‘Vísperas del 36’, el folletón de Mañas que recrea el final de la II República

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El autor de Historias del Kronen (1994) viaja el próximo 7 de octubre de 2015 al 7 de octubre de 1935 para publicar en EL ESPAÑOL a diario la serie “Vísperas del 36”, un folletón que recreará los acontecimientos, jornada a jornada, de hace 80 años. El relato desembocará en los acontecimientos del 18 de julio de 1936, recordando durante un año todas las jornadas del momento en que se decidió la España del siglo XX.

Foto: DANI POZO

Ahora mismo está pasando unos días en la cárcel con Lluís Companys. Hace unos días estaba con John Dos Passos y George Orwell, Ernst Hemnigway terminará llegando y asistirá a la conferencia que André Malraux dará en el Ateneo el próximo abril… de 1936. El novelista José Ángel Mañas nació en Madrid cuatro años antes de que muriese Franco, pero está de paseo histórico por el último año de la Segunda República, con todos aquellos intelectuales que pasaron por España haciendo “turismo de guerra”. Viaja al pasado para reconstruir el ocaso del proyecto republicano, con la intención de encontrar una respuesta imposible a una pregunta desconcertante: ¿cómo es posible llegar a una guerra civil?

El autor de Historias del Kronen (1994) viaja el próximo 7 de octubre de 2015 al 7 de octubre de 1935 para publicar en EL ESPAÑOL a diario la serie “Vísperas del 36”, un folletón que recreará los acontecimientos, jornada a jornada, de hace 80 años. El relato desembocará en los acontecimientos del 18 de julio de 1936, recordando durante un año todas las jornadas del momento en que se decidió la España del siglo XX.

“El novelista histórico agarra el acontecimiento y lo encaja a favor de las tensiones narrativas”, cuenta el escritor, que pasó por las aulas de la Facultad de Historia de la Universidad Autónoma como si fuera un turista y aprendió algo que suele repetir: la Historia y los datos no conjugan si el historiador no los interpreta, como les pasa a los matemáticos con el cálculo. Mañas hablará del 36 como quien mira a 2015, porque la Historia es un espejo sobre el que se refleja la actualidad.

La entrega diaria será un cóctel explosivo que va a mezclar “Episodios nacionales, la Revolución rusa, House of Cards, el Chicago de Al Capone y Ruedo Ibérico”. Hablamos en un banco perdido en medio de la Casa de Campo, junto al Arroyo Meaques, que agoniza antes de las primeras lluvias. Las laderas arrasadas por el verano más caluroso son las mismas que atraviesan los vecinos desde hace 84 años, cuando pasó de ser privilegio monárquico a uso popular.

Mañas bajará la cámara hasta desvelar la riqueza de matices de la vida política, donde se cuecen los grandes asuntos del país, con Gil Robles, Azaña, José Antonio, Pasionaria, Carrillo, etc. Como un teatro de marionetas manejadas por el autor, que colorea un relato dramático en blanco y negro. “Una vez recuperas la memoria salen muchas más cosas de las que pensabas. Seguiremos día a día lo que ocurrió aquel año y descubriremos muchos personajes famosos en su intimidad. Pero también la voz y los periplos de los protagonistas anónimos”.

Un relato por entregas, un folletón como el de Benito Pérez Galdós, en el que aflorará la vida con un detalle extremo. Esa es una de las ventajas del novelista frente al historiador, que puede caminar desde los manuales a las anécdotas. “El novelista maneja marionetas y para que la gente se las crea, el autor debe permanecer en la oscuridad”. Y tratar de meterse en la piel de sus personajes y de sus lectores.

Pura experiencia

“Con la Historia eres capaz de ver más lejos”, explica jugando a las paradojas. El novelista sobrevuela los grandes movimientos estratégicos, sin olvidar mirar desde abajo. Le interesan las vivencias, que logran hacer del pasado una experiencia, no una investigación. Ha enriquecido los datos con sentimientos. La narración de vidas, la ambientación, era más importante que la acumulación de hechos. Mañas es un maestro de los escenarios.

¿Qué es lo que más le ha sorprendido de su inmersión en los archivos? “La falta de cultura parlamentaria. Eso es lo que más me ha chocado. La política es la quintaesencia de una sociedad culta. Cuando se cruza de un sistema a otro, en una situación tan débil… En Inglaterra, después de dos siglos de parlamentarismo no hay quien lo rompa. Como decía Gil de Biedma, la Historia de España siempre termina mal”, responde.

En la Casa de Campo no hay tiempo, es un agujero negro por el que desaparecen las obligaciones y el ruido. Mañas habla de un sistema institucional nuevo, que arranca en un país semianalfabeto y semifeudal. Envuelve España en 1936 de un contexto internacional en crisis, con los nazis en Alemania, los fascistas en Italia y la Revolución rusa. Las tensiones se agravan, además, con la crisis del Crack del 29, en los EEUU.

“Debían reeducar a la población en nuevos esquemas. No lo tenían fácil. Al final, acaba como Juego de Tronos: de un centenar de personajes caen todos menos dos”. Insiste en que son los personajes los que actúan, no la ideología de quien los maneja. Una última confesión: no soporta a Alcalá-Zamora. “Es superior a mis fuerzas”.

El renovador de las letras se hace mayor

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Agustín Fernández Mallo, capitán de la Generación Nocilla, compila dos décadas dedicadas a la poesía, con el inédito ‘Ya nadie se llamará como yo’.

Fdez Mallo, A._ (c) Aina Lorente Solivellas
Agustín Fernández Mallo. (Foto: Aina Lorente)

La muerte. “Cuando alguien muere tienes la oportunidad de que renazca en ti. Empiezas a ver cosas de la persona fallecida que no habías visto. Es un renacimiento, un regalo que el fallecido te hace”. Y así Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) ha dado a luz su nuevo poemario: Ya nadie se llamará como yo (Seix Barral), editado junto a su poesía reunida desde 1998. Cuando alguien fallece, su nombre desaparece pero no su memoria.

 

“La muerte es una fiesta de la objetividad”, escribe en uno de sus versos. Un tema grave sin gravedad. Ni pesimismo. Tampoco se entrega a la fiesta pop como lo hizo en Carne de píxel. El desenfreno irónico del absurdo de la sociedad de consumo se relaja, se atempera y pierde el folclore de la anécdota. “Es un poemario más tranquilo y más grave”, reconoce el cabecilla de la Generación Nocilla. “Quería afrontar el tema de la muerte con mucho menos artificio, a pesar de que está mi voz y mis tics. Hay menos fiesta, menos alardes pop”, añade.

Hay mucha menos ironía, quizás porque me voy haciendo mayor. No quería despistar del tema esencial, la muerte

Aunque siempre hay una grieta por la que se cuela su mundo propio. En este caso, la voz narradora se pregunta, en una iglesia, de qué marca es el agua bendita. La irreverencia Bezoya. Sin broma. “Hay mucha menos ironía, quizás porque me voy haciendo mayor. No quería despistar del tema esencial, la muerte”.

Hace tres años publicó Antibiótico fue la mejor expresión de lo que él llamó la postpoesía y un artefacto muy alejado de Ya nadie se llamará como yo. “Ahora sé que la muerte existe y es analfabeta”, se puede leer en el nuevo libro. Este libro es menos celebratorio, aunque se regodea en la introspección y en el vitalismo, porque Agustín celebra la dimensión mortal. Fuera penas.

La fantasía burguesa

Pero también hay un acercamiento -muy leve- a la realidad de España 2015, algo que ha sorteado hasta el momento. Alguna referencia política se cuela. “Es imposible que no esté el contexto social y político, porque está en todo lo que escribimos. Sé que está, pero no podría decirte dónde está porque no pienso explícitamente en ello. Sí te puedo decir que es la primera vez en todos mis poemarios que cito la expresión clase media”, dice.

El verso es así: “Sólo existe la clase media y lo demás es fantasía estadística”. Y en otro momento del libro: “En el tronco de un álamo del último bosque encuentro una hoz y un martillo, no fueron grabados por una hoz de verdad y un martillo de veras, / creo recordar el abrelatas, la fantasía burguesa que residía en su punta de rayo, eficaz tan sólo en materiales blandos”. Nuevo destello crítico contra el espíritu revolucionario de aquella burguesía que quiso ser clase obrera.

