Rajoy sale del plasma

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Mariano Rajoy se renueva y cambia de estrategia corporativa. El presidente del Gobierno ha aprovechado el parón veraniego para salir a la calle, dejarse fotografiar con todo aquel que se lo pidiera y subir la instantánea a Twitter. La estrategia, según los expertos, podría llegar tarde.

Rajoy se baña en el río Umia. Rajoy manda mensajes por Twitter. Rajoy con ropa deportiva. Rajoy se toma una caña. El presidente del Gobierno ha aprovechado el parón veraniego para aplicarse a sí mismo la nueva estrategia de comunicación que el Partido Popular impuso tras el desastre electoral del 24 de mayo: acercándose al pueblo se gana popularidad.

El presidente del Gobierno ha salido del plasma en agosto para pasear, saludar y dejarse fotografiar con todo hijo de vecino en la recta final de la legislatura. La estrategia, sin embargo, podría ser demasiado artificial y no tener el efecto esperado. El politólogo Pablo Simón cree que la ‘operación cosmética’ a la que Génova ha sometido al presidente llega ya demasiado tarde para conseguir elevar algún punto la popularidad del “presidente peor valorado de la Democracia”. En la misma línea se muestra el consultor de comunicación Emilio Serrano, que ve este cambio en la actitud del presidente un poco forzada. “Puede pecar de que sea demasiado tarde y no sea coherente con la imagen que ha transmitido hasta ahora, que le reste autenticidad al mensaje”.

El asesor político Antoni Gutiérrez-Rubí se muestra más optimista y da un voto de confianza al presidente: “Para cambiar a mejor nunca es tarde”, comenta. Por su parte, el profesor Guillermo López está seguro de que, aunque no sirva para mucho, “puede movilizar a algún votante del PP de toda la vida enfadado con la política mantenida hasta ahora”.

El salto de los partidos emergentes a la vida municipal y autonómica, una conquista conseguida en gran medida por el papel activo de sus protagonistas en los medios de comunicación, fue el detonante para que algunos barones del PP alertaran en Génova de que el Ejecutivo sufría graves problemas de comunicación que había que solventar ya si no querían perder las elecciones generales. Se quejaban amargamente de la estrategia de comunicación del inquilino de La Moncloa, aficionado a atender a la prensa a través de un plasma.

“Con las elecciones a la vuelta, es difícil de creer”

Mariano Rajoy ha entendido que si consigue ser un presidente más cercano y más activo en redes sociales, sin rendir cuentas sobre la corrupción que ha enfangado su partido, podría ganar puntos de popularidad en unos tiempos muy ingratos para ser político. Sin embargo, ¿tiene sentido esta estrategia de esquivar las preguntas sobre corrupción y limitarse a sacar pecho de la recuperación económica y acercarse al pueblo? Para Serrano, “un Gobierno tiene que comunicar lo que hace constantemente, desde el principio hasta el final de la legislatura. Ahora, con las elecciones generales a la vuelta de la esquina, es difícil de creer”.

La única manera de que esta metamorfosis tenga efecto real es “a través del efecto multiplicador que tiene en los medios de comunicación de masas convencional. Que se haga un selfie y lo suba a Twitter es irrelevante, pero si esa fotografía sale en la televisión o en los periódicos puede tener algún efecto”, añade Simón. “Su nivel de popularidad es tan extremadamente bajo que cualquier subida siempre será positiva”, matiza. Por su parte, González-Rubí considera que “esta rectificación ya es una corrección”. Otra cosa es que “ese cambio sea valorado por los electores”. Para López, este cambio radical tiene sentido en clave interna “para que su partido vea que se mueve y que está haciendo algo para cambiar los errores del pasado”.

