El jefe de los espías durante el 11-M asegura que Aznar le “marginó, manipuló y engañó”

dezcallar2Diplomático brillante y jefe de espías, Jorge Dezcallar denuncia en un libro inédito en nuestro país que Aznar lo “marginó, manipuló y engañó” durante tres días tras el sangriento atentado. “Yo lo que sé es que a mí me llamaron para que dijera una cosa que, en el momento en el que me llamaron, sabían que era falsa”.

Foto: MOEH ATITAR

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El embajador Jorge Dezcallar este jueves en Madrid. / MOEH ATITAR

Jorge Dezcallar sigue como siempre: con pinta de pincel recién salido de la ducha e impecable como el pañuelo que emerge del bolsillo de su chaqueta.

Las arrugas no han hecho mella en él ni por dentro ni por fuera: no hay sombra de esos 70 años que cumple dentro de un mes ni de esas dentelladas que dice haber sufrido en nuestra España cainita.

Haber sido uno de los diplomáticos más brillantes de la democracia -11 años al frente de la dirección general de Africa del Norte y Oriente Medio; gestor político del ministerio o embajador en Marruecos-  no le sirvió de escudo protector para evitar pasillos con el PSOE y con el PP. La última vez, tras la victoria de Mariano Rajoy en noviembre de 2011.  Cuatro años tuvo que adelantar su jubilación porque el ministro Margallo no encontró sitio para él en ningún lugar del mundo para el que entonces era embajador en Washington.  “No soy ni de unos, ni de otros. Soy independiente”, explica el día que sale a la venta su primer libro,  Valió la pena,  (Península), un documento inédito en nuestro país:  por primera vez, un ex jefe de los servicios de inteligencia se lanza a desvelar el engaño “masivo” del que fue objeto por parte de un Gobierno en un momento particularmente duro, con 191 cadáveres sobre la mesa.

Sabe de lo que habla cuando escribe, al final de las  479 páginas que dedica a la vida de “ese chico de provincias nacido en el franquismo” : “Es triste constatar que los políticos en España están todos cortados por el mismo patrón: quieren lealtades acríticas y les agrada rodearse de yes-men”.

“Señor, ha cometido errores graves”

Él no lo es.  Poco antes de abdicar,  en la primavera de 2014,  el rey Juan Carlos le consultó si creía que era realmente tan impopular como decían los medios. Dezcallar fue sincero: “Señor, ha cometido errores graves en un momento en el que la opinión no está para bromas, la gente lo está pasando mal, y esto marca el final de una etapa. Ya no se dejan pasar cosas que antes sí se dejaban. Pero esto no quiere decir que la historia lo vaya a juzgar por esto: la historia lo juzgará por haber posibilitado la mejor época de la historia de España en 300 años”.

Al igual que el Rey con su desafortunado final, Dezcallar no quiere permitir que el 11-M marque una carrera de servicio a España que comenzó a los 25 años.  Este libro se lo debe, dice, a su familia. También reconoce que fue un “elemento esencial” el segundo tomo de las memorias de Aznar aparecido en 2013. En él, el ex presidente del Gobierno se refiere al informe Dezcallar hecho público después del atentado y vierte sobre él la responsabilidad de lo que él considera un “uso partidista” del atentado terrorista.

Valió la pena tiene dos partes muy señaladas. Hay una claramente ligera de recuerdos diplomáticos como los líos logísticos vividos con el inefable Chencho Arias o el embarazoso incidente del bailaor de Hassan II: “Responde a mi deseo de explicar por qué me hice diplomático”. La segunda (capítulos 8 y 9) es oscura como lo fueron los acontecimientos desde su llegada al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en junio de 2001:  el 11-S,  los informes sobre las inexistentes armas de destrucción masiva de Sadam Hussein,  el asesinato de siete agentes del CNI en Irak. Y así hasta el terrible día 11 de marzo.

Ahí está el leitmotiv de la obra:  “El libro de Aznar me hizo pensar que yo tenía una obligación con mi familia, conmigo y con el Centro que he dirigido, en contar cómo vi yo las cosas por dentro, honradamente, desde un punto de vista absolutamente independiente y dar mi visión que es importante porque se están contando muchas medias verdades que están desfigurando la realidad”.

“Es el rey quien me envía a Washington”

Sin ese volumen de Aznar quizá se hubiera sentido sufiencientemente resarcido con la intervención del rey Juan Carlos cuatro años después del 11-M, cuando él ya estaba felizmente trabajando en Repsol y no tenía ninguna intención de regresar a la carrera: “A mi el Rey cuando me llama para ir a Washington, porque es él el que me llama, y me dice: ´Jorge yo quiero que tú vayas Washington porque este país no se ha portado bien contigo, y yo quiero que se te reconozca públicamente tu trabajo´.”

Esta intervención real no está contada en el libro, como tampoco está relatado que Don Juan Carlos quiso que él se quedara al frente del CNI cuando Zapatero llegó al poder.  Bono amenazó con dimitir si Dezcallar permanecía, y de nuevo fue el Rey el que llamó para advertirle de que iban a cesarlo.

