Volkswagen, fuera de control: su crisis golpea a la industria del motor

El engaño de Volkswagen da el salto a Europa. Bruselas, Berlín y París piden investigar los 11 millones de vehículos manipulados. Su presidente se marchará el viernes por la puerta de atrás.

Foto: REUTERS

La crisis medioambiental de Volkswagen va a ser un antes y un después para la industria del automóvil. El gigante alemán volvió a hundirse ayer en Bolsa (un 19%) después de reconocer que las consecuencias de la manipulación del software que mide las emisiones de sus vehículos diésel en Estados Unidos son mucho más altas de lo asumido en un primer momento.

El lunes hablaba de 480.000 vehículos en el país norteamericano. El martes reconocía que son más de 11 millones de automóviles en todo el mundo. El lunes afirmaba que Europa estaba limpia. El martes, Bruselas, Berlín, París y Roma advertían que van a investigar si a este lado del Atlántico ha ocurrido algo parecido.

“La hemos cagado por completo”, asumió el responsable de Volkswagen en Estados Unidos, Michael Horn. “Hemos sido deshonestos con la EPA [la Agencia Medioambiental de Estados Unidos] y hemos sido deshonestos con todos ustedes”, reconoció durante la presentación del nuevo Passat en California. A Horn no le quedaba otra opción que disculparse para no perder, aún más, la confianza de los consumidores.

¿Cómo funcionaba la manipulación medioambiental? Volkswagen instalaba un software en sus motores TDI de cuatro cilindros de los modelos Golf, Jetta, Beetle, Passat y Audi A3 fabricados entre 2009 y 2015 que limpiaba sus emisiones. Durante los test de la EPA, el software permitía que las emisiones se situasen dentro de los parámetros legales. Después, este sistema se desactivaba, las emisiones se disparaban hasta un 40% y la potencia de los vehículos se elevaba en la misma medida.

Deja caer a su presidente

Como en toda crisis, ya hay una cabeza de turco. El primero en caer será su presidente, Martin Winterkorn. Hasta ahora era intocable. Es el directivo mejor retribuido de Alemania, con un sueldo que ronda los 16 millones de euros anuales y, en abril, sobrevivió a la guerra interna librada entre sus accionistas de referencia. Él había conseguido que Volkswagen, dueño de Seat, Audi, Porsche, Lamborghini o Bugatti, sea el mayor fabricante de automóviles del mundo, con más de 10 millones de unidades producidas al año. Casi tantas como ahora reconoce manipuladas.

Martin Winterkorn será sustituido este mismo viernes por el primer ejecutivo de Porsche Matthias Müller, en un consejo de administración extraordinario con el que se pretenden calmar los ánimos del mercado. Hasta el lunes, Winterkorn tenía garantizados dos años más de contrato y una jubilación de oro. Ahora saldrá por la puerta de atrás.  Ayer, Winterkorn volvió a “sentir profundamente” lo ocurrido.

Lo hizo a través de un videocomunicado (el domingo lo hizo por escrito en una nota de prensa) en el que asegura que “hará todo lo posible” para recuperar la “confianza” de los consumidores. “Nuestro equipo no se merece esto y os pido vuestra confianza mientras avanzamos y trabajamos duro en las soluciones técnicas necesarias. Haremos todo lo posible para solucionar el daño contra los clientes y los empleados. Os doy mi palabra”.

La segunda víctima será la cuenta de resultados de la compañía. Volkswagen reconoció ayer que tiene que provisionar 6.500 millones de euros en su balance de los nueve primeros meses del año, que presentará el 28 de octubre. La cifra supone, prácticamente, la mitad del beneficio anual de Volkswagen. En 2014, el grupo ganó 11.000 millones de euros.

El fabricante alemán puede tener que pagar una multa, solo en Estados Unidos de 18.000 millones de dólares, a tenor de 37.500 dólares por cada uno de los vehículos que, según señaló la EPA en un primer momento (480.000 unidades) habría manipulado. Con 11 millones de vehículos (y varios países) la cuantía de la multa puede dispararse, hasta tal punto que podría llegar a poner en peligro la compañía.

Sin embargo, el tamaño de Volkswagen, un tótem industrial alemán con una plantilla mundial de 600.000 personas y 130 fábricas, a los que se suman las industrias auxiliares, hace casi imposible que se deje caer esta empresa, de la que el Estado de Baja Sajonia controla el 21% de los derechos de voto.