El jefe del Ejecutivo pinchó su burbuja este martes al mediodía, cuando se hizo un receso en el Parlamento y Rajoy salió para comer en una cervecería cercana, en el madrileño barrio de Las Letras. Lo hizo a pie, en compañía de sus colaboradores más cercanos: la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría; el ministro de Sanidad, Alfonso Alonso; el director de Gabinete del presidente, Jorge Moragas; y el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón. Era otro gesto más de la imagen campechana que quieren vender del presidente.

La anécdota del día la protagonizó al cruzar la carrera de San Jerónimo. Rajoy se encontró con el campeón de biketrial Alan Rovira, un chaval que un 18 de agosto a las tres del mediodía estaba, con bicicleta incluida, en las inmediaciones del Congreso de los Diputados. Apenas fueron “unos segundos”, como el muchacho contó en su cuenta personal de Twitter. Unos segundos que el equipo de Moncloa también inmortalizó y después lo difundió a través de las redes sociales del presidente. El propio Rajoy escribió un mensaje al joven, que decía textualmente: “¡Eres un crack!”. Un mensaje nada común en el time line del presidente.

Rajoy sigue distante con los periodistas

El nuevo Rajoy informal que nació el martes choca frontalmente con el Rajoy serio y distante que se cruzó con los periodistas que cubrían el monográfico sobre Grecia ese mismo día. Hasta en cuatro ocasiones se rodeó al presidente del Gobierno de micrófonos y grabadoras y las cuatro veces contestó lo mismo: nada. Era la primera vez que volvía al Parlamento desde que el último Consejo de Ministros celebrado el 31 de julio nombrase a José Ignacio Wert nuevo embajador jefe de la delegación permanente de España ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en París.

El premio del Gobierno al ministro de Educación peor valorado de la Democracia no es el único asunto que dejó sin responder el presidente en los pasillos del Congreso. En agosto se ha filtrado la reunión que Jorge Fernández Díaz mantuvo con el exvicepresidente Rodrigo Rato en la sede del Ministerio. El propio ministro del Interior rindió cuentas ante la Comisión de Interior del Congreso en una comparecencia que arrojó más sombras que luces. Sin embargo, el presidente contestó con un “buenas tardes” cuando los periodistas le preguntaban sobre el polémico asunto.

La excusa que el equipo de Rajoy puso a las evasivas del presidente era que el Pleno del Congreso se reunía para votar el tercer rescate griego y si se metía en harina en otros temas se quitaba protagonismo al tema europeo. El presidente, advertían, viajaría al día siguiente a Galicia y allí haría unas declaraciones en una visita oficial a las obras del AVE.

Dicho y hecho. El miércoles hubo delante de las cámaras apretón de manos a los trabajadores del ferrocarril, visita guiada por las obras con casco incluido y más instantáneas que se subían a las redes sociales. Se convocó una rueda de prensa posterior en la que el presidente solo contestó a cinco preguntas, ninguna relacionada con la reunión de Rato y Fernández Díaz. De ahí se fue, acompañado de la ministra Ana Pastor y de la diputada Ana Vázquez, a dar un paseo por Celanova, donde siguió haciéndose selfies y estrechaba la mano a los paisanos del pueblo. La cuenta personal de Twitter del presidente seguía subiendo fotos que eran retuietadas por decenas de personas.

En La Moncloa, desde donde se coordina la campaña de las elecciones generales de finales de año, “la única estrategia que tienen para subir algún punto la popularidad de Rajoy son los gestos”, argumenta Simón. Sin embargo, “el efecto es muy limitado” porque “está muy forzado, parece impuesto”, concluye. ¿Conseguirá Mariano Rajoy convencer a su electorado con este nueva imagen?

 

Los tres objetivos del discurso del miedo que abraza el PP

 

Rajoy y su equipo más próximo se han movilizado para conjurarse contra un enemigo mayor que Pablo Iglesias o Pedro Sánchez: la abstención de su propio electorado.