Dezcallar quiere ahora destacarlo: “Eso fue bonito por su parte”.  Pero no suficiente.  El libro Valió la pena es un duro J´accuse contra la acción de Aznar y su Gobierno esos tres días aciagos de 2004.

Dezcallar asume su parte de culpa: “El CNI no vio venir el 11-M como al CIA no vio el 11-S, y tiene muchos más medios que nosotros”. Pero quiere que los demás también lo hagan.

¿No ha sido revisado (cleared) por el CNI? “Yo no le he pasado este libro absolutamente a nadie antes de publicar, ni siquiera a mi mujer, porque no quiero que nadie sea responsable de nada”.  Como jubilado, explica, no tiene la obligación de los funcionarios en activo: “No cuento secretos oficiales. Entiendo que un secreto oficial es aquello que afecta al funcionamiento del servicio: a los agentes, a los informadores, a los objetivos, pero el que me hagan a mi una faena no es un secreto oficial. Conmigo se portaron muy mal”.

Hace unos días envió una carta de cortesía al actual director del CNI, Félix Sanz Roldán, y nada más. A Aznar, del que no pudo, dice, ni despedirse, tampoco lo ha llamado. “Nuestra relación no era buena. Luego le he visto, y me he puesto a su disposición, pero nunca nos hemos ido a comer juntos.  Porque él no ha querido. Le mandé una carta de despedida que tampoco me contestó”.

¿Le faltó arrojo para dimitir en esos días?  Por ejemplo, el sábado 13 de marzo cuando, harto de ser menospreciado, se autoinvita a una reunión con Angel Acebes y su número dos, Ignacio Astarloa, en Interior: “Es posible. Ese día, cuando vengo de la conversación con Astarloa,  tengo seis llamadas de [Alfredo] Timmermans [portavoz de Moncloa] para que salga en televisión.  Le contesté así, en voz muy alta: ´Dile al presidente que mi obligación no es salir en televisión, y que no lo voy a hacer´.  A la sexta vez que me llama, le digo haré un comunicado [descafeinado en el que no descarta ninguna de las dos líneas de investigación, ni la de ETA ni la islamista].  Eso efectivamente no complace ni a tirios ni troyanos. Pero que me hagan eso sin decirme que ya estaban detenidos [los indios que vendieron las tarjetas de los móviles] no tiene nombre. Si lo llego a saber, no habría emitido ese comunicado”.

“Ninguneado desde el primer momento del 11 de marzo”

Ese día fue el determinante, pero Dezcallar explica que fue “ninguneado desde el primer momento” del jueves 11 de marzo. “No me invitaban a participar en las reuniones de políticos. Hubo una decisión clara de marginarme. Aquella mañana [11 de marzo] yo estoy reunido con mi gente y no me avisan de esa primera reunión en Moncloa. Después hay otra en Interior y tampoco. Después la furgoneta y nada, no nos lo dicen. Mi gente se pone en contacto con Interior y les cierran la puerta”.

¿Quizá por la sospecha de que era un infiltrado de  Rubalcaba? “Eso es una infamia. Lo mismo me pasó con el PSOE.  En este país si no estás cien por cien con unos estás con los otros.  Yo tengo sentido del Estado, y eso en este país aparentemente no se lleva. Pensar que yo fui desleal al Gobierno es una injuria que no tiene ningún fundamento. Otra cosa es que a Aznar no le gustara lo que yo le decía. Yo empiezo a notar que mi relación con él se enfría a partir de 2002 cuando doy una conferencia en Elcano sobre las armas de Hussein. Es una apreciación que yo tuve. Me dolía cuando él decía que no se guiaba por los informes de los servicios secretos.  Se produce un distanciamiento. Me va preguntando menos.  Nunca me dice lo que tengo que decir pero yo noto que no le gusta”.

¿Le da miedo dar este puñetazo encima de la mesa?  “Digo que me engañaron a mi, me sentí usado y manipulado. Pero te lo diré citando a Artigas,  el padre de la independencia uruguaya: ‘Con la verdad ni ofendo ni temo’. Yo cuento la verdad, yo cuento cómo lo viví yo. No tengo ningún interés político, no aspiro a nada, pero quiero que que no se cuenten cosas que no son verdad: antes de que yo dijera que había sido ETA lo habían dicho el presidente del Gobierno, el ministro del Interior y Ana Palacio se había lanzado a escribir las instrucciones de Naciones Unidas.  No me echen a mi la culpa de eso. Yo acuso de que a mi me manipularon, me usaron, quisieron utilizarme para que les fuera útil en determinados fines que yo ignoro, habría que preguntárselos a ellos. Yo lo que sé es que a mí me llamaron para que dijera una cosa que, en el momento en el que me llamaron, sabían que era falsa. Yo no quiero hacerme enemigos, pero no quiero que se me eche el muerto encima”.

El momento que más le dolió, y más puso en pie de guerra a su gente del centro, fue cuando Aznar decidió dos días después de los comicios desclasificar parcialmente el llamado informe Dezcallar en el que se sugiere la autoría de ETA. Eso, viniendo de un presidente que en 1996 cuando ganó las elecciones a Felipe González se negó a a desclasificar los famosos papeles del Cesid sobre la creación de los GAL: “No se desclasifican  documentos del CNI. Nunca. El no lo ha hace para defender la seguridad del Estado. El lo hace para defender sus vergüenzas y la de los suyos. Y en el centro eso sienta muy mal. Había un malestar terrible”.

