior para controlar a la familia Bárcenas y apoderarse de sus documentos. En ese contexto fui víctima de los seguimientos que denuncié hace dos veranos en el programa de Jesús Cintora. También tienen mucho que ver las gestiones encaminadas a que la UDEF aclarara que “Luis el cabrón” no era Bárcenas sino otro, copatrocinadas por María Pico, jefa de gabinete de Soraya.

Como bien han apuntado varios amigos tuiteros, Fernández Díaz emerge así como el “señor Lobo” que “soluciona problemas” en la “Pulp Fiction” de chamarilería montada en la calle Génova. O, mejor todavía –apunto de mi cosecha-, como el fiel y doliente mastín Doug Stamper que va borrando las huellas de los desmanes de su jefe en House of Cards. Tras abandonar el pecado, como Stamper el alcohol, Fernández Díaz siempre acompañó a Rajoy de departamento en departamento en plan criado para todo. Que haga ahora el trabajo sucio en su condición de Ministro del Interior, no deja de ser un pleonasmo gravemente embarazoso para nuestra democracia.

El problema es que, abandonado a su suerte, Rato se convertiría a cuatro meses de las elecciones generales en la peor bomba de relojería imaginable. Le bastaría corroborar que tanto Mariano como él cobraban sobresueldos prohibidos por la ley cuando eran ministros, o que la cúpula del partido conocía el flujo de maletines que llegaba al despacho de Lapuerta, para que las limitadas posibilidades de seguir en el poder de este PP saltaran por los aires. De ahí que el despacho del ministro se metamorfoseara el 29 de julio en la ‘requetemanoseada’ consulta del “¿verdad que no vamos a hacernos daño, doctor?”.

Fernández Díaz emerge así como el “señor Lobo” que “soluciona problemas” en la “Pulp Fiction” de chamarilería montada en la calle Génova.

Y a modo de postdata aquí va la pregunta que se hacen con perplejidad algunos de los más conspicuos corresponsales extranjeros en España: ¿cómo es posible que tanto el periódico que tuvo la exclusiva del verano como el periódico que consiguió las declaraciones de Rato que desmentían la nota oficial del Ministerio enterraran esas impactantes noticias –devastadoras para el actual Gobierno- en sendas páginas pares, sin hacer mención alguna en sus portadas? En ninguno de los dos casos merecieron un lugar en el escaparate que con tanto cuidado se reparte. Ver para creer. ¿Tanto ha calado ya el responsable autocontrol –así se le llama ahora- en aquella “fábrica de Minerva” y en aquella “sabia Atenas”? ¿Tanto hay que mirar al poder por el rabillo del ojo, no vayamos a tener mañana un lío, que la última vez Soraya se puso como una fiera? Es para quedarse atónito. “Fabio, si tú no lloras, pon atenta la vista en luengas calles destruidas”.

Pero esto no pasará en EL ESPAÑOL y espero incluso que no pase con EL ESPAÑOL. Por algo decía Falstaff que, además de por su propio “ingenio”, había que valorarle por el que inducía en los demás. Ya veréis como antes de que nazcamos empezará a notarse. ¡Qué difícil lo van a tener quienes han medrado entregando lectores al poder, ahora que va a volver a ponerse de moda proporcionar poder a los lectores!

Bárcenas aseguró que recibió SMS de Fernández Díaz similares a los que le envió Rajoy

Memorial por las victimas del terrorismo

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, envió mensajes de apoyo al extesorero del PP Luis Bárcenas cuando ya estaba siendo investigado por la Policía y los tribunales. Así lo aseguró el propio Bárcenas, desde la cárcel y a través de su entorno directo, al entonces director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, cuando en julio de 2013 le facilitó los SMS que le enviaba Rajoy.

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, envió mensajes de apoyo al extesorero del PP Luis Bárcenas cuando ya estaba siendo investigado por la Policía y los tribunales. Así lo aseguró el propio Bárcenas, desde la cárcel y a través de su entorno directo, al entonces director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, cuando en julio de 2013 le facilitó los SMS que le enviaba Rajoy.

Según Bárcenas, los SMS del ministro del Interior eran similares o equivalentes a los que le enviaba el presidente del Gobierno con expresiones como “al final la vida es resistir y que alguien te ayude”, “nada es fácil, pero hacemos lo que podemos” o “Luis, lo entiendo, sé fuerte”.

De acuerdo con la versión de Bárcenas, esos mensajes eran parte del papel activo que Fernández Díaz habría mantenido para ayudar a Rajoy a tapar los escándalos del PP. Una pauta de conducta en la que se inscribiría también la entrevista con Rodrigo Rato, de la que tendrá que dar cuenta mañana ante la Comisión de Interior del Congreso.

Pese al deseo de Bárcenas de hacer también públicos esos mensajes, las personas que seguían sus instrucciones no lograron localizar en aquel momento en la memoria de sus teléfonos móviles los SMS de Fernández Díaz. Sí que aparecieron, en cambio, además de los de Rajoy, los intercambiados con el presidente del diario La Razón, Mauricio Casals, que hizo de intermediario entre el extesorero y el Gobierno después de que se divulgara la contabilidad B del partido. Casals mantiene una estrecha relación tanto con Rajoy como con Fernández Díaz.

Operación Kitchen

En su artículo del pasado 20 de julio en El Mundo titulado “Merienda con los Bárcenas” el columnista Raúl del Pozo ponía en boca del extesorero la siguiente afirmación: “Es tanta la documentación que guardamos que podíamos entregar cada día una bomba. Las grabaciones –a Rajoy y otros dirigentes del PP- serían 20 veces la documentación que entregué al juez Ruz”.

A continuación el propio Del Pozo añadía: “Me explica que hay en marcha un libro con dos SMS más que sale en septiembre”. EL ESPAÑOL no ha logrado verificar si se trata de dos nuevos SMS de Rajoy, de los de Fernández Díaz o de otro interlocutor significativo.

A finales de 2013, Bárcenas también comunicó al entonces director de El Mundo que Fernández Díaz había estado al tanto de las gestiones realizadas por María Pico, jefa de gabinete de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, para que la UDEF remitiera un informe al juez descartando que Bárcenas fuera el “Luis el cabrón” mencionado en uno de los documentos incautados a la trama Gürtel. Estas informaciones no pudieron ser verificadas antes de la destitución de Pedro J. Ramírez como director.

Por otra parte, el 4 de febrero de este año, Esteban Urreiztieta se hacía eco también en El Mundo de la denuncia judicial del comisario Villarejo en la que acusaba al comisario de Asuntos Internos Martín-Blas de hacer “gestiones de máximo secreto directamente para la dirección del Partido Popular” y completamente “ajenas a sus funciones policiales”. Urreiztieta añadía: “Según aseguran a este periódico fuentes policiales solventes, Villarejo se refiere en este caso concreto a la supuesta creación de un dispositivo de seguimiento de la familia del extesorero del PP Luis Bárcenas para conocer sus movimientos y averiguar el material probatorio que tiene en su poder y que todavía no ha aportado al juez”.

Según ha podido confirmar EL ESPAÑOL, un dispositivo de inteligencia policial controló los movimientos de Bárcenas hasta su entrada en prisión preventiva. Días antes de su arresto, los agentes constataron el encuentro del extesorero del PP con dos ciudadanos rusos en un conocido restaurante cercano al estadio Santiago Bernabéu de Madrid. Ese encuentro no fue incluido en los informes obrantes en la causa. Además, los agentes contaron con una red de confidentes en el entorno de Bárcenas, apodados con el nombre en clave de “cocineros”. Por eso, el operativo recibió el nombre de Operación Kitchen.

Finalmente, el 4 de mayo, el periodista José María Olmo publicó en El Confidencial que Bárcenas “ha conseguido una grabación en la que presuntamente aparecerían funcionarios de la Seguridad del Estado accediendo a una fábrica para tratar de sustraer documentación relacionada con la contabilidad B del PP… Las imágenes habrían sido captadas en agosto del pasado año por el circuito cerrado de video vigilancia de una fábrica situada en una población del norte de Madrid”.

Rato y la contabilidad B

Desde que está al frente del Ministerio del Interior, Fernández Díaz ha sido acusado en varias ocasiones -tanto por la oposición como por los sindicatos policiales- de anteponer los intereses del Partido Popular a los de algunas investigaciones abiertas. Según fuentes policiales, durante la última legislatura algunos responsables políticos han presionado para que se aceleraran las pesquisas de la Operación Gürtel, que investiga la presunta financiación ilegal del Partido Popular.

En medios del PP viene comentándose que pocas cosas podrían hacer tanto daño a Rajoy en vísperas de las elecciones generales como que Rodrigo Rato o algún otro antiguo dirigente del partido corroborara la autenticidad de algunos de los hechos reflejados en la contabilidad b del PP.

Jorge Fernández Díaz es de todos los miembros del Gobierno el más estrechamente vinculado a Rajoy, pues no en vano trabajó directamente a sus órdenes durante ocho años como Secretario de Estado en los ministerios de Administraciones Públicas, Cultura y Presidencia.

Foto: Ministerio del Interior / Flickr

 

Cien negritos

Cien negritos se fueron a cenar; el Faraón Aznar renunció al poder, se asfixió bajo el manto de armiño de su gloria y quedaron noventa y nueve…

Ilustración: Javier Muñoz

Cien negritos se fueron a cenar; el Faraón Aznar renunció al poder, se asfixió bajo el manto de armiño de su gloria y quedaron noventa y nueve.

Noventa y nueve negritos estuvieron despiertos hasta muy tarde; Jaime Mayor se quedó dormido y entonces quedaron noventa y ocho.

Noventa y ocho negritos viajaron por el mundo; Rodrigo Rato decidió anidar en Washington y quedaron noventa y siete.

Noventa y siete negritos cortaron leña; Álvarez Cascos se partió en dos y quedaron noventa y seis.

