Sánchez afianza su control del PSOE con la victoria en primarias de su candidata en Madrid

Sara Hernández

Sara Hernández, alcaldesa de Getafe y candidata preferida por la dirección del PSOE, será la nueva líder del partido en Madrid tras imponerse al diputado regional Juan Segovia. Con la victoria de Hernández, Sánchez afianza su ascendencia sobre la siempre convulsa federación madrileña de donde él mismo procede. Hernández, abogada de 38 años, lleva 13 militando en el PSOE y ha trabajado como cajera de supermercado y taquillera, según ha dicho en varias ocasiones.

Sara Hernández, alcaldesa de Getafe y candidata preferida por la dirección del PSOE, será la nueva líder del partido en Madrid tras imponerse al diputado regional Juan Segovia. Hernández logró el 57% de los votos frente al 42% de su rival en unas elecciones con baja participación. A partir de la semana que viene tomará las riendas del PSM de manos de la gestora que sucedió a Tomás Gómez, fulminado por Sánchez antes de las elecciones municipales y autonómicas.

Con la victoria de Hernández, Sánchez afianza su ascendencia sobre la siempre convulsa federación madrileña de donde él mismo procede. El líder del PSOE cumplió este domingo un año al frente del partido y vive su momento más dulce. Tras meses de dudas sobre su liderazgo y coqueteos de Susana Díaz con la idea de un salto a la política nacional, Sánchez se ha consolidado al frente de la organización y repunta en las encuestas. El partido ha recuperado altas cotas de poder institucional en ayuntamientos y comunidades, gracias a pactos que dejan en un segundo plano una histórica caída en votos.

Es la primera vez que el PSM elige a su líder a través de primarias, mecanismo utilizado habitualmente para decidir los candidatos a cargos institucionales. Hernández, abogada de 38 años, lleva 13 militando en el PSOE y también ha trabajado como cajera de supermercado y taquillera, según ha dicho en varias ocasiones.

Paz provisional

La victoria de Hernández es clara, pero no definitiva. Hace semanas, nadie tenía en su agenda unas primarias. Su convocatoria, antes de las elecciones generales, fue interpretada por muchos como un intento de Sánchez de afianzar el control de una federación que siempre ha sido un polvorín.

Sin embargo, a principios de 2016 deberá celebrarse otro congreso del PSM, esta vez ordinario, en el que deberá renovarse la dirección. La victoria de Hernández es sólo provisional.

Sólo un 43% del censo socialista madrileño participó en la elección de su líder: 6.571 de los 15.000 militantes de la federación. La abstención fue alta en agrupaciones del centro de Madrid con un gran número de militantes. La fecha, en el ecuador del verano, y la percepción en algunos sectores de que las primarias eran una operación de Ferraz son argumentos esgrimidos por los críticos con la dirección nacional.

Segovia, que llamó a Hernández “candidata oficial” en todo momento, ha recibido muchos apoyos de los cercanos a Tomás Gómez, el líder del PSM desde 2007 y hasta febrero. Aunque ambos crecieron a la sombra de Gómez, Hernández se ha ido distanciando de él. Cuando fue depuesto, no dudó en integrarse en la gestora dirigida por Rafael Simancas.

Durante la campaña para estas primarias, Segovia recibió el aval de Felipe González y el apoyo de José Luis Rodríguez Zapatero, Javier Solana y Eduardo Madina, candidato este último vencido por Sánchez en la pugna por el control del PSOE. En otras palabras: aunque la derrota fue clara, los apoyos fueron significativos y podrían servir como base para construir una nueva candidatura en el futuro.

La asignatura pendiente de la integración

En la noche del domingo, Segovia compareció junto a la ganadora y aseguró que Hernández tiene el apoyo del “100% de compañeros”. La nueva secretaria general le ofreció, por su parte, integrarse en la nueva ejecutiva regional. En realidad, no había grandes diferencias entre ambas candidaturas.

Los dos prometieron en campaña un tiempo nuevo y una apertura a la sociedad, pero las discrepancias se limitaron fundamentalmente a los cauces de una mayor participación de las bases en las decisiones del partido.

Que Hernández logre ahora integrar a su rival será clave a la hora de cerrar las heridas de un partido, que ambos candidatos asumen como alejado de los ciudadanos y mermado por la pujanza de Podemos.

A diferencia de Segovia, Hernández no es diputada regional y por lo tanto no podrá consolidarse como la alternativa visible a Cristina Cifuentes en los debates parlamentarios. El portavoz es el exministro Ángel Gabilondo, un independiente cuyo futuro en la asamblea es una incógnita.

Por si fuera poco, Hernández gobierna Getafe, una de las ciudades más grandes de la región (con 173.000 habitantes), en minoría y gracias a un pacto de investidura con Ahora Getafe, candidatura apoyada por Podemos, e Izquierda Unida. A partir de ahora, tendrá que compatibilizar ambos cargos.

Las frágiles mayorías de Cifuentes y Carmena

El tablero político madrileño podría verse sacudido en cualquier momento, brindando una primera prueba a la nueva dirección. En la Asamblea de Madrid, Cifuentes gobierna en solitario y sus escaños, junto a los de Ciudadanos, sólo aventajan en uno a la suma de PSOE y Podemos.

La presidenta regional afronta un cataclismo interno por la posible imputación de al menos dos de sus diputados, Bartolomé González y Jaime González Taboada, como adelantó en exclusiva EL ESPAÑOL al revelar el testimonio de un actor clave en la trama Púnica.

En el Ayuntamiento de la capital, escándalos como el de los tuits de varios concejales o la web Versión Original dan alas a los que auguran que Manuela Carmena podría tener que enfrentarse a una moción de censura tarde o temprano. El papel del PSOE, tercera fuerza en el consistorio bajo el liderazgo de Antonio Miguel Carmona, sería en ese caso decisivo.

Foto: PSOE Getafe/Twitter

Los diputados involucrados por Marjaliza en Púnica se desvinculan de sus acusaciones

Los tres diputados de la Asamblea de Madrid, Jaime González Taboada, Bartolomé González y Eva Borox, presuntamente implicados en la Operación Púnica se desvinculan radicalmente de las acusaciones que ha vertido sobre ellos el empresario David Marjaliza, uno de los cerebros de la trama junto con el político del partido Popular Francisco Granados.

Los tres diputados de la Asamblea de Madrid presuntamente implicados en la Operación Púnica se desvinculan radicalmente de las acusaciones que ha vertido sobre ellos el empresario David Marjaliza, uno de los cerebros de la trama junto con el político Francisco Granados. Los dos cargos electos del equipo de Cristina Cifuentes, el consejero Jaime González Taboada y el diputado Bartolomé González, niegan cualquier colaboración con el empresario acusado. La ‘número tres’ de Ciudadanos en Madrid, Eva Borox, que fue concejal del PSOE en Valdemoro, también niega cualquier colaboración con una trama que estalló, precisamente, en este municipio madrileño.

El consejero de Medio Ambiente, Administración Local y Ordenación del Territorio se desvincula tanto de los hechos que hasta niega conocer a Marjaliza. “No conozco de nada a este señor”, ha reconocido en un acto público. Tanto Taboada como González están estudiando poner una demanda al empresario de Valdemoro por sus declaraciones. El ex alcalde de Alcalá de Henares, hoy diputado electo, asevera que “nunca” ha firmado un contrato con “ninguna de las empresas implicadas en la trama” y también se plantea demandar a Marjaliza por implicarlo en una trama de corrupción que salpica ya a casi un centenar de implicados.

Pese a que los diputados presuntamente implicados intentan calmar las aguas, parte de la bancada azul y naranja de la Asamblea de Madrid se muestran “conmocionados” con la noticia. Fuentes internas del PP madrileño reconocen en privado a EL ESPAÑOL que “el gran lastre de este partido es la corrupción que, por mucho que se niegue, se entiende que se ha institucionalizado. No vale con desmentirlo. Hay que tomar medidas radicales”. El portavoz adjunto de Ciudadanos en Madrid, Pedro Núñez Morgades, tampoco niega su “preocupación” por las duras acusaciones que Marjaliza volcó ante el juez contra su compañera de partido. Si se confirma su testimonio, se compromete a pedir el acta de la diputada Eva Borox.

La afectada iba a hacer unas declaraciones a lo largo de la mañana de este viernes desde Valdemoro, donde reside, pero finalmente su marido Raúl del Olmo, también implicado en las acusaciones del empresario, la ha excusado afirmando que “está muy afectada por la noticia”. Compañeros de filas de Borox reconocen, en privado, que se ha limitado a negar los hechos pero sin dar demasiadas explicaciones.

José Manuel López, portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid, declaró a primera hora de esta mañana a este diario que, “si se confirma esta declaración, estamos ante una situación muy comprometida, tanto para el PP como para Ciudadanos”. Para el representante de Pablo Iglesias en la Comunidad, “Marjaliza es el Bárcenas de la Púnica”. Además, critica que Cifuentes diga que “el PP que ella gobierna es el nuevo PP, cuando la realidad que vemos es que la trama Púnica afecta a muchos municipios y va a acabar salpicando a su propio Gobierno”.