Media Europa pide que se investigue, menos España

¿Si Volkswagen manipulaba en Estados Unidos, no lo haría también en Europa? La primera en dudar de su compatriota ha sido el Gobierno alemán. La canciller germana, Angela Merkel, ha exigido a la empresa “transparencia total” y que estén “todos los hechos encima de la mesa lo antes posible”.

El primer paso, la creación de una comisión encabezada por el Ministerio de Transporte alemán y una comisión independiente para ver si las emisiones de sus modelos diésel están dentro de los parámetros legales. Los gobiernos de Italia y Francia ha tomado medidas similares. El Gobierno de François Hollande, además, insta a Bruselas a tomar los mandos de las investigaciones.

“Nos lo tomamos muy en serio, queremos llegar hasta el final de este asunto”, aseguró ayer la portavoz de la Comisión Europea. Aunque sin fecha, el Ejecutivo comunitario quiere convocar una reunión de las autoridades de Industria de los Estados miembro. Bruselas marca las normas medioambientales, pero son los países quienes deben vigilar su cumplimiento.

En España, por el momento, el Gobierno mira hacia otro lado. El ministro de Industria, José Manuel Soria, no habló ayer de investigaciones, de comprobar si el parque automovilístico español, donde seis de cada diez vehículos vendidos son diésel (uno de los ratios más altos de Europa), ha manipulado sus mediciones de emisiones. Soria mostró su preocupación porque la crisis de Volkswagen “no afecte a los anuncios de inversión del grupo en España”.

La crisis de Volkswagen se produce solo unas semanas después de que la compañía germana anunciara 4.200 millones de inversión en España destinados a sus plantas de Landaben en Navarra (donde produce el VW Polo para todo el mundo) y la de Seat en Martorell (Barcelona) donde fabrica los modelos León, Ibiza y el Q3, el todoterreno pequeño de Audi.

Los estándares de emisiones europeos no son iguales que los de Estados Unidos. Fuentes del sector del automóvil explican que aquí son “ligeramente más laxos, aunque están en pleno proceso de revisión”. El objetivo de Bruselas es lograr que las emisiones por vehículo sean inferiores a 95 gramos de dióxido de carbono por kilómetro recorrido en 2020. “En Estados Unidos, una vez la EPA te aprueba las emisiones de un modelo, no lo vuelve a revisar. Aquí es diferente, se hacen auditorías periódicas en las fábricas para comprobar que todo se ajusta a la legalidad”.

Las alertas previas a un escándalo global

La industria del automóvil teme que el escándalo dé el salto más allá de Volkswagen. Hay que recordar que la EPA estadounidense ya ha multado a otros fabricantes, como los coreanos KIA y Hyundai, por emitir más gases contaminantes de los legales. El problema es que no hay precedentes de una crisis tan global y tan grave como la de Volkswagen.

¿Han hecho trampas otras empresas? El lobby The International Coincil on Clean Transportation ha publicado un estudio en el que advierte de que la manipulación de las emisiones es habitual entre los grandes fabricantes, aunque en Europa es menos sofisticada. Si en Estados Unidos se manipula el software, aquí se permiten “flexibilidades legítimas”, en palabras que este lobby atribuye a los fabricantes, para reducir las emisiones durante los test. Por ejemplo, cambian la batería inmediatamente antes de una de estas pruebas para lograr reducir las emisiones en un 4%.

“En CO2, de media, cada modelo de Mercedes alcanza unas emisiones en carretera un 50% superiores a las de los test de laboratorio”. El mismo porcentaje en que se disparaban las emisiones del BMW serie 5 y el Peugeot 308. Según esta asociación, la manipulación va en aumento cada vez que se saca un nuevo modelo. “El salto entre las emisiones reales y las del laboratorio entre el Renault Clio IV [y su antecesor] pasaba del 19% al 34%”: Por ello, instan a Bruselas a tomar cartas en el asunto y crear un nuevo sistema de mediciones verdaderamente fiable.

¿Qué harías tú si tuvieras que competir con Apple?

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Nueva presentación de Apple y el mundillo tecnológico contiene la respiración. La compañía tiene una capacidad única, que es la de mantener en vilo a decenas de miles de consumidores en todo el mundo cada vez que anuncia que va a anunciar algo.

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Detalle de la invitación para el evento de Apple.

