Nueve frases que te ayudarán a entender mejor a los (posibles) aliados anticapitalistas de Artur Mas

635789948373724118wQuique García / Efe

La CUP (Candidatura de Unidad Popular) tendrá un papel decisivo en esta legislatura. Aquí explicamos cómo funcionaba la organización. Estas nueve frases reflejan algunos de sus puntos de vista en palabras de sus representantes.

La CUP (Candidatura de Unidad Popular) tendrá un papel decisivo en esta legislatura. Aquí explicamos cómo funcionaba la organización. Estas nueve frases reflejan algunos de sus puntos de vista en palabras de sus representantes.

1. La Unión Europea

“Todos sabemos quién toma las decisiones en la Unión Europea actual: el gran capital y los poderes financieros. Y las ejecutan de forma calculada y milimétrica el Consejo de Europa y la Comisión. No obstante tienen también un Parlament donde tienen a unos cuantos que van a defender los derechos de los pueblos y a criticar la troika. Es una jaula de oro con 20 y pico mil euros por diputado”.
Josep Manel Busqueta, responsable del programa económico.

2. Los lastres

“Nunca nos hubiera parecido estar en un escenario tan confortable: en una jugada, podemos deshacernos de la monarquía, de la OTAN y con un poco de suerte nos echan de la UE. Todos son un lastre”.
Josep Manel Busqueta, responsable del programa económico.

3. La independencia de todo

“Yo lo que no me creo es que alguien diga que quiere ser independiente en la UE. El tema no es si en ocho meses, 12 o 16. El tema es su concepto de independencia. Las grandes palabras, como independencia, que deberíamos estar llenando de contenido, se están quedando cada vez más vacías. Porque parece que independencia es equiparable a montar un Estado al margen del Estado español, pero dentro del marco de la Unión Europea. Eso no es independencia.”
Anna Gabriel Sabaté, número dos de la CUP en las elecciones al Parlament.

4. El euro

“El euro en estos momentos es un corsé para una economía como la nuestra. La UE es un fracaso en sí misma. Para hacerla avanzar hace falta pueblos que planteen la ruptura del euro y la unión económica y monetaria, que es un yugo”.
Josep Manel Busqueta, responsable del programa económico.

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5. La socialdemocracia

“El espacio de la izquierda socialdemócrata, por decirlo de alguna forma, no tiene futuro, y por eso se está teniendo que reinventar y repensar. Yo creo que no nos hacía falta la izquierda socialdemócrata de los últimos siete u 8 ochos años, vista la capacidad del sindicalismo alternativo y las luchas sociales de generar movilizaciones, y sus posibilidades daban para construir un discurso potente que puede ir desde la izquierda radical hasta el anticapitalismo. La idea de un discurso así no es tanto incorporar o sustituir la socialdemocracia sino sobrepasarla.”
Anna Gabriel Sabaté, número 2 de la CUP en las elecciones al Parlament.

6. El anticapitalismo

Queremos una economía de medida, adecuada al país y echar las grandes empresas que arrasan con todo y luego se van. Hay que relocalizar la producción, externalizar quiere decir explotar más lejos. Hoy día ser anticapitalista es ser moderado y tener sentido común.
Antonio Baños, número uno de la CUP a las elecciones al Parlament.

7. Los Países Catalanes

¿Pero es la lengua lo que nos une? Sí y no, nos une es la libre adscripción voluntaria a un proyecto político. Y no y sí, la lengua y la cultura son un factor clave, claro está. Aquí hay independentistas que hablan en castellano y en Valencia hay zonas de interior que no hablan valenciano y no las excluimos. Reivindicamos un espacio relacional cultural y social que son los Països Catalans, que existían antes del régimen del 78, que se encarga, bajo tutela militar, de prohibir expresamente la libre federación de comunidades autónomas. Esa prohibición de los militares, el famoso motorista de Herrero de Miñón, no la hacen pensando en Navarra y el País Vasco, que es una unión que pedía hasta el PSOE y que incluso consta en las disposiciones constitucionales, sino en los Països Catalans, que son una realidad cultural compartida, del mismo modo que puedan serlo Castilla la Nueva y la Vieja. Además, hay unos lazos históricos.
David Fernández, portavoz de la CUP en el Parlament.

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8. La asamblea

La asamblea es el menos malo de los sistemas de participación política. Permite, blinda y protege la participación de una persona un voto, la búsqueda de consenso sin minorías y mayorías, que existan todas las opiniones desde el respeto mutuo, pero también hay lógicas de poder. Ocurre en todos los movimientos sociales. Hay a quien se les escucha más, otros que son más pesados. Las lógicas de poder, de la condición humana, también se replican en la asamblea, siempre hay quien se pone de acuerdo antes de entrar. Una asamblea, no solo de la CUP, también es manipulable. Pero sigue siendo un sistema de una horizontalidad que permite hablar de todo.
Lo digo desde mi zapatismo más militante, reconozco que la asamblea es lenta. Escucha a todos, intenta hacer una síntesis… Es un proceso muy caro, muy lento, inviertes mucho tiempo, un recurso escaso.
David Fernández, portavoz de la CUP en el Parlament.

9. El Estado Español

“Confiamos durante muchos años en nuestros compañeros y hermanos de Herri Batasuna y por eso les seguimos de forma incondicional por que eso era una posibilidad de grieta profunda. Y en ese sentido y como herederos de esa tradición claro que queremos abrir grieta, y abrirla no sólo para abrir puertas al resto de pueblos del estado sino también a sus clases populares, el estado español es una cárcel de pueblos, pero es también una maquinaria oligárquica que sirve a los intereses de unas minorías. La clase trabajadora del estado español también tiene necesidad de liberación”
Anna Gabriel Sabaté, número 2 de la CUP en las elecciones al Parlament.

 

Pla y Cambó se citan en el Ritz

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Se instalan cara a cara. Más que su jefe, Cambó es casi su padrino. Hay una gran afinidad de carácter y un tremendo respeto mutuo que ha cuajado en la obra ditirámbica que Pla ha publicado recientemente sobre él. Al ser Cambó elegido diputado en los últimos comicios por Barcelona, se ven con frecuencia. Pero es la primera vez en bastante tiempo que el propio Cambó lo cita, y Pla tiene curiosidad por saber el motivo.

Ilustración: Carlos Rodríguez 

Para esta entrevista era necesario acercarse al Ritz de los años 30 y lo he hecho. Mientras el camarero se aleja, Josep Pla se acomoda en su butaca y lanza una ojeada a su alrededor. Con la apertura de las Cortes, el vestíbulo del Ritz -al igual que el del Palace- está animadísimo. La política vuelve a carburar y las mesas están casi todas ocupadas, con los diputados tomando café o licor o fumando. Por todas partes se ven corrillos discretos de caballeros ataviados de tarde, con trajes elegantes. Reconozco a Santiago Alba, el actual presidente del Congreso, en medio de un grupo de radicales, junto a una de las palmeras de ese jardín de invierno que tanto encandila a las damas de provincias; y  más allá al monárquico Goicoechea. También hay algún que otro hombre de la CEDA y por supuesto la plana principal de la Lliga regionalista catalana, que tiene en el Ritz su centro de operaciones.

Pla, que lleva unos años cubriendo la actualidad parlamentaria para La Veu de Catalunya, está más que familiarizado con todos estos caballeros y sus códigos. Cuando el vestíbulo del Ritz se ve medio desierto, con parejitas sentimentales aquí y allá, es que nada excepcional ocurre. Cuando se llena, algo se está cociendo. Se nota la excitación en el ambiente, en los aires conspiratorios de los corros políticos. Aquí está medio Madrid y también media Cataluña, o por lo menos esa parte de banqueros y empresarios asociados a la Lliga que pulula por los aledaños de las Cortes.

– Aquí tiene, señor Pla.

El camarero le trae un café con leche y media tostada, y Pla se lo agradece. De pronto la señorita de la mesa vecina se vuelve hacia él.

– Perdone, ¿es usted Josep Pla, el cronista de La Veu? Encantada de conocerle. Mi marido está suscrito a su periódico. Soy una sobrina del señor Ventosa –es el parlamentario de la Lliga del que Pla habla mejor–. En fin, sólo quería decirle que le leemos con asiduidad. Los catalanes debemos apoyarnos y más en estos tiempos. Estará usted que trina, con el president Companys en la cárcel y los derechos constitucionales suspendidos. Ésta no es la república que todos queríamos, no señor. No es esto, como ha dicho el señor Ortega y Gasset con gran criterio…

Pla esboza una media sonrisa (“Su tío es un gran parlamentario, perdone un momento”) y aprovecha que aparece Francesc Cambó por el otro extremo del vestíbulo para ponerse en pie. Cambó, que lo busca con la vista, endereza el rumbo. Hombre de poca estatura y seco de carnes, el presidente de la Lliga a sus 50 años todavía no ha perdido esa tensión nerviosa que le caracteriza. Un trabajo metódico y serio lo ha llevado a ser uno de los políticos más valorados y a su edad continúa manteniendo una actividad incesante en Madrid y Barcelona como propagador de las ideas regionalistas. Los años le han agrisado la barba corta; no así la mirada ni la inteligencia. Por el camino saluda a varios conocidos antes de llegar a la mesa donde espera Pla, a quien da un recio apretón de manos.

– Bona tarda, senyor Pla. Siéntese, y perdone que le hable en castellà, pero en los tiempos que corren no pasamos los catalanes por nuestro mejor momento… Es más discreto.

Se instalan cara a cara. Más que su jefe, Cambó es casi su padrino. Hay una gran afinidad de carácter y un tremendo respeto mutuo que ha cuajado en la obra ditirámbica que Pla ha publicado recientemente sobre él. Al ser Cambó elegido diputado en los últimos comicios por Barcelona, se ven con frecuencia. Pero es la primera vez en bastante tiempo que el propio Cambó, siempre bien informado de lo que ocurre entre bambalinas en Madrid, lo cita, y Pla tiene curiosidad por saber el motivo.

– Supongo que se habrá imaginado, dada mi insistencia, que acontece algo excepcional –empieza el político–. Ya habrá notado usted la electricidad que hay en el ambiente, con la apertura de las Cortes. Pues esto no es nada comparado con lo que serán los próximos días…Vamos a tener un otoño más que movido. Tengo noticias de que está a punto de estallar un gran escándalo que salpicará a las más altas instancias de esta República…-dice.

Pero se detiene, porque se acaba de dar cuenta de mi presencia. Pla le explica que hemos quedado para una entrevista y Cambó aprovecha para desaparecer, sin más. Las celebridades del pasado son así. Entonces, cansado del contexto, Pla me propone que salgamos al paseo de Recoletos y mientras lo hacemos se lía un pitillo calmosamente y achina los ojos.

– ¿No sería más lógico entrevistar a Baroja?… Seguramente estará en la cuesta de Moyano, ojeando libros.

