Liberticidio progresista

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Si el festival de música Rototom quería ponerse en el mapa, pardiez que lo ha conseguido de pleno. Toda la prensa internacional recoge las coacciones de la organización al estadounidense Matisyahu, forzándole primero a hacer una declaración política a favor del estado palestino y anulando después el concierto en respuesta a su negativa a pasar por el aro…

Si el festival de música Rototom quería ponerse en el mapa, pardiez que lo ha conseguido de pleno. Toda la prensa internacional recoge las coacciones de la organización al estadounidense Matisyahu, forzándole primero a hacer una declaración política a favor del estado palestino y anulando después el concierto en respuesta a su negativa a pasar por el aro.

Las disculpas del festival, cuatro días después de airearse la polémica, llegan demasiado tarde, cuando el incendio ha chamuscado hasta la última letra de su logotipo y el prestigio de la calidad democrática española.

La razón de cómo un acto cultural aparentemente inofensivo, celebrado en plena canícula en un rincón pacífico de la costa de Castellón se convierte en paradigma mundial de censura y persecución ideológica, hay que buscarla en la creciente presencia de un discurso de izquierda radical que presume de libertad, pero que no duda en cercenarla cuando no se ejerce en la dirección que ella desea.

Quienes ahora censuran a Matisyahu recogieron firmas para que no se suspendiera un concierto de Soziedad Alkoholika en Madrid y consiguieron que un terrorista de ETA diera una charla en la Universidad Jaime I de Castellón apelando a la libertad de expresión. Los mismos que reventaron una conferencia de Rubalcaba en la Universidad de Granada o impidieron hablar a Rosa Díez en la Autónoma de Barcelona.

 

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El Rototom justifica su actitud inquisitorial hacia Matisyahu por las presiones y amenazas que recibió de BDS, un grupúsculo nacionalista que trata de ganar simpatías enarbolando la bandera palestina. Pero pese a ser una organización anecdótica, se le teme, por la sencilla razón de que sus planteamientos de democracia popular y progresismo mal entendido coinciden con los de partidos que empiezan a tener poder.

Por algo la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia se ha adherido a la iniciativa de boicot a Israel que recientemente le presentó el BDS. ¿Dará marcha atrás después de ver el talante de los promotores de la campaña y comprobar cómo se enfanga el nombre de la institución?

También es significativa la respuesta de los partidos de izquierda. Podemos e IU insisten en que lo correcto es vetar al artista estadounidense, dándose así el retruécano de que aquellos que se divierten pintando a Merkel con bigotito y la presentan como a una nazi son los que persiguen a los judíos para que no se suban a un escenario.

Pero es que el PSOE y Compromís, que gobiernan en la Generalitat valenciana, han mostrado una tibieza rayana en la complicidad. El presidente, Ximo Puig, no ha dicho aún esta boca es mía. Impensable si la censura hubiera tenido distinto signo. Otro tanto cabe decir del conseller de Cultura, el lenguaraz Vicent Marzà, de Compromís, que anda desaparecido desde que se filtraron sus vivas a la independencia de Cataluña.

Sólo tras el ridículo internacional, Compromís ha tratado de borrar su papel de Torquemada, pero en un primer momento secundó el liberticidio, tal y como dejó claro su delegado en Castellón, Ignasi Garcia.

Con razón, a estos nuevos apóstoles de la democracia se les atraganta la Constitución, ésa que en su artículo 16 garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y que recuerda que nadie puede ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.

Matisyahu, o el antisemitismo de una parte de la izquierda española

Parte de la izquierda española ha vuelto a convertirse en abanderada del antisemitismo en España a raíz del ‘equívoco’ veto al cantante estadounidense de reggae Matisyahu en el festival Rototom de Benicassim.

NAPA, CA - MAY 30:  Matthew Miller aka Matisyahu performs during the Bottlerock Music Festival at the Napa Valley Expo on May 30, 2014 in Napa, California.  (Photo by Tim Mosenfelder/Getty Images)

Parte de la izquierda española ha vuelto a convertirse en abanderada del antisemitismo en España a raíz del ‘equívoco’ veto al cantante estadounidense de reggae Matisyahu en el festival Rototom de Benicassim.

A pesar de que la propia organización rectificó y pidió perdón por haber obligado al hipster judío a pronunciarse claramente sobre “el derecho del pueblo palestino a tener su propio Estado”, partidos políticos como Podemos, Izquierda Unida y Compromís desplegaron, como en anteriores ocasiones, un discurso beligerante que encaja con el antisemita.

Cuando los tuits del concejal Zapata, efímero responsable de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, aún resuenan en las redes sociales –“¿Cómo meterías a cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero”-, una nueva polémica con Israel y Palestina de fondo ha hecho que un sector de la izquierda española vuelva a posicionarse recurriendo al manual desplegado en ocasiones anteriores que desde filas socialistas califican como “antisemita, antijudío y antiisraelí”

En esta ocasión ha llevado a la izquierda más radical a hacer “el mayor ridículo en este ámbito en muchos años”, en palabras a EL ESPAÑOL del eurodiputado de Ciudadanos Juan Carlos Girauta.

Podemos, de forma más tibia, Izquierda Unida y Compromís -incluso después de conocerse que el festival levantaba el veto- no rectificaron su discurso, ya que consideran que la exigencia al cantante de pronunciarse ideológicamente era lícito para poder ofrecer un concierto.

Nada que ver con lo que apuntan a este periódico dirigentes del PSOE y Ciudadanos: “Es contrario al derecho a la libertad ideológica garantizado en la Constitución española y el discurso utilizado por estas formaciones políticas roza la ilegalidad”.

El “silencio” de la izquierda

Un órdago en forma de presiones, amenazas y coacciones incluidas lanzado por el autodenominado BDS (unas siglas que hacen referencia al boicot, la desinversión y las sanciones contra “la colonización, el apartheid y la ocupación israelí”) y en el que parte de la izquierda ha caído debido a “su desarticulado discurso” (insisten las fuentes consultadas) en el que “pesa su silencio” en lo que concierne a la defensa del Estado de Israel.

Hasta tal punto se ha evidenciado esta “falta de coherencia” en sus argumentos que los ciudadanos han presenciado cómo Compromís matizaba a Compromís, Podemos a Podemos e Izquierda Unida a Izquierda Unida.

Algo que recuerda a las contradicciones vertidas en los medios de comunicación después de que el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero se pusiese un pañuelo palestino al término de un mitin de Juventudes Socialistas, donde equiparó a Israel con Hezbolá.

Fueron en aquella ocasión destacados miembros socialistas como Nicolás Redondo Terreros, Enrique Múgica o Juan Barranco los que denunciaron el “discurso antijudío” de la izquierda y de su propio partido.

“Discurso antijudío” porque, a excepción de la extrema derecha, no hay partidos políticos que se atrevan a proclamarse públicamente como antisemitas. Es el caso del ex presidente de la República Islámica de Irán Mahmud Ahmadineyad quien, pese a afirmar su deseo de borrar a Israel del mapa, no se autodefine como antisemita.

Él, como parte de la izquierda en España, es sólo antisionista.

Un pacto de izquierdas para enterrar dos décadas del PP

Puig, Oltra y Montiel

Podemos, Compromís y PSPV-PSOE presentaron este jueves un acuerdo sobre las políticas que regirán la Generalitat Valenciana los próximos cuatro años. Eligieron para la firma el Jardín Botánico de Valencia, un escenario bucólico donde se rubricó el fin de dos décadas de dominio absoluto del PP.

Fotos: Juan Navarro

Como un estudiante delante de un examen, los tres partidos que están intentando formar el nuevo gobierno valenciano han dejado la parte más difícil para el final. Las tres formaciones llevaban dos semanas sin ponerse de acuerdo sobre quién será el presidente. La pelea era entre el PSOE (23 diputados), que esgrimía su condición de lista más votada y Compromís (19 escaños), que exhibía su crecimiento electoral frente al derrumbe de su hipotético socio. Ante el enroque, la solución ha sido dejar de hablar de esta cuestión en público y centrarse en un primer paso: un pacto con los objetivos generales de sus futuras políticas.

Podemos, Compromís y PSPV-PSOE presentaron el jueves el acuerdo programático. Eligieron para la firma el Jardín Botánico de Valencia, un escenario bucólico. Invitaron a organizaciones de la sociedad civil. Glosaron las medidas contenidas en el documento común, que recoge la intención de evitar que haya familias desahuciadas “sin alternativa de vivienda”, devolver la asistencia sanitaria a los inmigrantes, crear una Agencia Tributaria propia y revertir la privatización de la gestión sanitaria, entre otros compromisos. El acuerdo entre los tres no es definitivo, pero sus respectivos líderes -Antonio Montiel, Mónica Oltra y Ximo Puig, en la foto- mostraron su buena voluntad: Puig eludió la pregunta de si sigue empeñado en liderar el gobierno y Oltra pospuso a “mañana” la cuestión.

La presentación del bautizado como “Acord del Botànic” llegó pocas horas después de la primera sesión parlamentaria tras las elecciones del pasado 24 de mayo, que sirvió para tomar juramento o promesa a los diputados y elegir los miembros de la Mesa, el órgano de gobierno de Las Cortes. Entre la alegría de unos y el derrumbe moral de otros, el pleno fue el símbolo del brusco cambio que la Comunidad ha vivido en sólo una legislatura.

El PP, de la euforia al hundimiento

Después de 20 años de gobierno, casi todos con mayorías absolutas, el PP fue ayer el reflejo más elocuente del cambio. El partido ha pasado de los 55 escaños a 31. Sus diputados tienen que compartir su antaño exclusiva bancada de la derecha del hemiciclo con los 13 recién llegados de Ciudadanos. Rita Barberá, alcaldesa en funciones de Valencia y una suerte de matriarca para los conservadores valencianos, mantuvo un paso lento y abatido en el trayecto desde su escaño a la urna que presidía la sala. Era el símbolo del desánimo de toda la bancada, que asimila con dificultades el cambio de rol que les han deparado las elecciones.