Noventa y seis negritos jugaron con una colmena; una abeja le picó a Juanjo Lucas y quedaron noventa y cinco.

Noventa y cinco negritos estudiaron Diplomacia; Federico Trillo se hizo embajador y quedaron noventa y cuatro.

Noventa y cuatro negritos fueron al mar;  un arenque rojo se tragó a Manolo Pizarro y quedaron noventa y tres.

Noventa y tres negritos pasearon por el zoo; un gran oso atacó a Eduardo Zaplana y quedaron noventa y dos.

Noventa y dos negritos se sentaron al sol; Ángel Acebes se tostó demasiado y sólo quedaron noventa y uno.

Noventa y un negritos se conformaron con la versión oficial del 11M; Jaime Ignacio del Burgo se empeñó en buscar la verdad y sólo quedaron noventa.

Noventa negritos se asustaron ante ETA; María San Gil cerró filas con las víctimas, la llamaron loca y sólo quedaron ochenta y nueve.

Ochenta y nueve negritos se postraron ante el jefe; Gabriel Elorriaga escribió un artículo -“no es este, no es este”- y sólo quedaron ochenta y ocho.

Ochenta y ocho negritos aprendieron catalán en la intimidad; Josep Piqué se empeñó en practicarlo y sólo quedaron ochenta y siete.

Ochenta y siete negritos se acercaron a Valencia; Juan Costa ardió en una falla cual ninot y sólo quedaron ochenta y seis.

Ochenta y seis negritos dijeron que sí a todo; Gustavo de Arístegui rechazó el trágala, lo mandaron a la India y sólo quedaron ochenta y cinco.

Ochenta y cinco negritos se olvidaron de pensar; Fernando Maura se marchó a UPyD y sólo quedaron ochenta y cuatro.

Ochenta y cuatro negritos se zamparon un pastel; Paco Correa se dio un atracón de época y sólo quedaron ochenta y tres.

Ochenta y tres negritos trasladaron maletines; a Pablo Crespo le pillaron con el de Galicia y sólo quedaron ochenta y dos.

Ochenta y dos negritos viajaron por Europa; Gerardo Galeote abrió una cuenta en Luxemburgo y sólo quedaron ochenta y uno.

Ochenta y un negritos organizaron eventos deportivos; Alberto López Viejo batió demasiados records y sólo quedaron ochenta.

Ochenta negritos circularon por la carretera; Jesús Sepúlveda se subió a un Jaguar y sólo quedaron setenta y nueve.

arponero cien necritos final

Ilustración: Javier Muñoz

 

Setenta y nueve negritos se lo llevaron crudo; Arturo González Panero rodó como una albóndiga y sólo quedaron setenta y ocho.

Setenta y ocho negritos jugaron al urbanismo; Benjamín Martín Vasco se embauló 300.000 del ala por Arganda y solo quedaron setenta y siete.

Setenta y siete negritos se fueron de compras; a Alfonso Bosch le sorprendieron gastando con identidad falsa y solo quedaron setenta y seis.

Setenta y seis negritos se enredaron en una correa; Jesús Merino se estranguló al intentar zafarse y sólo quedaron setenta y cinco.

Setenta y cinco negritos cobraron sobresueldos; Luis Bárcenas escondió el parné en Suiza, cuando se fue de la lengua lo metieron en el trullo y sólo quedaron setenta y cuatro.

Setenta y cuatro negritos pasaron por la caja B; Álvaro Lapuerta lo visó todo pero, tan mayor como estaba, tuvo un accidente raro y sólo quedaron setenta y tres.

Setenta y tres negritos merodearon cerca del tarro de mermelada; Ángel Sanchís se acercó demasiadas veces y sólo quedaron setenta y dos.

Setenta y dos negritos organizaron actos electorales; Álvaro Pérez, al ver al jefe tan cerca, tropezó con su bigote y sólo quedaron setenta y uno.

Setenta y un negritos fueron a la sastrería; Paco Camps se desentendió de las facturas y sólo quedaron setenta.

Setenta negritos financiaron ilegalmente al partido; a Vicente Rambla lo cogieron en el mercado de naranjas y sólo quedaron sesenta y nueve.

Sesenta y nueve negritos fueron imputados; Victor Campos firmó que era culpable y sólo quedaron sesenta y ocho.

Sesenta y ocho negritos disfrutaron de la huerta; Valcárcel se dio un hartón, se marchó a Estraburgo y sólo quedaron sesenta y siete.

Sesenta y siete negritos pasaron por la cocina; David Serra cayó despanzurrado dentro de la marmita y sólo quedaron sesenta y seis.

Sesenta y seis negritos recibieron al Papa; Pedro García firmó el contrato que convirtió las bendiciones en negocio y sólo quedaron sesenta y cinco.

Sesenta y cinco negritos aceptaron regalos de quien no debían; a Ricardo Costa le lucieron mucho en la muñeca y sólo quedaron sesenta y cuatro.

Sesenta y cuatro negritos ayudaron a que la familia que reza unida permaneciera unida; Juan Cotino se pasó de avemarías –y de testaferros- y sólo quedaron sesenta y tres.

Sesenta y tres negritos contribuyeron a las ONG; Rafael Blasco pensó que la caridad bien entendida empezaba por uno mismo y sólo quedaron sesenta y dos.

Sesenta y dos negritos firmaron contratos irregulares; Milagrosa Martínez se puso un pañuelo de Loewe y sólo quedaron sesenta y uno.

Sesenta y un negritos viajaron de gorrilla; Luis Díaz Alperi cogió una insolación en Creta y sólo quedaron sesenta.

Sesenta negritos se pusieron gafas negras; a Carlos Fabra le tocó demasiadas veces la lotería y sólo quedaron cincuenta y nueve.

Cincuenta y nueve negritos se embarcaron de vacaciones; José Joaquín Ripoll se subió al yate que no debía y sólo quedaron cincuenta y ocho.

Cincuenta y ocho negritos fueron fashion victims; la alcaldesita Sonia Castedo se divirtió en pijama con su protector y protegido y sólo quedaron cincuenta y siete.

Cincuenta y siete negritos pasaron de la política a las cajas; José Luis Olivas dio créditos raros, se emborrachó con ron cubano y sólo quedaron cincuenta y seis.

Cincuenta y seis negritos salieron a cazar; a Serafín Castellano se le disparó el rifle por la culata y sólo quedaron cincuenta y cinco.

Cincuenta y cinco negritos se enamoraron del dinero; Alfonso Rus contó los billetes con luz y sonido y sólo quedaron cincuenta y cuatro.

Cincuenta y cuatro negritos buscaron la trampa de la ley; Jaume Matas se saltó las reglas para contratar discursos, lo mandaron a prisión y sólo quedaron cincuenta y tres.

Cincuenta y tres negritos cometieron irregularidades urbanísticas;  a Eugenio Hidalgo, alcalde de Andratx, se le cayó encima su chalé y sólo quedaron cincuenta y dos.

Cincuenta y dos negritos cobraron comisiones; Antonia Ordinas las escondió en una lata de Cola Cao y cuando tuvo que desenterrarla ante la poli sólo quedaron cincuenta y uno.

Cincuenta y un negritos protegieron a los apandadores; al conseller Cardona le pillaron repartiéndose el botín, le metieron dieciséis años y sólo quedaron cincuenta.

Cincuenta negritos se fueron al prostíbulo; Rodrigo de Santos pagó con la tarjeta municipal y sólo quedaron cuarenta y nueve.

Cuarenta y nueve negritos apoquinaron al instituto Noos;  Pepote Ballester no regateó nada y sólo quedaron cuarenta y ocho.

Cuarenta y ocho negritos tomaron copas de más; Nacho Uriarte estrelló alegre su coche y sólo quedaron cuarenta y siete.

Cuarenta y siete negritos navegaron entre insidias; Daniel Sirera escribió “este partido es una mierda” y sólo quedaron cuarenta y seis.

Cuarenta y seis negritos se hicieron los simpáticos; Montse Nebrera se burló del habla andaluza y sólo quedaron cuarenta y cinco.

Cuarenta y cinco negritos asumieron graves riesgos; Regina Otaola dio la cara en Lizarza, se retiró decepcionada y sólo quedaron cuarenta y cuatro.

Cuarenta y cuatro negritos pidieron debates y primarias;  a Alejo Vidal Quadras le pusieron puente de plata y sólo quedaron cuarenta y tres.

Cuarenta y tres negritos cosecharon fracasos electorales; Antonio Basagoiti asumió con ejemplaridad el suyo y sólo quedaron cuarenta y dos.

Cuarenta y dos negritos se sintieron traicionados; el heroico Ortega Lara se marchó sin siquiera merecer ser oído en la Moncloa y sólo quedaron cuarenta y uno.

Cuarenta y un negritos denunciaron las promesas incumplidas; Santi Abascal escribió una carta de despedida, fundó Vox y sólo quedaron cuarenta.

Cuarenta negritos fueron envejeciendo; una mañana se murió don Manuel el Fundador y sólo quedaron treinta y nueve.

Treinta y nueve negritos levitaron al ganar por mayoría absoluta; Javier Arenas se pasó de listo, desmovilizó a los suyos y sólo quedaron treinta y ocho.

Treinta y ocho negritos tiraron victoriosos por la calle de en medio; a Ana Mato le atropelló el Jaguar que se le escapó del armario y sólo quedaron treinta y siete.

Treinta y siete negritos aplicaron su programa; a Javier Fernández Lasquetty le atropelló la “marea blanca”, se marchó a Guatemala y sólo quedaron treinta y seis.

Treinta y seis negritos tuvieron mala suerte; a Mercedes de la Merced se la llevó la enfermedad y sólo quedaron treinta y cinco.

Treinta y cinco negritos se creyeron impunes; Miguel Blesa las hizo de todos los colores hasta llegar al black y sólo quedaron treinta y cuatro.

