El largo

GRA168. MATARÓ (BARCELONA), 19/09/2015.- El candidato del PPC a la presidencia de la Generalitat, Xavier García Albiol, come un trozo de sandía durante el paseo que ha realizado hoy por el mercado del barrio de Cerdanyola de Mataró (Barcelona). EFE/Quique García

Fotografía: Quique García / EFE

Xavier García Albiol es el elegido por el PP para contener el ascenso de Ciudadanos y luchar contra el soberanismo en Cataluña. Exjugador de baloncesto, aficionado a la vela y socio del Espanyol, sus años en Badalona lo convirtieron en un político conocido en todo el país.

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Xavier García Albiol es el elegido por el PP para contener el ascenso de Ciudadanos y luchar contra el soberanismo en Cataluña. Exjugador de baloncesto, aficionado a la vela y socio del Espanyol, sus años en Badalona lo convirtieron en un político conocido en todo el país.

Una mañana de septiembre de 1983, Miquel Nolis subía por la calle Prim de Badalona. Por la otra acera vio bajando a un chaval espigado de casi dos metros. Nolis iba mal de tiempo pero no se lo pensó. Cruzó la acera y le preguntó a ese joven si jugaba al baloncesto. “No, sólo a veces en el colegio”, le contestó un adolescente con una dicción peculiar. “Pues vente un día a probar al Joventut”, le contestó Nolis.

Miquel Nolis es uno de los entrenadores de baloncesto de base más prestigiosos de España. Fue seleccionador de las categorías juveniles y hasta Ricky Rubio le contrató para mejorar algunos aspectos técnicos antes de ir a la NBA. Esa mañana de 1983 acababa de fichar para el equipo a Xavier García Albiol, el futuro alcalde de la ciudad. “Nunca nadie imaginó que ese tío acabaría metido en política”, recuerda hoy el entrenador.

Tres décadas después, Xavier García Albiol (Badalona, 1967) es la apuesta del Partido Popular para presidir la Generalitat, frenar el ascenso de Ciutadans y mitigar la caída que vaticinan las encuestas.

Albiol, haciendo campaña en las calles de Badalona.
Albiol, haciendo campaña en las calles de Badalona. / ALBERTO GAMAZO

Rodeado de socialistas

El ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, recordaba hace poco en una comida con Albiol y sus allegados su primer encuentro con el candidato popular.

“¿Recuerdas cuando nos conocimos? Eras un mocoso que me vino a decir que Badalona estaba fatal y que querías ser el presidente local para arreglarlo” le recordó, según cuenta uno de los comensales. “No sé cómo te aguanté, pero con el tiempo vi que estabas destinado a hacer grandes cosas”, remachó el ministro, orgulloso de su discípulo.

Albiol sólo tenía 24 años y ninguna experiencia cuando llegó al pleno del Ayuntamiento de Badalona. Ocurrió en 1991 cuando el socialista Joan Blanch acababa de ganar las elecciones por mayoría absoluta y Albiol irrumpía como único concejal del PP en una de las ciudades más de izquierdas de Cataluña.

Badalona era entonces uno de los principales feudos del cinturón rojo, el área metropolitana de Barcelona en el que ganaban siempre los socialistas. Un municipio en el que todavía se respiraba la estela de Màrius Díaz, primer alcalde en democracia y miembro del PSUC.

Quienes recuerdan a aquel Albiol lo hacen con cierta condescendencia. Era el concejal inexperto, el conservador en un pleno progresista. Su altura además hacía que no pasara inadvertido. “Era el tonto. El blanco de todos los golpes”, recuerda un veterano del PSC.

Este socialista cree que fue precisamente el desprecio con el que se recibió a Albiol lo que le empujó a no tirar la toalla. El concejal popular encajó todos los puñetazos dialécticos y aguantó.

Arropado por pesos pesados del PP como Enric Lacalle, Jorge Fernández Díaz y Josep Piqué, el concejal de Badalona estaba decidido a convertirse en el alcalde de su ciudad.

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Uno de los nuestros

Badalona (217.210 habitantes) es una ciudad de contrastes. Los barrios del centro tienen vecinos con buen poder adquisitivo, profesionales liberales y gente cosmopolita que vive a pocos minutos de la playa.

Fuera de esos barrios, sin embargo, existe otra Badalona más degradada y abandonada a su suerte. Barrios como Llefià, La Salut o Sant Roc, más alejados del centro, en los que el paro y la oleada migratoria de principios de siglo han generado algunos problemas de convivencia e integración.

Después de pasear durante días por los barrios de la periferia uno percibe una importante brecha social entre ambas realidades. La mayoría de gente del centro vive de espaldas a la degradación de esos distritos mientras los habitantes del extrarradio sienten que sus problemas no importan a los vecinos con más recursos de la ciudad.

Albiol irrumpió en la política local asegurando a la gente de los barrios que era uno de los suyos. Un hijo de un andaluz que se había criado en el barrio de La Morera, que no tenía estudios (dejó la carrera de Derecho a medias) y que llamaba a las cosas por su nombre. “Yo no hablo para catedráticos”, explica. “La gente no está para frases bonitas, quieren hechos”.

Albiol reforzó esta sensación de proximidad con una presencia continua en la calle y en los bares, donde se reunía con los vecinos para escuchar sus problemas. Poco a poco la gente empezó a ponerle nombre a un político al que conocían como “el largo del PP”.

Albiol fue pescando votos en los feudos socialistas. De ser el único concejal popular en 1991 pasó a tener tres colegas en 1995, cuatro en los comicios de 1999 y 2003, seis en 2007 y 10 en las elecciones de 2011, cuando obtuvo el bastón de mando de la ciudad.

“Albiol no es precisamente un lumbreras, pero es obsesivo con su trabajo”, cuenta un exdirigente del Partido Popular catalán que lo ha visto crecer políticamente. “Es como una esponja. Escucha mucho e interioriza todo lo que ve”.

Alicia Sánchez Camacho juega al futbolín delante de Albiol  EFE/Marta Pérez
Alicia Sánchez Camacho juega al futbolín delante de Albiol / EFE / Marta Pérez

El chaval de La Morera

Hijo de una peluquera catalana y de un trabajador municipal nacido en Vélez Rubio (Almería), Albiol creció en el barrio de La Morera, situado en el norte de la ciudad.

La Morera es un barrio de gente trabajadora, tranquilo y en el que se respira normalidad. A diferencia de otros distritos obreros de Badalona, no ha sido azotado por la inmigración y en sus calles se oye sobre todo el castellano. A pocas semanas de las elecciones apenas se ven esteladas en los balcones y cuesta encontrar gente que hable mal de Albiol.

Juan Gómez tiene 61 años y conoce a la familia del candidato. Recuerda a Albiol como “un golfillo sin maldad” que ocupaba las horas dando vueltas por el barrio. Joan Escalada, actual presidente de la Asociación de Voluntarios de la ciudad, recuerda cómo Albiol era un asiduo de las sesiones de tarde en la discoteca Titus. “Nunca creaba problemas”, recuerda.

Algunos compañeros del colegio público Àngelus donde estudió recuerdan que era el más alto del colegio y que era muy malo para los estudios. El contraste de su altura con la de los demás alumnos se acrecentó cuando repitió curso y empezó a ir a clase con alumnos más jóvenes que él.

En La Morera circula una anécdota que niega Albiol. Hasta tres vecinos me contaron que su madre le obligaba a quedarse en su peluquería para que no hiciera gamberradas. Lo que no rechaza Albiol es el calificativo de golfo. “¡Claro que lo era! Y a mucha honra”, exclama Albiol con su sonrisa de anuncio de dentífrico.

Llega la gomina

Socio del Espanyol y padre de dos mellizos (Sandro y Nadia), asegura que vive a caballo entre un piso de la familia de su mujer en el barrio de Les Corts de Barcelona y su piso en Badalona. “En función de lo que tenga que hacer duermo en un sitio o en otro”, cuenta. Los demás partidos de Badalona afirman que toda la familia de Albiol vive en Barcelona y que Albiol lleva años sin residir en la ciudad.

Albiol se ha refinado con los años. El pelo perfectamente engominado, la camisa arremangada, los pantalones chinos y los mocasines impolutos le hacen parecerse más a un vecino de la zona alta de Barcelona que al chico de barrio que un día fue. Desde hace 15 años es aficionado a la vela y le gusta surcar los mares con su velero de 10 metros.

Albiol cuenta que empezó a ordenar su vida cuando fichó por el Joventut de Badalona a los 16 años después de su encuentro con Nolis. “Ahí aprendí lo que eran la disciplina y cumplir unos horarios”, recuerda.

Un ala-pivot prometedor

Albiol suele contar que jugó durante cuatro años en el Joventut de Badalona. Sus antiguos compañeros y entrenadores, sin embargo, aseguran que sólo fueron dos: uno en juvenil y el otro en la categoría junior.

En España hay cuatro equipos de elite en las categorías inferiores del baloncesto: el Barcelona, el Madrid, el Estudiantes y el Joventut. Albiol empezó jugando de ala-pívot pero sus entrenadores aspiraban a convertirlo en alero. En el equipo de su ciudad compartió entrenamientos con jugadores que después darían el salto al baloncesto profesional. Entre ellos Juan Antonio Morales o Rafael Jofresa. Aunque ellos jugaban en el equipo A y Albiol nunca salió del B.

Miquel Nolis, el entrenador que lo fichó al verlo por la calle, recuerda a un chico “muy simple, nada sofisticado” al que le gustaba hacer bromas en el vestuario. “Tenía esperanzas en él pero no acabó de cuajar”.

Un compañero de vestuario que prefiere no ser citado asegura que le sorprendió ver la soltura de Albiol cuando entró en política: “Se ha preparado y se ha cultivado mucho durante los años. Era muy mal estudiante y no tenía precisamente el don de la palabra”.

“No parecía que le diera muchas vueltas a las cosas. Por eso nos sorprendió verlo en política intentando convencer a la gente”, recuerda Nolis. “Tampoco se le vio ninguna tendencia españolista ni xenófoba”.

Los miembros del Joventut con los que he hablado describen un vestuario en el que reinaba el compañerismo. Se hablaba poco de política. Pero se podría decir que la tendencia mayoritaria en el equipo era el catalanismo.

Jugar en las categorías inferiores del Joventut era una tarea exigente. Los jugadores entrenaban cuatro días a la semana durante casi tres horas. Algunos jugadores se acercaban además una hora al mediodía para trabajar algunos aspectos técnicos.

Después de jugar un año en el juvenil y otro en el equipo junior, el entrenador le dijo a Albiol que no contaba con él.

El asesor listo

Después de haberse pateado de arriba a abajo las calles de Badalona durante años, Albiol tenía detectado el caldo de cultivo que le podía hacer ganar unas elecciones.