Hace cuatro años, el partido estaba ya bajo la sospecha de varios casos judiciales de corrupción. Pero tenía el poder en la Generalitat, las tres diputaciones provinciales, los ayuntamientos de las tres capitales y la mayoría de municipios. La cúpula optó entonces por obviar el problema y defender la presunción de inocencia de los afectados. La consecuencia es que en la sesión de constitución de Las Cortes tras las elecciones de 2011 el grupo parlamentario popular tenía nueve imputados. Entre ellos, el propio presidente del partido y de la comunidad, Francisco Camps.

La situación provocó entonces mucha tensión dentro y fuera del edificio. En las afueras de Las Cortes Valencianas hubo multitudinarias protestas ciudadanas que obligaron al blindaje policial de la institución. Dentro, Juan Cotino, recién nombrado presidente de la Mesa, decidió hacer gala de su pertenencia al Opus Dei y colocó un crucifijo a la vista de todos. El gesto provocó la ira del resto de partidos.

Algunos de los componentes de Compromis haciendose un selfie
Algunos de los componentes de Compromis haciendose un selfie (foto: Juan Navarro)

Una larga lista de escándalos

Cuatro años después, las consecuencias judiciales de la corrupción en el PP han coincidido en el tiempo con la victoria de sus rivales políticos. El jueves, al mismo tiempo que las nuevas Cortes se constituían, comenzaba en el Tribunal Superior de Justicia autonómico uno de los juicios por el caso Gürtel, en el que dos exconsejeras de Camps se sientan en el banquillo. También ese día el alcalde de Castellón, Alfonso Bataller, lloró ante los periodistas al anunciar su dimisión, debido a su presunta implicación en la operación Púnica. En la jornada anterior, se conoció que Rafael Blasco, hombre fuerte del PP durante lustros, ingresará en prisión en breve, condenado por malversar dinero destinado a la cooperación internacional.

Son escándalos que se suman a una lista ya muy larga de presuntos robos de dinero público por parte de políticos conservadores. Con el eco de las noticias resonando en sus móviles, los diputados del PP vieron ayer cómo el reparto de los puestos en los órganos de gobierno de Las Cortes preludiaba su pérdida de poder en las principales instituciones valencianas. La Mesa, dominada antes por los conservadores, tendrá ahora un miembro de cada formación política. El nuevo presidente será el socialista Francesc Colomer. Fue durante años el portavoz de la oposición en la Diputación de Castellón. Tenía enfrente a Carlos Fabra, entonces jefe del PP provincial y hoy en la cárcel. Fabra lo humilló en infinidad de ocasiones entre las risas de sus compañeros de partido y llegó a mascullar “hijo de puta” al término de un pleno.

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Últimos compases del baile de la “yenka”

El contraste a la actitud del PP estuvo en las bancadas del resto de partidos. Los miembros de los partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos, estrenaron las rutinas parlamentarias entre preguntas por su funcionamiento. Se pudo escuchar cómo una diputada explicaba a otro la manera de conectar el micro: “Le das al botón y la luz se pone rojita”. A sus líderes hubo que explicarles dónde comparecer ante la prensa y en qué orden. En los dos escaños partidos llamados a formar gobierno, PSOE y Compromís, abundaban las sonrisas, los abrazos y los apretones de manos.

Parecía que el acuerdo estaba próximo, pero hubo todavía un último desencuentro. La noche anterior se había alcanzado un pacto entre los tres partidos de izquierda -Compromís, Podemos y PSOE- para la distribución de la Mesa de Les Corts. Pero el PSOE apoyó finalmente a Ciudadanos para el puesto que, según Podemos, estaba acordado que ocupara un miembro del partido de Pablo Iglesias. El resultado final de esta decisión es anecdótico: Podemos quedó igualmente representado en la Mesa, aunque en un rango inferior a Ciudadanos.

Pero el gesto tuvo un alto valor simbólico. Antonio Montiel, líder de Podemos en la Comunidad Valenciana afirmó que lo sucedido no les impediría seguir negociando con el PSOE un nuevo gobierno en la Generalitat. Pero sí se quejó de que era un “comportamiento extraño” y que arruinaba la “visualización del bloque del cambio”. “Que deje de bailar la yenka”, dijo, en referencia al famoso baile que incluye pasos sucesivos y cambiantes a la izquierda y la derecha.

Puig abraza a Oltra (Foto: Juan Navarro)
Puig abraza a Oltra (Foto: Juan Navarro)

Puig explicó su decisión en su intención de evitar “bloques cerrados” y en el hecho de que Podemos tiene menos votos que Ciudadanos (pese a que ambos partidos tienen los mismos escaños). Pero el gesto no deja de ser el último coqueteo de los socialistas con el partido de Albert Rivera. Si ambos partidos unen sus fuerzas, sus escaños forman una mayoría simple. Es decir, podrían gobernar si contaran con la abstención del PP. El PSOE usa esta posibilidad para ejercer presión sobre Compromís, que en las dos últimas semanas se ha resistido a aceptar a Puig como presidente, y que no ha dejado de apostar en público por Mónica Oltra para ese puesto.

La opción de una alianza entre PSOE y Ciudadanos parecía sólo un amago con el que los socialistas buscaban reforzar su postura en la negociación. Pero el pasado martes, llegaron a suspender las negociaciones con Compromís. Gestos como ese, o el guiño a Ciudadanos de ayer, podrían responder a las presiones que el PSOE valenciano está recibiendo del partido a nivel estatal. Según ha podido saber EL ESPAÑOL, Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, prefiere a Ciudadanos como socio de gobierno en Valencia.

Sánchez estaría dispuesto, incluso, a impedir que Compromís gobierne en la ciudad de Valencia pese a ser la segunda fuerza más votada, y permitir en su lugar que gobierne Ciudadanos, aunque para ello necesiten la complicidad del PP mediante la abstención. El acuerdo programático del jueves acaba, en principio, con todas estas especulaciones. Siempre que Mónica Oltra y Ximo Puig sean capaces de ponerse de acuerdo en los próximos días sobre la presidencia de la Generalitat.

El duelo de la estrella y el superviviente

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Mónica Oltra, de Compromís, y Ximo Puig, del PSOE, son los candidatos de los principales partidos de la izquierda valenciana y, junto a Podemos, tienen votos suficientes para descabalgar al PP. Todo el mundo da por supuesto que serán capaces de llegar a un acuerdo. Pero los reproches entre ambos no cesan.

TAMBIÉN EN EL ESPAÑOL: Por qué Rita Barberá perdió la alcaldía de Valencia

Captura de pantalla 2015-05-30 a las 20.19.50Cuando el lunes Mónica Oltra, de Compromís, y Ximo Puig, del PSOE, se sienten por fin en la misma mesa, lo harán después de una semana de mutuos enfrentamientos y reproches en público. Son los candidatos de los principales partidos de la izquierda valenciana y, junto a Podemos, tienen votos suficientes para descabalgar al PP. Todo el mundo da por supuesto que serán capaces de llegar a un acuerdo. Pero en los días siguientes a las elecciones tanto Oltra como Puig han utilizado todos los micrófonos a su alcance para disputarse el puesto de presidente de la Generalitat.

La reunión a la que ambos están convocados será “exploratoria” y ha sido convocada por Podemos de la Comunidad Valenciana. La formación hace valer así su posición de necesaria bisagra en las negociaciones. Tiene 13 diputados, que formarían una mayoría absoluta de 55 escaños junto a los 23 del PSOE y los 19 de Compromís. Por eso, Antonio Montiel, su líder, es el único hombre capaz de decidir el desempate. No obstante, Montiel deja pasar los días sin definir si apoya a Oltra o a Puig como presidente.

La única referencia es la reciente declaración de Pablo Iglesias, líder nacional de Podemos, que el pasado martes se felicitó por la victoria de Compromís.  El gesto pareció un apoyo a Oltra frente a Puig. Pero esto podría ser sólo una medida de presión en la negociación estatal que Iglesias debe mantener con Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, y en la que están en juego plazas tan importantes como la Junta de Andalucía o los ayuntamientos de Madrid y Barcelona.

Para terminar de complicar la situación, hay que añadir los pactos pendientes en los municipios de la comunidad autónoma. El más importante, Valencia, depende también de un acuerdo entre Compromís y PSOE. En este caso, la lista más votada ha sido la de la coalición de izquierda nacionalista, pero necesita el apoyo de los socialistas y de Valencia en Comú, la marca apadrinada por Podemos, para lograr una mayoría absoluta y sacar a Rita Barberá de la alcaldía.

Esta es una de las bazas de Puig para conseguir que Oltra ceda y le permita ser presidente. La otra es su amenaza de formar gobierno junto a Ciudadanos (13 diputados) y prescindir de Compromís, aunque sería un ejecutivo muy frágil porque juntos no alcanzan la mayoría absoluta. Todo debe decidirse antes del 11 de junio, fecha en la que deberán constituirse los ayuntamientos y también Las Cortes Valencianas.

En este compás de espera, la discusión entre Puig y Oltra no remite. El primero defiende su derecho a ocupar la Generalitat porque la suya es la lista más votada: tiene cuatro escaños, 2,11 puntos porcentuales y 52.532 votos más que Compromís. “Lo lógico es que se llegue a acuerdos desde la perspectiva aritmética de los escaños”, afirma.  Para la segunda, la diferencia de votos entre los dos partidos es “casi empate técnico“. También explica que hay “más fuerzas”, en una clara alusión al apoyo que podría recibir de Podemos. Además, no deja pasar la oportunidad de meter a Puig en el saco de los que llevan “40 años en la política” y de los que practican una “vieja” manera de ejercerla.