Treinta y cuatro negritos fueron excluidos de la primera fila del poder; González Pons se quedó compuesto y sin ministerio y sólo quedaron treinta y tres.

Treinta y tres negritos prefirieron irse a ganar dinero; Michavila se metió en un buen despacho y sólo quedaron treinta y dos.

Treinta y dos negritos hicieron lo que pudieron en sus cargos; Arias Cañete gestionó bien, patinó en la campaña europea y sólo quedaron treinta y uno.

Treinta y un negritos se indignaron por la amnesia del poder; Consuelo Ordóñez lo dijo alto y claro y sólo quedaron treinta.

Treinta negritos pasearon por la muralla; Santiago Cervera metió la mano en un agujero y sólo quedaron veintinueve.

Veintinueve negritos guardaron secretos inconfesables; a Cristobal Páez le dieron el mejor de los finiquitos y sólo quedaron veintiocho.

Veintiocho negritos sabían más de la cuenta; a José Manuel Molina lo mandaron a Kinshasa y sólo quedaron veintisiete.

Veintisiete negritos salieron a captar apoyos; a Ana Botella se le indigestó una “relaxing cup of coffee in the Plaza Mayor” y sólo quedaron veintiséis.

Veintiséis negritos compraron propiedades; Ignacio González recurrió a un testaferro para camuflar su ático y sólo quedaron veinticinco.

Veinticinco negritos se quedaron colgados de la brocha; Leopoldo González Echenique dimitió por un quítame allá esos 130 millones y sólo quedaron veinticuatro.

Veinticuatro negritos fueron azotados por la ira; a Isabel Carrasco la mataron a tiros y sólo quedaron veintitrés.

Veintitrés negritos recibieron tarjetas de crédito a juego con su alma; Ricardo Romero de Tejada hizo honor a su fama y sólo quedaron veintidós.

Veintidós negritos volvieron a las andadas; a Paco Granados, tanto fue el cántaro a la fuente, le metieron en el trullo y sólo quedaron veintiuno.

Veintiún negritos se hicieron diputados “para tocarse los huevos”; José Miguel Moreno lo reconoció mientras le grababan y sólo quedaron veinte.

Veinte negritos escribieron los versos más tristes esta noche; el gran vate Gallardón se negó a observar la rima y sólo quedaron diecinueve.

Diecinueve negritos buscaron la mayoría absoluta; a Esperanza Aguirre le hicieron la cama desde dentro y, como le faltó un escaño, sólo quedaron dieciocho.

Dieciocho negritos querían perpetuarse en sus poltronas; Rita Barberá tuvo un caloret y sólo quedaron diecisiete.

Diecisiete negritos limpiaron la cloaca;  Alberto Fabra sucumbió en el empeño tras la enésima zancadilla y sólo quedaron dieciséis.

Dieciséis negritos ardieron por amor; Monago, el buen bombero, apagó su fuego en Canarias gratis total y solo quedaron quince.

Quince negritos buscaron remedio en la farmacia; a José Ramón Bauzá le dieron cuchillo de palo y sólo quedaron catorce.

Catorce negritos quedaron encerrados en el ascensor; a León de la Riva se le apareció una Leire turgente y del soponcio solo quedaron trece.

Trece negritos subieron a la Giralda; Jose Ignacio Zoido perdió pie y solo quedaron doce.

Doce negritos se fueron de Carnaval; Teófila Martínez se dio de bruces con la charanga del Kichi y sólo quedaron once.

Once negritos visitaron a la Virgen del Pilar; Luisa Fernanda Rudi se enganchó en el manto y sólo quedaron diez.

Diez negritos se reunieron en una bodega; Pedro Sanz organizó su sucesión -sacrificando a su delfín- y sólo quedaron nueve.

Nueve negritos perdieron la sonrisa; la de Juan Ignacio Diego se la zampó Revilla y sólo quedaron ocho.

Ocho negritos intentaron borrar huellas en Génova; Maria Dolores de las Mentiras resbaló en una simulación de finiquito en diferido y sólo quedaron siete.

Siete negritos dieron la cara para que se la rompieran; a Carlos Floriano le explicaron que el problema de comunicación era él y sólo quedaron seis.

Seis negritos se cayeron al pozo demoscópico; a José Ignacio Wert, cansado de vivir ahí, le mandaron, con alevosía agosteña, de luna de miel a la OCDE y sólo quedaron cinco.

Cinco negritos se arrimaron a la Púnica; Salvador Victoria hizo lo que le mandó su jefe y cuando le pillaron sólo quedaron cuatro.

Cuatro negritos medio pasaban por ahí; Lucía Figar fue imputada por firmar un contrato y sólo quedaron tres.

Tres negritos pidieron otro liderazgo; a Cayetana Álvarez de Toledo, vox clamantis in deserto, le pusieron bola negra y sólo quedaron dos.

Dos negritos se reunieron en Moncloa; a Alicia Sánchez Camacho la convencieron de que bebiera la cicuta pues el desastre catalán era cosa suya y ya sólo quedó uno.

Un negrito se quedó más solo que la una; después de dejar tirados a todos sus amigos, deshacerse de todos sus rivales y desviar a los demás todas sus culpas; doce años después de ser ungido por el dedo errado de Aznar y cosechar dos derrotas; cuatro años después de recibir, dilapidar y traicionar un mandato rotundo de los españoles; dos años después de mentir como un bellaco al parlamento, Mariano Rajoy se ahorcó de su cuarta candidatura a la Moncloa y pronto, de aquel PP refundado en 1990 que aglutinó a todo el centro-derecha y tanto sirvió a la democracia, ya no quedará ninguno.

También en EL ESPAÑOL: 

El hombre globo

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Buscábamos un hombre globo que nos sacara de la ciénaga y sólo hemos hallado un hombre corcho flotando indolente entre lo más rahez de sus miasmas.

A las 8 de la tarde del  1 de mayo de 1915 una modesta manifestación obrera recorrió algunas calles de Madrid hasta desembocar en la Casa del Pueblo. Seguidamente una comisión entregó al jefe del Gobierno Eduardo Dato una serie de reivindicaciones. Las dos primeras eran: “Jornada de ocho horas, como punto principal de la legislación protectora del trabajo” y “Apertura de trabajos en la proporción necesaria para dar ocupación a los obreros parados”.

Escuchando el énfasis que pone Pedro Sánchez en que los contratos a tiempo parcial no enmascaren jornadas más prolongadas y sus crecientes exigencias de inversión pública, cualquiera diría que la “salida a la española” de la crisis nos retrotrae a los problemas laborales de hace cien años. En cambio se han perdido costumbres complementarias tan saludables como la ceremonia que 48 horas después, o sea el 3 de mayo de 1915, tal día como este domingo, celebró la Diputación de la Grandeza para demostrar su sensibilidad social, entregando cartillas del Monte de Piedad con 500 pesetas por barba a “diez servidores de casas aristocráticas que por su lealtad durante muchos años de servicio se habían hecho acreedores a ello”.

La cobertura conformista que los principales medios informativos han dado esta semana a episodios como el desmayado desayuno-coloquio con Rajoy, el escrito de la fiscalía cambiando de criterio para exonerar al PP del delito fiscal perpetrado a través de su caja B o los escándalos varios que, de Pujalte a Rús, siguen corroyendo al partido gubernamental, acredita que muchos de sus muñidores, pendientes de licencias u otros favores administrativos, han hecho ya méritos más que suficientes para recibir un premio similar. Y qué decir de algunos tertulianos empotrados en franjas de máxima audiencia con licencia para matar a los enemigos del Gobierno, empezando a ser posible por Aznar, a cuenta de una sofisticada versión del fondo de reptiles.

Si Ferrán Soldevilla describía a esos “criados leales” con una insignia en el ojal, “vistiendo sencillamente de negro y con sus cabezas cubiertas de canas” en el momento en que derramaban lágrimas de emoción al recibir, arrodillados, su recompensa, dejo al criterio de cada lector, espectador u oyente la designación del elenco de sus émulos. Propongo, eso sí, que ya que reparte, María Pico mediante, vetos y presencias en las televisiones , sea Soraya quien se empine para imponerles las insignias y algún representante del Consejo de la Competitividad quien les entregue las cartillas. Ceremonias idénticas deberían celebrarse en la Andalucía susanista y la Cataluña convergente.

Ilustración: Javier Muñoz
Ilustración: Javier Muñoz

Para compensar tanta mediocridad sumisa recuperemos hoy la trilogía de Larra sobre los sucesivos fracasos de las publicitadas ascensiones aerostáticas que, junto con otros artículos memorables, le valió convertirse, en enero de 1836, en el primer gran fichaje de El Español. Será difícil encontrar en ninguna antología del periodismo mejores metáforas de esa larga serie de actos fallidos de nuestros mandamases a la que acaba de incorporarse el pretendido relanzamiento del liderazgo de Rajoy en los salones del Villamagna.

Cuando en las postrimerías de Fernando VII la llegada al poder de Cea Bermúdez suscitó expectativas aperturistas, pronto defraudadas por su inmovilismo, Larra describió en abril de 1833 en La Revista Española el fiasco del aeronauta gaditano Manuel García Rozo:  “Una especie de fatalidad se opone a que el pueblo de Madrid vea este asombroso espectáculo… En vano esperó el público ansioso la prometida ascensión. Rozo ponía en ejecución todos los medios posibles. El globo sin embargo no llegó nunca a henchirse”.

Llovía sobre mojado. Desde el retorno del absolutismo en 1814, nadie -ni siquiera los gobernantes del Trienio- había sido capaz de remontar el vuelo.  “¿A qué atribuir esta rara coincidencia de desaires en un punto solo del orbe?”, se preguntaba Larra, esbozando lo que luego llamaríamos “el problema de España”.

