No caerá esa breva

 

BuenaVengo explicando desde hace meses -escribe Ramírez- el In Fear We Trust del presidente, esa ramplona estrategia electoral consistente en aguardar repantingado, bajo la espectral higuera de la España batida por todo tipo de tempestades, a que madure el miedo a la revolución podemita y su potencial Frente Popular con el PSOE. Nada le importaba lo que ocurriera entre tanto con su partido en las andaluzas, municipales, autonómicas o catalanas. Cuanto peor, mejor. La única elección que para él cuenta es la suya.

Ilustración: Javier Muñoz

Seguimos con la antología del humor en la prensa catalana. Hace tres domingos homenajeé al ¡Cu-Cut!, hace dos me ocupé de L’Esquella de la Torratxa y el pasado de El Be Negre. Hoy toca entrar por La Vanguardia. Escribía el miércoles Enric Juliana con su perspicacia habitual: “Artur Mas ha sido llamado a declarar el próximo día 15 de octubre, fecha del 75 aniversario del fusilamiento de Lluis Companys en el castillo de Montjuic. Quien fijó la fecha lo ha investido”.

Puesto que en el párrafo anterior hablaba Juliana de que “la estrategia de la Moncloa” es presentar al “independentismo, vencido por la flema, la templanza y la firmeza de Mariano Rajoy … camino de los tribunales”, era evidente que trataba de sugerir que el Gobierno funciona como la carabina de Ambrosio: al tratar de perseguir a Mas de un modo tan tosco, lo está resucitando tras una cosecha electoral tan magra que en definitiva le obliga a compartir los 62 escaños de 2010 con muchos de sus rivales de entonces.

Esa interpretación había sido esbozada ya en el apunte del director de ese mismo día pues Màrius Carol subrayaba con razón que las “explicaciones” del ministro de Justicia Rafael Catalá sobre el retraso de la citación para “no interferir” en las elecciones “son de las que chirrían en el oído”. Y todo quedaba luego apuntalado cuando el propio editorial del diario advertía que las palabras del ministro habían supuesto “una manera, acaso involuntaria, de admitir que los ritmos de la justicia son influenciables”.

O sea que, en definitiva, la perfidia política del gobierno central al perseguir en los tribunales la desobediencia del presidente de la Generalitat cuando llevó a cabo la consulta prohibida por el TC, quedaba compensada por la chapuza de la elección de la fecha perfecta para alimentar su victimismo. Justicia poética, podría decirse, que restaura la posición de superioridad moral del paladín de la patria catalana de modo que hasta los iconoclastas de la CUP se vean obligados a respaldar su investidura.

la higuera estafermo

Ilustración: Javier Muñoz

Todo muy bien trabado pero, como digo, para la antología del humor. Y una vez más fue María Peral quien con precisión quirúrgica aportó en el Blog de EL ESPAÑOL el dato clave que da rienda suelta a las carcajadas y a alguna que otra salpicadura de saliva irreverente a modo de condecoración sobre la farsa: resulta que “quien fijó la fecha” y por lo tanto “ha investido” a Mas -o al menos pretende hacerlo activando la profecía autocumplida- no fue otro que el juez instructor Joan Manel Abril, elegido miembro del Tribunal Superior de Justicia por el llamado “turno autonómico”, en fecha tan reciente como 2012. “Fuentes del CGPJ -advierte Peral- recuerdan con nitidez que el apoyo para el nombramiento de Abril venía inequívocamente de CiU”. O sea que al final ha sido el propio Mas quien ha escogido la fecha que rescatará a Mas de su nuevo fiasco electoral, desatando el paralelismo entre las variedades de pelotón de fusilamiento que aguardan inexorablemente a los defensores de la patria catalana.

Ojo, que este levantamiento del velo de la impostura no implica absolución alguna para el estólido Estafermo que se cree un valiente don Tancredo haciendo garbosos estatuarios ante los más aviesos astados. Porque Rajoy y sólo Rajoy es el culpable de que al cabo de cuatro años de mayoría absoluta del PP siga en vigor el ignominioso artículo 330.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial que permite a los parlamentos autonómicos designar entre “juristas de reconocido prestigio” a la mitad de los integrantes de la Sala Penal y Civil del correspondiente Tribunal Superior de Justicia. O sea el culpable de la perpetuación del inicuo onanismo jurisdiccional por la cual los aforados de cada comunidad autónoma eligen entre sus amiguetes a los jueces que tendrán que juzgarles cuando hagan de las suyas.

Esa era una de las nefandas artimañas con las que Guerra trató de enterrar a Montesquieu que iban a quedar desmanteladas por la reforma del Poder Judicial prometida por el programa electoral del PP. Así lo disponía el proyecto de ley de Gallardón, zancadilleado por Rajoy en persona en el mismo umbral del índice rojo que incluye los asuntos a aprobar por el Consejo de Ministros. Aquel proyecto de ley, anhelado vademécum de la despolitización de la Justicia, fue bloqueado por el presidente cuando vio el sesgo que empezaban a tomar los casos de corrupción que afectaban al PP. Si Gallardón hubiera dimitido entonces, y no cuando lo hizo, sería hoy el hombre providencial hacia el que se dirigirían todas las miradas de la derecha española.

O sea que al final ha sido el propio Mas quien ha escogido la fecha que rescatará a Mas de su nuevo fiasco electoral, desatando el paralelismo entre las variedades de pelotón de fusilamiento que aguardan inexorablemente a los defensores de la patria catalana

A diferencia de lo que puede alegar con la bajada de impuestos que por arte de birlibirloque se trastocó en subida, ningún requerimiento presupuestario le impedía cumplir esa promesa ancilar, pero Rajoy prefirió engañar a sus electores con tal de blindar a sus dependientes, consciente de que sólo de ellos dependería a su vez él, en la eventualidad de que se destapara la fosa séptica de sus sobresueldos, mensajes de móvil y simulaciones de indemnizaciones en diferido.

“David habría durado dos horas en el 10 de Downing Street si se hubiera descubierto algo parecido”, me contaba no hace mucho un antiguo colaborador de Cameron. Pero en España los aforados cerraron filas, el ministro del Interior se rebozó en el fango que para eso lo puso el jefe, Pablo Ruz se volvió a Móstoles y serán los afines Enrique López -que nada desearía tanto como ver pasar delante de él este cáliz- y Concha Espejel quienes juzguen el caso, si el pleno de la Sala no lo impide. Todo sigue tan del revés como con Filesa, los GAL, los Pujol o los ERE. Son los políticos quienes controlan a los jueces a través del CGPJ y no a la inversa.

Y ahí yace por lo tanto el PP, hundido en el descrédito del público, emparedado entre la basura y el inmovilismo, viendo como se amplía inexorablemente su cuerda de presos -¿será nada menos que Rodrigo Rato el siguiente?-, perdiendo elección tras elección, recibiendo aviso de Aznar tras aviso de Aznar, a la espera de que llegue el milagro de la Navidad.

Ni siquiera la extravagancia de llamarnos a votar entre la paga extra y la lotería es fruto de un plan premeditado o de una evaluación táctica. Sólo el resultado de la inercia de la inacción, del dejarse llevar hasta el final, estirando la legislatura hasta la última fecha posible con el pretexto de los presupuestos y la tramitación del aguinaldo que evita un coste fiscal de 40.000 millones a la banca.

“Ahora está claro que lo que le hubiera convenido a Rajoy, habría sido convocar las generales a la vez que las catalanas”, me decía esta semana un alto dirigente de un partido nacional. “Pero para dar un paso así se requería audacia política”. Y, claro, esperar algo parecido a la audacia de este fósil del paleolítico inferior era como buscar mariposas azules en el mar. (Papallones blaves damunt la mar, que cantaba Pau Riba).

Ahí yace el PP, hundido en el descrédito del público, emparedado entre la basura y el inmovilismo, viendo como se amplía inexorablemente su cuerda de presos -¿será nada menos que Rodrigo Rato el siguiente?-, perdiendo elección tras elección

Vengo explicando desde hace meses el In Fear We Trust del presidente, esa ramplona estrategia electoral consistente en aguardar repantingado, bajo la espectral higuera de la España batida por todo tipo de tempestades, a que madure el miedo a la revolución podemita y su potencial Frente Popular con el PSOE. Nada le importaba lo que ocurriera entre tanto con su partido en las andaluzas, municipales, autonómicas o catalanas. Cuanto peor, mejor. La única elección que para él cuenta es la suya. Esperaba incluso que el triunfo de los independentistas catalanes en su plebiscito, avalado mediáticamente por el ministro de Asuntos Exteriores, precipitara los acontecimientos y diera lugar a un acto de autoridad -tan meramente reactivo como los remolinos del estafermo- que le presentara como garante y depositario de la estabilidad constitucional.

Pero ya sabemos que no caerá esa breva porque como ocurre en el Evangelio de San Lucas cuando entra Jesús en Jericó, ha habido un hombre valiente que como Zaqueo ha tomado la iniciativa y se ha encaramado resuelto a la higuera para ir al encuentro del destino. O mucho me equivoco o esa noche electoral en la que Rivera, Arrimadas y su pléyade de jóvenes sin tacha ni pasado, hijos todos de la libertad, coreaban “Ca-ta-lu-ña es Es-pa-ña” mientras afeaban la corrupción del “tres per cent” a Mas y sus compañeros de viaje, ha calado tan hondamente en el corazón de tantos a los que les gustaría ser como ellos, que la suerte del 20-D ya está echada.

“No me gustaría estar en el pellejo de Mariano”, explicaba el martes por la noche a un grupo de amigos uno de los dirigentes históricos que llegaron al PP procedentes de UCD. “Él ya sabe que está perdido porque por primera vez en la historia nos ha ganado una fuerza no nacionalista de centro derecha. Y nos ha ganado por goleada. En cuanto eso empiecen a reflejarlo los sondeos, la dinámica será imparable. Teniendo en cuenta sobre todo que el PP está ya destruido como partido. No veo la más mínima posibilidad de que sigamos gobernando. Por eso digo que no me gustaría estar en su piel. Debe ser muy duro tener la sensación de que no vas a ser capaz de cumplir la misión que te encomendaron”.

“¿Y tú cuánto hace que no hablas con Rajoy?”, le preguntó uno de los presentes. La respuesta fue la misma que daría cualquier otro.

 

 

 

 

¿Acertaron las encuestas del 27S? Un repaso a sus cifras y a nuestra predicción

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Las elecciones catalanas se presentaban complicadas para los encuestadores. Eran unos comicios excepcionales y es difícil hacer estádistica de lo excepcional. Concurrían nuevos partidos, la participación se presumía histórica y el sentido del voto era para muchos inédito: un plebiscito. Pero las encuestas hicieron un buen trabajo. Aquí explico por qué.