Puig, el superviviente

Ximo Puig resumió su estado de ánimo el pasado miércoles, cuando pidió que se respete su derecho a ser presidente “sin marear más de lo necesario”. La frase adquiere pleno significado cuando se atiende a su trayectoria política, en la que ha necesitado muchos mareos para llegar a ser líder del PSPV, la marca del PSOE en la Comunidad Valenciana. Puig tiene 56 años y lleva desde los 24 años metido en política. En todo este tiempo, ha tenido que emplearse a fondo contra sus rivales políticos y, sobre todo, contra sus enemigos internos en el partido.

Puig nació en Els Ports, una comarca montañosa del norte de Castellón, hecha de pueblos pequeños que a veces no llegan al centenar de habitantes. Su municipio, Morella, es la capital de la zona. Él consiguió ser el alcalde en 1995 y después de 12 años como concejal. En ese año se convirtió también en el portavoz de la oposición del PSOE en la Diputación provincial. Allí, tuvo que pelear contra su presidente, Carlos Fabra, encarcelado desde el pasado diciembre y símbolo de la corrupción del PP valenciano.

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Por aquel entonces, Fabra ya practicaba un estilo de gobierno autoritario y caciquil. Puig le plantó cara y, según sus colaboradores cercanos en aquellos años, obtuvo a cambio amenazas en el cuerpo a cuerpo de los pasillos de la institución. El presidente también redujo al mínimo las retribuciones a los diputados de la oposición mientras subía las de los miembros de su partido, según las mismas fuentes. Y recortó las subvenciones para Morella, lo que provocó una suerte de reacción nacionalista en el pueblo, que cerró filas en torno a su alcalde. Puig mantuvo la alcaldía hasta 2012, cuando la dejó para liderar el PSPV.

Pero la mayor batalla del candidato socialista no fue la que libró contra el PP, sino la que vivió dentro de su propio partido. En el PSPV la guerra entre familias es legendaria. Es una estructura informal y soterrada, pero más válida y poderosa que los órganos de gobierno que salen de los congresos del partido. Los adversarios internos de Puig lo califican de “lermista”. Es una denominación despectiva para los que fueron colaboradores de Joan Lerma, el presidente socialista de la Generalitat Valenciana desde 1982 hasta 1995.

La etiqueta consigue alterar el carácter apacible y cercano de Puig, que se revuelve como una fiera cuando algún periodista se la nombra: “El lermismo no existe, es mentira”, afirmó por enésima vez en una entrevista reciente. Sin embargo, sus adversarios en el partido tienen otra opinión. “Puig ha llegado al poder después de muchos años intentándolo porque los lermistas se protegen mucho entre ellos. Él sigue con la misma dinámica, porque ha reservado los puestos importantes de dirección para miembros de la misma familia”, afirma uno de los rivales internos del líder, que prefiere mantener su anonimato.

Sea por la guerra entre familias o por un sano ejercicio de democracia interna, el hecho es que a Puig le ha costado mucho tiempo y esfuerzo llegar al liderazgo del PSPV. Se presentó al congreso de 2008 y perdió frente a Jorge Alarte, un alcalde joven y hasta entonces desconocido que consiguió aglutinar en torno a sí el rechazo de gran parte del partido al llamado lermismo. Pero Alarte no consiguió transformar la crisis económica y la corrupción del PP en votos para los socialistas, y perdió estrepitosamente las elecciones autonómicas de 2011: obtuvo el 27,59% de los votos, por debajo de la barrera psicológica del 30%. Puig tuvo la oportunidad de volver a aspirar al liderazgo y, esta vez sí, se convirtió en secretario general del PSPV en 2012.

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Todos esos sinsabores debieron de pasar por la mente de Ximo Puig en la noche del 24 de mayo, cuando con un resultado todavía peor que el de Alarte, vio ante sí la posibilidad de gobernar, por fin, la Generalitat Valenciana. La euforia se apoderó de la sede socialista, que se llenó de camisetas con el lema ‘Ximo Puig president’. Él mismo dio por supuesto en ese momento que así sería: “Los valencianos han votado cambio y han decidido que ese cambio lo lidere el partido socialista”. Para su sorpresa, pocas horas después se topó con una persona que no compartía esa opinión, y que es todavía más obstinada que él en la tarea de conseguir el poder.

Mónica Oltra, la estrella

“Aquí todo el mundo se tiene que bajar un poco el ego, bajar del burro”. Es uno de los jarros de agua fría que Oltra ha vertido estos días sobre las aspiraciones presidencialistas de Puig. La candidata de Compromís ha dejado claro que ser presidenta no es una exigencia imprescindible para llegar un acuerdo y que lo importante es que haya sintonía en el programa de gobierno. Pero también ha dicho que la coalición que lidera tiene “la valentía” de aspirar a ese puesto. Y se ha reivindicado como la novedad, citando incluso al nombre que más evitan recordar los propios socialistas: “Estoy segura de que vamos a hacer políticas totalmente diferentes a las que hizo Zapatero”.

Oltra incluso ve los resultados de las elecciones como un punto a su favor. Afirma que el PSPV ha perdido un tercio de los votos y que su formación, sin embargo, ha triplicado su número de escaños. “Me presenté para ser presidenta y el resultado acompaña”, afirma.

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Todas estas declaraciones son acompañadas por un clamor popular y mediático a su favor. En los últimos días, una iniciativa en Facebook y otra en Change.org han pedido que sea ella, no Puig, la presidenta de la Generalitat. Varios medios de comunicación la han encumbrado como una de las tres mujeres que simbolizan el cambio político en España, junto a Manuela Carmena y Ada Colau. Y la atención que despierta su figura se traduce en numerosas entrevistas en periódicos, radios y televisiones nacionales.

La seducción que ejerce Mónica Oltra sobre los medios de comunicación es tan evidente como justificada. Responde a una innegable valentía para enfrentarse a los poderosos que ha demostrado incluso en los momentos en los que la derecha tenía el apoyo de los votantes y también la aquiescencia de la mayoría de los medios de comunicación autonómicos. Para ello, ha usado una excelente oratoria entre otros recursos menos habituales. Se hizo famosa en 2009 cuando subió a la tribuna de Las Cortes Valencianas con una camiseta con el lema Wanted, only alive (“Se busca, sólo vivo”) y la foto de Francisco Camps.

Fue la denuncia más eficaz de la falta de explicaciones del presidente valenciano, que por aquel entonces estaba imputado en el caso Gürtel pero se permitía faltar a las sesiones de control parlamentario. Camps también pasó años sin aceptar ninguna pregunta de la prensa. Cuando algún periodista se atrevía a acercarle un micrófono, el presidente optaba por no contestar o por responder con una larga perorata que no tenía nada que ver con la cuestión planteada.

Fue en ese ambiente en el que Oltra tuvo más coraje que ningún otro miembro de la oposición. Y el PP se lo hizo pagar con una hostilidad creciente. Cada vez que terminaba una de sus intervenciones recibía insultos a gritos desde la bancada de los conservadores (“mona”, llegaron a decirle una vez). La expulsaron del pleno en varias ocasiones. Fue la única política a la que juzgaron por un acto de resistencia ciudadana a la policía en el barrio del Cabanyal a pesar de que había otros diputados presentes.

La mayor venganza, sin embargo, fue la de Juan Cotino, entonces presidente de Las Cortes y hoy imputado por, presuntamente, haber desviado fondos en la visita del Papa a Valencia en 2006. Cotino le dijo desde la tribuna que posiblemente ella no conocía a su padre. Así  demostró que conocía la historia de la familia de la diputada.  Sus padres eran comunistas y él, separado. Así que tuvieron que emigrar a Alemania para vivir juntos. Allí nacieron Oltra y su hermano, que no pudieron adoptar el apellido paterno hasta que llegó la democracia a España. Ella siempre estuvo convencida de que Cotino había conocido todos esos datos gracias a un cargo anterior: el de director general de la Policía Nacional.

Oltra siempre recibió estos ataques con entereza, pero nunca escondió su fragilidad. Su espontaneidad ha sido otro de los rasgos con los que ha conseguido enamorar a gran parte de la opinión pública. No dudó en reconocer que se sentía “mal” cuando atacaba a Camps pese a que creía que era su obligación. O que su valentía en la tribuna tenía un coste personal cuando se quedaba sola: “A veces he llorado en el despacho. Una vez volví a fumar y todo. Pero siempre me repongo”. Todo esto le ha valido el puesto en los sondeos como política mejor valorada.

No obstante, tiene también muchos críticos e, incluso, detractores. Se los granjeó en 2007, cuando militaba en IU. La formación entró en Las Cortes Valencianas por un pacto con el Bloc Nacionalista Valencià. Oltra llegó a un acuerdo con los diputados del Bloc para  ser ella la portavoz del grupo parlamentario en sustitución de la portavoz de su propio partido. Como resultado, fue expulsada de la formación de izquierdas.

Fundó entonces una nueva fuerza política, Iniciativa del Poble Valencià, sin abandonar el escaño que había ganado gracias a IU. Como consecuencia, sus excompañeros de partido tuvieron que exiliarse al grupo mixto. Mientras, ella iniciaba su aproximación al Bloc, que culminó en la formalización de la coalición Compromís con la que ahora aspira a gobernar la Generalitat.

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Oltra también ha conseguido convertirse en la líder incontestada de su nueva formación, a pesar de que los militantes del Bloc son mayoría. En la actualidad son casi el 70%, pero en el origen de la formación su peso era todavía mayor. No obstante, han aceptado que Oltra los represente. Esto, aunque por el camino se desdibuje la razón de ser del Bloc: el nacionalismo. “No soy nacionalista, ¿se nota mucho?”, llegó a reconocer ante Ferran Torrent, conocido escritor valenciano que escribió un libro sobre ella.Una carencia que el Bloc ha aceptado porque, según fuentes internas del partido, sus miembros saben que es la única capaz de llevarlos a la victoria.