Nueva presentación de Apple y el mundillo tecnológico contiene la respiración. La compañía tiene una capacidad única, que es la de mantener en vilo a decenas de miles de consumidores en todo el mundo cada vez que anuncia que va a anunciar algo. La marca más valiosa del mundo presenta el día 9, en su keynote tradicional de septiembre, varias actualizaciones de sus productos, evoluciones de los mismos pero nada realmente nuevo o ‘revolucionario’. ¿Cómo se puede luchar contra algo así?

Preguntamos a una serie de reconocidos expertos del mundo del marketing precisamente cómo abordarían el reto de competir con la todopoderosa Apple por la atención de los consumidores. Se trata de un repaso por las fortalezas y las debilidades de la compañía de la manzana.

Andy Stalman es CEO de Cato Partners Europe & LatAm y autor del libro Brandoffon. Está considerado como uno de los mejores especialistas en marcas del ámbito hispánico. Responde a EL ESPAÑOL que las marcas “nacen con un porqué”. “Creen en que pueden ser indispensables para la vida de las personas”, afirma, y añade: “Crean algo que la gente no sabe que necesitaba hasta que lo conoce”.

Stalman sostiene que el “gran legado de Steve Jobs es demostrar que se pueden cambiar las cosas pensando diferente”. Y se plantea el reto de competir con Apple “sin intentar ser Apple, pero sí pensando como Steve Jobs, intentando dejar una marca en el universo”.

El poder de una marca perdurable

Bajo esta premisa, Stalman asegura que “muchas empresas hoy valen más por sus marcas que por los otros activos que siempre se tuvieron en cuenta y esta tendencia se va a acentuar cada vez más”. Y en un momento en el que “los productos en esta era de la obsolescencia programada tienen un ciclo de vida cada vez más corto”, recuerda que “una gran marca nunca pasa de moda, lleva un mensaje perdurable y una cultura que se transforma en una creencia”.

La apuesta de Stalman, por tanto, es por la marca. “En un mundo confuso, acelerado, vertiginoso las marcas ayudan a definir a las personas: definen su cultura, sus valores y lo que representan”. “Hay que poner todo eso en valor para que la gente puede verlo y sentirlo”, añade.

“Una gran marca es coherente, conecta con las personas, las hace parte de su historia”, asegura Stalman, y añade: “Cuando esté en consonancia con su filosofía, es más fácil de articular en el mercado”. “Crear una nueva cultura organizacional donde la gente cree en la vida de la marca porque trasciende lo meramente monetario, hace mejor la vida de la gente. Y por eso gana dinero, no al revés”.

La estrategia de este experto pasa por “centrarse en el valor, no en el precio; en la marca más que en producto; en las necesidades del cliente, no en el stock que se quiere vender”. “Transformar los productos en servicios, los servicios en historias, las historias en comunidad, la comunidad en estilo de vida”, indica.

La creación de fans

Juan Nonzioli, cofundador y director creativo general de Shackleton, cree que “los eventos de Apple se han convertido en acontecimientos de entretenimiento, en los que el objeto del evento no es necesariamente lo más relevante”. “Apple ha creado fans, lo más parecido a lo que puede ser un grupo de música o un equipo de fútbol, y a ese nivel es imposible competir con esta marca”, cuya relación con el público “no se puede reproducir: se da o no se da”, añade.

Para Nonzioli, Apple es la representación más evidente de lo que es una marca. “Tú ves un anuncio de Apple y conecta de una forma muy distinta, entiende perfectamente que la parte emocional es la que importa, mientras que el resto de empresas se desviven explicándote las ventajas de su producto, resultan muy racionales”. “Cuando compras tecnología también estás comprando objetos que disfrutar, que ver, que mostrar. Y ahí todo tiene que ver con el plano emocional. Si te compras un iPhone alguien te puede decir que el LG G4 es mejor, pero resulta que igual te gusta más el iPhone. No hay mas explicaciones”.

Pero para este experto hay más componentes importantes que justifican la atención que suscita la compañía. “Apple no es sólo diseño y anuncios buenos. Cuando te quieres comprar un iPhone entras en una tienda increíble, espectacular y te encuentras con un montón de gente joven que sabe mucho, que te explica. El planteamiento desde el punto de vista del marketing es muy poderoso y además, a diferencia del resto, tiene un entorno de software que hace sus productos todavía más especiales. Por ejemplo, el Apple Watch no aporta nada nuevo. Y sin embargo es un producto bonito que te compras precisamente por eso, ¿no? Quizá tenga utilidades relevantes en un futuro pero, ahora mismo, simplemente es un reloj chulo y punto”.