A Larra le dolía que España se quedara anclada en sus miserias mientras otros países europeos ganaban los cielos del progreso y lo achacaba -embozadamente para sortear a la censura- a la incompetencia  del Gobierno.  Sin dejar de darle, eso sí, una nueva oportunidad al final:  “Una ascensión aerostática, una complicada operación física, no es una función de volatines. Mil circunstancias desgraciadas pueden atravesarse a malograrla: la ineptitud de los operarios, la insuficiencia o mala calidad de los ingredientes, la menor malicia acaso puede traer los resultados más funestos. Mucho habrá sufrido el público desairado; más creemos, sin embargo, que habrá sufrido el desventurado aeronauta. Compadezcamos, pues, su desgracia y esperemos que será más feliz en otra ocasión”.

Esa fue mi actitud durante los dos primeros años de mandato de Rajoy, antes de tropezar con sus SMS a Bárcenas. Lo que ocurría era decepcionante pero quedaba la esperanza de que llegara la anhelada enmienda y la legislatura remontara el vuelo. Larra observaba con desesperación la esclerosis gubernamental y en julio de ese mismo 1833 volvió a fustigarla con genial sutileza en un suelto publicado en el protofeminista Correo de las Damas. Merece la pena reproducir sus cuatro párrafos, plenamente correlativos a los coitus interruptus del actual líder del PP con sus estafados electores.

Ya el título, “Ascensión aeronáutica”, daba pie a la primera rechifla: “Perdónesenos la libertad que nos tomamos de dar este nombre a lo que pasó, por mejor decir, a lo que no pasó en la plaza de Oriente el domingo 14 de este mes. ¿Quieren nuestras lectoras saber a qué se reduce una ascensión aerostática como aquí las suelen hacer? Todo ello es tan poca cosa que no las ocupará largo tiempo su relación”.

“Es circunstancia precisa en toda ascensión que el globo no ha de subir. En un punto dado se pone un globo bien sujeto, no sea que se escape antes de tiempo… A cosa de las cuatro se hace como que se hincha pero eso es una mera formalidad. A las cinco vienen los espectadores que, como dice Victor Hugo, constituyen en las más de las funciones el espectáculo. A las seis se impacienta el pueblo. A las seis y cuarto suben varios batidores a anunciar sin duda a los cielos que se aparten, que va el aeronauta. A las siete se lanza el atrevido mortal en la frágil barquilla. El globo entonces padece un rapto, una feliz inspiración, y por medio de un proceder horizontal hace un pinito o dos; y como una persona obesa que ha subido el primer tramo de una escalera, se vuelve fatigado a su posición donde le atan de nuevo por atrevido”.

No es difícil imaginar a Hernández y Floriández asistiendo a María Dolores de las Mentiras en todo ese cacareo previo y al Estafermo Volador, embebido en su alcornocamiento existencial, defraudando con la noluntad de su trotecillo de burdégano las expectativas de quienes acudieron a verle galopar. Llegó, vino, habló el orate del sudoku -“Confíen en mí, les irá bien”-, fuese y no hubo nada, salvo los aplausos enlatados de los muertos vivientes que le rodeaban. Doña Política llegó en ayunas y en ayunas se marchó.

A Larra le dolía España pero le dolía aún más la abulia de los españoles ante el mal Gobierno: “A las siete y media da el reloj la hora que es; a las ocho anochece, empieza el globo a cabecear como quien se duerme y el pueblo a dormirse como quien cabecea. Y a las nueve se concluye la ascensión por lo regular, advirtiendo que en las ascensiones que hemos visto hasta ahora el aeronauta no baja porque no sube”.

Veinte meses después María Cristina de Nápoles ocupaba la Regencia en nombre de su hija Isabel, Cea Bermúdez había dado paso a Martínez de la Rosa y el régimen absolutista al  modelo semiliberal del Estatuto Real. Nuevas expectativas -esta vez sí parecía que algo cambiaba-, nuevas decepciones. Fue entonces cuando Larra desarrolló su teoría del “hombre globo” u “hombre gas”, contraponiéndolo al “hombre sólido que empuja casi hacia abajo el suelo que le sostiene” y al “hombre líquido que remeda al momento la forma del vaso donde está”. Lo que, según él, caracterizaba al hombre globo -“su frente es altiva, sus ojos de águila, su fuerza irresistible, su movimiento el del tapón de una botella de champagne”- era su capacidad de elevarse por encima de la mediocridad “hasta la altura que su intensidad le permite”. Larra ponía como ejemplos a Washington y Napoleón y lamentaba la “casi total ausencia de hombres globo” en España como una “desgracia del país mismo”.

¿Qué había ocurrido con Martínez de la Rosa? Pues que había hecho honor al remoquete de Rosita la Pastelera con que El Zurriago le había definido durante el Trienio y, tratando de conciliar lo inconciliable, había traicionado todas las premisas y promesas del liberalismo del que procedía. Larra aprovechaba su símil al máximo para describir el batacazo:

“¡Qué ruido antes! ¡La ascensión! ¡Va a subir! ¡Ahora sí, ahora sí va a subir! Gran fama, gran prestigio. Se les arma el globo; se les confía; ved cómo se hinchan. ¿Quién dudará de su suficiencia? Pero como casi todos nuestros globos, mientras están abajo entre nosotros asombra su grandeza y su aparato y su fama pero, conforme se van elevando, se les va viendo más pequeños; a la altura apenas de Palacio que no es grande altura -Larra aludía así a la limitada mollera de la Reina Gobernadora- ya se les ve tamaños como avellanas, ya el hombre globo no es nada; un poco de humo, una gran tela pero vacía, y por supuesto en llegando arriba no hay dirección”.

Tras un hombre sólido como Aznar y un hombre líquido como Zapatero, hace ya casi cuatro años que llegó al poder, con la llave de oro de la mayoría absoluta al cinto, quien pretendía ser un hombre gas y en todo resultó gaseoso. Buscábamos un hombre globo que nos sacara de la ciénaga y sólo hemos hallado un hombre corcho flotando indolente entre lo más rahez de sus miasmas. Por mucho que alardee de una engañosa recuperación económica, fruto de efectos externos probablemente efímeros, su aerostato político está tan vacío como su imaginación. Ya decía Voltaire que los perezosos siempre resultan mediocres. Allá los del PP si, ignorando que, como advirtió Quevedo, “ascender a rodar es desatino”,  siguen confiando en un piloto tan estólido en su estrago. Cuando el helicóptero vuelva a caer a plomo, saldrán todos con él a cuatro patas. La calle ya tiene claro que seguirá el consejo con el que Larra cerraba ese memorable artículo: “¡Otros al puesto, experimentos nuevos! Si por el camino trillado nada se ha hecho, camino nuevo”.

El cuerpo del delito

El cuerpo del delito

Dice Juan Antonio Ortega en el epílogo de su admirable Memorial de transiciones que “en la época democrática han subsistido las redes de favoritismos clientelares bajo la capa de la estructura oligárquica partidaria, con sus comisiones, cohechos, mordidas o coimas, todo disimulado bajo el lindo velo del patriotismo grupal de los nuestros o protegido por una omertà casi mafiosa”. Sobra el “casi”.

Dice Juan Antonio Ortega en el epílogo de su admirable Memorial de transiciones que “en la época democrática han subsistido las redes de favoritismos clientelares bajo la capa de la estructura oligárquica partidaria, con sus comisiones, cohechos, mordidas o coimas, todo disimulado bajo el lindo velo del patriotismo grupal de los nuestros o protegido por una omertà casi mafiosa”. Sobra el “casi”.

A la vez que saquean la finca los mafiosos pagan a sus comisarios mediáticos para que mantengan narcotizado al perro guardián. El duopolio televisivo acaba de liquidar a uno de sus periodistas más brillantes e incisivos con un comunicado delatoramente escrito con la peor lengua de trapo de la política. A la vez los diarios gubernamentales han tenido suerte de que el auto mediante el que el juez Ruz cierra dos años de investigación sobre los llamados papeles de Bárcenas, haya quedado emparedado entre las elecciones que mantendrán postrada a Andalucía pero abren horizontes de cambio para el conjunto de España y la tragedia de los Alpes que primero encogió el corazón a cuantos cruzamos los cielos de Europa y ahora nos asoma al agujero negro de la psique humana.

Ese solapamiento informativo ha enmascarado el bajonazo ratonero con que portadas y editoriales han fingido ignorar el mastodonte que ha parido la montaña judicial. Ni los marianistas de derechas, ni los marianistas de centro, ni los marianistas de izquierdas han tenido ese mínimo de dignidad intelectual que requería la ocasión y les obligaba a pedir la dimisión fulminante tanto de aquel cuya estabilidad rentabilizan -ser gubernamental es hoy un negocio- como de todos los demás dirigentes del PP políticamente afectados por las demoledoras conclusiones del instructor.

Como ya ocurriera con la investigación de los crímenes de los GAL este es un asunto transideológico en el que la línea divisoria vuelve a estar entre los muchos que proporcionan lectores al poder y los pocos que siempre hemos intentado dar poder a los lectores. He de reconocer que me siento orgulloso de que mi nombre aparezca de nuevo en un texto judicial de tanta trascendencia, por mor de mi contribución como periodista y ciudadano al esclarecimiento de los hechos. Concretamente en el folio 130 del auto cuando el juez establece que “los soportes documentales originales aportados a la causa por el testigo Pedro José Ramírez Codina” figuran entre los elementos que le han permitido “racionalmente concluir” que el PP mantuvo durante casi veinte años una caja B que se nutría del dinero negro que entregaban en mano los adjudicatarios de obra pública y servía para pagar campañas electorales, sobresueldos de cargos del partido y todo tipo de amenidades.