Hasta que ella llegó, el partido no era capaz en solitario de superar la barrera del 5% de los votos y alcanzar una representación parlamentaria. Fue, como se puede leer en el libro de Torrent, “como si la política valencianista hubiera estado necesitada de un Dios, en este caso una Madre de Dios, que  nos rescatara del anonimato para devolvernos a un país de esperanza”.

Ahora, Oltra parece estar intentando una maniobra parecida. Aspira a formar un gobierno de coalición con el PSOE, un partido que tiene más votos que el suyo. Pero sugiere que los socialistas acepten que ella sea la presidenta. Es poco probable que lo consiga, aunque nadie niega en la Comunidad Valenciana que Oltra tiene más carisma y capacidad de arrastre que Puig.

En cualquier caso, los dos tienen que elegir entre cooperar para hacer política de izquierda, o enfrentarse en una guerra de egos. Es conveniente para sus propios intereses que apuesten rápido por la primera opción porque, citando por última vez a Torrent, “el personal està fart i fotut, no està, diguem-ho clar, per a hòsties” (“el personal está harto y jodido; no está, digámoslo claro, para hostias”).

(Fotos: Compromís y PSPV-PSOE)

TAMBIÉN EN EL ESPAÑOL: Por qué Rita Barberá perdió la alcaldía de Valencia

Por qué esta vez no acertaron en todo los sondeos

Madrid

No todos los resultados del 24M son una sorpresa. A continuación rastreo esas sorpresas comparando los resultados del domingo con los sondeos de semanas anteriores. El resultado es algo así como un detector de sorpresas imperfecto pero cuantitativo.

Un propósito de las elecciones es cambiar algunas cosas algunas veces. Ahora veremos gobiernos que cambian de color, caras nuevas en los ayuntamientos y partidos emergiendo en muchos parlamentos. Pero no todos esos cambios serán una sorpresa. Ya dábamos por hecho que el PP perdería votos y gobiernos, que el PSOE no viviría su mejor noche y que dos nuevos partidos —Podemos y Ciudadanos— llamarían a la puerta. Pero si ya sabíamos todo esto, ¿cuáles fueron las sorpresas del 24M?

A continuación rastreo esas sorpresas usando datos. Lo que haré es comparar los resultados del domingo con los sondeos de semanas anteriores. Tendremos algo así como un detector de sorpresas imperfecto pero cuantitativo.

Madrid, Barcelona, Zaragoza y Sevilla

Primero voy a comparar los resultados y los sondeos de los ayuntamientos de Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla. Después veremos lo que ha ocurrido en las comunidades autónomas. En todos los casos uso un promedio de encuestas. Mi consejo es que deis un vistazo al lugar que os interese y desde ahí vayáis directos al final, donde comento los resultados en general.

Madrid

Madrid

En la ciudad de Madrid los resultados de Esperanza Aguirre fueron los previstos pero los sondeos infraestimaron (mucho) a Ahora Madrid. Una explicación posible es que durante la última semana los votantes abandonaran sus primeras opciones -el PSOE, IU y hasta Ciudadanos- para apoyar la candidatura de Manuela Carmena. Habría habido una (legítima) coordinación alrededor de la opción con más posibilidades de vencer a Esperanza Aguirre.

Esto implica una paradoja: las encuestas en Madrid habrían contribuido a su propio fracaso. Son las encuestas quienes señalizan al segundo y por tanto hacen posible la coordinación.

Barcelona

Barcelona

El promedio de encuestas en Barcelona estuvo mejor que en Madrid. Sin embargo, fallaron con el primer puesto, que acabó siendo trascendental. (Mi predicción, por ejemplo, daba una probabilidad del 30% al hecho de que Ada Colau fuese la más votada, como finalmente ocurrió.)

Como en Madrid, la hipótesis de la coordinación alrededor del segundo es plausible también en Barcelona. Especialmente en el caso de los votantes del PSC, que quizás decidieron apoyar a Barcelona en Comú viendo que esa plataforma era la que se estaba disputando la alcaldía con CIU.

Valencia

Valencia

En Valencia la gran sorpresa fue Compromís. Las encuestas le situaban disputando el segundo puesto con PSOE y Ciudadanos, pero sus resultados fueron muchísimo mejores. En este caso, además, la teoría de la coordinación es más debil. Sí se observa que Valencia en Comú se desinfla relativamente con respecto a las encuestas. Pero habría que explicar por qué esa coordinación se hizo alrededor de Compromís y no en torno al PSOE o a Ciudadanos.

Por otro lado, y al contrario de lo ocurrido en Madrid o en Barcelona, en Valencia las encuestas sí sobreestimaron al PP.

Sevilla

Sevilla

En la capital andaluza es donde más precisos estuvieron los sondeos. Casi clavaron la ventaja del PP sobre el PSOE. Fallaron con Participa Sevilla, pero era un caso difícil dado que esa formación y Ganemos Sevilla se habían escindido hacía pocas semanas. En la capital andaluza también se sobrestimó a Ciudadanos, algo que fue una constante en casi todas partes.

Cuatro comunidades autónomas

A continuación repetimos el mismo ejercicio pero con cuatro comunidades autónomas: Madrid, Comunidad Valenciana, Aragón y Asturias. Recordad que estamos comparando los resultados reales del domingo con las estimaciones de los sondeos de las semanas anteriores.

c madrid

Comunidad de Madrid

En la comunidad, las encuestas cometieron errores similares a los del ayuntamiento de Madrid. Los sondeos fueron precisos con los votos al Partido Popular pero infraestimaron al partido que acabó segundo, que en este caso fue el PSOE. De nuevo es posible una hipótesis de coordinación entre votantes de Podemos, IU y Ciudadanos alrededor del candidato del PSOE, el ex ministro Gabilondo. Aunque en este caso los votantes de IU habrían sido más reacios a abandonar sus siglas.

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Comunidad Valenciana

Los resultados de la Comunidad Valenciana recuerdan también a los del ayuntamiento. El PP fue sobreestimado, lo mismo que Ciudadanos y Podemos. En cambio, Compromís acabó logrando unos resultados mucho mejores de los que presagiaban los sondeos. En este caso, la tesis de la coordinación de última hora tiene poco sentido porque el partido de Mònica Oltra partía como quinta fuerza. Si los votantes de la comunidad hubiesen querido concentrarse frente al PP, cabe pensar que lo habrían hecho alrededor del PSOE.

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Aragón

Las encuestas en Aragón estuvieron muy precisas con los dos primeros y acertaron el orden de los cuatro primeros. Pero se desviaron con los partidos emergentes: Podemos logró con Pablo Echenique mejores resultados de los previstos y Ciudadanos bastante peores.

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Asturias

En Asturias ocurrió algo similar. Las encuestas estuvieron precisas con el PSOE y el PP pero se desviaron con el resto. Foro Asturias cayó más de lo esperado. Ciudadanos se quedó en un 7% aunque las encuestas le daban alrededor de un 12%. A los partidos de izquierdas, en cambio, les fue mejor de lo que decían los sondeos, especialmente en el caso de IU.

Lo que cambió de los sondeos a las urnas

En los datos de las cuatro ciudades y cuatro autonomías hay algunas cosas que se repiten. Se pueden observar en la siguiente tabla. En ella represento la diferencia entre los resultados reales de cada partido y la media de los sondeos (en % de votos).

resumen

Lo primero que vemos es que los sondeos fueron bastante precisos con el PP. Las únicas excepciones son Valencia y la Comunidad Valenciana. Ésa es una de las sorpresas de la noche: el retroceso del PP en Valencia fue mayor del previsto, que ya era grande respecto a 2011. En Valencia hubo otra sorpresa: ver a Compromís mejorando mucho sus encuestas.

Los sondeos no infraestimaron a las coaliciones de izquierda de Valencia o Sevilla, pero sí a Ahora Madrid y Barcelona en Comú. Aquí tenemos otra noticia: la fuerza con que Carmena y Colau batieron a los sondeos fue sin duda una de las sorpresas de la noche del domingo.

También sorprendió Ciudadanos. Aunque el partido emergió con brío (fue tercero o cuarto en casi todas las comunidades y muchos grandes ayuntamientos), sus resultados estuvieron por debajo de las previsiones. Ésta es la paradoja de las expectativas. Si uno ignora las encuestas, la sorpresa con Ciudadanos es su avance con respecto a las europeas. Pero lo cierto es que la opinión pública sí atiende a las encuestas y por lo tanto la sorpresa es la opuesta: Ciudadanos no alcanzó las previsiones.

¿Se concentró el voto en los segundos?

Una teoría para explicar el fallo de las encuestas en Madrid y en otros lugares es apuntar a un efecto coordinación. La idea es que los votantes podrían haber cambiado su voto en la última semana para renunciar a su opción preferida en favor del candidato que tenía más posibilidades de derrocar al partido en el gobierno. En el caso del Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, esa coordinación habría sido en favor de Carmena y en detrimento del PSOE, IU o Ciudadanos.

Pues bien, los datos apoyan esa hipótesis sólo relativamente (los podéis consultar en la parte inferior del gráfico anterior). Efectivamente, en Madrid y Barcelona los partidos que más crecieron con respecto a las encuestas fueron los que marchaban segundos: las plataformas alrededor de Carmena y Colau. También en la Comunidad de Madrid hubo un efecto parecido alrededor del PSOE. Pero no pasó lo mismo en todas partes. En Valencia, Aragón y Asturias fueron dos partidos alejados del segundo puesto los que más mejoraron con respecto a los sondeos: Compromís y Podemos. Una alternativa es pensar que el efecto coordinación solo se activó alrededor de partidos emergentes de izquierdas. Pero entonces la excepción es el PSOE en la Comunidad de Madrid.

