El cuento de los 16.000 millones y sus consecuencias

Francisco de la Torre Díaz, inspector de Hacienda y responsable del programa fiscal de Ciudadanos, enumera las falacias de una hipotética independencia de Cataluña. 

Esta campaña catalana ha tenido varios candidatos haciendo literalmente el indio: “coleta morada”, alias Pablo Iglesias diciendo que “Pequeño Pujol” votaba con “gran jefe plasma” “amnistía fiscal”. Ésta era la respuesta al lenguaje “indio” de Àrtur Mas y su petición de “butifarra” al electorado, es decir corte de mangas. Como era previsible, el nivel de las declaraciones fue bajando, y por ejemplo, la “musa estelada” del separatismo, Karmele Marchante pidió que se “quemen los bancos” que ponían en cuestión la soberanía catalana. Nadie en su sano juicio se tomaría esto en serio. Lo peor es que algunos economistas cercanos a la lista de Mas sí han pretendido que se les tome en serio con el resultado fiscal de la secesión, los famosos 16.000 millones, con los que el más conocido de ellos Xavier Sala i Martín, seguía insistiendo en el diario El País hace unos días.

Los 16.000 millones de “expolio fiscal”,”déficit de la balazanza fiscal” o “dividendo fiscal de la Independencia” de Cataluña (llámenlo como prefieran) no son una falacia, sino varias falacias en una. En primer lugar, este importe está calculado para el año 2010, cuando hay datos posteriores. La incapacidad de encontrar datos de algunos está siendo sorprendente. Por ejemplo, los economistas secesionistas sistemáticamente se utilizan datos de la Seguridad Social de los años 1995-2011, como si fuesen los últimos disponibles. Pueden ver un par de ejemplos aquí y aquí.

Sorprendentemente, o no tanto, 2011 fue el último año bueno en las cuentas de la Seguridad Social, con un déficit del 0,1%, y los años 1999-2009 estas cuentas tuvieron, todos los años, superávit. Claro, a partir de aquí llegan afirmaciones “curiosas” como que en una Cataluña independiente se podrían incrementar las pensiones un 10%. Lo que no se incluye en las explicaciones es el plano de Ikea para montar la máquina del tiempo separatista (TM) y volver a 2007.

En segundo lugar, una balanza sirve para orientarnos pero no mide los efectos de las decisiones de ruptura. Por ejemplo, la balanza comercial de España con China es claramente deficitaria, es decir le vendemos a China mucho menos de lo que le compramos. Sin embargo, si prohibiésemos el comercio con China, España no sería más rica sino más pobre. Esto es algo parecido a lo que le ocurriría a Cataluña con la segura salida de la Unión Europea y del Euro; que no es algo que diga yo sino Merkel, Cameron, la Comisión Europea, y cualquiera que se haya leído los Tratados.

Incluso prescindiendo de todo esto, la mayor falacia es que la Generalitat dispondría de 16.000 millones de euros para gastar al día siguiente de la secesión. En primer término, sí que hay un superávit en el sistema de financiación, pero sólo ascendió en 2013 según datos recientes de la propia Generalitat a 1.688 millones de euros. Recordemos que el sistema de financiación absorbe el 54% de la recaudación de impuestos del Estado. Esto quiere decir que el Estado recaudó en Cataluña de esta parte de los impuestos 17.362 millones de euros, de los que 15.674 quedaron para financiar a la Generalitat. Para seguir, la Generalitat cerró el ejercicio 2014 con un déficit de 5.152 millones de euros, el triple de su superávit en el sistema de financiación.

A esto hay que añadirle el problema más grave: las pensiones. En Cataluña, la Seguridad Social recaudó por cotizaciones sociales en 2014 14.495 millones de euros. En cambio, el gasto en pensiones contributivas en Cataluña ascendió a 19.973 millones. Esto supone un déficit de 5.478 millones de euros, que supuestamente una Generalitat independiente debería cubrir con impuestos; por lo menos si quiere garantizar que los pensionistas siguen cobrando su pensión. Naturalmente, hay una solución, bueno dos, una es la ya comentada de la máquina del tiempo para volver a 2007.

La otra solución es más brillante, como corresponde al conseller de Economía de la Generalitat, el profesor Mas-Colell. La solución consiste en que ” los catalanes que han cotizado “durante décadas” tienen “derecho” a cobrar las pensiones, ya que se trata de un “contrato individual” entre ellos y España, una “obligación legal” que se podría reclamar ante los tribunales internacionales”. Si no le ha quedado claro, o si no se lo puede creer, se lo traduzco: La Seguridad Social España tendría que pagar las pensiones de los catalanes, aunque las cotizaciones las cobraría la nueva Seguridad Social catalana.

Si usted tiene nociones básicas de cómo funciona la Seguridad Social verá que algo falla: esencialmente que las pensiones de hoy se pagan con las cotizaciones actuales. Esto significaría que la Seguridad Social Española que ya tiene un importante déficit, estaría simplemente quebrada, y que los pensionistas catalanes no podrían cobrar; salvo que los dirigentes separatistas recapacitasen y decidiesen pagar las pensiones con las cotizaciones de los trabajadores y las empresas catalanas. Pero claro, esto lleva a un déficit abultado.

Estos números, si se pagan las pensiones, que no son un ejercicio de simulación teórico, sino simplemente sumar los datos oficiales de la Generalitat y la Seguridad Social, dejan un déficit de 8.942 millones de euros antes de construir una réplica de la Administración del Estado. Esto habría que hacerlo con el 46% de los impuestos estatales recaudados en Cataluña, los no incluidos en el sistema de financiación, y no serían bastantes.

El principal problema es que estos impuestos, y todos los demás, hay que cobrarlos. Sin embargo, Cataluña no dispone de una Hacienda que pueda hacerlo, dado que “no dispone de bases de datos”, ni de “una organización de medios personales y materiales” que le permita controlar las obligaciones tributarias de los catalanes. Esto no sólo es mi opinión, ni la de cualquiera que conozca la Hacienda Catalana, que también, sino el diagnóstico del Consell Asessor per la Transició Nacional de la Generalitat de Cataluña, en su segundo informe (página 88).

En fin, no sólo no hay 16.000 millones teóricos en caja, sino déficit, es que, además, no hay capacidad práctica para cobrar los impuestos. Esto lleva a un déficit fuera de control.

