Yo vi jugar a Pau Gasol

Pau-Gasol-encuentro-Francia-REUTERS_65003500_38248_854x480 Con 35 años y renqueante desde el encuentro ante Grecia, Pau Gasol agiganta su grandeza con 18 de los últimos 28 puntos de España ante Francia para derrotar al anfitrión y actual campeón de Europa, vengar el Mundial de 2014, alcanzar la final del Eurobasket y certificar la clasificación para los JJOO de Río 2016.

Pau-Gasol-encuentro-Francia-REUTERS_65003500_38248_854x480No será este un artículo en primera persona. Ni mucho menos, pero dentro de algunos años -muchos, esperemos- usted, querido lector de EL ESPAÑOL, y yo podremos decir que vimos jugar a Pau Gasol. Será una frase que nos llene de orgullo, de recuerdos imborrables y también, delo por seguro, de nostalgia. Porque Pau Gasol, antes o después, ley de vida, terminará su recorrido con España, dejará de representar nuestra bandera, de regalarnos noches de gloria y sueños que parecían irrealizables. Porque algún día, usted y yo, descubriremos que vivimos un sueño. Tan grande como el de Rafa Nadal, igual de surrealista, igual de increíble. Pero fue verdad, lo vivimos. Usted y yo.

Se escabulle a la memoria su imagen imberbe y espigada, de aquellos tiempos cuando Sasha Djordjevic, entonces su mentor en el Barcelona, el domingo quizás entrenador del rival por el oro continental, abroncaba a Gasol y a su inseparable Juan Carlos Navarro por fumar a escondidas. Retoza en nuestra mente su aspecto de quinceañero con acné cuando David Stern le puso la gorra de los Atlanta Hawks en aquel draft de 2001. Aparece entre brumas su tímido gesto de desafío a Kevin Garnett (mirada abajo, hombro contra hombro) después de ese mate remontando la línea de fondo, botando con la izquierda, hundiéndola a dos manos…

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40 puntos, 11 rebotes, 11 faltas recibidas y 1 tapón. 52 de valoración. Pau Gasol anotó el 50% de los puntos de España en el Metropole Arena de Lille. 40 de 80, que se dice pronto. Ni los 27.000 franceses que abarrotaban las gradas ni los 100.000 hijos de San Luis habrían podido con el de Sant Boi. Con 35 años y renqueante desde el encuentro de cuartos de final ante Grecia, Pau Gasol anotó 10 de los últimos 14 puntos de España en el último cuarto (los otros cuatro fueron de Sergio Rodríguez) y ocho de los 14 puntos que la selección de Sergio Scariolo -que también tiene su mérito, y mucho- firmó en la prórroga.

La última gesta del sin duda alguna mejor jugador español de todos los tiempos. La última de muchas. Desde jugadas concretas como aquel mate ante Garnett o aquel contrataque, ya con los Lakers, con él dirigiendo la transición como si fuera un base de 1,80 pasándose el balón entre las piernas antes de dar la asistencia mirando al tendido. Desde aquella clasificación histórica de los Memphis Grizzlies para los playoffs de la NBA por primera vez en la historia de la franquicia gracias a él y a nadie más que a él a sus anillos con los Lakers.

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Desde aquel Mundial de Japón, en 2006, liderando en el parqué y también fuera de él. Sus números ante Argentina en semifinales, lesión incluida. Su capacidad para aglutinar a la selección que se proclamaría campeona del mundo en torno a su figura a pesar de que ni siquiera pudo jugar en aquella final ante Grecia.

Primeros retazos de una grandeza que no encuentra su fin, que no alcanza su cima. Ni siquiera con sus anillos de la NBA, ni siquiera cuando todo el Reedem Team pasó por el banquillo de España para rendir pleitesía al hombre que les mantuvo en jaque en las finales olímpicas de Pekín y Londres. Ni siquiera con su actuación ante Francia en un estadio de fútbol repleto de franceses, ante la actual campeona de Europa y defensora del título. Ni siquiera con una España mermada por las bajas de Calderón, Navarro o Ibaka.

Ni con todos esos condicionantes encuentra techo su grandeza, porque mientras toda España celebraba el pase a la final, la vendetta tras lo sucedido en nuestro Mundial en 2014 y la clasificación para los Juegos Olímpicos de Río 2016, él, calmado, bajas las pulsaciones y voz serena, respondía a un sencilla pregunta como sólo se puede esperar de él.

– ¿Qué le has dicho a tus compañeros?- Les he dicho enhorabuena, pero ahora queremos el oro.

Hat trick de Cristiano, hat trick de lesiones

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El estreno de Champions del palco de EL ESPAÑOL y AXA en el Santiago Bernabéu vivió el tercer hat trick de Cristiano Ronaldo en la máxima competición continental y vio torcer el gesto a Rafa Benítez tras las lesiones de Bale, Sergio Ramos y Varane.

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El sueño de la Champions comenzaba por el Santiago Bernabéu y el Real Madrid sumó los tres puntos contra un Shakhtar que puso pocos problemas (4-0). Los accionistas y suscriptores de nuestro periódico fueron testigos de excepción de un hat-trick de Cristiano en el palco de EL ESPAÑOL y AXA frente a un conjunto ucraniano muy inferior técnicamente.

No tardaron en llegar las ocasiones para el conjunto blanco. Karim Benzema falló a portería vacía al cuarto de hora del comienzo. Minutos más tarde no volvería a errar. Un fallo del portero ucraniano en la salida dejaron el 1-0 en bandeja del francés. “Yo no le vendía para traer a otro”, exclamaba José Manuel, uno de nuestros accionistas. “Me parece un jugador al que no se valora como se debe”, aseguraba.

Pero la alegría empezó a nublarse bajo una ventisca de lesiones que comenzó con la sustitución de Gareth Bale a la media hora de juego. El conjunto madridista se presentó con las bajas de Danilo y James Rodriguez, pero esta lista puede engrosar en las próximas horas. Jorge, suscriptor de EL ESPAÑOL, como si de una premonición se tratase auguraba que “este partido le puede salir caro” al Real Madrid. Y así fue. Sergio Ramos, Varane y el citado Bale abandonaron el terreno de juego por molestias durante el encuentro. “Estos del Shakhtar no tienen nada que perder”, continuaba Jorge.

“Yo soy más de Mourinho”

Mientras que en el campo el Real Madrid sujetaba al Shakhtar, en la banda Benítez trataba de rellenar el puzzle de las lesiones que venían. La sustitución de Bale dio pie al debut en Champions de Mateo Kovacic. “Este chico tiene un futuro prometedor aquí”, se murmuraba en el palco. De nuevo José Manuel participaba en la mini-tertulia algo resignado cuando se hablaba de Benítez: “Sí, sí me gusta, pero yo soy más de Mourinho”. Y concluía: “En los años de Mourinho y Guardiola el partido se disfrutaba antes, durante y después de los 90 minutos.” No le falta razón. Lo cierto es que Kovacic tardó poco en convencer al respetable: un tiro entre palos arrancó los aplausos de un Bernabéu tímido en esta noche de septiembre.

