Mariano y la nada

El presidente del PP hace un análisis complaciente de los resultados de las elecciones municipales y autonómicas ante la cúpula de su partido.

18305161814_e81338dcd4_k

El cataclismo que el 24-M ha supuesto para el PP no tendrá consecuencias en la organización, por lo que tampoco cabe albergar ahora grandes sorpresas en el Ejecutivo. Los cambios anunciados por Rajoy en respuesta a la debacle electoral se circunscriben básicamente a González Pons -amortizado desde que emigró a Bruselas- y a Carlos Floriano, famoso por sus críticas a Ciudadanos, el único clavo ardiendo al que puede agarrarse hoy el PP, como bien sabe Cristina Cifuentes.

La secretaria general del partido sigue en su sitio, pese a haber sido derrotada por partida doble: en Génova y en Castilla-La Mancha. Junto a Cospedal, Rajoy se enroca con el inmarcesible Javier Arenas y, sobre todo, con Jorge Moragas, su jefe de Gabinete en La Moncloa, al que entrega la dirección de la campaña electoral. Pablo Casado, lo más parecido que hay en el PP a Albert Rivera, llevará Comunicación. Y ahí acaba todo.

En el balance de situación que Rajoy ha presentado ante los dirigentes de su partido pesa muchísimo más lo positivo, algo que contrasta con el ambiente de funeral que se palpa entre las bases. Lo único que el presidente anota oficialmente en el debe del PP es la corrupción, y ya la da por juzgada, sentenciada y requetesuperada. Por contra, observa brotes verdes por doquier: desde los pronósticos de las primeros sondeos -ojo, tres semanas después de la gran encuesta del 24-M- a la recuperación numérica de la economía.

En el seno del PP, Rajoy le ha hecho la autocrítica al PSOE, transformando la reunión del Comité Ejecutivo tras las catastróficas municipales en el primer mitin de campaña de las generales. Para el dirigente popular, los socialistas han optado por la “marginalidad” y el “extremismo”. Así pues, queda clara la disyuntiva que pretende plantear a los ciudadanos en las próximas elecciones: o el PP o el caos. Ocurre, empero, que ya son legión quienes piensan que entre Mariano y la nada tampoco hay tantas diferencias.

Rajoy marianiza el PP

18305161644_dfda27621c_k

Los que esperaban un golpe de timón en el Partido Popular se quedaron este jueves con las ganas. Mariano Rajoy rompió finalmente su silencio y se presentó ante los suyos para reconocer que el batacazo electoral del PP no se debe a la comunicación o a la coordinación interna sino a las consecuencias de la crisis y la corrupción. Aquí están las claves de los cambios en el partido.

Además: Pablo Casado, un político de carrera

Los que esperaban un golpe de timón en el Partido Popular se quedaron este jueves con las ganas. Mariano Rajoy rompió finalmente su silencio y se presentó ante los suyos para reconocer que el batacazo electoral del PP no se debe a la comunicación o a la coordinación interna sino a las consecuencias de la crisis y la corrupción.

El presidente del PP ha optado por involucrarse más en primera persona, volver a presidir las reuniones que la cúpula tiene los lunes por la mañana y hacer una serie de cambios considerados como superficiales tanto por el PP como por el PSOE.

Resumimos en seis claves las decisiones y el discurso de Rajoy, que mantiene aún en suspenso la esperada remodelación del Gobierno:

Arenas vuelve con Cospedal. Son los dos puntales de Rajoy en el PP y lejos de ser relevados, se mantienen en sus funciones. La secretaria general, que perdió el Gobierno de Castilla-La Mancha a manos de PSOE y Podemos, mantiene el puesto junto a su enemigo interno Javier Arenas, que seguirá como vicesecretario de Autonomías y Ayuntamientos.

Moragas, el hombre del presidente. La volcánica lucha de poder entre Cospedal, número dos del partido, y Soraya Sáenz de Santamaría, número dos en el Ejecutivo, ha desembocado en una decisión salomónica. La persona en la que más confía Rajoy es el hombre que lleva con él en la Moncloa: Jorge Moragas, su jefe de gabinete, que será también el jefe de la campaña electoral. Tuvo ya un papel clave en la victoria de 2011 y desde entonces no se ha separado de él. Es el dirigente más reforzado por los cambios internos. De ahí que quepa hablar no ya del rajoyismo sino de una auténtica marianización del PP.

Ciudadanos nacidos en los 80. Son jóvenes, sin galones pero con una imagen de modernidad que contrasta con la de quienes ocupan primeros peldaños del poder conservador. Pablo Casado (1981), bregado en tertulias televisivas y de la órbita FAES, asumirá Comunicación. Andrea Levy (1984) asume Estudios y Programas, cargo que ya ostenta en el PP catalán que encara las elecciones autonómicas de septiembre con perspectivas sombrías. Son valores en alza y la apertura a una nueva generación, la generación de buena parte de los dirigentes de Ciudadanos.

