El independentismo presiona a la CUP para investir a Mas

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Medios y periodistas afines al president tratan de convencer a la formación anticapitalista para que permita la investidura del líder de CDC. La CUP mantiene el pulso e insiste en encontrar un candidato de consenso.

Medios y periodistas afines al president tratan de convencer a la formación anticapitalista para que permita la investidura del líder de CDC. La CUP mantiene el pulso e insiste en encontrar un candidato de consenso.

Un miembro de la CUP acuñó hace unos años un término que en Cataluña ha hecho fortuna. Habló del Camamilla Party. El término en catalán significa manzanilla, hace referencia al Tea Party estadounidense y describe a un sector de la sociedad catalana. Ese grupo lo forman contertulios, columnistas, directores de medios y un ejército de miles de tuiteros.

A grandes rasgos y con matices, los miembros del Camamilla Party defienden a Artur Mas como la única persona capaz de liderar el proceso soberanista. Consideran que no toca hablar de los recortes hasta que Cataluña sea independiente y atribuyen cualquier indicio de corrupción a una guerra del Estado contra Cataluña. Ese mismo sector no le ahorró reproches a la CUP cuando decidió no ir en la lista unitaria soberanista. Odian tanto a Mariano Rajoy como a Pablo Iglesias o Duran Lleida y les dolió sobremanera que la alcaldía de Barcelona quedara en manos de Ada Colau.

En las últimas horas, el Camamilla Party se ha volcado en presionar a la CUP para que ceda y haga presidente a Artur Mas.

El diario Ara ha publicado en su versión impresa de este martes un editorial llamado Mas no puede ser el problema. El editorial iba destacado en portada con el titular Peligra la investidura. Uno de sus más destacados columnistas, Antoni Bassas, también publica en el mismo periódico un artículo a favor de la investidura del president en funciones. “Sería un error que lo que no ha conseguido la persecución mediática con base en Madrid se decidiera ahora en Barcelona”, asegura.

El exdirector de La Vanguardia, José Antich, también afirma en un artículo que los intentos de desplazar a Mas de la presidencia son de una “gran miopía”. Pilar Rahola aseguró este lunes en 8TV que no le parecería justo que se apartara ahora al president. Otros periodistas y opinadores invitaban a la CUP a reflexionar sobre por qué se alinea con los poderes unionistas en el rechazo a Artur Mas.

https://twitter.com/jordibarbeta/status/648721503140364288

El ‘president’ mártir

La imputación de Artur Mas por la consulta del 9N, conocida durante la mañana de este martes, ha aumentado aún más la presión sobre la CUP. Todo el soberanismo ha cerrado filas en torno a Mas y esto ha dejado a la CUP aún más expuesta a pesar de que el líder del partido, Antonio Baños, ha mostrado su solidaridad con Mas y las demás imputadas.

Para más inri, el juez ha citado a Mas a declarar en el 75º aniversario del fusilamiento del antiguo president de la Generalitat Lluís Companys.

Muchos han interpretado la imputación de Mas como el estímulo necesario para que la CUP cediera en su postura de negar la investidura. Mas adquiría una posición más transgresora y se convertía en representante de la desobediencia que prodiga la CUP. Baños, sin embargo, ha mantenido el discurso del partido y ha dejado claro que no cederán a las presiones. “Después de décadas de represión policial y judicial, no nos asusta demasiado una campaña de Twitter”, ha afirmado el líder de la CUP.

Quiénes han evitado pronunciarse a favor de la investidura de Mas han sido los presidentes de la ANC y Òmnium Cultural. En una rueda de prensa conjunta, han criticado la imputación y han confiado en que las formaciones llegarán a un acuerdo, pero no han querido valorar si es importante que Mas sea president.

Un poder inesperado

Todas las encuestas indicaban que la CUP tendría la sartén por el mango a la hora de articular una mayoría soberanista en el Parlament. Lo que no se esperaba la formación era que la investidura de Mas como president dependería de sus votos. El partido anticapitalista se sentía mucho más cómodo con la posibilidad de una abstención en segunda vuelta. Pero ahora este escenario no es posible y la CUP tiene la carga de ser quién puede dinamitar el proceso si JPS tampoco cede.

La situación no ha avanzado durante este martes. Ambas formaciones han reafirmado sus posiciones ante los medios durante la mañana y por ahora nadie quiere aparentar que está dispuesto a ceder. El entorno de Mas ha filtrado a TV3 que el proceso no se va a parar y que la CUP ha de decidir si lo va a apoyar. Baños ha vuelto a repetir que no investirán a Mas y ha insistido en una figura de consenso con la que “todos nos podamos sentir cómodos”. Si Mas representa un extremo y la CUP otro, lo que buscan es un candidato intermedio. Con esas palabras lo ha explicado Baños durante una entrevista en TV3.

CDC, sin embargo, no está dispuesta a dejar de liderar el proceso y considera “irrenunciable” la presidencia de Mas. Después de todos los costes de la aventura independentista para el partido –de la ruptura con Unió a las imputaciones–, no quieren que la presidencia quede en manos de una persona de ERC o de un candidato independiente como Romeva. ERC sigue defendiendo que el candidato de Junts pel Sí es Mas pero de manera menos apasionada. “Concentrémonos en el qué y no en el quién”, ha afirmado este martes Oriol Junqueras.

Junts compareció este martes para valorar los resultados y proyectó una imagen de unidad en torno a Mas. Las declaraciones de Romeva y del propio Mas, no obstante, dejaban la puerta abierta a negociar otro presidente. “El candidato es Mas, y a partir de aquí negociaremos”, explicó Romeva. “Lo importante es saber si los 72 diputados están dispuestos a sacar adelante la hoja de ruta (…) y el resto son cosas añadidas”, zanjó Mas.

Las negociaciones, en marcha

Ambos partidos ya han empezado con algunas llamadas los primeros contactos de lo que se prevé como una dura negociación.

El núcleo duro de Junts se ha reunido en el Parlament para empezar a confeccionar el nuevo Gobierno y la organización del grupo parlamentario y a barajar nombres de futuros consellers. A la reunión han acudido Romeva, hombres de confianza de Mas como Josep Rull o Jordi Turull, dirigentes de ERC como Marta Rovira y Lluís Salvadó y las expresidentas de las organizaciones sociales ANC y Òmnium, que iban en la lista en los puestos dos y tres.

A la vez se ha designado una comisión negociadora formada por miembros de todos los partidos y entidades de la candidatura con el objetivo de iniciar los contactos con la CUP. Junts busca contactos discretos y sin aspavientos y evita críticas contra la postura de los anticapitalistas.

La CUP, por su parte, ha iniciado conversaciones con todos los partidos que puedan sumarse al llamado proceso constituyente. También con la coalición izquierdista Catalunya Sí que es Pot (CSP), que incluye a Podemos y a Iniciativa. 

Lo que sí que se prevé es una de las negociaciones más herméticas de los últimos tiempos. La CUP ya ha advertido que sus miembros se levantarán de la mesa de negociaciones en cuanto se produzca la primera filtración. El partido ya abandonó la negociación de la lista única en julio después de que se filtrara información a los medios de comunicación.

El libro negro del periodismo en Cataluña (VI): La opinión dependiente

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Una opinión vale tanto como otra. Un hecho confirmado vale mucho más. Pero la opinión también ha sufrido limitaciones en Cataluña. En los últimos años se han censurado artículos en ‘La Vanguardia’, ‘Ara’ y ‘El Punt Avui’. 

Gráfico: Kiko Llaneras

Este martes, un epílogo con datos.

Lee aquí los cinco primeros capítulos:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’

Una opinión vale tanto como otra. Un hecho confirmado vale mucho más. Pero la opinión también ha sufrido limitaciones en Cataluña. En los últimos años se han censurado artículos en ‘La Vanguardia’, ‘Ara’ y ‘El Punt Avui’. 

En la primavera de 2015, un articulista mandó a su diario el texto de la semana. Era sobre un partido catalán en un momento conflictivo. Al cabo de un rato recibió un correo electrónico del director con esta respuesta:

Hoy han comido el editor y el líder del partido. Has hecho un artículo que traerá problemas. A ver qué se te ocurre para que los dos podamos evitarnos líos. Hay muchos nervios en ese partido, como sabes.

He ocultado el nombre del partido, del periódico y del articulista por razones obvias pero son los tres reconocidos.

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Lee aquí los cinco primeros capítulos:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’

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En los últimos años, La Vanguardia, Ara y El Punt Avui han censurado artículos de colaboradores habituales. Casi todos los artículos terminaron publicados en internet. En años anteriores -antes de la expansión de las redes sociales- salieron otros presuntos casos pero son más difíciles de detectar. El gremio de los dibujantes ha sufrido especialmente y no sólo censura política.

El director de La Vanguardia Joan Tapia fichó a Gregorio Morán poco después de ser nombrado en 1987. Era un articulista incómodo y La Vanguardia es más bien un periódico cómodo. Pero servía para dar equilibrio, que es algo que el diario ha buscado a menudo con la opinión, su sección tradicionalmente más atrevida.

A Morán le habían censurado hasta 2013 sólo dos artículos, en ambos casos con Tapia como director. Uno se lo retiraron porque se metía con Israel. El otro, por atacar a Jordi Pujol. Fue el 9 de octubre de 1999, en plena batalla electoral entre el president y Pasqual Maragall. El artículo se titulaba Las trampas del redentor y ya estaba maquetado, con su dibujo en página. Salió incluso en los primeros periódicos impresos. El director decidió quitarlo a última hora, cuando le avisaron. El texto criticaba sobre todo la doblez de Pujol:

[Pujol] ha conseguido hacer de la doblez una moral. Entre el personaje real y el que la gente se quiere creer hay tal diferencia que el resultado es un producto genuino; él es él y su doblez. No miente, sencillamente olvida decir la verdad. No tiene ningún apego al dinero, le basta con el que le tiene su entorno. Le importa un comino la familia, pero con tal de estar tranquilo en su casa acepta todas las trágalas que le presentan. No es un hombre corrupto; sencillamente, no pregunta ni de dónde salió el Lamborghini de su retoño ni por los éxitos empresariales de la floristería de su señora.

Hoy parece algo menor porque todo eso ha acabado circulando. Pero entonces el Lamborghini, por ejemplo, había salido sólo en El Mundo. Las páginas de opinión eran un modo de publicar lo que no salía como información.

Este tipo de censura nunca comportó grandes denuncias de compañeros en Cataluña. El 11 de octubre, Manuel Vázquez Montalbán escribía al final de su columna de El País: “Posdata: Un artículo de Gregorio Morán sobre Pujol desapareció el sábado en los subterráneos virtuales de La Vanguardia. Gregorio: Siempre nos quedará París y el Internet”.

El día 14, otro colega en El País, Guillem Martínez, decía dentro de una crónica desde el palco del Camp Nou: “El sábado, por cierto, un diario barcelonés levantó un artículo de Gregorio Morán -y, tal vez, a Gregorio Morán- titulado Las trampas del redentor. Sobre Pujol. En una democracia europea, éste hubiera sido el tema de la semana en una sala como ésta”.

