Atrapados en el puerto de Lesbos

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Ni se hablará de ellos ni se recordarán sus nombres ni se conocerá su historia. Sus caras se perderán entre miles en las fotos de la prensa internacional. O ni siquiera eso. Pero ellos están aquí, con las caras quemadas bajo el sol inclemente de este comienzo de septiembre, en medio del infierno del puerto de Mitilene, en Lesbos.

Reportaje gráfico: Mariangela Paone

MITILENE (LESBOS).– Ni se hablará de ellos ni se recordarán sus nombres ni se conocerá su historia. Sus caras se perderán entre miles en las fotos de la prensa internacional. O ni siquiera eso. Pero ellos están aquí, con las caras quemadas bajo el sol inclemente de este comienzo de septiembre, en medio del infierno del puerto de Mitilene, en Lesbos.

Mientras el mundo entero llora la muerte del pequeño Aylan en la playa turca de Bodrum, en la otra orilla, cientos de niños como Aylan sufren en sus carnes las condiciones de una travesía inhumana que no ha hecho más que empezar. Están atrapados desde hace días, junto a sus padres, en el embudo que es esta isla griega para los miles de refugiados que siguen llegando a sus costas, sin parar, en lanchas cargadas más allá del límite.

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No hay sombra bajo la que resguardarse ni tiendas ni baños ni aseos en el inmenso campo de refugiados que es el muelle de esta ciudad. En los arcenes de la entrada, donde se encuentran los únicos árboles del recinto, las madres acunan a los más pequeños cuyos llantos se pierden en el griterío general. Algunas han caminado durante días para llegar desde la otra punta de la isla con los bebés a cuestas y los niños mayores de la mano. El trayecto se extiende durante 70 kilómetros.

Las marcas del camino están impresas en la piel: muchos niños tienen eritemas y fragmentos de piel enrojecida por todo el cuerpo. Los padres deben sacar una fuerza titánica para tranquilizarles mientras tratan a duras penas de disimular el cansancio y sobre todo el miedo. Como todos los que están aquí, no saben cuándo podrán dejar Lesbos y subirse a uno de los ferries que dos o tres veces a la semana trasladan a los refugiados hasta el puerto ateniense del Pireo sin que baje el número de los que se quedan aquí.

El alcalde de Mitilene, Spyros Galinos, pidió el miércoles la declaración del estado de emergencia porque en la isla puede haber más de 20.000 refugiados y la mitad se encuentra en los alrededores del puerto. Una ciudad dentro de la ciudad. “En los últimos dos meses, el número de migrantes que han pasado por la isla es mucho mayor que el de su población: 85.000 habitantes”, declaró. Los que salen son remplazados por los que llegan, que suelen ser entre 500 y 900 cada día aunque el sábado pasado desembarcaron unas cien lanchas: más de 4.000 personas.

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La única oficina de la policía portuaria que registra a los refugiados sirios y les entrega el salvoconducto que les permite salir de Lesbos está desbordada. El caos reina sobre el procedimiento, el lugar y los tiempos de entrega de los papeles. Hasta ahora los datos se tomaban en dos precarios campos a las afueras de Mitilene: el del pueblo cercano de Moria y el de Kara Tepe, a un par de kilómetros de la ciudad.  Allí mismo volvían los agentes para completar la gestión y entregar el documento. Pero ayer por la mañana Kara Tepe estaba casi vacío porque a los sirios se les había dicho que fueran al puerto para el registro. Una vez aquí se encontraron otra vez en el limbo, en una espera de horas sin respuestas ni certezas.

Muchos se agolpan frente a la oficina donde se hacen los registros, mantenidos a distancia por los militares que llevan las caras cubiertas por mascarillas sanitarias. Otros, sin perder de vista la oficina para captar cualquier cambio o anuncio, miran desde lejos por temor a que estallen desórdenes como sucedió hace unos días cuando la tensión acabó en enfrentamientos entre grupos de refugiados. A los sirios se le da prioridad frente a los afganos y a los iraquíes que forman parte de este inmenso éxodo. Los refugiados tienen miedo también a los militares. Un joven levanta la camiseta y enseña un gran moratón en el brazo.

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Poco después un agente sale de la zona acordonada blandiendo la porra y golpea a uno de los hombres. Los que están alrededor se dispersan. Entre ellos hay mujeres y niños. Pasan unos minutos y vuelven a concentrarse frente a la oficina, la primera y la última estación de un vía crucis que puede durar más de una semana. Muchos deciden no esperar en los campos de las afueras y se quedan en los alrededores, comprando tiendas de campaña de su propio bolsillo por 25 euros en los establecimientos de la ciudad.

Decenas y decenas de carpas azules ocupan el parque aledaño al puerto, al lado de un balneario destinado a las familias de los militares. Es un lugar de vacaciones protegido en medio del descontrol y rodeado de gente que vive en condiciones de insalubridad. “Nadie nos atiende, nadie nos ayuda. Se nos trata peor que a los animales”, dice un hombre sirio que lleva cinco días aquí. Es algo que repiten todos. Muchos se acercan espontáneamente para enseñar a sus hijos enfermos, para pedir si se puede hacer algo con los papeles, para pedir información, para enseñar las marcas de los porrazos recibidos por los militares. “Nos gritan: ¡Marchaos! ¡Marchaos! ¡Quietos! ¡Sentaos!”.

A media tarde en el puerto, se anuncia que las familias serán trasladadas otra vez a Kera Tepe para esperar allí la recogida del salvoconducto que les llevará en un ferry gratuito a Grecia. En Kera Tepe las condiciones son aún peores y la labor de las ONG internacionales es una gota de agua en un mar inmenso.

Al llegar el primer autobús, estalla el caos. Todos se apiñan frente a la puerta delantera intentando entrar sin dejar atrás a la familia y a los amigos. Las puertas se cierran entre los gritos de dos mujeres que se han quedado fuera con sus hijos subidos al autocar. El conductor ya ha arrancado cuando los agentes empiezan a golpear el vehículo para que pare y deje subir a las madres. Decenas de niños asisten mudos a la escena.

Por qué la crisis de los refugiados paraliza y enfrenta a la UE

Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

En lugar de solidaridad y acogida, el agravamiento de la crisis de los refugiados este verano ha provocado parálisis y enfrentamientos entre los estados miembros de la UE, que no se ponen de acuerdo sobre un sistema de cuotas obligatorias para repartirse a los demandantes de asilo. A continuación explico las claves de esa parálisis y de lo que puede ocurrir a partir de ahora. 

En la imagen, refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

Gráficos de Patricia López

La foto de la vergüenza de Europa / La muerte, en alejandrinos

“Por favor, no vengan”. Es el mensaje que ha lanzado desde Bruselas a los refugiados que tratan de llegar a Europa el primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Ha sido su respuesta a la foto del niño sirio ahogado en una playa de Turquía. En lugar de solidaridad y acogida, el agravamiento de la crisis de los refugiados este verano ha provocado parálisis y enfrentamientos entre los estados miembros, que no se ponen de acuerdo sobre un sistema de cuotas obligatorias para repartirse a los demandantes de asilo.

El crecimiento de partidos populistas y de ultraderecha en muchos países europeos dificulta cualquier solución. Está además en riesgo uno de los principales logros de la UE, la libre circulación de personas en el espacio Schengen ya que países como Austria empiezan a reintroducir controles fronterizos. Para el 14 de septiembre se ha convocado una reunión extraordinaria de los ministros del Interior de los 28 en un intento de desbloquear la situación.

¿Por qué aumenta la llegada de refugiados a la UE?

Unos 340.000 inmigrantes y demandantes de asilo han sido detectados en las fronteras de la UE tratando de entrar de forma irregular entre enero y julio de este año, una cifra que casi triplica la registrada en el mismo periodo de 2014: 123.500 personas en los siete primeros meses y 280.000 en el total del año, según los datos de la Agencia Europea de Control de Fronteras (Frontex). Pese al fuerte aumento, esta cifra apenas representa el 0,06% de la población de la UE. Pero el incremento ha provocado una “presión sin precedentes” para las autoridades de control fronterizo de Grecia, Italia y Hungría, según admite la propia agencia.

La guerra civil en Siria, que ha entrado ya en su quinto año, el caos en Libia tras la intervención de la OTAN, el avance del Estado Islámico, la inestabilidad en Irak o Afganistán o los regímenes represivos en países africanos como Eritrea son las principales causas que explican el constante agravamiento de la crisis de refugiados.

Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis
Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

¿Cuáles son las principales rutas de entrada?

Los inmigrantes y los traficantes de personas van ajustando las rutas en función de las dificultades y controles que encuentran en cada punto. En estos momentos, la principal ruta de entrada a la UE es la del Mediterráneo oriental, por donde han llegado 132.000 personas en los siete primeros meses del año. Se trata sobre todo de sirios y afganos que acceden a Grecia por mar desde Turquía. Por Hungría han entrado, a través de los Balcanes, más de 100.000 refugiados que vienen de Afganistán y Siria pero también de Kosovo. En tercer lugar, está Italia, que en lo que va de año ha recibido a 90.000 inmigrantes, en su mayoría de Eritrea y Nigeria, que realizan la peligrosa ruta por mar desde Libia. En contraste, a España sólo han llegado este año alrededor de 7.000 inmigrantes, sobre todo por Ceuta y Melilla, según Frontex.

En estos viajes para llegar a Europa, los refugiados se juegan la vida. En lo que va de año, alrededor de 2.400 inmigrantes han muerto en el mar al tratar de llegar a las costas europeas, según los cálculos de la Organización Internacional para las Migraciones. El último ejemplo, el niño ahogado encontrado en una playa de Turquía. A ello hay que sumar casos como el de los más de 70 inmigrantes hallados muertos en un camión en Austria.

Refugiados sirios rezan al llegar a la isla griega de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis
Refugiados sirios rezan al llegar a la isla griega de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

¿Cuál ha sido la respuesta de la UE hasta ahora?

La política europea en materia de inmigración y asilo sólo ha avanzado a golpe de crisis y tragedias migratorias. Y ello por las diferencias entre los países con frontera exterior, sobre todo los del sur (que viven el problema directamente) y los del centro y este (que hasta ahora no lo han considerado urgente).

La crisis de los cayucos en España en 2006 fue el primer impulso para empezar a reforzar Frontex en su función de coordinar patrullas de vigilancia marítima de varios países de la UE, aunque el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ya experimentó las dificultades para concretar la solidaridad de los demás estados miembros. El naufragio de una barcaza procedente de Libia cerca de la isla italiana de Lampedusa en octubre de 2013 provocó la muerte de 366 inmigrantes y movilizó a los líderes europeos. Pero el impacto de la tragedia apenas se tradujo en medidas concretas.

Un nuevo naufragio en Lampedusa de una embarcación con 700 inmigrantes en abril de este año forzó a los jefes de Estado y de Gobierno a explorar nuevas soluciones. Los líderes acordaron triplicar el presupuesto y los barcos y aviones de las patrullas de Frontex por el Mediterráneo con el fin de detectar y asistir a las embarcaciones de inmigrantes en peligro.

En los siete primeros meses del año, 95.000 inmigrantes han sido rescatados en el Mediterráneo central. La UE también ha decidido lanzar una misión militar para destruir las embarcaciones que utilizan los traficantes de inmigrantes. De momento, los expertos de la UE se limitan a reunir información sobre las mafias porque todavía no cuentan con una resolución de Naciones Unidas que les autorice a actuar en territorio libio.

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Gráficos de Patricia López

¿Por qué han fracasado las cuotas de Bruselas?

La medida más novedosa propuesta la Comisión de Jean-Claude Juncker en abril fue un plan para repartir a 60.000 refugiados entre los Estados miembros con dos componentes. En primer lugar, Bruselas pretendía redistribuir, mediante un sistema de cuotas obligatorias, a 40.000 demandantes de asilo llegados a Italia y Grecia con el objetivo de aliviar la presión que sufren los dos países (lo que en la jerga europea se denomina reubicación). A ellos se sumarían otros 20.000 refugiados que se traerían a la UE desde el norte de África y Oriente Medio para abrir canales legales de inmigración y evitar que estas personas tengan que lanzarse al mar (reasentamiento). A diferencia del primero, este segundo componente tendría un carácter voluntario. Los criterios de reparto eran cuatro: la población de cada país (que contaba un 40%), su nivel de riqueza (40%), la tasa de paro (10%) y las peticiones de asilo tramitadas en el pasado (10%). A España le correspondía acoger en total a 5.837 refugiados. Al final sólo aceptó acoger a 2.749.

El plan, que contaba con el respaldo de Francia y sobre todo Alemania, quedó descafeinado en la última reunión de los ministros del Interior de los 28 celebrada el 20 de julio por la oposición de España, Reino Unido y los socios del este. Estos países lograron, en primer lugar, que el reparto no fuera en ningún caso obligatorio ni impuesto por Bruselas. Después ofrecieron cuotas muy inferiores a las sugeridas por la Comisión. El caso más extremo es precisamente el de Hungría, que se ha negado a participar. El resultado es que de momento los países de la UE sólo acogerán a 32.000 solicitantes de asilo procedentes de Italia y Grecia en lugar de 40.000. En contraste, sí que se ha logrado alcanzar la cifra de 20.000 refugiados reasentados.

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¿Por qué España no acepta más refugiados?