“No creo que ahora mismo Apple sea imitable”, afirma Nonzioli, y añade: “Creo que puede haber intentos, pero creo que la ‘maquinaria Apple’ es muy poderosa y tiene que ver con su conocimiento, su talento, sus productos y su software, sus características tiendas y un vínculo con la marca que no se construye de un momento para otro. Para llegar a todo eso se necesita tiempo”.

Un ‘flechazo de amor’

Roma no se hizo en un día y, de igual forma, “competir con Apple requiere de una estrategia a largo plazo”. Javier Guadiana, CEO y fundador de ReasonWhy, un prestigioso medio de comunicación especializado en marketing, recuerda que “Apple tardó 25 años en ser una empresa de gran consumo…”.

Guadiana sostiene que “Apple se hizo famosa por ser la marca que hacía un producto superior sobre una categoría muy extendida, pero ese producto mejor no solo era más caro sino que estaba pensado para gente más inteligente, más avanzada, para un mercado profesional…  hasta que en 2001 lanzó el iPod y en 2007 el iPhone. La sensación del gran público sería similar a si hoy Ferrari sacara una berlina a 33.000 euros”.

Según el responsable de ReasonWhy, una estrategia para competir con la atención planetaria de la que goza Apple pasaría por “romper el mercado con un producto innovador que atacara necesidades que incluso el cliente no supiera que tenía”, una vez construido ese poder de marca. Se trata de generar “esa satisfacción que uno obtiene cuando siente que la empresa le entiende… ese momento muy parecido a lo que pasa con un flechazo de amor”.

Recuerda Guadiana que “Apple ha cambiado el estilo de vida del planeta, pero en los últimos años lo único que hace es mejorar productos sobre sí mismos, es decir, los ha hecho más finos, más rápidos, con un diseño más agradable… sin embargo, la sociedad necesita el resultado del pensamiento lateral, de la locura llevada a la realidad. No es lo mismo mejorar que inventar; no es lo mismo evolucionar que revolucionar”, comenta.

Analizar las debilidades

“Si recibiera el encargo de trabajar en una cuenta que compita con Apple, lo primero que haría sería reflexionar sobre las ‘debilidades’ que tiene la marca en este momento”, comenta Gustavo Entrala, fundador y socio director de la agencia 101 y especialista en estrategia de marca. Un análisis rápido indica para Entrala que Apple “es una marca cara, sobrevalorada para muchos”. Además, “es una marca estática, conservadora en cuanto al lanzamiento de nuevos productos”. Este experto considera que “ha perdido el efecto ‘Wow’ que tenía con Steve Jobs” y, por último, “su software ya no tiene la brillantez de antaño”.

Para competir con Apple, Gustavo Entrala plantea, por un lado, trabajar con el cliente en el ámbito de la innovación. ¿Cómo? “La próxima Apple se está gestando ahora en un piso de 50 metros o en una de las universidades técnicas de China”, sostiene. “Hay que buscar talento allí y hacer inversiones en start-ups prometedoras”. De esta forma, él se centraría en “los wearables, 3D, los asistentes personales, la TV digital, así como en nuevos periféricos de hogar y oficina” para poder competir con Apple y ser rentable.

Por otro lado, desde el punto de vista del marketing, Entrala buscaría nuevos dispositivos especializados para segmentos concretos: adolescentes (con algún producto como un teléfono orientado específicamente a la red social Snapchat), dispositivos de audio con marca Spotify… “O sea, me vincularía con marcas punteras para ayudarles a desarrollar hardware que explote a fondo esas plataformas”, subraya.

Por último, este experto centraría algunos argumentos “específicos como la tecnología ecológica y la responsabilidad social de la marca”. “Yo empezaría vendiendo solamente a través de Internet para generar el efecto aspiracional del producto”, finaliza.