– No, le estaba buscando a usted. Me interesa.

– ¿Yo? Soy un escritor catalán, te recuerdo.

– También publica artículos en castellano y dentro de unos años publicará hasta libros.

– Supongo que porque no habrá más remedio… Pero no me va bien este idioma. Está demasiado hinchado para mi gusto, demasiado barroco.

– Hay de todo. Están los Quevedos y están los Barojas. Están los veleros bergantines que van viento en popa, y está Antonio Machado.

Me doy cuenta de que la conversación va a ser complicada, porque a Pla es difícil sacarle de su hurañía, pero lo intento. Le cito a d’Ors, aprovechando que pasamos cerca de donde estará un día su monumento. Sé que es una de sus debilidades.

– Ah, D’Ors. Ha sido el más culto de todos los periodistas de La Veu, y de todos los escritores de la Barcelona de principios de siglo. Nadie, en Cataluña, tenía las lecturas que acumulaba don Eugeni, y yo leía con fruición cada uno de sus artículos durante casi quince años, hasta que dejó Barcelona en el año 20. Eran todos terriblemente nutritivos, sugerentes. Allí había referencias con las que yo construía mi cultura, que me indicaban en qué dirección dirigir mis lecturas.

– También lo frecuentó personalmente en las tertulias de la peña del Ateneo de Barcelona.

– En los años diez, en efecto. Él, Josep María de Sagarra, Francesc Pujols y Alexandre Plana eran, para mí, las personalidades más brillantes de aquella época.

– Es curioso que le haya gustado tanto d’Ors, cuando es un temperamento totalmente opuesto al suyo.  Sus textos están en las antípodas de Pla. Él trabaja con ideas y usted con cosas.

– Yo trabajo con la realidad. Siempre lo digo. Tener opiniones es algo relativamente fácil, pero en cambio una buena descripción… Eso es lo difícil, en literatura. Una descripción de verdad, de una persona, por ejemplo, en la que se vea todo, desde el aspecto físico de los pies a la cabeza, pasando por el efecto que produce, cómo piensa, dónde se posiciona, todo. ¿Cuántas veces se encuentra uno con eso? O un buen paisaje, con todos sus matices. Sólo Azorín ha sido capaz de intentarlo, aunque sea de una manera un tanto aritmética.

– Umbral, uno de sus admiradores, dice que Azorín no sabe coordinar…

– Una crítica malintencionada. Azorín busca una prosa voluntariamente aritmética y es de los pocos, junto con Baroja, que hace sonar el castellano de una manera diferente a la carraca esa barroca y burocrática que tanto gusta aquí.

– A usted, los escritores españoles le respetan. Consideran que hasta en castellano escribe usted bien, a diferencia de Baroja, del que siempre dicen…

– No me gusta que me utilicen para atacar a otros escritores.

– Gusta mucho su adjetivación, y se ha repetido mucho eso de que la literatura está en el adjetivo…

– Es que es cierto.

– Supongo que también estará en el ritmo.

– Es otro de los factores. Pero un adjetivo preciso… eso es una joya. El preciosismo de la literatura está en ese adjetivo. Si Valle-Inclán ha pasado a la historia de la literatura en castellano, es por eso.

– Pero usted no es tan etéreo como Valle. Él podría cerrar los ojos y seguir escribiendo sobre cualquier cosa. Usted en cambio necesita la realidad delante. Usted siempre tuvo los pies en la tierra.

– Yo he necesitado siempre escribir sobre las cosas que tenía delante, sobre lo que he vivido, sí.

– Así escribió sus dos diarios sobre Madrid, su Cartas de lejos y sus libros-reportaje como el que publicó sobre Rusia. Casi estoy tentado a decir que todas sus obras. Son textos muy sencillos pero que funcionan precisamente por esa acumulación de detalles verídicos sacados de la observación. En eso usted siempre ha estado muy cerca de Hemingway.

– Es un gran escritor, ese Hemingway. Es, curiosamente, el único que ha sabido escribir un libro sobre el mundo del toreo como Dios manda. Me ha gustado mucho Muerte en la tarde. Un gran trabajo.

– Cambiemos un poco de tema, ya que estamos aquí. ¿Por qué le gusta tan poco Madrid?

– Porque es una ciudad de tenderos, funcionarios, la villa de recreo de los aristócratas andaluces. Aquí sólo tenéis cortesanos. Es una ciudad con muy poca consistencia histórica. No tiene el pasado medieval de Barcelona. Es una construcción artificial y burocrática que nace a raíz de un capricho de Felipe II, cuando en la segunda mitad del siglo XVI se decide a construir su monasterio –una cosa horrenda, a mi juicio– y escoge la población más cercana como sede conveniente para su corte. Es una ciudad a la que le falta historia. No se la puede equiparar con Londres o París.

– Hubiera sido más lógico que Toledo fuera la capital de España, ¿no es así?

– Eso habría tenido más sentido. De todas maneras, yo la primera vez que llegué a Madrid venía de París, y aquello no se podía comparar. Todo esto resultaba muy pobre y algo triste en comparación. Se supone que una ciudad es la cristalización de un proceso histórico imperial…

– “Imperio”, una palabra muy d’orsiana.

– D’Ors está teniendo más influencia de la que parece, sí. En realidad ha influido más en José Antonio que Ortega. Pero como aquí se le ha leído poco, no se dan cuenta. Decía que una ciudad es la cristalización de un proceso histórico imperial, de un esfuerzo nacional importante, y ahí están las pruebas. Roma, Londrés, París, Viena, son todas la materialización arquitectónica y espiritual de sus respectivos imperios. Pero ¿Madrid? ¿Dónde se siente eso? Parece increíble que esto haya sido la capital de uno de los grandes imperios históricos.

– A lo mejor cuando se la hizo capital, ya empezaba a declinar el imperio… Pero vamos, algo le gustará a usted de esta ciudad. Al menos este paseo sí que le gusta.

– Este paseo es realmente maravilloso. Es lo único que se salva. El Madrid de los Austrias, pase, pero para Galdós. Los barrios bajos, bueno, tienen su personalidad, pero como todos los barrios bajos de cualquier ciudad. Y los barrios modernos son tan anodinos como cualquier barrio moderno. La Gran Vía aspira a ser de un funcionalismo norteamericano sin ningún interés. Pero este ensanche…, esta gran arteria que se abre desde Atocha y que llega hacia el norte, buscando el Guadarrama. El conjunto que forman el Prado, Recoletos y la Castellana, con su arbolado, sus fuentes y bancos, es  sencillamente una maravilla.

– Y está el Prado. La pinacoteca.

– El Prado es un museo que no se merecen los madrileños, ni los españoles. Es, en mi opinión, la mejor pinacoteca del mundo. Ninguna otra, ni siquiera el Louvre, alcanza su categoría. Es el mayor tesoro artístico del país, y solo por el Prado merece Madrid que la visitemos una y otra vez. Esta mañana estuve en él, paseando.

– Como d’Ors.

– ¿Le ha visto?

– No, todavía no porque está ahora mismo en París. Pero lo tengo pendiente. Siempre he pensado que usted y él son como Ortega y Baroja, dos temperamentos opuestos y complementarios. Son ustedes las dos mayores figuras de la cultura catalana de principios de siglo.

– Cataluña es un país pequeño.     

– ¿Quiere usted hablar del problema catalán, en estos momentos? Lo digo porque es una cuestión que va a traer mucha cola… Usted escribió un buen libro sobre el asunto, el que le dedicó a Cambó, muy ditirámbico, por cierto, en el que trazó la genealogía del pensamiento nacionalista catalán…

– El catalanismo, la existencia de Cataluña, no es un problema, como pensáis los castellanos; es una realidad. Aquí, tenéis tendencia a actuar como los ateneístas de nuestro amigo Azaña. Esa gente se reúne, debate los problemas del país, votan una solución, y piensan que el problema, así, estaba resuelto. Y resultaba, claro, que la realidad va por su cuenta y ni se ha enterado. Aquí, en Madrid, lo discutís todo en vuestro Congreso y en vuestros periódicos y vuestras tertulias, y pensáis que así quedan resueltos los problemas… Pero la realidad es muy tozuda.

– De siempre, los catalanes han querido ser muy ingleses a nivel de mentalidad política, muy pragmáticos.

– Es normal. Francia, en cuestión de centralismo, ha sido peor que ningún otro país. Y los catalanes franceses pueden atestiguarlo. En muchos sentidos, están peor que nosotros. Al final, fuerza es reconocerlo, no nos ha ido tan mal con España.

Es una bonita frase de cierre y como veo que Josep está nervioso por volver al hotel, decido despedirme y lo dejo alejándose por entre los plátanos crecidos de Recoletos. Es el autor catalán más importante del siglo XX y, según se aleja, me pregunto qué pensará Artur Mas de su obra. ¿Y de Cambó? ¿Cuánto ha cambiado el catalanismo desde sus tiempos a hoy? Yo diría que poco en lo esencial, pero todo en lo circunstancial. Se diría que han perdido el seny, y sin embargo están más cerca que nunca de su independencia efectiva. El resultado de las elecciones autonómicas nos dirá si todo ha sido un espejismo más o si el proyecto soberanista es una realidad viable, y veremos también si, al igual que en los años treinta, no se ve obligado el Gobierno español a suspender la autonomía. En los tiempos que corren, a mí, por lo menos, ya no me extraña nada.

Extranjeros por la independencia

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Una ‘tupamara’ uruguaya, una abogada griega y un ilustrador griego han creado una asociación independentista al margen de la ANC. Reivindican un independentismo distinto y dicen que la secesión traerá “menos paro” y “papeles para todos”.

Reportaje gráfico: David López Frías

Una ‘tupamara’ uruguaya, una abogada brasileña y un ilustrador griego han creado una asociación independentista al margen de la ANC. Reivindican un independentismo distinto y dicen que la secesión traerá “menos paro” y “papeles para todos”.

“Dicen que a los catalanes nos van a expulsar de la Unión Europea, del euro, del BCE, del FMI, de la ONU y hasta de la Liga. ¡Cojones! ¡Qué mala suerte! ¡Nos van a echar de todos lados menos de España!”.

Lo dice Ana Surra, que nació en Montevideo hace 63 años. Es uruguaya pero lleva once años en Barcelona, se siente catalana, se declara independentista y ejerce como tal. Figura en el número 47 de la lista de Junts pel Sí y es una de las fundadoras de Sí amb Nosaltres, una de las entidades que aglutinan a independentistas nacidos fuera de España. “Cada vez somos más los inmigrantes que nos damos cuenta de que no queremos seguir ni un minuto más gobernados por un Gobierno represivo y de derechas como el del Estado español”.

