Hat trick de Cristiano, hat trick de lesiones

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El estreno de Champions del palco de EL ESPAÑOL y AXA en el Santiago Bernabéu vivió el tercer hat trick de Cristiano Ronaldo en la máxima competición continental y vio torcer el gesto a Rafa Benítez tras las lesiones de Bale, Sergio Ramos y Varane.

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El sueño de la Champions comenzaba por el Santiago Bernabéu y el Real Madrid sumó los tres puntos contra un Shakhtar que puso pocos problemas (4-0). Los accionistas y suscriptores de nuestro periódico fueron testigos de excepción de un hat-trick de Cristiano en el palco de EL ESPAÑOL y AXA frente a un conjunto ucraniano muy inferior técnicamente.

No tardaron en llegar las ocasiones para el conjunto blanco. Karim Benzema falló a portería vacía al cuarto de hora del comienzo. Minutos más tarde no volvería a errar. Un fallo del portero ucraniano en la salida dejaron el 1-0 en bandeja del francés. “Yo no le vendía para traer a otro”, exclamaba José Manuel, uno de nuestros accionistas. “Me parece un jugador al que no se valora como se debe”, aseguraba.

Pero la alegría empezó a nublarse bajo una ventisca de lesiones que comenzó con la sustitución de Gareth Bale a la media hora de juego. El conjunto madridista se presentó con las bajas de Danilo y James Rodriguez, pero esta lista puede engrosar en las próximas horas. Jorge, suscriptor de EL ESPAÑOL, como si de una premonición se tratase auguraba que “este partido le puede salir caro” al Real Madrid. Y así fue. Sergio Ramos, Varane y el citado Bale abandonaron el terreno de juego por molestias durante el encuentro. “Estos del Shakhtar no tienen nada que perder”, continuaba Jorge.

“Yo soy más de Mourinho”

Mientras que en el campo el Real Madrid sujetaba al Shakhtar, en la banda Benítez trataba de rellenar el puzzle de las lesiones que venían. La sustitución de Bale dio pie al debut en Champions de Mateo Kovacic. “Este chico tiene un futuro prometedor aquí”, se murmuraba en el palco. De nuevo José Manuel participaba en la mini-tertulia algo resignado cuando se hablaba de Benítez: “Sí, sí me gusta, pero yo soy más de Mourinho”. Y concluía: “En los años de Mourinho y Guardiola el partido se disfrutaba antes, durante y después de los 90 minutos.” No le falta razón. Lo cierto es que Kovacic tardó poco en convencer al respetable: un tiro entre palos arrancó los aplausos de un Bernabéu tímido en esta noche de septiembre.

El que no estuvo nada tímido fue Cristiano Ronaldo: 10 disparos y 3 goles, dos de ellos de penalti. Después del descanso el colegiado expulsó a Stepanenko por doble amarilla y el Madrid se coló por la defensa del conjunto de Donetsk como un puñal. Cristiano no perdonó desde los 11 metros ejecutando las dos penas máximas por el mismo lado. Cuando su fiesta particular parecía acabar, redondeó el casillero con el definitivo 4-0 en el minuto 82.

Hubo poco trabajo para Keylor Navas, que sólo se vio exigido al final del encuentro en un balón bombeado que parecía colarse justo por debajo del larguero. Keylor solventó la faena con una estirada espectacular que confirmaba el KO definitivo al Shakhtar. Adrián, suscriptor y accionista reconocía el nivel del portero actual, pero aún echa de menos a Casillas. “Soy de Mostoles y Casillas es vecino”, exclamaba en tono jocoso. Los aplausos para Keylor no tardaron en llegar.

De lo que no tuvieron dudas nuestros suscriptores es de la expectación que genera el ya cercano 7 de octubre. “¡Qué ganas tenemos de que llegue!”, decían tanto Jesús, que había venido desde Zaragoza con su hijo, como Antonio que vino con su hermana desde Badajoz. “Tenemos mucha fe en el proyecto”. Amén.

Lucas Silva, un fichaje inexplicable

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El Real Madrid ha cedido a Lucas Silva al Olympique de Marsella de Michel. Pero la gran pregunta es por qué fichó en enero a este jugador brasileño. Silva nunca estuvo ni ha estado, según sus datos en el Cruzeiro confirmados en sus meses en España, a la altura de un equipo que aspira a ser el mejor del mundo. Ahora se va con la certeza generalizada de que este fichaje inexplicable no volverá a vestir, casi con toda seguridad, la camiseta blanca.

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Cuando la sombra de la sospecha se posó en el Bernabéu en forma de una posible sanción de la FIFA el pasado otoño, el club blanco reaccionó rápido. Jugadores de futuro, esa fue la orden, entre ellos un mediocentro que pudiese aportar rendimiento inmediato. En el Real Madrid ya no se creía en Khedira y el club entendía que no se podía contar con Illarramendi en los momentos importantes. Debido a la normativa UEFA que no permite a los jugadores disputar la Champions con dos equipos en la misma temporada, el Real Madrid miró a Sudamérica, donde Lucas Silva fue el elegido. Pero, ¿quién era Lucas Silva?LucasSilva1(Pie de foto: En el gráfico se visualizan los parámetros más importantes para un mediocentro. Los parámetros ‘negativos’ (ser regateado, faltas cometidas, y veces que el jugador fue desposeído del balón) están visualizados inversamente, de tal forma que un circulo perfecto haría un jugador completo en esta demarcación. La puntuación va en consecuencia de los jugadores de la propia liga, donde la visualización perfecta constaría de una desviación típica por encima en ese parámetro. Producción medida por 90 minutos de juego. Datos vía Opta Sports.)

Parco en cualquier cualidad ofensiva, lo cierto es que tampoco era su cometido. Con buen juego con el balón, estaba por debajo de la media de su propia liga en cuanto a recuperar posesiones, intercepciones y entradas al rival que acaben en recuperación. Pero nadie se fijó en los más de 2.000 minutos esparcidos en 28 partidos en los que participó con el Cruzeiro antes de llegar a Madrid. Con la corazonada de que un jugador que forma parte del 11 ideal del Brasileirao tiene un buen nivel, nadie se paró a observar que al igual que Lucas Silva había otros 4 jugadores más del Cruzeiro campeón en ese equipo ideal. También pasó desapercibido el hecho de que nunca había sido internacional absoluto con la canarinha.

Bancado por muchos de los grandes medios españoles días antes del fichaje, Lucas Silva aterrizó a finales del pasado mes de enero previo pago de 14 millones de euros al Cruzeiro. El Real Madrid también cerró por esas fechas a otros dos jugadores de futuro, Martin Odegaard y Marco Asensio, ambos por menos de 4 millones de euros cada uno. Aclamado por la prensa como el gran fichaje que venía a hacerse con el centro del campo del conjunto blanco, Silva debutaría unos días después de su llegada en Champions League.

Se estrenó como titular frente al Schalke 04 y disputó los 90 minutos en Gelsenkirchen. Después de un partido con más de una docena fallos posicionales*, la página de análisis de rendimiento WhoScored le dio al jugador una nota de 6.8 sobre 10, la nota más baja de todos los titulares aquella noche. Lo mismo ocurrió en Squawka, otra página conocida por actualizar sus puntuaciones de los jugadores en directo: 1.5 sobre 5.

Pero en España la reacción fue todo lo contrario a pesar de lo evidente. La prensa recalcaba su gran debut, su seguridad y su gran futuro, además de puntualizar que en su éxito estaba la derrota de Illarramendi, su gran rival por el puesto en el 11. Días más tarde, piezas sobre su vida fuera de los terrenos de juego empezaron a brotar, desde aquellas que hacían referencia a la consultora de fútbol que tenía a su disposición para mejorar su rendimiento hasta las que detallaban su trayecto desde su casa hasta la ciudad deportiva. No volvió a jugar en Champions.