La poesía no puede estar completamente fuera del sistema, porque entonces sería autista. Ahí es donde surgen las metáforas radicales

Habla de fantasía burguesa. ¿Es la poesía una fantasía burguesa? “Claro que sí, de las mayores. La poesía y la estadística”, responde a este periódico. “La estadística es una mentira consoladora muy de la clase media. La estandarización te la da la estadística. Seamos claros: no ha habido ningún poeta analfabeto o sin cultivar. Necesitas una base culta. No creo en ese mito de la idea natural de la poesía”. ¿Y Miguel Hernández? “Yo es que no me creo que Miguel Hernández fuera analfabeto. Eso es un mito del mundo burgués, que creó esta figura heroica para consolarse. Yo soy un burgués y tengo mis fantasías”, explica.

Las fronteras. Llegar a los límites de los mapas de la literatura. No en vano abre el libro una cita del artista Robert Smithson. Agustín Fernández Mallo trabaja desde los límites. Dice que la poesía se encuentra en los límites de cualquier sistema de normas. Escribe para explorar, ni para agradar ni desagradar. “La poesía no puede estar completamente fuera del sistema, porque entonces sería autista. Ahí es donde surgen las metáforas radicales”.

El pintor favorito de los ricos

cortarEl Museo del Prado revisa la trayectoria de un pintor tan importante como desconocido: Luis de Morales ‘el divino’.

En la imagen, una visitante observa La Virgen de la leche, de Luis de Morales.

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Una visitante observa La Virgen de la leche, de Luis de Morales.

Hace cinco siglos Luis de Morales fue “divino” porque su pintura era la experiencia visual más sagrada que tuvieron los españoles del siglo XVI. El pintor renacentista presentaba las figuras bíblicas en primer plano, aisladas de la narración, acentuando la parte emocional para su adoración, enfatizando el detalle de lo doméstico y el carácter dramático de las expresiones, con rostros compungidos, lágrimas que cruzan los rostros y chorretones de sangre que emanan de heridas en carne viva. Y sin cruzar un ápice el decoro que marcaba las Instituciones Catholicae, el manual inquisitorial del prelado en el que se leía: “Prohibimos toda pintura sobre tabla o cualquier otro soporte que sea engaño para los ojos, corrompa la mente o incite a la voluptuosidad. Estas no deben ser pintadas. Y quien quiera que lo haga, sea excomulgado”.

Cinco siglos después Morales es “divino” en los mejores salones de las grandes fortunas de este país, porque su delicada marca mercantil no pasa de moda en las subastas. Es el artista clásico favorito en las colecciones de arte más importantes de este país, que son las que nutren en buena parte la exposición retrospectiva que acaba de inaugurar el Museo del Prado, con ayuda de la Fundación BBVA, dedicada a la figura de uno de los mayores artistas (y menos conocidos) de la historia de la pintura patria. En las cartelas de las más de 50 pinturas puede seguirse el linaje con más octanaje del país: Villar Mir, Arango, Masaveu, Marqués de Miraflores y “la de aquellos que han preferido permanecer en el anonimato”. “A todos los ricos les gusta Morales”, puntualiza Miguel Falomir, director adjunto de conservación e investigación del Prado.

“A todos los ricos les gusta Morales”, puntualiza Miguel Falomir, director adjunto de conservación e investigación del Prado

De hecho, la primera y última muestra que pudo verse -hasta hoy- en el museo sobre su obra fue en 1917, cuando se le destacaba por su valor nacional. El estereotipo con el que se le definió entonces limitó sus trabajos a la quintaesencia del pintor de muñequilla ceñida a las doctrinas católicas. Hoy, la comisaria Leticia Ruiz ha montado este extenso recorrido con la idea de “eliminar los tópicos que se han creado en torno a su pintura”. La conservadora de la pinacoteca aclara que todos los coetáneos de Morales respondieron a estos encargos devocionales, pero “él lo hizo con gran originalidad. Creó una marca propia”.

Ese estilo “divino” se caracteriza por una técnica extraordinaria y un virtuosismo único desde la preparación de las tablas (robles importados desde bosques nórdicos) a las finísimas veladuras de color, que acaban con la dureza medieval e integran la figura humana en la naturaleza. La comisaria también ha querido subrayar la diferencia entre el taller y el maestro. “Frente a las imágenes patéticas y lamentables” que se difundieron durante años en copias que no hacían justicia a la labor del autor, aquí vemos ejemplos de su mano, desde el retablo al pequeño formato.

divino2_68003297_10399_1706x1280Una máquina superventas

Salvando las distancias, el divino Morales fue el Damien Hirst de su época por su dimensión comercial. Organizó un importante taller, en el que trabajaron sus hijos y numerosos asistentes, que colaboraban y realizaban los temas más variados, siempre siguiendo la línea estilística del maestro. Él solía ocuparse del diseño y la composición de las escenas sagradas, que eran pintadas por él mismo y por sus colaboradores. En ese sentido, dos versiones enfrentadas de Las variaciones de san Esteban (lapidado acusado de blasfemo)demuestran las claras diferencias entre su mano y la de sus seguidores.

El rodillo mercantil de Morales fue inagotable en la pintura de pequeño formato: piezas de devoción privada, muy cercanas al espectador, con detalles delicadísimos en las que se observa su evolución desde una técnica más dura y menos sutil hasta el “sfumato”, cuyo mayor representante fue Leonardo da Vinci. En las tres versiones de la Virgen vestida de gitana con el niño culmina esta técnica, que no es ni más ni menos que una indefinición, un efecto atmosférico que oculta tras una leve niebla capaz de borrar los límites y los perfiles. Estamos ante el refinamiento técnico más elevado al que ha llegado la historia de la pintura en Occidente.

Morales un “pintor esponja”, que absorbe todo lo que ve, sobre todo, la de Sebastiano del Piombo

Leticia Ruiz asegura que conoció la obra del creador de La Gioconda por la circulación de estampas que corría España en aquellos años, como también la de Durero y Rafael. Falomir lo describe como un “pintor esponja”, que absorbe todo lo que ve, sobre todo, la de Sebastiano del Piombo. Del italiano recoge los fondos negros, las superficies lisas, los prototipos dramáticos que, como buen español, acentúa con la sangre.

Es un pintor para mirar de cerca, para recrearse en los fondos (primeros intentos de perspectiva aérea) y los efectos lumínicos. Así sucede con las dos versiones de Cristo, varón de dolores: la del Instituto de Bellas Artes de Minneapolis, de plano general, y la del Prado, un primerísimo plano impactante. Ha retratado al personaje pensativo, meditando sobre la muerte, después de ser azotado, coronado de espinas y vestido con un manto azul. Ha eliminado tiempo y espacio, se ha quedado con la expresión. El “divino” es mucho más carnal que espiritual.

Amenábar: “Me agotan cinco temporadas de una serie”

Amenabar-Emma-Watson-rodaje-Regresion_68003260_9675_1706x1280El director vuelve con Regresión, un thriller de recuerdos escondidos y rituales satánicos. ¿Cree Amenábar en el demonio? La respuesta está ahí fuera.

En la imagen, Emma Watson y Alejandro Amenábar en un momento del rodaje.

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Emma Watson y Alejandro Amenábar en un momento del rodaje.

Minnesota. O sea, eso que llamamos la América profunda. Un dato que, al final de la película, cobrará sentido. Año 1990. John Gray, un mecánico tan gris como su apellido (David Dencik), confiesa haber abusado sexualmente de su hija adolescente (Emma Watson), aunque no lo recuerda. Quiere colaborar, llegar a la verdad. La regresión hipnótica será la forma de entender qué pasó. La investigación llevará al detective Kenner (Ethan Hawke) a aventurarse en un laberinto de recuerdos de rituales satánicos, abusos en grupo y crímenes en familia.

“Inspirado en casos reales”. El mantra al comienzo de Regresión avisa de un giro en lo nuevo de Alejandro Amenábar. ¿O no? Parte de su cine se sostiene sobre dudas y desenlaces sorprendentes. Y Regresión, que esta semana llega a los cines, devuelve al director de Ágora a los tiempos de Tesis y Abre los ojos, al menos en el género elegido, el thriller. “Me siento naturalmente llamado al terror y el misterio”, explica el cineasta a EL ESPAÑOL al hablar de sus gustos como espectador. Lo último que ha visto: FoxcatcherIt Follows – “muy buena”-, La visitaLa isla mínima… y Del revés.