Surra vive en la zona barcelonesa de Nou Barris. Fue dirigente sindical, guerrillera y miembro del aparato militar de los tupamaros en Uruguay. Huyó de su país en 1975 después de un golpe de Estado y se instaló enValparaíso (Chile), donde se puso a trabajar para los pirquineros, los mineros más pobres del país. “Mi labor era alfabetizarlos peri también formación militar”, recuerda. Allí escapó de otra dictadura (la de Pinochet) y llegó a Panamá. De Centroamérica dio el salto a Europa. Primero a Bélgica, luego a Francia y por fin a Barcelona. “Llegué a Cataluña por un hombre”, dice con gracia. “Concretamente por mi nieto. Mi hijo se casó con una cubana que consiguió trabajo en Barcelona. Me instalé aquí para poder ver al niño”.

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Aquí Surra se ha integrado tanto que ahora centra sus objetivos en contribuir a que Cataluña se separe de España. “La independencia no es un anhelo exclusivo de los catalanes arraigados sino de todas las personas que vivimos en esta tierra y estamos hartos de las políticas del Gobierno español”, explica. “Somos 285.000 inmigrantes y cada día aumenta el número de los que nos hemos cansado”.

La asociación Sí amb Nosaltres nació una tarde en la que Ana Surra estaba viendo la tele. “Escuché a varios políticos de Madrid diciendo que en Catalunya no nos iban a dejar hablar castellano y me dije que eso era mentira”, explica. “Llevo más de 10 años aquí y nunca he tenido ningún problema con el idioma”.

Aquella indignación le llevó a comenzar a militar en la causa soberanista: “Empecé a asistir a actos de Súmate pero allí me dijeron que aquella era una entidad independentista para gente del resto de España. Al poco tiempo me propusieron montar un grupo que aglutinase a inmigrantes independentistas como yo”. De ahí pasó a organizar una primera reunión a la que asistieron personas de varias partes del mundo: “Había gente de Irlanda, Alemania, Rumanía, Uruguay, Paraguay, Argentina…”.

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Una abogada brasileña

En aquel primer encuentro estaba también la abogada brasileña Maria Dantas (Aracajú, 1969). Dantas fue una de las fundadoras de la asociación sectorial de inmigración de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) pero acabó abandonando la entidad. “Les respetamos mucho y a menudo trabajamos juntos, pero no nos vimos plenamente representados y decidimos marcharnos para formar una entidad aparte”, aclara. Los planteamientos de ambas entidades difieren en detalles fundamentales. “Nosotros no hablamos de la Guerra dels Segadors ni de 1714 ni de la Secesión ni de las guerras borbónicas ni de la cuestión nacionalista histórica”, subraya Dantas. “La nuestra es una reivindicación mucho más actual por los derechos civiles, la justicia social y la democracia”.

El grupo lo forman sobre todo personas de Europa y Latinoamérica. Lo definen como plural y heterogéneo: “No hay un pensamiento único. Es una señal de salud democrática. Hay gente de izquierdas y de derechas. Yo celebro el abrazo entre David Fernández (CUP) y Artur Mas (CDC) porque creo que no fue el abrazo entre dos políticos de ideologías opuestas sino entre dos seres humanos con un anhelo común: la independencia”, explica María, que no desvela por quién de los dos votará.

“Igual no te voto”, le vacila a Ana Surra, que encaja bien el golpe: “Mi nieto me dice lo mismo porque no le gusta Artur Mas. Ha heredado el espíritu izquierdista de su abuela”, dice.

“En realidad el objetivo final debe ser quemar las banderas y construir un estado democrático y social”, explica Yorgos Konstantinou (Salónica, 1967). Este dibujante e ilustrador griego es otro de los miembros de Sí amb Nosaltres”. Se considera una persona de izquierdas y asegura que quiere romper con España “entre otras cosas porque quiero deshacerme de un estado que tiene raíces franquistas y una monarquía impuesta por un dictador”.

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El griego habla euskera

Konstantinou residió en el Berlín comunista durante los años 80. Allí colaboraba con el extinto semanario cultural Sonntag y vivió la caída del muro. Añorando la vida en el sur de Europa, se instaló en el País Vasco en 1995. “Lo primero que presencié al llegar a Bilbao fue una gran manifestación de vascos de todos los estratos sociales. Había jóvenes, ancianos, anarquistas, madres, punkis y niños con sus abuelos. Al día siguiente compré el diario El País para informarme de lo que había pasado. Lo único que publicó ese periódico fue que unos encapuchados habían quemado una bandera española en el ayuntamiento. Yo no me percaté de ese suceso, pero sí que vi que El País estaba obviando a 10.000 personas que habían salido a la calle. Ahí empecé a simpatizar con las causas independentistas de la Península”.

“España está utilizando el discurso del miedo para afrontar el problema de Cataluña”, dice Konstantinou. “Y si el miedo debe ser el motor de nuestras decisiones, apaga y vámonos”.

Los independentistas foráneos discrepan en las metáforas. El griego cree que la relación entre España y Cataluña es como “una pareja que no funciona”: “El miedo nunca va a ser la solución para recuperar ese cariño o esa confianza”. Ana Surra es mucho más dura y la compara a “una violación en la que el violador se queda en tu casa y te dice que no vas a poder hacer tu vida. Yo lo que quiero es que el violador se vaya ya”.

“Lo que ocurre es que ahora somos más y el violador está acorralado”, concluye la brasileña Maria Dantas.

En esta línea, Surra asegura que no se cree las amenazas que usan en España y en Europa para amedrentarnos. “¿Cómo nos van a echar del euro? En Sudamérica hay dos países, Panamá y Ecuador, en los que circula el dólar como moneda oficial. Aquí se podría usar el euro sin problemas”. Konstantinou recurre a los dos ejemplos europeos: “Kosovo y Montenegro utilizan el euro sin estar dentro del eurogrupo. En Cataluña no tendría por qué ser distinto”.

Sobre la hipotética salida de Cataluña de la Unión Europea, Ana Surra recurre a la historia de su país: “Hace doscientos años que Uruguay dejó de estar bajo el dominio español ¡Y el país no se quedó flotando en el espacio sideral! Permaneció donde estaba. Pudimos hacer nuestras propias leyes y un banco central que controla al resto. En Cataluña va a pasar lo mismo”.

Tampoco les ha provocado miedo la reciente declaración de los bancos catalanes que han amenazado con marcharse si llega a cristalizar la independencia. “En tres días 600.000 personas sacamos todo nuestro dinero de esas entidades y lo metemos en la Caixa d’Enginyers. Son los bancos los que deben teneros miedo y no nosotros a ellos”, sentencia Konstantinou.

Papeles para todos

Ana Surra enumera tres motivos fundamentales que un extranjero tiene para apoyar la independencia: “El trabajo, los papeles y la dignidad”.

“En cuanto acabe el expolio económico español, habrá más trabajo en Catalunya y los inmigrantes saldremos beneficiados”, dice Surra. Sobre los papeles, opina que las políticas de Madrid en ese sentido son injustas y subjetivas.

“Hay gente que pasa muchos años sin obtener el permiso de residencia”, dice la uruguaya. “Otros llegan, se compran una casa de 500.000 euros y tienen la residencia al día siguiente. En ese sentido, los partidos independentistas ya nos han asegurado que catalán será el que resida en Cataluña. Está escrito en la hoja de ruta de ERC y en su momento en la de CiU. También lo reflejan así desde la CUP. Por eso le decimos a todos los inmigrantes que con la independencia van a tener papeles pero que para ello deben seguir con nosotros organizados”.

Los miembros de Sí amb Nosaltres auguran un futuro brillante para los extranjeros en una hipotética república catalana. “Entre todos los inmigrantes hablamos 268 lenguas y eso será muy positivo para las relaciones diplomáticas y comerciales con los otros países”, dice Surra, que no habla catalán. “Seremos el único estado que pueda relacionarse con la diplomacia de las otras naciones en su idioma y de eso tendremos gran parte de responsabilidad los nuevos catalanes”.

Quienes sí hablan catalán son Maria Dantas y Yorgos Konstantinou. El griego también habla español, inglés, alemán, italiano, holandés, polaco y algo de euskera. “Cuando llegué a Bilbao, me propuse aprender tres palabras al día. A los seis meses ya podía mantener una conversación más o menos fluida con los vascos. Como un indio, sí. Pero un indio que habla euskera. Ésa fue una de las grandes diferencias que encontré en cuanto llegué Cataluña. Aquí cambian el idioma de forma automática en cuanto ven que eres extranjero. Enseguida se dirigen a ti en español. Este complejo debe cambiar en una Cataluña independiente”.

Los tres consideran que es demasiado tarde para el federalismo. “La tercera vía no tuvo éxito en la consulta del 9-N”, recuerda Surra. “España aún podría ganar muchos votos si hiciese un ejercicio de humildad, intentase convencernos y reconociese errores”, dice su colega griego.

“Tampoco le estamos pidiendo tanto a España. Sólo que haga lo mismo que hizo el “derechón Cameron en Inglaterra con Escocia y nos deje decidir”, ruega Dantas, que se niega a elogiar aquel proceso: “Lo que pasó simplemente fue un síntoma de normalidad democrática. No envidiamos aquel proceso. Cameron no es ningún santo. Lo único que hizo es respetar la normalidad y la ley. Es lo que le reclamamos a España”.

Konstantinou asiente: “Que no nos traten como a adolescentes y que al menos nos dejen soñar”.

Así se hizo el vídeo del PP: “A mí me dijeron que me aprendiera unas palabras en catalán”

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El PP cierra la campaña en Cataluña con un vídeo improvisado en el que varios altos cargos del partido piden a los catalanes en catalán que voten por la unidad de España. Uno de sus protagonistas confiesa a EL ESPAÑOL que cinco minutos antes le enseñaron las pocas palabras que pronuncia en la filmación. 

El PP lanzó el vídeo en catalán el último día de campaña. Pero sus líderes lo improvisaron sobre la marcha durante un acto electoral celebrado el 12 de septiembre en Lloret de Mar. “A mí me dijeron que me aprendiera unas palabras en catalán para improvisar un vídeo”, dice uno de los catorce protagonistas de esta filmación, que en pocos minutos se convirtió en viral. “Aparecen unas personas sí y otras no [porque] surgió sobre la marcha”.

Con esta improvisación justifican la ausencia de la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, que este viernes respaldó en el mitin de cierre de campaña al candidato Xavier García Albiol. Fuentes cercanas a la ex presidenta de Castilla-la Mancha quitan hierro al asunto asegurando que tampoco aparecen otros miembros del Comité de Dirección como Esteban González Pons o José Manuel Barreiro. La presencia de Cristina Cifuentes también encendió las alarmas por si Esperanza Aguirre, gran defensora de la unidad en España, no había sido invitada a participar en esta grabación. Fuentes cercanas a la presidenta del PP de Madrid se escudan en que no aparece ningún presidente de partido: “Ni siquiera Alicia Sánchez Camacho, que preside el PP catalán”.