Las acusaciones de Marjaliza

Según adelantó este viernes EL ESPAÑOL, Marjaliza implica a González Taboada en un “reparto” de las obras de infraestructura financiadas por la empresa pública madrileña Arpegio dentro del Plan Regional de Inversiones y Servicios de Madrid (Prisma). Este proyecto, dotado con cientos de millones para la realización de infraestructuras en municipios madrileños, era planificado por Taboada como director general de Cooperación con la Administración Local. Granados, consejero de Presidencia desde 2004, ostentaba la presidencia de Arpegio.

El diputado Bartolomé González, ex alcalde de Alcalá de Henares, ha sido mencionado por Marjaliza en sus declaraciones judiciales en relación a la supuesta actividad ilegal de la mercantil Cofely España de pago de comisiones a alcaldes y concejales a cambio de la adjudicación de contratos de eficiencia energética.

En su larga comparecencia ante Eloy Velasco, el empresario implicó a la ex concejal del PSOE de Valdemoro y actual diputada autonómica por Ciudadanos Eva Borox y a su marido, Raúl del Olmo, también integrado en el partido de Albert Rivera.
El empresario manifestó que entregó a Borox 30.000 euros como parte de una estrategia clientelista, para tenerla a favor de Francisco Granados. También dijo que compró al marido de Borox un décimo de la Lotería propiedad de Olmo y que había resultado premiado con 100.000 euros. Marjaliza afirmó que le dio por él 120.000 euros que quería ‘blanquear’.

Marjaliza involucra en Púnica a dos aforados de las filas de Cifuentes y uno de Ciudadanos

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Cristina Cifuentes (PP) tendrá que afrontar los efectos de la operación Púnica entre sus filas. David Marjaliza, pieza central en el entramado de corrupción que investiga la Audiencia Nacional, ha involucrado a Jaime González Taboada, Bartolomé González y Eva Borox. El primero es consejero de Administración Local, el segundo es diputado popular y la tercera es parlamentaria de Ciudadanos, el partido que aupó a Cifuentes al poder.

En la imagen, González Taboada, el día de su toma de posesión. Cifuentes, al fondo.

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González Taboada el día de su toma de posesión. Cifuentes, al fondo.

David Marjaliza, que permanece en prisión desde que salió a la luz la operación Púnica el pasado octubre, ha relatado al juez instructor Eloy Velasco el modo de actuar y las personas supuestamente implicadas en una red de corrupción extendida por numerosos municipios madrileños y en la propia Comunidad, dedicada a lucrarse con actuaciones urbanísticas y contratos públicos amañados.

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Granados y Marjaliza / Foto: Interviú

La decisión de confesar los hechos y colaborar con la Justicia tomada por Marjaliza ha supuesto una ampliación de la ‘nómina’ de políticos del Gobierno regional involucrados en la trama. A los nombres de los ex consejeros de Esperanza Aguirre Francisco Granados -también en prisión desde hace casi nueve meses- , Salvador Victoria y Lucía Figar se une ahora el de Jaime González Taboada, ex director general de Cooperación con la Administración Local, número 3 de la lista de Cifuentes en las elecciones del pasado junio y nombrado por la nueva presidenta de Madrid consejero de Medio Ambiente, Administración Local y Ordenación del Territorio.

Junto a González Taboada, Marjaliza ha mencionado a dos actuales diputados autonómicos: Bartolomé González, número 11 de la candidatura del PP, y Eva Borox, número 3 de la lista de Ciudadanos, la formación que prestó sus 17 escaños a Cifuentes para lograr el Gobierno regional.

Aforados

Los tres nuevos afectados por la operación Púnica tienen fuero ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, único competente para imputarles. Fuentes de la investigación señalan que las manifestaciones de Marjaliza se están comprobando porque “no podemos enviar las actuaciones al TSJM con la sola declaración de un coimputado”.

Cristina Cifuentes afirmó el 10 de junio que “hay un compromiso de todos los diputados del PP” de dejar el acta si son imputados por corrupción. “No va a haber diputados imputados pertenecientes al Grupo Popular”, aseveró. De confirmarse, la implicación de González Taboada en la operación Púnica puede tener, por tanto, consecuencias en la composición del Gobierno regional y del grupo del PP en la Asamblea. Pero si Jaime González Taboada o Bartolomé González decidieran conservar el acta y pasar el grupo mixto, Cifuentes perdería la mayoría absoluta, que tiene por un solo escaño.

La confesión de Marjaliza puede ser una bomba política de efecto retardado. Los investigadores aseguran que el empresario, muy afectado por su situación de encarcelamiento, “no se dedicó a especular” ante el juez de la Audiencia Nacional sino que realizó una declaración “muy trabajada, muy reflexionada”. A cambio ha pactado con la Fiscalía Anticorrupción una sustancial rebaja de la pena que fuentes jurídicas sitúan en torno a los 5 años de prisión. Una disminución muy cualificada si se tiene en cuenta el catálogo de imputaciones provisionales que pesan sobre él: delitos fiscales, blanqueo de capitales, falsedad documental, tráfico de influencias, organización criminal, cohecho, malversación, prevaricación, fraude.

Las fuentes citadas indicaron que Marjaliza ha implicado a González Taboada en un “reparto” de las obras de infraestructura financiadas por la empresa pública madrileña Arpegio dentro del Plan Regional de Inversiones y Servicios de Madrid (Prisma). Este proyecto, dotado con cientos de millones para la realización de infraestructuras en municipios madrileños, era planificado por Taboada como director general de Cooperación con la Administración Local. Granados, consejero de Presidencia desde 2004, ostentaba la presidencia de Arpegio.

Según David Marjaliza, las obras programadas se repartían en tres lotes y sus adjudicaciones eran amañadas para obtener comisiones ilícitas. Un lote iba para determinados funcionarios, otro para Taboada y el tercero para él y Granados. El ‘modus operandi’ consistía en la apertura irregular de las plicas para conocer el orden de valoración de las empresas que acudían a la licitación. La empresa que, tras ser contactada, aceptaba pagar comisiones era situada en primer lugar aunque su oferta no fuera la más ventajosa para la Administración y a ella se adjudicaba la obra en cuestión.

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Bartolomé González y Esperanza Aguirre.

Confesión de la secretaria

El diputado Bartolomé González, ex alcalde de Alcalá de Henares, ha sido mencionado por Marjaliza en sus declaraciones judiciales en relación a la supuesta actividad ilegal de la mercantil Cofely España de pago de comisiones a alcaldes y concejales a cambio de la adjudicación de contratos de eficiencia energética.

A través de David Marjaliza, que actuaba de intermediario entre Cofely y los Ayuntamientos, la primera ofrecía a los municipios un plan de ahorro de energía eléctrica. Los regidores que accedían eran retribuidos con un soborno que el propio Marjaliza adelantaba en ocasiones utilizando el dinero B que generaban sus empresas de construcción. Esas cantidades le eran devueltas posteriormente ‘inflando’ facturas que emitían sociedades conchabadas con Marjaliza con las que Cofely subcontrataba la obra civil del plan de eficiencia energética.

Según manifesto Marjaliza al juez Velasco, Bartolomé González recibió -supuestamente- 60.000 euros de Cofely por adjudicarle un contrato de esas características. El dinero se habría pagado en metálico por Ana María Ramírez, secretaria y mano derecha de Marjaliza. Esta imputada acaba de salir de la cárcel después de que Velasco haya modificado su situación de prisión incondicional por prisión bajo fianza de 40.000 euros.

Previamente, Ramírez había prestado declaración judicial confirmando las manifestaciones de Marjaliza. La secretaria admitió que un documento que le fue intervenido en un registro, en el que aparecen unas iniciales y unas cantidades, refleja los nombres de los Ayuntamientos sobornados y las comisiones pagadas.

Según fuentes de la investigación, la excarcelación de Ramírez forma parte del pacto con la Fiscalía Anticorrupción. La secretaria ha seguido los pasos de su ex jefe.

En su larga comparecencia ante Eloy Velasco, Marjaliza también implicó a la ex concejal del PSOE de Valdemoro y actual diputada autonómica por Ciudadanos Eva Borox y a su marido, Raúl del Olmo, también integrado en el partido de Albert Rivera.

El empresario manifestó que entregó a Borox 30.000 euros como parte de una estrategia clientelista, para tenerla a favor de Francisco Granados.

También dijo que compró al marido de Borox un décimo de la Lotería propiedad de Olmo y que había resultado premiado con 100.000 euros. Marjaliza afirmó que le dio por él 120.000 euros que quería ‘blanquear’.

Cuando estalló la operación Púnica en octubre de 2014, la web de Ciudadanos Valdemoro se hizo eco de unas declaraciones de Eva Borox en las que mostraba su “indignación y repulsa por la trama de corrupción política del Ayuntamiento” y celebraba que “haya salido a la luz una trama que llevamos muchos años sufriendo y denunciando”.

Además, en EL ESPAÑOL:

Los ciudadanos las prefieren rubias (pero honradas)

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Esta semana no sólo pasará a la historia como la de la verdadera coronación de Felipe VI o como la de la llegada de la extrema izquierda a los grandes ayuntamientos, sino también como la del inicio de una nueva manera de hacer política.