¿Qué le ocurre a un Estado que tiene un déficit descontrolado? Que si puede recurre a su propio banco central y emite moneda para cubrir el déficit. Si no puede, porque el Banco Central está fuera de su control, tendrá que subir sustancialmente impuestos a los que ya pagan, y efectuar drásticos recortes. La primera es contra la que alertaron las entidades financieras en su comunicado, y que dio lugar, a los pocos días a las declaraciones del Gobernador del Banco de España, señalando que podía haber un “corralito” en Cataluña.

¿Todo esto lleva a un corralito? No, porque nadie se termina de creer que esto acabe pasando. El problema es que el mero hecho de que se plantee origina temor. Esto, como se confirme en las elecciones, será un problema real, porque los mercados financieros lo descontarán. España no quería salir del euro en 2012 ni quería impagar la deuda, como amenaza Àrtur Mas, pero la existencia de esa eventualidad, ínfimamente probable, como se demostró luego, llevó la prima a más de 600 puntos. Esto significó el corte de financiación de muchos proyectos con consecuencias muy graves sobre el consumo, la inversión y el empleo, sobre la economía real.

Las opciones separatistas, bien apostando directamente por la salida del euro, como las CUP, bien proponiendo políticas que necesariamente lo implican como la lista de Mas, están comprando boletos en la rifa de una crisis financiera.

En fin, el domingo los catalanes tienen la palabra; tienen que elegir entre los que hacen el indio, los que proponen viajes a Ítaca, viajes a ninguna parte, y los que creen que las ventajas de estar juntos son muy superiores a las falacias y a la fantasía, aunque sólo sea porque son reales. En cualquier caso, su voto importa más que nunca, por razones sociales y económicas, aunque muchos no se lo terminen de creer. Las consecuencias nos acabarán afectando a todos, a ellos los primeros.

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Francisco de la Torre Díaz es Inspector de Hacienda, autor de “¿Hacienda somos todos? y responsable del programa fiscal de Ciudadanos.

Diccionario satírico burlesco (y XV)

 

Anna Grau concluye su particular diccionario satírico burlesco catalán con un apéndice en el que incluye algunas de las palabras que más repercusión han tenido en la campaña electoral, como es el caso de Botifarra o Corralet.

Borrell

Cuando era ministro y secretario de Estado de Hacienda, el catalán José/Pepe Borrell, según la confianza y los gustos, salía abundantemente en TVC. No siempre por el lado bueno, pero salía. Ha bastado que se siente a escribir un libro (Las cuentas y los cuentos de la independencia, Catarata) haciendo números de lo que costaría de verdad la secesión de Cataluña de España para que pase a ser inentrevistable, innombrable y hasta impensable. Vamos, es que ni en Blanquerna, la librería de la Generalitat en Madrid, le han dejado presentar el libro. (En confianza, yo también quería presentar uno ahí y me pusieron tantas pegas que desistí… ¿será la agenda el moderno índice de lecturas prohibidas?). En su estudio, Borrell tritura la fantasía de que una Cataluña que se va de casa se iría con 16.000 millones de euros extra. Qué va. Como mucho sacaría 3.000 millones y se tendría que gastar el triple para empezar a hablar de dotarse de los servicios normales que normalmente paga el Estado, desde el Ejército hasta Correos pasando por embajadas de las de verdad, con embajadores que presentan credenciales y todo… Eso sin contar el delicado tema de qué pasa con los pensionistas que han cotizado toda su vida en Cataluña pero al jubilarse e irse a su pueblo de origen han empezado a cobrar la pensión fuera… O con la deuda pública acumulada… ¿No les parece extraordinario que TVC considere que todos estos no son temas de interés durante la campaña electoral que nos ocupa? ¿Cuándo habría que hablar de ellos, entonces, y dónde? ¿El verano que viene en las fiestas de Sigüenza?

Botifarra

Embutido muy popular en Cataluña, sobre todo en los restaurantes de cocina étnica después de que Artur Mas desvelara sorpresivamente su ascendencia india. Para que luego digan que el mestizaje es un obstáculo que impide acceder a la presidencia de la Generalitat: pues los catalanes hemos tenido presidentes nacidos en Córdoba, y ahora uno que resulta que es medio Pocahontas. No se le notaba nada: la inmersión lingüística hace milagros. Uno de los más interesantes es explicar por qué la expresión castellana “corte de mangas” se traduce por “botifarra” en indio algonquín y en catalán. Sin duda la etimología catalana prefiere poner el énfasis en la mitad de la manga que, al cortarse, queda desafiantemente erecta. ¿Ven? Basta con una cucharadita de bilingüismo para hacer mucho más divertido cualquier tipo de órdago.

Corralet

Salen las entidades bancarias y de ahorro más serias de Cataluña y de España a decir que poca coña con esto de la secesión, que hay experimentos que ni con gaseosa (refresco barato, pero que tampoco se vende exacta ni completamente gratis…); sale el Banco de España a avisar del peligro de corralito a la catalana, de corralet, si alguien confunde la zona euro con un cajero automático en Bangladesh; y salen los que llevan tiempo viviendo de la mamandurria de la subvención o del tres per cent a decir que imposible y a poner el grito en el cielo. ¿A quién creería usted? Por cierto, ¿saben que ya ha habido corralet en Andorra? ¿Adivinan por culpa de quién? Fue poco después de que la Banca Privada d’Andorra resultase intervenida por orden del Tesoro de Estados Unidos a raíz de su entusiasmo blanqueador de capitales…

DUI

No es dispositivo intrauterino (DIU) mal escrito, pretende ser una manera compacta, informal y guay de referirse a la Declaración Unilateral de Independencia. Esa que todo el mundo coincide en que no tendría otro efecto jurídico que el de marear la perdiz, ni otro efecto político que el de marear la perdiz. Pues sí, por partida doble. Ganen o pierdan las elecciones los partidarios de declarar eso, no se va a notar mucho la diferencia, porque en cualquier caso podrán ampararse en el recurso de que no les dejan hacer lo que les da la gana como a ellos les da la gana, para ni hacerlo de una p… vez (y a ver qué pasa de verdad, qué pasa en serio) ni para admitir de una p… vez que no puede hacerse. Amagar y no dar… siempre unilateralmente, claro. Faltaría.

