¿Qué moneda adoptaría una Cataluña independiente? Los tres escenarios monetarios de la secesión

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Una de las cuestiones clave para una Cataluña independiente sería elegir cuál sería su moneda para intentar minimizar el impacto negativo de salir de la eurozona. De esta decisión dependerían los ahorros privados, el sistema bancario y los ciclos de crecimiento. Toda la economía dependerá de esta simple elección: ¿qué divisa elegir?

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Una de las cuestiones clave para una Cataluña independiente sería elegir cuál sería su moneda para intentar minimizar el impacto negativo que tendría salir de la eurozona. Aunque no lo parezca, la teoría monetaria pone a su alcance muchas posibilidades. De esta decisión dependerían los ahorros privados, la capacidad para devolver las deudas, la sostenibilidad del sistema bancario… En definitiva, toda la economía a merced de esta elección; ¿qué divisa elegir?

El euro, sea como sea

La opción preferida de los miembros de la lista soberanista es que Cataluña siga en el euro, pero ¿cómo es posible si sale de la Unión Europea? Hay dos opciones: quedarse en la moneda común con el beneplácito de las instituciones de la eurozona o bien adoptar la divisa de forma unilateral sin el respaldo de los socios. En el euro ya hay ejemplos de los dos grupos.

El primero son los estados que tienen firmado un acuerdo monetario con la eurozona por el que emplean el euro como su moneda oficial. Son cuatro países: Mónaco, San Marino, Ciudad del Vaticano y Andorra, que tienen potestad para emitir un pequeño número de monedas y billetes cada año que son de curso legal en toda la región. Todos ellos han estado vinculados históricamente a las divisas de países que entraron en el euro y no tenían una moneda propia. Mónaco empleaba el franco francés, San Marino y el Vaticano utilizaban la lira italiana y en Andorra circulaban de forma paralela la peseta y el franco.

El acuerdo monetario de cada uno de estos cuatro países con la eurozona no implica que sean estados miembros de pleno derecho del euro. En otras palabras, no tienen ni voz ni voto en los órganos de decisión de la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE), pero sí están amparados por las instituciones comunitarias.

Los expertos coinciden que ésta sería la mejor opción para Cataluña al menos durante los primeros meses, ya que serviría para minimizar el impacto negativo que tendría adoptar una nueva divisa. En este escenario, “sería posible que la independencia tuviera un impacto mínimo sobre el marco monetario y también sobre el bancario, que está íntimamente ligado a aquél”, explica Enrique Díaz-Álvarez, experto en divisas de Ebury. Para conseguirlo, el nuevo estado catalán tendría que contar con el beneplácito de la comunidad europea y la española. Pero, ¿quién puede garantizar este respaldo?

La alternativa para los líderes soberanistas si quieren quedarse en el euro sería adoptar la divisa de forma unilateral, sin el apoyo de las instituciones. Si elige este camino, seguiría los pasos de Kosovo y Montenegro, que también emplean la divisa común sin el visto bueno europeo. Ésta es una fórmula que han utilizado muchos países de Latinoamérica durante el siglo XX con el dólar en un proceso que se conoció como dolarización. De esta forma, Cataluña tendría la potestad para quedarse en el euro si así lo decidiese aunque no tendría el respaldo del resto de socios.

En cualquiera de los dos casos, el país perdería un poder cada vez más importante: el control de la política monetaria. El país tendría que renunciar a adoptar las medidas anticíclicas que tienen a su disposición los bancos centrales. De este modo, no podría aplicar estímulos monetarios para combatir las épocas de recesión o los riesgos de deflación ni medidas para frenar un sobrecalentamiento de la economía y la subida de los precios.

 REUTERS/Yves Herman
REUTERS/Yves Herman

La pérdida de la autoridad monetaria podría llevar a una situación paradójica en la que la región se enfrentase a una recesión económica con los tipos de interés altos y al alza. “El problema de no controlar la política monetaria es que genera desequilibrios internos muy extensos”, explica Manuel Hidalgo, profesor de macroeconomía de la Universidad Pablo de Olavide. “Sería un escenario similar al patrón oro de finales del siglo XIX, que generaba ciclos económicos mucho más pronunciados”.

Este escenario “desestabiliza mucho la economía de un país y el riesgo de sufrir continuas recaídas en recesión es muy elevado”, advierte Juan Ignacio Crespo, economista y escritor. Los bancos centrales modernos han conseguido limitar la profundidad de los ciclos económicos y así lo demuestran numerosos estudios, pero un país sin autoridad monetaria puede enfrentarse a una política que va justo en contra de su ciclo económico. A largo plazo, los problemas de este escenario podrían ser recurrentes.mapa

Los inconvenientes de adoptar el euro de forma unilateral van más lejos del sector público y se extienden al sector financiero, ya que las entidades con sede en Cataluña perderían el acceso a la financiación del BCE. Esto significa que no podrían acceder ni a las operaciones ordinarias (MRO, por sus siglas en inglés) ni a las megasubastas trimestrales de liquidez (TLTRO) ni a la liquidez de emergencia del ELA. Este último programa fue el que se hizo muy famoso durante la primavera, ya que sirvió para mantener con vida a la banca griega durante seis meses: desde la victoria de Syriza en las elecciones del 25 de enero hasta que declaró el referéndum. En ese momento, el BCE decidió congelar el ELA y automáticamente Grecia se vio obligada a imponer el corralito.

Las principales entidades con sede en Cataluña ya han advertido de todos los riesgos que se enfrentaría la comunidad autónoma en el caso que declarase unilateralmente la independencia y saliese del euro. No sólo el flujo de crédito estaría en juego sino también los depósitos. ¿Podría evitar Cataluña un control de capitales?

Imprimir una nueva divisa

El segundo escenario para Cataluña es emitir su propia divisa. ¿Tal vez la peseta catalana? El nombre no sería extraño para la región, ya que la moneda nació en La Seca de Barcelona, la casa de la moneda catalana, durante la Guerra de la Independencia en el siglo XIX. Pero el nombre no es lo importante. Lo verdaderamente relevante es cómo conseguiría el banco central del nuevo estado proteger su divisa. En otras palabras: ¿cómo evitar un desplome histórico de la moneda?

Los expertos no quieren poner cifras porque la situación es inédita e imprevisible. “La depreciación sería masiva, no menos de un 40% para empezar”, indica Díaz-Álvarez. Cataluña tendría que convencer a los mercados de que su divisa tiene un valor para evitar una fuga masiva de capitales y la descapitalización de sus bancos. Al mismo tiempo, el banco central necesitaría conseguir capital que respaldase esa divisa que está emitiendo, ya que Cataluña no tiene reservas internacionales y tampoco oro.

La opción que se planteó en Grecia durante la primavera ante la posibilidad de una salida del euro fue que la autoridad monetaria incautase un 30% de los depósitos para generar capital propio. Pocas alternativas tendría el nuevo banco central catalán.

A partir de aquí, los problemas teóricos se adentran en el terreno de la especulación, por lo que es imposible determinar qué podría ocurrir. Lo que sí está claro es que un fuerte descenso de la nueva divisa provocaría un fuerte avance de la inflación ya que todos los productos importados se apreciarían de forma proporcional.

El problema más grave es el petróleo, ya que la materia prima afecta a toda la economía a través de los precios energéticos y del transporte. El banco central se vería obligado a aplicar una política monetaria restrictiva, con unos tipos de interés altos, para atraer capitales y frenar el avance de la inflación. Pero con ello provocaría un deterioro mayor de la actividad económica. Brasil, por ejemplo, se ha visto obligado a subir el precio del dinero hasta el 14,25% los tipos de interés para frenar la inflación y la depreciación de su divisa.

Todos estos problemas parecen menores ante el gran desafío al que se enfrentaría Cataluña: su deuda en euros. El último dato del Banco de España del cierre del segundo trimestre del año sitúa el pasivo de la comunidad en 66.813 millones de euros. De toda esta deuda directa, el 56% está financiada a través del Fondo de Liquidez Autonómica, ya que los tipos que exige el mercado eran insostenibles para la región. A esta cifra habría que añadir la parte de la deuda de la administración central del Estado que le correspondiese a la región, ya fuese por PIB, población o cualquier otro criterio. ¿Cómo conseguiría refinanciar toda esta deuda que, además, está denominada en euros? Una opción es cambiar la divisa y devolver la duda en la nueva divisa. Pero desde el punto de vista legal no es sencillo, ya que necesitaría un acuerdo mayoritario con sus acreedores. ¿Firmarían recibir sus deudas en pesetas catalanas?

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La ‘tercera vía’: una doble divisa

El hipotético Estado catalán independiente podría optar por una vía intermedia: mantener el euro y emitir una moneda paralela. Para lograr un sistema viable, las autoridades tendrían que superar los problemas que enunció en el siglo XVI el comerciante y financiero Sir Thomas Gresham en una ley que lleva su nombre. Según esta máxima, el mercado siempre trata de atesorar la moneda buena y deshacerse de la mala. En otras palabras, “los euros desaparecerían de la circulación y se generaría un gran problema de liquidez”, explica Hidalgo.

Para evitar este escenario, las autoridades tendrían que restringir mucho el uso de euros y obligar a los ciudadanos a emplear la moneda catalana tanto para sus operaciones cotidianas, como para sus ahorros. “Los sistemas en los que se ha implantado este tipo de sistema prohíben las cuentas corrientes denominadas en la moneda fuerte”, explica Javier Santacruz, profesor del IEB. “De este modo, el euro serviría para atender el servicio de la deuda y la inversión extranjera”.

En este escenario de dos monedas paralelas, las autoridades del nuevo estado tendrían que fijar un tipo de cambio fijo (o con cierta fluctuación) entre las dos divisas, pero no podrían permitir la libre circulación de capitales. En otras palabras, para cambiar la divisa catalana por cualquier otra moneda sería necesario pedir autorización al banco central y cumplir los requisitos que éste imponga.deuda_habitante

El problema para todos los estados que vinculan su tipo de cambio a otra divisa es la dificultad para proteger el nivel marcado ante las fuerzas del mercado. Doblegar sus vaivenes no es sencillo y hay ejemplos de grandes bancos centrales que han sucumbido. El caso más famoso fue el ataque de George Soros a la libra, con el que consiguió doblegar al Banco de Inglaterra en septiembre de 1992.

Argentina también tiene un mal recuerdo de sus luchas contra el mercado con la Ley de Convertibilidad del año 1991 por la que establecía un tipo de cambio de uno a uno entre el peso y el dólar. Buenos Aires luchó por defender esta paridad, lo que provocó una gran fuga de pesos a dólares que tuvo que soportar el Banco Central de la República Argentina, lo que provocó que sus reservas se vaciaran. Esta política cambiaria saltó por los aires 11 años después en 2001 y fue una de las causas del corralito argentino.

