A la UE le da igual quién gane las elecciones en Grecia

sipaSea quien sea el vencedor, la política económica no podrá cambiar. Cualquier nuevo gobierno en Grecia tendrá que aplicar sí o sí los ajustes y reformas comprometidos a cambio del tercer rescate “No habrá una gran renegociación política del rescate”, avisa el Eurogrupo, aunque unos resultados muy fracturados retrasarían y aumentarían su coste.

sipaEsta vez, a la Unión Europea le resulta indiferente quién gane las elecciones del domingo en Grecia. Sea quien sea el vencedor, la política económica no podrá cambiar. Cualquier nuevo gobierno tendrá que aplicar sí o sí los ajustes y reformas comprometidos a cambio del tercer rescate de 86.000 millones de euros que se aprobó en agosto, según la consigna que se repite en Bruselas.

A diferencia del nerviosismo y los sobresaltos de las últimas dos elecciones griegas y del referéndum de julio, los líderes europeos afrontan con tranquilidad esta nueva convocatoria electoral. Los principales partidos con opciones de entrar en el Gobierno apoyaron en el Parlamento heleno el tercer rescate. Un rescate que negoció y firmó el ex primer ministro y líder de Syriza Alexis Tsipras, que acabó capitulando a las exigencias de la UE pese a haber ganado las elecciones de enero con un programa antiausteridad y que exigía el fin de la troika.

“Querría que el programa [de rescate] que hemos acordado sea respetado por cualquier gobierno griego. El de antes, el de ahora y el próximo”, dijo el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, en su reciente discurso sobre el estado de la Unión ante la Eurocámara. El luxemburgués lanzó un aviso contra cualquier tentación de cuestionar los recortes. “Si esta vez las reglas acordadas en común no se respetan, la reacción de la UE y de la eurozona será diferente”, apuntó en una velada referencia a una posible salida de Grecia del euro, que Alemania ya puso sobre la mesa en las negociaciones de julio.

Por su parte, el presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, ha admitido que “la situación política en Grecia no está clara porque hay unas elecciones y hay que esperar al resultado”. “La única garantía que tenemos, y creo que es muy importante, es que el programa fue acordado por una vasta mayoría en Parlamento griego. Eso nos da confianza, sea cual sea el resultado”, dijo Dijsselbloem tras la última reunión de ministros de Economía de la eurozona celebrada el pasado fin de semana en Luxemburgo, en la que se abordó la situación griega.

“No habrá una gran renegociación política del programa. No creo que sea posible ni necesario”, aseguró el presidente del Eurogrupo. Sí que hay margen para ajustar el contenido de reformas concretas que no están detalladas en el rescate, por ejemplo la laboral, según el ejemplo que puso Dijssebloem. También el ministro de Economía español, Luis de Guindos, ha resaltado que la UE no aceptará “ningún tipo de modificación” en las condiciones exigidas a cambio del tercer rescate.  “El programa es el programa, independientemente del color político del Gobierno”, afirma.

Temor a resultados muy fracturados

Lo que más preocupa en Bruselas es un resultado poco claro que dificulte la formación de gobierno o incluso obligue a repetir los comicios, como ya ocurrió en 2012, y vuelva a retrasar las reformas y aumentar el coste del rescate. La Comisión Europea ha seguido trabajando con el Gobierno en funciones en la puesta en marcha de las medidas que ya aprobó el Parlamento heleno y ya ha elaborado una lista de deberes urgentes para septiembre y octubre, que incluye:

●      aprobar el presupuesto de 2016

●      completar la reforma de las pensiones

●      poner en marcha una administración tributaria independiente

●      recapitalizar la banca, muy dañada por la fuga de depósitos y el corralito.

El Banco Central Europeo (BCE) está realizando tests de estrés a los cuatro principales bancos helenos y publicará las necesidades de capital a finales de octubre. El fondo de rescate (MEDE) ha reservado ya 10.000 millones de euros para los bancos y el programa contempla otros 15.000 millones si fueran necesarios. La recapitalización “se hará lo antes posible por la simple razón de que la recuperación económica empieza a menudo, también en el caso de Grecia, con la recuperación de los bancos”, ha dicho Dijsselbloem.

También está en juego un posible alivio de la deuda griega, que podría negociarse a partir de octubre, y que sigue chocando con la resistencia de Alemania. Pero ahora es más probable que nunca que haya un acuerdo porque el Fondo Monetario Internacional pide una reestructuración de la deuda como condición previa para participar en el tercer rescate.

“Creo que la implicación del FMI es una necesidad para los Estados miembros y para Grecia. Soy bastante optimista”, ha dicho el comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici. El Eurogrupo ha acordado que no aceptará una quita en el valor nominal de la deuda helena, es decir, que no se perdonará a Atenas parte de lo que debe. Así que las alternativas son ampliar el periodo en el que Grecia no tenga que pagar nada, alargar los plazos de devolución y reducir los tipos de interés.

El anticipo electoral pasa factura a Alexis Tsipras en los sondeos

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Syriza sufre un brutal desgaste en las encuestas. En las elecciones de enero obtuvo un 36% de los votos y después se mantuvo siempre por encima del 40% en los sondeos. Fue así incluso durante el corralito y el referéndum del mes de julio. Ahora las encuestas le dan sólo un 29,6% de los votos.

El pasado 20 de agosto, Alexis Tsipras dimitió de su cargo como primer ministro y precipitó la convocatoria de elecciones en Grecia. Lo hizo después de pactar el tercer rescate con los acreedores europeos, buscando la aprobación de los griegos para continuar con el programa de su partido, Syriza.

Hasta ese momento Syriza se había mantenido fuerte en las encuestas, pero desde la convocatoria de elecciones se ha desplomado. Así puede observarse en el siguiente gráfico, que representa una media de encuestas de los últimos meses (incluidas 21 de las últimas dos semanas).uno c

Syriza sufre un brutal desgaste en las encuestas. En las elecciones de enero obtuvo un 36% de los votos y después se mantuvo siempre por encima del 40% en los sondeos. Fue así incluso durante el corralito y el referéndum del mes de julio.

Ahora las encuestas le dan sólo un 29,6% de los votos.

Una parte de la pérdida se debe al nacimiento de un nuevo partido. Al día siguiente de la dimisión de Tsipras —y ante la perspectiva de unas nuevas elecciones—, un grupo de 25 parlamentarios abandonó Syriza para formar Unidad Popular (Laikí Enótita, LAE). Un partido que ya contaría con la simpatía del 5% de los votantes.

Sin embargo, el nuevo partido no puede explicar toda la caída de Syriza —que se deja 12 puntos desde julio—, ni tampoco el avance de Nueva Democracia. El principal partido en la oposición ha ganado cuatro puntos desde el referéndum de julio y según las encuestas estaría a un 3% de votos de ganar las elecciones.

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En definitiva, en las últimas semanas las encuestas se han movido en favor de la oposición y en contra de Syriza. Esta tendencia puede continuar, aunque es más probable que, tras la convocatoria de elecciones y la escisión de LAE, se haya alcanzado un nuevo equilibrio.

Quedan tres semanas para las elecciones y Syriza conserva ventaja, pero las encuestas sugieren que la disputa está más reñida de lo esperado.

PS. Una nota sobre la precisión de las encuestas en Grecia. Si bien es cierto que fallaron por un margen amplio en el referendum de julio, también lo es que en las elecciones de enero estuvieron muy precisas.

El tercer órdago de Tsipras

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Para Tsipras es la tercera arriesgada apuesta del año. Las otras dos -las elecciones del 25 de enero y el polémico referéndum del 5 de julio sobre el acuerdo que negociaba en Bruselas- las ganó aunque el resultado no fuera el prometido.

Gráficos: Kiko Llaneras

Alexis Tsipras no ha esperado ni un día. Había dicho que daría nuevos pasos políticos una vez que estuviera cerrado el acuerdo del tercer rescate y que llegara el dinero para cumplir con el pago de 3.200 millones al BCE y así lo ha hecho.

El primer ministro griego ha dimitido este jueves abriendo la puerta a las segundas elecciones generales en Grecia en menos de un año, las cuartas desde 2012. “Les pido que me den una respuesta ante este anuncio. Que me enseñen el camino para gobernar este país”, dijo Tsipras en un discurso en la televisión pública. En el eterno retorno en el que se ha convertido la infinita saga griega, que empezó hace más de un lustro, los griegos volverán a votar bajo la mirada de los acreedores internacionales, más exigentes que nunca tras la agotadora aprobación del nuevo rescate.