También en EL ESPAÑOL:

Nota. Que un modelo probabilístico se demuestre bien calibrado es en esencia otra forma de precisión. Pero para los propósitos de este artículo he creído que la distinción entre precisión y calibración era útil.

Radiografía del resultado: así votó Cataluña en su noche más decisiva

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Artur Mas convocó las elecciones del 27S con la intención de impulsar el proceso soberanista. Pero menos de la mitad de los votantes ha respaldado a las dos listas que defendían abiertamente la independencia: Junts pel Sí y la CUP. Aquí la mejor radiografía de la cita electoral: datos, análisis y contexto. 

Las elecciones catalanas se presentaban complicadas para los encuestadores. Eran unos comicios excepcionales y es difícil hacer estadística de lo excepcional. Concurrían nuevos partidos, la participación se presumía histórica y el sentido del voto era para muchos inédito: un plebiscito. Pero las encuestas hicieron un buen trabajo. Aquí explico por qué.

1. El promedio de sondeos funcionó.

El gráfico compara 20 sondeos con los resultados de las elecciones del domingo. Los sondeos son los de Sigma Dos, GAPS, GESOP, NC Report, Invymark, IBES, Feedback, CIS, Metroscopia, DYM, GAD3, Celeste Tel y My Word.

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El promedio de encuestas anticipó la imagen general que dejaron las urnas. JxSí, el PP y CUP fueron bien estimados. Tambien el PSC. La mayor desviación se dió con Ciudadanos y Catalunya Sí que es Pot (CSP). El primero había sido infraestimado y el segundo sobreestimado, justo al revés de lo que pasó en las municipales de mayo.

2. Nuestro modelo fue razonablemente preciso.

Basándome en los sondeos, publiqué dos días antes del 27S un modelo de predicción para las elecciones. El modelo estimaba cuántos diputados lograría cada partido y con qué probabilidad.

A continuación evalúo que tal lo hizo ese modelo. El gráfico compara los diputados de cada partido con las predicciones probabilísticas del modelo.

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(Las áreas de color son histogramas y representan la probabilidad que tiene cada partido de lograr cierto número de escaños.)

La precisión del modelo fue notable. Acertó el partido ganador, acertó quién sería segundo y el orden de todos los partidos excepto el PSC y CSP, que se intercambiaron. La predicción más probable se desvió menos de dos escaños para JxSí, PSC, PP, CUP y Unió. Las mayores desviaciones se dieron con Cs y CSP. Pero desde el principio sus resultados eran los más inciertos: sus distribuciones de probabilidad eran las más anchas.

El modelo predijo también los resultados del independentismo. Anticipó que JxSí no tendría mayoría absoluta y que la suma con CUP lograría mayoría de escaños pero no de votos. Sus predicciones mediana para los escaños de JxSí y la CUP casi coinciden con los resultados reales.

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También las predicciones de votos:

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Estoy también satisfecho con las predicciones en cada provincia. En Barcelona la precisión fue similar a la general. En Tarragona la predicción de más probabilidad acertó para JxSí, PSC, CUP y Unió. En Lleida, para PSC, PP, CUP, Unió y JxSí. En Girona, para todos los partidos. (Gráficos de Barcelona, Tarragona, Lleida y Girona.)

3. Un reloj parado.

Mi primer objetivo con el modelo es que fuese fiable. Sus predicciones no son audaces ni finísimas: son cautas. Por eso había muchos resultados posibles en el segundo gráfico. No es así por capricho. Es así porque observar las encuestas de los últimos años me sugiere que ésa es la precisión que podemos esperar.

Estos eran los intervalos del 50% de probabilidad que el modelo asignaba a cada partido:

  • JxSí: [59, 67]
  • Cs: [17, 23]
  • CSP: [12, 18]
  • PSC: [11, 17]
  • PP: [11, 15]
  • CUP: [ 6, 10]
  • Unió: [ 0, 3]

Son intervalos amplios e incluso así la mitad de las veces la realidad debía acabar fuera de ellos. Por eso las desviaciones con Ciutadans o CSP no son una sorpresa. Al final, de los siete partidos cinco cayeron dentro de los intervalos. Y aunque no puedo saberlo todavía, creo que la incertidumbre del modelo está bien calibrada.

¿Pero qué significa «bien calibrada»?

Mi modelo respeta el primer principio que enuncia Nate Silver para hacer estimaciones electorales: «Un buen modelo debe ser probabilístico, no determinista». La mayoría de modelos de predicción tienden al exceso de confianza y mi propósito es no caer en ese error. Por eso mi modelo no da predicciones muy concretas si no puede —y generalmente no puede— sino predicciones con distintas probabilidades.

Para calibrar un modelo probabilístico hay que comprobar que sus predicciones aciertan con la probabilidad prevista. Por ejemplo, si mi modelo dice que el partido X tiene un 60% de probabilidades de lograr escaños, quiero que eso suceda un 60% de las veces. Si sucede solo el 10% de las veces el modelo está mal. Pero también está mal si sucede el 95% del tiempo. Ese modelo está mal calibrado.

Podéis pensar en las predicciones meteorológicas. No espero que el hombre del tiempo me diga con certeza si lloverá el sábado. Pero si me dice que la probabilidad de lluvia es del 20%, lo que espero es que acierte cuatro de cada cinco veces.

En resumen, al evaluar la bondad de un modelo probabilístico podemos hablar de dos cosas: de su precisión y de su calibración. Un modelo es muy preciso si dice exactamente qué va a ocurrir. Esos modelos son geniales, pero difíciles de encontrar para fenómenos complejos. Por eso las elecciones se predicen con modelos probabilísticos. Y esos modelos quiero que estén bien calibrados: si me dicen que un suceso tiene una probabilidad del 66%, deberán acertar dos de cada tres veces.

4. Conclusión.

Tras las elecciones el modelo de predicción sale reforzado. Sus limitaciones siguen ahí —y de ellas hablaré otro día— pero sus predicciones para el 27S fueron bastante precisas.

Si el modelo falló fue más bien por acertar demasiado. Quizás el modelo está ligeramente mal calibrado y fue demasiado conservador. O lo que es más probable: quizás tuvo algo de suerte. Si la razón es una u otra sólo lo sabremos dentro de muchas tiradas, cuando podamos distinguir la estructura del azar.

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También en EL ESPAÑOL:

Nota. Que un modelo probabilístico se demuestre bien calibrado es en esencia otra forma de precisión. Pero para los propósitos de este artículo he creído que la distinción entre precisión y calibración era útil.

Una locomotora naranja en la estación de Sants

Ciudadanos eligió como sede para la noche electoral un hotel construido sobre una estación. En el primer piso se congregó la locomotora naranja, cuyos militantes hicieron mucho ruido porque tenían muchas cosas que celebrar. 

Ciudadanos eligió como sede para la noche electoral un hotel construido sobre una estación. En el primer piso se congregó la locomotora naranja, cuyos militantes hicieron mucho ruido porque tenían muchas cosas que celebrar. Entre otras cosas, que su partido ya es la segunda fuerza política de Cataluña. O que con sólo nueve años de vida la formación liderada por Albert Rivera ha adelantado por la izquierda a PP y PSOE. O que ha triplicado el número de votos obtenidos en 2012. O que ha irrumpido en Girona y Lleida, tradicionales feudos independentistas en los que hasta ahora no tenía representación.

Todos esos factores convirtieron a Ciudadanos en la triunfadora absoluta de la noche y provocaron el delirio en la atestada sala de convenciones del hotel Barceló Sants. Los presentes entonaban cánticos que dotaban a la sala del ambiente de un campo de fútbol. “Yo soy español, español, español”, “España unida jamás será vencida” o “Cataluña es España” fueron los estribillos más coreados.

Una multitud esperó paciente la salida de Albert Rivera y de Inés Arrimadas, los dos grandes artífices de este éxito. Fueron los últimos en comparecer.

Cuando Artur Mas apareció en pantalla, el público pidió su dimisión y coreó  “¡Tres per cent, tres per cent!” en referencia a las comisiones ilegales que cobraba presuntamente su formación. A Pablo Iglesias le dedicaron un innovador “Vaya cagada, coleta morada”. Los abucheos a los rivales eran interrumpidos por aplausos en cada oleada del escrutinio.

Al final apareció el tándem que le ha dado la vuelta al panorama político catalán: Albert Rivera e Inés Arrimadas. Tomó la palabra la jerezana, que llegaba muy justa de voz a la cita. Agradeció el apoyo de más de 700.000 catalanes y enumeró las tres opciones que según ella tiene Artur Mas: “Dimitir, dimitir y dimitir”. Le sumó una cuarta: “Lo que también puede hacer es irse a su casa”. Una propuesta que fue secundada por el público al grito de “Dimisión, dimisión”.

Para entonces, el suelo ya temblaba como si los trenes de la estación de Sants hubiesen tomado la sala. Arrimadas, que era interrumpida por un cántico diferente a cada frase, aseguró que los catalanes habían apostado “por la convivencia y por la unión”.

Plena de confianza y espoleada por los resultados, retó a las formaciones independentistas a una nueva pelea: “Lo que tienen que hacer es convocar unas nuevas elecciones en las que todos nos presentemos como partidos, con nuestras siglas y nuestros programas, que es algo que ellos no han hecho”.

Como en el fútbol

Los asistentes coreaban “Campeones, campeones”. En esa tesitura Arrimadas le dio el relevo a Albert Rivera, el gran artífice de que una plataforma cívica nacida en 2006 sea ya segunda fuerza en el Parlament.

Arrimadas se refirió a Rivera como “el único líder nacional que está aquí, apoyando a su partido en Cataluña”.  Ésa puede ser una de las claves del éxito de la formación naranja: Rivera ha jugado en casa. Es el único presidente catalán de todos los partidos nacionales y se ha volcado con la campaña catalana más que ningún otro.

Rivera ha demostrado ser un estratega: ha concedido mucho protagonismo a Arrimadas, que se defendió bien en los careos que mantuvo contra políticos mucho más bregados. No la ha eclipsado pero tampoco la ha dejado sola. La foto de Rivera ha aparecido en los carteles electorales. Su cara estaba en las marquesinas de la paradas de bus.