Coda: sondeos y escepticismo

Hay personas que confían (aunque sea un poco) en las encuestas y personas que no. Si uno es de los primeros, las desviaciones de los sondeos pueden interpretarse como una mezcla de dos cosas: errores y cambios. Quizás una encuesta no capturó bien la intención de los ciudadanos porque había errores en su muestra o en sus hipótesis. Pero también puede ocurrir que la encuesta fuese precisa en su momento y que la desviación se deba a cambios que ocurren después. La ley impone seis días sin encuestas antes de unas elecciones y los electores pueden variar sus intenciones en ese periodo.

¿Pero y si uno es un escéptico de los sondeos? En ese caso los datos de arriba deberían servir para serlo un poco menos. Es evidente que los sondeos se equivocan, pero es todavía más evidente que no son una ficción total. Basta revisar los gráficos para comprobarlo. Incluso en unas elecciones donde las encuestas no han estado bien, lo cierto es que los resultados se parecen mucho más a las encuestas que a los resultados de 2011 o las elecciones europeas del año pasado.

Imaginad ahora que alguien no creyese realmente en las encuestas. Esa persona debería estar hoy sorprendidísima con el crecimiento de Podemos o la aparición de Ciudadanos. Pero esa persona no existe. Estos dos partidos no son una enorme sorpresa… entre otras cosas porque las encuestas venían avisándolo. Tenemos ahí otra paradoja: las encuestas despiertan suspicacias al mismo tiempo que conforman nuestras expectativas. Por eso las sorpresas de una jornada electoral se miden respecto a los sondeos, aunque no seamos conscientes de ello.

Por qué Rita Barberá perdió la alcaldía de Valencia

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Mi primera hipótesis es que la participación ha beneficiado a los partidos emergentes y sobre todo ha perjudicado al PP.  La segunda es que tanto la incorporación de Compromís como la de Ciudadanos al mapa electoral siguen pautas muy relacionadas con el nivel económico de los votantes.

Si había en España una ciudad considerada como del PP, ésa era Valencia. Al igual que en Madrid, los conservadores llevaban gobernando desde 1991. Pero al contrario que en la capital, en mi tierra natal gobernó la misma persona de manera ininterrumpida. Rita Barberá es la alcaldesa más longeva de las seis mayores ciudades españolas. Su dominio parecía incontestable desde hace mucho. Demasiado, para algunos votantes.

Esos votantes afrontaban estos comicios con una mezcla de esperanza (“al fin es posible”) y temor, pues las encuestas daban a Barberá como ganadora. No con mayoría absoluta pero sí con una mayoría suficiente como para hacer temer un pacto con Ciudadanos.

Al igual que en ocasiones anteriores, la oposición socialista no presentaba una alternativa fuerte ni en perfil ni en aparente intención de voto. Compromís y VLC en Comú (la candidatura apadrinada por Podemos) se intuían según las encuestas como alternativas sin el impulso suficiente y Esquerra Unida luchaba por no quedarse fuera del consistorio. Cuál no fue la sorpresa de todos, y aquí me incluyo, cuando el escrutinio empezó y acabó con Compromís segundo (23.28% del voto), muy cerca de un PP tan debilitado (25.71%) que simplemente no podría hacer nada contra una hipotética coalición de izquierdas. Ciudadanos fue el tercer partido con 15.38%, y el PSPV se vio relegado a un humillante cuarto puesto con su 14.07%. VLC En Comú entró en un modesto quinto lugar con 9.81%.

Entre la alegría de unos y la tristeza de otros por la caída de la alcaldesa, la duda se imponía en la mente de los más curiosos: ¿qué ha pasado exactamente?

Los datos disponibles para intentar responder esa pregunta son aún escasos. Aun así, vale la pena jugar un rato con los resultados de 2015 y de 2011 a nivel de distrito para intentar identificar algunas tendencias. Es importante resaltar que al emplear tal método no se pueden extraer conclusiones sólidas. Entre otros problemas, se corre el riesgo de caer en lo que se llama una falacia ecológica atribuyendo a individuos las características observadas en un conjunto. Sin embargo, es un buen punto de inicio para explorar qué ha sucedido en Valencia.

Mis hipótesis de partida son sencillas. La primera es que la participación ha beneficiado a los partidos emergentes y sobre todo ha perjudicado al PP. La segunda es que tanto la incorporación de Compromís como la de Ciudadanos al mapa electoral siguen pautas que están muy relacionadas con el nivel económico (renta y riqueza) de los votantes. Tres destacan sobre las demás.

  • Compromís recibe más apoyos allá donde el nivel económico es más bajo.  Ocurre algo similar con el PSOE: son partidos de barrios obreros. Ésta ha sido la puerta de entrada de la formación de Mónica Oltra a la ciudad.
  • Ciudadanos cosecha sus victorias en barrios de mayor estatus, siguiendo e incluso superando al PP en su perfil de partido de clase alta.
  • VLC En Comú, por último, anda algo más desligada de esta dimensión.

Quién fue a las urnas y a qué

Lo primero que llama la atención es el incremento generalizado de la participación, que no baja en ningún distrito. Es cierto que los cambios en la participación son extremadamente ambiguos y sensibles a la interpretación: una menor abstención puede querer decir que los votantes jóvenes o quienes no habían votado en otros comicios se han incorporado para apoyar a las nuevas candidaturas emergentes. Pero también puede indicar que los votantes conservadores desencantados con el PP son menos de los esperados y no se han quedado en casa. Los dos gráficos que reproduzco a continuación parecen indicar (con toda la cautela necesaria) que la participación ha perjudicado al Partido Popular antes que beneficiarlo.

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En el eje vertical se representa el cambio en el porcentaje de votos a cada partido en cada distrito entre las municipales de 2011 y las de 2015. Un -0.5 significa que los votos a se partido se han desplomado a la mitad: por ejemplo, del 50% al 25%. El eje horizontal, por el contrario, representa el incremento en puntos porcentuales en la participación global en cada distrito: por ejemplo, un 0.05 representa un incremento del 70% al 75%).

Cada punto en el gráfico es un distrito situado en función de su posición en ambos valores. La línea que cruza el gráfico indica la tendencia lineal de la relación. En el gráfico de la izquierda, hay una tendencia descendente: es decir, a mayor incremento de la participación en un distrito, más grande es la caída del PP.

El voto conservador se ha retraído en mayor medida allá donde más ciudadanos han acudido a las urnas. Pero el gráfico apunta que este voto se ha dispersado algo más allá de los partidos emergentes, que tienen una relación algo más débil con los cambios en la participación. Esta relación se intuye por el nivel de inclinación de la línea de tendencia, menos pronunciada en el gráfico de la derecha que en el gráfico de la izquierda.

¿Dos Valencias?

Bajar al nivel de barrio permite una aproximación más afinada.

Los 85 barrios que conforman Valencia tienen valores catastrales medios que van desde los 120 euros por metro cuadrado de Cases de Bàrcena-Mauella o los 180 del más urbano Fonteta de Sant Lluis hasta los 500 del Pla del Remei. Mientras en el primero el PSOE llega al 25.1% del voto y Compromís se queda en el 20.1%, en el exclusivo barrio del Eixample valenciano (exclusivo más allá del valor catastral) el PP obtiene su único resultado por encima del 50%, la coalición valencianista se queda en el 8% y el PSOE no llega ni al 5%.

El siguiente panel ofrece un análisis más sistemático. En el eje vertical, se incluye el valor catastral medio de un barrio como aproximación (muy imperfecta pero disponible al nivel geográfico analizado) al nivel económico de sus habitantes. En el eje horizontal, se refleja el porcentaje de votos obtenido por cada candidatura en 2015. Esto permite dibujar un perfil de voto-renta por aproximación para cada partido.

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Otro aspecto fundamental que merece la pena observar es cómo ha evolucionado esta relación con el vuelco electoral. En el panel inferior se incluye la misma relación pero comparándola con 2011 en aquellos partidos que ya se presentaron entonces.

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Hay muchas cosas que comentar. La relación entre el nivel económico y el voto al PP parece positiva pero no demasiado sólida: los puntos no están muy ajustados a la línea y eso indica que la tendencia puede estar decidida por unos pocos casos y no determinada por la mayoría. Merece la pena comparar ese gráfico con el que mostraba el voto a Ciudadanos, donde la nube de puntos que representa a los barrios se agrupa organizadamente en torno a la línea de tendencia. Es esto lo que mide el valor R2 indicado en cada gráfico: hasta qué punto se ajusta esa recta indicativa al conjunto de los casos individuales. Por eso para Ciudadanos esa cifra es mucho más alta que para el PP: los votantes del partido de Albert Rivera parecen ser más de clase que los del Partido Popular.

El cambio de 2011 a 2015 para el PP es tan pequeño que poco cabe interpretar. Algo similar ocurre con el PSOE, aunque muestra unos valores más consistentes para cada año y con un sentido invertido: sacan más votos en aquellos barrios con un supuesto menor nivel económico. La Ciudad del Artista Fallero, Beniferri o la Fuensanta, zonas de corte obrero, son buenos ejemplos, todos ellos con un 22-23% de voto al PSPV.

Es con Compromís donde las cosas se ponen interesantes. En 2011 la relación entre voto y nivel económico era inexistente. Esta vez es muy relevante. El enorme incremento en los apoyos recibidos por Compromís proviene en mayor medida de barrios con rentas mucho más bajas, si bien la relación no es tan fuerte como en el caso del PSPV-PSOE. La relación negativa entre incremento de votos y nivel económico viene a corroborar esta impresión.

Por último y respecto a los dos partidos de nuevo cuño, la relación positiva y continua entre nivel económico y voto a Ciudadanos no podía ser más estrecha. Cuanto más arriba está un barrio en la escala económica, más tienden sus habitantes a votar a Ciudadanos.

El ejemplo extremo es el 31% que ha recibido en Penya-roja, la zona de nueva construcción junto a la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Para VLC En Comú, sin embargo, el nivel económico del barrio no parece ser determinante. Compromís y sobre todo el PSPV parecen aglutinar un mayor peso en el voto de clase.