Rajoy en Celanova

En el PP, la búsqueda de los votos para mantener a Mariano Rajoy en el Palacio de La Moncloa ha comenzado mucho antes que el curso político. No sólo con la multiplicación de los actos políticos sino también con el alumbramiento de nuevas estrategias que eviten un hundimiento en las elecciones generales similar al de las autonómicas y municipales. La palabra clave para Génova es una: abstención.

Esta semana, Mariano Rajoy y parte de su círculo de confianza han desplegado al unísono el nuevo mensaje: el PSOE pactará con Podemos con tal de desalojar al PP. Como el propio Rajoy reconoce, se trata de un análisis cercano a la obviedad. Ya ha ocurrido en multitud de ciudades como Madrid, Valencia, Cádiz, Valladolid o A Coruña, entre otras.

Sin embargo, en el mensaje del PP subyace el discurso del miedo a que esos pactos a cualquier precio acaben con la incipiente recuperación económica.

El martes, José Manuel García-Margallo aseguró que un pacto PSOE-Podemos sería “una catástrofe de dimensiones bíblicas para este país”. El miércoles, Rajoy aseguró no tener “ni la más mínima duda” de que el PSOE se aliaría con “partidos nacionalistas o de extrema izquierda”. También los flamantes vicesecretarios del PP recitaron el argumentario. Pablo Casado aseguró que la alternativa al PP es la de “Podemos bolivariana con los socialistas y nacionalistas excluyentes”. Andrea Levy tampoco se quedó atrás. “A mí me preocupa que haya una alianza entre el PSOE y Podemos que lo que haga es traernos la democracia de Venezuela”.

¿Qué pretende Rajoy con el discurso del miedo?

1.- La movilización de sus bases

“Cuando un votante cambia de partido, es difícil que vuelva. Pero es más fácil movilizar al que se quedó en casa”, explica Pablo Simón, doctor en Ciencias Políticas y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid. Según él, ese es uno de los motivos por los que el fuego amigo del PP a Ciudadanos está siendo muy discreto.

“Lo que gana Ciudadanos es fundamentalmente a costa del PP y viceversa. Ciudadanos no tiene el mismo entramado que Podemos, a quien le puede ser más fácil complementar al PSOE”, señala.

Con un número de votantes similar en mayo de este año que en 2011, en torno a los 22 millones, el PP perdió 10 puntos porcentuales (cerca de dos millones y medio de votos) mentras que el PSOE cedió dos (alrededor de 700.000). Muchos votantes del PP simplemente prefirieron no votar y la aritmética acabó encumbrando a las alianzas de la izquierda.

“Rajoy atribuye al miedo a los demás rivales un alto valor movilizador del voto propio”, según el experto en comunicación política Antoni Gutiérrez-Rubí en un artículo reciente. “Aunque no hay duda que puede generar una parcial reactivación del voto abstencionista o del voto dual de los populares que en las municipales y autonómicas han votado a otros, no está escrito, ni demostrado —ni garantizado— que la estructura de apriorismos que sustenta esta estrategia dé resultados”, alerta.

2.- Contrarrestar al PSOE en el centro

El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), publicado en julio, ha hecho saltar todas las alarmas en Génova. Aunque el PP continúa por delante del PSOE en estimación de voto -es decir, lo que los encuestadores creen que los ciudadanos votarían hoy-, la respuesta espontánea y sin cocina da ventaja al PSOE.

El estudio es una base fundada para el nuevo discurso del PP. Cuando el CIS pregunta por su preferencia en un Parlamento sin mayoría absoluta, un 21,1% se decanta por un pacto entre PSOE y Podemos, muy por delante del 11,6% que querría un Gobierno del PP en minoría. Incluso más encuestados prefieren una coalición de PSOE y Ciudadanos (10,9%) que entre PP y Ciudadanos (10,3%). No es que el PSOE esté dispuesto a pactar con cualquiera y de cualquier manera, como denuncia el PP, sino que ya hay un buen número de ciudadanos que lo reclama.