Fue entonces cuando se dirigió a Iván Redondo, un experto en comunicación política que entonces sólo tenía 26 años. Era 2007. Entre Redondo y el entorno de Albiol armaron un vídeo que ligaba la inseguridad en Badalona con la inmigración. El vídeo, tildado de xenófobo por varios partidos y entidades, proyectó a Albiol a todos los telediarios nacionales.

Albiol y Redondo supieron ver que el granero de votos del PP estaba en los barrios desfavorecidos que hasta entonces votaban al PSC y no entre los votantes conservadores del centro de la ciudad. “Identificamos problemas de inseguridad e inmigración ilegal en los distritos clave”, recuerda Redondo.

“Lo que queríamos era introducir nuestros temas en campaña”, explica este asesor, que reconoce que se inspiraron en la línea que por entonces esgrimía Sarkozy en Francia en contra de la inmigración ilegal. “No se buscaba la polémica por la polémica, pero era el único tema que podía hacer subir al PP”.

Redondo cree que ese vídeo y las horas “pateando la calle” de Albiol fueron la primera piedra para alcanzar la alcaldía en 2011. “Hablaba de un problema real. Si su mensaje no hubiera conectado con la ciudadanía, no habría subido en votos”.

Albiol vio que la inmigración era un filón y convirtió los mensajes xenófobos en su marca personal. En 2010 repartió un tríptico que vinculaba a los gitanos rumanos con la delincuencia y que le valió una imputación por incitar al odio y a la discriminación. Antes había calificado a ese colectivo como “una plaga que sólo ha venido a delinquir”.

El asesor Redondo es experto en forjar versos sueltos que se cuelan en bastiones progresistas. Asesoró a Monago en su campaña para presidir la junta de Extremadura, trabajó con Antonio Basagoiti y diseñó la última campaña de Alícia Sánchez-Camacho. Desde que empezó a trabajar con Albiol lo ha asesorado en todas las campañas electorales menos en la actual. Hoy ambos aseguran que mantienen una amistad que va más allá de la relación profesional.

 EFE/Toni Albir
Albiol en el Ritz. / EFE / Toni Albir

El ‘sheriff’ en la alcaldía

Dos décadas después de haber llegado a aquel pleno en el que todos le menospreciaban, Albiol cumplió su sueño de ser elegido alcalde de Badalona. Lo hizo con 11 concejales después de imponerse en 28 de los 32 barrios de la ciudad y gracias a la abstención de CiU en la votación.

Lejos de acomodarse, Albiol continuó con su lucha contra los de fuera y siguió recorriendo las calles de la ciudad, preocupándose por lo que le contaban los vecinos. Después de dejarse la suela de los zapatos durante dos décadas, se había convertido en una celebridad en Badalona.

Durante la campaña de las municipales de mayo lo acompañé durante una jornada en un mercadillo y vi el enorme tirón que tenía en la ciudad. Las abuelas se arremolinaban a su alrededor pidiéndole autógrafos y fotos. Albiol transmitía la sensación de conocerlas a todas. Vecinos de todas las edades le contaban sus problemas y él prometía soluciones. Albiol mantenía además un contacto físico constante con sus votantes. Con sus robustas manos agarraba los brazos de las señoras, se abrazaba continuamente a cualquiera que le venía a saludar y no escatimaba en besos.

A los señores les ponía la mano en el hombro y se agachaba para escucharlos.

El candidato popular no reniega del término populista. “Entiendo el populismo como la proximidad con los vecinos”, explica. “Si populismo es estar constantemente en la calle con ellos, soy un populista”.

A Albiol empezaron a llamarle el sheriff en Badalona por su estilo cuando asumió la Alcaldía. Se jactaba en Twitter de las redadas policiales e intentó promover un reglamento que restringía ayudas “no imprescindibles” a los inmigrantes. Actualizó el padrón para reducir el número de foráneos e hizo campaña en contra de una mezquita.

Albiol mudó su despacho del viejo consistorio a un edificio nuevo y lo decoró con dos camisetas de baloncesto firmadas por jugadores: la del Joventut y la de la selección española. Según cuentan en el pueblo, le puso el azul PP a todo lo que pudo. Se tiñeron de azul el árbol de Navidad de la ciudad, los globos de la empresa municipal Gestur y los pañuelos que se vendían en la fiesta mayor.

Los trabajadores de Badalona Comunicació, que engloba la televisión y la radio local que son propiedad del ayuntamiento, denunciaron el uso partidista que se hacía del canal. “En cuatro años no me han pedido ni siquiera una entrevista”, se lamentaba en las municipales Jordi Serra, exalcalde y líder de la oposición.

Hasta los rivales políticos de Albiol reconocen en privado que es buena persona. También un político que logró resistir una legislatura durísima sin mayoría absoluta. Aguantó un conato de moción de censura, la presión de las organizaciones sociales y varios casos de corrupción. En las siguientes elecciones mejoró los resultados de 2011. Pero una coalición de seis partidos se puso de acuerdo para desbancarle.

El dia de la investidura de la nueva alcaldesa, Dolors Sabater, las dos Badalonas se citaron en la plaza del Ayuntamiento. A un lado estaban los partidarios de Albiol y al otro los que celebraban haberlo echado del consistorio. Hubo tensión, gritos y banderas distintas. No era su día pero Albiol no lo dudó. Subió al ayuntamiento y salió al balcón a saludar.

El candidato explica que después de 20 años en la política municipal está preparado para lo que venga. En Badalona no descartan que vuelva a intentar hacerse con la alcaldía en un futuro. En el Partido Popular de Cataluña condicionan ese retorno a la posibilidad de que asuma la presidencia del partido.

En cualquier caso, Albiol seguirá nadando contracorriente: “Cuando creo en un planteamiento, lo defiendo sin tener en cuenta las consecuencias”.

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Los tres objetivos del discurso del miedo que abraza el PP

 

Rajoy y su equipo más próximo se han movilizado para conjurarse contra un enemigo mayor que Pablo Iglesias o Pedro Sánchez: la abstención de su propio electorado.

Rajoy en Celanova

En el PP, la búsqueda de los votos para mantener a Mariano Rajoy en el Palacio de La Moncloa ha comenzado mucho antes que el curso político. No sólo con la multiplicación de los actos políticos sino también con el alumbramiento de nuevas estrategias que eviten un hundimiento en las elecciones generales similar al de las autonómicas y municipales. La palabra clave para Génova es una: abstención.

Esta semana, Mariano Rajoy y parte de su círculo de confianza han desplegado al unísono el nuevo mensaje: el PSOE pactará con Podemos con tal de desalojar al PP. Como el propio Rajoy reconoce, se trata de un análisis cercano a la obviedad. Ya ha ocurrido en multitud de ciudades como Madrid, Valencia, Cádiz, Valladolid o A Coruña, entre otras.

Sin embargo, en el mensaje del PP subyace el discurso del miedo a que esos pactos a cualquier precio acaben con la incipiente recuperación económica.

El martes, José Manuel García-Margallo aseguró que un pacto PSOE-Podemos sería “una catástrofe de dimensiones bíblicas para este país”. El miércoles, Rajoy aseguró no tener “ni la más mínima duda” de que el PSOE se aliaría con “partidos nacionalistas o de extrema izquierda”. También los flamantes vicesecretarios del PP recitaron el argumentario. Pablo Casado aseguró que la alternativa al PP es la de “Podemos bolivariana con los socialistas y nacionalistas excluyentes”. Andrea Levy tampoco se quedó atrás. “A mí me preocupa que haya una alianza entre el PSOE y Podemos que lo que haga es traernos la democracia de Venezuela”.

¿Qué pretende Rajoy con el discurso del miedo?

1.- La movilización de sus bases

“Cuando un votante cambia de partido, es difícil que vuelva. Pero es más fácil movilizar al que se quedó en casa”, explica Pablo Simón, doctor en Ciencias Políticas y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid. Según él, ese es uno de los motivos por los que el fuego amigo del PP a Ciudadanos está siendo muy discreto.

“Lo que gana Ciudadanos es fundamentalmente a costa del PP y viceversa. Ciudadanos no tiene el mismo entramado que Podemos, a quien le puede ser más fácil complementar al PSOE”, señala.

Con un número de votantes similar en mayo de este año que en 2011, en torno a los 22 millones, el PP perdió 10 puntos porcentuales (cerca de dos millones y medio de votos) mentras que el PSOE cedió dos (alrededor de 700.000). Muchos votantes del PP simplemente prefirieron no votar y la aritmética acabó encumbrando a las alianzas de la izquierda.

“Rajoy atribuye al miedo a los demás rivales un alto valor movilizador del voto propio”, según el experto en comunicación política Antoni Gutiérrez-Rubí en un artículo reciente. “Aunque no hay duda que puede generar una parcial reactivación del voto abstencionista o del voto dual de los populares que en las municipales y autonómicas han votado a otros, no está escrito, ni demostrado —ni garantizado— que la estructura de apriorismos que sustenta esta estrategia dé resultados”, alerta.

2.- Contrarrestar al PSOE en el centro

El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), publicado en julio, ha hecho saltar todas las alarmas en Génova. Aunque el PP continúa por delante del PSOE en estimación de voto -es decir, lo que los encuestadores creen que los ciudadanos votarían hoy-, la respuesta espontánea y sin cocina da ventaja al PSOE.

El estudio es una base fundada para el nuevo discurso del PP. Cuando el CIS pregunta por su preferencia en un Parlamento sin mayoría absoluta, un 21,1% se decanta por un pacto entre PSOE y Podemos, muy por delante del 11,6% que querría un Gobierno del PP en minoría. Incluso más encuestados prefieren una coalición de PSOE y Ciudadanos (10,9%) que entre PP y Ciudadanos (10,3%). No es que el PSOE esté dispuesto a pactar con cualquiera y de cualquier manera, como denuncia el PP, sino que ya hay un buen número de ciudadanos que lo reclama.

Las últimas encuestas sitúan a Podemos y Ciudadanos muy por debajo de PP y PSOE. Con la ley electoral en la mano, que a priori favorece a los grandes, la lucha por el Gobierno de España es en este momento cosa de dos.

Así lo ve el sociólogo de cabecera del PSOE, Ignacio Urquizu, recientemente elegido diputado en las Cortes de Aragón. “El PP debe movilizar a los abstencionistas, que son muchos de ellos conservadores, y quitar votos al PSOE en el centro, que es ahora el primer partido en intención de voto directo entre los moderados”.

Para Pablo Simón, Ferraz ha identificado la amenaza y por eso ha acentuado su perfil centrista con gestos como el acto de proclamación de Pedro Sánchez como candidato a La Moncloa. “Al envolverse en la bandera española, el PSOE de alguna manera se pone la venda antes de la herida”.