El que no estuvo nada tímido fue Cristiano Ronaldo: 10 disparos y 3 goles, dos de ellos de penalti. Después del descanso el colegiado expulsó a Stepanenko por doble amarilla y el Madrid se coló por la defensa del conjunto de Donetsk como un puñal. Cristiano no perdonó desde los 11 metros ejecutando las dos penas máximas por el mismo lado. Cuando su fiesta particular parecía acabar, redondeó el casillero con el definitivo 4-0 en el minuto 82.

Hubo poco trabajo para Keylor Navas, que sólo se vio exigido al final del encuentro en un balón bombeado que parecía colarse justo por debajo del larguero. Keylor solventó la faena con una estirada espectacular que confirmaba el KO definitivo al Shakhtar. Adrián, suscriptor y accionista reconocía el nivel del portero actual, pero aún echa de menos a Casillas. “Soy de Mostoles y Casillas es vecino”, exclamaba en tono jocoso. Los aplausos para Keylor no tardaron en llegar.

De lo que no tuvieron dudas nuestros suscriptores es de la expectación que genera el ya cercano 7 de octubre. “¡Qué ganas tenemos de que llegue!”, decían tanto Jesús, que había venido desde Zaragoza con su hijo, como Antonio que vino con su hermana desde Badajoz. “Tenemos mucha fe en el proyecto”. Amén.

El Calderón se rinde a Messi

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El palco de EL ESPAÑOL en el Vicente Calderón se llenó este sábado de colchoneros que admitieron finalmente la merecida victoria del Barcelona. Los azulgrana continúan la senda iniciada la pasada temporada en la que el conjunto de Luis Enrique venció en los cuatro enfrentamientos al conjunto del Cholo Simeone.

 

Pedro J. y Esteban Urreiztieta con algunos accionistas de nuestro periódico, este sábado, en el palco de EL ESPAÑOL del Vicente Caderón.

El Atlético de Madrid puntuó en sus 6 partidos contra el Barcelona durante la estelar temporada 2013-14, pero perdió sus cuatro enfrentamientos directos en la última campaña. La tendencia se está consolidando. El sábado, al comienzo de la segunda parte, pareció regresar el Atleti victorioso: Torres, discutido durante la primera parte, se había reivindicado con otro gol de velocidad (minuto 51) tras un buen pase en profundidad de Tiago y la duda de Ter Stegen, que no salió.

El Barsa, como decía nuestro suscriptor Coqui, “había sido mejor a los puntos en la primera parte”, pero en los primeros diez minutos de la reanudación los anfitriones habían recrudecido la presión. El equipo se había puesto por delante y nadie parecía percatarse de que en la banda calentaba sigilosamente un futbolista menudo, suplente por sus viajes recientes con la selección argentina y su reciente paternidad. Durante tres minutos, hasta el tremendo empate de Neymar en un libre directo, la ribera del Manzanares fue feliz. Justo después entró Leo Messi y pasó el resto del encuentro mascullando entre dientes “qué bueno es este enano”.

El palco de EL ESPAÑOL en el Vicente Calderón se había poblado este sábado de colchoneros y contó incluso con la amable visita de dos accionistas jerezanos, Julia y Manuel, cuyo entusiasmo con los gráficos publicados hasta ahora parece indicar que la sección de Datos camina en buena dirección. La primera parte estuvo sazonada por una conversación acerca de si Fernando Torres es o no un “ex jugador”: nadie aplaudió más que Esteban Urreiztieta el gol del hijo pródigo atlético, que nunca termina de alcanzar aquel desborde de sus inicios pero logró, sin embargo, salir ovacionado del estadio cuando le sustituyó Jackson Martínez.

Con un clásico 4-4-2 y Juanfran muy pendiente de un inspirado Neymar (“el último jugador brasileño”, se comentaba en el palco), el Atleti vivió de los robos de pelota de Griezmann, el caudillaje de Godín y el despliegue de un Óliver Torres que parece haber crecido más de un año durante su temporada en Oporto: se multiplicó en defensa y estuvo lúcido en la creación hasta que fue reemplazado por Carrasco.

El equipo de Luis Enrique, liderado por Iniesta y Neymar, tocaba mucho más y había rozado la perfección en una jugada maradoniana del ‘8’ que Rakitic remató a puerta y Oblak despejó a córner para regocijo del respetable. Suárez había mandado un balón al larguero. Vermaelen había vuelto a lesionarse. Rafinha iba de menos a más. El empate no llegaba a ser injusto.

Al descanso, como bromeaba Pedro J. Ramírez, el único gol había sido la llegada de la newsletter de EL ESPAÑOL. La carta del Arponero Ingenuo circulaba ya por las redes y empezaba a ser leída en los teléfonos móviles. Aficionados de palcos cercanos se sacaban alguna fotografía con el director del periódico.

 

Antes y después del minuto 59

Durante los canapés del entretiempo, sin embargo, también se habló sobre la imprenta de otro suscriptor madrileño, Pablo, y su trabajo para diversas administraciones públicas y juntas electorales. Para él y sus sesenta empleados sí hace falta aún papel, pero su fe (y la de su hermano Álvaro) en el proyecto de EL ESPAÑOL parecía fuera de toda duda. “¿Salimos seguro el 7 de octubre?”, preguntaba María. “Absolutamente seguro”. Coqui ensalzaba a los dos “magníficos” porteros del Calderón y recomendaba a Florentino Pérez que tomase nota.

La segunda mitad el partido se dividió en dos partes: antes y después del minuto 59. Hasta el 59, el Atleti había sido más intenso, aunque la puñalada de Neymar enfriase algo los ánimos. (Fue la única jugada en que no sería pitado). Poco después Messi entró en el campo acompañado de un rumor general. Simeone refrescó al equipo con el portugués Carrasco (bastante aplaudido), pero la ‘Pulga’ se colocó entre líneas, a la espalda de Tiago y Koke, y comenzó a amargar la vida a la afición local.

“Cómo cambia el Barsa con Messi”, se resignaba Urreiztieta. Suárez se peleaba hasta con los árbitros, como sucede muchas veces cuando se está a punto de definir un partido. Minutos después dejó un balón primoroso de primeras a Messi, que fusiló a Oblak en el área y enmudeció al estadio. Había avisado ya varias veces. Leo estaba fresco e imparable; quería dedicarle un gol a su hijo. La delantera del Barsa, vista desde el palco, parecía al final del partido casi un ejemplo de competencia desleal. No había nada que oponer al triunfo culé, reconocían los suscriptores. “¿Seguro que quieren jugar en una Liga catalana?”

Destronando a Rocky Marciano

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Era una ‘roca’, era un martillo. Un campeón del pueblo, el primero quizás, capaz de inspirar películas, de alcanzar lo inalcanzable. Rocky Marciano (en la imagen durante su pelea contra Joe Louis) fue el último gran campeón blanco de los pesados, el primer púgil de la historia en conseguir 49 victorias sin derrotas en su carrera profesional. Un récord que probablemente perderá este fin de semana cuando Floyd Mayweather Jr. acabe con Andre Berto. 