Si como escribí la semana pasada “no hay mejor atajo hacia el  prestigio que el repudio explícito de lo intolerable”, el nuevo Rey acaba de dar un buen paso. Ya que no movió ficha tras el ultraje a los símbolos comunes, bien está que lo haga poniendo en su sitio a su hermana. Pero esta semana no sólo pasará a la historia como la de la verdadera coronación de Felipe VI o como la de la llegada de la extrema izquierda a los grandes ayuntamientos, sino también como la del inicio de una nueva manera de hacer política.

Comencemos por lo menos obvio. Cuando en 1996 el Partido Andalucista, con un 6% de los votos y 4 escaños, fue decisivo para la investidura de Chaves como presidente de la Junta, obtuvo a cambio dos consejerías. Cuando en 2012 Izquierda Unida, con el 11% de los votos y 12 escaños, fue decisiva para la investidura de Griñán, obtuvo a cambio 4 consejerías, incluida la vicepresidencia.

Una simple analogía promediada indica que si Ciudadanos fuera un partido como los demás, ahora que con el 9% de los votos y 9 escaños ha resultado decisivo para la investidura de Susana Díaz, habría obtenido tres consejerías. Una cuota de poder muy significativa en una comunidad en la que se acostumbra a no respetar sino al que manda. Una tentación suculenta para un partido que necesita con urgencia arraigo y estructuras de apoyo.

Pero en lugar de coger su trozo de tarta, Ciudadanos ha obligado a la presidenta de la Junta a firmar 70 compromisos que incluyen una importante bajada del tramo autonómico del IRPF y medidas regeneradoras tan significativas como la limitación de su propio cargo a dos mandatos, la eliminación del aforamiento de los diputados, la supresión de los sobresueldos a cargo del partido o la reforma electoral con proporcionalidad y listas abiertas o desbloqueadas.

Algo muy similar está a punto de consumarse en la Comunidad de Madrid donde, a pesar de que Ciudadanos ha obtenido nada menos que el 12% de los votos y 17 escaños, no está pidiendo ni la vicepresidencia como hizo Carod Rovira con el PSC, ni importantes consejerías como hicieron los socialistas en el País Vasco, Navarra o Canarias cuando pactaron con PNV, UPN o Coalición Canaria; o como hicieron el Bloque en Galicia, el PAR en Aragón o todos los miembros de los sedicentes Pactos de Progreso en Baleares.

En lugar de eso, Ciudadanos va a obligar a Cristina Cifuentes a promover las primarias, establecer la incompatibilidad entre el cargo de alcalde y el de diputado autonómico y eliminar -albricias- el Consejo Consultivo, que servía de abrevadero de viejas glorias. Todo ello dentro de un pacto anticorrupción que, como en el caso andaluz, sustancia la responsabilidad civil de los partidos respecto a las coimas de sus cargos orgánicos, obliga a expulsar de las instituciones a los imputados y acentúa las medidas de control y transparencia.

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Ilustración: Javier Muñoz

La práctica simultaneidad de ambos acuerdos, fruto del buen manejo de los tiempos por parte de Rivera y su equipo, ha puesto de relieve la mimética coincidencia de las críticas desde la derecha, a cuenta de Andalucía, y desde la izquierda, a cuenta de Madrid. En ambos casos se denuncia que Ciudadanos está permitiendo que sigan en el poder dos organizaciones con tanta corrupción a sus espaldas como el PSOE andaluz y el PP madrileño.

Aunque todo quiera presentarse del color del cristal con que se mira, ningún observador ecuánime dejará de reconocer que tanto monta, monta tanto la Gürtel como los ERE, la Púnica como la Edu. Pero también que, haciendo de la necesidad virtud, Susana Díaz y Cristina Cifuentes están incluyendo la lucha contra la corrupción entre sus prioridades y les va lo suficiente en juego -sus prometedoras carreras- como para no fallar en eso.

Tienen razón quienes dicen que en las exigencias de Ciudadanos faltan cosas esenciales. Por ejemplo el cierre, o al menos la drástica despolitización, de Canal Sur y Telemadrid. Por ejemplo la reducción del número de diputados autonómicos que ya es alto en Andalucia -109- y adquiere ribetes de escándalo -129- en una autonomía uniprovincial como Madrid.

También es cierto que el merecido escarnio de Chaves y Griñán por su responsabilidad como gobernantes en el monumental fraude de los ERE ha quedado condicionado a lo que diga el Supremo. O que Cifuentes ni controla el PP de Madrid ni puede responder siquiera por los integrantes de su lista, redomados golferas incluidos. Gran parte de la opinión no sabe al final a qué atenerse en relación a tantos sospechosos habituales.

Por una vez ha sido la Corona la que ha aportado claridad y concreción. Al despojar a su hermana -y de rebote al truhán de su cuñado- de su título nobiliario, Felipe VI acaba de enviar un nítido mensaje a los partidos manchados por la corrupción: cuando se vulnera la ejemplaridad exigible a quien ocupa una posición institucional, no hay que esperar a que los tribunales dicten sentencia para depurar responsabilidades políticas.

La infanta Cristina podrá ser absuelta por la Audiencia de Palma o eventualmente por el Supremo y seguirá siendo tan indigna como hoy de presentarse como duquesa de Palma. Sea o no delictiva su conducta, es intolerable que la hija -ahora hermana- de un Rey figure en los órganos gestores de una sociedad montada para dar sablazos a las arcas públicas.

La moraleja de esta lección de Felipe VI en el único plano que maneja -el simbólico representativo- es que la imputación no es en sí misma una línea roja que deba generar automatismos. Cristina llevaba imputada desde enero del año pasado y camino del banquillo desde noviembre. Al parecer la gota que desbordó el vaso de la “jartera” del Rey –Ana Romero dixit– fue la desafiante irrupción de Cristina el pasado lunes en el funeral por Kardam de Bulgaria sin tan siquiera haber pedido la venia.

No es lo mismo estar imputado por denunciar indicios de corrupción en la Audiencia de Albacete, como le ocurre a Jesús Cacho, que estar imputado por utilizar una fundación de niños discapacitados para llevárselo crudo, como le ocurre a Urdangarín. No es lo mismo Lucía Figar, que pasaba por ahí -esto lo sabe todo Madrid-, que el turbio Salvador Victoria, mano derecha del turbio Ignacio González.

Hay una regla mucho más diáfana que es la que acaba de aplicar el Rey al quitarle los galones a su hermana: lo que es impresentable es impresentable. Por ejemplo, seguir en el Congreso o el Senado después de que bajo tu mando se hayan desviado millones y millones a falsos prejubilados afines a tu partido. Por ejemplo, seguir en la presidencia del Gobierno después de haber enviado un mensaje de apoyo al tesorero de tu partido dos días después de que se conociera la existencia de su botín en Suiza.

A ver si Rajoy vuelve a decir en público a) que está “convencido de la inocencia de la Infanta”, b) que “le irá bien” y c) que “no debe renunciar” a sus derechos dinásticos. Si a Cristina le quedara un ápice de dignidad, es lo que inmediatamente haría. Sobre todo después de que su hermano la haya tratado peor que a una criada a la que se sorprende robando, impidiéndole incluso salvar la cara mediante la artimaña de una renuncia fechada el 1 de junio y recibida el 11 por la noche. Ni que la hubiera enviado por comisión rogatoria.

El aún líder del PP debe estar eufórico al contemplar como Pedro Sánchez alimenta su estrategia del miedo –“In fear we trust”– al echarse en brazos de los radicales a costa de todos los alcaldables del PP. Ya sabemos que a Rajoy sólo le importa él. Por eso debería seguir de cerca los acontecimientos en la Familia Real, pues si se ha mirado tantas veces en el espejo de la indulgencia de Juan Carlos I también debería hacerlo ahora en el de la severidad, implantado por Felipe VI. Tal vez tenga que escribir pronto una carta como la de la Infanta.

Es cierto que Albert Rivera no dispone de facultades ni para despojar a Chaves del ducado del Clan de la Tortilla ni para investir caballeros a algunos de los roedores que han arrastrado la calabaza de Cifuentes hacia la Puerta del Sol. De ahí que los reproches a Ciudadanos pierdan autoridad si no van acompañados del reconocimiento de que es la primera vez que un partido no pide nada para sí en forma de poltronas o forraje de esas “manadas” que, como decía Galdós, “pastan en el presupuesto”, sino que todas sus demandas están yendo encaminadas a devolver a los españoles margen de control sobre sus destinos.

Miento: hay un precedente, todo lo acotado que se quiera pero un precedente a fin de cuentas, en el apoyo altruista que el PP de Basagoiti prestó a Patxi López durante su primero desperdiciada y finalmente ensuciada legislatura en Ajuria Enea. Y no debe ser casualidad que ese mismo compromiso con la Nación, ese mismo idealismo en defensa de los valores constitucionales, ese mismo sentido de la responsabilidad al dar estabilidad a las instituciones esté impregnando ahora las decisiones de Ciudadanos.

