Baréin: la Fórmula de la sangre

Manifestaciones en Bahréin, 22 de febrero de 2011. © AI

De todas las revoluciones de la primavera árabe, la de Baréin es la más desconocida y olvidada. Tuvo su pico de atención informativa en 2011, pero luego cayó en el olvido. Se trata de un país minúsculo, difícil de situar en el mapa, sometido a un apagón informativo por parte del gobierno, y eclipsado mediáticamente por la violencia en Irak, Siria, Egipto o Yemen. Baréin solo vuelve a la actualidad con ocasión del Gran Premio de Fórmula 1, que se celebrará este fin de semana en una fabulosa pista en mitad del desierto. Y en estas fechas de lo último de lo que se habla es de la situación política. Lo que pasa en Baréin se queda fuera.

Manifestaciones en Bahréin, 22 de febrero de 2011. © AI
Manifestaciones en Bahréin, 22 de febrero de 2011. © AI

De todas las revoluciones de la primavera árabe, la de Baréin es la más desconocida y olvidada. Tuvo su pico de atención informativa en 2011, pero luego cayó en el olvido. Se trata de un país minúsculo, difícil de situar en el mapa, sometido a un apagón informativo por parte del gobierno, y eclipsado mediáticamente por la violencia en Irak, Siria, Egipto o Yemen. Baréin solo vuelve a la actualidad con ocasión del Gran Premio de Fórmula 1, que se celebrará este fin de semana en una fabulosa pista en mitad del desierto. Y en estas fechas de lo último de lo que se habla es de la situación política. Lo que pasa en Baréin se queda fuera.

Byron Young, corresponsal de Fórmula 1 en el Daily Mirror, explica en su cuenta de Twitter que ha recibido un correo electrónico del Gobierno recordándole que solo está autorizado a cubrir los eventos dentro del circuito. Para ejercer de periodista fuera del recinto deportivo, requiere del permiso especial de la Autoridad de Asuntos Informativos. En el dudoso caso de que se lo concedieran, iría escoltado por funcionarios del Ministerio del Interior.

¿A qué se debe tanto celo?¿Qué es lo que el Gobierno no quiere que veas? Las manifestaciones, las barricadas en las carreteras, los cócteles molotov, los gases lacrimógenos, las tanquetas antidisturbios apuntando a los pueblos chiíes, los torturados, los presos políticos hacinados en las cárceles.

Empecemos por el principio, empecemos por el mapa: Baréin es una isla del tamaño de Menorca situada en el Golfo Pérsico. Entre Catar y Arabia Saudí, con la que está conectada a través de una autopista de 25 kilómetros. Tiene fama de ser el país más liberal del Golfo, un título que en esta región hay que tomar con cierta cautela. No hay, como en la vecina Arabia, policía religiosa patrullando las calles ni ejecuciones públicas. Las mujeres están integradas en el mercado laboral. Aunque la presión social es grande, no hay ninguna ley que les obligue a vestir con niqab o hiyab. Aunque es un estado confesional, existe libertad de culto. El expatriado occidental puede hacer negocios con facilidad y hasta beber alcohol. En general, la vida es menos opresiva que en los países de su entorno. Hasta aquí la parte bonita que las empresas de relaciones públicas americanas contratadas por el gobierno cultivan con mimo en medios occidentales.

Baréin es un país de mayoría chií. Pero ha sido gobernado por la familia suní Al Jalifa desde el siglo XVIII, incluso durante la época colonial británica que finalizó en 1971. El Gobierno se vende a sí mismo como una monarquía parlamentaria. Pero lo cierto es que todo el poder emana de la familia real porque el Parlamento, elegido por sufragio universal, no posee capacidad legislativa. El primer ministro Jalifa bin Salman Al Jalifa es el tío del actual rey y gobierna el país desde hace más de 40 años, lo que le convierte en el gobernante en activo más longevo del mundo. Fue él quien compro por un dinar (al cambio unos dos euros y medio) los terrenos públicos en los que se construyó el complejo de rascacielos Bahrain Financial Harbour (BFH).

Una Gomorra infiel

La familia real funciona en la práctica como un empresario privilegiado. Posee numerosas inversiones en construcción, hoteles de lujo y explota la lucrativa venta de alcohol para el cual hay abundante público: la población expatriada occidental, los trabajadores asiáticos, los soldados estadounidenses de la Quinta Flota, algunos locales y los miles de saudíes que inundan el puente cada fin de semana con el ansia de libertad de un adolescente en viaje de fin de curso. En algún bar puede verse la insólita escena de soldados estadounidenses y ciudadanos saudíes charlando con prostitutas filipinas en la misma barra. Baréin es visto por los fundamentalistas del Golfo como una Gomorra infiel.

Casi toda la población vive concentrada en el tercio norte de la isla, mientras el resto del país es propiedad privada de la familia real o instalaciones militares. Como resultado, la sensación de chiringuito y rapiña familiar es asfixiante en un país minúsculo de un millón y medio de habitantes de los cuales la mitad son trabajadores extranjeros.

No hay un censo oficial sobre filiación religiosa desde los años 70, pero se calcula que entre el 60 y 70 por ciento de la población es chií. A pesar de ser mayoría, los seguidores de esta rama del Islam sufren discriminación laboral y de acceso a políticas sociales como la vivienda. Se trata de una discriminación oficiosa, sin base jurídica en el ordenamiento legal, que funciona como un tabú innombrable en medios oficiales. Pero los hechos no dejan lugar a dudas: los chiíes tienen vetado su acceso al Ejército y a la policía. En su lugar, el Gobierno contrata y concede la nacionalidad a policías suníes de otros países árabes: sirios, jordanos, yemeníes, egipcios y pakistaníes. Esta marginación de facto es una losa que lleva décadas alimentando la frustración de la población chií y envenenando la convivencia entre ambas comunidades.