 El elevado paro, la posibilidad de que se genere un efecto llamada o los esfuerzos que hace España para controlar sus fronteras y frenar la inmigración irregular son algunos de los argumentos que ha esgrimido el Gobierno de Mariano Rajoy para justificar su negativa a las cuotas propuestas desde Bruselas. El ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha alegado en una entrevista al periódico alemán Die Welt que la tasa de paro y los esfuerzos en inmigración “no se tienen en cuenta de forma suficiente” a la hora de calcular el reparto. “Con una tasa de paro tan alta como la de España, del 22%, no se puede ofrecer a la gente una oportunidad justa de integración”, ha dicho.

Para el Gobierno de Mariano Rajoy, la UE debería ir a la raíz del problema y reforzar la cooperación con los países de origen y tránsito de inmigrantes y refugiados, como hace España con Mauritania y Senegal.

Pese a que España ha sufrido varias crisis migratorias en los últimos años, en particular en las islas Canarias y en Ceuta y Melilla, sigue siendo uno de los países de la UE que tramita y acepta menos solicitudes de asilo. Durante el primer trimestre de 2015, España registró únicamente 2.035 demandas de asilo, el 1,1% del total en la UE, cuando su población es alrededor del 9% del total. En 2014 sólo concedió protección a 1.600 personas: el 0,8% de decisiones positivas en la UE.

Un grupo de refugiados protesta en la estación de tren de Bicske (Hungría). / REUTERS / Bernadett Szabo
Un grupo de refugiados protesta en la estación de tren de Bicske (Hungría). / REUTERS / Bernadett Szabo

¿Cuál ha sido el papel de Alemania?

Alemania ha tenido que asumir de nuevo, junto con la Comisión, el liderazgo en la crisis de los inmigrantes. La canciller, Angela Merkel, ha admitido que se trata de un “desafío mayor” que la crisis de Grecia y está multiplicando los llamamientos a la solidaridad, sobre todo los dirigidos a los países del este. Pero también ha avisado de que “si no se logra un reparto justo de refugiados dentro de Europa, entonces algunas personas querrán poner [el espacio sin fronteras] Schengen en la agenda”. Berlín prevé recibir este año 800.000 solicitudes de asilo y ha dicho que acogerá a todos los refugiados sirios que lleguen a su territorio.

Pero los vecinos de Alemania, en particular Hungría y Austria, se quejan de que estos anuncios están provocando un efecto llamada que está destrozando a sus propios países. El premier húngaro Orban ha llegado a decir que la crisis de refugiados es un “problema alemán” porque es allí donde quieren dirigirse todos los demandantes de asilo.

Por lo demás, la crisis ha provocado también cruces de reproches entre Francia y Reino Unido a cuenta de los inmigrantes que se acumulan en Calais (a la entrada del canal de la Mancha) o entre Francia e Italia por los que están en la ciudad fronteriza de Ventimiglia. El Gobierno francés ha criticado también la construcción por parte de Hungría de una valla en su frontera con Serbia.

¿Qué medidas prepara la Comisión? 

El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, tiene previsto anunciar el próximo 9 de septiembre una nueva batería de medidas para hacer frente a la crisis migratoria. En primer lugar, Juncker planteará repartir entre los países de la UE a otros 120.000 inmigrantes llegados a Italia, Grecia y esta vez también Hungría, según ha adelantado el periódico italiano La Reppublica. Para evitar que los países del este o España bloqueen de nuevo el reparto, permitirá no obstante que los estados miembros que no deseen participar se excluyan, aunque tendrán que dar explicaciones a sus socios y opiniones públicas. El Ejecutivo comunitario pretende además poner sobre la mesa un sistema permanente de reparto que se activaría de forma automática cuando se superen determinados umbrales de llegada de refugiados.

La Comisión plantea también acelerar la puesta en marcha de centros de registro de inmigrantes y refugiados en Grecia e Italia y elaborar una lista de países seguros para facilitar la deportación de aquellos inmigrantes irregulares que se considera que no corren ningún riesgo en su país de origen. Esta lista es una petición de Alemania, que se ve desbordada por solicitudes de asilo de inmigrantes procedentes de los Balcanes. Las deniega casi todas pero su tramitación consume muchos recursos. Otra pista en la que se trabaja es la creación de un fondo para ayudar a los países de origen.

No está claro si esta nueva batería de medidas podrá salir adelante. Mariano Rajoy se ha mostrado dispuesto a reconsiderar su cuota de refugiados pero mantiene muchas reservas y los países del este (en particular Polonia, Hungría, Eslovaquia y República Checa) se han propuesto reforzar su alianza contra las cuotas. Pero la creciente presión de Alemania y de la opinión pública podría obligarles a flexibilizar su posición. 

La foto de la vergüenza de Europa

ATTENTION EDITORS - VISUAL COVERAGE OF SCENES OF DEATH OR INJURY A Turkish gendarmerie carries a young migrant, who drowned in a failed attempt to sail to the Greek island of Kos, in the coastal town of Bodrum, Turkey, September 2, 2015. At least 11 migrants believed to be Syrians drowned as two boats sank after leaving southwest Turkey for the Greek island of Kos, Turkey's Dogan news agency reported on Wednesday. It said a boat carrying 16 Syrian migrants had sunk after leaving the Akyarlar area of the Bodrum peninsula, and seven people had died. Four people were rescued and the coastguard was continuing its search for five people still missing. Separately, a boat carrying six Syrians sank after leaving Akyarlar on the same route. Three children and one woman drowned and two people survived after reaching the shore in life jackets. REUTERS/Nilufer Demir/DHA ATTENTION EDITORS - NO SALES. NO ARCHIVES. FOR EDITORIAL USE ONLY. NOT FOR SALE FOR MARKETING OR ADVERTISING CAMPAIGNS. TEMPLATE OUT. THIS IMAGE HAS BEEN SUPPLIED BY A THIRD PARTY. IT IS DISTRIBUTED, EXACTLY AS RECEIVED BY REUTERS, AS A SERVICE TO CLIENTS. TURKEY OUT. NO COMMERCIAL OR EDITORIAL SALES IN TURKEY.

El pequeño de la foto no va a llegar con vida a la reunión del Consejo Europeo prevista para el próximo 14 de septiembre. 12 días más a la espera de decidir en los despachos qué hacer con una crisis humanitaria anunciada y sabida. Las iniciativas ciudadanas y las ONG intentan paliar la falta de acción coordinada de la UE.

En la imagen un agente de la guardia costera turca rescata el cuerpo sin vida de un pequeño en las playas de Bodrum. REUTERS / NILUFER DEMIR

Un pequeño yace inerte en brazos de un agente de la guardia costera turca. Ha fallecido en aguas del Mediterráneo mientras intentaba alcanzar junto a su familia la isla griega de Kos. Es una de las últimas víctimas de la crisis migratoria que sufren miles de sirios, afganos, y otros ciudadanos que tratan de llegar a la Unión Europea huyendo de los conflictos en sus países. Es, también, la foto de la vergüenza del viejo continente.

Las imágenes de este miércoles -en este caso de la agencia Reuters- muestran la crudeza de lo que sucede a las puertas de nuestras casas. “Es una foto chocante, pero más chocante es saber que hay niños que mueren así”, lamenta Eva Cosse, portavoz de Human Rights Watch en Grecia en conversación telefónica con EL ESPAÑOL.

Para aquellos que consiguen llegar, las cosas tampoco son nada fáciles. “Llegan a un país que no puede lidiar con la situación”, afirma Kate O’Sullivan, que trabaja en la isla de Lesbos con Save the Children. “Las ONG están sufriendo para cubrir sus necesidades; es absolutamente abrumador”. Cosse coincide, pero recuerda que era una crisis anunciada: “La crisis humanitaria aguda comenzó hace un año, pero la situación empezó cinco años atrás. Llevamos años pidiendo a la Unión Europea y a Grecia que mejoren su política de asilo, y nada. Ahora las autoridades [griegas] son completamente incapaces de hacer frente a la situación”.

Sólo en junio, 4.270 niños llegaron a las islas griegas. De ellos, 86 viajaban solos. “La reunión del Consejo Europeo es un movimiento positivo”, dice O’Sullivan. “Por supuesto, si trabajas sobre el terreno a diario con niños nada es demasiado pronto”.

Tareas urgentes

La llegada masiva de refugiados, la inestabilidad política del país y sus dificultades económicas han formado un cóctel explosivo que sobrepasa al país heleno. Cosse cree que la solución pasa por que los 28 estados miembros envíen personal sanitario, policial y trabajadores sociales para poder atender a los miles de inmigrantes que llegan a diario. Enumera otras tareas que a su juicio debe llevar a cabo urgentemente la UE:

  • Crear un camino humanitario seguro para llegar a la UE
  • Facilitar visados humanitarios
  • Facilitar la reunificación familiar con refugiados ya asentados
  • Reducir los trámites burocráticos

12 días más. Ese es el margen que se han concedido los gobernantes de la Unión Europea para buscar nuevas soluciones a una crisis migratoria que no deja de crecer hasta la reunión del Consejo Europeo el 14 de septiembre. Mientras tanto, cientos de personas siguen pereciendo de camino a un lugar que -esperan- les permita llevar una vida digna.

Los refugiados siguen llegando por miles y se topan de bruces con alambradas levantadas de la noche a la mañana y jefes de Gobierno que no se ponen de acuerdo en el reparto de una avalancha de personas necesitadas, para las que no estaban preparados.

12 días más, como mínimo, para empezar a hablar. Mientras tanto, miles de refugiados se tendrán que contentar con encontrar ayuda en las iniciativas ciudadanas como una suerte de “Airbnb de los refugiados” en Alemania para darles un techo bajo el que cobijarse, según relata el diario británico The Guardian, o llevándoles comida al campo de refugiados improvisado junto a la estación ferroviaria central de Budapest.

Mientras tanto, miles de de personas que se han salvado tras recorrer miles de kilómetros se exponen a volver a temer de nuevo por su vida cuando un grupo de neonazis venga a dejarles claro que no les quieren en su país, como ya ha sucedido. Y ellos tienen suerte, porque muchos otros ni siquiera han tenido la oportunidad de encontrar esa ayuda desinteresada de personas solidarias, pues pierden la vida en el camino.

Al menos 11 personas han muerto en las últimas horas ahogados intentando alcanzar la isla griega de Kos, según la agencia de noticias turca Dogan. Los dos botes en que viajaban las víctimas -que se cree son sirias- se hundieron tras dejar la costa suroeste de Turquía, recoge Reuters. El niño de la imagen estaba entre ellos.

2.500 migrantes muertos cruzando el mar

Todos ellos seguían una de las rutas habituales de entrada a Europa para afganos y sirios en su mayoría, explican desde Médicos Sin Fronteras, que está atendiendo la llegada de refugiados en las islas helenas de Kos y Lesbos. Sólo en la capital de la isla de Kos, del mismo nombre, MSF estima que se encuentran 6.000 migrantes en busca de asilo.

Ya en los meses de abril y mayo las autoridades alojaron a cientos de personas en un hotel abandonado. En MSF tienen tanto trabajo que ha resultado imposible poder hablar con representantes de la ONG presentes en la isla. No dan abasto, explican desde Madrid.

“Traficantes de botes tan organizados que incluso dan recibos por 5.350 dólares a una familia de nueve [miembros]”, tuitea el director de emergencias de HRW. (Vean la foto de la factura).

En lo que va de año, más de 2.500 migrantes han muerto o desaparecido intentando cruzar el mar, según datos de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (IOM). Los que han conseguido atravesar el Mediterráneo superan ya los 300.000. El año pasado, fueron unos 220.000. Y sin embargo, “volverían a correr el riesgo, porque se trata de vivir o morir”, recuerda Cosse.

Grecia e Italia, respectivamente, son los principales receptores dado que absorben la inmensa mayoría de las llegadas. El resto llegan a España, según la Organización Internacional para las Migraciones. Por datos como estos, Human Rights Watch subraya que es imprescindible crear una política de asilo “armonizada” entre los Estados miembros, lo que está en boca de muchos líderes europeos, pero que no sucederá a corto plazo.

La ruta Libia-Italia también ha recibido un constante flujo de inmigrantes. Este martes, cuatro cuerpos fueron encontrados en las aguas del Mediterráneo central y 781 personas -procedentes sobre todo de Nigeria, Costa de Marfil y Senegal- fueron rescatados, según la ACNUR.

Sudán del Sur, el último país del mundo

Reportaje en Adior, Sudán del Sur. Reconciliación entre los dinka y los nuer. Los nuer llegaron a Adior huyendo de la guerra en la región de Jonglei. Fotos realizadas en febrero de 2015.

Salva Kiir, presidente de Sudán del Sur, y Riek Machar, líder rebelde, firman un acuerdo de paz que aspira a poner fin a un conflicto que golpea la región desde hace más de sesenta años. En Adior, una aldea de la región de Lagos, los dinka y los nuer -etnias enfrentadas en el conflicto- conviven en un caso único de paz en el país.

En la imagen una niña de Bor, perteneciente a la etnia nuer, desplazada a la aldea de Adior. GONZALO ARALUCE

Salva Kiir, presidente de Sudán del Sur, y Riek Machar, líder rebelde, firman un acuerdo de paz que aspira a poner fin a un conflicto que golpea la región desde hace más de sesenta años. En Adior, una aldea de la región de Lagos, los dinka y los nuer -etnias enfrentadas en el conflicto- conviven en un caso único de paz en el país.