O sea, lo contrario de lo que el presidente del Gobierno ha mantenido estólidamente una y otra vez desde que el 2 de febrero de 2013 comprometió sin ambages su palabra: “En este partido no se pagan cantidades que no hayan sido registradas en la contabilidad ni que de cualquier manera sean físicamente opacas. No es cierto que hayamos recibido dinero en metálico que hayamos ocultado al fisco”. Hétenos aquí en la Aldeanueva de Ebro del Estafermo. La cita de las tres mentiras, a la luz del auto del juez: el PP sí pagaba cantidades no registradas en su contabilidad oficial, el PP sí recibía dinero en metálico -billetes en sacos, bolsas y maletines- y el PP sí ocultaba ese dinero al fisco.

El cuerpo del delito
Ilustración: JAVIER MUÑOZ.

Se dice pronto: casi dos décadas haciendo trampas, engañándonos a todos, alterando el juego limpio en la política, mediante prácticas amén de ilegales abiertamente gansteriles, pues ¿qué era eso sino una mutación sofisticada del negocio de la protección mafiosa? No me extraña que no haya podido establecerse el vínculo del cohecho entre cada entrega de dinero y cada contrato: cuando alguien es cliente de una familia del hampa, el pago siempre es a bulto y el amparo también. Resulta frustrante, eso sí, que como ya ocurriera en la acera de enfrente con el caso Filesa, los sometidos a esta servidumbre voluntaria a costa del contribuyente -la corrupción política se repercute siempre en el precio- vayan a quedar impunes, pues ningún empresario corrompido se sentará en el banquillo. Razón de más para ser implacables en la exigencia de responsabilidades a sus corruptores.

Ya no es un “delincuente”, al que sus otrora jefes, amigos y protectores despojaron de la presunción de inocencia para arrojarle a una mazmorra como preso preventivo, quien acusa. Ya no es un periodista indeseable, compendio de todas las taras y movido por los motivos más espurios, quien le da crédito. Es el juez instructor -o sea la Justicia- quien, tras interrogar a decenas de testigos y practicar centenares de diligencias, concluye que lo que dice el ex-tesorero respecto a la financiación ilegal del PP, tal y como quedó reflejado en mi Carta del Director del 7 de julio de 2013 Cuatro horas con Bárcenas, es verdad; y que los apuntes de la Caja B que entregué al día siguiente en el juzgado y sobre los que declaré ante Su Señoría tres días más tarde, son auténticos.

Es cierto que, aunque Ruz da por adverada esa documentación y pone múltiples ejemplos de entradas y salidas comprobadas por otras vías, no desciende al detalle de acreditar cada asiento por separado. Entre otras razones porque la mayoría de ellos o bien son penalmente inocuos o corresponden a hechos en los que el delito habría ya prescrito. De ahí que no podamos decir que el juez afirme que Rajoy tuvo los santísimos huevos de cobrar sobresueldos cuando la ley se lo prohibía expresamente por ser ministro, pero la única alternativa a esa certeza -que hubiera implicado su destitución infamante de haberse sabido a tiempo- consiste en pensar que Bárcenas y, atención, Lapuerta -que ahí están sus visé y por eso Ruz le lleva también al banquillo- entreveraban sus apuntes veraces con algunas invencioncillas malévolas -venga, vamos a ponerles unos miles de euros a Javier, a Rodrigo o a Mariano- con la intención de poder difamar a sus jefes dos décadas después.

O el loro era tan gilipollas que no se enteraba de nada de lo que sucedía alrededor y en su nombre, o el loro estaba metido hasta la última pluma en la repelente pomada”.

Que cada uno piense lo que quiera porque lo esencial no es que el loro se zampara su chocolatina sino que estaba delante mientras en la habitación sucedía de todo. Si Aznar, Cascos y Acebes siguieran en la política hoy pediría que abandonaran todos sus cargos. Puesto que son Rajoy, Arenas y Cospedal quienes perviven, no queda otra que aplicarles el mismo rasero y advertir que nadie con convicciones democráticas puede respaldar al PP mientras sean ellos quienes lo representen. Porque una de dos, a cual peor: o el loro era tan gilipollas que no se enteraba de nada de lo que sucedía alrededor y en su nombre, o el loro estaba metido hasta la última pluma en la repelente pomada.

Los sumisos óvidos del grupo agropecuario popular se aferraron a la primera opción aclamando a Rajoy en el pleno del 1 de agosto cuando después de llamarme “tergiversador” y “manipulador” -los Dámasos y Gerardos se frotaron ese día las manos- proclamó aquello de “me equivoqué”. Grande es Dios en el Sinaí y más grande aun el Jefe en sus equivocaciones. Confió en un sinvergüenza y ahora lleva la cruz a cuestas. ¿Qué menos que hacer todos piña en rededor como fieles cirineos de la cofradía de la Santa Lista Cerrada y Bloqueada? Esta seguía siendo de hecho la trinchera de María Dolores de las Mentiras, Hernández, Floriández y demás portavoces del partido: si es que había una caja B, era de Bárcenas.

Pero al margen de que Lapuerta empiece por L, el auto de Ruz pulveriza esta penúltima coartada. Nada menos que 57 folios dedica a reconstruir con minuciosidad de entomólogo y precisión quirúrgica, planta por planta, revestimiento por revestimiento, falso techo por falso techo -y vaya que si los había- cómo se utilizó la caja B para financiar la remodelación de la sede de Génova. ¿Si el dinero negro fuera suyo por qué iban a ser el tesorero y el gerente tan altruistas como para dedicar cerca de un millón de euros a que la moqueta resultara más mullida, la climatización más eficiente y las terrazas más anchas de lo oficialmente presupuestado? Sólo cabría la hipótesis de que esos dos “empleados” del partido -así los caracteriza el auto- fueran en realidad los propietarios de Génova 13 y estuvieran invirtiendo en revalorizar su patrimonio para cobrar un alquiler mayor al inquilino.

Perdón, se me ocurre otra posibilidad cuyo desarrollo cedo con mucho gusto a esos colegas que antes o después tendrán que dejar de hacerse los autistas y argumentar una posición editorial a la altura de la gravedad de los hechos. Y es que, tratándose de lo que se llama hoy en día un “edificio inteligente”, todo haya sido cosa del propio inmueble. ¿Existe acaso otra actividad a la que se dedique más “inteligencia” en la España sacamantecas de los impuestos astronómicos que la de defraudar a Hacienda? Si lo hacen las personas físicas, si lo hacen las personas jurídicas, si lo hacen los dioses del balón y los clubes de fútbol, era cuestión de tiempo que por una simple cuestión viral comenzaran a hacerlo los edificios que, como en el planeta de Goomer que dibujaba Ricardo Martínez, de vez en cuando piensan y adquieren vida propia.

Pronto comenzarán a proliferar las inspecciones a los bloques de viviendas, las paralelas a los rascacielos y las complementarias de palacetes, chalés de lujo y demás mansiones. Pero no adelantemos acontecimientos ni pongamos en marcha el ventilador de la basura. El caso concreto es que el edificio inteligente este se ha pasado de listo y le han pillado en orsay. ¿A qué esperan los marianistas de derechas para pedir la imputación de don Génova 13, los marianistas de centro para reclamar la retirada del pasaporte u otras medidas cautelares y los marianistas de izquierdas para exigir que se dicte prisión sin fianza, previa exhibición del reo esposado, para que tome buena nota la comunidad inmobiliaria?

“Planta Séptima, lo entiendo. Sé fuerte. Mañana te llamo”. Esta es de verdad la última explicación que le queda al PP: fue el edificio. Es cierto que corre el riesgo de que igual que se reclama que no haya imputados en las listas, cunda la moda de que tampoco se toleren actividades políticas en inmuebles investigados por un juez. Pero a grandes males, grandes remedios. Habría llegado la hora de deshacerse a la vez del criminal y del cuerpo del delito. Bastaría declarar el edificio en ruina -moral-, proceder a su demolición para que no quedara piedra sobre piedra, recalificar el terreno, subastar entre Villar Mir, Del Rivero y García Pozuelo una licencia de obra para construir apartamentos y, plusvalía mediante, trasladar la sede del PP a un espacio de la zona norte que incluya una ciudad deportiva para jóvenes canteranos.

¿Regeneración? ¿Refundación? ¿Catarsis? Para qué meterse en mayores jaleos, si la opinión publicada se conformaría con una mudanza.

Contra las tragaderas

ruedas2“¡Cuántos infelices habrán muerto añusgados sólo por habérseles atravesado en el esófago la espina de un besugo de Asturias o de un abadejo de Terranova, o el hueso de una guinda de Aranjuez, o el de un pavo de tierra de Campazas!”.

“¡Cuántos infelices habrán muerto añusgados sólo por habérseles atravesado en el esófago la espina de un besugo de Asturias o de un abadejo de Terranova, o el hueso de una guinda de Aranjuez, o el de un pavo de tierra de Campazas!”.

Así comenzaba la Capillada número 229 del Fray Gerundio que Modesto Lafuente publicó el 10 de marzo de 1840. Se trataba de un periódico satírico que tomaba su nombre de un imaginario fraile exclaustrado por la desamortización de Mendizábal. Era el fruto en agraz de la fértil prosa del joven liberal que luego adquiriría fama imperecedera como autor de una monumental Historia de España.

No faltarán hijos de la LOGSE que consideren rareza o casualidad que a ese chico le pusieran el mismo nombre de la menestral calle chamberilera, pródiga en restaurantes exóticos, que baja desde Orense hasta Martínez Campos; pero lo cierto es que si alguien recogió con calidad literaria, brío e ingenio el cetro del periodismo crítico tras el suicidio de Larra fue Modesto Lafuente. Su Fray Gerundio -no confundirlo con el protagonista de la homónima novela del padre Isla publicada el siglo anterior- había nacido en 1837 en la covachuela que Lafuente ocupaba en el gobierno civil de León y había alcanzado tal éxito como comentarista satírico de la actualidad, mano a mano con el lego Tirabeque, que un año después el autor y sus criaturas ya estaban instalados en Madrid abasteciendo de capilladas -que así es como se llamaba a todo buen azote con la capucha de los frailes- a un público masivo y fiel.