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Imagen del iPad Pro y el Apple Pencil. (Fuente: Apple)

[su_box title=”Lo nuevo de la manzana”]

iPhone 6 S y iPhone 6 Plus S

Por fuera son iguales a sus modelos hermanos (hay un nuevo color, ‘oro rosa’ y los materiales parecen más resistentes), pero incluyen novedades como la tecnología que ha bautizado “3D Touch”: en función de la presión del dedo sobre la pantalla se activan funciones ocultas, como por ejemplo mostrar menús sobre aplicaciones. También reacciona a pequeños toques. En general, mejora prácticamente todas sus prestaciones (nuevo chip A9, mejoras en las cámaras, vídeo a 4K y fotos animadas bautizadas como ‘Live Photos’), así como una nueva versión del sistema operativo iOS 9. Todos los datos y especificaciones se encuentran en el sitio web de Apple. Saldrán a la venta el 25 de septiembre (no en España, habrá que esperar algo más) a partir de 649 dólares y con la polémica nueva versión de iOS, que incluye funciones de bloqueo de publicidad en el navegador Safari.

iPad Pro y Apple Pencil

La tableta crece de forma notable, hasta alcanzar una pantalla de 12,9 pulgadas, un tamaño similar a los portátiles más populares, y y 2732 x 2048 pixeles de resolución. Es muy fino (0,69 cm de grosor) y pesa 713 gramos, lleva cuatro altavoces. Parece orientado a un público profesional y saldrá a la venta en noviembre con un precio a partir de 799 dólares. Tiene dos accesorios presentados también en este último evento, un teclado que además sirve como cubierta de pantalla (169 dólares) y un ‘stylus’ o lápiz electrónico pensado para esta tableta (99 dólares).

Nueva versión de Apple TV

El asistente de voz Siri aterriza en este dispositivo, cuya nueva versión incluye un mando a distancia con una superficie táctil y que reconoce el movimiento de la mano. Asimismo, Apple da un paso un muy interesante: la posibilidad de instalar aplicaciones y videojuegos de otros desarrolladores en el dispositivo, que costará 149 dólares en su versión más básica de 23 GB. Con estas bases, ¿veremos a Apple entrando a competir de lleno en el mundo de los videojuegos de consola? Por otro lado, el sistema operativo, bautizado como tvOS, es la plataforma sobre la que la compañía se atreve a aventurar que “Las apps son el futuro de la televisión”.[/su_box]

[su_box title=”La artillería del gigante americano”]

Por Rubén J. Lapetra

Con la presentación de este miércoles Apple saca al mercado toda su artillería, renovando los productos que suponen cerca del 80% de sus fuentes de ingresos, entre ellos, las últimas versiones de iPhone (6S) y el iPad (Pro).

El iPhone supone cerca de dos tercios de los ingresos de la compañía. Sólo en el último trimestre -terminado en julio- vendió 47 millones de unidades por 31.300 millones de dólares. En conjunto, durante los últimos doce meses ha vendido 221 millones de teléfonos y su tendencia ha sido ascendente desde el lanzamiento de iPhone 6.

Mientras el iPhone ha vivido un boom de ventas y récords, su tableta iPad lleva más de un año a la deriva. En el último trimestre (hasta julio) apenas vendió 10 millones de unidades y representó el 9% de los ingresos de la empresa. En términos interanuales, la caída se eleva por encima del 30% y obligaba a un renovación de producto.[/su_box]

 

La guerra de los 2 euros

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Primero fue La Caixa quien probó suerte y casi nadie dijo nada. Tras la estela del banco catalán acaban de entrar en juego Santander y BBVA, los dos buques insignias del sistema financiero en España. Palabras mayores. En suma, estas tres mayores entidades de ahorro han coincidido en aplicar una comisión de 2 euros a sus ‘no-clientes’ cada vez que saquen en uno de sus 20.000 cajeros automáticos repartidos por toda España, que representan el 42% de toda de la red de estas terminales.

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Primero fue La Caixa quien probó suerte en febrero. Tras la estela del banco catalán acaban de entrar en juego BBVA y Santander, los dos buques insignias del sistema financiero en España. Palabras mayores. En suma, estas tres mayores entidades de ahorro han coincidido en aplicar una comisión de 2 euros a sus ‘no-clientes’ cada vez que saquen en uno de sus 20.000 cajeros automáticos repartidos por toda España, que representan el 42% de toda de la red de estas terminales.