Margallo vs Junqueras

Combate, más que debate, del año. Vuelven los pesos pesados a bailar en la lona. En el PP catalán están de los nervios (pero allí siempre han sido carne de Prozac, para qué nos vamos a engañar) y hasta en Madrid cunden los despistados que creen que el ministro Margallo se metería en un jardín así (como aquel otro ministro que se reunió en su ministerio con Rodrigo Rato…) sin que Mariano Rajoy como mínimo diga: venga. Que igual no significa lo mismo que vale, pero incluso para un gallego se le parece mucho. Lástima que este tipo de debates sólo suelen calar en los ya convencidos. Todos los demás ven la tele, piensan y votan a balón parado. Pero sólo con que algún indeciso se quitara aquel día de la peli o del fútbol, podría quedar agradablemente sorprendido al ver dos de las mentes menos trilladas que se interesan por este conflicto frente a frente, moderadas por el periodista Josep Cuní en la televisión del conde de Godó, que a este paso se va a zampar con patatas lo que queda de TVC…

Cómo evitar una guerra civil en Cataluña

lesquella2Sólo poniendo en evidencia la esterilidad de todas las trampas éticas, estéticas y dialécticas de esta coalición de salteadores de caminos que pretende apropiarse de lo que nos pertenece a todos los españoles y esclavizar a los discrepantes que queden bajo su yugo, podrá abortarse la guerra civil larvada que se vive en Cataluña.

Ilustración: Javier Muñoz

Me fustiga FJL para que abandone el historicismo porque, por poner el último ejemplo, sólo una porción minúscula de mis lectores había oído hablar del ¡Cu-Cut! antes del pasado fin de semana y lo que les interesa a todos, según él, es que vaya al grano en relación a lo que sucede hoy en Cataluña. Pero como me crezco en el castigo y tengo alma de reincidente esta semana desembocaré nada menos que en L’Esquella de la Torratxa -el cencerro de la torreta-, gran rival del ¡Cu-Cut! en la batalla de la prensa humorística barcelonesa de hace un siglo.

Y es que no encuentro mejor manera de explicar mi receta para invertir el curso autodestructivo y tal vez trágico que ha tomado el contencioso catalán que remitirme a lo que ocurría en 1915. Porque nos sobra Dato y nos falta Cambó. Eso significa que si todo diálogo de envergadura requiere de interlocutores adecuados, ahora mismo brillan por su ausencia en ambos bandos. En un caso por incapacidad del incumbente, en el otro por la cobardía política del llamado de rebote a desempeñar ese papel.

Las grandes crisis miden a los gobernantes y la utilidad de la Historia reside en que siempre se repite. El asesinato de Canalejas y el distanciamiento entre Alfonso XIII y Maura habían colocado al timorato administrador de fincas urbanas Eduardo Dato al frente del Gobierno cuando estalló la Primera Guerra Mundial. La recién estrenada Mancomunidad de Cataluña reclamaba el establecimiento de las llamadas zonas francas que permitieran capitalizar la neutralidad española estimulando el comercio a través del puerto de Barcelona. Toda España se vería beneficiada pero la oposición de las Cámaras de Comercio y otros estamentos proteccionistas en Castilla o Aragón coadyuvaron al estado natural de Dato: la parálisis por el análisis. La radicalización en Cataluña estaba servida.

“El separatismo grave, el separatismo actual de los catalanes -clamó Cambó, líder de la Lliga- es aquel sentimiento de distanciación, de alejamiento, que de manera suave y persistente va penetrando en nuestros corazones, al ver como casi todos los españoles no catalanes se avienen tranquilamente a estar representados y regidos por un Poder público superpuesto a la vida nacional y que es una síntesis de todas las ineptitudes y de todas las inconsciencias”.

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Ilustración: Javier Muñoz

Eran los mismos registros que había entonado Ortega el año anterior en el Teatro de la Comedia, al denunciar la “vieja política” de los partidos turnantes. “La persistencia en la dirección del Estado de la política que hoy representa el señor Dato -se quejaba Cambó- ha venido a destruir nuestro optimismo, a desvirtuar la acción pacificadora de nuestras campañas, a dar razón a los mayores radicalismos del nacionalismo catalán”.

Para el jefe de la Lliga aquel gobierno, “envanecido con una prosperidad creada a pesar de él”, representaba “un gran cero, un vacío, una inacción”. Hasta el extremo de que su falta de iniciativa transmitía el mensaje letal de que “aquí en España no hay nada que hacer”. ¡Qué estremecedoramente cercano suena todo ello!

Contra ese derrotismo se rebeló Cambó en el célebre “banquete del Tibidabo” -14 de julio de 1915- desde una perspectiva inequívoca: “El dia que nosaltres, els catalans, sentint que una reforma és convenient per al nostre país, no lluitéssim per conseguir-la, seriem uns traidors a Espanya, perquè amb la nostra apatía deixaríem de treballar per a qu’es produís un bé a un troç d’Espanya”. Gritos de “Molt bé!”, “Molt bé!” brotaron de una audiencia constituida por las fuerzas vivas de Cataluña.

Era la misma perspectiva que al año siguiente se plasmaría en el histórico manifiesto Per Catalunya i l’Espanya Gran redactado por Prat de la Riba. Pero antes de que concluyera 1915 a Cambó le tocaría presenciar el gesto melodramático de su gran rival Francesc Maciá al renunciar a su acta de diputado en las Cortes, como protesta a la pasividad de Dato, no en relación a las zonas francas… sino al urgente rearme naval que propugnaba el entonces portavoz de Solidaritat Catalana. Así consta en las memorias del líder de la Lliga: “Maciá es posà en un estat de frenètica excitació i presentà la renuncia de l’acta, dient que no volia ésser diputat d’un Parlament que no es preocupava prou de la defensa i fortalesa militar d’Espanya. Aquest home seria el cap dels separatistes catalans!”.

Con estos antecedentes se comprenderá mi satisfacción tras ver publicado esta semana en nuestro blog un brillante artículo de Ignasi Guardans, nieto de Cambó, con cuyo diagnóstico esencial coincido al cien por cien: “No existe un problema catalán. Existe un grave e inminente problema español, con causas en Cataluña y en España”. Por eso, como él titula, es “tiempo de reinventar España”. Unos ponen el acento en el modelo territorial, otros lo ponemos en las reglas del juego democrático. Se trataría en todo caso de reformar la Constitución -o si se quiere de perfeccionarla o enmendarla- para relanzar la afección de los ciudadanos hacia el sistema político, tal y como ocurrió durante los años de la Santa Transición.