En Liga su rendimiento tampoco fue muy allá: menos de 400 minutos en 8 partidos con una producción muy similar a la de su última campaña en Brasil.LucasSilva2(Pie de foto: En el gráfico se visualizan los parámetros más importantes para un mediocentro. Los parámetros ‘negativos’ (ser regateado, faltas cometidas, y veces que el jugador fue desposeído del balón) están visualizados inversamente, de tal forma que un circulo perfecto haría un jugador completo en esta demarcación. La puntuación va en consecuencia de los jugadores de la propia liga, donde la visualización perfecta constaría de una desviación típica por encima en ese parámetro. Datos por 90 minutos vía Opta Sports.)

Pero más allá de un apoyo mediático generalizado, las preguntas son quién y por qué se fichó a Lucas Silva. Un año antes del título del Cruzeiro, Lucas Silva era incluso más desconocido en Europa y rindió mejor (ver gráfico) siendo más joven.Screen Shot 2015-08-28 at 5.18.19 PM(Pie de foto: En el gráfico se representa a todos los jugadores del Brasileirao de las temporadas 2013 y 2014. En el eje x (horizontal) se observa la contribución defensiva (recuperaciones vía tackling/entradas más intercepciones de balón) por 90 minutos de juego. En el eje y (vertical) se observa la creación de oportunidades ofensivas (asistencias más pases clave**) por 90 minutos de juego. Datos vía Opta Sports.)

El brasileño mejorará con esta cesión al Olympique de Marsella de Michel, ya que jugará más minutos que le ayudarán a adaptarse a ligas tan competitivas como las europeas. Pero también es cierto que el jugador no tenía nivel para jugar con el Madrid ni antes ni durante su estancia en el club blanco a la vista de los datos. Ahora queda la incógnita de si Lucas Silva sale cedido por el problema real que su pasaporte extracomunitario acarrea o por su falta de competencia. ¿Hubiesen recomprado a Casemiro si Lucas Silva hubiese jugado como se presuponía?

*Fallos posicionales consisten en fallos sin balón a la hora de posicionarse frente acciones de importancia. Datos vía Opta Sports.

**Pases clave son asistencias de disparos en las que el balón no termina en gol.

Casillas: 25 años, 25 momentos

Más de 500 partidos de Liga y 150 en Champions League con el Real Madrid se lleva Iker Casillas en su mochila.  Es historia viva del club blanco que ahora defenderá la portería del Oporto portugués. En el momento de la despedida hay que recordar en 25 momentos, tantos como años defendió el escudo madridista, el camino que le ha llevado a ser considerado en cinco ocasiones el mejor cancerbero del planeta.

Iker Casillas ya no es jugador del Real Madrid. La vida del mostoleño, con 25 de sus 34 años dedicados al equipo blanco, ha dejado una carrera de ensueño, que le ha servido para convertirse en una leyenda para los aficionados madridistas. Con 723 partidos jugados con su club es el segundo futbolista que más veces ha vestido la camiseta blanca, tras su antecesor como capitán, Raúl González, que disputó 741 encuentros. Más de 500 partidos de Liga y 150 en Champions League que desgastan a cualquier jugador y que, como en toda trayectoria, tiene sus altibajos. Pero si Casillas se ha convertido en historia viva del Real Madrid es por sus buenos momentos, entre los que destacan los 19 títulos levantados. Es el momento de la despedida y de recordar en 25 momentos el camino desde su debut a su  proclamación como mejor portero del mundo, para acabar con su marcha al Oporto.

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1.     Llegada al Real Madrid

En 1990, con nueve años, Iker se encontraba en un campo de Móstoles parando unos disparos que lanzaba su padre. Un amigo suyo había leído que el Real Madrid estaba haciendo pruebas y sugirió a Casillas que participase. Entró como prebenjamin y pasó 9 años en las categorías inferiores hasta llegar al Real Madrid C.

2.     1997: Primera convocatoria

El director de su instituto le sacó de clase porque Jupp Heynckes le había convocado para ir a Noruega a jugar contra el Rosenborg. Era noviembre de 1997 y las bajas de Illgner y Contreras propiciaron que estuviese en la expedición blanca, aunque fue Cañizares quien ocupó la portería. Aun así, el joven portero comentaba en declaraciones que aún no se lo creía y que “pensaba que era una broma”.

3.     1999: Debut

Dos años más tarde llegó el momento que había estado esperando, el que califica como el más importante. El escenario fue el viejo San Mamés, donde John Toshack le dio su primera oportunidad. En aquel partido contra el Athletic, que acabó con empate a dos, acaparó los primeros elogios por su actuación.

4.     Primer partido con la selección

Su otro debut, el de la selección absoluta, fue en junio del año 2000, en un partido previo a la Eurocopa. El partido en Gotemburgo contra Suecia, con resultado de empate a uno, fue el primero de una larga lista que le han llevado a ser el español con más internacionalidades. Fue un amistoso aunque su estreno oficial sería pocos meses más tarde ante Bosnia.

5.     “Trofeo Bravo”

Ya desde mi joven empezó a ganar premios, también individuales. El más significativo de sus primeros años fue en el año 2000 cuando se le otorgó el Trofeo Bravo como mejor jugador menor de 21 años en Europa.

https://www.youtube.com/watch?v=4p4Y5kyyGvU

6.     Champions League 2002

Los madridistas recuerdan la final de Glasgow por dos hechos principales: el gol de Zidane y las paradas de Casillas. Hollywood podía haber sido la cuna para el guion de la noche de la novena Copa de Europa blanca. Vicente Del Bosque le había dado rol de suplente pero durante el partido contra el Bayer Leverkusen, César se lesionó y salió Iker. Tres intervenciones en los minutos finales para salvar el resultado, además de la alegría del joven guardameta, están todavía en la retina de los aficionados.

7.     Mundial 2002

Fue en el torneo disputado en Korea y Japón donde se le empezó a conocer como ‘El Santo’, debido a sus intervenciones. Era  convocado a  su primer Mundial por Camacho y un accidente de Cañizares con un frasco de colonia, permitió que fuese titular, puesto que ha mantenido durante más de diez años.

14 Mar 2000:  Iker Casillas of Real Madrid marshalls his defence during the UEFA Champions League match against Dynamo Kiev at the Bernabeu Stadium in Madrid, Spain.  The match was drawn 2-2.  Mandatory Credit: Clive Brunskill /Allsport
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8.     Su mejor partido

Fue en 2008. Y precisamente frente al equipo contra el que debutó Iker Casillas. Su actuación en el Bernabéu contra el Athletic de Bilbao, con un penalti detenido a Garmendia incluido, dejaba ver que el mostoleño estaba en su mejor momento.  El resultado de 3-0 fue engañoso gracias a sus sobresalientes intervenciones.

9.     Renovación

También en 2008 Ramón Calderón firmó dos renovaciones para los capitanes blancos en aquel momento. Raúl firmaba hasta 2011 y Casillas hacía lo propio hasta 2017, contrato que se ha mantenido hasta el momento. Vinculaciones a largo plazo que no terminaron cumpliéndose. La cláusula del portero era y seguía siendo de 113 millones de euros.

10.  Zamora

Esa misma temporada Casillas ganaba el único trofeo Zamora de su palmarés. 32 goles recibidos en 36 partidos. Un título individual que sumó a su segunda liga consecutiva, con Capello y Schuster como entrenadores.

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11.  Eurocopa 2008

Tras varias décadas de fracasos continuados, la selección española volvía a ganar un título y fue Casillas como capitán el encargado de levantarlo. Su actuación en cuartos frente a Italia con dos paradas durante el choque y dos penaltis detenidos en la tanda, le encumbraron a héroe nacional.

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12.  Mejor portero del mundo

Ese mismo año (2008) fue nombrado por primera vez mejor portero del mundo. Repetiría ese galardón cuatro veces más, haciéndose un hueco entre los arqueros más laureados de la historia de este deporte. Solo Manuel Neuer, las dos últimas temporadas, ha conseguido sacarle del primer puesto.

