El viaje a ninguna parte

viaje2ok¿Cómo hemos podido llegar a la tesitura actual cuando el independentismo dentro de un Estado que ha cedido ya gran parte de su soberanía a la Unión Europea, para adaptarse a las reglas y tamaños de la era de la globalización, resulta un anacronismo ridículo y sin sentido? 

Ilustración: Javier Muñoz

Puesto que tras la lectura del “libro negro” de Jordi Pérez Colomé el género periodístico que merece ser tomado más en serio en Cataluña es el humorístico, y como no hay dos sin tres, sigamos el viaje que iniciamos con el ¡Cu-Cut!, continuamos con L’Esquella de la Torratxa y hoy nos lleva a recalar en El Be Negre -a la vez la oveja negra y el bien negro-, brillantísimo semanario satírico afín a Acció Catalana, el partido de los intelectuales nacionalistas durante la Segunda República.

Detengámonos en concreto en la portada del número del 4 de enero del 34 -diez meses antes de la declaración de independencia de octubre- y fijémonos en el chiste incrustado en la quinta y sexta columnas, dedicadas al nuevo gobierno de la Generalitat que se formó tras la muerte de Maciá. El ujier del palacio de la plaza de San Jaime recibe a Companys con una pregunta: “Ja es bé catalanista, senyor Companys?”. Y el nuevo presidente le responde: “Més que no era mariner quan vaig ésser ministre”.

be2Obsérvese que lo que el funcionario pregunta no es si el nuevo líder de Esquerra se ha hecho  “separatista” o ni siquiera “nacionalista”, sino tan sólo si es ya lo suficientemente “catalanista” como para entrar por esa puerta. Y que Companys le contesta que “más o menos como era marinero cuando fui ministro”, aludiendo a que durante el verano anterior, en el tercer gobierno presidido por Azaña, había ocupado la cartera de Marina.

Sin esa reticencia generalizada que rodeaba al político logrero y oportunista, comparado siempre en desventaja con el padre de la patria difunto, no se comprende bien su delirio del 6 de Octubre al proclamar el “Estado catalán dentro de la -inexistente- República Federal Española”. Sus pretextos eran tan nimios como que el nuevo gobierno de Lerroux incluía tres ministros “involucionistas” de la CEDA y que el TC de entonces había tumbado la Ley de Contratos de Cultivo. Algo equivalente a la mala relación de estos años con el PP y a la frustración por la sentencia del Estatut.

Poca cosa desde una visión amplia. Por eso hay que centrarse en el factor humano. De hecho las primeras palabras que Companys masculla más que pronuncia tras la arenga del balcón, al volver al salón de Sant Jordi, parecen la continuación del chiste: “Ja està fet! Ja veurem com acabarà! A veure si ara també direu que no soc catalanista!”.

Con ese “a ver si ahora también diréis que no soy catalanista” parece estar midiéndose cada día Mas desde que inició la huida hacia adelante para separarse tanto de la fétida sombra de Pujol como de la memoria de aquel muchacho ambicioso y desideologizado a quien en el colegio Aula todos llamaban Arturo. Igual que Companys trataba de emanciparse del legado de Maciá y del recuerdo del abogadillo laboralista al que los compañeros de UGT llamaban Luis.

Podríamos continuar con el paralelismo preguntándonos si el papel de Dencás que se escapó por la alcantarilla, abandonando en su huida una barba postiza, lo desempeñará esta vez Quico Homs o algún gerifalte de la ANC. Pero más que en los comparsas, el mimetismo está en el ambiente. Y de nuevo la portada de El Be Negre nos lo explica todo al mostrarnos, en fecha tan próxima ya al cataclismo como el 19 de septiembre, a dos visitantes del Observatorio Astronómico del Tibidabo, atónitos ante el gran telescopio que apunta a un cielo cuatribarrado en el que brilla, solitaria, la estrella independentista: “Com ha crescut aquesta estrella en poc temps!”.

be1¡Sí, cómo había crecido, cómo ha crecido ahora, esa estrella en poco tiempo y de la misma manera! Hoy como entonces las instituciones del Estado, emanadas de un Estatuto de Autonomía aprobado por las Cortes, sirven de palanca política y catalizador emocional de un nuevo intento de destruir a ese Estado. Y ahí está la sonrisa de Mas en el balcón del ayuntamiento, idéntica a la del Nou Camp el día del himno, regodeándose de nuevo ante la humillación de un símbolo de la legalidad de la que proceden sus poderes. Solo un gobierno de cabestros políticos como el que tenemos en Madrid ha podido consentir que lleguemos a este punto.

“Tot plegat semblava un somni…”, escribió en sus memorias el gran jurista Amadeu Hurtado al describir los sucesos del 6 de octubre. Sí, todo junto -el balcón, la arenga, el bando, la independencia…- parecía un sueño que enseguida se trocó en pesadilla cuando Lerroux declaró el estado de guerra y el general Batet desplegó unos cientos de hombres para sofocar la sublevación. “Señor ministro, acuéstese, duerma y descanse”, le dijo al titular de Defensa Diego Hidalgo. “Ordene que le llamen a las ocho… A esa hora todo habrá terminado”.

Y así fue una vez que los escamots que defendían la Generalitat salieron despavoridos. “A estos, una zurra en el culo y a dormir”, escribió el comunista Rafael Vidiella en el número de noviembre de la revista Leviatan. Pocos días después Companys daba por hecho que sería condenado a la pena capital: “Es que si no me la piden, me estafan”, le dijo a su abogado Ossorio y Gallardo.