Las últimas encuestas sitúan a Podemos y Ciudadanos muy por debajo de PP y PSOE. Con la ley electoral en la mano, que a priori favorece a los grandes, la lucha por el Gobierno de España es en este momento cosa de dos.

Así lo ve el sociólogo de cabecera del PSOE, Ignacio Urquizu, recientemente elegido diputado en las Cortes de Aragón. “El PP debe movilizar a los abstencionistas, que son muchos de ellos conservadores, y quitar votos al PSOE en el centro, que es ahora el primer partido en intención de voto directo entre los moderados”.

Para Pablo Simón, Ferraz ha identificado la amenaza y por eso ha acentuado su perfil centrista con gestos como el acto de proclamación de Pedro Sánchez como candidato a La Moncloa. “Al envolverse en la bandera española, el PSOE de alguna manera se pone la venda antes de la herida”.

3.- Mantener su crítica a Podemos sin vigorizarlo

Esperanza Aguirre nunca olvidará las últimas elecciones municipales. La presidenta del PP en Madrid se quedó a 7.000 votos del resultado soñado: una suma con Ciudadanos que la convirtiese en alcaldesa de Madrid. En privado, cercanos a Aguirre reconocen que atacar frontalmente a Manuela Carmena (por la empresa de su marido, por sus supuestas ideas radicales) fue un error. En este caso, atacar a Podemos ayudó a ponerlo en el mapa e impulsarlo.

La estrategia no se puso en práctica sólo en Madrid. Desde los comicios europeos hasta los locales, el PP ha alimentado la estrategia de la polarización, tachando de extremistas y populistas a Podemos. Según Simón, se trataba de una estrategia para “ningunear a los socialistas, invisibilizados por el fuego cruzado”.

Sin embargo, desde las elecciones locales hay cuatro actores principales y con gran apoyo (PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos) y tanto Podemos como PSOE optan por favorecer la alternancia al PP sin aparente coste electoral. Podemos ha tomado buena nota y, desde las elecciones europeas, ha ido modulando su mensaje. Ya no habla de casta sino de centralidad. Pablo Iglesias ya no tuerce el gesto sino que se esfuerza en sonreír en sus pocas apariciones de los últimos tiempos.

“Ahora, la estrategia del PP es identificar al PSOE con Podemos”, dice Simón, pero no fabricar una polarización entre Rajoy e Iglesias. “Cuando crispas mucho, los moderados pueden quedarse en casa”, dice Simón. Ahora, la batalla es, además de por la movilización de los propios, por los votantes de centro.

Así se ve también en el PSOE, “el principal adversario” del PP, según Urquizu, que considera que al PP no le interesa que Podemos crezca.

¿Funcionará la estrategia del miedo? Según Gutiérrez Rubí, no. “El miedo que azuza Rajoy ya no asusta. Esto es lo nuevo”. Según él, “el cálculo del mal ya no contabiliza electoralmente cuando el cansancio, el hartazgo o la indignación animan a vivir peligrosamente”.

Si la nueva estrategia de Rajoy, capitaneada por su jefe de campaña, Jorge Moragas, no surte efecto, el PP puede quedarse con menos bazas electorales.

De Sol a Sol: así llega Podemos a la manifestación del sábado

Asamblea Ciudadana

Una demostración de fuerza. Una exhibición de músculo. Un acto de autoafirmación, pero también de advertencia al sistema político en general y al actual inquilino de la Moncloa en particular. Todo eso busca Podemos en su primera gran manifestación como partido, con la que este sábado pretende llenar el centro de Madrid. La manifestación termina en la Puerta del Sol, epicentro del 15-M del que la organización se siente heredera.