13.  Humillación frente al Barcelona

En una carrera tan prolongada se viven también momentos duros. Uno de ellos fue sin duda el 2-6 recibido contra el Barcelona en 2009, un partido en el que Casillas sin embargo fue protagonista deteniendo otra media docena de ocasiones. Años más tarde, el 5-0 contra el eterno rival en territorio rival, tampoco fue fácil de digerir.

14.  Capitán madridista

Con la marcha de Raúl en 2010 y la llegada de Mourinho, Casillas se convirtió en capitán del primer equipo. Ya había sustituido al delantero encabezando la selección. Una presión que le ha supuesto una responsabilidad añadida.

15.  Campeón del Mundo en 2010

Durante el torneo de Sudáfrica fue doble protagonista: objetivo de las críticas al comienzo  y elogio generalizado al final. La lupa se puso tras él y su relación con la periodista Sara Carbonero, después de una jugada fortuita que supuso el gol y la derrota de España ante Suiza en el primer partido. Sus actuaciones durante el resto del torneo taparon cualquier incógnita y su milagrosa parada a Robben en la final consiguió poder, tras el gol de Iniesta, ver a un español levantando la Copa del Mundo de Fútbol por primera vez en la historia.

16.  Su mejor parada

Casillas es un portero que hace paradas al alcance de muy pocos. La más recordada por los aficionados es la que hizo en 2011 ante el Sevilla contra el argentino Perotti en la capital hispalense. Cuando tras un pase de la muerte la afición sevillista ya cantaba el gol, apareció Iker.  Porque aquello fue una auténtica aparición. “Fue una cuestión de fe”, aseguró el portero tras el partido. Años más tarde repitió la hazaña en una jugada muy similar contra Agüero, en un choque frente al Manchester City.

17.  Llamada a Xavi

Una de las acciones más polémicas de Iker Casillas como capitán blanco fue la llamada que realizó a Xavi para rebajar la tensión producida por los enfrentamientos -hasta cuatro en pocas semanas- entre el Real Madrid y el Barcelona. Se han contado varias versiones de aquella conversación pero él defiende que no fue una disculpa sino de reproche mutuo, tratando de cambiar la imagen que se estaba dando. Aseguran que Jose Mourinho, entonces entrenador blanco, jamás le perdonó esta llamada.

18.  El comienzo de su suplencia

En diciembre de 2012, el citado Mourinho decidió dar la titularidad en un partido de Liga contra el Málaga a Antonio Adán, lo que sorprendió a todo el mundo. El entrenador portugués había criticado durante el comienzo de temporada las acciones a balón parado de los suyos y parecía buscar una solución. Aunque también se achacó a problemas personales entre ambos y el intento del portugués de buscar un culpable.

19.  Su lesión

Tras recuperar la titularidad, una acción con Álvaro Arbeloa frente al Valencia acabó con una fractura en la base del primer metacarpiano de su mano izquierda. Una baja de varios meses sin jugar ante la que Florentino Pérez reaccionó fichando a Diego López en el mercado invernal. El también canterano blanco dejó a Iker de suplente durante el resto del año, y aunque Casillas se había recuperado, no se hizo merecedor, según su cuerpo técnico, del “alta competitiva”.

21.  La alternancia de Ancelotti

Una nueva etapa comenzó con el técnico italiano. Ante la duda de quién sería el portero titular, el nuevo entrenador decidió repartir competiciones, jugando Casillas Champions y Copa. Una decisión que parecía mediadora y que no dejaba claro quién era el portero titular. Durante toda la campaña se pudo ver a un Iker Casillas que mostraba un nivel muy estable a pesar de no contar con regularidad.

22. Champions 2014

Doce años después de la última final el Real Madrid volvía a disputar una final, y en esta ocasión con Casillas como titular. Aunque no fue la noche soñada, ya que un error suyo provocó un gol en contra del Atlético, al final hubo remontada y el capitán madridista pudo levantar la décima Copa de Europa. Y rendir pleitesía a la Cibeles.

23.  Mundial 2014

Mucho menos triunfal fue su paso por Brasil para repetir título. Tras haber ganado consecutivamente dos Eurocopas y un Mundial, la selección aspiraba a levantar la Copa del Mundo por segunda vez. EL mazazo inicial llegó con la derrota frente a Holanda por 1-5 y la eliminación en primera fase se completó tras caer también ante Chile con 0-2. Ya se empezaba a hablar de relevo en la selección, con De Gea en el horizonte.

24.  Último año

La pasada temporada, a pesar de comenzar con Supercopa de Europa y Mundialito, acabó sin ningún trofeo importante. Diego López se había ido y Keylor Navas apareció como suplente de Casillas que jugaba Liga y Champions. La afición madridista se mostraba cada vez más dividida y fue pitado en su propio estadio en grandes ocasiones. En una de ellas, el mostoleño acabó respondiendo con un mal gesto. Su último partido en la que ha sido su casa durante 25 años fue ante el Getafe y acabó con goleada blanca: 7-3.

25.  Camino de Oporto

Tras varios años en los que se barajaba su posible salida, ahora se ha confirmado su salida al Oporto. La intención del Real Madrid es la de sustituirle David De Gea y acabar con la polémica que ha rodeado la portería del club blanco. Para ello han facilitado la salida del capitán. El equipo dirigido por Lopetegui tendrá en su plantilla al jugador mejor pagado de Portugal. El capitán dice adiós al club de toda su vida, y empieza la nueva etapa de su carrera.

 

 

 

 

Final Champions: Barça-Juve, lo eterno contra lo mortal

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Barça y Juve se disputan este sábado el centro del fútbol europeo. Lo eterno contra lo mortal. Luis Enrique, Messi, Suárez, Neymar y Jordi Alba, por citar a algunos, por un lado; Allegri, Pirlo, Pogba, Vidal y Tévez, también por citar a algunos, por el otro; y en el medio,  un millón de variantes sobre el césped de Berlín. Los azulgrana parten como favoritos pero en una final tan importante como la calidad es el hambre. 

Barça y Juve se disputan este sábado el centro del fútbol europeo. Lo eterno contra lo mortal. Luis Enrique, Messi, Suárez, Neymar y Jordi Alba, por citar a algunos, por un lado; Allegri, Pirlo, Pogba, Vidal y Tévez, también por citar a algunos, por el otro; y en el medio, un millón de variantes sobre el césped de Berlín. Los azulgrana son favoritos pero en una final tan importante como la calidad es el hambre. 

Dicen quienes las han jugado, que una final no se gana por fútbol, sino por hambre. Y aunque hay de todo en esta historia, la teoría merece deferencia.

El futbolista es una persona que tiene la opción de besar la inmortalidad; se trata de alzar la Copa del Mundo vestido de país o la de Europa vestido de ciudad. Cuando lo consigue, entra en la memoria de su gente e incluso de gente que aún está por nacer. Por este motivo, el grupo humano que forma la Juventus necesita vencer aquí y ahora. A nadie le gusta morir, y tomar la vida para siempre pasa por resistir 90 minutos más.

El Barça llegará a Berlín radiante y superior. Pero con la eternidad ya adquirida antaño tanto en Roma como en Wembley. Ahí radica la única desventaja de Luis Enrique para el choque decisivo. Lo demás correrá a su favor. Cada punto, cada duelo, cada variante. Veamos los porqués.

Allegri contra el mejor

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Eliminar al Real Madrid acreditó a la Juventus como finalista respetable. Para lograrlo, hizo de sí misma. No modificó ninguna de sus rutinas, ni siquiera intentó maquillar sus defectos. Depositando esa confianza en sus jugadores, Allegri eliminó el factor miedo y dotó a los suyos de calma e inspiración. Ganó por eso. Sólo por eso. Ahora bien, como hace poco dijo alguien, “una cosa es un equipo, y otra un equipo con Messi”. Ante Messi, casi nadie conserva la autoestima.