Hay otros bancos que estudian sumarse a la iniciativa como el Sabadell o Popular. Solo uno ya ha manifestado que no lo hará. Es Bankia y su red de 5.600 máquinas expendedoras de billetes se mantendrá como un oasis en esta guerra de las comisiones. “Estamos muy satisfechos de esta red (…) Es muy rentable y hoy por hoy no tenemos previsto cambiar nuestra política de uso de cajeros tanto para clientes como para no clientes”, dijo José Sevilla, su consejero delegado, en la reciente presentación de resultados

La medida ha llegado a oídos del Banco de España, que ha lanzado un aviso a navegantes a las tres patronales financieras (AEB, CECA y cajas cooperativas) ante la posibilidad de que esta nueva comisión de 2 euros por sacar efectivo sea un doble cargo al banco del cliente y al propio usuario. Este doble peaje podría entrar en colisión con normativas de consumo y competencia europeas. Desde La Caixa, los pioneros de la nueva ola comisionista, se han apresurado a aclarar que no lo hacen, sino que cargan solo al banco.

“La retirada de efectivo en un cajero automático constituye un único servicio de pago, con independencia de que se realice en un cajero propiedad de la entidad emisora de la tarjeta bancaria o de otra entidad. En consecuencia, ese servicio solo puede originar el cobro de una comisión, ya sea por la entidad emisora de la tarjeta o por la entidad propietaria del cajero”. Es la palabra del supervisor español, que se estrena dando recomendaciones en público desde su nueva posición como ‘vocero’ del Banco Central Europeo (BCE). Desde finales del pasado año, el español ha traspasado sus competencias al europeo.

 

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Órdago de la gran banca a la pequeña

La guerra de las comisiones en los cajeros tienen un claro objetivo: detener el avance de la holandesa ING, que sigue captando clientes y se aprovecha de las redes de los demás bancos sin tener que soportar los costes de su infraestructura que tienen los cajeros. Estos varían en función de los gastos que supongan los reponedores de billetes (subcontratado a empresas de seguridad y blindados), el mantenimiento del software que los hace funcionar o la inversión en nuevas máquinas.

Para los bancos que tienen cajeros automáticos roza la competencia desleal o la provocación usar como gancho para captar clientes el poder sacar dinero en efectivo sin comisiones. Para entidades como ING, de nuevo en el ojo del huracán, levantar su propia red de cajeros supondría una inversión de cientos de millones de euros y por eso les ha compensado asumir hasta ahora la comisión ‘interbancos’ sin pasársela al cliente final.

El banco naranja se presume como el principal damnificado en los corrillos del sector, aunque fuentes de la entidad apuntan en otra dirección: “La subida de comisiones bancarias es perjudicial para el consumidor”. También lo serán las entidades con presencia regional o menor número de cajeros. Sus clientes también sufrirán el peaje de los 2 euros cada vez que utilicen uno de los 20.000 cajeros de Santander, La Caixa o BBVA, aunque su propia entidad se haya comprometido con ellos a no cobrarles. Entre los beneficiados se sitúa Bankia, que acogerá un aumento del uso de sus cajeros y la consiguiente inyección de comisiones interbancarias.

Pese a la creencia general de que la banca vive de las comisiones, no es del todo cierto. Lo hacen de la intermediación entre el tipo de interés que pagan a los ahorradores por su dinero y lo que cobran a quienes prestan dinero. Es el margen bancario y el corazón de su negocio con un peso del 75% sobre el margen de intereses. En un segundo plano están las comisiones. En el caso de un banco como BBVA suponen unos 4.400 millones de euros anuales en todo el mundo, que suponen alrededor del 25%.

Sin embargo, de ese importe,  los cargos por usos de tarjeta en terminales automáticas tienen escaso impacto en la cuenta de resultados de la banca española. No se desglosan los datos, pero fuentes bancarias aseguran que las comisiones por mantenimiento de cuentas o a las transacciones comerciales (cobro por los pago con tarjeta en comercios) son la parte más importante del total. Pese a que no suponen una gran partida para el banco, el establecimiento de una comisión a la retirada de efectivo tiene un objetivo: atraer nuevos clientes de otros bancos que huyan de las comisiones y, por tanto, atacar a la competencia.

Imagen: Archivo

El reverso tenebroso de la caída del petróleo

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Para el consumidor es bueno. Para el productor, malo. Esta simple interpretación emerge del abaratamiento de los precios energéticos y de las principales materias primas, pero sus efectos colaterales se multiplican. Hay un reverso tenebroso especialmente dañino. La caída del petróleo Brent (Europa) y del crudo West Texas (EEUU) supera el 50% interanual desde el verano pasado (de más de 100 a menos de 50 dólares el barril).