“Soy muy mal viajero”

Como en Abre los ojos, cualquier cosa que contemos del final de Regresión destrozaría la película. Por eso cuesta hablar de la idea final que defiende el cineasta, desmitificadora, con los pies en el suelo. “Decidimos que fuera un final cerrado por honestidad, para que la película contara exactamente lo que yo quería decir. En todos los proyectos aprendo algo: en éste he aprendido mucho de psicología. Todo lo que no leí cuando estaba escribiendo Abre los ojos, donde también había regresiones, lo he leído aquí y me ha resultado muy interesante. Y, por supuesto, lo comparto”, deja claro sobre lo que piensa del método hipnótico que da título al filme. “Soy muy mal viajero. Todo nace de la investigación en libros, internet, y por supuesto de las películas que todos hemos visto”, añade el cineasta.

Aunque, para ese viaje, podría haber apostado por otro tipo de alforjas. En Regresión se pasa 90 minutos defendiendo un tema para cambiar de dirección en los 10 finales. ¿No había otra forma? “Cuando haces una película, puedes empezar por el final -explica el director-. Yo, de hecho, siempre empiezo por ahí. A mí me gusta plantear preguntas en las películas y dar las respuestas al final. El viaje del protagonista, que es al que está destinado el espectador, es un viaje de 100 minutos. Pero para los investigadores de los casos reales llevó varios años. Este proceso se inició en 1980 y no terminó hasta mediados de los 90”.

Asegura Amenábar que le interesaba tanto los rituales satánicos como la investigación con el método de regresión, “lo que pasa es que el tono, el género, ha sido finalmente el policíaco. Pero la película podría haberte empujado más a la psicología, a la religión, si uno de los dos protagonistas hubiera sido un cura o un psicólogo. Decidí utilizar una figura más en medio, que es la del policía, porque me parecía que era la que mejor podía resumir esa incertidumbre entre el camino científico y el religioso”.

Cargada de mensaje

Con Regresión, Amenábar vuelve a los giros efectistas, a la sorpresa. ¿Quizá a su cine menos personal? “Hago la película que me gustaría ver en pantalla y me dejo llevar por lo que a mí me inspira. No hago cine a la carta. Igual se percibe una película como menos personal, pero intento establecer dos niveles de lectura: uno más mainstream o general, donde los espectadores ven una historia dentro de unos códigos de género y la disfrutan más o menos. Y otra más profunda o intelectual, donde va el mensaje. Y esta película va cargada de mensaje”.

Con todo, es consciente de que “lo que más define mi carrera es el misterio y el suspense. Como espectador, porque me siento naturalmente llamado por el suspense desde que he sido niño, incluso por el terror. Y como creador. Lo que pasa es que nunca sabes dónde vas a encontrar esa historia que te guste y cuál es el género que va a demandar”.

Han pasado seis años desde que estrenó Ágora. Y Regresión es un nuevo golpe de timón, 180 grados, al menos en tono y género. “cuando hice Ágora estaba intentando escapar de Mar adentro, y en Mar adentro, de Los otros. El proceso creativo en mi caso es una manera de evadirme, aunque en este caso sea volver atrás”. Y reconoce: “Acabo bastante obsesionado por mis proyectos”.

Ágora costó 50 millones de euros. Regresión, seis años después, es una historia más pequeña: 18 millones de dólares. Una coproducción hispano-canadiense, rodada en Toronto con actores internacionales. “El cine está difícil. José Luis Cuerda dice que hacer una película es un milagro. Yo digo que es una operación de alto riesgo. Es un bien inmaterial que se puede bajar gratis por internet. Y encima cuesta muchísimo dinero”, asegura el director. Es su sexto largometraje, el tercero rodado en inglés.

Regresión se ha financiado, explica, con anticipos de producción de todo el mundo. “En realidad, con todos mis proyectos he sentido que tenía mucha libertad… o un margen de libertad razonable, para decir: ésta es mi película”. Por eso, asegura, no le gusta la idea de un director’s cut. “Ésta es la película que yo quería hacer”.

En ese panorama, Amenábar se alegra por el fenómeno que supuso Ocho apellidos vascos (“es algo que hay que celebrar”) y saca el título cuando se le pregunta por cómo se espera siempre lo nuevo de Almodóvar o Amenábar. Pero no deja de ser parte de un modelo cuestionable: los 22 millones de espectadores del cine español en 2014 se lograron gracias al filme de Emilio Martínez Lázaro, ayudado por La isla mínima y El niño. La industria española sigue dependiendo en gran medida de ese taquillazo que salve el año. Cuando no lo hay, como en 2013, las cifras caen (11 millones de espectadores). “Lo más deseable es un modelo donde participen más películas de ese pastel de taquilla. Hay años que efectivamente hay una que es el gran caballo de Troya”, corrobora el director.

Pero a la cinematografía española “le pasa lo de siempre”. A saber: “Es una industria precaria y nos movemos en un terreno de nadie. Lo que sí creo es que hay talento. No me cabe la menor duda”. Amenábar entra en qué necesita el sector: “Tiene que haber una política activa de apoyo al cine. El IVA cultural es realmente una excepción en Europa. El pedazo de IVA que tenemos es vergonzoso, ha hecho muchísimo daño”.

Rodar en Madrid

¿Recuerdan Abre los ojos? Amenábar tiene claro cuál es otro de los problemas del cine español: “Se acaba rodando en una ciudad como Toronto porque tiene exenciones fiscales. Son territorios que se preparan para acoger rodajes y para invitar a que se invierta allí. Eso se debería hacer más en España. Es un disparate, ya lo decía Bayona, que una película como Pompeya se acabe rodando en Canadá en vez de en España”. Sobre la decisión de Cristina Cifuentes de eliminar las trabas para rodar en Madrid, es rotundo: “Sería fantástico. Es un ciudad hostil para los rodajes. Un plano como el que hicimos con la Gran Vía vacía hoy en día sería impensable”. Se refiere, claro, a la película que abría este párrafo, con Eduardo Noriega ante una calle desierta.

Tiene claro qué hace falta mejorar: “Permisos y eliminación de burocracias”. El precio de parar una calle sigue aumentando, lamenta el director. “Cuando veo películas de terror que se hacen por dos o tres millones de dólares, pienso: fantástico, pero ya sé el truco. No salir de un decorado. En el momento en que quieres ver el pueblo, se dispara el presupuesto”.

La política, dice con rotundidad, “me apasiona, pero como cineasta me da miedo”. Ágora es lo más parecido que ha hecho a una cinta de fondo ideológico. “No lleva las siglas PP-PSOE, pero estaba hablando de cosas que pasan en la actualidad. Lo que no sé es si me atrevería a hacer una película de corte claramente político”.

Ágora no funcionó exactamente como se esperaba de ella en taquilla. “Quizá el planteamiento más adecuado con habría sido el de una miniserie, ahora que se habla tanto de estos formatos”, reconoce. Ese formato, dice, le podría interesar. Pero nada que pase de “mini”. “No soy animal televisivo, ni como espectador. Reconozco que las cosas más interesantes que se hacen hoy en día se están haciendo en televisión. Puedo llegar a disfrutar una temporada de una serie, pero cuando sé que me quedan cinco más, me agoto”, asegura. Alguna vez le han ofrecido proyectos concretos para este medio que no ha aceptado.

El guión perfecto no llega, cuenta. “Hay que esperar un proyecto y encontrar la manera de hacerlo tuyo”. Con una excepción: “Donde no me veo es en las películas de superhéroes. No me veo y no me interesan demasiado como espectador: estoy saturado de ellas”

“Un Premio Nacional trasciende a los gobiernos de turno”

José Manuel Sánchez Ron peq El físico recibe el Premio Nacional de Ensayo por su último libro, El mundo después de la revolución: la física de la segunda mitad del siglo XX (Ed. Pasado y presente, 2014). Por primera vez se reconoce la divulgación científica.

