Iguala sigue sin respuestas un año después

guerrero2La desaparición de 43 estudiantes en Iguala, en el estado mexicano de Guerrero, el año pasado sigue siendo un oscuro misterio. Después de que la fiscalía los diera por muertos, un nuevo informe otorga nuevas vías para mantenerlo abierto. Un año. Y México todavía no tiene respuestas.

El 26 de septiembre de 2014, 43 estudiantes de magisterio desaparecieron del municipio de Iguala, en el estado suroccidental de Guerrero, para no volver a ser vistos. La tragedia se ha convertido en un escándalo a gran escala que toca a sicarios, policías y políticos y ha llevado a la detención de un centenar de personas.

En las últimas semanas, el caso ha dado un giro de 180 grados después de que un informe de peritos independientes pusiera en entredicho la versión de la fiscalía de que los estudiantes fueron cremados en un basurero, así como otros aspectos de la investigación oficial.

México se ha movilizado durante este año para pedir justicia en la calle y en las redes sociales bajo lemas como “Ya me cansé”. No han faltado los disturbios. Y hay una gran manifestación estudiantil convocada para este fin de semana en Iguala. Mientras, los padres de los desaparecidos, que se niegan a desistir, se reunieron el jueves con el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, para exigirle que encuentre por fin a sus hijos.

Estas son las claves de un caso complejo y lleno de incógnitas que estremece y agita al país de habla hispana más poblado del mundo.

La versión de la fiscalía

Estudiantes de magisterio de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa -una institución educativa de origen revolucionario- llegaron a Iguala el 26 de septiembre de 2014 tras desviarse de su ruta original a Chilpancingo, capital del Estado de Guerrero. Su propósito era recabar fondos y hacerse con autobuses para viajar a México DF para participar en la conmemoración de la matanza estudiantil de Tlatelolco de 1968, en la que el Gobierno arremetió contra manifestantes pacíficos.

En Iguala, los estudiantes tomaron por la fuerza varios autobuses y estalló una reyerta con la policía municipal, una extensión del narco, según la Procuraduría General de la República -la fiscalía federal- . La policía abrió fuego. Hubo muertos y heridos y 43 estudiantes fueron secuestrados.

Agentes de policía entregaron a los estudiantes a miembros del cártel local Guerreros Unidos. Fueron transportados hacinados a un basurero en la localidad vecina de Cocula. Allí, los sicarios ejecutaron a aquellos que no habían muerto asfixiados y luego quemaron los cuerpos en una gran hoguera. Los sicarios metieron los restos en bolsas de basura y las arrojaron al río.

Los presuntos autores intelectuales del crimen, el alcalde de Iguala y su mujer, vinculados al narcotráfico, fueron detenidos en noviembre del año pasado. Unos dos meses más tarde, en enero de este año, las autoridades mexicanas dieron por muertos a los 43 “normalistas” -estudiantes de la escuela normal- desaparecidos. El Gobierno intentó pasar página.

La fiscalía encontró restos en el río San Juan y en el basurero de Cocula. De estos, se ha podido identificar a dos estudiantes. Uno de ellos es Mora Venancio, que fue identificado el año pasado. El segundo es Jhosivani Guerrero de la Cruz, que fue identificado la semana pasada, después de la publicación de un informe peritos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Aparte de los restos, la versión de la fiscalía se sostiene fundamentalmente en testimonios de los detenidos, si bien varios de estos han denunciado torturas.

El informe independiente

Pero hace unas tres semanas, expertos independientes de la CIDH presentaron un informe que cuestiona que los estudiantes fueran quemados en el vertedero de Cocula y subraya numerosas inconsistencias en los testimonios de los implicados.

De acuerdo con el informe, “no hay ninguna evidencia que indique la presencia de un fuego de la magnitud de una pira [una gran hoguera] para la cremación de inclusive un solo cuerpo”. Por ejemplo, el fuego, según la versión oficial, estuvo activo unas 15 horas. Pero los cálculos del grupo de expertos indican que cremar a 43 personas requiere que las llamas estén encendidas alrededor de 60 horas.