Solo un gobierno de cabestros políticos como el que tenemos en Madrid ha podido consentir que lleguemos a este punto

Ahora también toca frotarse los ojos con incredulidad al repasar el itinerario surrealista que nos ha colocado ante unas elecciones en las que los sondeos pronostican el triunfo rotundo de quienes amenazan con declarar igualmente la independencia por las bravas: aquel “aprobaré el Estatuto que venga de Cataluña”, desmentido lógicamente por la flagrante inconstitucionalidad del texto; aquella absurda demora de cuatro años del TC para llegar a las conclusiones obvias; aquella requisitoria de Pacto Fiscal de Mas bajo amenaza secesionista; esas Diadas multitudinarias, orquestadas desde la Generalitat con las pautas de los regímenes totalitarios; ese referéndum ilegal, celebrado en abierto desafío a la resolución del Constitucional, ante la pasividad de Rajoy; esta nueva convocatoria electoral en la que los que dicen “no” a la legalidad democrática para separarse de ella, se declaran “juntos por el sí”; esta patética campaña en la que la mentira ha sido la verdad y el odio, el amor…

En efecto, “tot plegat sembla un somni”. ¿Cómo hemos podido llegar a la tesitura actual cuando el independentismo dentro de un Estado que ha cedido ya gran parte de su soberanía a la Unión Europea, para adaptarse a las reglas y tamaños de la era de la globalización, resulta un anacronismo ridículo y sin sentido? Sólo la catadura y circunstancia de los actores lo explica. Mas ha resultado ser un frívolo aventurero sin escrúpulos que ha huido así de rendir cuentas sobre la corrupción maremágnum del clan Pujol y la quiebra técnica de la Comunidad Autónoma que ha presidido. El iluminado Junqueras y el trilero Romeva han resultado ser sus perfectos compañeros de viaje y los fanáticos supremacistas de la ANC y Omnium, su fuerza de choque.

Viaje a ninguna parteIlustración: Javier Muñoz

Pero más dañina que su etiología es la de quienes están enfrente. Unos reprochan a Rajoy que no haya blandido ninguna zanahoria, otros que no haya hecho asomar al menos la punta de algún palo. Lo cierto y terrible es que la derrota electoral de las propuestas constitucionales que su mayoría absoluta le obligaba a liderar lleva camino de producirse después de cuatro años de incomparecencia y dos semanas de confusión con goles clamorosos en propia puerta.

Y es que al cabo de toda una legislatura meramente contemplativa, sin iniciativa política alguna, sesteando de manera crónica con el pretexto de no alimentar la espiral soberanista, el jefe del Gobierno y el ridículo pavo real que tiene como ministro de Exteriores han dado un grotesco bandazo, aceptando durante la campaña jugar el partido en el terreno de sus adversarios. Eso es lo que ha ocurrido cuando Rajoy se ha puesto a divagar sobre si los catalanes perderían o no la nacionalidad española -lo que para ZP era “discutido y discutible” parece para él ignorado e ignorable-, dando la misma lacia imagen que aquella noche en Veo 7 cuando me dijo que no entendía su escritura. Eso es lo que ha ocurrido cuando el PP se ha dirigido en un video exclusivamente en catalán -toma inmersión- a una comunidad bilingüe.  Y sobre todo eso es lo que ha ocurrido cuando el gallo Margallo no sólo se ha avenido a debatir con Junqueras, máximo aspirante a presidir la soñada República Catalana, como si la tele de Godó fuera el Consejo de Seguridad de la ONU, sino que ha sido capaz de plantear el símil argelino, regalándole a su rival el argumento de que Cataluña es un territorio pendiente de descolonizar. ¡Mare de Déu!

La noche anterior a la declaración unilateral de independencia Azaña, que había pasado a la oposición y se encontraba en Barcelona, advirtió al conseller de Justicia Lluhí de lo que podría ocurrirles: “No sabrían ustedes qué hacer con su victoria… Todos los resortes del Estado funcionarían de manera automática… No durarían ni dos horas”. A eso es a lo que sin duda se refería el otro día el exquisito Xavier Corberó cuando auguraba a María Marañón que “esto terminará mal a nada que vaya bien”.

Mas ha resultado ser un frívolo aventurero sin escrúpulos que ha huido así de rendir cuentas sobre la corrupción maremágnum del clan Pujol y la quiebra técnica de la Comunidad Autónoma que ha presidido

 

Lluhí replicó a Azaña que lo que se avecinaba era “una demostración pacífica” y que “todo pasaría de manera alegre y sin choques”. También le desveló sus cartas: “Luego cederemos unos y otros. Aquí tendremos que ceder… en Madrid también cederán y todo pasará en paz”. O sea lo mismo que sotto voce repite hoy el entorno de Mas.

Los hechos dieron la razón a Azaña. En sus memorias de aquellos años, certeramente tituladas La pequeña historia de España pues durante toda la Segunda República la grandeza brilló por su ausencia, Lerroux presenta el pulso con Companys como una cuestión de testosterona: “Pudo inmortalizarse él, si hubiese tenido…lo que le falta. O pude inmortalizarle yo, si me hubiese faltado lo que me sobra”. Cambó, opuesto al balconazo, rebaja varios grados la dimensión del conflicto: “No fou més que una gran criaturada”, escribirá a los pocos meses.

Pues ahí vamos: de chiquillada en chiquillada hacia la gamberrada final. Pero si en aquel momento convulso en el que hasta fallaban los teléfonos, funcionaron los “automatismos del Estado”, esta vez -con cada escena televisada en directo- ocurriría lo mismo, con la diferencia de que, en lugar del estado de guerra, se aplicaría el artículo 155 de la Constitución y en lugar de un par de tanquetas, bastaría con mandar a la Generalitat la nota de prensa de la Unión Europea respaldando nuestro orden constitucional.