Una organización fraguiana. El nuevo equipo de Rajoy amplía el número de vicesecretarías generales de tres (Floriano, González Pons y Arenas) a cinco. El nuevo número tres del partido es Fernando Martínez Maíllo, presidente de la Diputación y del PP de Zamora, un dirigente respetado pero salpicado por casos judiciales. En abril fue imputado por su gestión como consejero de Caja España. Javier Maroto, ex alcalde de Vitoria y uno de los homosexuales más visibles del partido, asume un nuevo cargo (Política Sectorial). Ganó las elecciones en su Ayuntamiento pero no pudo gobernar por la unión de la oposición. La estructura, que tendrá que probar su eficacia y coordinación, recuerda a los tiempos de Manuel Fraga, donde había una dirección hipertrofiada con nada menos que cuatro vicepresidentes además de un secretario general.

Pedro Sánchez, el radical. “El PSOE es nuestro principal adversario”, ha proclamado solemnemente Rajoy. El PP no planteará la estrategia del miedo a Podemos de forma frontal tras el fracaso cosechado en el Ayuntamiento de Madrid. Recurrirá más bien a cargar la responsabilidad en el PSOE  por su “sectarismo” a la hora en los pactos. “Ellos han optado, no por la moderación, ni el sentido común, ni el consenso en los valores constitucionales. Han optado por la frivolidad, la marginalidad y el extremismo”, ha dicho.

Presupuestos electorales. Rajoy no ha mencionado los cambios en el Gobierno ni las leyes clave de la legislatura. Pero sí ha aprovechado para anunciar que presentará unos Presupuestos Generales del Estado cargados de rebajas fiscales. La Constitución obliga al Gobierno a remitir al Congreso las cuentas para el ejercicio siguiente antes del 1 de octubre, pero se quedarían en papel mojado si el PP no sigue en el Gobierno. El dato, unido a los primeros mensajes sobre Cataluña, ahuyenta la posibilidad de un adelanto electoral.

Desconcierto en el PP e indiferencia en el PSOE

“Rajoy anunció cambios, generó expectativas y se arrepintió en ese preciso instante”, confiesa un dirigente popular. “Hay gente válida en el nuevo equipo, pero no es un revulsivo, no es una dirección para ir a por todas”, añade.

En el PP aún se espera con interés la remodelación ministerial, pero la falta de profundidad en los cambios acometidos en el partido rebaja las expectativas. De producirse una sorpresa, su efecto se vería amplificado.

Fuentes de la dirección del PSOE destacan que “finalmente, el cambio de Rajoy no ha sido”. Según el equipo de Pedro Sánchez, el presidente del PP “no ha entendido nada del mensaje de las urnas” y ha decidido “que el Gobierno salga al rescate del partido”.

Tanto en el PP como en el PSOE coinciden en señalar el latente “discurso del miedo” a que la recuperación se malogre por un peligroso viraje a la izquierda. “Pero las elecciones autonómicas y municipales han demostrado que el miedo ya no moviliza”, en palabras de un veterano del PSOE. “Como mucho, el discurso puede acabar viniéndonos bien a nosotros como le vinieron bien a Podemos los ataques de Aguirre y otros dirigentes”.

Un año después, ni rastro de los cabeza de lista en la Eurocámara

Pleno del Parlamento Europeo

Un año después de las elecciones europeas es prácticamente imposible encontrar en sus puestos a los candidatos que encabezaron las listas en España. La Eurocámara ha servido como primer eco de la convulsión del sistema político español. Sólo uno de los líderes de partidos que lograron más de dos diputados continúa al frente de su formación, y por poco tiempo. Se llama Pablo Iglesias.

Un año después de las elecciones europeas es prácticamente imposible encontrar en sus puestos a los candidatos que encabezaron las listas en España. La Eurocámara ha servido como primer eco de la convulsión del sistema político español. Sólo uno de los líderes de partidos que lograron más de dos diputados continúa al frente de su formación, y por poco tiempo. Se llama Pablo Iglesias.

Los cambios se asumen con naturalidad en los pasillos de Estrasburgo, donde conviven políticos en el inicio o el ocaso de su carrera junto a pesos pesados en horas bajas. La Eurocámara diluye en los trabajos del día a día las intrigas nacionales. Los pactos de toda naturaleza son habituales en el pleno de la institución, que esta semana celebra los 30 años de la firma del tratado por el que España selló su entrada en la Unión Europea.