Foto. EFE

José Manuel Sánchez Ron peq
José Manuel Sánchez Ron. (EFE)

José Manuel Sánchez Ron (Madrid, 1949) sabía que “habían presentado” su último libro, El mundo después de la revolución: la física de la segunda mitad del siglo XX (Ed. Pasado y presente, 2014) al Premio Nacional de Ensayo, un galardón que, dotado con 20.000 euros, otorga anualmente el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Aún así, el fallo del jurado le ha pillado por sorpresa porque “nunca se había dado a un ensayo completamente dedicado a la ciencia”.

¿Cómo ha reaccionado al saber que era el nuevo Premio Nacional de Ensayo?

Me siento muy satisfecho por que se reconozca el papel de la ciencia. El ensayo es un género para comprender el mundo y la ciencia es esencial para ayudarnos a lograrlo, precisamente porque forma parte de la cultura y de la sociedad. En este libro, concretamente en el último capítulo, explico cómo la física cambió el mundo. ¿Sabía, por ejemplo, que Sillicon Valley fue creado por un físico, uno de los inventores del transistor? [Se refiere al Nobel William Bradford Shockley]. En el volumen hablo de los problemas que han surgido de la relación entre los científicos y la economía, por ejemplo. Y me centro además en la segunda mitad del siglo XX, que va más allá de revoluciones protagonizadas por la física, como la de la relatividad, y que es cuando realmente la Física ha modificado el mundo.

Si se habla de relaciones problemáticas, es imposible no recordar las últimas polémicas protagonizadas por otros galardonados con un Premio Nacional, que lo han rechazado por su desacuerdo con las políticas gubernamentales…

Los Premios Nacionales tienen una larga historia y trascienden a los distintos gobiernos que los otorgan. Yo entiendo éste como el reconocimiento de una sociedad a una obra y, aunque respeto totalmente a las personas que han rechazado el galardón, no comparto esa adjudicación de la responsabilidad al Gobierno de turno.

Pero ¿tiene algún comentario sobre la política científica del actual Gobierno?

Creo que no es el momento de opinar sobre esto.

¿Cómo empezó su interés por la divulgación científica?

Yo no llamaría divulgación a lo que escribo, aunque no me ofende el término. Yo escribo sobre la historia de la ciencia y por lo que sí que me preocupo es por que se entienda. Supongo que por eso se llama divulgación pero, si se fija, supone una diferencia con respecto a otras disciplinas. No se denomina divulgación histórica a la Historia que se entiende o divulgación sociológica a la Sociología que se entiende. Aunque yo empecé como físico teórico, pronto mi interés evolucionó al interés por la historia de la ciencia, hasta el punto de que en 1994 la Universidad Autónoma de Madrid creó una cátedra específica en la que aún trabajo.

Además de catedrático de Historia de la Ciencia usted es académico de la Real Academia de la Lengua (RAE). Hay quien puede pensar que las ciencias y las letras son campos antagónicos ¿cuál es su opinión?

No se trata en absoluto de campos antagónicos. La RAE tiene muy clara la importancia del lenguaje de la ciencia y de cómo éste forma parte del lenguaje en general. Además, debido a la rapidez con la que evoluciona todo en este área, la RAE está especialmente interesada en sus campos léxicos, más dinámicos.

“La RAE tiene muy clara la importancia del lenguaje de la ciencia y de cómo éste forma parte del lenguaje en general”

Aunque la Física se puede considerar una ciencia “dura” hay asuntos que parecen interesar de repente a todo el mundo, como ocurrió con el bosón de Higgs. ¿A qué cree que se debe ese protagonismo momentáneo? 

Más reciente que lo del bosón de Higgs es el hallazgo de agua en Marte. Creo que esto se explica porque son cuestiones que responden a intereses atávicos de las personas y porque tienen que ver con temas como la estructura última de la materia. Hay preguntas que nos rondan desde la antigüedad, como dónde estamos o de qué estamos hechos, y estos temas se engloban en dicha categoría. Además, hay que reconocer el papel de las instituciones que comunican, en el caso del bosón de Higgs el CERN y en el del agua en Marte, la NASA.

Como escritor de divulgación científica ¿podría escoger su obra favorita en este campo? ¿Y un libro en general?

Creo que pondría en primer lugar el Origen de las Especies, que publicó Charles Darwin en 1859. Lo elijo no sólo por lo que representó, sino porque se puede leer fácilmente. Respecto a la segunda pregunta, la literatura es un océano tan inmenso que me resulta difícil escoger un único libro.

¿Y qué me dice de su propia obra? ¿Algún favorito?

No nos vamos a engañar [ríe]; ahora mismo, tengo que decir que éste último. Ha venido con un pan debajo del brazo.

Algunos de sus libros los ha escrito en colaboración con otros autores. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Aunque soy bastante solitario, es cierto que ocasionalmente he colaborado con otras personas en algunos libros y muchas veces en artículos. En el caso de Mingote, que ilustró algunos de mis libros, tuvimos una relación especial y fue muy sencillo. Nos entendíamos bien. La colaboración con el historiador Miguel Artola, con quien escribí Los pilares de la ciencia (Espasa, 2012), fue una experiencia muy satisfactoria sobre todo en lo que se refiere a compartir, interaccionar e intercambiar ideas. Para mí, una norma esencial en la colaboración es que haya una sintonía personal, que se pueda hablar casi de una amistad.

Usted ha colaborado con varios medios de comunicación. ¿Cómo ve el nivel de la divulgación científica informativa en España?

Aunque depende del medio y no voy a entrar a juzgar casos particulares, creo que el nivel es mucho mejor que en el pasado. Es importante resaltar que la ciencia es parte de la cultura, de la política y de la economía, y que trasciende por lo tanto a un sólo campo. Eso sí, creo que la ciencia debería ocupar espacio en los medios más allá de cuando haya un descubrimiento prodigioso.

El Apocalipsis según Salman Rushdie

El escritor publica ‘Dos años, ocho meses y veintiocho noches’, una novela fantástica que reflexiona sobre el fanatismo y el poder de las historias para cambiar el mundo.

Foto:  © Beowulf Sheehan www.beowulfsheehan.com

© Beowulf Sheehan www.beowulfsheehan.com

Hay un hilo dorado y extraordinario que conecta los relatos contenidos en la Biblia y el Corán con las epopeyas griegas, con las fábulas del Panchatantra y con las historias tradicionales contenidas en libros como Las mil y una noches, una conexión en cómo sus enseñanzas fueron transmitidas de generación en generación y terminaron siendo asimiladas, conformando nuestra visión del mundo, el de ayer, el de hoy y el de mañana. O, como reflexiona uno de los personajes de Dos años, ocho meses y veintiocho noches, la nueva novela de Salman Rushdie, “en la forma en que los cuentos estaban encajados dentro de otros cuentos que contenían todavía más cuentos, de tal manera que el cuento se convertía en un verdadero espejo de la vida”. Porque “todas nuestras historias contienen las historias de los demás y están contenidas dentro de narraciones mayores y más grandiosas, las historias de nuestras familias, nuestras patrias y nuestras creencias”.

El problema surge cuando dos narrativas deben compartir espacio y luchan por imponer su visión del mundo. Y si hacemos caso a la tradición popular, desde la literatura apocalíptica a los romances trágicos, todo apunta a que el conflicto acaba en una guerra decisiva y fatal. Y es que hay otro hilo evidente e igualmente fabuloso en cómo, tanto unos mitos como otros, se han valido de la épica, la alegoría y lo fantástico para captar la atención del público. Porque no hay nada como una noble y espectacular batalla entre el Bien y el Mal para encender un fuego, pocas visiones tan inspiradoras como la de dos ejércitos de ángeles y demonios luchando por una civilización que amenaza con hundirse y con dejar paso a una nueva era.

Este es el terreno legendario que Rushdie ha elegido para construir Dos años, ocho meses y veintiocho noches, que en España será publicada el 6 de octubre por la editorial Seix Barral –en traducción del escritor Javier Calvo–, lo que supone la salida del autor de la casa Penguin Random House, que hasta ahora tenía sus derechos de publicación. Un novelón que ya desde su título es un homenaje a Las mil y una noches y que, bajo su apariencia de cuento de hadas, ofrece una bella reflexión sobre el potencial de las ideas para cambiar el mundo y de las historias populares para contarnos quiénes somos y a qué hemos venido a este mundo.