Hace un año, Podemos no existía como tal. Era una suerte de ‘queremos’ (o ‘querríamos’) con orígenes muy concretos. Unos profesores de la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, una corriente de opinión con raíces en el 15-M y sectores de la izquierda a la izquierda del PSOE y una cabeza visible: Pablo Iglesias. Hoy más de una encuesta sitúa al partido como el primero en intención de voto. Así ha llegado de la nada hasta este 31 de enero el movimiento de Pablo Iglesias:

1.-Gaudeamus igitur

Las tres personas que figuran como fundadores de Podemos en los registros del Ministerio de Interior tienen algo en común: son profesores de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid.

transEn 2008, Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero y Carolina Bescansa, junto con otros docentes e investigadores como Íñigo Errejón y Pablo Sánchez-León, fundan Promotora del Pensamiento Crítico, una de las incubadoras de Podemos.

Con ese y otros paraguas organizan actos y debates, como “99 segundos one step beyond”, un debate con un formato inspirado en parte en el programa 59 segundos (cartel a la derecha), que acabarían desembocando en formatos televisivos como La Tuerka.

2.- El parlamento de verdad son las tertulias

“Tengo la impresión de que los parlamentos no sirven para nada”, confesaba Pablo Iglesias en una entrevista con Jordi Évole hace menos de tres meses. “Esa intervención vale para algo si sale un vídeo”. Como parlamentario europeo, Iglesias asegura tener “la sensación de que el debate parlamentario no sirve y que los verdaderos parlamentos son las tertulias de televisión”.

Pablo Iglesias, cuya foto llegó a servir como logotipo en las papeletas de las elecciones europeas, entró en la vida de los españoles a través de una pantalla de televisión. Dos programas, La Sexta Noche (La Sexta) y Las mañanas de Cuatro, lo consagraron definitivamente. Sin embargo, el paso de televisiones como Tele K y Canal 33 a las cadenas nacionales comenzó con episodios como este, en el que él mismo reconocía cruzar “las líneas enemigas” para “charlar en territorio comanche”. Entonces era presentado tan solo como simpatizante del 15-M. Enfrente, el eurodiputado Alejo Vidal-Quadras y el periodista Federico Jiménez Losantos. Era El gato al agua, en Intereconomía. Abril de 2013. Para muchos, su salto al estrellato.

3.- Podemos es un partido, pero no cualquiera

En el Ministerio de Interior figura la inscripción de Podemos el 11 de marzo de 2014. Constan como responsables legales el propio Iglesias, Monedero y Bescansa. El partido pronto inició una gran expansión, aunque en la Ejecutiva (de cinco hombres y cinco mujeres) hay una importante presencia del núcleo duro universitario que acompaña a Iglesias.

Desde entonces, la formación ha alentado la aparición de círculos, o foros de debate y movilización por temas o localidades, sin que exista un listado oficial que reconozca a algunos y los diferencie de los aparecidos espontáneamente o los incluso contradictorios con las tesis fundamentales del partido.

Podemos ha utilizado numerosas herramientas para propagarse con rapidez. Ha renunciado al concepto de militancia clásica (inscripción, pago de cuotas, cierta presencia física) y apuesta por los inscritos, o personas que se registran, debaten y votan a través de internet. Según la organización, hay ya 319.000, más que el número de militantes del PSOE (unos 200.000), pero menos que el PP, que presume de tener más de 800.000 afiliados (aunque no es público el número de militantes que pagan cuota y el de simpatizantes). El partido también se ha servido de las redes sociales para multiplicar su eco. Pablo Iglesias tiene 800.000 seguidores en Twitter (Rajoy, 691.000, Sánchez, 127.000) y Podemos, 514.000 (el PSOE, 206.000, PP, 204.000).

4.- Pisando la moqueta de la casta

La noche del 25 de mayo, los líderes de Podemos comparecieron con media sonrisa. Habían logrado 5 de los 54 diputados al Parlamento Europeo y 1.200.000 votos. Estaban satisfechos con un resultado electoral que pilló desprevenido hasta al más audaz de los estudios demoscópicos, pero no se conformaron. Con gesto serio, anunciaron que iban a por más y que no pararían hasta presentarse a las elecciones generales y ganarlas.