En ese contexto reconstituyente debería fraguarse un nuevo consenso que incluyera al nacionalismo moderado. Pero, como digo, para esa negociación no sirve el estólido Rajoy que mandaba SMS de apoyo a Bárcenas y hace falta alguien que en la Cataluña actual recoja el testigo de Cambó, Prat de la Riba o Tarradellas. Ese debería ser el papel de Duran i Lleida si Unió lograra entrar en el Parlament y terminara sirviendo de refugio a la frustración que se avecina en gran parte del electorado de Convergencia. De ahí que cueste entender lo tarde que ha reaccionado y el propio hecho de que no lidere personalmente la candidatura.

En ese contexto reconstituyente debería fraguarse un nuevo consenso que incluyera al nacionalismo moderado. Para eso no sirve el estólido Rajoy y falta alguien como Cambó.

Es muy elocuente en todo caso que Miquel Roca, antagonista crónico de Unió en el seno de CiU, acabe de significarse por su apoyo público al cabeza de lista Ramón Espadaler. Es fácil entender que alguien como Roca -que en definitiva protagonizó el último intento baldío de modernizar España desde Cataluña- sienta desmoronarse todos sus esquemas cuando ve a quien le sucedió como heredero de Pujol, incrustado entre el ecocomunista Romeva y el republicano Junqueras, dependiendo de los anarquistas de las CUP y bajo la sombra de los trostkistas que trufan la lista de la sucursal catalana de Podemos.

En términos de la iconografía que hace un siglo reflejaba L’Esquella de la Torratxa es como si el archiburgués señor Esteve de la célebre novela de Rusiñol -representado por el gran dibujante Picarol con sombrero de copa y gafas negras- se aliara con los sindicalistas de la “Rosa de fuego” para reproducir el Corpus de los Segadors. Sólo el soberanismo identitario es capaz de fraguar esta especie de Soviet de Capitalistas y Proletarios que tanto escandaliza a los pocos intelectuales genuinos que quedan alrededor: ¡opresores y oprimidos del mundo uníos bajo el manto estelado de la patria catalana!

Esta vez no tiene por qué correr necesariamente la sangre por la Barceloneta; pero dado que tanto Mas como Romeva ya han anunciado que les bastará contar con la mayoría de los escaños en el Parlament para iniciar un proceso unilateral de independencia, es decir para despojar a los no independentistas de sus derechos como españoles, es obvio que están creando las bases de una guerra civil en Cataluña. Porque es previsible que no todas sus víctimas se rindan.

En estos momentos se trata sólo -¿sólo?- de lo que en certera expresión del profesor Martín Alonso –El Catalanismo del éxito al éxtasis, Editorial El Viejo Topo- es “una guerra civil intramental entre el cerebro lógico y el étnico”. O sea entre la razón y la tribu. Por eso nadie puede permanecer neutral, vayamos o no a mayores, pues bastaría que un sólo compatriota lo reclamara para que toda la fuerza del poder legítimo tuviera la obligación de desplegarse para protegerle.

Según Guardans no veremos “actos burdos contra el Estado de grosera estética batasuna” sino “escenarios de desobediencia civil planificada… entre globos y sonrisas, apelaciones a la dignidad y la democracia, entre niños y familias, hablando en inglés ante las cámaras del mundo”. Pero bajo esas formas edulcoradas en la superficie, la brecha del desgarro social seguirá abriéndose en el interior de la vida cotidiana de Cataluña, tal y como pronosticó Aznar y acaba de denunciar González.

Baste como botón de muestra el mensaje que ha recibido estos días uno de nuestros suscriptores, a través de su círculo profesional, cuando TV3 se ha visto obligada a ofrecer espacios “compensatorios” a los partidos constitucionales, tras su grosero alarde propagandístico de la Diada:  “Segons han dit a TV3, el proper diumenge de 4 a 7 de la tarde, faran el programa que els obliga la Junta Electoral Central amb representants dels partits unionistes. Seria bo que els partidaris del SI no sintonitzem TV3, la nostra, en aquesta franja horària i que, un cop acabada la vomitada dels enemics de Catalunya, tornem a sintonitzar TV3, facin el que facin. Pasa-ho als teus contactes!!!!!!”.

Es lo que propugna la sedicente Assemblea Nacional de Catalunya. Los halcones del “No” a la legalidad constitucional, travestidos en palomas del “Sí” a un orden imaginario, llaman  “unionistas” a los partidarios de dejar las cosas como están desde hace medio milenio; consideran, por costumbre, que la televisión que pagan todos los catalanes con ayuda de Montoro es suya; y se destapan al tildar de “vomitona de los enemigos de Cataluña” los argumentos de sus antagonistas. Este es el odio cainita que urge parar primero en las urnas y después, si es preciso, con todas las armas del derecho.

Sólo poniendo en evidencia la esterilidad de todas las trampas éticas, estéticas y dialécticas de esta coalición de salteadores de caminos que pretende apropiarse de lo que nos pertenece a todos los españoles y esclavizar a los discrepantes que queden bajo su yugo, podrá abortarse la guerra civil larvada que se vive en Cataluña. La Unión Europea y la banca -Fainé ha dado al fin el meritorio paso adelante que la ocasión requería- han aportado luz al que quiera ver. El problema es que, como escribió Orwell,  “si uno alberga una lealtad o un odio nacionalista, ciertos hechos, aunque de algún modo se sepa que son verdaderos, resultan inadmisibles”.

Sólo poniendo en evidencia la esterilidad de todas las trampas de esta coalición de salteadores de caminos, podrá abortarse la guerra civil larvada que se vive en Cataluña

A Mas y sus compañeros de viaje esto no puede salirles gratis. Pero aunque su castigo democrático es condición necesaria, no es condición suficiente. Cuando Ramonet, el hijo idealista del prosaico señor Esteve, le dice que quiere dedicarse a las artes plásticas, el personaje de Rusiñol pronuncia una frase doblemente lapidaria: “Seràs esculptor però jo pagaré el marbre”. Ahí está compendiada toda Cataluña, vista por sí misma.

También la idea distorsionada que muchos catalanes siguen teniendo de su relación con el resto de España. Pero aunque sea imprescindible seguir discutiendo cómo se paga el mármol -o sea revisar el modelo de financiación autonómica-, más importante aún es tener éxito con la escultura.