Fe contra razón

Dos años, ocho meses y veintiocho noches arranca en Lucena, Córdoba, a finales del siglo XII, durante el destierro del filósofo Ibn Rushd, conocido en Occidente por el nombre de Averroes y por defender que ni las ideas ni la ciencia debían estar sometidas a Dios. Y recorre, en sus 400 páginas, más de ocho siglos de conflictos en la sombra entre sus herederos y los seguidores del también filósofo Al-Ghazali, que durante la misma época defendió, desde el fanatismo, el sometimiento de la filosofía a la religión.

El viejo conflicto fe contra razón, en definitiva, dos visiones opuestas del mundo que, llevadas al extremo, desembocan en nuestros días –o en un futuro inmediato muy reconocible– en un escenario global y multicultural, marcado por el choque de tradiciones centenarias, algunas de las cuales son capaces de justificar la intolerancia, el miedo, el racismo, el odio hacia el otro, la violencia y la sumisión de la mujer.

El lector asiste en estas páginas al nacimiento y posterior batalla entre dos bandos opuestos, mientras la economía mundial se viene abajo y los presidentes de las mayores potencias son incapaces de reaccionar. Aparecen las plagas, se suceden asombrosas tormentas y surgen fenómenos para los que ni la religión ni la ciencia tienen respuesta.

Algunos personajes comienzan a desarrollar sorprendentes poderes, como levitar o lanzar rayos por los dedos y, como suele suceder en los momentos de crisis, incluso ha surgido un bebé milagroso capaz de marcar a aquellos manchados por la corrupción. “El Azar, el eterno principio oculto del universo, estaba uniendo fuerzas con la alegoría, el simbolismo, el surrealismo y el caos y haciéndose cargo de los asuntos humanos”, escribe Rushdie.

Y, efectivamente, ni ciencia ni religión tienen la respuesta: esto es literatura.

El genio de la botella

Es complicado enfrentarse a Dos años, ocho meses y veintiocho noches sin entender la figura del yinn o genio, presente en Las mil y una noches pero también en el Corán. “Son criaturas hechas de fuego sin humo”, capaces de conceder deseos a los mortales y de volar sobre urnas mágicas. Son seres “caprichosos, extravagantes y juguetones” y no todos saben diferenciar el Bien del Mal.

Rushdie presenta dos mundos separados por un velo: uno es el nuestro, el de los mortales, el mundo “inferior”. El otro es el de los yinn, llamado a veces Peristán o País de las Hadas. Por ellos se mueven distintos tipos de genios, algunos son malvados por naturaleza y disfrutan viniendo a nuestro mundo para poseer y torturar a los humanos. Otros son capaces de amar, de hablar con los hombres y algunos, solo los muy excepcionales, también saben escuchan y pueden aprender de nosotros, especialmente de los más sobresalientes.

Dos años… cuenta la historia de cómo una yinnia, llamada Dunia, también conocida como la Princesa Centella, bajó a nuestro mundo hace más de ochocientos años para caer enamorada de un mortal (Ibn Rushd/Averroes) y parir un número inimaginable de hijos fruto de ese amor. Y cómo volvió, siglos después, para reunir a su prole –los Rushd, nótese la similitud con el apellido Rushdie, luego volveremos a ello– y llevarlos hasta una guerra final que durará dos años, ocho meses y veintiocho noches, es decir, mil y una noches.

Dunia, “que podría haber sido la hermana de Sherezade”, no es sin embargo la cuentacuentos de estos relatos, sino algo más cercano a una diosa de la guerra y el amor (estamos ante un yinn inusual que aprendió a amar a la especie humana precisamente por nuestra capacidad de amar) y ante la matriarca de su propia tribu perdida, su pueblo elegido, un ejército de bastardos dotado de poderes asombrosos para la batalla y cuyos miembros comparten un rasgo físico característico: todos carecen de lóbulo en las orejas.

Frente a ellos, los partidarios del fanático Al-Gahzali están liderados por los llamados cuatro Grandes Ifrits. Solo hay que leer sus nombres para saber el tipo de horror que pueden desatar en el mundo: Zumurrud el Grande, el hechicero Zabardast, Ra’im Bebesangre y Rubí Resplandeciente. Les une su desprecio por los humanos y la sed de sangre.

Su objetivo es extender el miedo y la codicia entre los hombres, que “son las herramientas con que se puede controlar a esos insectos con una facilidad que casi da risa”, según reconoce Zumurrud, que durante un momento de la Historia fue el genio personal del Al-Ghazali. “El miedo empuja a los hombres hacia Dios”, oímos decir al filósofo, convertido en polvo, desde la tumba.

“El miedo era más fuerte que la ética, más fuerte que el discernimiento, más fuerte que la responsabilidad y que la civilización”, reflexiona el encantador jardinero Gerónimo, otro de los muchos personajes de Dos años, ocho meses y veintiocho noches. “El miedo era un fanático, un tirano, un cobarde, un enajenado y una puta”.

Filosofía con Mickey Mouse

La de Rushdie es una carta de amor a la filosofía y a la labor de los filósofos: la existencia de Dios, el papel de la ciencia, las tradiciones y sus tabúes, la distinción mente-cuerpo, la convivencia de dos mundos y el lugar del hombre en el universo son algunos de los temas que Ibn Rushd y su amada Dunia comparten en la cama tras disfrutar del sexo. ¿Qué hay después de un mundo post-ateista, de una sociedad que ha llegado a la conclusión de que su dios es una ficción, una manifestación de la irracionalidad destructiva del hombre?, se pregunta Rushdie en estas páginas. ¿Quizá tras ello nos espera otro relato capaz de contener de forma no conflictiva todos los relatos anteriores? ¿Cuál es el poder sobrenatural de las palabras y los números, qué tiene de mágico una cifra como 1.001?

Pero al mismo tiempo que Dos años, ocho meses y veintiocho noches apuesta por imitar las formas de los textos y leyendas sagradas, Rushdie también es consciente de que vivimos en una época marcada por los relatos fragmentarios y es asimismo un gran conocedor de la vastísima cultura popular generada durante el siglo XX. Y ésta no se reduce a viejas recopilaciones de relatos orales y manuales heredados de nuestros antepasados.

Como especie narradora que somos, los humanos no hacemos sino fabricar nuevos mitos y lo que le interesa al autor de Los versos satánicos es el potencial de las historias para hablar de nosotros, independientemente del formato elegido para contarlo, ya sea un manuscrito hallado, una serie de televisión o las viñetas de un cómic.

En este contexto, no parece tan importante que el general que surca los cielos con un relámpago entre los dedos se llame Dunia, Atenea, Shiva o Thor, el antiguo dios del trueno, que en la última reencarnación de Marvel, por cierto, es una mujer. De hecho, en este contexto en el que las viejas deidades comparten espacio con hombres-murciélago y capitanes superpatriotas, ¿qué diferencia hay entre los milagros y los superpoderes?

Rushdie incorpora y salpica su texto con gran parte de la cultura popular que arrastramos, algunas veces de manera sorprendente. Un ejemplo: a la hora de presentar al temible hechicero Zabardast, no puede ignorar algunos referentes modernos que todos manejamos y asegura que, durante mucho tiempo, al mago se le conoció por la imagen popular de barba larga, bastón y sombrero puntiagudo, de tal forma que “el brujo del que el ratón Mickey fue aprendiz, Gandalf el Gris y Zabardast se habrían reconocido como espíritus afines”.

Luego, prosigue Rushdie para terminar el giro, el malvado brujo se llegó a plantear copiar la imagen del actor de artes marciales Jet Li, aunque finalmente desistió. Para el ateo Rushdie, el dios de Adán y Eva y el supercomputador Skynet de Terminator conviven en el mismo plano elevado, sobre nuestras cabezas, en el cielo, atemorizando a los sufridos humanos.

Ciencia ficción y mil maravillas

Repleta de mil y una historias y de cientos de personajes que se superponen de forma endogámica y hasta incestuosa, Dos años, ocho meses y veintiocho noches se puede leer de muchas formas. Y una de ellas es, claro, a través de la literatura fantástica reciente que se ha ocupado de conflictos parecidos, desde los más épicos –American Gods de Neil Gaiman, que rescata del olvido a las viejas deidades erosionadas por el progreso y les pone a darse guantazos– a aquellos que se centran en la trascendencia de las ideas y en el valor de la cultura para definirnos, como la fabulosa Tiempos de arroz y sal, de Kim Stanley Robinson, que también recorre ocho siglos de historia alternativa a la oficial y que se plantea la más que interesante pregunta: ¿Y si toda Europa hubiera crecido bajo el influjo de los valores orientales, en lugar bajo el amparo de las ideas cristianas?