Rivera no ha bailado, como Iceta y Sánchez. Tampoco ha hablado como un indio ni ha prometido sexo con látigo como Pablo Iglesias. El líder de Podemos no aparecía en los carteles porque comparecía con una marca blanca como la de las municipales. Igual que Mas y Juqueras, que además se han escondido detrás de un recién llegado como Romeva.

Rivera tampoco grabó un spot con acentos impostados, como han hecho en el PP. Ni ha ido cambiando de portavoz en los debates, como la CUP, despistando a los votantes indecisos. Rivera ha optado por ser fiel a unas siglas, a una imagen y a un programa. Los votantes lo han interpretado como un ejercicio de responsabilidad. Rivera no recurrió a frivolidades durante la campaña. Anoche botó a petición del publico, bromeó y hasta parafraseó a Lola Flores (“Si me queréis, callarse”). Pero sólo se lo ha permitido cuando ha tenido la victoria en el bolsillo. Hasta entonces ha preferido trasmitir la imagen de seguridad que confiere un político bien valorado en las encuestas. El resultado ha sido una campaña brillante.

El broche 

Rivera cogió el micro y puso el colofón a la noche. Se desbordó el júbilo. Unos gritaban “Ahora a La Moncloa” y otros entonaban el cohesionador “Viva España y Visca Catalunya”. Rivera mantuvo el ambiente futbolístico creado por los presentes: “”Os dije que había partido y lo acabamos de demostrar. No ha sido el PP ni el PSC ni Podemos. Hoy ha sido Ciudadanos el partido que ha evitado la ruptura de este país”. Rivera anunció el funeral “de la vieja política”, y aventuró el principio de una nueva era “que comienza esta noche”.

“Artur Mas ha sido el que ha querido que pasemos de tres a 25 diputados”, dijo Rivera, que planteó estos comicios como una previa para la gran pelea: las elecciones generales.

Cataluña entre dos extremos

Supporters of secessionist group Junts Pel Si (Together for Yes) react after polls closed in a regional parliamentary election in Barcelona, Spain, September 27, 2015.  Separatists have won a clear majority of seats in Catalonia's parliament, an exit poll showed on Sunday, in an election that could set the region on a collision course with Spain's central government over independence.     REUTERS/Andrea Comas

REUTERS / Andrea Comas

La dinámica actual no terminará pronto. Al menos hasta el 20 de diciembre el independentismo tiene todos los incentivos posibles para continuar forzando la legalidad y poniendo a prueba al Gobierno central.

Anoche, al principio del Passeig del Born, ante el espectacular edificio reformado que alberga el museo-homenaje a la construcción nacional de Cataluña, cientos de personas gritaron “in-inde-independencia” hasta quedarse sin voz. Aún estando allí como observador, resultaba difícil no sentir dentro de uno el impulso de unirse al clamor. Cuando Raül Romeva subió al estrado y, con la autoridad y el aplomo que da estar detrás de un atril, empezó a corear “la veu d’un poble” con todos los asistentes, la atracción de pasar a formar parte del “poble” era casi irresistible. Pero la misma escena vista después, a través de la pantalla del móvil, en YouTube, se apreciaba de manera completamente distinta. La atracción se diluía hasta desaparecer. Y aquello solo tenía el aspecto de lo que era: un mitin.

A unos pocos kilómetros de allí, en una sala más bien blanca, más bien luminosa y con una moqueta más bien moderna, toda alma viviente que cabía en ella gritaba “Cataluña es España” ante un estrado níveo coronado por el logo naranja de Ciudadanos. La acústica hacía que la voz rebotase en los oídos y en el interior de la cabeza de manera vibrante. De nuevo, ser uno con la masa era una tentación difícil de esquivar. El atril, la sala, los gritos vibrantes y la moqueta estaban en el Hotel Barceló Sants. Justo sobre la estación del mismo nombre, donde sale el AVE para Madrid.

Al llegar al vestíbulo de esa estación hacia las diez de la noche me encontré con un nutrido y variado grupo de personas con carpetas y acreditaciones azules. Era la pequeña división de militantes que el PP había traído a las elecciones. Esperando al tren que les devolvería al centro de la Península. Ninguno parecía exultante. Algunos estaban cariacontecidos. Hoy, muchos de los dirigentes de Ciudadanos, que ahora es un partido estatal a pesar de sus orígenes catalanes, bajarán de sus habitaciones y, en pocos minutos, tomarán o habrán tomado la misma dirección. Llevándose una parte de las voces consigo.

Entre estos dos extremos anoche cabía Cataluña entera.

La salida del callejón

Llegué a Barcelona en la medianoche del jueves. Yo venía fresco y con ganas: hacía meses que no pisaba la ciudad, en la cual no nací ni crecí pero sí viví y trabajé dos veces en mi vida, la segunda hasta septiembre de 2011. Pero Barcelona me recibió más agotada que entusiasmada.

En las siguientes 72 horas recorrí todo el espacio entre aquellos dos extremos. Fue un periplo dialéctico, tejido a través de todas las discusiones que había dejado de mantener en mi ausencia y que por fin podía recuperar. Al principio me dediqué con devoción a la tarea. Pero no me costó demasiado comprender el agotamiento al que se sometía la ciudad. Hablase con quien hablase, la conversación siempre acababa en el mismo lugar.

Había entre mis interlocutores y yo una serie de premisas compartidas, que ellos llevaban repasando una y otra vez desde hacía meses, años incluso. La primera era que, ahora mismo, el independentismo no sumaba una mayoría absoluta de individuos dispuestos a votar por él. La segunda consistía en asumir que la mayoría relativa era lo suficientemente importante como para requerir algún tipo de respuesta por parte del resto de España. La tercera, que ahora mismo no existe la salida no negociada al conflicto. Es decir: que en cualquier caso iba a haber una mesa y personas hablando en torno a ella en algún momento del futuro próximo. Fuere para discutir un referéndum, una reforma constitucional, un cambio en el modelo de financiación o un proceso de secesión irreversible, la alternativa unilateral quedaba siempre totalmente descartada.

Cabe aclarar que la mayoría de las personas con las que venía hablando eran politólogos, economistas o sociólogos. Por tanto, independientemente de sus preferencias personales comprendían perfectamente que la esencia de cualquier estado consiste en el monopolio de la violencia, la capacidad para recaudar sus propios impuestos sobre una población dispuesta a pagarlos y el reconocimiento internacional. A una hipotética Cataluña separada de España de manera no negociada no le esperaba ninguna de las tres cosas, al menos no con menos del 50% de sus ciudadanos dispuestos a ello y ningún tipo de represión violenta desde Madrid.

Era una vez aceptadas estas tres premisas cuando se llegaba al auténtico punto muerto, al callejón sin salida que provoca el agotamiento. ¿Cuál sería la forma de esa negociación? ¿Cómo se iniciaría, quién daría el primer paso, en qué términos? Era entonces cuando nos embrollábamos en elucubraciones destinadas a reconciliar posturas aparentemente irreconciliables

La Cataluña que está entre el mitin del Passeig del Born y los gritos sobre la Estació de Sants se encuentra también en el siguiente gráfico. La imagen encierra a España de la misma manera. En él se representa la distribución de preferencias en torno al modelo de Estado que quieren los catalanes para España, y el que quieren el resto de españoles para su país, incluyendo en él al país de los otros. La diferencia entre ambos colectivos no es opuesta, pero sí desalentadora.

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Que nadie dude de que de aquí al 20 de diciembre todos los partidos van a aprovecharse de estas diferencias para jugar en corto. Pero lo que importa es que la mesa de negociación, ahora vacía, les espera al final del camino. Paciente.

Una mesa de negociación es un instrumento curioso. Nos hace entender que las preferencias de los individuos no son tan sencillas como parecían un segundo antes de sentarse en ellas. Tomemos un ejemplo sencillo. Un matrimonio. Ella le dice a él que se quiere divorciar, que no está dispuesta a aceptar el actual reparto de trabajo doméstico, según el cual él solo friega los platos una vez por semana y ella se encarga de limpieza, niños, cuentas y compras. Él, lógicamente, tiene una preferencia muy fuerte por mantener su tiempo libre de todas esas tareas. Sin embargo, probablemente también albergue un interés bastante importante por mantener su matrimonio. Ante la expresión por parte de ella de que el coste de las horas adicionales de trabajo supera al coste de romper la relación, tal vez él decida que no sería tan mala idea dedicar más horas a las labores del hogar. Las preferencias no han cambiado exactamente, pero el resultado es distinto gracias a que se ha abierto un proceso de negociación explícito. Gracias a la mesa.

El callejón sin salida del que nos afanábamos en salir en las conversaciones mis interlocutores y yo era precisamente qué pasaría si tal proceso se abriese. Nos preguntábamos, para empezar, si el independentismo era irreversible. Acabamos de vivir la campaña más intensa de la historia reciente de Cataluña. Es normal que, desde fuera, los independentistas parezcan un bloque cerrado, cohesionado. Los intentos que la oposición ha hecho de subrayar las diferencias, casi las contradicciones, ideológicas entre sus integrantes no han surtido demasiado efecto. Debate tras debate, tertulia tras tertulia, el “cómo os vais a poner de acuerdo con X” se estrellaba contra un muro inquebrantable construido con unos ladrillos bien simples: “lo primero es establecer el marco para poder discutir entre nosotros”. Pero todas las campañas tocan a su fin. Y la verdad es que el campo secesionista no es tan homogéneo como pudiese parecer.

Catalanes por convencer

Alguien en el Centre d’Estudis d’Opinió (el CIS catalán) tuvo la fantástica idea de ofrecer tres y no dos opciones ante la pregunta que hacen en sus barómetros periódicos: si usted se considera independentista. En lugar de reducir las alternativas a sí o no, obligan a quien responde a especificar si se trata de un independentista “de toda la vida” o sólo “desde los últimos tiempos”. Gracias a esta distinción podemos apreciar que entre estos últimos los motivos de tipo, digamos, instrumental, son mucho más habituales. Es decir: cuando son interpelados sobre sus razones para la secesión, la cuestión identitaria es citada con mucha menos frecuencia entre los recién incorporados a la causa, que suelen preferir argumentos de conveniencia o de proyecto de futuro. Eso significa que pueden ser convencidos si llega una oferta lo suficientemente interesante y creíble, que les lleve a pensar que tal vez es más conveniente para Cataluña, más provechoso, permanecer dentro de España.