Hay ejemplos más recientes de la aplicación de un tipo de cambio controlado. Suiza reconoció en enero que era incapaz de mantener un techo de su divisa contra el euro después de pasarse tres años y medio defendiendo el nivel de los 1,20 francos por euro. Los mercados atacaron también a Dinamarca, pero el país los detuvo en colaboración con el BCE ya que es el único país que no está en el euro pero sí dentro del Mecanismo de Tipos de Cambio.

Estos casos vienen a demostrar la dificultad que tiene un país para defender un tipo de cambio fijo contra una moneda fuerte y los desequilibrios que se generan cuando ese tipo de cambio salta por los aires. “La solución puede ser adoptar un tipo de cambio que esté devaluado para así no tener que luchar por defender el nivel de la divisa, aunque esto implicaría una fuerte depreciación de la divisa”, indica Santacruz.

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El ‘corralet’ de Linde: 10 claves para saber si debes temer al corralito… o al gobernador

El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, ha encendido una peligrosa mecha, la del temor a un corralito en Cataluña. El máximo responsable de mantener la confianza en el sistema financiero despierta dudas que pueden convertirse en una profecía autocumplida. EL ESPAÑOL despeja las principales incógnitas que rodean a un control de capitales.

El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, ha encendido una peligrosa mecha: la del temor a un corralito en Cataluña. El máximo responsable de mantener la confianza en el sistema financiero despierta dudas que pueden convertirse en una profecía autocumplida. EL ESPAÑOL despeja las principales incógnitas que rodean a cualquier control de capitales.

¿Qué es un corralito?

Un ciudadano ingresa 100 euros en un banco. Según la normativa, la entidad sólo tiene que conservar el 1% de esa suma y puede invertir el resto (prestándolo, por ejemplo). Imaginemos que alguien acude a ese banco a pedir un préstamo de 99 euros y los usa para comprarse una cámara de fotos. El vendedor de la cámara ingresa en el mismo banco los 99 euros que recibe. En ese momento, el total de depósitos del banco son 199 euros. Se ha creado dinero bancario a través del crédito. Si el primer ciudadano y el vendedor de cámaras intentan retirar su dinero al mismo tiempo, el banco no tiene dinero suficiente para devolvérselo y no lo tendrá hasta que recupere lo prestado. Hasta entonces tendrá que establecer un límite a la retirada de dinero. Es decir, un corralito.

Este escenario surge cuando se pone límite a la retirada de depósitos de una entidad financiera. Un corralito no significa que el banco no sea solvente ni mucho menos que esté quebrado. La decisión de establecer esa restricción se toma cuando la entidad no tiene liquidez por el intento de retirada masiva de depósitos (lo que en inglés se conoce como bank run). Sin corralito, la falta de liquidez derivaría rápidamente en un problema de solvencia e incluso en la quiebra de la entidad (eso es lo que ocurrió con Banco Madrid). Si un corralito se prolonga en el tiempo, tampoco logra su fin.

¿Quién inventó la palabra corralito y dónde?

El término corralito referido a la banca lo usó por primera vez en 2001 el periodista argentino experto en finanzas Antonio Laje. En su análisis en el programa Después de hora, Laje usó la palabra corralito como símil de lo que estaba ocurriendo con la restricción de retirada de depósitos de los bancos argentinos. Hasta ese momento la palabra corralito sólo servía en Argentina para referirse al sitio con suelo acolchado y protegido por una malla en el que juegan los niños. Un lugar que los mantiene protegidos de los riesgos del exterior.

¿Qué causas originan un corralito?

Los desencadenantes pueden ser múltiples, incluido por ejemplo que un gobernador de un banco central advierta del riesgo de un corralito, pero la causa sólo es una: la pérdida de confianza de los depositantes. Esa falta de confianza puede ser en un banco en concreto o en el peor de los casos en todo el sistema financiero. Para reforzar ese componente psicológico se han creado colchones frente a problemas puntuales de liquidez. El principal es el Fondo de Garantía de Depósitos.

¿Qué es el Fondo de Garantía de Depósitos?

El Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) es una entidad jurídica independiente cuyo capital se crea mediante las aportaciones de las entidades financieras. Su principal objeto es garantizar los depósitos de los clientes (en dinero, valores y otros instrumentos financieros) hasta un límite de 100.000 euros por persona y entidad bancaria. No es su única función. El FGD también tiene entre sus finalidades rescatar a las entidades en dificultades.

La principal limitación del FGD es que nunca podría responder a una fuga masiva de depósitos. Ni siquiera cuando estuvo en sus mejores tiempos.

Ahora la situación es peor. A raíz de la crisis financiera, el FGD se encuentra infradotado y en reconstrucción. Después de intervenir Caja Castilla-La Mancha, Caja de Ahorros del Mediterráneo y Unnim, el Estado ofreció a los compradores (Liberbank, Sabadell y BBVA, respectivamente) una serie de garantías en caso de que determinados activos acabaran dando pérdidas y las cargó a cuenta del FGD.

Esas garantías suman unos 8.500 millones de euros que deberán abonarse a estas entidades. Para restaurar la suficiencia patrimonial del Fondo, además de la dotación anual ordinaria de las entidades, en julio de 2012 se aprobó un pago extra de 2.346 millones de euros. Los bancos pagarán la cifra en 10 cuotas anuales de las que por ahora se han abonado tres.

La otra limitación del FGD español es que, aunque su normativa está homogeneizada a nivel europeo, responde de los depósitos de las entidades con licencia bancaria española. Es decir, cubre por ejemplo los depósitos de Deutsche Bank porque la filial en España del grupo alemán tiene ficha española, pero no los de ING, que tiene ficha holandesa y que están cubiertos por el Fondo de Garantía de Depósitos holandés. Si una entidad pierde su ficha española, pierde el respaldo del FGD.

¿Qué efectos pueden tener las palabras de Linde?

El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, alertó este lunes de que existe “riesgo” de corralito en Cataluña si la comunidad autónoma declara su independencia. Aunque matizó que este escenario “es un futurible altamente improbable”, dejó claro que el control de capitales sería una posibilidad real. Por el momento, estas palabras sólo han servido para calentar más el debate soberanista, pero su impacto podría ser mucho mayor si afectan a la confianza de los ahorradores.

Lejos de tranquilizar a los depositantes, Linde contribuye a generar más nerviosismo. En un escenario de incertidumbre como el actual, cualquier noticia puede ser el detonante de la pérdida de confianza y puede precipitar una retirada masiva de depósitos. Esto es importante porque el desencadenante no tiene que ser necesariamente la declaración de secesión. El sistema financiero español podría sufrir una fuga de capitales incluso sin independencia.

¿Dijo algo similar el gobernador del Banco de Inglaterra antes del referéndum de Escocia?

El presidente del Banco de Inglaterra, Mark Carney, vivió una situación más estresante que la de su homólogo Linde durante la campaña del referéndum escocés, pero en ningún momento llegó a alertar del riesgo de un corralito en la región. De hecho, su discurso se dirigió en todo momento a tranquilizar a los ahorradores y a las empresas a medida que se aproximaba la consulta.

En aquellos días, muchas compañías anunciaron que moverían su sede al Reino Unido si los independentistas ganaban el referéndum. Carney anunció que el Banco de Inglaterra estaba elaborando un “plan de contingencia” para evitar una posible fuga masiva de capitales. Además subrayó que la entidad monetaria también cumpliría con su responsabilidad de mantener la estabilidad financiera en todo el Reino Unido: “Seguiremos cumpliendo con esas responsabilidades decididas democráticamente por el Parlamento hasta que cambien”, sentenció.

¿Qué puede hacer el BCE?

Los bancos centrales tienen en su mano el poder del control de la base monetaria para frenar un corralito. Cuando una entidad necesita liquidez y no puede captarla en el mercado, puede acudir al BCE para conseguir efectivo. El proceso es sencillo: la institución monetaria habilita liquidez (ordinaria o de emergencia) a los bancos para que puedan atender a la salida de depósitos y transmitir confianza a los ahorradores. Esta herramienta de emergencia es el famoso ELA (Emergency Liquidity Assistance) con el que el BCE mantuvo con vida a los bancos griegos durante la primavera y con el que precipitó el corralito cuando decidió congelarla unos meses después.

Un banco central puede luchar contra un corralito, pero no puede evitarlo. Ante una fuga masiva de depósitos, la entidad central no podrá conceder liquidez ilimitada y eso derivará al final en controles de capital.

La experiencia de Grecia deja otra enseñanza importante: sin el apoyo del Banco Central Europeo, cualquier sistema financiero y cualquier entidad están abocados al corralito. ¿Qué significa esto? Que si el BCE cierra el grifo de la liquidez, las entidades no pueden responder a todas sus obligaciones y tienen que imponer restricciones de capital.

Esto fue lo que ocurrió en Grecia en febrero. Ni siquiera habían pasado dos semanas desde la primera victoria de Syriza y el BCE decidió dejar de aceptar los colaterales de deuda griega en sus operaciones de financiación. En otras palabras: decidió cortar los canales ordinarios por los que las entidades consiguen liquidez y de la noche a la mañana la banca helena se quedó sin efectivo. Por si fuera poco, la noticia acabó con toda la confianza de los ahorradores griegos, que cudieron a retirar su dinero, lo que complicó más la situación.

Este escenario podría ocurrir en cualquier país de Europa y en cualquier entidad. Si el BCE corta la financiación, ese sector financiero queda estigmatizado. Esto provoca dos situaciones paralelas que se retroalimentan. Por un lado, una fuga de depósitos. Por otro, una expulsión de estos bancos de los mercados para captar liquidez.

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¿Habría un corralito en una Cataluña independiente?

En una Cataluña independiente fuera del euro sería probable que ocurriese un corralito. De hecho, sería el escenario base porque las entidades que mantuvieran su sede en el nuevo Estado catalán perderían el acceso a la financiación del BCE y todo el escenario del corralito se precipitaría.

Pero éste no es el peor escenario posible para los ahorradores catalanes. Aquí es donde entra otro concepto acuñado también en Argentina: el corralón. Esta situación ocurre cuando las autoridades de un país cambian los depósitos en una divisa por otra distinta y lo hacen de forma unilateral, lo que deja estos ahorros a merced de la depreciación de la nueva divisa. En este caso los depósitos en euros se cambiarían a la nueva moneda catalana y sufrirían por el camino el impacto de la caída.

