¿Qué moneda adoptaría una Cataluña independiente? Los tres escenarios monetarios de la secesión

euro

Una de las cuestiones clave para una Cataluña independiente sería elegir cuál sería su moneda para intentar minimizar el impacto negativo de salir de la eurozona. De esta decisión dependerían los ahorros privados, el sistema bancario y los ciclos de crecimiento. Toda la economía dependerá de esta simple elección: ¿qué divisa elegir?

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Una de las cuestiones clave para una Cataluña independiente sería elegir cuál sería su moneda para intentar minimizar el impacto negativo que tendría salir de la eurozona. Aunque no lo parezca, la teoría monetaria pone a su alcance muchas posibilidades. De esta decisión dependerían los ahorros privados, la capacidad para devolver las deudas, la sostenibilidad del sistema bancario… En definitiva, toda la economía a merced de esta elección; ¿qué divisa elegir?

El euro, sea como sea

La opción preferida de los miembros de la lista soberanista es que Cataluña siga en el euro, pero ¿cómo es posible si sale de la Unión Europea? Hay dos opciones: quedarse en la moneda común con el beneplácito de las instituciones de la eurozona o bien adoptar la divisa de forma unilateral sin el respaldo de los socios. En el euro ya hay ejemplos de los dos grupos.

El primero son los estados que tienen firmado un acuerdo monetario con la eurozona por el que emplean el euro como su moneda oficial. Son cuatro países: Mónaco, San Marino, Ciudad del Vaticano y Andorra, que tienen potestad para emitir un pequeño número de monedas y billetes cada año que son de curso legal en toda la región. Todos ellos han estado vinculados históricamente a las divisas de países que entraron en el euro y no tenían una moneda propia. Mónaco empleaba el franco francés, San Marino y el Vaticano utilizaban la lira italiana y en Andorra circulaban de forma paralela la peseta y el franco.

El acuerdo monetario de cada uno de estos cuatro países con la eurozona no implica que sean estados miembros de pleno derecho del euro. En otras palabras, no tienen ni voz ni voto en los órganos de decisión de la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE), pero sí están amparados por las instituciones comunitarias.

Los expertos coinciden que ésta sería la mejor opción para Cataluña al menos durante los primeros meses, ya que serviría para minimizar el impacto negativo que tendría adoptar una nueva divisa. En este escenario, “sería posible que la independencia tuviera un impacto mínimo sobre el marco monetario y también sobre el bancario, que está íntimamente ligado a aquél”, explica Enrique Díaz-Álvarez, experto en divisas de Ebury. Para conseguirlo, el nuevo estado catalán tendría que contar con el beneplácito de la comunidad europea y la española. Pero, ¿quién puede garantizar este respaldo?

La alternativa para los líderes soberanistas si quieren quedarse en el euro sería adoptar la divisa de forma unilateral, sin el apoyo de las instituciones. Si elige este camino, seguiría los pasos de Kosovo y Montenegro, que también emplean la divisa común sin el visto bueno europeo. Ésta es una fórmula que han utilizado muchos países de Latinoamérica durante el siglo XX con el dólar en un proceso que se conoció como dolarización. De esta forma, Cataluña tendría la potestad para quedarse en el euro si así lo decidiese aunque no tendría el respaldo del resto de socios.

En cualquiera de los dos casos, el país perdería un poder cada vez más importante: el control de la política monetaria. El país tendría que renunciar a adoptar las medidas anticíclicas que tienen a su disposición los bancos centrales. De este modo, no podría aplicar estímulos monetarios para combatir las épocas de recesión o los riesgos de deflación ni medidas para frenar un sobrecalentamiento de la economía y la subida de los precios.

 REUTERS/Yves Herman
REUTERS/Yves Herman

La pérdida de la autoridad monetaria podría llevar a una situación paradójica en la que la región se enfrentase a una recesión económica con los tipos de interés altos y al alza. “El problema de no controlar la política monetaria es que genera desequilibrios internos muy extensos”, explica Manuel Hidalgo, profesor de macroeconomía de la Universidad Pablo de Olavide. “Sería un escenario similar al patrón oro de finales del siglo XIX, que generaba ciclos económicos mucho más pronunciados”.

Este escenario “desestabiliza mucho la economía de un país y el riesgo de sufrir continuas recaídas en recesión es muy elevado”, advierte Juan Ignacio Crespo, economista y escritor. Los bancos centrales modernos han conseguido limitar la profundidad de los ciclos económicos y así lo demuestran numerosos estudios, pero un país sin autoridad monetaria puede enfrentarse a una política que va justo en contra de su ciclo económico. A largo plazo, los problemas de este escenario podrían ser recurrentes.mapa

Los inconvenientes de adoptar el euro de forma unilateral van más lejos del sector público y se extienden al sector financiero, ya que las entidades con sede en Cataluña perderían el acceso a la financiación del BCE. Esto significa que no podrían acceder ni a las operaciones ordinarias (MRO, por sus siglas en inglés) ni a las megasubastas trimestrales de liquidez (TLTRO) ni a la liquidez de emergencia del ELA. Este último programa fue el que se hizo muy famoso durante la primavera, ya que sirvió para mantener con vida a la banca griega durante seis meses: desde la victoria de Syriza en las elecciones del 25 de enero hasta que declaró el referéndum. En ese momento, el BCE decidió congelar el ELA y automáticamente Grecia se vio obligada a imponer el corralito.

Las principales entidades con sede en Cataluña ya han advertido de todos los riesgos que se enfrentaría la comunidad autónoma en el caso que declarase unilateralmente la independencia y saliese del euro. No sólo el flujo de crédito estaría en juego sino también los depósitos. ¿Podría evitar Cataluña un control de capitales?

Imprimir una nueva divisa

El segundo escenario para Cataluña es emitir su propia divisa. ¿Tal vez la peseta catalana? El nombre no sería extraño para la región, ya que la moneda nació en La Seca de Barcelona, la casa de la moneda catalana, durante la Guerra de la Independencia en el siglo XIX. Pero el nombre no es lo importante. Lo verdaderamente relevante es cómo conseguiría el banco central del nuevo estado proteger su divisa. En otras palabras: ¿cómo evitar un desplome histórico de la moneda?

Los expertos no quieren poner cifras porque la situación es inédita e imprevisible. “La depreciación sería masiva, no menos de un 40% para empezar”, indica Díaz-Álvarez. Cataluña tendría que convencer a los mercados de que su divisa tiene un valor para evitar una fuga masiva de capitales y la descapitalización de sus bancos. Al mismo tiempo, el banco central necesitaría conseguir capital que respaldase esa divisa que está emitiendo, ya que Cataluña no tiene reservas internacionales y tampoco oro.

La opción que se planteó en Grecia durante la primavera ante la posibilidad de una salida del euro fue que la autoridad monetaria incautase un 30% de los depósitos para generar capital propio. Pocas alternativas tendría el nuevo banco central catalán.

A partir de aquí, los problemas teóricos se adentran en el terreno de la especulación, por lo que es imposible determinar qué podría ocurrir. Lo que sí está claro es que un fuerte descenso de la nueva divisa provocaría un fuerte avance de la inflación ya que todos los productos importados se apreciarían de forma proporcional.

El problema más grave es el petróleo, ya que la materia prima afecta a toda la economía a través de los precios energéticos y del transporte. El banco central se vería obligado a aplicar una política monetaria restrictiva, con unos tipos de interés altos, para atraer capitales y frenar el avance de la inflación. Pero con ello provocaría un deterioro mayor de la actividad económica. Brasil, por ejemplo, se ha visto obligado a subir el precio del dinero hasta el 14,25% los tipos de interés para frenar la inflación y la depreciación de su divisa.

Todos estos problemas parecen menores ante el gran desafío al que se enfrentaría Cataluña: su deuda en euros. El último dato del Banco de España del cierre del segundo trimestre del año sitúa el pasivo de la comunidad en 66.813 millones de euros. De toda esta deuda directa, el 56% está financiada a través del Fondo de Liquidez Autonómica, ya que los tipos que exige el mercado eran insostenibles para la región. A esta cifra habría que añadir la parte de la deuda de la administración central del Estado que le correspondiese a la región, ya fuese por PIB, población o cualquier otro criterio. ¿Cómo conseguiría refinanciar toda esta deuda que, además, está denominada en euros? Una opción es cambiar la divisa y devolver la duda en la nueva divisa. Pero desde el punto de vista legal no es sencillo, ya que necesitaría un acuerdo mayoritario con sus acreedores. ¿Firmarían recibir sus deudas en pesetas catalanas?

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La ‘tercera vía’: una doble divisa

El hipotético Estado catalán independiente podría optar por una vía intermedia: mantener el euro y emitir una moneda paralela. Para lograr un sistema viable, las autoridades tendrían que superar los problemas que enunció en el siglo XVI el comerciante y financiero Sir Thomas Gresham en una ley que lleva su nombre. Según esta máxima, el mercado siempre trata de atesorar la moneda buena y deshacerse de la mala. En otras palabras, “los euros desaparecerían de la circulación y se generaría un gran problema de liquidez”, explica Hidalgo.