¿O alguien duda de que la claridad de ideas tanto de Susana Díaz como de Cristina Cifuentes respecto a la cuestión nacional ha sido clave al moldear los pactos? Los Ciudadanos las prefieren rubias como las antiguas pesetas, con la condición de que su españolidad sea propia del siglo XXI. Lo mismo nos pasa a los ciudadanos con las infantas y princesas -ninguna como Grace Kelly-, siempre y cuando no hagan de la complicidad en el bandidaje su santo y seña.

Mis admirados Lista, Miñano y Hermosilla, aquellos antiguos afrancesados que en la España del Trienio, frente a las demasías antitéticas de “El Zurriago” y “El Restaurador”, editaron un semanario culto, brillante y bien escrito como “El Censor”, estarían orgullosos al ver hoy materializada una de sus grandes obsesiones. Me refiero a la vertebración de un centro político, diferenciado tanto del inmovilismo absolutista como del radicalismo revolucionario.

El instrumento para ello debía ser el ingeniosamente llamado “partido regulador”. Véase el artículo publicado el sábado 6 de abril de 1822 bajo el título “Del partido regulador en las asambleas legislativas”. Ante la polarización en dos partidos antagónicos del propio parlamento británico, “El Censor” preguntaba y respondía: “¿Cuál será el partido regulador? El que desprendido de todo interés privado, sin otro objeto que el bien y sin otra regla que la ley, se interpone entre ambos, templa su ardor y corrige sus extravíos, reuniéndose alternativamente al que en cada cuestión determinada tiene la razón de su parte”.

El paralelismo se termina de entender varios párrafos después: “Llamamos tener razón el sostener una providencia que aunque acaso no sea la que conviene, presenta menos inconvenientes que la contraria, y en este caso están todos los debates parlamentarios”. Incluidos los de investidura. ¿Hubiera sido mejor contribuir a que Susana Díaz se arrojara en brazos de Podemos o tuviera que repetir las elecciones, por si no hubiera ya bastantes en el horizonte? ¿Sería mejor ejercer de Bertrand du Guesclin en la Comunidad de Madrid, poniendo encima a quien quedó debajo cuando en el Ayuntamiento los socialistas han terminado apuntalando a una opción trufada de personajes tan infames -Carmena debería pedir su dimisión hoy mismo- como el tal Zapata, capaz de burlarse del Holocausto y la mutilación de Irene Villa, o el tal Soto, que incita a “torturar y matar” a Gallardón?

La ventaja de que Ciudadanos sólo haya llegado a pactos de investidura es que va a poder ejercer de “partido regulador” votando con las respectivas oposiciones cada vez que entienda que Díaz o Cifuentes se apartan de lo pactado o del interés general. Su papel está en el centro, no en hacer de marca blanca del PP. Pero eso no les condena a ejercer sólo de bisagra pues la mayoría sociológica tiende a la moderación y la limpieza. ¿O acaso no vamos a ver cómo se amplía el apoyo a la Monarquía tras actuar Felipe VI como “partido regulador” de su propia familia?

Gaudere cum gaudentibus. Alegraos con los que -como yo- se alegran.

Ciudadanos condiciona su apoyo a Cifuentes a que haga un “filtrado” de su lista

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Ciudadanos está dispuesto a vender cara la llave del gobierno de la Comunidad de Madrid. El cabeza de lista en las autonómicas, Ignacio Aguado, exige a Cristina Cifuentes la firma de un pacto anticorrupción no negociable y que se fuerce la dimisión de diputados salpicados por la corrupción en previsión de que puedan ser imputados próximamente. El partido de Albert Rivera quiere que ambas decisiones se tomen antes del día 9 de junio, fecha de la constitución de la Asamblea de Madrid y de toma de posesión de las actas de diputado.

Ciudadanos está dispuesto a vender cara la llave del gobierno de la Comunidad de Madrid. El cabeza de lista en las autonómicas, Ignacio Aguado, exige a Cristina Cifuentes la firma de un pacto anticorrupción no negociable y que fuerce la dimisión de diputados salpicados por la corrupción en previsión de que puedan ser imputados. El partido de Albert Rivera quiere que ambas decisiones se tomen antes del día 9 de junio, fecha de la constitución de la Asamblea de Madrid y de toma de posesión de las actas de diputado.

Tras mantener una primera reunión con Cifuentes, que sólo podrá ser presidenta con el apoyo de Ciudadanos, Aguado reclamó ante los medios de comunicación que tome “medidas” sobre el caso de Álvaro Ballarín, el número siete de la lista. “Me huele mal”, dijo Aguado sobre Ballarín, concejal en Madrid imputado por prevaricación y falsedad documental desde enero, pero que dejó de estarlo la semana pasada tras la misteriosa retirada de una demanda de la que la propia Cifuentes no tenía conocimiento.

En conversación con EL ESPAÑOL, Aguado fue más allá y advirtió de que podría haber más manzanas podridas en la lista del PP. La candidatura fue en su día motivo de enfrentamiento entre Cifuentes y la presidenta del partido en Madrid, Esperanza Aguirre, que tuvo mucho peso en su confección.

“No solo me preocupa Ballarín sino la presencia de más gente, la apertura de ‘Púnica dos’ en junio y que haya más personas que se puedan ver afectadas”, dijo. La Operación Púnica, trama de adjudicaciones públicas a cambio de comisiones, probablemente reabra su vía judicial en unas semanas.

En el caso de Ballarín, la Fiscalía tiene que decidir si actúa de oficio en los próximos días. Aunque no lo haga, el diputado electo debería dar un paso atrás, según Ciudadanos. En cuanto a la Operación Púnica, la imputación de diputados electos podría ser cuestión de semanas. Entre los que podrían verse afectados están Juan Soler (número 10), que adjudicó contratos a una empresa investigada que le pagó un viaje a París. Otros, como Bartolomé González (11), Isabel Mariño (8) o Borja Sarasola (12), están en el punto de mira de la oposición por distintos casos, aunque no están ni imputados ni están siendo investigados.

“Me gustaría que antes de que se recogieran las actas [de diputados], Cristina hiciera un ejercicio para ver su lista y conocerla. Tiene que hacer un ejercicio de filtrado y tomar medidas” exige Aguado.

Cifuentes, contra la “sospecha permanente”

Cifuentes se distanció de la exigencia de Aguado asegurando que sería “muy negativo” obligar a dimitir a cargos que no están imputados. “Si algún diputado resulta imputado por un asunto que tenga que ver con la corrupción, se le pedirá la renuncia”, prometió ante la prensa. Pero exigirlo sólo por una “presunción” crearía una “sospecha permanente” que no está dispuesta a amparar.

Aguado presentará este martes un documento sobre la regeneración democrática que no está abierto a negociación. Ciudadanos sólo continuará hablando con el PP si se compromete por escrito a que los diputados tengan dedicación exclusiva (un cargo, un sueldo). La medida podría ocasionar una revuelta en las filas populares, donde hay electos que pretenden compatibilizar su puesto con una alcaldía o actividades privadas.

Entre las demás medidas del documento están la elección de candidatos por primarias o la despolitización del Consejo consultivo, que cuenta con Alberto Ruiz Gallardón y Joaquín Leguina en nómina, así como la profesionalización de las direcciones de la Cámara de Cuentas o Telemadrid.

Con 48 diputados, Cifuentes necesita los 17 de Ciudadanos para alcanzar los 65 en los que está fijada la mayoría absoluta. La suma de PSOE (37) y Podemos (17) deja a un pacto de izquierdas a uno de esa mayoría, por lo que escaños como el de Ballarín son clave para el PP de todos modos. Pero el diputado electo, que en estos momentos no está imputado, no está dispuesto a renunciar a su acta y no está claro que llegase hacerlo aunque fuese señalado de nuevo por la Justicia. Por eso Aguado pide ahora un gesto de autoridad de Cifuentes que demuestre que su compromiso con la regeneración va en serio.

El PSOE: “Hay partido”

Fuentes del PSM, la federación madrileña del PSOE, creen aún posible la posibilidad de atraer a Ciudadanos a un pacto con Ángel Gabilondo, un candidato con una imagen y una lista electoral a priori más limpias que las del PP. “Es difícil, pero hay partido”, aseguran.

Aguado espera que tanto PP como PSOE firmen su documento anticorrupción, algo que les permitiría hablar de otros asuntos como los servicios públicos, la innovación o el empleo. “Si conseguimos en una semana que ambos partidos firmen, habremos logrado más que el PP en 30 años”, dice. Al mismo tiempo, desencadenar cambios importantes como partido bisagra permitiría a Ciudadanos superar el estigma de pactar con el PP y consolidarse como alternativa de gobierno.

21 reflexiones a vuelapluma sobre las elecciones del 24M

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Las reacciones de Ada Colau, Manuela Carmena, Juan Vicente Herrera y Mariano Rajoy, la campaña de Esperanza Aguirre, el hundimiento de IU y de UPyD o el “daño” que ha hecho Juego de Tronos a la política española. Así queda el país tras los apasionantes comicios del 24M.

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Ada Colau en campaña en Barcelona. Foto: Guanyem Barcelona.