Es importante recordar que el temido escenario de corralito no es exclusivo de una Cataluña independiente sino que podría ocurrir en cualquier momento. Los ahorradores pueden perder la confianza en la seguridad de su dinero ante cualquier noticia y acudir en masa a retirar sus depósitos. En un contexto de incertidumbre, cualquier noticia desafortunada puede prender la mecha.

¿Qué podrían hacer los líderes de una Cataluña independiente para evitarlo?

Si Cataluña declarara la independencia, la mejor forma para evitar un corralito sería negociar con sus socios europeos y acordar todos sus pasos, sin tomar decisiones unilaterales. De esta forma conseguiría evitar el pánico de los ahorradores y los mercados.

Una Cataluña independiente y fuera del euro y de la Unión Europea podría conservar el euro como moneda oficial y seguir bajo la tutela del BCE. ¿Esto es posible? Sí. Andorra, San Marino, El Vaticano y Mónaco tienen un acuerdo por el cual emplean el euro como su moneda oficial y pueden emitir un número reducido de monedas al año. Alguno (por ejemplo Mónaco) se encuentra bajo el paraguas regulatorio y de supervisión del BCE. Sin duda alguna, este escenario sería el mejor para evitar un corralito en una Cataluña independiente.

¿Qué corralitos se han producido en la Historia?

Argentina guarda un lugar especial en la memoria de los corralitos de la historia reciente. No sólo por haber rebautizado el fenómeno sino por la pobreza que generó y la violencia que se desató en el país el sábado 1 de diciembre de 2001, cuando el ministro de Economía argentino Domingo Cavallo anunció el establecimiento de restricciones a la retirada de depósitos desde el lunes siguiente.

¿Qué ocurre cuando los depósitos pasan a estar denominados en una moneda diferente a aquélla en que se ingresó el dinero? Es decir, ¿qué ocurre cuando se desencadena un corralón? Después de casi 11 años de paridad del peso con el dólar, Argentina decretó la pesificación asimétrica de los depósitos. Es decir, los saldos de las cuentas bancarias pasaron a estar denominados en pesos al cambio establecido por el Gobierno y ligado a la fluctuación. Las deudas contraídas en dólares, sin embargo, se siguieron debiendo en dólares.

El caso del corralito de Chipre es relevante porque Europa no pudo ser más torpe. La banca chipriota tenía un gravísimo problema de depósitos altamente remunerados para alimentar el crédito. Muchos procedían de dudosas fuentes foráneas. Europa aprobó una quita que afectaba a los ahorradores más modestos. De esta forma habría desprotegido a aquellos ahorradores con saldos por debajo de 100.000 euros. Una medida que no sólo iba en contra de la normativa bancaria comunitaria sino que provocó un pánico que derivó en corralito.

El experimento nunca se aplicó pero de no ser por el BCE y su línea de liquidez de emergencia el asunto podría haber pasado a mayores. La crisis dejó una curiosidad: el bitcoin, la criptomoneda nacida en Internet al margen de las autoridades monetarias, marcó un récord histórico de revalorización en aquellos días por la fuga de dinero de Chipre.

A la UE le da igual quién gane las elecciones en Grecia

sipaSea quien sea el vencedor, la política económica no podrá cambiar. Cualquier nuevo gobierno en Grecia tendrá que aplicar sí o sí los ajustes y reformas comprometidos a cambio del tercer rescate “No habrá una gran renegociación política del rescate”, avisa el Eurogrupo, aunque unos resultados muy fracturados retrasarían y aumentarían su coste.

sipaEsta vez, a la Unión Europea le resulta indiferente quién gane las elecciones del domingo en Grecia. Sea quien sea el vencedor, la política económica no podrá cambiar. Cualquier nuevo gobierno tendrá que aplicar sí o sí los ajustes y reformas comprometidos a cambio del tercer rescate de 86.000 millones de euros que se aprobó en agosto, según la consigna que se repite en Bruselas.

A diferencia del nerviosismo y los sobresaltos de las últimas dos elecciones griegas y del referéndum de julio, los líderes europeos afrontan con tranquilidad esta nueva convocatoria electoral. Los principales partidos con opciones de entrar en el Gobierno apoyaron en el Parlamento heleno el tercer rescate. Un rescate que negoció y firmó el ex primer ministro y líder de Syriza Alexis Tsipras, que acabó capitulando a las exigencias de la UE pese a haber ganado las elecciones de enero con un programa antiausteridad y que exigía el fin de la troika.

“Querría que el programa [de rescate] que hemos acordado sea respetado por cualquier gobierno griego. El de antes, el de ahora y el próximo”, dijo el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, en su reciente discurso sobre el estado de la Unión ante la Eurocámara. El luxemburgués lanzó un aviso contra cualquier tentación de cuestionar los recortes. “Si esta vez las reglas acordadas en común no se respetan, la reacción de la UE y de la eurozona será diferente”, apuntó en una velada referencia a una posible salida de Grecia del euro, que Alemania ya puso sobre la mesa en las negociaciones de julio.

Por su parte, el presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, ha admitido que “la situación política en Grecia no está clara porque hay unas elecciones y hay que esperar al resultado”. “La única garantía que tenemos, y creo que es muy importante, es que el programa fue acordado por una vasta mayoría en Parlamento griego. Eso nos da confianza, sea cual sea el resultado”, dijo Dijsselbloem tras la última reunión de ministros de Economía de la eurozona celebrada el pasado fin de semana en Luxemburgo, en la que se abordó la situación griega.

“No habrá una gran renegociación política del programa. No creo que sea posible ni necesario”, aseguró el presidente del Eurogrupo. Sí que hay margen para ajustar el contenido de reformas concretas que no están detalladas en el rescate, por ejemplo la laboral, según el ejemplo que puso Dijssebloem. También el ministro de Economía español, Luis de Guindos, ha resaltado que la UE no aceptará “ningún tipo de modificación” en las condiciones exigidas a cambio del tercer rescate.  “El programa es el programa, independientemente del color político del Gobierno”, afirma.

Temor a resultados muy fracturados

Lo que más preocupa en Bruselas es un resultado poco claro que dificulte la formación de gobierno o incluso obligue a repetir los comicios, como ya ocurrió en 2012, y vuelva a retrasar las reformas y aumentar el coste del rescate. La Comisión Europea ha seguido trabajando con el Gobierno en funciones en la puesta en marcha de las medidas que ya aprobó el Parlamento heleno y ya ha elaborado una lista de deberes urgentes para septiembre y octubre, que incluye:

●      aprobar el presupuesto de 2016

●      completar la reforma de las pensiones

●      poner en marcha una administración tributaria independiente

●      recapitalizar la banca, muy dañada por la fuga de depósitos y el corralito.

El Banco Central Europeo (BCE) está realizando tests de estrés a los cuatro principales bancos helenos y publicará las necesidades de capital a finales de octubre. El fondo de rescate (MEDE) ha reservado ya 10.000 millones de euros para los bancos y el programa contempla otros 15.000 millones si fueran necesarios. La recapitalización “se hará lo antes posible por la simple razón de que la recuperación económica empieza a menudo, también en el caso de Grecia, con la recuperación de los bancos”, ha dicho Dijsselbloem.

También está en juego un posible alivio de la deuda griega, que podría negociarse a partir de octubre, y que sigue chocando con la resistencia de Alemania. Pero ahora es más probable que nunca que haya un acuerdo porque el Fondo Monetario Internacional pide una reestructuración de la deuda como condición previa para participar en el tercer rescate.

“Creo que la implicación del FMI es una necesidad para los Estados miembros y para Grecia. Soy bastante optimista”, ha dicho el comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici. El Eurogrupo ha acordado que no aceptará una quita en el valor nominal de la deuda helena, es decir, que no se perdonará a Atenas parte de lo que debe. Así que las alternativas son ampliar el periodo en el que Grecia no tenga que pagar nada, alargar los plazos de devolución y reducir los tipos de interés.

Economía feliz y ‘carpe diem’, la estrategia presidencial hasta las elecciones

Según el jefe del Ejecutivo “no habrá desacelaración económica”, el empleo “va a ir bien en los próximos meses” y la economía puede “aguantar mucho mejor las tarascadas que vienen de fuera”. El mantra de Rajoy se repite una y otra vez pese a las recientes advertencias de Luis María Linde.

Mariano Rajoy besa a Angela Merkel. (EFE)
Mariano Rajoy besa a Angela Merkel. (EFE)

No ve los nubarrones que se ciernen sobre la economía española. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se aferra a la receta del ‘carpe diem’ económico para relanzar su estrategia electoral antes del 27-S catalán y el “probable 20 de diciembre” en que se celebrará las elecciones generales. Eufórico tras su reciente visita a Angela Merkel en Alemania, el presidente ha concedido su primera entrevista en el reinicio del curso político a la cadena Cope.

Según el jefe del Ejecutivo “no habrá desaceleración económica”, el empleo “va a ir bien en los próximos meses” y la economía puede “aguantar mucho mejor las tarascadas que vienen de fuera”. El mantra de Rajoy se repite una y otra vez pese a las recientes advertencias de la máxima autoridad en la materia, Luis María Linde, que advirtió en el Congreso de lo vulnerable del feliz cuadro económico que está pintando el presidente. 

“Vivimos una situación bastante excepcional (…) Esta combinación, que se ha dado sólo en periodos muy cortos en nuestra historia económica de las últimas décadas, no garantiza, obviamente, por sí misma, su continuidad”, dijo Linde en una comparecencia a la que pocos dieron rango de advertencia, pero lo era y de grado serio. Este mismo jueves, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, ha rebajado cualquier atisbo de optimismo económico en Europa por las turbulencias que se han desatado en los mercados globales.

Pero el Gobierno juega con el calendario y con los datos pasados, especialmente, los que se han registrado hasta junio. Fue en esas fechas cuando se encendió el colapso financiero en Grecia y pinchó la burbuja bursátil en China. Ha sido desde entonces cuando se han levantado las voces de alarma para persuadir a la Fed de EEUU para que no empeore las cosas y aplace su prometida subida de tipos de interés. En dos meses el horizonte soleado ha dejado paso a los vientos y nubes de tormenta en las principales economías emergentes.

Los datos que maneja el presidente

Una tras otro, los datos pasados que van llegando a Moncloa apoyan las tesis de la recuperación económica. El mercado de la vivienda, todavía una de las grandes despensas patrimoniales de los españoles, registra caídas interanuales de apenas el 1%, según Tinsa, y vislumbra un periodo de estabilización desde hace meses. Para muestra el PIB, que crece a ritmo del 3,3% interanual hasta junio y no parece que vaya a frenar su crecimiento en su comparativa respecto a la producción de 2014. El paro se reduce a razón de 500.000 empleos creados y la confianza del consumidor se sitúa en máximos desde 2009. Incluso Alemania felicita a España, según el mensaje que se trae de Berlín el presidente.