Ilustración: JAVIER MUÑOZ
Ilustración: JAVIER MUÑOZ

Cual nuevos Quijote y Sancho, alternando el latín macarrónico con el habla popular, Fray Gerundio y Tirabeque, surcaban el páramo político de la regencia de la Reina Gobernadora María Cristina de Nápoles, tocando las narices a los gobiernos moderados de la etapa contrarrevolucionaria que sucedió al bienio progresista surgido de la sargentada de La Granja. Aquella Capillada 229, que desató la intolerancia ministerial en forma de orden de secuestro, se titulaba “Las Tragaderas” e iba dedicada a la facilidad con que la mayoría gubernamental daba por buenas en las Cortes las actas de las elecciones amañadas que llegaban de provincias.

Tras ese inicial memento a los “añusgados” difuntos, Fray Gerundio evocaba sus propios apuros en el refectorio el día que se le atravesó una espina de bacalao, equiparándolos a los del prócer que se ve obligado a elogiar a un detestado compañero de partido. Si entonces hablaba de Pidal y Toreno, hoy habría puesto como ejemplo los desgarros que debió sentir Rajoy en faringe, laringe y esófago presenciando las aclamaciones que Aznar recibía a costa suya.

Frente al angustioso itinerario que va de la sofocación al ahoguío, camino de la disnea, Fray Gerundio no recataba su envidia hacia “los que tienen las tragaderas anchas”. Y ponía como ejemplo a los siempre dóciles diputados del partido en el Gobierno: “¡Alabado sea Dios, qué fauces tan holgadas deben ser las suyas! Para ellos no hay espinas ni huesos en las actas. Vedlos si no, hermanos míos, ved como abren las mandíbulas. Como ruedas de molino son algunas actas pero el hecho es que se las tragan, algunas después de una pequeña masticación, otras enteras y como quien se engulle una cucharada de cuajadillas frescas”.

Cualquiera diría que esa singular “aptitud esófago-mandibular” mediante la que la boa constrictor completa la depredación del saurio es una característica genética que el parlamentarius hispanicus transmite y perfecciona de generación en generación cual legado pujoliano. Si los diputados del PSOE heredaron de los tiempos de la República el sobrenombre de “mayoría de cemento” era por su capacidad de engullir impávidos hasta cascotes de hormigón armado o paletadas de cal viva y así lo demostraron durante el felipismo con el referéndum de la OTAN y los crímenes de los GAL.

Cuando se sometió a votación en el grupo parlamentario el respaldo a la invasión de Irak que casi todos repudiaban, los diputados del PP no sólo arroparon a Aznar como un solo hombre sino que alguno se las apañó para votar dos veces y que no quedara duda. En medio de la hecatombe de mayo de 2010 el único que le falló a Zapatero a la hora de refrendar el recorte de las pensiones y los sueldos de los funcionarios fue el sindicalista Antonio Gutiérrez que incurrió en el sublime heroísmo de abstenerse.

A nadie podía sorprenderle pues que en el Pleno de la Vergüenza del 1 de agosto de 2013 sus señorías populares fingieran ignorar la presunción de los sobresueldos y la constancia de los SMS para aclamar a su Estafermo cuando, diciendo “me equivoqué”, pretendió circunscribir su responsabilidad por la sistemática financiación ilegal del partido al error “in eligendo” de haber ascendido a Bárcenas. Puesto que ni un solo corcel, jamelgo o percherón tampoco esbozó luego el más tenue relincho en la cuadra del partido cuando el estólido en su estrago mintió a la cadena SER alegando que escribió los mensajes de texto -la fecha del “Luis se fuerte” es la pistola humeante- porque no sabía lo que sí sabía, cabe pensar en efecto que si el eximio líder apareciera en un vídeo apuñalando a una ancianita, la mesnada popular clamaría al unísono contra la muy zancarrona por abalanzarse sobre él cuando se disponía a abrir el correo.

Pero una cosa es que de los polvos de las listas cerradas y bloqueadas y la barra libre de la financiación pública de los partidos, sin la exigencia simétrica de prácticas tasadas de democracia interna, hayan surgido los actuales lodos que rebozan a esta casta despreciada y despreciable y otra mucho más grave que se nos pretenda tratar al conjunto de los ciudadanos como si formáramos parte de esa misma horda de gaznápiros zangolotinos.

Siendo cierto que como clamó Miguel Cabrera de Nevares en el gaditano Duende de los Cafés, cuando Fernando VII restableció el absolutismo en 1814, “si no hubiera esclavos no habría tiranos”, es urgente liberar a la prensa de sus actuales cadenas para que pueda proporcionar cada día los antídotos que hagan vomitar a los españoles los guisos envenenados que las cocinas de la partitocracia pretenden embaularles.

No hay mejor remedio para la lacayuna enfermedad de las mandíbulas laxas que la memoria y la argumentación. Por eso una vez que el juez, el fiscal y el abogado del Estado consideran probado que el PP mantuvo durante años una caja B nutrida de donaciones en metálico con la que pagaba gastos de toda índole, procede darle una y otra vez al replay en el minuto 9,25 del vídeo de la comparecencia de Rajoy el 2 de febrero de 2013: “En este partido no se pagan cantidades que no hayan sido registradas en la contabilidad ni que de cualquier otra manera sean físicamente opacas. No es cierto que hayamos recibido dinero en metálico que hayamos ocultado al fisco”.

2

El lunes en Tele 5 ya cambió de mentira -como quien sustituye una herencia infamante por un legado inocuo- y dijo que ni él “ni los dirigentes del partido que conozco” sabían que eso estuviera ocurriendo puesto que la caja negra “era de alguien, no del PP”. O sea que Bárcenas tenía allí un dinero sucio pero su alma era tan limpia que lo dedicaba a untar al arquitecto para que reformara con especial mimo las dependencias nobles de la casa a fin de que su jefe leyera más mullida y confortablemente el Marca.

Tratándose de asuntos muy distintos pero de la misma manera de concebir “la mentira como forma de ejercicio del poder” -certera expresión de Santos Juliá-, permítaseme dirigirle hoy a Rajoy uno de los párrafos de mi carta abierta a Felipe González cuando hace 10 años respondió a la confesión de Amedo con desmentidos igualmente enfáticos e inverosímiles:

“Lo que usted pretende no es encabezar una sociedad democrática sino una secta de comulgantes con ruedas de molino. Usted pretende corrompernos. Usted pretende instalarnos perpetuamente en la mentira… Usted pretende envilecernos, obligándonos a seguir adelante como si nada hubiera sucedido, como si no supiéramos lo que ya sabemos, como si los conceptos de legalidad y moralidad no significaran nada para nadie, como si todos fuéramos oportunistas, cobardes o cerriles, como si todos nos apellidáramos como esos prohombres de su partido que por caridad hoy no mencionaré”.

En iguales términos podrían dirigirse los andaluces a Susana Díaz por no depurar responsabilidades sobre los ERE o los catalanes a Artur Mas por pretender llamarse andana respecto a la corrupción del clan al que pertenecía. Y lo peor del caso es que la requisitoria empieza a ser también de aplicación a quien se presenta como abanderado de la nueva política. El mesiánico noli me tangere con que Pablo Iglesias ha reaccionado a las denuncias que afectan a su entorno -“Cuando tocan a Errejón, a Monedero o a Tania me están tocando a mi”-, como si Robespierre hubiera sido trasplantado al cuadro de Correggio, ya nos lo sabemos bien. Está a dos palmos de narices de la sin par doctrina de los estigmas que embalsamó al incorruptible señor X.

De ahí que el Español Ejemplar de la semana haya sido el valiente que entre los abucheos de los asistentes al mitin podemita de Valencia tuvo los pelendengues de desplegar una luminosa pancarta transgeneracional: “Señor Iglesias, espero no cantarle El Cuervo Ingenuo“. Como bien sabe Pablo Iglesias que no ha mucho la entonó a dúo con su autor, se refería a la mítica canción en la que Javier Krahe fustigaba la voltereta de González sobre la OTAN en un idioma comanche homologable a los latinajos de Fray Gerundio: “Lo que antes ser muy mal/ permanecer todo igual/ y hoy resultar excelente”. Yo la hubiera repartido en octavillas durante el auto sacramental de este sábado en Sol para evitar que el baño de masas desembocara en nuevas levitaciones del Kirie Eleison vallecano.

Pues bien, ante la estirpe indomable de Viriato a la que pertenece ese desconocido Español Ejemplar de la pancarta -ante ti, ante ti y ante ti también- hoy me comprometo a que la ejemplaridad de EL ESPAÑOL consistirá en no bajar jamás la guardia del racionalismo crítico y en hablar muy alto y claro pero apresurándose a cerrar la boca para que jamás se cuelen en ella ni las sabrosas tentaciones del poder ni el dulce soborno del halago. Los enemigos de EL ESPAÑOL no serán el mundo, el demonio y la carne… sino las tragaderas.

Por eso termino mi Capillada de hoy con la misma exhortación que introducía la primera de Fray Gerundio. “Lector, suscribe, amicique erimus ambo et ¿ubi malius posses gastare duretem?”. Y con su traducción libre por Modesto Lafuente: “Suscríbete, oh lector, yo te conjuro; serás amigo mío eternamente, ¿y en qué mejor podrás gastar un duro?”. Si no eres todavía accionista, súmate al empeño. Si ya lo eres, enrola a un amigo. Demos vida a EL ESPAÑOL, cambiemos España. Hagámoslo juntos.

El Manifiesto del Ateneo

“Nosotros somos nuestra patria”: el texto que establece las bases de lo que será la línea editorial de EL ESPAÑOL.