1. Dice Ada Colau que un hipotético pacto de CiU con ERC y PSC para desalojarla de la alcaldía sería “un fraude de ley” y una alianza “contra natura”. Sorprende que una mujer teóricamente progresista recurra a un argumento tan reaccionario y meapilas como el del “orden natural de las cosas”. Nada más ordenadamente natural, por lo visto, que la superioridad moral de la izquierda. O que un enfermo de ébola sangrando por los ojos mientras los coágulos obstruyen sus órganos vitales. Habría que preguntarle a Ada si el más que probable pacto entre Badalona en Comú, PSC, ERC e Iniciativa para arrebatarle la alcaldía de Badalona al ganador Xavier García Albiol, que ha doblado en concejales al segundo más votado, es también un “fraude de ley contra natura” o algo mucho más ajustado al trino de los gorriones y los biorritmos de la madre Gaia.

2. Manuela Carmena, de 71 años, ha dicho que Esperanza Aguirre, que carga con 63 primaveras sobre sus hombros, es una “niña caprichosa” con “pataletas infantiles”. ¡Menuda condescendencia gastan las adolescentes de hoy en día! Como Carmena se cruce con Albert Rivera le pellizca los mofletes y le regala un Tigretón.

3. Ni la pérdida de 531 mayorías absolutas y de dos millones y medio de votos logró alterarle el pulso a Rajoy este lunes. Tuvo que ser Juan Vicente Herrera, el presidente de Castilla y León, el que forzara una reacción del jefe del Ejecutivo Nacional al pedir más o menos explícitamente su renuncia a presentarse como candidato a las futuras elecciones generales. Es fácil entender la frustración de Herrera y de buena parte de los barones del PP: cualquier día de estos Mariano se despierta de la siesta y descubre con sorpresa, tras leerlo en el Marca, que el presidente del Gobierno es él y no Alberto Contador.

4. El PSC y el PP están en Cataluña a un solo paso del extraparlamentarismo. Para el PP la noticia es mala, pero para el PSOE es catastrófica. Sin el voto catalán, el PSOE jamás volverá a ganar por mayoría absoluta unas elecciones generales en España.

5. Tras leer con atención el programa electoral de Ada Colau para Barcelona, que básicamente consiste en el exterminio de las fuentes de ingresos de una amplía mayoría de los barceloneses de clase media, es inevitable especular sobre quién va a pagar toda esta apología de la comuna y la autarquía de inspiración franquista. ¡Si hasta quieren crear una moneda local! Como decía un alto funcionario británico del muy austero Ghandi: “Si supiera este hombre la cantidad de dinero que nos cuesta mantenerle en la pobreza”.

6. Para Pablo Iglesias, el PSOE ya no es casta. Ahora son de los buenos. Como mucho, y si me apuran, castita. Una castita pequeñita. Nada grave. Pelillos a la mar. ¡Susana mon amour!

7. Cristina Cifuentes es en mi pequeño imaginario nihilista y liberal una Esperanza Aguirre 2.0. Una versión joven, moderna, corregida, mejorada, aumentada e infinitamente más cool que cualquier otro posible aspirante al trono de Rajoy. A diferencia del aburrido Alberto Núñez Feijóo, que viene a ser más de lo mismo y encima gallego para más déjà vu, Cifuentes es eso que los anglosajones llaman una game changer. Es decir alguien capaz de cambiar por completo las reglas del juego y sacar a la competencia del tablero a patadas. Así la describía Manuel Jabois en el diario El País hace un par de meses (cito de memoria): “Malasañera tatuada, republicana y agnóstica, partidaria del matrimonio homosexual, va a las asambleas del 15-M, partidaria de la cadena perpetua revisable, no entiende que el sistema penal esté enfocado a la rehabilitación del delincuente, habría prohibido la acampada en Sol”. Hay en esa simple descripción más programa de gobierno que en todo el PP de la última década. Aún mejor: en su partido, y especialmente en el sector más capillita del mismo, la odian. Lo cual la honra. Yo mismo la habría votado si fuera madrileño.

8. Hablando de Jabois. Esto dijo de él Salvador Sostres a raíz de una columna publicada en El País: “Los absurdos elogios de Manuel Jabois a Manuela Carmena representan la última estación del columnismo frivolón y falto de cualquier inteligencia, tan propio de los que se creen transgresores y graciosetes cuando en realidad no son más que vieja caspa políticamente correcta, carraca para entretener a chachas y peluqueras”. Si yo fuera Jabois, me lo tatuaba en la espalda con letras góticas un día antes de que me hicieran entrega oficial de mi sillón en la Real Academia.

9. La campaña de Esperanza Aguirre ha sido casi tan lamentable como la filtración de su declaración de la renta. Caótica, inconexa, confusa, desquiciada… Jaleada solo por sus fans más irredentos, Aguirre ha caído en la caricatura de lo peor de sí misma. Veremos cómo sale de ésta.

10. La práctica desaparición de IU, arrasada y fagocitada por un macho alfa mucho más joven y agresivo, no ha provocado más que indiferencia entre los españoles. Harían bien en no engañarse en IU con el éxito de las candidaturas de confluencia: su partido es ya un zombi político.

11. ¿Recuerdan cómo nos reíamos del Rajoy de la pantalla de plasma y de esas ruedas de prensa sin preguntas a las que los periodistas asistían con el único objetivo de tomar notas al dictado y reproducirlas como cotorras en sus medios? Por suerte, las cosas han cambiado. A peor, como suele suceder en este país. Aguirre propone un pacto para desbancar a Carmena de la alcaldía y Antonio Miguel Carmona responde, con gran respeto por el ciudadano, vía Twitter. Un poco más y Carmona dibuja la respuesta con plastidecores tras echarse una partidita a la Xbox y comerse un bocadillo de Nutella. Y el periodismo de este país, encantado y reproduciendo el tuit con entusiasmo. Tenemos lo que nos merecemos.

12. A Rajoy le ocurre como a Robert Neville, el protagonista de la novela ‘Soy leyenda’, escrita por Robert Mathison en 1954. En el libro, Robert Neville es el único superviviente de una pandemia que ha convertido al resto de los seres humanos en vampiros a los que él da caza. Al final de la novela, Neville comprende que en ese nuevo mundo apocalíptico habitado por seres extraños y amenazadores, el monstruo es él. De Rajoy sorprende esa constante defensa de la “normalidad” y la “previsibilidad”. Ese reaccionar a cualquier propuesta de sus adversarios o incluso de su propio partido con un “esto es un lío”. Porque cuando todos a tu alrededor son extravagantes e imprevisibles… es que el friki eres tú. Cuando Rajoy abandone el cargo ni siquiera disfrutará de esa extraña forma de reconocimiento que es el odio. Tanta indiferencia dejará como indiferencia ha demostrado hacia los ciudadanos del país que preside.

13. Las dificultades rocambolescas de Susana Díaz para formar gobierno en Andalucía van a parecer peccata minuta cuando Podemos y Ciudadanos, que a fin de cuentas han quedado sensiblemente por debajo de los resultados que les auguraban sus mejores encuestas, empiecen a conceder y denegar apoyos en función de sus intereses electorales de cara a las próximas elecciones generales. A día de hoy, ninguno de los dos partidos sabe si le conviene apuntalar al PSOE y al PP o hacerse los estrechos. O cómo hacerlo sin que se note demasiado. Y es que resulta difícil eso de mantener una apariencia prístina y virginal mientras te paseas por el patio político con las bragas en la mano.

14. El radicalismo de Podemos es “el conservadurismo de mañana inyectado en los asuntos de hoy”. Al tiempo. La frase no es mía sino de Ambrose Bierce.

15. UPyD ha conseguido lo impensable: que decenas de miles de españoles sientan pena por un puñado de políticos. Yo mismo estoy por adoptar a uno o dos de ellos.

16. Es probable que muchos en el PP crean sinceramente que lo que ha impedido que los españoles se percaten de los éxitos económicos logrados por el gobierno durante los últimos tres años ha sido su pésima política de comunicación. Hay antecedentes. En 2011 el sueldo de los consejeros de las 100 empresas más importantes de Gran Bretaña aumentó un 55% mientras que la riqueza de los 1.000 británicos más ricos lo hacía en un 20% (tras haber aumentado el año anterior un 30%). ¡Y tampoco nadie se lo agradeció a su gobierno! En España, por suerte, somos mucho más respetuosos con la privacidad financiera de nuestros caciques que los bárbaros británicos y por eso no disfrutamos de estadísticas similares.

17. Juego de Tronos ha causado estragos entre la clase política española y muy especialmente en su sector derecho. Monjas violadas, quema de iglesias, el fin de la civilización occidental, tertulianos colgados de ganchos, vivas a Cristo rey, la democracia en peligro, los distritos de Madrid convertidos en soviets… Cualquier día vemos un muro de hielo de doscientos metros de alto separando Serrano del resto de Madrid.

18. Cada vez es más habitual ver por las calles españolas carteles electorales en los que los candidatos han escondido a conciencia el logo de su propio partido. Uno no sabe ya si admirarles la vergüenza torera, la jeta morrocotuda o el cacao mental.