Mary Ayomkou no sabía qué hacer con su gente. Trescientos mujeres y niños la seguían en una marcha sin rumbo, huyendo de los envites de la guerra que desangraba Sudán del Sur. Tras de sí dejaban Bor, la tierra de sus ancestros, sin tener claro dónde dirigirse. Marchar hacia el este, hacia la región de Jonglei donde el conflicto se recrudecía, suponía una muerte segura; por otra parte, el condado de Lagos, al oeste, estaba controlado por la tribu de los dinka, enfrentada con el clan al que ellos pertenecían, los nuer. Apenas tenían comida ni agua y la fragilidad de su existencia amenazaba con resquebrajarse. Sin nada que perder y con las manos vacías emprendieron el camino hacia el oeste, a la tierra de sus enemigos.

El conflicto de Sudán del Sur viene prolongándose desde hace más de sesenta años. Primero, para alcanzar la independencia respecto a sus vecinos del norte, Sudán. El reportero polaco Ryszard Kapuscinski resumía así el espíritu de esta disputa: “Entre estas dos comunidades imperaba un antiguo antagonismo, la hostilidad y el odio –explicaba el periodista en su libro Ébano–, porque los árabes del norte durante años habían invadido el sur con el fin de apresar a sus habitantes, a los que luego vendían como esclavos. ¿Cómo aquellos mundos tan hostiles podían vivir en un mismo estado independiente? No podían”.

Los más débiles sufren los envites del hambre y la guerra de Sudán del Sur. En la imagen, una niña de Bor, perteneciente a la etnia nuer, desplazada a la aldea de Adior./ REPORTAJE GRÁFICO: GONZALO ARALUCE

No existen cifras oficiales sobre el alcance de este conflicto: algunos estudios estiman que cientos de miles de personas murieron víctimas de la escasez y la enfermedad; otras estadísticas elevan el número a dos millones. El número de desplazados internos habría alcanzado los cuatro millones, la mitad de la población del país.

En 2011, Sudán del Sur alcanzó la independencia, pero con ella no llegó la paz. A los pocos meses, su presidente Salva Kiir, y su vicepresidente, Riek Machar, -ambos habían compartido trincheras en el conflicto contra sus vecinos del norte- se enzarzaron en una guerra de poder que, salvo algunos paréntesis, se prolonga hasta hoy. Cada uno de ellos pertenece a una etnia –dinka y nuer, respectivamente–, a las que han empujado a combatir entre sí para defender sus intereses personales: a pesar de la pobreza endémica que sacude la región, Sudán del Sur es rico en yacimientos petrolíferos, a los que sólo acceden los privilegiados.

Tras dos años de conflicto interno y empujado por la presión internacional, el Gobierno de Kiir alcanzó, este miércoles, un principio de acuerdo de paz con los rebeldes de Machar.

Mary Ayomkou y las trescientas personas que la seguían eran víctimas de este conflicto. Perseguidas por el hambre y las balas, emprendieron un camino que no tenía destino. Era diciembre de 2014, época seca. A los miembros de la comitiva sólo les sostenía su lucha por la supervivencia. Sus ropas se pudrían al sol. Bajo sus pies, un desierto de piedra y tierra. Apenas encontraban comida y el agua con la que se cruzaban estaba estancada. Ni los animales bebían de ella.

Los más débiles no tardaron en enfermar: aquella fue su sentencia de muerte. Los supervivientes caminaban en silencio, “con la mirada vacía”: “Algunos soñaban despiertos con un lugar en el que asentarse; otros lloraban por dentro la ausencia de sus seres queridos”, explica Mary, que había sido elegida entre su comunidad por sus dotes de liderazgo para guiar a los suyos. Todos ellos eran nuer.

Mary Ayomkou, líder de los habitantes de Bor.

La gente que habitaba Adior, una aldea compuesta por un millar de dinka, temía el avance del conflicto. Sin embargo, no podían sospechar que, aquella tarde de febrero, llegaría el enemigo. Alguien dio la señal de alarma: “¡Se acercan los nuer!”. Las mujeres, presas del pánico, recogieron a sus niños y huyeron hacia la selva, buscando refugio. Los hombres, mientras tanto, con más miedo que decisión, se armaron para el combate: palos y machetes, cuchillos y rifles AK47 comprados en el mercado negro.

No tardaron en dar con el rastro de la comitiva. Pero la debilidad de las mujeres, niños y ancianos les desarmó: la piel se les pegaba a los huesos, suplicaban ayuda y en sus manos no tenían más que el sueño de alcanzar un lugar en el que asentarse. Entre dinka y nuer no era posible la comunicación, -cada tribu habla un idioma diferente-, pero los primeros comprendieron que la vida de los segundos estaba en sus manos. Les abrazaron y juntos marcharon hacia Adior.

Los líderes de la comunidad de Adior, única en Sursudán por la convivencia pacífica entre dinka y nuer, explican el “sinsentido” de la guerra que ha enfrentado, durante dos años, a las tribus a las que pertenecen. “Kiir y Machar quieren gobernar el país y cada uno de ellos utiliza a los suyos -valora Mary Ayomkou, jefa de los nuer-. A mis 48 años apenas he conocido unos breves periodos de paz. Ojalá mis siete hijos puedan vivir tranquilos en Adior e ir a la escuela. Es una bendición que nos hayan recibido”.

“¿Cómo no íbamos a darles la bienvenida?”, se pregunta Marta Amuor, una de las líderes de los dinka de Adior. A sus 23 años, carga con buena parte de la responsabilidad del pueblo. Su familia ha sido, tradicionalmente, la que ha dirigido la aldea. La guerra y el hambre obligó a muchos de los parientes de Marta a marcharse y ella asumió el compromiso de la jefatura. “Ellos son como nosotros -prosigue-. No representan ningún peligro y están hambrientos. También nosotros lo estamos. La única manera de encontrar una salida a todo este dolor es ayudarnos los unos a los otros”.

Hijos de ganaderos que viven en las inmediaciones de Adior. Impregnan su cara con cenizas para protegerse de los mosquitos.

Sin embargo, cuando no es la guerra la que persigue a los habitantes de Adior lo hace el hambre. Basta con dar una vuelta por el pueblo para comprobar que sus vecinos temen al futuro más inmediato. “Necesitamos anzuelos para pescar en el río”, apunta una mujer. “Y plástico para cubrir nuestros tejados y protegernos de las lluvias”, añade una segunda. “Y medicinas y comidas”, puntualiza la tercera.

“¿Ves a toda esta gente?”, pregunta un soldado del Ejército, vestido de uniforme y con el dedo en el gatillo de su kalashnikov: su nombre es Peter Malual. “No sé qué será de ellos -apunta Peter, mientras los señala con el dedo-. Soy el único que protege a todos estos ancianos, mujeres y niños. Los hombres, o bien se fueron a la guerra, o han muerto”. El soldado se ajusta la boina a su cabeza, da una palmada a su fusil y sentencia: “Pero si alguien viene con ganas de pelea, la encontrará”.

Juba, capital de Sudán del Sur, acogió la firma del acuerdo de paz entre Riek Machar y Salva Kiir. La Unión Africana y la ONU vienen presionando a ambos líderes desde que comenzó el conflicto para que pongan fin a las hostilidades. Uhuru Kenyatta y Yoweri Museveni, presidentes de Kenia y Uganda, y Haile Mariam Desalegne, primer ministro de Etiopía, asistieron al acto para manifestar su respaldo al proceso. Salva Kiir manifestó sus dudas a estampar su rúbrica: “Somos reticentes, pero firmaremos el documento”.

La frase del presidente sursudanés despertó la inquietud entre las autoridades asistentes al acto: en los últimos años, Kiir y Machar han alcanzado varios acuerdos de paz que al día siguiente morían bajo los disparos de sus hombres.

El hambre endémica, mientras tanto, sobrevuela la región, una de las más pobres del mundo. El país, que es también el más joven, firma las bases para mirar al futuro y cerrar las heridas del pasado; de una guerra que los habitantes de Adior califican como un “sinsentido” y a la que decidieron enterrar con el abrazo entre dinka y nuer.

La firma de paz entre Salva Kiir y Riek Machar abre las puertas a un futuro sin guerra en el país más pobre del mundo.

 

Pon las tuyas a remojar

ARPONERO BARBERO FINAL

No es la primera vez en la historia que un gobernante ha tenido la sensación de ser víctima de alguno de los refinados castigos que los dioses reservaban a quienes osaban desafiar su poder…

No es la primera vez en la historia que un gobernante ha tenido la sensación de ser víctima de alguno de los refinados castigos que los dioses reservaban a quienes osaban desafiar su poder. El conde-duque de Olivares se identificaba con Atlas, obligado a sostener sobre sus hombros el globo terráqueo, y no sería difícil asignar a tal o cual de sus homólogos, en uno u otro siglo, el papel de Sísifo levantando la piedra una y otra vez hacia la cima de la ladera, el de Tántalo con las relucientes manzanas del jardín de las Hespérides siempre a la vista pero nunca al alcance, el de Ixión atado a la rueda de los acontecimientos, el de Ocnos tejiendo eternamente la cuerda que se zampaba el burro del Estado o no digamos el de Ticio o Prometeo, encadenados mientras el buitre de la insidia iba devorando su hígado.

Ya le gustaría a Alexis Tsipras poder optar hoy por alguno de estos males con tal de eludir el que, sin otro artilugio que los propios útiles del oficio, parece haber sido diseñado expresamente para escarmiento de políticos temerarios. Y es que no cabe sadismo a la vez más refinado e implacable que el que viene aplicándosele al primer ministro griego desde que osó encender unilateralmente el fuego de la democracia y convocó el referéndum contra las exigencias de Bruselas para seguir financiando a su quebrado país.

Tsipras se comportó como si Grecia fuera aun un Estado soberano en el que la opinión pública supone la razón última del gobernante, fingiendo ignorar que el objeto de la consulta concernía, al menos en igual medida, a sus a la vez socios y acreedores. Incurrió en el eterno pecado de la hubris -el asaltaremos los cielos de la soberbia humana- y en toda la hubris le han dado Frau Merkel y sus 17 palanganeros.

Quien hasta hace dos semanas era percibido como un rebelde ciclópeo que atemorizaba al continente con sus machadas y amenazas, está quedando retratado ahora como un cretino político a merced de la autoridad competente. Y no me digan que, a propósito de castigos divinos, eso evocaría al impuesto por Apolo al rey Midas cuando cambió sus orejas por las de un asno, porque ya quisiera Tsipras tener a cambio el don de convertir en oro lo que tocara.

No, su única corona es la del Olimpo de los tontos, pues su admisión de que ni siquiera contaba con un plan viable para sustituir el euro por el dracma prueba que no sólo ha estado engañando a los griegos sino engañándose a sí mismo. Así es como cobra sentido la dimisión de Varoufakis a la mañana siguiente de ganar el referéndum. En el fondo los líderes de Syriza debían saber que lo que les convenía era perder el plebiscito -que triunfara el “sí”- para poder dar un heroico paso atrás, dejar a otros la gestión del embolado del tercer rescate y volver a quedar en la reserva con la aureola de los rebeldes con causa.

Lo que era inmanejable era su victoria porque la partida pasaba a jugarse en el tablero del Bild Zeitung, las cadenas de televisión y las encuestas alemanas. Opinión pública por opinión pública siempre iban a pesar más los 83 millones de un país opulento -y eso sin contar a sus satélites- que los 11 de uno en las últimas.

Tras el insolente desafío en las urnas, la negociación entre tecnócratas se transformaba así en un ajuste de cuentas que requería no de la derrota sino de la humillación de Grecia, obligada a pasar bajo las horcas caudinas de unas condiciones draconianas. Y el justo castigo a la perversidad, o más bien a la idiotez política, de Tsipras está siendo obligarle a liderar la rendición incondicional de su pueblo, compareciendo cargado de cadenas, uncido al carro del triunfo de la Europa de los Mercados –Vae victis– entre el estupor de los propios -cócteles molotov en la calle, cisma en Syriza en el parlamento- y el regocijo de los ajenos.

 

El justo castigo a la perversidad, o más bien a la idiotez política, de Tsipras está siendo obligarle a liderar la rendición incondicional de su pueblo, compareciendo cargado de cadenas, uncido al carro del triunfo de la Europa de los Mercados

 

Nadie encontrará en este análisis ni comprensión ni disculpa tras la irresponsable necedad de Tsipras. Que ahora invoque que nadie ha pasado por un “dilema de conciencia” como el suyo no inspira ninguna pena. Me alegro de que quienes hasta la propia víspera del referéndum le hacían la ola a Sietemachos Varoufakis cuando llamaba “terroristas” a los líderes europeos, hayan quedado engullidos en su propio maremoto y floten hoy como detritos de un oceánico ridículo. Pero no puedo sentirme cómodo en mis convicciones liberales con el ensañamiento del que están siendo víctimas las instituciones griegas, al ser sometidas a un público auto de fe, encañonadas por el grifo del Banco Central Europeo.