Todo suma para Rajoy, salvo las expectativas de una crisis financiera que se ha contagiado a la mayoría de países emergentes, entre ellos, algunos como Brasil en los que tienen su primer mercado multinacionales de la talla de Santander o Telefónica. Lo que el responsable del gobierno llama “tarascada del exterior”, en otro tiempo fue infravalorado por su antecesor Zapatero. También se creyó invulnerable a la crisis internacional -y le duró meses el autoengaño en 2008-, mientras manejaba los datos alcistas del sector financiero, la recaudación tributaria o la buena marcha de la demanda interna.

La foto económica seguirá fuerte en diciembre porque los principales indicadores se habrán fraguado en verano (tercer trimestre), récord para el turismo y la entrada de divisas en España; de abaratamiento de los costes energéticos y de la creación de empleo estacional. Seguirá, por tanto, el argumentario de la economía feliz hasta la Navidad electoral. Después, las urnas dirán.

El tercer órdago de Tsipras

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Para Tsipras es la tercera arriesgada apuesta del año. Las otras dos -las elecciones del 25 de enero y el polémico referéndum del 5 de julio sobre el acuerdo que negociaba en Bruselas- las ganó aunque el resultado no fuera el prometido.

Gráficos: Kiko Llaneras

Alexis Tsipras no ha esperado ni un día. Había dicho que daría nuevos pasos políticos una vez que estuviera cerrado el acuerdo del tercer rescate y que llegara el dinero para cumplir con el pago de 3.200 millones al BCE y así lo ha hecho.

El primer ministro griego ha dimitido este jueves abriendo la puerta a las segundas elecciones generales en Grecia en menos de un año, las cuartas desde 2012. “Les pido que me den una respuesta ante este anuncio. Que me enseñen el camino para gobernar este país”, dijo Tsipras en un discurso en la televisión pública. En el eterno retorno en el que se ha convertido la infinita saga griega, que empezó hace más de un lustro, los griegos volverán a votar bajo la mirada de los acreedores internacionales, más exigentes que nunca tras la agotadora aprobación del nuevo rescate.

Para Tsipras es la tercera arriesgada apuesta del año. Las otras dos -las elecciones del 25 de enero y el polémico referéndum del 5 de julio sobre el acuerdo que negociaba en Bruselas- las ganó aunque el resultado no fuera el prometido. En la primera se quedó a un paso de la mayoría absoluta y eligió un partido casi antitético -los nacionalistas Griegos Independientes (ANEL)- como socio de gobierno. En la segunda, pidió y obtuvo el respaldo de más del 61% de los votantes para rechazar un acuerdo definido como inaceptable para acabar firmando poco después un pacto aún más duro.

¿Por qué ahora?

Que Grecia se enfrentaba a la posibilidad de nuevas elecciones en otoño quedó claro tras la aprobación el 12 de agosto del tercer rescate en el Parlamento. Allí se escenificó la primera gran fractura de Syriza: 44 diputados de la formación, liderados por el ya ex ministro Panagiotis Lafazanis, líder de la Plataforma de Izquierdas, rechazaron respaldar el acuerdo, que salió aprobado con los votos de la oposición. El Gobierno se quedó sin mayoría e incluso por debajo de los 120 votos, el mínimo necesario para sobrevivir a una moción de censura. Esta última fue la primera opción que se barajó para volver a cerrar filas. Pero al final el primer ministro ha preferido tirar por la calle de enmedio. Y la razón tiene que ver precisamente con la dificultad de evitar una escisión en su partido y a la vez el desgaste de tener que aprobar durante meses todas las medidas previstas por el nuevo memorándum con los votos de la oposición.

La dimisión le evita a Tsipras el trance de un nuevo debate parlamentario tras los duros intercambios mantenidos con los diputados de su misma bancada en la votación del 12 de agosto y le quita la posibilidad de atacarle públicamente a Lafazanis, que se dispone a formar un nuevo partido a la izquierda de Syriza. Así lo cree Dimitris Sotiropoulos, profesor asociado de Ciencia Política de la Universidad de Atenas: “Tsipras, cuyo principal objetivo es ahora mantener unido el partido, evita que se reproduzca la imagen de la ruptura en el Parlamento y podrá construir su lista electoral, depurada de los diputados rebeldes”.

¿Qué significa para el país?

La otra razón del timing elegido por el primer ministro es, según Sotiropoulos, que esperar más hubiera significado llegar a las urnas cuando los ciudadanos empezarán a experimentar los primeros efectos de las primeras medidas aprobadas por el nuevo rescate o tras la puesta en marcha de otra de las peticiones más difícil de digerir para su electorado: la reforma de las pensiones prevista para el otoño.

De hecho, la aplicación de los requerimientos del nuevo memorándum se verá afectada por el inevitable retraso que acarreará el nuevo periodo electoral. En octubre se producirá la primera revisión del rescate. “La convocatoria de elecciones significa que el país se quedará parado durante más de un mes. Eso retrasará la recuperación de la actividad económica y la posibilidad de atraer de nuevo a los inversores”, dice Sotiropoulos a EL ESPAÑOL.

¿Qué escenario político se abre?

Los sondeos de intención de voto auguran una nueva victoria de Syriza y un amplio respaldo al primer ministro, pero se antoja difícil que el partido logre la mayoría absoluta que ya se le escapó en las elecciones de enero. Esta vez el voto se podría centrar aún más en la persona de Tsipras, protagonista absoluto del escenario político griego en los últimos meses.

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“La mayoría absoluta no es imposible pero es muy difícil, sostiene Wolfango Piccoli, director de la consultora de análisis de riesgo político Teneo Intelligence. “Sobre todo si tenemos en cuenta que el nuevo partido que surja de la escisión de Syria podría llegar hasta un 3-5% de los votos. Luego está por ver cómo reaccionarán sectores como los pensionistas, que apoyaron a Tsipras en enero”.

Si Syriza vuelve a quedarse sin mayoría, las elecciones dirimirán si al final cumple su giro hacia el centro y hacia su transformación en un nuevo Pasok según Piccoli: “Dependerá del socio que elija: si vuelve a pactar con ANEL o se dirige hacia el centrista To Potami”. Justo el mismo dilema que se planteó después del voto del 25 de enero.

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La ventaja con la que puede contar ahora Tsipras es que el resto de la oposición está muy desgastada. Sobre todo por el resultado del referéndum de julio, en el que los conservadores de Nueva Democracia (ND) y los socialistas del Pasok pidieron el voto para el . ND sigue sin haber elegido un nuevo líder tras la salida de Samarás. “Era el mejor momento para Tsipras”, sentencia Sotiropoulos. “Pero el peor para el resto de los partidos y para el país”.

(Foto: ALKIS KONSTANTINIDIS / REUTERS)

Sr. Sánchez, cinco dudas sobre si Europa quiere más Europa

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El Partido Socialista aprovechó este martes el debate sobre Grecia para presentar una propuesta de resolución ante la Mesa del Congreso que pretende un cambio de calado en la estructura de la Unión Europea y se resume en una frase: “Más Europa pero también otra Europa”. Bajemos a la tierra, ¿son factibles estas propuestas?

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El Pisuerga pasó ayer por el Congreso de los Diputados en el pleno dedicado a debatir el tercer rescate a Grecia, un acuerdo que implica avalar a escote otros más de 86.000 millones de euros en préstamos a la nación helena (10.000 millones por parte de España) que irán a recapitalizar su banca y cubrir las necesidades de financiación del Gobierno de Alexis Tsipras. El Partido Socialista aprovechó el encuentro para presentar una propuesta de resolución ante la Mesa del Congreso, tal y como había avanzado El País, que pretende un cambio de calado en la estructura de la Unión Europea y se resume en una frase: “Más Europa pero también otra Europa”. La formación que lidera Pedro Sánchez se quiere así colocar en línea con el movimiento liderado por François Hollande desde Francia y Matteo Renzi desde Italia en busca de recuperar el espacio perdido por la socialdemocracia durante la crisis con un cambio de política a nivel europeo.

Bajando a los puntos concretos de la propuesta de los socialistas españoles, ¿son factibles? ¿Quiere Europa una mayor unión? Hace tiempo que todos parecen de acuerdo en que el proyecto común no tiene mucho más tiempo ni hueco para más parches para solucionar los problemas con los que nació su estructura pero aquí van cinco puntos que los socialistas deberían tener en cuenta para hacer una proposición realista que no suene a grandes titulares de etapa electoral.

1. Igualar los impuestos a las empresas: la bicha

Dice el documento socialista:

La fragmentación tributaria en la Unión Europea constituye una fuente permanente de fraude y elusión fiscal (…) y provocan la percepción ciudadana de que el esfuerzo fiscal y tributario en los diferentes Estados no es homogéneo (…). Es necesario avanzar hacia la armonización del tipo mínimo del impuesto de sociedades.

Armonizar el Impuesto de Sociedades en Europa, es decir, poner un impuesto mínimo igual en todos los países que se cobre a las empresas por su beneficio, es el ejemplo de libro a la hora de hablar de intereses divergentes de los miembros de la Unión Europea. Es la línea roja que se atrevió a trazar Irlanda, con amenaza incluida de salirse del euro, cuando negociaba las condiciones de su rescate. Aceptaba básicamente todo menos que le tocasen su flamante impuesto del 12,5% que atrae a tanta multinacional (en España está actualmente al 28%). Como además tenía el respaldo del Reino Unido, el impuesto irlandés no se tocó.

Si un país con la espada de Damocles de un rescate puede plantear semejante pulso y ganarlo, quién puede albergar esperanzas de una armonización máxime cuando los impuestos directos (y el de sociedades está entre ellos) exigen unanimidad de los Estados para su modificación. Ese sueño tiene además una larga historia.

Como recuerda Francisco de la Torre, inspector de Hacienda y responsable del programa fiscal de Ciudadanos, “Europa no ha sido capaz en casi 15 años de ponerse de acuerdo ni siquiera en una propuesta de base imponible armonizada común”. Es decir, no ha logrado aprobar ni qué se considera beneficio empresarial tributable y cómo se define el reparto de impuestos entre países cuando una misma empresa opera en varios Estados miembros (propuesta de Directiva de armonización de la base consolidada común, o BICCIS, a cuya aprobación también hace referencia el documento socialista).