19. A ver lo que le dura la ilusión a los que creen que Carmena o Colau van a convertir Madrid y Barcelona en el paraíso del proletariado. No voy a ser yo el que les afee esas primeras semanas en las que darán rienda suelta a su afán de venganza (al menos una parte de sus víctimas se merecerán la que les va a caer encima). Pero veremos qué ocurre cuando tengan que empezar a gobernar de verdad y a gestionar la recogida de basuras. Ahí se verá si más allá del rencor y de un puñado de reclamaciones de puro sentido común hay ideas suficientes para administrar dos ciudades y cinco millones de habitantes.

20. Parece ser que de las cifras del paro sí que se ha acordado alguien. Dos millones y medio de ciudadanos, más concretamente. También es mala suerte para el PP que lo hayan hecho justo el día de las elecciones. ¡Ya se podrían haber acordado el lunes!

21. Yo voté por Carina Mejías, de Ciudadanos. Supongo que es de ley que los lectores lo sepan. Los motivos tienen menos que ver con su programa electoral (desastroso en algunos puntos) que con el hecho de que es la única candidata con la que he mantenido alguna que otra conversación interesante por email. Hay motivos peores para votar a alguien.


 

TAMBIÉN EN EL ESPAÑOL: 21 reflexiones a vuelapluma sobre las elecciones andaluzas

Así te contamos la noche electoral

Todos los detalles de la jornada con la opinión de Pedro J. Ramírez, la información de nuestros reporteros y los gráficos de Antonio Delgado, Patricia López y David Domínguez. 

Todos los detalles de la jornada con la opinión de Pedro J. Ramírez, la información de nuestros reporteros y los gráficos de Antonio Delgado, Patricia López y David Domínguez.

El PP se hunde, la izquierda revive

"Ha sido David contra Goliat", ha dicho Colau (Barcelona en comú)

Cuatro años. Eso es lo que ha durado la histórica mayoría del Partido Popular, conseguida en la víspera política de las elecciones generales y aniquilando en las urnas a barones socialistas en comunidades como Extremadura, Aragón y Castilla-La Mancha o alcaldías como Sevilla. La noche fue para la izquierda… y para Ciudadanos. Estos son los ganadores y perdedores de estas elecciones. 

Cuatro años. Eso es lo que ha durado la histórica mayoría del Partido Popular. Sus líderes la lograron en la víspera de las elecciones generales de 2011 y aniquilando en las urnas a barones socialistas en ciudades como Sevilla y en comunidades como Extremadura, Castilla-La Mancha o Aragón. Esta vez el PP no sólo ha perdido activos coyunturales. Cambiarán de manos feudos históricos como la ciudad de Valencia, la Comunidad Valenciana o el Ayuntamiento de Madrid.

Fue la noche de una izquierda fragmentada, cabreada y expresada en diversas formas y volúmenes según el lugar. Una izquierda condenada a entenderse para desalojar al PP. Al partido de Mariano Rajoy le queda el consuelo de poder cortejar a Ciudadanos para mantenerse en bastiones clave como Madrid. Pero el partido de Albert Rivera venderá caro su apoyo al tiempo que se consolida como una alternativa clara al PP. En el PSOE, Pedro Sánchez gozará de una cierta paz interna y Susana Díaz cosecha otro triunfo mientras trata de desbloquear su investidura. Pablo Iglesias y Albert Rivera confirman que sus partidos han cambiado el mapa de España. Próximo asalto, las generales.

Los ganadores

Ada Colau. “Esta ha sido la victoria de David contra Goliat”, afirmaba la candidata de Barcelona en Comú, que se hizo famosa por su oposición a los desahucios. Ha ganado por un escaño y casi 20.000 votos a Xavier Trias, hasta ahora alcalde y candidato de CiU. Liderará a un equipo de 11 concejales y será la próxima alcaldesa si logra llegar a pactos con las demás fuerzas de izquierda. La mayoría absoluta está en 21 concejales. ERC ha logrado cinco, el PSC cuatro y la CUP tres. Ciudadanos ha logrado cinco y el PP, tres.

Manuela Carmena. Por primera vez en 26 años, la capital no estará gobernada por la derecha. El tirón de la candidata y la unión en su lista de Podemos, Equo y desafectos de IU dará el bastón de mano a la ex jueza, de 71 años. “Tenemos el gran reto de conseguir que Madrid sea una ciudad decente”, dijo ante unos seguidores en éxtasis. En su victoria ha pesado el hundimiento del PSOE con Antonio Miguel Carmona, que tendrá que apoyar a Ahora Madrid para evitar que gobierne Esperanza Aguirre.

Guillermo Fernández Vara. Después de cuatro años en la oposición por la negativa de IU a apoyarle, el barón socialista regresa a la presidencia de la Junta de Extremadura al imponerse al popular José Antonio Monago.

Emiliano García-Page. Es una de las victorias más dulces del PSOE. Aunque María Dolores de Cospedal se ha impuesto en votos y escaños (16), ha perdido la histórica mayoría absoluta lograda en 2011. Con 14 diputados en las Cortes, necesitará los tres logrados por Podemos, que exigirá contrapartidas, pero odia a Cospedal.

Cifuentes, preparada para gobernar (PP)
Cifuentes, preparada para gobernar (PP)

Cristina Cifuentes. La candidata popular fue la delegada del Gobierno en Madrid con más proyección pública de los últimos años. Ahora ha logrado una victoria notable en su campaña a la Comunidad de Madrid. Necesitará los votos de Ciudadanos para su investidura. Pero su victoria, con 11 escaños de ventaja sobre el socialista Ángel Gabilondo, es incontestable. Entre otras cosas por un dato que tendrá lecturas internas: Cifuentes sacó más votos que su colega Aguirre en el municipio de Madrid.

Ximo Puig. El PSOE ha perdido casi 200.000 votos y 10 escaños en la Comunidad Valenciana. Pero el desplome del PP permitirá a Puig ser el próximo presidente dos décadas después de la llegada de Eduardo Zaplana al poder. El líder socialista necesitará llegar a acuerdos con Compromís y Podemos, cuyo apoyo le asegurarían una holgada mayoría.

Mónica Oltra. La coalición Compromís la logrado un resultado muy superior al previsto. En la Comunidad Valenciana, Oltra liderará a un equipo de 19 diputados, sólo cuatro menos que el PSOE. “Es el triunfo de la gente sencilla y honrada”, dijo la candidata, muy popular. El cabeza de cartel de Compromís en Valencia, Joan Ribó, será probablemente alcalde. 

Miguel Ángel Revilla. Vuelven los taxis y las anchoas a La Moncloa (con permiso de Rajoy o su sucesor). El más carismático de los presidentes cántabros volverá al poder. El PP superó por un escaño al Partido regionalista (PRC) de Revilla. Pero su líder Ignacio Diego ha anunciado que no explorará pactos con las demás fuerzas políticas, ya que la mayoría de la izquierda es muy clara en la región.

Javier Fernández. El presidente del Principado se ha impuesto en Asturias. En el fragmentado espacio político asturiano, el socialista podrá gobernar si llega a pactos con Podemos (sumando a este partido llega a la mayoría absoluta) o con Izquierda Unida.

Javier Lambán. Ex consejero del socialista Marcelino Iglesias, se convertirá con toda probabilidad en nuevo presidente de Aragón siempre que Pablo Echenique le dé su apoyo como se espera. Los dos desbancan a la popular Luisa Fernanda Rudi.

Pedro Antonio Sánchez. El candidato del PP en la Región de Murcia es uno de los pocos presidentes autonómicos que no ha perdido el partido de Mariano Rajoy. Aunque deberá pactar su investidura si quiere gobernar.

Juan Vicente Herrera. El presidente de Castilla León se queda a las puertas de la mayoría absoluta. Pero sus apoyos serán suficientes para gobernar.

Los perdedores

María Dolores de Cospedal. El primer paso es reconocer que tienes un problema. La presidenta de Castilla-La Mancha no lo hizo en la noche electoral. “El PP ha sido la fuerza más votada”, reivindicó. “Queda claro que los ciudadanos nos han dado su confianza mayoritaria”, añadió antes de decir que estaba “muy satisfecha de la campaña” que ha dilapidado la histórica victoria de 2011. Por primera vez en democracia, el PP logró entonces la mayoría absoluta y el Gobierno regional. Esta vez se quedó a un escaño (16) abriendo la puerta a un Gobierno del PSOE (14) con la ayuda de Podemos (3).

Rita Barberá. Un simpatizante la llamó hace unos días “la alcaldesa de España”. El resultado anticipa su adiós después de 24 años con el bastón de mando. En una turbada intervención ante la prensa, reivindicó su orgullo por haber servido “a todos los valencianos”, a quienes dijo que tendrán “el gobierno que han elegido”. En esta ocasión, no la apoyaron en El Cabanyal, el castigado barrio donde siempre ganaba.

Bipartidismo Madrileño

Antonio Miguel Carmona. La debacle del candidato socialista a la alcaldía de Madrid se explica con estos datos. Trinidad Jiménez (2003) cosechó 625.148 votos; Miguel Sebastián (2007), 487.893; Jaime Lissavetzky (2011), 364.600; Carmona, 249.152. Otra comparación letal: en el municipio de Madrid, el candidato socialista a la comunidad, Ángel Gabilondo, cosechó 415.715 votos. Es decir, 166.563 votos más que su colega Carmona.