Reconoce que podía/debía quizá haber dado el golpe sobre la mesa que está dando ahora con este libro la tarde-noche del sábado 13 de marzo de 2004 después de la conversación con Astarloa.  Pudo más, dice, su sentido del deber: “Había tipos con explosivos por la calle y unas elecciones generales al día siguiente. El bombazo hubiera sido tan grande. La responsabilidad era demasiado pesada”.  Y ante determinados acontecimientos recientes en el CNI, acaba con una  sonrisa,  tan perfecta como el golpe de pañuelo en su bolsillo: “Como escribo en el libro, en el centro no hay cadáveres, si acaso alguna que otra cucaracha”.

 

Cataluña es opaca en Bruselas

Amadeu Altafaj en la delegación catalana en Bruselas. / JUAN SANHERMELANDO

Es imposible saber la cifra que invierte Cataluña a través de la Secretaría de Asuntos Exteriores en Bruselas ni sobre qué asuntos presiona porque esta delegación no se encuentra inscrita como lobby en el Registro de Transparencia de la Unión Europea. 

Atrás quedo el día en el que Artur Mas estrenaba tímidamente en Bruselas su agenda exterior con una reunión junto José Manuel Durao Barroso, entonces presidente de la Comisión. Ocurrió un 3 de marzo de 2011 Mas pidió comprensión a todo el mundo” con la crisis económica y los recortes aplicados por la Generalitat. Cuatro años después de aquel encuentro, el presidente de la Generalitat ha tejido sin transparencia y con dinero público una red de influencia política en la Unión Europea.

El término lobby no tiene por qué ser negativo. Como señala Eva Belmonte, periodista y autora del libro Españopoly, es lógico que empresas y administraciones públicas luchen por sus intereses: La clave está en que todos conozcamos esa información para controlar que los intereses de terceros no pasan por encima del interés público.

En el caso del lobby catalán, lo poco que se sabe es que la Generalitat cuenta con una Delegación de Asuntos Exteriores con 30 empleados instalada en un edificio de la Rue de la Loi de Bruselas. Un vistazo a los presupuestos catalanes desvela que el alquiler de esta sede cuesta un millón de euros al año al erario catalán: más que los 832.000 euros que desembolsaba en 2012.

Pero es imposible saber la cifra que invierte Cataluña a través de la Secretaría de Asuntos Exteriores en Bruselas ni sobre qué asuntos presiona porque esta delegación no se encuentra inscrita como lobby en el Registro de Transparencia de la Unión Europea. Esta tarea aún no es obligatoria, pero debería serlo según Vicky Cann, miembro del Corporate Europe Observatory, una organización de referencia a la hora de denunciar la opacidad en la toma de decisiones europeas. 

El Registro señala la necesidad de que todas las autoridades públicas subnacionales declaren el gasto que hacen en lobby, las reuniones que llevan a cabo y el número de personas que llevan a cabo esta actividad, pero les deja la puerta abierta a hacerlo o no, añade Cann.

La excusa de Mas

El Consejo de Municipios y Regiones de Europa (CMRE), organización que agrupa a gobiernos locales y regionales de Europa, apunta que los gobiernos locales, directamente electos por los ciudadanos europeos para prestar servicios públicos esenciales, no deben ser tratados de la misma manera que los grupos de presión comerciales y corporaciones multinacionales. A esta máxima se ciñe la Secretaría de Asuntos Exteriores de la Generalitat para justificar su ausencia en el registro. Si el día de mañana el registro pasa a ser obligatorio y así lo aconseja el CMRE, entraremos a formar parte encantados, señalan desde su oficina de prensa de la institución.

Eva Belmonte, responsable de Civio, no piensa lo mismo: Cualquier Gobierno que de verdad quiera ejercer su influencia de forma transparente tiene que apostar por levantar la cortina sobre el lobby.

Los que sí están registrados son los organismos catalanes cuya función explícita es realizar funciones de promoción de Cataluña. El Instituto Catalán de las Empresas Culturales (ICEC) y la Agencia Catalana de Turismo son un buen ejemplo. También el Ayuntamiento de Barcelona, que durante el mandato de Xavier Trias hizo público su gasto aunque con datos muy poco precisos. Barcelona declaró tener 50 lobistas acreditados en 2013 pero sólo informó en el registro de un gasto inferior a 10.000 euros en concepto de lobby. Ada Colau por ahora no ha aclarado esta incongruencia.

Un diplomático en Bruselas

La Generalitat cuenta para sus tareas de lobby en Europa con un nuevo jefe diplomático en la UE: el periodista Amadeu Altafaj.

Altafaj tiene un sueldo de 80.589,54 euros y conoce al dedillo las instituciones europeas. Ejerció como portavoz del comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios Olli Rehn después de haber trabajado como portavoz del comisario de Desarrollo y Ayuda Humanitaria Louis Michel.