Manifestaciones en Bahréin, 22 de febrero de 2011. © AI
Manifestaciones en Bahréin, 22 de febrero de 2011. © AI

En febrero de 2011, la ola de las revoluciones árabes encontró en Baréin el cultivo perfecto: al tradicional desencanto chií se unió el hartazgo de muchos suníes hacia la corrupción y el absolutismo del gobierno. Se produjo una acampada en la Plaza de la Perla, una rotonda hostil en un país sin plazas, coronada por una escultura de seis columnas rematada por una perla gigante. El nombre de la plaza tiene su explicación: antes del petróleo, la perla era la principal actividad económica del país.

Aquella acampada recibió el apoyo de casi todo el espectro político local: de islamistas moderados a izquierdistas laicos y partidos que incluyen a varias confesiones. Todos ellos con experiencia en la lucha política desde los años 70. Más allá de las posibles agendas ocultas de los diferentes partidos, fue un movimiento que trascendía las tradicionales reivindicaciones chiíes. El grito, moderado y masivamente compartido, era “queremos reformar la monarquía”. El blanco de las iras no era tanto el rey sino el primer ministro, el hombre con un dinar en el bolsillo.

Aquella revuelta fue especialmente inquietante para las monarquías del golfo, con Arabia Saudí a la cabeza. Era pacífica, tenía un enorme apoyo popular y fue capaz de articular, momentáneamente, un discurso integrador de chiíes y suníes. El 17 de febrero de 2011 la policía atacó el campamento y mató a cuatro personas, pero días después los manifestantes volvieron a tomar la plaza.

Una protesta aplastada por tanques saudíes

Cualquier posibilidad de acuerdo dialogado con la oposición fue aplastada cuando el 14 de marzo los tanques saudíes -y otras fuerzas del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG)- entraron a sangre y fuego en Baréin.

El símbolo de la protesta, el campamento de la Perla, fue arrasado. No fue suficiente: poco después se mandó derribar el monumento con la excusa de remodelar urbanísticamente la plaza que aún hoy, cuatro años después, sigue cerrada y cercada por el Ejército y la policía. La televisión nacional transmitió el derribo en directo pero hubo de interrumpir la emisión porque la perla gigante, al caer, mató a un operario.

Siguiendo con esta cruel e infantil destrucción de la memoria física, se retiraron de la circulación las monedas acuñadas con la estatua de la perla, que hoy se venden bajo cuerda en el zoco como reliquias históricas junto a billetes de Sadam Husein. El efecto logrado ha sido el contrario: la estatua de la perla se ha convertido en el símbolo de la resistencia y su efigie aparece dibujada en las paredes de los pueblos chiíes.

Empezaron las detenciones arbitrarias, las desapariciones, las torturas y la caza de brujas con campañas animando a denunciar a cualquier persona que hubiera participado en la acampada. Varios detenidos aparecieron en televisión pidiendo perdón en un bochornoso acto de contrición pública.

Nadie estaba a salvo. En plena paranoia represora, el Ejército saudí convirtió el principal hospital del país en objetivo militar. Impidió que los heridos fueran atendidos, dio palizas a conductores de ambulancia y encarceló a numerosos médicos, algunos suníes, que habían atendido a los heridos. Muchos siguen aún en la cárcel. El editor, librero y fundador del periódico Al Wasat, Abd al-Karim Fajrawi, acudió a comisaría a quejarse de la persecución a la que estaba siendo sometido un familiar. Lo torturaron hasta la muerte.

Presionado por sus socios occidentales y por el estado de shock en el que se encontraba el país, el Gobierno se vio obligado a establecer un Diálogo Nacional. Una comisión independiente elaboró un informe sobre violaciones de derechos humanos. El rey aceptó las conclusiones del informe y se comprometió a castigar a los culpables y poner cámaras en las instalaciones policiales para evitar la tortura.

Aquel movimiento prometedor sólo ha servido como lavado de imagen. Desde entonces, han surgido centros de detención clandestina y solo se han dictado un puñado de sentencias leves contra algunos agentes acusados de asesinato.

A una contrarrevolución no le basta con la violencia: necesita un relato. El Gobierno tuvo claro su mensaje: la revuelta había sido una conspiración sectaria de los chiíes, apoyada por Irán. Ahondar en la brecha sectaria se convirtió en la prioridad ideológica y en los meses posteriores a la revuelta, el Gobierno derribó unas 40 mezquitas chiíes. A día de hoy, muchos fieles todavía acuden a rezar al aire libre allí donde antes se levantaban los templos.

El rey, ¿un mal menor?

La estrategia del gobierno fue un éxito. Algunos suníes que habían apoyado las primeras manifestaciones empezaron ahora a cerrar filas en torno a lo que consideran el mal menor: “Mejor un rey corrupto que una revuelta chií que nos convertirá en una teocracia como Irán” es la coletilla frecuente utilizada por suníes descontentos pero leales al Régimen.

La profecía de odio sectario va camino de hacerse realidad gracias también a la coyuntura política de la región. Todo lo que sucede en los países vecinos tiende a leerse en clave sectaria: las matanzas de chiíes por parte del ISIS, las contraofensivas de las milicias chiíes en Irak, o los recientes bombardeos de la coalición liderada por Arabia Saudí contra los hutíes de Yemen. La narrativa de lucha sectaria se ha impuesto sobre la vieja dicotomía libertad-tiranía de la Primavera árabe. De alguna manera, los más beneficiados de este cambio de guión son los propios regímenes dictatoriales.