No es casual que el libro arranque con el grabado El sueño de la razón produce monstruos de Goya, que reza lo siguiente: “La fantasía abandonada de la razón, produce monstruos imposibles: unida con ella, es la madre de las artes y el origen de sus marabillas” [sic].

“Sin duda la ciencia ficción fue el punto de partida” de la novela, ha reconocido Rushdie al New York Times. “Cuando era un crío era un loco de la ciencia ficción. Fue también uno de mis primeros intereses como escritor, solo me ha tomado mi tiempo poder cerrar el círculo y volver al punto de partida”. Y ha sido también una reacción a su trabajo previo, Joseph Anton (2012), su libro de memorias. “Durante dos o tres años me volqué en contar la verdad, y para cuando terminé, estaba harto de ella: basta de verdad, hagamos algo diferente”.

Es normal que para Rushdie también estamos ante uno de sus libros más divertidos. Y que, por encima de moralejas y enseñanzas, el autor quiera que disfrutemos del viejo y maravilloso acto de la lectura, sin distinciones entre alta y baja cultura, consciente de que la literatura sagrada está en el ADN de toda gran ficción y de que las religiones se construyen alrededor de historias no muy distintas a las de los genios y las alfombras voladoras.

Y antes de acabar, volvamos a aquello de la similitud entre Rushd y Rushdie y al juego de espejos entre realidad y ficción. “Conozco a Rushdie desde hace muchos años, antes de la fatwa, pero no consigo recordar si tiene lóbulos en las orejas. Si es el caso, los paralelismos están claros”, reconocía la escritora Ursula K. Le Guin en su reseña para The Guardian, para quien “este libro es una fantasía, un cuento de hadas y una seria y brillante reflexión sobre las decisiones y sufrimientos en nuestra vida, en este mundo”.

Rushdie ha tenido que explicarse al respecto, y con ello ha hecho una sorprendente revelación: que su abuelo no era un Rushdie. Que fue su padre el que cambió el apellido familiar, el que se lo inventó, literalmente, debido a su pasión por el filósofo Ibn Rushd. El hoy novelista no hizo sino contagiarse de ese amor hacia el filósofo y sus ideas y mantener el apellido. Cansado de su biografía y de tanta verdad, hemos de suponer que ha optado por imaginar su propia genealogía, que se remonta a los tiempos ancestrales en que una diosa bajó del cielo y se enamoró de un mortal.

La tauromaquia se paga 10.000 euros mejor que la literatura

torosLas desigualdades en los Premios Nacionales de Cultura no han sido corregidas. El sector del libro es el peor parado. El BOE publicó este martes la cuarta convocatoria del Premio de Tauromaquia dotado con 30.000 euros. Los de poesía, poesía joven, traducción, narrativa, mejor traducción, literatura infantil y juvenil, cómic, literatura dramática, ilustración, historia de España y ensayo valen 10.000 euros menos. 

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El BOE publicó este martes la cuarta convocatoria del Premio Nacional de Tauromaquia dotado con 30.000 euros. Los de poesía, poesía joven, traducción, narrativa, mejor traducción, literatura infantil y juvenil, cómic, literatura dramática, ilustración, historia de España y ensayo valen 10.000 euros menos

Días antes de celebrarse las Elecciones Generales de 2011 que retiraron a José Rodríguez Zapatero de la presidencia del Gobierno y auparon a Mariano Rajoy en el cargo, la Ministra de Cultura Ángeles González-Sinde creaba el Premio Nacional de Tauromaquia, dotado con 30.000 euros para el galardonado. Cuatro años después, el reconocimiento se mantiene tal cual, como las otras 30 categorías, presididas siempre por un Jurado independiente que otorga cada galardón anualmente.

El BOE publicó ayer la cuarta convocatoria del Premio de Tauromaquia “destinado a reconocer la labor meritoria de una persona, entidad o institución durante la temporada española de 2015”. En casos excepcionales también podría otorgarse al reconocimiento de una trayectoria profesional, pero siempre estará dotado con 30.000 euros.

Las desigualdades en la concesión económica no han sido corregidas en estos cuatro años. El sector del libro sale perdiendo con el resto de categorías sin una explicación clara. Poesía, poesía joven, traducción, narrativa, mejor traducción, literatura infantil y juvenil, cómic, literatura dramática, ilustración, historia de España y ensayo están reconocidas con 10.000 euros menos que el de Tauromaquia. Junto a éste, el de artes escénicas para la infancia y la juventud, la danza (intérprete y coreografía), el circo, las músicas actuales, teatro, moda, televisión y cinematografía, artes plásticas y restauración reciben 30.000 euros. De hecho, el dedicado a la mejor labor editorial así como el fomento de la lectura no están remuneradas.

Tal y como reconoce a este periódico la Secretaría de Estado de Cultura, “los Premios Nacionales no son una materia en la que nos hayamos centrado en esta legislatura”. “Tampoco se ha entrado a debatir si hay muchos o pocos premios. Las desigualdades en las cuantías de las concesiones son desigualdades heredadas”, reconocen desde la institución que dirige José María Lassalle.

Sin criterio 

Preguntados por el criterio que fija la cuantía en cada una de las modalidades, desde el Ministerio aseguran que no hay una directriz que los organice y los iguale, sino que cada Dirección General pone los precios que considera. En este sentido, la del Libro, administrada por José Pascual Marco, es la peor parada de todas las áreas. “La cuantía del premio no está vinculada a la importancia del mismo”, indican desde Cultura.

Ignacio Martínez de Pisón, recién señalado como Premio Nacional de Narrativa por su novela La buena reputación (Seix Barral), y Luis Alberto de Cuenca, Premio Nacional de Poesía por Cuaderno de Vacaciones (Visor), declinan comentar esta circunstancia. Curiosamente, éste último tampoco corrigió las desigualdades durante su mandato como Secretario de Estado de Cultura, entre 2000 y 2004. De hecho, las categorías literarias estaban dotadas entonces con 15.025 euros, justo la mitad que las otorgadas por el INAEM, como el Premio Nacional de Teatro (30.50 euros).

Euskera: marca España de cine

loreak2-1‘Loreak’, de Jose Mari Goenaga y Jon Garaño, representará a este país en los Premios de la Academia de Hollywood. Es la primera vez que se selecciona una película rodada en euskera

loreak2-1Por primera vez, España es candidata a la selección de la Mejor Película de Habla no Inglesa en los Oscar, con una película en euskera. Loreak, de José Mari Goenaga y Jon Garaño, ha sido seleccionada por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. “Estamos muy orgullosos de hacer viajar el euskera hasta Hollywood. Es algo único y muy bonito. Si el idioma está en la calle, en los comercios, en las escuelas, en la vida en general, tiene que estar en el cine también”, dice Jon Garaño.

Con Loreak, la Academia vuelve a poner el plurilingüismo español en la ruta de los Oscar, después de que en 2011 fuera seleccionada la catalana Pa Negre, de Agustí Villaronga. “Es un paso muy importante. El reconocimiento de los académicos a películas con idiomas minoritarios es fundamental para fomentar su producción”, añade Joxe Portela, presidente de la Asociación de Productoras Audiovisuales Independientes del País Vasco (IBAI).

El año pasado se han rodado cinco películas en euskera, entre ficción, documental y animación. “Es más o menos la media y, de ellas, dos suelen ser totalmente en euskera”, explica el director. Un número satisfactorio, en la perspectiva de Garaño: “Me parece que está muy bien. El euskera tiene un público reducido, un mercado pequeño, y no podemos pretender hacer 20 películas al año”. El presidente de la IBAI está de acuerdo: “No podemos perder de vista que el euskera lo habla muy poca gente. ¿Hay público para más? Pues no lo sé, yo estaría satisfecho con que se siguieran produciendo estas dos películas al año”.