Era una ‘roca’, un martillo. Un campeón del pueblo, el primero quizás, capaz de inspirar películas, de alcanzar lo inalcanzable. Rocky Marciano fue el último gran campeón blanco de los pesados, el primer púgil de la historia en conseguir 49 victorias sin derrotas en su carrera profesional. Un récord que probablemente perderá este fin de semana cuando Floyd Mayweather Jr. se enfrente a Andre Berto en el MGM Grand de Las Vegas. Un registro que, sin embargo, siempre le guardará un lugar en la historia del boxeo.

“Para ser honesto, no creo que esta pelea haga nada por mi legado, pero soy un hombre de negocios”. A Floyd Mayweather Jr. le gusta que le llamen ‘Money’. Se llama ‘Money’ a sí mismo. Y también a su empresa de merchandising, ‘The Money Team’. Dinero llama dinero. Su caché sube con cada directo, con cada ‘jab’, con cada victoria. 48 concretamente. Cero derrotas como profesional. Un récord que le igualará con Rocky Marciano casi con total seguridad este 12 de septiembre cuando se enfrente a Andre Berto en el MGM Grand de Las Vegas. Quizás lo único en que supere a la ‘Roca de Brockton’ sean los ceros en la cuenta bancaria.

“Si me matas a mí tendrás que matar al niño también”. Floyd Mayweather Sr. mantenía ante su rostro al joven Floyd Joy Sinclair, escudo humano frente a su propio tío, Baboon, que así le llamaban, cómplices ambos de trapicheos estupefacientes. Aquella noche de 1979, el padre del que probablemente sea el mejor libra por libra de la historia -apenas dos años entonces- recibió un tiro en la pierna que puso fin a su carrera entre las 12 cuerdas. Una anécdota capital en la biografía de su hijo que, sin embargo, no ofrece la imagen completa.

La drogadicción de su madre, las continuas visitas de su padre a la cárcel, la vida con su abuela en Grand Rapids (Michigan), el traslado a Nueva Jersey donde hasta siete personas compartían cama en la misma habitación… Nada que ver con Rocco Francis Marchegiano (1923, Brockton, Massachusetts), arrabalero como Floyd, descendiente de inmigrantes italianos, buscalíos sin fin con cartel de buen chico, protector hermano mayor, hijo avergonzado del trabajo de su padre… “Antes o después te retiraré”, le decía un día tras otro cuando le llevaba el almuerzo desde su casa a la fábrica de zapatos en la que trabajaba, apenas a una manzana de distancia.

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Más corto, apenas cinco puertas de distancia, era el camino que Floyd recorría hasta el gimnasio recién comenzó a andar. De casta la viene al galgo. Por su padre, que llevó a Sugar Ray Leonard hasta el décimo asalto en 1978. Por su tío Jeff, que cruzó guantes con Óscar de la Hoya en 1993. Y también por su otro tío, Roger, campeón del mundo en dos categorías diferentes. Tres referencias constantes en su vida, en los inicios y más tarde en su rincón. Desde que se ajustó sus primeros guantes con 7 años hasta este 12 de septiembre. Maestros de una técnica depurada, mezcla de clases de escapismo sobre el ‘ring’ y de técnicas cada vez menos vistas, pasadas de moda pero de máxima eficacia. Nada que ver con los inicios o el estilo de Rocky Marciano.

Tuvo que llegar la Segunda Guerra Mundial para que Rocky se subiera a un cuadrilátero. Fue antes de enrolarse por segunda vez. Incluso antes de que un equipo satélite de los Chicago Cubs le desechara como ‘catcher’ -el gran sueño de su vida- porque no tenía la fuerza suficiente para lanzar con precisión hasta la segunda base. Fue su amigo de infancia Allie Collumbo quien le buscó su primera pelea. La bolsa, 30 dólares. El rival, supuestamente, otro amateur en similar nivel iniciático, aunque en realidad se encontró con Henry Lester, un doble ganador de los Golden Gloves al que en el tercer asalto, los brazos abajo por el cansancio, recibiendo un golpe tras otro, golpeó con una patada en la ingle antes de ser descalificado. Quién podría imaginar que allí estaba el germen de quien sería el último gran campeón blanco de los pesados. “Ten por seguro que si alguna vez vuelvo a pelear, no estaré fuera de forma”, le dijo aquel día a su hermano. Y cumplió.

Mientras Mayweather es un dechado de virtudes técnicas, del boxeo científico, Rocky se convirtió en una máquina de golpear, un martillo pilón. Velocidad, potencia y pegada, sobre todo pegada. Con apenas 180 centímetros de altura y 85 kilos, un pesado realmente pequeño, algunos estudios sitúan su radio de golpeo incluso 10 centímetros más corto que el de Floyd, que apenas levanta 173 centímetros del suelo. Nada importante. De su lado tenía a ‘Suzie-Q’, como llamaba a su golpe de derecha. Conocido por romper los vasos sanguíneos de los brazos con que sus rivales se cubrían, 43 de sus 49 victorias, casi el 88%, llegaron por KO, la más contundente de ellas cuando casi acaba con la vida de Carmine Vingo en diciembre de 1949. Era su victoria número 25 (Imagen inferior).

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Potencia derivada del trabajo, del sacrificio mucho tiempo antes de subir al ‘ring’, alejada totalmente de las técnicas que emplea Floyd Mayweather, como sus visitas a SubZero Recovery para sumergirse en tanques de nitrógeno a temperaturas inferiores a los 40 grados bajo cero para reducir los tiempos de recuperación. La potencia de un ‘Potro’, inspiradora de la figura cinematográfica de Rocky Balboa, también italoamericano, mismos orígenes humildes, una fuerza de la naturaleza entregada a los entrenamientos desmedidos, espartanos, excesivos.

Diferentes métodos como ejemplo de dos vidas en las antípodas. De los excesos de Mayweather con su cohorte de guardaespaldas y su corte de strippers, su obscena colección de coches de lujo y su exhibicionismo perpetuo enmarcado en billetes de 100 dólares al casi retiro familiar de Rocky durante toda su carrera profesional, siempre apegado a su mujer y su amigo de infancia, Allie Collumbo, y siempre con la sombra de Al Weill, su manager, pegada a su espalda. Aunque si Floyd consiguió deshacerse de Bob Arum y fundar junto al rapero 50Cent su propia empresa de representación para liberarse de ese yugo, Weill llegó a ser uno de los motivos de la retirada de Marciano. “Tengo que escapar mientras pueda”, llegó a decir en círculos íntimos tras anunciar su retirada alegando la necesidad de recuperar la relación con su familia después de 49 combates en apenas ocho años. Rocky, sin embargo, no siempre fue ese buscalíos con cartel de buen chico.

En 1993, un artículo de Sport Illustrated presentó a Marciano como una persona obsesionada por cobrar sus apariciones públicas en efectivo -al principio de su carrera guardaba sus ganancias en lugares tan inverosímiles como la cisterna de su baño-, como un mujeriego empedernido a pesar de que seguía casado, como un evasor de impuestos y, sobre todo, como uno de aquellos personajes públicos italoamericanos fuertemente relacionados con la mafia. Todo después de su retirada en 1952, cuando reunió en el Yankee Stadium de Nueva York a 66.000 personas en la que sería su última pelea. Obviamente, derrotó por KO en el noveno asalto a Archie Moore para defender con éxito su corona de los pesados por sexta y última vez.