La campaña de represión ha radicalizado a parte de la oposición chií, cuya estrategia de lucha callejera incluye ahora esporádicos atentados mortales contra agentes de policía (3 muertos en el último año), vistos como mercenarios de una fuerza de ocupación extranjera. Las barricadas en la carretera con neumáticos ardiendo se repiten a diario alimentando una espiral infinita de acción-represión. El empleo indiscriminado de gas lacrimógeno ha costado la vida a varias personas (no hay datos fiables), algunas de las cuales estaban dentro de sus casas.

Fuera de los núcleos más conflictivos, gran parte de la población vive estos hechos con indiferencia y sin sufrir más molestia que algún ocasional atasco. Aunque el helicóptero de la policía y las columnas de humo sean parte del paisaje diario, no pude decirse, ni mucho menos, que los altercados callejeros hayan paralizado la vida normal del país. Para mucha gente, las barricadas es como vivir en un país en obras. Los suníes lo ven como un prueba más de la intolerancia chii, y la comunidad chii se divide entre quienes lo ven con simpatía y quienes consideran que es una estrategia dañina que, en última instancia, solo provoca molestias a los habitantes de los pueblos chiíes.

En general cunde la resignación y se asume que no hay nada que hacer. “Nosotros ya tuvimos nuestra dosis de represión, y bien que nos lo comimos. Ahora le toca el turno a la nueva generación”, dice uno de los participantes en la acampada de la Perla.

En 2011, Ecclestone no tuvo más remedio que suspender la carrera de Fórmula 1. No porque le preocupara la violación sistemática de los derechos humanos sino por el miedo a la seguridad de los pilotos en un país con toque de queda, patrullado por el Ejército saudí. En 2012, la Fórmula 1 volvió a Baréin y la carrera sigue celebrándose desde entonces a pesar de la llamada al boicot por numerosas asociaciones de derechos humanos. A medida que se acerca la fecha, la violencia aumenta en las calles de los pueblos chiíes y se multiplican los carteles, pintadas y vídeos contra lo que ellos llaman la Fórmula de sangre.

Manifestaciones en Bahréin, 22 de febrero de 2011. © AI
Manifestaciones en Bahréin, 22 de febrero de 2011. © AI

La ética de los grandes premios

En estas circunstancias, merece la pena plantear la responsabilidad ética de los grandes acontecimientos deportivos al dar legitimidad a regímenes crueles. Ahí está el caso de la vecina Catar, cuyas obras para el Mundial de fútbol han costado la vida a más de 1.200 trabajadores asiáticos. Un eufemismo utilizado en el Golfo para referirse a la mano de obra semi-esclava. No sabemos qué capacidad de presión sobre un Gobierno posee un evento deportivo privado. Lo que sí habría que plantearse es la capacidad de presión que tendrían las potencias mundiales.

Baréin no es Siria, dijo David Cameron en 2011 para justificar su tibieza ante la represión en este país del golfo. “Allá donde haya una injusticia, allí acudiremos los americanos”, dijo entonces el presidente Obama en referencia a la incipiente primavera árabe cuando solo amenazaba a regímenes enemigos. La reacción de ambos países antes los sucesos de Baréin ha oscilado entre la condena tímida y la presión para elaborar el informe al que nos hemos referido antes, al elogio y la complicidad.

¿Por qué no se muestran más inflexibles? Porque Baréin es, a efectos políticos, un apéndice de Arabia Saudí. Porque Estados Unidos tiene en Baréin la Quinta Flota del ejército, la mayor base americana en Oriente Medio. Porque Reino Unido ha firmado recientemente un acuerdo para construir en Baréin la que sería la única base británica permanente en Oriente Medio. Porque ambos países son, además, los principales vendedores de material militar a Baréin. España, por cierto, también vendió armamento por valor de 6,3 millones de en 2011 y 21,1 millones en 2012.

Estos países argumentarán que Baréin es un socio estable en la lucha contra el ISIS. Pero lo cierto es que el gobierno no siempre ha combatido el islamismo radical interno con la misma energía con el que lo ha hecho fuera de sus fronteras. Antes de convertirse en activo militante del ISIS, Turki al-Binali se pasó meses haciendo proselitismo del ISIS en Baréin sin tener ningún problema con la policía. Es cierto, sin embargo, que recientemente le ha incluido en la lista de 72 ciudadanos a los que ha revocado la nacionalidad. Lo más llamativo es que en ese grupo, junto a 19 yihadistas, aparecían 50 miembros chiíes de la oposición (periodistas, doctores, activistas de derechos humanos). Al meterlos a todos en la misma lista, el Gobierno intenta equiparar al terrorismo con la oposición democrática.

Uno de los que más ha denunciado la represión es el activista Nabeel Rajab, fundador del Centro Bareiní Derechos Humanos y una de las caras más conocidas de la oposición. Ha pasado dos de los tres últimos años en la cárcel. Ahora se enfrenta a dos condenas de cárcel, una de ella por 10 años, por escribir dos tuits. En el primero afirmaba que muchos de los bareiníes alistados al Estado Islámico procedían de las fuerzas de seguridad, a la que acusó de ser el incubador ideológico del terrorismo. En el segundo denunciaba las torturas en la prisión de Jaw, situada a unos 20 kilómetros del circuito de F1. Rajab es carismático, tolerante, laico, valiente y con buenos contactos en la prensa global: esta semana, el New York Times ha publicado una carta abierta a Obama.

Fue detenido hace dos semanas y espera condena en la cárcel. Es una de las personas que el Gobierno no quiere que veas ni escuches mientras se celebra la carrera de F1. Pero basta ya de palabras. Que empiece el espectáculo.

Aclaración: El nombre de la autora de este artículo es un seudónimo. Baréin no permite trabajar con libertad a periodistas.