Eso es lo que nos ha enseñado esta semana un talentoso y esforzado grupo de españoles, liderados por un catalán inconmensurable llamado Pau Gasol: el camino del triunfo compartido. Cuando la Espanya Gran renazca de las cenizas de su actual mediocridad, Cataluña dejará de ser un problema. Porque lo que la gloria -y la prosperidad y el prestigio y el peso en el mundo- ha unido no lo van a separar ni Mas, ni Junqueras, ni Romeva.

Lee la serie ‘El libro negro del periodismo en Cataluña’ 

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’ / 6. La opinión dependiente’

También en EL ESPAÑOL:

Cincuenta sombras de Mas

ALBERT GEA / REUTERS

Francisco de la Torre, inspector de Hacienda y responsable del programa fiscal de Ciudadanos, recurre a los números para desmentir la visión idílica que de una hipotética Cataluña independiente ofrecen los partidarios de la secesión.

“Le vamos a dar sexo a Mas, le vamos a dar látigo…”. Aunque la frase parece sacada de la novela Cincuenta sombras de Grey, en realidad la pronunció hace unos días Pablo Iglesias, líder de Podemos. Parece que en una campaña como la de las catalanas, completamente fuera de la realidad, Iglesias pretendía, por lo menos, que las fantasías fueran para adultos. Eso no siempre se aprecia debidamente y otro intelectual, el cantautor Lluís Llach, número uno por Girona de la lista de Mas, salió en defensa de su jefe y recomendó a Iglesias que arreglase sus problemas sexuales en el psicólogo.

Un ejemplo muy claro de que esta campaña está siendo de fantasía más bien infantil son las declaraciones de la número dos y ex presidenta de la Asamblea Nacional de Cataluña, Carme Forcadell, que prometía que las abuelas no tendrían que hacer de canguros de sus nietos en una Cataluña independiente. Lo que no aclaraba Forcadell es el estado de las negociaciones con Australia para traer los canguros necesarios.

En fin, todo esto es muy divertido pero no le va a solucionar los problemas a ningún catalán. Es más, parece que puede agravarlos porque gobernar sin ideas y sin programas sólo puede conducir al desastre. La sombra más evidente de la lista en la que Artur Mas se ha emboscado de número cuatro es su ausencia de programa y de ideas. Esto no es una forma de hablar, es literal: la mezcolanza de ex comunistas del PSUC como Romeva, la gente de Esquerra Republicana, independientes y Convergència, no presenta programa y sólo tiene una idea en común: la declaración unilateral de independencia. Eso para gestionar un presupuesto de gasto de más de 23.800 millones de euros, con centenares de colegios, centros de salud o institutos es una receta segura para el desastre.

La segunda gran sombra también pertenece al género del sadomasoquismo: los números del “expolio fiscal”, ahora rebautizado como “dividendo fiscal de la independencia”. Una declaración unilateral de independencia sería muy negativa para el resto de España, pero el estado de hastío con todo este tema es tal que muchos españoles estarían por aprobarla. Sin embargo, los mayores perjudicados serían los propios catalanes.

Hay una lista muy importante de perjuicios para Cataluña: las relaciones comerciales, los problemas financieros por la salida del euro, los aranceles, el restablecimiento de fronteras… Podríamos seguir. Pero según los apóstoles del secesionismo todo se arreglaría porque la Generalitat tendría más recursos.

Esto dista de estar claro pese al jaleo de balanzas fiscales, cuentas públicas territorializadas y otros oscuros cálculos económicos. Veamos. Según los datos de la Generalitat, los contribuyentes de Cataluña aportaron 17.362 millones de euros en 2013. La Generalitat recibió ese año recursos tributarios del modelo de financiación por un importe de 15.674 millones. La diferencia no son los tan cacareados y falsos 16.000 millones, sino sólo 1.688 millones de euros. Es decir, 223 euros por residente en Cataluña o un 7% del Presupuesto de la Generalitat. Aquí se puede acceder a los datos oficiales del gabinete del conseller Mas-Colell.

Estos datos corresponden al 54% de los impuestos recaudados por la Agencia Tributaria: el 50% de la recaudación del IRPF, el 58% de los impuestos especiales y un 50% del IVA, así como fondos adicionales del Estado procedentes de los demás impuestos. En total, algo más de 93.000 millones de euros repartidos a las comunidades autónomas.

Este modelo, que muchos consideran injusto, es el que Zapatero pactó precisamente con Artur Mas, incorporándolo al Estatuto de Cataluña, y que Rajoy y Montoro se han negado a modificar, pese a la mayoría absoluta del PP.

Después de la ansiada independencia, la Generalitat seguiría con déficit aun ahorrándose la solidaridad interterritorial

¿Por qué esta diferencia? Aunque sea la décima parte de lo publicitado por la Generalitat, no es un dividendo que un Gobierno catalán se pueda gastar en caso de secesión. En primer lugar, porque el déficit de la Generalitat es muy superior: por ejemplo, 3.860 millones en 2013 o 5.152 millones en 2014. Traduciendo, la Generalitat seguiría teniendo déficit, aunque no aportase un euro a la solidaridad interterritorial. No está de más recordar que este déficit lo está financiando el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA). Es decir el Estado, a tipos cercanos a cero. El FLA, a estas alturas, ya ha adquirido más de la mitad de la deuda autonómica.

En segundo lugar, porque el nuevo Estado catalán tendría que cubrir un grave déficit en pensiones. Como ya explicamos en EL ESPAÑOL y en otros medios, hay un grave problema en la Seguridad Social porque las cotizaciones no cubren el importe a pagar por las pensiones y los subsidios.

En 2014 se recaudaron en España por cuotas de Seguridad Social 97.736,17 millones y se pagaron en subsidios y pensiones 111.938 millones. En una Cataluña independiente esas cifras serían peores. Durante décadas, Cataluña ha sido el territorio con menor natalidad. Las bases de cotización de sus trabajadores -ahora jubilados- están entre las más elevadas. En esta situación, si la Generalitat no pudiera destinar ingentes recursos a tapar el agujero, las pensiones no estarían garantizadas en una Cataluña separada de España.