La primera cuestión es quién representa a estos independentistas que podrían ser socios de un pacto. Cuando Oriol Amat, número siete en la lista de Junts pel Si en Barcelona, aceptaba la otra noche en una radio alemana que estaban no solo dispuestos sino incluso interesados en volver a poner sobre la mesa el Estatut de 2006, en realidad se estaba señalando a sí mismo como interlocutor. Probablemente de manera no intencionada, y desde luego no con el acuerdo del resto de su partido. Pero así era. Cuando Mas acaba cualquier intervención memorable con una coletilla que llama a la “concordia” y al “entendimiento” con el resto de España durante el proceso, como hizo incluso en su discurso de victoria la noche electoral, está abriendo una rendijita por donde pueda colarse algo de luz. El fantasma de la negociación planea sobre (al menos una parte de) Junts pel Sí. Pero para que pase a ser una realidad es necesario que haya algo sobre la mesa.

Ésta es la segunda cuestión: quién y cómo tiene la capacidad para hacer una oferta sólida, interesante y creíble de autogobierno desde Madrid hacia Cataluña. Llegados a este punto, uno puede repasar (como hice yo en mis incontables discusiones) el abanico de posibles candidatos y ordenarlos de mayor a menor disposición para la negociación: Podemos, PSOE, Ciudadanos y el Partido Popular. Lo dramático es que el último de esta lista posee ahora mismo el Gobierno de la nación, y todo parece indicar que se mantendrá con más de un 25% del voto después del 20 de diciembre. Se trata por tanto de un partido que incluso aunque pierda el Ejecutivo desde 2016, es muy probable que lo vuelva a ganar en algún momento del futuro. Esto significa que cualquier oferta necesita el apoyo del PP para que sea creíble en la mesa de negociación. Si no, nada garantiza que se mantenga con la siguiente mayoría conservadora y centralista.

Llegará más temprano que tarde un momento en el cual el Partido Popular deberá elegir entre romper España… y romper España. Por un lado, si escoge subirse al barco de la reforma y de la negociación política, sus votantes con preferencias más fuertes y extremas sobre un modelo de Estado centralista lo verán como una traición, y pensarán que el PP acabará por romper España al ceder ante el nacionalismo periférico. Por otro, si elige mantener una postura inflexible ante el independentismo, estará poniendo al Estado en riesgo de ruptura ante los ojos de los más moderados, que entienden que no es posible mantener el matrimonio sin ceder un poco para evitar un divorcio en el largo plazo.

En el agotamiento

No son pocos los independentistas que cuentan con que el PP se mantendrá en la última casilla. De hecho, una parte muy importante del cierre de filas en torno a la idea de secesión hoy se corresponde con la desconfianza, si no directamente la desesperación, respecto a qué hará el PP de ahora en adelante. Un “pierda toda esperanza” flota en el ambiente. De hecho, estoy seguro de que la mayoría de independentistas que lean los párrafos anteriores (incluso de los instrumentales) lo harán arqueando una ceja, preguntándose por qué dedico tantas palabras a hablar de una posibilidad que no parece real ahora mismo en lugar de aquello a lo que se han dedicado los medios en las últimas tres semanas de una manera un tanto desconcertante: si Cataluña se queda en la UE o no, si la ciudadanía española se pierde o no, si los bancos se van o no ante una secesión unilateral. Este debate es en parte artificial, o lo es en el medio plazo, en tanto que no se cumplen los requisitos para que la Generalitat pueda llevar adelante una secesión unilateral: como enunciaba más arriba, una mayoría abrumadora que permita montar estructuras de estado reales y reconocimiento internacional. Pero es normal que el independentista arquee la ceja: al fin y al cabo, en el pasado reciente poco o nada le indica que debe tener esperanza alguna. Por qué ahora.

Este es el agotamiento que se ha instalado de manera implícita en el debate,  y que ha conseguido invadir también mi ánimo en las últimas horas. La mala noticia es que la dinámica actual no terminará pronto. Al menos hasta el 20 de diciembre el independentismo tiene todos los incentivos posibles para continuar forzando la legalidad y poniendo a prueba al Gobierno central. Éste, por su lado, no tiene por qué moverse ni un ápice de su posición cuando su objetivo es maximizar la cantidad de votos recibidos en las siguientes elecciones. Pero llega un momento en el que las opciones se reducen, el largo plazo nos alcanza y nos exige tomar decisiones. Y serán el independentista instrumental que arqueaba la ceja al leer este texto o el ambiguo defensor del statu quo que se sonreía pensando en la posibilidad de que la discusión con la Generalitat fuese más allá de la firme exigencia del cumplimiento de la ley, quienes impongan tal exigencia. Por una razón sencilla: los (altísimos) costes de la incertidumbre no van a ser asumidos eternamente. La mayoría de nosotros no trabajamos ni vivimos para mantenernos en una lucha permanente. No estamos dispuestos a esperar para siempre a que algo pase.

Después de salir de Sants pasé un momento por el Born, donde esperaba que aún resonase “la veu d’un poble”. Pero no fue así. Era la una de la madrugada. A primera vista, allá no quedaba apenas nada. Mientras paseaba con un amigo nos encontramos con agentes de seguridad, limpiadores del Ayuntamiento, taxistas, cámaras de televisión, policías locales que recogían con paciencia y pero sin pasión lo que el mitín había dejado a su paso. A esa hora, pensé, en la sala de blanco luminoso con moqueta moderna alguien estaría desmontando el escenario, recogiendo papeles y botellines de cerveza, pensando quizás en a qué hora le tocaba empezar el siguiente turno de trabajo, quizás en qué iba a ser de su pensión o del futuro de sus hijos, tal vez esperanzado, tal vez algo asustado. Todos, probablemente, dudosos ante lo que viene. En el vacío dejado por los extremos en éxtasis, allí emergía de nuevo: Cataluña entera. Trabajando. Esperando.

La derrota del vencedor deja en el aire a Cataluña

Junts pel Sí ha ganado aritméticamente las elecciones autonómicas, pero se trata de una victoria pírrica. Tanto el número de  escaños como el porcentaje de votos obtenidos (47%) son un freno para el proyecto separatista de Mas.

Junts pel Sí ha ganado aritméticamente las elecciones autonómicas, pero se trata de una victoria pírrica. Tanto el número de  escaños como el porcentaje de votos obtenidos (47%) son un freno para el proyecto separatista de Mas.

Las elecciones catalanas dejan una Cataluña partida por la mitad y un escenario de manifiesta ingobernabilidad. Partida, porque los afines a la inpedendencia recogen el 47% de los votos. Ingobernable, porque Artur Mas no puede plantear la secesión con el resultado obtenido ni puede presentar un programa de gobierno o aprobar unos presupuestos de la mano de la extrema izquierda y los radicales antisistema.

Si Artur Mas tuviera un ápice de responsabilidad debería presentar hoy mismo su dimisión. Ha sometido a Cataluña a una enorme tensión en los últimos cinco años, con la convocatoria de tres elecciones en ese tiempo, un simulacro de referéndum y sucesivas Diadas y cadenas humanas para agitar la calle. Con todo a favor -el control de los resortes del poder y la unidad de fuerzas por encima de ideologías en torno al sueño independentista- no ha logrado su objetivo.

La candidatura de Junts pel sí (Convergència, ERC y colectivos de izquierda) gana las elecciones, pero consigue 62 escaños, seis menos de los que dan la mayoría absoluta y nueve menos de los que CiU y ERC sumaron en las últimas autonómicas: 71.

Es cierto que con los 10 escaños de la CUP, los partidarios de la secesión alcanzan los 72, que son, aritméticamente, cuatro más de los necesarios para ganar una votación en el Parlament. Pero incluso con la CUP, este bloque obtuvo más escaños en 2010: 74.

La realidad es que si estos comicios hubieran sido un plebiscito, que es el espíritu con el que Artur Mas los convocó, los independentistas lo habrían perdido con menos del 48% de los votos. Es decir, ni tiene margen legal para intentarlo ni ha conseguido el respaldo moral que perseguía.

Aunque intente presentar ahora los resultados como una victoria, la verdad es que, en aras de su apuesta independentista, ha acabado entregando a la extrema izquierda un partido que durante décadas defendió los intereses de la burguesía tradicional catalana. El balance que puede presentar es desolador: Mas tenía 62 escaños en 2010; cinco años después tiene los mismos, pero para lograrlos ha debido de  movilizar desde Lluís Llach a Pep Guardiola, y esos escaños ya no son sólo suyos: los comparte con Romeva y Junqueras.

Mas puede caer en la tentación de decir que el “procés” continúa, pero para seguir hinchando ese globo necesita el aire de la CUP, un partido que quiere sacar a Cataluña de la UE y de la OTAN y que ya anuncia que “desobedecerá” cualquier ley qque no sea de su agrado.

Los grandes derrotados en estas elecciones, junto a Mas, son los populares y Catalunya sí que es pot, la coalición en la que participaba el partido de Pablo Iglesias junto a ICV. El PP pierde ocho escaños y se queda como quinta fuera política con 11 escaños. Los partidarios de Iglesias obtienen otros tantos, pero ICV por sí sola, sacó 13 en 2012.

El batacazo del PP debería llevar a Rajoy a renunciar a ser el candidato de su partido en las generales de finales de año. Ya acumula tres fracasos históricos en 2015: el de las andaluzas, el de las muncipales y autonómicas, y ahora el de las catalanas. ¿Irá a por el cuarto?

Enfrente, el gran ganador es Albert Rivera y Ciudadanos. Este partido triplica sus apoyos y se convierte en la segunda fuerza política en Cataluña, con 25 escaños. Se trata de un resultado histórico que supone un trampolín para Rivera de cara a las generales.

El éxito de Ciudadanos contribuye a hacer más evidente la derrota del ganador aritmético, Artur Mas, para quien, desde hoy mismo comienza su cuenta atrás. Ni ha obtenido la pretendida mayoría absoluta ni la mayoría de votos para su proyecto rupturista. Aunque la CUP se abstenga en segunda votación, sus 62 escaños son uno menos de los que podría aglutinar Arrimadas en torno a la idea de convocar nuevas elecciones que facilitaran la gobernabilidad.

Todo sigue en el aire en Cataluña.

Ganadores y perdedores del 27S

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Las elecciones al Parlament catalán del 27S han dejado ganadores, perdedores y un puñado de lecciones. A continuación describo en 10 puntos lo que ha dado de sí la noche electoral.

Radiografía del resultado: así votó Cataluña en su noche más decisiva

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Artur Mas convocó estas elecciones con la intención de impulsar el proceso soberanista. Pero menos de la mitad de los votantes ha respaldado a las dos listas que defendían abiertamente la independencia: Junts pel Sí y la CUP. Aquí una radiografía de la noche electoral: datos, análisis y contexto. 