Un derbi en la sala VIP

Captura de pantalla 2015-04-13 a las 12.37.58

De los catorce años de derbis asimétricos con un contendiente empequeñecido hemos pasado a una tensión de violines acelerados, como se vio tras un sorteo de Champions que no contentó ni a unos ni a otros. Y al repensar la relación de los dos grandes madrileños encontraremos que el salto de lo tabernario a lo planetario, curiosamente, les ha acercado más que nunca.

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Imagen de la Puerta del Sol con las camisetas del Real Madrid y del Atlético de Madrid en mayo de 2014, por la final de la Champions (Foto: Madrid.org)

 

La última victoria atlética antes de la llegada de Simeone se produjo en 1999 y se me ocurren tres formas de ilustrar lo lejos que queda aquel partido:

  • Por la vía estética: las camisetas de ambos equipos eran tremendamente holgadas, como sacadas de El príncipe de Bel-Air, todavía propias de esa década perdida para el buen gusto que fueron los años noventa.
  • Por la vía nostálgica: las defensas centrales de ambos equipos estuvieron formadas por Iván Campo y Julio César, en el lado blanco, y por Gamarra y Chamot, en el contrario.
  • Por la vía paradójica: Bizarri fue expulsado al comienzo de la segunda parte y saltó al campo Iker Casillas. El Bernabéu le recibió con una ovación.

De los catorce años de derbis asimétricos con un contendiente empequeñecido hemos pasado a una tensión de violines acelerados, como se vio tras un sorteo de Champions que no contentó ni a unos ni a otros. Y no lo digo precisamente por las comprometidísimas palabras de Butragueño (“podría haber sido mejor o podría haber sido peor”), sino por esa sensación de incomodidad que se apoderó de los aficionados de ambos equipos, la misma energía que se concentra a la salida de un cine tras la proyección de un thriller psicológico, cuando sólo queda encenderse un cigarrillo o guardar un rato de silencio.

Repensar las rivalidades cada cierto tiempo, no caer en la fábula moral de pobres contra ricos, es un ejercicio sano. Lo hizo David Remnick a propósito de Joe Frazier y Mohammed Ali, sobre quien escribió una hermosa biografía: “A pesar de toda la dimensión psicológica y racial que tenían sus combates en los años setenta, ahora creo que aquella lucha se situaba en un nivel casi estrictamente individual, era una disputa de fuerza interior, de condición física y de voluntad”. Es decir, que después de mucho repensarlo, aquello no era una pugna entre clases y carácteres, sino dos personas liándose a mamporros porque querían ganar.

Y al repensar la relación de los dos grandes madrileños encontraremos que el salto de lo tabernario a lo planetario, curiosamente, les ha acercado más que nunca. El Atlético, con unos años de retraso, ha desembarcado definitivamente en el G-20 de las pretemporadas transoceánicas, de los patrocinadores que no aparecían en los mapas de nuestra infancia, de evangelizar infieles futbolísticos con partidos amistosos, de salvar la primera ronda de Champions antes de la última jornada y de la sensación egocéntrica de que perder un solo partido es tirar la liga por la borda… La novedad de ahora mismo es que estamos ante un derbi de sala VIP.

El Real Madrid

El Real Madrid llega al partido después de unos meses extraños y con la duda de si tiene los músculos atrofiados por su falta de uso.

Es cierto que hubo lesiones tan importantes como las de Modric, James y Ramos. Especialmente importante me pareció la de Modric, porque usar al croata como mediocentro fue el primer título de Carletto con el Real Madrid. Lo recuerdo en su primera entrevista como jugador blanco, asustado, respondiendo con las uñas clavadas en el asiento, y entonces pensé que Modric era de esos a quienes sudan las manos en los actos oficiales, un muñeco para un pastel de bodas, un futbolista con botas de Lladró. Pero Ancelotti decidió ponerlo ahí. Muchas veces, el centro del campo de un equipo de fútbol se parece al reparto de ‘Los gemelos golpean dos veces’. Un tipo duro, como Arnold Schwarzenegger, encargado de asfixiar rivales. Y un tipo graciosete, como Danny DeVito, que crea el juego. Modric es ambos.

Pero es que a Modric se han sumado Kroos y James conformando el primer centro del campo radicalmente vanguardista. Lo digo porque antes en el fútbol cabía un poco más de anarquía, los entrenadores no inspiraban sus estrategias en ordenanzas cívicas. Se dejaba ver una subida valerosa de Gordillo, que no regateaba ni hacia la derecha ni hacia la izquierda, sino hacia abajo, siempre a punto de perder el equilibrio. O una carrera hipervitaminada de Stoichkov sin levantar la vista del suelo, como si diseñara autopistas o trazados para una partida de chapas.

Ahora el fútbol es milimétrico: jugadores que guardan su posición con más celo que un mayordomo británico, cambios de juego con precisión de tabla excel, controles perfectamente orientados que hacen caer de culo al rival… Y en cuanto se produce el más mínimo fallo, todos como monteros a por el rival. Fallo = gol. Así tiende a ser el fútbol moderno, atinado y casi infalible, y los arqueólogos del futuro encontrarán las primeras células de eso en Modric, Kroos y James.

Por todo esto, la capacidad de Modric y James para resistir un partido de la máxima intensidad será uno de los factores a tener en cuenta en estos cuartos de final. Porque Ancelotti no soporta su banquillo. El italiano tiene maneras de profesor en colegio de pago, es consciente de que debe mantener la compostura porque las cosas cuestan dinero, y disfruta viendo desde la línea de cal a sus once jugadores ejecutar algo delicioso, una especie de ensayo general de un coro en el Eton College. Pero todo se tuerce cuando posa la mirada en su banquillo. No puede evitarlo: en vez de ver a unos profesionales esperando su turno en un banquillo de clase business encuentra a un grupo de adolescentes deseosos de instagram en el banco de un parque. Chicharito, Coentrao, Khedira, Illarramendi, Jesé. Y lo intenta nuevamente: mira a los once del césped y el mundo es un lugar reconfortante. Devuelve su vista al banquillo y se pone nervioso y eso le lleva a los cambios raros y de ahí a la anarquía y a una experimentación de profesor chiflado, inadmisible en un buen colegio.