En tercer lugar, queda por ver si el 46% de los impuestos que ahora recauda la Agencia Tributaria en Cataluña y que financia la Administración del Estado serían superiores o no a los que Cataluña tendría que emplear en gastos estatales que ahora no paga como la red de embajadas o el gasto militar. Esto no está claro, pero incluso aunque fuese así no podría compensar todo lo anterior. Lo que sí está claro es que en esa orgía de despilfarro y duplicidades algunos se iban a llevar más del 3%.

Por otra parte, los impuestos hay que recaudarlos, y eso no es fácil ni se improvisa. Mientras se establecen obligaciones de información y sistemas informáticos y se prepara al personal, el fraude se dispara y la recaudación se derrumba. Y ese mientras tanto son varios años. Pretender, como hace el Consell Assessor per a la Transició Nacional de la Generalitat en su informe, que todos los catalanes pagarían voluntariamente aunque no hubiese sistemas de control… forma parte de las fantasías más infantiles o es puro teatro.

La historia del ‘expolio fiscal’ es un mito que estoy dispuesto a discutir con cualquier economista de la lista de Mas

Es una lástima que no haya la más mínima manifestación de ningún alto cargo de la Agencia Tributaria o del Gobierno explicando esto. Por mi parte, estoy dispuesto, al igual que otros miembros del equipo económico de Ciudadanos como Luis Garicano o Toni Roldán, a discutir con cualquier economista de la lista de Mas los aspectos económicos de la ruptura con el resto de España. Los ciudadanos catalanes se merecen una explicación de las consecuencias económicas de los proyectos que se presentan a las elecciones.

Esta historia del “expolio fiscal” o del “dividendo” es un mito y debería llamarse la quimera del oro, igual que la novela de Jack London. Como relata este escritor, miles de mineros perdieron la vida en Alaska buscando un oro que muchas veces no existía. Los pocos que lo encontraron fueron expoliados por todo tipo de pícaros y malhechores.

Todo esto es una metáfora de muchas de las sombras de Mas y su lista: los depósitos en Liechtenstein, las cuentas ocultas en Suiza, el tres per cent, el caso Palau… hasta el padre de la patria Pujol ha confesado haber defraudado a Hacienda. Son decenas de casos de presunta corrupción salpimentados con alguna conversación secreta de alto voltaje sexual grabada con micrófono oculto para que no falte de nada… La súbita conversión al secesionismo de muchos convergentes -incluido su president Artur Mas- ha ido en paralelo a los descubrimientos de casos de corrupción.

Seamos honestos y tratemos al lector como adulto: todo esto no sólo pasa en Cataluña. De hecho, esto no habría pasado en Cataluña sin la connivencia de los sucesivos gobiernos españoles del PP y el PSOE. Pensemos, por ejemplo, en el ex fiscal jefe de Cataluña y anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, que ha declarado que recibió órdenes de todos los fiscales generales de no investigar a Pujol.

Estas sombras no desaparecerán adentrándose más en la oscuridad del viaje a Ítaca, del viaje a la secesión, del viaje a ninguna parte. Estas sombras sólo desaparecerán con la regeneración. La crisis en Cataluña no es más que el reflejo y la reacción ante la gravísima crisis moral, económica e institucional en toda España. Como señala Albert Rivera, “no habrá una España unida, si no se regenera España”. Para esto, más que látigo y sexo, hacen falta proyecto, ideas claras y decencia. Dejemos la fantasía y el sado-maso para las novelas y el cine y no para la política. Nos irá a todos mucho mejor.

Francisco de la Torre Díaz es inspector de Hacienda del Estado, autor de ‘¿Hacienda somos todos?’ (Debate) y responsable del programa fiscal de Ciudadanos.

Margallo en estado puro

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Habló José Manuel García-Margallo este jueves en Barcelona de “encajar el hecho catalán en términos constitucionales en la realidad hispánica” y de modificar un sistema de financiación cuyo modelo es “injusto”. En Madrid cayeron chuzos de punta. 

Habló José Manuel García-Margallo este jueves en Barcelona de “encajar el hecho catalán en términos constitucionales en la realidad hispánica” y de modificar un sistema de financiación cuyo modelo es “injusto”. En Madrid cayeron chuzos de punta. En principio, nada nuevo. Desde hace ya casi cuatro años, Margallo es ministro de Asuntos Exteriores a tiempo parcial y nuestro-hombre-en-Cataluña a tiempo completo.

Esta querencia por la cuestión catalana se justifica por una vieja pasión que arrastra desde 1973 (el sistema de financiación en España) y una igualmente antigua e intensa amistad personal, la que mantiene desde la década de los 80 del siglo pasado con Mariano Rajoy. También se debe a una particular forma de ser y de hablar que ha generado un nuevo término en español: “Margallada”.

Llámese pensamiento libre o verso suelto. A raíz de este último ejemplo de un Margallo en estado puro, los extremos del PP ironizaron sobre su pertenencia a Junts pel Sí y sobre su “rescate a los separatistas”. Lo normal. Lo que nunca había ocurrido es el correctivo público al que lo sometió Pablo Casado, el portavoz popular recién salido del horno: “Se trata de una opinión personal”. ¿Globo sonda o boca grande? Lo segundo con poco margen de duda, según conocedores de la política con mayúscula, ésos que sienten poca simpatía por el hecho cierto de que Margallo haya pasado media vida estudiando y escribiendo sobre la materia.

Hace justo un mes que John Müller escribió en El Mundo sobre el proyecto de reforma constitucional que Margallo ha elaborado para Rajoy y que éste guarda en La Moncloa desde el pasado otoño. Según Müller, que ya hablaba de las cosas de Margallo cuando pocos conocían en España a ese oscuro europarlamentario que acabó convertido en ministro, se trata de una “apuesta por un modelo federal sin tapujos” que incluye la reforma fiscal y el respeto al principio de ordinalidad tan caro para el Gobierno catalán. También en el verano concedió entrevistas Margallo a El País y a ABC para ventilar las bondades de su documento. La última, el pasado domingo en Expansión. Ahora le toca el turno a las televisiones: El Cascabel y La Sexta. Habrá más, mucho más, de aquí a diciembre. ¿O no?