Vuelvo al Ateneo ya como socio de la “docta casa”. Si Azaña habló en su famoso discurso de 1930 de las tres generaciones del Ateneo refiriéndose a la de los Alcalá Galiano y Martínez de la Rosa, a la de los Castelar y Juan Valera y a la suya propia, con Ortega y Unamuno entre sus puntales, pronto podemos identificar a otras tres generaciones y yo me sentiré muy honrado de haberme incorporado a la sexta.

Conste mi agradecimiento a estos tres grandes columnistas que me han acompañado hoy. Por lo que han dicho aquí pero sobre todo por lo que han dejado escrito a lo largo de los años. Gistau, Jabois y Ussía encarnan la mejor tradición del periodismo literario español: la de la excelencia en la escritura. En sus textos reverbera la prosa de Azorín y de Ruano, de Bonafoux y Fernández Flórez, de Camba y de Umbral… He tenido la suerte de haber contado en El Mundo con Gistau y Jabois -dos centauros del desierto con cabeza de literato, cascos de reportero y corazón indomable- y la desdicha de no haberlo conseguido con Ussía, pero a cambio me ha elegido para presentar su nueva entrega de la saga de Sotoancho. El lunes habrá pues partido de vuelta en el Palace.

Umbral prologó el primer volumen de mi antología de Cartas del Director publicado en 2005 cuando se cumplieron 25 desde mi nombramiento al frente de Diario 16. Este segundo volumen recoge textos publicados durante nueve años más hasta mi destitución como director de El Mundo en enero de este año. La selección atañe pues a los años de Zapatero y Rajoy en la Moncloa aunque no los abarque por completo.

Si se titula Contra Unos y Otros no es tan sólo porque mi obra refleje la función adversativa consustancial al periodismo; no es tan sólo porque yo siempre me haya sentido, al modo de Montaigne, “gibelino entre los güelfos y güelfo entre los gibelinos”; no es tan sólo porque el perro guardián tenga que ejercer su labor de vigilancia, gobierne quien gobierne.

No, si se titula Contra Unos y Otros es porque durante este concreto periodo de tiempo, como le escribía Larra a su director Andrés Borrego el año anterior a su suicidio, “constantemente he formado en las filas de la oposición. No habiendo un solo ministerio que haya acertado con nuestro remedio, me he creído obligado a decírselo así claramente a todos”.

Es cierto que si nos atenemos a la reacción personal de Zapatero y Rajoy frente a esas críticas, me ha tocado vivir una gran paradoja.

Un líder de izquierdas, al que no respaldé casi nunca y al que critiqué con gran dureza casi siempre, dio un ejemplo de tolerancia y fair play, aceptando las reconvenciones más severas como parte de la normalidad democrática, manteniendo conmigo una buena relación personal, rayana a veces en la intimidad, a sabiendas de que siempre me tendría enfrente en asuntos clave.

En cambio un líder de centro-derecha, para el que pedí tres veces el voto y al que acogí con claras muestras de apoyo, rompió todos los puentes, que él mismo había tendido con interesado ahínco durante su larga travesía del desierto, en cuanto llegó al poder y recibió mis primeras críticas; y se lanzó ferozmente a mi yugular, en cuanto vio comprometida su supervivencia política por sus SMS de apoyo a Bárcenas, publicados en la portada del periódico. De hecho fue él y no yo quien quedó retratado para siempre cuando me coceó en aquel bochornoso pleno del 1 de agosto de 2013.

Pero que mi relación personal con Zapatero fuera excelente y con Rajoy haya devenido de mal en peor, hasta simas sólo habitadas hasta ahora por el señor X, no es algo que concierna demasiado a los ciudadanos, ni siquiera a mis lectores, pues este volumen es la prueba de que a la hora de escribir lo que cuentan son los hechos de quien gobierna y no si intenta matarte a besos o a base de puñaladas traperas.

Durante esta última década de la vida de España he estado Contra Unos y Otros -he sido muy crítico con los gobiernos del PSOE y con los del PP-, porque ni unos ni otros han mejorado ni la calidad de nuestra democracia ni los fundamentos de nuestra economía. Por el contrario han sido años, siguen siéndolo, de decadencia y retroceso.

No digo que todo lo hayan hecho mal. Zapatero amplió los derechos de las minorías y Rajoy hizo una razonable reforma laboral. Pero en conjunto han creado más problemas de los que han resuelto y han provocado que las esperanzas e ilusiones de una sociedad que comenzó vigorosamente el siglo XXI se hayan trocado en decepciones y frustraciones.

Nunca he disparado al bulto. Todas mis críticas han tenido fundamento y han sido expuestas razonadamente.

He estado Contra Unos y Otros porque ni los unos ni los otros han sido capaces de impulsar la economía, crear empleo digno de tal nombre y ofrecer oportunidades en España a la gran mayoría de los jóvenes.

He estado Contra Unos y Otros porque ni los unos ni los otros han reformado la administración, renunciado a ningún privilegio y recortado el gasto público lo suficiente como para permitir respirar y desarrollarse a las pequeñas y medianas empresas, a los autónomos, al sector privado, a los profesionales, a las clases medias en suma.

He estado Contra Unos y Otros porque unos y otros han preferido hacer el ajuste crujiendo a impuestos a los españoles de hoy e hipotecando el futuro de los españoles de mañana con sus déficits desmesurados, con su vertiginoso y temerario endeudamiento público.

He estado Contra Unos y Otros porque unos y otros se han plegado a los intereses de ese autonombrado Gobierno en la sombra que bajo la denominación de Consejo de la Competitividad ha sustituido a los oscuros poderes fácticos del pasado y ejerce como inquietante grupo de presión para decidir el futuro de la política, de la economía y de los medios de comunicación.

He estado Contra Unos y Otros porque ni los unos ni los otros han tratado con la dignidad que merecían a las víctimas del terrorismo etarra, asumiendo sin pestañear e incluso fomentando la excarcelación de los más infames asesinos y la legalización de la rama política de la propia banda terrorista sin que mediara antes ni su disolución, ni la entrega de las armas, ni el arrepentimiento, ni la petición de perdón, ni nada de nada.

He estado Contra Unos y Otros porque ni los unos ni los otros, han movido un dedo, se han molestado un ápice, han puesto absolutamente nada de su parte para impulsar el esclarecimiento de todas las lagunas, incógnitas, errores fácticos y falsedades moleculares que contiene la sentencia del 11-M, la mayor masacre terrorista cometida nunca en España, el acontecimiento que interrumpió nuestro auge y extravió nuestro rumbo.

He estado Contra Unos y Otros porque unos y otros han incubado, fomentado y protegido la corrupción en su seno, permitiendo por un lado que decenas y decenas, centenares y centenares de políticos en ejercicio se convirtieran en bandoleros y beneficiándose simultáneamente de mecanismos de financiación ilegal que han adulterado una y otra vez el juego democrático. Albarda sobre albarda, oprobio sobre oprobio. Cuantos se beneficiaron en las urnas de ese latrocinio organizado y esas trampas sistematizadas no deberían tener la desvergüenza de volver a comparecer ante ellas.

He estado Contra Unos y Otros porque unos y otros han destruido la independencia del Poder Judicial, interviniendo en los nombramientos o sanciones de los jueces a través de sus comisarios políticos en el CGPJ, destruyendo el principio del juez natural, blindándose desde su condición de aforados frente a las investigaciones por corrupción, manipulando incluso las comisiones de servicio de los jueces para quitarse de encima un instructor incómodo.

He estado Contra Unos y Otros porque ni los unos ni los otros han sido capaces de responder con la inteligencia y contundencia política necesaria al desafío separatista, impulsado desde una institución del Estado como la Generalitat de Cataluña. Una institución del Estado que ha puesto medios y recursos públicos al servicio de la destrucción de España ante la apatía, abulia e incluso complicidad del poder central.

Y sobre todo, y en consecuencia, he estado Contra Unos y Otros porque ni los unos ni los otros han sido capaces de ofrecer a los españoles ese “sugestivo proyecto de vida en común” que demandaba Ortega y que hoy necesitamos perentoriamente como cauce y estímulo de nuestro “patriotismo constitucional”.

Vivimos tiempos excepcionales. Todos estos ingredientes conforman una situación crítica para la Nación que deberá canalizarse a través del proceso democrático. En 2015 habrá elecciones municipales y autonómicas, tal vez elecciones catalanas anticipadas y finalmente elecciones generales.

De cara a este año decisivo conviene no confundir los síntomas con la esencia del problema. El auge del otrora larvado separatismo catalán es un síntoma, pero el problema es España. La irrupción de una fuerza política como Podemos que está poniendo en jaque aspectos clave de nuestro modelo de sociedad es un síntoma, pero el problema es España. El problema vuelve a ser España o más concretamente la falta de una política capaz de proporcionar estabilidad y prosperidad a la Nación, capaz de aglutinar y movilizar a los españoles entorno a los valores democráticos, capaz de asentarlos en su “morada vital” que diría Américo Castro, capaz de rentabilizar su “herencia temperamental” que replicaría Sánchez Albornoz.

Fue todo un símbolo, todo un mensaje del destino que Adolfo Suárez, el único líder de la transición que devolvió gran parte del poder acumulado por el Estado durante la dictadura a la sociedad, falleciera el mismo 23 de marzo en que se cumplía el centenario del famoso discurso de Ortega en el teatro de la Comedia: Vieja y nueva política.

Hoy como hace cien años España necesita una nueva política que ponga fin a la vieja política que ha noqueado económica y vitalmente a tantos ciudadanos y ha colocado a la propia Nación contra las cuerdas. Y eso plantea tres preguntas candentes: ¿qué hacer?, ¿cómo hacerlo? y ¿para qué hacerlo?