Uno de los supuestos participantes en la cremación declaró que se utilizaron entre 10 y 15 neumáticos para la hoguera y el resto se completó con madera. Pero la cantidad de madera necesaria para completar ese número de neumáticos y cremar un solo cuerpo es de unos 700 kilos, según el informe. De hecho, para cremar tantos cuerpos se necesitarían unas 30 toneladas de madera. El informe indica que no hay evidencia de que semejante carga de combustible hubiera estado disponible en las cercanías del basurero. Por otro lado, no hay daños generalizados en la vegetación y la basura, daños que una hoguera de esas condiciones hubiera provocado.

Los restos encontrados señalan que al menos uno de los estudiantes fue incinerado. Pero “este informe muestra la imposibilidad de que el basurero de Cocula, en las circunstancias y tiempos señalados en el expediente, sea dicho escenario”.

Por otro lado, el texto sugiere que un quinto autobús puede ser un elemento central del caso. La hipótesis sostiene que en ese autobús había drogas o dinero y que eso desencadenó las represalias: “El resto de explicaciones posibles, como confusión con un grupo del narco o la delincuencia organizada, es inconsistente con el grado de conocimiento de las autoridades de los hechos, con la situación de que los estudiantes iban desarmados, con las circunstancias de la llegada de los normalistas a Iguala, o con la sola circunstancia de castigo contra los normalistas como represalia por la toma de autobuses, que no explican la masividad, la reacción tan hostil”.

El informe dice además que no sólo hubo policías municipales implicados en la tragedia, sino que el Ejército y la Policía Federal presenciaron los ataques. Los expertos han pedido hablar con los militares destinados en Iguala.

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Familiares de los desaparecidos no han parado de manifestarse exigiendo una investigación a fondo de la tragedia.

Un Gobierno criticado

Un sondeo trimestral divulgado a principios de este mes revela que la popularidad del presidente Peña Nieto ha caído a un 35%, su peor nivel desde que está en el poder, informa la edición mexicana de El Economista. “El momento de Peña Nieto, el momento de México, que se estaba viviendo hasta hace un año atrás de repente fue sacudido primero por los hechos de Iguala y luego por la crisis económica”, explica Carlos Malamud, experto en América Latina del Real Instituto Elcano. “Pero los crímenes de Iguala tuvieron un impacto político muy fuerte sobre la estabilidad y gobernabilidad del país”.

Muchos han criticado la actuación del Gobierno federal en la gestión de la crisis de las desapariciones. Las autoridades federales tardaron en hacerse cargo de la situación y tomar las riendas de la investigación porque el Gobierno consideraba que era competencia de los poderes municipales o estatales, dice Malamud.

“La actuación del Gobierno ha sido tardía y por ello pareciera que siempre ha estado un paso atrás en la atención a las víctimas”, afirma María Elena Morera, activista por los derechos de las víctimas, en correo electrónico desde México. “El informe del grupo de expertos de la CIDH nos deja en claro justamente el atraso que tuvo la autoridad federal para investigar (…). Fue un error de tiempo y fue omisión en partes clave de la investigación que se quedó a nivel de los dichos de criminales y no en la plena comprobación científica del suceso”.

La ONU ha criticado al Gobierno mexicano por la gestión de las desapariciones. Human Rights Watch también ha apremiado a las autoridades a actuar y ha señalado deficiencias en su investigación.

Las familias hablan de crimen por parte del Estado federal. “De alguna manera aquí lo que está en discusión es si, como denuncian los familiares de las víctimas esto fue un crimen de Estado, con grandes responsabilidades en el Gobierno federal -cosa que evidentemente no ha sido así- o si, como estiman muchos observadores independientes, se trata de un crimen interesado por autoridades locales vinculadas a narcotraficantes con algunas complicidades o negligencias por autoridades o bien estatales o bien federales”, opina Malamud. “Pero de ahí a considerarlo como un crimen de Estado hay un largo recorrido”.

¿Y ahora qué?

A día de hoy, no hay una explicación sólida que justifique la virulencia de la represalia contra los estudiantes de magisterio. El líder de los Guerreros Unidos Sidronio Casarrubias dijo en su testimonio que sospechaban que los estudiantes eran miembros de la banda rival Los Rojos. La hipótesis del autobús del grupo de expertos intenta arrojar un poco de luz sobre el caso. “El informe es un buen avance; sin embargo, está aún incompleto y por ello es justo que los investigadores lo completen,” dice Morera.