Entre las cosas que han salido mal en el Madrid en las últimas fechas también se encuentra Cristiano Ronaldo, irreconocible hasta que marcó cinco al Granada. Los amantes de la cámara superlenta saben que su registro de emociones sobre el césped es mecánico: rabia, alegría, puchero, alegría, alegría, queja. En los últimos partidos su paleta se había ensombrecido, él era un niño temeroso dispuesto a mandar al tercer anfiteatro las gorras a lo DJ Kun, los pendientes de brillantes y los versos de Kevin Roldan. Pero seguro que todo esto se le pasa al olor de la alta competición, así que tranquilidad para los madridistas.

En el apogeo de la melancolía ronaldiana fueron Benzema e Isco quienes sostuvieron el chiringuito: hay que reconocérselo. A Benzema, por reformular una ley de la geometría que ahora dice que la distancia más corta entre dos puntos es una carrera suya. Los buenos futbolistas, en realidad, maduran igual que los buenos escritores: se van desprendiendo de la adjetivación. Y Benzema es un jugador sustantivo. Y a Isco, por sus andares de futbolista goyesco y por agarrarse como una fiera a la ramita que separa el césped de la caída a los banquillos, habiéndose disciplinado tanto que ahora Ancelotti no puede ignorarlo: ¿James o Isco?, nos preguntamos para el martes.

El Atético de Madrid

Hace cuatro años vivimos en España el máximo apogeo de los grandes relatos gracias a Guardiola -el icono de la Super Pop que pegaban los intelectuales en sus carpetas- y a Mourinho -el parche que adherían los malotes a sus chupas-. La marcha de ambos rebajó la fiebre por las discusiones sobre qué estilo nos llevaría más rápido hacia el perfeccionamiento humano. Y el cortejo fúnebre de los grandes relatos cobrará forma de contragolpe el día en que Luis Enrique gane un título para el Barcelona con una jugada en tres pases, o a la salida de un córner.

La llegada de Simeone al Atlético enterró otro relato grande, el del “pupas”, y demos gracias. Porque estas formulaciones filosóficas son bastante tramposas: recurrir a la condición de “pupas” servía para justificar cualquier debacle sin detenerse en la horrenda gestión deportiva del club. El único problema es que se ha cambiado el relato del “pupas” por el de la brutal capacidad de motivación de Simeone. A mí eso me parece simplista, porque hay fundamentos científicos que evidencian que la motivación no basta para jugar bien al fútbol. Me refiero al debut de Salva Ballesta con la selección española: nunca hubo un jugador más motivado, y todo para acabar como un auto de choque en una persecución desesperada de la pelota.

Pero lo de Simeone tiene mucho mérito, no vamos a negarlo. Hay entrenadores que hacen bueno a un futbolista: ahí está el renacer futbolístico de Reyes a las órdenes de Quique Sánchez Flores, en un ejemplo dentro del Atlético. Pero es que Simeone lo ha hecho con todo el equipo: ha convertido a Juanfran en un lateral brasileño, y no solo eso, sino que también sabe defender; ha revestido de tanto aplomo a sus centrales que ahora se parecen a las estrellas del billar que poblaban las madrugadas de Eurosport, y así con todos sus futbolistas.

El Atlético, como el Madrid, tampoco llega en su mejor momento: en la Liga se encuentra más alejado de la cabeza que el año pasado y en la Champions sufrió mucho para deshacerse del Leverkusen. El equipo se ha reinventado pero ya no sorprende tanto. En parte es normal, por una cuestión de expectativas. También porque hay jugadores que no se encuentran al mismo nivel, léanse Gabi y Raúl García.

Pero sobre todo por la ausencia grande de Diego Costa, que era el anuncio de una desgracia irremediable para los defensas, un dinamitero de western: controlaba y los defensas salían volando cómicamente a su alrededor. Los tres delanteros de ahora no echan raíces y lo que es peor: hasta resultan entrañables. Un viejoven (aunque, ojo, Torres huele a policía retirado que regresa solo para dar caza a su archienemigo), un croata con pinta de regentar un emporio de lounges y un soldado de la infantería gala en una película sobre la Segunda Guerra Mundial (ojo también, que Griezmann anda especialmente encendido).

Si defendíamos lo vanguardista del centro del campo blanco, lo justo es ensalzar la democracia radical del mediocampo atlético. En algunos partidos destaca Koke (bueno, mejor dicho, en casi todos). En otros, Tiago (este año ya ha marcado más goles que en cualquier otra temporada con el Atlético). En otros, Saúl (nos sorprendió a todos con su papelón en el 4-0 de Liga al Madrid). En otros, Mario Suárez (fue el hombre grande contra el Leverkusen). Y, siempre, Arda Turan, que es bueno hasta para definirse a sí mismo: “Mi fútbol es una calle estrecha de Estambul”, le dijo a la gente de Líbero. Porque es cierto, su fútbol es una calle repleta de gente, es la obligación de conservar la pelota ante la amenaza de un mercader liante o de la banda del barrio, y al final el turco obra el encantamiento de que 21 futbolistas graviten en su órbita.

Y concluiremos el repaso a las piezas atléticas con una hermosa historia circular en la que un novelista encontraría el destino y la venganza: Moyá se hizo titular en la portería del Atlético por una lesión de Oblak y es probable que Oblak se haga definitivamente titular por una lesión de Moyá. Digo hermosa, especialmente para los atléticos, por la seguridad de ambos.