Fue el PP catalán que preside Camacho el que improvisó la frase que diría cada dirigente dependiendo de su nivel de conocimiento del idioma y del cargo que ocupaba. Así, Mariano Rajoy cierra el vídeo diciendo sólo dos palabras: “Unidos ganamos”. Soraya Sáenz de Santamaría se atrevió con un “yo quiero a Cataluña y a los catalanes”. Cristina Cifuentes defendió en un catalán muy mejorable ese “no me imagino España sin Cataluña” y Alberto Núñez Feijóo (Galicia) insistió en que unidos se llegará “más lejos”.

En la filmación se incluyen también unas palabras del portavoz parlamentario Rafael Hernando, los vicesecretarios Pablo Casado, Javier Maroto, Javier Arenas, Andrea Levy y Fernando Martínez Maíllo y los ministros Alfonso Alonso (Sanidad) y Jorge Fernández Díaz (Interior). La penúltima intervención se reserva para el candidato catalán, Xavier García Albiol, que pide a los ciudadanos que no permitan que se “juegue” con su futuro porque, recalca, “es de todos”. En el vídeo también se echó en falta la presencia del ministro que más ha participado durante estos meses en el debate catalán: José Manuel García-Margallo.

Cinco razones por las que el nuevo vídeo del PP no ganará un solo voto en Cataluña

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El Partido Popular ha publicado un nuevo anuncio donde varios líderes dicen frases en catalán: Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, Javier Maroto o Rafael Hernando. Es un modo nuevo de apoyar el PP catalán en las elecciones del domingo. Aquí van cinco motivos por los que es razonable dudar de su eficacia.


El Partido Popular ha publicado un nuevo anuncio donde varios líderes dicen frases en catalán: Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, Javier Maroto o Rafael Hernando. Es un modo nuevo de apoyar el PP catalán en las elecciones del domingo. Aquí van cinco motivos por los que es razonable dudar de su eficacia.

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1. Porque hacerse los colegas a 48 horas de las elecciones son más nervios que estrategia.

El Partido Popular no se ha distinguido por su apoyo inquebrantable al catalán. El ex ministro de Educación, José Ignacio Wert, propuso una reforma educativa para “españolizar a los alumnos catalanes”. Rafael Hernando llamó “enfermos” y “energúmenos” a los aficionados del Barça que pitaron el himno nacional en la final de la Copa del Rey.

Las pocas ganas de negociación del presidente Mariano Rajoy han sido una de las excusas básicas del independentismo. Son frases y decisiones políticas obviamente legítimas, pero sitúan al PP en un ángulo del espectro. “Arenas hablando en catalán está en la lista de cosas que nunca hubiera pensado ver antes de morir”, dice Jorge Galindo, sociólogo en la Universidad de Ginebra. La simpatía con el catalán a 48 horas de las elecciones suena a electoralista.

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2. Porque la pronunciación no lo es todo.

Las caras de concentración al decir palabras difíciles en catalán de algunos dirigentes son maravillosas. Quizá por ese motivo han dejado esos “i jo” o “ni jo” a solas. Esa “j” requiere dedicación. “Ver a algunos líderes nacionales de otras comunidades de España hablando por primera vez en catalán puede resultar chocante”, dice el consultor político Daniel Ureña, socio fundador de Mas Consulting.

El final de Rajoy asustado con otro tipo de plano y sólo tres palabras -“perquè units guanyem”- es antológico. El acento impostado de la vicepresidenta en la última sílaba de “catalans” es aún mejor.

Captura de pantalla 2015-09-25 a las 14.27.043. Porque el castellano también es una lengua catalana.

En Cataluña se habla mucho en castellano y no pasa nada. Si los dirigentes del PP querían decir que aman a Cataluña, podían haber combinado ambas lenguas con naturalidad. En algún caso hubiera sonado más sincero. Nunca antes se les había escuchado hablar en catalán. Es, si cabe, más electoralista.

“El PP quiere subrayar que las identidades mixtas son parte de España, pero lo hace desde su posición más extrema en el eje centralista”, dice Galindo. Por eso es difícilmente creíble: “El PP lleva ya tiempo cayendo en Cataluña por ese motivo y no lo va a recuperar ahora”, añade Galindo.

“Sería mucho más natural si se combinara el castellano y el catalán, ya que eso refleja mucho mejor la realidad actual de Cataluña”, dice el consultor Ureña. “En Estados Unidos muchos candidatos, al intentar llegar al votante hispano, chapurrean algunas palabras en español y suele percibirse como artificial”.

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4. Porque no es coherente.

En Cataluña puede haber muchos problemas vinculados al nacionalismo, pero la lengua no es el principal. Si el PP no tiene complejos y es natural, no hubiera sido necesario usar el catalán de este modo ahora. A estas alturas de campaña, el recurso es más ridículo que útil.

“Si el partido hubiera mantenido este tono, un vídeo que lo condensara al final serviría para apuntalar la estrategia. Pero esto es nuevo y llega tarde”, dice Luis Marañón, consultor político. Esta novedad implica una incoherencia estratégica. Xavier García Albiol era un candidato perfecto para polarizar el panorama. Pero al final llega este vídeo con su toque de amabilidad. “Combina mensajes duros -’están muy equivocados’- con otros buenos”, dice Marañón. “Son mensajes bipolares. Las emociones deben ser coherentes: esperanza y miedo no encajan”. La suavización al final de la campaña hace que toda pierda constancia y naturalidad.

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5. Porque en el eslogan final se ve el plumero.

El eslogan final es un ejemplo del cambio de estrategia. El lema de toda la campaña ha sido “Plantemos cara”. Pero este vídeo tiene como frase clave “Unidos ganamos”. No parecen frases del mismo estilo. El nuevo reclamo se parece mucho además a un eslogan habitual de Ciudadanos -“Mejor unidos”- y al “Better together” escocés.

En el mismo Partido Popular reconocen que su estrategia en algún caso ha sido errónea. Un vídeo en catalán difícilmente va a cambiarla.

 

 

Un suflé muy resistente: tres razones que explican por qué no se desinfla el independentismo catalán

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Hay razones para pensar que el cambio que hemos observado en los últimos años se ha ido consolidando. El independentismo no parece ir en camino de lograr una supermayoría en la opinión pública catalana. Pero tampoco es probable que se retraiga a los niveles previos al proceso soberanista. ¿En qué se sustenta este nuevo equilibrio? ¿Qué nos lleva a pensar que estamos en una fase de relativa consolidación de posiciones?

El Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat empezó a preguntar a los catalanes en 2005 si preferían un estado independiente frente a otras opciones como el federalismo, la autonomía o un sistema regional. Entonces el porcentaje de ciudadanos que preferían la independencia rondaba el 13%. Diez años después, se sitúa alrededor del 40%. En estos años se han producido fuertes turbulencias en la opinión pública catalana, que se ha movido en distintas direcciones contribuyendo decisivamente a una transformación profunda del sistema catalán de partidos.

Sin embargo, al menos en lo que al apoyo a la independencia se refiere, parece que la fase de los grandes movimientos ya pasó. Desde principios de 2013, entramos en una fase de estabilización de la opinión pública, seguida de un moderado descenso de las preferencias independentistas. El desgaste del independentismo, que podemos cifrar en unos cinco puntos desde su nivel máximo de 2013, en ningún caso parece que tenga que devolver las cosas al punto de partida. De hecho, hay indicios que apuntan que en el marco de la campaña del 27S se está produciendo un nuevo repunte del independentismo. Después de un fuerte (y rápido) realineamiento de la opinión pública catalana, hay signos de un período de relativa estabilidad con altos y bajos coyunturales.

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Fuente: CEO. Datos ponderados por el autor para hacer coincidir la composición lingüística (lengua primera) de la muestra con la de la población mayor de 18 años con derecho a voto (basado en EULC 2013)

En un tiempo de turbulencias políticas como el que atravesamos, pueden suceder muchas cosas en los próximos meses o años que rompan este nuevo equilibrio. Pero hay razones para pensar que el cambio que hemos observado en los últimos años, más allá de algunas oscilaciones, se ha ido consolidando. El independentismo no parece ir en camino de lograr una supermayoría en la opinión pública catalana. Pero tampoco es probable que se retraiga a los niveles previos al proceso soberanista. ¿En qué se sustenta este nuevo equilibrio? ¿Qué nos lleva a pensar que estamos en una fase de relativa consolidación de posiciones?

Hay al menos tres razones que nos conducen a formular esta hipótesis. Son tres mecanismos de anclaje de la opinión pública que hacen más difícil el cambio en la opinión pública: el cambio observado en la identificación nacional, la consolidación de posiciones de líderes políticos y sociales, y un proceso de maduración del debate.

1. La identificación nacional.

En primer lugar, si nos fijamos en las encuestas, podemos ver cómo junto con el crecimiento del apoyo a la independencia se ha producido también un cierto cambio, aunque no tan brusco, en algo que hasta hace poco considerábamos muy estable: la identificación nacional de los catalanes. Si en 2005 el 15% declaraba sentirse sólo catalán, este porcentaje se situaba en el 18% en 2011 y se disparó hasta superar el 25% en 2013.

Hasta ahora se pensaba la identidad nacional como algo que cambia muy lentamente, entre generaciones. Por tanto, veíamos la identidad como una causa de las preferencias territoriales. Sin embargo, tenemos evidencias de que las preferencias políticas y territoriales también pueden a su vez influir en la identidad nacional, que resulta ser algo más maleable de lo que se tendía a creer. Que se haya producido este movimiento en la identificación nacional parece sugerir que el cambio de preferencias sobre la relación Cataluña-España ha penetrado en la opinión pública y ha llevado a un segmento de la sociedad catalana a replantearse su propia identidad. Cierto es que tal como ha subido podría bajar de nuevo pero no parece el escenario más probable.

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Fuente: CEO. Datos ponderados por el autor para hacer coincidir la composición lingüística (lengua primera) de la muestra con la de la población mayor de 18 años con derecho a voto (basado en EULC 2013)

2. Los líderes políticos.

Hay que tener en cuenta que no es sólo la opinión pública la que ha cambiado. También algunos partidos y líderes de opinión. Empezando por Convergència i Unió o el propio Artur Mas y siguiendo por destacados miembros del PSC o deportistas, músicos y actores que hoy defienden la independencia. Otros líderes políticos y sociales han ido consolidando sus posiciones en sentido contrario y son pocos los que mantienen aún una cierta ambigüedad.

Estos liderazgos actúan a menudo como referentes para parte de la opinión pública y contribuyen a fijar las posiciones porque se convierten en puntos de anclaje. En estos años han surgido o crecido organizaciones bien estructuradas (desde la independentista ANC a la antiindependentista SCC) que contribuyen a movilizar a sus bases y mantenerlas cohesionadas alrededor de posiciones bien definidas.