Las elecciones al Parlament catalán del 27S han dejado ganadores, perdedores y un puñado de lecciones. A continuación describo en 10 puntos lo que ha dado de sí la noche electoral.

Los perdedores

Catalan President Artur Mas greets supporters of Junts Pel Si (Together For Yes) after polls closed in a regional parliamentary election in Barcelona, Spain, September 27, 2015. Separatists have won a clear majority of seats in Catalonia's parliament, an exit poll showed on Sunday, in an election that could set the region on a collision course with Spain's central government over independence.   REUTERS/Andrea Comas
REUTERS/Andrea Comas

1. Artur Mas.

El president Artur Mas convocó estas elecciones con una condición para sus compañeros de la lista Junts pel Sí: que él fuera el próximo presidente. Con los resultados hasta ahora, su futuro está en manos de la CUP. El número uno de la CUP, Antoni Baños, ha dicho una vez más esta noche que no apoyarán un Gobierno dirigido por Mas.

El proceso hipotético es el siguiente. Después de la primera ronda de votos, no habrá mayoría absoluta si Mas es el candidato de Junts pel Sí. En la segunda, la jefa de la oposición, Inés Arrimadas, de Ciudadanos, podría obtener los votos a favor de PSC y PP, espoleados por sus líderes nacionales en Madrid. Esos tres partidos suman 52.

Todas las miradas se posarían entonces sobre Catalunya Sí que es Pot, cuyo candidato es el independentista Lluís Rabell. En esa coalición está también Podemos, de Pablo Iglesias, que en diciembre se la juega en las generales.

Si Inés Arrimadas propone una legislatura corta con la promesa de elecciones, con una auditoría y nueva política, ¿se apartará de ella Podemos para hacer president a Mas? En Cataluña, mientras, el flirteo con Iniciativa y su apoyo al derecho a decidir ya ha empezado. Si se abstuvieran con la CUP, darían la presidencia a Mas. Pero un Gobierno con Mas haría más difícil el camino de unión con la CUP. Todo forma parte del mismo rompecabezas.

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El modo más sencillo de facilitar el camino para el bloque independentista es buscar una alternativa a Mas que sea aceptable para la CUP. No es difícil: Raül Romeva podría ser. Pero la pregunta es cómo se lo tomaría Mas.

2. Catalunya Sí que es Pot.

El papel que les queda a Lluís Rabell, a Iniciativa y a Podemos se ha reducido a decidir quizá entre dos rivales para la presidencia. En junio la confluencia de izquierdas rivalizaba en las encuestas con 30 escaños con una CiU en caída libre. Al principio de la campaña luchaban con Ciudadanos por ser la segunda fuerza en el Parlament. Han quedado cuartos con 11 escaños, más cerca del quinto y sexto partido que del tercero.

Rabell ha culpado a la polarización y ha dicho que no ha habido debate social. Podemos pretendía usar las elecciones como plataforma para las generales y no ha funcionado. Sin querer hay una triunfadora de rebote: Ada Colau. La izquierda no creía en los personalismos hasta que se dio cuenta de su importancia.

3. PSOE y PP.

Los dos grandes partidos que aspiran a gobernar España en diciembre están lejos de gobernar Cataluña. El PSOE tiene la pregunta difícil: Cataluña ha sido un baluarte en las grandes victorias socialistas. El papel digno pero insuficiente de Miquel Iceta no despeja las dudas de qué ocurrirá en diciembre.

El PP gobierna en España y ha recibido un castigo más en Cataluña. Xavier García Albiol ha logrado parar el golpe y que el partido no quede el último pero por muy poco. No deja de ser significativo que el partido que gobierna España sea residual en Cataluña.

4. Unió.

Han sacado 100.000 votos. No les llegan para entrar en el Parlament. ¿Dónde hubieran ido a parar esos votos?

Los ganadores

5. La participación.

Los catalanes han creído que estas elecciones eran más importantes y que había que votar. La participación ha crecido a pesar de ser puente en Barcelona. Es importante tener en cuenta que con una participación del el mismo número de votos daban menos escaños que otras veces con esta participación.

GRA483. BARCELONA, 27/09/2015.- La candidata a la presidencia de la Generalitat por Ciutadans, Inés Arrimadas (c) y el líder del partido, Albert Rivera (3i) durante la rueda de prensa ofrecida hoy para valorar los resultados de la formación en las elecciones catalanas. EFE/Marta Pérez
EFE/Marta Pérez

6. Ciudadanos.

En 2010 sacaron tres diputados. En 2012 sacaron nueve y en 2015, 25. La candidata, Inés Arrimadas, se estrenaba. Es natural que irrite este éxito a partidos tradicionales y a votantes independentistas, pero esos números son espectaculares. La sede de Ciudadanos era la única donde la fiesta que se vivía era real.

7. Los escaños claramente independentistas.

Los medios extranjeros decían en sus títulos que había una mayoría, aunque no aplastante, a favor de la independencia: Los partidos separatistas catalanes ganan una mayoría escasa en las elecciones regionales, titulaba el New York Times. La información iba al fondo de la portada y bien pequeña.El Guardian decía: “Los separatistas catalanes ganan las elecciones y dicen que es un sí para la ruptura”. No son los titulares obvios que harían pensar en el mundo en un mandato en favor de la independencia inmediata. Pero hay 72 diputados que representan a votantes que quieren explícitamente la independencia. Es menos de lo que debía ser al principio. Pero nunca se había visto algo así.

8. La CUP.

La CUP se ha presentado a dos elecciones autonómicas. En la primera sacó 3; en la segunda, 10. Ha triplicado sus escaños. Como en el caso de Ciudadanos, es un exitazo. Era la otra sede que estaba de fiesta. Quizá había menos alegría porque su papel en la próxima legislatura será incómodo y sus socios de gobierno no lo pondrán fácil.

El futuro

9. La lectura plebiscitaria.

Durante la campaña los votos del y del no estaban claros. Para el bloque independentista, durante la noche electoral surgió de repente un partido que no está en ninguno de los dos bloques: Catalunya Sí Que Es Pot. Ese cambio de actitud para que los resultados se vean mejor es una trampa.

Para el bloque constitucionalista, estas elecciones eran sólo autonómicas. Ahora que las listas independentistas no llegan al 50%, hay que contar también los votos, como se hace en los referéndums. Eso también es una trampa.

Nadie queda contento porque unos han ganado bien pero no cumple del todo sus expectativas. Y los que han perdido, aunque hayan subido, han perdido. Como advirtió Oriol Amat, número 7 de Junts pel Sí en una entrevista con una radio alemana, después de las elecciones generales del 20 de diciembre, los gobiernos catalán y español pueden tener motivos renovados para hablar y un Estatut negociado puede estar en la mesa.

La mayoría a favor del referéndum sí que sigue ahí. He paseado por una docena de colegios electorales. He mirado durante rato el pequeño milagro que es que una persona escoja una papeleta u otra. En un referéndum de sí o no, con sólo dos papeles, ¿las cifras que tenemos para los partidos servirían igual? No estoy seguro.

10. La lectura del próximo gobierno.

El trabajo a favor de la independencia será la labor principal del próximo gobierno si lo preside un miembro de Junts pel Sí. Pero deberá hacer más cosas. El encaje entre los dos grandes partidos no será fácil, empezando por el president.

La resaca electoral, en directo

Consulta todos los resultados en nuestra aplicación

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La lista conjunta de Junts pel Sí gana las elecciones con 62 escaños, pero se queda a seis de la mayoría absoluta: el independentismo gana en escaños pero no en votos. Ciudadanos pasa de tener nueve representantes en el Parlamento de Cataluña a 25, mientras sus principales adversarios políticos descienden en escaños: El PSC pierde cuatro y el PP ocho. Cataluña sí que es Pot se estrena con 11 diputados.

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    La lista conjunta de Junts pel Sí gana las elecciones con 62 escaños, pero se queda a seis de la mayoría absoluta: el independentismo gana en escaños pero no en votos. Ciudadanos pasa de tener nueve representantes en el Parlamento de Cataluña a 25, mientras sus principales adversarios políticos descienden en escaños: El PSC pierde cuatro y el PP ocho. Cataluña sí que es Pot se estrena con 11 diputados.


    Las cinco lecciones de la campaña

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    Acaba de terminar la campaña más importante para Cataluña desde 1980. Aquí van cinco lecciones de dos semanas de mítines, debates y momentazos.

    ¿Cómo votarán los catalanes? Una predicción del 27S a partir de las encuestas

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    El próximo domingo se celebran unas elecciones transcendentales en Cataluña y muchas preguntas permanecen abiertas: ¿logrará Junts pel Sí una mayoría absoluta? ¿Quién será la segunda fuerza? Aquí Kiko Llaneras aborda esas preguntas usando un modelo estadístico de predicción. 

    También en EL ESPAÑOL:

    El promedio de las encuestas. El primer paso para la predicción hecha en este artículo.

    Así son los catalanes que votarán el 27S: una radiografía en cinco gráficos. Una radiografía de los votantes del 27S según su edad, su origen, su nivel de estudios o su renta.

    Radiografía de los votantes españoles (I). Donde María Ramos y yo analizamos la edad, profesión, nivel de estudios y la clase social de los votantes del PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos.

    Radiografía de los votantes españoles (II). Una radiografía similar a la anterior pero que responde otra pregunta: ¿cómo es la ideología de los votantes de cada partido?

    Acaba de terminar la campaña más importante para Cataluña desde 1980. Aquí van cinco lecciones de dos semanas de mítines, debates y momentazos.

    1. Los ‘shows’ cuentan.

    El icono de la campaña será Miquel Iceta. Empezó bailando y acabó bailando. Son detalles a veces inocuos pero que han dado un foco a Iceta que, por ejemplo, Ramon Espadaler de Unió no ha logrado. Otros partidos criticaron su banalidad, pero vieron rápido que sonaban gruñones. ¿Hubo un asesor que pidió a Iceta que bailara? Probablemente no. La naturalidad fue su victoria: Iceta baila y cuando baila lo da todo. El mitin de final de campaña del PSC tenía el eslogan de “Ven a bailar con Iceta” y el hashtag #Icetalopeta.

    Hubo también lenguaje de indios: “Grandes jefes venir reserva catalana para decir a indígenas lo que conviene votar”, dijo Artur Mas. Se refería a los líderes de PP, PSOE y Podemos y pedía para ellos “un corte de mangas”. Pablo Iglesias le respondió con una parrafada en indio. Sus mejores metáforas fueron “coleta morada”, “gran jefe plasma” y “pájaro naranja”. Las bromas llegaron a twitter.