Y la Juve sin Chiellini, menos. Sus carencias evocan muerte si enfrente se encuentra Lionel. Cuando el adversario le quita el balón y la encierra, se le nota la falta de costumbre. En parte, por la gran traba de su sistema: Pirlo no defiende. Literalmente, el mediocentro de la Juventus no defiende. Nada. Cero. Se queda quieto. Es una estatua. Lo casi nunca visto. Lo jamás soportado.

Luis Enrique suspira, Allegri transpira. Entremos en la táctica.

El mejor contra la Juventus

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Messi no atacará a Pirlo. No de manera directa. Pero dará igual. Será su efecto secundario. En principio recibirá más atrás y abierto a la derecha. Se topará con Pogba. Pogba ejerce de interior izquierdo en el 4-3-1-2 de la Juventus. Es grande, fuerte, rápido y mucho más inteligente de lo que su parecido físico con Balotelli deja presumir, pero carece de la concentración y los fundamentos de un especialista defensivo. Messi podrá participar. Tocará la pelota más de 70 veces en los 90 minutos de Berlín. Seguro.

Y entonces entrará en juego la bomba atómica que Uruguay le regaló. Se llama Luis Suárez, es su delantero centro y sí atacará a Pirlo de manera frontal. Frontal, lateral y dorsal. Y sobre todo, vascular. Su hiperactividad contrasta con la quietud del italiano, aparece por cualquier lado con una agresividad inaudita. Y pese a su pose huraña, piensa con conocimiento. La conexión Messi-Suárez es medio título para el Barça. Y Neymar querrá potenciarla. Aunque este estará en otros frentes.

Jordi Alba: la bala perdida

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Allegri ocupa cada banda con un solo hombre. Lichtsteiner habita la derecha y Evra, la izquierda. Y nadie les ayuda demasiado. Los demás gravitan hacia el centro. Jordi Alba lo celebra. Subirá siempre y nadie le perseguirá; habrá un culé desmarcado en campo contrario de forma constante. Un cambio de orientación del propio Leo, Piqué, Alves o Rakitic hacia Jordi Alba oxigenará la posesión e instalará la misma en la mitad bianconera. La presión de Allegri se desinfla por aquí. Y nadie como el Barça para aprovechar la coyuntura.

Una vez reciba Alba, la Juve iniciará su basculación. Llegará a destiempo. Y además, en dos contra tres: Lichtsteiner y Marchisio contra Jordi, Iniesta y Neymar. Es decir, incluso su escenario más optimista resulta desventajoso. La izquierda de Luis Enrique, la derecha de la Juventus, será de color azulgrana. Iniesta controlando y Neymar creando ocasiones deben sacarle fruto. Dependerá de ellos. Será una cuestión individual. Suya. La pizarra les sonríe.

A menos que Allegri cambie de sistema. Puede cerrar la banda con Tévez, usar defensa de cinco o quién sabe qué extraño invento. Si alguno le sirve de algo, será Arturo Vidal. Luis Enrique le eliminaría si pudiese. Vidal es a la Vecchia Signora lo que Drogba al Chelsea de Múnich o Gerrard al Liverpool de Estambul; el símbolo del deseo. Si la Juventus sobrevive al Barça, él se habrá multiplicado.

La epopeya de Vidal

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Entre lesiones y confusiones, Vidal este año no ha jugado bien. Sin embargo, Luis Enrique le respeta con razón. Se trata de un centrocampista completísimo capaz de marcar la diferencia con balón o sin balón. Detenta tal potencial que, tocado por una varita, aspira a compensar diez defectos a la vez. Allegri deberá elegir sobre cuáles priorizar.

Se espera que ejerza de mediapunta en el rombo de la medular. En dicha posición, varios roles defensivos podría sostener. El principal, bajar adonde Pirlo, ponerse a su lado, formar doble pivote, abrir a Marchisio y Pogba y formar un 4-4-2. Con ese dibujo, la Juve sería más ancha y borraría en cierto grado lo explicado en “la bala perdida”. La mejor Juventus juega de este modo.

La segunda variante situaría a Vidal de interior derecho. A Messi le agradaría. Le quedaría lejos y lo vería poco.

Y en última estancia, Vidal como interior izquierdo. Ocurriría lo contrario. Cuanto más cerca esté de Lionel, peor (o menos bien) atacará el Barcelona. Pero Pogba, si no está ahí, se pierde.

En cualquier caso, el valor de Vidal rompe la pizarra y se cuela en la poesía. Drogba y Gerrard. En aquellas noches de sol. Ese es el concepto. Eso es lo que asusta. Puede invocar esa esencia. Si juega sólo bien, el Barça sabrá torearlo.

El fortín de Luis Enrique

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Toca hablar de los goles bianconeri. Se acercan de cuatro maneras: a balón parado, por contras del ya citado Vidal, a causa de Tévez y gracias a Morata.

La receta de Cruyff anula lo primero. Para que Pirlo no meta una falta, lo mejor es no cometerla. Pirlo de libre directo es mucho más peligroso que cualquier otro jugador de la Juve intentando cualquier otra acción. Piqué, Mascherano y Busquets saben cómo chocar. Alba y Alves habrán de gastar cuidado. Es de vital importancia.

Las contras de Vidal se explican en un momento. El Barça atacará por la derecha; la Juve robará donde Pogba. Tanto él como su cercano, Pirlo, llevan un guante en la bota, y Arturo, en el lado contrario al balón, gana corriendo a Iniesta y a Busquets. Así salen casi siempre. La mejor prevención, que Alves y Rakitic presionen rápido tras la pérdida. Pueden y suelen hacerlo.

Tévez es otro asunto. Es talento, improvisación, la jugada imperceptible. Mascherano le conoce bien; a Piqué no le cuadra su gambeta. Pero no se recuerda una final donde Gerard no rozase la perfección. Dicho lo cual, lo prudente es no forzarle. Si el Barça necesita la posesión es para que el Apache no se encuentre demasiado. Carlos es una estrella. Conviene quitarle la luz.

Y luego aparece Morata. Morata es una toxina que afecta al sistema nervioso. Viene, va, salta, cae, pega, esquiva, rebota y explota. Siempre está haciendo algo. Ante él, la clave estriba en medir con precisión el valor real de cada una de sus gestiones. Su insistencia, en la mitad de su medida, resulta fútil. Morata es peligroso en el punto de penalti y en la esquina izquierda del área. En lo demás, se trata de un anzuelo. Picar es de pescados.

Fútbol contra deseo

Carlos Tevez

90 minutos duran poco tiempo. Cualquier detalle a favor o en contra propiciaría una contrarreloj loca y pavorosa. Y habrá muchísima calidad sobre el césped. Especialmente, del lado azulgrana. Cada ataque de Messi, Suárez o Neymar podrá romper el equilibrio; como un contacto de Pirlo o un zarpazo de Tévez.

En lo colectivo, Luis Enrique hallará más chambas que peligros. La salida desde atrás de la Juventus pierde la pelota con frecuencia, su defensa de los contraataques parece frágil y el capi Buffon no es quien supo ser. En el lado comprometido, los de Allegri saben mover el balón y eso al Barça no le gusta.

Aunque siendo fieles y concisos, el obstáculo culé radica en lo arriba presentado: en el muro de la mortalidad. De la mortalidad de la Juventus. El Barça de nuestros días nunca será olvidado, ya ganó la Champions dos veces y siempre la podrá ganar. La Juventus, sin embargo, zanjará su destino en Berlín. Esa lucha por la supervivencia histórica a veces genera una fuerza añadida y misteriosa que nivela lo incompensable. Si el Barça apaga esa llama a base de fútbol, tendrá todas las de vencer. Es más rápido, más preciso, más creativo, más seguro y más peligroso. Y le protege Lionel Messi.

Guardiola contra sí mismo

Pep Guardiola

El entrenador que reventó las vitrinas del Camp Nou vuelve a casa para enfrentarse a su pasado: Messi. El jugador que crea ocasiones de la nada y que el propio Pep ayudó a convertir en milagro. 