Ha sido designado por ser la persona más preparada que había y en base a [sic] su experiencia profesional, dice Jaume Clotet desde la Secretaría de Asuntos Exteriores de la Generalitat.

Altafaj ha esgrimido problemas de agenda para no hablar con EL ESPAÑOL.

“El delegado catalán se mueve muy bien”, explica un portavoz del grupo europeo de Los Verdes. “Es activo a la hora de facilitar información sobre Cataluña y pedir reuniones”.

“Publicar cuánto cobra un funcionario público no es suficiente, dice Eva Belmonte. En mucho casos es mucho más relevante conocer las agendas y el contenido de sus reuniones.

El dinero de Diplocat

Los únicos datos disponibles para hacerse una idea del gasto en representación exterior del Gobierno catalán son los que se hacen públicos en los presupuestos en relación  on Diplomàcia Pública de Catalunya (Diplocat): un consorcio público-privado diseñado para construir relaciones de confianza entre los ciudadanos de Cataluña y el resto del mundo. El presupuesto de este organismo en 2015 fue de 2,6 millones: casi el doble del que tenía en 2012. La causa de este aumento es uno de los aspectos que tampoco ha querido aclarar la Secretaría de Asuntos Exteriores.

 

El aumento de este presupuesto en los últimos tres años permitió a la Generalitat contratar en 2013 a un lobby anglosajón para recabar apoyos internacionales: Independent Diplomat (ID). Esta entidad sin ánimo de lucro tiene sedes en Bruselas y en Estados Unidos. Al contrario de la embajada catalana, ID sí está inscrita en el Registro de Transparencia de la Unión Europea. Gastó entre 200.000 y 299.000 euros en 2013, cuenta con cuatro lobistas para desarrollar sus funciones, tres con acreditación directa ante las instituciones europeas). Su presupuesto total fue de 3,5 millones de euros. La información que aparece en el registro no aclara ni el número ni el nombre de sus clientes

Es imposible saber lo que paga el Gobierno catalán a este lobby. Al ser consultado por este periódico, un portavoz de Independent Diplomat derivó todas las preguntas sobre el tema a la Secretaría de Exteriores de la Generalitat, cuya única respuesta es la siguiente: No comentamos nada sobre Independent Diplomat porque ya se ha publicado en otros medios todo lo que había que publicar. No queremos cansar al público con las mismas cosas repetidas indefinidamente.

Se refieren a los artículos publicados en la prensa catalana y nacional que informan de la contratación de un lobby por parte de Artur Mas.

Hasta ahora han trascendido los pagos que la Generalitat llevó a cabo hace dos años. El portavoz del Gobierno y consejero de Presidencia, Francesc Homs, reconoció en 2013 que se hizo un pago de 360.000 euros a Independent Diplomat. Pero todo forma parte de un entramado opaco.

Según señala el diputado popular Santi Rodríguez, existen dos pagos más. Los expedientes de contratación del Departamento de Presidencia a los que Rodríguez tuvo acceso reflejan un pago de 720.000 euros en 2014. Mediante la respuesta a una pregunta parlamentaria, el diputado averiguó que había 600.000 euros en facturas en 2015. En total, casi 2 millones de euros. Los datos no son públicos porque no aparecen en el extracto quincenal de la Generalitat, dice Rodríguez. “También también deberían ser públicos los informes que cada mes entrega el lobby anglosajón como fruto de su acuerdo con la Generalitat.

El asesoramiento de Independent Diplomat ha recibido grandes críticas de la oposición catalana, que reprocha a Artur Mas su decisión de esconder su gasto y su misión. En 2014, la mayoría del Parlament (CiU, ERC, ICV-EUiA y CUP) rechazó una moción del PP apoyada por Ciutadans que exigía la ruptura de los contratos con Independent Diplomat.

El Partido Popular y Ciutadans denunciaron en 2014 la influencia que ID había tenido en la publicación de algunos editoriales en medios internacionales. Independent Diplomat recibió un pago de 7.800 dólares de la Delegación del Gobierno catalana en Estados Unidos meses antes de que el Financial Times reclamara en uno de sus editoriales a Mariano Rajoy que actúe rápido en la crisis con Cataluña” en marzo de 2014. Según dice su página web, una de las tres áreas de especialización de Independent Diplomat es el uso de medios de comunicación para difundir el mensaje de sus clientes.

Portazo europeo

Bruselas ya dio un portazo a Mas a principios de 2014 y le exigió comunicarse con la Unión Europea a través de la representación española. Así lo afirma el eurodiputado por Ciudadanos, Juan Carlos Girauta: No corresponde a las comunidades autónomas esta tarea y menos, cuando las cifras están ocultas y disfrazadas.

La Secretaría de Asuntos exteriores deja muy claro que ninguna de las delegaciones del Gobierno de Cataluña son embajadas: No pueden serlo dado que Cataluña no es un estado y sólo los estados tienen embajadas, apunta su secretario de prensa, Jaume Clotet.

La opacidad que la Generalitat practica en Bruselas contrasta con la ley de transparencia catalana que entró en vigor antes de verano y que incluye la obligación de regular los lobbies. Aunque esta ley, como señala Eva Belmonte, tiene algunos defectos: no acepta solicitudes de información por correo electrónico y veta el derecho de acceso a la información a los menores de 16 años

Si el Gobierno catalán no tiene nada que ocultar en Europa y sus intereses no tienen nada que ver con promover la independencia con dinero público, ¿por qué no hace pública toda la información?