En cuestión de precedentes, los blancos se acordarán de la pasada final de Lisboa mientras que los rojiblancos enfatizarán su imbatibilidad en los seis enfrentamientos de esta temporada. En resumen, sobre los precedentes podría decirse casi cualquier cosa: hacer un Butragueño. Por un lado, parece un hecho que Simeone ha mostrado más recursos en estos encuentros: desde que su equipo juegue mejor (el ejemplo del 4-0) hasta convertirse en un malvado de la lucha libre que estampa una silla en la cabeza del juez (el ejemplo del calvote al cuarto árbitro). Pero también sabemos que la Champions es el gran fetiche blanco, el escenario para ultrajar a sus fantasmas como ocurrió el año pasado con el Bayern de Guardiola. Es decir, que hay precedentes para todo.

Más allá del resultado, que no se nos escape el hecho excepcional de que sea el segundo año con Madrid y Atleti jugándosela en Champions. ¿Cómo ilustraremos el tiempo hasta que algo así ocurra de nuevo? ¿Qué pensaremos de la estética de esta década? ¿Qué pensaremos de los centrales de ambos equipos? ¿Y qué pensaremos de Casillas?

Álvaro Llorca es periodista y editor en Libros del K.O., una pequeña editorial que publica grandes reportajes.

Por qué el Madrid no le gana al Atleti

Jugar seis veces contra el campeón de Europa y no perder ninguna debe tener truco. Simeone tiene dos. El primero radica en que su equipo se hizo el muerto 14 años seguidos. Fue involuntario y le causó dolor, pero en cierto modo dicho vía crucis supone hoy una ventaja.

Simeone (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)
Simeone (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)

Jugar seis veces contra el campeón de Europa y no perder ninguna debe tener truco. Simeone tiene dos. El primero radica en que su equipo se hizo el muerto 14 años seguidos. Fue involuntario y le causó dolor, pero en cierto modo dicho vía crucis supone hoy una ventaja. Le enrabietó y acomodó al Madrid. En ambos casos profundamente, además, pues las inercias que duran lo que aquélla acaban convertidas en folclore.

De repente llegó el argentino y cambió el derbi como tantas otras tramas. Diseñó un sistema basado en la seguridad, dotó de confianza a los suyos y el nivel futbolístico se igualó en la capital de España. Al viejo regente le cuesta asumirlo, no termina de entenderlo, aunque dice que sí, en realidad no se lo cree. Por eso suele saltar al campo menos enchufado que el dueño del Calderón, facilitando que el segundo truco del Cholo marque la diferencia.

El Atlético dispone de un plan defensivo que al Madrid le quema el cerebro. Su idea troncal consiste en vestir a Ramos y a Pepe de amos del balón. Simeone persigue que, de sus rivales, los centrales sean los que más tiempo retengan la pelota. Para conseguirlo, los deja solos. Los arietes colchoneros no trabajan sobre ellos; al menos no como tarea prioritaria. Por norma, los ignoran.

En defensa, los objetivos de Griezmann y Mandzukic –o sucedáneo- son Modric y Toni Kroos. Les aíslan si se paran y les muerden si bajan a recibir. Bajar a recibir suele implicar recibir de espaldas -gran desventaja-, propiciando que Antoine y Mario puedan robar en campo ajeno; y cuanto más arriba se inicia una contra, más peligro entraña. Intimidados, la reacción paulatina de Toni y Luka tiende a ser alejarse del balón, depositando el marrón en pies de Ramos y Pepe.

La presión y el índice inquisidor de la soledad

Usemos la vista de pájaro para resituar la escena. El Atlético de Madrid, como siempre se resalta, está ejerciendo una presión intensa. Pero no sobre sus diez adversarios, sino sobre ocho. Ocho, nada más. Mientras tanto, Pepe y Ramos son señalados por el índice inquisidor de la soledad. Eso sí que es presión, aunque sea invisible. “¡Pero si están solos! ¡Que hagan algo!”

Entonces, se debaten entre dos contestaciones. La primera, ambiciosa, es salir conduciendo, seducir a un punta, atraerlo hacia sí y desmarcar indirectamente a Modric o Kroos, y tras lograrlo, entregarle la pelota. Sería estupendo. El problema reside en que si un central conduce y la pierde, hay mano a mano contra Casillas. Para prevenirlo, se acogen al recurso auxiliar del pelotazo, acción tras la cual Godín, Miranda y Tiago se transforman en gigantes. El Atlético gana casi todos los saltos. Y casi todos los rebotes.

Koke, Miranda y Griezmann (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)
Koke, Miranda y Griezmann (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)

Ahora sí, el balón es rojiblanco. Y enfrente aguarda un conjunto frustrado y partido en dos bloques. El de abajo, con Ramos y Pepe; el de arriba, con los ocho que restan. La distancia que los separa es enorme. Y Griezmann y Mandzukic la dominan en exclusiva. Ahí se asienta la gran obra de Simeone. Lo que su equipo hace en defensa deriva, pocos segundos más tarde, en una situación ofensiva idílica. Con un solo pase bien dado (uno), Ancelotti pierde ocho piezas, Pepe y Ramos la calma y Juanfran, Gabi, Koke y Arda, la gravedad. Vuelan.

Reconocemos estos instantes porque el Cholo se dirige a su grada y le indica que es la hora. El Calderón se vuelve loco. O muy listo. Evoca rituales de tribu india y al Madrid se le pone una cara de colono pardillo que no se le quita hasta el minuto 90. Conste el 4-0 como prueba tácita. Fue el teatro de un combate; Toro Sentado y un boy scout sin medallas. En la orilla norte del río Misuri.

