La guerra de Siria obliga a abrir el arca de las semillas

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Científicos sirios exiliados en el Líbano han solicitado el envío de semillas desde la instalación que preserva en el Ártico la biodiversidad de las especies de cultivo. Es la primera vez que este particular “Arca de Noé” envía parte del material que custodia

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Entrada al banco de semillas de Svalbard, en Noruega. (Croptrust.org)

Además de los cientos de miles de muertos y desaparecidos, y millones de seres humanos desplazados, el violento conflicto sirio deja otros dramáticos saldos. A medida que los fundamentalistas del autodenominado Estado Islámico retienen el control de amplias zonas del país, continúa la destrucción sistemática del rico legado arqueológico y de muchas infraestructuras en la zona.

Ahora, la guerra amenaza el Centro Internacional de Investigación sobre Agricultura en Zonas Secas (ICARDA), que se trasladó a Beirut nada más comenzar la guerra de Siria desde la castigada ciudad de Alepo, pero que mantenía ahí un importante depósito de semillas.

“El depósito en Alepo no está dañado y aún permanece intacto”, informa a EL ESPAÑOL Rajita Majumdar, portavoz del centro. “Todos nuestros esfuerzos han sido por cautela, somos proactivos para garantizar la seguridad de nuestra colección única de semillas”.

Los científicos sirios que continúan sus investigaciones en El Líbano han pedido esta misma semana al Banco Mundial de Semillas de Svalbard, en una isla noruega situada en el Ártico, la devolución de algunas de sus semillas para reiniciar su colección, tal y como adelantó la edición estadounidense del sitio Huffington Post.

La instalación de ICARDA, fundada en 1977, mantenía en Alepo una colección de 150.000 poblaciones diferentes de trigo, cebada, garbanzos, lentejas, judías y leguminosas de pasto, procedentes de 128 países. Las instalaciones noruegas, una especie de “Arca de Noé” de semillas, conservan copia del 80% de esta colección.

A man rides a motorcycle near a damaged building after what activists said was an airstrike by forces loyal to Syria's President Bashar al-Assad in al-Ansari neighbourhood of Aleppo, Syria September 18, 2015. REUTERS/Abdalrhman Ismail
Imagen reciente de la ciudad de Alepo, fuertemente bombardeada durante la guerra. (Reuters)

ICARDA ha solicitado al banco de semillas 130 cajas de las 325 que tenía depositadas. En total son 116.000 muestras, según comentó a Reuters Grethe Evjen, una experta del Ministerio de Agricultura de Noruega. Esas muestras “no volverán a Siria sino a un lugar seguro fuera del país”, aseguran los responsable del banco de semillas noruego en una nota.

Este material es necesario para continuar las investigaciones sobre cultivos en Oriente Medio con el fin de prevenir los efectos de plagas y sequías, y aumentar los rendimientos de los cultivos para alimentar a una población creciente.

“Conservar las variedades autóctonas de cultivos es, por encima de todo, la mejor garantía para la seguridad alimentaria”, apunta a EL ESPAÑOL Celsa Peiteado, coordinadora de agricultura y desarrollo rural en WWF España. “Además del riesgo para la seguridad alimentaria”, añade, “con la pérdida de variedades locales de cultivos se está perdiendo un patrimonio cultural y gastronómico muy valioso”. Esta ONG considera que, de momento, los esfuerzos para conservar y recuperar estos recursos genéticos en la agricultura son claramente insuficientes.

Una póliza de seguros alimentaria

El banco de semillas de Svalbard abrió en la isla de Longyearbyen, cercana al Polo Norte, en 2008 y contiene alrededor de 860.000 muestras procedentes de países de todo el mundo. Se trata de semillas de cultivo como legumbres y cereales.

La instalación, un sólido búnker enterrado en una montaña helada, tiene capacidad para proteger hasta 4,5 millones de variedades de cultivo. Como cada variedad contiene un promedio de 500 semillas, la capacidad total de la instalación es de unas 2.500 millones de semillas.

Fue diseñado para servir como el último recurso para preservar la diversidad de las plantas cultivables en caso de guerra nuclear, impacto de un asteroide, o cualquier otro supuesto apocalíptico. Es, en definitiva, una copia de seguridad de la base alimenticia mundial.

En todo el mundo existen cerca de 1.700 bancos de genes en donde se custodian y preservan semillas de cultivos alimentarios. El de Alepo era uno de ellos. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que tres cuartas partes de las especies cultivables ya no se cultivan: el 75% de la diversidad agrícola se perdió durante el siglo XX.

El depósito de Svalbard es, en definitiva, una especie de póliza de seguros alimentaria para la Humanidad. Funciona como un banco: sólo el depositante de las semillas tiene acceso a las mismas. “Cada país o institución tendrá la posesión y controlará el acceso a las semillas que haya depositado”, de modo que “el depositante es el único que puede retirar las semillas y abrir las cajas”, explica en su sitio web.

La gestión del centro corresponde a Global Crop Diversity Fund con sede en Bonn (Alemania), un fondo internacional que recibe dinero de países donantes (EEUU, Australia, Reino Unido, etc.) y organizaciones como la Fundación Bill y Melinda Gates.