3. La maduración del debate.

Y sin embargo sería erróneo pensar que los anclajes de la opinión pública sólo tienen que ver con la identidad o con los liderazgos. A pesar de todo el debate racional, el intercambio de argumentos también contribuye a que una parte de la sociedad tome partido en una dirección o en otra. A medida que pasa el tiempo, el debate sobre la cuestión ha ido madurando. A menudo tenemos la sensación de que oímos los mismos argumentos una y otra vez y que las posiciones parecen ya muy fijadas. Quien era susceptible de cambiar de opinión sobre la independencia ha tenido ya muchas oportunidades para hacerlo. Es decir, de modo natural el espacio para el cambio de posiciones se va reduciendo a medida que pasa el tiempo.

En los términos que usa el politólogo canadiense Lawrence LeDuc, experto en referéndums, hemos pasado de un escenario en 2011-2012 de formación de opiniones sobre un tema que saltó al centro de la agenda política a un escenario de mucha más estabilidad en la que la campaña se convierte en una lucha muy focalizada con un segmento menguante de votantes susceptibles de cambiar de opinión. Lo que Leduc denomina uphill struggle.

Así pues, a pesar de que la prudencia más elemental recomienda abstenerse de hacer cualquier tipo de predicción y más en tiempos de turbulencias como los que atravesamos, existen elementos para pensar que después de la tormenta la opinión pública catalana ha entrado en una fase de relativa estabilidad.

Sólo acontecimientos políticos de gran calado podrían alterar de modo significativo y rápido las posiciones.La hipótesis más razonable es que nos espera un período de pequeños cambios, altos y bajos, más que de grandes sobresaltos como los que hemos tenido estos años quienes seguimos las encuestas de opinión. El independentismo como fenómeno de masas parece que está aquí para quedarse. No parece que le espere un plácido paseo triunfal, pero tampoco es previsible que se deshinche como un suflé en el corto plazo. Tenemos tema para rato.

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Jordi Muñoz es politólogo e investigador de la Universidad de Barcelona.

Tres nacionalismos y una Constitución

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El autor recuerda que, en la Historia de España, cuarenta años de paz y prosperidad son la excepción, y que esa trabajada estabilidad la está poniendo en riesgo el nacionalismo. Al independentismo catalán le vaticina el mismo final que tuvo Tejero.  

Dicen los nacionalistas catalanes que España es un país decadente. Se han dado cuenta un poco tarde: el conde-duque de Olivares admitió oficialmente la decadencia en 1621. Y en el largo camino de los siglos, Jovellanos invocaba a los espíritus ilustrados; se nos suicidó Larra vestido con levita; un joven Ortega viajó a Alemania para convertirse en “importador de idealismo”; y ahora, los nacionalistas catalanes devienen en independentistas.

Siguiendo a los sofistas, podemos decir que hay verdades históricas relativas: Dante condenó al infierno a los asesinos de Julio César, mientras que Shakespeare los defendía porque lucharon por la libertad de la república. Sin embargo, hay verdades irrefutables: nunca existió una Corona catalano-aragonesa, sino la Corona de Aragón; y al morir Carlos II, no hubo una Guerra de Secesión, sino una Guerra de Sucesión. Ambas mentiras se enseñan impunemente en las escuelas catalanas. Con la misma impunidad, en las franquistas se enseñaba que España había sido colocada “providencialmente por Dios en el centro del mundo” y que “lo más probable es que Cristóbal Colón fuera español”.

Por cierto, hace un mes, gracias a una fundación financiada por la Generalitat, nos enteramos de que Artur Mas es descendiente de Colón. ¿Vendrá el parentesco por los naufragios (Colón perdió nueve barcos en sus cuatro viajes)? ¿O por Manuel de Prado y Colón de Carvajal, que ingresó en la cárcel de Sevilla II por apropiarse indebidamente de 12 millones de euros?

Todos los nacionalistas desprecian la Historia, la modelan a su antojo como si fuera barro, la manchan

Todos los nacionalistas que en el mundo han sido desprecian la Historia, la modelan a su antojo como si fuera barro, la manchan: Franco quería eliminar el siglo XIX “por ser el culpable de todas la degeneraciones de nuestro ser”; Jordi Pujol, en un pleno parlamentario de finales de los 70, afirmó: “Hay que cambiar no ya cuarenta años, sino quinientos de la Historia de España”.

En la Italia de Mussolini, multaban a los comercios y empresas que rotulaban en lenguas extranjeras (Restaurant, Brasserie…); en la Cataluña del siglo XXI, se multa por hacerlo en una de las lenguas oficiales. Santiago Espot, el presidente de Catalunya Acció, ha denunciado a miles de trabajadores que rotulaban en español; Blas Piñar, el consejero nacional del Movimiento, denunció la publicación de algunos libros, como las Obras Completas de Neruda.

El despacho de Franco en el Palacio de El Pardo se montó sobre el comedor de Carlos III, pero al dictador y a sus censores no les llegaron ni unas migajas ilustradas. En las catacumbas del Ministerio de Información y Turismo, trabajaban los censores (curas y militares en su mayoría). El lápiz rojo dibujó situaciones absolutamente risibles: hubo quien tachó la palabra “insólito” por el “matiz agresivo” de los esdrújulos; y quien, en un poema de Vázquez Montalbán, cambió “sobaco” por “axila” porque el primero era “un vocablo ordinario”.

Se empieza llamando guarros a los españoles y se acaba creando partidos que no condenan a ETA

El padre del nacionalismo vasco, Sabino Arana, decía que el español apenas se lava una vez en su vida. Se empieza llamando guarros a los españoles y se acaba creando una sociedad en la que uno de cada cinco vascos vota a un partido que no condena a ETA (los etarras deben de acostarse cada noche con unas gotitas de Chanel Nº 5).

Los nacionalistas no respetan ni los cielos: en el vuelo que llevaba a la delegación española a Londres para participar en las Olimpiadas de 1948, el famoso general Moscardó (por entonces presidente del COE) le quitó el micrófono a la azafata: “Ahora que llegamos a esta tierra de cabrones, digamos todos ‘¡Viva Franco! ¡Arriba España!’”. Treinta y dos años después, el primer español que coronaba el Everest, Martín Zabaleta, colocó junto a la ikurriña el anagrama de ETA.

En otras ocasiones, es la Iglesia la que no se hace respetar: el 80% de los sacerdotes vascos se confiesa fuertemente nacionalista; el 10%, abertzale; y sólo el otro 10%, no nacionalista. Y qué decir de la actitud durante el franquismo de la Iglesia católica, cuyas doctrinas permearon la sociedad española hasta la asfixia moral (había un censor, el padre Vázquez, que en su estulticia le tenía manía al personaje de Superman; tuvieron que reunirse con él varios directores generales para que permitiera la publicación de los tebeos).

España es el país más descentralizado de Europa y el tercero del mundo, tras Canadá y Australia. La Constitución del 78 fue enormemente generosa con los nacionalismos, concediendo un trato fiscal privilegiado a vascos, navarros y catalanes (estos últimos lo rechazaron). En aquel contexto en el que salíamos de una dictadura, el privilegio podía tener sentido. Hoy, en la Europa que busca la armonización, no.

Es inaceptable que en el siglo XXI unos ciudadanos tengan ventajas fiscales simplemente por haber nacido en un territorio, apelando además a unos derechos históricos muy discutibles. Los mismos que aceptan esos derechos y privilegios, supongo que estarían dispuestos a aceptar que la Casa de Alba tuviese un trato tributario especial.

En ningún otro país europeo hubieran obtenido los nacionalistas tantas concesiones como en España

En la Historia de España, cuarenta años de paz y prosperidad son la excepción. La nuestra es la historia de los enfrentamientos civiles y los pronunciamientos militares. A todos los que elaboraron aquella Constitución (en un arco parlamentario que iba desde los antiguos franquistas a los comunistas), hemos de estarles eternamente agradecidos. Como dice el epitafio de Suárez, “la concordia fue posible”. El único presidente de la Generalitat que trabajó como el que más por esa concordia fue Tarradellas, en cuyo Gobierno había políticos de UCD y comunistas.

En ningún otro país europeo hubieran obtenido los nacionalistas tantas concesiones (el francés ha enmudecido en el ámbito oficial al occitano, el bretón, el corso y el alsaciano; y los Länder de la muy federal Alemania no tienen Policía propia, ni televisión, ni…). Y en vez de ser reivindicativos dentro de la lealtad institucional, se han dedicado a practicar su deporte favorito: el victimismo.

El sueldo de Artur Mas casi triplica el de Rajoy; y llevaba a sus hijos a una de las escuelas privadas más caras de Cataluña -que tiene un régimen de enseñanza trilingüe-, pero no deja que, en la pública, los otros padres puedan elegir el español como lengua vehicular. A pesar de eso, en un símil obsceno, compara la actual situación catalana con la Sudáfrica del apartheid.

Prefiero una España tranquila a una España unida, pero quien quiera soltar las amarras deberá conseguir las mayorías necesarias. De lo contrario, aunque lleve traje y corbata, será un golpista. Patético destino para quien se sueña el Mesías del independentismo: acabar como Tejero, el último espadón del Ejército español.

Parafraseando a Camus, si me dieran a elegir entre la Comunidad Valenciana o España, me quedaría con mi madre. ¿A qué viene buscar tantas diferencias si todos estamos hechos del mismo material que las estrellas?

 

*** José Blasco del Álamo es periodista y escritor

*** Ilustración: Sr. García

La medio tímida

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Inés Arrimadas es la gran triunfadora de la noche electoral. El presidente del partido, Albert Rivera, optó por ir a las generales y hubo que cubrir el hueco catalán. La elegida fue esta joven nacida en Jerez hace 34 años y con una biografía vinculada a Cataluña: es culé, su familia vivió en Barcelona y es una enamorada del catalán. 

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

El libro negro del periodismo en Cataluña

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’ / 6. ‘La opinión dependiente’

Inés Arrimadas es la candidata de Ciudadanos a la Generalitat. El presidente del partido, Albert Rivera, optó por ir a las generales y hubo que cubrir el hueco. La elegida fue esta joven nacida en Jerez hace 34 años y con una biografía vinculada a Cataluña: es culé, su familia vivió en Barcelona y es una enamorada del catalán. 

El portavoz de Ciudadanos en el Parlamento andaluz, Juan Marín, estuvo en Cataluña para unos mítines de campaña. En Santa Coloma lanzó varios adjetivos elogiosos a la candidata de su partido, Inés Arrimadas: “Valiente, arrojada, inteligente”. Dejó para el final, “por qué no decirlo”, el de “¡guapa!”. Arrimadas escucha el elogio con finura, con uno o dos dedos en el mentón.

En una entrevista con Arrimadas en el matinal de radio más escuchado en Cataluña, un locutor dijo que Lluís Llach, cantante y miembro de la lista Junts pel Sí, había dicho que su líder, Raül Romeva, estaba “como un tren”. Surgió un debate en el estudio: ¿por qué se podía decir eso de un hombre sin escándalo y no de Arrimadas? La candidata quiso apuntar algo: “Nunca me he tenido por guapa”, dijo. Los entrevistadores no la creyeron.