Para evitar este escenario, las autoridades tendrían que restringir mucho el uso de euros y obligar a los ciudadanos a emplear la moneda catalana tanto para sus operaciones cotidianas, como para sus ahorros. “Los sistemas en los que se ha implantado este tipo de sistema prohíben las cuentas corrientes denominadas en la moneda fuerte”, explica Javier Santacruz, profesor del IEB. “De este modo, el euro serviría para atender el servicio de la deuda y la inversión extranjera”.

En este escenario de dos monedas paralelas, las autoridades del nuevo estado tendrían que fijar un tipo de cambio fijo (o con cierta fluctuación) entre las dos divisas, pero no podrían permitir la libre circulación de capitales. En otras palabras, para cambiar la divisa catalana por cualquier otra moneda sería necesario pedir autorización al banco central y cumplir los requisitos que éste imponga.deuda_habitante

El problema para todos los estados que vinculan su tipo de cambio a otra divisa es la dificultad para proteger el nivel marcado ante las fuerzas del mercado. Doblegar sus vaivenes no es sencillo y hay ejemplos de grandes bancos centrales que han sucumbido. El caso más famoso fue el ataque de George Soros a la libra, con el que consiguió doblegar al Banco de Inglaterra en septiembre de 1992.

Argentina también tiene un mal recuerdo de sus luchas contra el mercado con la Ley de Convertibilidad del año 1991 por la que establecía un tipo de cambio de uno a uno entre el peso y el dólar. Buenos Aires luchó por defender esta paridad, lo que provocó una gran fuga de pesos a dólares que tuvo que soportar el Banco Central de la República Argentina, lo que provocó que sus reservas se vaciaran. Esta política cambiaria saltó por los aires 11 años después en 2001 y fue una de las causas del corralito argentino.

Hay ejemplos más recientes de la aplicación de un tipo de cambio controlado. Suiza reconoció en enero que era incapaz de mantener un techo de su divisa contra el euro después de pasarse tres años y medio defendiendo el nivel de los 1,20 francos por euro. Los mercados atacaron también a Dinamarca, pero el país los detuvo en colaboración con el BCE ya que es el único país que no está en el euro pero sí dentro del Mecanismo de Tipos de Cambio.

Estos casos vienen a demostrar la dificultad que tiene un país para defender un tipo de cambio fijo contra una moneda fuerte y los desequilibrios que se generan cuando ese tipo de cambio salta por los aires. “La solución puede ser adoptar un tipo de cambio que esté devaluado para así no tener que luchar por defender el nivel de la divisa, aunque esto implicaría una fuerte depreciación de la divisa”, indica Santacruz.

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Las 10 claves que explican el duro comunicado de la banca sobre Cataluña

Los seis mayores bancos españoles (con CaixaBank y Sabadell a la cabeza) han alertado de las graves consecuencias financieras que sufriría una Cataluña independiente. A continuación explicamos las claves del comunicado y los detalles del sector. 

Los seis mayores bancos españoles (con CaixaBank y Sabadell a la cabeza) han alertado de las graves consecuencias financieras que sufriría una Cataluña independiente. A continuación explicamos las claves del comunicado y los detalles del sector.

¿Qué entidades catalanas han firmado el comunicado?

Las seis grandes firmas con presencia en todo el territorio nacional. Dos son los grandes bancos catalanes: CaixaBank y Sabadell. Los otros cuatro son Santander, BBVA, Bankia y Popular. Es decir, la alerta llega de las entidades que controlan casi toda la red de oficinas y cajeros en Cataluña y que concentran la mayor parte de los créditos y de los depósitos de la región. Pocas voces tienen una transcendencia mayor sobre la economía real catalana que estas entidades. Las seis han publicado este informe bajo el paraguas de la Asociación Española de la Banca (AEB) y de la CECA, entidad que agrupa a las cajas y que está presidida por Isidro Fainé, que también preside CaixaBank.

¿Qué han dicho y qué quieren decir?

Los seis bancos alertan de los peligros que conllevarían la independencia y la posterior salida de Cataluña del euro. Estas entidades advierten que sufrirían una “inseguridad jurídica” que pondría en grave riesgo su capacidad para proteger a quienes tienen en ellas sus depósitos. De este modo, quedarían en el aire el flujo de préstamos a la economía real y la garantía a los depósitos. Estas dificultades llevarían a las empresas a “reconsiderar su estrategia de implantación, con el consiguiente riesgo de reducción de la oferta bancaria”.

Las entidades pretenden presionar a la sociedad catalana a falta de poco más de una semana para que se celebren las elecciones al Parlament. Lo hacen desde un sector que está muy relacionado con la actividad de las empresas (por la vía del crédito) y de las familias (por los depósitos). Por esa razón su mensaje tiene mayor calado. Las entidades alertan que podrían cerrar muchas oficinas si Cataluña declara la independencia y queda fuera de la Unión Europea.

Si estas entidades deciden cerrar sus sucursales en masa, podrían originar una fuerte contracción del crédito y un notable aumento de los tipos de interés que pesaría con fuerza sobre la economía real. Pero las entidades expresan otro temor: no poder responder de sus depósitos ante sus clientes.

¿Cuál es el tamaño del negocio bancario en Cataluña?

Cataluña es una de las regiones de España más dinámicas desde el punto de vista empresarial. Ese éxito se apoya en un gran sector financiero que genera mucho empleo. Los bancos daban trabajo de forma directa a 17.749 personas a finales de 2014, según los últimos datos oficiales publicados por la AEB. La mayor parte de esa cifra se concentra en Barcelona, donde está la sede de CaixaBank y donde hay una importante representación de entidades internacionales. En total, casi el 83% de los empleados de la banca en Cataluña se centran en la provincia de Barcelona. A finales de 2014 los bancos tenían 2.365 sucursales en la región.

Cataluña es una de las regiones españolas con mayor dependencia de la financiación del mercado porque no pueden cubrir sus necesidades con el dinero de sus clientes. Su ratio de créditos sobre depósitos se sitúa entre las más bajas de España. De hecho, sólo un 53% de los préstamos está respaldado por depósitos, lo que refleja bien la necesidad de captar capital con deuda.

Cataluña es la cuarta región más endeudada sobre sus depósitos. Es decir, su sector financiero es más vulnerable que el de otras comunidades autónomas. En total, los bancos de la región tenían concedidos 148.000 millones de euros en préstamos al final de 2014, lo que supone un 74% del PIB generado por Cataluña en 2014 según los datos del INE. El montante de los depósitos superaba ligeramente los 67.000 millones al final de ese año.

Ratio de créditos sobre depósitos por comunidades autónomas

¿Cuánto tardarían las entidades en cambiar de sede?

El tiempo que tarden en celebrar un consejo de administración. Ésta es una demanda que atendió el Gobierno de Rajoy en julio después de recibir algunas peticiones de grandes compañías catalanas, según se filtró a la prensa. Estas empresas querían tener flexibilidad para cambiar su registro en el caso de que avanzara la amenaza soberanista.

El Ejecutivo aprobó un cambio en la Ley de Sociedades de Capital para permitir cambiar su sede con sólo un consejo de administración y no con una junta de accionistas, como estaba establecido en la legislación. De este modo, las entidades podrían cambiar su sede en una sola mañana.

Sin embargo, en el caso de CaixaBank, sus estatutos imponen que esta decisión debe adoptarla la junta de accionistas. Sin embargo, la dirección de la compañía ya advirtió en 2014 que no garantiza que “en cualquier caso” su sede vaya a estar siempre en Cataluña, en palabras de su presidente, Isidro Fainé.

¿Qué consecuencias tendría el cambio de sedes?

Para las entidades, las consecuencias serían pocas. Precisamente, si deciden cambiar de sede es para que su negocio y su empresa sufran los menores cambios posibles. Las consecuencias serían mayores para una Cataluña independiente. A la posible contracción del crédito, tal y como han alertado las entidades, se suma el problema de tener que devolver sus préstamos en euros.

finanzascat

¿Cómo se modificarían los impuestos si las entidades con sede en Cataluña cambiasen su sede?

La principal consecuencia fiscal de una salida parcial o total de la región de las principales entidades financieras no vendría de la mano del Impuesto de Sociedades, dado que Cataluña se encuentra dentro de las autonomías de régimen común y que el de Sociedades es un impuesto que gestiona el Gobierno central. La principal repercusión llegaría a través del Impuesto de la Renta de las Personas Físicas (IRPF).

Este impuesto se paga en función del lugar de residencia del trabajador y la mitad de los ingresos obtenidos con este tributo se queda en la comunidad autónoma donde está dicha residencia. Por eso tanto un cambio de sede de una entidad con su movilización de la plantilla como un cambio de estrategia que lleve a reducir la presencia y el empleo en Cataluña afectará negativamente a los ingresos fiscales de la Generalitat.