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AYUNTAMIENTO DE GIRONA

El Col·legi de Periodistes de Catalunya no tiene por costumbre denunciar estas censuras. En su web aparecen 73 resultados cuando uno busca la palabra “censura”. Llamé para preguntar si tenían otro tipo de comunicados y me pasaron estos 58. Son similares. Todos están relacionados con la censura franquista o con la imposición de bloques electorales en la información electoral de los medios audiovisuales públicos.

Sólo hay un caso reciente en que el Col·legi ha emitido declaraciones oficiales: la portada censurada de El Jueves sobre la abdicación del Rey. “Nuestro compromiso es con la libertad de expresión como derecho fundamental y por eso estamos en contra de todo tipo de censura”, decía el Col·legi. Luego pedía que nada se convirtiera en “un tema tabú”. TV3 dedicó también un reportaje a la portada de El Jueves y se plantó en la sede de la editora de El Jueves -RBA- donde la reportera indignada denunciaba que a ella y a su equipo no les habían dejado entrar.

En el caso de artículos o humor gráfico sobre otros temas, el revuelo ha sido menor.

Un artículo en cuarentena

El Punt Avui censuró en 2013 un artículo de Bernat Dedéu donde acusaba al director de orquesta Carles Coll de quedarse con buena parte de las subvenciones que recibía para su Orquestra de Cambra de l’Empordà y maltratar laboralmente a sus músicos.

Dedéu daba los números y los nombres de los amigos de Coll en Girona, entre ellos Santi Vila, conseller de Territorio y Sostenibilidad. El director de El Punt Avui, Xevi Xirgo, dijo a Dedéu que ponía el artículo “en cuarentena”: “Es la única llamada que recibí del director. Me dijo que haría unas llamadas y nunca más se supo. Esperé un día y vi que no pintaba muy bien”.

Dedéu anunció que se iba. Ningún otro gran medio dio la noticia. Ahora escribe su blog, La torre de les hores, y tiene más visitas que muchos articulistas asentados en periódicos.

Dedéu es joven y pomposo. Le encanta su acento catalán no barcelonés (en la capital el acento es más chabacano) y salpica sus frases de palabras de otra época que le dan un aire clásico que equilibra bien con toques en inglés y algún taco. Le he visto en verano pero en invierno es fácil imaginarle con sombrero, bastón y capa.

Dedéu es un personaje con horas de elucubración. Cree que su caso ilustra que el miedo es un problema en los directores de periódicos en Cataluña: “Si uno de tus columnistas te asusta, es imposible ficharle. La pregunta entonces, que es casi filosófica, es de qué tienen miedo los directores de periódico catalanes. Si el caso que yo expliqué en El Punt Avui -que no daba como noticia sino como reflexión- no puede publicarse, imagina cuando toquemos algo importante”.

Bernat Dedéu en un evento. / BIBLIOTECA DE CATALUÑA.
Bernat Dedéu en un evento. / BIBLIOTECA DE CATALUÑA.

Sánchez-Piñol, lejos lejos

La Vanguardia censuró la publicación de un artículo del escritor Albert Sánchez-Piñol. Se metía con otro articulista del periódico, José Antonio Zarzalejos.

El título era Zarzalejos, lejos lejos. Pero la historia venía de un par de semanas antes. El artículo anterior de Sánchez-Piñol había sido sobre un hipotético museo militar en Barcelona. Piñol contaba los ataques del Ejército en Cataluña. Cuando La Vanguardia recibió el artículo, le dijo a Sánchez-Piñol que el texto tocaba temas sensibles y que verían qué hacían. Pero el domingo el artículo apareció por error durante unas horas en la web del periódico.

Al día siguiente, el director, Màrius Carol, dijo en RAC1, propiedad del Grupo Godó, que tenían una pieza sobre el grupo Estado Islámico más importante y que el artículo de Sánchez-Piñol se publicaría al cabo de unos días. Carol añadió una amenaza: “Algunos salvapatrias que estén tranquilos. Hay a quienes les gusta romper piernas, pero como todos nos tenemos detectados, tranquilos: ya nos encontraremos por el camino”.

Algunos “salvapatrias” salieron a defender a Sánchez-Piñol. A Carol no le gustó y usó el tópico de país pequeño: “Todos nos tenemos detectados”. El diario Ara y medios digitales publicaron una declaración del escritor que corrió por las redes sociales y donde contaba su versión.

Días después de publicar la pieza sobre el museo, otro artículo en La Vanguardia del catedrático Francesc Granell criticaba a Sánchez-Piñol.

El siguiente artículo del escritor fue Zarzalejos lejos lejos. La Vanguardia no lo publicó.

En la siguiente tertulia en RAC1 con Carol, el presentador no preguntó sobre el artículo. Semanas después, el ex director de La Vanguardia, José Antich, se despidió del periódico con este tuit: “Muy contento de estar aquí, con vosotros. Hoy La Vanguardia, lejos lejos”. Sánchez Piñol y La Vanguardia son más famosos que Dedéu y El Punt Avui, pero la diferencia de repercusión fue extraordinaria: la combinación de “Bernat Dedéu” y el músico “Carles Coll” da 37 resultados en Google; “Sánchez Piñol” y “lejos lejos”, más de 4 mil. El contenido de los artículos de Piñol encaja mejor en la narrativa preponderante.

Hay articulistas que perjudican

De las páginas del Ara se han ido dos articulistas después de que un artículo suyo no apareciera: la periodista Anna Grau, que ahora escribe en EL ESPAÑOL, y el profesor de la Universidad de Stanford Joan Ramon Resina.

Grau escribió una pieza en 2011 sobre una mujer negra en un autobús de Nueva York. Describía una discusión de racismo inverso. En Ara le dijeron que “los lectores catalanes no la entenderían”. En su testimonio en e-Notícies Grau dijo que antes ya había tenido problemas –llamadas, quejas- por dos artículos sobre Pujol y sobre la independencia. En su despedida voluntaria, el jefe de Opinión, Ignasi Aragay, le dijo que era lógico: “El Ara va por un lado y tú por otro”.

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La periodista Anna Grau. / MOEH ATITAR

El caso de Resina es menos conocido. Dedéu lo explicó en su blog. Contacté con Resina, pero prefirió no hacer declaraciones. En septiembre de 2013 publicó un artículo en la revista para tabletas Esguard, donde contó lo que había ocurrido.

Después de una disputa entre dos diputados del PSC y de la CUP en el Parlament por un artículo en el Frankfurter Allgemeine que ironizaba sobre el proceso catalán, Resina glosaba y criticaba la pieza alemana. En Ara le dijeron que aquello “ya no era relevante” y no publicaron el artículo. Resina escribió luego tres piezas más, que también fueron censuradas.

Desde el periódico ningún responsable le avisó del fin de su colaboración: “La Cataluña actual se ha hecho con estos silencios”, explica Resina, que cree que dejaron de publicarle cuatro artículos para disimular que había sobre todo uno que no querían sacar. Aquel texto se titulaba “Gestión de las estructuras culturales de Estado” y criticaba la labor del conseller de Cultura, Ferran Mascarell. Como el resto de piezas, este artículo lo publicó la revista para tabletas Esguard. Resina describe en una introducción el mal del diario Ara, que puede afectar a otros medios catalanes: “El Ara confunde interesadamente dos tipos de independencia, la que se propone como objetivo de un proceso político de impulso popular, que el diario ha sabido convertir en razón de ser de su éxito, y la que se ganan duramente los medios de información que no aceptan sobornos del poder y a los que no hace falta, en consecuencia, presionar a los colaboradores”. Esto tiene una consecuencia que puede afectar el modo de ser del país, según Resina: “Miserias de país pequeño, corregidas y aumentadas por la hipocresía, que hace que el espíritu crítico esté muy afilado contra el enemigo oficial y considerablemente embotado o totalmente romo ante quienes tienen la llave de la despensa”.

Un pensamiento folclorizado

Un periódico puede elegir a sus colaboradores. Pero es raro que una vez asumida la participación habitual de una pluma tenga problemas porque ese articulista dice cosas que disgustan. Es inevitable que esa postura acabe por afectar al escritor.

Jordi Graupera escribe para La Vanguardia. Prepara su doctorado en Nueva York y da clases de Filosofía. La mayoría de las personas que le conocen y saben que he hablado con él me han dicho una variante de esta frase: Graupera será un día presidente de Cataluña.

No sé si habrá confesiones privadas pero los motivos públicos son claros: argumenta con solidez en las tertulias de RAC1, habla sin trabarse y parece tener un proyecto político en la cabeza. En Cataluña con menos se han hecho políticos de larga carrera.

Graupera cree que debe vigilar con su escritura: “En un ambiente normal (Madrid, Washington, Londres) los mejores columnistas están estimulados para perseguir su libertad. Cada vez que me siento a escribir, no pienso ‘qué es lo que no ha dicho aún nadie’ sino ‘qué es lo que es publicable’. Esto te folcloriza el pensamiento”. Cree Graupera que este problema no sólo ocurre en las cabeceras barcelonesas: “Si en los diarios españoles hay menos censura es porque no se ponen a prueba las costuras fundamentales”.

Dedéu cree que una de las causas principales son las ayudas públicas: “Tú no puedes criticar al poder que te alimenta. Desde que la prensa catalana recibe un gran nivel de subvenciones, es imposible que no sea complaciente. Pero es que me pasaría también a mí. Por eso no recibo ayudas públicas. A veces pasa que quien las recibe se vuelve complaciente para seguir recibiéndolas”.

La consecuencia de una actitud así (aunque sea por otro motivo) es más grave: “Me preocupan los diarios para convencidos. Siempre hago mis artículos, como filósofo, para violentar el pensamiento. Pero la mayoría de lectores de periódico en Cataluña quieren reconfortar su pensamiento”. Es el tipo de mentalidad de quien lee un periódico deportivo.  

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Gráfico: Kiko Llaneras

Todo es una tertulia

La opinión tiene otro ámbito creciente: la tertulia en radio o tele. El debate de bar entre gente que sabe bastante de algo y nada de mucho se ha convertido en un fijo de las programaciones por dos motivos: es fácil de montar y barato de hacer. No hay que buscar expertos en cada aspecto de la actualidad y tampoco hay que enviar a periodistas y cámaras a cubrir eventos durante horas o a hacer media docena de entrevistas. Sirven además para la tele y para la radio.

Con tanta tertulia, la ideología de cada participante se ha convertido a menudo en razón de Estado. Nadie niega que en las radios y teles en catalán hay sobrepeso de partidarios o próximos a la independencia. No es sin embargo un sobrepeso siempre apabullante, aunque esporádicamente sí.