“El informe deja también cabos sueltos, que dificultan una clara resolución del caso”, afirma Malamud, en referencia a aspectos como la teoría del quinto autobús que, considera, constituirán el foco de las investigaciones en los próximos meses.

Ante esa incertidumbre, los familiares de los 43 estudiantes se han reunido este jueves con el presidente de México, Enrique Peña Nieto, para presentarle ocho peticiones, entre ellas la creación de un cuerpo exclusivo que investigue los hechos. Nieto ha asegurado que el caso sigue abierto, a pesar de que la fiscalía le hubiera dado carpetazo a principios de año, y que “estamos del mismo lado”.

Entre otras cosas, su Ejecutivo ha ofrecido seguir las recomendaciones del grupo de expertos independientes y crear una fiscalía para desaparecidos. También ha propuesto crear un grupo de peritos del más alto nivel e invitar al doctor José Torero -que hizo el peritaje del vertedero para el grupo de expertos- para volver a revisar el basurero.

Soñar en tiempos de supervivencia

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“Todavía estáis a tiempo de dejarlo”. Esas fueron las primeras palabras que nos dirigió un directivo de uno de los diarios españoles con mayor difusión.

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El pasado viernes, medio centenar de alumnos de Periodismo de la Universidad de Navarra visitó nuestra redacción. Durante más de dos horas, charlaron con Pedro J. Ramírez y conocieron al equipo. El Español les ofreció la posibilidad de escribir una crónica sobre el encuentro. Las tres mejores fueron premiadas con una participación para cada uno de sus autores, que pasan a ser accionistas. Son Carolina Villegas, Millán Cámara y el equipo formado por Nacho Dusmet, Rocío Melgosa e Ignacio González-Palenzuela.

Este es el texto de Carolina, de 22 años, estudiante becada de Periodismo y Filosofía. En 2010 dejó México, su país, para venir a España con la intención de dedicarse al periodismo para “buscar la verdad, de las causas últimas de las cosas y las pequeñas realidades de la vida que dan sentido al todo”.

“Todavía estáis a tiempo de dejarlo”. Esas fueron las primeras palabras que nos dirigió un directivo de uno de los diarios españoles con mayor difusión. Y nosotros, asustados, nos miramos una vez más con pena y resignación. Habíamos elegido nuestra profesión con pasión, pero quizá nuestra razón nos tendría que haber guiado hacia lo conveniente. A unos meses de graduarnos en periodismo, emprendimos un viaje para visitar las grandes cabeceras de Madrid. Sabíamos que las cosas no iban bien, como en otros sectores, pero no que nos veríamos ante la opción de, o cambiar de profesión, o destinarnos al sacrificio poco retribuido de los románticos.

El último periódico de la lista y el que generó más expectación fue El Español, el futuro periódico de Pedro J. Ramirez. La sede de El Español estaba vacía, sólo había unas cuantas mesas, así que nos sentamos en el suelo. Esperábamos a que llegara el fundador de aquello que tenía temblando al mundo de la información. Éramos sesenta estudiantes deseando conocer a aquel que había emprendido lo que todos parecían querer enterrar. En mi expectación sólo fluctuaba si conocería a un valiente o a un temerario.

Entró seguro de sí, nos saludó con simpatía. Era un grande, pero se mostró cercano. Yo sonreí al reconocer sus auténticos tirantes y el toque peculiar de su corbata rosa. Se sentó frente a todos mirándonos como colegas. Durante toda la charla intentó recordar nuestros nombres, descifrar nuestros acentos. Sentí que nos recibía no en su oficina sino en su casa, así que el ambiente era íntimo y nos sabíamos privilegiados. Detrás de él solo había tres personas de las cuales dos eran los primeros periodistas contratados de El Español. ¿Cómo lo habían hecho? Cuánto haríamos nosotros por estar en ese lugar.

“Estamos ante algo que va a marcar un antes y un después en la historia del periodismo en España”, nos dijo con la seguridad de su experiencia. Pero aquello ya nos sonaba a cliché. “Una nube de pesadumbre lo envuelve todo en el sector, pero yo también creo que Post Nubila Phœbus, después de las nubes brilla el sol. Ese es un ciclo general de la naturaleza y creo que en el caso de los medios de comunicación en los que el valor de la tecnología es estratégico, los problemas que ha creado la tecnología los va a resolver con creces ella misma”.