Se podría decir que Compromís y la ‘marca blanca’ de Podemos luchaban en gran medida por un tipo de electorado similar, que unía protesta y pérdida si no de poder adquisitivo, sí al menos de expectativas durante la crisis. Por si el volumen global de votos no fuese suficiente, estos datos vienen a apuntalar la idea de que ha sido Compromís quien ha vencido en la segunda batalla.

Una conclusión abierta

El presente análisis no es sino un ejercicio exploratorio. Hacen falta datos a nivel individual para poder confirmar las dos hipótesis de este artículo: que quienes tienen mayor nivel de ingresos, tienen más probabilidades de votar a Ciudadanos o al PP y que quienes tienen menor nivel tienen más probabilidades de dar su apoyo a Compromís o al PSPV. Es más: en un mundo ideal estos datos deberían indicar la renta actual y pasada de un mismo grupo de individuos (ahora y en 2011) así como su voto en ambas ocasiones. Sólo eso nos permitiría observar los cambios precisos en la relación entre las dos variables. Como siempre, sin embargo, tenemos más prisa por saber que información disponible.

Por eso es necesario dejar la conclusión abierta: parece que el PP ha perdido con la participación en contra, y sobre todo por un voto de clase que el PSPV no ha sabido rentabilizar, quedándose huérfano de urbanitas.

Los socialistas obtuvieron en las autonómicas 54.644 votos en la ciudad de Valencia: unos 3.000 menos que en las municipales. En Madrid, por el contrario, los datos sugieren que mucha gente ha combinado en sus sobres los nombres de Manuela Carmena y Ángel Gabilondo. Un detalle que sugiere que tal vez Carmena ha recibido apoyos socialistas de prestado por ser una alternativa viable. No así en Valencia. El voto urbano ha abandonado al socialismo valenciano en un contexto en que era posible aprovecharlo por la brutal e insólita bajada del PP. Alguien en Ferraz debería preguntarse seriamente por qué y continuar la presente exploración de manera mucho más seria.

Las cinco claves de la debacle del PP valenciano

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El Partido Popular, aunque sigue siendo la fuerza más votada, se hunde en la Comunidad Valenciana mientras que la coalición Compromís surge como la gran vencedora de los comicios del 24M. ¿Qué ha pasado? Éstas son las claves

El Partido Popular, aunque sigue siendo la fuerza más votada, se hunde en la Comunidad Valenciana mientras que la coalición Compromís surge como la gran vencedora de los comicios del 24M. ¿Qué ha pasado? Éstas son las claves:

1. El hundimiento.

Es muy probable que el Partido Popular pierda el poder en la Generalitat y en las tres capitales de provincia. Su lista fue la más votada pero sin la mayoría absoluta. Los partidos de izquierda podrán unirse y mandar a sus gobernantes a la oposición. Pocos dudan de ese acuerdo porque el clamor de la oposición por apartar al PP del poder era unánime en los debates electorales. Entre los conservadores hay un inmenso desconcierto: gobiernan la Generalitat desde 1995 y la ciudad de Valencia desde 1991. Casi siempre con apabullantes mayorías absolutas, también la convocatoria de 2011. En apenas cuatro años, sus resultados se han achicado como una prenda de algodón en agua caliente. El PP ha pasado de 55 a 31 escaños en el Parlamento regional. En Valencia ha pasado de 21 concejales a sólo 10. Las cifras totales son también muy elocuentes. En 2011 logró el 46% de los votos emitidos en la comunidad. En 2015, apenas el 29%.

2. La sombra de la corrupción.

“Es una cleptocracia, un Gobierno de ladrones”, resumió Ignacio Blanco, líder de IU. El partido tiene decenas de imputados en las tres provincias, lo que incluye un presidente de la Generalitat (José Luis Olivas), una alcaldesa (Sonia Castedo) o una presidenta de las Cortes Valencianas (Milagrosa Martínez). Se investiga el robo de dinero público por parte de dirigentes del PP de una depuradora, de la organización de la Fórmula 1, de una visita del Papa o incluso de fondos para la cooperación. El último escándalo ha sido el de Alfonso Rus, alcalde de Xátiva y presidente de la Diputación de Valencia. Se hizo pública una grabación en la que se le oía contar billetes de una supuesta comisión. Sus conciudadanos le han pasado factura: apenas logró un 21% de los votos y quedó tercero en su localidad.

3. El triunfo de Compromís.

La coalición nació en 2010 como una suma del nacionalismo valenciano (el Bloc) y una escisión de IU llamada Iniciativa del Poble Valencià. Desde el principio, su pegamento y su principal valor fue la diputada Mónica Oltra. Durante años ha denunciado la corrupción del PP en debates sonados con líderes como Juan Cotino o Francisco Camps.

De su mano, la coalición ha pasado de seis escaños en el Parlamento regional en 2011 a 19 en estas elecciones y la previsión es que forme gobierno junto al PSOE (23 escaños) y Podemos (13). Con un pacto semejante, Compromís puede gobernar la ciudad de Valencia. No obstante, la medida del éxito de la formación se aprecia en algunos detalles: por primera vez, han conseguido entrar en municipios tradicionalmente reticentes ante el nacionalismo como Alicante y Benidorm.

4. El fracaso de Rita Barberá.

Una simpatizante la llamó “la alcaldesa de España” durante la campaña y Mariano Rajoy dijo de ella que era “la mejor”. Pero Barberá ha perdido la mitad de los 20 concejales que obtuvo en 2011 y con ellos la mayoría absoluta. Eso supone abrir el camino para el acuerdo de las fuerzas de izquierda. Entre las causas de la caída de Barberá, destacan las sospechas de corrupción.

Barberá no está imputada en ningún caso judicial pero sí el que fuera su segundo, Alfonso Grau. Un miembro de su lista electoral, María José Alcón, tuvo que renunciar recientemente por sospechas de irregularidades.

Es presumible que Barberá estará especialmente dolida con su derrota en el barrio del Cabanyal. Muchos de sus vecinos luchan desde hace años para evitar el proyecto de Barberá de hundir 1.600 casas para hacer una avenida. La pelea se ha convertido en un símbolo de la izquierda. La alcaldesa siempre lució como una medalla las mayorías que ese distrito le otorgaba en cada elección. Esta vez, sin embargo, el barrio le ha dado la espalda: el PP tuvo el 21% de los votos frente al 50% de 2011.

5. El PSOE disimula su derrota.

El ambiente anoche era de alegría en la sede del PSPV, la marca de los socialistas valencianos. Circulaban las camisetas con el lema “Ximo Puig president”. Puig es el candidato a la Generalitat Valenciana y consiguió que su partido sea el más votado de la izquierda. Lo hizo por muy poco: sus 23 escaños son poco más que los 19 de Compromís. Pero son suficientes para aspirar a la presidencia de la comunidad. Ese logro oculta la derrota de los socialistas, que han obtenido el 20,31% de los sufragios. En 2011 el partido obtuvo el 27,58%. Un porcentaje que en ese momento fue considerado una derrota humillante. Ahora los socialistas logran siete puntos menos. Pero el fin del bipartidismo, el hundimiento del PP y la aparición de nuevas fuerzas en el Parlamento regional (Ciudadanos y Podemos han obtenido 13 escaños respectivamente) maquillan el resultado.

Así te contamos la noche electoral

Todos los detalles de la jornada con la opinión de Pedro J. Ramírez, la información de nuestros reporteros y los gráficos de Antonio Delgado, Patricia López y David Domínguez. 

Todos los detalles de la jornada con la opinión de Pedro J. Ramírez, la información de nuestros reporteros y los gráficos de Antonio Delgado, Patricia López y David Domínguez.

El PP se hunde, la izquierda revive

"Ha sido David contra Goliat", ha dicho Colau (Barcelona en comú)

Cuatro años. Eso es lo que ha durado la histórica mayoría del Partido Popular, conseguida en la víspera política de las elecciones generales y aniquilando en las urnas a barones socialistas en comunidades como Extremadura, Aragón y Castilla-La Mancha o alcaldías como Sevilla. La noche fue para la izquierda… y para Ciudadanos. Estos son los ganadores y perdedores de estas elecciones. 

Cuatro años. Eso es lo que ha durado la histórica mayoría del Partido Popular. Sus líderes la lograron en la víspera de las elecciones generales de 2011 y aniquilando en las urnas a barones socialistas en ciudades como Sevilla y en comunidades como Extremadura, Castilla-La Mancha o Aragón. Esta vez el PP no sólo ha perdido activos coyunturales. Cambiarán de manos feudos históricos como la ciudad de Valencia, la Comunidad Valenciana o el Ayuntamiento de Madrid.

Fue la noche de una izquierda fragmentada, cabreada y expresada en diversas formas y volúmenes según el lugar. Una izquierda condenada a entenderse para desalojar al PP. Al partido de Mariano Rajoy le queda el consuelo de poder cortejar a Ciudadanos para mantenerse en bastiones clave como Madrid. Pero el partido de Albert Rivera venderá caro su apoyo al tiempo que se consolida como una alternativa clara al PP. En el PSOE, Pedro Sánchez gozará de una cierta paz interna y Susana Díaz cosecha otro triunfo mientras trata de desbloquear su investidura. Pablo Iglesias y Albert Rivera confirman que sus partidos han cambiado el mapa de España. Próximo asalto, las generales.

Los ganadores

Ada Colau. “Esta ha sido la victoria de David contra Goliat”, afirmaba la candidata de Barcelona en Comú, que se hizo famosa por su oposición a los desahucios. Ha ganado por un escaño y casi 20.000 votos a Xavier Trias, hasta ahora alcalde y candidato de CiU. Liderará a un equipo de 11 concejales y será la próxima alcaldesa si logra llegar a pactos con las demás fuerzas de izquierda. La mayoría absoluta está en 21 concejales. ERC ha logrado cinco, el PSC cuatro y la CUP tres. Ciudadanos ha logrado cinco y el PP, tres.