Para Tsipras es la tercera arriesgada apuesta del año. Las otras dos -las elecciones del 25 de enero y el polémico referéndum del 5 de julio sobre el acuerdo que negociaba en Bruselas- las ganó aunque el resultado no fuera el prometido. En la primera se quedó a un paso de la mayoría absoluta y eligió un partido casi antitético -los nacionalistas Griegos Independientes (ANEL)- como socio de gobierno. En la segunda, pidió y obtuvo el respaldo de más del 61% de los votantes para rechazar un acuerdo definido como inaceptable para acabar firmando poco después un pacto aún más duro.

¿Por qué ahora?

Que Grecia se enfrentaba a la posibilidad de nuevas elecciones en otoño quedó claro tras la aprobación el 12 de agosto del tercer rescate en el Parlamento. Allí se escenificó la primera gran fractura de Syriza: 44 diputados de la formación, liderados por el ya ex ministro Panagiotis Lafazanis, líder de la Plataforma de Izquierdas, rechazaron respaldar el acuerdo, que salió aprobado con los votos de la oposición. El Gobierno se quedó sin mayoría e incluso por debajo de los 120 votos, el mínimo necesario para sobrevivir a una moción de censura. Esta última fue la primera opción que se barajó para volver a cerrar filas. Pero al final el primer ministro ha preferido tirar por la calle de enmedio. Y la razón tiene que ver precisamente con la dificultad de evitar una escisión en su partido y a la vez el desgaste de tener que aprobar durante meses todas las medidas previstas por el nuevo memorándum con los votos de la oposición.

La dimisión le evita a Tsipras el trance de un nuevo debate parlamentario tras los duros intercambios mantenidos con los diputados de su misma bancada en la votación del 12 de agosto y le quita la posibilidad de atacarle públicamente a Lafazanis, que se dispone a formar un nuevo partido a la izquierda de Syriza. Así lo cree Dimitris Sotiropoulos, profesor asociado de Ciencia Política de la Universidad de Atenas: “Tsipras, cuyo principal objetivo es ahora mantener unido el partido, evita que se reproduzca la imagen de la ruptura en el Parlamento y podrá construir su lista electoral, depurada de los diputados rebeldes”.

¿Qué significa para el país?

La otra razón del timing elegido por el primer ministro es, según Sotiropoulos, que esperar más hubiera significado llegar a las urnas cuando los ciudadanos empezarán a experimentar los primeros efectos de las primeras medidas aprobadas por el nuevo rescate o tras la puesta en marcha de otra de las peticiones más difícil de digerir para su electorado: la reforma de las pensiones prevista para el otoño.

De hecho, la aplicación de los requerimientos del nuevo memorándum se verá afectada por el inevitable retraso que acarreará el nuevo periodo electoral. En octubre se producirá la primera revisión del rescate. “La convocatoria de elecciones significa que el país se quedará parado durante más de un mes. Eso retrasará la recuperación de la actividad económica y la posibilidad de atraer de nuevo a los inversores”, dice Sotiropoulos a EL ESPAÑOL.

¿Qué escenario político se abre?

Los sondeos de intención de voto auguran una nueva victoria de Syriza y un amplio respaldo al primer ministro, pero se antoja difícil que el partido logre la mayoría absoluta que ya se le escapó en las elecciones de enero. Esta vez el voto se podría centrar aún más en la persona de Tsipras, protagonista absoluto del escenario político griego en los últimos meses.

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“La mayoría absoluta no es imposible pero es muy difícil, sostiene Wolfango Piccoli, director de la consultora de análisis de riesgo político Teneo Intelligence. “Sobre todo si tenemos en cuenta que el nuevo partido que surja de la escisión de Syria podría llegar hasta un 3-5% de los votos. Luego está por ver cómo reaccionarán sectores como los pensionistas, que apoyaron a Tsipras en enero”.

Si Syriza vuelve a quedarse sin mayoría, las elecciones dirimirán si al final cumple su giro hacia el centro y hacia su transformación en un nuevo Pasok según Piccoli: “Dependerá del socio que elija: si vuelve a pactar con ANEL o se dirige hacia el centrista To Potami”. Justo el mismo dilema que se planteó después del voto del 25 de enero.

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La ventaja con la que puede contar ahora Tsipras es que el resto de la oposición está muy desgastada. Sobre todo por el resultado del referéndum de julio, en el que los conservadores de Nueva Democracia (ND) y los socialistas del Pasok pidieron el voto para el . ND sigue sin haber elegido un nuevo líder tras la salida de Samarás. “Era el mejor momento para Tsipras”, sentencia Sotiropoulos. “Pero el peor para el resto de los partidos y para el país”.

(Foto: ALKIS KONSTANTINIDIS / REUTERS)

Sr. Sánchez, cinco dudas sobre si Europa quiere más Europa

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El Partido Socialista aprovechó este martes el debate sobre Grecia para presentar una propuesta de resolución ante la Mesa del Congreso que pretende un cambio de calado en la estructura de la Unión Europea y se resume en una frase: “Más Europa pero también otra Europa”. Bajemos a la tierra, ¿son factibles estas propuestas?

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El Pisuerga pasó ayer por el Congreso de los Diputados en el pleno dedicado a debatir el tercer rescate a Grecia, un acuerdo que implica avalar a escote otros más de 86.000 millones de euros en préstamos a la nación helena (10.000 millones por parte de España) que irán a recapitalizar su banca y cubrir las necesidades de financiación del Gobierno de Alexis Tsipras. El Partido Socialista aprovechó el encuentro para presentar una propuesta de resolución ante la Mesa del Congreso, tal y como había avanzado El País, que pretende un cambio de calado en la estructura de la Unión Europea y se resume en una frase: “Más Europa pero también otra Europa”. La formación que lidera Pedro Sánchez se quiere así colocar en línea con el movimiento liderado por François Hollande desde Francia y Matteo Renzi desde Italia en busca de recuperar el espacio perdido por la socialdemocracia durante la crisis con un cambio de política a nivel europeo.

Bajando a los puntos concretos de la propuesta de los socialistas españoles, ¿son factibles? ¿Quiere Europa una mayor unión? Hace tiempo que todos parecen de acuerdo en que el proyecto común no tiene mucho más tiempo ni hueco para más parches para solucionar los problemas con los que nació su estructura pero aquí van cinco puntos que los socialistas deberían tener en cuenta para hacer una proposición realista que no suene a grandes titulares de etapa electoral.

1. Igualar los impuestos a las empresas: la bicha

Dice el documento socialista:

La fragmentación tributaria en la Unión Europea constituye una fuente permanente de fraude y elusión fiscal (…) y provocan la percepción ciudadana de que el esfuerzo fiscal y tributario en los diferentes Estados no es homogéneo (…). Es necesario avanzar hacia la armonización del tipo mínimo del impuesto de sociedades.

Armonizar el Impuesto de Sociedades en Europa, es decir, poner un impuesto mínimo igual en todos los países que se cobre a las empresas por su beneficio, es el ejemplo de libro a la hora de hablar de intereses divergentes de los miembros de la Unión Europea. Es la línea roja que se atrevió a trazar Irlanda, con amenaza incluida de salirse del euro, cuando negociaba las condiciones de su rescate. Aceptaba básicamente todo menos que le tocasen su flamante impuesto del 12,5% que atrae a tanta multinacional (en España está actualmente al 28%). Como además tenía el respaldo del Reino Unido, el impuesto irlandés no se tocó.

Si un país con la espada de Damocles de un rescate puede plantear semejante pulso y ganarlo, quién puede albergar esperanzas de una armonización máxime cuando los impuestos directos (y el de sociedades está entre ellos) exigen unanimidad de los Estados para su modificación. Ese sueño tiene además una larga historia.

Como recuerda Francisco de la Torre, inspector de Hacienda y responsable del programa fiscal de Ciudadanos, “Europa no ha sido capaz en casi 15 años de ponerse de acuerdo ni siquiera en una propuesta de base imponible armonizada común”. Es decir, no ha logrado aprobar ni qué se considera beneficio empresarial tributable y cómo se define el reparto de impuestos entre países cuando una misma empresa opera en varios Estados miembros (propuesta de Directiva de armonización de la base consolidada común, o BICCIS, a cuya aprobación también hace referencia el documento socialista).