ARPONERO BARBERO FINAL
Ilustración: Javier Muñoz

Los peores augurios de que el euro se convirtiera en ese castillo monetario de “irás y no volverás” al que me refería hace dos semanas, se están cumpliendo. Si Atenas hubiera conservado el dracma, los griegos habrían ido empobreciéndose paulatinamente mediante sucesivas devaluaciones pero no se habrían encontrado nunca entre la espada de un diktat insoportable y la pared de una bancarrota segura. Si Tsipras no pasaba por el aro como una fiera domesticada, los bancos cerrados se hubieran transformado en bancos quebrados, dando paso al colapso del Estado y a un escenario de caos social. Ni siquiera hubiera podido pagar a la policía para defenderse de los suyos.

A la hora de la verdad las supuestas alternativas basadas en la ayuda rusa se diluyeron en el aire. Bastó con que le enseñaran el Big Bertha de la expulsión del euro para que el gobierno griego capitulara incondicionalmente, reproduciendo amargos episodios de la historia centroeuropea de hace 80 años, que renuncio a evocar para no ser tildado de pintor de brocha gorda.

¿Era imprescindible imponer un ultimátum de 72 horas para la aprobación por el Parlamento griego de las medidas de ajuste duro rechazadas por el pueblo en las urnas? ¿Resultaba realmente necesario obligar a constituir ese fondo de activos públicos por valor de 50.000 millones bajo supervisión comunitaria como garantía de futuros pagos? ¿Significará esto que los bancos alemanes terminarán siendo los dueños de unas cuantas islas griegas, y quién sabe si del propio Partenón, en el caso de que se vuelva a desatender el servicio de la deuda o acaso Tsipras y sus ministros deberán ingresar como prenda física en una de aquellas cárceles para morosos abolidas por la Revolución Francesa?

La propia escenificación del trágala en una interminable reunión de líderes europeos insomnes, polarizados entre el policía alemán malo (Schäuble) y el policía alemán bueno (Merkel), denota la falta de mecanismos racionales de decisión en una Europa reducida a teatro de la hegemonía de una de sus partes. El propio Der Spiegel reprochaba hace poco a la canciller que, aun conservando la retórica paneuropea de Kohl, en la práctica ha sustituido la construcción política de la UE por un “imperialismo pedagógico” destinado a imponer, a base de exigentes rescates, sus propios valores calvinistas de rigor presupuestario y control del déficit al resto de los miembros.

En el momento en que la técnica del afeitado en seco que funcionó para España, Portugal e Irlanda ha encallado en la rugosa piel de la sociedad griega, la señora Merkel se ha transformado en el remedo político de Sweeney Todd, aquel barbero diabólico de Fleet Street que degollaba a sus víctimas cuando pasaban por su establecimiento a que les hiciera un arreglo y las convertía luego en el picadillo del pastel de carne que vendía en un restaurante anexo. Ese es el menú que desde Berlín y Bruselas se ofrece ahora a la comunidad financiera: de primero carpaccio de Alexis en láminas muy finas, de segundo estofado a la Tsipras y de postre souflé de Syriza.

Al reconocer que no tiene más remedio que aplicar unas medidas en las que ni él ni sus conciudadanos creen, el jefe del Gobierno de Atenas está levantando acta no sólo de su propia defunción política sino de que Grecia ha dejado de existir como Estado independiente. Lo cual tendría sentido si su soberanía hubiera quedado voluntariamente diluida en la de unos Estados Unidos de Europa cuyo gobierno democrático aplicara políticas fiscales uniformes para amortizar la deuda de todos, asumida como carga común. Así actuaría la solidaridad propia de una unión política en la que la moneda única fuera el escaparate de una realidad previa.

A falta de todo ello los actores políticos de los países de la zona euro se dividen en resignados zombis al servicio de los designios de quien manda y clientes potenciales de la barbería de Sweeney Merkel. Reducido a la mudez en los pasillos y antesalas comunitarias -los estafermos no hablan inglés-, Rajoy es el más dócil y servicial de los primeros. Sujeta la bacinilla y los útiles de afeitar a la barbera o limpia con la fregona el rastro de sus sanguinarios alardes sin que ello requiera contraprestación alguna. Y si hasta la propinilla de la presidencia del Eurogrupo para un paisano recomendado se le niega, pues qué le vamos a hacer. Otra vez será. De momento él sigue empleado ahí.

 

Los actores políticos de los países de la zona euro se dividen en resignados zombis al servicio de los designios de quien manda y clientes potenciales de la barbería de Sweeney Merkel. Reducido a la mudez en los pasillos y antesalas comunitarias -los estafermos no hablan inglés-, Rajoy es el más dócil y servicial de los primeros

El segundo grupo es el de los insensatos que, creyéndose capaces de alterar los términos o fronteras de la pax germana impuesta sobre la eurozona, caminan alegres y confiados hacia un inexorable destino tragicómico. Cuando las barbas de Alexis veas pelar, pon las de Pablo a remojar. Zas, zas, un par de tijeretazos y adiós Coletas. Y que vayan contestando Mas, Junqueras y el tal Romeva -que por algo dicen que se parece a Varoufakis- cuantos días aguantaría su pulso independentista con los bancos catalanes cerrados por falta de liquidez o de solvencia. El soberanismo identitario hace lo suficientemente memos a sus comulgantes como para tragarse la añagaza de la lista única de partidos adversos y políticos despolitizados pero, como en el caso de Grecia, lo que tu decidas es irrelevante si no encaja en lo que decidan los demás.

A falta de mejores argumentos, Rajoy ya se ha apresurado a poner el paralelismo tanto ante las narices de Podemos como ante las del orfeón independentista. Sería preferible no tener que recurrir a ello y que nuestra democracia se bastara y sobrara para cerrar el paso mediante la persuasión y la aplicación de la legalidad a ambos tipos de populismo. Pero con un liderazgo como este y una inteligencia institucional como la que permite que alguien pueda anunciar un martes que va a destruir España y sea el viernes recibido en audiencia oficial por el Jefe del Estado -¿rememoraron juntos la pitada del Camp Nou o sólo miraron hacia el abismo?-, ya no nos queda casi sino confiar, compungidos, en la protección de la navaja ordenancista de Frau Merkel. Porque como canta el Figaro asesino en la película de Tim Burton “no hay más que dos tipos de personas: las que están en su sitio y las que te ponen el pie en la cara”. Y alguien tendrá que obligar a estas a volver a meterlo en el tiesto.

 

 

 

La alineación

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Ya tenemos servida una de las alineaciones, con los candidatos que encabezarán la lista llamada a liderar el proceso soberanista de Cataluña y que son –por orden de aparición en escena- Romeva, Forcadell, Casals, Mas y Junqueras. Les ha costado ponerse de acuerdo pero este elenco busca alzarse con la mayoría en unas elecciones convocadas con propósitos plebiscitarios.

mas1Quedan pendientes trámites legislativos -incluida la aprobación de los presupuestos de 2016- pero parece irrebatible que las elecciones generales deberían coincidir, en el tiempo, con las catalanas de manera que no se vuelvan a dejar bazas valiosas en manos de quienes han trazado una agenda antagónica a los intereses de España: la estabilidad institucional, política y económica.

Y es que ya tenemos servida una de las alineaciones, con los candidatos que encabezarán la lista llamada a liderar el proceso soberanista de Cataluña y que son –por orden de aparición en escena- Romeva, Forcadell, Casals, Mas y Junqueras. Les ha costado ponerse de acuerdo pero este elenco busca alzarse con la mayoría en unas elecciones convocadas con propósitos plebiscitarios.

Y aquí comienzan las dudas. ¿Qué significa que las elecciones sean plebiscitarias en lugar de autonómicas, siendo estas las que eligen a quienes van a administrar los impuestos y asignar partidas presupuestarias a sanidad, educación, servicios sociales y demás renglones?

Para los padres intelectuales de la táctica aventurista -números 4 y 5 de la papeleta- pasar desapercibidos en lugares menores no ha sido mayor condena, no se vaya a notar que no han querido tomar decisiones en la legislatura, camuflando la ausencia de gestión al amparo de la independencia.

El tiempo que lleva Cataluña sin gobierno no es, pues, tan decisivo como esta colla castellera, encaramada en lo alto de la lista, que ha galvanizado el galope independentista, a través de la movilización social. Pero cuidado porque, si salen los números, -ya está acordado desde ahora- el presidente de la Generalitat sería el Molt Honorable Senyor Artur Mas. La típica componenda, tan española ella, que, podría estar evidenciando el sacrificio de quienes prefieren cubrirse así las espaldas por si hubiera que asumir las culpas de una derrota.

Y uno no puede evitar preguntarse qué pasaría si la lista alternativa la pudieran protagonizar quienes -sintiéndose catalanistas- no quieren la independencia de Cataluña. Es una lástima que algunos de ellos -Miguel Roca, Josep Piqué…- tengan tareas irremplazables que les impiden formar parte de una alineación -para muchos- ganadora.

Y Duran i Lleida, Carme Chacón…, referencias sólidas para aplacar la pretensión secesionista, por no hablar de Albert Rivera, que ha preferido jugar el partido en Madrid, lo que no deja de ser un error, cuando lo que está en juego es una urgencia. First things first.

Pep Guardiola

Cebar el odio…

El alcalde de Sant Vicenç dels Horts, ya se ha manifestado –sin ingenuidad alguna- dispuesto a ‘colarle goles al Estado’. Cuenta con apoyos inequívocos, entre otros, el de Pep Guardiola, que defiende la separación de España y lo hace apoyándose en el prestigio que le han dado los triunfos de un equipo de época. No va a encontrar enfrente las voces de Pau Gasol o Andrés Iniesta -por citar unionistas- porque la modestia de unos no se compadece con los aspavientos de otros. De ahí la urgencia por reforzar la defensa y contar con un arquero seguro.

Y todo este -ya inmediato- oleaje en el estanque político, nos lleva a plantear cuestiones de otra cuantía. En primer término, la parsimonia del gobierno para derramar, en defensa de la unidad, inteligencia emocional en abundancia, que -dejando los errores a la ansiedad secesionista- compense la deserción del Estado en las últimas cuatro décadas. Poco tiempo le queda para hacerlo.

Y esto ha de ser compatible con el respeto mutuo porque se han cometido cantidades industriales de errores, en ambas direcciones, que han servido para cebar el odio y ensanchar la distancia. Para los que admiran lo catalán -y somos muchos- resultan incomprensibles conductas, valoraciones y actuaciones recientes. Para los catalanes juiciosos, idéntico desconcierto ante la torpeza reiterada por parte de quienes no entienden de emociones ni de tesoros culturales, verbigracia la lengua.

La defensa de la Constitución y el imperio –desacomplejado- de la ley son la mayor garantía. Y esto vale para el conjunto del Estado, incluida la Generalitat y los municipios catalanes, por lo que me ahorro la enumeración. Ni dentro ni fuera de España se entenderían desenlaces que -de acuerdo con los resultados de sondeos que se van conociendo, 50/50- trataran de imponer soluciones extremas.

Y es que para que el partido sea limpio, hay que informar a los electores de las consecuencias de la decisión: ¿quien financiaría  a una Cataluña independiente y a qué precio? ¿Cuanto tiempo vagando sin protección española ni europea?

Así que, a sacudirse la galbana y facilitar -cuanto antes- la segunda de las alineaciones que se esperan. Todo es cuestión de madrugar, que ya se sabe que “la Casa Gran” no da tregua. Ahí va una pista: Durán, Rivera, Chacón, Espada… Hagan juego y comparen.

 

 

Estambul, un refugio sirio

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La urbe más grande y rica de Turquía se ha convertido en capital oficiosa del exilio sirio y refugio para medio millón de ellos. Yassin Swehat es uno de esos 500.000. Hace 20 meses dejó Santiago de Compostela, donde nació, y una incipiente carrera como médico para coordinar y escribir en Al Jumuriyah –La República-, una revista online en árabe sobre el conflicto sirio, que él mismo fundó en 2012 junto a otros escritores, periodistas y blogueros sirios contrarios al régimen de Bachar Al Asad 

La urbe más grande y rica de Turquía se ha convertido en capital oficiosa del exilio sirio y refugio para medio millón de ellos. Yassin Swehat es uno de esos 500.000. Hace 20 meses dejó Santiago de Compostela -donde nació- y una incipiente carrera como médico para coordinar y escribir en Al Jumuriyah –La República-, una revista online en árabe sobre el conflicto sirio, que él mismo fundó en 2012 junto a otros escritores, periodistas y blogueros sirios contrarios al régimen de Al Asad.

Algunos sirios llegados a Estambul por la guerra civil en su país han empezado a renombrar ciertos lugares del centro de la ciudad. Así, la pequeña calle Nevizade, repleta de bares y terrazas, es ahora shara al-bira o “la calle de la cerveza”. Al lado está “la pescadería”, la calle Sahne con sus puestos de pescado fresco. La plaza de Galatasaray, en mitad de la bulliciosa y comercial avenida Istiklal, es conocida como sahet al-khawaziq o “la plaza del empalamiento” debido a un monumento de barras metálicas que miran al cielo, dedicado al ejército turco.

Este mecanismo, bien por el desinterés o la dificultad de aprender el idioma local, funciona también en otras zonas de Estambul y explica las necesidades de la diáspora siria. Las callejuelas entre Taksim y Besiktas son “el consulado alemán”; el populoso barrio de Nisantasi es “el consulado sirio”; al norte de Istiklal, “el consulado inglés”.