Manuela Carmena. Por primera vez en 26 años, la capital no estará gobernada por la derecha. El tirón de la candidata y la unión en su lista de Podemos, Equo y desafectos de IU dará el bastón de mano a la ex jueza, de 71 años. “Tenemos el gran reto de conseguir que Madrid sea una ciudad decente”, dijo ante unos seguidores en éxtasis. En su victoria ha pesado el hundimiento del PSOE con Antonio Miguel Carmona, que tendrá que apoyar a Ahora Madrid para evitar que gobierne Esperanza Aguirre.

Guillermo Fernández Vara. Después de cuatro años en la oposición por la negativa de IU a apoyarle, el barón socialista regresa a la presidencia de la Junta de Extremadura al imponerse al popular José Antonio Monago.

Emiliano García-Page. Es una de las victorias más dulces del PSOE. Aunque María Dolores de Cospedal se ha impuesto en votos y escaños (16), ha perdido la histórica mayoría absoluta lograda en 2011. Con 14 diputados en las Cortes, necesitará los tres logrados por Podemos, que exigirá contrapartidas, pero odia a Cospedal.

Cifuentes, preparada para gobernar (PP)
Cifuentes, preparada para gobernar (PP)

Cristina Cifuentes. La candidata popular fue la delegada del Gobierno en Madrid con más proyección pública de los últimos años. Ahora ha logrado una victoria notable en su campaña a la Comunidad de Madrid. Necesitará los votos de Ciudadanos para su investidura. Pero su victoria, con 11 escaños de ventaja sobre el socialista Ángel Gabilondo, es incontestable. Entre otras cosas por un dato que tendrá lecturas internas: Cifuentes sacó más votos que su colega Aguirre en el municipio de Madrid.

Ximo Puig. El PSOE ha perdido casi 200.000 votos y 10 escaños en la Comunidad Valenciana. Pero el desplome del PP permitirá a Puig ser el próximo presidente dos décadas después de la llegada de Eduardo Zaplana al poder. El líder socialista necesitará llegar a acuerdos con Compromís y Podemos, cuyo apoyo le asegurarían una holgada mayoría.

Mónica Oltra. La coalición Compromís la logrado un resultado muy superior al previsto. En la Comunidad Valenciana, Oltra liderará a un equipo de 19 diputados, sólo cuatro menos que el PSOE. “Es el triunfo de la gente sencilla y honrada”, dijo la candidata, muy popular. El cabeza de cartel de Compromís en Valencia, Joan Ribó, será probablemente alcalde. 

Miguel Ángel Revilla. Vuelven los taxis y las anchoas a La Moncloa (con permiso de Rajoy o su sucesor). El más carismático de los presidentes cántabros volverá al poder. El PP superó por un escaño al Partido regionalista (PRC) de Revilla. Pero su líder Ignacio Diego ha anunciado que no explorará pactos con las demás fuerzas políticas, ya que la mayoría de la izquierda es muy clara en la región.

Javier Fernández. El presidente del Principado se ha impuesto en Asturias. En el fragmentado espacio político asturiano, el socialista podrá gobernar si llega a pactos con Podemos (sumando a este partido llega a la mayoría absoluta) o con Izquierda Unida.

Javier Lambán. Ex consejero del socialista Marcelino Iglesias, se convertirá con toda probabilidad en nuevo presidente de Aragón siempre que Pablo Echenique le dé su apoyo como se espera. Los dos desbancan a la popular Luisa Fernanda Rudi.

Pedro Antonio Sánchez. El candidato del PP en la Región de Murcia es uno de los pocos presidentes autonómicos que no ha perdido el partido de Mariano Rajoy. Aunque deberá pactar su investidura si quiere gobernar.

Juan Vicente Herrera. El presidente de Castilla León se queda a las puertas de la mayoría absoluta. Pero sus apoyos serán suficientes para gobernar.

Los perdedores

María Dolores de Cospedal. El primer paso es reconocer que tienes un problema. La presidenta de Castilla-La Mancha no lo hizo en la noche electoral. “El PP ha sido la fuerza más votada”, reivindicó. “Queda claro que los ciudadanos nos han dado su confianza mayoritaria”, añadió antes de decir que estaba “muy satisfecha de la campaña” que ha dilapidado la histórica victoria de 2011. Por primera vez en democracia, el PP logró entonces la mayoría absoluta y el Gobierno regional. Esta vez se quedó a un escaño (16) abriendo la puerta a un Gobierno del PSOE (14) con la ayuda de Podemos (3).

Rita Barberá. Un simpatizante la llamó hace unos días “la alcaldesa de España”. El resultado anticipa su adiós después de 24 años con el bastón de mando. En una turbada intervención ante la prensa, reivindicó su orgullo por haber servido “a todos los valencianos”, a quienes dijo que tendrán “el gobierno que han elegido”. En esta ocasión, no la apoyaron en El Cabanyal, el castigado barrio donde siempre ganaba.

Bipartidismo Madrileño

Antonio Miguel Carmona. La debacle del candidato socialista a la alcaldía de Madrid se explica con estos datos. Trinidad Jiménez (2003) cosechó 625.148 votos; Miguel Sebastián (2007), 487.893; Jaime Lissavetzky (2011), 364.600; Carmona, 249.152. Otra comparación letal: en el municipio de Madrid, el candidato socialista a la comunidad, Ángel Gabilondo, cosechó 415.715 votos. Es decir, 166.563 votos más que su colega Carmona.

Luisa Fernanda Rudi. La poderosa presidenta de Aragón ha ganado las elecciones. Pero ni con Ciudadanos ni con el PAR suma más escaños que una coalición de PSOE y Podemos, que se han revelado muy fuertes.

José Ramón Bauzá. “Algo hemos hecho mal para que los ciudadanos nos hayan retirado su apoyo”, ha reconocido el presidente de Baleares después de reconocer el peor resultado para su partido en 35 años de historia. Aunque se mostró abierto a pactos, la pujanza de la izquierda en un parlamento muy fragmentado le hará muy difícil quedarse en el Gobierno.

Esperanza Aguirre. Era la candidata popular con a priori más posibilidades en Madrid, y su victoria por un escaño ante Ahora Madrid sabe a derrota, porque no le garantiza la alcaldía. Aguirre necesitaba ser alcaldesa para sobrevivir políticamente en el PP, donde genera más odios que simpatías, especialmente en el despacho de Mariano Rajoy.

Alberto Fabra. Ha llevado a su partido a una debacle histórica que quizás haga añorar a Francisco Camps, el presidente que logró 55 diputados en 2011. Fabra, que no era querido en su partido y sobre el que Rajoy dudó hasta el último momento, ha hecho retroceder al PP 24 diputados. Valencia tendrá un nuevo presidente, del PSPV.

José Antonio Monago.
José Antonio Monago.

José Antonio Monago. Después de una campaña personalísima y huyendo de las siglas del PP, con raps e himnos pop, Monago ha reconocido su derrota. La coalición liderada por el PSOE ha ganado las elecciones, sacando dos diputados de ventaja al ‘barón rojo’ del PP, que no ha sabido apagar sus propios incendios.

José Ignacio Zoido. El PP ha perdido la mayoría absoluta de manera agridulce. Ha ganado las elecciones, pero una coalición de PSOE (con un escaño menos), Podemos e Izquierda Unida lo desalojarán de la alcaldía, ya que sus escaños no son suficientes ni con Ciudadanos. En un discurso a los militantes, Zoido pidió que le dejaran gobernar por ser la lista más votada. No parece que suceda.

Rosa Díez. Muy “orgullosa”, como repitió varias veces, la líder de UPyD ha presentado su renuncia en diferido, anunciando que no se presentará a la reelección como líder de la formación en el congreso extraordinario de junio. Su negativa a pactar con Ciudadanos y la ausencia de cambios tras la debacle andaluza han sellado el futuro de la que hace más de un lustro pusiera la primera pica en el bipartidismo.

En el feudo de ‘Paco Placas’

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Con apenas 3.000 habitantes, Vall d’Alba tiene una piscina climatizada, una ermita, dos casas rurales, una plaza de toros y un bulevar. Todo se construyó con dinero público gracias a las conexiones del alcalde Francisco Martínez, mano derecha de Carlos Fabra en la Diputación de Castellón. 

Con apenas 3.000 habitantes, Vall d’Alba tiene una piscina climatizada, una ermita, dos casas rurales, una plaza de toros y un bulevar. Todo se construyó con dinero público por las conexiones del alcalde Francisco Martínez, mano derecha de Carlos Fabra en la Diputación de Castellón. El municipio es un reflejo de los peores problemas de la Comunidad Valenciana.


Doblan la esquina tres reinas de las fiestas, dos guardias civiles tocados con el tricornio de gala y una banda de música que interpreta un pasodoble. En medio de la comitiva está el alcalde, Francisco Martínez, que se aproxima con el cortejo a una cinta que alguien ha tendido de lado a lado de la avenida. Al fondo, completa la escena una exposición de tractores relucientes. Todos sonríen y cortan la cinta. Queda inaugurada la feria agrícola.

La escena ocurre el 17 de abril en Vall d’Alba: un pueblo de 3.000 habitantes a 28 kilómetros de Castellón de la Plana. El alcalde Martínez gobierna desde 1991 y este año no se presenta a la reelección. Fue elegido en las listas del PP y puede presumir de haber inaugurado muchas más infraestructuras que sus colegas de los alrededores.

Destaca una plaza de toros tan grande que caben dos tercios de los habitantes del municipio. Pero hay muchas cosas más. Casi todas construidas con fondos aportados por administraciones gobernadas por su partido: la Generalitat valenciana y la Diputación de Castellón.

La oposición socialista acusa al alcalde de conseguir ese trato de favor gracias a su influencia política: durante dos décadas fue vicepresidente de la institución provincial y mano derecha de su presidente, Carlos Fabra, encarcelado desde diciembre por fraude fiscal.