Para el consumidor es bueno. Para el productor, malo. Esta simple interpretación emerge del abaratamiento de los precios energéticos y de las principales materias primas, pero sus efectos colaterales se multiplican. Hay un reverso tenebroso especialmente dañino. Lo está siendo ya entre países emergentes y en los exportadores de petróleo. La caída del petróleo Brent, de referencia en Europa, y del crudo West Texas (EEUU) supera el 50% interanual desde el verano pasado (de más de 100 a menos de 50 dólares el barril).

El drástico movimiento y su velocidad tienen un precedente que hace temblar a más de uno. Fue en el verano de 2008, previo a la quiebra de los bancos de inversión Lehman Brothers y Merrill Lynch. La cotización de los barriles de referencia (Brent y WTI) marcó su máximo histórico hasta la cercanía de los 150 dólares por barril. Seis meses después, la brutal crisis financiera en curso llevó al petróleo por debajo de los 40 dólares o un 70% de descenso. Pese a la recuperación de principios de 2009, el crudo se movió durante el resto del año en una caída interanual superior al 50%, siempre según su cotización en dólares.

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Las causas de la actual crisis

Son varias las causas de la caída del petróleo, pero hay dos fuerzas que han impuesto la ley de la gravedad en este mercado manejado por grandes inversores financieros y, en menor medida, por las propias necesidades de la industria.

  • La primera y principal es la guerra desatada por Arabia Saudí contra el resto de productores advenedizos como Venezuela, Brasil, México o, incluso, Rusia. Son las grandes despensas del mundo con sus nuevos yacimientos, pero la necesidad de altos precios para rentabilizar su extracción les impide planificar e invertir en nuevas perforaciones. Considerados como los banqueros centrales del crudo, los Saud han impuesto su dictadura en los precios para frenar también al poderoso sector del ‘fracking’ en EEUU. El cierre de pozos no convencionales en el país ha sido una constante desde el pasado otoño. El número de perforaciones activas se ha reducido a la mitad, de 1.800 a menos de 900, según la firma especializada Baker Hughes.
  • El aumento de la producción en Irak o Irán -una vez que se levanten las restricciones a sus exportaciones- dibujan un nuevo mapa productor dominado por los países donde se extrae el petróleo a menor coste y que es de mayor calidad a la hora de conseguir derivados de valor añadido como gasolinas y otros combustibles.
  • La desaceleración económica de China -el mayor importador del mundo de materias primas- y las expectativas de alza en los tipos de interés se han dado la mano en las últimas semanas a la hora de destrozar cualquier posibilidad de rebote en los precios. “Las tensiones macroeconómicas siguen siendo el telón de fondo del escenario energético en 2015. A pesar de que la industria tenía la esperanza de una rápida recuperación de los precios, los ciclos anteriores nos dicen que el descenso en el primer año termina con los precios un 40% por debajo de su máximo, por eso esperamos una mejoría muy modesta en lo que resta de año”, explican los analistas del banco Citigroup en un informe.

Las consecuencias del ‘shock’

  • La parte positiva de un descenso generalizado en los precios del petróleo señala directamente al bolsillo del consumidor. En España se observa como el ahorro por echar gasolina o diesel al coche puede llegar hasta el 30% respecto al mismo periodo del año pasado y se estima que puede equivaler a más de 10.000 millones anuales.
  • El freno de las inversiones en tecnología petrolera es el efecto más inmediato de un descenso prolongado en los precios del crudo. Lo sufrirán las ingenierías especializadas (por ejemplo, Técnicas Reunidas) o fabricantes de materiales y productos ligados a nuevas instalaciones como las tuberías de acero (Tubacex).  Al otro lado de la balanza, la actual crisis petrolera acelerará los procesos de fusión y alianzas entre las grandes compañías del sector para sacar mayor partido de inversiones ya realizadas y reducir los costes sobre las que ya estén en explotación.
  • Quizá la consecuencia menos visible sea la progresiva entrada en recesión de los países productores más débiles como Brasil en Latinoamérica. También la menor entrada de ingresos petroleros en los países exportadores y el tijeretazo que sufrirá su capacidad de inversión en cualquier activo, pero sobre todo en deuda de los países desarrollados. De Noruega a México, pasando por Arabia Saudí, Catar o los Emiratos Árabes, los grandes fondos soberanos y fortunas basadas en los ‘petrodólares’ tendrán menos dinero para invertir. Visto desde el otro lado, los países europeos que tengan que emitir deuda nueva en 2015 (caso de España) tendrán un menor número de inversores a los que acudir.

Imagen: Flickr/Damian Gadal