3.- Mantener su crítica a Podemos sin vigorizarlo

Esperanza Aguirre nunca olvidará las últimas elecciones municipales. La presidenta del PP en Madrid se quedó a 7.000 votos del resultado soñado: una suma con Ciudadanos que la convirtiese en alcaldesa de Madrid. En privado, cercanos a Aguirre reconocen que atacar frontalmente a Manuela Carmena (por la empresa de su marido, por sus supuestas ideas radicales) fue un error. En este caso, atacar a Podemos ayudó a ponerlo en el mapa e impulsarlo.

La estrategia no se puso en práctica sólo en Madrid. Desde los comicios europeos hasta los locales, el PP ha alimentado la estrategia de la polarización, tachando de extremistas y populistas a Podemos. Según Simón, se trataba de una estrategia para “ningunear a los socialistas, invisibilizados por el fuego cruzado”.

Sin embargo, desde las elecciones locales hay cuatro actores principales y con gran apoyo (PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos) y tanto Podemos como PSOE optan por favorecer la alternancia al PP sin aparente coste electoral. Podemos ha tomado buena nota y, desde las elecciones europeas, ha ido modulando su mensaje. Ya no habla de casta sino de centralidad. Pablo Iglesias ya no tuerce el gesto sino que se esfuerza en sonreír en sus pocas apariciones de los últimos tiempos.

“Ahora, la estrategia del PP es identificar al PSOE con Podemos”, dice Simón, pero no fabricar una polarización entre Rajoy e Iglesias. “Cuando crispas mucho, los moderados pueden quedarse en casa”, dice Simón. Ahora, la batalla es, además de por la movilización de los propios, por los votantes de centro.

Así se ve también en el PSOE, “el principal adversario” del PP, según Urquizu, que considera que al PP no le interesa que Podemos crezca.

¿Funcionará la estrategia del miedo? Según Gutiérrez Rubí, no. “El miedo que azuza Rajoy ya no asusta. Esto es lo nuevo”. Según él, “el cálculo del mal ya no contabiliza electoralmente cuando el cansancio, el hartazgo o la indignación animan a vivir peligrosamente”.

Si la nueva estrategia de Rajoy, capitaneada por su jefe de campaña, Jorge Moragas, no surte efecto, el PP puede quedarse con menos bazas electorales.

Inquisidores del callejero

Ada Colau

ERC quiere ‘desterrar’ a Felipe VI y sus antepasados de Barcelona, a lo que la CUP ha replicado pidiendo que se arríe la bandera española del Ayuntamiento y que se replantee la presencia del Ejército en la Ciudad Condal. Ambas propuestas se han formulado después de que Ada Colau ordenara la retirada del busto de Juan Carlos I del salón de plenos. La estrategia de independentistas y gobiernos de unidad popular es coincidente: adecuar la Historia según los propios intereses y desterrar los símbolos de unidad nacional.

La intención anunciada por ERC de eliminar del callejero de Barcelona toda referencia a la dinastía borbónica y la propuesta subsiguiente de la CUP de retirar la bandera española del Ayuntamiento y “replantear la estancia” en la Ciudad Condal de responsables del Estado y del Ejército forman parte de una misma estrategia: desterrar cualquier símbolo de unidad nacional y alentar un clima de crispación que favorezca su pulso al Estado.

Ambas iniciativas son coherentes con el empeño típicamente nacionalista que tan agrios frutos ha dado históricamente, según el cual el pasado debe ponerse al servicio de sus intereses y mitologías. También es consecuente con las primeras decisiones adoptadas por los autodenominados “gobiernos de unidad popular”, que han encontrado en la revisión de los símbolos la forma de desenterrar la dialéctica de vencedores y vencidos. Cualquiera diría que la nueva política surgida del 24-M exige también un nuevo callejero y un nueva Historia para, junto a los independentistas, jugar la carta de la división y el revanchismo.

No es casual que la supresión del nomenclátor de toda referencia a la Monarquía se formule en el preámbulo de las elecciones catalanas y tan sólo un mes después de que Manuela Carmena, en Madrid, y Ada Colau, en Barcelona, prendieran polémicas similares; una con su plan para expulsar del callejero de la capital a referentes verdaderos o ficticios de la Dictadura, y otra con la retirada de un busto del Rey Juan Carlos I del salón de plenos municipal.

Estas iniciativas van mucho más allá de la Ley de Memoria Histórica. La arbitrariedad y el maniqueísmo con que independentistas y gobiernos de izquierda radical purgan el callejero y retiran bustos y símbolos sólo persigue envenenar la convivencia y borrar de un plumazo lazos de unión que se han construido durante siglos de historia compartida. En esa tarea inquisitorial sus impulsores suplen la falta de rigor intelectual con vehemencia: lo de menos es que Calvo Sotelo, asesinado antes de que estallara la Guerra Civil, no tuviera siquiera tiempo de convertirse en franquista; o que Muñoz Seca, lejos de ser un represor, acabara sus días junto a otros 2.000 ajusticiados en Paracuellos; o que ni uno solo de los borbones a los que ERC quiere borrar para siempre de Barcelona haya tenido algo que ver con la represión del catalanismo o de las instituciones de autogobierno (más bien lo contrario en el caso de Felipe VI y de su padre). Lo principal es generar un espacio de confrontación entre Cataluña y el resto de España, establecer una división entre buenos y malos y acabar con cualquier referencia a la concordia y la fraternidad.

A cualquier persona mínimamente formada le resultarán esperpénticas las maniobras del independentismo para catalanizar a Cristóbal Colón y Teresa de Ávila, o para expulsar a Felipe VI y todos sus antepasados de Cataluña mientras se dedican calles a terroristas de Terra Lliure. Pero sólo es un paso más en la escalada de quienes hace tiempo que presentan la Guerra de Sucesión y la Guerra Civil como preludios de una lucha por la independencia aún por ganar. Por ahora, lo único que pueden conseguir estos profesionales de la revisión de parte es volver locos a turistas y servicios postales con sus cambios sumarísimos del callejero. Pero el esperpento está llegando demasiado lejos.

Foto: Barcelona en Comú / Flickr

Así ha saltado por los aires el socialismo madrileño

Foto: Candidatura Carmona

Una semana. Eso es lo que ha durado la calma en el PSOE de Madrid. El pasado domingo, la nueva líder de los socialistas en la comunidad, Sara Hernández, salió a saludar a los militantes junto a su rival, Juan Segovia. Tras ellos, un gran cartel con un lema ante el que muchos fruncían el ceño: “Y ahora, unidos”. Las claves de la destitución de Antonio Miguel Carmona.

Una semana. Eso es lo que ha durado la calma en el PSOE de Madrid. El pasado domingo, la nueva líder de los socialistas en la comunidad, Sara Hernández, salió a saludar a los militantes junto a su rival, Juan Segovia. Tras ellos, un gran cartel con un lema ante el que muchos fruncían el ceño: “Y ahora, unidos”.

La candidata preferida por la dirección nacional del PSOE había ganado las primarias al sector más cercano a Tomás Gómez, fulminado en febrero por Pedro Sánchez como líder regional.

Este lunes, el descabalgado era Antonio Miguel Carmona, portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid tras un desastroso resultado electoral que lo obligó a apoyar a Manuela Carmena como alcaldesa.

El “hermano político” de Tomás Gómez

El naufragio del PSOE en las urnas no es sino un factor en la ecuación. De haber sido determinante, Carmona no habría sido portavoz durante dos meses. La decisión se ha tomado tres días después del congreso del PSM, marca del partido en Madrid, que pretendía marcar el fin de la era de Tomás Gómez como líder. Es una decisión tomada justo después del congreso extraordinario, por la nueva dirección y como un mensaje a navegantes.

Carmona nunca ha ocultado su cercanía a Gómez, depuesto en febrero por Sánchez para hacerse con el control del partido y colocar a Ángel Gabilondo como candidato a la Comunidad de Madrid. No dudó en estar a su lado en la rueda de prensa en la que fue llamado “hermano político” por su antiguo jefe de filas, que lo apoyó como candidato a la alcaldía y lo animó a presentarse para liderar el partido. El cese de Carmona pretende ser, también, el carpetazo a una etapa.

Un partido abierto en canal

“Yo soy amigo de Tomás Gómez. Yo soy amigo de Juan Segovia”. Esa ha sido una de las frases más repetidas por Carmona desde su destitución. Tras meses de discreción, el hoy concejal raso señala la profunda división del PSM. Es marca de la casa.

Si Gómez lideró una lucha sin cuartel contra Alfredo Pérez Rubalcaba, Carmona, Gómez y Segovia se preparan para hacer lo propio con Sara Hernández. En otras palabras, lucharán para “cambiar la dirección del partido”, incluyendo a Pedro Sánchez, como ha anunciado Carmona.

Los datos indican que los críticos en el PSM son numerosos. Hernández fue elegida por el 57% de los votos en unas elecciones primarias con muy baja participación. En el congreso que siguió a las primarias, la nueva dirección cosechó un apoyo del 55% de los delegados. Es decir, un par de puntos menos. En la nueva ejecutiva regional no ha obrado el “ahora, unidos”, que rezaba el cartel. No ha habido integración. Fuera se quedan muchos militantes, que ponen la mirada en Carmona y en Juan Segovia para una cruzada que trasciende las fronteras de la política regional. José Luis Rodríguez Zapatero y Eduardo Madina, dos de los críticos de Pedro Sánchez, le brindaron su apoyo durante las primarias. También lo hicieron Felipe González y Javier Solana.

La división del PSM se expresó en la votación con la que el grupo municipal destituyó a Carmona, pese a sus desastrosos resultados electorales y el mandato del partido a todos los niveles. Cinco votaron a favor de la destitución, cuatro en contra.

Causapié, la nueva portavoz

La nueva portavoz, Puri Causapié, es una militante del PSOE con una larga trayectoria en políticas de Igualdad y servicios sociales. Ocupó la secretaría de Igualdad en la Ejecutiva de Rubalcaba, pero mantiene una buena relación con Carmona y se ha cuidado mucho de ser enmarcada en ningún bando. Es poco probable que desde el Ayuntamiento contribuya a la guerra interna del partido en Madrid.

Sin embargo, muchos dudan en el partido de que tenga el perfil de liderazgo necesario para un ayuntamiento tan complejo. El PSOE apoya a Ahora Madrid, que en las elecciones lo desbancó como segunda fuerza tras el PP. Pero al mismo tiempo, los socialistas deben controlar a Carmena e ir recuperando poco a poco la confianza de un electorado que le ha dado la espalda. Hasta ahora, Causapié ha trabajado en un segundo plano. Ahora tendrá que demostrar que puede brillar bajo los focos que comparte con Carmena y Esperanza Aguirre.

La batalla está en Ferraz

Tras las elecciones del 24 de mayo, pocos socialistas pensaban que en Madrid se celebraría un congreso extraordinario, ya que a principios de 2016 deberá celebrarse uno ordinario en el que se renovará de nuevo el partido y su dirección. Su convocatoria, por sorpresa, fue vista como un intento de Ferraz de asegurarse el control de una de las federaciones más agitadas. El movimiento fue visto con escepticismo desde Sevilla, donde Susana Díaz renunció a destronar a Sánchez antes de las generales sin aclarar qué hará si el PSOE no llega a la Moncloa.