Como explicó De la Torre ante el Comité Económico y Social Europeo en 2014, al que acudió en calidad de experto, “lo que hay que hacer son planteamientos de mínimos, como establecer normas comunes contra los paraísos fiscales, es decir, lograr que al menos el dinero se quede en Europa”.

Y hay que reconocer que se está avanzando en frenar la competencia desleal entre Estados pero por otra vía que no es la armonización y gracias a un motivo claro: la presión, tanto de la opinión pública como de EEUU. Para empezar, la Comisión Europea la preside hoy Jean Claude Juncker, primer ministro de Luxemburgo cuando se firmaron buena parte de los acuerdos secretos con multinacionales para minimizar su factura fiscal destapados por el Consorcio Internacional de Investigación Periodística (ICIJ) y contados en España por El Confidencial. Para seguir, Estados Unidos se ha cansado de que sus multinacionales usen a países europeos (como Holanda o Irlanda) para crear puentes a paraísos fiscales gracias a los que no pagan impuestos prácticamente en ningún sitio. El caso Apple fue un antes y un después.

De ahí vienen un buen número de investigaciones abiertas pero también los acuerdos de intercambio de información entre países (a nivel europeo y también mundial) que pretenden dar herramientas a las agencias tributarias para investigar si las empresas pagan por lo que ganan en cada país o si los Estados cierran acuerdos secretos con multinacionales que supongan competencia desleal con otras arcas públicas comunitarias. España tiene ya lista, a falta de aprobación en Consejo de Ministros, la normativa para que las multinacionales con sede en este país informen de sus datos país por país a partir de 2016.

2. Para las cajas alemanas no hay MUS

Dice el documento socialista:

La unión bancaria es un elemento fundamental de la unión monetaria para reforzar el sistema financiero, garantizar que contribuya al crecimiento de la economía real y hacer frente a futuras crisis financieras. (…) Se asienta sobre tres pilares: regulación europea, supervisión y resolución únicos para la zona euro.

Uno de los grandes orgullos que exhiben los gobiernos derivado de la crisis financiera y dirigido a estrechar lazos en la Unión Monetaria es el Mecanismo Único de Supervisión del Banco Central Europeo (BCE), el MUS, al que también alude el documento de los socialistas españoles recordando que “ya está en funcionamiento”. Ni mención hacen al alcance limitado del mecanismo.

Este policía común de la banca, que es el reconocimiento explícito de que los supervisores nacionales no son lo bastante independientes, existe para supervisar directamente a las entidades financieras, los riesgos que asumen, la calidad de sus órganos de gobierno y los procesos de toma de decisiones. Pero no mira a todas las entidades y no es casualidad. Como no lo es que fuesen Alemania y Austria quienes pusieran más empeño en defender que el BCE no iba a ser capaz de abarcar con la suficiente diligencia la supervisión de las miles de entidades financieras que operan en Europa (como si las cajas de ahorros no tuvieran capacidad de liarla parda).

Son precisamente el equivalente alemán de las cajas de ahorros españolas, las sparkassen, las que quedaron fuera del umbral fijado para pasar a control directo del BCE. Dicho umbral implica, a saber: tener bajo gestión activos con un valor superior a 30.000 millones de euros, representar el equivalente al 20% del PIB del país o haber recibido ayuda del Mecanismo Europeo de Estabilidad, es decir, haber sido rescatado.

El resultado de ese umbral es que, aunque Alemania por tamaño es el país que más entidades pasan a estar supervisadas por el MUS (21), ha logrado que el 48% de su sistema financiero quede fuera de la supervisión directa.

No son pocas las voces que han señalado los desequilibrios que este juego de tamaños puede generar a medio plazo.

3. Deuda común cuando más pesa la deuda

Dice el documento socialista:

Proponemos la creación de un Tesoro Europeo para la zona euro (…) con capacidad para emitir eurobonos y mutualizar parcialmente la deuda pública de los Estados miembros.

El de los eurobonos es otro de los temas recurrentes que ha mantenido dividida a Europa y en el que, hasta la fecha, ha resultado vencedora la posición en contra, con Alemania en cabeza. El economista jefe del Nomura, Richard Koo, entre otros, ha pasado años alertando a Europa de lo que estaba ocurriendo por el hecho de tener bonos de diferentes países emitidos en la misma moneda. Su explicación es sencilla: cuando un gran fondo de inversión reduce o aumenta su exposición a deuda pública en dólares lo único que puede hacer es vender o comprar títulos del Tesoro de EEUU. Sin embargo, reducir o aumentar su exposición a deuda pública denominada en euros puede hacerse vendiendo todos los bonos de un país y refugiándose en los de otro sin salir de la moneda única. Ese arbitraje, que ya fue dañino al comienzo de la crisis, es incluso más lógico ahora que la recesión y las medidas adoptadas han disparado los niveles de deuda sobre PIB de numerosos países. Alemania se negó incluso a la propuesta del prestigioso think tank Bruegel, con sede en Bruselas, de crear eurobonos (o bonos con respaldo europeo) que cubriesen solo hasta el equivalente al 60% del PIB de cada país cuando muchos países (incluida España entonces) no alcanzaban ese nivel y mucho menos el actual.

La propuesta de mínimos planteada desde diferentes círculos económicos en este punto se refiere a emitir deuda común para fines concretos, como los planes de inversión destinados a estimular la economía.

4. Salario Mínimo común… ¿sólo?

Dice el documento socialista:

El mercado de trabajo, al menos en la zona euro, debe estar más integrado (…). Ello implica construcción de un mercado de trabajo integrado en la zona euro que incluya la portabilidad de las contribuciones a la Seguridad Social, el desarrollo de políticas activas de empleo de dimensión europea y el establecimiento de un salario mínimo para la zona euro en base al salario mediano de cada Estado.

Para José García-Montalvo, catedrático de Economía de la Universidad Pompeu Fabra, no tiene sentido ponerse a plantear medidas comunes en el mercado laboral cuando los europeos no consideran que Europa sea un mercado laboral único. “En los países del sur se sigue tomando como un drama salir a trabajar a otro país y países del norte, como Alemania, legislan para que quien va a buscar trabajo se tenga que volver a su país de origen si en un plazo determinado no lo encuentra”.

Pero además son los propios sindicatos los que durante la crisis han pedido que no se ponga el foco de forma aislada en los costes laborales sin atender al resto de factores que influyen en la economía, ¿no sería esta una medida en la misma dirección y sentido inverso?

El ejemplo más claro de lo que ocurre cuando te centras aisladamente en todo lo que afecte al coste laboral es el sector del automóvil español, que en la última década ha tenido que ir renunciando a un número cada vez mayor de sus conquistas en materia laboral para lograr atraer producción a sus fábricas. La lucha por el coste laboral, además de la calidad de las líneas de producción, se ha encontrado un obstáculo constante en el precio de la electricidad en España o la mala conexión para el transporte de mercancías (en el país con más kilómetros de AVE por habitante). En un mundo en que las fábricas de una misma compañía compiten por hacerse con producción, modificar un parámetro sin atender al resto puede ser más perjudicial que beneficioso.

5. Es la política, estúpidos

El documento del PSOE repasa toda una serie de argumentos que han creado grietas entre las dos ideologías predominantes en Europa, como “la reforma del BCE para incorporar objetivos de crecimiento económico y creación de empleo, en pie de igualdad con los de inflación”; “armonizar la edad de jubilación en la zona euro” o establecer “un seguro de desempleo europeo”. Sin embargo, ¿no sería necesario avanzar ideologicamente en la visión de Europa para ver si hay recorrido hacia una mayor unión económica?

Javier Flores, jefe de Estudios de Asinver, señala que el problema que hay que solventar en Europa no es económico sino político y tiene su origen, de nuevo, en la propia creación de la Unión. “Francia la apoyó para recuperar la grandeur, para colocarse en el centro de una moneda capaz de ser reserva nacional y defender los ideales que históricamente había abanderado. Alemania pretendía participar en la creación de un área de comercio e influencia. Cuando la economía acompañaba no hubo conflicto entre ambas ideas. Ahora ambos deben darse cuenta de que no hay ideales que defender sin una economía fuerte ni Europa sin defensa de unos derechos comunes”. Y eso no se consigue “llevando a la opinión pública visiones nacionalistas”, como que el norte es una panda de usureros y el sur un montón de vagos, y utilizándola en los procesos electorales. “Hay una labor enorme que hacer desde la educación para hacer que Europa se una”.