Pizza Rat es sólo una cotilla

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El viral del momento no lo protagoniza un gato ni un bebé sino una rata del metro de Nueva York. Su hazaña, arrastrar una porción de pizza casi de su tamaño. Pero lo más extraordinario no es eso, sino el tiempo que aguanta frente a la cámara

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El nombre científico Rattus norvegicus no esconde otra cosa que la denominación del tipo de rata más común, la de alcantarilla o rata parda. Pero un ejemplar concreto de esta especie ha saltado a la fama en las redes sociales gracias a un internauta que la grabó mientras arrastraba una pizza por las escaleras mecánicas. De ahí su apodo, Pizza Rat y su repentina fama.

Pero ¿es común el comportamiento de la nueva estrella de internet? ¿Podría darse una situación así en España? ¿Supondría eso un peligro para la salud pública?

Raquel López-Antoñanzas, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), no ve “nada extraordinario” en la hazaña de Pizza Rat. “Si una porción de pizza pesa aproximadamente 100 gramos y el peso de una rata parda es aproximadamente de 450 gramos, no creo que lo sea”, comenta a EL ESPAÑOL.

De la misma opinión es el profesor de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Ignacio Álvárez Gómez de Segura. Tras ver el vídeo, el experto destaca lo único realmente llamativo de la secuencia: el tiempo que tarda en esconderse a pesar de tenerse que haber dado cuenta de que le estaban grabando con un móvil. “Además, es curioso que, una vez escondida, vuelva a asomar la cabeza”, señala.

Para este especialista, que apunta a que seguramente “también habría ruido”, la tendencia normal de las ratas es meterse en sus madrigueras. “Debía de estar muy despistada”, especula. Y López-Antoñanzas añade un detalle esclarecedor: “Las ratas son verdaderas fans de la pizza”.

El veterinario cree que se podría ver una situación similar en España. La especie que habita en el suburbano de Nueva York es la misma que vive en el metro de Madrid. Si alguien tirara una pizza al suelo por la noche, la rata podría ir a por ella. Lo raro, insiste, es que no se escondiera rápidamente tras notar la presencia de un humano que la grabara.

Ambos expertos tienen claro que una hipotética Pizza Rat versión patria no supondría ningún peligro para la salud pública. De hecho, rechazan categóricamente la mala fama de estos animales, del mismo tipo que algunas de las ratas usadas en experimentos en laboratorio, más de 250.000 solo en 2013. “Aunque sean una molestia, contribuyen enormemente a nuestro bienestar, ya que se han usado en incontables estudios que no solo han mejorado nuestro entendimiento de la evolución de los mamíferos, sino también en numerosos aspectos de la genética, enfermedades, etc.”, comenta López-Antoñanzas.

Para el profesor de veterinaria, sin embargo, sí pueden ser un problema “por el ambiente insalubre en el que habitan”, plagado de bacterias y que les permite, en caso de sentirse atacadas y arañar o morder, transmitir enfermedades como la leptospirosis, que puede ser grave en humanos.

Así,  Álvárez Gómez de Segura sí cree que hay que tomar medidas para evitar su proliferación en ciudades, algo que dificulta otra característica biológica del animal, su facilidad para reproducirse que le permite tener más de 100 crías al año desde los tres meses de edad.

De Asia a Nueva York

Pizza Rat pertenece a una especie originaria de una zona de Asia que abarca el norte de China y Mongolia y donde aún se pueden encontrar ejemplares en el campo.

Su prima, la rata negra o Rattus rattus, predominó en Europa antes de la llegada de la rata parda, más grande, voraz y agresiva. Existen evidencias de la presencia de la rata negra, que procede del sur de Asia, en restos fechados en Pompeya entre los siglos II y IV aC.

La rata noruega llegó más tarde a Europa, en algún momento entre los siglos IX y XIII. Poco a poco amplió sus dominios y ya desde el s. XVIII era predominante en el Viejo Continente, mientras que la rata negra comenzó su lento pero inevitable retroceso.

El salto a América de la rata parda está documentado en el año 1755, mientras que el primer ejemplar hallado en la costa este de lo que hoy es EEUU aparece documentado en 1775.

[su_box title=”Un bulo de hace un siglo”]No hay más ratas que personas en la ciudad de Nueva York. El origen de este bulo hay que encontrarlo a principios del siglo XX, cuando el autor y ‘especialista’ en ratas W. R. Boelter planteó la hipótesis de que en el Reino Unido convivía una rata por cada habitante. A pesar de que la ciencia desmintió esta proporción en varias ocasiones, durante los años cincuenta del siglo pasado el Departamento de Salud de la ciudad de Nueva York volvió a creerse la proporción “un hombre, una rata”.

El pasado año, un estudio (PDF) firmado por Jonathan Auerbach y ganador del YSS / Significance Young Statisticians Writing Competition volvió a demostrar que ese dato es falso: llegó a la conclusión de que los más de ocho millones de habitantes de Nueva York conviven con unas dos millones de ratas, con un margen de error de 150.000.[/su_box]