Retirada definitiva a pesar de las tentaciones. Que las hubo. Muchas y muy fuertes. Así lo fue el millón de dólares que le ofrecieron como garantía además de la bolsa del combate propiamente dicha si volvía al cuadrilátero para pelear con Floyd Patterson, su sucesor como campeón. O los 1,4 millones de dólares de gancho que le pusieron para una pelea con el sueco Ingemar Johansson, verdugo de Patterson, y que el representante de éste se encargó de torpedear en la sombra cuando Marciano ya había comenzado a entrenarse en algún lugar recóndito. Pero si hubo una oferta escandalosa fue la de un millonario texano en 1966.

Rocky Marciano ya tenía 43 años cuando rechazó cuatro millones de dólares por pelear con Muhammad Ali, figura ya más que ascendente tras derrotar a Floyd Patterson y a Sonny Liston por duplicado. Sin embargo, el combate siguió adelante. Murray Woroner, productor televisivo de Florida, olió el negocio y contrató a ambos púgiles para grabar una serie de movimientos de cada uno de ellos y montar la conocida ‘The Superfight’, un duelo virtual entre dos de los mejores pesos pesados de la historia cuyo resultado decidió un algoritmo probabilístico. Por desgracia, sólo se proyectó un pase en los cines en 1969 (aunque años más tarde salió a la venta en DVD).

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Renuncias sistemáticas a un posible retorno que nunca nublaron su criterio para los negocios. Extraordinario orador, hizo una pequeña fortuna con sus charlas por el medio rural, aunque también fue propietario de una fábrica de salchichas, de un restaurante en Maryland, de una bolera en Florida o de una cadena de restaurantes italianos en California. Y eso por no hablar de su condición de usurero o de sus ‘negocios’ con la mafia.

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Unos beneficios que sus biógrafos calculan en torno a los cuatro millones de dólares durante su etapa como boxeador profesional y dos más por sus apariciones fuera del ‘ring’. Alrededor de seis millones de dólares que en la actualidad tendrían un valor aproximado de 54 millones, aunque siempre habría que considerar el diferente poder adquisitivo, el coste de vida o, simplemente, la renta per capita de una época y otra. Y eso sin contar que Al Weill siempre percibió cerca del 45% de los beneficios de todas y cada una de las peleas. Sin duda, la gran diferencia con Mayweather, más allá del color de la piel, pues el de Michigan sumó únicamente en su pelea contra Manny Pacquiao el pasado mes de mayo 300 millones de dólares que le convirtieron en el deportista mejor pagado del mundo por segundo año consecutivo, superando incluso el récord precedente que Tiger Woods registró en la lista Forbes con 115 millones de dólares en ganancias en un solo año.

Dos hombres unidos por el mito, dos boxeadores separados por el tiempo que, sin embargo, permanecerán íntimamente ligados en los libros de historia, aunque Mayweather aún debe vencer a Berto. Y quién sabe si seguir adelante, porque el próximo día 12 de septiembre cumple el sexto y último combate del acuerdo firmado con la productora Showtime, lo que podría llevar al mejor libra por libra de la historia a replantearse su retirada, como ya hiciera en 2007 antes de reaparecer en 2009, y pensar en el 50-0 con el que Rocky Marciano jamás se atrevió. Eso sí: Rocky dejó los cuadriláteros con 32 años; Mayweather ya ha cumplido los 38.

Piqué, el protegido

Gerard Piqué, durante un entrenamiento con la selección española.

¿Tan malo es el tirón de la selección que ya no llena estadios? ¿O todo será la relación -de todo menos idílica- entre la RFEF y el Real Madrid?  Porque la federación no sería capaz de cambiar la sede de un amistoso contra Inglaterra para proteger a Piqué. ¿O sí? Todo podría ser, aunque lo evidente es que la corriente de opinión mayoritaria señala la tercera opción y eso, después de la pitada al himno y al Rey en la final de Copa, tendría unas connotaciones especialmente serias.

Gerard Piqué, durante un entrenamiento con la selección española.“Hemos tenido claro desde el principio que no queremos jugar en Madrid”. La cita, de Adrian Bevington, director de comunicaciones de la FA inglesa, no vive en el presente. Se remonta a 2008, cuando Fabio Capello dirigía el banquillo de Inglaterra y el racismo de un sector de la afición española estaba en entredicho. Ahora, ya en 2015, no ha hecho falta que desde las islas soliciten obviar el Santiago Bernabéu. La censura ha llegado desde dentro, desde la propia Federación Española de fútbol (RFEF), que ha optado por cambiar la sede del amistoso del próximo 13 de octubre ante la selección inglesa de la capital a Alicante.

“Me enerva, me pone de mala leche”. Cuesta escuchar a Vicente del Bosque fuera de su registro calmado y tranquilo. Y eso que el tema le saca cada vez más los colores. Gerard Piqué se creció en la celebración del pasado título de Liga con el Barça (“Gracias Kevin Roldan, contigo empezó todo”), justificó la pitada al himno y al Rey en la final de la Copa del Rey (“La gente se expresa libremente”) y opinó sobre las pitadas a Iker Casillas con el Real Madrid (“Es igual que lo del himno”). La trinidad del enfado.

Primera estación en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, parada en León con ocasión del encuentro frente a Costa Rica en el mes de junio y destino final (por ahora) en el Carlos Tartiere de Oviedo en el trascendental choque ante Eslovaquia. Tres lugares, tres aficiones, tres motivos. Los mismos pitos.

Defiende Del Bosque como si continuara en activo, ayudan Sergio Ramos, Jordi Alba y cualquier jugador al que se le pregunte. Hasta el ministro Méndez de Vigo sale al corte. Hace piña el equipo ante uno de los pilares deportivos, básico en el esquema ante la diferencia sustancial ahora mismo respecto a cualquiera de los posibles sustitutos (Bartra, Javi Martínez, Albiol, Etxeita, Coke o San José). Nadie se plantea siquiera la posibilidad de una selección sin Piqué en el centro de la zaga. ¿O sí?

¿Por qué ha cambiado la RFEF la sede del partido cuando estaba decidida tiempo atrás? Las opciones son varias y variadas. Desde el enfado que pueda mantener el ente federativo con el Real Madrid por no ofrecer su estadio para la final de la Copa del Rey a los huecos que se veían en el Tartiere y la dificultad que implicaría llenar las 81.000 localidades del Santiago Bernabéu. Y, por supuesto, la opción Piqué. Otras tres opciones y muchas más preguntas.

  • ¿Es posible que la RFEF, que llevó la final de Copa al Camp Nou consciente de que la intensidad de la pitada al himno y al Rey sería aún mayor que en Mestalla o en cualquier otro campo, cambie la sede de un partido internacional para proteger a un único jugador?
  • ¿Tan mala es la relación con Florentino Pérez y el Real Madrid con la federación como para cambiar un partido programado -aunque nunca llegase a ser oficial- junto a Adidas para la presentación de la nueva equipación de España?
  • ¿Ha bajado tanto el tirón de la selección que necesita acudir a estadios de menor capacidad para colgar el cartel de ‘no hay billetes’?