A ese guión es al que debería haberse ceñido el Gobierno en lugar de fantasear sobre “corralitos”, tasas de paro y una Liga sin el Barça. Nada de eso sucederá porque la guerra de Troya no tendrá lugar. Hay líneas rojas que no se pueden cruzar sin que se dinamiten los puentes. Ni siquiera Rajoy podría aceptar una declaración de independencia -o sea la destrucción de España- sin suspender de inmediato la autonomía de Cataluña, con el respaldo abrumador de la opinión pública y la comunidad internacional. Una UE cargada de corsos, bretones, bávaros y lapadanos no va a admitir jamás un precedente que la corroería  mediante el efecto contagio desde su flanco sur.

He aquí la única certeza: sea cual sea el resultado de este domingo, el independentismo catalán está inmerso en un viaje a ninguna parte, condenado a eternizarse como aquellos interminables trayectos de los renqueantes tranvías de la Barcelona de hace un siglo, en los que, según las bromas de L’Esquella de la Torratxa, de los mayores sólo quedaba el esqueleto, a los jóvenes les crecían luengas barbas, los conejos se reproducían por doquier y hasta el más pequeño cactus se hacía gigantesco, pero nunca se llegaba al destino deseado.

Lee la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu / El retratista de la Rambla / El exportador de cava

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‘El libro negro del periodismo en Cataluña’

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’ / 6. ‘La opinión dependiente’

 

 

La campaña catalana, en cinco despropósitos

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Todo es posible en las campañas electorales. Los candidatos participan en tantos actos, dan tantas entrevistas y son ayudados (o eso creen ellos) por sus respectivos partidos políticos en tantas ocasiones, que cualquier desliz puede darle un vuelco a sus expectativas electorales.

Todo es posible en las campañas electorales. Los candidatos participan en tantos actos, dan tantas entrevistas y son ayudados (o eso creen ellos) por sus respectivos partidos políticos en tantas ocasiones, que cualquier desliz puede darle un vuelco a sus expectativas electorales.

Eso es lo que esperaban y temían Junts pel Sí como el PP cuando acordaron un debate electoral entre Oriol Junqueras, número 5 de la candidatura independentista, y José Manuel García-Margallo, ministro de Exteriores. Y, sin embargo, no hubo daños colaterales y se convirtió en uno de esos debates que faltaban en una campaña llena de exabruptos.

1.- “Pues, eh… ¿y la europea?”

https://www.youtube.com/watch?v=OHebSDdmdW8

El periodista Carlos Alsina se convertía, muy a su pesar, en un icono de parte del independentismo, que celebró la manera en la que descolocó al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con un sencillo recordatorio de la legislación vigente.

Al recordarle que el Código Civil (que desarrolla la Constitución) prevé que un ciudadano español de origen pueda conservar su nacionalidad si así lo desea, Rajoy titubeó y dio alas al independentismo. “Han mentido sobre tu nacionalidad. Las otras amenazas también son falsas”, reza un vídeo de Junts pel Sí en el que la candidatura reproduce el vídeo de la entrevista como una pretendida cesión de espacio electoral al PP.

La reacción en las redes sociales fue masiva. Para muestra, este tuit:

2.- “Coleta morada” y los indios reservistas

“Grandes jefes PP, PSOE, Podemos, venir reserva catalana. Decir indígenas qué conviene votar”, dijo Artur Mas en Tortosa. “Indígenes decir jefes Madrid PP, PSOE, Podemos, gran corte de manga, que en el lenguaje de la reserva, se dice gran butifarra”.

Su frase provocó una espiral de imitadores.

https://twitter.com/pnique/status/646072210331959297?ref_src=twsrc%5Etfw

“Yo no hablar comanche, hablar serio. Mas nos ha estafado”, dijo por su parte Miquel Iceta.

3.- Las frases fuera de tono

“Gilipollas”, dijo Meritxell Genao, candidata de Catalunya si que es pot, a una persona que en realidad la animaba en un mitin. Se acabó disculpando.

Pablo Iglesias llamó “tonto” a Mariano Rajoy por decir que “un vaso es un vaso y un plato es un plato”.

Son muchas las voces que han clamado contra el encasillamiento de la campaña catalana. Para empezar, por la dinámica de bloques planteada por Junts pel Sí en la que se convocaban unas elecciones plebiscitarias. Además, varios partidos, como Ciudadanos, Catalunya si que es pot o el PSC, han pedido que Artur Mas diese la cara y respondiese por su gestión. O que se hablase de temas que no fuesen la independencia de Cataluña.

4.- La bandera catalana

Es la última polémica de la camapaña. El portavoz de ERC en el Ayuntamiento de Barcelona, Alfred Bosch, desplegó una bandera catalana en el balcón del consistorio durante el acto institucional de las fiestas de la Mercè.

Acto seguido, el portavoz del PP, Alberto Fernández, hizo lo propio con la bandera española, ante los pitos de los asistentes.

https://twitter.com/electrofraude/status/647202487892635648?ref_src=twsrc%5Etfw

Alfred Bosch ha pedido perdón, Ada Colau ha lamentado el uso electoralista de las banderas (en un Ayuntamiento que en sus primeros compases ha retirado un busto del rey Juan Carlos) y la polémica no ha ido a más.

5.- El baile de Iceta

¿Fue espontáneo? ¿Fue preparado? De lo que no cabe duda es de que el baile del primer secretario del PSC, Miquel Iceta, fue una de las gotas de humor de la campaña electoral.

Era la puesta de largo de la campaña. A su lado, Pedro Sánchez sonreía, entre incrédulo y divertido. Y su baile se hizo viral. Después empezaron las teorizaciones. ¿Debe bailar un candidato a presidente de la Generalitat? Desde el PP criticaron que no era serio una demostración de entusiasmo público tan apasionada. “Con lo que está cayendo, sobra”, dijo Xavier García Albiol.

Otros, como Romeva, trataron de emularlo, quizás con más ritmo. O no.

Y finalmente el propio Iceta, considerado en su partido como uno de los cerebros más brillantes, acabó por quitarle hierro al asunto.