Un crash bursátil programado desde junio

parthenon_crashNo estaba descontado, no dio tiempo a hacerlo. Cuando el viernes 26 de junio, al filo de la medianoche, el primer ministro Alexis Tsipras convocó un inesperado referéndum para votar las medidas del rescate financiero negociado con la Unión Europea, los mercados se encogieron de miedo ante lo que se venía encima.

No estaba descontado, no dio tiempo a hacerlo. Cuando el viernes 26 de junio, al filo de la medianoche, el primer ministro Alexis Tsipras convocó un inesperado referéndum para votar las medidas del rescate financiero negociado con la Unión Europea, los mercados se encogieron de miedo ante lo que se venía encima. En pocas horas, Grecia decretó el cierre de las bolsas, de sus bancos e instauró un corralito financiero que todavía está vigente.

Cinco semanas después, el crash bursátil registrado este lunes en Grecia es el resultado de aquella decisión planteada desde el Gobierno de Atenas como parte de su pulso con Europa. El ASE, índice general de la bolsa ateniense, se ha derrumbado este lunes al cierre un 16,2%, hasta 668 puntos. Es la mayor caída de la historia del índice, desde que en 1986 se tienen registros. El récord negativo pudo ser mayor: llegó a caer cerca del 30% en la apertura y la suspensión de la cotización de los bancos evitó males mayores.

El ASE, índice general de la bolsa ateniense, se ha derrumbado este lunes al cierre un 16,2%, hasta 668 puntos. Es la mayor caída de la historia del índice, desde que en 1986 se tienen registros.

Piraeus, Alpha y Eurobank, tres de las principales entidades del país, fueron suspendidas tras alcanzar el límite del 30% de caída. Como consecuencia de las medidas de control de capitales, los propios griegos tienen vetado retirar dinero de los depósitos y comprar acciones. Para un mercado de apenas 40.000 millones de euros de capitalización bursátil el golpe es demoledor, aunque para los mercados globales es menor. Estaba prevista la debacle y el resto de bolsas europeas apenas reaccionaron al regreso de su par griega.

Regreso a la gran recesión

La reapertura bursátil supone un paso hacia la normalización de la actividad económica y financiera en Grecia, pero las consecuencias del cerrojo financiero de finales de junio siguen más que visibles: continúan las restricciones a las retiradas de efectivo, la actividad económica en el país se ha desplomado, especialmente, en aquellas áreas que tienen que ver con el comercio internacional.

La Comisión Europea prevé que Grecia vuelva a la recesión en 2015 con una caída del 2% al 4% en su Producto Interior Bruto (PIB). Es el precio a pagar por tres semanas con los bancos cerrados y cinco semanas con los mercados financieros apagados. Hoy se conoció el índice de actividad manufacturera de julio que elabora la consultora económica Markit.

Su resultado es terrible: el barómetro adelantado se desplomó hasta 30 puntos, su cota más baja desde que se creó y muy lejos del nivel 50 a partir del cual se indica expansión en el sector. La lectura anterior fue de más de 45 puntos. El informe mensual se realiza a partir de 300 encuestas a empresas representativas de la economía industria griega y el tono coral de los empresarios fue el mismo: el corralito y cierre bancario ha golpeado con violencia la vida industrial helena.

Evolución del PIB (verde) y del PMI (azul) en Grecia.
Evolución del PIB (verde) y del PMI (azul) en Grecia.

“Los productores de bienes tuvieron apuros en la obtención de suministros y destacó el marcado aumento en los tiempos de entrega del proveedor. El grado de deterioro de la actuación de los proveedores fue de lejos el más pronunciada en la historia de la serie. Los panelistas mencionaron la dificultad para recibir artículos desde extranjero”, señala Phil Smith, economista de Markit y autor del informe. Ni las ayudas desde Europa parecen evitar lo que ya es un secreto a voces: la recesión ha vuelto a Grecia y con más fuerza que nunca.

Imagen: archivo

El cuento de la Bolsa china

sse“El chófer de Rockefeller está comprando”. Quienes se dedican a la bolsa profesionalmente o le prestan una especial atención en sus finanzas personales saben lo que significa.

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“El chófer de Rockefeller está comprando”. Quienes se dedican a la bolsa profesionalmente o le prestan una especial atención en sus finanzas personales saben lo que significa. Viene a ser un suerte de alarma ante la llegada de inversores debutantes, poco preparados o que han obtenido buenos rendimientos en sus primeras operaciones y quieren más. La frase se origina en la anécdota sobre la estrategia bursátil del multimillonario creador de la Standard Oil y la industria petrolera en EEUU: “Si mi chófer compra, yo vendo”.

Para los profesionales es toda una señal ‘contrarian’ o inversa: hay que vender, llega la masa. Como en otros países y en otras épocas, el capitalismo popular se ha reproducido también en China con el beneplácito del Gobierno y el peligroso acompañante del apalancamiento o las inversiones a crédito, que multiplica ganancias y pérdidas. Cuando la bolsa sube tiene efectos placenteros y alucinógenos, pero cuando baja son devastadores.

Eso es más o menos lo que ha sucedido en la bolsa china en los últimos meses y en especial desde el pasado 12 de junio. Hasta esa fecha, el SSE Composite, índice de referencia de la bolsa de Shangai, había subido un 150% en cuestión de 12 meses. Una subida vertical alimentada por las compras de los particulares chinos a cualquier precio y de nuevos ricos dispuestos a ejercer su capacidad de compra sobre el mercado de acciones.

Salvo la muerte, toda tendencia tiene un final. En junio comenzaron los nervios en China y tras las primeras caídas comenzó el desastre. El terremoto llegó con la crisis de deuda en Grecia y la sacudida de los mercados occidentales. Debido a que muchas de las inversiones estaban a crédito, los brókers -intermediarios que ejecutan las compraventas- y casas de bolsa comenzaron a exigir a sus clientes nuevas garantías para esos créditos bajo amenaza de ejecución o venta forzada de sus inversiones. Es lo que ha sucedido para miles de ellos.

Prohibida la crisis

La caída del citado índice SSE se elevó por encima del 35% en cuestión de tres semanas. Para la bolsa de moda en el último año, la pérdida de valoración superó los 2 billones de dólares. En ese momento, el todopoderoso Gobierno chino obró ante el crash bursátil como suele hacerlo en otros ámbitos: prohibiendo cualquier actividad. Pero ese ‘que nadie se mueva’ suele tener consecuencias nefastas en los mercados financieros, como han demostrado las últimas crisis bursátiles en Occidente. Pasa lo mismo en Oriente.

Para un inversor hay algo peor que ver como bajan sus acciones: la iliquidez o la ansiedad de no poder venderlas. El regulador bursátil chino comenzó a suspender cotizaciones de compañías a diestro y siniestro. Hasta 1.300 de empresas, o la mitad del mercado, llegaron a estar sin cotización de forma simultánea. Mientras tanto las autoridades han ido aprobando diversas medidas para contener la debacle, aunque el daño para los pequeños inversores está hecho y es irreversible. Muchos lo han perdido todo.

Entre las medidas que implementó Pekín se encuentra la creación de un fondo de estabilidad bursátil de 19.000 millones de dólares orquestado por un grupo de brókers y el permiso a los fondos de aseguradoras para que inviertan hasta un 10% de sus activos en bolsa. También la práctica paralización de salidas a bolsa, que provocaban un exceso de volatilidad en las empresas que ya estaban cotizando. Son contramedidas de medio y largo plazo que pueden calmar los ánimos, pero el golpea sobre la riqueza financiera de los ciudadanos puede llegar a la economía real.

Imagen: Shangai Stock Exchange

Pon las tuyas a remojar

ARPONERO BARBERO FINAL

No es la primera vez en la historia que un gobernante ha tenido la sensación de ser víctima de alguno de los refinados castigos que los dioses reservaban a quienes osaban desafiar su poder…

No es la primera vez en la historia que un gobernante ha tenido la sensación de ser víctima de alguno de los refinados castigos que los dioses reservaban a quienes osaban desafiar su poder. El conde-duque de Olivares se identificaba con Atlas, obligado a sostener sobre sus hombros el globo terráqueo, y no sería difícil asignar a tal o cual de sus homólogos, en uno u otro siglo, el papel de Sísifo levantando la piedra una y otra vez hacia la cima de la ladera, el de Tántalo con las relucientes manzanas del jardín de las Hespérides siempre a la vista pero nunca al alcance, el de Ixión atado a la rueda de los acontecimientos, el de Ocnos tejiendo eternamente la cuerda que se zampaba el burro del Estado o no digamos el de Ticio o Prometeo, encadenados mientras el buitre de la insidia iba devorando su hígado.