¿Hay precedentes de un comunicado similar?

Sí. Dos de las mayores empresas españolas, Iberdrola y BBVA, se pronunciaron públicamente entre 2002 y 2003 contra las pretensiones de crear un estado libre asociado en el País Vasco incluidas en el Plan Ibarretxe. La fórmula que utilizaron tanto el banco como la eléctrica para mostrar su rechazo al proyecto separatista consistió en erigirse en defensores de la legalidad vigente. Es decir, de la Constitución Española y el Estatuto del País Vasco.

El presidente de BBVA, Francisco González, aludió a la lealtad a ambos textos legislativos cada vez que se le preguntó por la posibilidad de un cambio de sede, lo que se interpretó como un nunca desmentido por la entidad. Iñigo de Oriol, presidente de Iberdrola en 2003, utilizó la misma fórmula y llegó a definir a la eléctrica como “una empresa española con domicilio social en Bilbao”.

¿Qué impacto tendría el cambio de sede de las entidades sobre el crédito a las empresas?

Sobre el papel, ninguno. Las entidades que cambiaran su sede a cualquier región de la eurozona seguirían teniendo acceso a todas las líneas de liquidez del Banco Central Europeo (BCE) y beneficiándose de la política de tipos cero. Sin embargo, el riesgo y la incertidumbre en Cataluña golpearían con fuerza al crédito en la comunidad, como ya han alertado las entidades en su comunicado.

¿Cómo se financiarían los bancos catalanes si se quedan fuera del euro?

Los bancos catalanes que no cambiaran su sede y se quedaran fuera del euro tendrían graves problemas para conseguir financiación. En primer lugar, perderían el acceso a la financiación del Banco Central Europeo, lo que eliminaría la principal vía para captar liquidez. La alternativa sería acudir al mercado. Pero si tienen que obtener fondos en una divisa nueva, los tipos de interés que aplicaría el mercado serían prohibitivos. De este modo, sólo quedaría una opción factible: que el nuevo banco central catalán imprimiese su nueva divisa para dotar a las entidades de liquidez.

¿Aumentarían las posibilidades de un ‘corralito’?

No sólo aumentarían las posibilidades: un corralito sería muy probable. Ésta es la opinión mayoritaria de los expertos y no es extraño que piensen así. Por un lado, la incertidumbre derivada de la independencia llevaría a los ahorradores a retirar su dinero de los bancos para intentar salvar su dinero. Por otro lado, las entidades no tendrían acceso a la liquidez del Banco Central Europeo para responder a esta demanda de los clientes. En definitiva, si se une una retirada masiva de efectivo con entidades que no tienen liquidez, el resultado sólo puede ser un corralito.

El montante de los depósitos, que casi alcanza el 75% del PIB catalán, hace imposible que las autoridades puedan responder por todo este dinero ante una huida de los ahorradores. Ante esta situación, las propias entidades han reconocido en su comunicado que no pueden garantizar la situación de los depósitos en el caso de que Cataluña saliera del euro.

Sr. Sánchez, cinco dudas sobre si Europa quiere más Europa

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El Partido Socialista aprovechó este martes el debate sobre Grecia para presentar una propuesta de resolución ante la Mesa del Congreso que pretende un cambio de calado en la estructura de la Unión Europea y se resume en una frase: “Más Europa pero también otra Europa”. Bajemos a la tierra, ¿son factibles estas propuestas?

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El Pisuerga pasó ayer por el Congreso de los Diputados en el pleno dedicado a debatir el tercer rescate a Grecia, un acuerdo que implica avalar a escote otros más de 86.000 millones de euros en préstamos a la nación helena (10.000 millones por parte de España) que irán a recapitalizar su banca y cubrir las necesidades de financiación del Gobierno de Alexis Tsipras. El Partido Socialista aprovechó el encuentro para presentar una propuesta de resolución ante la Mesa del Congreso, tal y como había avanzado El País, que pretende un cambio de calado en la estructura de la Unión Europea y se resume en una frase: “Más Europa pero también otra Europa”. La formación que lidera Pedro Sánchez se quiere así colocar en línea con el movimiento liderado por François Hollande desde Francia y Matteo Renzi desde Italia en busca de recuperar el espacio perdido por la socialdemocracia durante la crisis con un cambio de política a nivel europeo.

Bajando a los puntos concretos de la propuesta de los socialistas españoles, ¿son factibles? ¿Quiere Europa una mayor unión? Hace tiempo que todos parecen de acuerdo en que el proyecto común no tiene mucho más tiempo ni hueco para más parches para solucionar los problemas con los que nació su estructura pero aquí van cinco puntos que los socialistas deberían tener en cuenta para hacer una proposición realista que no suene a grandes titulares de etapa electoral.

1. Igualar los impuestos a las empresas: la bicha

Dice el documento socialista:

La fragmentación tributaria en la Unión Europea constituye una fuente permanente de fraude y elusión fiscal (…) y provocan la percepción ciudadana de que el esfuerzo fiscal y tributario en los diferentes Estados no es homogéneo (…). Es necesario avanzar hacia la armonización del tipo mínimo del impuesto de sociedades.

Armonizar el Impuesto de Sociedades en Europa, es decir, poner un impuesto mínimo igual en todos los países que se cobre a las empresas por su beneficio, es el ejemplo de libro a la hora de hablar de intereses divergentes de los miembros de la Unión Europea. Es la línea roja que se atrevió a trazar Irlanda, con amenaza incluida de salirse del euro, cuando negociaba las condiciones de su rescate. Aceptaba básicamente todo menos que le tocasen su flamante impuesto del 12,5% que atrae a tanta multinacional (en España está actualmente al 28%). Como además tenía el respaldo del Reino Unido, el impuesto irlandés no se tocó.

Si un país con la espada de Damocles de un rescate puede plantear semejante pulso y ganarlo, quién puede albergar esperanzas de una armonización máxime cuando los impuestos directos (y el de sociedades está entre ellos) exigen unanimidad de los Estados para su modificación. Ese sueño tiene además una larga historia.

Como recuerda Francisco de la Torre, inspector de Hacienda y responsable del programa fiscal de Ciudadanos, “Europa no ha sido capaz en casi 15 años de ponerse de acuerdo ni siquiera en una propuesta de base imponible armonizada común”. Es decir, no ha logrado aprobar ni qué se considera beneficio empresarial tributable y cómo se define el reparto de impuestos entre países cuando una misma empresa opera en varios Estados miembros (propuesta de Directiva de armonización de la base consolidada común, o BICCIS, a cuya aprobación también hace referencia el documento socialista).

Como explicó De la Torre ante el Comité Económico y Social Europeo en 2014, al que acudió en calidad de experto, “lo que hay que hacer son planteamientos de mínimos, como establecer normas comunes contra los paraísos fiscales, es decir, lograr que al menos el dinero se quede en Europa”.

Y hay que reconocer que se está avanzando en frenar la competencia desleal entre Estados pero por otra vía que no es la armonización y gracias a un motivo claro: la presión, tanto de la opinión pública como de EEUU. Para empezar, la Comisión Europea la preside hoy Jean Claude Juncker, primer ministro de Luxemburgo cuando se firmaron buena parte de los acuerdos secretos con multinacionales para minimizar su factura fiscal destapados por el Consorcio Internacional de Investigación Periodística (ICIJ) y contados en España por El Confidencial. Para seguir, Estados Unidos se ha cansado de que sus multinacionales usen a países europeos (como Holanda o Irlanda) para crear puentes a paraísos fiscales gracias a los que no pagan impuestos prácticamente en ningún sitio. El caso Apple fue un antes y un después.

De ahí vienen un buen número de investigaciones abiertas pero también los acuerdos de intercambio de información entre países (a nivel europeo y también mundial) que pretenden dar herramientas a las agencias tributarias para investigar si las empresas pagan por lo que ganan en cada país o si los Estados cierran acuerdos secretos con multinacionales que supongan competencia desleal con otras arcas públicas comunitarias. España tiene ya lista, a falta de aprobación en Consejo de Ministros, la normativa para que las multinacionales con sede en este país informen de sus datos país por país a partir de 2016.

2. Para las cajas alemanas no hay MUS

Dice el documento socialista:

La unión bancaria es un elemento fundamental de la unión monetaria para reforzar el sistema financiero, garantizar que contribuya al crecimiento de la economía real y hacer frente a futuras crisis financieras. (…) Se asienta sobre tres pilares: regulación europea, supervisión y resolución únicos para la zona euro.

Uno de los grandes orgullos que exhiben los gobiernos derivado de la crisis financiera y dirigido a estrechar lazos en la Unión Monetaria es el Mecanismo Único de Supervisión del Banco Central Europeo (BCE), el MUS, al que también alude el documento de los socialistas españoles recordando que “ya está en funcionamiento”. Ni mención hacen al alcance limitado del mecanismo.