Las cinco lecciones de la campaña

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Acaba de terminar la campaña más importante para Cataluña desde 1980. Aquí van cinco lecciones de dos semanas de mítines, debates y momentazos.

¿Cómo votarán los catalanes? Una predicción del 27S a partir de las encuestas

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El próximo domingo se celebran unas elecciones transcendentales en Cataluña y muchas preguntas permanecen abiertas: ¿logrará Junts pel Sí una mayoría absoluta? ¿Quién será la segunda fuerza? Aquí Kiko Llaneras aborda esas preguntas usando un modelo estadístico de predicción. 

También en EL ESPAÑOL:

El promedio de las encuestas. El primer paso para la predicción hecha en este artículo.

Así son los catalanes que votarán el 27S: una radiografía en cinco gráficos. Una radiografía de los votantes del 27S según su edad, su origen, su nivel de estudios o su renta.

Radiografía de los votantes españoles (I). Donde María Ramos y yo analizamos la edad, profesión, nivel de estudios y la clase social de los votantes del PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos.

Radiografía de los votantes españoles (II). Una radiografía similar a la anterior pero que responde otra pregunta: ¿cómo es la ideología de los votantes de cada partido?

Acaba de terminar la campaña más importante para Cataluña desde 1980. Aquí van cinco lecciones de dos semanas de mítines, debates y momentazos.

1. Los ‘shows’ cuentan.

El icono de la campaña será Miquel Iceta. Empezó bailando y acabó bailando. Son detalles a veces inocuos pero que han dado un foco a Iceta que, por ejemplo, Ramon Espadaler de Unió no ha logrado. Otros partidos criticaron su banalidad, pero vieron rápido que sonaban gruñones. ¿Hubo un asesor que pidió a Iceta que bailara? Probablemente no. La naturalidad fue su victoria: Iceta baila y cuando baila lo da todo. El mitin de final de campaña del PSC tenía el eslogan de “Ven a bailar con Iceta” y el hashtag #Icetalopeta.

Hubo también lenguaje de indios: “Grandes jefes venir reserva catalana para decir a indígenas lo que conviene votar”, dijo Artur Mas. Se refería a los líderes de PP, PSOE y Podemos y pedía para ellos “un corte de mangas”. Pablo Iglesias le respondió con una parrafada en indio. Sus mejores metáforas fueron “coleta morada”, “gran jefe plasma” y “pájaro naranja”. Las bromas llegaron a twitter.

Puede ser que algún mote quede. Pablo Iglesias no se conformó con este lenguaje. También se lanzó a versionar a Krahe. El baile de Iceta tuvo más éxito.

El tercer show fue el más serio. En la fiesta de la Mercè en el Ayuntamiento de Barcelona hubo una pelea de banderas. Aquí se cuenta bien qué pasó. Todos acabaron por pedir disculpas. Hay shows tan ridículos que pueden ser arriesgados. Pero la lección no es ésa sino esta otra: los votos se ganan de maneras muy distintas.

GRA487. BARCELONA, 23/09/2015.-El candidato a la presidencia de la Generalitat por la CUP, Antonio Baños, interviene en el acto político que se celebra esta noche en Cornellà de Llobregat (Barcelona), de cara a las elecciones del 27S. EFFE/Toni Albir
EFE/Toni Albir

2. Algunos líderes mueven (aún) pasiones.

Miquel Iceta destacó por su baile. Luego en los debates fue serio, pero era uno más. Si hubo alguien que destacó en la dialéctica fue Antoni Baños, de la CUP. Baños tiene ese aspecto de yo pasaba por ahí. Como si estar en la tele rodeado de famosos no fuera con él. Excepto los equilibrios sobre la investidura, ha hablado con poco control. Baños bromea con los periodistas (recuerda que lo fue) y coleguea con todos. Es difícil que Baños caiga fatal y que (más allá de ideologías) no se piense que es el tipo más normal. Si la CUP mejora aún más sus perspectivas, su candidato habrá tenido un peso.

Los otros líderes fueron resultones pero ninguno logró destacar con consistencia.

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3. Los líderes no autonómicos también mueven votos.

Ciudadanos y Catalunya Sí que es Pot han jugado con dos equipos. Los titulares (Inés Arrimadas y Lluís Rabell) han tenido unos sustitutos que han jugado casi más: Albert Rivera y Pablo Iglesias. El objetivo obvio de ambos es que sus votantes identifiquen a sus partidos con ellos.

Todos los candidatos de estas elecciones eran nuevos. Pero la marca previa de Ciudadanos y Podemos luce de momento más que la otras siglas tradicionales. El mejor modo de recordarlo a los votantes es que sus lideres estuvieran en todas partes. Eso explica su ubicuidad.

4. Las preguntas importantes siguen sin respuesta.

La lista que logrará más votos (Junts pel Sí) dio a estas elecciones un tono épico: “El voto de tu vida”. Veníamos de lemas como “ahora o nunca” o “ha llegado la hora”. Si Cataluña puede independizarse el día 28 de septiembre de repente, los ciudadanos que dudan debían tener más respuestas: ¿seguirían siendo españoles y europeos? ¿El euro sería aún la moneda y los bancos no tendrían problemas? ¿Las pensiones estarían garantizadas? ¿La liga sería solo catalana? Las preguntas no son aún sobre la calidad del “país nuevo” sino sobre la viabilidad de una transición.

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El problema catalán en 21 fichas 

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Las preguntas, al menos, han empezado a debatirse. Las disputas han sido cada vez más concretas y serias y culminaron en el debate entre Oriol Junqueras y el ministro García Margallo. Pero sigue sin saberse nada con certeza total. Unos insisten en que es obvio que irá bien porque no puede ir de otro modo y que sería absurdo poner trabas en el siglo XXI. Otros insisten que todo irá mal porque a quién se le ocurre levantar fronteras en el siglo XXI. Pero no hay nada pactado. La comunidad internacional no asumirá un cambio inmediato, definitivo pero con alfileres el 28 de septiembre.