La elección de Sara Hernández, considerada la candidata de Ferraz, coincidió en el calendario con el primer aniversario de Sánchez y su equipo al frente del PSOE. Esta nueva convulsión es un recordatorio al líder del PSOE de que no ha pacificado el partido. Sánchez no tiene asegurada una segunda oportunidad. Si no logra gobernar tras las elecciones generales, volverá la tormenta.

Carmena trituró a Carmona

Las guerras intestinas no ocultan un problema de fondo en el PSOE. Pese a acercarse mucho al PP en porcentaje de voto, los socialistas naufragaron en las grandes ciudades, empezando por Madrid, pero siguiendo por Barcelona, Valencia, Zaragoza o Bilbao.

La debacle de Carmona ha sido especialmente significativa por la relevancia simbólica de Madrid. La campaña electoral, planteada por Esperanza Aguirre como una elección entre el PP y Podemos, estrujó las expectativas del PSOE. El ascenso fulgurante de Carmena, con mucha mejor imagen que el socialista, hizo el resto.

Pero el carácter y gestos de Carmona también le perjudicaron, en opinión de muchos. En el municipio de Madrid, el candidato socialista a la comunidad, Ángel Gabilondo, cosechó 415.715 votos, 166.563 votos más que su colega Carmona en las mismas mesas. Si Carmona hubiera tenido un buen resultado electoral, probablemente no se hubiera convertido en “la chica de ayer” (canción que le gusta) de la política madrileña.

Foto: (Candidatura Carmona)

Además, en EL ESPAÑOL:

Payasos y jabalíes

El discurso del 30 de julio de 1931 ante las Cortes Constituyentes con el que Ortega perdió, según sus propias palabras, la “virginidad parlamentaria”, quedó en la memoria política por aquellas “tres cosas que no podemos venir a hacer aquí”. A saber: “Ni el payaso, ni el tenor, ni el jabalí”. A la vista del percal que lucen hoy los grandes ayuntamientos, la enumeración sigue vigente.

Nadie recuerda en cambio las advertencias que precedieron a esa frase celebrada y aplaudida: “Nada de divagaciones ni de tratar frívolamente problemas que sólo una labor de técnica difícil puede aclarar; sobre todo, nada de estultos e inútiles vocingleos, violencias en el lenguaje o en el ademán”.

El estilo es el carácter, vino a decirnos Ortega. Ténganlo muy en cuenta Carmena o Colau. Por eso lo que prendió y se extendió como un reguero de pólvora fue su denuncia de quienes utilizaban la tribuna de las Cortes para “hacer el jabalí”. Todos entendieron que se refería a los diputados del grupo radical socialista que esgrimían la demagogia agresiva, y a menudo el zafio insulto, como santo y seña.

Su portaestandarte era el ministro de Justicia Álvaro de Albornoz que enarbolaba lemas como “no más abrazos de Vergara, no más pactos del Pardo… si creen que pueden hacer la guerra civil, que la hagan” para justificar la disolución de la Compañía de Jesús, la supresión del presupuesto de Culto y Clero y demás medidas contra la Iglesia.

Cuando ya en el 31 se produjeron los incendios de los templos, su coequipier el Director General de Seguridad Ángel Galarza describió lo sucedido como un “espléndido empuje de sana protesta popular”. La nueva alcaldesa de Madrid ha quedado por tanto lejos de ese baremo, al tildar sólo de “acción feminista” la profanación de la capilla, liderada por su ahora portavoz Rita Maestre al grito de “arderéis como en el 36”. Es cierto que la tea no llegó a prender esta vez en el altar.

En el grupo de los “jabalíes” figuraban también individuos como Samblancat y Barriobero que habrían de hacerse tristemente célebres por su papel en la organización de los Tribunales Populares de Barcelona; el aviador Ramón Franco que tras asegurar que su hermano era capaz de “asesinar a nuestra madre”, se adhirió a su sublevación; el primer diputado comunista Balbontín o el extravagante Pérez Madrigal que pasó sucesivamente del radicalismo revolucionario al lerrouxismo, la CEDA y el carlismo más integrista.

El estilo es el carácter, vino a decirnos Ortega. Ténganlo muy en cuenta Carmena o Colau. Por eso lo que prendió y se extendió como un reguero de pólvora fue su denuncia de quienes utilizaban la tribuna de las Cortes para “hacer el jabalí” 

“El jabalí es el cerdo salvaje, blindado contra las asperezas del bosque, carente de razón pero dotado de espléndidos colmillos”, escribió en 1933 Domingo de Arrese. Pero a los propios aludidos les gustaba la analogía. En una de sus crónicas El Caballero Audaz habla de “esa manada incivil de jabalíes, como gustan llamarse a sí mismos los radicales socialistas”.

“Voy al Parlamento a hacer el jabalí”, habría dicho uno de ellos al salir de Barcelona. “Voy al Ayuntamiento a hacer el jabalí”, sería la versión actualizada. Cuando quiso acusar de tibieza a algunos de sus compañeros de viaje, Balbontín llegó a tacharles de “jabalíes de cartón piedra, jabalíes de pega”. No en vano el principal semanario humorístico de la derecha, Gracia y Justicia, publicaba por entregas el Diccionario del Perfecto Jabalí.

Según Ossorio y Gallardo era una denominación “familiar y amistosa”, que hoy cuadra con el talante de todos esos miembros de las candidaturas de unidad popular y demás mareas que han entrado en los ayuntamientos con la retahíla de sus latas de ominosos tuíts, delatoramente enganchada a su carroza de recién casados con “el pueblo”.

Hemos aprendido y olvidado sus nombres superpuestos, pero tenemos todavía en lo alto del ranking al concejal que hacía chistes con las cenizas de los judíos de Auschwitz y las niñas asesinadas en Alcasser como fuente de “recambios” para las piernas de esa otra niña nuestra que para todos será siempre Irene Villa. Le siguen el concejal que quería probar a ver qué pasaba “torturando y matando” a Gallardón, como si se tratara de un coleóptero ensartado en un cruel alfiler adolescente; y el concejal que proponía “empalar” a Toni Cantó, según el ritual  fálico de la isla rousseauniana del señor de las moscas; y el concejal que lamentaba, “joder, que no exista el GRAPO para darles su merecido a estos fascistas”; y el concejal que proponía “machacar a la derecha hasta en sus casas, como supo hacer el movimiento vasco”; y la proyecto de concejala “feminazi” que lamentaba que Botín no hubiera sido ahorcado en la “lanterne” de la Plaza de la Villa; y la concejala que vitoreó a los asesinos de Terra Lliure; y el concejal con la palabra “odio” tatuada en la nudillera de acero, lista para romper mandíbulas; y la concejala a la que cada vez que suena el himno nacional le da una bajada de tensión, vulgo jamacuco, y sueña con huesos y cunetas.  Para qué seguir.

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Ilustración: Javier Muñoz

¡Qué divertido es el humor negro! ¡Ni un paso atrás, camaradas! ¡Qué siga la conga de los ediles moñas (perdón, quise decir maños)! ¡Qué todo el año sea carnaval en Cádiz! ¡Saquemos en procesión a San Fermín Salvochea, hermano lego de la orden de Koprotkin, patrono de lo divina anarquía, e inspirador del Kichi, antes de que se nos caiga de nuevo de la cama! ¡Qué los amigos de los asesinos de Tomás Caballero ocupen el asiento municipal de Tomás Caballero para que no quede el equívoco! ¡Esta es la nuestra! ¡Sí se puede, sí se puede! Así claman, encendidos, los aleves turiferarios del desquite social y las ajadas cheerleaders de la revancha política que emergen en los medios bajo la máscara de periodistas, mientras dos personajes oscuros se frotan las manos asomados en el antepalco.

Es curioso que de los tres epítetos de Ortega ni el de “tenor”, ni el de “payaso”, cundieran como el de “jabalí”. En el primer caso por sobreabundancia de oradores con ínfulas castelarinas; en el segundo porque aquello dejó enseguida de tener gracia. Las “palabras como puños” -feliz título de una obra colectiva sobre la “intransigencia política” en la Segunda República- se transformaron enseguida en puños contra las palabras. Galarza propuso en las Cortes que “el derecho al voto no lo tenga más que una clase, la clase trabajadora, intelectual o manual, y que el parásito, hombre o mujer, no tenga derecho a intervenir en la legislación del país”. Albornoz insistió en el Ateneo en que “las guerras civiles son necesarias para el crecimiento de los pueblos”. La derecha golpista y una parte significativa del Ejército pensaban lo mismo.

Ochenta años después sólo hemos pasado aún de las palabras a los tuits. Las palabras se las lleva el viento y los tuits se pueden borrar de cien en cien, como ha hecho la propia Carmena para dar ejemplo al equipo municipal. Pero ha bastado una semana de ayuntamientos podemitas para sentar dos axiomas inquietantes que están originando entre las clases medias el mismo gran miedo -“la grande peur”- de las semanas iniciáticas de la Revolución Francesa.

El primero implica que es lícito complementar la labor institucional con la coacción al adversario desde la calle o las tribunas. Lo que le pasó a Villacís cuando la amenazaron con la guillotina, al teniente general insultado en la toma de posesión de Colau o a los cargos del PP a los que impidieron acceder al recinto en Zaragoza está ya torrencialmente relatado en El Primer Naufragio.

El segundo axioma es el restablecimiento de la ley del embudo: tan ancho como para que estar imputada por un delito contra la libertad de culto, como le ocurre a Rita Maestre, sea una medalla al activismo social que realza al cargo público; y estar imputada por adjudicar 1.800 euros al mes a una empresa de internet con múltiples clientes privados, como le ocurre a Lucía Figar, convierta a una política honrada en una corrupta que debe ser extirpada de la vida pública. A partir de ahora no hay imputados, sino imputados e imputados y son Carmena e Iglesias quienes trazan el círculo de tiza caucasiano.

El otro “tenor” que sonríe taimado junto al líder de Podemos es Rajoy. Son socios en esta huida hacia adelante de la bipolarización extrema de España. “La grande peur” alimenta su “in fear we trust” y pronto lo reflejarán los sondeos. Hasta la derecha liberal ha denunciado en portada esa estrategia del miedo. Todo funciona de acuerdo con unas previsiones egoístas, basadas en la destrucción del poder territorial del PP y el castigo en trasero ajeno de las traiciones, corrupciones y mentiras propias.

