Por nosotros no quedará

Foto: Dani Pozo

Foto: Dani Pozo

Queridos accionistas y suscriptores:

Cada vez que alguien me pregunta por la bomba informativa que, según el imaginario colectivo acompañará la salida de EL ESPAÑOL y dejará fuera de combate al actual Jefe de Gobierno, suelo contestar que lo último que tengo en la cabeza en estos días de intensivo pedaleo tecnológico es cuál será nuestra primera portada. Entre otras razones porque es difícil imaginar una noticia más trascendente a medio y largo plazo que la propia aparición de nuestro periódico. Por eso en la Avenida de Burgos se celebra cada avance en la visualización del sistema editorial como si fuera un gol de una final de la Champions.

Un agosto en la Avenida de Burgos (y IV)

Queridos accionistas y suscriptores:

Cada vez que alguien me pregunta por la bomba informativa que, según el imaginario colectivo acompañará la salida de EL ESPAÑOL y dejará fuera de combate al actual jefe de Gobierno, suelo contestar que lo último que tengo en la cabeza en estos días de intensivo pedaleo tecnológico es cuál será nuestra primera portada. Entre otras razones porque es difícil imaginar una noticia más trascendente a medio y largo plazo que la propia aparición de nuestro periódico. Por eso en la Avenida de Burgos se celebra cada avance en la visualización del sistema editorial como si fuera un gol de una final de la Champions.

En algún recodo de la canícula he sentido sin embargo la tentación de coger por banda al morboso interlocutor de turno que anhela poder hacerse el enterado en la próxima tertulia veraniega y explicarle, pidiéndole la máxima reserva, que tenemos unos documentos que acabarán para siempre con Rajoy pues prueban de forma inequívoca su connivencia con la corrupción en el PP.

“Cuenta, cuenta… sabes que yo soy una tumba”, me diría el fulano babeando de ansiedad para poder salir corriendo a trasladarlo de oreja en oreja. Entonces yo le explicaría que tenemos unos SMS de apoyo a Bárcenas, tecleados en el móvil personal del presidente desde el propio palacio de la Moncloa. Y que el último de ellos dice “Lo entiendo, Luis. Sé fuerte. Mañana te llamaré”. Y que está enviado 48 horas después de que se divulgara oficialmente que el ex tesorero tenía 25 millones escondidos en Suiza. Y que coincide con el momento en que estaba a punto de aflorar la contabilidad B del PP en la que consta que Rajoy cobraba sobresueldos ilegales. Lo nunca visto en materia de pistolas humeantes.

Cuando la jovial expectativa de ese prototípico diletante en Corte se trocara primero en un rictus de estupor y luego en una mueca de decepción, cuando el tipo estuviera a punto de reprocharme que le tomara el pelo al fingir revelarle lo ya publicado, yo le cogería ficticiamente por las solapas y le diría: “¿Pero por quién me has tomado? ¿Tú crees que hemos captado 5.624 inversores, que hemos reunido 18 millones de euros, que hemos creado más de cien puestos de trabajo, que hemos contratado a un estudio de diseño en Londres y a un artista gráfico en Bielorrusia, que hemos reunido a algunos de los mejores periodistas y técnicos españoles sólo para que los imbéciles y cobardes como tú tengáis más madera que amortizar a beneficio de inventario, con una mano en el gin-tonic y la otra protegiendo la cartera, mientras decís que Mariano es un castigo de la Providencia pero anda que los otros…?”.

Y aunque el diletante pusiera ojos de cordero degollado, yo no soltaría ya mi presa: “Sabes lo que te digo, que si el número uno de EL ESPAÑOL publicara un vídeo de Rajoy apuñalando a una viejecita y se convocara un pleno extraordinario del Congreso para debatir sobre el asunto, siempre habría una diputada tan chillona como la que esta semana ha proclamado que los embajadores ante la OCDE “se matan trabajando” -y que por lo tanto lo de los Wert es en realidad un castigo- que pediría una investigación sobre la agresividad de la anciana que se abalanzó sobre el presidente en el momento en que se disponía a despachar su correspondencia, abrecartas en ristre. Y que cuando Rajoy pronunciara un campanudo “me equivoqué” -refiriéndose, claro, a que no debía haber abierto las cartas delante de una extraña-, todos los miembros del grupo popular aplaudirían puestos en pie y votarían como un solo hombre, e incluso alguno como dos, solidarizándose con aquel de cuya caprichosa voluntad dependen. Y, no, no te escabullas, ocurriría que al día siguiente la prensa gubernamental de izquierda, de centro y de derecha se pondría de costado y las televisiones pendientes de la nueva piñata de licencias que se avecina se limitarían a nadar y guardar la ropa, cuidando bien a quién dejan hablar y a quién no bajo la directa supervisión de Soraya y sus pinches de cocina. Y encima ocurriría que las sabandijas como tú empezaríais a mascullar que algunos irresponsables entorpecemos la recuperación económica”.

¡Qué poco nos conocen a mis compañeros y a mí quienes creen que EL ESPAÑOL será el instrumento de una miope venganza! Como si en esta fascinante era de la revolución digital fuéramos a ser tan bobos como la mujer de Lot o a perder un solo átomo de energía mirando hacia atrás con ira. Es tan irrelevante el señor Rajoy que nadie se acordará de él cuando se haya muerto. Hablo sólo de política. Quiero decir que, a diferencia de González, Aznar e incluso Zapatero, el sonriente nefelibata, Rajoy saldrá para siempre de nuestras vidas a la vez que lo haga de la Moncloa.

Con visión de luces cortas, nada nos convendría tanto como que de las próximas urnas surgiera un gobierno estaférmico en precario, como el de aquella última legislatura felipista en la que nos hinchamos a vender periódicos mientras las letras de cambio iban venciendo y los cadáveres -por desgracia en sentido literal- afloraban en sus lechos de cal viva. Pero tampoco ese es el cálculo de EL ESPAÑOL. Las elecciones que de verdad nos importan son las de dentro de diez o veinte años cuando nuestras ideas hayan calado en la sociedad.

También: vídeo completo de la bienvenida de Pedro J. Ramírez a la redacción de EL ESPAÑOL

Si yo emprendo este tercer viaje de Colón, esta nueva salida de don Quijote es porque estoy convencido de que el desarrollo tecnológico permite ya que los periodistas volvamos a cumplir el papel de Defensor Civitatis que el hundimiento del modelo de negocio de la prensa impresa y la subsiguiente interferencia de los poderosos en los medios nos han arrebatado.

Al darles la bienvenida en esta emocionante semana expliqué el lunes a mis compañeros que EL ESPAÑOL “nace al servicio de todo aquel que se sienta indefenso frente al poder” y me comprometí ante ellos a “proteger los derechos constitucionales de los ciudadanos como votantes, como contribuyentes, como consumidores, como usuarios de servicios públicos, como accionistas de empresas cotizadas, como socios de entidades deportivas o como clientes de entidades bancarias”.

¿Cómo lo haremos? Impulsando los cambios en las reglas de juego recogidas en nuestras Obsesiones -en ellas no hay ninguna referencia ad hominem- y vigilando noche y día, durmiendo incluso con los ojos abiertos para que nadie abuse de su cargo o preeminencia, como según Saavedra y Fajardo debía hacer el león que representaba al príncipe volcado en el bienestar de su reino.

Tras los centenares de enmiendas recibidas durante la semana ya puedo anunciar que en esas prioridades editoriales habrá significativos cambios y adiciones. Hoy sometemos además las Normas de Conducta de la Redacción de EL ESPAÑOL, nuestras normas éticas, a la consideración y debate de accionistas y suscriptores. Se trata de un paso clave en el “hagámoslo juntos” porque como expliqué ante mis compañeros “elegir el periodismo como manera de vivir supone ingresar en una orden de caballería con su escala de valores, sus reglas y su código de honor”. Lo que pedimos por tanto a los que os suméis al empeño es que nos ayudéis a autorregularnos.

Esa mañana doblemente luminosa del 24 de agosto resumí nuestro proyecto intelectual en dos demandas muy concretas: “Buscad la verdad y cuidad la sintaxis”. O lo que es lo mismo: sed rigurosos en el fondo y en la forma. También reclamé el apoyo crítico de la redacción: “Si me equivoco, corregidme. Si dudo, ayudadme. Si os convenzo, seguidme”. Entonces nos miramos a los ojos y uno por uno fuimos sellando nuestro compromiso con el “Por mí no quedará” de Antonio Maura.

España necesita un impulso revitalizador a través del periodismo crítico. Cualquiera que pueda testar el ambiente de entusiasmo indomable que impera en la sede de EL ESPAÑOL se dará cuenta de que por nosotros no quedará. ¿Y por vosotros? Cuanto más contribuyáis a que crezca el número de nuestros suscriptores, promocionando el proyecto entre vuestro círculo de amigos para que a su vez ellos repitan la jugada, mejor garantizaréis la independencia y la fuerza del rugido del león. Del león que lleváis dentro.

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NORMAS DE CONDUCTA DE LA REDACCIÓN DE EL ESPAÑOL

El compromiso esencial de los periodistas de EL ESPAÑOL es proporcionar a los ciudadanos una información veraz de la más alta calidad.

Ese compromiso se traduce en la obligación de ser diligentes en la búsqueda de la verdad y en la comprobación de todos los datos de la información; en la obtención de todas las versiones posibles; en el mantenimiento de un punto de vista crítico sobre los hechos y en el rechazo de cualquier presión indebida que pretenda subordinar el trabajo periodístico a intereses particulares.

RELACIONES CON LAS FUENTES

1. Los periodistas de EL ESPAÑOL tienen el derecho y el deber de no revelar sus fuentes de información. No difundirán informaciones que hayan aceptado recibir bajo el compromiso del ‘off the record’ siempre que se mantengan las circunstancias del acuerdo.

2. Los periodistas de EL ESPAÑOL deben precisar siempre si los datos que publican proceden de su propia observación, de documentos o de terceras personas. En este último caso, si la información proviene de una única persona no deben emplear el plural ‘fuentes’ y concretar, como mínimo, de qué ámbito procede (‘fuente sindical’ o ‘fuentes diplomáticas’ o ‘fuentes próximas a’). Evitarán fórmulas vacías de contenido comol ‘fuentes competentes’ o ‘fuentes bien informadas’.

3. Cuanto menos identificada o cuanto más imprecisa sea la fuente, mayor será la obligación de verificación. Si se publica la información proporcionada por un anónim, deberá constar esa característica de la fuente, indicando cuál es el motivo (temor a represalias, desconocimiento de su identidad por proceder del Buzón de Denuncias, compromiso de confidencialidad por razón de la materia o del lugar de trabajo de la fuente, etc).

5. Cuando sea imprescindible cambiar el nombre de alguna persona (agentes de los servicios secretos, menores, víctimas de delitos sexuales o malos tratos) esa modificación será advertida a los lectores.

6. Los periodistas de EL ESPAÑOL procurarán que la relación con sus fuentes no comprometa su integridad e imparcialidad. No aceptarán regalos, viajes o tratos de favor, como regla general. La aceptación de invitaciones relacionadas con la crítica gastronómica y cultural o con la cobertura de informaciones ha de estar justificada por su interés periodístico y debe ser autorizada por los responsables de la Redacción.

EMPLEO DE CITAS

7. Cada palabra o expresión entrecomillada por los periodistas de EL ESPAÑOL debe responder con fidelidad a lo transmitido por el emisor. La edición de un testimonio nunca debe alterar el sentido y la intencionalidad del emisor.

8. Los periodistas de EL ESPAÑOL no plagiarán ni reproducirán parcialmente textos de otro autor, ni en su literalidad ni en su estructura o argumentación, sin atribuírselos de forma expresa.