A pesar de la épica y con una metáfora que usó Maiol Roger, de El País, en una charla en la radio, ahora “estamos en cuartos de final”. Quien gane pasará a semifinales. Las preguntas aún abiertas necesitan respuestas. Las respuestas necesitan que los votantes las reflexionen. La campaña electoral de las generales no será un momento de pausa para hablar, pero quizá luego sí. Sólo quizá. El año 2015 prometía sacudidas. Pronto todos tendremos ganas de que termine.

GRA444. OLOT (GIRONA), 14/09/2015.- El presidente de la Generalitat, Artur Mas, asiste a un acto de campaña de Junts pel Sí en Olot. EFE/Robin Townsend
Robin Townsend / EFE

5. El ‘president’ más probable no ha bajado del bus.

Estas elecciones tenían un tema principal y no era la gestión del último Gobierno. Se ha comentado mucho la jugada maestra de Mas para seguir si las encuestas aciertan como president sin tener que hablar mucho de recortes, corrupción o deuda. La lista de Junts pel Sí se mueve con otros códigos, llenos de deseos y emoción, pero lejos de políticas públicas específicas. No les que tocaba ahora, ha sido el argumento.

En junio el partido de Mas caía en las encuestas. La gestación de esta lista fue difícil. Hubo unos días en julio en los que la “lista sin políticos” ganó peso y Mas dudó si dejar que hicieran la lista sin él, como cuenta este magnífico reportaje de Crític. Al final se impuso y es probable que le salga bien su jugada: seguir de presidente. Si sólo le hubiera interesado la presidencia, la lista de la sociedad civil tenía mejores perspectivas electorales.

Si optó por este camino es porque no quería sacrificarse aún. Como dijo en una entrevista a Mónica Terribas, “después de todo lo que he hecho puedo pedir una reflexión” y tengo “el pequeño derecho de hacer propuestas”. Su propuesta fue usar a ERC, la Assemblea Nacional de Catalunya y Òmnium. Si no aceptaban, no había elecciones el 27 de septiembre.

También en EL ESPAÑOL:

Lee la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu / El retratista de la Rambla / El exportador de cava

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Así fue la guerra de banderas en el Ayuntamiento de Barcelona

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Alberto Estévez / Efe

Durante el día grande de Barcelona y a tan sólo tres jornadas para las elecciones autonómicas del 27S, en el Ayuntamiento de la ciudad Condal se han vivido momentos de máxima tensión después de que el Partido Popular intentase desplegar una bandera española como respuesta al insólito gesto de ERC al colgar una estelada desde el balcón del edificio. EL ESPAÑOL reconstruye el tenso momento e identifica a los políticos implicados.

Durante el día grande de Barcelona y a tan sólo tres jornadas para las elecciones autonómicas del 27S, en el Ayuntamiento de la ciudad Condal se han vivido momentos de máxima tensión después de que el Partido Popular intentase desplegar una bandera española como respuesta al insólito gesto de ERC al colgar una estelada desde el balcón del edificio. EL ESPAÑOL reconstruye el tenso momento e identifica a los políticos implicados.

1. Alfred Bosch (ERC) despliega una ‘estelada’.uno

Durante la celebración de la Fiesta de la Mercè, el pleno del Ayuntamiento de Barcelona observa una plaza de Sant Jaume repleta de ciudadanos, cuando el portavoz de ERC, Alfred Bosch despliega una estelada ante la mirada del Gobierno local. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y su número dos, Gerardo Pisarello, animan al concejal de esquerra republicana. Todo ello ante la atenta mirada del presidente de la Generalitat, Artur Mas, -a la izquierda de la imagen-. 

2. El PP intenta colgar la bandera española.

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Minutos después aparece en escena el concejal del Partido Popular Alberto Fernández con una bandera española en sus manos y con la intención de desplegarla ayudado de su compañera de corporación Ángeles Esteller. Es entonces cuando Pisarello intenta impedírselo a Fernández mientras que Colau decide quitarse del primer plano y colocarse detrás del foco del conflicto. Bosch y Juan Puigcorbé, también concejal por ERC, sonríen ante los momentos de tensión. 

3. Bandera española desplegada…unos segundos.

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Los dos concejales ‘populares’ consiguen finalmente desplegarla a la vez que Bosch comienza a pedir calma ante la pitada de una parte de los congregados en la plaza del Ayuntamiento. En esos momentos, el número dos de Colau pasa de evitar el despliegue a observar (y escuchar) cómo reaccionan los catalanes reunidos. 

4. Artur Mas sonríe ante la tensión generada.

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No más de cinco segundos es el tiempo que está colgada la bandera del Ayuntamiento -mientras que la estelada sí sigue desplegada en todo momento-. Pisarello tira de ella y Fernández desiste en el intento. Es ahí cuando el presidente de la Generalitat pide calma con sus manos pero de su cara no se borra una media sonrisa. 

5. Los partidos reaccionan ante “la situación lamentable”.

  • Ada Colau (Barcelona en Comú): “Sabe mal que se intente utilizar electoralmente, porque a nadie se le escapa que estamos en los últimos momentos de campaña” de las elecciones catalanas.
  • Gerardo Pisarello (Barcelona en Comú): “No me esperaba esta escena en el balcón del Ayuntamiento en mitad de las fiestas de la Mercè. Me ha salido mi alma republicana”.
  • Xavier Trías (CiU): “No tiene sentido hacer según qué espectáculos y según qué números”.
  • Alberto Fernández (PPC): “Un día se promueve un escarnio a la Corona, otro se exhiben banderas independentistas, y mientras los demás a callar. Pues se ha acabado la broma”.
  • Alfred Bosch (ERC): “Esperamos que, a partir de los resultados sin duda espectaculares del 27S, estas muestras de reivindicación ya no sean necesarias”.
  • Carina Mejías (Ciutadans): “Es una situación lamentable. Los actos oficiales deben ser actos festivos y en los que todos los ciudadanos se sientan representados”. 
  • Jaume Collboni (PSC): Lamenta la “guerra de banderas”, el balcón del Ayuntamiento es para “compartir independientemente de la ideología política”.