Diccionario satírico burlesco (V)

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Con la D de Diada comienza el quinto fascículo del afilado diccionario de Anna Grau. Duran i Lleida también queda atrapado en sus páginas. El retrato del político de Unió Democràtica da paso a términos tan sugerentes en Cataluña como el de embajadas.  

Diada

Fiesta patriótica catalana en clave trágica, precursora de otros desastres nacionales de gran calado, todos acaecidos en un Once de Septiembre. En tal fecha cayeron el golpe de Pinochet en Chile, las Torres Gemelas en Nueva York, etc. En el caso catalán hablamos de una atroz derrota militar de hace tres siglos convertida en innecesaria e indeleble derrota política por aquellos que se equivocaron entonces de pretendiente al trono de España y ahora de pretensión, sin plantearse rendirse a tiempo ni rectificar nunca. Lo más interesante es que los estrategas de la derrota de antaño se murieron todos de viejos en la cama (como Rafael de Casanova) mientras se dejaba la piel en las calles y en las trincheras el pueblo llano por ellos fanáticamente enardecido. Bueno, se la dejó el pueblo llano y el no tan llano. El verdadero héroe de aquella resistencia tristemente deslumbrante, de aquel espectáculo de sacrificio y de valor digno de mejor causa, que presagiaba la terrible e inútil matanza entre hermanos de 1936, fue un militar nacido en Barcelona pero sin una gota de sangre catalana, tanto su padre como su madre eran de fuera: Antonio de Villarroel y Peláez. Exsoldado borbónico pasado al austriacismo, acabó al frente de la defensa imposible de Barcelona, advirtió a los políticos de la que se les -¡nos!- venía encima, suplicó capitular por humanidad, no le hicieron ni cochino caso, dimitió, ante el espanto del ataque final de Berwick volvió a ponerse al frente de la tropa, resultó gravemente herido y de cabeza a la cárcel. Se creyó en principio que había sido rescatado y pensionado por Carlos VI pero otros historiadores apuntan que pudo pudrirse en una mazmorra gallega donde entraba el agua de las mareas, provocándole la parálisis de ambas piernas… Sería el primer caso de charnego conmovido y arrastrado por la cruel desgracia general de Cataluña. Y por imperdonables errores históricos de bulto de los catalanes de raza.

‘Dret a decidir’

Dulce pájaro de juventud. Esplendor en la hierba de la democracia que pudo haber sido y no fue. LSD que te convierte en invencible campeón antifascista. Única kryptonita capaz de darle la vuelta de una tacada a la Guerra de Sucesión Española, la Guerra Civil, la Constitución de 1978 y todas las Ligas de Fútbol y hasta Copas de Europa ganadas alguna vez por el Real Madrid. Ábrete Sésamo de un futuro perfecto donde no habrá paro ni impuestos ni celulitis ni tetas caídas ni Rajoy. Los Reyes serán los padres de los españoles pero ya no, nunca más, de los catalanes. Bula papal, patente de corso, pasaporte diplomático para salir de un país y entrar en otro a voluntad y a la carta. Unos lo hacen legalmente, otros en patera y otros dando el cambiazo de la soberanía nacional por la de su comunidad de vecinos.

Duran

No es que le tengamos manía a Josep Antoni Duran i Lleida y por eso le regateemos aquí el nombre propio -compuestísimo-, el segundo apellido y la inolvidable “i” que lo coaliga con el primero cuando el titular es un catalán de pura cepa, así haya nacido en la Franja y no haya pronunciado en su vida la vocal neutra. Que Duran es mucho Duran. Es casi medio grupo de rock. Del sexo y de las drogas ni hablamos. Quitando a Miquel Roca, Duran debe de ser el político catalanista que más ha sufrido en lo que va de siglos (éste y el anterior) sin ver cumplidos JAMÁS sus máximos sueños. A Roca lo emparedó vivo Pujol negándole la dicha de ser ministro de Felipe González. Duran pudo serlo de Aznar de no ser por Josep Piqué. Ya es mala pata que, igual que en Hollywood sólo cabe una diva latina por vez, llámese Salma Hayek o llámese Penélope Cruz, en Madrid históricamente sólo haya habido sitio para un macho alfa catalán por vez, y que Duran probara fortuna cuando todavía no se había desatado el éxtasis por los calvos. Definitivamente Dios da pan a quien no tiene dientes y democracia cristiana a quien no sabe qué hacer con ella: que un megaconseguidor como Duran nunca haya atinado a conseguir lo que más anhelaba para él mismo tiene un punto dickensiano. El divorcio de CDC está bien pensado y hasta rebosa dignidad, pero le pilla con la próstata política en franco decaimiento. ¿A estas alturas, ya, para qué? Se tenía que haber ido de casa muuuuuuuucho antes…