Como explicó De la Torre ante el Comité Económico y Social Europeo en 2014, al que acudió en calidad de experto, “lo que hay que hacer son planteamientos de mínimos, como establecer normas comunes contra los paraísos fiscales, es decir, lograr que al menos el dinero se quede en Europa”.

Y hay que reconocer que se está avanzando en frenar la competencia desleal entre Estados pero por otra vía que no es la armonización y gracias a un motivo claro: la presión, tanto de la opinión pública como de EEUU. Para empezar, la Comisión Europea la preside hoy Jean Claude Juncker, primer ministro de Luxemburgo cuando se firmaron buena parte de los acuerdos secretos con multinacionales para minimizar su factura fiscal destapados por el Consorcio Internacional de Investigación Periodística (ICIJ) y contados en España por El Confidencial. Para seguir, Estados Unidos se ha cansado de que sus multinacionales usen a países europeos (como Holanda o Irlanda) para crear puentes a paraísos fiscales gracias a los que no pagan impuestos prácticamente en ningún sitio. El caso Apple fue un antes y un después.

De ahí vienen un buen número de investigaciones abiertas pero también los acuerdos de intercambio de información entre países (a nivel europeo y también mundial) que pretenden dar herramientas a las agencias tributarias para investigar si las empresas pagan por lo que ganan en cada país o si los Estados cierran acuerdos secretos con multinacionales que supongan competencia desleal con otras arcas públicas comunitarias. España tiene ya lista, a falta de aprobación en Consejo de Ministros, la normativa para que las multinacionales con sede en este país informen de sus datos país por país a partir de 2016.

2. Para las cajas alemanas no hay MUS

Dice el documento socialista:

La unión bancaria es un elemento fundamental de la unión monetaria para reforzar el sistema financiero, garantizar que contribuya al crecimiento de la economía real y hacer frente a futuras crisis financieras. (…) Se asienta sobre tres pilares: regulación europea, supervisión y resolución únicos para la zona euro.

Uno de los grandes orgullos que exhiben los gobiernos derivado de la crisis financiera y dirigido a estrechar lazos en la Unión Monetaria es el Mecanismo Único de Supervisión del Banco Central Europeo (BCE), el MUS, al que también alude el documento de los socialistas españoles recordando que “ya está en funcionamiento”. Ni mención hacen al alcance limitado del mecanismo.

Este policía común de la banca, que es el reconocimiento explícito de que los supervisores nacionales no son lo bastante independientes, existe para supervisar directamente a las entidades financieras, los riesgos que asumen, la calidad de sus órganos de gobierno y los procesos de toma de decisiones. Pero no mira a todas las entidades y no es casualidad. Como no lo es que fuesen Alemania y Austria quienes pusieran más empeño en defender que el BCE no iba a ser capaz de abarcar con la suficiente diligencia la supervisión de las miles de entidades financieras que operan en Europa (como si las cajas de ahorros no tuvieran capacidad de liarla parda).

Son precisamente el equivalente alemán de las cajas de ahorros españolas, las sparkassen, las que quedaron fuera del umbral fijado para pasar a control directo del BCE. Dicho umbral implica, a saber: tener bajo gestión activos con un valor superior a 30.000 millones de euros, representar el equivalente al 20% del PIB del país o haber recibido ayuda del Mecanismo Europeo de Estabilidad, es decir, haber sido rescatado.

El resultado de ese umbral es que, aunque Alemania por tamaño es el país que más entidades pasan a estar supervisadas por el MUS (21), ha logrado que el 48% de su sistema financiero quede fuera de la supervisión directa.

No son pocas las voces que han señalado los desequilibrios que este juego de tamaños puede generar a medio plazo.

3. Deuda común cuando más pesa la deuda

Dice el documento socialista:

Proponemos la creación de un Tesoro Europeo para la zona euro (…) con capacidad para emitir eurobonos y mutualizar parcialmente la deuda pública de los Estados miembros.

El de los eurobonos es otro de los temas recurrentes que ha mantenido dividida a Europa y en el que, hasta la fecha, ha resultado vencedora la posición en contra, con Alemania en cabeza. El economista jefe del Nomura, Richard Koo, entre otros, ha pasado años alertando a Europa de lo que estaba ocurriendo por el hecho de tener bonos de diferentes países emitidos en la misma moneda. Su explicación es sencilla: cuando un gran fondo de inversión reduce o aumenta su exposición a deuda pública en dólares lo único que puede hacer es vender o comprar títulos del Tesoro de EEUU. Sin embargo, reducir o aumentar su exposición a deuda pública denominada en euros puede hacerse vendiendo todos los bonos de un país y refugiándose en los de otro sin salir de la moneda única. Ese arbitraje, que ya fue dañino al comienzo de la crisis, es incluso más lógico ahora que la recesión y las medidas adoptadas han disparado los niveles de deuda sobre PIB de numerosos países. Alemania se negó incluso a la propuesta del prestigioso think tank Bruegel, con sede en Bruselas, de crear eurobonos (o bonos con respaldo europeo) que cubriesen solo hasta el equivalente al 60% del PIB de cada país cuando muchos países (incluida España entonces) no alcanzaban ese nivel y mucho menos el actual.

La propuesta de mínimos planteada desde diferentes círculos económicos en este punto se refiere a emitir deuda común para fines concretos, como los planes de inversión destinados a estimular la economía.

4. Salario Mínimo común… ¿sólo?

Dice el documento socialista:

El mercado de trabajo, al menos en la zona euro, debe estar más integrado (…). Ello implica construcción de un mercado de trabajo integrado en la zona euro que incluya la portabilidad de las contribuciones a la Seguridad Social, el desarrollo de políticas activas de empleo de dimensión europea y el establecimiento de un salario mínimo para la zona euro en base al salario mediano de cada Estado.

Para José García-Montalvo, catedrático de Economía de la Universidad Pompeu Fabra, no tiene sentido ponerse a plantear medidas comunes en el mercado laboral cuando los europeos no consideran que Europa sea un mercado laboral único. “En los países del sur se sigue tomando como un drama salir a trabajar a otro país y países del norte, como Alemania, legislan para que quien va a buscar trabajo se tenga que volver a su país de origen si en un plazo determinado no lo encuentra”.

Pero además son los propios sindicatos los que durante la crisis han pedido que no se ponga el foco de forma aislada en los costes laborales sin atender al resto de factores que influyen en la economía, ¿no sería esta una medida en la misma dirección y sentido inverso?

El ejemplo más claro de lo que ocurre cuando te centras aisladamente en todo lo que afecte al coste laboral es el sector del automóvil español, que en la última década ha tenido que ir renunciando a un número cada vez mayor de sus conquistas en materia laboral para lograr atraer producción a sus fábricas. La lucha por el coste laboral, además de la calidad de las líneas de producción, se ha encontrado un obstáculo constante en el precio de la electricidad en España o la mala conexión para el transporte de mercancías (en el país con más kilómetros de AVE por habitante). En un mundo en que las fábricas de una misma compañía compiten por hacerse con producción, modificar un parámetro sin atender al resto puede ser más perjudicial que beneficioso.

5. Es la política, estúpidos

El documento del PSOE repasa toda una serie de argumentos que han creado grietas entre las dos ideologías predominantes en Europa, como “la reforma del BCE para incorporar objetivos de crecimiento económico y creación de empleo, en pie de igualdad con los de inflación”; “armonizar la edad de jubilación en la zona euro” o establecer “un seguro de desempleo europeo”. Sin embargo, ¿no sería necesario avanzar ideologicamente en la visión de Europa para ver si hay recorrido hacia una mayor unión económica?

Javier Flores, jefe de Estudios de Asinver, señala que el problema que hay que solventar en Europa no es económico sino político y tiene su origen, de nuevo, en la propia creación de la Unión. “Francia la apoyó para recuperar la grandeur, para colocarse en el centro de una moneda capaz de ser reserva nacional y defender los ideales que históricamente había abanderado. Alemania pretendía participar en la creación de un área de comercio e influencia. Cuando la economía acompañaba no hubo conflicto entre ambas ideas. Ahora ambos deben darse cuenta de que no hay ideales que defender sin una economía fuerte ni Europa sin defensa de unos derechos comunes”. Y eso no se consigue “llevando a la opinión pública visiones nacionalistas”, como que el norte es una panda de usureros y el sur un montón de vagos, y utilizándola en los procesos electorales. “Hay una labor enorme que hacer desde la educación para hacer que Europa se una”.

La guerra de los 2 euros

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Primero fue La Caixa quien probó suerte y casi nadie dijo nada. Tras la estela del banco catalán acaban de entrar en juego Santander y BBVA, los dos buques insignias del sistema financiero en España. Palabras mayores. En suma, estas tres mayores entidades de ahorro han coincidido en aplicar una comisión de 2 euros a sus ‘no-clientes’ cada vez que saquen en uno de sus 20.000 cajeros automáticos repartidos por toda España, que representan el 42% de toda de la red de estas terminales.

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Primero fue La Caixa quien probó suerte en febrero. Tras la estela del banco catalán acaban de entrar en juego BBVA y Santander, los dos buques insignias del sistema financiero en España. Palabras mayores. En suma, estas tres mayores entidades de ahorro han coincidido en aplicar una comisión de 2 euros a sus ‘no-clientes’ cada vez que saquen en uno de sus 20.000 cajeros automáticos repartidos por toda España, que representan el 42% de toda de la red de estas terminales.

Hay otros bancos que estudian sumarse a la iniciativa como el Sabadell o Popular. Solo uno ya ha manifestado que no lo hará. Es Bankia y su red de 5.600 máquinas expendedoras de billetes se mantendrá como un oasis en esta guerra de las comisiones. “Estamos muy satisfechos de esta red (…) Es muy rentable y hoy por hoy no tenemos previsto cambiar nuestra política de uso de cajeros tanto para clientes como para no clientes”, dijo José Sevilla, su consejero delegado, en la reciente presentación de resultados

La medida ha llegado a oídos del Banco de España, que ha lanzado un aviso a navegantes a las tres patronales financieras (AEB, CECA y cajas cooperativas) ante la posibilidad de que esta nueva comisión de 2 euros por sacar efectivo sea un doble cargo al banco del cliente y al propio usuario. Este doble peaje podría entrar en colisión con normativas de consumo y competencia europeas. Desde La Caixa, los pioneros de la nueva ola comisionista, se han apresurado a aclarar que no lo hacen, sino que cargan solo al banco.