El entrenador que reventó las vitrinas del Camp Nou vuelve a casa para enfrentarse a su pasado: Messi. El jugador que crea ocasiones de la nada y que el propio Pep ayudó a convertir en milagro. 


Superman: Hijo Rojo es una miniserie de cómics que hace ficción dentro de su ficción. Nos remite a tiempos de la Guerra Fría y el cambio sustancial consiste en estrellar la nave que vino de Krypton, la que cayó en Smallville (Kansas), en una granja ucraniana. Así pues, el protector más icónico y poderoso de América crece y madura en la URSS estalinista que, de esta guisa, toma la iniciativa en el conflicto dibujando un futuro imprevisible. Traducido al fútbol, esto es Pep Guardiola contra el FC Barcelona con el Camp Nou de testigo. Ocurrirá. En la realidad.

Con una diferencia. La semifinal es más pequeña porque implica a menos gente, pero atañe una complejidad superior. Existe una historia previa entre el héroe y su origen original que ningún guion, caprichoso o genial, puede borrar. Guardiola y el Barça se quieren. Se quieren muchísimo. Eso complica las cosas, pero a su vez las embellece. No es una guerra, son dos partidos de Champions entre locos del ganar que lucharán una semana entera y luego serán uno solo, hablando catalán o bávaro, por la conquista de Berlín.

Aclarado el punto, volvamos a la parábola del Hijo Rojo. En lo referente al juego, y nada más que al juego, sí es perfecta para nuestro caso. Guardiola surte a sus hombres de una serie de habilidades que se consagran en un poder imponente: la posesión del balón. La que siempre fue del Barça y hoy es del Bayern.

Juego de Posición

Los motivos no son etéreos sino casi científicos. Guardiola sublima el denominado ‘Juego de Posición’, un modelo basado en la repetición de ubicaciones, desmarques y pases que ayuda a sus pupilos en dos quehaceres capitales: la ocupación racional del campo y la toma de decisiones con balón. La colocación es perfecta porque Pep la ha dibujado y es fija. Como todo se repite, el jugador se familiariza con cada situación posible, se vuelve más listo y juega con más confianza y mejor. Y se queda la pelota. Prueba de contraste: la evolución en su día de Abidal.

El Barça de hoy no es tan meticuloso. Su orden parece más voluble y su fe en la posesión, menos firme. Aunque los hombres de Lucho la toquen con más clase, la arquitectura táctica de Guardiola da la iniciativa a Pep. Recuérdense aquellas pretemporadas en las que un Barça lleno de canteranos ignotos escondía el esférico a los más grandes de Europa. El de Santpedor reparte los papeles, define quién ataca y quién contragolpea. Pese a sus contratiempos.

Las lesiones de Robben y Alaba se han cargado medio esquema. Afectan demasiado a la salida desde atrás. Arjen es el único crack independiente que hay en la plantilla de Guardiola, el único que recibiendo a 50 metros del arco supone un peligro real; cuando se ausenta, dejarle huecos al Bayern apenas asusta: se le presiona con más fuerza, más gente y menos riesgo. Por su parte, Alaba es el saltapresiones oficial, con pases, controles o giros. Sin Arjen ni David, la salida del Bayern cojea.

La presión culé

Pero no queda claro que precisamente el Barça pueda apretarle con garantías. Aunque en fechas recientes se haya enaltecido su presión, hay truco (legítimo y elogiable). El Barça no presiona desde cero; lo que hace es aprovechar que los equipos se le encierran aposta, entonces ataca de maravilla, desborda al contrario y, cuando éste recupera el balón, lo hace atrás, cansado, desordenado y asustado. Y entonces es cuando el Barça muerde.

Es decir, emplea el desgaste físico, táctico y mental que su fútbol le inflige al otro para luego presionarle en ventaja. Si el Bayern ejerce de Pep Team, la película diferirá. No habrá repliegue intencionado. No habrá facilidad. Se notará que Messi, Iniesta y Neymar no son Drogba, Vieira y Eto’o.

En cualquier caso, lo dicho. Sin Robben, ir a morderle, no pillar cacho y dejarle correr tampoco tiene por qué matar. Sería un riesgo, digamos, moderado. Y quizá rentable. Sobre todo porque dificultaría lo que siempre pretenden el equipo de Guardiola: el Bayern, con el balón controlado, en campo de Ter Stegen.

Si el Bayern cruza la divisoria y se pone a tocar la pelota, feo. El diseño ofensivo de Pep será fantástico, pues ahí no falla jamás y los bávaros, aun con bajas, acopian talento. Las subidas de Bernat, Thiago entre líneas, Lahm sobre Alba o Müller contra Mascherano son armas con potencia de fuego. A corto, medio y largo alcance.

El sacrificio de Pep

Parece nítido, entonces; el Bayern crece en campo rival y el Barça mengua en su propia mitad. En consecuencia, como Guardiola decide, su fin y papeleta consistirán en vivir arriba. O no. O sí, es que no está claro. Existe otra arista, una que puede girarlo todo. ¿Y si hemos malinterpretado la traslación del Hijo Rojo? ¿Y si el Barça no es América ni Pep es Superman? ¿Y si Guardiola era el way-of-life y Messi, su protector? Dicen los que saben que el fútbol es de los futbolistas.

Y Leo no es uno más, él es un milagro. Crea ocasiones de la nada y requiere menos ocasiones que el resto para marcar el gol del triunfo. O se asimilan las devastadoras connotaciones de la simple frase anterior o no se le comprende. Dominar al Barcelona, obligarle a cosas que no quiere, mostrar sus miserias, no sirve. Varios lo han logrado y casi todos han perdido. Se trata de dominar a Messi. De poco vale chutar dos veces cuando Leo tira o asiste una, una sola, con cierta comodidad.

La posesión azulgrana comenzó su cuesta abajo el día en que Pep salió del Camp Nou. Quitarle el balón al Barça fue una opción factible desde entonces. Pero nadie se lo quiso quitar. Un Barça dominante da miedo, pero mucho menos que un Messi con espacios. Ni hablar de un Messi con espacios con Suárez y Neymar secundando la moción.

Durante cuatro temporadas, Guardiola entrenó a Lionel. Pensar más en potenciarse a uno mismo que en limitar al contrario estaba justificado. Sin embargo, el año pasado, el primero sin los mejores, mantuvo su sino y perdió 5-0 con el Real Madrid. Y este miércoles y el martes que viene, ante Messi, Suárez y Neymar, su inferioridad se presenta mayor si cabe. Aunque en Pep parezca casi impensable, se impone valorar un cambio de registro. Siquiera porque, con cualquier otro míster, el Bayern saldría a defender. Por eso y porque, contra Piqué, Alves, Busquets, Iniesta y compañía, aun teniendo los pases más preparados, el balón nunca se tiene siempre.

La noche de Iniesta

Guardiola cuenta con Xabi Alonso, que se sabe de memoria el único método que, con cierta constancia, ha frenado al ’10’: el que se inventó Mourinho. No meterle el pie para que no regatee, cubrirle la salida hacia su izquierda para llevarlo hacia la banda, escalonar ayudas detrás de cada defensor para cerrarle el paso si se va por velocidad, interponerse en la línea de su pase favorito –rosca desde la derecha hacia el segundo palo–, etcétera. El Madrid, que sigue estos pasos, ha sufrido cero goles y cero asistencias de Messi en juego en los tres últimos clásicos.

Pero lo avisado: dicho plan conlleva decisiones impropias de Pep. La primera, protegerse con mucha gente por detrás del balón, lo cual deriva en renunciar a su juego de posición y regalar parte de la posesión de la pelota.

Y en las últimas citas, cabe resaltar, el Barça está brillando con ella. Paris Saint-Germain, Espanyol, Getafe y Córdoba dan fe de lo sucedido. Como denominador común, que los cuatro se encerraron, que ninguno presionó. A partir de ahí, el concepto culé fue trasparente, Messi bajó hasta donde no había rivales –o sea, un montón– y así influyó sobre dos parejas magnánimas: Suárez y Neymar, e Iniesta y Busquets. Veamos cómo.