Dudas razonables que la RFEF, siempre hermética, debería plantearse aclarar públicamente para definir si es capaz (y por qué) de proteger a un solo jugador pero no a la figura del Rey, que otorga su nombre a la principal competición dependiente de la federación, y, en consecuencia, descargar a Gerard Piqué de una presión añadida a la que encontrará en Alicante, ciudad tradicionalmente madridista.

Radiografía de un gran fiasco

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No le bastó al Real Madrid con el fracaso en la incorporación de David de Gea. El club blanco se enzarzó en un cruce de comunicados con el Manchester United que resaltó aún más el fiasco del 31 de agosto. No funcionó el Sistema de Correlación de Transferencias. No funcionó el reloj. Al menos los blancos se ahorraron 30 millones, pues el portero queda libre en 10 meses y aún podría fichar gratis de cara a la temporada que viene.

La imagen imposible del fiasco del 31 de agosto.

¿Qué es mejor para el Real Madrid: el despilfarro o el ridículo? Cuando muchos se preguntaban qué necesidad habría de gastar 30 millones de euros, por muy bueno que sea De Gea, en un portero que queda libre (y gratis) dentro de diez meses, el club recuperó una de las tácticas predilectas de la ‘era Florentino’: esperar al último día del mercado para apresurar un fichaje estrella, aunque ello no abarate siempre el precio del jugador.

El Madrid y el Manchester tuvieron durante todo el día a miles de periodistas apretando el F5 en sus ordenadores, ansiosos por cerrar el ‘culebrón’ del verano y marcharse a su casa. Muchos miles más de aficionados merengues confiaban en conjurar definitivamente el mal de ojo que aqueja a la portería blanca desde aquel día de diciembre de 2012 en que José Mourinho decidió dejar a Casillas en el banquillo de La Rosaleda.

A las once de la noche del 31 de agosto, 60 minutos antes del cierre del plazo, unos pocos empezaron a escamarse. No había aún confirmación oficial. Pero nadie imaginó que la noticia deportiva del día iba a verse frustrada por un fax y por las idas y venidas de un portal informático de la FIFA, el célebre Sistema de Correlación de Transferencias (TMS, por sus siglas en inglés). A la mañana siguiente, el diario deportivo más vendido en lengua española abrió con una sola palabra: “Ridículo”. Su principal competidor, con otra: “Florentinada”.

Del presidente del Real Madrid se ha puesto en duda su compromiso con los valores tradicionales del club blanco o su empeño en actuar también como director deportivo, pero jamás su capacidad como hombre de negocios: que un sistema informático bloquease puntualmente a las 00:00 el registro de nuevas contrataciones y dejara a los dos clubes más ricos del mundo con un palmo de narices por unos minutos de retraso desluce su historial como gestor.

El Madrid culpa al Manchester por haber tardado ocho horas en devolver el contrato firmado, aunque cabe recordar que el mercado se había abierto el 1 de julio y el ubicuo agente del futbolista, Jorge Mendes, había negociado ya con el club blanco bastante antes de esa fecha. De acuerdo al comunicado emitido por el Real Madrid, eran las 21.43 cuando el conjunto blanco recibió el contrato de David de Gea (con algunas modificaciones) y las 23.53 cuando llegó el de Keylor Navas para que éste lo firmase. Los principales medios internacionales, ajenos al absurdo que se cocía en Concha Espina, habían confirmado ya la noticia horas antes.

Quedaban siete minutos para rubricar el segundo acuerdo, pero el procedimiento de la UEFA exige además el registro informático de los contratos para que sean válidos. Según el Real Madrid, el Manchester United nunca incluyó la información sobre Navas y, además, devolvió el último contrato firmado a las 00:02 del martes. Al parecer, nadie del club blanco informó tampoco a la Liga de Fútbol Profesional de que el acuerdo existía y se estaba ultimando.

https://twitter.com/DeporVito/status/638737946250711040/photo/1?ref_src=twsrc%5Etfw

¿Realmente tardó ocho horas el United en enviar los documentos?, se preguntaba la BBC después del alegato madridista. ¿No será otra ‘jugada maestra’ de Pérez?, aventuraban los más conspiranoicos… Acepte cada cual la versión que más le guste, porque tanto los blancos como los red devils tienen la suya propia. Y la cuentan minuto a minuto en sendos comunicados.

La versión blanca

“A pesar de las dificultades que entrañaba realizar una operación de estas características en el último día de inscripción, (el Real Madrid) aceptó iniciar estas conversaciones”. Así, ambos clubes “llegan a un rápido acuerdo sobre las transferencias de ambos jugadores”. Desde aquí, el minutaje :

  • 13.39 hora española – “Tras la redacción de los correspondientes documentos contractuales necesarios y a fin de proceder con tiempo suficiente para tramitar tanto el Transfer Matching System de FIFA (TMS) como su inscripción en la Liga de Fútbol Profesional, el Real Madrid remite al Manchester United los contratos”.
  • 21.43 hora española – “El Manchester United remitió sus comentarios a dichos contratos ocho horas más tarde incluyendo pequeñas modificaciones”.
  • 23.32 hora española – “El Real Madrid, tras obtener las firmas de los jugadores De Gea y Keylor Navas, remitió al club inglés los citados contratos firmados”.
  • 23.53 hora española – “El Manchester United alcanzó el acuerdo final con los representantes de Keylor Navas y es a esa hora cuando se remiten los contratos al jugador para que sean firmados”.
  • 00.00 hora española – “El Manchester United introdujo en el TMS los datos de la operación de David de Gea, no así los de Keylor Navas, remitiendo simultáneamente al Real Madrid los contratos de transferencia firmados“.
  • 00.02 hora española – “El Real Madrid recibe esa documentación completa e intenta acceder al TMS pero este ya se encontraba cerrado”.
  • 00.26 hora española – “El sistema informático del TMS de FIFA hace una invitación al Real Madrid para que cumplimente los datos del jugador David de Gea, dado que el plazo de inscripción en Inglaterra continúa abierto hasta hoy (1 de septiembre). El Real Madrid, ante la posible eventualidad de un recorrido contencioso de la transferencia del jugador, decide remitir los contratos a la Liga de Fútbol Profesional, aun a sabiendas de que los plazos habían expirado”.

Y concluye: “En definitiva, el Real Madrid ha hecho todo lo necesario, y en todo momento, para llevar a término estas dos transferencias”.

La versión roja

“El Manchester United no buscó contactar con el Real Madrid para la venta de David (de Gea). Es una pieza fundamental de nuestro equipo y nuestra preferencia era no vender”. Además, “no recibimos ninguna oferta por David hasta ayer (31 de agosto). […] Durante el almuerzo, el Real Madrid realizó su primera oferta para comprar a David”. Su minutaje particular:

  • 21.42 hora española – “El Manchester United envió la documentación de ambos jugadores al Real Madrid”.
  • 23.32 hora española – “La documentación de David fue devuelta al Manchester United sin firmar”.
  • 23.40 hora española – “Minutos antes de la hora límite, llegaron varios cambios importantes al Manchester United, lo que puso en riesgo los acuerdos”.
  • 23.55 hora española – “Sólo a esta hora el Manchester United recibió del Real Madrid los documentos necesarios para cancelar el contrato de David”. “En este punto, la documentación de Navas aún no había sido devuelta por el Real Madrid”.
  • 23.58 hora española – “El acuerdo de traspaso fue devuelto por el Manchester United, subido al TMS y aceptado. Todo ello antes de la hora límite”.