Ya le gustaría a Alexis Tsipras poder optar hoy por alguno de estos males con tal de eludir el que, sin otro artilugio que los propios útiles del oficio, parece haber sido diseñado expresamente para escarmiento de políticos temerarios. Y es que no cabe sadismo a la vez más refinado e implacable que el que viene aplicándosele al primer ministro griego desde que osó encender unilateralmente el fuego de la democracia y convocó el referéndum contra las exigencias de Bruselas para seguir financiando a su quebrado país.

Tsipras se comportó como si Grecia fuera aun un Estado soberano en el que la opinión pública supone la razón última del gobernante, fingiendo ignorar que el objeto de la consulta concernía, al menos en igual medida, a sus a la vez socios y acreedores. Incurrió en el eterno pecado de la hubris -el asaltaremos los cielos de la soberbia humana- y en toda la hubris le han dado Frau Merkel y sus 17 palanganeros.

Quien hasta hace dos semanas era percibido como un rebelde ciclópeo que atemorizaba al continente con sus machadas y amenazas, está quedando retratado ahora como un cretino político a merced de la autoridad competente. Y no me digan que, a propósito de castigos divinos, eso evocaría al impuesto por Apolo al rey Midas cuando cambió sus orejas por las de un asno, porque ya quisiera Tsipras tener a cambio el don de convertir en oro lo que tocara.

No, su única corona es la del Olimpo de los tontos, pues su admisión de que ni siquiera contaba con un plan viable para sustituir el euro por el dracma prueba que no sólo ha estado engañando a los griegos sino engañándose a sí mismo. Así es como cobra sentido la dimisión de Varoufakis a la mañana siguiente de ganar el referéndum. En el fondo los líderes de Syriza debían saber que lo que les convenía era perder el plebiscito -que triunfara el “sí”- para poder dar un heroico paso atrás, dejar a otros la gestión del embolado del tercer rescate y volver a quedar en la reserva con la aureola de los rebeldes con causa.

Lo que era inmanejable era su victoria porque la partida pasaba a jugarse en el tablero del Bild Zeitung, las cadenas de televisión y las encuestas alemanas. Opinión pública por opinión pública siempre iban a pesar más los 83 millones de un país opulento -y eso sin contar a sus satélites- que los 11 de uno en las últimas.

Tras el insolente desafío en las urnas, la negociación entre tecnócratas se transformaba así en un ajuste de cuentas que requería no de la derrota sino de la humillación de Grecia, obligada a pasar bajo las horcas caudinas de unas condiciones draconianas. Y el justo castigo a la perversidad, o más bien a la idiotez política, de Tsipras está siendo obligarle a liderar la rendición incondicional de su pueblo, compareciendo cargado de cadenas, uncido al carro del triunfo de la Europa de los Mercados –Vae victis– entre el estupor de los propios -cócteles molotov en la calle, cisma en Syriza en el parlamento- y el regocijo de los ajenos.

 

El justo castigo a la perversidad, o más bien a la idiotez política, de Tsipras está siendo obligarle a liderar la rendición incondicional de su pueblo, compareciendo cargado de cadenas, uncido al carro del triunfo de la Europa de los Mercados

 

Nadie encontrará en este análisis ni comprensión ni disculpa tras la irresponsable necedad de Tsipras. Que ahora invoque que nadie ha pasado por un “dilema de conciencia” como el suyo no inspira ninguna pena. Me alegro de que quienes hasta la propia víspera del referéndum le hacían la ola a Sietemachos Varoufakis cuando llamaba “terroristas” a los líderes europeos, hayan quedado engullidos en su propio maremoto y floten hoy como detritos de un oceánico ridículo. Pero no puedo sentirme cómodo en mis convicciones liberales con el ensañamiento del que están siendo víctimas las instituciones griegas, al ser sometidas a un público auto de fe, encañonadas por el grifo del Banco Central Europeo.

ARPONERO BARBERO FINAL
Ilustración: Javier Muñoz

Los peores augurios de que el euro se convirtiera en ese castillo monetario de “irás y no volverás” al que me refería hace dos semanas, se están cumpliendo. Si Atenas hubiera conservado el dracma, los griegos habrían ido empobreciéndose paulatinamente mediante sucesivas devaluaciones pero no se habrían encontrado nunca entre la espada de un diktat insoportable y la pared de una bancarrota segura. Si Tsipras no pasaba por el aro como una fiera domesticada, los bancos cerrados se hubieran transformado en bancos quebrados, dando paso al colapso del Estado y a un escenario de caos social. Ni siquiera hubiera podido pagar a la policía para defenderse de los suyos.

A la hora de la verdad las supuestas alternativas basadas en la ayuda rusa se diluyeron en el aire. Bastó con que le enseñaran el Big Bertha de la expulsión del euro para que el gobierno griego capitulara incondicionalmente, reproduciendo amargos episodios de la historia centroeuropea de hace 80 años, que renuncio a evocar para no ser tildado de pintor de brocha gorda.

¿Era imprescindible imponer un ultimátum de 72 horas para la aprobación por el Parlamento griego de las medidas de ajuste duro rechazadas por el pueblo en las urnas? ¿Resultaba realmente necesario obligar a constituir ese fondo de activos públicos por valor de 50.000 millones bajo supervisión comunitaria como garantía de futuros pagos? ¿Significará esto que los bancos alemanes terminarán siendo los dueños de unas cuantas islas griegas, y quién sabe si del propio Partenón, en el caso de que se vuelva a desatender el servicio de la deuda o acaso Tsipras y sus ministros deberán ingresar como prenda física en una de aquellas cárceles para morosos abolidas por la Revolución Francesa?

La propia escenificación del trágala en una interminable reunión de líderes europeos insomnes, polarizados entre el policía alemán malo (Schäuble) y el policía alemán bueno (Merkel), denota la falta de mecanismos racionales de decisión en una Europa reducida a teatro de la hegemonía de una de sus partes. El propio Der Spiegel reprochaba hace poco a la canciller que, aun conservando la retórica paneuropea de Kohl, en la práctica ha sustituido la construcción política de la UE por un “imperialismo pedagógico” destinado a imponer, a base de exigentes rescates, sus propios valores calvinistas de rigor presupuestario y control del déficit al resto de los miembros.

En el momento en que la técnica del afeitado en seco que funcionó para España, Portugal e Irlanda ha encallado en la rugosa piel de la sociedad griega, la señora Merkel se ha transformado en el remedo político de Sweeney Todd, aquel barbero diabólico de Fleet Street que degollaba a sus víctimas cuando pasaban por su establecimiento a que les hiciera un arreglo y las convertía luego en el picadillo del pastel de carne que vendía en un restaurante anexo. Ese es el menú que desde Berlín y Bruselas se ofrece ahora a la comunidad financiera: de primero carpaccio de Alexis en láminas muy finas, de segundo estofado a la Tsipras y de postre souflé de Syriza.

Al reconocer que no tiene más remedio que aplicar unas medidas en las que ni él ni sus conciudadanos creen, el jefe del Gobierno de Atenas está levantando acta no sólo de su propia defunción política sino de que Grecia ha dejado de existir como Estado independiente. Lo cual tendría sentido si su soberanía hubiera quedado voluntariamente diluida en la de unos Estados Unidos de Europa cuyo gobierno democrático aplicara políticas fiscales uniformes para amortizar la deuda de todos, asumida como carga común. Así actuaría la solidaridad propia de una unión política en la que la moneda única fuera el escaparate de una realidad previa.

A falta de todo ello los actores políticos de los países de la zona euro se dividen en resignados zombis al servicio de los designios de quien manda y clientes potenciales de la barbería de Sweeney Merkel. Reducido a la mudez en los pasillos y antesalas comunitarias -los estafermos no hablan inglés-, Rajoy es el más dócil y servicial de los primeros. Sujeta la bacinilla y los útiles de afeitar a la barbera o limpia con la fregona el rastro de sus sanguinarios alardes sin que ello requiera contraprestación alguna. Y si hasta la propinilla de la presidencia del Eurogrupo para un paisano recomendado se le niega, pues qué le vamos a hacer. Otra vez será. De momento él sigue empleado ahí.