    Puede ser que algún mote quede. Pablo Iglesias no se conformó con este lenguaje. También se lanzó a versionar a Krahe. El baile de Iceta tuvo más éxito.

    El tercer show fue el más serio. En la fiesta de la Mercè en el Ayuntamiento de Barcelona hubo una pelea de banderas. Aquí se cuenta bien qué pasó. Todos acabaron por pedir disculpas. Hay shows tan ridículos que pueden ser arriesgados. Pero la lección no es ésa sino esta otra: los votos se ganan de maneras muy distintas.

    GRA487. BARCELONA, 23/09/2015.-El candidato a la presidencia de la Generalitat por la CUP, Antonio Baños, interviene en el acto político que se celebra esta noche en Cornellà de Llobregat (Barcelona), de cara a las elecciones del 27S. EFFE/Toni Albir
    EFE/Toni Albir

    2. Algunos líderes mueven (aún) pasiones.

    Miquel Iceta destacó por su baile. Luego en los debates fue serio, pero era uno más. Si hubo alguien que destacó en la dialéctica fue Antoni Baños, de la CUP. Baños tiene ese aspecto de yo pasaba por ahí. Como si estar en la tele rodeado de famosos no fuera con él. Excepto los equilibrios sobre la investidura, ha hablado con poco control. Baños bromea con los periodistas (recuerda que lo fue) y coleguea con todos. Es difícil que Baños caiga fatal y que (más allá de ideologías) no se piense que es el tipo más normal. Si la CUP mejora aún más sus perspectivas, su candidato habrá tenido un peso.

    Los otros líderes fueron resultones pero ninguno logró destacar con consistencia.

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    3. Los líderes no autonómicos también mueven votos.

    Ciudadanos y Catalunya Sí que es Pot han jugado con dos equipos. Los titulares (Inés Arrimadas y Lluís Rabell) han tenido unos sustitutos que han jugado casi más: Albert Rivera y Pablo Iglesias. El objetivo obvio de ambos es que sus votantes identifiquen a sus partidos con ellos.

    Todos los candidatos de estas elecciones eran nuevos. Pero la marca previa de Ciudadanos y Podemos luce de momento más que la otras siglas tradicionales. El mejor modo de recordarlo a los votantes es que sus lideres estuvieran en todas partes. Eso explica su ubicuidad.

    4. Las preguntas importantes siguen sin respuesta.

    La lista que logrará más votos (Junts pel Sí) dio a estas elecciones un tono épico: “El voto de tu vida”. Veníamos de lemas como “ahora o nunca” o “ha llegado la hora”. Si Cataluña puede independizarse el día 28 de septiembre de repente, los ciudadanos que dudan debían tener más respuestas: ¿seguirían siendo españoles y europeos? ¿El euro sería aún la moneda y los bancos no tendrían problemas? ¿Las pensiones estarían garantizadas? ¿La liga sería solo catalana? Las preguntas no son aún sobre la calidad del “país nuevo” sino sobre la viabilidad de una transición.

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    El problema catalán en 21 fichas 

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    Las preguntas, al menos, han empezado a debatirse. Las disputas han sido cada vez más concretas y serias y culminaron en el debate entre Oriol Junqueras y el ministro García Margallo. Pero sigue sin saberse nada con certeza total. Unos insisten en que es obvio que irá bien porque no puede ir de otro modo y que sería absurdo poner trabas en el siglo XXI. Otros insisten que todo irá mal porque a quién se le ocurre levantar fronteras en el siglo XXI. Pero no hay nada pactado. La comunidad internacional no asumirá un cambio inmediato, definitivo pero con alfileres el 28 de septiembre.

    A pesar de la épica y con una metáfora que usó Maiol Roger, de El País, en una charla en la radio, ahora “estamos en cuartos de final”. Quien gane pasará a semifinales. Las preguntas aún abiertas necesitan respuestas. Las respuestas necesitan que los votantes las reflexionen. La campaña electoral de las generales no será un momento de pausa para hablar, pero quizá luego sí. Sólo quizá. El año 2015 prometía sacudidas. Pronto todos tendremos ganas de que termine.

    GRA444. OLOT (GIRONA), 14/09/2015.- El presidente de la Generalitat, Artur Mas, asiste a un acto de campaña de Junts pel Sí en Olot. EFE/Robin Townsend
    Robin Townsend / EFE

    5. El ‘president’ más probable no ha bajado del bus.

    Estas elecciones tenían un tema principal y no era la gestión del último Gobierno. Se ha comentado mucho la jugada maestra de Mas para seguir si las encuestas aciertan como president sin tener que hablar mucho de recortes, corrupción o deuda. La lista de Junts pel Sí se mueve con otros códigos, llenos de deseos y emoción, pero lejos de políticas públicas específicas. No les que tocaba ahora, ha sido el argumento.

    En junio el partido de Mas caía en las encuestas. La gestación de esta lista fue difícil. Hubo unos días en julio en los que la “lista sin políticos” ganó peso y Mas dudó si dejar que hicieran la lista sin él, como cuenta este magnífico reportaje de Crític. Al final se impuso y es probable que le salga bien su jugada: seguir de presidente. Si sólo le hubiera interesado la presidencia, la lista de la sociedad civil tenía mejores perspectivas electorales.

    Si optó por este camino es porque no quería sacrificarse aún. Como dijo en una entrevista a Mónica Terribas, “después de todo lo que he hecho puedo pedir una reflexión” y tengo “el pequeño derecho de hacer propuestas”. Su propuesta fue usar a ERC, la Assemblea Nacional de Catalunya y Òmnium. Si no aceptaban, no había elecciones el 27 de septiembre.

    También en EL ESPAÑOL:

    Lee la serie ‘Espejos de Cataluña’:

    El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu / El retratista de la Rambla / El exportador de cava

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    ¿Cómo votarán los catalanes? Una predicción del 27S a partir de las encuestas

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    El próximo domingo se celebran unas elecciones transcendentales en Cataluña y muchas preguntas permanecen abiertas: ¿logrará Junts pel Sí una mayoría absoluta? ¿Quién será la segunda fuerza? A continuación abordo esas preguntas usando un modelo estadístico de predicción. 

    También en EL ESPAÑOL:

    El promedio de las encuestas. El primer paso para la predicción hecha en este artículo.

    Así son los catalanes que votarán el 27S: una radiografía en cinco gráficos. Una radiografía de los votantes del 27S según su edad, su origen, su nivel de estudios o su renta.

    Radiografía de los votantes españoles (I). Donde María Ramos y yo analizamos la edad, profesión, nivel de estudios y la clase social de los votantes del PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos.

    Radiografía de los votantes españoles (II). Una radiografía similar a la anterior pero que responde otra pregunta: ¿cómo es la ideología de los votantes de cada partido?

    El próximo domingo se celebran unas elecciones transcendentales en Cataluña y muchas preguntas permanecen abiertas: ¿logrará Junts pel Sí una mayoría absoluta? ¿Quién será la segunda fuerza? ¿Qué porcentaje de votos lograrán los independentistas?

    A continuación abordo esas preguntas usando un modelo estadístico de predicción. Básicamente utilizo los datos de las encuestas para estimar cúantos diputados logrará cada partido y con qué probabilidad.

    Un vistazo al modelo de predicción

    Mi modelo basa sus predicciones en una veintena de sondeos electorales que se han publicado en las últimas semanas.

    El modelo trabaja en cuatro pasos. El primer paso es calcular los votos de cada partido según una media de sondeos. Así, en lugar de fiarnos de una única encuesta, busco el consenso entre todas. Después aproximo el porcentaje de voto de cada partido en cada provincia, usando la distribución que observaron el CIS y otras encuestas. El tercer paso consiste en incorporar incertidumbre al modelo para que sea cauto cuando calcula probabilidades. ¿Pero cúal es la imprecisión típica de las encuestas? Para averiguarlo he estudiado siete elecciones distintas de los últimos años.

    El cuarto y último paso consiste en ejecutar el modelo y hacer 15.000 simulaciones de las elecciones del domingo. En cada simulación genero los votos de cada partido y provincia a partir del azar, la media de encuestas y la incertidumbre esperada. A partir de esos votos, y aplicando la ley D’Hondt, asigno los escaños de Barcelona, Tarragona, Girona y Lleida.

    A continuación tenéis los resultados de ese proceso.

    La predicción de escaños tras 15.000 simulaciones

    El primer gráfico muestra los escaños que logrará cada partido y con qué probabilidad.

    seats (Cada gráfico es un histograma. El eje x representa el número de diputados del partido y la altura de las barras indica la probabilidad de que un partido logre ese número de escaños.)

    Según el modelo, el resultado más probable es que Junts pel Sí (JxSí), la coalición formada por CDC y ERC, logre 63 escaños. Pero no sería raro que el partido se quedase en 59 diputados o se fuese hasta 67 (ése es el intervalo donde estarán sus resultados con un 50% de probabilidad).

    El segundo partido será Ciutadans con 20 diputados y detrás vendrían Catalunya Sí que es Pot (CSP) (15), PSC (14), PP (12) y la CUP (9).

    Sin embargo, podéis observar que distintos resultados son altamente probables. Ciutadans podría caer hasta los 17 escaños o irse hasta los 23. CSP tiene un 25% de probabilidades de lograr más de 18 diputados y si fuese segundo no sería una enorme sorpresa. El PSC tiene su horquilla probable en un amplísimo 11-17, el PP en 11-15 y la CUP en 6-10.

    Destaca, además, el caso de Unió porque es dificilísimo de predecir. Según el modelo, el partido de Durán i Lleida tiene un 55% de probabilidades de quedarse fuera del parlamento. Casi como echar una moneda al aire. Si logra entrar, lo más probable es que se lleve 3 o 4 diputados (22% probabilidad), pero podría lograr 6 o más con un 12% de probabilidad, que es pequeña pero no nula.

    (Nota. Estos datos de escaños se calculan a partir de los datos de votos. Si queréis ver la incertidumbre de los porcentajes de voto, los tenéis representados aquí.)

    JxSí y la CUP: ¿mayoría de escaños o de votos?

    Las encuestas sugieren que Junts pel Sí no logrará los 68 diputados que dan la mayoría absoluta aunque se quedará cerca. ¿Pero qué probabilidad tiene exáctamente? ¿Y si formase una alianza con la CUP? Una ventaja de tener un modelo de simulación es que podemos calcular estas probabilidades. En el siguiente gráfico tenéis la distribución de escaños de JxSí y su suma con la CUP.