Luisa Fernanda Rudi. La poderosa presidenta de Aragón ha ganado las elecciones. Pero ni con Ciudadanos ni con el PAR suma más escaños que una coalición de PSOE y Podemos, que se han revelado muy fuertes.

José Ramón Bauzá. “Algo hemos hecho mal para que los ciudadanos nos hayan retirado su apoyo”, ha reconocido el presidente de Baleares después de reconocer el peor resultado para su partido en 35 años de historia. Aunque se mostró abierto a pactos, la pujanza de la izquierda en un parlamento muy fragmentado le hará muy difícil quedarse en el Gobierno.

Esperanza Aguirre. Era la candidata popular con a priori más posibilidades en Madrid, y su victoria por un escaño ante Ahora Madrid sabe a derrota, porque no le garantiza la alcaldía. Aguirre necesitaba ser alcaldesa para sobrevivir políticamente en el PP, donde genera más odios que simpatías, especialmente en el despacho de Mariano Rajoy.

Alberto Fabra. Ha llevado a su partido a una debacle histórica que quizás haga añorar a Francisco Camps, el presidente que logró 55 diputados en 2011. Fabra, que no era querido en su partido y sobre el que Rajoy dudó hasta el último momento, ha hecho retroceder al PP 24 diputados. Valencia tendrá un nuevo presidente, del PSPV.

José Antonio Monago.
José Antonio Monago.

José Antonio Monago. Después de una campaña personalísima y huyendo de las siglas del PP, con raps e himnos pop, Monago ha reconocido su derrota. La coalición liderada por el PSOE ha ganado las elecciones, sacando dos diputados de ventaja al ‘barón rojo’ del PP, que no ha sabido apagar sus propios incendios.

José Ignacio Zoido. El PP ha perdido la mayoría absoluta de manera agridulce. Ha ganado las elecciones, pero una coalición de PSOE (con un escaño menos), Podemos e Izquierda Unida lo desalojarán de la alcaldía, ya que sus escaños no son suficientes ni con Ciudadanos. En un discurso a los militantes, Zoido pidió que le dejaran gobernar por ser la lista más votada. No parece que suceda.

Rosa Díez. Muy “orgullosa”, como repitió varias veces, la líder de UPyD ha presentado su renuncia en diferido, anunciando que no se presentará a la reelección como líder de la formación en el congreso extraordinario de junio. Su negativa a pactar con Ciudadanos y la ausencia de cambios tras la debacle andaluza han sellado el futuro de la que hace más de un lustro pusiera la primera pica en el bipartidismo.

Bicicletas de campaña

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Como suele ocurrir, el que más ama las bicicletas fue el que peor pedaleó. La relación de Rajoy con ellas debe de ser como la mía con la actriz porno Amarna Miller: mucho amor y mucha intensidad, pero yo en el sillón y ella en la pantalla.

La mejor historia que he oído sobre Mariano Rajoy merece ser verdad, y puede que lo sea: me la contó alguien con acceso a La Moncloa. Cuando se publica el recorrido del Tour de Francia, con meses de antelación, el presidente lo estudia como si fuese a competir en él. Señala las cinco o seis etapas clave (contrarrelojes, llegadas en alto, alguna rompepiernas) y le dice a la persona que le lleva la agenda que no le ponga nada esos días a la hora de la retransmisión. Yo, como amante del ciclismo, podría votarle solo por eso. También a mí me daría igual que se hundiese España, y hasta el mundo, durante esas etapas. Mientras quede París.

Me he acordado al ver a Rajoy pedaleando en la campaña, junto a las candidatas Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes. Lo hicieron por Madrid Río, un sitio por el que he paseado (a pie) en varias ocasiones y en todas he cazado frases sobre el dispendio del Alberto Ruiz-Gallardón. Parece costumbre de los que visitan la zona, porque también yo pensaba lo mismo: es como caminar pisando dinero o deuda. La sensación no es del todo desagradable. De la deuda, por cierto, se tendrá que ocupar la previsible alcaldesa Aguirre, y quizá por ello se enfundó una especie de maillot amarillo para la jornada. En la elección del vestuario ya empezó a ganarles la carrera a sus oponentes del PP.

Como suele ocurrir, el que más ama las bicicletas fue el que peor pedaleó. La relación de Rajoy con ellas debe de ser como la mía con la actriz porno Amarna Miller: mucho amor y mucha intensidad, pero yo en el sillón y ella en la pantalla. Había algo entrañable, con todo: Rajoy, con su torpeza, parecía un niño que está aprendiendo, lo cual siempre enternece. Se han hecho bromas sobre el parecido del grupo con el de Verano azul. Pero la cosa es seria: uno de los protagonistas fue detenido años después por un atraco, como si fuera un político.

Las bicis de Rajoy, Aguirre y Cifuentes, por lo demás, tienen truco: llevan un motorcillo que ayuda en el pedaleo, igual que ayudaban en Génova los sobres de Bárcenas. Los ciclistas que las usan no tienen que doparse, porque son las bicis mismas las que van hasta arriba. Ahora que las bicicletas se propagan por nuestras ciudades, somos sensibles a otro aspecto equívoco: no son la máquina de civilidad que nos vendieron. Los abusos que durante años han cometido los coches, los camiones y las motos contra las bicis, ahora tienden a cometerlas éstas contra los peatones. Es una lección política elemental: el que puede abusa del más débil. Bajo esta óptica, Rajoy, Aguirre y Cifuentes se estaban dando una vuelta por el lado chungo del poder.

Rajoy, como aficionado experto, debió de darse cuenta de que su equipo no estaba bien conjuntado aunque siguió pedaleando igual. La imagen que ofrecían era una buena síntesis del partido: delante el líder y las candidatas, cada cual por su lado, sin sumar fuerzas; y por detrás, de un modo ostensiblemente jerárquico, los gregarios. Alguno le llevaría la chaqueta al presidente.

El ciclismo es una fábrica de metáforas que carga el diablo. La política española entera, en concreto esta campaña electoral, podría contemplarse a su luz. En algún momento hubo una caída masiva en el pelotón del PP y el PSOE, y los equipos pequeños se les acercaron. Podemos, envalentonado, atacó demasiado pronto y ahora pierde fuelle. Ciudadanos ha logrado colocarse bien con su marcheta. IU sufrió un pinchazo. Los nacionalistas se dividen entre estar en la carrera y estar en las cunetas con las banderas anticonstitucionales. En cuanto a UPyD, se ha descolgado hasta el coche escoba por culpa de la pájara y el tío del mazo (no es cuestión de dar nombres).

Mientras tanto, en el ciclismo real, Contador lleva la maglia rosa de líder. Para el presidente Rajoy debe de ser un fastidio que la campaña haya caído justo ahora. Pero las elecciones son el 24 de mayo y el Giro no termina hasta el 31. Una semana entera para disfrutar. Para los pactos y todo lo demás, ya habrá tiempo después.

Susana y los viejos

Ilustración: Javier Muñoz 

Susana o la carnalidad, Susana o el deseo, Susana o la fertilidad. La práctica totalidad de los grandes pintores que se enfrentaron al más famoso de los relatos añadidos en la versión griega del Libro de Daniel centraron su mirada, y la nuestra, en la exuberante desnudez de su protagonista.

Susana o la carnalidad, Susana o el deseo, Susana o la fertilidad. La práctica totalidad de los grandes pintores que se enfrentaron al más famoso de los relatos añadidos en la versión griega del Libro de Daniel centraron su mirada, y la nuestra, en la exuberante desnudez de su protagonista.

Tintoretto la muestra de cuarto y mitad al borde del baño, tapando los senos con sus brazos y el pubis con sus muslos pero desparramando la sensualidad imponente de todas sus curvas, rodeada de joyas y vasijas, para deleite propio ante un espejo y tortura de los viejos voyeurs, escondidos tras un seto.

Rubens la retrata de espaldas, mostrando un dorso magnífico, sugerentemente sentada en cuclillas sobre una banqueta, con las piernas abiertas y la mano escondida, mientras ella gira la cabeza ante la irrupción lasciva de los viejos, como si hubiera sido interrumpida en una tarea íntima.

En el cuadro de Van Dyck los crapulosos asaltantes ya están pegados a su espalda, Susana ya siente su aliento, uno de ellos ya le ha puesto la mano encima, ¿qué sucederá ahora?, pero el único propósito de esos rostros cetrinos y de esos oscuros ropajes es destacar la reluciente piel de nácar en las mejillas, los brazos, las piernas y el pecho de la esposa de Joaquín, itinerario luminoso que brilla entre las tinieblas de la condición humana.

La gran excepción a la regla y mi versión favorita del lance, por muy atractivas, magnéticas y voluptuosas que parezcan las demás, es la de la pintora romana Artemisia Gentileschi en la que los dos viejos fundidos en un inquietante abrazo ocupan la mitad superior del cuadro y el foco central está puesto en la proposición infame que susurran al oído de una espantada, desvalida y mucho menos formidable Susana. Es el retrato de la perfidia, la radiografía del momento en que le plantean que se entregue a ellos o de lo contrario denunciarán que la han sorprendido yaciendo con un joven desconocido.