“No hace falta papel” repitió más de un par de veces, y yo buscaba la cara de mis profesores, queriendo encontrar una expresión en ellos, para saber si pensaban lo mismo. Permanecieron callados, escuchando, pero su cara mostraba inseguridad.

Los desayunos digitales son diferentes

En la nueva era que algunos invocaban ya no veía lugar para un buen desayuno al lado de los grandes pensadores de la época, entendía que estábamos determinados a leer las noticias mientras caminábamos por la calle, o en un trayecto del metro o del bus. Adiós al papel, y con ello al romántico momento de pasar cada página con la mano, escuchando el sonido de ésta al cortar el aire y manchando así un poco la punta de nuestros dedos.

“Pero no seamos reaccionarios” me dije mientras le escuchaba hablar: “El hecho de que los periódicos se hayan distribuido a través de un proceso que implicaba talar árboles, pasar a las catedrales del siglo XX donde se encontraban los dinosaurios que son las rotativas, y después distribuirse por toda la geografía nacional gracias a los puntos de venta… Todo eso nunca ha tenido que ver con la sustancia de la actividad periodística y con el concepto intelectual de lo que es un periódico”.

Él creía en esa sustancia, y nos aconsejaba “buscar la verdad” y “formarnos humanísticamente”, cuando lo importante en la profesión ahora es formarse en los nuevos programas y entender de redes sociales. “Espero que tenga razón, espero que no se equivoque” pensé mientras nos alentaba a pedir trabajo en su periódico.

“Una sociedad hablando consigo misma”

“Un buen periódico es una sociedad hablando consigo misma. Eso estaba bien cuando se dijo, pero sólo es real ahora. Ahora el diálogo puede ser constante”. Eso era para él el Periodismo, por ello estaba dispuesto a hacer accionista a aquel que quisiese —y no dejó de invitarnos a aportar—, para “crear una base social, saber qué piensa la gente, qué le preocupa y tener sus ideas como herramientas de juicio”.

El Español no estaba renunciando al romanticismo, ¡vaya que no!, ni declarando la muerte a los periódicos. Simplemente estaba siendo el eslabón de un cambio necesario, una parte del evidente proceso de evolución que se vive en la prensa. Y es que si la especie no evoluciona puede extinguirse.

“Queremos ser un pacto entre generaciones — nos dijo y sentimos la posibilidad de lo que ya veíamos terminado — es decir, que mi generación contribuya aprovechando las nuevas oportunidades de las tecnologías, para que haya un cauce para dar salida al talento y la creatividad de los más jóvenes”. En sus palabras vi que entendía que la fórmula de la Cola-Cola estaba aún por descifrarse, y que “en tierra incógnita siempre se avanza sobre la base de prueba y error”.

Al final de la charla uno de nuestros profesores se acercó a él y le regaló un calendario que en la portada decía “The Newspaper death? Hahaha”, Pedro J. lo leyó en voz alta y dijo: “Hay que reírse de eso, porque no estamos muertos, sino que nos transformamos”. Los alumnos le regalamos una cafetera firmada con el nombre de cada uno de nosotros, como símbolo de nuestro deseo de ser sus compañeros de viaje, de sumar nuestras manos a la suya. Queríamos ser parte de ese pacto, y nos hizo saber que así era. “A partir de hoy su paso por aquí quedará impregnado”, nos dijo con sinceridad el fundador de un periódico que se permitía soñar cuando todos estaban sobreviviendo.

Él hizo sin saberlo aquello que quería, “reorganizó la esperanza del periodismo” en los hijos de una sociedad de Preocupados que se preguntan con constancia qué vendrá y cómo habrán de preparase. Así le habló el Periodista al Universitario Preocupado, al Joven Preocupado, al que le auguran que lo mejor sería permanecer en el calor de las aulas antes que salir a la selva que la crisis ha dejado. No te desalientes, Preocupado, que la crisis no es el ocaso, sino aquel momento en que “lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer”. Pedro J. confía en que nacerá y nos invita a todos a crearlo junto a él.

Alumni Navarra