Cada uno añadía deudas personales a la factura, pero a fin de cuentas Fabra ha pagado por la subida de impuestos, Luisa Fernanda por la contrarreforma del Poder Judicial, María Dolores de las Mentiras por el respaldo a la zapateril Ley del Aborto, Pedro Sanz por las excarcelaciones de etarras, Monago por la caja B de Génova, Rita por los sobresueldos y Esperanza por los SMS de apoyo a Bárcenas que en cualquier democracia habrían acabado fulminantemente con el remitente y aquí sirvieron para acuchillar al cartero.

El otro “tenor” que sonríe taimado junto al líder de Podemos es Rajoy. Son socios en esta huida hacia adelante de la bipolarización extrema de España. “La grande peur” alimenta su “in fear we trust” y pronto lo reflejarán los sondeos

Cada montón de escombros, cada concejal boskimano, cada payaso y sobre todo cada jabalí es ahora un poste repetidor del mensaje único del marianismo atrincherado: o yo o el diluvio de la mugre. Sin asumir ninguna responsabilidad, sin cambiar un ápice, sin comprometerse a nada. Le ayudan sus comisarios políticos en los medios, grandes responsables de la putrefacción del centroderecha y de la destrucción del legado de esa transición que tanto invocan.

Produce vergüenza ver mancillado un indomable recinto tipográfico que fue escenario de batallas memorables con la tesis lacayuna de la “reinvención” del Estafermo. Total porque Hernández y Floriández van a ser reemplazados por los tres simpáticos sobrinos del Pato Donald: Jorgito, Pablito y Andreíta. Pero parece, ¡ay!, que el que habla como un pato, anda como un pato y miente como un pato, ha dejado de ser un pato, después de tantos años de zoología aplicada.  Yo no soy Rodrigo Caro pero “del gimnasio y las termas regaladas, vuelan (ya) cenizas desdichadas”.

“¿Se imaginan un PP con un candidato a la presidencia elegido democráticamente, joven, profesional y limpio?”, se preguntaba en Twitter mi colega Angel Vico, uno de los 5.624 accionistas de El Español convocados a la histórica Junta General del próximo sábado. Yo tengo ese sueño. Cayetana Álvarez de Toledo también. Incluso, al parecer, parte de los directivos de ABC; y desde luego millones de españoles con ellos. Pero puesto que el sueño tendrá que esperar, añadamos otra pregunta a la ecuación: ¿Se imaginan un PSOE que a la menor jabalinada o payasería recupere la centralidad, impulsando mociones de censura en aquellos ayuntamientos en los que imperen los “inútiles vocingleos” o no digamos las “violencias en el lenguaje o en el ademán?”. A ver si lo dice hoy Sánchez.

Los ciudadanos las prefieren rubias (pero honradas)

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Esta semana no sólo pasará a la historia como la de la verdadera coronación de Felipe VI o como la de la llegada de la extrema izquierda a los grandes ayuntamientos, sino también como la del inicio de una nueva manera de hacer política.

Si como escribí la semana pasada “no hay mejor atajo hacia el  prestigio que el repudio explícito de lo intolerable”, el nuevo Rey acaba de dar un buen paso. Ya que no movió ficha tras el ultraje a los símbolos comunes, bien está que lo haga poniendo en su sitio a su hermana. Pero esta semana no sólo pasará a la historia como la de la verdadera coronación de Felipe VI o como la de la llegada de la extrema izquierda a los grandes ayuntamientos, sino también como la del inicio de una nueva manera de hacer política.

Comencemos por lo menos obvio. Cuando en 1996 el Partido Andalucista, con un 6% de los votos y 4 escaños, fue decisivo para la investidura de Chaves como presidente de la Junta, obtuvo a cambio dos consejerías. Cuando en 2012 Izquierda Unida, con el 11% de los votos y 12 escaños, fue decisiva para la investidura de Griñán, obtuvo a cambio 4 consejerías, incluida la vicepresidencia.

Una simple analogía promediada indica que si Ciudadanos fuera un partido como los demás, ahora que con el 9% de los votos y 9 escaños ha resultado decisivo para la investidura de Susana Díaz, habría obtenido tres consejerías. Una cuota de poder muy significativa en una comunidad en la que se acostumbra a no respetar sino al que manda. Una tentación suculenta para un partido que necesita con urgencia arraigo y estructuras de apoyo.

Pero en lugar de coger su trozo de tarta, Ciudadanos ha obligado a la presidenta de la Junta a firmar 70 compromisos que incluyen una importante bajada del tramo autonómico del IRPF y medidas regeneradoras tan significativas como la limitación de su propio cargo a dos mandatos, la eliminación del aforamiento de los diputados, la supresión de los sobresueldos a cargo del partido o la reforma electoral con proporcionalidad y listas abiertas o desbloqueadas.

Algo muy similar está a punto de consumarse en la Comunidad de Madrid donde, a pesar de que Ciudadanos ha obtenido nada menos que el 12% de los votos y 17 escaños, no está pidiendo ni la vicepresidencia como hizo Carod Rovira con el PSC, ni importantes consejerías como hicieron los socialistas en el País Vasco, Navarra o Canarias cuando pactaron con PNV, UPN o Coalición Canaria; o como hicieron el Bloque en Galicia, el PAR en Aragón o todos los miembros de los sedicentes Pactos de Progreso en Baleares.

En lugar de eso, Ciudadanos va a obligar a Cristina Cifuentes a promover las primarias, establecer la incompatibilidad entre el cargo de alcalde y el de diputado autonómico y eliminar -albricias- el Consejo Consultivo, que servía de abrevadero de viejas glorias. Todo ello dentro de un pacto anticorrupción que, como en el caso andaluz, sustancia la responsabilidad civil de los partidos respecto a las coimas de sus cargos orgánicos, obliga a expulsar de las instituciones a los imputados y acentúa las medidas de control y transparencia.

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Ilustración: Javier Muñoz

La práctica simultaneidad de ambos acuerdos, fruto del buen manejo de los tiempos por parte de Rivera y su equipo, ha puesto de relieve la mimética coincidencia de las críticas desde la derecha, a cuenta de Andalucía, y desde la izquierda, a cuenta de Madrid. En ambos casos se denuncia que Ciudadanos está permitiendo que sigan en el poder dos organizaciones con tanta corrupción a sus espaldas como el PSOE andaluz y el PP madrileño.

Aunque todo quiera presentarse del color del cristal con que se mira, ningún observador ecuánime dejará de reconocer que tanto monta, monta tanto la Gürtel como los ERE, la Púnica como la Edu. Pero también que, haciendo de la necesidad virtud, Susana Díaz y Cristina Cifuentes están incluyendo la lucha contra la corrupción entre sus prioridades y les va lo suficiente en juego -sus prometedoras carreras- como para no fallar en eso.

Tienen razón quienes dicen que en las exigencias de Ciudadanos faltan cosas esenciales. Por ejemplo el cierre, o al menos la drástica despolitización, de Canal Sur y Telemadrid. Por ejemplo la reducción del número de diputados autonómicos que ya es alto en Andalucia -109- y adquiere ribetes de escándalo -129- en una autonomía uniprovincial como Madrid.

También es cierto que el merecido escarnio de Chaves y Griñán por su responsabilidad como gobernantes en el monumental fraude de los ERE ha quedado condicionado a lo que diga el Supremo. O que Cifuentes ni controla el PP de Madrid ni puede responder siquiera por los integrantes de su lista, redomados golferas incluidos. Gran parte de la opinión no sabe al final a qué atenerse en relación a tantos sospechosos habituales.

Por una vez ha sido la Corona la que ha aportado claridad y concreción. Al despojar a su hermana -y de rebote al truhán de su cuñado- de su título nobiliario, Felipe VI acaba de enviar un nítido mensaje a los partidos manchados por la corrupción: cuando se vulnera la ejemplaridad exigible a quien ocupa una posición institucional, no hay que esperar a que los tribunales dicten sentencia para depurar responsabilidades políticas.

La infanta Cristina podrá ser absuelta por la Audiencia de Palma o eventualmente por el Supremo y seguirá siendo tan indigna como hoy de presentarse como duquesa de Palma. Sea o no delictiva su conducta, es intolerable que la hija -ahora hermana- de un Rey figure en los órganos gestores de una sociedad montada para dar sablazos a las arcas públicas.

La moraleja de esta lección de Felipe VI en el único plano que maneja -el simbólico representativo- es que la imputación no es en sí misma una línea roja que deba generar automatismos. Cristina llevaba imputada desde enero del año pasado y camino del banquillo desde noviembre. Al parecer la gota que desbordó el vaso de la “jartera” del Rey –Ana Romero dixit– fue la desafiante irrupción de Cristina el pasado lunes en el funeral por Kardam de Bulgaria sin tan siquiera haber pedido la venia.

No es lo mismo estar imputado por denunciar indicios de corrupción en la Audiencia de Albacete, como le ocurre a Jesús Cacho, que estar imputado por utilizar una fundación de niños discapacitados para llevárselo crudo, como le ocurre a Urdangarín. No es lo mismo Lucía Figar, que pasaba por ahí -esto lo sabe todo Madrid-, que el turbio Salvador Victoria, mano derecha del turbio Ignacio González.

Hay una regla mucho más diáfana que es la que acaba de aplicar el Rey al quitarle los galones a su hermana: lo que es impresentable es impresentable. Por ejemplo, seguir en el Congreso o el Senado después de que bajo tu mando se hayan desviado millones y millones a falsos prejubilados afines a tu partido. Por ejemplo, seguir en la presidencia del Gobierno después de haber enviado un mensaje de apoyo al tesorero de tu partido dos días después de que se conociera la existencia de su botín en Suiza.

A ver si Rajoy vuelve a decir en público a) que está “convencido de la inocencia de la Infanta”, b) que “le irá bien” y c) que “no debe renunciar” a sus derechos dinásticos. Si a Cristina le quedara un ápice de dignidad, es lo que inmediatamente haría. Sobre todo después de que su hermano la haya tratado peor que a una criada a la que se sorprende robando, impidiéndole incluso salvar la cara mediante la artimaña de una renuncia fechada el 1 de junio y recibida el 11 por la noche. Ni que la hubiera enviado por comisión rogatoria.

El aún líder del PP debe estar eufórico al contemplar como Pedro Sánchez alimenta su estrategia del miedo –“In fear we trust”– al echarse en brazos de los radicales a costa de todos los alcaldables del PP. Ya sabemos que a Rajoy sólo le importa él. Por eso debería seguir de cerca los acontecimientos en la Familia Real, pues si se ha mirado tantas veces en el espejo de la indulgencia de Juan Carlos I también debería hacerlo ahora en el de la severidad, implantado por Felipe VI. Tal vez tenga que escribir pronto una carta como la de la Infanta.