El PSOE local acusa también al alcalde Martínez de un incremento sospechoso de su patrimonio, de prácticas clientelares para ganar votos y de construir infraestructuras imposibles de mantener. A las críticas de sus rivales políticos se suman sus problemas con la Justicia. El mismo día en que se inaugura la feria agrícola, la Audiencia Provincial confirma que el regidor y sus dos hijos serán juzgados por tráfico de influencias, fraude, negociaciones prohibidas y prevaricación.

19 inmuebles

La investigación comenzó tras una denuncia del partido Compromís, que acusó a Martínez de ser el dueño de los terrenos en los que se iba a construir la depuradora de un pueblo cercano: Borriol. Sus tierras iban a ser expropiadas en condiciones muy ventajosas. El alcalde iba a cobrar “casi seis veces más” de lo que se suele cobrar en otras expropiaciones, según Silverio Tena, portavoz local de Compromís.

No es el único problema judicial del alcalde Martínez. El PSOE local ha facilitado a la fiscalía información sobre un sospechoso aumento de su patrimonio en sus años como regidor. El portavoz socialista, Fernando Grande, afirma que sólo en Vall d’Alba tiene a su nombre 19 inmuebles y un millón de metros cuadrados en fincas rústicas y urbanas. “Entre ellos”, explica Grande, “al menos 80.000 metros cuadrados en el polígono donde está previsto construir un complejo de golf”. El alcalde los adquirió antes de su recalificación.


Todas las cifras de Vall d’Alba


Como consecuencia de su procesamiento, Martínez fue destituido hace un año de su puesto en la Diputación de Castellón. El presidente, Javier Moliner, quería sacudirse la imagen de corrupción que le dejó en herencia su antecesor, Carlos Fabra, cuyo mandato estuvo marcado por el nepotismo y la inauguración de un aeropuerto que todavía hoy sigue sin vuelos regulares pero conserva una estatua gigante inspirada en su figura.

Moliner ha anunciado una apuesta por la transparencia para mejorar la imagen de la institución. Pero su servicio de prensa no ha respondido a ninguna de las preguntas que le he formulado sobre el trato de favor a los municipios del PP durante los últimos 20 años. La institución tampoco ha explicado qué criterios se usaron para elegir a Vall d’Alba como destinatario de un gran número de inversiones. Los responsables del ayuntamiento tampoco han querido responder.

En el altar mayor

En Vall d’Alba nadie niega que la gestión de Martínez ha beneficiado al municipio, que concentra la mayoría de las instalaciones y servicios de la zona. Tal fue el frenesí inaugurador del alcalde durante dos décadas que le llamaban Paco Placas. El apodo hace referencia a decenas de placas conmemorativas que llenan el pueblo. Están en el interior de las rotondas, en las calles, en las paredes de las obras y en pequeños monolitos a las afueras. Conmemoran la construcción de infraestructuras, pero también otros actos cotidianos de la gestión municipal.

En casi todas las inscripciones se puede leer el nombre de Carlos Fabra y en todas el del alcalde. Su rostro está en todas partes. También en la inmensa mayoría de las fotografías del boletín informativo que edita el Ayuntamiento: con los jubilados, con los jóvenes, con los tractores, con los deportistas, con otros políticos, en la romería…

El cuadro que preside el altar mayor.
El cuadro que preside el altar mayor.

El culto a la imagen del alcalde llegó a su cénit con la construcción de una ermita en una ladera de la localidad. El templo está consagrado a San Cristóbal. Pero el altar mayor sólo tiene un cuadro con varias personas en una procesión. En el centro del lienzo se reconocen claramente los rasgos del alcalde en un señor moreno y con bigote que mira al espectador.

Toros, sauna y palmeras

La ermita es una de las obras que impulsó Martínez. También inventó una romería anual para darle uso. Durante su mandato se construyeron también la plaza de toros, dos hoteles rurales con sus respectivas piscinas, un albergue juvenil, varias pistas de pádel y un gimnasio. Todo de titularidad pública.

El pueblo alberga el centro de salud de referencia de la comarca y una piscina climatizada que está casi terminada y que incluirá una sauna y varias pistas de tenis. También tiene un instituto de educación secundaria a pesar de que el pueblo vecino tiene otro y lo iguala en población.

El municipio fue el elegido para albergar una de las cinco comisarías de la policía autonómica que hay en toda la Comunidad Valenciana. Es la única situada en una localidad pequeña: las otras cuatro están en las grandes ciudades de la región.

La localidad tiene también una planta de tratamiento de estiércol y un polígono industrial de 2,5 millones de metros cuadrados, dos casas de la cultura de varias plantas cada una y un museo etnológico. Además, hay un bulevar cuajado de palmeras que empieza en la plaza de toros y termina enfrente de la puerta de la casa del alcalde.

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El problema es que las obras son imposibles de mantener. La planta y el albergue están cerrados. Gran parte del polígono industrial está sin edificar. El museo y uno de los centros culturales sólo abren algunos días al año. La piscina climatizada lleva cinco años en construcción.

La oposición critica el sobrecoste en las obras. Pero sobre todo teme el momento en el que se abrirán. “Todo esto va a ser una hipoteca para el próximo gobierno local sea del signo que sea”, dice el socialista Grande. ” No lo podremos mantener”.

Elegido por aclamación

“Yo no tengo queja. Mis hijos no tienen que salir de Vall d’Alba para ir al instituto ni al médico. Puedes ir a preguntar a los pueblos de al lado. Ellos sí que querrían que nuestro alcalde les hubiera tocado a ellos”. Lo dice la propietaria de un bar desde el otro lado de la barra. No quiere decir su nombre. También prefiere no darlo un ciudadano de origen rumano que lleva 14 años viviendo en el municipio: “¿Corrupción? No es mi asunto. Yo sé que el alcalde se ha portado muy bien con los extranjeros. Cuando no tenemos trabajo, nos lo busca”.

Son dos ejemplos del apoyo que el regidor recibe de sus vecinos, que le votan en masa desde hace dos décadas. En los comicios de 2011, logró el 71% de los votos. Un porcentaje mucho mayor del que el PP sacaba en los pueblos cercanos y en toda la provincia de Castellón.

La oposición asegura que Martínez compró el apoyo de sus vecinos convirtiendo su pueblo en un receptor privilegiado de obras y servicios. El diagnóstico lo comparten los dirigentes de los pueblos cercanos. El regidor de uno de ellos, miembro también del PP, lo resume así: “Ha sido buen alcalde para su localidad. Pero a los pueblos de alrededor nos tenía que haber pasado más ayudas. Por estar donde estaba, tenía información privilegiada y acceso a directores generales. A mí también me hubiera gustado tener todo eso”.

Un alcalde en 20 placas

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La socialista María Teresa Sidro, que fue alcaldesa de otro pueblo cercano en los años 90, resume el funcionamiento de la política comarcal: “Martínez tenía poder y los demás pueblos, a callar, gobernara quien gobernara”.

El trato de favor a Vall d’Alba es el ejemplo más llamativo de un fenómeno más amplio. Según el PSOE, los municipios gobernados por el PP recibieron el 95% de los fondos disponibles en partidas extraordinarias otorgadas por la Diputación. En las partidas ordinarias no es posible la discriminación porque la ley obliga a repartirlos según unos criterios objetivos.

Al preguntar por esta cifra, la Diputación ni la confirma ni la desmiente. El PP gobierna en un 74% de los municipios de la provincia de Castellón.

La resaca

El alcalde Martínez forma parte de un elenco de políticos que gestionaron la Comunidad Valenciana a base de grandes obras entre finales de los años 90 y principios de esta década.

Mientras el alcalde de Vall d’Alba construía su plaza de toros, Francisco Camps gastaba en infraestructuras y grandes eventos un mínimo de 2.600 millones de euros, según un cálculo de la Sindicatura de Comptes, el tribunal de cuentas autonómico.

Muchos escándalos han estallado en la Comunidad Valenciana en los últimos años. El más mediático es el caso Gürtel pero hay más.

En Alicante, el caso Brugal implicó a la entonces alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo. En Castellón, Carlos Fabra protagonizó titulares durante varios años. El escándalo más reciente afecta a Alfonso Rus, presidente de la Diputación de Valencia, que ha sido suspendido de militancia al hacerse públicas unas grabaciones en las que se le escucha contando billetes o burlándose de sus propios votantes por haber creído sus promesas electorales.

Los desafíos

Alberto Fabra, actual presidente autonómico, ha renegado de la gestión de su predecesor y ha eliminado a casi todos los imputados del grupo popular en las Cortes valencianas. Su mayor problema, sin embargo, es la gestión de la deuda y la crisis económica. La Generalitat debe una cantidad equivalente al 37,6% de su PIB. Un porcentaje que la convierte en el territorio más endeudado de España.

El Gobierno regional asegura que las causas principales de la deuda son la crisis y la injusta financiación autonómica. Este último factor ha generado el 88% de la cantidad total, según los cálculos del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), un órgano que depende de la Generalitat.

La oposición socialista no comparte ese diagnóstico. Indica que los años de expansión económica fueron una oportunidad para reducir la deuda y que los gobiernos del PP hicieron justo lo contrario.

El dinero fácil de la burbuja tampoco sirvió para igualar la calidad de vida de los valencianos al resto de los españoles. El gasto por habitante en servicios públicos no llegó a la media nacional ni siquiera en los años de esplendor como se puede observar en este informe del IVIE.

La deuda, la economía y la corrupción serán los grandes retos del próximo Gobierno autonómico. Unos retos que Carlos Fabra mirará desde la cárcel, Francisco Camps desde su retiro de la política y el alcalde Martínez, quizá desde el banquillo. A los valldalbenses, al menos, siempre les quedarán la plaza de toros, la piscina climatizada, la ermita, la sauna y el bulevar.