“Una cosa es la academia y otra la política”, arguyen los que quisieran haber visto a Margallo más volcado en la condena del líder opositor venezolano Leopoldo López y menos pendiente de la reacción de su propio partido a sus palabras en Barcelona. “Han cambiado las circunstancias”, explican otros en referencia no sólo al comienzo de la campaña catalana sino a un hecho indiscutible que Margallo parece olvidar: que quizá debería tener en cuenta lo que Xavier García Albiol y Jorge Moragas tienen que decir al respecto. El próximo 23 de septiembre, Margallo vuelve a Barcelona. ¿Modulará sus enormes conocimientos sobre la cuestión catalana? Todo parece depender de una conversación que sólo él puede tener.

Cataluña explicada a los no catalanes

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El 27 de septiembre hay elecciones al Parlamento catalán. Son unas elecciones normales… O no. El presidente que las convoca, Artur Mas, quiere que se vea cuántos catalanes quieren ser independientes. ¿Pero por qué hay catalanes que quieren dejar de ser españoles? Es una larga historia. 

Aquí puedes ver la versión en inglés

El 27 de septiembre hay elecciones al Parlamento catalán. Son unas elecciones normales… O no. El presidente que las convoca, Artur Mas, quiere que se vea cuántos catalanes quieren ser independientes. ¿Pero por qué hay catalanes que quieren dejar de ser españoles? Es una larga historia.
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Aquí puedes ver la versión en inglés

Diccionario satírico burlesco (II)

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En la segunda entrega de su glosario particular, Anna Grau se adentra en la letra B. Nos trae esta vez términos que dan mucho juego, como Balanzas fiscales, Bandera o Barça. A través de ellos, y con su humor y escritura punzante, nos ayuda a conocer un poco mejor la realidad catalana.  

Lee aquí el primer capítulo del diccionario 

Badalona

Ya tiene que ser bonito Badalona, que cantaba Joan Manuel Serrat, para aguantar que allí se hayan afincado tanto el nuevo y flamante candidato del PP catalán, Xavier Garcia Albiol, como la Pasionaria del prusés, Pilar Rahola. Ambos dos de una contundencia avasalladora y de un carácter netamente killer que si por lo que sea no sabes con quién estás tratando, te enteras en seguida. Los extremos se tocan, los enemigos se parecen: Albiol promete limpiar el oeste del Besòs de gitanos rumanos, Rahola de catalanes unionistas y españoles. ¿Qué sería de la Cataluña moderna, esa sardanaza de cursis, sin semejantes fuerzas de la naturaleza y de la política sin complejos y sin escrúpulos? En otra vida y en otro país Albiol y Rahola podrían ir de la mano. En la vida y en el país que les ha tocado se la tienen que morder el uno a la otra. Pero en el fondo conectan más entre sí que con sus pánfilos líderes respectivos. Qué buenos perros de presa si tuvieran, ambos, buen señor. De la jauría de enfrente no iban a quedar ni los huesos.

Balanzas fiscales

Cuenta del Gran Capitán y de la vieja que nunca cuadra. A saber: uno suma todo lo que el Estado ingresa en una comunidad autónoma, luego le resta todo lo que ahí se gasta, y el saldo que quede a favor (del Estado) equivale al grado de expolio que esa desdichada comunidad autónoma sufre. ¿Queda claro? Por supuesto no hay que hacer caso de Liberty Valance ni de Madrid cuando en vano se desgañitan y advierten de que las cosas no siempre son tan sencillas ni están tan claras. Que hay servicios y sinergias generales muy difíciles de cuantificar y que, teniendo en cuenta la progresividad de los impuestos sobre la renta, las cotizaciones a la Seguridad Social, etc., etc., te pongas como te pongas, para que todos los individuos paguen lo mismo, algunos territorios donde hay más individuos ricos por metro cuadrado tienen que pagar más. Eso sin contar con que, cuando una comunidad autónoma tiene la suerte de estar gobernada por partidos nacionalistas, eso desencadena un corolario fascinante: y es que si el Estado no invierte es un cerdo, pero como invierta es un cretino, porque el pantano lo inaugura y el tanto se lo apunta el jefe de la tribu local. Con lo cual se produce una inmediata disfunción eréctil inversora en Madrid… inmediatamente compensada, en Barcelona, con un marcar paquete y un cerrar ambulatorios para abrir carísimas embajadas culturales en el extranjero. ¡Honra sin barcos! Ergo, si te ha tocado un gobierno autonómico nacionalista, disfruta de las vistas a la autopista (de peaje) y apriétate tres agujeros más el cinturón. Por cierto, en Madrid tienen tanta culpa o más de este despropósito porque incluso cuando sacan las cuentas se hacen un lío con ellas. Dan así eterna carnaza a los que acusan al Estado de sisar cual fámula viciosa o de invertir más allá donde más les votan…

Bandera catalana y/o estelada

Igual que los semáforos dan de sí tres luces (rojo, amarillo y verde), la bandera catalana tiene tres posiciones: reposo, ataque y misión imposible. En reposo es la senyera de toda la vida, las cuatro barras rojas sobre fondo de oro inspiradas en la sangre y en la leyenda de Guifré el Pilós, Wifredo el Velloso. En pleno franquismo su capacidad de subversión satisfacía plenamente a todo el mundo, pero en tiempos más recientes ya no basta; entonces hay que sacar l’estelada, la versión que incorpora un lucerito blanco sobre fondo azul, a la cubana. En esta posición de ataque la bandera ya no es meramente catalana: es independentista y antiespañola. Como no podía ser de otra manera tratándose de Cataluña, hay quien intenta nadar y guardar la ropa, misión imposible pero no tanto como parece. Para este tipo de cross-dressing patriótico se inventó l’estelada clandestina, es decir, con lucero, pero no blanco y azul sino rojo y amarillo, para que de lejos se pueda confundir con una bandera catalana normal. Será por gustos y colores.

Bandera española a secas

A diferencia de su prima hermana (¡perdón!) catalana, la bandera española tiende a desdibujarse de la vida pública, cuando no a pasar directamente a la clandestinidad. En determinados círculos gozan de más y mejor aceptación variantes técnicamente periclitadas de la bandera (sea la del aguilucho, sea la republicana) que la bandera misma tal y como hoy en día la conocemos. Si es que la seguimos conociendo. En un futuro cercano puede llegar a ser imposible diferenciarla de unos calzoncillos rojigualdos astutamente puestos a escurrir en un balcón del Palacio de la Capitanía de Barcelona.