Els Països Catalans

Apasionante territorio entre secamente político y fabulosamente mítico. Los días de buena visibilidad patriótica abarca de Fraga a Maó y de Salses a Guardamar y en cambio hay otros días en que a duras penas rebasa el despacho de Artur Mas en la Generalitat. Hablar de Països Catalans y no de Cataluña a secas permite estirar en el tiempo y en el espacio una identidad histórica que ciertamente ha resistido todos los embates que la invitaban a desaparecer… pero, por lo mismo, no ha dejado de mezclarse estrechamente con otras. No siempre resulta de ello la deseada armonía. Por ejemplo en Valencia y en las Baleares hay quien se siente orgullosísimo de hablar la misma lengua que se habla en Cataluña y hay quien no soporta el chulocentralismo de Barcelona en el cogote. Ciertamente todos los territorios que han desarrollado vínculos por la vía siempre trepidante de la conquista -y de la reconquista no digamos-, tienden a tener sus más y sus menos. En el caso que nos ocupa, lo divertido para muchos es la tendencia esquizoide de algunos que ante Madrid marcan paquete independiente en plan Astérix, pero que, como se les desmande la Vall d’Aran, gritan: a mí la legión y las botas de Julio César… Por cierto, no sólo refunfuñan de estas cosas fuera de las cuatro provincias catalanes inmaculadamente originales. Del Ampurdán para arriba a los de Barcelona les llaman “los de Can Fanga”. No es un piropo.

Embajadas

Diplomática manera de empezar el país por el tejado: primero se abren legaciones en el extranjero y luego se explica que uno no tiene exactamente un país. Alguien lo entenderá. Mientras el dinero del contribuyente fluya a espuertas, especialmente de espuertas para fuera, ¿quién se va a quejar? Otro tanto hicieron los socialistas para embutir a Bibiana Aído en la ONU: apoquinar como dementes. Claro que hay quien se conforma con buscarle un apaño a una exministra y hay quien tiene que dar faena a todo el clan Kennedy de Cambrils. No contentos con pagarle a Josep-Lluís Carod-Rovira un sueldazo de vicepresident de Catalunya (con derecho a coche oficial para irse a ver a ETA), ¡hubo que colocar a su hermano Apel.les en la embajada catalana de París! ¡Éramos pocos y la abuela volvió a olvidarse de tomar la píldora! Si por lo menos este sobrehumano esfuerzo presupuestario sirviera para algo. Pero nunca se ha visto nada más enigmáticamente desierto que una embajada catalana. Es como la cara oculta de la Luna. No va nunca nadie a no ser que la visite, pongamos por caso, el propio Carod-Rovira. Cuando abrieron la de Nueva York, en un garito de nada al ladito del Rockefeller Center, Carod montó en cólera con el corresponsal de La Vanguardia porque éste le preguntó por el precio del alquiler y por el presupuesto de la oficina. Cuando llevaba un buen rato sulfurándose, la corresponsal de Efe, tras excusarse humildemente por no pillar ni jota de catalán, le rogó pasarse al castellano. Carod, herido en lo más vivo, se negó. Lo malo fue cuando la informadora española, tratando de dar facilidades, sugirió: “Bueno, ¿pues qué tal si da la rueda de prensa en inglés, que aquí lo entendemos todos?”. Tanto como todos, todos… el vicepresident se puso como la grana y cambió, ya que no de idioma, de tema.

El deshielo desde un bar castrista en la Costa del Sol

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Detrás de la barra, con una mirada profunda y sufrida, cansada y algo nerviosa, Liset cuenta cómo se enteró por las páginas del Granma de que Cuba y Estados Unidos comenzarían un proceso para restablecer las relaciones diplomáticas. A más de 7.000 kilómetros de la isla y a través de la pantalla de su ordenador, supo que el penúltimo bloque de hielo estaba a punto de derretirse.

El murmullo de una plaza que está a punto de bullir contrasta con la paz que transmite el pequeño local. Aquí lo único que se escucha es una suave voz, con un dulce acento caribeño, y las melodías latinas que emana el altavoz de la radio a un volumen muy agradable. El cuadro del Che Guevara de la pared y la gran bandera cubana que da la bienvenida a la estancia terminan de configurar un espacio en el que parece haberse detenido el tiempo.

Detrás de la barra, con una mirada profunda y sufrida, cansada y algo nerviosa, Liset cuenta cómo se enteró por las páginas del Granma de que Cuba y Estados Unidos comenzarían un proceso para restablecer las relaciones diplomáticas. A más de 7.000 kilómetros de la isla y a través de la pantalla de su ordenador, supo que el penúltimo bloque de hielo estaba a punto de derretirse. Que su país y aquel al que tanto había espiado de pequeña, cuando vivía junto a la base naval de Guantánamo, a través de una tele que su madre no quería que viese, estaban cerca de entenderse.

Salió de Cuba licenciada en Educación Física y Psiquiatría. Y hablando inglés, francés e italiano. Ahora, desde hace poco más de un año, compatibiliza el limpiar casas con manejar un bar en la Costa del Sol para sobrevivir y mandar algo de dinero a su madre y sus dos hijos, de 21 y 25 años, que viven en Santiago.