6.Los protagonistas de la tensión al detalle.

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7. Las reacciones fuera del balcón.

 

Cuatro lecciones de la Diada más electoral

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Los comicios del próximo 27 de septiembre han sobrevolado este viernes la celebración de la Diada catalana. Repasamos los aspectos más relevantes que nos ha dejado el primer 11 de septiembre en el que las esteladas han convivido con los carteles de la campaña electoral.

Gráfico: Joaquín Vera

A diferencia de las últimas Diadas, Barcelona no se levantó este viernes sólo con señeras y esteladas en la calle. Al habitual océano de banderas que impregna la ciudad cada 11 de septiembre se le sumó la cartelería electoral, que inunda las marquesinas, las farolas, los autobuses y las paradas de metro de la ciudad.

A primera hora de la mañana convivían en la calle los primeros catalanes llegados de provincias para asistir a la manifestación con los trabajadores de empresas de cartelería que terminaban una noche de infarto en la que no han parado ni un segundo. “Me voy a dormir un rato y luego supongo que a la mani”, explicaba a las nueve de la mañana Roldán Cortés, catalán de origen suramericano mientras esparcía pegamento encima de un cartel de Xavier García Albiol en el barrio de Gracia.

Es innegable que las próximas elecciones del 27 de septiembre han planeado sobre esta Diada. A pesar de que ni la ANC ni Òmnium han querido dar a la manifestación ningún carácter electoral, entre los manifestantes se percibían muchas ganas de ir a votar en los próximos comicios. Las declaraciones al final del acto también han incluido referencias veladas a las elecciones. A continuación repasamos cuatro lecciones que nos ha dejado la Diada más electoral.

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1. El suflé apenas se desinfla

En los últimos meses se percibía en Cataluña cierto desasosiego con respecto al proceso soberanista. Después de tres años de movilizaciones masivas y de ver que casi no se apreciaban avances, un sector del soberanismo temía que la movilización de esta Diada no llegara al nivel de la de los años anteriores. La negativa a asistir a la Vía Lliure de una parte de la izquierda que hasta ahora había participado en actos como éste tampoco hacía esperar un lleno total.

El soberanismo, sin embargo, ha hecho otra demostración de fuerza llenando la Meridiana. Según la Guardia Urbana, asistieron 1,4 millones de personas. Según la Delegación del Gobierno, apenas medio millón.

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Gráfico: Joaquín Vera

A pesar del descenso y del baile de cifras al que asistiremos durante los próximos días, muchísima gente se ha agolpado en los más de 5 kilómetros de esta gran calle barcelonesa e incluso muchos no han podido asistir porque han quedado bloqueados en el metro. La celebración, un año más, se ha dado en un clima totalmente festivo, pacífico y sin incidentes.

2. El recado de la ANC a los corruptos

Al terminar el acto intervino Quim Torra, presidente de la asociación Òmnium Cultural. También Gabriel Rufián (miembro de Súmate) y Jordi Sànchez, presidente de la ANC.

La intervención de Sànchez ha sido la más jaleada y celebrada por los asistentes. Ante los diversos casos de corrupción que han aparecido durante los últimos días, Sànchez ha lanzado un dardo tanto a Artur Mas y Convergència y a los que consideran que los soberanistas tienen una venda en los ojos con respecto a la corrupción. “Quienes estamos aquí en la Meridiana no somos ni corruptos ni corruptores”, ha dicho. “Queremos un país libre de corrupción, limpio y transparente”.

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3. La ausencia de Mas y de Colau

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha mantenido la incógnita sobre su asistencia a la movilización hasta el último momento. A diferencia de las manifestaciones de los últimos años, a las que no asistió debido a su papel como president de la Generalitat, Mas barajó la posibilidad de asistir este año justificando que es también candidato electoral.

Unas horas antes del inicio, Mas anunció que no estaría en la movilización. Sí recibió, sin embargo, a los organizadores del acto -ANC y Òmnium Cultural- en el Palau de la Generalitat para expresarles su apoyo.

Tampoco ha asistido a la movilización la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que anunció hace 10 días que no participaría en la manifestación debido a la identificación de la movilización con la opción electoral de Junts Pel Sí. Colau, no obstante, ha pedido hoy al Gobierno español que ponga “voluntad política” para permitir un referéndum.

4. Guiños en castellano

Desde el principio del proceso soberanista, los promotores y partidarios de la independencia han hecho un esfuerzo considerable para proyectar un mensaje inclusivo que seduzca a los ciudadanos de origen español, a los extranjeros y a los catalanes castellanohablantes.

Más allá de la intervención en castellano del miembro de Súmate Gabriel Rufián (ha recordado ser “hijo y nieto de andaluces”), los demás oradores también han lanzado guiños a este colectivo. “Este país lo construiremos con toda la gente que vive aquí y con toda la gente que quiera venir aquí. Nunca hemos preguntado donde hemos nacido ni cómo nos llamamos ni qué lengua hablamos. Somos un solo pueblo y nadie nos fracturará”, ha dicho el líder de la ANC, Jordi Sànchez, a una multitud entusiasmada.

Para acabar, antes de que sonara el himno catalán de Els Segadors, un grupo ha interpretado una versión del tema Gitana Hechicera de Peret en la que se decía “Cataluña tiene el poder”.

 

Diccionario satírico burlesco (II)

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En la segunda entrega de su glosario particular, Anna Grau se adentra en la letra B. Nos trae esta vez términos que dan mucho juego, como Balanzas fiscales, Bandera o Barça. A través de ellos, y con su humor y escritura punzante, nos ayuda a conocer un poco mejor la realidad catalana.  