Respecto al qué en mi opinión estamos ante una cuestión transideológica, ante un desafío previo al debate entre izquierdas y derechas, pues se trata de cambiar las reglas del juego para que los ciudadanos, tanto si se sienten socialistas como liberales, recuperen el control sobre sus destinos. Se trata de volver a dotar de contenido a los derechos de participación política que desde el inicio de la Transición han venido siendo usurpados de manera paulatina por las cúpulas de los partidos. Ésa es la devolución que necesitamos y reclamamos a la partitocracia, a la cupulocracia, desde este Ateneo, a ras de calle.

Hay que hablar con toda claridad. Es muy difícil, casi imposible, que la nueva política pueda brotar de las madrigueras en las que siguen atrincheradas las comadrejas de la vieja política. El milagro del arrepentimiento y la redención por las buenas obras siempre es posible. Pero será eso: un milagro, una excepción. La nueva política precisa de nuevos políticos y si fuera necesario de nuevos partidos.

Es muy difícil, casi imposible, que la nueva política pueda brotar de las madrigueras en las que siguen atrincheradas las comadrejas de la vieja política”.

En todo caso éste es el rasero por el debemos medir a quienes concurran a las elecciones: el que esté dispuesto a cambiar la ley electoral, a imponer la democracia interna en los partidos, a devolver la independencia al poder judicial, a renunciar a aforamientos y demás privilegios, a predicar con el ejemplo dando un paso atrás ante la menor sospecha de connivencia con la corrupción, a incluir mecanismos de participación ciudadana en el proceso legislativo, ése representará a la nueva política.

El que con los más diversos pretextos eluda pronunciarse rotundamente ante estas cuestiones decisivas, ese representará a la vieja política.

Insisto en que se trata de una cuestión preliminar al debate ideológico. Quienes nos sentimos liberales podemos entendernos con quienes llevan el intervencionismo en la sangre sobre estas reglas del juego. Si González y Suárez, si hasta Fraga y Carrillo pudieron ponerse de acuerdo hace casi 40 años sobre las reglas del juego, no veo ninguna razón para que Albert Rivera no pueda entenderse con Pablo Iglesias, Santi Abascal con Alberto Garzón o un nuevo dirigente que ponga patas arriba la vieja casa del PP con Pedro Sánchez. Eso es lo que pedimos y exigimos a la nueva política: una devolución de poder a los ciudadanos que autentifique y vivifique el proceso democrático.

La segunda gran cuestión es cómo hacerlo y yo, admirador de Tocqueville, historiador de naufragios y desventuras, sigo pensando que el camino de las reformas es mucho más fiable y garantiza mejor los derechos y libertades de las personas que el de las revoluciones. La cuestión es cuál debe ser el calado legislativo de esas reformas y aquí surge el debate sobre la reforma constitucional. ¿Qué hacer con nuestra Carta Magna una vez que la experiencia ha puesto de relieve tanto los enormes aciertos de sus redactores como algunas de sus muy graves equivocaciones?

No hay que tenerle ningún miedo a ese debate. Puesto que todos los principales partidos, menos uno que parece estar en caída libre, proponen cambios en la Constitución es conveniente que las próximas elecciones generales sirvan de cauce a esa discusión y que la próxima legislatura tenga un cariz constituyente o para ser más exactos reconstituyente, en el sentido de que sirva para insuflar un nuevo vigor a un organismo que pese a todos sus achaques sigue estando vivo. Reformar la Constitución, o si se quiere enmendarla, no significa destruirla sino perfeccionarla.

Al final todo dependerá de la correlación de fuerzas que surja de las urnas y del nivel de consenso que se alcance entre ellas. Lo ideal sería que hubiera más de los preceptivos dos tercios del Congreso que respaldaran cambios constitucionales encaminados a mejorar la calidad de nuestra democracia. Pero ese objetivo también puede conseguirse mediante leyes orgánicas e incluso a través de normas de menor rango. Lo mejor no tiene por qué ser enemigo de lo bueno.

El en otras cosas tan superado y arcaico pero siempre brillante Juan Donoso Cortés tenía razón en 1836 al azotar aquí en el Ateneo tanto a los “escépticos” que consideran que “las reformas son inútiles y lo mejor es ni intentarlas” como a los “puritanos que se proponen curar las llagas de las sociedades moribundas con la virtud de una fórmula, a la manera de los mágicos de las pasadas edades que libraban de los espíritus maléficos a un alma poseída, con la virtud de un conjuro”.

Las reformas políticas, incluida la reforma constitucional, no pueden ser concebidas como un atolondrado fin en sí mismo sino como un instrumento al servicio de unos fines. Por eso la tercera pregunta es la decisiva: ¿Reforma constitucional para qué?

Si alguien me dice que quiere reformar la Constitución -tal y como propuso en 2006 el Consejo de Estado- para blindar las competencias del Estado, cerrar el mapa autonómico y garantizar la lealtad institucional de todos los poderes que emanan de ella, yo estoy a favor de la reforma constitucional.

Si alguien me dice que quiere reformar la Constitución para facilitar el cambio del sistema electoral, para condicionar la financiación pública de los partidos a la elección de sus candidatos por sus afiliados o para blindar al poder judicial frente a las intromisiones de los políticos, o no digamos para garantizar la separación entre el ejecutivo y el legislativo mediante un sistema presidencialista como el norteamericano o el francés, yo no sólo estoy a favor de la reforma constitucional sino que me ofrezco a levantar el pendón de ese banderín de enganche.

Ahora bien si alguien me dice que quiere reformar la Constitución para fragmentar la soberanía nacional y convertir a las comunidades autónomas en imaginarios estados soberanos que acceden a federarse adquiriendo la capacidad de disponer unilateralmente sobre su relación con el Estado para repetir, entre tanto, corregidos y aumentados los disparates de las cajas de ahorros, las televisiones públicas y las embajadas en el extranjero, entonces yo estoy en contra de esa reforma constitucional.

No quiero una reforma constitucional que acomode y de más poder a los territorios, es decir a las corruptas y caciquiles élites políticas que los gobiernan”.

Y no digamos nada si alguien me dice que quiere reformar la Constitución, no ya para reconocer y regular hechos diferenciales como la lengua propia o la insularidad, sino para dotar de mayores derechos políticos a algunos de esos estados federados en función de su capacidad de coacción separatista, sumando al dislate de la fragmentación el de la desigualdad, alegando que de lo que se trata es de “facilitar el encaje” -ésta es la expresión bobalicona de moda- de una parte de España en el resto, como si el Estado fuera el mecano de un aprendiz de brujo… Si es para eso, yo no quiero que se reforme la Constitución. Si es para eso que la Virgencita y las Cortes Generales nos dejen como estamos.

Yo no quiero una reforma constitucional que acomode y de más poder a los territorios, es decir a las corruptas y caciquiles élites políticas que los gobiernan; yo quiero una reforma constitucional que acomode y dé más poder a los ciudadanos.

Hoy por hoy estamos lejos de la acumulación de fuerzas necesaria para alcanzar ese objetivo. La concentración del poder político, económico y mediático ha asfixiado la disidencia en los partidos, ha narcotizado al perro guardián del periodismo y ha entontecido con la esquemática superficialidad del duopolio televisivo a gran parte de la sociedad.

Por eso reitero que es la hora de los Ateneos como foros de debate y de participación cívica. En lugares como éste debe volver a escribirse, como dijera en su día Ruiz Salvador, el “borrador de la Historia de España”.

Y si es la hora de los Ateneos también es la hora de la prensa independiente. “Es imposible que un pueblo que sabe llegue a ser tiranizado”, aseguró en esta misma tribuna el gran líder progresista Joaquín María López.

Los problemas que nos ha creado la tecnología nos los está resolviendo la tecnología. Los gobiernos y sus aliados económicos son capaces de controlar a los medios tradicionales -bautizados por los anglosajones como legacy media, la herencia del pasado- abusando del derrumbe de su modelo de negocio. Pero asisten impotentes al desarrollo del nuevo ágora electrónico, al que cada vez concurren más y mejores proyectos editoriales.

No anticipemos acontecimientos. 2015 será el año más importante de mi carrera periodística. Nunca pensé verme de nuevo en esta tesitura, pero si los dados han rodado así, si éstas son las cartas que me ha deparado la fortuna, ahí estaré desde el 1 de enero, asumiendo por tercera vez el envite, revitalizado por el contacto con mis cada vez más jóvenes compañeros.

Una cosa tengo clara y es que en defensa del derecho a la información de los ciudadanos seguiremos estando contra unos y otros, contra éstos, aquéllos y, por supuesto también contra los de más allá. Todos sabemos que hay quienes se erigen en portaestandartes de la derecha y portaestandartes de la izquierda, quienes se presentan como portavoces de los catalanes y quienes se presentan como portavoces de los andaluces, quienes se erigen en heraldos de la Revolución y quienes explotan el miedo al cambio de los más inmovilistas. ¿Pero quién defiende transversal y desinteresadamente al conjunto de los españoles como votantes, como administrados, como consumidores… como ciudadanos dotados de derechos políticos, económicos y sociales?

Ese es el papel de la prensa plural e independiente. Esa nuestra tarea, nuestra obligación, nuestro desafío. Recordar todos los días a los españoles, mirándoles a la cara desde el ordenador, la tableta o el teléfono móvil, que como bien dijo el presidente de esta casa, y si empecé con Manuel Azaña acabo con Manuel Azaña, “nosotros somos nuestra patria”. Nosotros de uno en uno, pero todos juntos y con conocimiento de causa.

Esa es la España europea y universal en la que creo -sí: europea y universal-, la patria de la inteligencia de la que me siento partícipe, el proyecto común que anhelo contribuir a regenerar… desde la incertidumbre de la libertad.

Muchas gracias a todos. Después de las doce campanadas tendréis noticias mías.


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[Texto de la intervención en el Ateneo de Madrid con motivo de la presentación del libro Contra Unos y Otros. Los años de Zapatero y Rajoy, 2006–2014].