Pero no siempre ha sido así. No hay cuatro goles de distancia entre uno y otro, ni siquiera con los trucos de Simeone alterando el escenario. Es más, aunque en el libro de La Décima se lee que su origen fue un cabezazo en el descuento, lo que pasó fue diferente. El Madrid la ganó porque jugó mejor que el Atleti. Que un Atleti que ya hacía todo lo que aquí se ha escrito. El plan del Cholo coarta, pero Ancelotti tiene con qué superarlo. Y conoce el método.

Regla de oro: no rifar la posesión

La regla principal estriba en no rifar la posesión nunca. Para ello, establecer una ruta fiable por la que salir desde atrás se antoja imprescindible. Y tanto en Lisboa como en otros derbis, Carletto supo dibujarla.

Este año, el primer trazo atañe a Kroos. Toni ve y comprende el juego como apenas un puñado de hombres. Si el Madrid consigue que reciba de cara, multiplica sus soluciones. En pos de ello, abre a sus centrales y lo fija entre los dos. Matiz: Kroos no baja; Kroos está abajo. Es distinto. De este modo, nunca mira hacia Casillas, siempre está mirando a Oblak. Así, presionarle no es tan fácil. Griezmann y Mandzukic pierden valor.

Mario Mandzukic, durante un entrenamiento (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)
Mario Mandzukic, durante un entrenamiento (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)

Luego van Modric y James (Isco). Ambos suben y trotan hacia las bandas. Esto genera un doble efecto. Por un lado, la medular colchonera se echa para atrás, pues nada le da más miedo que no ver dónde está Luka. Por otro, Arda y Koke deben tomar una decisión. ¿Se quedan para proteger el medio o se van a tapar los costados?

No hay respuesta perfecta. Si permanecen cerrados, Kroos conecta con Modric (o con James, o con Marcelo); y si optan por abrirse, Ronaldo y Benzema hallan espacios entre líneas. Es decir, cuando emplean con fe e inteligencia su 4-3-3, sacan la pelota sin más peligro que el estándar. Y siempre a ras de suelo. Pese a Simeone.

Qué fácil parece. Y qué difícil se les hace.

Ocurre que el Real tiene una virtud que a menudo le debilita: su versatilidad. Se vislumbra tan capaz de dominar con cualquier estilo que resulta demasiado permeable a la intención de su adversario. No intentó quitarle el balón al Bayern, ni regárselo al Sevilla. Tampoco quiso frenar ante el Dortmund, ni acelerar contra la Juventus. Cree tanto en tantos planes que no siente como suyo ningún plan en concreto. Por eso nunca se esfuerza en dictar las leyes de un partido. Acepta las condiciones del otro.

Y, en virtud de las de Simeone, no puede vencer. A pelotazo limpio, mandan Miranda y Godín. Para derrotar a su Némesis, necesita una actitud que no le caracteriza, la rebeldía intelectual. De ahí aquella primera frase: “El Atlético dispone de un plan defensivo que al Madrid le quema el cerebro”.

Carlo respira porque Modric ha vuelto. Luka es el pequeño ángel blanco que se posa sobre el hombro derecho y dice la verdad; una presencia noble, sabia y respetada a la que el equipo obedece porque la experiencia le ha enseñado que merece la pena. Pedirá a su gente que ejecute el sistema debido. Desde el ejemplo, mostrará el camino de la iniciativa. Con Modric, el Madrid puede aprender.

En una eliminatoria tan gigante, los factores imperantes se contarán por decenas. El Atleti tira un balón al aire (¡no digamos un córner!) y puede marcar gol, y el Real atesora tal cantidad de talento que hasta en su peor noche aspira a meter un saco. Los credenciales de ambos superan por mucho la media; son los finalistas de la última Copa de Europa. El plan defensivo rojiblanco y su efecto sobre la salida merengue tan solo representan una de cuantas batallas formarán esta guerra. Eso sí, la más importante de todas. De ella depende la primera frontera, dominar las dos orillas del río, estar incómodo o lucir radiante. En definitiva, el fútbol.

Abel Rojas es analista en Ecos del balón

Españolas: Un retrato en 10 cifras

La situación de las mujeres se sigue midiendo a través de las cifras de la discriminación. También en España. Se podrían dar muchas cifras diferentes relativas a muchos ámbitos sociales, laborales, culturales o políticos. Las que se describen a continuación son sólo algunos ejemplos en torno a los cuales construir una imagen de las mujeres españolas.

El 8 de marzo conmemora el avance en los derechos de las mujeres en todo el mundo. En 2015, en Naciones Unidas, se revisarán nuevamente los acuerdos internacionales de la Plataforma de Acción de Beijing (PDF), que se acordaron hace 20 años y siguen pendientes de cumplimiento -e incluso de puesta en marcha- en muchos lugares del mundo.

En España, hace 37 años llegó el reconocimiento expreso del principio de no discriminación por razón de sexo y del derecho a la igualdad en la Constitución Española de 1978. Y hace ocho años que se reguló el principio de igualdad efectiva entre mujeres y hombres a través de una ley, la Ley de Igualdad Efectiva entre mujeres y hombres, que estaba más cargada de buenas intenciones que de obligaciones concretas pero que pretendía alcanzar mayores cotas de igualdad.

A pesar de todo, la situación de las mujeres se sigue midiendo a través de las cifras de la discriminación. También en España. Se podrían dar muchas cifras diferentes relativas a muchos ámbitos sociales, laborales, culturales o políticos. Las 10 cifras que se describen a continuación son sólo algunos ejemplos en torno a los cuales construir una imagen de las mujeres españolas y las reivindicaciones en cuestiones de igualdad, que seguramente darán contenido a muchas de las informaciones y los actos de este 8 de marzo de 2015.