“La retirada de efectivo en un cajero automático constituye un único servicio de pago, con independencia de que se realice en un cajero propiedad de la entidad emisora de la tarjeta bancaria o de otra entidad. En consecuencia, ese servicio solo puede originar el cobro de una comisión, ya sea por la entidad emisora de la tarjeta o por la entidad propietaria del cajero”. Es la palabra del supervisor español, que se estrena dando recomendaciones en público desde su nueva posición como ‘vocero’ del Banco Central Europeo (BCE). Desde finales del pasado año, el español ha traspasado sus competencias al europeo.

 

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Órdago de la gran banca a la pequeña

La guerra de las comisiones en los cajeros tienen un claro objetivo: detener el avance de la holandesa ING, que sigue captando clientes y se aprovecha de las redes de los demás bancos sin tener que soportar los costes de su infraestructura que tienen los cajeros. Estos varían en función de los gastos que supongan los reponedores de billetes (subcontratado a empresas de seguridad y blindados), el mantenimiento del software que los hace funcionar o la inversión en nuevas máquinas.

Para los bancos que tienen cajeros automáticos roza la competencia desleal o la provocación usar como gancho para captar clientes el poder sacar dinero en efectivo sin comisiones. Para entidades como ING, de nuevo en el ojo del huracán, levantar su propia red de cajeros supondría una inversión de cientos de millones de euros y por eso les ha compensado asumir hasta ahora la comisión ‘interbancos’ sin pasársela al cliente final.

El banco naranja se presume como el principal damnificado en los corrillos del sector, aunque fuentes de la entidad apuntan en otra dirección: “La subida de comisiones bancarias es perjudicial para el consumidor”. También lo serán las entidades con presencia regional o menor número de cajeros. Sus clientes también sufrirán el peaje de los 2 euros cada vez que utilicen uno de los 20.000 cajeros de Santander, La Caixa o BBVA, aunque su propia entidad se haya comprometido con ellos a no cobrarles. Entre los beneficiados se sitúa Bankia, que acogerá un aumento del uso de sus cajeros y la consiguiente inyección de comisiones interbancarias.

Pese a la creencia general de que la banca vive de las comisiones, no es del todo cierto. Lo hacen de la intermediación entre el tipo de interés que pagan a los ahorradores por su dinero y lo que cobran a quienes prestan dinero. Es el margen bancario y el corazón de su negocio con un peso del 75% sobre el margen de intereses. En un segundo plano están las comisiones. En el caso de un banco como BBVA suponen unos 4.400 millones de euros anuales en todo el mundo, que suponen alrededor del 25%.

Sin embargo, de ese importe,  los cargos por usos de tarjeta en terminales automáticas tienen escaso impacto en la cuenta de resultados de la banca española. No se desglosan los datos, pero fuentes bancarias aseguran que las comisiones por mantenimiento de cuentas o a las transacciones comerciales (cobro por los pago con tarjeta en comercios) son la parte más importante del total. Pese a que no suponen una gran partida para el banco, el establecimiento de una comisión a la retirada de efectivo tiene un objetivo: atraer nuevos clientes de otros bancos que huyan de las comisiones y, por tanto, atacar a la competencia.

Imagen: Archivo

Pon las tuyas a remojar

ARPONERO BARBERO FINAL

No es la primera vez en la historia que un gobernante ha tenido la sensación de ser víctima de alguno de los refinados castigos que los dioses reservaban a quienes osaban desafiar su poder…

No es la primera vez en la historia que un gobernante ha tenido la sensación de ser víctima de alguno de los refinados castigos que los dioses reservaban a quienes osaban desafiar su poder. El conde-duque de Olivares se identificaba con Atlas, obligado a sostener sobre sus hombros el globo terráqueo, y no sería difícil asignar a tal o cual de sus homólogos, en uno u otro siglo, el papel de Sísifo levantando la piedra una y otra vez hacia la cima de la ladera, el de Tántalo con las relucientes manzanas del jardín de las Hespérides siempre a la vista pero nunca al alcance, el de Ixión atado a la rueda de los acontecimientos, el de Ocnos tejiendo eternamente la cuerda que se zampaba el burro del Estado o no digamos el de Ticio o Prometeo, encadenados mientras el buitre de la insidia iba devorando su hígado.

Ya le gustaría a Alexis Tsipras poder optar hoy por alguno de estos males con tal de eludir el que, sin otro artilugio que los propios útiles del oficio, parece haber sido diseñado expresamente para escarmiento de políticos temerarios. Y es que no cabe sadismo a la vez más refinado e implacable que el que viene aplicándosele al primer ministro griego desde que osó encender unilateralmente el fuego de la democracia y convocó el referéndum contra las exigencias de Bruselas para seguir financiando a su quebrado país.

Tsipras se comportó como si Grecia fuera aun un Estado soberano en el que la opinión pública supone la razón última del gobernante, fingiendo ignorar que el objeto de la consulta concernía, al menos en igual medida, a sus a la vez socios y acreedores. Incurrió en el eterno pecado de la hubris -el asaltaremos los cielos de la soberbia humana- y en toda la hubris le han dado Frau Merkel y sus 17 palanganeros.

Quien hasta hace dos semanas era percibido como un rebelde ciclópeo que atemorizaba al continente con sus machadas y amenazas, está quedando retratado ahora como un cretino político a merced de la autoridad competente. Y no me digan que, a propósito de castigos divinos, eso evocaría al impuesto por Apolo al rey Midas cuando cambió sus orejas por las de un asno, porque ya quisiera Tsipras tener a cambio el don de convertir en oro lo que tocara.

No, su única corona es la del Olimpo de los tontos, pues su admisión de que ni siquiera contaba con un plan viable para sustituir el euro por el dracma prueba que no sólo ha estado engañando a los griegos sino engañándose a sí mismo. Así es como cobra sentido la dimisión de Varoufakis a la mañana siguiente de ganar el referéndum. En el fondo los líderes de Syriza debían saber que lo que les convenía era perder el plebiscito -que triunfara el “sí”- para poder dar un heroico paso atrás, dejar a otros la gestión del embolado del tercer rescate y volver a quedar en la reserva con la aureola de los rebeldes con causa.

Lo que era inmanejable era su victoria porque la partida pasaba a jugarse en el tablero del Bild Zeitung, las cadenas de televisión y las encuestas alemanas. Opinión pública por opinión pública siempre iban a pesar más los 83 millones de un país opulento -y eso sin contar a sus satélites- que los 11 de uno en las últimas.

Tras el insolente desafío en las urnas, la negociación entre tecnócratas se transformaba así en un ajuste de cuentas que requería no de la derrota sino de la humillación de Grecia, obligada a pasar bajo las horcas caudinas de unas condiciones draconianas. Y el justo castigo a la perversidad, o más bien a la idiotez política, de Tsipras está siendo obligarle a liderar la rendición incondicional de su pueblo, compareciendo cargado de cadenas, uncido al carro del triunfo de la Europa de los Mercados –Vae victis– entre el estupor de los propios -cócteles molotov en la calle, cisma en Syriza en el parlamento- y el regocijo de los ajenos.

 

El justo castigo a la perversidad, o más bien a la idiotez política, de Tsipras está siendo obligarle a liderar la rendición incondicional de su pueblo, compareciendo cargado de cadenas, uncido al carro del triunfo de la Europa de los Mercados

 

Nadie encontrará en este análisis ni comprensión ni disculpa tras la irresponsable necedad de Tsipras. Que ahora invoque que nadie ha pasado por un “dilema de conciencia” como el suyo no inspira ninguna pena. Me alegro de que quienes hasta la propia víspera del referéndum le hacían la ola a Sietemachos Varoufakis cuando llamaba “terroristas” a los líderes europeos, hayan quedado engullidos en su propio maremoto y floten hoy como detritos de un oceánico ridículo. Pero no puedo sentirme cómodo en mis convicciones liberales con el ensañamiento del que están siendo víctimas las instituciones griegas, al ser sometidas a un público auto de fe, encañonadas por el grifo del Banco Central Europeo.

ARPONERO BARBERO FINAL
Ilustración: Javier Muñoz

Los peores augurios de que el euro se convirtiera en ese castillo monetario de “irás y no volverás” al que me refería hace dos semanas, se están cumpliendo. Si Atenas hubiera conservado el dracma, los griegos habrían ido empobreciéndose paulatinamente mediante sucesivas devaluaciones pero no se habrían encontrado nunca entre la espada de un diktat insoportable y la pared de una bancarrota segura. Si Tsipras no pasaba por el aro como una fiera domesticada, los bancos cerrados se hubieran transformado en bancos quebrados, dando paso al colapso del Estado y a un escenario de caos social. Ni siquiera hubiera podido pagar a la policía para defenderse de los suyos.

A la hora de la verdad las supuestas alternativas basadas en la ayuda rusa se diluyeron en el aire. Bastó con que le enseñaran el Big Bertha de la expulsión del euro para que el gobierno griego capitulara incondicionalmente, reproduciendo amargos episodios de la historia centroeuropea de hace 80 años, que renuncio a evocar para no ser tildado de pintor de brocha gorda.

¿Era imprescindible imponer un ultimátum de 72 horas para la aprobación por el Parlamento griego de las medidas de ajuste duro rechazadas por el pueblo en las urnas? ¿Resultaba realmente necesario obligar a constituir ese fondo de activos públicos por valor de 50.000 millones bajo supervisión comunitaria como garantía de futuros pagos? ¿Significará esto que los bancos alemanes terminarán siendo los dueños de unas cuantas islas griegas, y quién sabe si del propio Partenón, en el caso de que se vuelva a desatender el servicio de la deuda o acaso Tsipras y sus ministros deberán ingresar como prenda física en una de aquellas cárceles para morosos abolidas por la Revolución Francesa?

La propia escenificación del trágala en una interminable reunión de líderes europeos insomnes, polarizados entre el policía alemán malo (Schäuble) y el policía alemán bueno (Merkel), denota la falta de mecanismos racionales de decisión en una Europa reducida a teatro de la hegemonía de una de sus partes. El propio Der Spiegel reprochaba hace poco a la canciller que, aun conservando la retórica paneuropea de Kohl, en la práctica ha sustituido la construcción política de la UE por un “imperialismo pedagógico” destinado a imponer, a base de exigentes rescates, sus propios valores calvinistas de rigor presupuestario y control del déficit al resto de los miembros.

En el momento en que la técnica del afeitado en seco que funcionó para España, Portugal e Irlanda ha encallado en la rugosa piel de la sociedad griega, la señora Merkel se ha transformado en el remedo político de Sweeney Todd, aquel barbero diabólico de Fleet Street que degollaba a sus víctimas cuando pasaban por su establecimiento a que les hiciera un arreglo y las convertía luego en el picadillo del pastel de carne que vendía en un restaurante anexo. Ese es el menú que desde Berlín y Bruselas se ofrece ahora a la comunidad financiera: de primero carpaccio de Alexis en láminas muy finas, de segundo estofado a la Tsipras y de postre souflé de Syriza.