Dedéu por ejemplo se negó en 2015 a ir a una tertulia en un canal informativo de TV3 porque los otros dos también eran independentistas. Se quejó en público y llamaron a uno de los jóvenes no independentistas ilustres, el joven politólogo y tertuliano ascendente Nacho Martín Blanco. Al final eran tres contra uno. La producción del programa dijo a Dedéu que a veces montaban tertulias entre independentistas para ver sus diferencias. Dedéu les respondió que no había visto nunca aún una tertulia sólo entre españolistas.

Los sectores independentistas tienen una excusa sencilla: las tertulias catalanas sobre el procés siguen sin ser tan parciales como las tertulias hechas en Madrid, donde la aparición de catalanes que simpatizan con la independencia es aún escasa. Hay memes en internet que reflejan esas quejas.

Las tertulias son una metáfora de una parte del sistema de medios: siempre hay alguien que lo hace peor y por tanto justifica un presunto comportamiento mediocre o poco limpio. El lema parece ser: “Primero hay que ganar. Luego ya habrá tiempo de ser mejores”. Durante tres décadas de democracia los medios han creado este ambiente irrealmente relajado.

Este martes, un epílogo con datos.

Lee aquí los cinco primeros capítulos:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’

El libro negro del periodismo en Cataluña (IV): El pozo

CC RAULITO 39 / FLICKR

Fotografía: CC RAULITO 39 / FLICKR

Ha habido momentos en Cataluña en que medios de éxito han buscado el calor del dinero público para ganar más. Ha ocurrido en otras regiones pero en menor medida. Las subvenciones fijas hacen que la prensa se acomode: es más fácil convencer o engañar o chantajear a un político que satisfacer a miles de lectores.

Este viernes, el quinto capítulo: ‘Una tele para la mitad’ 

Lee aquí los tres primeros:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’

Ha habido momentos en Cataluña en que medios de éxito han buscado el calor del dinero público para ganar más. Ha ocurrido en otras regiones pero en menor medida. Las subvenciones fijas hacen que la prensa se acomode: es más fácil convencer o engañar o chantajear a un político que satisfacer a miles de lectores.

Las subvenciones públicas a medios privados son el gran enigma del periodismo catalán. Desde la Transición ha habido al menos cinco tipos de trasvase de dinero público a medios privados.

El primero se justifica con la lengua: las ayudas por publicar en catalán. A veces salen listas de los medios que más y menos reciben pero son clasificaciones poco útiles: el dinero se reparte según la difusión.

Cuantos más ejemplares o visitas, más dinero. Para medios pequeños pueden ser sustanciales, pero para los grandes son la guinda del pastel. No hay factores políticos más allá de la creencia de que el catalán merece ayuda porque compite en inferioridad.

Eduard Voltas, secretario de Cultura en el Gobierno de José Montilla y cofundador del grupo Cultura03, las justifica así: “Por trabajar con una lengua minoritaria tienes menos potencial de mercado. En un mercado publicitario como el español, muy centralizado, compites por tanto con una mano atada a la espalda. Tiene sentido que la Administración compense”.

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Lee aquí los tres primeros capítulos de la serie:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’

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El segundo tipo de ayudas son las subvenciones por proyectos, que no se dan desde 2012. La Generalitat ha presumido de ese recorte. Pero hasta entonces eran a dedo: los medios presentaban propuestas y el Gobierno decidía quién salía ganando. Josep Martí Blanch, actual secretario de Comunicación, fue quien decidió prescindir de ellas por dos motivos, El primero, porque el presupuesto de la Secretaría de Comunicación “cayó más de un 70% respecto a 2010”. El segundo es más importante: “Hice una cata histórica del resultado de estas subvenciones y vi que no habían servido para hacer lo que se tenía que hacer para la reconversión de la industria periodística, que eran la transformación digital, hacer investigación y desarrollo”. El sector usaba este dinero para sobrevivir; no era un incentivo para innovar.

Martí decidió eliminar esas ayudas: “Todos los sectores económicos, cuando se toma una decisión que lesiona sus intereses, no están contentos”. La Vanguardia, por ejemplo, relevó al director José Antich, acusado de soberanista y convergente en 2013. El conde de Godó, según Antich, le destituyó porque “se habían logrado unos objetivos que estaban en función de una determinada línea informativa”. A partir de entonces, por lo tanto, podía haber más beneficios en otra “línea informativa”: “[La Vanguardia] podía obviamente cambiar la línea informativa, que era más fácil con un director nuevo”, dice Antich.

El tercer tipo de ayudas no son subvenciones sino publicidad institucional. Hay publicidad que es servicio, hay publicidad encubierta y hay publicidad en el límite. Este capítulo puede incluir, según las descripciones difusas del Diari Oficial, “inserción de anuncios de publicidad institucional de varias campañas publicitarias en diferentes medios impresos de todo el territorio de Cataluña”.

En alguna ocasión se cita el medio que recibe el dinero: “Inserción de monográficos en el diario Ara, en papel y digital” o “Inserción de secciones en formato papel y online sobre la realidad y la identidad de cada una de las comarcas catalanas en el El Periódico de Catalunya”. Son modos peculiares de describir un “anuncio”.

Al contrario que los proyectos, el capítulo de publicidad crece desde 2012: en 2011 fueron 10 millones y ahora vuelven ser unos 18. Martí Blanch dice que no lo hacen para sustituir el dinero de los desaparecidos proyectos. “Es la voluntad de ir normalizando la inversión publicitaria. Yo con 10 millones voy muy justo. Al contrario que otras administraciones, tengo toda la campaña de turismo de Cataluña en el mismo presupuesto”, dice Martí.  

El cuarto trasvase son las suscripciones o las compras de ejemplares en bloque: en universidades, en el zoo, en trenes, en ambulatorios, en autobuses hay a menudo montañas de periódicos gratis. Las suscripciones son un gran pozo porque no están centralizadas en el Departamento de Presidencia. Durante el tripartito de José Montilla, se quiso ordenar el gasto de cada Departamento. Pero se decidió que los gastos en suscripciones eran facultad de cada conseller. Hay otras administraciones públicas y empresas privadas que usan este tipo de suscripciones.

Con el mandato de Martí esta tradición también ha desaparecido. El secretario de Comunicación de la Generalitat aún no ha contestado a una petición de transparencia de EL ESPAÑOL para que revele los datos, pero admitió la eliminación: “Cuando llegué, el Departamento de Gobernación por ejemplo sí tenía [suscripciones en bloque]”. Gobernación estaba en 2011 en manos de Joana Ortega, de Unió, y había estado en manos de Esquerra durante el tripartito.

En Renfe, Ferrocarrils de la Generalitat, hospitales, universidades, la Fira o el zoo sigue habiendo montones de periódicos: “Yo no sé si Renfe paga porque no forma parte de mis competencias, pero en el caso de Ferrocarrils de la Generalitat nadie paga. Sólo hay una autorización para que los dejen. Si en algún centro hospitalario o universidad públicos pasa lo mismo, pues es igual. No sé si todos los montones de Vanguardias que hay en Cataluña están ahí gratis, pero los que están bajo mi responsabilidad, sí”, dice Martí.

La Vanguardia es el periódico español que más diferencia tiene entre venta de ejemplares y difusión: más del triple. La Vanguardia ha presumido siempre de tener más suscriptores que nadie. ¿Pero más del triple que ventas comunes? Tanto si hace pasar la difusión gratuita por suscripción como si alguien la paga la Generalitat en 2015 no es quien la sufraga, aunque sí lo fuera en el pasado.

Ante la imposibilidad de averiguar nada a través del Grupo Godó, opté por vías vinculadas a empresas de distribución de prensa. No puedo ser más concreto para evitar perjudicar a estas fuentes. La falta de concreción de los datos sigue siendo notable, pero he podido averiguar que las suscripciones en bloque apenas se usan en verano y que en el caso de La Vanguardia la cifra puede rondar los 17.000 o los 20.000 ejemplares por edición. En esta información de 2004, se habla de 16.000 suscripciones, pero entonces La Vanguardia tenía sólo edición en castellano.

El quinto modo de ayudas a la prensa es el innombrable: contratos sin transparencia, ayudas que llegan desde la Diputación, desde grandes ayuntamientos o desde el puerto o empresas públicas con una relación etérea con la Generalitat.

“El Gobierno tiene muchas formas legales de dar dinero a las empresas de comunicación”, dice Jordi Mercader, jefe de gabinete de Pasqual Maragall y director de la Oficina de Difusión al principio del tripartito. Cuando Mercader llegó a la Generalitat, el último Gobierno de Pujol con Mas de conseller en cap había gastado en el último año 60 millones de euros entre subvenciones y publicidad, según dice Mercader en su libro Mil dies amb PM. Mercader no recuerda el motivo de esa cantidad, pero puede ser que incluya la publicidad televisiva institucional. Aquí dicen que fueron 31 millones entre todos los conceptos, de los que 12 fueron para La Vanguardia. Para poner las cifras en contexto, el Grupo Godó -propietario de La Vanguardia, de la radio RAC1 y de la tele 8TV- facturó 196 millones en 2014. Sus beneficios no llegaron al millón. Una porción de de 30 o 60 millones puede significar mucho dinero para el Grupo Godó.

Rotativa de 'El Punt'. / AYUNTAMIENTO DE GIRONA
Rotativa de ‘El Punt’. / AYUNTAMIENTO DE GIRONA

Los agujeros en el reparto

El Mundo publicó en 2014 una investigación de las ayudas entre 2007 y 2013: salían 82 millones en total. En un tuit en julio de Martí Blanch, las subvenciones en esos seis años sumaban algo menos: 76,3. No sólo bailan esos millones. Según la investigación de El Mundo, había además 99 millones de publicidad institucional para repartir.

La Generalitat repartió al menos 18 millones de euros en anuncios en 2014. La mayor parte de ese dinero la gestionan dos centrales de medios: Media Planning Group (10 millones) y Focus Media (ocho). Media Planning es propiedad del grupo Havas. Su vicepresidente, Ferran Rodés, es presidente del consejo editorial del diario Ara. El director general de Havas es Alfonso Rodés, hermano de Ferran.

Martí Blanch, actual secretario de Comunicación, defiende que Media Planning debe seguir siendo una central de medios homologada por la Generalitat pese a la aparente incompatibilidad: “Ellos saben cuál es su negocio matriz y lo defenderán como se merece. Pondría la mano en el fuego que no lo harían porque sería dispararse en el pie”.

Si Media Planning no tuviera permiso para gestionar anuncios de la Generalitat, Martí habría tenido un problema hace unos años. Media Planning tiene capacidad para trabajar con presupuestos grandes y plazos de pago largos: “En 2010 y 2011, nuestros plazos de pago eran tan largos que teníamos dificultades para trabajar. Necesito que haya unas cuantas agencias. No puedo renunciar a una. Aunque tampoco lo haría. Havas es un líder mundial. Si confían instituciones francesas o españolas, por qué no yo”, añade.