Lee aquí el primer capítulo del diccionario 

Badalona

Ya tiene que ser bonito Badalona, que cantaba Joan Manuel Serrat, para aguantar que allí se hayan afincado tanto el nuevo y flamante candidato del PP catalán, Xavier Garcia Albiol, como la Pasionaria del prusés, Pilar Rahola. Ambos dos de una contundencia avasalladora y de un carácter netamente killer que si por lo que sea no sabes con quién estás tratando, te enteras en seguida. Los extremos se tocan, los enemigos se parecen: Albiol promete limpiar el oeste del Besòs de gitanos rumanos, Rahola de catalanes unionistas y españoles. ¿Qué sería de la Cataluña moderna, esa sardanaza de cursis, sin semejantes fuerzas de la naturaleza y de la política sin complejos y sin escrúpulos? En otra vida y en otro país Albiol y Rahola podrían ir de la mano. En la vida y en el país que les ha tocado se la tienen que morder el uno a la otra. Pero en el fondo conectan más entre sí que con sus pánfilos líderes respectivos. Qué buenos perros de presa si tuvieran, ambos, buen señor. De la jauría de enfrente no iban a quedar ni los huesos.

Balanzas fiscales

Cuenta del Gran Capitán y de la vieja que nunca cuadra. A saber: uno suma todo lo que el Estado ingresa en una comunidad autónoma, luego le resta todo lo que ahí se gasta, y el saldo que quede a favor (del Estado) equivale al grado de expolio que esa desdichada comunidad autónoma sufre. ¿Queda claro? Por supuesto no hay que hacer caso de Liberty Valance ni de Madrid cuando en vano se desgañitan y advierten de que las cosas no siempre son tan sencillas ni están tan claras. Que hay servicios y sinergias generales muy difíciles de cuantificar y que, teniendo en cuenta la progresividad de los impuestos sobre la renta, las cotizaciones a la Seguridad Social, etc., etc., te pongas como te pongas, para que todos los individuos paguen lo mismo, algunos territorios donde hay más individuos ricos por metro cuadrado tienen que pagar más. Eso sin contar con que, cuando una comunidad autónoma tiene la suerte de estar gobernada por partidos nacionalistas, eso desencadena un corolario fascinante: y es que si el Estado no invierte es un cerdo, pero como invierta es un cretino, porque el pantano lo inaugura y el tanto se lo apunta el jefe de la tribu local. Con lo cual se produce una inmediata disfunción eréctil inversora en Madrid… inmediatamente compensada, en Barcelona, con un marcar paquete y un cerrar ambulatorios para abrir carísimas embajadas culturales en el extranjero. ¡Honra sin barcos! Ergo, si te ha tocado un gobierno autonómico nacionalista, disfruta de las vistas a la autopista (de peaje) y apriétate tres agujeros más el cinturón. Por cierto, en Madrid tienen tanta culpa o más de este despropósito porque incluso cuando sacan las cuentas se hacen un lío con ellas. Dan así eterna carnaza a los que acusan al Estado de sisar cual fámula viciosa o de invertir más allá donde más les votan…

Bandera catalana y/o estelada

Igual que los semáforos dan de sí tres luces (rojo, amarillo y verde), la bandera catalana tiene tres posiciones: reposo, ataque y misión imposible. En reposo es la senyera de toda la vida, las cuatro barras rojas sobre fondo de oro inspiradas en la sangre y en la leyenda de Guifré el Pilós, Wifredo el Velloso. En pleno franquismo su capacidad de subversión satisfacía plenamente a todo el mundo, pero en tiempos más recientes ya no basta; entonces hay que sacar l’estelada, la versión que incorpora un lucerito blanco sobre fondo azul, a la cubana. En esta posición de ataque la bandera ya no es meramente catalana: es independentista y antiespañola. Como no podía ser de otra manera tratándose de Cataluña, hay quien intenta nadar y guardar la ropa, misión imposible pero no tanto como parece. Para este tipo de cross-dressing patriótico se inventó l’estelada clandestina, es decir, con lucero, pero no blanco y azul sino rojo y amarillo, para que de lejos se pueda confundir con una bandera catalana normal. Será por gustos y colores.

Bandera española a secas

A diferencia de su prima hermana (¡perdón!) catalana, la bandera española tiende a desdibujarse de la vida pública, cuando no a pasar directamente a la clandestinidad. En determinados círculos gozan de más y mejor aceptación variantes técnicamente periclitadas de la bandera (sea la del aguilucho, sea la republicana) que la bandera misma tal y como hoy en día la conocemos. Si es que la seguimos conociendo. En un futuro cercano puede llegar a ser imposible diferenciarla de unos calzoncillos rojigualdos astutamente puestos a escurrir en un balcón del Palacio de la Capitanía de Barcelona.

Barça

Religión de Estado, si Estado hubiera o hubiese. Teocracia sin Dios. Ilustración sin Razón. Más que un club, menos que un equipo. Poderoso laboratorio simbólico, Proyecto Manhattan del que la Cataluña real, plural e imperfecta, sale reconvertida en apretada falange de raza aria blaugrana. Que eso en la práctica no tenga nada que ver con quién expide los pasaportes de los que objetivamente chutan la pelota y dónde pagan estos sus impuestos, cuando los pagan, no quita ni pone. Como no quitan ni ponen las escandaleras en los despachos o las sucesiones en la presidencia en el mejor estilo Yo, Claudio. El expresidente Josep Lluís Núñez, que no era moco de pavo, ya ha colgado las botas en la cárcel y hay petición de talego para otros máximos directivos de la institución. ¿Habrase visto cosa más nostra?