9. Cuando incluyan en sus textos informaciones extraídas de otros medios deberán atribuírselas, incluso si se trata de algún dato aislado. No será preciso hacerlo si EL ESPAÑOL corrobora la noticia con sus propias fuentes. Por razones de equidad y cortesía, la mención al medio y a su autor será imprescindible cuando se trate de una exclusiva, si es posible incluyendo el enlace.

10. Los periodistas de EL ESPAÑOL no publicarán nunca rumores no verificados, sin que su atribución a otro medio sirva de excusa para ello.

OBTENCIÓN Y TRATAMIENTO DE LA INFORMACIÓN

11. Los periodistas de EL ESPAÑOL tienen que buscar y difundir honestamente todos los ángulos posibles de los hechos, situándolos en su contexto adecuado y sin omitir aspectos esenciales, en especial si el asunto es controvertido. Esta tarea será inexcusable cuando se trate de investigaciones policiales o judiciales.

12. Ninguna persona, física o jurídica, puede verse sorprendida por la aparición de una noticia originada en la redacción de EL ESPAÑOL en la que resulte cuestionada, descalificada o perjudicada sin haber tenido previamente la posibilidad de dar su versión y que ésta sea difundida, si el afectado lo desea. Cuando no se le haya podido localizar o no haya querido responder, se harán constar estas circunstancias. Si la noticia tiene como base un documento oficial u otra fuente externa se tratará de recoger la versión del afectado lo antes posible sin que ello retrase la publicación.

13. Los periodistas de El ESPAÑOL no utilizarán métodos ilegales para obtener información. Sólo en casos de importancia excepcional, y siempre que no sea posible obtener la información por ninguna otra vía, podrán utilizar personalidades fingidaso realizar grabaciones subrepticias. La regla general es advertir al interlocutor de que sus palabras y/o imagen van a ser grabadas; la alteración de esta norma deberá ser autorizada por los responsables de la Redacción.

14. Si la información tiene una base documental, los periodistas de EL ESPAÑOL deben hacer todo lo posible para garantizar su autenticidad. No harán nunca una selección sesgada o intencionalmente dirigida a favorecer una determinada tesis, a partir de esos documentos.

15. Los periodistas de EL ESPAÑOL respetarán los derechos fundamentales al honor, la intimidad, la propia imagen y la presunción de inocencia. Se atendrán así a los límites a las libertades de expresión e información de acuerdo con la Constitución española, incluida la protección de la juventud y la infancia.

16. Las fotografías e imágenes de vídeo que representen la realidad deben ser genuinas y sin distorsiones más allá de un correcto tratamiento técnico para lograr una difusión de calidad y de la capacidad periodística de poner el énfasis en uno u otro aspecto de la información.

17. Los periodistas de EL ESPAÑOL evitarán la difusión de expresiones e imágenes hirientes o despectivas sobre religiones, etnias o grupos sociales determinados, salvo que resulte imprescindible desde el punto de vista del interés informativo.

18. La información y la opinión estarán diferenciadas con nitidez. Las informaciones no contendrán juicios de valor del periodista.

COMPROBACIÓN DE LOS DATOS

19. Los periodistas de EL ESPAÑOL comprobarán la veracidad de los datos que incluyan en sus informaciones con independencia de la existencia de otros controles en la
Redacción. Las prisas no deben ser excusa para incluir datos no verificados. Si urge entregar una información y hay aspectos no comprobados deberá advertirse a los responsables de la Redacción. Al menos una segunda persona supervisará siempre cada historia o información.

20. Los datos dudosos o de singular complejidad o trascendencia deben ser verificados por, al menos, dos fuentes independientes entre sí. El hecho de que la información provenga de una fuente oficial, de una institución o esté apoyada en un documento no eximirá al periodista de comprobar los aspectos que puedan resultar más conflictivos.

21. Los periodistas de EL ESPAÑOL deberán asegurarse de que sus informaciones no contengan injurias ni calumnias.

RECTIFICACIONES

22. EL ESPAÑOL corregirá con inmediatez los errores de hecho, sin necesidad de esperar a recibir una queja.

23. Las rectificaciones procedentes de personas o instituciones aludidas serán publicadas en lo referente a los datos fácticos, pero no cuando tengan que ver con juicios de valor, interpretaciones u opiniones.

CONFLICTOS DE INTERÉS

24. Los periodistas de EL ESPAÑOL evitarán los conflictos de interés entre sus actuaciones privadas (inversiones bursátiles, militancia activa en partidos, relaciones familiares) y su labor profesional. Cuando exista el menor riesgo de ello advertirán a los responsables de la redacción y serán sustituidos por otro compañero.

25. Los periodistas de EL ESPAÑOL no utilizarán la información que obtengan en el ejercicio de su profesión en beneficio personal o en el de sus familiares.

26. Ningún periodista de EL ESPAÑOL podrá trabajar, de forma remunerada o no, para gabinetes de imagen o de comunicación, empresas de relaciones públicas o agencias de publicidad.

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Una reunión sin nada que ocultar

Nada que ocultar

UN AGOSTO EN LA AVENIDA DE BURGOS (II)

Queridos accionistas y suscriptores.

El hombre propone y los dioses del Olimpo disponen. Estaba yo tan dispuesto a dedicar esta segunda crónica agosteña a mis partidas de ping pong con la reina del HTML y la emperatriz del Javascript, mientras la madeja tecnológica se va trenzando espasmódicamente alrededor, cuando don Rodrigo Rato Figaredo Rodríguez de San Pedro Sela y Duquesne mandó llamar a su mecánico. Los de su estirpe no tienen conductor, menos aún chófer, sino mecánico y usan el plural con relamida condescendencia: “Saque el coche, que nos vamos al Ministerio del Interior”.

UN AGOSTO EN LA AVENIDA DE BURGOS (II)

Queridos accionistas y suscriptores:

El hombre propone y los dioses del Olimpo disponen. Estaba yo tan dispuesto a dedicar esta segunda crónica agosteña a mis partidas de ping pong con la reina del HTML y la emperatriz del Javascript, mientras la madeja tecnológica se va trenzando espasmódicamente alrededor, cuando don Rodrigo Rato Figaredo Rodríguez de San Pedro Sela y Duquesne mandó llamar a su mecánico. Los de su estirpe no tienen conductor, menos aún chófer, sino mecánico y usan el plural con relamida condescendencia: “Saque el coche, que nos vamos al Ministerio del Interior”.

El auriga sabía de sobra que todos los apellidos del prócer cabían holgadamente en el asiento trasero, pero no pudo evitar dirigirle una mirada de espanto. ¿Al ministerio del Interior? ¿Habría decidido don Rodrigo confesar nuevos delitos y entregarse? Su jefe se sintió obligado a tranquilizarle: “No, no se preocupe… Le contaré al ministro todo lo que me está pasando. Le daré mi versión”.

Y allí que se fueron, arrojando al llegar a Castellana 5 la colilla que prendió el gran incendio del verano. Aunque el fuego tardó, por razones que explicaré al final, más horas de lo normal en propagarse, ya que entrada la semana todo el bosque político era pasto de unas llamas que avanzaban imparablemente hacia el reducto vacacional del Jefe del Gobierno.

Tan grave era la conflagración que estuve a punto de pedir a Javier Muñoz y al Arponero Ingenuo que interrumpieran sus vacaciones y acudieran en mi ayuda para adentrarnos entre las lianas de fuego y las columnatas de humo, antes de que no quedara ni una yesca que llevarse al folio. Pero hétenos aquí que irrumpió don Tomás Serrano -apunten este nombre pues les hará sonreír muchas veces desde ahora- enviándonos el magnífico dibujo que acompaña a este texto, con tres palabras como título: “Nada que ocultar”. Y la magia de la imagen sirvió para activar un recuerdo de cuando el Arponero aún no había nacido, que cobra ahora extraordinaria importancia.

Partamos de la base de que yo creo a pies juntillas que Rato y Fernández no cerraron ningún trato inconfesable en su conversación del ministerio. Como bien refleja el dibujo, lo vergonzoso en sí, lo que obliga al pudor a meterse debajo de la mesa, fue el propio encuentro en el despacho oficial. A partir de que el ujier abrió la puerta del Excelentísimo al imputado acogotado, lo que se tratara allí ya sólo era un elemento ornamental. Un a más a más. Porque el medio era el mensaje y la noticia el encuentro en sí.

Por Rodrigo Rato como si había que hablar de las indubitadas apariciones de la Virgen de Fátima durante la vigilia de adviento en algunos cuarteles remotos de la Guardia Civil. Lo que le importaba era que la reunión se celebrara. Y que trascendiera. Que se supiera, que lo supieran los policías, los jueces, los fiscales, la prensa marianista –o sea toda la empapelada-, la opinión pública en suma: que él no es un apestado, que para la cúpula del PP sigue siendo “uno de los nuestros”, alguien a quien hay que proteger y defender en memoria de los servicios prestados, como hizo Rafael Hernando al decir que él también lo hubiera recibido. ¡Criatura! No nos cabe la menor duda de que lo hubiera hecho.

Lo sustancial no era el contenido del encuentro sino su apariencia. Por eso Rato sólo precisó que, claro, cómo no, había ido a hablar de lo suyo, “de todo lo que me está pasando”; cuando Fernández Díaz, en un alarde de majadería política con pocos precedentes, dijo en su nota de prensa que había puesto como “condición previa” que no se tratara de la “situación procesal” del visitante.

Hacía tiempo que nadie nos tomaba tan abiertamente por imbéciles. ¿Se imaginan el pitorreo si “el Pollo del Pinar” -Eligio Hernández en este mundo- se hubiera parapetado en esa misma “condición previa” cuando recibió a Amedo durante uno de sus permisos carcelarios en la sede de la Fiscalía General del Estado? O si Bermejo hubiera alegado que aceptó compartir caza y mantel con Garzón con la “condición previa” de no hablar de la Gürtel. O, por quitarle hierro, si Florentino Pérez se reuniera con su ten million dollar baby con la “condición previa” de no hablar de su renovación. O si dos apasionados amantes superaran todas las dificultades para verse con la “condición previa” de no tocarse.

Con comparecencias así de cínicas se destruye todo atisbo de fe en un sistema basado en la rendición de cuentas.

Por supuesto que hablaron de lo suyo, “de todo –todito todo- lo que me está pasando”, ¿cómo no iban a hacerlo? Pero los apaños ignominiosos, los tratos de favor inconfesables, se cocinan siempre a través de intermediarios de poco lustre. Cada cosa a su tiempo. Lo que Rato buscaba ahora era una especie de desagravio oficioso por el episodio de la mano en la nuca y el trato mediático anejo. Conoce lo suficientemente bien el percal como para saber que en la España del revoltijo de poderes sólo podrá afrontar acusaciones como las de blanqueo si previamente es blanqueado por los suyos. A partir de ahí, será cosa de los Enrique López, Concepción Espejel y demás jueces de partido.

La coartada recalentada por Fernández Díaz en el microondas de su comparecencia agosteña no pudo ser más ridícula. Dijo que Rato había recibido “400 tuits” intimidatorios –sin precisar si fueron de uno o de 400 tuiteros-, que estaba preocupado por el “eventual” riesgo de que le retiraran la escolta y que él consideró que era su deber “explicarle cómo funciona el sistema” de protección policial. Pamplinas. Ni Rato tiene cuenta de Twitter, ni se había tomado decisión alguna sobre su escolta, ni sería en todo caso el ministro el encargado de darle detalles técnicos.
Ahora nos cuentan que en realidad fue la pareja de Rato quien recibió un tuit de un tarado diciendo que iba a “desmembrar” al ex vicepresidente al modo de “la matanza de Texas”; pero, a juzgar por las fotos difundidas de ambos, no parece que estén pasando el verano bajo la sombra de la “motosierra”. Aunque en materia de seguridad personal toda precaución es poca, el “principio de proporcionalidad”, varias veces invocado por el ministro, no aparece aquí por ningún lado. Demasiado despacho para tan poco motivo. Además, ¿por qué ninguno de los dos interlocutores mencionó las amenazas en sus primeras versiones? Con comparecencias así de cínicas se destruye todo atisbo de fe en un sistema basado en la rendición de cuentas.