Pero Arrimadas decía la verdad. Patricia Álvarez estudió con ella en el Colegio del Pilar de Jerez de la Frontera, donde Arrimadas nació en 1981. Álvarez recuerda que oyó su nombre hace poco en la tele y pensó que una “Inés Arrimadas” estudió con ella: “Al verla no la reconocí hasta que oí su voz”.

Arrimadas ha cambiado. Además de las fotos que publicamos, EL ESPAÑOL disponía de otra foto de una Inés algo más joven, de la etapa previa al instituto. La campaña no nos ha permitido utilizarla porque la persona que nos la envió puso la condición del permiso expreso de Arrimadas. El entorno de la candidata lo ha denegado diciendo que la privacidad es muy importante para Inés.

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Inés Arrimadas durante su adolescencia en Jerez.

Sus amigos recuerdan (ella misma lo reconoce) a una chica masculina: sin maquillaje ni tacones. Hoy ha cambiado y tiene gestos femeninos como mirar el móvil con la yema del dedo para no dar con las uñas en la pantalla.

Arrimadas tiene tres hermanos y una hermana, Marina, que recuerda: “Con tanto chico, jugábamos a Mazinger Z. No hemos sido nunca de muñecas o cosas ñoñas”.

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Inés Arrimadas, a la izquierda con vaqueros y camiseta roja.

El catalán de Guardiola

Hay un detalle tradicionalmente masculino que marcó la juventud de Arrimadas: el fútbol. Ahora dice que la pasión se le ha pasado, pero entonces seguía la Liga Fantástica de Marca. El juego consistía en fichar a 11 jugadores con un presupuesto fijo y ver qué tal lo hacían en el campeonato. Entonces se hacía por carta y por teléfono, sin Internet. “Escuchaba a José Ramón de la Morena y a José María García”, añade.

En el curso 1997-98 las niñas de la clase de Arrimadas en el Pilar protestaron porque en el partido anual de alumnos contra profesores sólo jugaban chicos. Ese año les dejaron participar. Aunque sus amigas no lo confirman, Inés pudo ser una de ellas. Pero el día del partido todas se rajaron menos una, Auxi. Los profesores se apiadaron y la dejaron jugar con ellos. Auxi recuerda que fue el centro de los pases de los profes. Aquel día nació un mote: “Ronaldinha”. En 1998 “Ronaldinha” se refería a Milene Domingues, futbolista y por entonces novia de Ronaldo, que acababa de salir del Barça.

Inés Arrimadas es la tercera por la izquierda en la fila de abajo.
Inés Arrimadas es la tercera por la izquierda en la fila de abajo.

Poco después fue la fiesta de disfraces del colegio. Las niñas solían vestirse, según Nico Gutiérrez, otro compañero de clase, de “bruja guapa” o “diablilla guapa”. Auxi e Inés tenían otro plan. Fueron de Ronaldo y Ronaldinha. Inés llevaba una equipación del Barça, una calva y una dentadura. Le importaba poco la reacción de sus compañeros. Nadie ha encontrado fotos de aquel momento.

Arrimadas era muy del Barça. Su hermana recuerda cómo su padre la llevó un día al hotel de concentración del equipo en algún partido por la provincia y saludó a Ronald Koeman. Aunque Arrimadas hoy destaca a otro jugador de aquella plantilla: ”Me tragaba todas las ruedas de prensa de Guardiola y cuando decía algo en catalán es que me encantaba”. A Arrimadas le gustaba “la sonoridad” del catalán cuando oía al capitán del Barça. Se sabía el himno en catalán y se lo enseñaba por ejemplo a Auxi.

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Don de lenguas

Aquellos pinitos le pudieron servir para hablar hoy un catalán excelente, sin apenas acento, errores o barbarismos. Arrimadas se mudó a Barcelona hacia el año 2008. Había estado estudiando inglés poco antes en un curso intensivo en Jerez. El francés lo aprendió con una profesora particular y lo perfeccionó durante una Erasmus en Niza.

Una vez instalada en Barcelona, los cursos gratuitos del Consorci per a la Normalització Lingüística no le convencieron y pidió a su empresa (Daleph) que le pagara clases en una academia. “Mi jefe me preguntó si de verdad quería apuntarme a clases de catalán”, dice. Su jefe, Gregori Cascante, dice que lo hizo encantado. Arrimadas estudió dos años y tuvo suerte: “Tuve la mejor profesora de lengua extranjera, y mira que he dado clases de lenguas”.

En la calle le costaba practicar. En Cataluña cuando alguien establece una relación con otro en una lengua es muy difícil cambiar a la otra aunque sea por un rato. Le costaba por tanto encontrar a amigos con quienes hablar en catalán; iba por ahí pidiendo “háblame en catalán que así practico”. Arrimadas concluye: “Soy un poco friki de los idiomas”. Habla cuatro lenguas.

Los padres de Arrimadas proceden de Salmoral, un pequeño pueblo a 50 kilómetros de Salamanca que hoy tiene 151 personas empadronadas, según dicen en su ayuntamiento. Hay allí una calle Rufino Arrimadas en memoria de un vecino que fue secretario del ayuntamiento durante los años 30 y que es antepasado de Inés.

El padre de la candidata era licenciado en Derecho y durante unos años fue policía en Barcelona. Cuando he pedido más detalles a la familia sobre esta etapa, no he pasado de vaguedades. En la capital catalana nació en 1969 el hermano mayor de Inés. Poco después se mudaron todos a Jerez, donde el padre de la candidata ha sido procurador.

Cuatro de los cinco hijos del matrimonio Arrimadas García han estudiado Derecho. La quinta, Marina, es aparejadora. Pero en la familia ha habido al menos otro cargo público además de aquel Rufino Arrimadas de los años 30: Moisés Arrimadas Esteban, primo del padre de Inés, fue delegado provincial del Ministerio de la Vivienda en Cádiz en los años 60 (aquí está su nombramiento en el BOE de la época). En los años 70 fue gobernador civil de Cuenca y Albacete y jefe provincial del Movimiento en ambas provincias.

Rufino Arrimadas, el padre de Inés, fue concejal por UCD en el primer Ayuntamiento democrático de Jerez, elegido en 1979.

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Una niña precoz

A pesar de esta tradición, el ascenso político de Inés Arrimadas no era evidente para la gente que la conoció de niña y adolescente. Los compañeros en el colegio, en el instituto y en la universidad con los que he hablado coinciden en dos rasgos: era siempre una de las mejores de clase y le gustaba participar y debatir en público. Inés lo confirma: “La conversación, la opinión siempre me han gustado”.

Era especialmente habladora en clases dadas al debate: Filosofía y Religión. Le gustaba tanto sermonear que parecía incluso precoz: “Hablaba tan bien que a veces aparentaba más edad que su físico”, dice su hermana Marina. María Jesús Moreno, del Colegio Compañía de María, recuerda cómo les hablaba a las demás niñas de cosas íntimas que no habían oído nunca a esa edad.

Pero Arrimadas tiene también un rasgo poco político: es tímida. “Esta gente que va a una fiesta y empieza a hablar con todo el mundo. Yo no”, dice: “Hablo cuando ya hay un escenario cómodo, como una clase. Al principio no me abro mucho, soy callada. Luego ya soy dicharachera”, dice. En clases o grupos de amigos, Arrimadas es alegre y parlanchina.

Serafín Mariscal era el delegado en su clase de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, donde Inés Arrimadas cursó Derecho y Administración y Dirección de Empresas. “Inés era muy de preguntar, de saber qué se cocía”, dice. Tampoco a él le sorprende que haya sido política: “Era muy buena al argumentar y al definir”. Mariscal dice que solían hacer trabajos juntos.

Inés está de acuerdo con esa impresión: “El Derecho siempre me ha gustado: la dialéctica, rebatir argumentos”. Los tres debates televisados han mostrado una política cómoda con los lances a pesar de su bisoñez.

Después de salir de la universidad, Arrimadas pasó por dos empresas: hizo unas prácticas en el Grupo Mat en el Campo de Gibraltar y la acabaron contratando. En 2006 fichó por Daleph, una consultora especializada en políticas públicas. La empresa se fundó en 1993 y tiene una sede central en Barcelona y una delegación andaluza en Jerez. Daleph se dedica a ayudar a instituciones como la Diputación de Cádiz a preparar programas para mejorar su gestión, incrementar el número de empresas o ayudar con el papeleo para lograr subvenciones europeas. Aquí hay ejemplos de su labor.

Entre 2006 y 2008 Arrimadas vivía en Jerez y viajaba a menudo. Hasta que decidió mudarse a Barcelona con el acuerdo de la empresa.

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Pudo ir al zoo

El siguiente gran cambio en su vida empezó, aparentemente, por casualidad. El 16 de octubre de 2010 Ciudadanos presentaba en el barcelonés Teatre Romea su campaña para las elecciones del 28 de noviembre. “Una compañera me dijo que iba a un acto de Ciudadanos”, cuenta Arrimadas. “Iba a ir con su marido y sus hijos y [me dijo] si quería ir. Igual me dice de ir al zoo y también voy”.

Arrimadas estaba poco metida en la política profesional. “Jamás había militado en un partido”, dice. Esperaba también poco: “Yo esperaba un acto político rollo y no me lo pareció. Me pareció súpersensato”, cree ahora.

Ciudadanos tenía entonces tres diputados en el Parlament y en junio de 2009 había vivido su peor momento en las elecciones europeas con su coalición con Libertas, un partido de origen irlandés con toques estrambóticos y xenófobos. Si en 2010 no se mantenían, podía ser el fin de la formación.

Arrimadas iba sin embargo mejor dispuesta con Ciudadanos que con cualquier otro partido: “El partido me gustaba. Me gustaba mucho cómo hablaba Albert Rivera, me sentía identificada con él”. Aquel día de octubre la mujer que la llevó le presentó a otros miembros de las juventudes. Fue a alguna reunión y se sentía bien: “No era unos de esos partidos que votas por descarte”, dice.

En 2011 Arrimadas empezó a militar y pronto se convirtió en la portavoz de las Juventudes. “Preséntate porque hablas bien en público y no te da vergüenza”, dice Arrimadas que le dijeron.

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“Tertulias de quinta”

Como otros políticos de su generación, empezó el recorrido por tertulias para foguearse: “Empiezo a ir a tertulias de radio de quinta categoría donde invitaban a gente joven”, dice Arrimadas. El presidente del partido, Albert Rivera, escuchó una de esas tertulias: “Supongo que le gustó cómo lo hacía y a mediados de 2011 me dijo que fuera al Parlament a la Comisión de Juventud donde se puede hablar sin ser diputado”, recuerda.