Yassin Swehat quiere rescatar este mapa desconocido de la urbe más grande y rica de Turquía, convertida en capital oficiosa del exilio sirio y refugio para medio millón de ellos. “Varios amigos artistas nos están ayudando a dibujarlo, quizás luego hagamos pósters o camisetas para darlo a conocer. Al final, un lugar no es sólo piedras y calles, sino también las experiencias de las personas que pasan por él”.

Yassin nació en Santiago de Compostela hace 30 años. Su padre, Mohammad, había dejado Raqqa en 1969 para estudiar medicina en España. Se casó, tuvo cuatro hijos y obtuvo el título de cardiólogo antes de volver a Raqqa. Yassin se trasladó a Siria con su familia y vivió en Raqqa hasta los 18 años. Los veranos los pasaba en Santiago. En 2002 volvió definitivamente a la ciudad española para hacer la selectividad y estudiar medicina. “Tengo un recuerdo bastante gris de la Siria de antes de la guerra. En el instituto teníamos que recitar un juramento cada mañana antes de entrar a clase: ‘Resistiré al imperialismo, al sionismo y a los reaccionarios y aplastaré a su diabólica división, la banda criminal de los Hermanos Musulmanes”.

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Yassin Swehat vive en Estambul desde hace 20 meses.

De médico a periodista

Ahora vive en Estambul desde hace un año y ocho meses. Dejó Santiago y una incipiente carrera como médico para coordinar y escribir en Al Jumuriyah -La República-, una revista online en árabe sobre el conflicto sirio, que él mismo fundó en 2012 junto a otros escritores, periodistas y blogueros sirios contrarios al régimen de Bachar Al Asad. “Nunca me lo planteé como una forma de activismo, ni de que manera puedo ser más útil, porque si entras en esa dinámica igual acabas con un arma en la mano en Aleppo, y no”, dice Yassin. “Simplemente, quise hacer lo que me gusta y la medicina no es lo que me llamaba”.

El padre de Yassin sigue viviendo en Raqqa. Tiene una clínica privada y acciones en un hospital. “Él, como toda la gente allí, intenta hacer la menor vida posible fuera de casa, pasar desapercibido y no tener ningún roce con ellos, no saber nada de ellos”. Ellos son el Estado Islámico, el grupo terrorista que tomó el control de Raqqa a finales de 2013 y la convirtió en el centro de operaciones de su “califato”. Yassin relata con incredulidad que la ciudad de su infancia, por entonces muy pequeña y dedicada a la agricultura, tiene ahora un restaurante chino para los muchos integrantes del Estado Islámico llegados desde Asia y sitios donde se puedan comprar los mejores chocolates belgas y suizos. Los puestos de zumos de frutas han prosperado en una Raqqa muy dañada en la que escasea el combustible, el gas y el agua. La electricidad se va durante días.

“Hay ciertos negocios que florecieron mucho con la llegada del Estado Islámico y los combatientes extranjeros, que son el músculo principal y tienen mucho dinero. Han abierto restaurantes de comida rápida muy al estilo occidental. No hay un McDonald’s, pero sí una especie de hermano pequeño, con su crispy chicken“. Yassin y su padre hablan por teléfono con frecuencia. A veces, cae una bomba durante la conversación y como la conexión a internet en Raqqa es pésima, su padre le pide: “Mírame dónde cayó”.

Anochece en Estambul y Yassin ha quedado para cenar con algunos compañeros de Al Jumuriyah y con otros sirios residentes de la ciudad. El local, en la primera planta de una calle del centro, es un clásico restaurante turco o meyhane donde se sirve hummus, carne y raki, un licor típico muy parecido al anís. Los relatos en la mesa dan una idea del desastre sirio. Karam Nachar, doctorado en Historia del Oriente Medio Contemporáneo por la universidad de Princeton, dejó la vida del campus para estar “más cerca” de Siria. Es otro de los fundadores de Al Jumuriyah. Su padre fue preso político, y tras ser liberado la familia vino a Estambul. Sherry Al Hayek, una joven de 26 años, es cámara y ha hecho algunos trabajos sobre los refugiados sirios para televisiones alemanas. Dejó a sus padres, partidarios del régimen, en Chicago.

Yassin Haj Saleh llega tarde a la cita. Es uno de los escritores y disidentes más conocidos de Siria. Pasó 16 años en las cárceles de Asadantes de la guerra. Recuerda que en 2013 publicó un artículo de opinión en El Mundo, ‘Carta sobre Siria a los intelectuales y líderes de opinión en Occidente’. Tiene 64 años, es colaborador habitual de Al Jumuriyah y sorprende la precisión temporal con la que narra su peripecia. “Pasé dos años en Damasco, en la clandestinidad. Luego, tres meses en Douma, liberada del régimen poco antes. El viaje a Raqqa, mi ciudad natal, duró 19 días. Fue una travesía dura, de caminos secundarios, escondido de la aviación y los combates. Sólo pude estar 10 semanas, también en la clandestinidad. Daesh [acrónimo árabe para el Estado Islámico] comenzaba a apoderarse de la ciudad y había secuestrado a dos de mis hermanos”.

1,7 millones de sirios en Turquía

Su mujer, Samira Khalil, es una de los cuatro activistas de Douma que desaparecieron de la oficina del Centro de Documentación de Derechos Humanos en diciembre de 2013, presumiblemente a manos de una milicia conocida como Ejército del Islam. “Me tuve que ir porque ya no tenía sentido. No podía salir de casa para observar lo que ocurría y escribir de ello”, afirma Saleh. En Estambul tenía amigos que le ayudaron a establecerse. En su opinión, los sirios sólo aparecen en los medios de comunicación como refugiados que necesitan asistencia para seguir vivos y nada más. “La inmensa mayoría de los sirios en Turquía pensaban que el exilio sería algo temporal y esa percepción ha cambiado ahora radicalmente”. En un momento de la cena, los asistentes levantan los alargados vasos de raki y bridan por el retorno.

De los cerca de cuatro millones de sirios que han abandonado su país, 1,7 millones están en Turquía, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). La sociedad paralela que han construido en regiones del sur como Gaziantep -donde, aproximadamente, un tercio de la población ya es siria-, cuenta en Estambul con el peso de la política y el dinero. Aquí están las sedes del Consejo Nacional Sirio y de la Coalición opositora, los dos grandes grupos contrarios a Asad. Hay grandes empresarios que pudieron sacar su patrimonio del país y abrir nuevos negocios inmobiliarios, textiles o de restauración. Sin embargo también hay escritores, periodistas, músicos y hasta familias enteras que mendigan en la calle.

“Hay gente que abrió un negocio, una tienda, un ultramarinos sirio. Esa capacidad de cambio, de reinventarse, es algo increíble”. Los camareros del restaurante que frecuenta Yassin son desertores del ejército de Asad. “No querían luchar con el régimen ni contra él. No querían morir y ahora son camareros en Estambul”.

En el barrio de Aksaray, en el distrito estambulí de Fatih donde viven más de 50.000 sirios, algunos negocios con rótulos en árabe delatan la procedencia de los dueños. Un puesto de pollo frito exhibe junto al nombre que “fue fundado en Siria en 1991”. A pocos metros está el Beyrut, otro de los restaurantes sirios de esta calle. Hay también inmobiliarias para los recién llegados, centros de idiomas para aprender turco y anuncios pegados a las farolas. En la entrada a la estación de metro de Aksaray es frecuente ver a hombres solos, con una maleta o mochila, que esperan a la persona que les ha prometido llevar a Europa, por tierra o por mar.

Yassin dice haberse hecho una Estambul del tamaño de Santiago de Compostela. Todas las mañanas, camina de su buhardilla en “el consulado alemán” a la redacción en “el inglés”. La última vez que estuvo en Siria fue en 2009, antes de la guerra. “Cuando miro hacia atrás, es lógico que aquello acabara así. Siento el sufrimiento de la gente, saber cómo vivían y ver que tienen que empezar de cero. Quienes peor lo pasan son los que se quedaron parados en cierto punto, pensando que esto iba a terminar”.

 

 

El ISIS siempre gana… en Twitter

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Un año después de la eclosión del Estado Islámico, los gobiernos occidentales aun no saben cómo combatir la propaganda de los yihadistas. Hasta ahora solo han podido jugar una ineficaz y desnivelada partida de ping-pong en las redes sociales. En Twitter, todavía ganan los malos.

“No camines hacia la tierra del ISIS. Corre. Allí podrás aprender nuevas habilidades: volar mezquitas, crucificar y ejecutar a musulmanes… Bienvenido a la tierra del ISIS”.

https://www.youtube.com/watch?v=-wmdEFvsY0E&oref=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3D-wmdEFvsY0E&has_verified=1

Este vídeo, inspirado en los Monty Python y sus Caballeros de la mesa cuadrada, fue colgado en Youtube a finales de agosto del año pasado por el Departamento de Estado de Estados Unidos y ya ha superado las 850.000 reproducciones.

 “Bienvenido a la tierra de ISIS” es, probablemente, el mejor ejemplo de la contra-propaganda que los gobiernos occidentales intentan llevar a cabo contra el Estado Islámico. Este vídeo forma parte de una campaña más amplia del Gobierno norteamericano que bajo el lema “Think again, turn away” (Piénsalo de nuevo, date la vuelta”) trata de contrarrestar el efecto llamada que la organización yihadista ha logrado a través de las redes sociales. Pero, ¿funciona?

tweet-DoS

“Así perdemos los corazones y las mentes [de los musulmanes]”, le advertía en 2005 Aymán al-Zawahiri en una carta a Abu Musab Al Zarqaui, líder de Al Qaeda en Irak, la división que una década más tarde se independizaría y proclamaría el califato del Estado Islámico hace ahora un año. El número dos de Bin Laden ordenaba así al líder de la organización en Irak que no difundiera más vídeos de decapitaciones, ya que consideraba que en la batalla en los medios aquellas campañas les perjudicaban.

Hoy, el Estado Islámico no solo ha continuado con aquella tradición iniciada por su líder primigenio Al Zarqaui, muerto en un bombardeo en 2006, sino que la lleva a su máximo exponente. El centro Al Hayat es el responsable de los mensajes de la organización. Esta división crea periódicos en PDF (ISN, Islamic State News), docenas de páginas fácilmente accesibles a través de Internet, cuentas de Twitter y sobre todo producciones audiovisuales traducidas a varios idiomas. Las producciones más inofensivas muestran escenas de vida cotidiana en los territorios conquistados, mercados abiertos y musulmanes que acuden a rezar a las mezquitas. Las más polémicas y las que más han trascendido exhiben ejecuciones y decapitaciones en vídeos en alta definición, con producción y postproducción.

Estos videos, alojados en servidores gratuitos de Internet, son distribuidos en las redes sociales por miles de simpatizantes que los difunden, los comparten y los cuelgan de nuevo en Youtube o Facebook cuando las cuentas originales son censuradas y retiradas.

 “Nuestra narrativa es derrotada por el Estado Islámico. Somos reactivos. Pensamos en cómo responder, en lugar de en [cómo articular] nuestra propia narrativa”. Así analizaba la situación hace pocas semanas uno de los responsables del Departamento de Estado en un informe enviado a John Kerry, el secretario de Estado, filtrado a The New York Times. También se lamentaba por la falta de recursos del Centro de Comunicaciones Estratégicas contra el Terrorismo (CSCC) del Gobierno norteamericano, un departamento que se creó en 2010 para combatir la propaganda terrorista.

 

FLAMESOFWAR

“No vale decir el terrorismo es malo…”

Richard LeBaron, miembro del think tank Atlantic Council, y experto en la región del Golfo, afirma que “los gobiernos se sienten comprometidos a responder a los terroristas en los medios y a usar las mismas herramientas que ellos. Pero convertirlo en un partido de ping pong es inútil”. Para LeBaron, no existe hoy una contra-narrativa útil contra el ISIS porque “las que se hacen desde Occidente no funcionan”. Aunque tampoco cree que sean eficaces las del propio Estado Islámico: “Los gobiernos han sobreestimado sus campañas. El apoyo al ISIS es muy individual, y la prueba es que no se ven grandes grupos de simpatizantes en países como Estados Unidos o España. Tendemos a creer que las suyas son campañas muy sofisticadas y nos sorprendemos de que unos terroristas árabes puedan ser tan inteligentes. Pero este tipo de razonamiento roza el racismo y nos limita”.

Richard Barrett, antiguo responsable de la lucha contra el terrorismo del MI6 (el servicio de inteligencia británico) y hoy directivo de la consultora en seguridad internacional Soufan Group, afirma que “los gobiernos no son los mejores agentes para llevar a cabo esa contra-comunicación. Es más efectiva si la hacen las comunidades de do donde han salido los extremistas. Además la clave es el mensaje. No vale con decir que el terrorismo es malo, sobre todo porque no sabes qué es lo que la otra persona está buscando”.

El nuevo responsable del CSCC en Estados Unidos, Rashad Jussain, reconocía pocas semanas antes de su nombramiento en una conferencia en Abu Dhabi  que “el Estado Islámico tiene un mensaje mucho más emocional que el nuestro”. En aquella charla apuntó sin saberlo las claves de la que hoy es la hoja de ruta de su división para combatir la propaganda del ISIS: “Restarle glamour, mostrar las miserables condiciones de vida de los combatientes, ensalzar las narrativas positivas, demostrar cómo los jóvenes musulmanes pueden triunfar en el mundo moderno, contar historias inspiradoras y de figuras influyentes de países musulmanes y movilizar y amplificar a los líderes religiosos”.