En una petición de transparencia de EL ESPAÑOL sobre la publicidad institucional que sí ha sido respondida, la Generalitat evita aclarar quién se beneficia más de sus anuncios entre medios. La petición pedía claramente “la distribución por medios de comunicación”. Pero nada: el Gobierno catalán sólo da los totales por Departamento desde 2007. La única apariencia de respuesta de la Generalitat son los criterios de reparto, pero tampoco se detallan porque dependen de los profesionales de las centrales de medios y sirven “para rentabilizar las inversiones”.

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Las otras ayudas

Hay otras fórmulas de presuntas ayudas públicas que no implican a la Generalitat. El Periódico creó entre 2009 y 2010 la serie Distritos. Es información amable sobre distintas zonas de Barcelona: entrevistas a líderes vecinales, inauguraciones, historias de barrio. La fuente principal de la información, según el entonces director Rafel Nadal, y la gestora externa a la redacción, Núria Padrós, eran las sedes municipales de los distritos. Es más bien información de servicio.

Nadal llevaba una racha dura con portadas en contra del ayuntamiento: apagones, quejas por los trenes de Cercanías, el aeropuerto. Esta nueva sección daría otro aire a El Periódico. Nadal dice que El Periódico no cobraba por estas ocho páginas semanales, “aunque yo no sé qué tipo de acuerdos había con el Ayuntamiento”. Nadal creía que esa información era necesaria porque “El Periódico siempre ha tenido esta información de barrios” y la encargó a periodistas externos. La sección Distritos sigue en marcha.

La publicidad y las subvenciones comunes no son el único modo de hacer fluir el dinero público. Toni Bolaño, jefe de prensa del president José Montilla, da este ejemplo de cómo las subvenciones pueden disfrazarse:

¿Cómo sabes que no se puede hacer un convenio con el Colegio de Médicos de Cataluña para fomentar la salud pública? Eso puede implicar que el Departamento de Sanidad compre 20.000 ejemplares de ‘La Vanguardia’. El Colegio gana que ‘La Vanguardia’ hable bien de su presidente.

El único que sale perdiendo es quien paga esos 20.000 ejemplares: el contribuyente. Bolaño ha visto de hecho otro tipo de trucos. Éste es un buen ejemplo de las presuntas ofertas que recibía en su despacho:

“Tengo esta información [mala para el gobierno], pero fíjate, tenemos un proyecto muy interesante”. Se ha hecho una cultura muy determinada: la Administración paga. Paga el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat, el Ayuntamiento de Terrassa, de Sabadell, de Reus. La información es una mercancía. Estamos hablando de críticas importantes. Callar un periódico con una campaña de publicidad. Se hace.

Así es la vida

Nadie niega en Cataluña que “se haga”. La excusa que más veces he oído es que se hace en todas partes. En Madrid el acusado no son las subvenciones directas a la prensa, que el Gobierno dejó de dar en 1988. Los acusados son las empresas del Ibex-35 y los ministerios. Vicent Sanchis fue director de Avui entre 1996 y 2007. Así razona la ayuda de la Generalitat con respecto a la que reciben otros medios españoles:

La Generalitat, como el Ibex-35 en Madrid a través del Estado, siempre ha ayudado -que significa financiado en cierta manera- muchas actividades de ciertas empresas. Cuando yo dirigía el ‘Avui’, no me gustaba nada oír que era un periódico subvencionado porque todos los demás en Barcelona y en Madrid de un modo u otro también lo están.

En mi charla con Sanchis, el asunto de las ayudas públicas salió varias veces. Le pregunté sobre un tema recurrente de este reportaje: ¿las ayudas al catalán -las más públicas y estructurales- no hacen al final que sean menos independientes? Su respuesta es de nuevo defensiva: “¿El hecho de que los diarios importantes del Estado deban fortunas a la Seguridad Social y Hacienda y que dependan de la publicidad de 33 empresas que están tarifadas y marcadas por el Gobierno del Estado los hace menos independientes?”

Probablemente, le dije. Y Sanchis: “Pues así es la vida”.

Eduard Voltas también cree que la publicidad en el resto de España sustituye cualquier ayuda catalana: “En Madrid se ahorran las subvenciones con la inversión publicitaria brutal, absolutamente desproporcionada, sin lógica de mercado de los ministerios y el Ibex-35”.

Arsenio Escolar, director de la Asociación de Editoriales de Publicaciones Periódicas y de 20minutos, denuncia la falta de transparencia de los 141 millones de euros que repartió el Gobierno en campañas en 2014. Hay una salvedad respecto a los medios catalanes: La Vanguardia y El Periódico están también entre los que más reciben.

Menos ayudas fuera

En 2012 sólo seis comunidades autónomas daban subvenciones públicas a medios privados: Andalucía, Asturias, Cataluña, Valencia, Galicia y País Vasco. En cinco casos las ayudas están relacionadas con lenguas propias de cada comunidad. En Andalucía están vinculadas a la promoción de la lectura.

El País Vasco concede desde 2008 algo más de cuatro millones de euros. Una cifra que no ha variado durante la crisis. Galicia daba algo más de tres millones y en 2012 no llegaba al millón. Las otras tres comunidades dan cantidades menores: medio millón en Andalucía, 100.000 en Asturias y menos de 50.000 en Valencia.

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El sector de prensa en el fondo es distinto, dice Martí Blanch: “Los diarios son empresas muy particulares: si fueran normales, en los últimos ocho años habrían desaparecido cabeceras. Y no ha pasado. Si fueran empresas normales y estuvieran vinculadas sólo a la cuenta de resultados de varios años, habría menos cabeceras en el quiosco”. Esta irregularidad de recursos de los periódicos no es un problema sólo de los medios. Es también un reto de la sociedad. Las subvenciones fijas hacen que la prensa se acomode: es más fácil convencer o engañar o chantajear a un político que satisfacer a miles de lectores. La independencia queda tocada.

A cambio de unos medios saneados con dinero público, hay a la fuerza más connivencia con el poder. Voltas lo ve de una manera similar: “El poder político ha usado las subvenciones para tener un canal directo o una influencia dentro de los medios de comunicación”.

La alternativa a que el Gobierno o unos anuncios sufraguen un medio es que lo paguen sus clientes: la audiencia. Ha habido momentos en Cataluña en que medios de éxito han seguido buscando el calor del dinero público para ganar más. Su credibilidad merece por tanto poco respeto. Si quiere volver a ganarse, el camino más fiable queda lejos del dinero que reparten instituciones y empresas. La sociedad debe tenerlo en cuenta.

El declive del papel

La confusión con el rol del papel también tiene algo que ver. El papel sólo es rentable porque instituciones y corporaciones ponen anuncios. “No hay ningún poder público que gestione la publicidad de un modo absolutamente profesional”, dice Martí Blanch, que es el encargado de gestionar ese dinero. Pero según Martí no es por las típicas conspiraciones sino porque el papel debería recibir ya menos inversión publicitaria: “Los medios escritos deben saber que el papel como soporte publicitario puro es cada vez menos amortizable”, dice. “Los grupos de comunicación que asientan su cuenta de resultados sobre el papel si ponen las luces largas deben estar muy preocupados”.

Martí dice que el papel se preserva porque la administración se mueve despacio. Nadie parece acelerar la transformación: ¿qué periódico sobreviviría sin los miles de euros que llegan por la publicidad en papel cuando un báner digital vale varias veces menos?

Hay quien cree que esa ayuda es debilidad para el sector. Los fundadores de Cultura03, Oriol Soler y Eduard Voltas, creen que buena parte de las subvenciones perjudican más que ayudan. El grupo fue un éxito desde el principio y llegó a facturar 20 millones de euros antes de pensar en lanzar el diario Ara. Además de revistas de turismo, cocina e Historia, su núcleo de negocio estaba formado por una imprenta y servicios editoriales. Sus revistas y su periódico recibieron dinero público en condiciones similares a las de otros productos en catalán, pero no tuvieron una experiencia buena: “La crisis hizo muy evidente el megaerror que es pensar que los políticos pueden solucionarte algo en un proyecto empresarial. Hacen perder agilidad, músculo, prestigio. Las subvenciones que tuvimos las merecíamos, éramos los que menos recibíamos, pero creo que fue un gran error dedicar tiempo a aquello”, dice Oriol Soler.

Soler cree que las ayudas sirven sobre todo como excusa ante un fracaso: “Esta idea victimista de que ‘no me ayudaron bastante’ no me sirve”. La salida es cortar las subvenciones y que cada empresa sobreviva como puede. Según Soler, sería un modo de terminar con ese asomo de connivencia:

Forma parte del paso de este país a la modernidad que se acabe el despropósito de culpar a los otros cuando quien dice si una cosa funciona o no es el mercado. Los empresarios de medios de comunicación tienen mucha responsabilidad al considerar que las subvenciones son un derecho que utilizan para condicionar los contenidos de sus medios. Y los primeros interesados en que este país no entre en la modernidad son algunos empresarios, porque ya les va bien que no impere el mercado”.

Algunos editores de prensa catalanes han acabado por vivir más cómodos cerca del poder que del servicio público. Es cierto que no sólo ha ocurrido en Cataluña. Pero en Cataluña el fenómeno ha estado muy extendido.

Este viernes, el quinto capítulo: ‘Una tele para la mitad’ 

Lee aquí los tres primeros:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’

El libro negro del periodismo en Cataluña (III): La prensa amiga

Pujol lee el ‘Avui’ en su casa. A su derecha, Marta Ferrusola. / SIGFRID CASALS / GETTY

Jordi Pujol apuntaló con dinero público cabeceras como el ‘Avui’ y llegó a escribir de su puño y letra las preguntas y las respuestas de sus entrevistas. Ni ‘El Periódico’ ni ‘La Vanguardia’ rompieron ese control sobre los medios, que se perpetuó durante los años del tripartito catalán.

Este miércoles, el cuarto capítulo: ‘El pozo con fondo’ 

Lee aquí los dos primeros:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad

Jordi Pujol apuntaló con dinero público cabeceras como el ‘Avui’ y llegó a escribir de su puño y letra las preguntas y las respuestas de sus entrevistas. Ni ‘El Periódico’ ni ‘La Vanguardia’ rompieron ese control sobre los medios, que se perpetuó durante los años del tripartito catalán.

Los periodistas Andreu Farràs, de El Periódico, y Salvador Sabrià, del Diari de Barcelona, salieron de un ascensor en un hotel de Montevideo en 1988 y se encontraron al presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, el empresario Josep Maria Figueras. Los tres formaban parte de una gran comitiva que acompañaba a Jordi Pujol por América del Sur. Figueras les dejó caer que Uruguay no merecía la pena: “Se ha de tener mucho valor para invertir aquí”, les dijo.

Los dos periodistas incluyeron las declaraciones en sus crónicas. No estaban en el titular ni al principio. Farràs lo daba en el octavo párrafo aunque estaba también en un destacado. Sabrià lo daba en los dos últimos párrafos. El día en que salieron los textos, la jefa de prensa de Pujol, Eva Algarra, llamó a Farràs: “[El secretario de Presidencia] Lluís [Prenafeta] quiere hablar contigo”. Prenafeta esperaba en la recepción del hotel donde se hospedaban, ya en la siguiente etapa del viaje, en la ciudad brasileña de São Paulo.