A Suárez y Neymar les dio espacios, los dejó solos en el frente del ataque. Tres carriles para dos hombres, cuatro defensas para dos puntas. La incesante movilidad de la dupla, con desmarques larguísimos y entrecruzados, bordó el fútbol, turbó zagueros y generó goles. Cuesta imaginar a Benatia y a Boateng, no digamos a Dante, sobreviviendo a tal juicio. Se insiste, la última posición de Messi, muy, muy retrasada, regaló espacios a Suárez y a Neymar.

También devolvió el protagonismo a Busquets y Andrés Iniesta. Iniesta es rosa y libro en la diada de Sant Jordi; simboliza pasión y cultura en un momento de orgullo. Cuando brilla, el Camp Nou se siente en paz y realza su influencia. Justo lo que está ocurriendo.

El detalle de Alves 

Por último, un verso suelto en el partido. A veces, Guardiola prescinde de los extremos y alinea tres centrales juntos, con la intención habitual de ganar un hombre extra para la salida desde atrás. Sin embargo, con el ajuste, los laterales del rival arrancan solos y en Europa el más listo es Dani Alves. Crearía un 4 por 3 en el medio, en favor del Barcelona. Lo hace siempre que se lo permiten. Y domina con razón. El 5-3-2 muniqués sería la invitación al control del brasileño.

La eliminatoria, habrá quedado claro, cruza mil argumentos. Por norma, la duda reside en el desenlace, pero en este caso incluso la introducción resulta un gran misterio. No obstante, la cadena de premisas sí parece definida:

  1. Colectivamente, ambos equipos son mejores con balón que sin él.
  2. Estructuralmente, el Bayern está más preparado para adueñarse del mismo.
  3. Individualmente, los atacantes culés se adivinan casi indefendibles si pueden correr.

Y el fútbol es de los futbolistas. En condiciones normales, el factor 3 prevalecería sobre los otros dos.

Pero piensa Guardiola. Proteger su legado debe preocuparle. El futuro de su pasado depende de su decisión. A toda costa, intentará preservar su estilo. Por eso, al final la previa se resume en una pregunta: ¿Cómo ve Guardiola a Messi? Es decir, hoy y ahora.

Sólo la mejor versión del ’10’, la que pese a su brutal rendimiento llevamos dos Champions sin ver, haría dudar sobre sí mismo a quien nunca se dio derecho a hacerlo. Donde todo lo aprendió, donde todo lo recordará. Donde vive su familia y en el fondo él.

Un derbi en la sala VIP

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De los catorce años de derbis asimétricos con un contendiente empequeñecido hemos pasado a una tensión de violines acelerados, como se vio tras un sorteo de Champions que no contentó ni a unos ni a otros. Y al repensar la relación de los dos grandes madrileños encontraremos que el salto de lo tabernario a lo planetario, curiosamente, les ha acercado más que nunca.

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Imagen de la Puerta del Sol con las camisetas del Real Madrid y del Atlético de Madrid en mayo de 2014, por la final de la Champions (Foto: Madrid.org)

 

La última victoria atlética antes de la llegada de Simeone se produjo en 1999 y se me ocurren tres formas de ilustrar lo lejos que queda aquel partido:

  • Por la vía estética: las camisetas de ambos equipos eran tremendamente holgadas, como sacadas de El príncipe de Bel-Air, todavía propias de esa década perdida para el buen gusto que fueron los años noventa.
  • Por la vía nostálgica: las defensas centrales de ambos equipos estuvieron formadas por Iván Campo y Julio César, en el lado blanco, y por Gamarra y Chamot, en el contrario.
  • Por la vía paradójica: Bizarri fue expulsado al comienzo de la segunda parte y saltó al campo Iker Casillas. El Bernabéu le recibió con una ovación.

De los catorce años de derbis asimétricos con un contendiente empequeñecido hemos pasado a una tensión de violines acelerados, como se vio tras un sorteo de Champions que no contentó ni a unos ni a otros. Y no lo digo precisamente por las comprometidísimas palabras de Butragueño (“podría haber sido mejor o podría haber sido peor”), sino por esa sensación de incomodidad que se apoderó de los aficionados de ambos equipos, la misma energía que se concentra a la salida de un cine tras la proyección de un thriller psicológico, cuando sólo queda encenderse un cigarrillo o guardar un rato de silencio.

Repensar las rivalidades cada cierto tiempo, no caer en la fábula moral de pobres contra ricos, es un ejercicio sano. Lo hizo David Remnick a propósito de Joe Frazier y Mohammed Ali, sobre quien escribió una hermosa biografía: “A pesar de toda la dimensión psicológica y racial que tenían sus combates en los años setenta, ahora creo que aquella lucha se situaba en un nivel casi estrictamente individual, era una disputa de fuerza interior, de condición física y de voluntad”. Es decir, que después de mucho repensarlo, aquello no era una pugna entre clases y carácteres, sino dos personas liándose a mamporros porque querían ganar.

Y al repensar la relación de los dos grandes madrileños encontraremos que el salto de lo tabernario a lo planetario, curiosamente, les ha acercado más que nunca. El Atlético, con unos años de retraso, ha desembarcado definitivamente en el G-20 de las pretemporadas transoceánicas, de los patrocinadores que no aparecían en los mapas de nuestra infancia, de evangelizar infieles futbolísticos con partidos amistosos, de salvar la primera ronda de Champions antes de la última jornada y de la sensación egocéntrica de que perder un solo partido es tirar la liga por la borda… La novedad de ahora mismo es que estamos ante un derbi de sala VIP.

El Real Madrid

El Real Madrid llega al partido después de unos meses extraños y con la duda de si tiene los músculos atrofiados por su falta de uso.

Es cierto que hubo lesiones tan importantes como las de Modric, James y Ramos. Especialmente importante me pareció la de Modric, porque usar al croata como mediocentro fue el primer título de Carletto con el Real Madrid. Lo recuerdo en su primera entrevista como jugador blanco, asustado, respondiendo con las uñas clavadas en el asiento, y entonces pensé que Modric era de esos a quienes sudan las manos en los actos oficiales, un muñeco para un pastel de bodas, un futbolista con botas de Lladró. Pero Ancelotti decidió ponerlo ahí. Muchas veces, el centro del campo de un equipo de fútbol se parece al reparto de ‘Los gemelos golpean dos veces’. Un tipo duro, como Arnold Schwarzenegger, encargado de asfixiar rivales. Y un tipo graciosete, como Danny DeVito, que crea el juego. Modric es ambos.

Pero es que a Modric se han sumado Kroos y James conformando el primer centro del campo radicalmente vanguardista. Lo digo porque antes en el fútbol cabía un poco más de anarquía, los entrenadores no inspiraban sus estrategias en ordenanzas cívicas. Se dejaba ver una subida valerosa de Gordillo, que no regateaba ni hacia la derecha ni hacia la izquierda, sino hacia abajo, siempre a punto de perder el equilibrio. O una carrera hipervitaminada de Stoichkov sin levantar la vista del suelo, como si diseñara autopistas o trazados para una partida de chapas.

Ahora el fútbol es milimétrico: jugadores que guardan su posición con más celo que un mayordomo británico, cambios de juego con precisión de tabla excel, controles perfectamente orientados que hacen caer de culo al rival… Y en cuanto se produce el más mínimo fallo, todos como monteros a por el rival. Fallo = gol. Así tiende a ser el fútbol moderno, atinado y casi infalible, y los arqueólogos del futuro encontrarán las primeras células de eso en Modric, Kroos y James.