“Las contra-narrativas que se emplean no satisfacen las necesidades de la gente ni se dirigen a sus vulnerabilidades de la misma forma que lo hace el ISIS o Al Qaeda” explica Anne Speckhard, profesora del departamento de Estudios Psiquiátricos y de Seguridad de la Universidad de Georgetown. “Son racionales y les falta ese componente emocional, ese gancho”.

ISN-PORTADA

La profesora de Estudios Psiquiátricos ha entrevistado a decenas de terroristas para analizar su conducta. “Debemos usar la emoción frente a la lógica”, insiste.

“Jugar al ping-pong”

Un problema grave en la lucha contra la propaganda de ISIS  es que se ha reaccionado tarde y se quiere (como dice LeBaron) “jugar al ping-pong”. Estados Unidos creó su oficina oficial de contra-propaganda casi una década después del 11-S. El Reino Unido también dispone de una, pero hay países que no tienen ningún tipo de estrategia contra el yihadismo. Tras el asesinato de los dibujantes de Charlie Hebdo, el gobierno francés lanzó una campaña bajo el hashtag #stopjihadisme en la que, siguiendo el ejemplo del vídeo Bienvenido a la tierra del Estado Islámico, difundían vídeos con imágenes de ejecuciones y del sufrimiento de los civiles en los territorios invadidos por el ISIS. Este mes de enero, se ha instaurado el Equipo Asesor de Comunicaciones Estratégicas en Siria (SSCAT), el primer proyecto europeo de contra-narrativa con un presupuesto de un millón de dólares y coordinado desde el Ministerio de Interior de Bélgica. 

SSCAT, según explican fuentes del Consejo Europeo, cuenta con un equipo de una decena de personas que presta asesoramiento técnico sobre cómo hacer campañas de comunicación. La idea es que pueda ser el “proyecto embrionario” de una organización mayor. De momento, el trabajo realizado en estos primeros meses se mantiene en secreto “para darle al equipo las máximas posibilidades de éxito”, explica un portavoz del ministerio belga.

La Unión Europea intenta además involucrar en la lucha a las grandes compañías de Internet. El pasado octubre hubo un encuentro informal entre altos funcionarios de la UE y representantes de empresas como Twitter y Facebook, y en otoño (un año después de ese primer contacto) está previsto que se celebre una nueva reunión, esta vez de carácter oficial.

Esta alianza es importante, ya que Twitter y Facebook han sido el mayor campo de batalla de la contienda frente al ISIS en esta partida de ping-pong. “Sin embargo las redes sociales por sí solas no son la solución”, advierte LeBaron. “No debemos caer en la trampa de pensar que los terroristas solo influencian a la gente a través de Internet. Nuestro reto es averiguar cómo llegar a los diferentes tipos de audiencias a los que ISIS intenta atraer, algunas de las cuales son pequeñas y están muy aisladas socialmente y culturalmente”.

FAMILIA-FELIZ

Una batalla perdida

Barrett coincide con este razonamiento, e invita a comparar los seguidores que el Departamento de Estado tiene en su Twitter con los que poseen algunas cuentas del Estado Islámico. “Los mensajes del Gobierno no llegan a mucha gente, aunque tampoco podemos decir que eso sea una pérdida de tiempo ya que hay muchas audiencias diferentes para ese tipo de mensajes. Quizá no se llegue a los extremistas que están muy involucrados y a los que es casi imposible persuadir, pero sí a otras personas que puede ser simpatizante de ISIS”.

El problema de la contraprogramación en Twitter es que cuantitativamente es una batalla perdida. Un informe reciente de la Institución Brookings estimaba que existen más de 70.000 cuentas abiertas en Twitter de miembros o simpatizantes del ISIS, con una media cada una de 1.000 seguidores, el 75 por ciento en árabe y con una activad por encima de la media de 14 tweets diarios. Cuando una cuenta es suspendida por Twitter enseguida vuelven a brotar otras nuevas que rápidamente enlazan con los seguidores de las anteriores. Y la mayoría de ellas no son cuentas oficiales sino de simpatizantes.

Otro estudio sobre el uso de Twitter enfocado en los “Foreign Fightes”, es decir los extranjeros que abandonan sus propios países para combatir con ISIS y realizado por el prestigioso Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización británico, revelaba que las cuentas más populares eran las consideradas “diseminadoras”. Estas cuentas se encuentran fuera de Siria e Irak, comparten los mensajes de la organización y dan apoyo moral a los yihadistas. El estudio mostraba además que, al revés de lo que ocurre en la comunidad internacional (donde se publican muchos tweets sobre ISIS con poca interacción), en el caso de las cuentas yihadistas un número mucho más reducido de mensajes eran muy compartidos y difundidos.

 “Lo fundamental es saber por qué en un grupo de individuos muy similares, con el mismo bagaje y las mismas influencias, uno de cada cien decide convertirse en terrorista. Ese es el problema de la contra narrativa contra el Estado Islámico: cómo identificar a ese uno de cada cien”, explica LeBaron. La cuenta de Twitter de la campaña del Departamento de Estado que intenta disuadir a aquellos que piensan unirse a ISIS (@ThinkAgain_DOS) tiene menos de 22.000 seguidores. En un día normal, uno de sus tweets puede conseguir que cinco personas lo retuiteen. Con esos datos de interacción, comparándolos con los miles de usuarios simpatizantes de ISIS activos 24 horas al día y en ebullición continua, los intentos de occidente son vistos como un chiste malo de Monty Python buscando desesperadamente a un terrorista oculto entre un centenar de personas asistentes a una boda o entre los caballeros de la mesa cuadrada.

Dinero público para hacer la yihad

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El objetivo de los terrorista de Fraternidad Musulmana, el grupo desarticulado por la Audiencia Nacional en la Operación Caronte,  era hacerse pasar por una asociación cultural, pedir subvenciones públicas y hacer colectas en las mezquitas. Y con esa excusa, sufragar sus ataques en suelo español y sus contactos con grupos radicales como el Estado Islámico.

Sobre el papel, el grupo Fraternidad Islámica debía tener la forma de una asociación cultural: la cara amable de un movimiento educativo relacionado con el islam. Con esta coartada, sus miembros podrían hacer colectas, recabar dinero y solicitar subvenciones. Podrían pasar por las mezquitas sin levantar sospechas y recabar fondos. Unos fondos que -según la Audiencia Nacional- servirían en realidad para sufragar atentados yihadistas en España y para facilitar captación de musulmanes dispuestos a combatir con el Estado Islámico en Siria.

La estrategia no es nueva. El lobo con piel de cordero. Según la Audiencia Nacional, un engaño similar fue utilizado durante años por los satélites del Movimiento de Liberación Nacional Vasco para financiar la banda terrorista ETA. Pero ahora, el quiebro legal está en manos de los yihadistas. “Al entrar en el vehículo, Antonio Sáez [considerado el líder de la célula] nos dice que lleva unos días dándole vueltas a algo interesante. Nos dice que el grupo conocido como Fraternidad Islámica va a dejar de existir, que debemos dejar de hablar de ese grupo. Nos explica que ha pensado crear una organización pantalla, una asociación cultural para el pueblo palestino o por la causa árabe, aun sin definir”. Quien así lo explica en sus informes es el agente Astor 385, un infiltrado que bajo el mandato de la Audiencia Nacional y con la cobertura del Centro Nacional de Inteligencia, entró en contacto con los presuntos terroristas oculto bajo una identidad operativa: el nombre falso de Josep Traoré.

“Su idea es crear una asociación cultural, legal para que así se pueda autofinanciar el grupo, pedir dinero por las mezquitas en nombre de esa organización establecer contactos con Palestina e incluso tener contacto con Hamás o Al-Fatah. Nos remarca que es algo legal pero que conlleva de fondo una actividad ilícita clandestina. Nos dice que el lunes mismo irá al Ayuntamiento de Sabadell a pedir información para poder crear la asociación cultural. Otro de los objetivos de la asociación es poder establecer vías de entrada para poder ir a países en conflicto armado”, explica el agente.

Desde su entrada en octubre de 2014, el topo policial diseccionó la red bajo la coartada de su pasión por Alá. Y colocó a la cabeza de Fraternidad Islámica a Antonio Sáez Martínez, un español converso que trabajaba en una peluquería de Terrassa. La Románica -que así se llamaba el local- se convirtió en uno de los centros de reunión de la célula. Las alertas saltaron varios meses antes, cuando los agentes de la Comisaría General d’Informació de los Mossos d’Esquadra detectaron que la llegada de otro miembro de este colectivo a Siria. “Nos han confiscado los teléfonos móviles para que los aviones aliados no puedan interceptarnos”, explicaba Abdellatif Chahmout a su mujer en una llamada interceptada por la Policía. Fue la única que hizo desde el frente y tuvo que viajar varios kilómetros desde su posición para hacerla.

Manual para reclutas

Ante el riesgo evidente de atentado, los agentes trasladaron la causa a la Audiencia Nacional. Así nació en julio de 2014 la Operación Caronte, que se saldó el pasado mes de abril con 11 detenidos. Un mes antes de lanzar la operación, la policía logró captar a un testigo protegido. Un marroquí residente en Terrassa que confirmó los planes de Fraternidad Islámica. Por un lado, una pequeña facción de sus miembros pensaba viajar a Siria para unirse al Estado Islámico. Por otro, el resto del grupo preparaba atentados en suelo español. Sinagogas, sucursales bancarias, hoteles turísticos y comisarías de policía eran sus principales objetivos. Ya habían comenzado los seguimientos a los objetivos más suculentos.

El testigo protegido alertó además de la existencia de dos menores entre los miembros de la célula: un joven brasileño detenido ahora en Bulgaria y Omar Borche Zelaya, conocido como Omar El Paraguayo y que con sus 17 años ha quedado bajo la custodia de la Fiscalía Central de Menores de la Audiencia Nacional. En un primer momento, los informes policiales explican que las armas para los ataques serían suministradas por terroristas chechenos. Tras meses de investigación, es detenido sin embargo un nuevo ciudadano español, Diego José Frías Álvarez, relacionado con un grupo de extrema derecha y que guardaba en su vivienda un auténtico arsenal con granadas incluidas.

Los informes policiales colocan como líder operativo de Fraternidad Islámica al español Antonio Sáez. Y explican cómo este granadino converso creó un manual para facilitar la captación de nuevos mártires. Las pruebas fueron localizadas por los agentes tras analizar con detenimiento sus bolsas de basura. En una de ellas, de color amarillo y requisada en un contenedor bajo su vivienda, los Mossos encontraron varios manuscritos del ahora detenido. Según los peritos policiales, la letra es la misma que la de un panfleto localizado en casa de otro de los detenidos en Burlgaria, Taufik Mouhouch. Un manual de reclutamiento que explica su proceso de captación en tres fases: “la primera consiste en darnos a conocer. La segunda es la preparación, donde se selecciona a las personas adecuadas para llevar a cabo la Yihad. Y una tercera de cara a conseguir los objetivos. Sus medios son una fe profunda, una preparación perfecta y un trabajo continuado.[…] El islam es la solucción. Por eso hay que asimilar y tener presente: Corán, Verdad y Yihad”. El 13 de enero de este año, el agente encubierto informó de que la célula tenía también traducido el manual del yihadista elaborado por Al Qaeda. Y dos meses después, Sáez revela al infiltrado su idea de realizar explosivos utilizando cloraso de potasa, un componente común, por ejemplo, en las pastillas para el dolor de garganta.

Morir por Alá

El 15 de diciembre de 2014 -cuatro meses antes de las detenciones- fue otra de las fechas claves para la caída de Fraternidad Islámica. A las seis de la tarde de ese lunes Kaike Luan Ribeiro, otro de los menores captados el grupo, llegó junto a dos compañeros al último punto de su viaje: el checkpoint de Kapitan Andreevo, en la frontera que separa Bulgaria de Turquía. Con solo 17 años, el joven dejó atrás Terrassa, a sus padres -cristianos e impuros- y cambió su nombre por el de Hakim: Kaike era un joven sin arraigo, pero Hakim tenía por delante el paraíso, 72 vírgenes y el privilegio de morir por Alá. Según las pesquisas policiales, al otro lado de la frontera le esperaba una red de salafistas radicales para llevarle hasta el frente y unirse a la yihad .

El viaje de Kaike -brasileño de nacimiento y catalán de adopción- arrancó en silencio el pasado 26 de noviembre. Era su segundo intento de alcanzar la guerra. Y antes de dejar España, el joven preparó una carta de despedida. Un borrador manuscrito que la policía encontró hecho pedazos en su habitación de casa. “Nunca te olvidaré y siempre te amaré mi amor. La vida terrenal es corta y siempre estarás en mis súplicas. Perdona por no haber cumplido mi promesa [de casarme contigo] pero hay una causa mayor y lo sabes: la yihad”, le decía a su prometida. Aquella noche, el joven se subió junto con otros dos compañeros -un carpintero de 24 años y un camarero de 27- en un Peugeot 308 y, tras repostar en una gasolinera de Sabadell, puso rumbo a Siria. A su estela, un grupo de agentes siguió sus pasos por Francia, Italia, Eslovenia, Hungría, Rumanía y finalmente Burlgaria.