“Entendemos que el acuerdo no se produjo por las siguientes causas: a) el Real Madrid no subió la documentación de David al TMS a tiempo (el Manchester United sí lo hizo); b) el Real Madrid no subió la documentación de David a la Liga española a tiempo -según informaciones lo realizó 28 minutos después de la hora límite-“. Y sentencia: “El Manchester United actuó apropiadamente y con efectividad en sus obligaciones en el traspaso”.

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Un esperpento innecesario al cierre del mercado. Y también al día siguiente, cuando la atención de las redes sociales se dedicó a reírse (sobre todo) del Real Madrid y a esclarecer quién sale peor parado. ¿El propio club blanco? ¿El Manchester, que no ha alineado a su mejor portero durante mes y medio y está obligado ahora a gestionar el enfado de Van Gaal con el jugador o a dejarle de suplente de un dubitativo Sergio Romero? ¿El propio De Gea, que se quedó sin su gran sueño en un minuto y encima deberá volver con su novia Edurne a Manchester, “una ciudad nada bonita” (como le recordaban con humor desde Inglaterra)? ¿O el discreto Keylor Navas, que ha querido ser vendido por la directiva de su club y ocupará la portería más escrutada del mundo cuando, según su padre, “la prensa quiere a un español como portero del Real Madrid”?

Manita, ovación a Keylor y festival de James

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Debutó el Real Madrid ante su público en Liga con una goleada ante el Betis (5-0) y volvió a abrir sus puertas el palco de EL ESPAÑOL y AXA  en el Bernabéu para recibir a 18 de nuestros suscriptores. Todos ellos disfrutaron con la manita, la chilena de James Rodríguez y el penalti parado por Keylor Navas.

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Debutó el Real Madrid ante su público en Liga con una goleada ante el Betis (5-0) y volvió a abrir sus puertas el palco de EL ESPAÑOL y AXA para recibir a 18 de nuestros suscriptores. Todos ellos disfrutaron con la chilena de James Rodríguez, la ovación a Keylor Navas y los primeros minutos de Kovacic con la camiseta blanca. ¿Y Benítez? Las quejas sobre su estilo defensivo se tornaron en aplausos al final del encuentro. El Bernabéu quería goles y los tuvo.

Arrancó mejor el Madrid, con un tanto en el minuto 2 de partido: James se la puso a Bale y este metió la cabeza para hacer el 1-0. Con la BBC recuperada para la causa, Benítez dispuso sobre el campo un 4-3-3, con Kroos y Modric formando el doble pivote y James ligeramente adelantado. ¿Resultado? El balón y los goles fueron para los locales. Poco importó que el Betis plantara cara o que intentara salir a la contra, las ocasiones fueron patrimonio de los blancos. Probaron Ronaldo y Benzema desde lejos, pero la más clara fue para Danilo. “Buen fichaje, yo no sé cómo hace el Oporto para comprar tan barato y vender tan caro y bien”, se preguntaba Borja, uno de los más de 9.000 suscriptores de EL ESPAÑOL.

Tomó el control el Madrid y no tardó en llegar el segundo. Esta vez, en una falta lanzada por James que pegó en el palo y se metió dentro de la portería. Brilló el ataque y se dejó ver Keylor Navas bajo palos, rebañando una pelota a Rubén Castro dentro del área. “¿Para qué quiere el Madrid a De Gea?”, se preguntaba Jaime, otro de nuestros accionistas. Y puede que no le falte razón…

Se fue el Madrid enchufado al túnel de vestuarios y regresó en las mismas condiciones. Nada más empezar la segunda mitad, apareció Bale para que Benzema se estrenara esta temporada. Hizo el tercero el francés y el cuarto James, recibiendo solo dentro del área y enganchándola con una chilena marca de la casa.

No murió el conjunto de Pepe Mel a pesar de todo. Con el Madrid aletargado por el peso de los goles, el Betis forzó un penalti, pero el portero costarricense se lo paró a Rubén Castro. “Keylor, Keylor, Keylor…”, gritó el Bernabéu. ¿Y De Gea? Podría llegar esta semana, pero es indudable que el Madrid no necesita a nadie más para tener a salvo su portería, con Kiko Casilla en la retaguardia esperando un contratiempo para dejarse ver.

Remató la faena Bale, con un misil teledirigido desde larga distancia. El galés certificó la manita y dio la primera victoria de la Liga al Real Madrid, que se coloca con cuatro puntos y, sobre todo, mandando un mensaje claro con sus intenciones para esta temporada. Disfrutaron los suscriptores y se lo pasó bien el Bernabéu. ¿Alguien tenía un plan mejor que pasar la noche en el palco de EL ESPAÑOL y AXA viendo al Real Madrid?

Lucas Silva, un fichaje inexplicable

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El Real Madrid ha cedido a Lucas Silva al Olympique de Marsella de Michel. Pero la gran pregunta es por qué fichó en enero a este jugador brasileño. Silva nunca estuvo ni ha estado, según sus datos en el Cruzeiro confirmados en sus meses en España, a la altura de un equipo que aspira a ser el mejor del mundo. Ahora se va con la certeza generalizada de que este fichaje inexplicable no volverá a vestir, casi con toda seguridad, la camiseta blanca.

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Cuando la sombra de la sospecha se posó en el Bernabéu en forma de una posible sanción de la FIFA el pasado otoño, el club blanco reaccionó rápido. Jugadores de futuro, esa fue la orden, entre ellos un mediocentro que pudiese aportar rendimiento inmediato. En el Real Madrid ya no se creía en Khedira y el club entendía que no se podía contar con Illarramendi en los momentos importantes. Debido a la normativa UEFA que no permite a los jugadores disputar la Champions con dos equipos en la misma temporada, el Real Madrid miró a Sudamérica, donde Lucas Silva fue el elegido. Pero, ¿quién era Lucas Silva?LucasSilva1(Pie de foto: En el gráfico se visualizan los parámetros más importantes para un mediocentro. Los parámetros ‘negativos’ (ser regateado, faltas cometidas, y veces que el jugador fue desposeído del balón) están visualizados inversamente, de tal forma que un circulo perfecto haría un jugador completo en esta demarcación. La puntuación va en consecuencia de los jugadores de la propia liga, donde la visualización perfecta constaría de una desviación típica por encima en ese parámetro. Producción medida por 90 minutos de juego. Datos vía Opta Sports.)