Al reconocer que no tiene más remedio que aplicar unas medidas en las que ni él ni sus conciudadanos creen, el jefe del Gobierno de Atenas está levantando acta no sólo de su propia defunción política sino de que Grecia ha dejado de existir como Estado independiente. Lo cual tendría sentido si su soberanía hubiera quedado voluntariamente diluida en la de unos Estados Unidos de Europa cuyo gobierno democrático aplicara políticas fiscales uniformes para amortizar la deuda de todos, asumida como carga común. Así actuaría la solidaridad propia de una unión política en la que la moneda única fuera el escaparate de una realidad previa.

A falta de todo ello los actores políticos de los países de la zona euro se dividen en resignados zombis al servicio de los designios de quien manda y clientes potenciales de la barbería de Sweeney Merkel. Reducido a la mudez en los pasillos y antesalas comunitarias -los estafermos no hablan inglés-, Rajoy es el más dócil y servicial de los primeros. Sujeta la bacinilla y los útiles de afeitar a la barbera o limpia con la fregona el rastro de sus sanguinarios alardes sin que ello requiera contraprestación alguna. Y si hasta la propinilla de la presidencia del Eurogrupo para un paisano recomendado se le niega, pues qué le vamos a hacer. Otra vez será. De momento él sigue empleado ahí.

 

Los actores políticos de los países de la zona euro se dividen en resignados zombis al servicio de los designios de quien manda y clientes potenciales de la barbería de Sweeney Merkel. Reducido a la mudez en los pasillos y antesalas comunitarias -los estafermos no hablan inglés-, Rajoy es el más dócil y servicial de los primeros

El segundo grupo es el de los insensatos que, creyéndose capaces de alterar los términos o fronteras de la pax germana impuesta sobre la eurozona, caminan alegres y confiados hacia un inexorable destino tragicómico. Cuando las barbas de Alexis veas pelar, pon las de Pablo a remojar. Zas, zas, un par de tijeretazos y adiós Coletas. Y que vayan contestando Mas, Junqueras y el tal Romeva -que por algo dicen que se parece a Varoufakis- cuantos días aguantaría su pulso independentista con los bancos catalanes cerrados por falta de liquidez o de solvencia. El soberanismo identitario hace lo suficientemente memos a sus comulgantes como para tragarse la añagaza de la lista única de partidos adversos y políticos despolitizados pero, como en el caso de Grecia, lo que tu decidas es irrelevante si no encaja en lo que decidan los demás.

A falta de mejores argumentos, Rajoy ya se ha apresurado a poner el paralelismo tanto ante las narices de Podemos como ante las del orfeón independentista. Sería preferible no tener que recurrir a ello y que nuestra democracia se bastara y sobrara para cerrar el paso mediante la persuasión y la aplicación de la legalidad a ambos tipos de populismo. Pero con un liderazgo como este y una inteligencia institucional como la que permite que alguien pueda anunciar un martes que va a destruir España y sea el viernes recibido en audiencia oficial por el Jefe del Estado -¿rememoraron juntos la pitada del Camp Nou o sólo miraron hacia el abismo?-, ya no nos queda casi sino confiar, compungidos, en la protección de la navaja ordenancista de Frau Merkel. Porque como canta el Figaro asesino en la película de Tim Burton “no hay más que dos tipos de personas: las que están en su sitio y las que te ponen el pie en la cara”. Y alguien tendrá que obligar a estas a volver a meterlo en el tiesto.

 

 

 

La capitulación total de Tsipras

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En tiempo de descuento, los jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona han alcanzado un frágil acuerdo que de momento frena la salida de Grecia del euro. A cambio, Alexis Tsipras ha tenido que capitular y abandonar por completo las promesas con las que ganó las elecciones. No sólo tendrá que aplicar los ajustes a los que los griegos dijeron ‘no’ en el referéndum sino que los acreedores le han impuesto ahora medidas mucho más duras.

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Ha hecho falta un maratón negociador final de 17 horas, con noche en blanco incluida. Pero ya en tiempo de descuento, los jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona han alcanzado, poco antes de las 9:00 de este lunes, un frágil acuerdo (aquí el texto) que de momento frena la salida de Grecia del euro y su hundimiento económico.

A cambio de este salvavidas, el primer ministro griego, Alexis Tsipras ha tenido que capitular y abandonar por completo las promesas de poner fin a la austeridad con las que ganó las elecciones. No sólo tendrá que aplicar todos los ajustes que rechazaba y a los que los griegos dijeron ‘no’ en el referéndum del 5 de julio, sino que los acreedores le han impuesto ahora medidas mucho más duras en áreas como la reforma laboral o las privatizaciones.

Además, Grecia queda sujeta a una supervisión sin precedentes que prácticamente la convierte en un protectorado de la UE. Algo difícil de asumir para un Gobierno como el de Syriza, que defendió el fin de la troika (formada por Comisión Europea, Banco Central y Fondo Monetario Internacional). Pero la última ronda de negociación ha dañado también la imagen de Alemania por la gran dureza que ha exhibido hasta llegar a poner por primera vez negro sobre blanco en un documento la opción de que Grecia salga de forma temporal del euro.

¿Qué tiene que hacer Grecia ahora?

El Gobierno de Tsipras se ha comprometido a aprobar en el parlamento griego de aquí al 15 de julio -es decir, en apenas 48 horas- un total de cuatro leyes, algunas de las cuales fueron rechazadas por una mayoría del 61% en la consulta de la semana pasada. Se trata de una primera reforma del IVA y de las pensiones; de una norma para garantizar la plena independencia de la oficina estadística griega ELSTAT y de la introducción de un sistema automático de recorte del gasto cuando se produzcan desviaciones presupuestarias. Antes del 22 de julio, Grecia tendrá que aprobar otras dos normas: la reforma del Código Civil para reducir el coste de la justicia y la legislación de la UE sobre reestructuración y liquidación de bancos.

La aprobación inmediata de estas leyes ha sido la condición exigida por los acreedores a Tsipras para restablecer la confianza, ya que casi ningún país se fía ya de él tras la convocatoria por sorpresa del referéndum. Si Atenas cumple en los próximos días, el Eurogrupo celebrará una nueva reunión este miércoles, probablemente por teleconferencia, para autorizar formalmente el inicio de negociaciones con Grecia para un tercer rescate. Inmediatamente después tendrán que pronunciarse los parlamentos de seis países: Alemania, Finlandia, Holanda, Eslovaquia, Estonia y Austria.

¿Cuánto costará el tercer rescate?

Los líderes de la eurozona calculan que las necesidades financieras de Grecia en los próximos tres años ascienden a 86.000 millones de euros, que habría que sumar a los 240.000 millones de los dos primeros rescates. La elevada factura del tercer rescate –que se explica por el fuerte deterioro económico provocado por el cierre de bancos y el corralito desde el 29 de junio- ha “sorprendido” desagradablemente a los acreedores, que todavía quieren rebajarla con los ingresos de privatizaciones o el dinero que pueda lograr Atenas cuando recupere el acceso a los mercados, según fuentes europeas. Parte de este dinero debe desembolsarse de forma urgente, ya que Grecia tiene pagos que ascienden a 7.000 millones de euros el 20 de julio y otros de 5.000 millones en agosto, sobre todo por vencimientos del Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El tercer rescate incluye una reserva de hasta 25.000 millones de euros para la recapitalización del sector bancario, de los cuales 10.000 millones estarían “disponibles inmediatamente”. Una “rápida decisión” sobre el tercer rescate “es una condición para permitir que los bancos reabran”, admiten los líderes de la eurozona en el borrador de conclusiones.

¿Tendrá el tercer rescate condiciones adicionales?

Sí. Una vez que se inicien las negociaciones, Grecia y sus acreedores deben firmar un nuevo memorándum que recogerá condiciones más duras que las rechazadas en el referéndum debido al empeoramiento económico y también a que el tercer rescate incluye dinero nuevo para tres años. Muchos de los requisitos extra están ya detallados en el acuerdo cerrado este lunes: otra reforma ambiciosa de las pensiones, liberalización de los mercados de productos (farmacias, leche, panaderías, transporte por ferry), privatización de la red eléctrica o modernización de las normas sobre convenios y despidos colectivos.

Otra concesión que el Gobierno de Syriza se ha visto obligado a hacer a sus acreedores es la de dar marcha atrás y rectificar todas las leyes que ha aprobado desde su llegada al poder en enero sin el consentimiento de la troika, por ejemplo para contratar funcionarios. O si prefiere, adoptar medidas correctivas con el mismo impacto presupuestario. Sólo se salva la legislación para paliar la crisis humanitaria en Grecia.

¿Qué pasa con la supervisión de la troika?

El fin de la troika (formada por la Comisión, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) y de las políticas dictadas desde Bruselas era una de las principales demandas del Gobierno de Syriza. Tsipras también ha claudicado en esta cuestión cediendo a las presiones de los acreedores, que desconfían de sus políticas. A partir de ahora, Grecia deberá “consultar y acordar con las instituciones (de la troika) todos los proyectos de ley en las áreas relevantes con suficiente antelación antes de presentarlos a consulta pública o el parlamento”.

Los inspectores de la troika podrán además volver a Atenas para “mejorar la aplicación del programa y controlarlo”. El Gobierno de Syriza había bloqueado las visitas de los técnicos a los ministerios y había tratado siempre de llevar la negociación al máximo nivel político de ministros o jefes de Gobierno.

Tsipras, con Merkel y Hollande, durante la cumbre (Foto: Consilium)
Tsipras, con Merkel y Hollande, durante la cumbre (Foto: Consilium)

¿Cuáles han sido los principales escollos?

El nuevo ministro de Finanzas, Euclides Tsakalotos, había aceptado desde el Eurogrupo del sábado la mayor parte de las exigencias de los acreedores debido a la situación desesperada de los bancos del país, que apenas sobreviven con la línea de liquidez de emergencia (ELA), que les proporciona el BCE. “Si no tuviéramos una pistola en la cabeza, ni nos plantearíamos aceptar” los recortes, aseguraba la delegación griega durante la madrugada del domingo.