No eran los primeros. Ni tampoco los únicos que habían dejado rastro con sus ganas de morir por Alá, por muy jóvenes que fuera: “¿Sabes qué pasa? Que en países como Palestina no hay niños, hay hombres ya desde pequeños. Los ves con siete años hablando y tu dices: alabado sea Alá. Pasa como en la época del profeta porque ahora se ve como ‘uff, un niño de diez años’. Yo con diez años tenía la regla. Era una mujer. Y las niñas de los pueblos no se crían como las de las ciudades, que son tontas […] Ahora se tienen los niños tan protegidos que son tontos”, explica una de las investigadas en una conversación intervenida. En otra llamada, Khadija -con voluntad de unirse a la yihad en Palestina- relata su miedo por que su marido, tras luchar por Alá, vaya a un nivel del paraíso superior al suyo: “Yo quiero que mi marido haga las mismas cosas que yo, porque no quiero estar en diferentes rangos cuando lleguemos la paraíso”. “Si él se va al combate y se muere, por mucho que tú ayunes…”, le contesta su interlocutor, en referencia a los privilegios de morir por Alá. “A mí se me va la cabeza, ¿sabes? Me pillo mis cosas y me piro para Siria. Que le den por saco a todo el mundo. No digo ni adiós”, mantiene por teléfono Taofiq Mauhouch, otro de los detenidos en Bulgaria. Y lo hizo.

Antes de partir, él también dejó un mensaje manuscrito: “Cuando te llegue esta carta, a lo mejor ya no estoy aquí. Me habré marchado para Siria. Porque lo primero es Alá. Y segundo porque un amigo mío me ha dicho que la Policía está detrás de nosotros. Prefiero que si me detienen, que sea por la causa de Alá. Te pido perdón por todo. Quiero que sepas que lo que he sentido por ti no lo he sentido nunca por ninguna mujer […] Si Alá quiere, nos volveremos a ver. Y si no, que sea en el paraíso”.

Además, en EL ESPAÑOL:

Así se recluta a un yihadista en España

Las autoridades desmantelaron en abril una célula yihadista cuyo epicentro estaba en Ca N’Anglada, un barrio deprimido de la ciudad de Terrassa. Sus habitantes describen aquí las claves del grupo, cuyos miembros fueron detenidos en Bulgaria antes de unirse al grupo Estado Islámico. 

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Las autoridades desmantelaron en abril una célula yihadista cuyo epicentro estaba en Ca N’Anglada, un barrio deprimido de la ciudad de Terrassa. Sus habitantes describen aquí las claves del grupo, cuyos miembros fueron detenidos en Bulgaria antes de unirse al grupo Estado Islámico


El coche fue interceptado el 16 de diciembre en el check-point de Kapitan Andreevo, en la frontera entre Turquía y Bulgaria. Sus ocupantes se llamaban Taufik, Kaike y Mohamed y habían conducido 2.700 kilometros durante tres días.

Habían partido unos días antes de Ca N’Anglada, un barrio de las afueras de Terrassa (Barcelona). Atravesaron Francia, Italia, Eslovenia, Hungría y Rumanía. Su objetivo era unirse a las filas del grupo Estado Islámico en Siria, donde les esperaba Abdellatif Chahmout, un vecino que sí llegó. La policía búlgara impidió ese encuentro. Siguiendo las directrices de la Interpol, los tres fueron arrestados justo antes de entrar en Turquía. Un juez de Haskovo ordenó su extradición a España, donde ingresaron en prisión.

Aquellos tres yihadistas fueron los primeros encarcelados de la operación Caronte, que concluyó el 8 de abril con un balance de 14 detenciones y el desmantelamiento de la mayor célula terrorista desarticulada en Cataluña. Llevaba por nombre Fraternidad Islámica para la Predicación de la Yihad y casi todos sus integrantes residían en los barrios periféricos del extrarradio de Barcelona.

Entre sus miembros había un peluquero granadino, un camarero brasileño, un barcelonés en paro y un rapero de Tarragona. A ellos se suma un político neonazi catalán, que no formaba parte del clan pero les conseguía las armas.

No parece a priori el perfil de los integrantes de un grupo yihadista. Sin embargo, el auto del juez Santiago Pedraz asegura que casi todos ocupaban un rol destacado dentro de la estructura de la organización. Una información que revela la importancia que han cobrado los “nuevos musulmanes” en el terrorismo islámico.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

1. El adolescente brasileño.

El primer converso detenido se llama Kaike Luan Ribeiro Guimaraes y responde a un perfil de nuevo yihadista: extranjero, de raíces no musulmanas y marcado por el desarraigo. No procede de ningún país árabe sino de Formosa, un pequeño pueblo próximo a Goiás, Brasil. Tiene 18 años y lleva un par de años viviendo en España.

De familia muy humilde, fue educado en la fe cristiana evangelista y su bagaje laboral se limita a unos meses ejerciendo como camarero. En su entorno no hay consenso acerca de los motivos que le llevaron a cambiar de religión.”Sólo iba a la mezquita a rezar”, explica su hermana al diario digital InfoTalQual. “No es un terrorista sino una buena persona que encontró su fe en el islam”.

Otros apuntan que la conversión de Kaike podría responder a razones económicas. Es el caso de Amin Baghar, presidente de la Asociación Cultural Musulmana de Terrassa, que dice que los captadores se aprovechan de la crisis, de la situación de desamparo y de la desesperación: “Identifican a los chavales más necesitados y les lavan el cerebro. Les ofrecen un sueldo alto por irse al frente. Hasta 2.000 o 3.000 euros mensuales en algunos casos. Cantidades que son muy difíciles de rechazar. Se lo plantean como unas vacaciones pagadas. El problema es de la yihad uno no vuelve, y eso es lo que no cuentan”.

Baghar recuerda el día en el que Kaike abrazó el islam: “Acudí a su ceremonia de conversión en la mezquita de Terrassa. Fue un día feliz y todos lo veíamos muy seguro de su decisión. Pero entonces le advertimos de que los conversos son una presa fácil para los quienes captan adeptos para el salafismo”.

La premonición acabó por cumplirse y Kaike tardó sólo unos meses en convencerse de que su futuro pasaba por unirse a la yihad.

Los jóvenes del barrio no se creen la hipótesis económica. Un chico marroquí de 18 años, vecino de los detenidos, opina que “son personas que vivieron una mala vida y encontraron refugio en la religión. No hay más”. Además, considera irreal la presunta contraprestación económica. Dice sin rubor que “por 3.000 euros al mes me iba yo a pelear a Siria y eso que soy ateo”.

El joven no quiere dar su nombre por miedo a posibles consecuencias. “No quiero que se me relacione con este asunto por dar una opinión. En el barrio tenemos la impresión de que, por poco que hagamos o digamos nos van a meter en la cárcel. Una foto de Facebook ya te puede meter en problemas”, susurra. Esta sensación de caza de brujas flota cada vez con más intensidad en las calles del vecindario. “Hasta los niños musulmanes esquivan estos temas en público. En sus casas les ordenan que eviten hablar de estas cuestiones en la calle para no levantar sospechas infundadas”, explica la monitora de un centro cívico con mayoría de niños magrebíes.

Amin Baghar dice conocer a todos los miembros de la célula y está seguro de que algunos no tienen nada que ver con lo que les imputan: “Yo pienso en Reda [uno de los últimos detenidos, acusado de ser uno de los bastiones ideológicos del grupo] y no creo que esté implicado. En la mezquita todo el mundo se conoce. Al final intuyes quién puede y quién no puede formar parte de una cosa así. Conocemos incluso a los policías infiltrados. Los saludamos sin ningún problema”.

Baghar asegura detestar el fenómeno del yihadismo. “Aunque los radicales sean una minoría, sus acciones están salpicando a todos los musulmanes”, dice. “Ahora estamos todos en el mismo saco que esa minoría. Yo estuve trabajando hace poco en Francia y mis compañeros simulaban explotar cuando me acercaba. Puedes tomártelo con humor una o dos veces pero al final resulta inaguantable y te tienes que cabrear. Todo esto es lo que provoca el terrorismo. Violencia que engendra violencia”.

En Brasil deslizan otra posibilidad acerca de las razones que llevaron al joven Kaike a cambiar de religión. En Formosa, su pueblo natal, un policía amigo de la familia declaraba a la cadena Globo que Kaike entró en el Islam “porque estaba enamorado de una chica marroquí, según nos dijo su madre”. Pero también hay quien piensa que Kaike no era más que un infiltrado que dinamitó la célula desde dentro. Su pasado como cristiano militante ha disparado los rumores entre algunos musulmanes de planteamientos radicales. No lo dicen, y mucho menos en público. Pero lo escriben. Una pintada próxima a la mezquita de Terrassa refleja este pensamiento: “Kaike is cristiano”.

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Sea como fuere, Kaike se rebautizó como Hakim y empezó a relacionarse con miembros de Fraternidad Islámica. Aunque censado en la localidad vecina de Monistrol de Montserrat, pasaba la mayor parte del tiempo en Terrassa, en el piso ocupado en el que malvivía Taufik. Aquel ático se convirtió en el escenario de muchas de las reuniones de la célula. Kaike se imbuyó allí del salafismo radical, viendo algunos vídeos de decapitaciones y de niños de diez años ejecutando a “infieles”.

Al final Kaike dio el paso. Engañó a sus padres diciendo que se marchaba de viaje de fin de curso a Mallorca y emprendió la frustrada travesía a Siria de la mano de Taufik y Mohamed, el último miembro de la terna.

Sus conocidos aseguran que se trata de una persona con profundas convicciones religiosas. Cuando compareció ante el juez búlgaro que ordenó su extradición, recitó versículos del Corán a la espera de las preguntas del magistrado, según explica el diario búlgaro Dneven Trud. Su hermano también fue detenido en la segunda parte de la operación, aunque luego fue puesto en libertad.

2. A la entrada de la mezquita.

Rashid Alí es el director de InfoTalQual, un periódico digital de Terrassa que presta especial atención a las noticias relevantes para la comunidad árabe en Cataluña.

Alí es marroquí pero reside en Terrassa desde hace 15 años y asegura que la radicalización de Kaike (y del resto de miembros de la célula) no tiene sus raíces en internet sino en los corrillos que se forman a la salida del rezo, en la plaza frente a la mezquita de Terrassa.

Allí actúan los captadores salafistas. Se trata de musulmanes que se rigen por la ley islámica radical y que consideran impío a quien no la obedece. Defienden el regreso al Islam más puro, más primitivo. Imitan a Mahoma hasta en sus hábitos de comida o vestimenta. Sostienen que el Corán no está sujeto a interpretaciones, por lo que deben obedecer el texto al pie de la letra. Son violentos, odian a los occidentales y no dudan en menospreciar a los musulmanes moderados.

La tarea de los más radicales consiste en lograr adeptos para su causa. Personas que estén dispuestas a enrolarse en la yihad, unirse al frente sirio, atentar contra los cristianos o decapitar impuros. “Dentro de la mezquita no tienen poder. De hecho, consideran que el imán es un impuro porque no se somete a la ley islámica. Lanzan el cebo en la puerta del templo y no les resulta difícil encontrar a algún incomprendido dispuesto a escucharlos”, sostiene Alí.

No es la versión de Taufik Cheddadi, antiguo imán de Terrassa, que apuesta por internet como puerta de entrada al terrorismo. Chedaddi, que también es sociólogo e Islamólogo, expone que en la red “hay más intimidad y mucha más información”.

“También tendríamos que valorar otra cuestión”, explica Cheddali. “¿A quién pertenecen estas páginas? Canadá, Francia, Estados Unidos son los responsables de que estos contenidos estén en la web. Internet se convierte en el principal escenario para captar a estos jóvenes desarraigados y descontentos. En la mezquita seguro que no se radicalizan. Precisamente la mezquita es garantía de lo contrario: de control y convivencia. Lo que hagan en la puerta de la mezquita ya está fuera de nuestro control. Pero tampoco podríamos identificar a estas personas. No llevan escrito en la frente buen musulmán o mal musulmán”.

La radicalización del individuo puede tener varios orígenes. Pero si algo tienen en común casi todos los detenidos de esta operación es su lugar de residencia. El periodista Rashid Alí ha seguido el caso en detalle y no le sorprende que la mitad de los detenidos residan o hagan vida en un mismo barrio: Ca N’Anglada.

“La mayor parte de los magrebíes de esta zona vive virtualmente en los países árabes”, dice Alí. “Levantas la mirada por cualquier calle y lo único que ves son antenas parabólicas. La gente sintoniza Al-Yazira hasta para ver el fútbol que dan en abierto por TVE. Apenas les interesa lo que pasa aquí. No tienen demasiados alicientes. ¿Qué importancia tienen los musulmanes en los medios españoles? Interesan sólo cuando hay un caso de terrorismo. Los políticos lo saben pero no hacen nada por solucionarlo. No existe un proyecto de integración, por muchas conferencias que programen desde los partidos”.

3. Un gueto en la periferia.

La realidad que describe Alí ha convertido a Ca N’Anglada en el caldo de cultivo ideal para el desarrollo del terrorismo islámico. Este barrio periférico de Terrassa se convirtió hace 20 años en el epicentro musulmán de la ciudad.