Parco en cualquier cualidad ofensiva, lo cierto es que tampoco era su cometido. Con buen juego con el balón, estaba por debajo de la media de su propia liga en cuanto a recuperar posesiones, intercepciones y entradas al rival que acaben en recuperación. Pero nadie se fijó en los más de 2.000 minutos esparcidos en 28 partidos en los que participó con el Cruzeiro antes de llegar a Madrid. Con la corazonada de que un jugador que forma parte del 11 ideal del Brasileirao tiene un buen nivel, nadie se paró a observar que al igual que Lucas Silva había otros 4 jugadores más del Cruzeiro campeón en ese equipo ideal. También pasó desapercibido el hecho de que nunca había sido internacional absoluto con la canarinha.

Bancado por muchos de los grandes medios españoles días antes del fichaje, Lucas Silva aterrizó a finales del pasado mes de enero previo pago de 14 millones de euros al Cruzeiro. El Real Madrid también cerró por esas fechas a otros dos jugadores de futuro, Martin Odegaard y Marco Asensio, ambos por menos de 4 millones de euros cada uno. Aclamado por la prensa como el gran fichaje que venía a hacerse con el centro del campo del conjunto blanco, Silva debutaría unos días después de su llegada en Champions League.

Se estrenó como titular frente al Schalke 04 y disputó los 90 minutos en Gelsenkirchen. Después de un partido con más de una docena fallos posicionales*, la página de análisis de rendimiento WhoScored le dio al jugador una nota de 6.8 sobre 10, la nota más baja de todos los titulares aquella noche. Lo mismo ocurrió en Squawka, otra página conocida por actualizar sus puntuaciones de los jugadores en directo: 1.5 sobre 5.

Pero en España la reacción fue todo lo contrario a pesar de lo evidente. La prensa recalcaba su gran debut, su seguridad y su gran futuro, además de puntualizar que en su éxito estaba la derrota de Illarramendi, su gran rival por el puesto en el 11. Días más tarde, piezas sobre su vida fuera de los terrenos de juego empezaron a brotar, desde aquellas que hacían referencia a la consultora de fútbol que tenía a su disposición para mejorar su rendimiento hasta las que detallaban su trayecto desde su casa hasta la ciudad deportiva. No volvió a jugar en Champions.

En Liga su rendimiento tampoco fue muy allá: menos de 400 minutos en 8 partidos con una producción muy similar a la de su última campaña en Brasil.LucasSilva2(Pie de foto: En el gráfico se visualizan los parámetros más importantes para un mediocentro. Los parámetros ‘negativos’ (ser regateado, faltas cometidas, y veces que el jugador fue desposeído del balón) están visualizados inversamente, de tal forma que un circulo perfecto haría un jugador completo en esta demarcación. La puntuación va en consecuencia de los jugadores de la propia liga, donde la visualización perfecta constaría de una desviación típica por encima en ese parámetro. Datos por 90 minutos vía Opta Sports.)

Pero más allá de un apoyo mediático generalizado, las preguntas son quién y por qué se fichó a Lucas Silva. Un año antes del título del Cruzeiro, Lucas Silva era incluso más desconocido en Europa y rindió mejor (ver gráfico) siendo más joven.Screen Shot 2015-08-28 at 5.18.19 PM(Pie de foto: En el gráfico se representa a todos los jugadores del Brasileirao de las temporadas 2013 y 2014. En el eje x (horizontal) se observa la contribución defensiva (recuperaciones vía tackling/entradas más intercepciones de balón) por 90 minutos de juego. En el eje y (vertical) se observa la creación de oportunidades ofensivas (asistencias más pases clave**) por 90 minutos de juego. Datos vía Opta Sports.)

El brasileño mejorará con esta cesión al Olympique de Marsella de Michel, ya que jugará más minutos que le ayudarán a adaptarse a ligas tan competitivas como las europeas. Pero también es cierto que el jugador no tenía nivel para jugar con el Madrid ni antes ni durante su estancia en el club blanco a la vista de los datos. Ahora queda la incógnita de si Lucas Silva sale cedido por el problema real que su pasaporte extracomunitario acarrea o por su falta de competencia. ¿Hubiesen recomprado a Casemiro si Lucas Silva hubiese jugado como se presuponía?

*Fallos posicionales consisten en fallos sin balón a la hora de posicionarse frente acciones de importancia. Datos vía Opta Sports.

**Pases clave son asistencias de disparos en las que el balón no termina en gol.

Era Bolt o el desastre

Usain Bolt of Jamaica celebrates winning the men's 100 metres final at the 15th IAAF World Championships at the National Stadium in Beijing, China August 23, 2015.  REUTERS/David Gray TPX IMAGES OF THE DAY

Y fue Bolt, claro, salvador de nuevo este pasado domingo en Pekín. ¿De qué? Para él, de si mismo, de los miedos que le inyectan sus problemas de espalda y del paso del tiempo. Para el resto, de la credibilidad de un deporte constantemente bajo sospecha.

Usain Bolt of Jamaica celebrates winning the men's 100 metres final at the 15th IAAF World Championships at the National Stadium in Beijing, China August 23, 2015.  REUTERS/David Gray TPX IMAGES OF THE DAY

El 16 de agosto de 2008, por la calle 4 del Estadio Olímpico de Pekín, Usain Bolt comenzó a tallar la leyenda que le sitúa sin discusión como el mejor velocista de todos los tiempos. Allí llegó con apenas un año de experiencia en los 100 metros lisos y con su entrenador, Glen Mills, más convencido de sus virtudes en el 200 y el 400. Y de allí salió, sin embargo, con un oro y un récord del mundo (9.69) que habría sido más espectacular todavía de no haber entrado en meta con los brazos extendidos y mirando al cielo, celebrando su exhibición.

Desde entonces, historia. Imbatible en los grandes campeonatos, ha aplastado a todos sus rivales en el 100, el 200 y el 4×100, con la salvedad del hectómetro del Mundial de Daegu 2011, donde fue descalificado por una salida en falso. Y pese a ello, cuando el jamaicano se colocó en los tacos de la calle 5 del Estadio Olímpico de Pekín, siete años y siete días después, este 23 de agosto de 2015, recién cumplidos los 29, la extraña impresión general era que el cuento de hadas iba a tornar en tragedia.

En eso, nada menos, se había convertido una posible victoria de Justin Gatlin, villano del tartán tras un renacer indescifrable a los 33 años. Desde que en 2010 regresó de su segunda sanción por dopaje, en principio de ocho años aunque reducida a cuatro, el norteamericano nunca había estado cerca del nivel de Bolt. Alguna bajada ocasional de 9.80, un bronce en Londres, una plata en Moscú…uno más entre los relámpagos eclipsados por ‘El Rayo’, en definitiva. Hasta este año, en el que el sprinter de Brooklyn llegaba a Pekín con las cuatro mejores marcas de la temporada: 9.74, 9.75, 9.75 y 9.78. Registros estratosféricos e inevitablemente sospechosos para alguien de su edad y su pasado. Preocupantes, atendiendo al nivel del jamaicano que sólo en julio, en Londres, fue capaz de bajar de 10 segundos y parar el crono en un discreto 9.87. “Todavía soy el mejor, y planeo serlo hasta que me retire”, dijo entonces, sereno.