Todo fue rápido. A finales de 2011 el partido renovaba la ejecutiva y Rivera pidió a Arrimadas que entrara: su perfil de consultora y licenciada en Derecho le interesaba.

Menos de un año después, el president Artur Mas convocó elecciones anticipadas. Arrimadas era la número cuatro de la lista por Barcelona. Le costó tomar la decisión. Significaba pedir la excedencia en Daleph para ser un cargo público. Pero ya no iba a frenar: “Decidí ser valiente en lugar de ser una cagada”.

Ciudadanos sacó nueve diputados y ella entró en el Parlament.

Menos de tres años después, se volvieron a convocar elecciones anticipadas y en primavera el partido habló con Arrimadas para ver si era la mejor opción.  

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A la sombra del guaperas

Es difícil asistir a un mitin en Cataluña sin comentarios de hombres y mujeres a la guapa pareja de líderes: Albert Rivera e Inés Arrimadas. Rivera sigue siendo el famoso. A la salida del mitin de Santa Coloma, dos docenas de personas rodean al presidente del partido, pero sólo dos o tres quieren una foto con la candidata. Según las cifras del CIS, sólo un 29% de los catalanes sabía quién era Arrimadas justo antes del inicio de la campaña electoral.

Arrimadas no se considera aún un personaje público pero lo es. “Me cuesta no poder ir en metro sola”, se queja. Los personajes públicos generan interés y sus movimientos y decisiones (no sólo sus opiniones) crean noticias. Hace unos meses Versió RAC1 dio una de esas noticias.

El periodista, profesor de comunicación política y célebre tertuliano Toni Aira escribió un mensaje a Montse Llussà, colaboradora del programa de radio Versió RAC1 donde le decía que Arrimadas salía con un diputado convergente. Llussà lo soltó en antena. El diputado es Xavier Cima y es independentista. Es noticia que la candidata de Ciudadanos conviva -Arrimadas dijo en una entrevista reciente que vivía en pareja- con un diputado independentista.

Desde entonces lo han publicado otros periódicos. Arrimadas dijo en la misma entrevista que si no tenía hijos pronto se le iba a pasar el arroz (tiene 34 años). Pero evita hablar de todos estos temas en detalle: “No voy a hablar de mi vida privada. Ha habido muchas noticias falsas”, dice para que el rumor perviva. Una persona que me ha pedido no aparecer en este perfil para no perder su amistad cenó hace unos meses con Cima y Arrimadas.

La candidata de Ciudadanos aspira a ser presidenta de la Generalitat si la lista de Junts pel Sí no triunfa. Será difícil disimular durante cuatro años sus relaciones personales, más cuando son noticia. La medio timidez es una virtud a medias.

El libro negro del periodismo en Cataluña

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Espejos de Cataluña

La sobretituladora del Liceu / El decano de la Boqueria

La sobretituladora del Liceu aún llora con ‘Parsifal’

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Glòria Nogué tiene el título de directora de orquesta y habla seis idiomas. Desde hace casi tres décadas es la encargada de traducir los libretos de las óperas del Liceu. Aquí cuenta muchas anécdotas sobre el templo de la lírica y habla sobre el proceso soberanista catalán. Con ella iniciamos la serie ‘Espejos de Cataluña’: perfiles de personas anónimas en lugares emblemáticos de la región.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Glòria Nogué tiene el título de directora de orquesta y habla seis idiomas. Desde hace casi tres décadas es la encargada de traducir los libretos de las óperas del Liceu. Aquí cuenta muchas anécdotas sobre el templo de la lírica y habla sobre el proceso soberanista catalán.

Hubo un tiempo en el que la ópera era un coto sólo para las elites. Sólo un políglota podía comprender una obra cantada en italiano, ruso o alemán.

El primer teatro español que contribuyó a democratizar este arte fue el Liceu de Barcelona. Su director Josep Maria Busquets había asistido en 1988 a una ópera de Wagner en un teatro de Chicago. La obra era en alemán pero todos los presentes pudieron seguirla con unas líneas de texto en inglés que se iban proyectando unos metros por encima del escenario. Busquets, impresionado, se lo dijo a su director artístico Albin Hanseröth: “¿Por qué no ser los primeros en incorporar esta técnica aquí en España?”.

Busquets y Hanseröth pusieron rumbo a la ópera de Colonia: el único de Europa que utilizaba la técnica del sobretitulado. Allí copiaron el sistema y lo importaron al Liceu. Sólo faltaba una pieza en el engranaje: la sobretituladora. Es decir, una persona que tradujera y reinterpretara los libretos para poder resumirlos en frases breves. Se trataba de encontrar a una persona que tuviera una formación musical avanzada y dominara varios idiomas: sobre todo italiano, inglés y alemán.

“Yo estaba acabando mis estudios musicales en Madrid cuando me lo propusieron”, recuerda Glòria Nogué (Barcelona, 1963), que desde entonces ha sido la sobretituladora del Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Tiene el título de directora de orquesta y habla seis idiomas: castellano, catalán, inglés, francés, italiano y alemán. “Algo de ruso también”, apostilla antes de explicar que no sólo traduce los libretos. También adapta los tiempos, sintetiza las escenas, elige las mejores frases y facilita así a los espectadores la comprensión.

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Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Los puristas se quejan

Muchos criticaron la decisión de Josep Maria Busquets a finales de los 80. “¡Sacrilegio!”, le dijeron alguno de sus colegas. “¡Eso es un escándalo! ¡La ópera es intocable y usted se la está cargando!”. Pero aquel pionero hizo oídos sordos y estrenó los sobretítulos el 7 de noviembre de 1988. La obra en cartel era Don Carlo de Giuseppe Verdi y al público le gustó.

“Se convirtió en un éxito instantáneo”, recuerda Nogué. “Todo el mundo quería venir al Liceu, al lugar donde se podía entender la ópera. Habíamos convertido en accesible un arte maravilloso. Ya no estaba reservado a unos pocos privilegiados. Ya no había que imaginar qué decían los actores. Niños o espectadores de cualquier clase social podían comprender lo que estaba pasando sobre el escenario. En poco tiempo pasamos de ofrecer dos pases de una ópera a tener que doblar o triplicar el número de funciones. Ahora cualquier teatro del mundo cuenta con un sistema de sobretítulos. Es algo inherente a la ópera”.

Los tiempos han cambiado pero el Liceu sigue disponiendo del mismo modelo de pantalla que se usaba a finales de los 80. “Es un panel de madera revestido de una tela gris que se sitúa unos metros por encima del escenario”, explica Nogué. “Todo muy simple. Desde mi posición enfoco un proyector que lanza los textos sobre la pantalla. Así, el público lee lo que está pasando en escena en tiempo real. Eso no ha cambiado. Lo que sí se ha incorporado con los años ha sido una pequeña pantalla en cada butaca. Eso permite ofrecer textos en tres idiomas. Sobre el escenario se proyectan en catalán. En los monitores de los asientos se puede leer el librero en castellano y en inglés”.

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El proyector

Nogué explica su trabajo desde su base de operaciones: un diminuto habitáculo situado en la cuarta planta del Gran Teatro del Liceu. Su laboratorio consta de un proyector, tres pantallas conectadas a cámaras a la altura del escenario y un ordenador equipado con un programa especial.

“Subtitular ahora es sencillísimo”, explica Nogué. “Ahora disponemos de un programa que nos permite editar sobre la marcha, temporizar, decidir durante cuántos segundos queremos que permanezca una frase, cambiar una coma una milésima antes de que salga en pantalla”.

Los inicios fueron mucho difíciles: “El sistema era muy rudimentario. Había dos carros cargados con 80 diapositivas de celulosa donde estaban escritos los sobretítulos. Un cañón de luz enfocaba primero la diapositiva del carro de la derecha y luego la del carro de la izquierda… Así sucesivamente hasta llegar a las 160”.

El sistema se atascaba a menudo y descuadraba toda una ópera. “Nos pasó el día del estreno”, recuerda entre risas Nogué. “Entonces mi puesto de mando estaba en la quinta planta y los carros se situaban en la cuarta. De pronto se atrancó una de las diapositivas y todo empezó a ir mal. Aún recuerdo la velocidad a la que bajé las escaleras para desatascarla y hacer el cambio manual”.

Aquel sistema de sobretitulación no dejaba más que anécdotas: “Yo traducía el libreto pero las diapositivas se confeccionaban en Alemania. Eran textos en catalán y la persona que los insertaba era alemana. Por mucho empeño que pusiese, las faltas de ortografía eran muy habituales. Si el error era leve, yo misma me encargaba de taparlo con tipp-ex. Pero en ocasiones encontraba fallos gravísimos. En esos casos cogía la diapositiva defectuosa y la devolvía a Alemania para que fabricasen una nueva”, explica.

La logística daba lugar a dramáticas esperas. “Yo pasaba muchísimos nervios cuando el material no llegaba. Una vez estábamos a punto de estrenar Ariadna en Naxos de Richard Strauss. Íbamos a empezar y las diapositivas seguían en camino. El mensajero nos iba avisando a medida que iba cruzando las aduanas. Recuerdo que recibimos el sobre dos minutos antes de izar el telón”.

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Wagner en 700 láminas

Montserrat Caballé fue la protagonista de Salomé, la segunda ópera sobretitulada de la historia del Liceu. “Aquella temporada traducimos tres”, recuerda Nogué. “Durante los cinco años siguientes aumentamos la oferta. La gente lo pedía. Empezamos ciñéndonos a las 160 diapositivas que permitían los carros. Pero poco a poco tuvimos que sobretitular óperas de Wagner, que exigían como 700 láminas. Guardábamos todas las obras en un armario blindado. Aquello era un tesoro”.

Aquel tesoro lo arrasó el fuego el 31 de enero de 1994. En torno a las 10 y media de la mañana, la chispa de un soplete provocó un incendio que destruyó el teatro casi por completo. “Yo no estaba dentro pero andaba muy cerca”, recuerda Nogué. “Me encontraba a unos 700 metros en la plaza de Catalunya. Desde allí podía ver la densa columna de humo emergiendo desde el corazón de La Rambla. No sabía lo estaba pasando y le pregunté a la gente. ‘Es crema el Liceu! Es crema el Liceu!’ gritaban. Yo empecé a correr Rambla abajo”.

A Nogué aún se le quiebra la voz cuando repasa aquel episodio:  “Llegué casi sin aliento. Lo que encontré fue un edificio envuelto en llamas y a todos mis compañeros llorando en la puerta. Fue una de las experiencias más tristes de mi vida”.

Así ardió el coloso que abrió sus puertas en 1847 y que salió vencedor de la rivalidad con el otro gran teatro de La Rambla: el Teatro de la Santa Cruz, que es el más antiguo de la ciudad y hoy se llama Teatre Principal. Las trifulcas entre “liceístas” y “cruzados” a menudo llegaban a las manos.