Era el primer viaje de Ramon Pedrós, nuevo jefe de prensa de Pujol, que iba a sustituir a Algarra. En su libro La volta al món amb Jordi Pujol (Planeta, 2002), Pedrós describe así la escena: “Con la cara encendida y a gritos, Prenafeta gesticulaba mientras el periodista [Andreu Farràs] intentaba protegerse del vendaval, aguantando estoicamente la diatriba, bajando la cabeza”.

La escena tiene mérito porque Prenafeta es muy bajito. El secretario acusaba al periodista de inventarse las declaraciones. Mientras duraba la escena, apareció Figueras, el empresario. Farràs le pidió a Prenafeta que le preguntara. Pedrós reproduce lo que respondió Figueras: “Yo a este señor no lo conozco de nada. No lo he visto en mi vida”. Farràs se defiende aún hoy: “Era la palabra de dos [Sabrià y Farràs] contra uno”. Le pregunté a Farràs si ya en Barcelona se quejó ante su jefe de sección, Antoni Ribas, o ante su director, Antonio Franco. No lo recuerda. “Tampoco hubiera servido de mucho”, añade.

Prenafeta no guardó rencor a Farràs, que fue unos años después el jefe de Política de El Observador, el diario que el hombre de confianza de Pujol impulsó en 1990 para dar una visión en castellano de Cataluña y competir con La Vanguardia. Alfons Quintà, que había sido el primer director de TV3, fue el escogido para dirigirlo. En su primera entrevista con Quintà, Farràs le preguntó si Prenafeta estaba detrás del proyecto. Quintà le juró que no, dice Farràs. El Observador duró apenas tres años, pero prueba que Prenafeta no tenía manías para escoger a sus aliados.

En otro viaje de Pujol por el cono Sur unos años después, en 1997, aparecieron dos de sus hijos en la comitiva: Pere y Marta. En la crónica de cierre del viaje en La Vanguardia, el título es un regalo: Pujol acaba su viaje al Cono Sur ‘abrumado’ por el trato recibido. El subtítulo, aún más: La visita del president, un hito en la proyección de la Generalitat. Pero las últimas cinco líneas, sin ni siquiera ser un párrafo aparte, eran sobre los dos hijos, que habían salido ya en otros periódicos: “Respecto a la presencia de dos hijos (Marta y Pere) del matrimonio Pujol en distintas etapas del viaje, el president se mostró dispuesto a contestar en el Parlament una pregunta de Esquerra pese a que va dirigida al conseller de la Presidéncia, Xavier Trias”. En la dirección de La Vanguardia recuerdan el enfado del presidente como si fuera la bomba atómica.

Captura de pantalla 2015-09-13 a la(s) 12.17.24Crónica final del viaje de final de Pujol por el Cono Sur en diciembre de 1997. 

Pujol, periodista

Un diario de Girona había publicado una entrevista a Pujol. El president quería que La Vanguardia reprodujera las mejores frases y llamó a Lluís Foix, que permaneció en cargos directivos de La Vanguardia entre 1982 y 2000. Foix pidió a un redactor que preparara dos columnas. Al día siguiente, el president llamó para quejarse porque no le había gustado el titular. Era una entrevista sobre valores y Pujol insistía con los valores: “Presidente”, le dijo Foix, “me has hablado muchas veces de valores, pero primero son las conductas”.

“Nunca más me habló de valores”, recuerda Foix.

A Pujol le obsesionaban los titulares y las fotos, según Foix. Despreciaba en cambio los editoriales. “¡No los lee nadie!”, le dijo un día a Foix cuando le contó que iban escribir un editorial sobre un asunto que le interesaba. El president sabía jugar con la autoridad. En otra llamada a Foix le dijo: “¿Verdad que tú no mandas sobre los chistus [chistes en catalán es acudits; ‘chistus’ es un barbarismo]?”. “Era una manera de decirme que tenía poca autoridad”, dice Foix. “Quería que no tocáramos a su familia en los chistes”.  

El nivel de implicación y conocimiento de Pujol en la redacción era ridículamente exagerado. Alguna vez había pedido a Foix que pusieran “una ladilla”. Un “ladillo” es un título que sirve para romper una columna de texto.

El momento quizá más célebre del Pujol periodista fue la entrevista que mandó a La Vanguardia ya hecha. “¿Sabes quién es la persona que mejor me hace las entrevistas?”, preguntó a Foix el president. Foix esperaba que dijera algún periodista de La Vanguardia. “¡Yo!”, dijo Pujol.

A principios de 1990, cumplió y mandó una entrevista ya terminada. Arcadi Espada popularizó aquel episodio con un artículo en el Diari de Barcelona: Jordi Pujol, redactor jefe de Cataluña. Tapia y Foix discutieron qué hacer y optaron por publicarla. Para firmarla, recordaron una fórmula que usaba Le Monde:Declaraciones del presidente de la Generalitat recogidas por ‘La Vanguardia. Pujol usaba el recurso de preguntarse a sí mismo a menudo. Esos textos acabaron otras veces, según su jefe de prensa Ramon Pedrós, en otros periódicos o agencias.

Captura de pantalla 2015-09-13 a la(s) 12.20.32Aquí arriba, la autoentrevista que Pujol publicó en las páginas 11 y 12 de ‘La Vanguardia’ del 7 de enero de 1990. Aquí debajo, la nota al pie que idearon Tapia y Foix.

Captura de pantalla 2015-09-13 a la(s) 12.26.59Las ruedas de prensa eran otra especialidad de Pujol. Tenía dos trucos. El primero era repartir preguntas. Pedrós debía colocar entre los periodistas los temas que Pujol quería explicar: “Quería que pasara las preguntas mientras él empezaba. Era muy duro. Sólo alguna vez logré que esperara un poco antes de empezar para que diera las preguntas. Lo pedía más a amigos que a medios: ‘Ya sabéis cómo es’, les decía”. Había periodistas que se prestaban más. Andreu Farràs era uno de los que pasó por esas ruedas de prensa: “Sabías que Pujol colocaba preguntas pero no sabías cuáles. Algunas veces se pasaba: una vez le preguntaron por los sellos de la Generalitat”.

El segundo truco de Pujol era evitar responder a lo que no quería. Había una frase típica: “Això no toca. El presidente imponía su ley: “Eso quería decir que el poder político fijaba la agenda de lo que toca y no. No tenía gracia, pero nos reíamos”, dice Rafael Jorba, ex subdirector de La Vanguardia.

Pujol tenía un alto concepto de sí mismo. En 1990, el secretario de Estado más importante de la segunda mitad del siglo XX, Henry Kissinger, estuvo en Barcelona. Fue de visita a la Generalitat, donde charló con Pujol, que le contó el papel de Cataluña. La charla se alargó y Pujol, animado, pidió que dieran a Kissinger dos conferencias suyas sobre otros países traducidas al inglés, una sobre los Balcanes. El president parecía creer que su punto de vista sobre la política internacional iba a interesar a uno de los mayores expertos del mundo.

Captura de pantalla 2015-09-13 a la(s) 13.51.05Las correcciones de Jordi Pujol a una entrevista que había pedido revisar.

‘O Foix o Convergència’

Lluís Foix fue nombrado director de La Vanguardia en 1982. Entre 1974 y 1982 fue corresponsal en Londres y en Washington. Cuando volvió a la redacción de Barcelona, el editor Javier Godó, que acababa de hacerse con el mando, creyó que era el momento de nombrar a su primer director. El paso de Foix por Londres y Washington debía ser una garantía. Fue lo contrario. Enseguida le acusaron de tener una concepción demasiado norteamericana del oficio. A la vuelta de un viaje de Madrid, Miquel Roca se encontró con un periodista de La Vanguardia en la capital. En la charla, Roca dijo: “Para La Vanguardia es o Foix o Convergència”. Foix fue destituido poco tiempo después.

El conde nombró director entonces a Paco Noy y director adjunto a Manuel Ibáñez Escofet, que era el hombre de Pujol en la redacción y no se escondía. En 1990 El Periódico publicó un documento que circulaba por la Generalitat sobre la “recatalanización del país”. En el apartado de medios, un epígrafe decía: “Asuntos fundamentales. Introducir a gente nacionalista con una elevada profesionalidad y gran cualificación técnica entre los lugares clave de los medios de comunicación”. Ibáñez Escofet pudo ser uno de ellos.

Después de su destitución, Foix siguió como subdirector “no operativo”, tal como le llamaban, en la sección de Internacional. Aquellos fueron los años más difíciles para Pujol, con la querella de Banca Catalana. La Vanguardia estuvo a su servicio.

Pero incluso para el conde de Godó había un límite: La Vanguardia no era, en el fondo, el periódico de la Generalitat. La Vanguardia estaba cerca de las clases medias catalanas, que tendían hacia Convergència pero eran plurales. Aun así el diario podía simpatizar con Pujol  y hasta sacar partido económico de su Gobierno: La Vanguardia fue uno de los beneficiarios del dinero procedente de la empresa Casinos, que gestionaba los locales de juego en Cataluña y desvió dinero a CiU y a otras instituciones a finales de los años 80, según denunció en 1990 su director financiero Jaume Sentís.

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Antes de las elecciones generales de 1986, La Vanguardia publicó un sondeo con una empresa nueva, Line Staff. Se presentaba Miquel Roca con un partido de centro: el Partido Reformista Democrático (PRD). La encuesta de El País auguraba al PRD entre uno y dos diputados en el Congreso. La Vanguardia decía que iban a obtener entre ocho y 12 escaños.

Al final el PRD no sacó ningún escaño. No es algo que el propietario del periódico pudiera encajar bien. La Vanguardia volvió a su firma demoscópica habitual: el Instituto Opina. Durante los años 90 y los primeros años del siglo XXI, sin embargo, La Vanguardia publicó algunos sondeos de Line Staff. Pero ya no eran encargados por el diario sino encuestas “a las que La Vanguardia había tenido acceso”. Es decir, encuestas que les habían pasado.

En 2002 El País publicó una información titulada El Gobierno de Pujol ha pagado encuestas a Line Staff a un precio que triplica el del mercado. El periodista, Pere Rusiñol, escribía: “Line Staff ha estado varias veces en el ojo del huracán político por las estrechas relaciones que mantiene con CiU y el Gobierno catalán”.

‘Hay que llevarse bien con Pujol’

En Madrid mandaba Felipe González. Joan Tapia, que había vuelto al periódico después de haber sido asesor del ministro de Economía Miguel Boyer, podía ser un recambio para Noy. Godó pudo pensar que no estaría mal cobijarse bajo la sombra del otro gran poder en España y dijo un día en un acto público que Tapia podría ser un buen director.