 

Los actores políticos de los países de la zona euro se dividen en resignados zombis al servicio de los designios de quien manda y clientes potenciales de la barbería de Sweeney Merkel. Reducido a la mudez en los pasillos y antesalas comunitarias -los estafermos no hablan inglés-, Rajoy es el más dócil y servicial de los primeros

El segundo grupo es el de los insensatos que, creyéndose capaces de alterar los términos o fronteras de la pax germana impuesta sobre la eurozona, caminan alegres y confiados hacia un inexorable destino tragicómico. Cuando las barbas de Alexis veas pelar, pon las de Pablo a remojar. Zas, zas, un par de tijeretazos y adiós Coletas. Y que vayan contestando Mas, Junqueras y el tal Romeva -que por algo dicen que se parece a Varoufakis- cuantos días aguantaría su pulso independentista con los bancos catalanes cerrados por falta de liquidez o de solvencia. El soberanismo identitario hace lo suficientemente memos a sus comulgantes como para tragarse la añagaza de la lista única de partidos adversos y políticos despolitizados pero, como en el caso de Grecia, lo que tu decidas es irrelevante si no encaja en lo que decidan los demás.

A falta de mejores argumentos, Rajoy ya se ha apresurado a poner el paralelismo tanto ante las narices de Podemos como ante las del orfeón independentista. Sería preferible no tener que recurrir a ello y que nuestra democracia se bastara y sobrara para cerrar el paso mediante la persuasión y la aplicación de la legalidad a ambos tipos de populismo. Pero con un liderazgo como este y una inteligencia institucional como la que permite que alguien pueda anunciar un martes que va a destruir España y sea el viernes recibido en audiencia oficial por el Jefe del Estado -¿rememoraron juntos la pitada del Camp Nou o sólo miraron hacia el abismo?-, ya no nos queda casi sino confiar, compungidos, en la protección de la navaja ordenancista de Frau Merkel. Porque como canta el Figaro asesino en la película de Tim Burton “no hay más que dos tipos de personas: las que están en su sitio y las que te ponen el pie en la cara”. Y alguien tendrá que obligar a estas a volver a meterlo en el tiesto.

 

 

 

De Guindos: claves de su derrota en el Eurogrupo

Todo se torció en la recta de llegada a meta. Casi en la foto final. O en palabras de su protagonista: “A veces se gana y a veces se pierde. Ha estado muy, muy apretado”. El ministro español Luis de Guindos ha perdido frente al holandés Jeroen Dijsselbloem y se ha quedado sin la presidencia del Eurogrupo, cetro que tenía virtualmente en su mano hasta hace apenas unos meses.

Todo se torció en la recta de llegada a meta. Casi en la foto final. O en palabras de su protagonista: “A veces se gana y a veces se pierde. Ha estado muy, muy apretado”. El ministro español Luis de Guindos se ha quedado sin la presidencia del Eurogrupo, cetro que tenía virtualmente en su mano hasta hace apenas unos meses.

El holandés Jeroen Dijsselbloem, su rival en la urna opaca de Bruselas, ha sido reelegido para un segundo mandato de la institución clave en asuntos económicos en Europa. El resultado fue ajustado según quien lo cuente: 10 votos contra 9 en la primera votación, según fuentes de la delegación española; 12 a 7, según la versión holandesa. En la segunda votación -previa retirada del español-, Dijsselbloem fue reelegido por unanimidad. Algunas de las claves del voto se han fraguado en las últimas semanas con el tercer rescate a Grecia como mar de fondo.

Tecnócrata versus político

De Guindos es un político, pero no está afiliado al Partido Popular. Es uno de los ‘independientes’ del Gobierno y su perfil es considerado tecnócrata (especialista o técnico) en las esferas políticas de Bruselas. En cambio, el holandés es un ‘animal’ de su partido, el Laborista desde 1985. Las últimas decisiones en el Eurogrupo poco tienen que ver con la lógica económica, sino que la subjetividad de la política y la solidaridad entre los países miembros del euro. El discurso antitecnócrata de la izquierda en Europa, con Syriza a la cabeza, quedaría neutralizado con la elección del holandés frente al español, cuyo pasado como banquero de inversión es de sobra sabido. Es la misma crítica que persigue de cuando en cuando a Mario Draghi (BCE).

El estigma de Lehman Brothers

El pasado siempre vuelve y, al igual que cuando el PP de Rajoy ganó las elecciones en 2011, la condición de ex presidente de Lehman Brothers España estuvo presente para todo el mundo, especialmente, en la prensa internacional, que no desaprovechó la ocasión para hacer leña y alinear el futuro del país a la experiencia laboral de su nuevo jefe de finanzas.

Sin embargo, De Guindos dobló el brazo a ese pasado con una gestión económica que nadie discute ya (ni dentro, ni fuera de España) y que le ha situado como finalista a presidir todo un Eurogrupo, el punto de encuentro de los jefes de finanzas de los gobiernos europeos. Objetivamente, la economía española se ha puesto a la cabeza del crecimiento europeo.

Gran parte del rescate a Grecia tiene en los bancos su centro de gravedad, con la creación de un fondo de privatizaciones que financiará, poco a poco, la recapitalización de los bancos griegos. Como ex banquero, la presencia continua del ministro español al frente del Eurogrupo dificultaría, cuando menos, el consumo interno en Grecia de un plan de rescate que contempla duros ajustes internos en materia de pensiones e impuestos.

Países del Norte, vecinos del Sur

Para bien o para mal, en Bruselas se alinean con frecuencia dos clases de países: los contribuyentes netos de fondos y los receptores de dinero comunitario. Esta desigualdad apenas trasciende a la opinión pública, pero tiene una peso latente en la toma de decisiones y el reparto de poder. Holanda está entre los primeros y España -salvo una breve estancia como ‘pagador’ en la última etapa Zapatero- está entre los que reciben más de lo que dan. Para muestra de esa alineación geográfica, el gesto de los ministros de los países bálticos cediendo a Holanda su voto en el maratoniano Eurogrupo del domingo al lunes.

Con la crisis de Grecia, Alemania ha endurecido sus posiciones porque le toca pagar. Pese a que Rajoy ha enarbolado públicamente el apoyo germano a su candidato De Guindos, el pretendido efecto de atraer votos de otros países no ha sido suficiente. España se ha quedado con el apoyo de los países periféricos y más débiles, pero siempre ha tenido en contra a los centroeuropeos. Grecia era uno de los votos con los que podía haber contado De Guindos, incluso tras la llegada al poder de Alexis Tsipras y el partido Syriza. Pero el Gobierno de Rajoy ha sido beligerante en las negociaciones con los griegos por cuestión de política interna (el ascenso electoral de Podemos) y el riesgo moral para el futuro político de un rescate sin condiciones para el país heleno.

Pérdida de peso de España

La derrota de De Guindos supone un revés evidente para la diplomacia española en el seno de Europa. Con el presidente Mariano Rajoy fuera de juego en los grandes asuntos, el responsable del área (José Manuel García-Margallo) parece haberse puesto de perfil en los últimos tiempos después de un enérgico inicio de legislatura. Puede atribuirse a factores externos y a la coyuntura actual, pero lo cierto es que el Gobierno de Rajoy no ha dado pie con bola en las últimas grandes remodelaciones de las instituciones comunitarias.

Por ejemplo, con el Banco Central Europeo (BCE) -perdió la representación en el consejo ejecutivo que tenía con González-Páramo- o en la nueva Comisión Europea de Jean-Claude Juncker, donde quemó las naves para aupar a Miguel Arias-Cañete a la comisaría de Energía y Medio Ambiente. España pasó de tener Competencia o Economía a una cartera de carácter secundario. El retorno de Cañete a Bruselas estuvo marcado por sus intereses privados en el sector petrolero, que solventó técnicamente con una venta de sus acciones en su empresa familiar.

También en EL ESPAÑOL

La capitulación total de Tsipras

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En tiempo de descuento, los jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona han alcanzado un frágil acuerdo que de momento frena la salida de Grecia del euro. A cambio, Alexis Tsipras ha tenido que capitular y abandonar por completo las promesas con las que ganó las elecciones. No sólo tendrá que aplicar los ajustes a los que los griegos dijeron ‘no’ en el referéndum sino que los acreedores le han impuesto ahora medidas mucho más duras.

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Ha hecho falta un maratón negociador final de 17 horas, con noche en blanco incluida. Pero ya en tiempo de descuento, los jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona han alcanzado, poco antes de las 9:00 de este lunes, un frágil acuerdo (aquí el texto) que de momento frena la salida de Grecia del euro y su hundimiento económico.