El Liceu sufrió el atentado de un anarquista que mató a 20 personas al lanzar una bomba en 1893. Pero ni siquiera la Guerra Civil hizo que cesara su actividad. En 1936 fue nacionalizado por la República. Tres años después, fue recuperado por sus propietarios originales y llegó a albergar una fiesta de Carnaval. Pero nunca cerró sus puertas antes del incendio, provocado por unos operarios que trabajaban paradójicamente reparando un telón de acero contra incendios.

Ópera en una cancha

No era la primera vez que el teatro ardía: el Liceu ya había sido calcinado en 1861. Al igual que entonces, lo único que se salvó fue la Sala de los Espejos. Todo lo demás pereció. “Los trabajadores sentíamos una pena inmensa porque veíamos que se quemaba nuestra casa”, dice Nogué. “También sentíamos incertidumbre porque no sabíamos qué iba a ser de nosotros”.

Ahí comenzó un triste periplo por otras salas y espacios de la ciudad. “Seguimos representando óperas en otros lugares, algunos de ellos muy poco idóneos. El primer lugar al que fuimos a parar fue el Palau Sant Jordi. La intención era buena pero no es lo mismo representar una ópera en el Liceu que en una cancha de baloncesto. Mis sobretítulos aparecían en los marcadores donde figura el tanteo de los partidos”. Después representaron varias funciones en el Teatre Victòria. “Aquello ya era un teatro pero no era lo mismo”.

El Liceu reabrió sus puertas en 1999. La sobretituladora aún se emociona cuando recuerda “cómo la sociedad catalana se volcó con la reconstrucción”. El nuevo teatro se había construido a imagen y semejanza del anterior. Todo casi idéntico salvo algunas modificaciones, como la supresión de las llotjes de dol o palcos de duelo: unas butacas que se encontraban muy cerca del escenario. “Allí se ubicaban las familias que habían perdido unos días antes a algún familiar”, explica Nogué. “Como no estaba bien visto ir al teatro en periodos de luto, los aficionados podían presenciar allí las obras sin ser vistos por el resto del público”. A finales del siglo XX, ya no resultaba necesario esconderse para ir a la ópera.

También varió la ubicación del centro de operaciones de Glòria y el sistema de sobretitulado. Durante el paréntesis de la reconstrucción, la empresa VICOM diseñó un programa para PC que hizo desaparecer a las diapositivas pero el cambio no fue fácil. “Yo he de sobretitular desde un puesto elevado”, explica Nogué. “Pero el día del estreno aún no me habían construido la tarima y la primera noche tuve que trabajar subida a unas cajas de cartón”. Tampoco fue fácil abandonar las diapositivas por un sistema rudimentario en el que la sobretituladora tenía que “teclear a las frases en tiempo real”.

Y sin embargo esos detalles apenas importaron. “El retorno a nuestra casa el 7 de octubre de 1999 fue uno de los momentos más emocionantes que recuerdo”, explica la sobretituladora. “Estrenamos Turandot y fue un éxito”.

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Nada de política

Nogué marca distancia con el proceso político que está viviendo Cataluña en los últimos tiempos. Esquiva el debate y evita pronunciarse sobre cuestiones relacionadas con la independencia: “Cada uno tiene su opinión y las respeto. Yo prefiero no significarme de forma pública. No es un tema que me guste abordar ni creo que me toque a mí opinar al respecto. Al menos públicamente”.

Lo que sí que percibe es “una diferencia abismal entre la Barcelona actual y la que teníamos a mediados de los ochenta, cuando empecé a titular en el Liceu. Estaba por llegar el gran acontecimiento que lo cambió todo: los Juegos Olímpicos. Nos puso al día. En 1992 vivimos la gran apertura a Europa y al mundo. Desde entonces todo ha cambiado. Barcelona es un lugar mucho más moderno, con más vida, más cosmopolita y con una generación mucho más abierta y preparada”.

La sobretituladora tampoco entra en cuestiones lingüísticas pero no observa ningún tipo de discriminación entre catalán y castellano: “Al menos no en el Liceu. Siempre hemos concedido la misma consideración a ambos idiomas. Sí que es cierto que durante los primeros años sólo se sobretitulaba en catalán pero era una cuestión técnica. Las herramientas con las que contábamos nos permitían proyectar textos en un solo idioma. Los gerentes del teatro de aquella época eligieron, por razones en las que yo no me meto, el catalán. Pero aquella etapa duró hasta principios de los 90. El castellano se añadió en cuanto se adquirió el equipo necesario para incorporar nuevos idiomas. De hecho, a día de hoy, hay algunas obras que sólo se pasan en catalán y castellano. Prescindimos del inglés”.

“En un enclave como el Liceu, la cuestión del idioma no tiene un significado político sino didáctico”, explica. “Conozco algún caso de espectadores alemanes que han logrado entender óperas en alemán antiguo gracias a los subtítulos en inglés”.

Un tenor díscolo

Hoy el programa de sobretitulado ha vuelto a cambiar. Nogué ya no tiene que teclear en tiempo real pero su sistema de trabajo sigue siendo exhaustivo: “Estudio las obras, veo los ensayos, hablo con el director y traduzco los libretos. Trabajo durante varias semanas con mi compañera Anabel Alenda y juntas incorporamos los textos al ordenador. El día del estreno estamos las dos trabajando. Si sale bien, durante las siguientes funciones nos vamos turnando”.

Los avances no son una garantía de éxito. “Recuerdo el estreno mundial de una obra cuyo nombre prefiero omitir”, explica Nogué. “La ópera se representaba en catalán pero el solista era alemán. De pronto tuvo un lapsus y sin venir al caso se saltó como 25 páginas. Aquello nos desubicó a todos. Yo miraba al director de orquesta y al apuntador para intentar adivinar cómo salir de aquel embrollo. Ambos le hacían gestos insistentes para que parase o rectificase pero no se enteraba. No sabíamos qué hacer hasta que de repente y coincidiendo con una pausa musical el apuntador pegó un grito y el solista volvió al lugar correcto. Creo que nadie se dio cuenta”.

Aunque nunca reciba los aplausos del público, Glòria Nogué es una parte fundamental de la ópera en el Liceu: “Algunos espectadores, los de los palcos más próximos a mi puesto de trabajo, reconocen mi labor y me felicitan levantando el pulgar. En más de una ocasión he recibido correos electrónicos de personas que me piden el texto que yo he escrito en lugar del libreto original”.

Es el reconocimiento a 27 años de trayectoria de una apasionada de la ópera que recuerda con exactitud la fecha de cualquier función. Hay algunas obras que ha repetido hasta la saciedad pero asegura que se sigue emocionando con su trabajo: “Pueden pasar los años pero seguiré llorando con Parsifal o con el final de Madama Butterfly”.

“Me duele el uso partidista del catalán: lo han convertido en un estandarte”

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Najat El Hachmi (Beni Sidel, Marruecos, 1979) no tiene fronteras: vive desde los ocho años en Vic, se considera catalana y escribe en catalán. Hace siete años publicó la novela El último patriarca (Destino) que fue premiada con el Planeta de las letras catalanas, el Ramón Llull.

Sólo la escritura es capaz de desvelar la mentira en las verdades de los que se creen dueños la verdad. Los que marcan lo que está bien o mal y los que reparten fotocopias sobre qué pensar y qué decir. Escribir es ponerse en el lugar del diferente y situarse en una frontera en la que no hay límites ni amenazas. Najat El Hachmi (Beni Sidel, Marruecos, 1979) no tiene fronteras: vive desde los ocho años en Vic, se considera catalana y escribe en catalán.

Hace siete años publicó El último patriarca (Destino), su primera novela, que fue premiada con el Planeta de las letras catalanas, el Ramón Llull. El jurado la destacó como una historia llena de fuerza y contrastes. Es una novela con notable intuición dramática que descubrió una violencia desgarradora en la vida de una inmigrante.

Esta vez se mira al espejo de las páginas de su nueva novela, La hija extranjera (Destino), en la que vuelve a dar luz a los invisibles, ahora más templada, con un relato en el que han desaparecido los buenos y los malos para dejar paso a la intimidad de una inmigrante casada en conveniencia, aislada entre su nuevo y su viejo mundo, con un 9,5 en Selectividad y sin opciones para conseguir un trabajo digno.

El conflicto en esta vida sin facilidades emerge cuando el personaje trata de conciliar sus dos lenguas, el catalán y el rifeño, y no olvidar la de sus orígenes. “Es una pérdida que no puedes controlar y sientes el desarraigo con el mundo de tus padres”, explica. Mientras colorea en su ficción la experiencia de su criatura, que no encaja en ninguna de las etiquetas que podrían incorporarle a la sociedad de forma cómoda y segura, reflexiona sobre la pérdida de la lengua en los procesos migratorios.

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DANI POZO

El valor de la lengua

Najat lamenta que la inmigración esté tan criminalizada y demonizada, se queja de la desigualdad y de la indiferencia ante hombres y mujeres sin proyecto de futuro que tratan de sobrevivir. “La esencia de la persona esta por encima de cualquier nacionalidad”, dice en plena emergencia nacionalista. “No tiene sentido globalizarlo todo y tratar de definirnos cada vez más y más locales”.

“Las lenguas no van solas por el mundo, transmiten valores y un patrimonio. Es muy difícil aislarlas de su pueblo”. ¿Cómo es posible que una lengua pueda llegar a enfrentar a un pueblo? “Porque se politiza, porque se manipula, porque no se tiene en cuenta el contenido. La lengua te conecta con las personas”, asegura la escritora. La lengua es identidad y placer.

Entiende a aquellos que se defienden si sienten una amenaza de desaparición. “No tengo la sensación de que el catalán vaya a desaparecer. Tengo un vínculo muy íntimo con la lengua catalana, al margen de cuestiones políticas. Para mí está por encima de todas las cosas. Me duele el uso partidista que se hace de la lengua: la han convertido en un estandarte”. Le gustaría que no fuera un elemento excluyente sino un hábitat de consenso y complicidad, porque gracias a la lengua ella accedió al lugar al que llegó.

Najat tiene en un altar a la escritora Mercè Rodoreda (1908-1983). ¿A quién votaría el próximo 27 la autora de La plaza del diamante? “Vaya, no sé qué votaría. Ella era muy catalanista. Supongo que ahora sería independentista, pero no tan de izquierdas como para votar a la CUP. Supongo que votaría a Junts pel Sí. Pero lo cuestionaba todo, no se fiaba de nada”.

Entre la exclusión y la integración, la aceptación y el rechazo, la mujer de la novela no encaja en la visión de la sociedad de acogida. Ve su pañuelo como una jaula, como imposición familiar. Pero también es lo que la impide desaparecer. Najat es una enviada especial al corazón de la inestabilidad de quien cambia de ciudad, de país y de continente. Conoce su soledad, su indefensión. La hija extranjera es una lectura obligatoria.