Artemisia estaba no se sabe si contando o anticipando su propia historia pues en la época en que pintó el cuadro, su preceptor Agostino Tassi la violó aviesamente, dando pie a un proceso inquisitorial en el que la víctima y denunciante -icono del feminismo contemporáneo- fue torturada, lacerando con bramantes sus dedos de pintora, para saber si decía la verdad. Sussana e i vecchioni, Artemisia e i vecchio. Si hubiera que volver a titular su fascinante lienzo como base de una producción cinematográfica yo no escogería, por demasiado obvio, Una proposición indecente sino El secreto inconfesable.

Artemisia nos incita a olvidarnos de ese pobre cuerpo, en el que la desnudez ya no es convite carnal sino mera fragilidad física, y a fijarnos en la tortura psicológica que supone para Susana una maquinación tan bien urdida. El menos viejo de los dos viejos da las instrucciones en el oído del otro y este las transmite en forma de susurro a la joven, reforzando el secreto con la pantalla de la mano. Susana sabe que los dos ancianos son jueces y que su prestigio es tal que nadie la creerá si los denuncia. Por eso agita los brazos con espanto e impotencia, no para defenderse de la agresión física sino para intentar zafarse de la trampa sin salida a la que se ve abocada.

Ilustración: Javier Muñoz
Ilustración: Javier Muñoz

Supongo que desde la promoción de Susana Díaz a la presidencia de la Junta de Andalucía se habrán publicado unos cuantos artículos inspirados en este pasaje del Libro de Daniel. Pero hasta ahora los viejos que la incomodaban eran Chaves y Griñán, prestos a mancillar su pureza política con el rijoso chantaje de un pasado compartido. Era una variante del tema bíblico: o nos proteges para que nuestras culpas queden impunes o diremos que estabas con nosotros cuando sucedió todo lo de los ERE, Mercasevilla, las subvenciones a UGT, Invercaria y demás vacas asadas. Con el matiz nada trivial, claro, de que probablemente era cierto.

En la encrucijada electoral yo veo sin embargo que los dos viejos que deslizan una propuesta sonrojante en los oídos de la lideresa andaluza son Mariano Rajoy y Felipe González, una pareja tan sorprendente como para casi todos desconocida que se ha autoerigido en guardiana del bipartidismo y el statu quo, al servicio de los poderes fácticos que confluyen en el accionariado, equipo directivo y entorno del grupo Prisa.

La sintonía entre estos dos personajes, unidos por una común falta de escrúpulos, quedó patente para quienes conocen los turbios manejos que desembocaron en la brusca abdicación del rey Juan Carlos. Un año después el monarca dimisionario mantiene un constante trajín alrededor del mundo, bastante equiparable a su anterior actividad como Jefe del Estado, refutando así que fueran problemas de salud los que le impedían seguir reinando. Sólo queda la hipótesis de que se precipitó la sucesión como forma de apuntalar el bipartidismo coronado, cambiando a un septuagenario bajo sospecha por un joven monarca impoluto como elemento decorativo.

Se trataba de garantizar que el poder quedara en manos del mismo conglomerado político-económico-mediático de siempre a pesar del elevado coste que su egoísmo e incompetencia ha tenido para los españoles durante los duros años de la crisis. Empezaron reparando el tejado y ahora pretenden volver a encofrar las paredes para atrincherarse en ellas. Su objetivo es aguantar el vendaval de este año que la calle presiente y anhela como el de la sustitución de la vieja política por la nueva política para que a su término todo quede en nada y continúen siendo el PP y el PSOE quienes monopolicen las poltronas.

Rajoy sigue cosechando las mayores cotas de impopularidad de un gobernante democrático y esto no habrá coyuntura económica que lo enmiende pues la pertinaz noluntad que ha caracterizado su estéril legislatura decepciona a los unos e indigna a los otros. Esa es la única división de opiniones que galvaniza a los tendidos. Pero él y los suyos tienen tanta basura acumulada en la sentina de Génova y en los cementerios de residuos autonómicos que no pueden arriesgarse a que las excavadoras de la regeneración la desentierren.

Por eso han buscado una original forma de blanquear a los imputados que puedan ir en sus listas, cambiando su denominación por la de “investigados”. Como si pintado de cebra el perro, se acabara la rabia. Eso es lo que hacían algunos castellanos viejos cuando, según recordaba el otro día Luis del Pino, echaban a los cerdos al río durante la cuaresma para pescarlos a continuación y zampárselos sin remordimiento alguno. Ya se sabe: del monte, el mero; y del río, el cordero.

Admitamos que lo de “imputados” supone una incitación permanente a cerrar el plano, como hicimos con aquella pancarta que incluía las letras “ETA” precediendo a una marcha de simpatizantes de la banda, y a recordar todos los días que la política española es la casa de putas con mayor overbooking de la historia. Pero lo correcto hubiera sido trocar el vocablo por el de “encausados” para distinguir a aquellos en cuyas conductas un juez ve indicios de delito, de aquellos que, suscitando sospechas en la policía, son investigados dentro de la estricta legalidad, como Villarejo hizo con Ignacio González, en pos de los elementos que permitan judicializar el caso.

Hecha esta precisión queda el debate de la presencia en las listas de quienes a esos efectos igual da que lleven etiqueta de carne o de pescado. Y estando contra el automatismo que dejaría en manos de los jueces la confección de las candidaturas por la simple vía de admitir a trámite una querella y citar a declarar a los incluidos en ella, más aún lo estoy contra la reiterada praxis de la cupolocracia consistente en eludir la depuración de responsabilidades políticas amparándose en el carácter meramente indagatorio que tiene la fase de instrucción sumarial.

González y Rajoy dicen lo mismo porque están juntos en el barco de los intereses creados y los encubrimientos recíprocos”.

Todo está perfectamente resumido en la perorata que el letrado Felipe González, que ya se embutió la toga -y de qué manera- para defender a Barrionuevo, acaba de dirigir al tribunal de la opinión pública en pro de Manuel Chaves, imputado por el Supremo en el sumario de los ERE. Sostiene Antonio que Bruto es un hombre honrado. Incluso que es “una persona absolutamente íntegra”. Y lo presenta como víctima de una “causa general” porque “en el caso de que hubiera tenido responsabilidad política, que también lo dudo, es impresionante que se transforme en responsabilidad penal”. Y eso “lo tiene que corregir la propia Justicia”. Caramba, si es lo mismo que masculló el día del entierro de Tomás y Valiente: “¿Es que no hay nadie que les diga a los jueces lo que tienen que hacer?”.

El razonamiento pertinente es el inverso: sea cual sea su responsabilidad penal y al margen de en qué fase se encuentre el proceso, un partido con un mínimo sentido del pudor y la vergüenza ajena debería haber retirado hace ya tiempo de la vida pública a quien presidía la Junta de Andalucía cuando se malversaron miles de millones -el desvío del dinero no es presunto- a bolsillos afines. Pero, claro, ese cuento debería habérselo aplicado a sí mismo el señor X en los tiempos de los GAL y serviría también de rasero para el fariseo Rajoy que nos dice que seguirá “mandando SMS” porque “confía en la gente” como si Bárcenas hubiera conseguido bloquear informativamente la Moncloa durante los dos días que transcurrieron entre la divulgación del hallazgo de su fortuna en Suiza y el “Luis, sé fuerte” tecleado por su jefe, amigo y protector.

González y Rajoy dicen lo mismo porque están juntos en el barco de los intereses creados y los encubrimientos recíprocos. Lo ideal para ellos, además de domeñar a la justicia, sería domesticar a los piratas que preparan el abordaje por sus respectivos flancos. Pero ni Pablo Iglesias ni Albert Rivera van a ser tan estúpidos de prestarse a servir de comparsas para apuntalar el poder territorial del PSOE o el PP cuando quedan unos meses para la madre de todas las batallas en la que el premio es la Moncloa.

Sea cual sea el margen de su victoria y por muy variable que resulte la geometría del parlamento andaluz Susana Díaz va a necesitar que el PP le permita gobernar a base de abstenciones y otro tanto lleva camino de ocurrirles a la inversa a Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes. Al servicio de ese do ut des han sido sacrificados los dos listos del tranvía que pasaba por el ático. Y el remate de todo sería la gran coalición que dejaría a la nueva política con dos palmos de narices y mantendría a Rajoy en el Trono de Hierro hasta que dentro de esos “tres, cuatro o cinco años”, señalados por el padre padrone, llegara la lideresa andaluza a relevarle.

Ese es el plan. Ese es el guión que un viejo le ha soplado al otro viejo y que este a su vez ha chichisbeado a la casta Susana. En el Libro de Daniel el busilis consistía en inventar a un joven seductor como socio de la imaginaria coyunda. En esta reedición felipista de la Biblia el pretendiente existe pero lleva camino de quedarse al pie del altar, con las flores en la mano, repitiendo compulsivamente eso de “tú a San Telmo, yo a la Moncloa”, hasta que un día la ambiciosa Susana emerja cual ballena Turandot para engullirle en uno de sus acertijos.