El encargo del conde para Joan Tapia era claro. “Javier Godó quería hacer un diario moderado y plural”, dice ahora Tapia. “Me nombra director no para ir contra la Generalitat (porque me dice claramente que hay que llevarse bien con Pujol). Pero quiere defender a la empresa: ésta es nuestra casa, no la suya”. Godó creó ese año el equipo de investigación formado por Eduardo Martín de Pozuelo y Jordi Bordas. Era otro modo de asustar a Convergència.

La Vanguardia se tomó su venganza con Prenafeta. El equipo de investigación publicó en 1990 varias páginas dedicadas al papel que tenía Prenafeta en el consejo de administración de una empresa, Iberia de Seguros. Al cabo de unos meses, Prenafeta dimitió pero no olvidó. En sus memorias, responsabiliza de su final político a La Vanguardia: “La querella que me puso el fiscal jefe de Cataluña, señor Jiménez Villarejo, se basó en las 21 páginas que La Vanguardia me dedicó, en muy pocas semanas, para intentar demostrar que yo actuaba en una sociedad de seguros”.

Martín de Pozuelo recuerda que vieron entrar “de casualidad” un día que estaban en la barcelonesa Casa Batlló a Prenafeta en un consejo de administración. Preguntaron al portero y ataron cabos. 

Pero el trato a Prenafeta fue insólito. La noticia de Bordas y Pozuelo salió el 19 de noviembre de 1989. Hasta el 1 de diciembre, La Vanguardia le dedicó cinco piezas más a los chanchullos de Prenafeta con Iberia. La insistencia es un comportamiento poco habitual en La Vanguardia. “Es más bien al contrario: cuando llevas tres días con un tema en portada te dicen que pares”, dice Santiago Tarín, en La Vanguardia desde 1985 y centrado en Tribunales e investigación. Ésta es la teoría de Tarín: “En La Vanguardia desarrollas la técnica del cazador. Te colocas detrás del seto y esperas. Siempre habrá un momento en que podrás darle una perdigonada a alguien. Entonces debes ir con papeles y todo preparado”.

En 1994 dimitieron dos consejeros sucesivos de Obras Públicas del Gobierno de Pujol: Josep Maria Cullell y Jaume Roma. Cullell estaba acusado de presionar a un alcalde para favorecer a su cuñado.

El Mundo publicó a partir del 6 de noviembre de 1994 y durante varios días unas conversaciones telefónicas donde Cullell presionaba al alcalde: Cullell presionó a un alcalde de CiU para que comprara un terreno de su cuñado era el titular de El Mundo.

El domingo 7 de noviembre La Vanguardia publicaba en portada: Cullell se revuelve contra el Ayuntamiento por el caso de la clínica New Teknon. No había ni una palabra de las grabaciones, que sólo salieron el lunes 8 en una pieza diminuta en páginas interiores titulada El Mundo publica otra conversación de CullellEl texto tenía tres frases.

Al día siguiente, José Antich, que entonces estaba en la sección de Política, publicaba una información sobre las intenciones de Pujol: “Las denuncias de tráfico de influencias precipitan la remodelación del Govern”. En periodismo eso se considera “noticia” y no es tan sencillo: requiere llamar al presidente, que se ponga y que lo explique. Son favores difíciles de lograr. Cullell duró 10 días más. Pero La Vanguardia nunca acabó de explicar qué había ocurrido. Las noticias las publicaban otros periódicos.

El 1 de junio de 1995 El Periódico publicaba en exclusiva una querella contra el sucesor de Cullell, Jaume Roma. El titular de El Periódico era suave: Una quiebra salpica al conseller Roma. El titular iba pequeño en portada y la noticia iba en la sección de Economía, no en la de Política. Ni siquiera abría Economía: la noticia principal era La escasez de cereal amenaza al IPC.

Al día siguiente El País titulaba con más claridad Un consejero de la Generalitat acusado de malversación dice que se querellará y La Vanguardia lo hacía así en la página 33, dentro de la sección de Sociedad: Cinco subcontratistas acusan al ICS de adjudicar obras a dedo. En El País las palabras “Jaume Roma” aparecían después de las 10 primeras. En La Vanguardia, “Jaume Roma” salía en la línea 16.

La Vanguardia favorecía a Convergència i Unió porque mandaba y porque era un diario conservador, como el partido. “La Vanguardia es un diario prudente, conservador; más que ideológicamente, es conservador con lo que hay: no se quiere enfrentar a los gobiernos. Nunca es un diario antigubernamental”, dice Tapia. Esa defensa hace que, según Tapia, “las informaciones que hacen daño al pujolismo salgan un poco por casualidad. No son el objetivo pero salen. Podíamos no ser esclavos del régimen pujolista. Pero no era nuestra idea ir en contra. Entre otras cosas porque nadie quería ir”.

Todos los medios tienen tendencias aunque en las mejores cabeceras esa adscripción es a una corriente ideológica (progresista, conservadora, catalanista, cristiana) y no a unas siglas de partido. Los medios en Cataluña, con el Grupo Godó al frente, siempre han recibido ayudas públicas: “Pujol quería medios débiles para que fueran a mendigarle”, dice Tapia. El problema es saber si todas esas ayudas eran subvenciones más o menos regladas o había de otros géneros.

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Pujol de visita en un pueblo de Castilla y León. / PACO JUNQUERA / GETTY

Sostres en Baqueira

En el invierno de 1997 Salvador Sostres trabajaba para La Vanguardia. Hacía una sección pequeña donde recomendaba restaurantes en Barcelona. El redactor jefe de Política, José Antich, le pidió en Navidad si podía ir a hacer unas crónicas a Baqueira Beret, donde pasaban las fiestas el Rey Juan Carlos y el presidente José María Aznar. Antich le dijo a Sostres -que aún no era un columnista célebre- que siguiera a la comitiva de prensa y le fuera contando.

Antich hizo otra cosa: le dio el número de Sostres a Josep Sánchez Llibre, miembro de Unió Democràtica y diputado en el Congreso de los Diputados por CiU, un cargo que todavía ejerce. “Yo estaba subiendo hacia Baqueira y Sánchez Llibre ya me llamó para saber a qué hora llegaba”, dice Sostres. La presencia del político ya no le abandonó en la semana que estuvo en Baqueira: “Menos follar hicimos todo juntos”.

Incluso cuando lograba escabullirse, a Sostres se le aparecía Sánchez Llibre: “La noche de fin de año fui a cenar con unos amigos periodistas a un hotel por allí. Éramos 12 o 13 y cuando fui a pagar, ya estaba pagado”. Después de las 12 campanadas, “la primera llamada del año no fue de mi madre sino de Sánchez Llibre”. El objetivo central eran las crónicas de Sostres: “Él te decía qué tenías que escribir. ‘¿Tienes para apuntar?’, me preguntaba”.

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La Vanguardia publicó cuatro crónicas de Sostres desde Baqueira. En todas salía Josep Antoni Duran i Lleida, líder de Unió, aunque no viniera a cuento. En la más breve (dos párrafos) el titular era El Rey, objetivo constante de los fotógrafos. El segundo párrafo empezaba así: “Josep Antoni Duran Lleida fue también protagonista al efectuar sus primeras declaraciones en Baqueira”. El titular de la pieza más larga era sobre una reunión entre Duran y Aznar y el subtítulo era el siguiente: El presidente se reúne con el líder de Unió antes de verse con Pujol.

En la última crónica, Sostres hizo un pequeño homenaje a su anfitrión. Pidió (o alguien pidió) a dos monitores de esquí que puntuaran a sus alumnos: la copa fue para el entonces Príncipe Felipe y dos medallas de oro para Don Juan Carlos y Doña Sofía. Las medallas de plata eran para el secretario de Estado de Hacienda, el ministro Rodrigo Rato, Duran i Lleida y Sánchez Llibre, que era según los monitores “el político más simpático de las pistas y el que sabe elegir con la misma elegancia los forros polares que las corbatas”. En 2013 Sostres escribía: “La prevalencia que por ejemplo tiene Duran en la política catalana, pese a su indemostrada fuerza electoral, tiene mucho que ver con lo bien que le ha tratado siempre La Vanguardia”. Sabía de lo que hablaba.

Así trabaja José Antich

José Antich sustituyó a Joan Tapia en la dirección de La Vanguardia en el año 2000. En 1999, Pujol había ganado por los pelos su último mandato y tenía en el Parlament el apoyo del Partido Popular. En Madrid, Aznar acababa de conseguir la mayoría absoluta. Era un mal momento para un director como Tapia nombrado en los mejores años de Felipe González. En la campaña de las generales de 2000, cuatro periodistas de La Vanguardia fueron a La Moncloa a entrevistar a Aznar. Cuando acabaron, Antich se puso a preguntar al presidente por problemas familiares con una confianza insólita.

Antich sabe por qué lo hicieron director: “Cuando a mí me ficha [de director] el conde, no es porque tuvieran problemas con Convergència, que Tapia y Foix ya tenían bien resueltos. Tenían problemas con el Gobierno del PP”.

A José Antich le precede su fama. Es un maestro en las relaciones humanas y en el difícil arte de engatusar al poder. Así describe Antich su modo de hacer periodismo:

En periodismo no hay un sistema mejor o peor que otro. Debes escoger el sistema en que te mueves cómodamente y puedes preservar tu independencia. La manera en que yo preservo mi independencia no tiene por qué ser la de otro. Conozco a muchos periodistas que creen que la mejor manera de que un político no te contamine es no hablar con él. Yo creo que la mejor manera es estar muy cerca de él, pero a la vez un punto alejado para que cuando estire el brazo no pueda atraparte. Que me pueda rascar pero no atrapar. Es la manera más ventajosa para llevar información a mi medio. Siempre me ha funcionado.

Antich no está cerca (o muy cerca) de un político sólo para hacerle la pelota. Éste es el trato que le propone: “Yo necesito información. Si la tengo el primero, las cosas irán bien. Si la tengo el segundo, las cosas no irán bien. Tendremos problemas. No podremos tener una relación objetiva”.  

La pregunta obvia es si alguna vez se ha manchado por haber estado tan cerca y ha tenido que decir cosas que no quería: “Seguramente sí. No puedo ser objetivo [al hablar] sobre mí mismo. Si eso ha pasado alguna vez, hay que poner en una balanza qué he traído y qué he perdido”. Eso tiene un nombre que el mismo Antich pone a su labor: “He jugado muy al límite”.

La revista Mongolia publicó el libro Papel mojado. Allí se decía que el PP catalán, cuando lo dirigía el hoy ministro Jorge Fernández Díaz, mandaba a menudo sobres con dinero a Antich. En el sumario del caso Pallerols, sale “el periodista Pepe”, que recibía favores de Unió y que muchos identifican con Antich.