Este policía común de la banca, que es el reconocimiento explícito de que los supervisores nacionales no son lo bastante independientes, existe para supervisar directamente a las entidades financieras, los riesgos que asumen, la calidad de sus órganos de gobierno y los procesos de toma de decisiones. Pero no mira a todas las entidades y no es casualidad. Como no lo es que fuesen Alemania y Austria quienes pusieran más empeño en defender que el BCE no iba a ser capaz de abarcar con la suficiente diligencia la supervisión de las miles de entidades financieras que operan en Europa (como si las cajas de ahorros no tuvieran capacidad de liarla parda).

Son precisamente el equivalente alemán de las cajas de ahorros españolas, las sparkassen, las que quedaron fuera del umbral fijado para pasar a control directo del BCE. Dicho umbral implica, a saber: tener bajo gestión activos con un valor superior a 30.000 millones de euros, representar el equivalente al 20% del PIB del país o haber recibido ayuda del Mecanismo Europeo de Estabilidad, es decir, haber sido rescatado.

El resultado de ese umbral es que, aunque Alemania por tamaño es el país que más entidades pasan a estar supervisadas por el MUS (21), ha logrado que el 48% de su sistema financiero quede fuera de la supervisión directa.

No son pocas las voces que han señalado los desequilibrios que este juego de tamaños puede generar a medio plazo.

3. Deuda común cuando más pesa la deuda

Dice el documento socialista:

Proponemos la creación de un Tesoro Europeo para la zona euro (…) con capacidad para emitir eurobonos y mutualizar parcialmente la deuda pública de los Estados miembros.

El de los eurobonos es otro de los temas recurrentes que ha mantenido dividida a Europa y en el que, hasta la fecha, ha resultado vencedora la posición en contra, con Alemania en cabeza. El economista jefe del Nomura, Richard Koo, entre otros, ha pasado años alertando a Europa de lo que estaba ocurriendo por el hecho de tener bonos de diferentes países emitidos en la misma moneda. Su explicación es sencilla: cuando un gran fondo de inversión reduce o aumenta su exposición a deuda pública en dólares lo único que puede hacer es vender o comprar títulos del Tesoro de EEUU. Sin embargo, reducir o aumentar su exposición a deuda pública denominada en euros puede hacerse vendiendo todos los bonos de un país y refugiándose en los de otro sin salir de la moneda única. Ese arbitraje, que ya fue dañino al comienzo de la crisis, es incluso más lógico ahora que la recesión y las medidas adoptadas han disparado los niveles de deuda sobre PIB de numerosos países. Alemania se negó incluso a la propuesta del prestigioso think tank Bruegel, con sede en Bruselas, de crear eurobonos (o bonos con respaldo europeo) que cubriesen solo hasta el equivalente al 60% del PIB de cada país cuando muchos países (incluida España entonces) no alcanzaban ese nivel y mucho menos el actual.

La propuesta de mínimos planteada desde diferentes círculos económicos en este punto se refiere a emitir deuda común para fines concretos, como los planes de inversión destinados a estimular la economía.

4. Salario Mínimo común… ¿sólo?

Dice el documento socialista:

El mercado de trabajo, al menos en la zona euro, debe estar más integrado (…). Ello implica construcción de un mercado de trabajo integrado en la zona euro que incluya la portabilidad de las contribuciones a la Seguridad Social, el desarrollo de políticas activas de empleo de dimensión europea y el establecimiento de un salario mínimo para la zona euro en base al salario mediano de cada Estado.

Para José García-Montalvo, catedrático de Economía de la Universidad Pompeu Fabra, no tiene sentido ponerse a plantear medidas comunes en el mercado laboral cuando los europeos no consideran que Europa sea un mercado laboral único. “En los países del sur se sigue tomando como un drama salir a trabajar a otro país y países del norte, como Alemania, legislan para que quien va a buscar trabajo se tenga que volver a su país de origen si en un plazo determinado no lo encuentra”.

Pero además son los propios sindicatos los que durante la crisis han pedido que no se ponga el foco de forma aislada en los costes laborales sin atender al resto de factores que influyen en la economía, ¿no sería esta una medida en la misma dirección y sentido inverso?

El ejemplo más claro de lo que ocurre cuando te centras aisladamente en todo lo que afecte al coste laboral es el sector del automóvil español, que en la última década ha tenido que ir renunciando a un número cada vez mayor de sus conquistas en materia laboral para lograr atraer producción a sus fábricas. La lucha por el coste laboral, además de la calidad de las líneas de producción, se ha encontrado un obstáculo constante en el precio de la electricidad en España o la mala conexión para el transporte de mercancías (en el país con más kilómetros de AVE por habitante). En un mundo en que las fábricas de una misma compañía compiten por hacerse con producción, modificar un parámetro sin atender al resto puede ser más perjudicial que beneficioso.

5. Es la política, estúpidos

El documento del PSOE repasa toda una serie de argumentos que han creado grietas entre las dos ideologías predominantes en Europa, como “la reforma del BCE para incorporar objetivos de crecimiento económico y creación de empleo, en pie de igualdad con los de inflación”; “armonizar la edad de jubilación en la zona euro” o establecer “un seguro de desempleo europeo”. Sin embargo, ¿no sería necesario avanzar ideologicamente en la visión de Europa para ver si hay recorrido hacia una mayor unión económica?

Javier Flores, jefe de Estudios de Asinver, señala que el problema que hay que solventar en Europa no es económico sino político y tiene su origen, de nuevo, en la propia creación de la Unión. “Francia la apoyó para recuperar la grandeur, para colocarse en el centro de una moneda capaz de ser reserva nacional y defender los ideales que históricamente había abanderado. Alemania pretendía participar en la creación de un área de comercio e influencia. Cuando la economía acompañaba no hubo conflicto entre ambas ideas. Ahora ambos deben darse cuenta de que no hay ideales que defender sin una economía fuerte ni Europa sin defensa de unos derechos comunes”. Y eso no se consigue “llevando a la opinión pública visiones nacionalistas”, como que el norte es una panda de usureros y el sur un montón de vagos, y utilizándola en los procesos electorales. “Hay una labor enorme que hacer desde la educación para hacer que Europa se una”.

Rescate Griego III: medio billón de euros desde el año 2010

No es el primero, ni el segundo. Llega el tercer rescate financiero para Grecia, que ha recibido más ayuda financiera en cinco años que la suma de España, Irlanda y Portugal, los otros tres grandes países asistidos desde la Eurozona.

 

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No es el primero, ni el segundo. Llega el tercer rescate financiero para Grecia, que ha recibido más ayuda financiera en cinco años que la suma de España, Irlanda y Portugal, los otros tres grandes países asistidos desde la Eurozona.

Más dinero para Grecia, más pérdidas para Europa. La maratoniana negociación de 17 horas en Bruselas ha dado a luz un complejísimo acuerdo de último minuto para rescatar a la república helena. No será fácil de ejecutar, rezuma provisionalidad, pero hay acuerdo y Grecia seguirá bajo la protección del euro. El Gobierno de Alexis Tsipras solicitó el pasado viernes un tercer programa de ayuda financiera desde Europa por valor de 53.000 millones de euros hasta 2018 y pidió una quita (descuento) sobre su deuda.

La respuesta desde Bruselas ha sido otra: Grecia necesita 86.000 millones de euros para salir a flote, pero las nuevas condiciones serán mucho más duras para el país. Además no habrá ninguna quita de la deuda griega a corto plazo, aunque no se descarta antes de que concluya el plan en 2018. La mayoría de los detalles del acuerdo están todavía por definir. No obstante, si se conoce que el Eurogrupo armará a través del MEDE (Fondo de Rescate Permanente) esa inyección de 86.000 millones de euros a Grecia hasta 2018. De partida, hasta 8.000 millones serán inversiones a fondo perdido.

El fondo griego de privatizaciones

A cambio, los países europeos han exigido la creación de una sociedad de activos públicos griegos (empresas, infraestructuras, terrenos…) que funcionará como un fondo de inversión. Será un aval y una garantía para Bruselas. Estará valorado en 50.000 millones de euros y será tutelado por la ‘troika’ europea. Con los ingresos que se obtengan de este fondo gestionado por Europa se recapitalizará a la banca griega, se reducirá la deuda del país y participará en un plan de inversiones de 35.000 millones para dinamizar su economía y que será supervisado por la Comisión que dirige Juncker.

El Eurogrupo estima que las entidades financieras del país (Piraeus, Alpha, NCG y Eurobank, entre otras) necesitan de forma urgente, al menos, 25.000 millones para volver a operar, levantar el corralito y no colapsar en los próximos días. Según esas mismas estimaciones, el Estado necesita otros 7.000 millones para afrontar pagos al Banco Central Europeo (BCE) el próximo 20 de julio y ponerse al día con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con quien debe ponerse al día tras su impago el pasado 30 de junio. El FMI, frente a lo reclamado desde Grecia, volverá a participar en la ayuda.

En perspectiva, este será el tercer rescate de Grecia en cinco años.  Se eleva así la factura griega a cerca de 323.000 millones desde 2010, amén de las citadas reestructuraciones de la deuda que ya habían superado los 200.000 millones (hasta febrero de 2012). En total, el conjunto de programas de asistencia financiera para Grecia desde la Eurozona ha movido en el último lustro supera el medio billón de euros entre préstamos nuevos, condonaciones y reestructuración de su deuda.

Cronología de la tragedia griega

La sucesión de acontecimientos desde hace tres semanas han dejado a Grecia al borde salir del euro. Los tiras y aflojas inacabables entre Grecia y el Eurogrupo han vivido de por medio un impago al Fondo Monetario Internacional (FMI) por 1.600 millones de euros el pasado 30 de junio y un referéndum en Grecia en el que se votaba ‘sí’ o ‘no’ a las medidas de rescate planteadas por Europa.

Los griegos dijeron ‘no’ y pese a ese rechazo, Tsipras ha presentado una propuesta de rescate y reforma similar a la rechazada en las urnas. No solo contempla subidas de impuestos, también congela las pensiones actuales, eleva la edad de jubilación a 67 años (como en otros países europeos) y supondrá la creación de una autoridad de vigilancia fiscal independiente al Gobierno de turno en Grecia.

El plan acordado (subidas de impuestos, privatizaciones y reformas de la pensiones) se ha convertido en un revés para Tsipras, su Gobierno y el actual Parlamento griego -mayoritariamente poblado por Syriza-, que deberá aprobar las medidas. También deberán votar otros seis parlamentos en seis países europeos, sin cuya participación puede encallar la ayuda.

  • El origen del drama. En octubre de 2009, poco después de llegar al poder, el Gobierno del PSOK revela que el Estado tiene un déficit en sus cuentas más alto de lo publicado. Sus efectos son inmediatos e implacables: se destapa la desconfianza de los inversores y socios de la Eurozona sobre Grecia. Comienza una crisis que deja fuera de control a las finanzas públicas, debido a que se dispara la prima de riesgo y el coste de financiarse en los mercados es prohibitivo.
  • Primer rescate. En mayo de 2010, el país que entonces gobierna Papandreu recibe el primer ‘pack’ del rescate (110.000 millones de euros) hasta mayo de 2013. En noviembre de 2010, el Parlamento griego aprueba una serie de recortes y medidas de austeridad. En noviembre de 2011, Papandreu dimite y se convocan nuevas elecciones.
  • Primera reestructuración de la deuda. En febrero de 2012 se aprueba la reestructuración de la deuda con descuentos y quitas al valor de los bonos emitidos por el Estado griego. Esos descuentos alcanzan los 206.000 millones de euros y los principales perjudicados son los inversores privados como bancos, fondos de inversión y de pensiones.
  • Segundo rescate. También en febrero de 2012 se pone en marcha el segundo rescate desde la Eurozona para ayudar a los griegos. Se valora en 165.000 millones de euros y se extenderá hasta junio de 2015.
  • ¿Capítulo final? Es en la entrega del último tramo de este segundo rescate cuando comenzaron a chocar las posiciones de Europa y Grecia. El nuevo Gobierno de Tsipras -que ganó las elecciones en diciembre de 2014- considera impagable la deuda del país y se opone a seguir adoptando medidas de austeridad. El resto de la historia se está escribiendo ahora.

Cinco días para salvar a Grecia: así es el ultimátum de la UE a Tsipras

Los líderes de la eurozona han lanzado un ultimátum que esta vez sí parece final con la amenaza de una salida inminente de Grecia del euro. El plazo vence el domingo 12 de julio. Para ese día se han convocado dos cumbres en Bruselas: una de los líderes de los 19 países de la eurozona y otra de los 28 estados miembros, que deberán decidir si firman un principio de acuerdo sobre un tercer rescate o fuerzan la salida de Grecia del euro. 

También en EL ESPAÑOL:

Los líderes de la eurozona han lanzado al Gobierno de Syriza, tras meses de avisos e intentos fallidos, un ultimátum que esta vez sí parece final con la amenaza de una salida inminente de Grecia del euro. La cuenta atrás se ha acelerado vertiginosamente tras el no en el referéndum a las reformas que piden los acreedores.

El plazo vence el domingo 12 de julio. Para ese día se han convocado dos cumbres en Bruselas: una de los líderes de los 19 países de la eurozona y otra de los 28 estados miembros, que deberán decidir si firman un principio de acuerdo sobre un tercer rescate o fuerzan la salida de Grecia del euro. 

¿Ha reforzado el ‘no’ la posición de Tsipras?

Todo lo contrario. Los líderes de la eurozona reclaman ahora a Tsipras un plan de ajuste mucho más duro que el que rechazaron los votantes griegos en la consulta del 5 de julio. La nueva propuesta griega debe incluir reformas que vayan todavía “más lejos”, según avisó este martes la canciller alemana, Angela MerkelLas condiciones a las que Grecia dijo no iban asociadas a una prórroga a corto plazo del segundo rescate, que ya no está sobre la mesa porque expiró el 30 de junio. Atenas acaba de pedir un tercer rescate, con una duración de tres años, que requerirá dinero nuevo de sus socios europeos. Por ello debe ofrecer a sus socios una lista mucho más amplia de concesiones. Pero el rotundo resultado del referéndum, en el que el 61% de los votantes han mostrado su oposición a la austeridad, reduce al máximo el margen de maniobra del primer ministro griego.

Además, desde el anuncio del referéndum, la situación económica en Grecia no ha parado de empeorar. Los bancos están cerrados desde el 29 de junio, con controles de capital que limitan a 60 euros al día el dinero que cada griego puede sacar de los cajeros. La economía helena está en “caída libre”, según ha dicho gráficamente el ministro belga de Finanzas, Johan Van Overtveldt. Estabilizar ahora la situación exigirá medidas mucho más exigentes que las rechazadas en la consulta.

¿Quiere Tsipras aún un acuerdo?

Así lo ha asegurado en un discurso pronunciado este miércoles ante el pleno de la Eurocámara después del ultimátum de sus socios y también en la carta que ha enviado a Bruselas para pedir el tercer rescate. El primer ministro griego asegura que no tiene ningún “plan secreto” para dejar el euro. El no en el referéndum “no es una decisión de ruptura con Europa sino un “mandato para redoblar los esfuerzos con el fin de lograr una solución socialmente justa y económicamente sostenible”. Y su intención es presentar un plan de reformas “creíble” que impulse el crecimiento y reparta las cargas entre todos los sectores de la población.

Pero la retórica combativa que ha utilizado Tsipras, evitando cualquier propuesta concreta, deja claro que sigue muy lejos de lo que le piden los acreedores. “Mi país fue utilizado para experimentar con la austeridad. El experimento, debemos admitir, ha fracasado”, ha dicho en un nuevo ataque a la troika formada por la Comisión, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. Y el mayor ejemplo de solidaridad de la historia europea no es el rescate de Grecia sino el alivio de la deuda a Alemania tras la II Guerra Mundial.

¿Se creen en la UE las promesas de Tsipras? 

La desconfianza entre las dos partes es máxima, como se ha evidenciado en el debate en la Eurocámara, que se ha convertido en un cruce de reproches entre Tsipras y Jean-Claude Juncker Donald Tusk, presidentes de la Comisión y del Consejo Europeo. Juncker ha acusado de nuevo al premier de mentir sobre las negociaciones. Ha asegurado que ha sido la Comisión y no el Gobierno de Syriza la que ha pedido que se obligue a los armadores griegos a pagar impuestos “de una vez por todas” y que se recorte el presupuesto de Defensa.

“Es imposible seguir gastando mucho más de lo que se ingresa. Ése es el origen de la crisis en Grecia, no el euro”, ha señalado Tusk en una lapidaria intervención contra Tsipras en la que ha censurado su flirteo con Rusia. “Pide ayuda a tus amigos y no a tus enemigos, especialmente si éstos no pueden prestártela”, le ha aconsejado. “Si pides ayuda a tus amigos, no les humilles”.

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Gráfico: Martín González

¿Aún es posible un acuerdo?

El hecho de que Grecia haya enviado este miércoles a Bruselas su carta de solicitud de un tercer rescate es un paso positivo, según ha dicho Tusk. En la misiva, Atenas se compromete a empezar a aplicar, ya desde la semana que viene, medidas en materia de pensiones y tributos. Además, dice que pagará su deuda (aunque no ha abonado los 1.500 millones de euros que debía pagar al Fondo Monetario Internacional el 30 de junio) y suaviza su exigencia de reestructurarla, aunque sigue pidiendo medidas para “hacerla sostenible y viable”. 

El gesto de Tsipras no ha ablandado a los líderes europeos, que son muy escépticos, sobre todo los que mantienen posiciones más duras. El primer ministro holandés, Mark Rutte, ha dicho que todavía espera un “milagro” sobre Grecia. La canciller alemana, Angela Merkel, ha señalado que no es “una persona que sea muy optimista”. El hecho de que se hayan convocado ya dos cumbres para el domingo tampoco invita al optimismo. Si el Eurogrupo extraordinario del sábado logra cerrar el acuerdo con Grecia, no sería necesario celebrarlas.

¿Qué ocurrirá si no hay acuerdo el domingo?

“Nuestra incapacidad de llegar a un acuerdo podría llevar a la quiebra de Grecia y a la insolvencia de su sector bancario. Y por supuesto será muy doloroso para el pueblo griego”, ha respondido el propio presidente del Consejo Europeo ante la Eurocámara. “No tengo ninguna duda de que esto afectará a Europa, también en el sentido geopolítico”, ha agregado Tusk en una referencia tácita a Rusia.

La Comisión tiene “un escenario para el ‘Grexit’ [la salida del euro de Grecia] preparado en detalle” y también otro para prestar ayuda humanitaria de emergencia a los griegos, según ha explicado Juncker

El Banco Central Europeo también ha dejado claro que, si no hay acuerdo el domingo, desconectará la línea de liquidez de emergencia que mantiene con vida a la banca griega. “La economía griega está al borde de la catástrofe, necesitamos absolutamente un acuerdo el domingo. Es el plazo final, después será más tarde”, ha dicho Christina Noyer, que pertenece al consejo de gobierno del BCE.

No existe ningún procedimiento legal previsto en los Tratados para que un país salga de la eurozona. El ‘Grexit’ se produciría por la vía de los hechos consumados. Sin liquidez del BCE, los bancos griegos sólo podrían sobrevivir si Atenas pone en circulación una nueva moneda para recapitalizarlos. De este medio de pago paralelo ya se habló en el Eurogrupo de este martes. 

También en EL ESPAÑOL:

Un triunfo rotundo que se volverá contra Tsipras

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Los líderes europeos están convencidos de que, si al final resulta inevitable, podrán gestionar el impacto de un posible Grexit y que no se repetirán las turbulencias que casi acabaron con el euro a principios del verano de 2012. Su principal arma de defensa es la intervención del BCE en los mercados con su programa de compra de deuda iniciado en marzo.

Grecia acaba de dar un paso más hacia la salida del euro. El no griego a las reformas exigidas por los acreedores ha sido recibido con consternación en Bruselas y en el resto de capitales europeas. Durante la última semana, los líderes de la UE habían esperado que los votantes griegos se rebelarían contra el Gobierno de Syriza por miedo a dejar la eurozona. Se dirigieron de hecho directamente a ellos para pedir el sí, como hizo el pasado lunes el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. Y apenas lograban disimular que su preferencia era un voto positivo muy mayoritario que se tradujera en la caída del primer ministro griego, Alexis Tsipras, en quien no confían. Su estrategia ha sido contraproducente y el no, más contundente de lo previsto, supone un nuevo fracaso de la UE a la hora de gestionar la crisis griega.

La respuesta al no griego se decidirá en una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona convocada con carácter de emergencia para este martes 7 de julio en Bruselas. Antes, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, que llevaron las riendas en la fase final de negociaciones con Tsipras, se reunirán el lunes por la tarde en París para pactar una posición común. Se trata de lograr un compromiso entre los más duros, como el propio Gobierno alemán o los países bálticos, y el único aliado que le queda al Gobierno de Syriza en la UE, que es el propio Hollande.

¿Cuál será esa respuesta? Ha dado las claves el presidente de la Eurocámara, el socialista alemán Martin Schulz, en la breve declaración que ha realizado este domingo. Schulz ha dicho que “no es cierto” que el resultado de la consulta refuerce la posición negociadora de Atenas y ha resaltado que las propuestas rechazadas por los votantes griegos cuentan con el respaldo de los otros 18 Estados miembros. También considera imposible que los bancos puedan reabrir en los próximos días, como ha prometido el ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, y cree por el contrario que la situación para los griegos se volverá incluso “más difícil” a partir del lunes y que la UE debe preparar ya un “programa de ayuda humanitaria para Grecia”.

Para el presidente de la Eurocámara, la única forma de reanudar el diálogo sería que Grecia presente “en las próximas horas” nuevas “propuestas constructivas” que puedan convencer al resto de socios de la eurozona. “De lo contrario, entraremos en una senda muy difícil, incluso dramática”, ha avisado. Pero la probabilidad de que el Gobierno de Syriza presente un plan que resulte aceptable al resto de países de la eurozona es muy escasa o incluso nula. No lo ha hecho en los cinco meses que han durado las negociaciones desde su victoria el 25 de enero y el referéndum les refuerza en su postura.

Otro ultimátum

Así que la cumbre de líderes europeos servirá muy probablemente para lanzar un nuevo ultimátum a Tsipras condenado al fracaso. Pero sobre todo para dar cobertura al presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, en las difíciles decisiones que deberá tomar en los próximos días. El BCE ya congeló el pasado domingo la liquidez de emergencia que suministra a la banca griega, lo que obligó al Gobierno de Syriza a decretar el cierre de las entidades y el corralito. En la práctica, eso significa que un euro griego ya vale menos que un euro español o alemán.

Si el presidente del BCE no atiende la petición de Atenas de incrementar las ayudas, los bancos griegos podrían quedarse sin fondos los próximos días incluso con los controles de capital. La fuga de depósitos o la imposibilidad de pagar salarios y pensiones son los dos factores que podrían obligar al Gobierno griego a emitir un nuevo medio de pago al margen del euro. Pero Draghi ya ha dejado claro que la decisión de forzar a un país a salir del euro no la pueden tomar los tecnócratas del BCE sino los Gobiernos de la UE.

Los ministros de Economía de la eurozona ya hicieron un primer gesto el sábado 27 de junio, el día en que se rompieron las negociaciones con Grecia, al excluir a Varoufakis de una reunión en la que debatieron cómo frenar el contagio del Grexit al resto de Estados miembros. Y Juncker ha anunciado que consultará la respuesta al referéndum “con los líderes democráticamente elegidos de los otros 18 países de la eurozona”, dando a entender que no tiene previsto hablar con Tsipras.

Los líderes europeos están convencidos de que, si al final resulta inevitable, podrán gestionar el impacto de un posible Grexit y que no se repetirán las turbulencias que casi acabaron con el euro a principios del verano de 2012. Su principal arma de defensa es la intervención del BCE en los mercados con su programa de compra de deuda iniciado en marzo. También cuentan con el mecanismo europeo de estabilidad (MEDE), el fondo de rescate que se creó al principio de la crisis griega y que permitiría asistir a cualquier país que sufra contagio. Además, la economía de la eurozona está acelerando su ritmo de recuperación.

Pero la salida de Grecia del euro representaría un fracaso colosal para la UE. Sobre todo cuestionaría el proyecto del euro, que ya no sería vista como una moneda irreversible. Si sale Atenas, nadie puede garantizar que otra crisis en el futuro obligue a salir a Irlanda, Portugal o España. Y este fracaso es el que ha alegrado este domingo a los líderes euroescépticos, como Nigel Farage del Partido por la Independencia de Reino Unido; o de extrema derecha, como la presidenta del Frente Nacional, Marine Le Pen.

Caídas controladas de las bolsas y el euro tras el ‘oxi’ griego

Se celebró el referéndum. Ganó el ‘no’ de Grecia a la ‘troika’ y las condiciones de rescate negociadas hasta la fecha. Las posibilidades de una ruptura de la eurozona y la salida de uno de sus miembros se acrecientan tras la consulta. Así lo reflejan los mercados, pero con una reacción contenida y sin pánico. Los analistas de UBS, en un comentario a sus clientes, han calificado la reacción al ‘greferéndum’ como de “impresionante calma”. Un sosiego intranquilo porque poco ha cambiado desde el viernes: el corralito griego sigue activo y la Bolsa de Atenas está cerrada hasta nuevo aviso.

  • El euro cae con moderación frente al resto de divisas principales. En concreto, la moneda baja un 0,3%, hasta 1,107 dólares, tras el cierre de las bolsas europeas. Llegó a depreciarse un máximo del 1,7% durante la noche, hasta 1,095 dólares.
  • Las primas de riesgo de los países periféricos (con España e Italia a la cabeza) suben algo más del 10%, hasta 160 puntos, movimiento contenido también pese a que la falta de resolución de la crisis de Grecia y su capacidad para contagiar a la deuda de los países más vulnerables.
  • Al cierre de la sesión del lunes, el Ibex 35, el índice de referencia de la  bolsa española, bajó un 2,22%, hasta 10.540 puntos. Los bancos -principales inversores en deuda pública española- lideraron los descensos con Bankia, Banco Popular, Caixabank, Sabadell y Santander a la cabeza de las caídas (entre el 3,7% y 2,7%). La foto es similar a la que se registró en el Eurostoxx 50, el Cac 40 francés o el Dax alemán, aunque con bajadas que oscilaron entre el 1% y 2%. El MIB italiano y el PSI portugués cedieron entre un 3,7% y 4%, respectivamente.
  • El Banco Central Europeo (BCE) vuelve a situarse en el centro del escenario. De su decisión de mantener, incrementar o retirar la línea de liquidez de emergencia (ELA) a los bancos griegos dependerá si el ‘corralito’ sigue vigente. En cualquier caso, el BCE puede remover esa situación y también calmar a los mercados. El pasado viernes amplió su capacidad para comprar bonos de grandes emisores europeos como las empresas estatales de ferrocarril SNCF o Adif, entre otras.

Nuevo escenario sin Varoufakis

La salida de Grecia de la eurozona es uno de los caminos abiertos tras la consulta en las urnas. También la adopción de una nueva moneda. Tendría un coste directo de hasta 230.000 millones de euros para Europa (el 2,3% del PIB). Sin embargo, todo parece indicar que tanto el Eurogrupo como el Gobierno de Alexis Tsipras volverán a sentarse a negociar en las próximas horas para alcanzar un acuerdo que permita eliminar el corralito y poner en marcha un nuevo rescate en mejores condiciones que el anterior.

La dimisión del ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, supone la eliminación de un obstáculo para alcanzar ese objetivo de acuerdo entre Grecia y Europa. “Es esencial que el gran crédito obtenido por el NO en las urnas se invierta inmediatamente en un SÍ a la solución adecuada”, señala la cara visible de los negociadores griegos. Vaourafakis no ha desaprovechado la ocasión para recordar su incómodo papel en el culebrón griego. “Portaré con orgullo el odio de los acreedores”.

¿Y ahora qué?

El escenario base que manejan los grandes inversores es todavía un acuerdo entre el Eurogrupo y Grecia, que implicaría una reestructuración de la deuda (con alargamiento de los plazos de devolución, quita de hasta el 20% del global de la deuda e inyección de nuevo dinero). Sin embargo, cada vez son más importantes las voces que claman contra el ‘riesgo moral’ que emerge del impago de Grecia a sus acreedores. El próximo 20 de julio, los helenos tienen que devolver 3.500 millones de euros al BCE.

“Existen tres posibles vías en estos momentos: la primera es un acuerdo blando que supondría darle la razón a las demandas griegas. No lo vemos muy factible, pues daría aire a los partidos populistas del resto de Europa. La segunda, un acuerdo duro que no dé concesiones a los griegos –complicado de digerir a corto plazo por Tsipras después del “No”- y, en último lugar, la salida de Grecia del euro, que es el camino que ha quedado abierto el domingo si no se produce el acuerdo. Esta tercera opción sería muy mala para los griegos, pero no tanto para Europa”, explica Joaquín Casasús, director general de Abante Asesores.

Es una de las fechas claves en el calendario. La incertidumbre sigue siendo máxima, pero en lo que sí coinciden una mayoría de analistas es que el próximo paso de los países de la eurozona puede implicar un llamamiento a unificar de forma decisiva la unión política, fiscal y bancaria en el euro. Los responsables del Eurogrupo, el BCE y el Consejo Europeo se reúnen entre hoy y mañana con Grecia de nuevo como asunto prioritario.

El gran dilema de Europa entre perder… y perder mucho más

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Si gana el NO en el ‘Greferéndum’ del domingo 5 de julio, acompañado de una salida del euro de Grecia, le costará a la Eurozona 239.000 millones de euros, el doble que una victoria del SI, según estimaciones de la banca de inversión.

Si los griegos se quedan en la eurozona será un golpe económico para Europa. Si se van será peor. El dilema entre perder mucho y perder mucho más es el que afrontan estos días los líderes europeos agrupados en una voz única en torno a las tres instituciones con mando durante esta crisis: Eurogrupo (Jeroen Dijsselbloem), Comisión Europea (Jean Claude Juncker) y Banco Central Europeo (Mario Draghi). Si gana el NO en el ‘Greferéndum’ del domingo 5 de julio, acompañado de una salida del euro de Grecia, le costará a la Eurozona 239.000 millones de euros, el doble que una victoria del SI, según estimaciones de la banca de inversión.

Relacionado: El FMI certifica el impago de 1.500 millones de euros de Grecia

Es unánime. Los países de la Eurozona, entre ellos España, afrontan pérdidas potenciales de 239.000 millones de euros en un escenario de salida de Grecia del euro, según estimaciones de los analistas de Royal Bank of Scotland (RBS). Mantener a los griegos, aceptando su exigencia de una reestructuración de la deuda actual, costaría la mitad, unos 130.000 millones al resto de socios. En este segundo escenario hipotético, Grecia habría votado SI y la Eurozona habría aceptado reestructurar otra vez la deuda de Grecia con una quita y un ablandamiento de las condiciones de pago. En ambos casos toca pagar más que antes de la actual crisis.

Esos cálculos, advierten desde RBS, se han realizado teniendo en cuenta que la deuda global de Grecia se eleva a 537.000 millones de euros. Esto incluye los 320.000 millones de dinero consumido por empresas e instituciones públicas de Grecia. Luego hay otros 219.000 millones que están apuntados en la cuenta griega del BCE por la barra de liquidez de emergencia a sus bancos y la cuota del sistema de liquidación de pagos europeos Target 2, que registra el debe y al haber en cualquier pago y cobro comercial en euros entre países de la eurozona.

También incorporan un nuevo elemento de cálculo que nos afecta: el incremento de costes en la financiación para los países periféricos como España o Italia, que podría elevarse en al menos un 1% en lo que queda de 2015. No es precisamente poco dado el volumen de emisiones del Tesoro español, que entre enero y diciembre prevé haber emitido 240.000 millones de euros para refinanciar anteriores emisiones de deuda -que vencen este año y hay que devolverlas-, así como para afrontar el déficit público con nueva deuda (55.000 millones) destinada a sufragar el recurrente déficit público de la Administración Rajoy.

¿Cielo o infierno? El futuro griego fuera del euro

“Europa no puede ablandar su postura, para evitar más países ‘díscolos’ en el futuro. Pero a nadie, ni a los socios europeos, ni a Grecia, ni al BCE les interesa una salida de Grecia del euro. Tampoco interesa un contagio y el BCE tiene las herramientas necesarias para evitarlo”, explica Joaquín Casasús, director de la gestora Abante Asesores.

Para los griegos -que ya han perdido cerca del 30% del PIB desde que comenzó la crisis y sufren un desempleo del 29%- abandonar el euro supone entrar en el abismo de la devaluación y pérdida de capacidad de compra. Una nueva moneda (otro dracma) que saldría al mercado con una devaluación de entre el 30% y 40% respecto al euro, según un análisis de Mizuho Bank que cita Bloomberg.

Tener una moneda más débil permitiría ganar en competitividad para sus empresas exportadoras y en atractivo a su sector turístico, pero en su reverso, esa moneda, contendría un alto precio a pagar: el pago de una deuda adquirida en euros con un moneda inferior, la evaporación de buena parte de su riqueza financiera en forma de ahorros y depósitos con la inevitable quiebra de sus bancos.

Por supuesto, las pensiones y salarios públicos se pagarían en esa nueva moneda. Con el nuevo dracma se produciría un apagón del crédito para familias y empresas. Al mismo tiempo se encarecería cualquier importación en cuantía similar a la devaluación de la moneda. Entre estos productos no producidos en Grecia se encuentran los medicamentos, automóviles o el petróleo. Casualidad fatal, el llamado ‘oro negro’ es la base de una de sus principales industrias exportadoras: sus derivados como gasolinas, gasóleos y productos químicos. ¿Se puede tener un futuro más oscuro fuera del euro?

Imagen: Puerta del infierno en Grecia (Flickr / Thomas Quine)

También en EL ESPAÑOL:

Alexis Tsipras y la caja de Pandora del referéndum griego

Bundeskanzlerin Angela Merkel empfängt griechischen Ministerpräsidenten Alexis Tsipras

Los griegos apostaron por un partido que se comprometía a devolver su orgullo a la nación. Pero el voto a Syriza no era un cheque en blanco: los griegos no querían salir del euro ni de la UE. El giro que ha dado la saga griega en las últimas horas dibuja un escenario lleno de incógnitas.

 

Cuando los griegos otorgaron en enero la victoria en las últimas elecciones a Syriza, estaban lanzando un claro mensaje a Europa: así no podemos seguir. Después de dos rescates, infinitas cumbres y un recorte de déficit sin precedentes (del 15,4% al 3,5% en cinco años), los ciudadanos de a pie lanzaban un desafío a una Europa que muchos no veían como madre sino como madrastra. La situación era muy difícil: el paro superaba el 25% y una cuarta parte del PIB se había esfumado durante la recesión.