Esta es la lista de cambios menos de 12 meses después de que comenzara la legislatura, que dura cinco años:

PP: Cañete a la Comisión. No sin intrigas (y cuñados atragantados), el cabeza de lista del PP se convirtió en comisario de Energía y Acción Climática, abandonando el liderazgo de los 16 diputados del partido. Le sucedió su número dos, Esteban González Pons, que asegura estar encantado con su desembarco europeo. Aunque suena para volver y ayudar a un PP en horas bajas, él se autodescarta. Por el momento.

PSOE: Valenciano, una diputada más. De ser la todopoderosa número dos del PSOE, Elena Valenciano pasó en poco tiempo a ser una diputada más. La derrota del PSOE (muy relativizada con el paso del tiempo) aceleró la marcha de Alfredo Pérez Rubalcaba. Pedro Sánchez escogió para liderar el PSOE en Bruselas a Iratxe García, otra veterana eurodiputada. Valenciano tardó en asumirlo, pero ahora disfruta dedicándose a la política exterior y a la presidencia de la comisión de derechos humanos.

IU: Willy Meyer no llegó ni a tomar posesión. En junio se descubrió que Willy Meyer, eurodiputado durante una década, había participado en un plan de pensiones privado gestionado por una SICAV en Luxemburgo. Se fue y lo sucedió Marina Albiol como jefa de unas filas donde también están Javier Couso, Paloma López y Ángela Vallina. En el grupo se vive la división del partido: Couso y Albiol tienen simpatías por Alberto Garzón, Vallina y López por la IU más tradicional.

Podemos: Tic-tac para la marcha de Pablo Iglesias. El líder de Podemos asiste regularmente a los plenos pero por poco tiempo, ya que con toda probabilidad será el cabeza de lista a las generales. Podemos tuvo cinco diputados: Carlos Jiménez Villarejo no volvió tras el verano. Teresa Rodríguez y Pablo Echenique se fueron para presentarse en Andalucía y Aragón. Sólo una de las iniciales resiste junto a Iglesias: Lola Sánchez.

UPyD: La marcha de Sosa Wagner y la implosión del partido. UPyD tuvo en Europa su primer foco de rebelión. El candidato, Francisco Sosa Wagner, abandonó su escaño criticando amargamente a Rosa Díez y la dirección. Después dejarían el grupo (no el escaño) dos de los cuatro miembros de la delegación, más próximos a Ciudadanos: Fernando Maura y el recién llegado Enrique Calvet. Resisten Beatriz Becerra y Maite Pagazaurtundua.

Ciudadanos y Esquerra Republicana mantiene a sus dos diputados. Los demás (PNV, Convergencia, Unió, Compromis-Equo, Bildu) vuelan por libre en diversas familias políticas europeas.

TTIP, nuevo tema estrella

Pleno del Parlamento Europeo

Esta semana, en el Parlamento Europeo, se celebraron los 30 años de la firma del tratado de adhesión que España firmó el 12 de junio de 1985 (entró el 1 de enero del 1986). Pero los eurodiputados tuvieron poco tiempo para celebrarlo, enfangados en una compleja refriega sobre el tratado de libre comercio entre EEUU y la UE conocido como TTIP.

No hay unanimidad entre los parlamentarios con los que EL ESPAÑOL ha podido hablar en Estrasburgo como parte de un grupo de periodistas invitados por la institución a seguir la sesión plenaria.

El texto, que se negocia en secreto, puede crear millones de empleos o destruirlos, relanzar la economía europea o convertirla en una colonia de Washington. Depende de a quién se pregunte. Otros diputados, según es posible constatar en la Eurocámara, no tienen claro que haya un informe realmente indicativo del impacto, que Bruselas cifra en el 0,5% del PIB europeo y en 400.000 empleos.

Por un lado está el Partido Popular Europeo, ardiente defensor de la alianza. Por otra, los partidos más a la izquierda de la cámara y la extrema derecha, que lo rechazan de plano. En medio, socialdemócratas y liberales pugnan por lograr un acuerdo sin ceder soberanía ni derechos. Los puntos más comprometidos son los derechos laborales, el respeto a las exigentes normas medioambientales europeas o el veto a los alimentos transgénicos vigente en varios países.

Por encima de todos esos escollos está la resolución de conflictos, especialmente cuando sea una empresa la que litigue contra un Estado. Las negociaciones, que transcurren a espaldas del Parlamento, entre EEUU y la Comisión Europea, plantean un tribunal de naturaleza privada que podría pisar a la Justicia y leyes de países europeos, algo considerado por la izquierda como un atentado a la democracia.

Aunque una mayoría de parlamentarios se oponen a este tribunal de conflictos, el conjunto del acuerdo genera múltiples controversias, por lo que la Eurocámara ha pospuesto la votación de su posición al menos hasta el mes que viene.

El Parlamento Europeo no es parte negociadora pero, una vez concluida la negociación, tiene el poder de tumbarlo en bloque. Por esa razón quiere fijar antes sus propias líneas rojas.