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    La probabilidad de que Junts pel Sí logre 68 escaños o más es del 21%. Lo más probable es que no lo logre, pero si lo consigue no sería una tremenda sorpresa. Más probable es que la suma de JxSí y la CUP alcance la mayoría: según el modelo, eso ocurre en el 72% de las simulaciones.

    También podemos usar el modelo para responder otra de las preguntas que se discuten estos días: el porcentaje de votos que sumarán los partidos independentistas. Como podéis ver en el siguiente gráfico, la probabilidad de que JxSí y la CUP logren la mayoría de votos es del 21%.

    mayoría votos

    Los diputados en cada provincia

    Aunque he presentado primero los resultados de toda Cataluña, en realidad el modelo simula cada una de las cuatro provincias por separado. Muestro esos resultados a continuación. El primer gráfico representa los 85 escaños que se reparten en la provincia de Barcelona.

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    Barcelona es con diferencia la provincia más poblada en Cataluña (el 75% del censo vive allí) y también la que más diputados tiene asignados (85, un 63% del total). Allí los partidos logran diputados de forma casi proporcional a sus votos y por eso las distribuciones son suaves.

    Podéis observar que es en Barcelona donde Unió tiene más opciones de lograr sus diputados. Conseguirá dos o más diputados por Barcelona en el 45% de las veces.

    Veamos ahora los 18 diputados de Tarragona:

    tarragona

    En Tarragona hay menos escaños y por tanto menos dudas. JxSí obtendrá 8 o 9 diputados con un 70% de probabilidad. Ciutadans obtendrá problemente 3 (aunque podrían ser uno más o uno menos), CSP uno o dos escaños, los mismos que el PSC. El PP obtendrá probablemente dos y la CUP uno. Unió tiene un 80% de probabilidades de quedarse sin diputado por Tarragona.

    A continuación los escaños en Girona.

    girona

    En Girona se reparten 17 escaños, de los cuales 11 irían para JxSí (que podrían ser 10-12). Ciutadans obtendrá uno o dos. CSP probablemente uno, aunque podría quedarse sin ninguno (21%) o lograr dos (18%). El PSC y el PP lograrán probablemente uno cada uno y quizás dos. La CUP seguramente uno (60%), aunque podría quedarse sin él (30%).

    Por ultimo, la provincia menos poblada es Lleida, aunque está sobrerepresentada y reparte 15 diputados. Allí las dudas más grandes son si Ciutadans logrará uno o dos diputados y si CSP se quedará fuera o logrará un diputado. En función de ambas cosas, JxSí logrará 9, 10 u 11 diputados. Por su parte, PSC, PP y la CUP parece que obtendrán uno cada uno.

    lleida

    Conclusión

    Para acabar me gustaría reconocer una derrota: es imposible predecir las elecciones con total precisión. Podemos usar encuestas para asignar probabilidades a ciertos sucesos (que un partido logra cierto número de escaños o que sea el más votado) pero no hacer predicciones exactas porque por lo general múltiples resultados son posibles. La incertidumbre tiene tres fuentes principales: los indecisos, los que no responden y quienes cambian su voto durante la última semana.

    El problema es similar al de las predicciones meteorológicas: el lunes podemos estimar la probabilidad de que llueva el sábado e incluso acertar, pero no sabremos con certeza si va a llover. Por eso los modelos como el mío hacen predicciones probabilísticas. (Eso significa, por cierto, que este domingo no sabremos si mi modelo funciona o fracasa porque para saberlo tendría que ponerlo a prueba varias veces.)

    Y sin embargo las encuestas son el mejor instrumento disponible para entender la realidad electoral. Ocurre que a veces tenemos unas expectativas irreales sobre su precisión y olvidamos que las encuestas intentan algo complejísimo: anticipar cómo votarán millones de personas cuando ni siquiera esas personas lo saben con seguridad.

    Metodología.

    El modelo de predicción consiste en una secuencia de cuatro paso.

    1. Obtener un promedio de sondeos. Al agregar muchas encuestas conseguimos dos cosas: eliminamos el error de muestreo y en lugar de confiar en la cocina de un encuestador hacemos entre todas una cocina de consenso. La media de encuestas la calculo ponderada por fecha y tamaño de muestra. Podéis leer los detalles de este paso aquí. Las encuestas que he usado provienen de trece encuestadoras: Sigma Dos, GAPS, GESOP, NC Report, Invymark, IBES, Feedback, CIS, Metroscopia, DYM, GAD3, My Word, Celeste Tel.

    2. Aproximar el porcentaje de votos en cada provincia. Para eso he usado la distribución de votos por provincias según CIS y las encuestas de NC-Report y Sigma Dos.

    3. Incorporar incertidumbre al modelo. Este paso es fundamental para calcular probabilidades. Consiste, en esencia, en averiguar cuál es la imprecisión típica o esperable de un promedio de encuestas. Para calcular eso he analizado siete elecciones de los últimos años, calculando un promedio de sus encuestas y observando los errores que esos promedios cometieron. La incertidumbre la incorporo como un error de distribución normal con una desviación típica que varía entre 1,5 y 4 en función del porcentaje de votos del partido (los errores son generalmente mayores para partidos con más votos). Una parte de la incertidumbre la asumo propia de la provincia y otra parte (la mayor) común a las cuatro.

    4. Simular. El último paso consiste en ejecutar el modelo y hacer 15.000 simulaciones de las elecciones. En cada simulación genero los votos de cada partido y provincia a partir del azar, la media de encuestas y la incertidumbre que he asumido. A partir de esos votos, y aplicando la ley D’Hondt y la barrera mínima del 3% de votos, asigno los escaños de Barcelona, Tarragona, Girona y Lleida.


    También en EL ESPAÑOL:

    Así es el CAC, el regulador de medios en manos del nacionalismo catalán

    cac

    Las actuaciones del Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) siempre han sido polémicas. Ciudadanos y el PP piden su supresión. Los seis altos cargos que lo dirigen están afiliados a cuatro partidos, cobran unos 100.000 euros al año y gestionan un presupuesto anual de cinco millones de euros. 

    Las actuaciones del Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) siempre han sido polémicas. Ciudadanos y el PP piden su supresión. Los seis altos cargos que lo dirigen están afiliados a cuatro partidos, cobran unos 100.000 euros al año y gestionan un presupuesto anual de cinco millones de euros. 

    En septiembre de 2006 una plataforma de apoyo a las selecciones deportivas catalanas publicó un anuncio en el que aparecían niños que se enfrentaban por unas camisetas: el protagonista vestía una con los colores de la senyera y se despojaba de ella con rabia para expresar su malestar hacia otro ataviado con la camiseta roja de la selección española. Entonces aparecía el eslogan: “Una nació, una selecció”.

    El PP y Ciudadanos se quejaron del anuncio ante el Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC), organismo creado en 2000 que legalmente es “la autoridad independiente de regulación de la comunicación audiovisual de Cataluña”. Sus miembros avalaron el anuncio con este argumento: tenía preferencia el “ejercicio del derecho fundamental a la libertad de expresión frente a la adopción de cualquier medida de carácter restrictivo o sancionador en ese ámbito”.

    El consejero colocado por el PP fue el único que votó en contra de la decisión. Dos años después, a finales de 2008, el juzgado de lo contencioso administrativo número 9 de Barcelona declaró este anuncio “publicidad ilícita y prohibida” este anuncio al estimar las quejas de PP y C’s.

    La cadena humana

    Siete años después, se produjo un episodio con un resultado y unos protagonistas muy similares. Al día siguiente de la Diada de 2013, el programa Info K, un informativo infantil de TV3, emitió una pieza en la que entrevistaba a niños que habían participado en la Vía Catalana: la cadena humana de 400 kilómetros en la que participaron miles de personas. Casi todos menores manifiestan su apoyo a la independencia de Cataluña. “Al final España se rendirá”, afirmaba uno de ellos.

    El CAC se reunió entonces de forma extraordinaria y concluyó que en la televisión pública no se había vulnerado la protección a los menores. En el pleno del CAC, compuesto por seis altos cargos, hubo un empate a tres votos. Decidió el voto de calidad del presidente del organismo, Roger Loppacher, hombre afín a CiU que llegó a este cargo en 2012 gracias a la coalición nacionalista y que en el pasado ocupó diversos puestos en la administración.

    Son sólo dos de las polémicas más sonadas en torno al CAC, creado en el año 2000 con la misión de velar por que se cumpla la normativa aplicable en el sector audiovisual. Sus “principios de actuación” son “la defensa de la libertad de expresión y de información, del pluralismo, de la neutralidad y la honestidad informativas, así como de la libre concurrencia del sector”.

    Ciudadanos es el único partido que siempre ha pedido la supresión del CAC. El PP, que ahora también se ha sumado a esa petición, abogaba por su existencia en un principìo aunque pedía mejoras significativas en el mismo. Las formaciones nacionalistas defienden su permanencia. Desde el PSC han criticado algunas de sus actuaciones pero no quieren cerrarlo. Los seis miembros del CAC han sido elegidos mediante distintos pactos entre CiU, ERC, PP y PSC.

    Los otros consejos

    Apenas existen consejos audiovisuales de este tipo en España. ¿Por qué es necesario el CAC si ya existen los tribunales de justicia para juzgar las conductas de los medios?

    Según fuentes oficiales de la institución catalana, este tipo de instituciones complementan la labor de los jueces, son necesarias para regular el sector audiovisual y, de hecho, en otros países europeos ya existen organismos similares. “Desde 2013 España cuenta con un macroregulador, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), que tiene entre sus competencias la supervisión de los contenidos audiovisuales -arguyen fuentes oficiales-. Con la ley de creación de la CNMC se acabó la anomalía insólita que suponía el hecho de que España fuera el único país de la Unión Europea sin un regulador audiovisual”.

    A nivel autonómico sólo hay consejos audiovisuales en Andalucía y en Cataluña. “Los tribunales de justicia, en España y en el resto de Europa, no tienen la misión proactiva de supervisar los contenidos audiovisuales y mucho menos la competencia de adjudicar licencias de radio y televisión”, agregan desde el organismo. Aseguran que el CAC supervisa contenidos y adjudica licencias y que sus decisiones pueden ser recurridas ante los tribunales.

    GRAFICOCACMEJORADO

    Diferente opinión tiene Carlos Carrizosa, diputado autonómico de Ciudadanos, que cree que los jueces bastan para controlar los medios audiovisuales  y recuerda que su partido suprimiría el CAC si ganara las elecciones del 27 de septiembre. Recuerda que este consejo está formado por “gente con carné de partido y con vínculos directos con la política” y que dichos consejeros “cobran sustanciosas retribuciones” que a su juicio no merecen. Al diputado Carrizosa el CAC le parece “sectario” y dice que en sus dictámenes se suele equivocar.