Loreak llevó al cine a 44.471 espectadores, lejos aún de la media de asistentes del cine español de los últimos 10 años, que ronda los 105.000. “Hay que ver cómo va evolucionando el público y si demanda más producciones”, cuenta Portela. Por ahora, la producción en euskera depende de la colaboración de la ETB, la televisión pública vasca. “Tenemos un convenio firmado con ellos por el que apoyan dos películas de ficción al año, rodadas totalmente en euskera. En los últimos años, de los 5 millones de euros anuales que destinan al apoyo a la producción, más o menos 1,5 millones son para estas dos ficciones”, añade.

Sin estrategia para Hollywood

Los dos esperan que la selección de Loreak promocione el cine que se hace en euskera. “Se trata de poner el foco, porque el cine es cuestión de modas también. Que se hable de nosotros puede ayudar a promocionar otras producciones, muy buenas, que se vienen haciendo hace años”, dice Garaño.

La estrategia para Hollywood aún no está trazada. “No lo hemos cerrado aún con nuestro productor, pero intentaremos conseguir apoyos institucionales y patrocinios privados. Somos conscientes de que tenemos que movernos mucho para conseguir que los académicos vean la película y la voten”, cuenta el director. En sus primeras incursiones en el mercado americano, Loreak ganó el premio a la mejor película latina en el festival de Palm Springs y consiguió buenas críticas en los medios. “Pecamos siempre de pesimistas, pero creo que tenemos razones para la esperanza.”

Loreak es una película sencilla e intimista, que cuenta la historia de Ane, una mujer que cada día recibe una ramo de flores de manera anónima y cuya vida da un giro cuando los envíos paran y ella se adentra en la vida de su admirador. ¿Puede ésta ser una historia de Oscar? “Hemos tenido una muy buena acogida en este mercado y además, en los últimos años, hay una tendencia en las películas de habla no inglesa, para premiar al cine de autor, historias más intimistas, lejos de la corriente comercial. Y Loreak encaja en esta definición”, concluye.

Teatro de la Zarzuela de Madrid: más cerca del orden

Daniel Bianco, escenógrafo, sustituirá a Paolo Pinamonti los próximos 5 años como director del coliseo y anuncia renovación en los libretos y la estética

 

Zarzuela
Daniel Bianco este lunes en la Secretaría de Estado de Cultura. / Alberto Nevado

Daniel Bianco será el nuevo director del Teatro de la Zarzuela de Madrid a partir del 1 de noviembre por un periodo de cinco años. Su nombre ha sido el elegido por el INAEM para llevar las riendas del teatro lírico madrileño después de que Paolo Pinamonti, su predecesor, anunciase el pasado abril que dejaba el cargo para dirigir el San Carlo de Nápoles. Pinamonti ha lidiado con un teatro “complejo”, en palabras de la propia directora general del INAEM, Montserrat Iglesias. Una adecuada gestión y modernización del repertorio y un talante trabajador y cercano han evitado los problemas en una casa que vio su Estatuto aprobado en febrero de 2011, pero que no siempre es un remanso de paz.

Detrás de la calma chicha de La Zarzuela hay un teatro sin orquesta propia -la titular es la de la Comunidad de Madrid- y con un cuerpo artístico propio, el coro, que ha dado quebraderos de cabeza a más de un director de escena y de orquesta.

“Conozco muchísimo al Coro, he trabajado mucho con ellos. No creas que los colectivos cambian tanto de un teatro a otro”, matiza Bianco preguntado por las claves de su gestión de puertas para adentro. “Cuando trabajé en el Festival de Salzburgo, las horas extras eran de 4 AM a 7 AM. Esto es impensable: aquí los conjuntos acaban a las 12 de la noche y los extranjeros no logran entender que aquí se coma a las 3 de la tarde. Cambian las escenografías, pero los colectivos tienen, más o menos, el mismo conflicto en todas partes”.

Sin mentiras

Aunque, recién llegado, Bianco no quiere hablar de problemas: “Puedo decirte que, artísticamente, es un coro estupendo, con voluntad de trabajo, por lo menos en las obras en que yo he participado. Los problemas que pueda tener el colectivo los iré resolviendo de la mejor manera posible. Yo intento hacer en teatro lo que me gustaría que me hicieran a mí. No me gusta que me mientan, ni que me mareen”.

Una fuente consultada por EL ESPAÑOL recordaba cómo durante los ensayos de Hangman! Hangman!, una ópera de Leonardo Balada estrenada en La Zarzuela en 2007 -por entonces el director artístico de la casa era Luis Olmos-, el coro se negó a cantar una respuesta rítmica al entender que no era parte de sus atribuiciones y lo consideraban trabajo de figurantes. De nada sirvió que el propio compositor les rogara que lo hicieran. Al final, hubo que contratar para esa pieza a un grupo adicional de actores que cantaran.

Otra fuente recuerda episodios en los que un estreno estuvo a punto de pararse porque al coro se le pedía incorporar un pequeño movimiento escénico, algo que los trabajadores consideraban entrar en el terreno de la coreografía. Esta fuente explica que el coro no acude a la sala de ensayos que el teatro tiene en el barrio de Chamberí, al haber pedido que se habilitara un autobús u otro transporte para el desplazamiento, una petición inviable para el teatro. En su lugar, ensayan directamente en escenario, pero sólo la parte vocal, sin trabajar el movimiento escénico. “La situación con los técnicos y el coro es bastante más complicada que en otros teatros nacionales”, explica.

Otro ejemplo: cuando llega el momento de hacer las pruebas de vestuario, lo habitual es ir a visitar los talleres de Cornejo, el afamado sastre que desde hace décadas trabaja para teatros y estudios de cine y televisión. Sin embargo, los miembros del coro exigen que la visita cuente como horas de trabajo.

Una de las fuentes del mundo teatral consultadas cita como “no adecuada” la gestión del trabajo que se llevaba a cabo en el teatro de la calle Jovellanos. Algo que los sucesivos directores del INAEM no han acertado a encauzar, desde que en 1996 el coro le montase una huelga a la ministra Esperanza Aguirre, con Emilio Sagi como director de La Zarzuela. Después de Sagi, Javier Casal (2000-2003), José Antonio Campos (2003-2004, por segunda vez, pues ya había dirigido el teatro antes), Luis Olmos (2004-2011) y Paolo Pinamonti (2011-2015) han precedido en las dos últimas décadas a Bianco.

El otro punto histórico de fricciones es la relación con la Orquesta de la Comunidad de Madrid. “No es de la casa, pero sí es de la casa”, explica el director. “No creo que tenga problemas”. Y cita cómo en el Arriaga de Bilbao no contaba con coro profesional, sino que debía contratar corales, algo que sólo era posible de 8 PM en adelante. Bianco mira adelante: “Hay que adaptarse”.

Escena de La gran duquesa de Gérolstein, producción de la temporada 2014/15. / Teatro de La Zarzuela

Su programa

Los principales puntos del programa presentado por Bianco incluyen programar, recuperar, conservar y difundir el repertorio lírico español, difundir la zarzuela “promoviendo coproducciones y alquileres de producciones propias del Teatro, dentro y fuera de España” y reforzar el objetivo del departamento de actividades pedagógicas para llegar a nuevos públicos. Fomentar la participación de jóvenes profesionales españoles y desarrollar un plan de patrocinio son parte de los puntos presentados por el director.

Llama la atención otro escueto apartado: “Garantizar la distribución óptima de los recursos humanos para asegurar la viabilidad del Teatro”.

“Es un día muy importante para mí”, reconoció el escenógrafo, que se definió como “un hombre de teatro”. Nacido en Buenos Aires en 1958, Bianco lleva en España desde 1983. Estudió Bellas Artes en la Escuela Superior de la Nación Ernesto de la Cárcova en Argentina con especialidad en Escenografía de Teatro y Cine. En Madrid comenzó a trabajar como ayudante de escenografía y vestuario en diversas producciones de Ópera y Teatro. Ha sido coordinador artístico (1986-1989) y director técnico (1989-1991) del Teatro María Guerrero (Centro Dramático Nacional), del Teatre Lliure de Barcelona (1993), y de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (2001-2002) y, hasta 2007, del Teatro Real de Madrid. Pinamonti acompañará a Bianco hasta su incorporación para facilitar la transición.