A cambio de este salvavidas, el primer ministro griego, Alexis Tsipras ha tenido que capitular y abandonar por completo las promesas de poner fin a la austeridad con las que ganó las elecciones. No sólo tendrá que aplicar todos los ajustes que rechazaba y a los que los griegos dijeron ‘no’ en el referéndum del 5 de julio, sino que los acreedores le han impuesto ahora medidas mucho más duras en áreas como la reforma laboral o las privatizaciones.

Además, Grecia queda sujeta a una supervisión sin precedentes que prácticamente la convierte en un protectorado de la UE. Algo difícil de asumir para un Gobierno como el de Syriza, que defendió el fin de la troika (formada por Comisión Europea, Banco Central y Fondo Monetario Internacional). Pero la última ronda de negociación ha dañado también la imagen de Alemania por la gran dureza que ha exhibido hasta llegar a poner por primera vez negro sobre blanco en un documento la opción de que Grecia salga de forma temporal del euro.

¿Qué tiene que hacer Grecia ahora?

El Gobierno de Tsipras se ha comprometido a aprobar en el parlamento griego de aquí al 15 de julio -es decir, en apenas 48 horas- un total de cuatro leyes, algunas de las cuales fueron rechazadas por una mayoría del 61% en la consulta de la semana pasada. Se trata de una primera reforma del IVA y de las pensiones; de una norma para garantizar la plena independencia de la oficina estadística griega ELSTAT y de la introducción de un sistema automático de recorte del gasto cuando se produzcan desviaciones presupuestarias. Antes del 22 de julio, Grecia tendrá que aprobar otras dos normas: la reforma del Código Civil para reducir el coste de la justicia y la legislación de la UE sobre reestructuración y liquidación de bancos.

La aprobación inmediata de estas leyes ha sido la condición exigida por los acreedores a Tsipras para restablecer la confianza, ya que casi ningún país se fía ya de él tras la convocatoria por sorpresa del referéndum. Si Atenas cumple en los próximos días, el Eurogrupo celebrará una nueva reunión este miércoles, probablemente por teleconferencia, para autorizar formalmente el inicio de negociaciones con Grecia para un tercer rescate. Inmediatamente después tendrán que pronunciarse los parlamentos de seis países: Alemania, Finlandia, Holanda, Eslovaquia, Estonia y Austria.

¿Cuánto costará el tercer rescate?

Los líderes de la eurozona calculan que las necesidades financieras de Grecia en los próximos tres años ascienden a 86.000 millones de euros, que habría que sumar a los 240.000 millones de los dos primeros rescates. La elevada factura del tercer rescate –que se explica por el fuerte deterioro económico provocado por el cierre de bancos y el corralito desde el 29 de junio- ha “sorprendido” desagradablemente a los acreedores, que todavía quieren rebajarla con los ingresos de privatizaciones o el dinero que pueda lograr Atenas cuando recupere el acceso a los mercados, según fuentes europeas. Parte de este dinero debe desembolsarse de forma urgente, ya que Grecia tiene pagos que ascienden a 7.000 millones de euros el 20 de julio y otros de 5.000 millones en agosto, sobre todo por vencimientos del Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El tercer rescate incluye una reserva de hasta 25.000 millones de euros para la recapitalización del sector bancario, de los cuales 10.000 millones estarían “disponibles inmediatamente”. Una “rápida decisión” sobre el tercer rescate “es una condición para permitir que los bancos reabran”, admiten los líderes de la eurozona en el borrador de conclusiones.

¿Tendrá el tercer rescate condiciones adicionales?

Sí. Una vez que se inicien las negociaciones, Grecia y sus acreedores deben firmar un nuevo memorándum que recogerá condiciones más duras que las rechazadas en el referéndum debido al empeoramiento económico y también a que el tercer rescate incluye dinero nuevo para tres años. Muchos de los requisitos extra están ya detallados en el acuerdo cerrado este lunes: otra reforma ambiciosa de las pensiones, liberalización de los mercados de productos (farmacias, leche, panaderías, transporte por ferry), privatización de la red eléctrica o modernización de las normas sobre convenios y despidos colectivos.

Otra concesión que el Gobierno de Syriza se ha visto obligado a hacer a sus acreedores es la de dar marcha atrás y rectificar todas las leyes que ha aprobado desde su llegada al poder en enero sin el consentimiento de la troika, por ejemplo para contratar funcionarios. O si prefiere, adoptar medidas correctivas con el mismo impacto presupuestario. Sólo se salva la legislación para paliar la crisis humanitaria en Grecia.

¿Qué pasa con la supervisión de la troika?

El fin de la troika (formada por la Comisión, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) y de las políticas dictadas desde Bruselas era una de las principales demandas del Gobierno de Syriza. Tsipras también ha claudicado en esta cuestión cediendo a las presiones de los acreedores, que desconfían de sus políticas. A partir de ahora, Grecia deberá “consultar y acordar con las instituciones (de la troika) todos los proyectos de ley en las áreas relevantes con suficiente antelación antes de presentarlos a consulta pública o el parlamento”.

Los inspectores de la troika podrán además volver a Atenas para “mejorar la aplicación del programa y controlarlo”. El Gobierno de Syriza había bloqueado las visitas de los técnicos a los ministerios y había tratado siempre de llevar la negociación al máximo nivel político de ministros o jefes de Gobierno.

Tsipras, con Merkel y Hollande, durante la cumbre (Foto: Consilium)
Tsipras, con Merkel y Hollande, durante la cumbre (Foto: Consilium)

¿Cuáles han sido los principales escollos?

El nuevo ministro de Finanzas, Euclides Tsakalotos, había aceptado desde el Eurogrupo del sábado la mayor parte de las exigencias de los acreedores debido a la situación desesperada de los bancos del país, que apenas sobreviven con la línea de liquidez de emergencia (ELA), que les proporciona el BCE. “Si no tuviéramos una pistola en la cabeza, ni nos plantearíamos aceptar” los recortes, aseguraba la delegación griega durante la madrugada del domingo.

De hecho, a las 4:00 horas, el acuerdo parecía inminente. Pero el primer ministro Tsipras intentó plantarse en dos cuestiones: rechazaba la propuesta de Alemania de crear un fondo de privatizaciones y no quería que el Fondo Monetario Internacional supervisara la aplicación del tercer rescate. También en estos dos puntos acabó cediendo a la presión de los acreedores. El FMI seguirá participando en el programa de asistencia financiera porque lo exigen países como Alemania.

¿Cómo funciona el fondo de privatizaciones?

Este nuevo instrumento es una de las claves del acuerdo. Se trata de que Grecia transfiera a un fondo independiente activos públicos por un valor de hasta 50.000 millones de euros. El fondo se encargará de irlos vendiendo progresivamente, como hace por ejemplo la Sareb con los activos inmobiliarios de la banca nacionalizada en España. La mitad de los ingresos tendrán que dedicarse a la recapitalización de la banca. 12.500 irán a reducir deuda y el resto a inversiones.

Tsipras sostenía que es imposible lograr 50.000 millones de euros con privatizaciones y alegaba que el propio FMI cifra en 500 millones al año los ingresos máximos. Tampoco le gustaba la filosofía del instrumento y dejar el control a los acreedores. Pero los países más duros han impuesto que se mantenga la cifra de 50.000 millones. La única concesión que hacen es que el fondo esté basado en Grecia en lugar de en Luxemburgo. La gestión correrá a cargo de los griegos pero “bajo supervisión de las instituciones europeas”.

¿Habrá reestructuración de la deuda?

La principal concesión que obtiene Grecia del acuerdo es el compromiso de los líderes de la eurozona de estudiar “posibles medidas adicionales” para garantizar la sostenibilidad de la deuda helena, que ahora se sitúa en el 177% del PIB. Y mencionan en concreto dos: “la posible extensión de los periodos de gracia y de pago”. No obstante, dejan claro que “no se llevarán a cabo quitas nominales sobre la deuda”. Este alivio de la deuda sólo se aplicará tras la primera revisión positiva del nuevo rescate, que podría ocurrir en otoño.

En realidad, se trata de una victoria pírrica para Tsipras, ya que la oferta de alargar plazos y reducir tipos de interés para aliviar la deuda griega ya estaba sobre la mesa desde el Eurogrupo celebrado en noviembre de 2012. Hasta ahora no se ha aplicado porque Atenas no ha cumplido. “Hemos tenido éxito en garantizar la reestructuración de la deuda y en la obtención de fondos significativos para el crecimiento”, ha dicho el primer ministro heleno al término de la cumbre. Los fondos a los que se refiere son los 35.000 millones de euros prometidos por el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. Pero no se trata de dinero nuevo sino de ayudar a Grecia a absorber mejor los fondos estructurales que ya tiene adjudicados.