Barça

Religión de Estado, si Estado hubiera o hubiese. Teocracia sin Dios. Ilustración sin Razón. Más que un club, menos que un equipo. Poderoso laboratorio simbólico, Proyecto Manhattan del que la Cataluña real, plural e imperfecta, sale reconvertida en apretada falange de raza aria blaugrana. Que eso en la práctica no tenga nada que ver con quién expide los pasaportes de los que objetivamente chutan la pelota y dónde pagan estos sus impuestos, cuando los pagan, no quita ni pone. Como no quitan ni ponen las escandaleras en los despachos o las sucesiones en la presidencia en el mejor estilo Yo, Claudio. El expresidente Josep Lluís Núñez, que no era moco de pavo, ya ha colgado las botas en la cárcel y hay petición de talego para otros máximos directivos de la institución. ¿Habrase visto cosa más nostra?

Unos Presupuestos con anzuelos electorales

rajoySubida del gasto en pensiones, aumento de las becas, de las ayudas al cine o del fomento del empleo. Incluso un incremento de la financiación a Cataluña, que acaba de convocar elecciones de cara al próximo 27 de septiembre. El Gobierno de Mariano Rajoy ha puesto sobre la mesa un proyecto de Presupuestos Generales del Estado (PGE) difícil de ejecutar y con múltiples anzuelos con los que pescar votos en las próximas elecciones. Irreales, irrealizables y con fachada de cartón piedra.

Subida del gasto en pensiones, aumento de las becas, de las ayudas al cine o del fomento del empleo. Incluso un incremento de la financiación a Cataluña, que acaba de convocar elecciones de cara al próximo 27 de septiembre. Con aspecto de cartón piedra, el Gobierno de Mariano Rajoy ha puesto sobre la mesa un proyecto de Presupuestos Generales del Estado (PGE) con múltiples anzuelos con los que pescar votos en las próximas elecciones.

Uno de los grandes caladeros electorales a los que pretende acudir el partido en el gobierno son los pensionistas. Con 8,4 millones de votantes se convierte en un colectivo determinante para las próximas citas con las urnas. Pese a la crisis de los últimos años, la pensiones públicas se han mantenido al margen de los recortes. Los continuos mensajes sobre la seguridad de sus políticas económicas y las referencias a lo sucedido en Grecia van en la misma dirección de asegurarse un voto masivo del pensionista.

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Para 2016 experimentarán un aumento del 2,8% (3.800 millones de euros), hasta 135.448 millones, un 20% más que al inicio de la legislatura y un 48% más que en 2007. Esto no se traducirá en revalorizaciones (de apenas el 0,25% para 2016). Su peso en el conjunto de los presupuestos se elevará al 31%, convirtiéndose en la partida a la que hay que destinar más dinero. El Gobierno pasa de puntillas sobre la llamada ‘hucha de las pensiones’ pese a que volverá a extraer más de 6.000 millones en 2016. Desde que Rajoy llegó al poder su nivel ha bajado a la mitad de los 66.000 millones que había en 2011.

¿Bajada de impuestos?

No ha faltado la promesa más habitual antes de unas elecciones: la insinuación de una bajada de impuestos en cuanto haya margen presupuestario. El ministro Montoro se apoya aquí en las recientes rebajas del IRPF y señala que el Gobierno apuesta por seguir bajando impuestos. Todo se apoya en la incipiente recuperación económica y la mejora de la recaudación.

Juega en contra de esta idea, sin embargo, la necesidad de cumplir con el objetivo de déficit fiscal del 2,8% para 2016 y abandonar el celo de Bruselas a las cuentas públicas españolas por superar el protocolo de déficit excesivo. Desde la capital comunitaria ya han advertido a las autoridades españolas que deben revisar y dar su visto bueno a las hojas de presupuesto.

Guiño a Cataluña

Otro de los mensajes contenidos en los presupuestos se dirige a Cataluña, en pleno debate soberanista y a poco más de un mes de las elecciones autonómicas más importantes de su historia. El Gobierno ha elevado un 12% la financiación a la Generalitat, hasta 17.225 millones, el mayor incremento autonómico que la coloca por delante de Andalucía (17.121 millones) y Madrid (12.425 millones). El Gobierno usará Fondo de Suficiencia Global para inyectar otros 747,78 millones a la Generalitat, el 20% del total del fondo.

Cine, cultura y RTVE

Los Presupuestos tiene también un gesto con algunos de los sectores más hostiles con las políticas del Gobierno en los últimos tiempos. A la cabeza, la corporación RTVE. La televisión pública recibirá 331 millones de euros, un 17% más o 50 millones en términos absolutos. El cine recibirá un 54% más fondos, hasta 74 millones, mientras que el sector de la música, danza y teatro obtendrán 143 millones, en línea con el pasado año.

Educación

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Castigada en presupuestos anteriores, la partida de Educación contará para 2016 con 211 millones más, lo que supone una subida del 9,3% respecto al anterior. La Ley Orgánica de Mejora de la Educación (LOMCE) se integrará en el gasto de Secundaria y supone 363 millones, el 80% del mismo. Por su parte, la subida de becas anunciada por Méndez de Vigo fue del 0,2% y alcanza la cifra más alta de la última década (1.472 millones). El número de becarios en educación universitaria, estudios postobligatorios y necesidades especiales se sitúa en los 717.561, la misma cifra que entre 2014 y 2015. La partida en becas es la más importante del programa en Educación, el 59,3% del total.

Empleo y desempleo

grafico 10Pero la variación más destacada que contiene el proyecto de presupuestos es el desplome en las prestaciones por desempleo: un 21%, hasta 19.820 millones de euros. Desde 2011 ha descendido un 35%. Esto ocurre por el menor número de beneficiarios de la prestación, el descenso de población y la progresiva creación de empleo registrada en el último año.

Sin embargo, el número de parados se mantiene por encima de los 5 millones con más de un millón de hogares con todas las personas en situación de desempleo, más que cuando Rajoy llegó a la presidencia. Los Presupuestos evitan ampliar el gasto social para este amplio grupo de población. No es un caladero electoral para el PP.

Sí lo harán con las llamadas políticas activas de empleo, que alcanzarán los 5.214,9 millones de euros, un 10% más que en 2015. Crecen las bonificaciones a la contratación (135 millones de euros), la orientación profesional (129 millones) y la formación profesional para el empleo (117 millones) o el programa Prepara (219 millones de euros), destinado a personas que han agotado todas sus prestaciones.

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