En los años 90, el boom de la construcción revalorizó los barrios de nuevo cuño y devaluó la vieja Ca N’Anglada. Los precios de aquellos viejos caserones y pisos protegidos de la época franquista mantuvieron un precio más razonable que el resto de inmuebles de la localidad. Eran pisos baratos que acogieron a nuevos vecinos con poco poder adquisitivo, en su mayoría inmigrantes del norte de Marruecos, de Tánger o Tetuán. Personas de un carácter mucho más hermético y reservado que sus compatriotas de Casablanca o Rabat.

El efecto llamada hizo el resto y Ca N’Anglada se acabó convirtiendo en una especie de gueto. Una versión española de las banlieu francesas: barrios periféricos de las grandes ciudades en los que la pobreza y la escasez de oportunidades acaban deviniendo en un embrión de la violencia. Hoy los 13.000 marroquíes censados conforman el 6,07% del padrón de una ciudad de 200.000 habitantes. Pero la gran mayoría vive concentrada en este distrito que conoció su máximo esplendor en los años 70 y 80 como eje comercial de la deprimida zona oriental de la ciudad.

Si Terrassa pasa por ser un suburbio de Barcelona, Ca N’Anglada es el suburbio del suburbio. Una zona ubicada a las afueras de la ciudad, sin industrias ni servicios ni futuro. En las paredes de las plazas hay pintadas que exaltan a dos jóvenes pùgiles magrebíes que encontraron en el boxeo su plan de fuga y ahora se ganan la vida como profesionales. Ambos se han convertido en ídolos de una nueva generación que se apunta en masa a los gimnasios para emularlos.

“Las salidas de los chicos pasan por la violencia, el boxeo o la yihad”, explica Aziz, un vecino magrebí que lleva casi 20 años en el barrio. Dice sentirse preocupado por la deriva radical que han emprendido algunos de sus jóvenes compatriotas aunque cree que “estos problemas han llegado de la mano de la crisis”.

No se refiere sólo a la mala situación económica sino a lo que llama “una crisis de valores” y dice que “son chavales desarraigados, sin valores ni sentimiento de pertenencia”. Es algo que corrobora Jamal, un magrebí de 18 años que reside en el barrio desde su infancia: “Yo aquí no soy más que un moro. Pero bajo a Marruecos y mis primos me ven como un europeo estirado. Y cuando subo a Francia o a Bélgica, soy un español más”.

La importancia del desarraigo la comparte el imán Taufik Cheddadi: al abordar las noticias de las detenciones prefiere no personalizar “porque no es una cuestión de nombres”. Tiene una teoría elaborada:”“El morbo vende. Debemos hacer un análisis mucho más profundo. ¿En qué hemos fallado para que nuestros hijos, algunos de los cuales no saben ni hablar árabe, se vean inmersos en este tipo de problemas? Muchos fracasan en la escuela, se meten en las drogas, no van a la mezquita. Es más un problema de desarraigo, de identidad. No saben de dónde son y se convierten en personas a merced de los manipuladores”.

Cheddadi recuerda que siempre ha habido musulmanes en España y nunca hubo problemas de terrorismo. “Entre los años 50 y los años 70, muchos árabes contribuyeron a reconstruir el continente”, explica. “Ahora Europa se ha convertido en un exportador de terroristas. Lo que debemos analizar es qué problema tenemos en Europa. No si el islam es bueno o malo”.

El imam aboga por afrontar la religión islámica “como lo que es: parte de la historia de España aunque algunos no quieran verlo. Se tiende a relatar la historia del país sobre el pasado griego, romano y judeocristiano. Pero el Islam ha estado presente aquí durante muchos siglos en de forma mayoritaria. Si aprendemos a integrar este concepto en la enseñanza de los más pequeños, estaremos dando el primer paso para lograr evitar exclusiones y discriminaciones injustas”.

4. Rumbo a Siria.

La sensación de exclusión lleva a menudo a buscar la aceptación en una comunidad que les abra los brazos. “El Estado Islámico les ofrece una bandera, unos ideales, un concepto de hermandad utópico, y el único requisito exigido es abrazar el salafismo y morir por esos ideales corrompidos”, resume Baghar.

El desarraigo, la pobreza y la falta de oportunidades acaban sumiendo a los más jóvenes en situación difícil de mantener. Ahí es donde entra en juego la yihad.

El grupo Estado Islámico se ha convertido en un polo de atracción. Cualquier individuo puede pasar de sentirse un cero a la izquierda a considerarse imprescindible. Ni siquiera es necesario hablar árabe: “La estrategia de captación de Estado Islámico se basa en el concepto de las brigadas internacionales de la Guerra Civil española”, dice Alí. “Proponen un ejército conformado por soldados de todos los países. Comunicarse tampoco es difícil porque siempre los voluntarios siempre pueden encontrar a alguien que proceda de su país y les haga mucho más llevadero el proceso de integración”.

Según Alí, los estímulos que llegan a través de las redes sociales construyen una imagen del Estado Islámico casi irresistible: “Cuelgan fotos de muyahidines con grandes coches y armas, con poder. No descartan a nadie. No importa que te postules como soldado, como suicida o como trabajador. Siempre hay algo por hacer en un estado en construcción”.

Las motivaciones para unirse a una célula terrorista no son siempre las mismas.

En torno a Kaike se barajan hipótesis relacionadas con la religión, el dinero, el amor e incluso la traición.

Quienes conocen a Taufik tienen menos dudas: “Lo que buscaba era legitimar su violencia. Se trata de una persona violenta, con muchos problemas de adaptación y poca suerte en la vida”, señala Alí, que recuerda que Taufik tenía antecedentes por robo y narcotráfico. “Había pasado un tiempo en prisión. Delinquía y siempre se metía en líos. Llegó Estado Islámico y le ofreció irse a Siria a cortar cabezas y cobrar por ello. Aquello le convertiría en un héroe. Le estaban prometiendo una recompensa por hacer todo lo que aquí en España le suponía una condena. El dinero se acaba gastando. Ganar una reputación y encontrar tu lugar en el mundo son conceptos mucho más duraderos”.

Taufik se convirtió en uno de los elementos con más peso en la célula. Su carisma, su arrojo y sus planteamientos radicales le convirtieron enseguida en una de las voces más respetadas del círculo.

Que en el coche interceptado en Bulgaria viajaran tres personas fue una casualidad. Estaba previsto que con ellos viajase un cuarto miembro de la célula que al final no pudo unirse a la expedición.

El magistrado que instruye la causa explica que Said Touay, otro de los detenidos residentes en Ca N’Anglada, había manifestado su intención de enrolarse en Estado Islámico. “Tenía intención de partir con su familia o de atentar en España si no conseguía marcharse”, explica en su auto. La imposibilidad de llevarse a los suyos le llevó a permanecer en España y a seguir acudiendo a las reuniones del grupo.

“Con la marcha de Taufik, Kaike y Mohamed, su peso específico en la célula aumentó”, dice el auto del magistrado, que añade que “hacía proselitismo, justificaba el terrorismo y veía vídeos de acciones violentas, ejecuciones y canciones yihadistas de Estado Islámico”.

5. El peluquero y el neonazi.

Estas sesiones de exposición intensiva a discursos terroristas se desarrollaban sobre todo en el domicilio del cabecilla del grupo. Antonio Sáez es un peluquero granadino que reside en Sabadell y que encontró en el islam el refugio a una vida de excesos.

Se casó con una marroquí, se rebautizó como Alí, abandonó su adicción al alcohol y se entregó en cuerpo y alma al integrismo islámico.

Nadie en su barrio podía sospechar de sus actividades. “Se hizo musulmán, se dejó barba, sí, pero era un ciudadano ejemplar. Ayudaba a todo el mundo. Nadie podrá decirte una mala palabra de Antonio en este barrio”, resume Manuel, uno de sus vecinos. A pesar de las apariencias y de que “siempre saludaba”, Antonio fue el fundador de la célula terrorista y el alma del grupo.

El terrorismo procura extraños compañeros de viaje. En la peluquería que regentaba, el granadino conoció a Diego José Frías, un neonazi que lideró las listas electorales de dos partidos de extrema derecha: Movimiento Social Republicano (MSR) y España 2000. El odio a los judíos los unió, según explica el auto del juez.

Frías tenía afición por las armas y eso le convirtió en la persona encargada de conseguir el arsenal. Ambos planeaban atentar contra una librería judía de Barcelona y contra una sinagoga.

Pocos en Sant Quirze, donde vivía Frías, pueden creer que aquel joven xenófobo haya acabado en prisión por colaborar con la yihad. “No doy crédito; nunca hubiese imaginado que se relacionase con moros y mucho menos que planease atentar con ellos”, explica Xavier, un joven vecino de la urbanización en la que residía Frías. Lo define como “un tipo con las ideas claras que no escondía sus ideas racistas y sus planteamientos contrarios a la inmigración” aunque “creo que para todo su entorno ha resultado una sorpresa”.

No es la única sorpresa que entraña este caso. La última la han protagonizado las fuerzas policiales. Los Mossos d’Esquadra denunciaron recientemente que miembros de Policía Nacional alertaron a los miembros de esta célula yihadista del seguimiento que se les estaba realizando.

Este presunto chivatazo motivó que los integrantes de Fraternidad Islámica se pusiesen en guardia y modificasen sus planes iniciales. El conseller de Interior de la Generalitat, Ramon Espadaler, aseguró que los miembros de la célula se enteraron en noviembre de que les estaban investigando. Un soplo que según el conseller puso en peligro la operación y la integridad del agente de los Mossos que se hallaba infiltrado en el grupo.

Espadaler aseguró que los terroristas, al verse detectados, precipitaron su marcha a Siria por lo que hubo que alertar a la policía búlgara de que los interceptara antes de que entraran en las filas de Estado Islámico.

La alianza entre fundamentalistas islámicos y ultraderechistas es uno de los argumentos que esgrimen los expertos para eximir a la religión de ser la causa de la radicalización.

“Mezclar terrorismo yihadista e islam es propio de imbéciles”, dice José María Gil Garre, director del departamento de Estudios contra el Terrorismo del Instituto de Seguridad Global. “Es como si confundiéramos el terrorismo de las milicias cristianas de la República Centroafricana con la religión cristiana o a los grupos budistas que despellejan vivos a los musulmanes en Birmania con el hecho religioso budista”.

Gil Garre sostiene que los detenidos no han experimentado una conversión religiosa sino ideológica. “El terrorismo yihadista es una ideología que se apoya en unos argumentos muy definidos y en textos e interpretaciones del hecho religioso islámico”, dice. “El terrorismo yihadista es una basura ideológica y pseudoreligiosa. Retuerce el único libro en el que dicen creer, el Corán, hasta hacer que determinados textos signifiquen y digan lo que en realidad no significan ni dicen”.

Esta visión retorcida es la que se está llevando a más jóvenes al Estado Islámico. El Ministerio del Interior cifra en 60 el número de españoles que se hallan en los territorios ocupados por el grupo. La mayoría están en Raqqa la ciudad más importante de la región.

Entre ellos se encuentra Abdellatif Chahmout, el único vecino de Ca N’Anglada del que se tiene constancia que se haya unido a los terroristas. Llegó a Raqqa con escala en Alemania y no encontró ningún impedimento en su camino. El billete se lo pagó Lahcen Zamzani, otro de los detenidos en la operación Caronte.

No sólo le abonó aquel pasaje. También le dio las pistas para llegar mediante un itinerario seguro: haciendo escala en alguna ciudad alemana. El país cuenta con el mayor número de ciudadanos turcos de la Unión Europea y la conexión aérea con Turquía (paso previo a la entrada a Siria) es más habitual y fluida que en otros países. Los controles son mucho menos férreos. Abdellatif hizo escala en Dusseldorf y no encontró ningún obstáculo para alcanzar territorio sirio.

“De todos modos, antes casi todos los caminos eran seguros”, dice el periodista Rachid Alí. “Los españoles que se han unido a Estado Islámico llegaron a Siria entre 2012 y 2014. Durante ese intervalo, el control de las fronteras era nulo. Los gobiernos occidentales eran conscientes de que había gente que se marchaba a combatir con los radicales, pero a nadie interesó frenar ese fenómeno. Entonces el enemigo era el presidente Bashar al Asad e interesaba tener a gente peleando contra él. Ahora las cosas han cambiado”.

Los españoles que se unieron al Estado Islámico antes de que se endureciesen los controles fronterizos empiezan a echar raíces en su nueva patria. Hasta el punto de que el pasado mes de abril nació el primer español en territorio ocupado por el grupo. Se trata del primogénito de Kokito Castillejos y Assia Ahmed.

Casillejos es un informático de Ceuta que se unió a la yihad en 2013 y que ahora pasa por ser uno de los miembros más sanguinarios del ISIS: se ha hecho célebre en la red por fotografiarse con las cabezas de los enemigos a los que él mismo decapita. Ella es una ceutí que se marchó siguiendo sus pasos, logró atravesar la frontera siria y se unió a él en matrimonio. Ahora Assia ha dado a luz a un niño en Siria, según dice José María Gil Garre, director del Instituto de Seguridad Global.

El periodista Rachid Alí cree que España volverá a sufrir el impacto del terrorismo islámico. Entre otras cosas porque el problema ya no es un coto exclusivo de inmigrantes árabes. Cada vez más españoles caen las redes del terrorismo islámico.  Es una guerra hipodérmica que discurre por debajo de la piel y que cada vez resulta más difícil de identificar.