¿Se descarta el ‘Grexit’?

Uno de los factores que ha emponzoñado las negociaciones y ha dificultado el acuerdo ha sido la dura propuesta que planteó el sábado el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, y que incluía el fondo de privatización, que al final ha salido adelante, y también la opción de ofrecer a Grecia una salida temporal del euro (‘Grexit’) durante cinco años para que pudiera reestructurar su deuda. El ‘Grexit’ apareció así por primera vez en un documento de trabajo que se hizo público y agravó la fractura entre los países más duros –Finlandia, Holanda, Eslovaquia, Eslovenia y los bálticos- y los más cercanos a Grecia, en particular Francia, y en menor medida Italia o Chipre.

De hecho, el ‘Grexit’ temporal llegó a figurar en el borrador de acuerdo que el Eurogrupo envió a los jefes de Estado y de Gobierno, y sólo se eliminó ya bien entrada la madrugada porque resultaba inaceptable para Atenas y Paris. “El plan A se ha cumplido y por eso no necesitamos plan B”, ha dicho la canciller alemana, Angela Merkel, para justificar la desaparición de cualquier referencia a una salida de Grecia del euro.

El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, ha sostenido que en el compromiso aprobado “no hay ganadores ni perdedores”. “No creo que los griegos hayan sido humillados”, ha sostenido. Para el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, los ajustes extra exigidos a Grecia “en absoluto” son una venganza por el referéndum sino “medidas razonables” para el crecimiento”. Y el presidente francés, François Hollande, dice que se trata de una “decisión histórica”. “Si Grecia hubiera salido, se habría dicho que la eurozona no era capaz de conservar su integridad”, ha apuntado.

Sólo el tiempo dirá si este tercer rescate tendrá más éxito que los dos primeros, lastrados por los desacuerdos entre los socios y las dudas y retrasos de Atenas en la puesta en marcha de las reformas. Pero la desconfianza y las fracturas de las últimas 48 horas en el Eurogrupo no son un buen augurio.

Más sobre Grecia en EL ESPAÑOL:

Rescate Griego III: medio billón de euros desde el año 2010

No es el primero, ni el segundo. Llega el tercer rescate financiero para Grecia, que ha recibido más ayuda financiera en cinco años que la suma de España, Irlanda y Portugal, los otros tres grandes países asistidos desde la Eurozona.

 

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No es el primero, ni el segundo. Llega el tercer rescate financiero para Grecia, que ha recibido más ayuda financiera en cinco años que la suma de España, Irlanda y Portugal, los otros tres grandes países asistidos desde la Eurozona.

Más dinero para Grecia, más pérdidas para Europa. La maratoniana negociación de 17 horas en Bruselas ha dado a luz un complejísimo acuerdo de último minuto para rescatar a la república helena. No será fácil de ejecutar, rezuma provisionalidad, pero hay acuerdo y Grecia seguirá bajo la protección del euro. El Gobierno de Alexis Tsipras solicitó el pasado viernes un tercer programa de ayuda financiera desde Europa por valor de 53.000 millones de euros hasta 2018 y pidió una quita (descuento) sobre su deuda.

La respuesta desde Bruselas ha sido otra: Grecia necesita 86.000 millones de euros para salir a flote, pero las nuevas condiciones serán mucho más duras para el país. Además no habrá ninguna quita de la deuda griega a corto plazo, aunque no se descarta antes de que concluya el plan en 2018. La mayoría de los detalles del acuerdo están todavía por definir. No obstante, si se conoce que el Eurogrupo armará a través del MEDE (Fondo de Rescate Permanente) esa inyección de 86.000 millones de euros a Grecia hasta 2018. De partida, hasta 8.000 millones serán inversiones a fondo perdido.

El fondo griego de privatizaciones

A cambio, los países europeos han exigido la creación de una sociedad de activos públicos griegos (empresas, infraestructuras, terrenos…) que funcionará como un fondo de inversión. Será un aval y una garantía para Bruselas. Estará valorado en 50.000 millones de euros y será tutelado por la ‘troika’ europea. Con los ingresos que se obtengan de este fondo gestionado por Europa se recapitalizará a la banca griega, se reducirá la deuda del país y participará en un plan de inversiones de 35.000 millones para dinamizar su economía y que será supervisado por la Comisión que dirige Juncker.

El Eurogrupo estima que las entidades financieras del país (Piraeus, Alpha, NCG y Eurobank, entre otras) necesitan de forma urgente, al menos, 25.000 millones para volver a operar, levantar el corralito y no colapsar en los próximos días. Según esas mismas estimaciones, el Estado necesita otros 7.000 millones para afrontar pagos al Banco Central Europeo (BCE) el próximo 20 de julio y ponerse al día con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con quien debe ponerse al día tras su impago el pasado 30 de junio. El FMI, frente a lo reclamado desde Grecia, volverá a participar en la ayuda.

En perspectiva, este será el tercer rescate de Grecia en cinco años.  Se eleva así la factura griega a cerca de 323.000 millones desde 2010, amén de las citadas reestructuraciones de la deuda que ya habían superado los 200.000 millones (hasta febrero de 2012). En total, el conjunto de programas de asistencia financiera para Grecia desde la Eurozona ha movido en el último lustro supera el medio billón de euros entre préstamos nuevos, condonaciones y reestructuración de su deuda.

Cronología de la tragedia griega

La sucesión de acontecimientos desde hace tres semanas han dejado a Grecia al borde salir del euro. Los tiras y aflojas inacabables entre Grecia y el Eurogrupo han vivido de por medio un impago al Fondo Monetario Internacional (FMI) por 1.600 millones de euros el pasado 30 de junio y un referéndum en Grecia en el que se votaba ‘sí’ o ‘no’ a las medidas de rescate planteadas por Europa.

Los griegos dijeron ‘no’ y pese a ese rechazo, Tsipras ha presentado una propuesta de rescate y reforma similar a la rechazada en las urnas. No solo contempla subidas de impuestos, también congela las pensiones actuales, eleva la edad de jubilación a 67 años (como en otros países europeos) y supondrá la creación de una autoridad de vigilancia fiscal independiente al Gobierno de turno en Grecia.

El plan acordado (subidas de impuestos, privatizaciones y reformas de la pensiones) se ha convertido en un revés para Tsipras, su Gobierno y el actual Parlamento griego -mayoritariamente poblado por Syriza-, que deberá aprobar las medidas. También deberán votar otros seis parlamentos en seis países europeos, sin cuya participación puede encallar la ayuda.

  • El origen del drama. En octubre de 2009, poco después de llegar al poder, el Gobierno del PSOK revela que el Estado tiene un déficit en sus cuentas más alto de lo publicado. Sus efectos son inmediatos e implacables: se destapa la desconfianza de los inversores y socios de la Eurozona sobre Grecia. Comienza una crisis que deja fuera de control a las finanzas públicas, debido a que se dispara la prima de riesgo y el coste de financiarse en los mercados es prohibitivo.
  • Primer rescate. En mayo de 2010, el país que entonces gobierna Papandreu recibe el primer ‘pack’ del rescate (110.000 millones de euros) hasta mayo de 2013. En noviembre de 2010, el Parlamento griego aprueba una serie de recortes y medidas de austeridad. En noviembre de 2011, Papandreu dimite y se convocan nuevas elecciones.
  • Primera reestructuración de la deuda. En febrero de 2012 se aprueba la reestructuración de la deuda con descuentos y quitas al valor de los bonos emitidos por el Estado griego. Esos descuentos alcanzan los 206.000 millones de euros y los principales perjudicados son los inversores privados como bancos, fondos de inversión y de pensiones.
  • Segundo rescate. También en febrero de 2012 se pone en marcha el segundo rescate desde la Eurozona para ayudar a los griegos. Se valora en 165.000 millones de euros y se extenderá hasta junio de 2015.
  • ¿Capítulo final? Es en la entrega del último tramo de este segundo rescate cuando comenzaron a chocar las posiciones de Europa y Grecia. El nuevo Gobierno de Tsipras -que ganó las elecciones en diciembre de 2014- considera impagable la deuda del país y se opone a seguir adoptando medidas de austeridad. El resto de la historia se está escribiendo ahora.