Por todo esto, la capacidad de Modric y James para resistir un partido de la máxima intensidad será uno de los factores a tener en cuenta en estos cuartos de final. Porque Ancelotti no soporta su banquillo. El italiano tiene maneras de profesor en colegio de pago, es consciente de que debe mantener la compostura porque las cosas cuestan dinero, y disfruta viendo desde la línea de cal a sus once jugadores ejecutar algo delicioso, una especie de ensayo general de un coro en el Eton College. Pero todo se tuerce cuando posa la mirada en su banquillo. No puede evitarlo: en vez de ver a unos profesionales esperando su turno en un banquillo de clase business encuentra a un grupo de adolescentes deseosos de instagram en el banco de un parque. Chicharito, Coentrao, Khedira, Illarramendi, Jesé. Y lo intenta nuevamente: mira a los once del césped y el mundo es un lugar reconfortante. Devuelve su vista al banquillo y se pone nervioso y eso le lleva a los cambios raros y de ahí a la anarquía y a una experimentación de profesor chiflado, inadmisible en un buen colegio.

Entre las cosas que han salido mal en el Madrid en las últimas fechas también se encuentra Cristiano Ronaldo, irreconocible hasta que marcó cinco al Granada. Los amantes de la cámara superlenta saben que su registro de emociones sobre el césped es mecánico: rabia, alegría, puchero, alegría, alegría, queja. En los últimos partidos su paleta se había ensombrecido, él era un niño temeroso dispuesto a mandar al tercer anfiteatro las gorras a lo DJ Kun, los pendientes de brillantes y los versos de Kevin Roldan. Pero seguro que todo esto se le pasa al olor de la alta competición, así que tranquilidad para los madridistas.

En el apogeo de la melancolía ronaldiana fueron Benzema e Isco quienes sostuvieron el chiringuito: hay que reconocérselo. A Benzema, por reformular una ley de la geometría que ahora dice que la distancia más corta entre dos puntos es una carrera suya. Los buenos futbolistas, en realidad, maduran igual que los buenos escritores: se van desprendiendo de la adjetivación. Y Benzema es un jugador sustantivo. Y a Isco, por sus andares de futbolista goyesco y por agarrarse como una fiera a la ramita que separa el césped de la caída a los banquillos, habiéndose disciplinado tanto que ahora Ancelotti no puede ignorarlo: ¿James o Isco?, nos preguntamos para el martes.

El Atético de Madrid

Hace cuatro años vivimos en España el máximo apogeo de los grandes relatos gracias a Guardiola -el icono de la Super Pop que pegaban los intelectuales en sus carpetas- y a Mourinho -el parche que adherían los malotes a sus chupas-. La marcha de ambos rebajó la fiebre por las discusiones sobre qué estilo nos llevaría más rápido hacia el perfeccionamiento humano. Y el cortejo fúnebre de los grandes relatos cobrará forma de contragolpe el día en que Luis Enrique gane un título para el Barcelona con una jugada en tres pases, o a la salida de un córner.

La llegada de Simeone al Atlético enterró otro relato grande, el del “pupas”, y demos gracias. Porque estas formulaciones filosóficas son bastante tramposas: recurrir a la condición de “pupas” servía para justificar cualquier debacle sin detenerse en la horrenda gestión deportiva del club. El único problema es que se ha cambiado el relato del “pupas” por el de la brutal capacidad de motivación de Simeone. A mí eso me parece simplista, porque hay fundamentos científicos que evidencian que la motivación no basta para jugar bien al fútbol. Me refiero al debut de Salva Ballesta con la selección española: nunca hubo un jugador más motivado, y todo para acabar como un auto de choque en una persecución desesperada de la pelota.

Pero lo de Simeone tiene mucho mérito, no vamos a negarlo. Hay entrenadores que hacen bueno a un futbolista: ahí está el renacer futbolístico de Reyes a las órdenes de Quique Sánchez Flores, en un ejemplo dentro del Atlético. Pero es que Simeone lo ha hecho con todo el equipo: ha convertido a Juanfran en un lateral brasileño, y no solo eso, sino que también sabe defender; ha revestido de tanto aplomo a sus centrales que ahora se parecen a las estrellas del billar que poblaban las madrugadas de Eurosport, y así con todos sus futbolistas.

El Atlético, como el Madrid, tampoco llega en su mejor momento: en la Liga se encuentra más alejado de la cabeza que el año pasado y en la Champions sufrió mucho para deshacerse del Leverkusen. El equipo se ha reinventado pero ya no sorprende tanto. En parte es normal, por una cuestión de expectativas. También porque hay jugadores que no se encuentran al mismo nivel, léanse Gabi y Raúl García.

Pero sobre todo por la ausencia grande de Diego Costa, que era el anuncio de una desgracia irremediable para los defensas, un dinamitero de western: controlaba y los defensas salían volando cómicamente a su alrededor. Los tres delanteros de ahora no echan raíces y lo que es peor: hasta resultan entrañables. Un viejoven (aunque, ojo, Torres huele a policía retirado que regresa solo para dar caza a su archienemigo), un croata con pinta de regentar un emporio de lounges y un soldado de la infantería gala en una película sobre la Segunda Guerra Mundial (ojo también, que Griezmann anda especialmente encendido).

Si defendíamos lo vanguardista del centro del campo blanco, lo justo es ensalzar la democracia radical del mediocampo atlético. En algunos partidos destaca Koke (bueno, mejor dicho, en casi todos). En otros, Tiago (este año ya ha marcado más goles que en cualquier otra temporada con el Atlético). En otros, Saúl (nos sorprendió a todos con su papelón en el 4-0 de Liga al Madrid). En otros, Mario Suárez (fue el hombre grande contra el Leverkusen). Y, siempre, Arda Turan, que es bueno hasta para definirse a sí mismo: “Mi fútbol es una calle estrecha de Estambul”, le dijo a la gente de Líbero. Porque es cierto, su fútbol es una calle repleta de gente, es la obligación de conservar la pelota ante la amenaza de un mercader liante o de la banda del barrio, y al final el turco obra el encantamiento de que 21 futbolistas graviten en su órbita.

Y concluiremos el repaso a las piezas atléticas con una hermosa historia circular en la que un novelista encontraría el destino y la venganza: Moyá se hizo titular en la portería del Atlético por una lesión de Oblak y es probable que Oblak se haga definitivamente titular por una lesión de Moyá. Digo hermosa, especialmente para los atléticos, por la seguridad de ambos.

En cuestión de precedentes, los blancos se acordarán de la pasada final de Lisboa mientras que los rojiblancos enfatizarán su imbatibilidad en los seis enfrentamientos de esta temporada. En resumen, sobre los precedentes podría decirse casi cualquier cosa: hacer un Butragueño. Por un lado, parece un hecho que Simeone ha mostrado más recursos en estos encuentros: desde que su equipo juegue mejor (el ejemplo del 4-0) hasta convertirse en un malvado de la lucha libre que estampa una silla en la cabeza del juez (el ejemplo del calvote al cuarto árbitro). Pero también sabemos que la Champions es el gran fetiche blanco, el escenario para ultrajar a sus fantasmas como ocurrió el año pasado con el Bayern de Guardiola. Es decir, que hay precedentes para todo.

Más allá del resultado, que no se nos escape el hecho excepcional de que sea el segundo año con Madrid y Atleti jugándosela en Champions. ¿Cómo ilustraremos el tiempo hasta que algo así ocurra de nuevo? ¿Qué pensaremos de la estética de esta década? ¿Qué pensaremos de los centrales de ambos equipos? ¿Y qué pensaremos de Casillas?

Álvaro Llorca es periodista y editor en Libros del K.O., una pequeña editorial que publica grandes reportajes.

Por qué el Madrid no le gana al Atleti

Jugar seis veces contra el campeón de Europa y no perder ninguna debe tener truco. Simeone tiene dos. El primero radica en que su equipo se hizo el muerto 14 años seguidos. Fue involuntario y le causó dolor, pero en cierto modo dicho vía crucis supone hoy una ventaja.