Liset confiesa que nunca hubiera abandonado su país y que más pronto que tarde volverá, pero aceptó la invitación de una amiga que había logrado establecerse en Finlandia. Quería ver mundo. Allí, en dos años, aprendió el idioma y se ganó la vida con su pasión: dar clases de salsa. Reconoce que a su madre no le hacía mucha gracia la idea de que estuviera todo el día bailando, “pero eso lo llevo en el corazón”, apunta.

Nunca tuvo problemas ni para salir ni para entrar en la isla. Sí cuando voló al Reino Unido. Cuenta que, en un aeropuerto inglés, al bajarse del avión, dos policías se le acercaron y le pidieron el pasaporte. Ella, sorprendida, les dijo que no lo tenía: antes de embarcar le dijeron que con el permiso de residencia permanente expedido por Cuba que poseía, era suficiente. La tuvieron retenida durante una hora hasta que se aclaró todo. Los agentes se disculparon y le llevaron una taza de café. Y cuenta que le dijeron: “Estas son las leyes que tienen los americanos con Cuba”.

De su país entró y salió tres veces. Le ayudó el cambio de mentalidad de unos dirigentes que terminaron por comprender que los que se marchaban no lo hacían por traición a la patria, que muchos se iban por necesidad. Porque el bloqueo asfixiaba, la miseria se multiplicaba y las familias sangraban.

De pronto, Liset quiebra su dulce y sosegado tono de voz para soltar una exclamación que trasluce todas las penurias sufridas:

– ¡Hemos pasado mucha hambre! Cuando los americanos cerraron, nadie tenía el coraje de ir a hacer negocios con Cuba. Pero Europa es un continente viejo, ¿por qué tienen que esperar a que ellos les den permiso?

“Ahora todo irá mejor”

Con la apertura de las embajadas, que encamina los pasos a poner fin a cincuenta y cinco años de embargo, la guantanamera cree que todo irá a mejor. No tiene ninguna duda, porque confía en que el desbloqueo de los americanos supondrá una oportunidad para mucha gente que está esperando invertir en Cuba: canadienses, franceses, alemanes y, por supuesto, españoles.
También muestra una firme convicción en que el pueblo cubano no se arrodillará ante los yanquis:

– Cuba no es hoy el país que cogieron cuando lo dejaron los españoles. Ahora, la mayoría de la gente tiene estudios y son profesionales. Los americanos no pueden venir a imponer sus cosas. No van a coger el jamón que cogieron antes.

Siente lástima por aquellos que abandonaron la isla rumbo a Miami porque, aunque no compartan el punto de vista, sabe que es gente que ha dejado mucho atrás: una casa, una familia, una patria. Y presiente que el acercamiento entre los países los dejará en una posición difícil, que perderán la causa por la que luchan cuando Obama abrace a Castro.

Y aunque es partidaria de la Revolución, reconoce que se tiene que adaptar al nuevo tiempo, modernizarse: “Necesita un cambio”. Se siente orgullosa al enumerar los logros cubanos desde aquel 1 de enero de 1959: la educación que les permitió prosperar a ella y a su familia y que acoge cada año a miles de jóvenes del Tercer Mundo, y esa sanidad universal que está probando la primera vacuna contra el cáncer de pulmón y que ha eliminado la transmisión del virus VIH de madre a hijo. Admite, de todas formas, que el sistema y sus dirigentes se han encontrado con muchos problemas que han sido incapaces de resolver.

– Sé que Fidel no ha hecho todas las cosas perfectas, pero es que el hombre no es perfecto. Yo estoy satisfecha con él al 70%. Y más cuando vengo aquí y veo que hay niños que no pueden estudiar. Eso me da pena, porque hay mucha gente gastando dinero en tonterías.

En lo que sí disentía del castrismo antes de salir de la isla era en las dificultades y las restricciones para regentar un negocio propio. Pero sabe que desde 2010 es más sencillo. Puede que el fin del bloqueo que se vislumbra próximo le dé a Liset el empujón que necesita para volver a Cuba y cumplir su sueño de montar un paladar en su casa santiaguera. Mientras llega ese día, sigue atendiendo con dulzura a sus clientes a más de 7.000 kilómetros de su hogar.

Hollande en la Manzana de Gómez

castro

De la seducción y la pasión inflamada de la izquierda francesa, hemos pasado a la diplomacia económica. El presidente Hollande ha deambulado en Cuba por la fina cuerda del equilibrismo diplomático.

La Manzana de Gómez -que fue el primer centro comercial de Cuba- es un edificio imponente que se levanta en el corazón de La Habana Vieja. Construido por José Gómez-Mena, Don Pepe fue sede del banco y las oficinas de la empresa familiar de este acaudalado magnate azucarero hasta la revolución de 1959. El año que viene la Manzana albergará el que será el mayor hotel de Cuba, un Kempinski de cinco estrellas con 250 habitaciones. 

Originario de un pequeño pueblo del Valle de Mena, en la provincia de Burgos, el patriarca, Andrés, emigrante a Cuba, levantó una fortuna colosal a costa del turbio negocio de la trata negrera y del comercio clandestino. Mas tarde, su hijo Don Pepe, propietario de cuatro centrales azucareras, emparentó a la familia con Alfonso XIII a través de su primogénito, Alfonso de Borbón, que renunció a sus derechos sucesorios para casarse con Edelmira, una hija de los Gómez-Mena.