La pregunta clave no es si el presidente lo sabía. Salvando las distancias, es tan imposible que Rajoy ignorara que su ministro del Interior iba a recibir a Rato como que González ignorara que el suyo andaba secuestrando viajantes de comercio por error. La pregunta clave es por qué autorizó y tal vez propició el encuentro precisamente con Fernández Díaz. Y aquí entra en funcionamiento la hemeroteca de la memoria.

Nada que ocultar
Ilustración: Tomás Serrano

Cuando en julio de 2013 publiqué mis “Cuatro horas con Bárcenas” actué por mi cuenta y riesgo. Yo era, como siempre, un electrón libre. Ni la conversación había sido grabada, ni había convenido con el ex tesorero su publicación. Pero tampoco me había pedido que no lo hiciera. En las normas deontológicas de EL ESPAÑOL constará que un periodista sólo debe respetar el “off the record” tras haberlo convenido con la fuente de forma expresa. In dubio pro lector. Esa ha sido y será mi pauta. Pero no las tuve todas conmigo hasta que Bárcenas no avaló mi relato ante el juez Ruz.

El punto de no retorno para todos -menos para los lacayos del grupo parlamentario del PP que lamieron la mano del amo- fue la publicación de los SMS intercambiados durante años con Rajoy hasta desembocar en el “Luis, sé fuerte”, dos días después de que se divulgara el descubrimiento de su dineral en Suiza. Aunque el impacto mediático de aquella portada fue fulminante -sobre todo para mí- su intrahistoria no deja de tener su guasa pues Bárcenas se comunicaba como podía con su entorno desde la cárcel y eran otras personas las que localizaban los SMS en los distintos terminales móviles que había venido utilizando. Pues bien, en medio de aquel barullo hubo otros mensajes que no aparecieron: los de Fernández Díaz. Aparecieron los de Rajoy, aparecieron los de Mauricio Casals, Príncipe de las Tinieblas, pero no los del ministro del Interior.

¿Se refería a ellos Bárcenas cuando comentó durante su merendola con Raúl del Pozo que “hay en marcha un libro –sin duda el de Marisa Gallero para La Esfera- con dos SMS más que sale en septiembre”? Lo que es obvio es que esta “liaison dangereuse” debe vincularse al dispositivo montado desde Interior para controlar a la familia Bárcenas y apoderarse de sus documentos. En ese contexto fui víctima de los seguimientos que denuncié hace dos veranos en el programa de Jesús Cintora. También tienen mucho que ver las gestiones encaminadas a que la UDEF aclarara que “Luis el cabrón” no era Bárcenas sino otro, copatrocinadas por María Pico, jefa de gabinete de Soraya.

Como bien han apuntado varios amigos tuiteros, Fernández Díaz emerge así como el “señor Lobo” que “soluciona problemas” en la “Pulp Fiction” de chamarilería montada en la calle Génova. O, mejor todavía –apunto de mi cosecha-, como el fiel y doliente mastín Doug Stamper que va borrando las huellas de los desmanes de su jefe en House of Cards. Tras abandonar el pecado, como Stamper el alcohol, Fernández Díaz siempre acompañó a Rajoy de departamento en departamento en plan criado para todo. Que haga ahora el trabajo sucio en su condición de Ministro del Interior, no deja de ser un pleonasmo gravemente embarazoso para nuestra democracia.

El problema es que, abandonado a su suerte, Rato se convertiría a cuatro meses de las elecciones generales en la peor bomba de relojería imaginable. Le bastaría corroborar que tanto Mariano como él cobraban sobresueldos prohibidos por la ley cuando eran ministros, o que la cúpula del partido conocía el flujo de maletines que llegaba al despacho de Lapuerta, para que las limitadas posibilidades de seguir en el poder de este PP saltaran por los aires. De ahí que el despacho del ministro se metamorfoseara el 29 de julio en la ‘requetemanoseada’ consulta del “¿verdad que no vamos a hacernos daño, doctor?”.

Fernández Díaz emerge así como el “señor Lobo” que “soluciona problemas” en la “Pulp Fiction” de chamarilería montada en la calle Génova.

Y a modo de postdata aquí va la pregunta que se hacen con perplejidad algunos de los más conspicuos corresponsales extranjeros en España: ¿cómo es posible que tanto el periódico que tuvo la exclusiva del verano como el periódico que consiguió las declaraciones de Rato que desmentían la nota oficial del Ministerio enterraran esas impactantes noticias –devastadoras para el actual Gobierno- en sendas páginas pares, sin hacer mención alguna en sus portadas? En ninguno de los dos casos merecieron un lugar en el escaparate que con tanto cuidado se reparte. Ver para creer. ¿Tanto ha calado ya el responsable autocontrol –así se le llama ahora- en aquella “fábrica de Minerva” y en aquella “sabia Atenas”? ¿Tanto hay que mirar al poder por el rabillo del ojo, no vayamos a tener mañana un lío, que la última vez Soraya se puso como una fiera? Es para quedarse atónito. “Fabio, si tú no lloras, pon atenta la vista en luengas calles destruidas”.

Pero esto no pasará en EL ESPAÑOL y espero incluso que no pase con EL ESPAÑOL. Por algo decía Falstaff que, además de por su propio “ingenio”, había que valorarle por el que inducía en los demás. Ya veréis como antes de que nazcamos empezará a notarse. ¡Qué difícil lo van a tener quienes han medrado entregando lectores al poder, ahora que va a volver a ponerse de moda proporcionar poder a los lectores!

Las 19 incógnitas que la comparecencia de Fernández Díaz no despejó

Fernández Díaz

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, se sometió al escutrinio de la Cámara Baja en una comparecencia para rendir cuentas sobre la reunión que mantuvo con el ex vicepresidente Rodrigo Rato el 29 de julio en su despacho oficial. “Era mi deber atenderlo. Se reunió conmigo por su seguridad personal”, repitió durante su larga comparecencia sin ningún arrepentimiento. Dio algunas respuestas, pero son más las incógnitas. 

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, se sometió al escutrinio de la Cámara Baja en una comparecencia para rendir cuentas sobre la reunión que mantuvo con el ex vicepresidente Rodrigo Rato el 29 de julio en su despacho oficial. “Era mi deber atenderlo. Se reunió conmigo por su seguridad personal”, repitió durante su larga comparecencia sin ningún arrepentimiento.

EL ESPAÑOL diseñó este jueves una lista con las preguntas que el máximo mandatario del departamento de Interior debía responder para esclarecer el encuentro y sus implicaciones. Sin embargo, cuatro horas de comparecencia no bastaron para despejar todas las dudas que despertó una reunión que -de creer a Fernández Díaz- el propio presidente del Gobierno descubrió a través de la prensa.

El ministro se limitó a reconocer que Rodrigo Rato se puso en contacto con él entre el 9 y el 20 de julio, que a la reunión en la sede del Ministerio él mismo llegó tarde y que su jefe de gabinete participó, pero sólo al principio. Fue Rato quien solicitó el encuentro, según la versión del ministro, porque “estaba preocupado por la posibilidad de que le retirasen la seguridad” y por las amenazas en forma de tuit que recibieron él y su entorno. Finalmente, el titular de Interior se escudó en que Rato está en peligro para no dar más explicaciones a la ciudadanía.

Balance comparecencia

A continuación figuran las cuestiones que el ministro dejó sin responder. De las 35 planteadas inicialmente, más de la mitad quedaron sin aclarar: 19 en total.

  1. ¿Hay constancia de la llegada de Rato al Ministerio en el registro de entrada?
  2. ¿Alguien del PP sabía que iba a producirse ese encuentro? ¿Quién o quiénes?
  3. ¿Contó el ministro cómo fue la reunión a alguien? ¿A quién?
  4. ¿Ha recibido el ministro en su despacho a otros amigos para abordar sus problemas?
  5. ¿Pidió Rato al ministro que hiciera llegar a la AET o a Cristóbal Montoro su versión sobre el origen de su patrimonio?
  6. ¿Qué consecuencias tuvo el encuentro?
  7. ¿Por qué aseguró el Ministerio en su comunicado que Jorge Fernández Díaz no tiene ninguna relación con la investigación cuando es la Guardia Civil, bajo su mando, la que actúa como policía judicial?
  8. ¿Le comentó Rato si él o su familia habían interpuesto alguna denuncia por las amenazas a su familiar?
  9. ¿Por qué Interior tardó casi tres días en tratar de explicar los hechos si todo estaba tan claro, según la versión del ministro?
  10. ¿Se ha planteado el ministro llevar a cabo alguna actuación judicial contra Rato por asegurar que sí hablaron de su caso?
  11. ¿Tiene Fernández Díaz relación con Luis Bárcenas en la actualidad?
  12. ¿Mandó el ministro del Interior mensajes de apoyo a Luis Bárcenas, tal como ha asegurado el extesorero del PP?
  13. ¿Quién ordenó el dispositivo de vigilancia a Luis Bárcenas y sus familiares antes de que el extesorero entrara en prisión?
  14. ¿Hizo alguna gestión el ministro del Interior para identificar a los autores y responsables de este operativo de vigilancia a Bárcenas?
  15. Si la dimisión del exministro Bermejo estaba motivada por irse de cacería con un imputado, ¿debería el ministro presentar su renuncia?
  16. ¿Ha recibido instrucciones del presidente del Gobierno para contactar en su nombre con imputados por corrupción?
  17. ¿Ha participado en alguna reunión con el presidente del Gobierno para decidir la estrategia del PP sobre los casos de corrupción?
  18. ¿Se han tratado casos de corrupción como Gürtel, Púnica o el caso Bankia en reuniones del Gobierno?
  19. ¿Ha consultado con Soraya Sáenz de Santamaría o su jefa de gabinete la estrategia del Gobierno en relación a casos de corrupción que afectan al PP?

Con información de Antonio Delgado, Patricia López, Pablo Romero y Joaquín Vera.

Además, en EL ESPAÑOL:

35 preguntas para Fernández Díaz por su reunión con Rato

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El encuentro de Jorge Fernández Díaz con Rodrigo Rato no fue uno más. No figuraba en la agenda del ministro del Interior y fue aireada por la prensa, con versiones contradictorias sobre su contenido, insólitos comunicados de prensa y finalmente una comparecencia extraordinaria en pleno agosto ante el Congreso. Fernández Díaz se reunió con Rato, el ex vicepresidente económico del Gobierno, ex director gerente del Fondo Monetario Internacional, expresidente de Bankia, ex casi todo en el PP pero actualmente imputado por varios delitos y con su patrimonio bajo sospecha. Aquí están todas las preguntas sin respuesta,

El encuentro de Jorge Fernández Díaz con Rodrigo Rato no fue uno más. No figuraba en la agenda del ministro del Interior y fue aireado por la prensa, con versiones contradictorias sobre su contenido, insólitos comunicados de prensa y finalmente una comparecencia extraordinaria en pleno agosto ante el Congreso. Fernández Díaz se reunió con Rato, el ex vicepresidente económico del Gobierno, ex director gerente del Fondo Monetario Internacional, expresidente de Bankia, ex casi todo en el PP pero actualmente imputado por varios delitos y con su patrimonio bajo sospecha.

Estas son las incógnitas que rodean a una de las citas más polémicas de los últimos años.

  1. ¿Cuándo recibió la llamada de Rodrigo Rato?
  2. ¿Qué problema personal invocó Rato para convencer al ministro de que debía recibirle?
  3. ¿No se podía tratar por teléfono?
  4. ¿Cuánto tiempo tardó en recibir a Rato desde que éste le expuso su interés por entrevistarse?
  5. ¿Por qué aceptó la entrevista a sabiendas de que hacerlo podía ponerlo en una difícil situación?
  6. ¿Le presionó Rato de alguna manera para convencerle? ¿Le amenazó con alguna información sensible?
  7. ¿Hay constancia de la llegada de Rato al Ministerio en el registro de entrada?
  8. ¿Cuánto duró?
  9. ¿De qué se habló?
  10. ¿Alguien del PP sabía que iba a producirse ese encuentro? ¿Quién o quiénes?
  11. ¿Contó el ministro cómo fue la reunión a alguien? ¿A quién?
  12. ¿Ha recibido el ministro en su despacho a otros amigos para abordar sus problemas personales?
  13. ¿Ha recibido el ministro a otros imputados en su despacho?
  14. ¿Informó el ministro a Rato de las pesquisas de la Guardia Civil en el marco de las investigaciones sobre el exbanquero?
  15. ¿Se mencionó en la reunión el papel decisivo de la Agencia Tributaria en la iniciación del ‘caso Rato’?
  16. ¿Pidió Rato al ministro que hiciera llegar a la AET o a Cristóbal Montoro su versión sobre el origen de su patrimonio?
  17. ¿Qué consecuencias tuvo el encuentro?

    La explicación de lo sucedido

  18. ¿Por qué no se informó en el comunicado de que la razón de la reunión era las amenazas a un familiar de Rato?
  19. ¿Por qué aseguró el Ministerio en su comunicado que Jorge Fernández Díaz no tiene ninguna relación con la investigación cuando es la Guardia Civil, bajo su mando, la que actúa como policía judicial?
  20. ¿Le comentó Rato si él o su familia habían interpuesto alguna denuncia por las amenazas a su familiar?
  21. ¿Habló con el imputado de su situación procesal, tal como sostiene el propio Rato?
  22. ¿Por qué Interior tardó casi tres días en tratar de explicar los hechos si todo estaba tan claro según la versión del ministro?
  23. ¿Miente Rato cuando asegura que hablaron de “lo que le estaba pasando”?
  24. ¿Se ha planteado el ministro llevar a cabo alguna actuación judicial contra Rato por asegurar que sí hablaron de su caso?

    Más allá de Rodrigo Rato

  25. ¿Tiene Fernández Díaz relación con Luis Bárcenas en la actualidad?
  26. ¿Mandó el ministro del Interior mensajes de apoyo a Luis Bárcenas, tal como ha asegurado el extesorero del PP?
  27. ¿Quién ordenó el dispositivo de vigilancia a Luis Bárcenas y sus familiares antes de que el extesorero entrara en prisión?
  28. ¿Hizo alguna gestión el ministro del Interior para identificar a los autores y responsables de este operativo de vigilancia a Bárcenas?
  29. Si la dimisión del exministro Bermejo estaba motivada por irse de cacería con un imputado, ¿debería el ministro presentar su renuncia?

    Rajoy

  30. ¿Pidió el ministro permiso a Mariano Rajoy para reunirse con Rato?
  31. ¿Informó a Mariano Rajoy con posterioridad del contenido de la reunión?
  32. ¿Ha recibido instrucciones del presidente del Gobierno para contactar en su nombre con imputados por corrupción?
  33. ¿Ha participado en alguna reunión con el presidente del Gobierno para decidir la estrategia del PP sobre los casos de corrupción?
  34. ¿Se han tratado casos de corrupción como Gürtel, Púnica o el caso Bankia en reuniones del Gobierno?
  35. ¿Ha consultado con Soraya Sáenz de Santamaría o su jefa de gabinete la estrategia del Gobierno en relación a casos de corrupción que afectan al PP?

Han preguntado: María Peral, Vicente Ferrer, Mariano Gasparet, Pablo Romero, Ana I. Gracia, Joaquín Vera y Daniel Basteiro.

Además, en EL ESPAÑOL:

El PSOE ataca a Fernández Díaz por el “escándalo” de los SMS a Bárcenas

Antonio Hernando

El PSOE redobla la presión contra Jorge Fernández Díaz. Para el portavoz de los socialistas en el Congreso, Antonio Hernando, es un “escándalo” que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, haya enviado SMS de ánimo a Luis Bárcenas cuando ya estaba ya siendo investigado, según reconoció el propio extesorero y publica este jueves EL ESPAÑOL

Los socialistas redoblan la presión contra Jorge Fernández Díaz. Para su portavoz en el Congreso, Antonio Hernando, es un “escándalo” que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, haya enviado SMS de ánimo a Luis Bárcenas cuando ya estaba ya siendo investigado, según reconoció el propio extesorero y publica este jueves EL ESPAÑOL.

Hernando considera “un escándalo que el ministro del Interior hubiese mandado mensajes al señor Bárcenas. Si es el ministro de Interior el que está haciendo esas cosas, que es el que dirige la Policía y la Guardia Civil, estamos ante una situación muy grave de cara a la seguridad, que tiene que ser la de todos los españoles y no solamente de los amigos del ministro”, ha dicho ante la Fiscalía General del Estado al ser preguntado por este periódico y otros medios.

Jorge Fernández Díaz, que mantuvo un encuentro en la sede del Ministerio con Rodrigo Rato  -ex vicepresidente del Gobierno e imputado por el caso Bankia- comparecerá este viernes en el Congreso para dar explicaciones sobre contenido y la oportunidad de la cita. Sin embargo, lo conocido hasta ahora merece para el PSOE una denuncia contra el ministro ante la Fiscalía. El partido de Pedro Sánchez pretende judicializar así el caso al apreciar indicios de tres delitos: prevaricación, omisión del deber de perseguir delitos y revelación de secretos. El escrito reclama la declaración en sede judicial del propio ministro, de Rato y de funcionarios de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil.

“Ni un minuto más como ministro”

En su redoblada presión al Gobierno, el PSOE ha considerado que Fernández Díaz “no debería de permanecer ni un minuto más al frente del Ministerio”, tanto si se confirma que incurrió en alguno de esos tres delitos como si arropó a Bárcenas en el momento en el que se investigaba su fortuna en Suiza.

“La corrupción es una prioridad política, social y es inaceptable” como para que Fernández Díaz se permita mandar SMS “a un corrupto”, algo que debería llevar a Mariano Rajoy a destituirlo “inmediatamente”, ha asegurado.

El Ministerio del Interior no ha tardado en reaccionar y ha amenazado con acciones legales por “denuncia falsa, injurias y calumnias”, según informa EFE. 

El PSOE no confía en las explicaciones que puede dar Fernández Díaz. Según recordó Hernando, el presidente del Gobierno advirtió el lunes de que de esa comparecencia no debe esperarse “nada particular”.

Bárcenas aseguró que recibió SMS de Fernández Díaz similares a los que le envió Rajoy

Memorial por las victimas del terrorismo

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, envió mensajes de apoyo al extesorero del PP Luis Bárcenas cuando ya estaba siendo investigado por la Policía y los tribunales. Así lo aseguró el propio Bárcenas, desde la cárcel y a través de su entorno directo, al entonces director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, cuando en julio de 2013 le facilitó los SMS que le enviaba Rajoy.

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, envió mensajes de apoyo al extesorero del PP Luis Bárcenas cuando ya estaba siendo investigado por la Policía y los tribunales. Así lo aseguró el propio Bárcenas, desde la cárcel y a través de su entorno directo, al entonces director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, cuando en julio de 2013 le facilitó los SMS que le enviaba Rajoy.

Según Bárcenas, los SMS del ministro del Interior eran similares o equivalentes a los que le enviaba el presidente del Gobierno con expresiones como “al final la vida es resistir y que alguien te ayude”, “nada es fácil, pero hacemos lo que podemos” o “Luis, lo entiendo, sé fuerte”.

De acuerdo con la versión de Bárcenas, esos mensajes eran parte del papel activo que Fernández Díaz habría mantenido para ayudar a Rajoy a tapar los escándalos del PP. Una pauta de conducta en la que se inscribiría también la entrevista con Rodrigo Rato, de la que tendrá que dar cuenta mañana ante la Comisión de Interior del Congreso.

Pese al deseo de Bárcenas de hacer también públicos esos mensajes, las personas que seguían sus instrucciones no lograron localizar en aquel momento en la memoria de sus teléfonos móviles los SMS de Fernández Díaz. Sí que aparecieron, en cambio, además de los de Rajoy, los intercambiados con el presidente del diario La Razón, Mauricio Casals, que hizo de intermediario entre el extesorero y el Gobierno después de que se divulgara la contabilidad B del partido. Casals mantiene una estrecha relación tanto con Rajoy como con Fernández Díaz.

Operación Kitchen

En su artículo del pasado 20 de julio en El Mundo titulado “Merienda con los Bárcenas” el columnista Raúl del Pozo ponía en boca del extesorero la siguiente afirmación: “Es tanta la documentación que guardamos que podíamos entregar cada día una bomba. Las grabaciones –a Rajoy y otros dirigentes del PP- serían 20 veces la documentación que entregué al juez Ruz”.

A continuación el propio Del Pozo añadía: “Me explica que hay en marcha un libro con dos SMS más que sale en septiembre”. EL ESPAÑOL no ha logrado verificar si se trata de dos nuevos SMS de Rajoy, de los de Fernández Díaz o de otro interlocutor significativo.

A finales de 2013, Bárcenas también comunicó al entonces director de El Mundo que Fernández Díaz había estado al tanto de las gestiones realizadas por María Pico, jefa de gabinete de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, para que la UDEF remitiera un informe al juez descartando que Bárcenas fuera el “Luis el cabrón” mencionado en uno de los documentos incautados a la trama Gürtel. Estas informaciones no pudieron ser verificadas antes de la destitución de Pedro J. Ramírez como director.

Por otra parte, el 4 de febrero de este año, Esteban Urreiztieta se hacía eco también en El Mundo de la denuncia judicial del comisario Villarejo en la que acusaba al comisario de Asuntos Internos Martín-Blas de hacer “gestiones de máximo secreto directamente para la dirección del Partido Popular” y completamente “ajenas a sus funciones policiales”. Urreiztieta añadía: “Según aseguran a este periódico fuentes policiales solventes, Villarejo se refiere en este caso concreto a la supuesta creación de un dispositivo de seguimiento de la familia del extesorero del PP Luis Bárcenas para conocer sus movimientos y averiguar el material probatorio que tiene en su poder y que todavía no ha aportado al juez”.

Según ha podido confirmar EL ESPAÑOL, un dispositivo de inteligencia policial controló los movimientos de Bárcenas hasta su entrada en prisión preventiva. Días antes de su arresto, los agentes constataron el encuentro del extesorero del PP con dos ciudadanos rusos en un conocido restaurante cercano al estadio Santiago Bernabéu de Madrid. Ese encuentro no fue incluido en los informes obrantes en la causa. Además, los agentes contaron con una red de confidentes en el entorno de Bárcenas, apodados con el nombre en clave de “cocineros”. Por eso, el operativo recibió el nombre de Operación Kitchen.

Finalmente, el 4 de mayo, el periodista José María Olmo publicó en El Confidencial que Bárcenas “ha conseguido una grabación en la que presuntamente aparecerían funcionarios de la Seguridad del Estado accediendo a una fábrica para tratar de sustraer documentación relacionada con la contabilidad B del PP… Las imágenes habrían sido captadas en agosto del pasado año por el circuito cerrado de video vigilancia de una fábrica situada en una población del norte de Madrid”.

Rato y la contabilidad B

Desde que está al frente del Ministerio del Interior, Fernández Díaz ha sido acusado en varias ocasiones -tanto por la oposición como por los sindicatos policiales- de anteponer los intereses del Partido Popular a los de algunas investigaciones abiertas. Según fuentes policiales, durante la última legislatura algunos responsables políticos han presionado para que se aceleraran las pesquisas de la Operación Gürtel, que investiga la presunta financiación ilegal del Partido Popular.

En medios del PP viene comentándose que pocas cosas podrían hacer tanto daño a Rajoy en vísperas de las elecciones generales como que Rodrigo Rato o algún otro antiguo dirigente del partido corroborara la autenticidad de algunos de los hechos reflejados en la contabilidad b del PP.

Jorge Fernández Díaz es de todos los miembros del Gobierno el más estrechamente vinculado a Rajoy, pues no en vano trabajó directamente a sus órdenes durante ocho años como Secretario de Estado en los ministerios de Administraciones Públicas, Cultura y Presidencia.

Foto: Ministerio del Interior / Flickr

 

Entre la fe, los negocios y la política

cotinodibujo1Desde muy pronto, Juan Cotino sintió tres vocaciones: la religiosa, la política y la empresarial. La primera le llevó a matrimoniarse con el Opus Dei; la segunda, a estrenarse con 29 años como concejal de su pueblo; la tercera, a hacerse cargo de los negocios familiares, que fueron diversificándose a medida que escalaba en política. La certeza de que iba a ser imputado es lo que le llevó, el pasado otoño, a jubilarse como presidente de las Cortes Valencianas. Una jubilación poco decorosa a escasos meses de cumplir 65 años.

Ilustración: Tomás Serrano

Nunca se ha tenido por un político profesional, pese a que en los casi veinticinco últimos años ésa ha sido su principal actividad. Tampoco considera que haya hecho nada irregular, aunque su nombre aparece en varios sumarios de corrupción y ha acabado siendo arrastrado por el caso Gürtel. La certeza de que iba a ser imputado es lo que le llevó a jubilarse prematuramente como presidente de las Cortes Valencianas el otoño pasado, cuando quedaban sólo ocho meses para que se agotara la legislatura y tres para que cumpliera los 65 años. Un broche poco decoroso para una larga carrera política.

Desde muy pronto, Juan Cotino sintió tres vocaciones: la religiosa, la política y la empresarial. La primera le llevó a matrimoniarse con el Opus Dei, del que continúa siendo miembro activo; la segunda, a estrenarse con 29 años como concejal de su pueblo, en representación de la UCD de Adolfo Suárez; la tercera, a hacerse cargo de los negocios familiares, que fueron diversificándose a medida que escalaba en política, y de ellos el que más le sigue atrayendo es la agricultura.

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Ilustración: Tomás Serrano

Cotino jamás ha olvidado sus orígenes huertanos. Es un hombre feliz cuando se sube al tractor y recorre sus campos; otrora de naranjos, hoy de caquis. De ahí le viene un carácter llano y afable que le hace ser percibido como alguien cercano. La vieja casa familiar, su alquería de Xirivella, es su refugio y su orgullo. Es habitual verlo en el porche, ejerciendo de anfitrión, mientras cocina a leña una paella o un arroz caldoso para sus invitados. Esa casa ha sido centro de conciliábulos desde principios de los años 90, y en ella ha apadrinado a algunos de los políticos que han hecho carrera en el PP.

 

Ha sido Cotino la persona más cercana al defenestrado Francisco Camps en los últimos tiempos. Le apoyó, al principio, para que derrotase a los seguidores de Eduardo Zaplana y pudiera tener el control absoluto de la organización. Y al final, tras estallar el caso de los trajes, se volcó para que llegara entero al banquillo. Él mismo lo llevó en coche hasta la puerta del Tribunal en la primera sesión del juicio, con el propósito de insuflarle ánimo y que no se derrumbara. Ese apoyo le legitimó, ante un sector del partido, para gestionar los resortes del poder que hasta entonces había manejado Camps. Premeditado o no, se convirtió así en uno de sus herederos frente a alguien que, como Alberto Fabra, había sido impuesto por la dirección nacional para hacer borrón y cuenta nueva.

Entró de lleno en política en 1991 al ser designado por Rita Barberá concejal de Policía y Servicios Sociales del Ayuntamiento de Valencia. Era la primera vez que una concejalía unificaba las competencias en materia de seguridad y de ayuda a los desfavorecidos, lo cual habla mucho de la personalidad de Cotino: un hombre conservador, amante del orden, y una persona caritativa, benefactora, con una idea probablemente trasnochada de lo que debe ser ayudar a los demás. En su etapa de concejal y también de conseller del Gobierno valenciano se le ha visto al volante de una furgoneta repartiendo alimentos en asilos y comedores sociales regentados por órdenes religiosas.

Jefe de la Policía con tres ministros

Fue él quien implantó en Valencia la “Policía de barrio” con la idea de que los ciudadanos debían de conocer al agente que prestaba servicio en su calle de la misma manera que conocían a su médico de cabecera. Eso, y la amistad fraguada con Jaime Mayor Oreja cuando ambos coincidieron en el Partido Demócrata Popular antes de integrarse en el PP, le abrieron el camino para ser nombrado director general de la Policía por el primer Gobierno de Aznar. Cotino ha manifestado que ese año, 1996, dejó de ocupar cargos en el consejo de administración de la empresa familiar y vendió la mayoría de sus acciones. Del resto, asegura que se deshizo en 2007, cuando fue nombrado conseller de Bienestar Social.

Estuvo seis años en Madrid con tres ministros del Interior: Mayor, Rajoy y Acebes. Él mismo solicitó en varias ocasiones que le dejaran volver a Valencia porque quería cuidar de su madre, enferma. Lo nombraron delegado del Gobierno. El cargo le iba como anillo al dedo, pero la derrota del PP en las generales de 2004 forzó su relevo. Fue entonces cuando Camps lo reclamó para el Gobierno valenciano, donde acabó ocupando sucesivamente las carteras de Agricultura, Bienestar Social y Medio Ambiente. Llegó a ser vicepresidente antes de pasar, ya en 2011, a presidir el Parlamento autonómico; el más desprestigiado de la historia, tras haber albergado a una decena de imputados en sus bancos. La acumulación de poder le dio la oportunidad de repartir cargos entre las personas de su entorno y su mano se adivina tras la confección de varias candidaturas de municipios del área metropolitana de Valencia, el territorio que mejor conoce y domina.

La condición de máximo referente del sector cristiano del PP lo convirtió en una de las piezas de caza favoritas para la izquierda, hubiera o no razón para ello. Pero la oposición era incapaz no ya de acabar con la hegemonía, sino de hacer mella siquiera en un partido que parecía eternizarse en el poder. Seguramente fue esa sensación de impunidad, el sentirse intocables, lo que llevó a algunos a confundir la Administración con una finca particular.

La estrella de Cotino empezó a declinar cuando su nombre apareció salpicando las páginas de varios sumarios judiciales, desde Brugal, a Gürtel, pasando por el caso Bárcenas; la prueba, para la oposición, de que él era el denominador común de la corrupción en la Comunidad Valenciana. Ruz le llamó a declarar como testigo porque su nombre estaba en las notas de Bárcenas. Según el ex tesorero del PP, el 11 de marzo de 2004, día de los atentados islamistas en Madrid, había acudido a la sede del partido en la calle Génova para entregar 200.000 euros en nombre de una empresa administrada por su sobrino. Cotino lo negó tajantemente. Su sobrino Vicente está imputado.

Las residencias de la tercera edad

La denuncia de Esquerra Unida por las adjudicaciones de la Generalitat valenciana a residencias de la tercera edad que gestiona Sedesa, sociedad de la familia de Cotino, llevó a la Fiscalía a abrir una investigación. El político, que no ha sido imputado por ahora, ha defendido su proceder en este asunto. Alega que vendió en su momento las acciones que tenía y que nunca benefició a la empresa.

El último disgusto en el ámbito judicial se lo llevó el pasado mes de abril, cuando la Fiscalía denunció que Bancaja, en la época en la que estaba controlada por el PP, concedió irregularmente créditos por valor de 35 millones de euros a Share Capital, otra sociedad vinculada a su familia, para comprar inmuebles en Europa del Este.

Entre tanto, han ido haciéndose públicas grabaciones incluidas en los sumarios judiciales en las que se traslada una imagen de Cotino como contacto privilegiado para desbloquear o conseguir contrataciones de la Administración. En una de ellas se escucha a Vicente Cotino asegurar con rotundidad a su interlocutor que su tío mediaría a la hora de lograr favores. El propio Cotino ha tenido que salir a defenderse: “He metido la pata en muchas cosas pero nunca he metido la mano”.

Con todo, han sido dos los casos que han martirizado especialmente a Juan Cotino. El primero tiene que ver con el amaño de los contratos para retransmitir la visita que Benedicto XVI hizo a Valencia en 2006. Aunque es cierto que él no tenía competencias ni en la organización del viaje del Pontífice ni en las contrataciones efectuadas al efecto, hay testigos que confirman que participó en las reuniones clave y que era la persona que “llevaba la batuta”. Más aún: según la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía, Cotino, que siempre ha dicho que se limitó a ser un “voluntario más”, era en realidad el “elemento nuclear” y la persona que “tomaba las decisiones políticas”. El juez lo imputó en noviembre.

El accidente del metro de Valencia

Para Cotino, el otro asunto más doloroso ha sido la acusación de algunas de las víctimas del accidente del metro de Valencia, el fatídico descarrilamiento ocurrido en 2006 en el que murieron 43 personas. Se le ha echado en cara que intentara convencer a los familiares de que desistieran de acudir a los tribunales ofreciéndoles a cambio ayuda económica y puestos de trabajo. Cotino, que era conseller de Agricultura en aquel momento, ha defendido que se limitó a tratar de consolar a las víctimas y a sus familiares en medio de la tragedia, y que ofreció cosas como “un cambio de escolarización de un niño, cuestiones de tipo laboral, de acceso a vivienda o el ingreso en alguna residencia de una persona mayor”, pero siempre llevado por un sentimiento de solidaridad y jamás con la idea de comprar su silencio.

 

 

 

La prueba de que este episodio le dejó completamente noqueado quedó reflejada en su comportamiento ante las cámaras de Salvados, cuando Jordi Évole intentó arrancarle unas valoraciones y fue incapaz de dar la cara, escabullándose en una actitud impropia de un responsable público.

 

 

 

Cotino ha cambiado. Se ha dejado barba, al estilo de Jaime Mayor Oreja, que luce, como éste, completamente blanca. Ha adelgazado, parece que por salud. Dicen que conserva su espíritu jovial, el mismo que le llevó a meter una vaca en una edificio de la Generalitat para protestar contra la política agrícola y ganadera en tiempos del socialista Joan Lerma, o, más recientemente, a colocar bien visible, sobre su mesa de las Cortes, un crucifijo para que presidiese la constitución del Parlamento valenciano, a sabiendas de cómo soliviantaría a la oposición.

Quienes lo conocen ponen la mano en el fuego por él. Aseguran que hasta hoy no ha sido acusado de desviar dinero en su beneficio. Pero si se demuestra que utilizó como testaferros a su hermano y a su sobrino para ocultar fondos de inversión, su imagen quedaría muy tocada. “Nada desear, nada pedir, nada rehusar”, es la máxima de san Francisco de Sales que, según ha confesado, ha intentado que fuera su guía. Pero aquí, la última palabra, la tienen los jueces.

Cien negritos

Cien negritos se fueron a cenar; el Faraón Aznar renunció al poder, se asfixió bajo el manto de armiño de su gloria y quedaron noventa y nueve…

Ilustración: Javier Muñoz

Cien negritos se fueron a cenar; el Faraón Aznar renunció al poder, se asfixió bajo el manto de armiño de su gloria y quedaron noventa y nueve.

Noventa y nueve negritos estuvieron despiertos hasta muy tarde; Jaime Mayor se quedó dormido y entonces quedaron noventa y ocho.

Noventa y ocho negritos viajaron por el mundo; Rodrigo Rato decidió anidar en Washington y quedaron noventa y siete.

Noventa y siete negritos cortaron leña; Álvarez Cascos se partió en dos y quedaron noventa y seis.

Noventa y seis negritos jugaron con una colmena; una abeja le picó a Juanjo Lucas y quedaron noventa y cinco.

Noventa y cinco negritos estudiaron Diplomacia; Federico Trillo se hizo embajador y quedaron noventa y cuatro.

Noventa y cuatro negritos fueron al mar;  un arenque rojo se tragó a Manolo Pizarro y quedaron noventa y tres.

Noventa y tres negritos pasearon por el zoo; un gran oso atacó a Eduardo Zaplana y quedaron noventa y dos.

Noventa y dos negritos se sentaron al sol; Ángel Acebes se tostó demasiado y sólo quedaron noventa y uno.

Noventa y un negritos se conformaron con la versión oficial del 11M; Jaime Ignacio del Burgo se empeñó en buscar la verdad y sólo quedaron noventa.

Noventa negritos se asustaron ante ETA; María San Gil cerró filas con las víctimas, la llamaron loca y sólo quedaron ochenta y nueve.

Ochenta y nueve negritos se postraron ante el jefe; Gabriel Elorriaga escribió un artículo -“no es este, no es este”- y sólo quedaron ochenta y ocho.

Ochenta y ocho negritos aprendieron catalán en la intimidad; Josep Piqué se empeñó en practicarlo y sólo quedaron ochenta y siete.

Ochenta y siete negritos se acercaron a Valencia; Juan Costa ardió en una falla cual ninot y sólo quedaron ochenta y seis.

Ochenta y seis negritos dijeron que sí a todo; Gustavo de Arístegui rechazó el trágala, lo mandaron a la India y sólo quedaron ochenta y cinco.

Ochenta y cinco negritos se olvidaron de pensar; Fernando Maura se marchó a UPyD y sólo quedaron ochenta y cuatro.

Ochenta y cuatro negritos se zamparon un pastel; Paco Correa se dio un atracón de época y sólo quedaron ochenta y tres.

Ochenta y tres negritos trasladaron maletines; a Pablo Crespo le pillaron con el de Galicia y sólo quedaron ochenta y dos.

Ochenta y dos negritos viajaron por Europa; Gerardo Galeote abrió una cuenta en Luxemburgo y sólo quedaron ochenta y uno.

Ochenta y un negritos organizaron eventos deportivos; Alberto López Viejo batió demasiados records y sólo quedaron ochenta.

Ochenta negritos circularon por la carretera; Jesús Sepúlveda se subió a un Jaguar y sólo quedaron setenta y nueve.

arponero cien necritos final

Ilustración: Javier Muñoz

 

Setenta y nueve negritos se lo llevaron crudo; Arturo González Panero rodó como una albóndiga y sólo quedaron setenta y ocho.

Setenta y ocho negritos jugaron al urbanismo; Benjamín Martín Vasco se embauló 300.000 del ala por Arganda y solo quedaron setenta y siete.

Setenta y siete negritos se fueron de compras; a Alfonso Bosch le sorprendieron gastando con identidad falsa y solo quedaron setenta y seis.

Setenta y seis negritos se enredaron en una correa; Jesús Merino se estranguló al intentar zafarse y sólo quedaron setenta y cinco.

Setenta y cinco negritos cobraron sobresueldos; Luis Bárcenas escondió el parné en Suiza, cuando se fue de la lengua lo metieron en el trullo y sólo quedaron setenta y cuatro.

Setenta y cuatro negritos pasaron por la caja B; Álvaro Lapuerta lo visó todo pero, tan mayor como estaba, tuvo un accidente raro y sólo quedaron setenta y tres.

Setenta y tres negritos merodearon cerca del tarro de mermelada; Ángel Sanchís se acercó demasiadas veces y sólo quedaron setenta y dos.

Setenta y dos negritos organizaron actos electorales; Álvaro Pérez, al ver al jefe tan cerca, tropezó con su bigote y sólo quedaron setenta y uno.

Setenta y un negritos fueron a la sastrería; Paco Camps se desentendió de las facturas y sólo quedaron setenta.

Setenta negritos financiaron ilegalmente al partido; a Vicente Rambla lo cogieron en el mercado de naranjas y sólo quedaron sesenta y nueve.

Sesenta y nueve negritos fueron imputados; Victor Campos firmó que era culpable y sólo quedaron sesenta y ocho.

Sesenta y ocho negritos disfrutaron de la huerta; Valcárcel se dio un hartón, se marchó a Estraburgo y sólo quedaron sesenta y siete.

Sesenta y siete negritos pasaron por la cocina; David Serra cayó despanzurrado dentro de la marmita y sólo quedaron sesenta y seis.

Sesenta y seis negritos recibieron al Papa; Pedro García firmó el contrato que convirtió las bendiciones en negocio y sólo quedaron sesenta y cinco.

Sesenta y cinco negritos aceptaron regalos de quien no debían; a Ricardo Costa le lucieron mucho en la muñeca y sólo quedaron sesenta y cuatro.

Sesenta y cuatro negritos ayudaron a que la familia que reza unida permaneciera unida; Juan Cotino se pasó de avemarías –y de testaferros- y sólo quedaron sesenta y tres.

Sesenta y tres negritos contribuyeron a las ONG; Rafael Blasco pensó que la caridad bien entendida empezaba por uno mismo y sólo quedaron sesenta y dos.

Sesenta y dos negritos firmaron contratos irregulares; Milagrosa Martínez se puso un pañuelo de Loewe y sólo quedaron sesenta y uno.

Sesenta y un negritos viajaron de gorrilla; Luis Díaz Alperi cogió una insolación en Creta y sólo quedaron sesenta.

Sesenta negritos se pusieron gafas negras; a Carlos Fabra le tocó demasiadas veces la lotería y sólo quedaron cincuenta y nueve.

Cincuenta y nueve negritos se embarcaron de vacaciones; José Joaquín Ripoll se subió al yate que no debía y sólo quedaron cincuenta y ocho.

Cincuenta y ocho negritos fueron fashion victims; la alcaldesita Sonia Castedo se divirtió en pijama con su protector y protegido y sólo quedaron cincuenta y siete.

Cincuenta y siete negritos pasaron de la política a las cajas; José Luis Olivas dio créditos raros, se emborrachó con ron cubano y sólo quedaron cincuenta y seis.

Cincuenta y seis negritos salieron a cazar; a Serafín Castellano se le disparó el rifle por la culata y sólo quedaron cincuenta y cinco.

Cincuenta y cinco negritos se enamoraron del dinero; Alfonso Rus contó los billetes con luz y sonido y sólo quedaron cincuenta y cuatro.

Cincuenta y cuatro negritos buscaron la trampa de la ley; Jaume Matas se saltó las reglas para contratar discursos, lo mandaron a prisión y sólo quedaron cincuenta y tres.

Cincuenta y tres negritos cometieron irregularidades urbanísticas;  a Eugenio Hidalgo, alcalde de Andratx, se le cayó encima su chalé y sólo quedaron cincuenta y dos.

Cincuenta y dos negritos cobraron comisiones; Antonia Ordinas las escondió en una lata de Cola Cao y cuando tuvo que desenterrarla ante la poli sólo quedaron cincuenta y uno.

Cincuenta y un negritos protegieron a los apandadores; al conseller Cardona le pillaron repartiéndose el botín, le metieron dieciséis años y sólo quedaron cincuenta.

Cincuenta negritos se fueron al prostíbulo; Rodrigo de Santos pagó con la tarjeta municipal y sólo quedaron cuarenta y nueve.

Cuarenta y nueve negritos apoquinaron al instituto Noos;  Pepote Ballester no regateó nada y sólo quedaron cuarenta y ocho.

Cuarenta y ocho negritos tomaron copas de más; Nacho Uriarte estrelló alegre su coche y sólo quedaron cuarenta y siete.

Cuarenta y siete negritos navegaron entre insidias; Daniel Sirera escribió “este partido es una mierda” y sólo quedaron cuarenta y seis.

Cuarenta y seis negritos se hicieron los simpáticos; Montse Nebrera se burló del habla andaluza y sólo quedaron cuarenta y cinco.

Cuarenta y cinco negritos asumieron graves riesgos; Regina Otaola dio la cara en Lizarza, se retiró decepcionada y sólo quedaron cuarenta y cuatro.

Cuarenta y cuatro negritos pidieron debates y primarias;  a Alejo Vidal Quadras le pusieron puente de plata y sólo quedaron cuarenta y tres.

Cuarenta y tres negritos cosecharon fracasos electorales; Antonio Basagoiti asumió con ejemplaridad el suyo y sólo quedaron cuarenta y dos.

Cuarenta y dos negritos se sintieron traicionados; el heroico Ortega Lara se marchó sin siquiera merecer ser oído en la Moncloa y sólo quedaron cuarenta y uno.

Cuarenta y un negritos denunciaron las promesas incumplidas; Santi Abascal escribió una carta de despedida, fundó Vox y sólo quedaron cuarenta.

Cuarenta negritos fueron envejeciendo; una mañana se murió don Manuel el Fundador y sólo quedaron treinta y nueve.

Treinta y nueve negritos levitaron al ganar por mayoría absoluta; Javier Arenas se pasó de listo, desmovilizó a los suyos y sólo quedaron treinta y ocho.

Treinta y ocho negritos tiraron victoriosos por la calle de en medio; a Ana Mato le atropelló el Jaguar que se le escapó del armario y sólo quedaron treinta y siete.

Treinta y siete negritos aplicaron su programa; a Javier Fernández Lasquetty le atropelló la “marea blanca”, se marchó a Guatemala y sólo quedaron treinta y seis.

Treinta y seis negritos tuvieron mala suerte; a Mercedes de la Merced se la llevó la enfermedad y sólo quedaron treinta y cinco.

Treinta y cinco negritos se creyeron impunes; Miguel Blesa las hizo de todos los colores hasta llegar al black y sólo quedaron treinta y cuatro.

Treinta y cuatro negritos fueron excluidos de la primera fila del poder; González Pons se quedó compuesto y sin ministerio y sólo quedaron treinta y tres.

Treinta y tres negritos prefirieron irse a ganar dinero; Michavila se metió en un buen despacho y sólo quedaron treinta y dos.

Treinta y dos negritos hicieron lo que pudieron en sus cargos; Arias Cañete gestionó bien, patinó en la campaña europea y sólo quedaron treinta y uno.

Treinta y un negritos se indignaron por la amnesia del poder; Consuelo Ordóñez lo dijo alto y claro y sólo quedaron treinta.

Treinta negritos pasearon por la muralla; Santiago Cervera metió la mano en un agujero y sólo quedaron veintinueve.

Veintinueve negritos guardaron secretos inconfesables; a Cristobal Páez le dieron el mejor de los finiquitos y sólo quedaron veintiocho.

Veintiocho negritos sabían más de la cuenta; a José Manuel Molina lo mandaron a Kinshasa y sólo quedaron veintisiete.

Veintisiete negritos salieron a captar apoyos; a Ana Botella se le indigestó una “relaxing cup of coffee in the Plaza Mayor” y sólo quedaron veintiséis.

Veintiséis negritos compraron propiedades; Ignacio González recurrió a un testaferro para camuflar su ático y sólo quedaron veinticinco.

Veinticinco negritos se quedaron colgados de la brocha; Leopoldo González Echenique dimitió por un quítame allá esos 130 millones y sólo quedaron veinticuatro.

Veinticuatro negritos fueron azotados por la ira; a Isabel Carrasco la mataron a tiros y sólo quedaron veintitrés.

Veintitrés negritos recibieron tarjetas de crédito a juego con su alma; Ricardo Romero de Tejada hizo honor a su fama y sólo quedaron veintidós.

Veintidós negritos volvieron a las andadas; a Paco Granados, tanto fue el cántaro a la fuente, le metieron en el trullo y sólo quedaron veintiuno.

Veintiún negritos se hicieron diputados “para tocarse los huevos”; José Miguel Moreno lo reconoció mientras le grababan y sólo quedaron veinte.

Veinte negritos escribieron los versos más tristes esta noche; el gran vate Gallardón se negó a observar la rima y sólo quedaron diecinueve.

Diecinueve negritos buscaron la mayoría absoluta; a Esperanza Aguirre le hicieron la cama desde dentro y, como le faltó un escaño, sólo quedaron dieciocho.

Dieciocho negritos querían perpetuarse en sus poltronas; Rita Barberá tuvo un caloret y sólo quedaron diecisiete.

Diecisiete negritos limpiaron la cloaca;  Alberto Fabra sucumbió en el empeño tras la enésima zancadilla y sólo quedaron dieciséis.

Dieciséis negritos ardieron por amor; Monago, el buen bombero, apagó su fuego en Canarias gratis total y solo quedaron quince.

Quince negritos buscaron remedio en la farmacia; a José Ramón Bauzá le dieron cuchillo de palo y sólo quedaron catorce.

Catorce negritos quedaron encerrados en el ascensor; a León de la Riva se le apareció una Leire turgente y del soponcio solo quedaron trece.

Trece negritos subieron a la Giralda; Jose Ignacio Zoido perdió pie y solo quedaron doce.

Doce negritos se fueron de Carnaval; Teófila Martínez se dio de bruces con la charanga del Kichi y sólo quedaron once.

Once negritos visitaron a la Virgen del Pilar; Luisa Fernanda Rudi se enganchó en el manto y sólo quedaron diez.

Diez negritos se reunieron en una bodega; Pedro Sanz organizó su sucesión -sacrificando a su delfín- y sólo quedaron nueve.

Nueve negritos perdieron la sonrisa; la de Juan Ignacio Diego se la zampó Revilla y sólo quedaron ocho.

Ocho negritos intentaron borrar huellas en Génova; Maria Dolores de las Mentiras resbaló en una simulación de finiquito en diferido y sólo quedaron siete.

Siete negritos dieron la cara para que se la rompieran; a Carlos Floriano le explicaron que el problema de comunicación era él y sólo quedaron seis.

Seis negritos se cayeron al pozo demoscópico; a José Ignacio Wert, cansado de vivir ahí, le mandaron, con alevosía agosteña, de luna de miel a la OCDE y sólo quedaron cinco.

Cinco negritos se arrimaron a la Púnica; Salvador Victoria hizo lo que le mandó su jefe y cuando le pillaron sólo quedaron cuatro.

Cuatro negritos medio pasaban por ahí; Lucía Figar fue imputada por firmar un contrato y sólo quedaron tres.

Tres negritos pidieron otro liderazgo; a Cayetana Álvarez de Toledo, vox clamantis in deserto, le pusieron bola negra y sólo quedaron dos.

Dos negritos se reunieron en Moncloa; a Alicia Sánchez Camacho la convencieron de que bebiera la cicuta pues el desastre catalán era cosa suya y ya sólo quedó uno.

Un negrito se quedó más solo que la una; después de dejar tirados a todos sus amigos, deshacerse de todos sus rivales y desviar a los demás todas sus culpas; doce años después de ser ungido por el dedo errado de Aznar y cosechar dos derrotas; cuatro años después de recibir, dilapidar y traicionar un mandato rotundo de los españoles; dos años después de mentir como un bellaco al parlamento, Mariano Rajoy se ahorcó de su cuarta candidatura a la Moncloa y pronto, de aquel PP refundado en 1990 que aglutinó a todo el centro-derecha y tanto sirvió a la democracia, ya no quedará ninguno.

También en EL ESPAÑOL: 

Rajoy, R que R

Mariano Rajoy es un gallego desconfiado aunque predecible, sin la empatía de Adolfo Suárez o Felipe González, al que no cabe achacar todas las culpas de los malos resultados de su partido en las recientes elecciones locales y autonómicas.

Mariano Rajoy. (Fotos: PP)

Aquella noche -28 de octubre de 1982- yo estaba en el atribulado salón de columnas del Palacio de la Moncloa, cuando Alfonso Guerra, desde su cuartel general, nos iba informando de que UCD, a duras penas, pasaba de 168 a 12 diputados.

Rajoy es un gallego desconfiado aunque predecible, sin la empatía de Adolfo Suárez o Felipe González -los dos colegas más cercanos al común en las últimas cuatro décadas de vida democrática en España-, al que no cabe achacar todas las culpas de los malos resultados de su partido en las recientes elecciones locales y autonómicas. Alguna tienen quienes aún no han empezado a desfilar.

Tras conocerse los resultados, R –erre que erre- proclamó, enfáticamente, que no hacía falta cambiar nada, ni en el partido ni en el Gobierno. Pero con la polvareda del clamor ha hecho amago de rectificar. Hace bien poco, a Ed Milliband y Nick Clegg les faltó tiempo para dimitir tras su reciente fracaso electoral. Así se fortalecen los sistemas democráticos.

Y es que la obstinación, emparentada con la desconfianza, es un estado del alma que ofusca a quien la convierte en norma de comportamiento, lo que se traduce en esa apuesta ritual ‘sostenella y no enmendalla de reminiscencias celtas, tan alejada de los tiempos modernos, más flexibles y relativos.

Le costó a Rajoy calzarse la mayoría absoluta en 2011, que podría haber sido aún mayor si no se hubiera dejado embaucar por la zalamería andaluza. Y esos errores, a voluntad forzada, son justamente los que le han podido llevar a reafirmarse en las bondades de la obstinación. No quiero pensar que sea cierto que alguien haya podido ser tan desaprensivo como para soplarle al oído que era conveniente perder estas recientes elecciones para afrontar mejor las generales.

El rescate lo sorteó a base de gestionar -con pericia- la odisea de una economía en quiebra, regateando -con habilidad- en los embarrados campos fuera de casa, a correosos conmilitones pertrechados con munición codificada para quien no fuera un habitué, como él.

Nadie sabía realmente qué iba a venir, si niño (rescate) o niña (recortes), pero al final evitó el estigma de una intervención que hubiera dejado huella en, al menos, una generación. Y esto lo ha reconocido hasta la gente reflexiva de la izquierda, que no le ha negado este crédito. Así que Rajoy disponía -evitando el rescate- de un maná discursivo abundante para lo que vendría después.

Luis Bárcenas, ex tesorero del PP.

Pero mientras se sucedían los recortes, ocurrió que el tesorero de su partido, especulando con la impunidad que le pudiera proporcionar el roce de tantos años con quienes estaban gobernando, no calibró hasta dónde podría llegar el celo de las dos fiscales y el adanismo -carente de prejuicios- de un juez treintañero. Y terminó dando con sus huesos en Soto del Real, al tiempo que el ministro de gracia y justicia se quedaba fuera del ejecutivo.

Quizás Rajoy, en este caso, no midió las severas consecuencias de aquella rueda de prensa -parapetado tras el atril y con la nomenclatura guardando las espaldas- en la que juró y perjuró que ninguna de las acusaciones del tesorero se tenían de pie. Mucho riesgo, alguna mueca y pesada mochila para los restos.

Aquella apuesta lo iba a colocar en una situación complicada, en el límite, pero R –erre que erre– no se apearía del burro, lo que aprovecharon algunos medios y toda la oposición para cuestionar hasta su legitimidad, agravada por el peligrosísimo cruce de mensajes (“Luis, sé fuerte”) con el ya reo.

Para entonces, la maledicencia insurgente murmuraba que era un premier poco laborioso, que no recibía en su casa de La Moncloa -donde prefería disfrutar de la menos azarosa vida familiar- a empresarios, corresponsales extranjeros, editores, pintores o ingenieros de caminos… Tampoco se le vio (salvo en la final de Champions entre el Madrid y el Atleti) en un estadio de fútbol, en una plaza de toros, en un concierto de música o en un cine de la Gran Vía.

Rajoy en los jardines de La Moncloa.

Lo que se decía en los ambientes más combativos, a falta de un contador oficial, era que R –erre que erre– esquivaba todo aquello que le pudiera suponer contraer compromisos, hipotecas, deudas o cargas, por pequeñas que fueran. No se trataba de invocar su nombre en vano, ligarle a algún caso oscuro de corrupción o situarle en la proximidad de amistades peligrosas, justamente lo que había sido la lepra del tesorero. Mira que era mala suerte.

Para los menos complacientes, Rajoy no hacía política en el sentido más concluyente del término. Y eso era así porque huía de resfriados indeseados, a los que conduce mezclarse con ese jardín de las delicias (colmado de concejales, delegadas del gobierno o diputados autonómicos) y prefirió abrigarse con la bufanda del rescate. Así que convirtió lo suyo en un full time económico y dejó la política para Soraya y los charlatanes.

Pero la Diada de 2012, trajo a las calles de Barcelona una marea humana colosal, lo que llevaría al presidente de la Generalitat a soñar con una independencia a la que ya solo parecía faltarle un pequeño empujón. Aunque Artur Mas me confesó -en un almuerzo en el choco con futbolín de Sandro Rossell- que Rajoy era “hombre de fiar” [sic], el Atlántico crispó al Mediterráneo, le puso difícil jugar al victimismo -baza preferida nacionalista- y lo terminó por cansar.

Se sucedieron los desplantes y las provocaciones, pero al sagaz jurista de Pontevedra nada parecía inmutarlo. Al menos, esa era la impresión que daba. Y al tiempo que el común reclamaba respuestas, R –erre que erre– ni se soliviantaba, ni (como exigían algunos) paraba los pies a quien seguía abriendo embajadas, financiando agit prop soberanistas y derrochando recursos en la preparación del Estat Català, a costa de engordar el temido déficit público.

La receta del presidente ha sido siempre la misma: no alterarse, aunque la parsimonia de un hombre imperturbable  haga que al público doliente lo lleven los demonios

Porque la receta del presidente, en un país de excitados, ha sido siempre la misma: no alterarse, aunque la parsimonia de un hombre imperturbable -al que prácticamente nadie consigue sacar de sus casillas- haga que al público doliente lo lleven los demonios. Pero no hay que descartar que esa (mal entendida) pasividad enmascare estrategias encaminadas a que se despeñen otros y terminen cayendo por su propio peso. Tampoco parece contar con un estado mayor fornido que le sirva de soporte para gestionar, entre otros muchos, el desafío independentista.

La metodología, siempre la misma: mantener el perfil bajo, no contestar a los exabruptos de los infieles, resguardarse en el burladero con leales y amigos, castigar con la indiferencia a revoltosos, ingobernables e imprevisibles y desprenderse con desgana de los propios, como Manuel Pizarro, harto de calentar el escaño.

Y es que los problemas ya se arreglan con el paso del tiempo; los cambios se hacen cuando no quede más remedio; el calor a los caídos, connaît pas; la persecución a los corruptos, sí ma non troppo fanatico y pedir opinión a quienes tienen saber y experiencia… eso, ni hablar.

Quienes han votado la opción de Rajoy para ayuntamientos y regiones, se han quedado de un aire porque no terminaban de creerse lo de Podemos; pensaban que el PSOE, a pesar de Andalucía, seguía hecho unos zorros y C’s, ‘verde que te quiero verde’ ¿Entonces? Al Partido Popular no le queda otra que cambiar de piel, limpiar los restos de corrupción, ser audaz en la renovación de su nomenclatura, buscar otra sede que no esté manchada con dinero obsceno, reducir gasto corriente y no temer al vértigo del cambio, es decir, a todo lo anterior.

Porque no hacerlo supondrá convertir en residual un partido de gobierno y volver a la soledad de aquel tiempo en que no contaba con la mayoría que hace cuatro años le concedió un triunfo asombroso.

El presidente en un mitin en 2011.

Pero si R –erre que erre– se mantiene en sus trece y piensa que se puede seguir fiando el resultado de las generales al éxito económico de su gestión y al maná de haber evitado el rescate -aun con medidas socialmente duras que no han acertado a explicar al común-, que no olvide lo inaudito que resulta que ese respingo del 3% de crecimiento se haya vuelto en contra del Gobierno al calor de “trabajo precario”, “desigualdad”, “pobreza infantil” y otros gritos de las mareas.

En la ecuación, no hay que dejar de tener en cuenta los efectos de seis meses de sacudida de alfombras y demás tapicería -local y regional- por parte de los bizarros emergentes, con lo que el invierno se presenta incierto, extraño y novedoso, todo lo que le espanta a Rajoy.

Los errores de cálculo a veces llevan a la hecatombe y, mientras la gente de bien se hace cruces (“pero cómo es posible”), los mariscales se demudan y tiran la toalla. Se precisa una buena ración de audacia, de aire fresco, de gente dispuesta a una forma nueva de hacer política. Turno para Íñigo de la Serna, Jaime Renovales, Mateo Isern, Pablo Casado, Alfonso Rueda, José Antonio Nieto et alii.

Y si no acabara de verlo, que alguien le pase un video de Obama en mangas de camisa, comiéndose una alita de pollo en uno de esos sitios de comida rápida que les gustan a mis nietas.


 

Luis Sánchez-Merlo ha sido Secretario General de la Presidencia del Gobierno (1981-82) y es presidente de SES Astra Ibérica.

El hombre globo

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Buscábamos un hombre globo que nos sacara de la ciénaga y sólo hemos hallado un hombre corcho flotando indolente entre lo más rahez de sus miasmas.

A las 8 de la tarde del  1 de mayo de 1915 una modesta manifestación obrera recorrió algunas calles de Madrid hasta desembocar en la Casa del Pueblo. Seguidamente una comisión entregó al jefe del Gobierno Eduardo Dato una serie de reivindicaciones. Las dos primeras eran: “Jornada de ocho horas, como punto principal de la legislación protectora del trabajo” y “Apertura de trabajos en la proporción necesaria para dar ocupación a los obreros parados”.

Escuchando el énfasis que pone Pedro Sánchez en que los contratos a tiempo parcial no enmascaren jornadas más prolongadas y sus crecientes exigencias de inversión pública, cualquiera diría que la “salida a la española” de la crisis nos retrotrae a los problemas laborales de hace cien años. En cambio se han perdido costumbres complementarias tan saludables como la ceremonia que 48 horas después, o sea el 3 de mayo de 1915, tal día como este domingo, celebró la Diputación de la Grandeza para demostrar su sensibilidad social, entregando cartillas del Monte de Piedad con 500 pesetas por barba a “diez servidores de casas aristocráticas que por su lealtad durante muchos años de servicio se habían hecho acreedores a ello”.

La cobertura conformista que los principales medios informativos han dado esta semana a episodios como el desmayado desayuno-coloquio con Rajoy, el escrito de la fiscalía cambiando de criterio para exonerar al PP del delito fiscal perpetrado a través de su caja B o los escándalos varios que, de Pujalte a Rús, siguen corroyendo al partido gubernamental, acredita que muchos de sus muñidores, pendientes de licencias u otros favores administrativos, han hecho ya méritos más que suficientes para recibir un premio similar. Y qué decir de algunos tertulianos empotrados en franjas de máxima audiencia con licencia para matar a los enemigos del Gobierno, empezando a ser posible por Aznar, a cuenta de una sofisticada versión del fondo de reptiles.

Si Ferrán Soldevilla describía a esos “criados leales” con una insignia en el ojal, “vistiendo sencillamente de negro y con sus cabezas cubiertas de canas” en el momento en que derramaban lágrimas de emoción al recibir, arrodillados, su recompensa, dejo al criterio de cada lector, espectador u oyente la designación del elenco de sus émulos. Propongo, eso sí, que ya que reparte, María Pico mediante, vetos y presencias en las televisiones , sea Soraya quien se empine para imponerles las insignias y algún representante del Consejo de la Competitividad quien les entregue las cartillas. Ceremonias idénticas deberían celebrarse en la Andalucía susanista y la Cataluña convergente.

Ilustración: Javier Muñoz
Ilustración: Javier Muñoz

Para compensar tanta mediocridad sumisa recuperemos hoy la trilogía de Larra sobre los sucesivos fracasos de las publicitadas ascensiones aerostáticas que, junto con otros artículos memorables, le valió convertirse, en enero de 1836, en el primer gran fichaje de El Español. Será difícil encontrar en ninguna antología del periodismo mejores metáforas de esa larga serie de actos fallidos de nuestros mandamases a la que acaba de incorporarse el pretendido relanzamiento del liderazgo de Rajoy en los salones del Villamagna.

Cuando en las postrimerías de Fernando VII la llegada al poder de Cea Bermúdez suscitó expectativas aperturistas, pronto defraudadas por su inmovilismo, Larra describió en abril de 1833 en La Revista Española el fiasco del aeronauta gaditano Manuel García Rozo:  “Una especie de fatalidad se opone a que el pueblo de Madrid vea este asombroso espectáculo… En vano esperó el público ansioso la prometida ascensión. Rozo ponía en ejecución todos los medios posibles. El globo sin embargo no llegó nunca a henchirse”.

Llovía sobre mojado. Desde el retorno del absolutismo en 1814, nadie -ni siquiera los gobernantes del Trienio- había sido capaz de remontar el vuelo.  “¿A qué atribuir esta rara coincidencia de desaires en un punto solo del orbe?”, se preguntaba Larra, esbozando lo que luego llamaríamos “el problema de España”.

A Larra le dolía que España se quedara anclada en sus miserias mientras otros países europeos ganaban los cielos del progreso y lo achacaba -embozadamente para sortear a la censura- a la incompetencia  del Gobierno.  Sin dejar de darle, eso sí, una nueva oportunidad al final:  “Una ascensión aerostática, una complicada operación física, no es una función de volatines. Mil circunstancias desgraciadas pueden atravesarse a malograrla: la ineptitud de los operarios, la insuficiencia o mala calidad de los ingredientes, la menor malicia acaso puede traer los resultados más funestos. Mucho habrá sufrido el público desairado; más creemos, sin embargo, que habrá sufrido el desventurado aeronauta. Compadezcamos, pues, su desgracia y esperemos que será más feliz en otra ocasión”.

Esa fue mi actitud durante los dos primeros años de mandato de Rajoy, antes de tropezar con sus SMS a Bárcenas. Lo que ocurría era decepcionante pero quedaba la esperanza de que llegara la anhelada enmienda y la legislatura remontara el vuelo. Larra observaba con desesperación la esclerosis gubernamental y en julio de ese mismo 1833 volvió a fustigarla con genial sutileza en un suelto publicado en el protofeminista Correo de las Damas. Merece la pena reproducir sus cuatro párrafos, plenamente correlativos a los coitus interruptus del actual líder del PP con sus estafados electores.

Ya el título, “Ascensión aeronáutica”, daba pie a la primera rechifla: “Perdónesenos la libertad que nos tomamos de dar este nombre a lo que pasó, por mejor decir, a lo que no pasó en la plaza de Oriente el domingo 14 de este mes. ¿Quieren nuestras lectoras saber a qué se reduce una ascensión aerostática como aquí las suelen hacer? Todo ello es tan poca cosa que no las ocupará largo tiempo su relación”.

“Es circunstancia precisa en toda ascensión que el globo no ha de subir. En un punto dado se pone un globo bien sujeto, no sea que se escape antes de tiempo… A cosa de las cuatro se hace como que se hincha pero eso es una mera formalidad. A las cinco vienen los espectadores que, como dice Victor Hugo, constituyen en las más de las funciones el espectáculo. A las seis se impacienta el pueblo. A las seis y cuarto suben varios batidores a anunciar sin duda a los cielos que se aparten, que va el aeronauta. A las siete se lanza el atrevido mortal en la frágil barquilla. El globo entonces padece un rapto, una feliz inspiración, y por medio de un proceder horizontal hace un pinito o dos; y como una persona obesa que ha subido el primer tramo de una escalera, se vuelve fatigado a su posición donde le atan de nuevo por atrevido”.

No es difícil imaginar a Hernández y Floriández asistiendo a María Dolores de las Mentiras en todo ese cacareo previo y al Estafermo Volador, embebido en su alcornocamiento existencial, defraudando con la noluntad de su trotecillo de burdégano las expectativas de quienes acudieron a verle galopar. Llegó, vino, habló el orate del sudoku -“Confíen en mí, les irá bien”-, fuese y no hubo nada, salvo los aplausos enlatados de los muertos vivientes que le rodeaban. Doña Política llegó en ayunas y en ayunas se marchó.

A Larra le dolía España pero le dolía aún más la abulia de los españoles ante el mal Gobierno: “A las siete y media da el reloj la hora que es; a las ocho anochece, empieza el globo a cabecear como quien se duerme y el pueblo a dormirse como quien cabecea. Y a las nueve se concluye la ascensión por lo regular, advirtiendo que en las ascensiones que hemos visto hasta ahora el aeronauta no baja porque no sube”.

Veinte meses después María Cristina de Nápoles ocupaba la Regencia en nombre de su hija Isabel, Cea Bermúdez había dado paso a Martínez de la Rosa y el régimen absolutista al  modelo semiliberal del Estatuto Real. Nuevas expectativas -esta vez sí parecía que algo cambiaba-, nuevas decepciones. Fue entonces cuando Larra desarrolló su teoría del “hombre globo” u “hombre gas”, contraponiéndolo al “hombre sólido que empuja casi hacia abajo el suelo que le sostiene” y al “hombre líquido que remeda al momento la forma del vaso donde está”. Lo que, según él, caracterizaba al hombre globo -“su frente es altiva, sus ojos de águila, su fuerza irresistible, su movimiento el del tapón de una botella de champagne”- era su capacidad de elevarse por encima de la mediocridad “hasta la altura que su intensidad le permite”. Larra ponía como ejemplos a Washington y Napoleón y lamentaba la “casi total ausencia de hombres globo” en España como una “desgracia del país mismo”.

¿Qué había ocurrido con Martínez de la Rosa? Pues que había hecho honor al remoquete de Rosita la Pastelera con que El Zurriago le había definido durante el Trienio y, tratando de conciliar lo inconciliable, había traicionado todas las premisas y promesas del liberalismo del que procedía. Larra aprovechaba su símil al máximo para describir el batacazo:

“¡Qué ruido antes! ¡La ascensión! ¡Va a subir! ¡Ahora sí, ahora sí va a subir! Gran fama, gran prestigio. Se les arma el globo; se les confía; ved cómo se hinchan. ¿Quién dudará de su suficiencia? Pero como casi todos nuestros globos, mientras están abajo entre nosotros asombra su grandeza y su aparato y su fama pero, conforme se van elevando, se les va viendo más pequeños; a la altura apenas de Palacio que no es grande altura -Larra aludía así a la limitada mollera de la Reina Gobernadora- ya se les ve tamaños como avellanas, ya el hombre globo no es nada; un poco de humo, una gran tela pero vacía, y por supuesto en llegando arriba no hay dirección”.

Tras un hombre sólido como Aznar y un hombre líquido como Zapatero, hace ya casi cuatro años que llegó al poder, con la llave de oro de la mayoría absoluta al cinto, quien pretendía ser un hombre gas y en todo resultó gaseoso. Buscábamos un hombre globo que nos sacara de la ciénaga y sólo hemos hallado un hombre corcho flotando indolente entre lo más rahez de sus miasmas. Por mucho que alardee de una engañosa recuperación económica, fruto de efectos externos probablemente efímeros, su aerostato político está tan vacío como su imaginación. Ya decía Voltaire que los perezosos siempre resultan mediocres. Allá los del PP si, ignorando que, como advirtió Quevedo, “ascender a rodar es desatino”,  siguen confiando en un piloto tan estólido en su estrago. Cuando el helicóptero vuelva a caer a plomo, saldrán todos con él a cuatro patas. La calle ya tiene claro que seguirá el consejo con el que Larra cerraba ese memorable artículo: “¡Otros al puesto, experimentos nuevos! Si por el camino trillado nada se ha hecho, camino nuevo”.