Simeone (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)
Simeone (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)

Jugar seis veces contra el campeón de Europa y no perder ninguna debe tener truco. Simeone tiene dos. El primero radica en que su equipo se hizo el muerto 14 años seguidos. Fue involuntario y le causó dolor, pero en cierto modo dicho vía crucis supone hoy una ventaja. Le enrabietó y acomodó al Madrid. En ambos casos profundamente, además, pues las inercias que duran lo que aquélla acaban convertidas en folclore.

De repente llegó el argentino y cambió el derbi como tantas otras tramas. Diseñó un sistema basado en la seguridad, dotó de confianza a los suyos y el nivel futbolístico se igualó en la capital de España. Al viejo regente le cuesta asumirlo, no termina de entenderlo, aunque dice que sí, en realidad no se lo cree. Por eso suele saltar al campo menos enchufado que el dueño del Calderón, facilitando que el segundo truco del Cholo marque la diferencia.

El Atlético dispone de un plan defensivo que al Madrid le quema el cerebro. Su idea troncal consiste en vestir a Ramos y a Pepe de amos del balón. Simeone persigue que, de sus rivales, los centrales sean los que más tiempo retengan la pelota. Para conseguirlo, los deja solos. Los arietes colchoneros no trabajan sobre ellos; al menos no como tarea prioritaria. Por norma, los ignoran.

En defensa, los objetivos de Griezmann y Mandzukic –o sucedáneo- son Modric y Toni Kroos. Les aíslan si se paran y les muerden si bajan a recibir. Bajar a recibir suele implicar recibir de espaldas -gran desventaja-, propiciando que Antoine y Mario puedan robar en campo ajeno; y cuanto más arriba se inicia una contra, más peligro entraña. Intimidados, la reacción paulatina de Toni y Luka tiende a ser alejarse del balón, depositando el marrón en pies de Ramos y Pepe.

La presión y el índice inquisidor de la soledad

Usemos la vista de pájaro para resituar la escena. El Atlético de Madrid, como siempre se resalta, está ejerciendo una presión intensa. Pero no sobre sus diez adversarios, sino sobre ocho. Ocho, nada más. Mientras tanto, Pepe y Ramos son señalados por el índice inquisidor de la soledad. Eso sí que es presión, aunque sea invisible. “¡Pero si están solos! ¡Que hagan algo!”

Entonces, se debaten entre dos contestaciones. La primera, ambiciosa, es salir conduciendo, seducir a un punta, atraerlo hacia sí y desmarcar indirectamente a Modric o Kroos, y tras lograrlo, entregarle la pelota. Sería estupendo. El problema reside en que si un central conduce y la pierde, hay mano a mano contra Casillas. Para prevenirlo, se acogen al recurso auxiliar del pelotazo, acción tras la cual Godín, Miranda y Tiago se transforman en gigantes. El Atlético gana casi todos los saltos. Y casi todos los rebotes.

Koke, Miranda y Griezmann (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)
Koke, Miranda y Griezmann (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)

Ahora sí, el balón es rojiblanco. Y enfrente aguarda un conjunto frustrado y partido en dos bloques. El de abajo, con Ramos y Pepe; el de arriba, con los ocho que restan. La distancia que los separa es enorme. Y Griezmann y Mandzukic la dominan en exclusiva. Ahí se asienta la gran obra de Simeone. Lo que su equipo hace en defensa deriva, pocos segundos más tarde, en una situación ofensiva idílica. Con un solo pase bien dado (uno), Ancelotti pierde ocho piezas, Pepe y Ramos la calma y Juanfran, Gabi, Koke y Arda, la gravedad. Vuelan.

Reconocemos estos instantes porque el Cholo se dirige a su grada y le indica que es la hora. El Calderón se vuelve loco. O muy listo. Evoca rituales de tribu india y al Madrid se le pone una cara de colono pardillo que no se le quita hasta el minuto 90. Conste el 4-0 como prueba tácita. Fue el teatro de un combate; Toro Sentado y un boy scout sin medallas. En la orilla norte del río Misuri.

Pero no siempre ha sido así. No hay cuatro goles de distancia entre uno y otro, ni siquiera con los trucos de Simeone alterando el escenario. Es más, aunque en el libro de La Décima se lee que su origen fue un cabezazo en el descuento, lo que pasó fue diferente. El Madrid la ganó porque jugó mejor que el Atleti. Que un Atleti que ya hacía todo lo que aquí se ha escrito. El plan del Cholo coarta, pero Ancelotti tiene con qué superarlo. Y conoce el método.

Regla de oro: no rifar la posesión

La regla principal estriba en no rifar la posesión nunca. Para ello, establecer una ruta fiable por la que salir desde atrás se antoja imprescindible. Y tanto en Lisboa como en otros derbis, Carletto supo dibujarla.

Este año, el primer trazo atañe a Kroos. Toni ve y comprende el juego como apenas un puñado de hombres. Si el Madrid consigue que reciba de cara, multiplica sus soluciones. En pos de ello, abre a sus centrales y lo fija entre los dos. Matiz: Kroos no baja; Kroos está abajo. Es distinto. De este modo, nunca mira hacia Casillas, siempre está mirando a Oblak. Así, presionarle no es tan fácil. Griezmann y Mandzukic pierden valor.

Mario Mandzukic, durante un entrenamiento (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)
Mario Mandzukic, durante un entrenamiento (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)

Luego van Modric y James (Isco). Ambos suben y trotan hacia las bandas. Esto genera un doble efecto. Por un lado, la medular colchonera se echa para atrás, pues nada le da más miedo que no ver dónde está Luka. Por otro, Arda y Koke deben tomar una decisión. ¿Se quedan para proteger el medio o se van a tapar los costados?

No hay respuesta perfecta. Si permanecen cerrados, Kroos conecta con Modric (o con James, o con Marcelo); y si optan por abrirse, Ronaldo y Benzema hallan espacios entre líneas. Es decir, cuando emplean con fe e inteligencia su 4-3-3, sacan la pelota sin más peligro que el estándar. Y siempre a ras de suelo. Pese a Simeone.

Qué fácil parece. Y qué difícil se les hace.

Ocurre que el Real tiene una virtud que a menudo le debilita: su versatilidad. Se vislumbra tan capaz de dominar con cualquier estilo que resulta demasiado permeable a la intención de su adversario. No intentó quitarle el balón al Bayern, ni regárselo al Sevilla. Tampoco quiso frenar ante el Dortmund, ni acelerar contra la Juventus. Cree tanto en tantos planes que no siente como suyo ningún plan en concreto. Por eso nunca se esfuerza en dictar las leyes de un partido. Acepta las condiciones del otro.

Y, en virtud de las de Simeone, no puede vencer. A pelotazo limpio, mandan Miranda y Godín. Para derrotar a su Némesis, necesita una actitud que no le caracteriza, la rebeldía intelectual. De ahí aquella primera frase: “El Atlético dispone de un plan defensivo que al Madrid le quema el cerebro”.

Carlo respira porque Modric ha vuelto. Luka es el pequeño ángel blanco que se posa sobre el hombro derecho y dice la verdad; una presencia noble, sabia y respetada a la que el equipo obedece porque la experiencia le ha enseñado que merece la pena. Pedirá a su gente que ejecute el sistema debido. Desde el ejemplo, mostrará el camino de la iniciativa. Con Modric, el Madrid puede aprender.

En una eliminatoria tan gigante, los factores imperantes se contarán por decenas. El Atleti tira un balón al aire (¡no digamos un córner!) y puede marcar gol, y el Real atesora tal cantidad de talento que hasta en su peor noche aspira a meter un saco. Los credenciales de ambos superan por mucho la media; son los finalistas de la última Copa de Europa. El plan defensivo rojiblanco y su efecto sobre la salida merengue tan solo representan una de cuantas batallas formarán esta guerra. Eso sí, la más importante de todas. De ella depende la primera frontera, dominar las dos orillas del río, estar incómodo o lucir radiante. En definitiva, el fútbol.

Abel Rojas es analista en Ecos del balón