¿Por qué no se ha querellado? “No conozco ningún caso de personas que en casos así se hayan querellado y hayan ganado. Traté el tema con el diario. Me dijeron que yo era director de La Vanguardia, que acabaría haciendo más barullo, que no le diera más vueltas”, responde Antich. He hablado con la fuente de Mongolia sobre los sobres del PP. Describe con precisión las peticiones que le llegaban, el modo en que buscaba el dinero y la mujer que hacía de correo hasta la casa de Antich.

Pasqual Maragall y Jordi Pujol se enfrentaron en las elecciones de 1999. Xavier Roig dirigió la campaña electoral de Maragall en 1999 y recuerda muchas dificultades con La Vanguardia: “Yo decía a la dirección de La Vanguardia que los textos de Antich no eran verdad, pero me decían que no se podían meter. Era todo bastante lamentable”.

Desde la dirección del periódico admiten también dificultades con la sección de Política, dirigida por José Antich. Lluís Foix recuerda un día en que había cuatro páginas para Pujol y una para Maragall. En Política quitaron la de Maragall y Foix se impuso para reponerla. “En el 99 yo no marcaba la línea”, dice Antich. “Era otro que me había dado su confianza. Si yo pasaba por ser convergente, él [Joan Tapia] pasaba por ser socialista. La responsabilidad debe ser de quien dirigía, que dejaba hacer. Nunca recibí una indicación de ‘Oye Pepe, quizá nos estamos pasando’”. El director tenía dos opciones: permitir que hiciera su trabajo o destituirle. Permitió que siguiera con su trabajo. Menos de un año después, fue Antich quien sustituyó a Tapia.

Los pueblerinos de Maragall

Maragall fue jefe de la oposición en el Parlament hasta 2003. En una entrevista con Manuel Fuentes emitida en Telecinco en 2002, llamó “pueblerinos” a quienes querían estrecharle la mano.

El periodista Manuel Trallero debía hacer una crónica. El director, Antich, y el redactor jefe de Política, Jordi Barbeta, querían que aprovechara el texto para destacar la frase de Maragall. “Era la típica astracanada de Maragall, no le veía el interés”, dice Trallero. “Yo había visto la entrevista, pero les dije que no la había visto para evitar hacerlo”.

Barbeta le dijo que no había ningún problema, que fuera a la redacción y que le volverían a poner el programa en vídeo. Trallero fue, hizo el texto y puso el comentario en el quinto párrafo. “Querían más sangre pero les dije que hicieran lo que quisieran y me fui”, recuerda. En el texto de Trallero aparece destacado el comentario de Maragall. Se nota además que se hizo con prisa porque está lleno de erratas. Trallero se había olvidado el reloj en la sala del vídeo. Cuando volvió, el encargado sacaba la cinta. En la etiqueta ponía “Departament de Presidència”. Era el departamento que entonces dirigía Artur Mas.

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Con Antich de director, otra de las víctimas iniciales fue el equipo de investigación, que fue desmembrado. “Nos dijo que no creía en la investigación”, recuerda Martín de Pozuelo. Ésta es la explicación que da Antich: “Sólo puedes dedicarte a la investigación periodística si te vas a dedicar a fondo. La historia nos demuestra que el 80-90% de lo que llamamos investigación periodística son investigaciones policiales pasadas a periodistas”.

Antich centró su periódico en la política catalana, Barcelona y la economía. “No nos servía descubrir temas de la mafia italiana”, dice Antich. La mafia era uno de los temas que Pozuelo y Bordas habían trabajado en los 90. Pero entonces no era la guerra de Antich. “Los diarios pueden dar varias batallas pero nunca todas las batallas”, concluye.

Sin equipo, Martín de Pozuelo siguió sacando algún tema en profundidad, sobre todo de Franco: “Era mi modo de trabajar; siempre hago un par de llamadas de más”, dice. Pero había poco sobre Cataluña. Los tres grandes trabajos del equipo de investigación, según Pozuelo, habían sido “la mafia en España, los desaparecidos españoles en las dictaduras de Argentina y Chile y los secretos del franquismo [a partir de los archivos sobre España del espionaje norteamericano]”. Era un modo de hacer periodismo, pero de lejos. El motivo para Pozuelo es el carácter de su periódico: “La Vanguardia nunca ha tenido un objetivo político sino periodístico; no tenemos más objetivo que ir informando”, dice.

La alianza de los Pepes

La influencia de Convergència en La Vanguardia ha tenido al menos tres frentes: trasvase de dinero público en metálico, en licencias audiovisuales o en compra de ejemplares; las llamadas constantes y los  periodistas puntuales afines dentro de la redacción. Pero el diario estaba de algún modo bien hecho o los catalanes confiaban en él: ha sido el más vendido en Cataluña durante toda la democracia.

Antich logró que la buena relación con la Generalitat se mantuviera en los años del tripartito. Al menos siete personas de dentro del periódico y de la administración me han dicho que el motivo fue la alianza de Antich con el secretario de organización del PSC, José Zaragoza. Les llamaban “los Pepes”.

El pacto tácito era seguir con las mismas ayudas a cambio de no disparar contra el president. Antich tenía fácil su parte del trato: “La Vanguardia nunca ha estado históricamente en contra de ningún presidente”, dice.

Toni Bolaño –que tuvo un enfrentamiento público con Jordi Barbeta, jefe de Política en años de Antich- recuerda ese buen trato con Montilla: “A veces sacaban un artículo diciendo que Montilla era la pera: alto, rubio y con ojos azules”. Eran elogios exagerados para cumplir. El resto del Gobierno y sus socios en cambio no salían tan bien parados. Tal como ha acabado la historia con la dimisión de Zaragoza por las grabaciones del restaurante La Camarga, no parece que su afán por proteger a su partido haya sido un éxito: “Zaragoza no tiene fama de pardillo ni de dejarse liar. Si una persona logró liarlo una vez, quizá es que se dejó o que le interesaba dejarse liar”, dice Antich en alusión a la dirigente popular Alicia Sánchez-Camacho. 

Antich admite que David Madí, secretario de Comunicación de Artur Mas, les ayudó mucho durante el último Gobierno de Jordi Pujol: “Es posible que la actuación de Madí entonces no fuera neutra”. Madí dice que no recuerda nada raro pero que Antich “puede estar mosqueado con su antigua casa”. Sea como sea, Antich advierte que Madí “dejó la política en 2003 y nuestra posición es mejor hoy que entonces”. Por tanto, dice Antich, “si ponemos el mérito de la gente que ayudó no puede quedar fuera Zaragoza; también nos ayudó mucho”. Esta doble ayuda cristalizó incluso en cenas de Antich con Madí y Zaragoza “cuando aún se hablaban”.

‘El Periódico’ no es el rebelde

El empresario Eloi Martín tenía en 1996 una empresa de informática y otras dos que trabajaban para el Servicio Catalán de Ocupación en cursos de formación y orientación. Un día le mandaron por fax una petición para justificar una cantidad muy alta: “Era muy confuso. La cantidad no se parecía en nada a lo que habíamos hecho”, dice Martín. Cuando llamó para confirmar de qué se trataba, le dijeron que o firmaban o dejaba de trabajar para la Generalitat.

Martín reconoció el fraude y quiso que se publicara. Fue a los dos periódicos principales: La Vanguardia y El Periódico. Explicó su caso en recepción y salieron a recibirle dos personas de cada periódico. Martín no supo los nombres. “Me dijeron que no interesaba, se nos sacaron de encima”, dice. Cuando volvía a casa, vio la redacción de El Mundo. Salió a recibirles Xavier Rius, que aceptó, investigó unos meses y publicó el tema. Fue sólo un destello de lo que años después sería el caso Pallerols de corrupción en cursos subvencionados por la Unión Europea. Dos años después, Martín y Rius creaban eNotícies, el medio digital más rebelde en catalán.

El periodista Rafael Wirth cuenta un caso similar en una entrevista en eldiario.es:

En 1984 investigué el modo extraño como se estaba preparando la creación del Hipódromo de Catalunya. Decían que la empresa que lo quería gestionar, Cirsa, daba dinero a Convergència Democràtica. Estuve trabajando este tema durante un año y encontré irregularidades. Al final, ‘La Vanguardia’ me paró y me dijo que me olvidara del tema. [El consejero] Macià Alavedra los llamó y dijo que estaba metiéndome demasiado en este asunto y le estaba creando problemas.

Los problemas no los ponían sólo los políticos o los directivos de periódicos. Un periodista de La Vanguardia me ha contado este caso. Uso una versión sin atribuir porque coincide en el fondo con otros dos episodios parecidos:

Tengo un grupo de amigos de la infancia. Muchos eran ‘pujolistas’. Un día hace años uno, que tenía una empresa, me dijo: “Me han aconsejado que vaya a ver al hijo de Pujol para que me consiga contactos”. Le dije que no perdiera el tiempo, que le cogerían el dinero y no le darían los contactos, que ya estaba dado. Así fue. Años después, cuando Pujol confesó, me dijo: “Tenías razón, todo eso de las comisiones era verdad”. ¡Después de vivirlo, sólo se lo creyó cuando confesó Pujol!

Pujol en Madrid. Antonio Franco, con barba, es el séptimo periodista por la derecha. / PACO JUNQUERA / GETTY
Pujol en Madrid. Antonio Franco, con barba, es el séptimo periodista por la derecha. / PACO JUNQUERA / GETTY

Si algún periódico catalán podía romper esta ensoñación era El Periódico. Competía en lectores con La Vanguardia y tenía unos números de audiencia formidables. No tenía por qué condescender con el pujolismo ni con otros partidos pero lo hacía. El motivo último era la debilidad empresarial del Grupo Zeta. Su director fundador, Antonio Franco, describe así el papel de El Periódico: “No conseguimos superar las dificultades objetivas para informar mejor, pero conseguimos vivir internamente como si fuéramos libres y haciendo putadas. Pero eran putadas puntuales, no estructurales”.

Una de esas putadas fue el caso del 3% en febrero de 2005, en pleno tripartito. El president Pasqual Maragall dijo en el Parlament a Artur Mas: “Ustedes [Convergència] tienen un problema y ese problema es el 3%”. Se refería a las presuntas comisiones que Convergència cobraba de constructoras que hacían las obras públicas en Cataluña. Maragall lo soltó sin ningún otro dato, sin ninguna prueba y rectificó en el mismo pleno.

El origen de la frase de Maragall fue un editorial de El Periódico que, según Franco, “resumía la impotencia de los eunucos: lo sabemos pero no lo podemos demostrar”. El asunto estaba de actualidad por el agujero en el Carmelo, un barrio popular de Barcelona cuyas casas se habían agrietado durante la construcción de la línea 9 del metro. Así eran los dos párrafos clave:

Han existido defectos en el proceso de construcción [del túnel del Carmel]. Se debe determinar si el ahorro económico en materiales y en elementos de seguridad responde a negligencias profesionales, o a que posibles comisiones ilícitas iniciales o subcontrataciones abusivas han desviado de la obra parte del dinero necesario para efectuarla correctamente.