Es cierto que Albert Rivera no dispone de facultades ni para despojar a Chaves del ducado del Clan de la Tortilla ni para investir caballeros a algunos de los roedores que han arrastrado la calabaza de Cifuentes hacia la Puerta del Sol. De ahí que los reproches a Ciudadanos pierdan autoridad si no van acompañados del reconocimiento de que es la primera vez que un partido no pide nada para sí en forma de poltronas o forraje de esas “manadas” que, como decía Galdós, “pastan en el presupuesto”, sino que todas sus demandas están yendo encaminadas a devolver a los españoles margen de control sobre sus destinos.

Miento: hay un precedente, todo lo acotado que se quiera pero un precedente a fin de cuentas, en el apoyo altruista que el PP de Basagoiti prestó a Patxi López durante su primero desperdiciada y finalmente ensuciada legislatura en Ajuria Enea. Y no debe ser casualidad que ese mismo compromiso con la Nación, ese mismo idealismo en defensa de los valores constitucionales, ese mismo sentido de la responsabilidad al dar estabilidad a las instituciones esté impregnando ahora las decisiones de Ciudadanos.

¿O alguien duda de que la claridad de ideas tanto de Susana Díaz como de Cristina Cifuentes respecto a la cuestión nacional ha sido clave al moldear los pactos? Los Ciudadanos las prefieren rubias como las antiguas pesetas, con la condición de que su españolidad sea propia del siglo XXI. Lo mismo nos pasa a los ciudadanos con las infantas y princesas -ninguna como Grace Kelly-, siempre y cuando no hagan de la complicidad en el bandidaje su santo y seña.

Mis admirados Lista, Miñano y Hermosilla, aquellos antiguos afrancesados que en la España del Trienio, frente a las demasías antitéticas de “El Zurriago” y “El Restaurador”, editaron un semanario culto, brillante y bien escrito como “El Censor”, estarían orgullosos al ver hoy materializada una de sus grandes obsesiones. Me refiero a la vertebración de un centro político, diferenciado tanto del inmovilismo absolutista como del radicalismo revolucionario.

El instrumento para ello debía ser el ingeniosamente llamado “partido regulador”. Véase el artículo publicado el sábado 6 de abril de 1822 bajo el título “Del partido regulador en las asambleas legislativas”. Ante la polarización en dos partidos antagónicos del propio parlamento británico, “El Censor” preguntaba y respondía: “¿Cuál será el partido regulador? El que desprendido de todo interés privado, sin otro objeto que el bien y sin otra regla que la ley, se interpone entre ambos, templa su ardor y corrige sus extravíos, reuniéndose alternativamente al que en cada cuestión determinada tiene la razón de su parte”.

El paralelismo se termina de entender varios párrafos después: “Llamamos tener razón el sostener una providencia que aunque acaso no sea la que conviene, presenta menos inconvenientes que la contraria, y en este caso están todos los debates parlamentarios”. Incluidos los de investidura. ¿Hubiera sido mejor contribuir a que Susana Díaz se arrojara en brazos de Podemos o tuviera que repetir las elecciones, por si no hubiera ya bastantes en el horizonte? ¿Sería mejor ejercer de Bertrand du Guesclin en la Comunidad de Madrid, poniendo encima a quien quedó debajo cuando en el Ayuntamiento los socialistas han terminado apuntalando a una opción trufada de personajes tan infames -Carmena debería pedir su dimisión hoy mismo- como el tal Zapata, capaz de burlarse del Holocausto y la mutilación de Irene Villa, o el tal Soto, que incita a “torturar y matar” a Gallardón?

La ventaja de que Ciudadanos sólo haya llegado a pactos de investidura es que va a poder ejercer de “partido regulador” votando con las respectivas oposiciones cada vez que entienda que Díaz o Cifuentes se apartan de lo pactado o del interés general. Su papel está en el centro, no en hacer de marca blanca del PP. Pero eso no les condena a ejercer sólo de bisagra pues la mayoría sociológica tiende a la moderación y la limpieza. ¿O acaso no vamos a ver cómo se amplía el apoyo a la Monarquía tras actuar Felipe VI como “partido regulador” de su propia familia?

Gaudere cum gaudentibus. Alegraos con los que -como yo- se alegran.

Un pacto de izquierdas para enterrar dos décadas del PP

Puig, Oltra y Montiel

Podemos, Compromís y PSPV-PSOE presentaron este jueves un acuerdo sobre las políticas que regirán la Generalitat Valenciana los próximos cuatro años. Eligieron para la firma el Jardín Botánico de Valencia, un escenario bucólico donde se rubricó el fin de dos décadas de dominio absoluto del PP.

Fotos: Juan Navarro

Como un estudiante delante de un examen, los tres partidos que están intentando formar el nuevo gobierno valenciano han dejado la parte más difícil para el final. Las tres formaciones llevaban dos semanas sin ponerse de acuerdo sobre quién será el presidente. La pelea era entre el PSOE (23 diputados), que esgrimía su condición de lista más votada y Compromís (19 escaños), que exhibía su crecimiento electoral frente al derrumbe de su hipotético socio. Ante el enroque, la solución ha sido dejar de hablar de esta cuestión en público y centrarse en un primer paso: un pacto con los objetivos generales de sus futuras políticas.

Podemos, Compromís y PSPV-PSOE presentaron el jueves el acuerdo programático. Eligieron para la firma el Jardín Botánico de Valencia, un escenario bucólico. Invitaron a organizaciones de la sociedad civil. Glosaron las medidas contenidas en el documento común, que recoge la intención de evitar que haya familias desahuciadas “sin alternativa de vivienda”, devolver la asistencia sanitaria a los inmigrantes, crear una Agencia Tributaria propia y revertir la privatización de la gestión sanitaria, entre otros compromisos. El acuerdo entre los tres no es definitivo, pero sus respectivos líderes -Antonio Montiel, Mónica Oltra y Ximo Puig, en la foto- mostraron su buena voluntad: Puig eludió la pregunta de si sigue empeñado en liderar el gobierno y Oltra pospuso a “mañana” la cuestión.

La presentación del bautizado como “Acord del Botànic” llegó pocas horas después de la primera sesión parlamentaria tras las elecciones del pasado 24 de mayo, que sirvió para tomar juramento o promesa a los diputados y elegir los miembros de la Mesa, el órgano de gobierno de Las Cortes. Entre la alegría de unos y el derrumbe moral de otros, el pleno fue el símbolo del brusco cambio que la Comunidad ha vivido en sólo una legislatura.

El PP, de la euforia al hundimiento

Después de 20 años de gobierno, casi todos con mayorías absolutas, el PP fue ayer el reflejo más elocuente del cambio. El partido ha pasado de los 55 escaños a 31. Sus diputados tienen que compartir su antaño exclusiva bancada de la derecha del hemiciclo con los 13 recién llegados de Ciudadanos. Rita Barberá, alcaldesa en funciones de Valencia y una suerte de matriarca para los conservadores valencianos, mantuvo un paso lento y abatido en el trayecto desde su escaño a la urna que presidía la sala. Era el símbolo del desánimo de toda la bancada, que asimila con dificultades el cambio de rol que les han deparado las elecciones.

Hace cuatro años, el partido estaba ya bajo la sospecha de varios casos judiciales de corrupción. Pero tenía el poder en la Generalitat, las tres diputaciones provinciales, los ayuntamientos de las tres capitales y la mayoría de municipios. La cúpula optó entonces por obviar el problema y defender la presunción de inocencia de los afectados. La consecuencia es que en la sesión de constitución de Las Cortes tras las elecciones de 2011 el grupo parlamentario popular tenía nueve imputados. Entre ellos, el propio presidente del partido y de la comunidad, Francisco Camps.

La situación provocó entonces mucha tensión dentro y fuera del edificio. En las afueras de Las Cortes Valencianas hubo multitudinarias protestas ciudadanas que obligaron al blindaje policial de la institución. Dentro, Juan Cotino, recién nombrado presidente de la Mesa, decidió hacer gala de su pertenencia al Opus Dei y colocó un crucifijo a la vista de todos. El gesto provocó la ira del resto de partidos.

Algunos de los componentes de Compromis haciendose un selfie
Algunos de los componentes de Compromis haciendose un selfie (foto: Juan Navarro)

Una larga lista de escándalos

Cuatro años después, las consecuencias judiciales de la corrupción en el PP han coincidido en el tiempo con la victoria de sus rivales políticos. El jueves, al mismo tiempo que las nuevas Cortes se constituían, comenzaba en el Tribunal Superior de Justicia autonómico uno de los juicios por el caso Gürtel, en el que dos exconsejeras de Camps se sientan en el banquillo. También ese día el alcalde de Castellón, Alfonso Bataller, lloró ante los periodistas al anunciar su dimisión, debido a su presunta implicación en la operación Púnica. En la jornada anterior, se conoció que Rafael Blasco, hombre fuerte del PP durante lustros, ingresará en prisión en breve, condenado por malversar dinero destinado a la cooperación internacional.

Son escándalos que se suman a una lista ya muy larga de presuntos robos de dinero público por parte de políticos conservadores. Con el eco de las noticias resonando en sus móviles, los diputados del PP vieron ayer cómo el reparto de los puestos en los órganos de gobierno de Las Cortes preludiaba su pérdida de poder en las principales instituciones valencianas. La Mesa, dominada antes por los conservadores, tendrá ahora un miembro de cada formación política. El nuevo presidente será el socialista Francesc Colomer. Fue durante años el portavoz de la oposición en la Diputación de Castellón. Tenía enfrente a Carlos Fabra, entonces jefe del PP provincial y hoy en la cárcel. Fabra lo humilló en infinidad de ocasiones entre las risas de sus compañeros de partido y llegó a mascullar “hijo de puta” al término de un pleno.

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Últimos compases del baile de la “yenka”

El contraste a la actitud del PP estuvo en las bancadas del resto de partidos. Los miembros de los partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos, estrenaron las rutinas parlamentarias entre preguntas por su funcionamiento. Se pudo escuchar cómo una diputada explicaba a otro la manera de conectar el micro: “Le das al botón y la luz se pone rojita”. A sus líderes hubo que explicarles dónde comparecer ante la prensa y en qué orden. En los dos escaños partidos llamados a formar gobierno, PSOE y Compromís, abundaban las sonrisas, los abrazos y los apretones de manos.

Parecía que el acuerdo estaba próximo, pero hubo todavía un último desencuentro. La noche anterior se había alcanzado un pacto entre los tres partidos de izquierda -Compromís, Podemos y PSOE- para la distribución de la Mesa de Les Corts. Pero el PSOE apoyó finalmente a Ciudadanos para el puesto que, según Podemos, estaba acordado que ocupara un miembro del partido de Pablo Iglesias. El resultado final de esta decisión es anecdótico: Podemos quedó igualmente representado en la Mesa, aunque en un rango inferior a Ciudadanos.

Pero el gesto tuvo un alto valor simbólico. Antonio Montiel, líder de Podemos en la Comunidad Valenciana afirmó que lo sucedido no les impediría seguir negociando con el PSOE un nuevo gobierno en la Generalitat. Pero sí se quejó de que era un “comportamiento extraño” y que arruinaba la “visualización del bloque del cambio”. “Que deje de bailar la yenka”, dijo, en referencia al famoso baile que incluye pasos sucesivos y cambiantes a la izquierda y la derecha.

Puig abraza a Oltra (Foto: Juan Navarro)
Puig abraza a Oltra (Foto: Juan Navarro)

Puig explicó su decisión en su intención de evitar “bloques cerrados” y en el hecho de que Podemos tiene menos votos que Ciudadanos (pese a que ambos partidos tienen los mismos escaños). Pero el gesto no deja de ser el último coqueteo de los socialistas con el partido de Albert Rivera. Si ambos partidos unen sus fuerzas, sus escaños forman una mayoría simple. Es decir, podrían gobernar si contaran con la abstención del PP. El PSOE usa esta posibilidad para ejercer presión sobre Compromís, que en las dos últimas semanas se ha resistido a aceptar a Puig como presidente, y que no ha dejado de apostar en público por Mónica Oltra para ese puesto.

La opción de una alianza entre PSOE y Ciudadanos parecía sólo un amago con el que los socialistas buscaban reforzar su postura en la negociación. Pero el pasado martes, llegaron a suspender las negociaciones con Compromís. Gestos como ese, o el guiño a Ciudadanos de ayer, podrían responder a las presiones que el PSOE valenciano está recibiendo del partido a nivel estatal. Según ha podido saber EL ESPAÑOL, Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, prefiere a Ciudadanos como socio de gobierno en Valencia.

Sánchez estaría dispuesto, incluso, a impedir que Compromís gobierne en la ciudad de Valencia pese a ser la segunda fuerza más votada, y permitir en su lugar que gobierne Ciudadanos, aunque para ello necesiten la complicidad del PP mediante la abstención. El acuerdo programático del jueves acaba, en principio, con todas estas especulaciones. Siempre que Mónica Oltra y Ximo Puig sean capaces de ponerse de acuerdo en los próximos días sobre la presidencia de la Generalitat.

El nuevo poderío

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El autor critica la falta de contenido del mensaje de los indignados, un movimiento que apelaría más a las tripas que a la razón. Según señala, ha encontrado eco en una ciudadanía necesitada de emociones fuertes y que afronta los problemas del país con actitud pueril. 

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Durante el partido en que la Juventus eliminó al Real Madrid, en la grada del Bernabéu prendió el “Sí se puede”. No fue mayoritario y apenas duró un suspiro, pero lo cierto es que los seguidores del club más laureado del mundo incurrieron en la extravagancia de hacerse pasar por famélica legión. Ni siquiera la posibilidad de que ese grito acabara pendiendo de la undécima hizo desistir al público de dárselas de maldito, que es como se designa, en el Upper Castellana, a los pupas con glamour.

La ola podemista del 24-M tiene que ver con ese frenesí, con la indisimulada inclinación de la ciudadanía a disolverse en masa para, al grito fuenteovejúnico de “Sí se puede”, protagonizar un relato heroico. La otra gran consigna de aquel germen, por cierto, “Lo llaman democracia y no lo es”, parece arrumbada ante la evidencia, ya paladeada por sus promotores, de que debajo de la palabra está la cosa.

“Sí se puede” es el clamor espectral que azota la piel del mundo. Traducción castiza del “Yes we can“, heredero posmoderno del “No pasarán” y hermano bastardo del “Hemos pasao”, el mantra podemita opera a semejanza de un fractal de bondades a cien. Es acercarse al animalillo, toquetearlo curiosamente y desatarse una tormenta de gemidos infalibles, ya se trate de “¡El pueblo unido, jamás será vencido!”, “¡Este partido lo vamos a ganar!” o “¡Viva México, cabrones!”. Todo el andamiaje del nuevo poderío, en fin, descansa sobre una pulsión de hooligan. Sin esa efervescencia, sin el afán de convertir el espacio público en un remedo de Evasión o victoria no habría populismo, que lo es, sobre todo, por imperativo folklórico, pues, como el nacionalismo (un subproducto del populismo), sólo pervive en un medio social en que los sentimientos hayan reemplazado a la razón.

Acaso el lector avisado reponga que no, que “Sí se puede”, lejos de ser la vacuidad que pretendo, hunde sus raíces en el lema de la United Farm Workers of America. No obstante, la única conexión que se me ocurre entre aquella Unión de Campesinos y nuestros desheredados es que, según consta en la Wikipedia, su líder, César Chávez, era vegano. Por lo demás, las condiciones de trabajo de los vendimiadores californianos poco tienen que ver con las de los quincemesinos, que en tanto pueblo viven en estado de perpetua necesidad. Sobre todo, ay, de emociones fuertes.

Así las cosas, lo que se puede no está del todo claro e incluso puede que no se pueda. Como afirma instructivamente Carlos Herrera, el asalto del cielo podría consistir en llenar la ciudad de conserjes y ascensoristas, por aquello de impulsar el empleo de carácter asistencial. Mas ningún decreto, por prodigioso que resulte, va a ser tan molón como el perpetuo atronar del “Sí se puede”. Es rumboso, susceptible de dejar al alcance de los niños y, como en tiempos de la mili obligatoria, sólo compromete a sus objetores.

(Coda: “El problema, el verdadero problema de las drogas en nuestro siglo de pretensiones humanas exageradas y decepcionantes es, sencillamente, que están demasiado ricas”. Sabino Méndez, Corre Rocker).

La deuda les pasa factura a los alcaldes

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Parla, Jerez, Reus, Jaén y León son las cinco ciudades de más de 100.000 habitantes donde más ha subido la deuda por habitante desde 2011. En todas ha perdido concejales el partido del alcalde y en todas se puede producir todavía un cambio de gobierno.

Parla, Jerez, Reus, Jaén y León son las cinco ciudades de más de 100.000 habitantes donde más ha subido la deuda por habitante desde 2011. En todas ha perdido concejales el partido del alcalde y en todas se puede producir todavía un cambio de gobierno.

El Gobierno de Mariano Rajoy aprobó en 2012 el Plan de Pago a Proveedores (PPP), un mecanismo dotado con 10.000 millones de euros para que autonomías y ayuntamientos pudieran hacer frente a las facturas que no habían pagado a autónomos, pequeñas empresas y grandes concesionarias de los servicios básicos como el agua, la electricidad o las basuras.

Miles de ayuntamientos se vieron obligados entonces a reconocer las facturas que no habían pagado y a presentar un plan de ajuste si querían recibir estos fondos. Así fue como esas cifras pasaron a engordar las cifras de deuda de los municipios. Sus principales acreedores eran los grandes bancos y el Instituto de Crédito Oficial (ICO). A continuación examino los resultados del 24M en Parla, Jaén, León, Reus y Jerez de la Frontera: las cinco ciudades de más de 100.000 habitantes donde más ha subido la deuda por habitante desde 2011. En todos se puede producir todavía un cambio de gobierno.

1. Parla: la sombra de la corrupción

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¿Por qué creció la deuda? 

La deuda por habitante aumentó un 662% entre 2011 y 2013. En mayo de 2014, el concejal de Hacienda, Fernando Jiménez, dijo que no tenía una explicación concreta a lo ocurrido con la deuda. Añadió que Parla era uno de los municipios menos endeudados en términos bancarios aunque omitió recordar el volumen de facturas impagadas en el cajón. 

En febrero de este año, la alcaldesa socialista, Beatriz Arceredillo, reconoció que el ayuntamiento tenía una deuda de 550 millones de euros y admitió que en 2014 no pagó la Seguridad Social de sus trabajadores. En esta cifra no está incluida la deuda del polémico tranvía de Parla, que ronda los 180 millones de euros. Debido a esto, el ayuntamiento tiene retenidos los ingresos por el Estado. Arceredillo relevó en noviembre al anterior alcalde, José María Fraile, detenido en la operación Púnica.

El portavoz popular Miguel Ángel López dijo en 2014 que el ayuntamiento arrastraba una gran deuda con sus proveedores desde la época del anterior alcalde, Tomás Gómez, que fue destituido como secretario general de los socialistas madrileños en febrero de 2015 después de las investigaciones emprendidas por la fiscalía por el sobrecoste del tranvía de Parla, considerado como un monumento del despilfarro municipal. Estos sobrecostes se están investigando ahora en los tribunales.

Resultados del 24M

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El PSOE, en el poder desde 1979, se ha desmoronado en estas elecciones al conseguir tan sólo cinco concejales, seis menos que en 2011. El PP ha ganado las elecciones con apenas siete ediles mientras dos partidos nuevos (Mover Parla y Cambiemos Parla) han irrumpido en el escenario político con seis concejales cada uno.

Mover Parla es un movimiento vecinal liderado por la actual alcaldesa y ex socialista Beatriz Arceredillo. Cambiemos Parla es una unión de varios movimientos vecinales y políticos entre los que se incluye Podemos Parla. 

Aunque todavía no hay ningún pacto definido, hay rumores que apuntan que Ana Ferreira de Cambiemos Parla podría ser la nueva alcaldesa con el apoyo del PSOE (cinco concejales) e Izquierda Unida (tres concejales). A pesar de que Mover Parla fue el segundo partido más votado (con seis concejales y 19.4% del voto), la cabeza de este partido es la alcaldesa en funciones y ex socialista Beatriz Arceredillo, lo que podría dificultar un acuerdo entre Mover Parla y los concejales del PSOE. 

En una conversación telefónica, Ana Ferreira, candidata de Cambiemos Parla, aclara que todavía no se ha tomado ninguna decisión: “El domingo pasado tuvimos una asamblea de consulta con los ciudadanos donde se decidió un programa de mínimos y unas condiciones que se deberán tomar en cuenta a la hora de pactar con otros partidos. Estas condiciones incluyen la auditoría de la deuda y el asunto de los desahucios”.

2. Jerez de la Frontera: una alcaldesa investigada

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¿Por qué creció la deuda?

La deuda por habitante de Jerez aumentó un 433% desde 2011. “En 2012 el ayuntamiento destinó la totalidad de los préstamos del ICO al pago de facturas de concesionarias y proveedores”, afirma el concejal de Economía saliente, Enrique Espinosa de la Calle, durante una conversación telefónica. “En total eran 15.000 facturas y algunas tenían una antigüedad de 12 años”.

Según Espinosa de la Calle, el ayuntamiento ha tenido que pagar lo que no se había pagado antes.

Mientras la deuda crecía exponencialmente, dos ex alcaldes de Jerez han tenido que enfrentarse a los tribunales. La socialista Pilar Sánchez volvió a los juzgados en abril para declarar como imputada por el caso Mercajerez, que investiga un fraude de 142.000 euros en el desarrollo de dos cursos de formación de la Junta de Andalucía que se impartieron en 2011. Se trata de la cuarta causa judicial abierta contra Sánchez.