    Durante esta legislatura, Carrizosa formaba parte de la comisión parlamentaria donde suele comparecer el presidente del CAC. El diario de sesiones demuestra que ningún partido ha censurado tanto como Ciudadanos -en cada sesión- la labor de los consejeros de la institución. También que el PP y el PSC han planteado críticas a sus miembros mientras los partidos nacionalistas los han defendido.

    “Siguen órdenes”

    En esa misma comisión parlamentaria ha intervenido en numerosas ocasiones Santi Rodríguez, del PP catalán.”Militar o haber militado en un partido no puede suponer una incapacidad para ejercer una función independiente como ser consejero de un organismo supervisor”, dice Rodríguez. “Pero la legitimidad o la credibilidad del órgano se pierde en cuanto algunos consejeros siguen órdenes de partido para ejercer su función, que es lo que está ocurriendo en los últimos años”.

    El diputado popular recuerda que existen instituciones similares en otros países europeos pero aporta dos argumentos en contra del CAC: que no hay recursos para mantenerlo y que ha perdido su credibilidad por actuar al dictado del Gobierno.

    “En condiciones normales abogaríamos por intentar mejorarlo y optimizar los recursos pero en las actuales condiciones creemos que lo mejor sería su supresión”. Por ejemplo, explica Rodríguez, “en 2012 llegamos a un acuerdo con CiU fue para la reducción del número de consejeros de 10 a 6, algo que disgustó enormemente a ERC y a ICV porque eran los principales perjudicados por la reducción. La apuesta por la supresión actual es consecuencia de la falta de credibilidad que se ha ganado con sus actuaciones partidistas de los últimos años”.

    Frente a quienes piensan que el CAC es un instrumento político, los portavoces del organismo recuerdan e insisten en que “todos los países de la Unión Europea” disponen de reguladores audiovisuales. “Los seis miembros del CAC son elegidos por el Parlament, que es uno de los sistemas más legítimos para designar a los miembros”, explican. “Con el añadido que los mandatos son de seis años, con la intención obvia de que no coincidan con las legislaturas parlamentarias, que son de cuatro. Es un mecanismo más, que también aplican otros países, para incrementar el grado de independencia de los miembros del regulador”.

    Así son los consejeros

    ¿Quiénes son ahora los consejeros del Consejo?

    El citado Roger Loppacher, presidente del CAC, es un abogado que siempre se ha movido en la órbita de Convergència i Unió (CiU).  Durante los mandatos de Pujol y Mas, fue director general de Medios Audiovisuales, secretario general de los Interior y Gobernación, y vicepresidente del consejo de administración del Centro de Telecomunicaciones de la Generalitat. Antes de llegar al CAC ejerció como  vicepresidente de la CCMA, órgano de control de los medios públicos catalanes, entre 2008 y 2012.

    Loppacher llegó al Consejo Audiovisual en 2012 por una suerte de cambio de cromos entre CiU y el PP. Los populares apoyaron en el Parlament el nombre propuesto por CiU a cambio de que los convergentes respaldaran el nombramiento de Daniel Sirera, ex presidente del PP catalán.

    A este respecto, Santi Rodríguez matiza que “no existió ningún acuerdo con CiU para nombrar a consejeros del CAC: cuando hay que elegir miembros de estos organismos, los grupos parlamentarios proponen los candidatos de acuerdo con la representación que cada grupo ostenta en el Parlament. Así, con seis miembros en el Consejo: a CiU le correspondía proponer a tres miembros, dos al PSC y uno al PP”. Rodríguez rememora el citado pacto con CiU para reducir el número de consejeros en 2012.

    Sirera tampoco es un consejero independiente: fue diputado autonómico, senador y concejal del Ayuntamiento de Barcelona. En 2009 ya no presidía el PP catalán pero volvió a las primeras páginas cuando se publicó cómo escribía a una compañera de filas este mensaje: “Este partido es una mierda”.

    Los últimos en aterrizar en el CAC fueron Salvador Alsius, Eva Parera e Yvonne Griley. Llegaron en 2014 por un acuerdo entre CiU y ERC. Los tres simpatizan con las ideas nacionalistas y dos de ellos, Parera y Griley, son militantes de la coalición que lideraba Artur Mas.

    Salvador Alsius, vicepresidente, es el único periodista del CAC. Ha trabajado en TVE, TV3 y Catalunya Radio, ha obtenido varios premios periodísticos y ha impartido clases en la Universidad. ERC intentó colocarlo en la institución en 2012 pero se lo impidió el mencionado pacto entre CiU y PP. No hace demasiado tiempo, en septiembre de 2012, afirmó, en una entrevista al diario Ara, que “daría la noticia de la independencia con una gran sonrisa”.

    Eva Parera es una abogada que se especializó en asuntos deportivos y trabajó en varios despachos de Barcelona. En 2006 se afilió a Unió Democrática de Catalunya y en 2007 pasó a ocupar su primer cargo político en el Ayuntamiento de Corbera de Llobregat. En 2011 fue designada senadora y ocupó su escaño hasta que se incorporó al CAC en 2014.

    En esa fecha llegó al CAC también la filóloga Yvonne Grilley, que milita en Convergència desde 1992 y ocupó el puesto de directora general de Política Lingüística del Gobierno de la Generalitat entre 2011 y 2013.

    La más veterana de los seis consejeros del CAC es Carme Figueras (PSC), a la que eligieron como consejera en 2010. En su partido ha ejercido casi todos los cargos que se pueden ocupar en política: concejala en el Ayuntamiento de Molins de Rei, diputada por Barcelona (1993-1995), diputada en el Parlament  (1995-2010) y por penúltimo consejera de Bienestar y Familia de la Generalitat de Cataluña de mayo a noviembre de 2006.

    Los sueldos y el presupuesto

    Al CAC se le ha criticado a menudo por su presupuesto y por las retribuciones de sus altos cargos. Su presidente se embolsará este año 101.704,98 euros netos y cada uno de los otros cinco consejeros, 96.591,43 euros. Esos seis sueldos suman 584.662 euros. En el Consejo no creen que sean sueldos demasiado altos. Recuerdan que ser consejero del CAC requiere dedicación exclusiva y es incompatible con ejercer cualquier cargo político. “No pueden repetir mandato” y al cesar no reciben ningún finiquito.

    El presupuesto del CAC está por encima de los cinco millones de euros anuales. En concreto, 5.521.516 euros en 2015. Unos cuatro millones se usan para pagar la nómina de los 74 empleados: los seis consejeros, ocho cargos eventuales elegidos a dedo, 59 empleados que han aprobado una oposición y una funcionaria.

    “Una de las funciones que desarrolla el CAC es la elaboración de meticulosos informes sobre la pluralidad de los medios de comunicación y eso requiere un trabajo de detalle muy importante”, explica el diputado popular Santi Rodríguez, que cree que el objeto de esos documentos debería ser sólo el trabajo de los medios públicos catalanes. El CAC no sólo elabora esos informes. Supervisa la adjudicación de las frecuencias de radio, vela por que se cumplan las condiciones de adjudicación y resuelve conflictos sobre la protección de menores y sobre el cumplimiento de la normativa de publicidad.

    La penúltima polémica

    Una de las últimas polémicas del CAC derivó en un enfrentamiento con Televisión Española. Ocurrió en abril cuando sus consejeros aprobaron un acuerdo contra el reportaje Querella contra Mas emitido en el programa Informe Semanal el 22 de noviembre de 2014.

    La mayoría del CAC señaló que dicha emisión incumplió la misión de servicio público de TVE porque al documental le faltaban rigor y pluralidad. Destacó que la cadena pública había permitido que se vertieran opiniones que resultaban ofensivas hacia el nacionalismo e instó al regulador audiovisual español a actuar contra los responsables del programa. El regulador español archivó la queja tres meses después.

    El caso de Informe Semanal no es el más polémico que ha salpicado al CAC durante esta legislatura. De todas las actuaciones del Consejo, una destacó por su relevancia e impacto en otros medios. Ocurrió en noviembre de 2013. Los consejeros emitieron un acuerdo que incluía un listado de 43 expresiones proferidas en los medios que “fomentan el odio, el menosprecio y la discriminación por motivos de nacionalidad y opinión”.

    El comunicador más señalado era Federico Jiménez Losantos. Pero aparecían periodistas como Alfonso Merlos, Xavier Horcajo, José Antonio Sentís, Herman Tertsch y Melchor Miralles. En esa lista estaba también Inés Arrimadas, hoy candidata de Ciudadanos a la Generalitat. El CAC señalaba esta conversación entre la política y el periodista Xavier Horcajo en un programa de Intereconomía.

    Arrimadas: Y más grave aún. Si tú decides poner una tienda y decides rotularla en castellano te pueden multar porque en Cataluña, obligatoriamente, se tiene que rotular en catalán. Después, además, se puede rotular en castellano.

    Horjajo: Entonces, ¿esto no se llama apartheid?

    Arrimadas: Bueno, esto se llama persecución.

    Unos meses después, el CAC desestimó dos quejas de Ciudadanos sobre comentarios vertidos sobre ellos en dos emisoras de radio. Protestaban por cosas que se habían dicho en los programas La tribu (Catalunya Radio) y La segunda hora (RAC1).

    La denuncia decía por ejemplo que los humoristas Carles Xuriguera y Rafael Faixedas habían leído en la radio pública “algunos comentarios vertidos por el dictador Francisco Franco, tales como que ‘no era necesario votar’ o que ‘España era indivisible’ (…) y acabaron la cuña aseverando que ‘esto lo podía haber dicho cualquier diputado de Ciudadanos’”. El CAC amparó esos comentarios porque se enmarcaban dentro de la “sátira política”, incluida en el derecho a la libertad de expresión.

    Durante esta legislatura, el CAC sólo ha reprobado la actitud de los medios catalanes en una ocasión. Ocurrió con motivo de la emisión en mayo de un debate en el programa .Cat de TV3. Los miembros del Consejo dictaron que la cadena pública autonómica no había respetado su propio libro de estilo porque sólo incluyó a representantes nacionalistas en la discusión, que versaba sobre el proceso soberanista y las elecciones del 27-S.

    Es el ejemplo que usa el CAC para desmentir que sus decisiones sean parciales. Pero esos argumentos no convencen ni al PP ni a Ciudadanos, que están a favor de suprimir la institución.