De hecho, a las 4:00 horas, el acuerdo parecía inminente. Pero el primer ministro Tsipras intentó plantarse en dos cuestiones: rechazaba la propuesta de Alemania de crear un fondo de privatizaciones y no quería que el Fondo Monetario Internacional supervisara la aplicación del tercer rescate. También en estos dos puntos acabó cediendo a la presión de los acreedores. El FMI seguirá participando en el programa de asistencia financiera porque lo exigen países como Alemania.

¿Cómo funciona el fondo de privatizaciones?

Este nuevo instrumento es una de las claves del acuerdo. Se trata de que Grecia transfiera a un fondo independiente activos públicos por un valor de hasta 50.000 millones de euros. El fondo se encargará de irlos vendiendo progresivamente, como hace por ejemplo la Sareb con los activos inmobiliarios de la banca nacionalizada en España. La mitad de los ingresos tendrán que dedicarse a la recapitalización de la banca. 12.500 irán a reducir deuda y el resto a inversiones.

Tsipras sostenía que es imposible lograr 50.000 millones de euros con privatizaciones y alegaba que el propio FMI cifra en 500 millones al año los ingresos máximos. Tampoco le gustaba la filosofía del instrumento y dejar el control a los acreedores. Pero los países más duros han impuesto que se mantenga la cifra de 50.000 millones. La única concesión que hacen es que el fondo esté basado en Grecia en lugar de en Luxemburgo. La gestión correrá a cargo de los griegos pero “bajo supervisión de las instituciones europeas”.

¿Habrá reestructuración de la deuda?

La principal concesión que obtiene Grecia del acuerdo es el compromiso de los líderes de la eurozona de estudiar “posibles medidas adicionales” para garantizar la sostenibilidad de la deuda helena, que ahora se sitúa en el 177% del PIB. Y mencionan en concreto dos: “la posible extensión de los periodos de gracia y de pago”. No obstante, dejan claro que “no se llevarán a cabo quitas nominales sobre la deuda”. Este alivio de la deuda sólo se aplicará tras la primera revisión positiva del nuevo rescate, que podría ocurrir en otoño.

En realidad, se trata de una victoria pírrica para Tsipras, ya que la oferta de alargar plazos y reducir tipos de interés para aliviar la deuda griega ya estaba sobre la mesa desde el Eurogrupo celebrado en noviembre de 2012. Hasta ahora no se ha aplicado porque Atenas no ha cumplido. “Hemos tenido éxito en garantizar la reestructuración de la deuda y en la obtención de fondos significativos para el crecimiento”, ha dicho el primer ministro heleno al término de la cumbre. Los fondos a los que se refiere son los 35.000 millones de euros prometidos por el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. Pero no se trata de dinero nuevo sino de ayudar a Grecia a absorber mejor los fondos estructurales que ya tiene adjudicados.

¿Se descarta el ‘Grexit’?

Uno de los factores que ha emponzoñado las negociaciones y ha dificultado el acuerdo ha sido la dura propuesta que planteó el sábado el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, y que incluía el fondo de privatización, que al final ha salido adelante, y también la opción de ofrecer a Grecia una salida temporal del euro (‘Grexit’) durante cinco años para que pudiera reestructurar su deuda. El ‘Grexit’ apareció así por primera vez en un documento de trabajo que se hizo público y agravó la fractura entre los países más duros –Finlandia, Holanda, Eslovaquia, Eslovenia y los bálticos- y los más cercanos a Grecia, en particular Francia, y en menor medida Italia o Chipre.

De hecho, el ‘Grexit’ temporal llegó a figurar en el borrador de acuerdo que el Eurogrupo envió a los jefes de Estado y de Gobierno, y sólo se eliminó ya bien entrada la madrugada porque resultaba inaceptable para Atenas y Paris. “El plan A se ha cumplido y por eso no necesitamos plan B”, ha dicho la canciller alemana, Angela Merkel, para justificar la desaparición de cualquier referencia a una salida de Grecia del euro.

El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, ha sostenido que en el compromiso aprobado “no hay ganadores ni perdedores”. “No creo que los griegos hayan sido humillados”, ha sostenido. Para el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, los ajustes extra exigidos a Grecia “en absoluto” son una venganza por el referéndum sino “medidas razonables” para el crecimiento”. Y el presidente francés, François Hollande, dice que se trata de una “decisión histórica”. “Si Grecia hubiera salido, se habría dicho que la eurozona no era capaz de conservar su integridad”, ha apuntado.

Sólo el tiempo dirá si este tercer rescate tendrá más éxito que los dos primeros, lastrados por los desacuerdos entre los socios y las dudas y retrasos de Atenas en la puesta en marcha de las reformas. Pero la desconfianza y las fracturas de las últimas 48 horas en el Eurogrupo no son un buen augurio.

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No es el primero, ni el segundo. Llega el tercer rescate financiero para Grecia, que ha recibido más ayuda financiera en cinco años que la suma de España, Irlanda y Portugal, los otros tres grandes países asistidos desde la Eurozona.

 

chispas

No es el primero, ni el segundo. Llega el tercer rescate financiero para Grecia, que ha recibido más ayuda financiera en cinco años que la suma de España, Irlanda y Portugal, los otros tres grandes países asistidos desde la Eurozona.

Más dinero para Grecia, más pérdidas para Europa. La maratoniana negociación de 17 horas en Bruselas ha dado a luz un complejísimo acuerdo de último minuto para rescatar a la república helena. No será fácil de ejecutar, rezuma provisionalidad, pero hay acuerdo y Grecia seguirá bajo la protección del euro. El Gobierno de Alexis Tsipras solicitó el pasado viernes un tercer programa de ayuda financiera desde Europa por valor de 53.000 millones de euros hasta 2018 y pidió una quita (descuento) sobre su deuda.

La respuesta desde Bruselas ha sido otra: Grecia necesita 86.000 millones de euros para salir a flote, pero las nuevas condiciones serán mucho más duras para el país. Además no habrá ninguna quita de la deuda griega a corto plazo, aunque no se descarta antes de que concluya el plan en 2018. La mayoría de los detalles del acuerdo están todavía por definir. No obstante, si se conoce que el Eurogrupo armará a través del MEDE (Fondo de Rescate Permanente) esa inyección de 86.000 millones de euros a Grecia hasta 2018. De partida, hasta 8.000 millones serán inversiones a fondo perdido.

El fondo griego de privatizaciones

A cambio, los países europeos han exigido la creación de una sociedad de activos públicos griegos (empresas, infraestructuras, terrenos…) que funcionará como un fondo de inversión. Será un aval y una garantía para Bruselas. Estará valorado en 50.000 millones de euros y será tutelado por la ‘troika’ europea. Con los ingresos que se obtengan de este fondo gestionado por Europa se recapitalizará a la banca griega, se reducirá la deuda del país y participará en un plan de inversiones de 35.000 millones para dinamizar su economía y que será supervisado por la Comisión que dirige Juncker.

El Eurogrupo estima que las entidades financieras del país (Piraeus, Alpha, NCG y Eurobank, entre otras) necesitan de forma urgente, al menos, 25.000 millones para volver a operar, levantar el corralito y no colapsar en los próximos días. Según esas mismas estimaciones, el Estado necesita otros 7.000 millones para afrontar pagos al Banco Central Europeo (BCE) el próximo 20 de julio y ponerse al día con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con quien debe ponerse al día tras su impago el pasado 30 de junio. El FMI, frente a lo reclamado desde Grecia, volverá a participar en la ayuda.

En perspectiva, este será el tercer rescate de Grecia en cinco años.  Se eleva así la factura griega a cerca de 323.000 millones desde 2010, amén de las citadas reestructuraciones de la deuda que ya habían superado los 200.000 millones (hasta febrero de 2012). En total, el conjunto de programas de asistencia financiera para Grecia desde la Eurozona ha movido en el último lustro supera el medio billón de euros entre préstamos nuevos, condonaciones y reestructuración de su deuda.

Cronología de la tragedia griega

La sucesión de acontecimientos desde hace tres semanas han dejado a Grecia al borde salir del euro. Los tiras y aflojas inacabables entre Grecia y el Eurogrupo han vivido de por medio un impago al Fondo Monetario Internacional (FMI) por 1.600 millones de euros el pasado 30 de junio y un referéndum en Grecia en el que se votaba ‘sí’ o ‘no’ a las medidas de rescate planteadas por Europa.

Los griegos dijeron ‘no’ y pese a ese rechazo, Tsipras ha presentado una propuesta de rescate y reforma similar a la rechazada en las urnas. No solo contempla subidas de impuestos, también congela las pensiones actuales, eleva la edad de jubilación a 67 años (como en otros países europeos) y supondrá la creación de una autoridad de vigilancia fiscal independiente al Gobierno de turno en Grecia.

El plan acordado (subidas de impuestos, privatizaciones y reformas de la pensiones) se ha convertido en un revés para Tsipras, su Gobierno y el actual Parlamento griego -mayoritariamente poblado por Syriza-, que deberá aprobar las medidas. También deberán votar otros seis parlamentos en seis países europeos, sin cuya participación puede encallar la ayuda.

  • El origen del drama. En octubre de 2009, poco después de llegar al poder, el Gobierno del PSOK revela que el Estado tiene un déficit en sus cuentas más alto de lo publicado. Sus efectos son inmediatos e implacables: se destapa la desconfianza de los inversores y socios de la Eurozona sobre Grecia. Comienza una crisis que deja fuera de control a las finanzas públicas, debido a que se dispara la prima de riesgo y el coste de financiarse en los mercados es prohibitivo.
  • Primer rescate. En mayo de 2010, el país que entonces gobierna Papandreu recibe el primer ‘pack’ del rescate (110.000 millones de euros) hasta mayo de 2013. En noviembre de 2010, el Parlamento griego aprueba una serie de recortes y medidas de austeridad. En noviembre de 2011, Papandreu dimite y se convocan nuevas elecciones.
  • Primera reestructuración de la deuda. En febrero de 2012 se aprueba la reestructuración de la deuda con descuentos y quitas al valor de los bonos emitidos por el Estado griego. Esos descuentos alcanzan los 206.000 millones de euros y los principales perjudicados son los inversores privados como bancos, fondos de inversión y de pensiones.
  • Segundo rescate. También en febrero de 2012 se pone en marcha el segundo rescate desde la Eurozona para ayudar a los griegos. Se valora en 165.000 millones de euros y se extenderá hasta junio de 2015.
  • ¿Capítulo final? Es en la entrega del último tramo de este segundo rescate cuando comenzaron a chocar las posiciones de Europa y Grecia. El nuevo Gobierno de Tsipras -que ganó las elecciones en diciembre de 2014- considera impagable la deuda del país y se opone a seguir adoptando medidas de austeridad. El resto de la historia se está escribiendo ahora.