El otro ex alcalde con problemas judiciales es el andalucista Pedro Pacheco, condenado en 2014 a cuatro años y medio de cárcel por la contratación ilegal de dos asesores municipales cuando era delegado de Urbanismo en 2005. Pacheco sigue en prisión.

Resultados del 24M

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La candidata popular María José García Pelayo ganó las elecciones con 15 concejales en 2011. Ahora perdió cuatro ediles y la mayoría absoluta. El PSOE ha conseguido siete escaños, Ganemos Jerez cinco, Ciudadanos Jerez dos y IU-CA otros dos, por lo que una coalición de izquierda podría privar al PP de la alcaldía. La actual alcaldesa, García Pelayo, está siendo investigada por la Audiencia Nacional debido a una adjudicación que pudo amañar en su municipio a favor de la red Gürtel.

Una portavoz de Ganemos Jerez, una agrupación de distintos movimientos sociales entre los que se incluye Podemos, me explica que abordaron la posibilidad de pactar en una asamblea que se celebró el jueves pasado y que la opinión mayoritaria era apoyar como alcaldesa a la socialista Mamen Sánchez y mantenerse luego en la oposición. Santiago Sánchez, candidato a la alcaldía por Ganemos Jerez, afirma que “aunque esta es la posibilidad con más fuerza”, el partido no se ha pronunciado oficialmente sobre el tema porque prefiere esperar a reunirse con el resto de partidos. 

3. Jaén: en manos de Ciudadanos

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¿Por qué creció la deuda? 

La deuda por habitante aumentó un 271% desde el 2011. El concejal de Hacienda, Miguel Contreras, reconoció en 2013 que la deuda del Ayuntamiento ascendía a 430 millones de euros. Una cifra que supone más del doble del presupuesto municipal. Casi la mitad de ese dinero se debía a las entidades bancarias a través del plan de pago a proveedores.

Fuentes del PSOE de Jaén aseguran que el PP ha estado gastando ingresos ficticios. “En 2014 el PP dijo que los ingresos patrimoniales rozarían los 4,9 millones de euros pero en realidad fueron 743.581 euros. Tampoco han estimado correctamente los impuestos directos. En 2014 dijeron que se recaudarían 36 millones y sin embargo sólo se recaudaron 29 según los datos de 2014″.

Resultados del 24M

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Las elecciones de 2011 las ganó el PP con 16 concejales. Al igual que en Jerez, el partido ha perdido ahora la mayoría absoluta. El PP ha conseguido 12 ediles, el PSOE nueve, Ciudadanos tres y Jaén en Común (una agrupación formada por miembros de Podemos, IU y Equo) otros tres. 

El actual alcalde y candidato del PP, José Enrique Fernández de Moya, tendrá que pactar con alguno de los otros partidos o gobernar en minoría. En un comunicado a la prensa, Ciudadanos ha hecho entrega de un listado de condiciones que serían esenciales para apoyar la investidura del Partido Popular. El miércoles 3 de junio Ciudadanos también se reunió con el partido socialista, a quien también presentó su lista de condiciones. En cualquier caso, Ciudadanos ha reiterado su promesa de no entrar en el Gobierno municipal.  

4. Reus: el ‘caso Innova’

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¿Por qué creció la deuda? 

Entre 2011 y 2013, la deuda por habitante subió un 109,28%. En noviembre de 2013 la Generalitat pagó a Reus los 64 millones de euros que le debía. Con ellos el ayuntamiento pagó a su vez a medio millar de pequeñas y medianas empresas y a autónomos a los que debía dinero. Reus es el epicentro del caso Innova, el escándalo sobre la corrupción en la Sanidad catalana que incluye facturas falsas, sobornos, blanqueos de dinero y adjudicaciones a dedo.  

Resultados del 24M

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En 2011, CIU ganó las elecciones con 10 concejales. En los comicios de mayo sacó siete. La CUP, el partido del concejal que denunció el caso Innova, se ha situado como segunda fuerza política y ha sido la gran sorpresa con seis ediles (en 2011 consiguió uno). Ciudadanos obtuvo cuatro concejales, el PSC otros cuatro y Esquerra Republicana de Catalunya, el PP y Ara Reus dos. 

El ahora alcalde Carles Pellicer (CiU) lo tendrá difícil para formar gobierno. El líder de Ciudadanos ha aclarado que está abierto a pactos puntuales pero que descarta formar parte de cualquier pacto de gobierno. El PSC aclaró en una rueda de prensa que no hará un Gobierno de coalición con CIU y que apoyaría la investidura del concejal de la CUP David Vidal si éste se postula como alcalde. Mientras tanto, ERC ha declarado este martes que sólo respaldará un futuro Gobierno soberanista con CiU y la CUP pero no ha desvelado a quién apoyarían sus concejales en la investidura. 

5. León: un PP sin mayoría

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¿Por qué creció la deuda? 

La deuda por habitante subió un 168,17% entre 2011 y 2013. El Ayuntamiento de León niega que haya aumentado la deuda y afirma que bajó de 440 millones en 2011 a 300 millones en 2013. Fuentes del PSOE leonés afirman que gran parte de la deuda del ayuntamiento son cantidades que el consistorio no había reconocido y que afloraron en 2012 con el plan de pago a proveedores, que fue financiado por el ICO, hoy por hoy el mayor acreedor municipal.

La distorsión en las cifras financieras de León se debe a que existían facturas sin pagar desde mediados de los años 90, según dice el grupo municipal del PSOE. En concreto, la administración local debía 150 millones a 10 grandes proveedores como ACS en servicios básicos como el agua o la basura.  

Resultados del 24M

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Las elecciones de 2011 las ganó el PP con 15 concejales. Esta vez el candidato popular Antonio Silván se ha quedado con 10 escaños y ha perdido la mayoría absoluta. El PSOE obtuvo ocho y Ciudadanos cuatro. Las coaliciones de izquierdas de León Despierta y León en Común han sacado dos concejales cada una  y los leonesistas de la UPL uno.

Ciudadanos decidirá quién forma gobierno. Si sumara sus cuatro ediles a los 10 del PP, ambos superarían la suma de los ediles del PSOE, León Despierta, León en Común y la UPL.

Gemma Villarroel, campeona de squash y candidata a alcaldesa por Ciudadanos en León, me explica su posición: “Nosotros tenemos unas líneas rojas a la hora de hablar con cualquier partido”. Estas líneas rojas incluyen no dialogar con ningún partido que tenga imputados en sus listas y la firma del pacto anticorrupción que Ciudadanos ha propuesto en toda España.

Villarroel ha detallado una condición antes de cerrar cualquier acuerdo: que el PP deberá traer la documentación que demuestre que se ha revocado la imputación del popular Javier García Prieto,imputado por su gestión como consejero al frente de Caja España. Ciudadanos León se reunirá durante esta semana con el PP y con el PSOE. 

El escrutinio de las municipales del 24M no cuadra

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Al escrutinio provisional del Minsterior del Interior no le salen las cuentas. En 19 municipios de más de 10.000 habitantes los votos a cada partido y los nulos/blancos no suman la cifra total de votantes.

También en EL ESPAÑOL: Consulta todos los resultados

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(Foto: PSOE)

Los datos del escrutinio provisional de las elecciones municipales que ofrece la página web del Ministerio del Interior no cuadran en  lo más básico. En varios casos, dos y dos no suman cuatro. Es lo que ocurre en los resultados de 19 de los municipios de más de 10.000 habitantes. En todos ellos, desde Melilla a Badalona, los votos asignados a los partidos no dan como resultado la cifra total de votantes tras restar el voto en blanco y el voto nulo.

En Burgos, por ejemplo, la suma total de los votos repartidos entre las nueve formaciones que se presentaron es de 87.719. Pero si tomamos el número total de votantes (91.339) y le restamos el voto nulo y el voto en blanco (que suman 3.696 votos), nos sale un total de 87.643 votos a distribuir entre los partidos, un número algo menor. Esto es, hay 76 votos que se han asignado a partidos pero no están en la suma de votos válidos. O, lo que es lo mismo, los porcentajes de voto de cada formación no suman cien, sino algo más.

Lo mismo ocurre en ciudades como Sevilla (60 votos asignados que no estaban contabilizados en el total de válidos), Melilla (36), Jaén (30), Vitoria-Gasteiz (19), Huesca (17), A Coruña (17), Tarragona (15), Ceuta (14), Alcobendas (13), Torrent (7) y Badalona (1).

La situación contraria es la que se puede encontrar en el escrutinio provisional de otras siete ciudades. En estos casos, la suma total de los votos asignados a cada partido es menor al total de votos contabilizados una vez restados nulos y blancos. Es decir, las distintas formaciones, en total, reciben menos votos de los efectivamente contabilizados y hay algunos que se quedan en el aire. Es lo que ocurre en Talavera de la Reina (Toledo): los votos a repartir -emitidos menos nulos y blancos- son 39.545, pero si sumamos los que se han repartido por partido obtenemos una cifra menor, 39.537. Hay ocho votos que se contabilizaron, no fueron nulos ni blancos y no están asignados a ningún partido. O, lo que es lo mismo, los porcentajes de voto de cada formación no suma 100 sobre el total, sino algo menos.

Esta situación se vive en el escrutinio de otras ciudades como Santander (5 votos sin asignar a ninguna formación política), Avilés (4), Pamplona (2), Candelaria (1), Marratxí (1) y Mérida (1).

En tres de las 19 localidades en las que no cuadran los números (Tarragona, Candelaria y Marratxí) el escrutinio no está al 100%, pero eso no explicaría las diferencias entre la suma de las candidaturas y el total de votos válidos contabilizados. En concreto, en 58 municipios de los más de 8.000 no se ha finalizado el escrutinio (van desde el 44,75% escrutado en Los Arcos hasta el 99,84% en Barcelona) y para otros ocho municipios el recuento no ha comenzado (o no se ha publicado, aún, en la página web oficial).

Puede que existan más errores -o no- en el escrutinio provisional publicado por el Ministerio del Interior en su página web, pero lo que sí sabemos es que en muchas localidades las cifras publicadas no cumplen un criterio básico en las comprobaciones de resultados: que la suma de los porcentajes sea 100%.

Los datos analizados conforman el escrutinio provisional, realizado por Indra desde la noche electoral. Los resultados definitivos no se han publicado aún y pueden diferir de éstos pero en algunos casos, como ocurrió en las elecciones andaluzas y publicó El Confidencial, se han utilizado estos datos provisionales como definitivos y no se han comprobado si coincidían con los sobres que firman y envían las mesas electorales, tal y como obliga la ley.


Nota: los resultados fueron extraídos de la página web oficial la mañana del 31 de mayo y pueden sufrir cambios desde entonces. Puedes consultar la tabla completa y las desviaciones aquí.


 

Este artículo está publicado también en el sitio El BOE nuestro de cada día, de la Fundación Civio.