Sin embargo, su primera ronda del sábado y su semifinal del domingo, donde estuvo a punto de irse al suelo tras un tropezón en el quinto apoyo, trasladaban la imagen de un Bolt serio y nervioso como casi nunca. Él, que no comete errores, que lo controla todo incluso sin querer, que se pasa las previas bailando y jugando con las cámaras mientras sus rivales parecen explotar de la tensión, se acordaría antes de la final de aquel niño que se presentó al mundo en el Mundial Junior de 2002.

Tenía entonces 15 años y disputaba la final del 200 ante rivales cuatro años más mayores. Lo hacía en Kingston, cerca de su casa y de la escuela donde detectaron que era una locura que aquel portento se pasase el día jugando al cricket. “Nunca he estado más nervioso en toda mi vida. Estaba temblando porque todo el mundo esperaba que ganase”, recordaba la estrella en una entrevista con The Guardian. Llegó a tal punto de pánico que en la sala de llamadas, antes de la final, se calzó las zapatillas del revés. Hizo la mejor carrera de su vida. Ganó con 20.61, una marca demencial para su edad, y se convirtió en el campeón junior más joven de la historia. “Ese momento cambió mi vida y comencé a pensar: ¿por qué debería preocuparme?”.

Héroe oportuno

Fue el origen de su sobrehumana inmunidad a la presión. Durante toda su carrera ha competido sólo contra sí mismo y contra la historia, sinónimos. En su día fue uno de los salvadores de la velocidad tras el escándalo de Marion Jones y ahora el destino le volvía a colocar como barrera frente a los tramposos en el atletismo, sacudido por el descubrimiento de 28 nuevos casos de dopaje re investigados. Un papel que nunca ha reclamado, que de hecho ha rehuido, pero que le corresponde por naturaleza. A su lado el domingo no sólo corría Gatlin, reincidente. También Tyson Gay y Asafa Powell, el anterior hombre más rápido del mundo, ambos sancionados en 2013 por utilizar sustancias prohibidas.

Era Bolt o el desastre. Y fue Bolt, claro, salvador de nuevo. ¿De qué? Para él, de si mismo, de los miedos que le inyectan sus problemas de espalda y del paso del tiempo. Para el resto, de la credibilidad de un deporte constantemente bajo sospecha.

Batió a Gatlin desde la salida, mejor tiempo de reacción, apoyó firme en los primeros 10 metros, su punto débil, y a partir de ahí nadie dudó de su victoria. El norteamericano acabó en 9.80 y Bolt en 9.79. Lo justo, lo necesario. Habría corrido en 8.99 si su rival lo hubiese hecho en 9.00. Ése es Usain Bolt, no sólo el más rápido, también el más competitivo.

Un prodigio único. Por la extrañísima morfología que le permite correr 100 metros en 41 zancadas, cuatro menos que la mayoría de sus oponentes y ocho menos que el bronce Trayvon Bromell; y por su capacidad para aparecer siempre, a veces solamente, en el momento necesario. El único sobre el que el atletismo carga constantemente el papel de salvador y el único que acude puntual a la llamada, como un héroe. Oportuno, eterno.

Griezmann inaugura el palco de EL ESPAÑOL en el Calderón

Calderon

Un gol de falta del francés, fiel a la “pelota parada” de Simeone, da los tres primeros puntos al Atlético de Madrid, que se impuso a la UD Las Palmas el día en que EL ESPAÑOL inauguraba su palco en el Vicente Calderón con Esteban Urreiztieta, adjunto al director del periódico, como anfitrión.

Calderon

Un gol de falta del francés, fiel a la “pelota parada” de Simeone, da los tres primeros puntos al Atlético de Madrid, que se impuso a la UD Las Palmas el día en que EL ESPAÑOL inauguraba su palco en el Vicente Calderón con Esteban Urreiztieta, adjunto al director del periódico, como anfitrión.

La Liga ya ha cortado la cinta inaugural y el Atlético de Madrid ha dado su primer paso con una victoria frente a la UD Las Palmas (1-0). Testigos de lujo del encuentro fueron los seis accionistas de EL ESPAÑOL que tuvieron la fortuna de inaugurar el palco del Vicente Calderón que nuestros suscriptores podrán disfrutar durante toda la temporada.

Junto a ellos estuvo nuestro Jackson Martínez, una de las flamantes incorporaciones del verano, Esteban Urreiztieta, Adjunto al Director, aunque, eso sí, el futbolista colombiano fue menos eficaz en un partido que Las Palmas, en su regreso a Primera, quiso dormir. Algo no muy prudente cuando enfrente se encuentra un equipo dirigido por Diego Pablo Simeone.

Se trataba del primer partido de los hombres del argentino tras una pretemporada de sensaciones positivas. 27 años hacía que no se veían las caras ambos conjuntos en Primera y el reencuentro se vivió con intensidad en la grada. Precisamente, a la hinchada atlética hicieron referencia Elena Gutiérrez y Martín Sastre, suscriptores, madridistas, pero rendidos ante los cánticos del Calderón. “He estado en el Camp Nou y en el Bernabéu, pero no animan como se anima aquí, ni parecido”, decía Martín.

Carlos Valenciano, suscriptor, también estuvo presente junto a su hijo. Una historia clásica en este campo de relación paterno-filial, pero a la inversa. Fue el hijo, futbolista aficionado, quien hizo a su padre aficionarse. Durante el encuentro aprovechó para compartir fotografías del palco en Twitter. El sitio desde el que observaron cómo el Atlético comenzó el encuentro con la ocasión que materializó la zurda de Antoine Griezmann. El francés lanzó una falta magistral, favorecida tras tocar a un hombre de la barrera, ante la que nada pudo hacer Raúl Lioziaín. ¡Gol! Fiel a la tradición del Atlético, “a pelota parada”, como le  gusta a Simeone.

Era el retorno de Óliver Torres y Filipe Luis al césped del Calderón en partido oficial. Ninguno defraudó. El mediapunta, colocado en banda derecha por Simeone, hace ilusionarse a los aficionados atléticos. Ven cómo su equipo puede dar un paso adelante más, en calidad,  y quién sabe si también en la tabla clasificatoria. También era el regreso al campo de nuestro suscriptor Javier Vicioso, que presenció el partido con su hermano, Jesús. Ambos se declararon “fans” de Pedro J. Ramírez y se animaron a aportar ideas para el proyecto de EL ESPAÑOL.

El conjunto de Paco Herrera regresaba a Primera con las ideas muy claras: juntitos atrás y a dormir la pelota con la posesión. Juan Carlos Valerón, ex rojiblanco, esperó su momento aunque nunca llegó. Había demasiado en juego. “Yo creo que van a bajar”, dijo Carlos Calvo sobre el conjunto canario. “Del único que se espera algo es de Araujo”, resumió Pablo Poza.

Primera jornada y primeros tres puntos para el Atlético de Madrid, que a pesar del pobre partido dejó una sonrisa en la cara de sus aficionados. También en los presentes en el estreno del palco de El ESPAÑOL en el Calderón, que todavía tiene por delante muchas emociones que vivir. Eso sí, “partido a partido”. Próxima cita para nuestros suscriptores, el sábado 12 de septiembre, y frente al FC Barcelona. Casi nada.