Sin visos de que la recuperación prometida durante dos años por el Gobierno conservador de Samarás llegara a la calle, los ciudadanos apostaron por un partido que se comprometía a devolver a la nación un orgullo machacado en las mesas de negociación. Pero el voto a Syriza no era un cheque en blanco: los griegos no querían salir del euro ni de la UE. El giro que ha dado la saga griega en las últimas horas está lleno de incógnitas que explico a continuación.

Un giro peligroso

El Gobierno de Tsipras ha asumido un riesgo muy alto con el anuncio de un referéndum en la noche del viernes. Si era un intento de forzar la negociación, la jugada no le salió bien: el Eurogrupo rechazó la petición de prorrogar el rescate y sacó al ministro griego Yanis Varoufakis de la reunión. Mientras los socios europeos piensan en un Plan B, no está claro si el Gobierno de Atenas tiene uno. Tsipras asume también un riesgo político. Los sondeos le siguen brindando el apoyo popular. Pero dicen también que más del 50% de los griegos están a favor de la firma de un acuerdo por malo que fuera.

Un poco de historia

¿Cómo hemos llegado a este callejón sin salida? Muchos atribuyen lo ocurrido a la torpeza con la que el Gobierno de Tsipras ha conducido las negociaciones. Pero si es cierto que Atenas ha desperdiciado las ventajas que tenía después de la victoria electoral (cierta apertura de los gobiernos de París y Roma), no es menos cierto que la actitud de la UE y del FMI deja al descubierto que lo que estaba (y ha estado siempre) sobre la mesa era una decisión política por parte de los socios europeos.

En los últimos días Atenas había hecho muchas concesiones. Pero el tira y afloja y la insistencia en no querer hablar de una reestructuración de la deuda han dado la impresión de que los acreedores querían tirar al máximo la cuerda. En un marco como éste, la responsabilidad del fracaso no es unilateral, como escribe Nick Malkoutzis en este excelente análisis.

Hacia lo desconocido

Con el anuncio del referéndum, se ha abierto la caja de Pandora. Y no sólo por lo que puede pasar en Grecia. Independientemente del resultado del referéndum (y teniendo en cuenta que se votará sobre la propuesta de las instituciones del 25 de junio, que técnicamente no está cerrada y expira en cualquier caso el día 30) lo que ha ocurrido en estas semanas y lo que ocurrirá a partir de ahora es un banco de pruebas para toda la eurozona y para toda la Unión Europea.

El verdadero test de estrés empieza ahora. Por desgracia, estamos a punto de comprobar si es cierto que un fracaso con Grecia no contagiará al resto de los países.

La hora de Draghi

Ahora sabremos si el “whatever it takes” de Mario Draghi (y del último comunicado del Eurogrupo) es suficiente para salvar la eurozona. Atenas, a través de Varoufakis, recordaba este sábado que no está prevista en los tratados la posibilidad de que un país salga del euro. Pero el artículo 50 del Tratado de Lisboa sí prevé que un país pueda salir de la Unión Europea.

El Banco Central Europeo va a desempeñar un papel central (y político) en las próximas horas. Como dice Paul De Grauwe en este tuit, es una responsabilidad muy grande para un organismo que no ha sido elegido democráticamente.

La sombra de las urnas

El Gobierno griego hará campaña por el no a no ser que haya nuevas concesiones.  Pero ocurra lo que ocurra, la incertidumbre será máxima en los días que se avecinan.

Si gana el , sería un serio revés para el Ejecutivo y podría llevar al país a unas nuevas elecciones. Si gana el no, nadie puede decir a ciencia cierta hacia dónde se encamina Grecia. En ambos casos, a la eurozona (y a la propia Unión Europea) se le están viendo todas las costuras.

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Mariangela Paone es autora del libro Las cuatro estaciones de Atenas (Libros del KO, 2014).

Manifiesto de ‘los Cinco presidentes’ de Europa y cierre de filas ante la crisis de Grecia

europe2unionSerá tan pronto como la semana que viene. El 1 de julio puede arrancar una nueva fase de integración entre los países miembro de la Unión Económica y Monetaria (UEM) en Europa, según una propuesta encabezada por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

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Son las horas más oscuras de la crisis de Grecia, pero también lo son para los mecanismos de decisión que rigen la Unión Europea (UE). La solución del caso griego parece difícil, pero en lo segundo todos parecen estar de acuerdo: hay que avanzar cuanto antes. Será tan pronto como la semana que viene. El 1 de julio puede arrancar una nueva fase de integración entre los países miembro de la Unión Económica y Monetaria (UEM) en Europa, según una propuesta encabezada por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

“Los ciudadanos y los mercados necesitan ver que la zona del euro prosperará. Esta visión a más largo plazo necesita que las medidas a corto plazo sean ambiciosas”, señala el documento impulsado por Juncker y firmado también por los presidentes del Parlamento (Martin Schulz), del Eurogrupo (Jeroen Dijsselbloem), Consejo Europeo (Donald Tusk) y del Banco Central Europeo (Mario Draghi).

Euforia bursátil pese al no-acuerdo

El informe -que circula a toda velocidad desde el domingo- estuvo detrás de la potente subida bursátil y euforia de los inversores por un hipotético acuerdo para desbloquear los 7.200 millones de euros que necesita Grecia antes del 30 de junio. Finalmente no se produjo, pero hubo un serio acercamiento después de que el Gobierno de Tsipras propusiese recortes en pensiones, gasto militar y subida del IVA al 23%.

El Ibex 35 se disparó un 3,87%, hasta 11.368 puntos, movimiento similar al que registró la bolsa alemana e índices europeos como el Eurostoxx 50. La prima de riesgo española -que mide el diferencia de la deuda ibérica con la teutona- se derrumbó cerca del 20%, hasta 120 puntos.

En “Completar la Unión Económica Europea”, como han titulado la presentación, sus autorizados e ilustres autores dibujan una hoja de ruta de tres etapas hasta 2022 para “completar la integración económica europea” en el terreno de la fiscalidad, presupuestos públicos y banca, tres de los puntos débiles de la actual Unión. Es lo que piden los inversores: más y mejor integración. Una unión real y no solo de monedas.

Invitación a cerrar filas

‘Los Cinco’ han invitado explícitamente al Consejo europeo a que “respalde estas propuestas a la mayor brevedad”. Se reúne el jueves con Grecia sobre la mesa, después de que hoy no hubiese ningún acuerdo, salvo el incremento de la ELA (línea de liquidez de emergencia) a los bancos griegos por parte del BCE.

Juncker, Tusk, Draghi, Dijsselbloem, Schulz proponen “hora de ruta ambiciosa, pero pragmática” hasta 2025 dividida en tres fases. La primera de ellas comenzaría el 1 de julio y se extendería hasta junio de 2017. Ahora bien, ¿qué proponen? Primero, una declaración de buenas intenciones por “la convergencia, el empleo y el crecimiento”. También una mayor atención al empleo y las políticas sociales. Las dos proposiciones de mayor calado e impacto a corto plazo tienen que ver con la unión bancaria y el control de presupuestos públicos.

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Jean-Claude Juncker

Más Unión financiera y bancaria

Es la madre del cordero para evitar los actuales desequilibrios financieros entre unos países y otros cada vez que surgen dudas sobre alguno de los Estados miembro. El documento propone dotar de fondos temporalmente al futuro FROB europeo (Mecanismo Único de Resolución- MUR), un fondo de reestructuración bancaria de ámbito comunitario que permita actuar en casos de quiebras. En marzo de 2014 se aprobó su creación con 55.000 millones de euros, pero todavía sigue sin munición.

También apunta la creación de un Sistema Europeo de Garantía de Depósitos, una de las medidas más razonables para neutralizar el vuelo masivo de capitales de un país a otro cada vez que se produce una crisis como la actual. Otra de las ideas del documento que impulsa Juncker es la puesta en marcha de la Unión de Mercados y Capitales, que permita invertir en bolsa, bonos o realizar una transferencia dentro de la eurozona como si se produjese dentro de un único país.

Más Unión fiscal y política

El manifiesto sugiere la creación de un nuevo Consejo Fiscal Europeo. “Este Consejo proporcionaría una evaluación pública e independiente, a escala europea, de la manera en que los presupuestos, y su ejecución, se atienen a los objetivos y recomendaciones económicos establecidos en el marco de gobernanza fiscal de la UE; sus dictámenes deberían tener en cuenta las decisiones adoptadas por la Comisión”, explican sus autores.

En último lugar, los Cinco presidentes del documento buscan obtener de los líderes europeos una declaración política que respalde la autonomía de las propias instituciones comunitarias. Bajo el epígrafe “responsabilidad democrática, legitimidad y consolidación institucional”, se busca dotar de una mayor interacción al Parlamento europeo con las distintas cámaras de representación nacionales. También reforzar el poder del director del Eurogrupo y buscar una voz única europea en materia de política exterior.