Edificio de la Manzana de Gómez en La Habana.
Edificio de la Manzana de Gómez en La Habana.

El presidente Hollande, en visita a La Habana, ha inaugurado la nueva sede de la Alianza Francesa en la Manzana de Gómez para participar, acto seguido, en un fórum económico franco-cubano en el Hotel Sevilla, uno de los míticos cuarteles generales de Hemingway en la capital.

No ha ocultado Hollande el sentido último de su viaje: “La economía debe ser la resultante, la traducción de lo que hemos querido en el plano político. Siempre estamos dispuestos a decir una verdad tan simple como que para que Cuba pueda estar presente en el mundo, el embargo tiene que levantarse” .

Es decir, que de la seducción y la pasión inflamada de la izquierda francesa hemos pasado a la diplomacia económica. Signo de los tiempos e ironía de la historia, esta visita -que empieza con la Manzana de Gómez- se convierte esencialmente en un viaje de negocios y mercados.

En su discurso en la Universidad de la Habana -en presencia de quien podría estar bien situado para suceder a los Castro, el vicepresidente del gobierno cubano, Miguel Díaz-Canel- el presidente Hollande ha deambulado por la fina cuerda del equilibrismo diplomático.

Y así, sin el más mínimo complejo, ha exhibido en La Habana -por cierto acompañado por su ex, Ségolène Royal, ministra de Ecología en el Gabinete de Manuel Valls- su avidez por conseguir contratos para las empresas francesas sin abrir la boca sobre las libertades fundamentales.

Porque el jefe del Estado francés ha hablado más de construcción y obras públicas, biotecnología y telecomunicaciones que de libertades y democracia. De eso se trata, de meterse en el mercado cubano en un momento en el que se abre y al mismo tiempo reforzar la posición de sus empresas antes de la llegada de la competencia, la americana y la española, por cierto.

Muchas cosas han cambiado desde aquel viaje de Mitterrand a Cuba en 1974, impulsado por Danielle, gran admiradora de la causa de la revolución. Entonces el comandante en jefe los recibió en la pequeña granja de Siboney, de donde partiera con 135 camaradas antes de la ofensiva de 1953.

Eran tiempos en que Fidel Castro -burlándose de los americanos- complacía a los franceses. Pero el régimen cubano ahora se está agotando y el oxígeno de los últimos años, que venía de los petrodólares venezolanos, parece que se ha acabado.

Eso explica los últimos acontecimientos que están llevando al deshielo y a este desfile de quienes no parecen dispuestos a dejar pasar la oportunidad que abre la normalización de las relaciones con Estados Unidos. Cuba necesita inversiones y a eso responde esta cabalgata, que será interminable y que ya han inaugurado los franceses.

Pero que no se equivoquen los tertulianos porque esta apertura no significa que los dirigentes cubanos vayan a ceder el poder ni que los visitantes de los países occidentales -desde 1996 varados en la llamada posición común europea– se atrevan a dar un puñetazo en la mesa exigiendo una economía liberal.

Nuestros vecinos –cualquiera que sea su signo político- interpretan en la defensa de los intereses de sus empresas el célebre aforismo de Bertolt Brecht “Kommt das Fressen, dann kommt die Moral“. Es decir: “Primero comer y luego la moral”. Tampoco es momento de lo que Jean Paul Sartre, en tiempos de exaltación rebelde, loaba: “El valor de la intransigencia” de Castro.

En el proceso que acaba de comenzar tras la reconciliación mediática de Panamá, el hermano pequeño (El Chino) está avanzando con pequeños pasos que le podrían terminar dando la razón. Según un historiador de La Habana, “el problema de Fidel sería que nunca aprendió a bailar. Raúl, sí. Pero el hecho de moverse al ritmo de la música no le impide quedarse en su sitio”. Y ahí estamos porque, aunque el militar parezca haber descubierto el pragmatismo, la palabra reforma sigue siendo tabú.

En la Manzana de Gómez, acompañando a François Hollande -“las empresas que me acompañan en este viaje, sería importante que invirtiesen en Cuba”-, estaban los patronos de Pernod-Ricard, Accor, Nouvelles Frontières, Fram-Voyages, Bouygues, Total y Air France.

A ninguno de ellos parecía importarles que quien construyó aquel gigantesco edificio recién restaurado -que llegó a albergar teatros, bancos, bufetes, consulados, academias, revistas, restaurantes, compañías mercantiles hasta sumar 560 oficinas- fue uno de los hombres más ricos de Cuba ni que Jodie Foster y Robert de Niro -que no habían vuelto a coincidir en la gran pantalla desde Taxi Driver– tuvieron a punto un guión para rodar una película, Sugarland, inspirada en la historia del imperio azucarero de un magnate cubano con el trasfondo de la explotación de trabajadores antillanos en las plantaciones de caña de azúcar. 

La historia de Don Pepe con el telón de fondo de la Manzana de Gómez, paradigma de la diplomacia económica.


Luis Sánchez-Merlo fue secretario general de la Presidencia del Gobierno y es presidente de SES Astra Ibérica.