Poco más de seis meses después, ha quedado claro que el Parlamento Europeo estaba llamado a ser un trampolín, pero sólo eso. El primero de los cinco en abandonar el barco fue Carlos Jiménez Villarejo, que estuvo sólo unas semanas en la Eurocámara. En los próximos meses lo harán probablemente Pablo Iglesias, más que posible candidato a la presidencia del Gobierno, Teresa Rodríguez, que aspira a la Junta de Andalucía, y Pablo Echenique, que quiere presentarse a las autonómicas en Aragón. Siempre y cuando superen el proceso de primarias de la organización. Después de sólo uno de los cinco años que dura la legislatura europea, en la Eurocámara podría no quedar casi ninguno de los candidatos elegidos en las urnas.

5.- Proclamación y derrota del sector crítico

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Pablo Echenique (en la foto) quería otro modelo. El eurodiputado no quería un secretario general sino tres portavoces y la elección por sorteo de los componentes de los órganos de dirección. Así se evitarían vicios de los partidos tradicionales, como el culto al líder o tener una ejecutiva separada del las bases. Así lo propuso a la Asamblea Ciudadana que se celebró en octubre. Sin éxito.

Pablo Iglesias se impuso sin concesiones y pidiendo tener las manos libres. “Sé que, si la gente está de acuerdo con nuestra propuesta, se echarán a un lado porque son gente honesta para apoyarnos en este trabajo”, aseguró en el encuentro.

Echenique y su equipo no se echaron a un lado y han hecho suya aquello de que “el cielo no se toma por consenso, sino por asalto”. Una frase que pronunció Iglesias durante el encuentro (inspirada en Marx). El propio Echenique pugna en Aragón por controlar el partido contra la lista apadrinada por Iglesias. Teresa Rodríguez, eurodiputada y del sector crítico, aspira a ser la candidata a las elecciones andaluzas.

6.- Primer partido en intención de voto directo

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Noviembre fue un buen mes para las expectativas electorales de Podemos. El barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas, cuyas entrevistas se hicieron en octubre, colocó a Podemos como primera fuerza en voto directo (y tercera en estimación de voto).

Aunque el escenario de elecciones generales era remoto entonces, el gráfico, de Kiko Llaneras (Politikon) resume la tendencia, también expresada en otros sondeos de empresas privadas en las mismas fechas:

7.- Los tics de la vieja política

Monedero

La exigencia de transparencia y de beligerancia contra la corrupción parece haberse vuelto en contra de Podemos. El partido denuncia una cacería, una campaña de acoso y derribo contra sus líderes. Sin embargo, tanto Íñigo Errejón como Juan Carlos Monedero (en la foto) han pasado de ser sólidos pilares del proyecto a presentar grietas de incierta evolución.

Monedero cobró 425.000 euros a través de una empresa de la que es el único titular por asesorar a Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador. Aunque tributó en España, lo hizo por medio de una sociedad sin estructura ni empleados y no como persona física, ahorrándose buena parte de los impuestos. Además, declaró la actividad tres años después justificando un retraso en el pago y no informó debidamente a la Universidad Complutense hasta el último minuto, lo que le ha valido un expediente por parte de la institución.

El secretario de Política de Podemos, Íñigo Errejón, también se enfrenta a un expediente en la Universidad de Málaga, para la que hizo trabajos sin respetar un contrato que le obligaba a trabajar en el campus 40 horas a la semana. Su supervisor era otro profesor vinculado a Podemos.

Estos casos, que Pablo Iglesias ve como munición enemiga en una caza de brujas, son para el resto de partidos la prueba de que la nueva formación ni es tan nueva en las formas ni puede dar lecciones a los demás.

(Fotos: Podemos, Promotora de Pensamiento Crítico, Parlamento Europeo)