El escenógrafo aseguró que quiere “seducir a todas las franjas posibles de espectadores”, para hacer “comprensible, asequible y atractivo en el siglo XXI el género lírico”

“La zarzuela no se puede quedar estancada. Hay que abrir compuertas”, explica. El escenógrafo asegura que quiere “seducir a todas las franjas posibles de espectadores”, para hacer “comprensible, asequible y atractivo en el siglo XXI el género lírico español, con una vocación absoluta de contemporaneidad”.

Sobre un posible reacción del sector más tradicionalista del público, el nuevo director responde: “Si hay que levantar ampollas, no pasa nada. Pero no es ése mi objetivo. Es la música la que manda”. Los nuevos aires, matiza, afectarán a libretos y a escenografías.

Bianco no descarta -está en su proyecto- plantear un concurso para una nueva obra escénica musical. De igual forma, le gustaría crear escenografías, su especialidad, para algún montaje, aunque, al contrario que directores anteriores, él no dirigirá ningún título.

Luis Alberto de Cuenca: “Mas debería leer a Ramón Llull para comportarse como un verdadero caballero”

ESPA—A UIMP. VELADAS POETICAS:CUL24. SANTANDER, 01/09/11.- El poeta, filÛlogo, traductor y ensayista, Luis Alberto de Cuenca quien se encargar· de cerrar la dÈcima ediciÛn del ciclo; "Veladas PoÈticas ", que organiza la Universidad Internacional MenÈndez Pelayo en Santander. EFE/Esteban Cobo.

Foto:  Esteban Cobo/EFE

ESPAÑA UIMP. VELADAS POETICAS:CUL24. SANTANDER, 01/09/11.- El poeta, filólogo, traductor y ensayista, Luis Alberto de Cuenca quien se encargará de cerrar la décima edición del ciclo; "Veladas Poéticas ", que organiza la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Santander. EFE/Esteban Cobo.
Esteban Cobo/EFE

Luis Alberto de Cuenca (Lora del Río, Sevilla, 1950) lo ha hecho todo. Filólogo convertido en político, poeta con ropa de editor y traductor, humanista con plaza en la Real Academia de la Historia, ha controlado los impulsos culturales del país desde la Secretaría de Estado de Cultura con José María Aznar como presidente (entre 2000 y 2004), después de haber dirigido la Biblioteca Nacional (de 1996 a 2000). Entre todos los oropeles que adornaban su trayectoria como poeta faltaba el Premio Nacional de Poesía, que acaba de recibir gracias a su poemario Cuaderno de vacaciones (Visor). El jurado señala que “constituye una de las aportaciones poéticas de mayor motivación existencia y simbólica en la historia de la lírica reciente en España”.

Es un libro lleno de tembleques, que se agita ante la muerte y la vejez, que ríe con cada amanecer después de haber derrotado a la muerte. De Cuenca tiende a la alegría, a restar gravedad a lo grave sin caer en lo trivial. A pesar de su título, es un libro tragicómico, en el que el autor vibra sobre sus contradicciones -las nuestras-, sin renunciar a la máquina de picadillo pop que ha caracterizado su última poesía, capaz de mezclar la cuenta del supermercado con el pintor de Quattrocento Piero Della Francesca.

El tribunal del Premio habla de la excelencia de su estilo, de la autenticidad de su voz y de la fuerza emocional. Él dice que es un canto a la vacación, a la relajación, un punto de fuga de lo que asedia, una oportunidad para lo que no preocupa. Que por escrito las fobias pierden calibre, que en el papel las amenazas asustan poco. “El hombre es el único animal capaz de reírse y estos poemas tienen algo de sonrisa, de esperanza y desesperanza. La poesía tiene también algo de autoayuda. Puede tener un efecto terapéutico, la poesiterapia”, cuenta a este periódico, sin olvidarse de la otra, la que sume en la desesperación más absoluta. Reconoce adoración por Ángel González y Pepe Hierro.

P. No produce, no es rentable, trata de saltarse las reglas, ¿la poesía es antisistema?

R. No, porque forma parte del sistema de lo humano desde la época sumeria. Lo antisistémico es muy aburrido, porque es delirante pensar que se puede uno sustraer al sistema. Todo lo crea el sistema y es imposible sustraerse a él.

P. Pero se le supone un ánimo crítico.

R. La poesía siempre es crítica, la mía también. No poesía social como la de los años cincuenta y sesenta. La poesía no derriba gobiernos. Pero la actitud del poeta siempre es crítica por su inteligencia. La poesía que yo he elegido es la de la comunicación, la que trata de llegar a un público que no lee poesía. Hay lectores de poesía en potencia en un número mayor de lo que pensamos, me los encuentro en los centros de Educación Secundaria a los que voy a recitar. No hay mediadores que difundan nuestro mensaje. A Pepe Hierro se le podría recitar en un estadio de fútbol.

P. ¿Mejor comunicar que presumir?

R. Uno si tiene la facultad de hacer una poesía comunicativa y fácil y directa.

P. Pero antes, cuando era joven, su obra no era así.

R. Cuando uno es joven todo está enmarañado y lioso y eso es un deslumbramiento tan grande que uno no puede dar títere con cabeza. Creo que en esa maraña del principio está toda mi poesía más reciente.

P. ¿Leer a Tintín le hace a uno estar en contacto con la calle?

R. Tintín es un caso de literatura secuenciada, cómic, absolutamente elitista, que ha llegado a todos los rincones gracias a la línea clara de Hergé. Hergé es uno de los grandes artistas plásticos del XX.

P. ¿Los poetas de España en 2015 son diferentes, el contexto hace al poeta?

R. Los poetas de 2015 son distintos, pero la actitud ante la relación con el mundo es la mismo: el mensaje poético. El mensaje poético es la cursiva de la realidad. Debe insistir en lo que la gente no percibe.

P. ¿Y eso de la “poesía útil”, qué es?

R. Siempre he defendido ese concepto que pretende que la poesía mejore a los lectores. La poesía puede ser muy útil.

P. ¿Podría librarnos de los corruptos?

R. Eso es difícil. De los corruptos no nos librará nadie, porque el hombre incurre por naturaleza en la corrupción. El buenismo ha intentado hacernos creer en el buen salvaje, pero el hombre es proclive a la corrupción. En todos los países hay listillos que quieren forrarse a costa de los demás. No es un fenómeno típicamente español, pero hay que arbitrar las leyes necesarias para detenerles.

P. Usted que ha estado cerca de todos, ¿qué presidente le ha parecido que ha apoyado más a la cultura?

R. José María Aznar. Soy un enamorado, porque intentó hacer algo por la cultura. Por ejemplo, apoyó mucho a la Academia del Cine, pero no hay ninguna placa en la sede Zurbano que lo recuerde. Acepté entrar en política porque en ese momento me divertía probar otra parcela de actuación. Me dediqué con todos mis sentidos a la tarea. Si no hubieran sido años de bonanza me lo habría pensado…

P. ¿Qué poesía le regalaría a Artur Mas?

R. Le regalaría el Libro de la orden de caballería, de Ramón Llull. Un manual fabuloso sobre cómo debe comportarse un caballero, que he traducido al castellano. Para ver si así aprende a comportarse como un verdadero caballero.

P. ¿Y a Mariano Rajoy?

R. Cualquier libro relacionado con el ciclismo, que es lo que más le gusta a Mariano.

P. ¿A Mas le alecciona y a Rajoy le perdona?

R. Es que le tengo mucho cariño y lo que quiero es complacerle.

P. Y en la Academia de la Historia, ¿es más poeta que político?

R. En la Academia soy un historiador de la literatura y filólogo de lenguas clásicas. Soy un fanático de la literatura universal, sé de todas un poco y nada de una en particular. Humanismo contra la hiperespecialización.

P. Su editor habrá mandado una reimpresión de Cuaderno de vacaciones hoy mismo, ¿cree como él que la poesía femenina no es comparable con la masculina?

R. Me gustan mucho las poetas. Amalia Batista y Almudena Guzmán están entre las mejores y comparables con los poetas masculinos. La poesía femenina es mucho más atractiva que lo que le parece a Jesús, mi editor.

P. ¿Es un lugar machista la poesía?

R. ¡En absoluto! Pero si se la inventó Safo. La auténtica lírica nace en Grecia fruto de una mujer. La poesía no entiende de sexos.