  • 500 son las mujeres españolas de 16 y 17 años que no podrán abortar sin el permiso de sus progenitores de aprobarse la reforma de la Ley de salud sexual y reproductiva que propone el Partido Popular. Es un pequeñísimo porcentaje de los 108.000 abortos al año que se registran en España. Pero se corresponde con mujeres jóvenes en situaciones de desarraigo y falta de apoyo familiar que seguramente acabaran en situaciones de aborto inseguro.
  • 2.394.173 son las mujeres españolas que se encuentran registradas en febrero de 2015 como demandantes de empleo en las oficinas del Servicio Público de Empleo. Las mujeres son algo más del 53% del total del paro registrado, y en el último año la disminución en el desempleo femenino ha sido de un 3,38%. Una merma tres veces inferior que la experimentada por el desempleo masculino en el mismo periodo (un 9,28%).
  • 6.144,72 euros es la diferencia entre los salarios medios de hombres y mujeres en España, uno de los datos que define lo que conocemos como brecha salarial de género. Según datos de Eurostat, en el conjunto de los sectores de actividad las mujeres europeas ganan de media un 16,5 % menos por hora que los hombres. Esta diferencia se eleva para las mujeres españolas, que ganan un 19,3 % menos por hora. La brecha aumenta casi cinco puntos hasta el 23,93 % si se trata de ganancia anual.
  • 769 son las mujeres que han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas desde 2003, según datos del Ministerio de Sanidad. Se producen en torno a 130.000 denuncias de delitos de violencia de género al año y el registro de victimas del Ministerio de Justicia tiene identificadas a más de 32.000 mujeres con medidas de protección que son fruto de resoluciones judiciales. Son condenados unos 13.000 hombres anualmente por delitos de violencia de género.
  • 80 es el número de consejeras participantes en los consejos de administración de las empresas del IBEX 35, según el último informe recientemente presentado por la presidenta de la CMNV. Este número de consejeras coloca a España en un discreto 16% de participación de mujeres en los consejos de administración, muy por debajo del 20% de la media Europea y muy lejos del objetivo voluntario del 40% que fijó la Ley de Igualdad para 2015 y que ha sido propuesto a nivel europeo como objetivo para 2020.
  • 32.200 son las mujeres que se acogieron a excedencias laborales para el cuidado de menores o familiares dependientes en el año 2013. Sólo 2.530 hombres hicieron lo mismo. Las responsabilidades y tareas del cuidado doméstico y familiar sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres, en ocasiones de forma exclusiva y no compartida con los hombres. Esto pasa a las mujeres una factura en su situación social y laboral en forma de tiempo -las mujeres dedican hasta dos horas diarias más a las tareas del hogar que los hombres- y de desarrollo profesional: una gran parte de los obstáculos para la promoción laboral de las mujeres tienen como causa principal la idea de que familia y responsabilidades laborales son incompatibles para las mujeres.
  • Una sola mujer es rectora de una de las universidades públicas españolas: Adelaida de la Calle, rectora de la Universidad de Málaga. A pesar de que las mujeres son más del 50% del alumnado universitario desde hace más de 25 años y aunque han llegado a ser el 40% del profesorado, ocupan sólo el 20% de las cátedras universitarias y encuentran muchas dificultades para poder participar en los equipos de investigación de muchas universidades y centros de investigación.
  • Cuatro ministras son las que se sientan en el Consejo de Ministros del Gobierno de España. La participación de las mujeres en los centros de decisión política sigue siendo minoritaria. Aunque en España se respetó la paridad en el Gobierno entre los años 2004 a 2011, lo cierto es que la participación de las mujeres en los altos cargos de la Administración General del Estado no ha estado nunca por encima del 32%. Sólo tres de los 17 Gobiernos autonómicos tienen una mujer como presidenta y sólo en siete de ellos las mujeres consejeras superan el 40% de participación. Tampoco en el poder legislativo las mujeres han alcanzado niveles paritarios de participación y ello a pesar de tener una reglamentación para garantizar la presencia de al menos el 40% de mujeres en las listas electorales. Hoy las mujeres son el 36% de las diputadas del Congreso.
  • 50 mujeres son las que participan como académicas en alguna de las reales academias españolas, menos del 10% del total. Sólo ocho de ellas participan en la Junta Directiva de estas instituciones y sólo en el caso de la Real Academia de la Historia una mujer (Carmen Iglesias) ocupa el puesto de mayor responsabilidad. Hay reales academias que no tienen a ninguna mujer en sus juntas directivas, y la mayoría de estas instituciones siguen fuertemente masculinizadas incluso en aquellos casos en los que representan ámbitos del saber que se han feminizado durante las últimas décadas. Por ejemplo, en 2014 sólo dos de los 47 miembros de la Academia de Medicina eran mujeres y ninguna está en su junta directiva.
  • 40.606 mujeres estaban federadas en 2013 en las diferentes categorías de fútbol en España. La selección española de fútbol femenino va a participar en el Mundial que se celebrará en Canadá el próximo mes de junio y una de nuestras jugadoras ha sido candidata al Balón de Oro por primera vez en la historia en 2014. A pesar de esto, las jugadoras de fútbol siguen reclamando un marco jurídico laboral decente que aún no existe en España y son más frecuentes y notorias las noticias sobre insultos a mujeres en los estadios de futbol que las relacionadas con los éxitos deportivos de nuestras jugadoras en ésta y en otras disciplinas.

Es un retrato incompleto que podría incluir mucha más información sobre el arte, el cine, la literatura, la salud, la elección de opciones profesionales, el tiempo de ocio, la participación en la pobreza y otros muchos datos. Pero valgan estas 10 cifras como 10 motivos más que suficientes para seguir reivindicando igualdad entre mujeres y hombres en este día internacional de las mujeres.