Llega la hora de investigar, por ejemplo, si todo lo que se dice en Cataluña sobre el destino del 3% del dinero de las obras públicas adjudicadas años atrás ha acabado influyendo en el grosor de los encofrados o en el número de catas de la obra del Carmel. También es la hora de lamentar que la nueva Administración catalana esté tardando tanto tiempo en sentar, de una vez, unas nuevas reglas de juego en las adjudicaciones.

Franco no tenía pruebas de que las comisiones o las adjudicaciones poco transparentes hubieran perjudicado el grosor del túnel. Así que hizo un editorial: “Aprovechamos el Carmelo para explicar a la gente qué significan las comisiones”, dice. Según Franco, no había otra manera de contar aquello si no era en un texto de opinión: “La pretensión era que lo que no se pueda sostener ante un tribunal, no lo voy a publicar. Pero voy a intentar crear el ambiente, el estado de opinión de que esto existe”.

Jordi Corachan era uno de los dos miembros del equipo de investigación de El Periódico. Intentó buscar pero tuvo poca suerte: “Había una omertà. No prosperabas. No hablaba ni Dios”. El director, Antonio Franco, cierra así el argumento: “El Periódico ha hecho lo que ha podido. Pero no había un puto testimonio fiable. Vivimos de los rebotados en los conflictos. Aquí en Cataluña había una cosa fantástica: a los rebotados en los conflictos, si tenían alguna posibilidad de hablar, los indemnizaban correctamente”.  

Es una queja habitual entre periodistas catalanes que intentaron saber más de la familia Pujol o de otros casos célebres de corrupción. Pero algo más se podía hacer. En plena crisis del 3%, cuando los periódicos ya hablaban de una “crisis de gobierno”, El Mundo hizo esta portada: CiU recibe desde hace 12 años 5.500 euros al día de forma opaca. El subtítulo decía: Recaudan en Cataluña el 50% más que el PP en toda España. Los dos periodistas que firmaban habían consultado el Tribunal de Cuentas. Era más de lo que se dijo en Cataluña.

La presión política de un periódico no sólo dependía de la búsqueda de nuevas noticias. También del modo en que se trataban. El Periódico solía disimular sus temas más potentes. El abogado chileno de Filesa, Carlos Alberto Van Schouwen, encontró en un periodista de El Periódico, Luis Alberto Fernández Hermana, alguien en quien confiar sus sospechas sobre la financiación ilegal del PSOE.

El Periódico investigó durante semanas. Franco no acababa de fiarse del asunto y no lo sacaban: “Hablábamos con un tipo que no sabíamos quién era [Van Schouwen] y que venía con fotocopias. Yo quería originales. Mis compañeros me decían que yo era un loco peligroso, pero yo les decía que también sabía hacer fotocopias falsas impecables”.

Al final Van Schouwen llevó el material que El Periódico ya había investigado a El Mundo. Cuando El Periódico supo que El Mundo iba a publicarlo, lo sacó el mismo día. Pero la publicación fue distinta. En El Mundo abría el periódico a cinco columnas: Sociedades del PSOE cobran cientos de millones a grandes empresas y luego pagan gastos electorales. El Periódico lo sacó por debajo a dos columnas con un titular más discreto: Dos empresas cobran por extraños estudios para financiar el PSOE. Dentro El Mundo dedicaba tres páginas de información. El Periódico sólo una y con este titular: Dos empresas recaudan para el PSOE.

La sensación de importancia no es la misma en ambos casos. Si luego la tele, la radio y otros periódicos no insisten, el tema se apaga. Los casos de corrupción no son fáciles de seguir: entre los presuntos y las conexiones ocultas cuesta saber qué ocurre. Sin el repique de muchos medios, uno solo no llega muy lejos. Aún menos si apenas insiste.

El catalán juega en otra liga

El Periódico fue el primer gran medio en hacer la doble edición castellano-catalán en 1997. Había un hueco para aumentar su audiencia, vender más periódicos y una opción de recibir subvención automática por el catalán. El presidente del Grupo Zeta, Antonio Asensio, y el director de El Periódico, Antonio Franco, fueron a presentarle el proyecto al president.

“Asensio creía que saldría de allí con la Creu de Sant Jordi”, dice Franco, que era más escéptico. Pujol dijo años después al profesor Josep Àngel Guimerà que sus dos grandes logros en los medios para normalizar el catalán fueron la tele y El Periódico en catalán. Pero aquel día Asensio y Franco no hicieron feliz al president: “deberíais dejar de salir en castellano”, les dijo Pujol según Franco. “Entonces me haríais feliz”, añadió. Franco se negó. La relación distante pero necesaria entre Pujol y el Grupo Zeta siguió.

El diario Avui nació el 23 de abril de 1976 con una espectacular campaña de suscriptores y socios antes de salir. Pero enseguida fue mal y se acabó el dinero, sobre todo por tremendos problemas de distribución de los ejemplares. Su primer director, Josep Faulí, se fue rápido por falta de confianza de la propiedad, llena de fieles a Convergència, que aún no gobernaba.

Pujol leyendo un ejemplar de ‘Avui’. A su derecha, su esposa, Marta Ferrusola. / SIGFRID CASALS / GETTY

Jordi Maluquer sustituyó a Faulí. Estuvo cinco años, pero el periódico no se recuperó. Nunca lo hizo. El gerente de El Correo Catalán, José Manuel Novoa, se hizo cargo a principios de los 80 de ambas empresas. El Correo era de Pujol y al Avui siempre le llegaba dinero de algún lugar. Cuando Novoa no tenía, se lo pedía al administrador único, Carles Sumarroca Coixet, hoy imputado en el caso que instruye el juez José de la Mata. Novoa cuenta así cómo se financiaban entonces los periódicos que gestionaba:

‘El Correo’ no se financiaba solo. Necesitaba unos cinco millones de pesetas cada mes. Sumarroca me decía: “Ve a La Caixa y pide un crédito de tanto”. Yo ya sabía, no tenía que preguntar. Iba allí y decía: necesitamos un crédito. “No se preocupe”, me decían. Les enseñaba los balances y les decía: “Deben hacerse unos retoques”, que significaba que eran mentira. El tipo aceptaba y ya. A este nivel todos saben qué papel hacen.

Avui fue perdiendo dinero durante los 90. El president Pujol reconocía en 2009 en una entrevista con el profesor Guimerà que “era un símbolo: una publicación catalana, de lengua y mentalidad” y “por eso lo ayudamos tanto”. La empresa editora de Avui, Premsa Catalana, vivía a expensas de las ayudas externas y del dinero público. Ramon Pedrós, jefe de prensa de Pujol, cuenta que el conseller de Turismo en 1991, Lluís Alegre, tuvo que firmar en un viaje a Holanda unos cuantos cheques que fueron llevados a Barcelona enseguida para que en el Avui pudieran cobrar la nómina. La historia de la empresa editora está llena de intentos de ampliación de capital.

En 2003 el tripartito recién llegado se encontró con el agujero económico de Avui: “Si lo dejábamos morir, qué hubieran dicho los salvapatrias”, se pregunta Jordi Mercader, director entonces de la Oficina de Difusión. Pusieron más dinero y buscaron dos inversores que mantuvieran el periódico a flote sin hacerse cargo de las deudas: Lara, del Grupo Planeta, y Godó. La apuesta de Lara y Godó duró unos años pero en 2009 se lo quitaron de encima. Entonces la Generalitat aún era la propietaria del 20% de la empresa. El tripartito salvó así a un periódico que simpatizaba históricamente con el nacionalismo.

Un diario nuevo

La Vanguardia empezó a publicarse en catalán en 2011. Unos meses antes, en noviembre de 2010, salió otro periódico en catalán que estaba llamado a jugar un gran papel: Ara. Cinco años después, es líder digital y tiene 31.000 suscriptores pero en papel vende apenas 14.000 ejemplares, 10.000 menos que El Punt Avui. Aún no es un diario rentable y tampoco ha cumplido por ahora las expectativas iniciales. Su impulsor fue Oriol Soler, del grupo cooperativista Cultura03. Buscó empresarios y estrellas de la tele que dieran solidez y fama al proyecto.

Soler creía que en la primera década de los años 2000 “era necesaria una plaza para pensar el país que venía: era un momento equivalente al nacimiento de Le Monde después de la II Guerra Mundial o de El País después de la Transición”.

Acertó en que iban a pasar cosas gordas: “Venían grandes cambios en el mundo y era evidente que en Cataluña se movían cosas profundas”. Más allá del espacio social, en la prensa Soler también veía un hueco. Aquí es donde también empieza a verse la falta de éxito de Ara respecto a sus pretensiones: “Nosotros vinimos para competir con El Periódico y La Vanguardia, no con el Avui. Mi tesis era: en Cataluña hay lugar para dos plazas. La plaza del pasado probablemente es La Vanguardia y la plaza del futuro la queríamos ocupar nosotros”. El Periódico debía quedar ya fuera del plano, pero los números de Ara están de momento lejos.

Dos años después de la creación de Ara, Soler salió de la empresa por diferencias empresariales. Cree que el único responsable de su fracaso en Ara es él:

El gran error del ‘Ara’ es editorial, no financiero. Y eran errores míos: el director, no haber dedicado más tiempo. El problema del ‘Ara’ es que nacimos para hacer una cosa que no supimos hacer. No era para llevar el país a la independencia sino para poder hablar tranquilamente sobre el país que queríamos y construir un paradigma de país moderno que seguramente sería independiente, claro. ‘El País’ en su momento nace para dibujar una España nueva y en esta lógica nacía el ‘Ara’ y no supimos hacerlo bien. Si te compras un horno de pan para hacer pan y haces cruasanes, pues no haces pan. El proyecto no funcionará.

El tópico dice que Ara es un periódico de buen rollo, tierno, juvenil, que apenas muerde. ¿Existiría el Ara sin las subvenciones anuales por publicar en catalán? Probablemente sí. Es un diario con una estructura manejable respecto a sus competidores.

Pero Ara no ha aprovechado del todo bien sus primeros años de vida. Sólo sobrevive. Su madurez debería ser contar cosas que alguien -incluso cercano ideológicamente- no quiera oír. He hablado con tres redactores o ex redactores de Ara pero ninguno ha querido que le cite en esta serie. Hay una prevención especial. Da la impresión que Ara no es tierno porque reciba dinero público o no sólo por ese motivo.

Siempre en off the record, un periodista del Ara ha contado cómo ha preferido disimular antes de crujir a miembros de su partido predilecto que le contaban hechos contradictorios. Otro periodista ha tenido que tragarse noticias valientes porque algunos jefes no querían luego recibir llamadas. Son pasos que dejan de darse y luego puede ser difícil remontar. Las noticias no son siempre buenas para el equipo de casa. A largo plazo acaba por notarse. Aunque es más fácil redirigir periódicos con cinco años de vida que con décadas o siglos.

Este miércoles, el cuarto capítulo: ‘El pozo con fondo’ 

Lee aquí los dos primeros:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad