El monje de Montserrat votó por correo pero no dice por quién

IMG_0023

Bernabé Dalmau es el mayor de ocho hermanos. “A todos los casé yo”, dice con orgullo. No es sólo el sacerdote de cabecera de su familia. Es también uno de los monjes más antiguos de la Abadía de Montserrat, donde vive desde hace 55 años.

Reportaje gráfico: David López Frías

Los otros capítulos de la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu / El retratista de la Rambla / El exportador de cava

Bernabé Dalmau es el mayor de ocho hermanos. “A todos los casé yo”, dice con orgullo. No es sólo el sacerdote de cabecera de su familia. Es también uno de los monjes más antiguos de la Abadía de Montserrat, donde vive desde hace 55 años.

Bernabé Dalmau (Igualada, 1944) no se moverá este domingo de Montserrat: “Es que yo ya he votado, ¿sabe? Lo he hecho por correo como hacemos las tres cuartas partes de los monjes. Hay un monje encargado de llevar el control de los DNI. Elegimos papeleta, rubricamos con firma electrónica y votamos. Es mucho más cómodo que bajar al pueblo”, explica sonriente.

No se pronuncia sobre sus preferencias políticas ni se presta a pronósticos porque así se lo han pedido desde la dirección de la abadía. Es la única condición que impone Montserrat para la entrevista: “Nada de preguntas sobre la independencia. Son las normas. Montserrat es de todos y no queremos que haya malos entendidos ni discusiones relativas al proceso”.

Yo acepto las reglas. Pero Bernabé no rehúye hablar de las elecciones aunque sea de forma tangencial. “Siempre voto. Con responsabilidad y emoción. No falto a unas elecciones autonómicas ni a unas generales. Yo nací en pleno franquismo por lo que soy un enamorado de la democracia y creo que es un derecho que hay que ejercer”.

Los únicos comicios que se suele saltar son los municipales porque son “los que menos nos afectan”. El monasterio depende de Monistrol de Montserrat, un pequeño pueblo situado a los pies de la montaña. Pero a efectos prácticos se podría decir que es el municipio de Monistrol el que depende económicamente del monasterio. La montaña de Montserrat no tiene ayuntamiento pero genera casi toda la actividad laboral de la comarca.

Monistrol es un pueblo que no llega a los 3.000 habitantes. No tiene industrias ni servicio. Por la Abadía pasaron 2,4 millones de personas el año pasado.

“Muchos de los habitantes del pueblo trabajan en la Abadía”, dice el monje. “Si conocemos a algún concejal del Ayuntamiento es porque trabaja aquí y lo vemos de vez en cuando”.

IMG_9978

Un niño cantor

En Montserrat sólo quedan tres monjes que procedieran de la legendaria escolanía del monasterio. Bernabé Dalmau es uno de ellos. La escolanía es una coral que hace giras por todo el planeta. Su canal de Youtube cuenta un millón y medio de visitas.

“Nací en el seno de una familia muy religiosa, muy cristiana y muy catalana”, explica el monje. “No sé por qué me trajeron aquí a cantar con nueve años ya que nunca destaqué por cuestiones musicales. Pero el hecho es que estuve aquí hasta los 13. El ambiente me pareció tan agradable que empecé a plantearme la idea de ingresar como monje y con 16 años volví para quedarme”.

Dalmau se licenció en Teología y en su proceso de preparación pasó por Estrasburgo y Roma. Con 28 años y ya ordenado sacerdote, volvió al monasterio y se quedó aquí a vivir.

Además de monje es escritor y editor. Empezó a escribir como distracción para pasar los ratos muertos. En 2016 cumplirá 30 años como director de la revista Documents d’Esglesia, una publicación mensual de 64 páginas que se edita desde 1966 y que recoge detalles del mundo católico en catalán.

Dalmau ha escrito una veintena libros, todos ellos de divulgación cristiana. “Siempre tengo tres libros en mente. El que sale, aquél en el que estoy trabajando y el que estoy proyectando”. Es el autor de títulos como Envejecer con dignidad o Manual cristiano de autoestima. Sus dos ocupaciones confluyen y aprovecha muchos de los textos de la revista para sus libros y viceversa. “Es muy catalán esto de aprovecharlo todo”, reconoce con una sonrisa pícara.

Al igual que Bernabé, la mayoría del medio centenar de monjes que viven en el Monasterio estarán pendientes del televisor el domingo para seguir el transcurso de las elecciones. “Claro que tenemos tele, ¿qué se cree? Una sala con una pantalla muy moderna y unos asientos bien cómodos. Tenemos hasta Internet. De hecho, cada monje tiene su propio ordenador para trabajar”, explica con gracia.

“Cada mañana rezamos una plegaria que se transmite por la radio y por Internet”, dice Dalmau. “Fíjese: una de mis hermanas se despierta todos los días escuchándome desde su casa y alguno oye esa plegaria en el coche, de camino a su trabajo”.

IMG_0051

 

Una abadía menguante

El monje tiene siete hermanos y 22 sobrinos, que a su vez tienen 22 hijos. “¿Curioso, eh? Pues uno de estos pequeños acaba de entrar a cantar en la Escolania de Montserrat en la que yo entré”, dice Dalmau, que no cree que ninguno de estos jóvenes vaya a heredar su vocación.

“En mi época era mucho más habitual hacerse monje”, explica. “Luego llegó la Transición y con ella el Estado del Bienestar y una sociedad más materialista. Cambió la forma de transmitir la fe. Hace ya tiempo que se ha reducido el número de personas que quieren ordenarse sacerdotes. Antes pensaba que tal vez fuese mejor así, que me parecía mejor que fuésemos pocos pero buenos. Ahora pienso que igual somos demasiado pocos”.

Dalmau entiende que este desinterés por la fe es “fruto de una carencia importante de cultura religiosa”. A pesar de esta presunta disminución de interés por la fe entre los más jóvenes, Dalmau no cree que los monjes vayan a desaparecer nunca de Montserrat. Aquí hay monjes de todas las edades. “El más mayor tiene 93 años y es el único que llegó antes de la Guerra Civil. El más joven tiene 23 y la próxima semana recibiremos a unos candidatos que rondan los 40 años”.

La transmisión de la fe es una de las razones por las que la vida monástica atrae cada vez a menos gente. Los horarios de los monjes podrían ser otro de los motivos: “Nos levantamos a las cinco y media y a las seis rezamos la primera plegaria durante tres cuartos de hora. Después tenemos tiempo para una plegaria personal libre que cada uno realiza como cree conveniente. Leyendo, en su habitación, paseando… Así hasta las 7:30, cuando hacemos la segunda plegaria conjunta del día. A las ocho almorzamos. Luego tenemos tres horas de trabajo y a las 11 celebramos la misa de comunidad”.

A esa hora es cuando llegan los turistas y los monjes se retiran a trabajar hasta la una y media, que es cuando se juntan para comer. A las tres hacen otra plegaria y siguen trabajando. “En torno a las nueve y media ya puedes estar durmiendo”, dice el monje. “Como puede comprobar, tenemos un horario bastante europeo”.

“Llevamos en la montaña más años que la propia virgen”, dice Dalmau. “En 1023, el Abat Oliva trajó a este monasterio a los primeros monjes procedentes del Ripollés. Los estudios aseguran que la imagen de la virgen llegó a la montaña en torno al año 1200. Llegamos casi 200 años antes que ella” explica entre risas.

El monje es un ferviente defensor de la ciencia y salpica su relato con datos probados: “No me gustan las leyendas. Soy más de hechos contrastados”.

IMG_0023

Una ‘Moreneta’ blanca

No da por buena ninguna de las leyendas que existen en torno al color negro de la piel de la Virgen de Montserrat, conocida por los catalanes como La Moreneta. “Su color negro se debe a la oxidación del material con el que está fabricada la figura”, dice. “Las sucesivas restauraciones conllevaron que los restauradores pintasen la cara del color que la veían. Como cada vez estaba más oscura, al final la acabaron pintando de negro. De hecho, se sabe que la aplicación de ese color en su cara data de una restauración practicada hace 150 años”. Dalmau apunta una curiosidad: “En el altar de la Basílica de San Pedro del Vaticano hay una figura de una Virgen de Montserrat que procede de Brasil y que es totalmente blanca”.

Dalmau ampoco cree el mito que dice aquí se guarda el Santo Grial. “Ésa es otra leyenda que se popularizó en el siglo XX, pero no he encontrado referencias anteriores. Es algo que procede de la afición de Hitler por Wagner. En su ópera Parsifal hablaba de que un grupo de guerreros protegían el cáliz de Cristo en una singular montaña sagrada llamada ‘Montsalvat’. El parecido con Montserrat y la particular orografía de nuestro monte llevó a los nazis a pensar que aquí podría hallarse el grial. Un día vino Himmler a visitar el monasterio. Lo atendió un monje que hablaba alemán. Estuvieron hablando cerca de dos horas, se dio un paseo por la abadía… y tal y como vino se marchó”.

Dalmau acaba la entrevista y se recoge a sus aposentos para seguir trabajando. Espera con impaciencia los resultados de las elecciones y cree que tendrán mucho seguimiento entre los monjes: “Hay mucho interés por todas las noticias que se producen en nuestro entorno. Recuerdo que nunca se congregaron más monjes en torno al televisor que el 11 de septiembre de 2001, cuando atentaron contra las Torres Gemelas”.

La tele no es uno de los divertimentos preferidos de Dalmau. El monje prefiere acceder  a la información por Internet. Antes de marcharse confiesa: “A lo que no he conseguido aficionarme es a eso [se toca varias veces la palma de la mano con el dedo índice] a eso del móvil”.

Y se despide con una carcajada.

Lee la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu / El retratista de la Rambla / El exportador de cava

9341buena

El largo

GRA168. MATARÓ (BARCELONA), 19/09/2015.- El candidato del PPC a la presidencia de la Generalitat, Xavier García Albiol, come un trozo de sandía durante el paseo que ha realizado hoy por el mercado del barrio de Cerdanyola de Mataró (Barcelona). EFE/Quique García

Fotografía: Quique García / EFE

Xavier García Albiol es el elegido por el PP para contener el ascenso de Ciudadanos y luchar contra el soberanismo en Cataluña. Exjugador de baloncesto, aficionado a la vela y socio del Espanyol, sus años en Badalona lo convirtieron en un político conocido en todo el país.

Nuestros perfiles: 

Raül Romeva / Inés Arrimadas / Lluís Rabell

pujolretoque2

El libro negro del periodismo en Cataluña

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’ / 6. ‘La opinión dependiente’

Xavier García Albiol es el elegido por el PP para contener el ascenso de Ciudadanos y luchar contra el soberanismo en Cataluña. Exjugador de baloncesto, aficionado a la vela y socio del Espanyol, sus años en Badalona lo convirtieron en un político conocido en todo el país.

Una mañana de septiembre de 1983, Miquel Nolis subía por la calle Prim de Badalona. Por la otra acera vio bajando a un chaval espigado de casi dos metros. Nolis iba mal de tiempo pero no se lo pensó. Cruzó la acera y le preguntó a ese joven si jugaba al baloncesto. “No, sólo a veces en el colegio”, le contestó un adolescente con una dicción peculiar. “Pues vente un día a probar al Joventut”, le contestó Nolis.

Miquel Nolis es uno de los entrenadores de baloncesto de base más prestigiosos de España. Fue seleccionador de las categorías juveniles y hasta Ricky Rubio le contrató para mejorar algunos aspectos técnicos antes de ir a la NBA. Esa mañana de 1983 acababa de fichar para el equipo a Xavier García Albiol, el futuro alcalde de la ciudad. “Nunca nadie imaginó que ese tío acabaría metido en política”, recuerda hoy el entrenador.

Tres décadas después, Xavier García Albiol (Badalona, 1967) es la apuesta del Partido Popular para presidir la Generalitat, frenar el ascenso de Ciutadans y mitigar la caída que vaticinan las encuestas.

Albiol, haciendo campaña en las calles de Badalona.
Albiol, haciendo campaña en las calles de Badalona. / ALBERTO GAMAZO

Rodeado de socialistas

El ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, recordaba hace poco en una comida con Albiol y sus allegados su primer encuentro con el candidato popular.

“¿Recuerdas cuando nos conocimos? Eras un mocoso que me vino a decir que Badalona estaba fatal y que querías ser el presidente local para arreglarlo” le recordó, según cuenta uno de los comensales. “No sé cómo te aguanté, pero con el tiempo vi que estabas destinado a hacer grandes cosas”, remachó el ministro, orgulloso de su discípulo.

Albiol sólo tenía 24 años y ninguna experiencia cuando llegó al pleno del Ayuntamiento de Badalona. Ocurrió en 1991 cuando el socialista Joan Blanch acababa de ganar las elecciones por mayoría absoluta y Albiol irrumpía como único concejal del PP en una de las ciudades más de izquierdas de Cataluña.

Badalona era entonces uno de los principales feudos del cinturón rojo, el área metropolitana de Barcelona en el que ganaban siempre los socialistas. Un municipio en el que todavía se respiraba la estela de Màrius Díaz, primer alcalde en democracia y miembro del PSUC.

Quienes recuerdan a aquel Albiol lo hacen con cierta condescendencia. Era el concejal inexperto, el conservador en un pleno progresista. Su altura además hacía que no pasara inadvertido. “Era el tonto. El blanco de todos los golpes”, recuerda un veterano del PSC.

Este socialista cree que fue precisamente el desprecio con el que se recibió a Albiol lo que le empujó a no tirar la toalla. El concejal popular encajó todos los puñetazos dialécticos y aguantó.

Arropado por pesos pesados del PP como Enric Lacalle, Jorge Fernández Díaz y Josep Piqué, el concejal de Badalona estaba decidido a convertirse en el alcalde de su ciudad.

2552
ALBERTO GAMAZO

Uno de los nuestros

Badalona (217.210 habitantes) es una ciudad de contrastes. Los barrios del centro tienen vecinos con buen poder adquisitivo, profesionales liberales y gente cosmopolita que vive a pocos minutos de la playa.

Fuera de esos barrios, sin embargo, existe otra Badalona más degradada y abandonada a su suerte. Barrios como Llefià, La Salut o Sant Roc, más alejados del centro, en los que el paro y la oleada migratoria de principios de siglo han generado algunos problemas de convivencia e integración.

Después de pasear durante días por los barrios de la periferia uno percibe una importante brecha social entre ambas realidades. La mayoría de gente del centro vive de espaldas a la degradación de esos distritos mientras los habitantes del extrarradio sienten que sus problemas no importan a los vecinos con más recursos de la ciudad.

Albiol irrumpió en la política local asegurando a la gente de los barrios que era uno de los suyos. Un hijo de un andaluz que se había criado en el barrio de La Morera, que no tenía estudios (dejó la carrera de Derecho a medias) y que llamaba a las cosas por su nombre. “Yo no hablo para catedráticos”, explica. “La gente no está para frases bonitas, quieren hechos”.

Albiol reforzó esta sensación de proximidad con una presencia continua en la calle y en los bares, donde se reunía con los vecinos para escuchar sus problemas. Poco a poco la gente empezó a ponerle nombre a un político al que conocían como “el largo del PP”.

Albiol fue pescando votos en los feudos socialistas. De ser el único concejal popular en 1991 pasó a tener tres colegas en 1995, cuatro en los comicios de 1999 y 2003, seis en 2007 y 10 en las elecciones de 2011, cuando obtuvo el bastón de mando de la ciudad.

“Albiol no es precisamente un lumbreras, pero es obsesivo con su trabajo”, cuenta un exdirigente del Partido Popular catalán que lo ha visto crecer políticamente. “Es como una esponja. Escucha mucho e interioriza todo lo que ve”.

Alicia Sánchez Camacho juega al futbolín delante de Albiol  EFE/Marta Pérez
Alicia Sánchez Camacho juega al futbolín delante de Albiol / EFE / Marta Pérez

El chaval de La Morera

Hijo de una peluquera catalana y de un trabajador municipal nacido en Vélez Rubio (Almería), Albiol creció en el barrio de La Morera, situado en el norte de la ciudad.

La Morera es un barrio de gente trabajadora, tranquilo y en el que se respira normalidad. A diferencia de otros distritos obreros de Badalona, no ha sido azotado por la inmigración y en sus calles se oye sobre todo el castellano. A pocas semanas de las elecciones apenas se ven esteladas en los balcones y cuesta encontrar gente que hable mal de Albiol.

Juan Gómez tiene 61 años y conoce a la familia del candidato. Recuerda a Albiol como “un golfillo sin maldad” que ocupaba las horas dando vueltas por el barrio. Joan Escalada, actual presidente de la Asociación de Voluntarios de la ciudad, recuerda cómo Albiol era un asiduo de las sesiones de tarde en la discoteca Titus. “Nunca creaba problemas”, recuerda.

Algunos compañeros del colegio público Àngelus donde estudió recuerdan que era el más alto del colegio y que era muy malo para los estudios. El contraste de su altura con la de los demás alumnos se acrecentó cuando repitió curso y empezó a ir a clase con alumnos más jóvenes que él.

En La Morera circula una anécdota que niega Albiol. Hasta tres vecinos me contaron que su madre le obligaba a quedarse en su peluquería para que no hiciera gamberradas. Lo que no rechaza Albiol es el calificativo de golfo. “¡Claro que lo era! Y a mucha honra”, exclama Albiol con su sonrisa de anuncio de dentífrico.

Llega la gomina

Socio del Espanyol y padre de dos mellizos (Sandro y Nadia), asegura que vive a caballo entre un piso de la familia de su mujer en el barrio de Les Corts de Barcelona y su piso en Badalona. “En función de lo que tenga que hacer duermo en un sitio o en otro”, cuenta. Los demás partidos de Badalona afirman que toda la familia de Albiol vive en Barcelona y que Albiol lleva años sin residir en la ciudad.

Albiol se ha refinado con los años. El pelo perfectamente engominado, la camisa arremangada, los pantalones chinos y los mocasines impolutos le hacen parecerse más a un vecino de la zona alta de Barcelona que al chico de barrio que un día fue. Desde hace 15 años es aficionado a la vela y le gusta surcar los mares con su velero de 10 metros.

Albiol cuenta que empezó a ordenar su vida cuando fichó por el Joventut de Badalona a los 16 años después de su encuentro con Nolis. “Ahí aprendí lo que eran la disciplina y cumplir unos horarios”, recuerda.

Un ala-pivot prometedor

Albiol suele contar que jugó durante cuatro años en el Joventut de Badalona. Sus antiguos compañeros y entrenadores, sin embargo, aseguran que sólo fueron dos: uno en juvenil y el otro en la categoría junior.

En España hay cuatro equipos de elite en las categorías inferiores del baloncesto: el Barcelona, el Madrid, el Estudiantes y el Joventut. Albiol empezó jugando de ala-pívot pero sus entrenadores aspiraban a convertirlo en alero. En el equipo de su ciudad compartió entrenamientos con jugadores que después darían el salto al baloncesto profesional. Entre ellos Juan Antonio Morales o Rafael Jofresa. Aunque ellos jugaban en el equipo A y Albiol nunca salió del B.

Miquel Nolis, el entrenador que lo fichó al verlo por la calle, recuerda a un chico “muy simple, nada sofisticado” al que le gustaba hacer bromas en el vestuario. “Tenía esperanzas en él pero no acabó de cuajar”.

Un compañero de vestuario que prefiere no ser citado asegura que le sorprendió ver la soltura de Albiol cuando entró en política: “Se ha preparado y se ha cultivado mucho durante los años. Era muy mal estudiante y no tenía precisamente el don de la palabra”.

“No parecía que le diera muchas vueltas a las cosas. Por eso nos sorprendió verlo en política intentando convencer a la gente”, recuerda Nolis. “Tampoco se le vio ninguna tendencia españolista ni xenófoba”.

Los miembros del Joventut con los que he hablado describen un vestuario en el que reinaba el compañerismo. Se hablaba poco de política. Pero se podría decir que la tendencia mayoritaria en el equipo era el catalanismo.

Jugar en las categorías inferiores del Joventut era una tarea exigente. Los jugadores entrenaban cuatro días a la semana durante casi tres horas. Algunos jugadores se acercaban además una hora al mediodía para trabajar algunos aspectos técnicos.

Después de jugar un año en el juvenil y otro en el equipo junior, el entrenador le dijo a Albiol que no contaba con él.

El asesor listo

Después de haberse pateado de arriba a abajo las calles de Badalona durante años, Albiol tenía detectado el caldo de cultivo que le podía hacer ganar unas elecciones.

Fue entonces cuando se dirigió a Iván Redondo, un experto en comunicación política que entonces sólo tenía 26 años. Era 2007. Entre Redondo y el entorno de Albiol armaron un vídeo que ligaba la inseguridad en Badalona con la inmigración. El vídeo, tildado de xenófobo por varios partidos y entidades, proyectó a Albiol a todos los telediarios nacionales.

Albiol y Redondo supieron ver que el granero de votos del PP estaba en los barrios desfavorecidos que hasta entonces votaban al PSC y no entre los votantes conservadores del centro de la ciudad. “Identificamos problemas de inseguridad e inmigración ilegal en los distritos clave”, recuerda Redondo.

“Lo que queríamos era introducir nuestros temas en campaña”, explica este asesor, que reconoce que se inspiraron en la línea que por entonces esgrimía Sarkozy en Francia en contra de la inmigración ilegal. “No se buscaba la polémica por la polémica, pero era el único tema que podía hacer subir al PP”.

Redondo cree que ese vídeo y las horas “pateando la calle” de Albiol fueron la primera piedra para alcanzar la alcaldía en 2011. “Hablaba de un problema real. Si su mensaje no hubiera conectado con la ciudadanía, no habría subido en votos”.

Albiol vio que la inmigración era un filón y convirtió los mensajes xenófobos en su marca personal. En 2010 repartió un tríptico que vinculaba a los gitanos rumanos con la delincuencia y que le valió una imputación por incitar al odio y a la discriminación. Antes había calificado a ese colectivo como “una plaga que sólo ha venido a delinquir”.

El asesor Redondo es experto en forjar versos sueltos que se cuelan en bastiones progresistas. Asesoró a Monago en su campaña para presidir la junta de Extremadura, trabajó con Antonio Basagoiti y diseñó la última campaña de Alícia Sánchez-Camacho. Desde que empezó a trabajar con Albiol lo ha asesorado en todas las campañas electorales menos en la actual. Hoy ambos aseguran que mantienen una amistad que va más allá de la relación profesional.

 EFE/Toni Albir
Albiol en el Ritz. / EFE / Toni Albir

El ‘sheriff’ en la alcaldía

Dos décadas después de haber llegado a aquel pleno en el que todos le menospreciaban, Albiol cumplió su sueño de ser elegido alcalde de Badalona. Lo hizo con 11 concejales después de imponerse en 28 de los 32 barrios de la ciudad y gracias a la abstención de CiU en la votación.

Lejos de acomodarse, Albiol continuó con su lucha contra los de fuera y siguió recorriendo las calles de la ciudad, preocupándose por lo que le contaban los vecinos. Después de dejarse la suela de los zapatos durante dos décadas, se había convertido en una celebridad en Badalona.

Durante la campaña de las municipales de mayo lo acompañé durante una jornada en un mercadillo y vi el enorme tirón que tenía en la ciudad. Las abuelas se arremolinaban a su alrededor pidiéndole autógrafos y fotos. Albiol transmitía la sensación de conocerlas a todas. Vecinos de todas las edades le contaban sus problemas y él prometía soluciones. Albiol mantenía además un contacto físico constante con sus votantes. Con sus robustas manos agarraba los brazos de las señoras, se abrazaba continuamente a cualquiera que le venía a saludar y no escatimaba en besos.

A los señores les ponía la mano en el hombro y se agachaba para escucharlos.

El candidato popular no reniega del término populista. “Entiendo el populismo como la proximidad con los vecinos”, explica. “Si populismo es estar constantemente en la calle con ellos, soy un populista”.

A Albiol empezaron a llamarle el sheriff en Badalona por su estilo cuando asumió la Alcaldía. Se jactaba en Twitter de las redadas policiales e intentó promover un reglamento que restringía ayudas “no imprescindibles” a los inmigrantes. Actualizó el padrón para reducir el número de foráneos e hizo campaña en contra de una mezquita.

Albiol mudó su despacho del viejo consistorio a un edificio nuevo y lo decoró con dos camisetas de baloncesto firmadas por jugadores: la del Joventut y la de la selección española. Según cuentan en el pueblo, le puso el azul PP a todo lo que pudo. Se tiñeron de azul el árbol de Navidad de la ciudad, los globos de la empresa municipal Gestur y los pañuelos que se vendían en la fiesta mayor.

Los trabajadores de Badalona Comunicació, que engloba la televisión y la radio local que son propiedad del ayuntamiento, denunciaron el uso partidista que se hacía del canal. “En cuatro años no me han pedido ni siquiera una entrevista”, se lamentaba en las municipales Jordi Serra, exalcalde y líder de la oposición.

Hasta los rivales políticos de Albiol reconocen en privado que es buena persona. También un político que logró resistir una legislatura durísima sin mayoría absoluta. Aguantó un conato de moción de censura, la presión de las organizaciones sociales y varios casos de corrupción. En las siguientes elecciones mejoró los resultados de 2011. Pero una coalición de seis partidos se puso de acuerdo para desbancarle.

El dia de la investidura de la nueva alcaldesa, Dolors Sabater, las dos Badalonas se citaron en la plaza del Ayuntamiento. A un lado estaban los partidarios de Albiol y al otro los que celebraban haberlo echado del consistorio. Hubo tensión, gritos y banderas distintas. No era su día pero Albiol no lo dudó. Subió al ayuntamiento y salió al balcón a saludar.

El candidato explica que después de 20 años en la política municipal está preparado para lo que venga. En Badalona no descartan que vuelva a intentar hacerse con la alcaldía en un futuro. En el Partido Popular de Cataluña condicionan ese retorno a la posibilidad de que asuma la presidencia del partido.

En cualquier caso, Albiol seguirá nadando contracorriente: “Cuando creo en un planteamiento, lo defiendo sin tener en cuenta las consecuencias”.

Nuestros perfiles: 

Raül Romeva / Inés Arrimadas Lluís Rabell

El libro negro del periodismo en Cataluña

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’ / 6. ‘La opinión dependiente’

El exportador de cava no se moja sobre el proceso de Mas

IMG_9909

Pere Guilera regenta una de las bodegas con más solera de la comarca del Penedès. El sector ha sobrevivido sin despidos a la crisis y al boicot al cava catalán. Aquí cuenta su historia y se resiste a pronunciarse sobre el proceso soberanista: “Venga lo que venga, ojalá me pille trabajando”.

Reportaje gráfico: David López Frías

9173

Más en la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu / El retratista de la Rambla

Pere Guilera regenta una de las bodegas con más solera de la comarca del Penedès. El sector ha sobrevivido sin despidos a la crisis y al boicot al cava catalán. Aquí cuenta su historia y se resiste a pronunciarse sobre el proceso soberanista: “Venga lo que venga, ojalá me pille trabajando”.

El ingeniero agrícola Pere Guilera (Subirat, 1949) es el propietario de Cava Guilera, una empresa familiar que cuenta con nueve hectáreas de viña y en la que sólo trabajan tres personas: él, su hija y su yerno. Guilera vende unas 25.000 botellas anuales. La quinta parte las exporta a países como Bélgica o Finlandia.

Guilera es uno de los productores de cava en activo más veteranos de la comarca del Penedès. Es hijo, nieto y padre de productores. Nació y creció en la misma finca en la que hoy vive y trabaja. Desde que era pequeño cuida de las viñas, pisa las uvas y acarrea las herramientas. “Eso no ha cambiado”, explica. “A los tres nos toca hacer de todo. Lo único que yo no hago es ponerme a hablar inglés con las visitas. Eso se lo dejo a mi hija”.

Guilera no ha conocido otro entorno ni tiene intención de hacerlo. “Mi hija me dice que ahora que me voy a jubilar debería ir pensando en otras distracciones. Yo le pregunto que si es que me quiere matar. No sabría estar fuera de este lugar”. Así cuenta él mismo la historia de la empresa:

Mi familia empezó a producir cava en 1927. Mi abuelo, Pere Guilera, trabajaba para un viticultor que se llamaba Calixto. Cuando hubo aprendido todos los secretos del oficio, decidió montar su propio negocio. Corría el año 1933 cuando compró esta finca y levantó su propia bodega. Lo hizo justo antes de la guerra. Al dejar de trabajar para un gran productor corría el riesgo de enemistarse con los de un bando. Al convertirse en nuevo propietario, podía ser considerado un traidor por los otros. Además se hipotecó para varios años en una época de incertidumbre económica. Tomó decisiones muy valientes. Por eso lo llamamos “agosarat” (atrevido en catalán). Hoy, 82 años después, su finca sigue funcionando a pleno rendimiento y nuestro mejor cava se llama así: “Agosarat”, en honor al atrevimiento del pionero y fundador de la empresa.

IMG_9828

Guilera no tiene visos de salir de las viñas. En los últimos quince años ha invertido mucho dinero en su empresa para fortalecerla. Pero no persigue producir más cava ni vender más botellas. Su estrategia ha sido la diversificación del negocio. “Hemos apostado por el enoturismo, que es lo que ha salvado la economía de este pueblo”, explica. “Todos los habitantes de Subirats se benefician de este tipo de turismo. Las bodegas porque los visitantes compran nuestros productos y realizan actividades. Los comercios de la zona porque aumenta el gasto en las tiendas. Los hosteleros porque la gente se queda a comer…”.  

Este nuevo tipo de turismo está atrayendo sobre todo a americanos, escandinavos y alemanes. “Son personas de un alto nivel cultural y entendidos en vino”, explica Guilera. “No es gente que viene a emborracharse. No queremos que vengan a beber sino a aprender y a divertirse”. 

“Lo llevamos haciendo desde principios del siglo XXI”, dice el dueño de la empresa. “Nos dimos cuenta de que este negocio no consiste sólo en beber y en vender. Decidimos montar un pequeño museo y explicar el proceso de fabricación del vino, la historia de la comarca, la presencia de los romanos. Proponemos paseos, acampadas entre los viñedos con autocaravana, aperitivos y comidas con maridajes. También ponemos a los turistas a pisar uva. Es una de las experiencias más divertidas. Vienen familias enteras”.

IMG_9886

Contra el vertedero

¿Es difícil cambiar las inercias de un negocio familiar? Guilera reconoce que hubo varios factores para dar el paso. Uno de ellos fue la lucha contra un gigante: “A finales de los 90 quisieron instalar en nuestro pueblo el gran vertedero de basuras del área metropolitana de Barcelona. Lo iban a poner aquí, delante de nuestras narices”, recuerda el propietario de la empresa, que cuenta que el proyecto ya estaba validado y a punto de ser aprobado por el pleno.

“El ayuntamiento había recibido incluso un cheque de cinco millones de pesetas como adelanto”, dice Guilera. Con muy poco margen de maniobra, en un tiempo récord y con la suerte casi echada, Pere lideró un movimiento ciudadano contra el proyecto. “Recogimos firmas, recurrimos a los medios, movilizamos a los vecinos, hablamos con el alcalde y protestamos delante del ayuntamiento. Todos trabajamos codo con codo”. Al final el alcalde se echó atrás. “Fuimos conscientes de que esa vez habíamos salvado nuestro entorno natural, pero podría haber un segundo intento. Por eso decidimos que teníamos que empezar a montar negocios que tuvieran al paisaje como  protagonista. El enoturismo es uno de ellos”.

El otro factor que llevó a Guilera a reinventar y diversificar su negocio pudo ser el intento de boicot a los productos catalanes durante los años de la batalla en torno al Estatuto catalán. Guilera reconoce que las ventas bajaron “de forma sensible”.

“Al fin y al cabo trabajamos con muchos clientes del resto de España”, explica.

Y sin embargo Guilera vio en el boicot una oportunidad: “Pensamos que podíamos establecer nuevas relaciones comerciales con otros territorios. Me di cuenta de que debía dejar de depender de la venta pura y dura de vino”.

Su carácter didáctico y el empuje de su hija, licenciada en Publicidad, hicieron el resto. Ahora es una de las bodegas del Penedès con más actividades para turistas. A pesar de aquel intento de boicot, Guilera sigue “confiando en los lazos comerciales y de amistad con el resto de España. Nuestras ventas allí suponen el 10% de nuestra facturación. Hemos empezado a trabajar con una tienda de Madrid que vende sólo cava”.

El propietario de la empresa intenta ser diplomático en todas sus respuestas y recuerda que el lema de la empresa es “Prohibido hablar mal de nadie” cuando el reportero le pregunta por su opinión sobre el proceso de independencia catalán. Enseguida muestra una escultura que le hizo un artista granadino después de una visita: “Tenemos amigos en todas partes”.

¿Le gustan a Guilera los espumosos que se producen en otros lugares de España? “No está mal pero en ningún otro sitio tienen la uva Xarel·lo, que es la que de verdad le da carácter a nuestro cava”.

IMG_9864

Mudo sobre el proceso

A las puertas de las elecciones, Guilera no se pronuncia de forma pública sobre sus preferencias políticas ni sobre la situación que está viviendo Cataluña: “Lo que yo opino del proceso es que, venga lo que venga, ojalá me pille trabajando”, bromea. No se moja en cuestiones políticas ni desvela si va a votar a favor de la independencia. Sí lo harán la mayor parte de sus vecinos: Subirats es uno de los ayuntamientos que se han adherido a la red de ayuntamientos por la independencia. El municipio tiene 3.000 habitantes y es el más extenso y disperso de la comarca.

“Yo no te diré si soy independentista o no”, dice el dueño de la empresa. “Yo soy Pere Guilera, un empresario. La figura del empresario no vota. Sólo trabaja e intenta crear puestos de trabajo”. Sus antecedentes tampoco dan muchas pistas. Fue concejal durante dos años en una plataforma local independiente llamada Subirats Un Nou Futur. “A los dos años me fui porque me aburría”, admite. “La política no es para mí. Me gusta hacer cosas por los demás pero no así”.

Pere Guilera está obsesionado por el bien común. Entiende que esa es la clave del éxito: “olvidarnos de individualidades y optar por la unidad”. El ejemplo que pone es el de la plaga de la filoxera en 1860: “Fue un desastre mundial. En la comarca del Vallès había 20.000 hectáreas de viña y no quedó ni una viva. En el Baix Llobregat 20.000 más a las que les pasó lo mismo. En el Penedès, en cambio, nos recuperamos enseguida. Mientras en el resto de comarcas tuvieron que optar por cambiar de cultivos, aquí estuvimos produciendo vino de nuevo a los 10 años. Esto se consiguió gracias a la solidaridad y el trabajo en equipo de Los 7 sabios de Grecia. 

Ése era el nombre con el que pasaron a la posteridad los siete principales viticultores de la comarca: Marc Mir, Rafael Mir, Manuel Raventós (de Codorniu), Francesc Romeu, Pere Rovira de la Foradada, Modest Casanovas y Antoni Escayola. Ante el desastre provocado por aquel insecto llegado de América que se comió todas las cosechas, los siete se reunieron para decidir si cambiaban de cultivo o intentaban recuperar la viña.

“Era gente ilustrada que había viajado a Francia para conocer la solución contra la filoxera”, recuerda Guilera. “Entonces la mayoría de los payeses y de los pequeños productores eran analfabetos. Los siete sabios tenían dos opciones: quedarse la solución para ellos solos y lograr el monopolio de la uva o compartir el remedio con el resto de los productores. Optaron por la segunda. Trabajaron para los demás. Convocaron un congreso con todos los viticultores y les dieron la clave: había que arrancar las vides e implantar nuevas variedades. Eso salvó la uva de la comarca”.

Pere Guilera cree que “el cava está viviendo su segunda edad de oro” después del boom de los 80 y 90. “Hemos pasado la crisis sin despidos, sin recortes de sueldos y sin ERE”, explica. “No hablo de mi empresa sino de las más de 200 que operan en la comarca. Somos un ejemplo”. Afirma no tener miedo a que la independencia catalana imponga aranceles, impuestos y fronteras: “Todos los cambios han de afrontarse con normalidad y con mucho trabajo. Mi abuelo montó esta empresa casi en mitad de la guerra. Pasó muchas tribulaciones y salió airoso. Tendríamos que quejarnos menos porque de todo se sale trabajando”.

Más en la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu / El retratista de la Rambla

El retratista sirio de la Rambla recuerda que “la fuerza está en la unión”

IMG_9718

El sirio Fouad Aboussada es uno de los pintores más serios de la Rambla. Desde hace tres décadas se sienta en su taburete para dibujar a vecinos y turistas. Tiene dos hijas catalanas y desconfía del proceso independentista: “Me importa Cataluña y me importa España. La fuerza está en la unión”. 

Reportaje grafico: David López Frías

Más en la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu 

El sirio Fouad Aboussada es uno de los pintores más serios de la Rambla. Desde hace tres décadas se sienta en su taburete para dibujar a vecinos y turistas. Tiene dos hijas catalanas y desconfía del proceso independentista: “Me importa Cataluña y me importa España. La fuerza está en la unión”. 

El Ayuntamiento de Barcelona limitó en 2013 el número de pintores y dibujantes que trabajaban en la Rambla. Tres años antes, había hecho algo similar con las estatuas humanas. Se trataba de premiar a los mejores artistas y todas las medidas fueron en la misma dirección: reducir el número de plazas reservadas a los pintores (de un centenar a 62), limitar los días de trabajo y ubicar a los artistas en un solo lado de la Rambla.

“Decían que lo hacían para mejorar la calidad de los cuadros, pero lo que hicieron fue robarle espacio al arte para entregárselo a los bares y a las terrazas, que dan más dinero”, dice Fouad Aboussada (Sweida, 1946), un pintor sirio que lleva casi 30 años trabajando en este rincón de Barcelona. “Llegué en 1987 y en esta parte de la ciudad se respiraba más arte que ahora. No nos pedían permisos ni hacía falta tanto control”, rememora con nostalgia. 

IMG_9760

Aboussada es ilustrador, dibujante y pintor. Estudió Bellas Artes en la Universidad de Damasco. Al terminar la carrera, inició un viaje por el norte de África que le llevó a exponer sus obras en países como Túnez, Líbano o Argelia. Allí permaneció 10 años trabajando como profesor de dibujo. Organizó tres exposiciones en el Instituto Cervantes de Argel, donde conoció a varias personas que le sirvieron de contacto en España: “Decidí venir a Barcelona a hacer un doctorado y preparar una tesis sobre la influencia del arte árabe en la pintura moderna”.

Nunca lo acabó. Pero la ciudad le sedujo y se quedó a vivir. “Antes estuve viajando por Europa. Expuse en Viena, Berlín y Berna. Pero me afinqué en España, en Barcelona, porque este lugar es lo parecido a mi país. Es como mi tierra pero con menos líos. El clima, la gente… ¡Hasta la forma de mirarnos a los ojos! Salir a la calle y hablar con todo el mundo fue lo que me enganchó”.

Aboussada ha echado raíces en Barcelona. Se casó y ahora tiene dos hijas catalanas. “Ellas también son artistas”, explica con orgullo. “Una de ellas ya ha acabado Bellas Artes”.

[su_divider top=”no” size=”3″]

Más en la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu

[su_divider top=”no” size=”3″]

¿Qué queda de aquella Rambla que Aboussada conoció en 1987? “Bastante menos cultura. Pero eso no es culpa de los artistas sino de las instituciones que se la han ido cargando. Antes era diferente. No había tanto control y podíamos venir a pintar a diario. Ahora sólo nos dejan trabajar un día sí y un día no. Recuerdo que en aquellos tiempos se respiraba arte: teníamos que llegar a las siete de la mañana para coger el mejor sitio posible. Había personas de todas las nacionalidades y nos entendíamos bien. El idioma universal de la cultura tiene estas cosas: que puedes ver conviviendo en paz y armonía a un sirio, un iraquí y un israelí”, recuerda citando a dos compañeros ya fallecidos.

Las ordenanzas municipales han ido acorralando a los artistas. En 2000 se redactó la penúltima regulación, que impuso hasta el tipo de parasoles o taburetes que debían usar los pintores.

Luego se organizó un concurso para otorgar las licencias a los artistas. O mejor dicho para retirarlas porque el número de autorizaciones disminuyó.

Los polémicos castings de pintores tuvieron lugar en 2007 y apartaron de la Rambla a algunos dibujantes históricos. “Cuando yo llegué había una asociación de artistas. Ahora somos tres pero no hay entendimiento. Ni se preocupan por nosotros ni establecen relaciones con el ayuntamiento ni fomentan las exposiciones”, se queja Fouad, que reivindica que las instituciones “cuiden el arte para que la Rambla tenga vida”.

IMG_9718

Una gran alcantarilla

Esa vida de la que habla Aboussada no acompaña a la Rambla desde su origen. En sus inicios, el paseo más célebre de Barcelona no era más que un torrente por el que discurrían las aguas fecales que desembocaban en el mar. Sólo dejó de ser una gran alcantarilla en torno a 1440 cuando se desvió su caudal.

Cuentan los historiadores que la Rambla enseguida se convirtió en la zona de paseo favorita de la población pese al perfil macabro de la zona de la Boqueria, que debe su nombre a los boc o cabritos que allí vendían los judíos y donde había instaladas varias horcas para ejecutar a los condenados a muerte.

El día de Santiago de 1835 acontecieron unos hechos que cambiaron para siempre la fisonomía de la Rambla. El detonante fue una corrida de toros celebrada en el desaparecido Torín de la Barceloneta: la primera plaza de toros de España. Los animales seleccionados aquel día salieron especialmente mansos. Aquello caldeó los ánimos de un público ya exasperado a causa de la guerra civil entre liberales y absolutistas y la indignación se tradujo en una manifestación espontánea.

El sentimiento anticlerical de las clases obreras de Barcelona hizo que toda aquella ira se descargase contra los frailes. Les acusaban de quedarse con casi todo el trigo de la ciudad, de haber envenenado el agua y de tener inmovilizado gran parte del suelo urbano con conventos mientras la gente se amontonaba en casas precarias de varias alturas por falta de espacio.

El balance de aquella jornada fueron 12 conventos atacados y cinco destruidos por completo. Aquella revuelta hizo avanzar la desamortización de bienes eclesiásticos, regulada al año siguiente mediante el decreto del ministro Mendizábal, que liberó algunas propiedades del paseo y transformó la Rambla de forma radical.

Desde entonces la Rambla se ha convertido en el espacio de paseo por antonomasia de los vecinos y de los turistas. Cada tramo cuenta con su propia fisonomía e historia. Si se camina siguiendo el curso del agua (de la plaza de Cataluña a Colón), el paseo arranca en la Rambla de Canaletes, que recibe su nombre de su fuente más emblemática. La misma que con el tiempo se ha convertido en el punto de celebración de los títulos del Barça. Por debajo queda la Rambla dels Estudis, que debe su denominación a una antigua universidad, clausurada y convertida en cuartel por Felipe V en 1720. La siguiente zona es la Rambla de les Flors, donde aún se concentra el mayor número de floristerías por metro cuadrado de Cataluña. La parte central es la Rambla dels Caputxins, llamada así porque albergaba un convento de frailes (aquéllos que ardieron después de la fatídica corrida de toros). Esta parte también es conocida como Rambla del Centro y fue la primera zona de paseo de la sociedad barcelonesa.

La última zona es la de Santa Mónica y es la que acoge ahora a los artistas. Pero esto no fue siempre así. Además de los pintores, allí se ubican las estatuas humanas que hasta hace tres años se encontraban en mitad del paseo. La polémica ordenanza municipal las sacó del corazón de la Rambla del centro en 2012. Los artistas, tal y como asegura Aboussada, “cada vez lo tenemos más difícil, somos menos y estamos más controlados”. El sirio tiene la esperanza de que “el nuevo Gobierno municipal que acaba de entrar mejore algunos aspectos. Si no, veremos pronto más vendedores y más terrazas ocupando nuestro espacio y ahí se habrá acabado el arte en la Rambla”.

IMG_9723

A favor de la unión

Fouad Aboussada vive con expectación el proceso independentista en el que se halla sumida Cataluña. Asegura que prefiere que la comunidad autónoma no se separe del resto del país: “Me importa Cataluña y me importa España. No quiero una separación porque todos buscamos ser más fuertes. La fuerza está en la unión”. No obstante, el sirio se define como un demócrata convencido: “Estaré del lado de la decisión que tome la mayoría, porque esa será la visión correcta de lo que queremos”.

Aboussada tiene la percepción de que entre sus conciudadanos independentistas está primando demasiado el factor económico: “Nos dicen que teniendo nuestro propio estado seríamos más ricos y tal vez sea cierto. Pero el dinero no es lo único importante. Ni siquiera es lo más importante. Hay otros factores que conviene tener en cuenta. Yo creo que somos hermanos. Quizás algún día necesitemos la ayuda de Madrid o ellos la nuestra. Soy partidario de la unidad para ser más fuertes”.

Aboussada basa su argumentación en el conflicto que está azotando su país. Le cambia el tono de voz cuando lo aborda y su gesto se vuelve grave: “Siria es ahora un país más dividido que nunca. El Gobierno por un lado, los rebeldes por el otro, el grupo Estado Islámico por otro y los kurdos por ahí. ¿Cuál es el resultado? Millones de personas huyendo del país y muriendo en el intento de marcharse. Al final el pueblo es lo que menos importa. La gente mala tiende a organizarse para evitar que el pueblo decida e imponga la democracia. No comparo nuestra situación con la de Siria, obviamente, pero es un ejemplo de que la unión hace la fuerza”.

Los diarios de la Rambla

Fouad Aboussada tiene a casi toda su familia en Siria y lamenta que no va a poder regresar en mucho tiempo: “Allí tengo todavía muchas obras en algunas galerías y me encantaría volver”.

Por ahora debe quedarse sentado en su taburete de la Rambla de Barcelona, donde se siente a gusto: “Hay gente que no me cree, pero no hago esto sólo por dinero. Me encanta estar en la calle porque me relaciono con las personas, observo las cosas que pasan y las apunto en unas libretas a las que llamo Diarios de La Rambla. Debo de tener como seis blocs llenos de anécdotas y experiencias”.

La última que le ha emocionado tuvo lugar esta misma semana. Enciende su cámara de fotos Panasonic, enseña la imagen de una mujer llorando y explica su historia: “Hace 13 años vino un señor de Carolina del Norte con la foto de su nieto para que yo le hiciera un retrato. Se lo llevó a Estados Unidos y le gustó a toda la familia. Al poco tiempo, ese señor se murió. Su hija tuvo otra niña y quiso que tuviese un retrato como el que yo le hice a su hermanito. Lo intentó con varios pintores estadounidenses pero no le convenció el resultado. Este año ha venido a Barcelona de vacaciones sin saber donde me podía encontrar. Apareció aquí por casualidad. Reconoció la firma en uno de mis cuadros y empezó a gritar y a llorar de alegría. Ha sido una de las experiencias más gratificantes de los últimos tiempos. Como te digo, no es sólo el dinero. Estas cosas te las da el arte y te las da la Rambla”.

Más en la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu

Un afrancesado a la sombra de Pablo Iglesias

9568

Lluís Rabell encabeza la lista de izquierdas de Catalunya Sí Que u Pot, que incluye a Podemos, ICV, EUiA y Equo. Amante de la ‘chanson’ francesa y ligado desde siempre a los movimientos de extrema izquierda, lucha por hacer oír su voz en una campaña polarizada por el proceso soberanista.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Lluís Rabell encabeza la lista de izquierdas de Catalunya Sí Que es Pot, que incluye a Podemos, ICV, EUiA y Equo. Amante de la ‘chanson’ francesa y ligado desde siempre a los movimientos de extrema izquierda, lucha por hacer oír su voz en una campaña polarizada por el proceso soberanista.

En julio de 2015 Josep Lluís Franco Rabell (Barcelona, 1954) recibió un ultimátum telefónico. Entonces presidía  la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB) y se encontraba reunido en una junta de ese organismo. Desde la candidatura de Catalunya Sí Que es Pot (CSP) le dijeron que no tenía más tiempo para pensar. Debía decirles urgentemente si aceptaba ser el número uno de la lista de su formación.

Rabell era consciente de que no era ni el primero ni el segundo plato. Era la tercera o cuarta opción de los responsables de la lista y ya había rechazado la oferta en una ocasión. Su intención era seguir donde estaba y terminar su mandato al frente de la FAVB. Según explica, se decidió a presentarse por unas palabras de Artur Mas que hicieron que le hirviera la sangre.

Todo el movimiento que ha habido en la política catalana de los últimos 4 o 5 años ha venido por la enorme movilización del movimiento soberanista. ¿Y quién se está agrupando para el 27-S? El mundo del ‘Sí se puede’. (minuto 59 de este vídeo)

“Ese posado arrogante, de niño de casa buena, presentándose como el adalid de Cataluña y hablando con tono de menosprecio me hizo sentir realmente irritado”, rememora Rabell. Al colgar el teléfono consultó con los miembros de la junta de la FAVB. Algunos le dijeron que tirara hacia adelante. Otros, pensando en la pérdida que significaba para la entidad, optaron por no opinar.

9806

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Una lista a contrarreloj

Quienes estuvieron en la mesa de negociaciones entre los partidos para elegir quién encabezaba la lista de CSP describen el proceso como “muy duro”. Agosto se echaba encima y todavía no tenían candidato. Las prisas hicieron que lo que tenía que ser una candidatura de base se acabara pareciendo más a un mero acuerdo entre partidos.

Podemos quería que el candidato fuera Albano Dante, el periodista que había ganado las primarias del partido. ICV apostaba por Joan Coscubiela, hasta entonces diputado en el Congreso. El partido Procés Constituent, que finalmente se cayó de las negociaciones, optaba por la monja progresista Teresa Forcades, pero su figura generaba muchos recelos. Al final se llegó a la conclusión de que lo mejor era designar un candidato independiente.

Se barajaron varios nombres. La principal apuesta era el economista Arcadi Oliveres. También se contempló la posibilidad de escoger a la periodista de El País Milagros Pérez-Oliva e incluso al televisivo Jordi Évole. Pérez-Oliva y Évole no se subieron al barco. Oliveres aceptó en un primer momento, pero después de consultarlo con Procés Constituent reculó alegando motivos de salud.

Sólo entonces se le ofreció el puesto a Rabell.

Marc Bertomeu, secretario general de Podemos en Barcelona, cuenta que Rabell se había ofrecido antes “para lo que hiciera falta”. Pero recuerda que les advirtió que no era ni Ada Colau ni Pablo Iglesias. “Voy a necesitar mucha ayuda”, les dijo.

9568

Un vecino más

“Presentarse a una lista a este nivel no estaba en el esquema mental de Rabell”, explica Joan Maria Solé, actual vicepresidente de su federación de asociaciones de vecinos. Solé cree que accedió a liderar la formación porque consideró que en ese momento se le necesitaba. He hablado con una docena de personas en el entorno de Rabell y todas coinciden en señalar que si le llegan a contar hace un año dónde estaría ahora no se lo habría creído.

Toda la gente que ha trabajado con él resalta su capacidad de diálogo y de generar consensos, fruto de trabajar en un movimiento como el vecinal, en el que se deben aunar distintas sensibilidades. “Es experto en acercar posiciones y buscar compromisos”, cuenta Joan Subirats, catedrático de Ciencia Política y uno de los impulsores de la candidatura de Ada Colau a la Alcaldía de Barcelona. 

En la federación de asociaciones de vecinos todos hablan muy bien de Rabell y resaltan la pérdida para la entidad que supuso su marcha. “Ha sido de los presidentes más carismáticos que hemos tenido”, dice Solé.

Como nota negativa, algunos cuentan en privado que peca de vehemencia y mal carácter cuando hay algo que no le gusta. También mencionan cierta seguridad que a veces parece impostada. “Es imposible que una persona delante de un reto como éste no presente dudas e inquietudes”, cuenta Bertomeu. “Rabell se lo queda todo para él”.

A Rabell se le ve muy cómodo en los mítines y actos de calle. Habla bien en público y tiene cierto carisma a la hora de articular sus discursos y relacionarse con la gente. En algunos mítines incluso se ha soltado y se le ha visto cantar.

 

Los allegados de Rabell explican que su pasión por cantar es compartida. Rabell toca la guitarra y forma un dueto de chanson francesa junto a su pareja, Sylviane. Cuentan que el candidato incluso compone algunas canciones y que ha actuado junto a su mujer en alguna ocasión.

Donde no se le ve tan cómodo a Rabell es en las entrevistas y en los debates televisados. No acostumbra a mirar a los ojos cuando responde y en algunos de los debates se le ha visto un poco ausente. “Es una persona que viene del mundo reivindicativo. No está acostumbrado a tener oposición a su discurso porque él siempre ha sido el opositor”, explica una persona de su entorno que prefiere no desvelar su nombre.

Años clandestino

En 1974 Rabell era un estudiante de Filosofía y Letras y de Ciencias Económicas en la Universidad de Barcelona. Militaba activamente en su universidad a través de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), de carácter trotskista, bajo el pseudónimo de Gerard. Un encargo de la organización le obligó a dejar los estudios y trasladarse a París.

Rabell no quiere explicar qué fue a hacer a la capital francesa durante tres años. “Como fue una petición clandestina de un grupo ilegal, entenderás que no lo quiera revelar”, contesta. “La vida del revolucionario, sobre todo durante la juventud, está llena de episodios interesantes cuyos detalles no tienen por qué explicarse”.

He hablado con varias personas que durante el tardofranquismo y durante la Transición militaron en la LCR y en la Liga Comunista (LC), una organización también trotskista que se escindió de la primera. Muchos de ellos hoy ocupan cargos de responsabilidad en grandes compañías, organizaciones empresariales o partidos y la mayoría de ellos no han querido que les cite en este perfil.

Todos coinciden en que el papel de Rabell en esos años era ejercer como enlace entre organizaciones, confeccionar y distribuir propaganda y tal vez infiltrarse en otras formaciones de izquierda de la época.

Los consultados describen a los miembros de la LCR y la LC como el sector más duro de la disidencia franquista en la universidad. “Nosotros éramos los de los cócteles molotov”, explica Josep Maria Rañé, exconsejero de Trabajo e Industria en el Gobierno del tripartito y exmilitante de la LC. “Abogábamos por el estilo de guerrillas mientras que los del PSUC eran más moderados en este aspecto”. Un exmiembro de la LCR que ahora tiene un cargo en el PSC también cuenta que en la LCR había cierta ambigüedad respecto al terrorismo de ETA. “Eran otras épocas”, añade.

A Rañé no le sorprende que a Rabell le mandaran dejar los estudios e irse al extranjero. “El concepto de militancia era duro. Te podían pedir cualquier cosa una vez estabas dentro”, explica. “Vi a mucha gente dejar los estudios e irse a trabajar a la obra sólo para organizar allí el frente obrero”.

En Francia Rabell hizo primero trabajos de traductor. Luego se licenció en Traducción e Interpretación en Montpellier. Su mujer es francesa y sus dos hijos nacieron en Francia. Al volver a Barcelona en 1987, Rabell se dedicó a Talleres Franco, su empresa familiar dedicada al mármol. La empresa cerró víctima de la crisis inmobiliaria durante el año 2010.

Desde su vuelta a Barcelona, Rabell formó parte de la Asociación de Vecinos de la Esquerra de l’Eixample y militó en partidos de extrema izquierda como el Partido Obrero Revolucionario (POR) y Revolta Global. Entre 2012 y 2015 presidió la FAVB.

9656

El azote de Trias

Durante los años al frente de la FAVB, Rabell se convirtió en uno de los grandes opositores a las políticas del alcalde de Barcelona, Xavier Trias (CiU).

Su mandato al frente de la entidad se caracterizó por un control férreo de la gestión municipal y por las críticas de muchos vecinos al modelo turístico de la ciudad. Rabell apoyó la movilizaciones vecinales en los barrios de la Barceloneta y la Sagrada Familia en contra del turismo y colaboró con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y con varias ONG. La entidad también impulsó una querella colectiva contra la familia Pujol después de que el expresidente de la Generalitat reconociera que había defraudado al fisco.

Después de unos meses de fuerte movilización vecinal en contra del alcalde, Trias insinuó en una entrevista en El Periódico que Rabell creaba agitación entre los ciudadanos para desgastar a su Gobierno ante un inminente salto a la política.

Los estatutos de la FAVB establecen que ningún miembro de la junta puede ir en una lista electoral. Rabell no estaba en ninguna candidatura pero participó activamente en la creación de Guanyem, el germen de la plataforma que al cabo de unos meses arrebataría la alcaldía a Trias. “Entre bastidores hacía lo que podía”, reconoce Rabell, que desliga esta actividad de su cargo al frente de la federación.

Las acusaciones de Trias y la actividad de Rabell generaron cierto recelo en la FAVB, que vio cómo su independencia se ponía en entredicho. La junta obligó a Rabell a enviar una carta a El Periódico dirigida a Trias. En el escrito Rabell aseguraba que “no formaría parte de ninguna lista en las siguientes elecciones [municipales] ni en cualquier otro tipo de comicios”.

Al cabo de un año Rabell fue presentado como candidato a la presidencia de la Generalitat.

El entorno de Trias no ha querido hacer ningún comentario sobre la disputa entre Rabell y el exalcalde para este reportaje.

La ausencia de Colau

Rabell no esconde que participó en la gestación del germen de la candidatura de Ada Colau mientras presidía la FAVB. Describe reuniones con Joan Subirats, con Ada Colau y con su segundo Gerardo Pisarello. “Cualquier proyecto político necesita lo que se llama cocina y yo estuve en la cocina”, explica.

“No se implicó personalmente pero sí que aportó muchas ideas”, recuerda Subirats.

Colau, sin embargo, no se ha significado a favor de Rabell, con quien le une una estrecha relación personal.  Las distintas sensibilidades respecto al soberanismo han impedido que le apoyara públicamente. “Guanyem es plural”, dice Subirats. “Dentro hay independentistas que pueden ser más próximos a la CUP”.

Los miembros de CSP consultados coinciden en que el apoyo de una figura como Colau habría sido determinante para una candidatura que no acaba de despegar en las encuestas. Rabell no esconde su decepción pero pide comprensión. “Hay que comprenderla y respetarla”, se lamenta. “Tenemos una buena alcaldesa, no la quememos antes de hora”.

9827

El problema de la independencia

La postura sobre el debate soberanista de CSP ha situado el partido en tierra de nadie. No están en el bloque soberanista pero tampoco se sienten cómodos en el bando unionista. Su postura es fiarlo todo a que Podemos gane en las generales de diciembre y permita un referéndum pactado.

Cuando entré a la entrevista con Rabell en la sede de ICV, me crucé con los presidentes de las dos grandes organizaciones independentistas: la ANC y de Òmnium. El calendario marcaba el 3 de septiembre y todavía se especulaba con la presencia de CSP en los actos de la Diada. En la mesa de la sala de reuniones quedaban bocetos con diferentes propuestas para situar a Rabell y a los suyos en el acto sin que se sintieran incómodos. En esa reunión, sin embargo, se decidió que el partido no estaría representado en la Meridiana.

“Se nos usa por un lado y por el otro. No puedo ceder a este chantaje de Mas”, se quejaba entonces Rabell. “Aun así hemos quedado que el 28 de septiembre nos sentaremos otra vez [con Òmnium y la ANC] porque habrá que hablar muchas cosas”.

El candidato de CSP, que votó Sí-Sí en la consulta del 9N, asegura que 2015 es el primer año que no participa en la Diada. “Yo ya iba antes de que las manifestaciones fueran masivas, cuando nos reuníamos cuatro gatos por la tarde”. La gente que acudía a esas manifestaciones recuerda cómo ahí sólo se juntaba la izquierda independentista más radical. A las juventudes de ERC se las había llegado a expulsar de la movilización en alguna ocasión porque se consideraba que sus miembros estaban demasiado cerca del establishment nacionalista.

Rabell asegura que no es independentista. Algo que desde el PP y C’s se le ha reprochado continuamente durante la campaña. “Soy soberanista, que es distinto. Creo en la autodeterminación de los pueblos”, matiza.

Otro aspecto que le reprochan es que cambiara su nombre de Josep Lluís Franco Rabell a Lluís Rabell escondiendo su primer apellido: Franco. “No me avergüenzo de mi apellido”, replica, “llevo muchos años firmando mis traducciones con el segundo en honor a mi abuelo materno, que fue quien me crió”.

Rabell se enmarca en el federalismo pero asegura que CSP también es una lista soberanista. En un artículo publicado en 2009 en la revista Viento Sur Rabell escribía esto:

Defendemos sin ambigüedad la perspectiva de una República Catalana: la realidad nacional del país y lo prolongado de la injusticia a que se ha visto sometido hacen insoslayable una salida basada en el pleno ejercicio de la soberanía democrática. A partir de ahí, cabe decir que ni somos independentistas ni estigmatizamos la soberanía democrática

En ese texto Rabell se desmarcaba del discurso que liga el nacionalismo con la burguesía catalana.

Conviene huir de cierto “jacobinismo” -muy extendido incluso en la extrema izquierda- que, cuando no puede negar la problemática nacional, la aborda como un engorroso vestigio del pasado o como una inevitable concesión de veleidades culturales de la “pequeña burguesía”.

9571

El gran desconocido

A Rabell se le considera un clásico del movimiento reivindicativo barcelonés. Fuera de este ámbito, no obstante, es un gran desconocido. Lo avala una larga trayectoria ligada a las luchas sociales, pero muchos ciudadanos no lo conocen a falta de menos de una semana para las elecciones.

“La poca trayectoria desde que se convierte en dirigente vecinal [en 2012] hasta que es candidato es uno de sus principales defectos”, explica Subirats.

“Es un hecho objetivo: soy desconocido”, reconocía Rabell al principio de la campaña. “Me tocará picar mucha piedra”.

En una era en que las campañas también se juegan en las redes sociales, Rabell pierde la partida en Internet. En el momento en el que escribo este perfil apenas tiene 7.300 seguidores en Twitter. Sólo Ramon Espadaler (Unió), tiene menos seguidores. Colau tenía unos 220.000 cuando lanzó su candidatura a la alcaldía de Barcelona.

Este desconocimiento también se aprecia en los mítines y actos de campaña, donde Rabell se ve eclipsado por Pablo Iglesias. En todos los actos a los que he asistido he podido apreciar cómo los corrillos y las peticiones de selfies y besos se dirigen a Iglesias o incluso a Íñigo Errejón.

Todos los consultados reconocen que la falta de tiempo y una precampaña en pleno agosto han jugado en contra de CSP. La gente no conoce a su candidato y en ocasiones ni siquiera la marca con la que se presenta. “El mayor problema que tendremos el 27-S es que la gente sepa cuál es la papeleta de Podemos”, ironiza en privado un miembro de ICV.

El rey de los ‘castells’ de Vilafranca se resiste a abandonar

zALF_2590

Cisco Mallofré nació en 1939. Durante los últimos 50 años ha levantado más de 2.000 castells con los ‘verds’ de Vilafranca. Su constitución física le ha permitido soportar el peso de estas torres humanas hasta los 74 años. “Era una roca”, dicen sus compañeros. Esta es su historia y su relación con la plaza más ‘castellera’ de Cataluña.

Fotografía: Alberto Tallón

Más en la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu

Cisco Mallofré nació en 1939. Durante los últimos 50 años ha levantado más de 2.000 castells con los ‘verds’ de Vilafranca. Su constitución física le ha permitido soportar el peso de estas torres humanas hasta los 74 años. “Era una roca”, dicen sus compañeros. Esta es su historia y su relación con la plaza más ‘castellera’ de Cataluña.

Cisco Mallofré creció en un entorno humilde. A los 11 años ya transportaba sacos de arroz para un negocio local. No le gustaba estudiar y de esta forma ayudaba a subsistir a su familia. A los 18 años ingresó en los Castellers de Vilafranca. Entonces trabajaba para una licorera y los dueños pensaron que sería un buen fichaje para la colla al ver que tenía una fuerza desmesurada. Le animaron a probar y aceptó.

Hace dos años Mallofré sufrió un derrame en el ojo provocado por la diabetes que padece desde joven. Unos días después, su mujer vio que repetía algunas frases y le llevó al hospital donde le diagnosticaron un infarto en el cerebelo. Después de 50 años y más de 2.000 castells a sus espaldas, el abuelo abandonó la colla de castellers. Ahora sigue acompañando al grupo de Vilafranca en sus actuaciones, pero sólo se puede poner al final de la piña que se forma a los pies de cada castell

Mallofré me recibe en su casa. Hoy está más nervioso que de costumbre porque se celebra la Diada de Sant Félix, uno de los eventos más importantes del mundo casteller. Cada 30 de agosto las cuatro mejores collas (o grupos) castellers se reúnen en Vilafranca del Penedès para construir las torres humanas más complicadas. Los de Vilafranca juegan en casa y la presión es alta.

El reloj marca las 11 y apenas quedan dos horas para el gran momento. Mallofré deambula por el comedor de su casa enseñándome decenas de fotos y cuadros que tiene en la pared. Me señala emocionado algunos retratos: “Aquí estaba en el primer pilar de seis que hicimos, aquí en el primer 3d9 con folre”.

[su_divider top=”no” size=”3″]

‘Castellers’: un glosario básico

Una colla es una asociación de castellers.

Un 3 de 7 (3d7) es un castillo humano donde hay siete pisos de tres personas. Un 5 de 8 (5d8) es un castillo donde hay ocho pisos de cinco personas. Hay dos tipos de castillos que tienen un nombre concreto: el pilar es un castillo formado de una persona por piso y la torre es un castillo está formado por dos.

El folre es un segundo piso de gente que se sitúa encima de la piña para lograr mayor estabilidad en los castillos más complejos.

La enxaneta es la persona que encumbra el castillo y suele tener entre cinco y 10 años.

[su_divider top=”no” size=”3″]

Cisco Mallofré se pone la camisa verde de los Castellers de Vilafranca. En el mundo casteller la camisa define enseguida quién eres y quién no. Mallofré siempre ha llevado la verde pero en 1957 tuvo un desliz. A los pocos meses de ingresar en los verds se enfadó con algunos compañeros porque dudaban de su compromiso. Dejó la formación y se apartó del mundo casteller.

Un año después, los castellers del Vendrell (rivales de los ‘verds’ en aquella época) lo reclutaron durante las fiestas de Vilafranca. Les echó una mano participando en un par de castillos y regresó a casa para jugar con la camiseta del rival.

“[Los de Vilafranca] me dijeron que era un traidor”, recuerda. A los castellers del Vendrell les gustó la fuerza de Mallofré y le preguntaron si quería regresar con ellos al mundo casteller. Pero Mallofré lo tenía claro: si volvía a hacer castells sería con los de Vilafranca. Así que preguntó a los verds si podía regresar. “Me dijeron que se lo pensarían”, recuerda. Al cabo de 10 días lo aceptaron de nuevo pero con una condición: “Nunca más otra camisa”.

zALF_2590

La plaza

Unos minutos después de las 11, Cisco Mallofré sale de su casa y se reúne con los Castellers de Vilafranca detrás del ayuntamiento. También están la Colla Jove de Valls, la Colla Vella de Valls y el Minyons de Terrassa. Allí las cuatro formaciones aguardan antes entrar en la Plaça de la Vila. Como es tradición, los de Vilafranca entran a la plaza a través de un callejón lúgubre de apenas tres metros de ancho situado al lado del ayuntamiento. Es una travesía corta y claustrofóbica donde los castellers saltan, gritan y se despojan de los nervios que acompañan a una gran ocasión.

A medida que nos acercamos a la plaza, también se acerca la luz del sol. El calor es asfixiante. Mallofré avanza paso a paso, ajeno al nerviosismo de sus compañeros. Ha hecho este recorrido decenas de veces pero hoy es un espectador más. Contempla el momento y lo hace con una leve sonrisa que le dura durante todo el recorrido. “¡Entren a la Plaça, els Castellers de Vilafranca!” se oye por un altavoz. Suena el estruendo dentro de la plaza. No cabe un alfiler.

La Plaça de la Vila se conoce popularmente por  la “plaza más castellera” de Cataluña. A principios del siglo XX hubo una fuerte decadencia del mundo casteller. Sólo existían dos collas en toda Cataluña (las de Valls) y la mayoría de los pueblos perdieron el interés por esta tradición. Vilafranca fue la excepción en esa decadencia. Aquí nunca dejaron de contratar a las collas de Valls durante la Diada de Sant Fèlix y así se mantuvo la tradición.

Si no fuera por esta plaza, quizá los castellers serían Historia. Hace unos años la UNESCO los declaró patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad.

El peso histórico de la plaza y lo que representa se dejan sentir en este día grande. No es la más grande de Cataluña ni donde se reúnen más collas. Pero sí donde vienen las mejores a mostrar sus mejores cartas. Medios como TVE, TV3, Rac1, Antena 3 o incluso la venezolana Telesur cubren año tras año este certamen.

Mallofré, que empezó en los años 50, recuerda que entonces la repercusión castellera era mucho menor. Hoy las collas hacen giras por China, la India, Latinoamérica o Estados Unidos. “Antes no salíamos de la comarca”, explica. “Como mucho íbamos a Andorra o al País Vasco”.

zALF_3030
Cisco Mallofré durante un ‘castell’. / ALBERTO TALLÓN

La política

Una voz solicita al público por los altavoces que se retire unos metros para dejar pasar a las collas en la plaza. En uno de los extremos, unos simpatizantes de la CUP de Vilafranca despliegan una estelada inmensa y la plaza lo celebra con una ovación.

Hace unos años no habría ocurrido porque los castellers no representaban la catalanidad. Las collas las nutrían personas que llegaban del resto de España. “Había incluso franquistas”, recuerda Cisco Mallofré.

El mundo casteller evitaba pronunciarse sobre los debates políticos. “Las collas tenían miedo a perder seguidores”, asegura Toni Bach, miembro de los Verds. Precisamente fue la colla de Vilafranca la primera en apoyar abiertamente la independencia en 2008. “Recibimos críticas”, recuerda Bach. “Algunos castellers no eran independentistas y hubo alguna discusión”.

Durante los primeros años, el independentismo de los Verds era una rareza en el mundo casteller. Pero eso cambió el 7 de octubre de 2012 durante el concurso de castellers de Tarragona. Entonces se pudo ver que el independentismo ya no era solo cosa de los de Vilafranca.

El certamen se celebra cada dos años, reúne a las 41 mejores collas de Cataluña y congrega a más de 7.000 personas. El recinto donde se celebraba estalló en 2012 en cánticos independentistas como se puede ver en este vídeo (minuto 00.40).

En 2013 medio mundo casteller se había posicionado a favor de la independencia. Al menos 18 collas se apuntaron a la “cadena humana” que recorrió Cataluña. Hoy dos tercios de las collas están a favor del proceso soberanista.

En la manifestación de la Diada del 2014 se apuntaron 48 collas. En la manifestación de este año, eran más de 60. El New York Times publicó un reportaje donde contaba este auge y lo tituló: Catalonia’s Human Towers as a Metaphor for Independence (Torres humanas de Cataluña como metáfora para la independencia). Le pregunto a Mallofré si él es independentista. Me sonríe y dice: “Soy catalán”. Es su forma de decir que sí.

zALF_2820

Un hormiguero humano

Las collas de Valls y de Terrassa por fin entran en la plaza y se forma un perfecto mosaico de cuatro colores. El lugar parece un hormiguero y no hay espacio para caminar.

Los de Vilafranca empiezan el certamen intentando un 3d9 con folre. Un castell se considera valido cuando se “carga”. Eso ocurre si la enxaneta, la última persona en subir, alza la mano en la cima de la torre. Pero las collas intentan descargar el castillo sin que colapse. Ése es el objetivo final. 

La plaza se queda en silencio y Mallofré se sitúa al final de la piña. Los castellers caminan entre las cabezas para ir hacia el centro del castell y empezar a subir, pero nadie lo hace sobre los hombros de Mallofré. “Sabemos quién es y cómo está su salud. Hay un respeto increíble por este hombre”, me dice Gerard Bardalet, un joven casteller de 21 años.

Los de Vilafranca logran descargar el 3d9 con folre. El sol reina la plaza, se acerca la una del mediodía y el calor empieza a ahogar. Cisco Mallofré es un hombre caluroso, pero asegura que no lo nota cuando hace castells. Como casi todos los castellers con los que he hablado, llevan esta expresión al extremo. El dolor es parte de la actividad y Cisco siempre fue de los que lo soportaba bien.

En los años 60 estaba en la base de un 5d7 y, según recuerda, tenía encima a dos compañeros que pesaban más que él. Su cuerpo no lo aguantó. Cuando el castillo se estaba coronando, escuchó un crack y le empezó a doler el brazo izquierdo. “Los que tenía encima también lo escucharon”, asegura. “Al terminar el castillo, mi brazo no me respondía”, recuerda. Se rompió la clavícula izquierda pero aguantó toda la construcción. Lo cuenta haciendo una mueca de dolor y apretando los dientes mientras me recuerda: “Lo primero es el castell”.

Los accidentes son habituales y los hay de todo tipo. En julio del 2012 una castellera de la Jove de Vilafranca (la tercera colla del pueblo) salió disparada de un 3d7 y perdió un riñón, que le explotó literalmente. En agosto del 2013, a un casteller de los de la Vila de Gràcia se le cayó el castillo encima y tuvo una parada cardíaca. Los servicios médicos lo reanimaron pero sufrió una lesión medular.

También ha habido accidentes mortales. Pero sólo cuatro documentados en los más de 200 años de historia de esta tradición. En 1871, el enxaneta de la Vella, Magí Serra, murió al caer de una torre de seis. Apenas tenía 11 años. No hubo periodistas que contaran el suceso. Sólo quedó el célebre poema de Ángel Guimerá: L’Enxaneta.

En 1983 un joven de nueve años de los castells de Torredembarra murió al caerse de un 3d7. En 2006, una niña de la colla de Mataró, chocó cabeza con cabeza con otro casteller al caerse de un 4d9 y no lo superó. El último accidente fatídico ocurrió en 2011, cuando un casteller del Arboç murió con 75 años cuando se le cayeron encima varias personas de una torre de siete.

Según un estudio de la Coordinadora de Collas Castelleras de Cataluña (CCCC), el riesgo de sufrir accidentes haciendo castells es menor que el que corren los jugadores de baloncesto. La gravedad del accidente suele ser mayor. Pero durante los últimos años se ha avanzado mucho en la prevención de riesgos. Se ensaya más, se cuidan más los aspectos técnicos y hay menos derrumbes. De los más de 6.000 castillos que se levantan cada año, las caídas rondan el 4%.

Mallofré recuerda que en sus años mozos esa tasa era mucho peor : “En los años 60 hacíamos 10 castillos durante todo el año y se caían siete”. 

Una vida de verde

Pasan las horas y suben y bajan castillos. Cisco Mallofré pasará el día “en familia en la plaza más castellera”. Nunca fue el jefe de la colla pero sí su miembro más fiel. “Siempre estuvo ahí, en todos los ensayos, en todas las actuaciones, en todas las grandes construcciones”, dicen sus compañeros.

Mallofré estuvo en el ascenso a primera divisón de los Castellers de Vilafranca. En 1985 lograron descargar un 5d8, una construcción mastodóntica que entonces se denominaba “la catedral de los castells” y que sólo habían levantado dos formaciones: la Jove y la Vella de Valls.

Fue todo un hito para la época y situó a los de Vilafranca en la elite del mundo casteller. Mallofré, que estaba en los bajos del castillo, no podía ver lo que ocurría sobre sus espaldas y un compañero le iba narrando la construcción. “Mientras se descargaba el castillo, me puse a llorar”, recuerda. Así retransmitió aquel momento TVE.

Mallofré asegura que le gustaría morir haciendo un castell. Lo lleva diciendo 20 años. En 1995 el Mundo Deportivo escribió esto sobre él:

“Cisco, sobre sus hombros se han levantado todos los castells del siglo. Ningún otro casteller ha llegado donde él. Sus pequeños ojos no impiden traslucir su enorme humanidad y apacible entereza. Para él, los ‘castells’ son, según dice, ‘un veneno en la sangre, algo íntimo y profundo’. Ahora, que lo ha hecho todo, aguarda su relevo con la cabeza alta y la mirada serena. Cuando se vaya de este mundo lo quiere hacer vestido de lo que más quiere: de verde ‘casteller’. Cisco Mallofré, más que una leyenda, un ejemplo”.

Asegura que por encima de los castellers sólo están sus dos hijas y su mujer. Seguirá unido a los de Vilafranca hasta que el cuerpo le aguante. Hoy lo hace ayudando desde la piña y llegará un día que lo tendrá que hacer como un mero espectador pero no le importa: “Me enseñaron a querer a los castells. Me enseñaron a amarlos sólo con verlos”. 

Más en la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu

9089

La medio tímida

9023

Inés Arrimadas es la gran triunfadora de la noche electoral. El presidente del partido, Albert Rivera, optó por ir a las generales y hubo que cubrir el hueco catalán. La elegida fue esta joven nacida en Jerez hace 34 años y con una biografía vinculada a Cataluña: es culé, su familia vivió en Barcelona y es una enamorada del catalán. 

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

El libro negro del periodismo en Cataluña

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’ / 6. ‘La opinión dependiente’

Inés Arrimadas es la candidata de Ciudadanos a la Generalitat. El presidente del partido, Albert Rivera, optó por ir a las generales y hubo que cubrir el hueco. La elegida fue esta joven nacida en Jerez hace 34 años y con una biografía vinculada a Cataluña: es culé, su familia vivió en Barcelona y es una enamorada del catalán. 

El portavoz de Ciudadanos en el Parlamento andaluz, Juan Marín, estuvo en Cataluña para unos mítines de campaña. En Santa Coloma lanzó varios adjetivos elogiosos a la candidata de su partido, Inés Arrimadas: “Valiente, arrojada, inteligente”. Dejó para el final, “por qué no decirlo”, el de “¡guapa!”. Arrimadas escucha el elogio con finura, con uno o dos dedos en el mentón.

En una entrevista con Arrimadas en el matinal de radio más escuchado en Cataluña, un locutor dijo que Lluís Llach, cantante y miembro de la lista Junts pel Sí, había dicho que su líder, Raül Romeva, estaba “como un tren”. Surgió un debate en el estudio: ¿por qué se podía decir eso de un hombre sin escándalo y no de Arrimadas? La candidata quiso apuntar algo: “Nunca me he tenido por guapa”, dijo. Los entrevistadores no la creyeron.

Pero Arrimadas decía la verdad. Patricia Álvarez estudió con ella en el Colegio del Pilar de Jerez de la Frontera, donde Arrimadas nació en 1981. Álvarez recuerda que oyó su nombre hace poco en la tele y pensó que una “Inés Arrimadas” estudió con ella: “Al verla no la reconocí hasta que oí su voz”.

Arrimadas ha cambiado. Además de las fotos que publicamos, EL ESPAÑOL disponía de otra foto de una Inés algo más joven, de la etapa previa al instituto. La campaña no nos ha permitido utilizarla porque la persona que nos la envió puso la condición del permiso expreso de Arrimadas. El entorno de la candidata lo ha denegado diciendo que la privacidad es muy importante para Inés.

IMG_8130
Inés Arrimadas durante su adolescencia en Jerez.

Sus amigos recuerdan (ella misma lo reconoce) a una chica masculina: sin maquillaje ni tacones. Hoy ha cambiado y tiene gestos femeninos como mirar el móvil con la yema del dedo para no dar con las uñas en la pantalla.

Arrimadas tiene tres hermanos y una hermana, Marina, que recuerda: “Con tanto chico, jugábamos a Mazinger Z. No hemos sido nunca de muñecas o cosas ñoñas”.

IMG_8126
Inés Arrimadas, a la izquierda con vaqueros y camiseta roja.

El catalán de Guardiola

Hay un detalle tradicionalmente masculino que marcó la juventud de Arrimadas: el fútbol. Ahora dice que la pasión se le ha pasado, pero entonces seguía la Liga Fantástica de Marca. El juego consistía en fichar a 11 jugadores con un presupuesto fijo y ver qué tal lo hacían en el campeonato. Entonces se hacía por carta y por teléfono, sin Internet. “Escuchaba a José Ramón de la Morena y a José María García”, añade.

En el curso 1997-98 las niñas de la clase de Arrimadas en el Pilar protestaron porque en el partido anual de alumnos contra profesores sólo jugaban chicos. Ese año les dejaron participar. Aunque sus amigas no lo confirman, Inés pudo ser una de ellas. Pero el día del partido todas se rajaron menos una, Auxi. Los profesores se apiadaron y la dejaron jugar con ellos. Auxi recuerda que fue el centro de los pases de los profes. Aquel día nació un mote: “Ronaldinha”. En 1998 “Ronaldinha” se refería a Milene Domingues, futbolista y por entonces novia de Ronaldo, que acababa de salir del Barça.

Inés Arrimadas es la tercera por la izquierda en la fila de abajo.
Inés Arrimadas es la tercera por la izquierda en la fila de abajo.

Poco después fue la fiesta de disfraces del colegio. Las niñas solían vestirse, según Nico Gutiérrez, otro compañero de clase, de “bruja guapa” o “diablilla guapa”. Auxi e Inés tenían otro plan. Fueron de Ronaldo y Ronaldinha. Inés llevaba una equipación del Barça, una calva y una dentadura. Le importaba poco la reacción de sus compañeros. Nadie ha encontrado fotos de aquel momento.

Arrimadas era muy del Barça. Su hermana recuerda cómo su padre la llevó un día al hotel de concentración del equipo en algún partido por la provincia y saludó a Ronald Koeman. Aunque Arrimadas hoy destaca a otro jugador de aquella plantilla: ”Me tragaba todas las ruedas de prensa de Guardiola y cuando decía algo en catalán es que me encantaba”. A Arrimadas le gustaba “la sonoridad” del catalán cuando oía al capitán del Barça. Se sabía el himno en catalán y se lo enseñaba por ejemplo a Auxi.

9023

Don de lenguas

Aquellos pinitos le pudieron servir para hablar hoy un catalán excelente, sin apenas acento, errores o barbarismos. Arrimadas se mudó a Barcelona hacia el año 2008. Había estado estudiando inglés poco antes en un curso intensivo en Jerez. El francés lo aprendió con una profesora particular y lo perfeccionó durante una Erasmus en Niza.

Una vez instalada en Barcelona, los cursos gratuitos del Consorci per a la Normalització Lingüística no le convencieron y pidió a su empresa (Daleph) que le pagara clases en una academia. “Mi jefe me preguntó si de verdad quería apuntarme a clases de catalán”, dice. Su jefe, Gregori Cascante, dice que lo hizo encantado. Arrimadas estudió dos años y tuvo suerte: “Tuve la mejor profesora de lengua extranjera, y mira que he dado clases de lenguas”.

En la calle le costaba practicar. En Cataluña cuando alguien establece una relación con otro en una lengua es muy difícil cambiar a la otra aunque sea por un rato. Le costaba por tanto encontrar a amigos con quienes hablar en catalán; iba por ahí pidiendo “háblame en catalán que así practico”. Arrimadas concluye: “Soy un poco friki de los idiomas”. Habla cuatro lenguas.

Los padres de Arrimadas proceden de Salmoral, un pequeño pueblo a 50 kilómetros de Salamanca que hoy tiene 151 personas empadronadas, según dicen en su ayuntamiento. Hay allí una calle Rufino Arrimadas en memoria de un vecino que fue secretario del ayuntamiento durante los años 30 y que es antepasado de Inés.

El padre de la candidata era licenciado en Derecho y durante unos años fue policía en Barcelona. Cuando he pedido más detalles a la familia sobre esta etapa, no he pasado de vaguedades. En la capital catalana nació en 1969 el hermano mayor de Inés. Poco después se mudaron todos a Jerez, donde el padre de la candidata ha sido procurador.

Cuatro de los cinco hijos del matrimonio Arrimadas García han estudiado Derecho. La quinta, Marina, es aparejadora. Pero en la familia ha habido al menos otro cargo público además de aquel Rufino Arrimadas de los años 30: Moisés Arrimadas Esteban, primo del padre de Inés, fue delegado provincial del Ministerio de la Vivienda en Cádiz en los años 60 (aquí está su nombramiento en el BOE de la época). En los años 70 fue gobernador civil de Cuenca y Albacete y jefe provincial del Movimiento en ambas provincias.

Rufino Arrimadas, el padre de Inés, fue concejal por UCD en el primer Ayuntamiento democrático de Jerez, elegido en 1979.

8835

Una niña precoz

A pesar de esta tradición, el ascenso político de Inés Arrimadas no era evidente para la gente que la conoció de niña y adolescente. Los compañeros en el colegio, en el instituto y en la universidad con los que he hablado coinciden en dos rasgos: era siempre una de las mejores de clase y le gustaba participar y debatir en público. Inés lo confirma: “La conversación, la opinión siempre me han gustado”.

Era especialmente habladora en clases dadas al debate: Filosofía y Religión. Le gustaba tanto sermonear que parecía incluso precoz: “Hablaba tan bien que a veces aparentaba más edad que su físico”, dice su hermana Marina. María Jesús Moreno, del Colegio Compañía de María, recuerda cómo les hablaba a las demás niñas de cosas íntimas que no habían oído nunca a esa edad.

Pero Arrimadas tiene también un rasgo poco político: es tímida. “Esta gente que va a una fiesta y empieza a hablar con todo el mundo. Yo no”, dice: “Hablo cuando ya hay un escenario cómodo, como una clase. Al principio no me abro mucho, soy callada. Luego ya soy dicharachera”, dice. En clases o grupos de amigos, Arrimadas es alegre y parlanchina.

Serafín Mariscal era el delegado en su clase de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, donde Inés Arrimadas cursó Derecho y Administración y Dirección de Empresas. “Inés era muy de preguntar, de saber qué se cocía”, dice. Tampoco a él le sorprende que haya sido política: “Era muy buena al argumentar y al definir”. Mariscal dice que solían hacer trabajos juntos.

Inés está de acuerdo con esa impresión: “El Derecho siempre me ha gustado: la dialéctica, rebatir argumentos”. Los tres debates televisados han mostrado una política cómoda con los lances a pesar de su bisoñez.

Después de salir de la universidad, Arrimadas pasó por dos empresas: hizo unas prácticas en el Grupo Mat en el Campo de Gibraltar y la acabaron contratando. En 2006 fichó por Daleph, una consultora especializada en políticas públicas. La empresa se fundó en 1993 y tiene una sede central en Barcelona y una delegación andaluza en Jerez. Daleph se dedica a ayudar a instituciones como la Diputación de Cádiz a preparar programas para mejorar su gestión, incrementar el número de empresas o ayudar con el papeleo para lograr subvenciones europeas. Aquí hay ejemplos de su labor.

Entre 2006 y 2008 Arrimadas vivía en Jerez y viajaba a menudo. Hasta que decidió mudarse a Barcelona con el acuerdo de la empresa.

8637

Pudo ir al zoo

El siguiente gran cambio en su vida empezó, aparentemente, por casualidad. El 16 de octubre de 2010 Ciudadanos presentaba en el barcelonés Teatre Romea su campaña para las elecciones del 28 de noviembre. “Una compañera me dijo que iba a un acto de Ciudadanos”, cuenta Arrimadas. “Iba a ir con su marido y sus hijos y [me dijo] si quería ir. Igual me dice de ir al zoo y también voy”.

Arrimadas estaba poco metida en la política profesional. “Jamás había militado en un partido”, dice. Esperaba también poco: “Yo esperaba un acto político rollo y no me lo pareció. Me pareció súpersensato”, cree ahora.

Ciudadanos tenía entonces tres diputados en el Parlament y en junio de 2009 había vivido su peor momento en las elecciones europeas con su coalición con Libertas, un partido de origen irlandés con toques estrambóticos y xenófobos. Si en 2010 no se mantenían, podía ser el fin de la formación.

Arrimadas iba sin embargo mejor dispuesta con Ciudadanos que con cualquier otro partido: “El partido me gustaba. Me gustaba mucho cómo hablaba Albert Rivera, me sentía identificada con él”. Aquel día de octubre la mujer que la llevó le presentó a otros miembros de las juventudes. Fue a alguna reunión y se sentía bien: “No era unos de esos partidos que votas por descarte”, dice.

En 2011 Arrimadas empezó a militar y pronto se convirtió en la portavoz de las Juventudes. “Preséntate porque hablas bien en público y no te da vergüenza”, dice Arrimadas que le dijeron.

8822

“Tertulias de quinta”

Como otros políticos de su generación, empezó el recorrido por tertulias para foguearse: “Empiezo a ir a tertulias de radio de quinta categoría donde invitaban a gente joven”, dice Arrimadas. El presidente del partido, Albert Rivera, escuchó una de esas tertulias: “Supongo que le gustó cómo lo hacía y a mediados de 2011 me dijo que fuera al Parlament a la Comisión de Juventud donde se puede hablar sin ser diputado”, recuerda.

Todo fue rápido. A finales de 2011 el partido renovaba la ejecutiva y Rivera pidió a Arrimadas que entrara: su perfil de consultora y licenciada en Derecho le interesaba.

Menos de un año después, el president Artur Mas convocó elecciones anticipadas. Arrimadas era la número cuatro de la lista por Barcelona. Le costó tomar la decisión. Significaba pedir la excedencia en Daleph para ser un cargo público. Pero ya no iba a frenar: “Decidí ser valiente en lugar de ser una cagada”.

Ciudadanos sacó nueve diputados y ella entró en el Parlament.

Menos de tres años después, se volvieron a convocar elecciones anticipadas y en primavera el partido habló con Arrimadas para ver si era la mejor opción.  

8926

A la sombra del guaperas

Es difícil asistir a un mitin en Cataluña sin comentarios de hombres y mujeres a la guapa pareja de líderes: Albert Rivera e Inés Arrimadas. Rivera sigue siendo el famoso. A la salida del mitin de Santa Coloma, dos docenas de personas rodean al presidente del partido, pero sólo dos o tres quieren una foto con la candidata. Según las cifras del CIS, sólo un 29% de los catalanes sabía quién era Arrimadas justo antes del inicio de la campaña electoral.

Arrimadas no se considera aún un personaje público pero lo es. “Me cuesta no poder ir en metro sola”, se queja. Los personajes públicos generan interés y sus movimientos y decisiones (no sólo sus opiniones) crean noticias. Hace unos meses Versió RAC1 dio una de esas noticias.

El periodista, profesor de comunicación política y célebre tertuliano Toni Aira escribió un mensaje a Montse Llussà, colaboradora del programa de radio Versió RAC1 donde le decía que Arrimadas salía con un diputado convergente. Llussà lo soltó en antena. El diputado es Xavier Cima y es independentista. Es noticia que la candidata de Ciudadanos conviva -Arrimadas dijo en una entrevista reciente que vivía en pareja- con un diputado independentista.

Desde entonces lo han publicado otros periódicos. Arrimadas dijo en la misma entrevista que si no tenía hijos pronto se le iba a pasar el arroz (tiene 34 años). Pero evita hablar de todos estos temas en detalle: “No voy a hablar de mi vida privada. Ha habido muchas noticias falsas”, dice para que el rumor perviva. Una persona que me ha pedido no aparecer en este perfil para no perder su amistad cenó hace unos meses con Cima y Arrimadas.

La candidata de Ciudadanos aspira a ser presidenta de la Generalitat si la lista de Junts pel Sí no triunfa. Será difícil disimular durante cuatro años sus relaciones personales, más cuando son noticia. La medio timidez es una virtud a medias.

El libro negro del periodismo en Cataluña

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’ / 6. ‘La opinión dependiente’

Espejos de Cataluña

La sobretituladora del Liceu / El decano de la Boqueria

Al decano de la Boqueria no le tiembla el pulso

9173

Joan Bayén lleva 70 años detrás de la barra del bar Pinotxo, el local más ilustre del Mercado de la Boqueria. El camarero del bar al que acuden los mejores chefs catalanes cuenta cómo ha cambiado el mercado y explica su actitud ante el proceso de independencia.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Joan Bayén lleva 70 años detrás de la barra del bar Pinotxo, el local más ilustre del Mercado de la Boqueria. El camarero del bar al que acuden los mejores chefs catalanes cuenta cómo ha cambiado el mercado y explica su actitud ante el proceso de independencia.

El 31 de marzo de 1987 el célebre restaurador Ramón Cabau dio su último paseo por el Mercado de la Boqueria. Saludó a los comerciantes de todos los puestos y se sentó en la barra del bar Pinotxo. El camarero Joan Bayén le preguntó a su amigo si quería tomar lo de siempre. “No, hoy no me prepares nada”, respondió antes de pedir un vaso de agua. Al cabo de unos minutos Cabau ingirió una pastilla de cianuro y murió en el mercado más ilustre de Barcelona.

Cabau era también abogado, farmacéutico y uno de los iconos de la Barcelona de los años 80. Al día siguiente, la Boqueria quedó vacía a las 11.30 de la mañana. Cientos de clientes y comerciantes del mercado salieron a la Rambla para despedir al restaurador más famoso, convertido ya en mito por haber muerto en la plaza que le vio crecer.

A Cabau le sucedió como icono del mercado aquel camarero que le sirvió por última vez.  A sus 81 años y después de 70 sirviendo desayunos y comidas detrás de la barra del bar Pinotxo, Joan Bayén es hoy el personaje más ilustre del mercado. “Yo no soy famoso ni soy nada”, replica con modestia. “Nunca me compararé con Cabau”.

La realidad, sin embargo, le lleva la contraria. Durante la entrevista le interrumpen tres veces para pedirle una foto. Bayén reconoce que sale a 40-50 ‘selfies’ diarias y la búsqueda ‘pinotxo boqueria’ ofrece 28.000 resultados en Google. Le guste o no, Bayén representa la imagen de esa Barcelona que está a punto de desaparecer y que todos quieren inmortalizar.

9173
ALBERTO GAMAZO

El dilema del turismo

La Boqueria es uno de esos sitios de Barcelona que se resisten a entregarse por completo a los turistas. A diferencia de la Sagrada Familia o del parque Güell, lugares que cualquier barcelonés evita a toda costa, el mercado lucha por mantener cierto espíritu familiar y seguir ofreciendo productos de calidad a los clientes de toda la vida. Muchos creen, no obstante, que el mercado pierde cada día un cliente y la esencia que lo convirtió en un lugar mítico se va desvaneciendo.

“Lo mejor que tenía la Boqueria era el ambiente y sus vendedores”, explica Bayén. “Todo esto se está perdiendo”.

El restaurador explica con cierta tristeza que la clásica mujer con la cesta cada vez acude menos al mercado. Las paradas en las que se encontraba la mejor fruta de la ciudad ahora ofrecen zumos y vasitos de plástico con fruta cortada. Los comerciantes que vendían el pescado y marisco más fresco ahora ofrecen ostras abiertas listas para consumir en el acto. La lista de paradas que se han enfocado al turista es eterna y llena de tristeza a los asiduos.

Este oasis de colores y aromas en medio de Barcelona muta durante el día. Entre las ocho y las 10 de la mañana todavía se ven señoras “de toda la vida” con el carrito haciendo la compra. En la barra del bar Pinotxo desayunan clientes habituales que charlan de política y fútbol.

A partir de las 11 el espacio se vuelve impracticable. Cientos de personas circulan por los estrechos pasillos del mercado haciendo fotos y mirando los productos. Muchos no compran nada. En algunos momentos la muchedumbre no avanza y la gente se queda quieta, haciendo más fotos. A partir de las seis de la tarde, el espacio recupera cierta normalidad y los autóctonos vuelven a asomar.

El ayuntamiento prohibió en abril la entrada de grupos de más de 15 personas los viernes y sábados por la mañana pero la medida apenas se ha notado. “Entran 10 por una puerta, 10 por la otra y se juntan todos en el medio”, se queja Bayén.

9089

La antorcha olímpica

Bayén tenía solo 11 años cuando empezó a echar una mano en el negocio familiar. Al principio sólo servían escudella (una especie de cocido) para el resto de trabajadores del mercado. Después se dedicaron a cocinar la materia prima que traían los clientes, recién comprada en los puestos contiguos.

Durante siete décadas, Bayén ha oído y presenciado anécdotas de personajes de toda calaña desde el otro lado de la barra. Recuerda cómo en los 80 venían los periodistas a cenar cuando abría a las cuatro de la madrugada. También rememora orgulloso que le propusieron llevar la antorcha olímpica durante los Juegos de 1992. Se lo propusieron los organizadores, a los que alimentó durante meses mientras trabajaban en un edificio cercano.
Sus arrugas llevan escritas encuentros con personajes de todo tipo. Desde prostitutas anónimas del Raval hasta el magnate Bernie Ecclestone pasando por Jean Paul Gaultier, chefs con estrellas michelin y todos los alcaldes de Barcelona. “Colau aún no ha venido”, dice Bayén entre risas. “Estoy muy enfadado”.

El señor Pinotxo tiene tanta experiencia que es él quien escoge lo que vas a comer. “En función de qué cara traen les ofrezco una cosa u otra”. No hay carta en el bar ni lista de precios. Lo mejor es dejarse llevar por el anfitrión, que trata a los clientes como amigos y a las clientas como pretendientas. Su chaleco, pajarita y aspecto de personaje de cabaret hacen que sea imposible llevarle la contraria.

Bayén se levanta cada día a las cuatro y media y al cabo de una hora abre el bar en el que trabaja sin parar hasta las cinco de la tarde. “Después me voy a casa, me pongo un chandal y me voy a correr un par de horas”, dice Bayén, que ha corrido varios maratones. Según dice, el secreto para llegar tan bien a esa edad es no tener hijos y disfrutar del trabajo. “Lo que me mantiene en pie es mi clientela. ¡Y las mujeres que me piden fotos!” exclama antes de soltar una carcajada.

A principios de los 90 empezaron a frecuentar la barra del Pinotxo dos hermanos cocineros. Se llamaban Ferran y Albert Adrià. Acudían con otros chefs a degustar los platillos que servía Bayén: garbanzos con morcilla, alubias con chipirones, huevos revueltos con almejas… Bayén fraguó una gran amistad con todos ellos pero no sabía quiénes eran.

“Me enteré de que Ferran Adrià era famoso cuando lo vi en la portada de El País Semanal”, afirma. Hoy no es extraño ver en su barra a maestros de los fogones como Juan Mari Arzak, Carles Gaig o Carme Ruscalleda. Cuando vienen grandes chefs siempre les hace la misma broma: “¡Qué! ¿ya venís a copiarme?”.

Bayén se ruboriza cuando se le pregunta por el proceso soberanista. “Yo no entiendo de política”, dice con humildad. “Si nos dan la independencia, bienvenida sea. Creo que podríamos hacer muchas cosas. Y si no, pues seguiremos trabajando y viviendo”.

Bayén cree, no obstante, que al final Cataluña será independiente. “Los molestaremos tanto que al final nos dirán: ¡tened la independencia! ¡Apañaos!”, bromea.

Respecto a este asunto sólo tiene clara una cosa. “De fractura, nada”, añade. “Aquí viene gente de todos los tipos y siempre se habla civilizadamente”.

9166

Entre dos mundos

Nadie sabe a ciencia cierta cuándo empezaron los comerciantes a asentarse en la Boqueria, antes conocida como Mercado de Sant Josep. Los historiadores aseguran que acudían los payeses a vender sus productos desde tiempos muy remotos porque esta zona quedaba fuera de los límites de la ciudad. Hasta 1842 no se construyó una estructura que protegía una buena parte de los puestos. La carne y el pescado quedaron cubiertos. La fruta y las verduras permanecieron en la intemperie.

La expansión de la ciudad quiso que la Boqueria quedara al final situada entre dos mundos.

Delante estaba la Rambla de les Flors, el paseo más famoso de la ciudad. Por aquí transitaban los marines americanos de servicio en la ciudad y la burguesía de la zona alta que acudía al Liceo. Sus cafés siempre estaban llenos y en sus mesas se debatía con intensidad.

Detrás quedaba el barrio chino, conocido hoy como el Raval. Sin duda alguna el más canalla de la ciudad por el cóctel que formaban la vida nocturna, la droga y la prostitución. Bayén recuerda todavía el bullicio de ese barrio en el que se vendía de todo a pie de calle. Desde pescado hasta artículos de dudosa procedencia. “Si te robaban algo y querías recuperarlo, tenías que ir al barrio chino”, recuerda.

El boom del turismo en Barcelona convirtió a la Rambla en una visita obligada para cualquier foráneo y al mercado en un lugar de fama global. “Si no estuviera la Rambla delante, el mercado no se habría hecho tan famoso”, dice Bayén.

Tanto Joan Bayén como la Boqueria representan esa Barcelona preolímpica que muchos añoran y que lucha por no ser sustituida por franquicias uniformes. Algunos de los comerciantes del mercado consideran al camarero del Pinotxo el último resquicio de autenticidad que le queda al mercado. “Cuando falte Joan, aquí ya no valdrá la pena venir”, me dice un parroquiano en la barra.

A sus 81 años, Bayén no sabe cuánto más le queda al pie del cañón. “El día que a mí me tiemble la mano al servir un café, ese día se acabó”.

La sobretituladora del Liceu aún llora con ‘Parsifal’

9341buena

Glòria Nogué tiene el título de directora de orquesta y habla seis idiomas. Desde hace casi tres décadas es la encargada de traducir los libretos de las óperas del Liceu. Aquí cuenta muchas anécdotas sobre el templo de la lírica y habla sobre el proceso soberanista catalán. Con ella iniciamos la serie ‘Espejos de Cataluña’: perfiles de personas anónimas en lugares emblemáticos de la región.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Glòria Nogué tiene el título de directora de orquesta y habla seis idiomas. Desde hace casi tres décadas es la encargada de traducir los libretos de las óperas del Liceu. Aquí cuenta muchas anécdotas sobre el templo de la lírica y habla sobre el proceso soberanista catalán.

Hubo un tiempo en el que la ópera era un coto sólo para las elites. Sólo un políglota podía comprender una obra cantada en italiano, ruso o alemán.

El primer teatro español que contribuyó a democratizar este arte fue el Liceu de Barcelona. Su director Josep Maria Busquets había asistido en 1988 a una ópera de Wagner en un teatro de Chicago. La obra era en alemán pero todos los presentes pudieron seguirla con unas líneas de texto en inglés que se iban proyectando unos metros por encima del escenario. Busquets, impresionado, se lo dijo a su director artístico Albin Hanseröth: “¿Por qué no ser los primeros en incorporar esta técnica aquí en España?”.

Busquets y Hanseröth pusieron rumbo a la ópera de Colonia: el único de Europa que utilizaba la técnica del sobretitulado. Allí copiaron el sistema y lo importaron al Liceu. Sólo faltaba una pieza en el engranaje: la sobretituladora. Es decir, una persona que tradujera y reinterpretara los libretos para poder resumirlos en frases breves. Se trataba de encontrar a una persona que tuviera una formación musical avanzada y dominara varios idiomas: sobre todo italiano, inglés y alemán.

“Yo estaba acabando mis estudios musicales en Madrid cuando me lo propusieron”, recuerda Glòria Nogué (Barcelona, 1963), que desde entonces ha sido la sobretituladora del Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Tiene el título de directora de orquesta y habla seis idiomas: castellano, catalán, inglés, francés, italiano y alemán. “Algo de ruso también”, apostilla antes de explicar que no sólo traduce los libretos. También adapta los tiempos, sintetiza las escenas, elige las mejores frases y facilita así a los espectadores la comprensión.

9341buena

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Los puristas se quejan

Muchos criticaron la decisión de Josep Maria Busquets a finales de los 80. “¡Sacrilegio!”, le dijeron alguno de sus colegas. “¡Eso es un escándalo! ¡La ópera es intocable y usted se la está cargando!”. Pero aquel pionero hizo oídos sordos y estrenó los sobretítulos el 7 de noviembre de 1988. La obra en cartel era Don Carlo de Giuseppe Verdi y al público le gustó.

“Se convirtió en un éxito instantáneo”, recuerda Nogué. “Todo el mundo quería venir al Liceu, al lugar donde se podía entender la ópera. Habíamos convertido en accesible un arte maravilloso. Ya no estaba reservado a unos pocos privilegiados. Ya no había que imaginar qué decían los actores. Niños o espectadores de cualquier clase social podían comprender lo que estaba pasando sobre el escenario. En poco tiempo pasamos de ofrecer dos pases de una ópera a tener que doblar o triplicar el número de funciones. Ahora cualquier teatro del mundo cuenta con un sistema de sobretítulos. Es algo inherente a la ópera”.

Los tiempos han cambiado pero el Liceu sigue disponiendo del mismo modelo de pantalla que se usaba a finales de los 80. “Es un panel de madera revestido de una tela gris que se sitúa unos metros por encima del escenario”, explica Nogué. “Todo muy simple. Desde mi posición enfoco un proyector que lanza los textos sobre la pantalla. Así, el público lee lo que está pasando en escena en tiempo real. Eso no ha cambiado. Lo que sí se ha incorporado con los años ha sido una pequeña pantalla en cada butaca. Eso permite ofrecer textos en tres idiomas. Sobre el escenario se proyectan en catalán. En los monitores de los asientos se puede leer el librero en castellano y en inglés”.

glorianogue.elespanol 9207

El proyector

Nogué explica su trabajo desde su base de operaciones: un diminuto habitáculo situado en la cuarta planta del Gran Teatro del Liceu. Su laboratorio consta de un proyector, tres pantallas conectadas a cámaras a la altura del escenario y un ordenador equipado con un programa especial.

“Subtitular ahora es sencillísimo”, explica Nogué. “Ahora disponemos de un programa que nos permite editar sobre la marcha, temporizar, decidir durante cuántos segundos queremos que permanezca una frase, cambiar una coma una milésima antes de que salga en pantalla”.

Los inicios fueron mucho difíciles: “El sistema era muy rudimentario. Había dos carros cargados con 80 diapositivas de celulosa donde estaban escritos los sobretítulos. Un cañón de luz enfocaba primero la diapositiva del carro de la derecha y luego la del carro de la izquierda… Así sucesivamente hasta llegar a las 160”.

El sistema se atascaba a menudo y descuadraba toda una ópera. “Nos pasó el día del estreno”, recuerda entre risas Nogué. “Entonces mi puesto de mando estaba en la quinta planta y los carros se situaban en la cuarta. De pronto se atrancó una de las diapositivas y todo empezó a ir mal. Aún recuerdo la velocidad a la que bajé las escaleras para desatascarla y hacer el cambio manual”.

Aquel sistema de sobretitulación no dejaba más que anécdotas: “Yo traducía el libreto pero las diapositivas se confeccionaban en Alemania. Eran textos en catalán y la persona que los insertaba era alemana. Por mucho empeño que pusiese, las faltas de ortografía eran muy habituales. Si el error era leve, yo misma me encargaba de taparlo con tipp-ex. Pero en ocasiones encontraba fallos gravísimos. En esos casos cogía la diapositiva defectuosa y la devolvía a Alemania para que fabricasen una nueva”, explica.

La logística daba lugar a dramáticas esperas. “Yo pasaba muchísimos nervios cuando el material no llegaba. Una vez estábamos a punto de estrenar Ariadna en Naxos de Richard Strauss. Íbamos a empezar y las diapositivas seguían en camino. El mensajero nos iba avisando a medida que iba cruzando las aduanas. Recuerdo que recibimos el sobre dos minutos antes de izar el telón”.

9323buena

Wagner en 700 láminas

Montserrat Caballé fue la protagonista de Salomé, la segunda ópera sobretitulada de la historia del Liceu. “Aquella temporada traducimos tres”, recuerda Nogué. “Durante los cinco años siguientes aumentamos la oferta. La gente lo pedía. Empezamos ciñéndonos a las 160 diapositivas que permitían los carros. Pero poco a poco tuvimos que sobretitular óperas de Wagner, que exigían como 700 láminas. Guardábamos todas las obras en un armario blindado. Aquello era un tesoro”.

Aquel tesoro lo arrasó el fuego el 31 de enero de 1994. En torno a las 10 y media de la mañana, la chispa de un soplete provocó un incendio que destruyó el teatro casi por completo. “Yo no estaba dentro pero andaba muy cerca”, recuerda Nogué. “Me encontraba a unos 700 metros en la plaza de Catalunya. Desde allí podía ver la densa columna de humo emergiendo desde el corazón de La Rambla. No sabía lo estaba pasando y le pregunté a la gente. ‘Es crema el Liceu! Es crema el Liceu!’ gritaban. Yo empecé a correr Rambla abajo”.

A Nogué aún se le quiebra la voz cuando repasa aquel episodio:  “Llegué casi sin aliento. Lo que encontré fue un edificio envuelto en llamas y a todos mis compañeros llorando en la puerta. Fue una de las experiencias más tristes de mi vida”.

Así ardió el coloso que abrió sus puertas en 1847 y que salió vencedor de la rivalidad con el otro gran teatro de La Rambla: el Teatro de la Santa Cruz, que es el más antiguo de la ciudad y hoy se llama Teatre Principal. Las trifulcas entre “liceístas” y “cruzados” a menudo llegaban a las manos.

El Liceu sufrió el atentado de un anarquista que mató a 20 personas al lanzar una bomba en 1893. Pero ni siquiera la Guerra Civil hizo que cesara su actividad. En 1936 fue nacionalizado por la República. Tres años después, fue recuperado por sus propietarios originales y llegó a albergar una fiesta de Carnaval. Pero nunca cerró sus puertas antes del incendio, provocado por unos operarios que trabajaban paradójicamente reparando un telón de acero contra incendios.

Ópera en una cancha

No era la primera vez que el teatro ardía: el Liceu ya había sido calcinado en 1861. Al igual que entonces, lo único que se salvó fue la Sala de los Espejos. Todo lo demás pereció. “Los trabajadores sentíamos una pena inmensa porque veíamos que se quemaba nuestra casa”, dice Nogué. “También sentíamos incertidumbre porque no sabíamos qué iba a ser de nosotros”.

Ahí comenzó un triste periplo por otras salas y espacios de la ciudad. “Seguimos representando óperas en otros lugares, algunos de ellos muy poco idóneos. El primer lugar al que fuimos a parar fue el Palau Sant Jordi. La intención era buena pero no es lo mismo representar una ópera en el Liceu que en una cancha de baloncesto. Mis sobretítulos aparecían en los marcadores donde figura el tanteo de los partidos”. Después representaron varias funciones en el Teatre Victòria. “Aquello ya era un teatro pero no era lo mismo”.

El Liceu reabrió sus puertas en 1999. La sobretituladora aún se emociona cuando recuerda “cómo la sociedad catalana se volcó con la reconstrucción”. El nuevo teatro se había construido a imagen y semejanza del anterior. Todo casi idéntico salvo algunas modificaciones, como la supresión de las llotjes de dol o palcos de duelo: unas butacas que se encontraban muy cerca del escenario. “Allí se ubicaban las familias que habían perdido unos días antes a algún familiar”, explica Nogué. “Como no estaba bien visto ir al teatro en periodos de luto, los aficionados podían presenciar allí las obras sin ser vistos por el resto del público”. A finales del siglo XX, ya no resultaba necesario esconderse para ir a la ópera.

También varió la ubicación del centro de operaciones de Glòria y el sistema de sobretitulado. Durante el paréntesis de la reconstrucción, la empresa VICOM diseñó un programa para PC que hizo desaparecer a las diapositivas pero el cambio no fue fácil. “Yo he de sobretitular desde un puesto elevado”, explica Nogué. “Pero el día del estreno aún no me habían construido la tarima y la primera noche tuve que trabajar subida a unas cajas de cartón”. Tampoco fue fácil abandonar las diapositivas por un sistema rudimentario en el que la sobretituladora tenía que “teclear a las frases en tiempo real”.

Y sin embargo esos detalles apenas importaron. “El retorno a nuestra casa el 7 de octubre de 1999 fue uno de los momentos más emocionantes que recuerdo”, explica la sobretituladora. “Estrenamos Turandot y fue un éxito”.

9190

Nada de política

Nogué marca distancia con el proceso político que está viviendo Cataluña en los últimos tiempos. Esquiva el debate y evita pronunciarse sobre cuestiones relacionadas con la independencia: “Cada uno tiene su opinión y las respeto. Yo prefiero no significarme de forma pública. No es un tema que me guste abordar ni creo que me toque a mí opinar al respecto. Al menos públicamente”.

Lo que sí que percibe es “una diferencia abismal entre la Barcelona actual y la que teníamos a mediados de los ochenta, cuando empecé a titular en el Liceu. Estaba por llegar el gran acontecimiento que lo cambió todo: los Juegos Olímpicos. Nos puso al día. En 1992 vivimos la gran apertura a Europa y al mundo. Desde entonces todo ha cambiado. Barcelona es un lugar mucho más moderno, con más vida, más cosmopolita y con una generación mucho más abierta y preparada”.

La sobretituladora tampoco entra en cuestiones lingüísticas pero no observa ningún tipo de discriminación entre catalán y castellano: “Al menos no en el Liceu. Siempre hemos concedido la misma consideración a ambos idiomas. Sí que es cierto que durante los primeros años sólo se sobretitulaba en catalán pero era una cuestión técnica. Las herramientas con las que contábamos nos permitían proyectar textos en un solo idioma. Los gerentes del teatro de aquella época eligieron, por razones en las que yo no me meto, el catalán. Pero aquella etapa duró hasta principios de los 90. El castellano se añadió en cuanto se adquirió el equipo necesario para incorporar nuevos idiomas. De hecho, a día de hoy, hay algunas obras que sólo se pasan en catalán y castellano. Prescindimos del inglés”.

“En un enclave como el Liceu, la cuestión del idioma no tiene un significado político sino didáctico”, explica. “Conozco algún caso de espectadores alemanes que han logrado entender óperas en alemán antiguo gracias a los subtítulos en inglés”.

Un tenor díscolo

Hoy el programa de sobretitulado ha vuelto a cambiar. Nogué ya no tiene que teclear en tiempo real pero su sistema de trabajo sigue siendo exhaustivo: “Estudio las obras, veo los ensayos, hablo con el director y traduzco los libretos. Trabajo durante varias semanas con mi compañera Anabel Alenda y juntas incorporamos los textos al ordenador. El día del estreno estamos las dos trabajando. Si sale bien, durante las siguientes funciones nos vamos turnando”.

Los avances no son una garantía de éxito. “Recuerdo el estreno mundial de una obra cuyo nombre prefiero omitir”, explica Nogué. “La ópera se representaba en catalán pero el solista era alemán. De pronto tuvo un lapsus y sin venir al caso se saltó como 25 páginas. Aquello nos desubicó a todos. Yo miraba al director de orquesta y al apuntador para intentar adivinar cómo salir de aquel embrollo. Ambos le hacían gestos insistentes para que parase o rectificase pero no se enteraba. No sabíamos qué hacer hasta que de repente y coincidiendo con una pausa musical el apuntador pegó un grito y el solista volvió al lugar correcto. Creo que nadie se dio cuenta”.

Aunque nunca reciba los aplausos del público, Glòria Nogué es una parte fundamental de la ópera en el Liceu: “Algunos espectadores, los de los palcos más próximos a mi puesto de trabajo, reconocen mi labor y me felicitan levantando el pulgar. En más de una ocasión he recibido correos electrónicos de personas que me piden el texto que yo he escrito en lugar del libreto original”.

Es el reconocimiento a 27 años de trayectoria de una apasionada de la ópera que recuerda con exactitud la fecha de cualquier función. Hay algunas obras que ha repetido hasta la saciedad pero asegura que se sigue emocionando con su trabajo: “Pueden pasar los años pero seguiré llorando con Parsifal o con el final de Madama Butterfly”.

El candidato accidental

Fotografía: Albert Gea / Reuters

Fue observador de la OSCE en los Balcanes, pintor aficionado y portero de waterpolo. Durante años Raül Romeva representó en Bruselas a un partido federalista de izquierdas y criticó con dureza a CiU. Ahora acompaña a sus líderes en la lista unitaria al Parlament. 

Fue observador de la OSCE en los Balcanes, pintor aficionado y portero de waterpolo. Durante años Raül Romeva representó en Bruselas a un partido federalista de izquierdas y criticó con dureza a CiU. Ahora acompaña a sus líderes en la lista unitaria al Parlament. 

Raül Romeva i Rueda (Madrid, 1971) siempre se ha definido como “un culo inquieto” y la definición no le va mal a juzgar por su historial. Fue político, profesor de universidad, economista, doctor en Relaciones Internacionales, parlamentario, ensayista, novelista, ecologista militante, analista bélico, activista social, observador de la OSCE, nadador, buceador, portero de waterpolo, marinero, atleta, casteller, submarinista, patrón de barco, pintor aficionado y profesor de lambada. Su vida tiene tantos recovecos que no cabrían en los rótulos de una entrevista de televisión.

Y sin embargo por encima de todo Romeva es independentista. Una condición que ha puesto fin a 26 años al servicio de un partido (Iniciativa per Catalunya) y que lo ha entregado por completo a un objetivo: separar a Cataluña de España.

Romeva nació en Madrid porque allí estaban destinados sus padres, un profesor y una enfermera. Pasó su infancia en Aravaca y con nueve años llegó a Cataluña. La familia se instaló en Caldes de Montbuí, donde su padre regentaba una granja escuela. Aquella experiencia resultó decisiva para cultivar y alimentar dos de sus grandes pasiones: la literatura y la naturaleza. La primera le llevó a publicar ocho libros. La segunda, a afiliarse a un partido ecologista.

Durante su adolescencia empezó a soñar con ser capitán de barco después de ver los documentales de Jacques Cousteau. Todavía dice que le gustaría surcar el océano a bordo del Calypso. Su prolífica carrera política frustró su carrera como marino. También quiso ser deportista olímpico. Lo intentó con el atletismo pero se rompió el tendón de Aquiles del pie izquierdo. “La rehabilitación me llevó a la piscina. Los doctores me prescribieron nadar. Así llegué a entrenar con el seleccionador nacional de natación, el ya fallecido Paulus Wildeboer, en el CN Sabadell. Fue una de las mejores experiencias de mi vida”, recuerda.

Con 23 años empezó a trabajar para la UNESCO, donde le propusieron marcharse a Sarajevo como responsable del programa educativo y de Cultura de la Paz en Bosnia-Herzegovina. Entre 1996 y 1997 fue observador electoral de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en aquel país durante las primeras elecciones que se celebraron después de la guerra. Al terminar su trabajo, aprovechó para hacer su tesis doctoral sobre el conflicto balcánico. Romeva plasmó esas vivencias en cinco ensayos que se publicaron entre 1997 y 2003. Todos hablan de la última gran guerra europea del siglo XX, pero sobre todo de cómo prevenirla. En todos sus libros intenta aportar claves sobre el desarme y los retos pendientes en un territorio tan fragmentado y arrasado como la antigua Yugoslavia.

thumb_IMG_6132_1024

Un culé en Estrasburgo

Acabada su etapa de emisario de paz en los Balcanes, arrancó la de europarlamentario. Su nombramiento tuvo lugar en 2004 y se integró en el grupo Verdes/ALE. Durante 10 años, su vida ha transcurrido a caballo entre Estrasburgo y Bruselas. Su hiperactividad laboral le llevó a convertirse en el parlamentario más trabajador de la Eurocámara. 595 intervenciones, 378 preguntas, 127 propuestas, 4 declaraciones y 2 informes es el bagaje de su paso por el Parlamento Europeo.

El eurodiputado convergente Ramon Tremosa lo define como un “súperpencaire”: en catalán, súpertrabajador. Se conocieron en Estrasburgo y aun defendiendo bandos distintos cuajaron una profunda amistad. “Romeva es una de esas personas a las que le confiaría mis tres hijos para que se los llevase de excursión por la montaña”, dice Tremosa, que ahora respalda a su amigo como candidato de la lista unitaria Junts pel Sí.

“Es todo lo contrario a la dogmática y sectaria izquierda española”, dice Tremosa. Escucha, comprende y argumenta. Sabe reconocer errores y exponer su punto de vista. A mí, por ejemplo, me hizo cambiar de opinión con respecto a la tasa Tobin”. La tasa Tobin es un arancel sobre las transacciones que proponen algunas fuerzas de izquierdas y que no encaja con la política económica de partidos conservadores como Convergència.

Tremosa subraya de Romeva su profunda hospitalidad y su rol de cicerone: “Recuerdo el día que llegué a Estrasburgo por primera vez. El Parlamento Europeo es enorme. Oriol Junqueras y yo íbamos tan perdidos que no sabíamos ni encontrar la puerta de entrada. Lo primero que hizo Romeva fue invitarnos a cenar a un self-service para explicarnos cómo funcionaba todo aquello, tan nuevo para nosotros. No importaba que defendiéramos intereses distintos. Estuvo disponible siempre que lo necesité. Mucho más que algunas personas de mi grupo. Recuerdo que Salvador Sedó, de Unió, nunca vino a mi despacho. ¡Y se supone que era de los míos! Lo que ocurre es que pertenecía al sector más españolista de Durán i Lleida. En cambio a Romeva lo encontraba en todas las causas”.

La más polémica llegó después de un Barça-Madrid que se jugó en enero de 2012: el central blanco Pepe le pisó la mano a Messi, el árbitro no lo vio, el comité de competición no lo sancionó… y Tremosa y Romeva elevaron la queja a la Comisión Europea.

“¿Cree la Comisión que estos hechos tan graves vistos por millones de personas y de niños (sic) deben quedar impunes?” decía la pregunta. Tremosa, que acabó retirando la pregunta, prefiere no hablar de aquel episodio “porque juntos hemos hecho cosas mucho más importantes e interesantes” pero recuerda: “Fue la única vez en mi vida que me sacó el Marca”.

GRA358. BARCELONA, 11/09/2015.- De iz. a der., Jordi Sanchez, Raul Romeva y Lluis Llach, en la manifestación con motivo de la Diada de Cataluña, hoy, en la calle Meridiana de Barcelona. La movilización, bautizada como la 'Vía Libre a la República Catalana" y organizada por la Asamblea Nacional Catalana (ANC) ha avanzado desde el inicio de la Meridiana hasta el Parque de la Ciutadella, donde está el Parlament. EFE/Andreu Dalmau
Jordi Sanchez, Raül Romeva y Lluis Llach en la manifestación de la Diada de Cataluña. / ANDREU DALMAU / EFE

Cazas sobre Cataluña

Tremosa tampoco quiere referirse a otra cuestión que llevaron juntos y que generó cierta controversia. Ambos firmaron, junto a Maria Badia (PSC) una carta en la que solicitaban a la UE que impidiese una hipotética intervención militar del ejército español en Cataluña. Las maniobras de unos cazas en Lleida y las polémicas declaraciones de dos militares retirados y un eurodiputado popular (Aleix Vidal-Quadras) les llevaron a considerar que Cataluña podía ser invadida y que la UE debía evitar esa invasión.

“Los catalanes no están tranquilos cuando tienen varios cazas sobrevolando sus cabezas; eso nos provoca una gran incertidumbre”, defendió entonces Romeva. “Se ridiculiza usted solo”, respondió el periodista Carlos Herrera en un tenso diálogo que mantuvieron ambos en una entrevista en Onda Cero.

Tremosa asume la responsabilidad de la redacción de aquella carta: “Fue cosa mía; luego me encargué de convencer a Romeva y a la socialista Maria Badia para que firmasen”, reconoce el convergente.

Un taxi para dos

Precisamente Maria Badia es otra de las eurodiputadas con las que Romeva forjó una sólida amistad. Aparte del trato diario, lo que propició este fuerte vínculo fue un volcán de nombre impronunciable: Eyjafjallajökull: “En abril de 2010 se cerró gran parte del espacio aéreo europeo. Un volcán islandés entró en erupción y provocó una nube de ceniza que obligó a cancelar todos los vuelos durante varios días”, recuerda Badia, “Romeva y yo tuvimos que hacer en taxi el trayecto Estrasburgo-Barcelona. Nos pegamos diez horas de viaje de un tirón. Eso une mucho”.

A la eurodiputada del PSC no le ha sorprendido que Romeva acabe liderando la lista de Junts pel Sí. “En aspectos identitarios siempre se ha posicionado muy cerca de las tesis de ERC”. También reconoce que “el reto es arriesgado, porque en esa candidatura hay partidos con propuestas muy distintas en el ámbito social, pero todo obedece a la situación excepcional que vive el país”.

Otro de los asuntos que más se le recuerda al eurodiputado Romeva es su campaña para salvar el atún rojo. En 2009 empezó a solicitar que se prohibiera la pesca y el comercio de esa especie amenazada. Según decía, las políticas de la Unión Europea suponían “un certificado de defunción” para este túnido. “En 2048 habrá desaparecido del Mediterráneo si seguimos con este ritmo de pesca y sobreexplotación”.

Su constancia tuvo recompensa. El 23 de mayo de 2012, el Parlamento Europeo aprobó una serie de normas para reducir las capturas y reducir la pesca ilegal de atún rojo en el Atlántico oriental y en el Mediterráneo.

Algunos de sus compañeros en ICV explican con sorna que cada vez que ven a un diputado convergente pedir atún en un restaurante amenazan en tono jocoso: “¡Al Romeva vas!”.

El atún rojo es sólo un detalle. Romeva atacó muchas veces a sus colegas de CiU por defender políticas dañinas hacia el medio ambiente. “Si fuera por CiU”, dijo en junio de 2009, “Cataluña sería una gran autopista con centrales nucleares, construcciones y fábricas por doquier, y ni un árbol para dar sombra. Si quieren hacer demagogia, que no se erijan en los defensores de Cataluña”. Hoy los líderes de ese partido están en su lista.

(L-R) Junts pel si candidates, Catalonia's President Artur Mas, Oriol Junqueras, Raul Romeva, Carme Forcadell and Muriel Casals, put their hands together during a rally presenting the candidates of the coalition of pro-independence Catalan parties and civil societies at a campaign opening in central Barcelona September 11, 2015. REUTERS/Gustau Nacarino
REUTERS/Gustau Nacarino

La fe del converso

¿Qué hace entonces un socialista ecologista, tan crítico con Convergència, defensor de la tasa Tobin y del atún rojo liderando una candidatura que nombraría presidente al candidato de la derecha catalana? ¿En qué momento un eurodiputado que ha consagrado su vida a un partido federalista pasa a convertirse en la gran esperanza del independentismo catalán?

Según la versión oficial, la conversión de Romeva ocurrió hace poco más de medio año. El 2 de marzo de 2015 rompió el carnet de Iniciativa, el partido al que se afilió cuando cumplió la mayoría de edad. Se marchó por discrepancias con el modelo de país que aprobaron los suyos en la convención nacional del partido, que se celebró en marzo en Sabadell. Romeva, que nunca ha escondido su independentismo, entendió que su formación se equivocaba inclinándose por encajar Cataluña dentro de una España federal.

La moción se aprobó por un 87% de los votos y Romeva optó por marcharse. “Es una decisión dolorosa pero no la he tomado de la noche al día”, se justificó en su carta de despedida.

Antes de irse, tranquilizó al presidente de ICV, su amigo Joan Herrera. Le prometió que no formaría parte de ninguna otra lista, tal y como confirmó el propio Romeva en una entrevista a Catalunya Radio. No sólo empeñó su palabra con Herrera sino con toda la militancia del partido ecosocialista: dijo que no se presentaría como candidato con ningún otro partido.

Sólo cuatro meses después de su marcha, rompía su promesa igual que rompió su carnet: el 15 de julio era proclamado cabeza de lista de Junts pel Sí, la coalición conformada por Convergència, Esquerra y miembros de la sociedad civil. Romeva admitió entonces que le costó tomar esa decisión y que aceptó “por tratarse de un hecho excepcional y extraordinario”.

“Acepté dentro de ese contexto de excepcionalidad”, dijo al asumir la candidatura. “No podía dejar pasar la oportunidad de alcanzar un estado independiente a través de una revuelta de sonrisas contra un estado que ha apaleado a los catalanes con leyes injustas, multas millonarias y querellas indecentes”.

El nombramiento de Romeva chocó con las altas esferas de CiU pero la idea rondaba por su cabeza desde hacía tiempo. En 2008, cuando aún lucía cabellera, concedía una entrevista a Vilaweb en la que decía que en ICV “no se está hablando con tranquilidad del soberanismo”.

Cuatro años después en una entrevista para Televisió de Sant Cugat, la periodista Maria Xinxó se lo preguntó directamente: “¿Te gustaría liderar un proyecto independentista?”. Romeva (con la cabeza ya afeitada) dudó y acabó reconociendo: “Es complejo, pero si me preguntas si tengo ganas de hacer algo en ese ámbito, pues… sí. No te diré que no”.

Corría el año 2012 y Romeva estaba agotando su segundo y último mandato en la Eurocámara. Eran otros tiempos pero ya apuntaba maneras. Aún representaba a ICV en Bruselas pero en su grupo parecían adivinar qué camino seguiría: “Qué buen nacionalista eres”, le decía Ana Miranda, del BNG, cuando le veía empatizar con todas las causas nacionalistas que se presentaban en la Eurocámara.”Nunca me imaginé que fuese a acabar liderando una candidatura independentista”, dice la dirigente del Bloque. “Siempre lo vi muy comprometido con su partido”.

Miranda define a Romeva como “el anticasta” incluso en su forma de vestir: “Era de los pocos que no vestía de gris sino de color”. También destaca otro detalle: “Es uno de los pocos hombres que he conocido que se define como feminista convencido y que ejerce como tal”.

“Es el ejemplo de cómo debe ser un político por su capacidad de trabajo, su cultura, su humildad y su don de gentes”, dice Miranda. “Es una persona que escucha y que nunca impone sus opiniones. Es riguroso, trabaja desde las siete de la mañana, es joven y con una dilatada experiencia, habla varios idiomas… y además es guapo y no se lo tiene creído”. Esto último tiene mérito porque tenía motivos: a su despacho llegó más de una nota con la marca de unos labios pintados como única firma.

thumb_IMG_6172_1024

CDC sí paga traidores

Su salida de ICV y su nuevo rumbo independentista han aumentado la popularidad de Romeva en Cataluña pero también le ha supuesto convertirse en una persona casi non grata en su antiguo partido. Nadie en ICV ha querido prestarse a participar en este perfil. “No estuvo en los debates previos a la convención del partido cuando diseñamos la hoja de ruta. Ni siquiera vino a la convención, pero unos días más tarde anunció que dejaba el partido por desacuerdos con esa hoja de ruta”, explican miembros del partido que no quieren desvelar su nombre.

El adiós de Romeva escoció en ICV. No tanto por su marcha en sí como por haber roto su promesa de no presentarse con ninguna otra lista. “Ha cambiado de equipo para hacer presidente a Mas”, contestaba lacónica recientemente la líder de ICV Dolors Camats.

Varios militantes ecosocialistas recuerdan que alguno propuso comer atún rojo durante una semana para protestar por su deserción.

Nadie sufrió más con el cambio de chaqueta de Romeva que su otrora amigo íntimo Joan Herrera. “Romeva se ha equivocado y me siento dolido”, repetía el presidente de ICV hasta la saciedad. Ambos mantuvieron un vínculo muy fuerte dentro y fuera de la política: una estrecha amistad, un negocio en común que fundaron sus respectivas parejas (la librería El pati dels llibres de Sant Cugat) y una trayectoria que se separó en el momento más decisivo: estas elecciones.

Herrera, que ya dijo adiós a la librería tras separarse de su pareja, se despidió entonces de uno de sus mejores amigos. “No me ha llamado”, lamentó. “Me tuve que enterar de su marcha porque nuestro jefe de prensa nos avisó del texto que había colgado. Lo llamé por teléfono y no me lo cogió. No hemos quedado e imagino que tendrá que pasar un cierto tiempo”.

‘Castellers’ en Sant Cugat

La posición que ocupa ahora Romeva ha provocado que pocos quieran hablar. Los ecosocialistas porque siguen dolidos con su marcha. Sus nuevos socios, porque no quieren perjudicarle. Lo mismo que sus amigos ajenos a la política. Por ejemplo, Gausacs, el grupo de castellers de Sant Cugat de la que Romeva forma parte. “Aunque ahora no venga por aquí, sigue siendo uno de los nuestros”, es lo máximo que alcanza a decir la presidenta de la entidad, que declina amablemente hablar “para evitar malentendidos y no molestar a Raül”.

Romeva es miembro de la entidad casi por casualidad. Entró por primera vez en el Centre Excursionista de Sant Cugat (local de ensayo de Gausacs) porque su hija quiso apuntarse. “Necesitaba saber, como padre, dónde estaba metiendo a mi hija. A los pocos días me propusieron formar parte de la colla y estoy encantado”, recordaba Romeva en la entrevista a la televisión de Sant Cugat. “Una de las cosas de las que estoy más orgulloso es de haberme cosido yo mismo el escudo de la entidad en mi camisa”, explicó.

Captura de pantalla 2015-09-18 a las 18.29.16

Precisamente sus dos hijos (Elda y Noah) fueron los principales motivos que esgrimió para dejar Bruselas y volver a Sant Cugat, su lugar de residencia actual. Dejó de dar vueltas por el mundo después de haber residido en Montpellier, París, Sarajevo, Bruselas y Estrasburgo.

La vida se presumía tranquila después de la Eurocámara. Tal vez disfrutar de su familia y volver a hacer travesías a nado o carreras de barcos en Menorca, como cada verano. También descansar allí escuchando Antònia Font, uno de sus grupos favoritos. Uno de sus temas preferidos es “Calgary 88”, que habla de una pareja de patinadores sobre hielo que gana el oro en una final olímpica… representando a España.

O quizás empezar otro libro. Los cinco primeros (publicados entre 1997 y 2003) fueron ensayos sobre el conflicto de Bosnia. Durante su etapa como eurodiputado se atrevió con el género de ficción para llenar las horas muertas. Aquellas noches de soledad en Bruselas resultaron fructíferas: desde 2012 viene publicando un título por año. En 2012 vio la luz su primera novela: “Sayonara Sushi”. El título engaña. No transcurre en Japón sino en Malta y Sushi es el apodo de la protagonista, una reportera de TV3. El argumento tiene que ver con sus batallas en el Parlamento Europeo: dos inmigrantes subsaharianos, cuya patera se acaba de hundir, salvan la vida encaramándose a la jaula de un barco pesquero.

¿Qué pescaba el barco? Efectivamente: atún rojo.

Su segundo trabajo de ficción llegó en 2013. “Retorn a Shambala” aborda otra de las obsesiones de Romeva: los conflictos energéticos. Una central nuclear que se desintegra vertebra todo el relato. La protagonista, como en su primera obra, vuelve a ser una periodista (además de nadadora). En todas sus novelas ha optado por una protagonista femenina con muchos rasgos propios de su carácter.

En 2014, entregado ya a la causa soberanista, publicó un libro electrónico sobre el proceso independentista. Som i serem una nació europea (i una carpeta incómoda). Catalunya vista des d’Europa. Es su vuelta al ensayo y aborda el proceso soberanista visto desde el exterior.

El 7 de septiembre estaba prevista la presentación de su noveno libro: Ponts de cendra (Puentes de ceniza), que tiene un poco de los ocho anteriores. Se trata de una novela  que transcurre en Bosnia: una historia de amor que acontece durante la guerra de los Balcanes. La editorial ha optado por retrasar la fecha de salida para no entorpecer la campaña electoral.

Por ahora, el libro tendrá que esperar. El descanso, también. Su catalanismo ha llevado a Romeva a emprender su aventura definitiva. Ya no será deportista olímpico ni se embarcará en el Calypso de Jacques Cousteau. Pero aún puede convertirse en el artífice de la independencia de Cataluña.