El espantoso clamor

espantoso-clamor-final-extUn testigo presencial describe así los hechos: “En lo alto de la tribuna apareció el Rey. Entonces, doloroso es referirlo, pero nos hemos propuesto decir la verdad, se oyó un clamor espantoso, compuesto de gritos, silbidos y rugidos atronadores… Miles de individuos apiñados aullaban como fieras. Además oímos proferir mil injurias groseras que la pluma se niega a transcribir. Los guardias veían aquellas escenas vergonzosas con los brazos cruzados”.

Un testigo presencial describe así los hechos: “En lo alto de la tribuna apareció el Rey. Entonces, doloroso es referirlo, pero nos hemos propuesto decir la verdad, se oyó un clamor espantoso, compuesto de gritos, silbidos y rugidos atronadores… Miles de individuos apiñados aullaban como fieras. Además oímos proferir mil injurias groseras que la pluma se niega a transcribir. Los guardias veían aquellas escenas vergonzosas con los brazos cruzados”.

Aunque cada palabra cuadre con lo ocurrido en el Camp Nou, lo que acabo de reproducir es el relato del multitudinario abucheo a Alfonso XII a su llegada a la Estación del Norte de París el 29 de septiembre de 1883. El enviado especial de La Época Alfredo Escobar lo publicó en forma de instant book pocos días después del acontecimiento.

Se trata del único antecedente histórico que he podido encontrar de una muestra de desaprobación tan estridente y multitudinaria en presencia de un Rey de España. Con tres notables diferencias respecto a lo ocurrido en Valencia en 2009 y ahora en Barcelona: sucedió en el extranjero, no fue televisado en directo y la culpa no fue del Gobierno sino del Rey que se lo había buscado.

Alfonso XII había cometido la imprudencia de visitar Alemania antes que la capital francesa. Había asistido nada menos que a unas maniobras del ejército imperial, había aceptado el nombramiento de coronel de un regimiento de hulanos y había levantado su copa ante el emperador Guillermo I, prometiéndole el apoyo de España en caso de una nueva guerra. Con la herida abierta por la derrota de Sedán aún sangrando a borbotones, la agresividad de la acogida en París estaba tan cantada como la megapitada de la final de Copa.

De ahí que el ministro de Estado, Marqués de la Vega de Armijo, de acuerdo con el jefe del Gobierno Sagasta y el entonces líder de la oposición Cánovas, tratara de persuadir sobre la marcha al Rey de que cambiara de planes, anulara la visita oficial a Francia y se embarcara en Amberes de regreso a España. En contraste con el abúlico conformismo del gobierno de Rajoy ante el desastre anunciado, los líderes políticos de la Restauración consideraban que era su deber evitar que se consumara un ultraje a los españoles en la persona del Jefe del Estado.

Fue el propio don Alfonso quien, según explica Melchor Fernández Almagro, “se opuso resueltamente a modificar el itinerario previsto porque no le parecía digno de la nación española que a su Rey le preocupase lo que pudiera ocurrirle en París y que, anunciada su visita, no dejaría de hacerlo, “aunque le costase la vida””. Como el Rey aún gobernaba sobre el Gobierno, se hizo la voluntad de Su Majestad que aguantó tan impertérrito como su tataranieto Felipe VI la monumental bronca que se le vino encima.

Sin embargo, y esta es una cuarta gran diferencia, la ofensa colectiva generó también un desagravio colectivo que a la postre fortaleció la unidad de la Nación en torno a la Corona. Alfredo Escobar cuenta que pese a que el tren real llegó de madrugada a San Sebastián, una muchedumbre de “vascongados y castellanos” le aguardaba con “un sólo grito continuado que hacía vibrar las fibras más delicadas del corazón y ensordecía el espacio, ese grito era: ¡¡España!!”.

El 3 de octubre el Rey “fue aclamadísimo por el pueblo madrileño que lo siguió hasta Palacio y que, por expreso deseo de don Alfonso, halló franco el paso al interior, en multitudinario oleaje de entusiasmo… Obreros, menestrales, mujeres, personas que jamás habían pisado las regias estancias, las invadieron dando gritos atronadores y sin detenerse a mirar los suntuosos adornos, sólo pensaban en aclamar al Rey y a la patria”. Según Escobar 100.000 personas -un cuarto de la población de entonces- se echaron ese día a la calle en Madrid. “Agraviado el Rey, los españoles se sintieron agraviados también”, sentencia Fernández Almagro.

Ilustración: Javier Muñoz
Ilustración: Javier Muñoz

Estoy seguro de que en el caso de Felipe VI se habría producido una reacción análoga si su valentía se hubiera manifestado de forma opuesta a la de Alfonso XII. Es decir, si después de haber acudido como un mandado al matadero del escarnio, hubiera tenido el gesto de dignidad herida de abandonar el recinto tan pronto como terminó de sonar el himno, dejando a Mas colgado de su pérfida mueca. Seguro que a Rajoy le hubiera contrariado ese arranque pero el Rey habría adquirido la misma popularidad sobrevenida que acompañó a su padre desde el 23-F. Y naturalmente que no estoy comparando una pitada concertada a los símbolos de la Nación con un golpe de Estado pues pertenecen a categorías muy diferentes de lo execrable, pero sí incidiendo en que no hay mejor atajo hacia el prestigio que el repudio explícito de lo intolerable.

Si alguien sabe de algún otro lugar en el mundo en el que ocurran cosas así, en el que la persona y el himno que representan al conjunto de la ciudadanía sean objeto de befa y vituperio de forma coordinada, subvencionada, impune y retransmitida en horario de máxima audiencia, que lo diga. A Rajoy, Soraya, Fernández Díaz y demás estólidos en su estrago debería caérseles la cara de vergüenza. Sabían a qué tipo de escabechina moral enviaban a Felipe VI y por eso delegaron la representación del Gobierno en el difunto Wert.

Ellos son los responsables directos de que el Rey compareciera para servir de pim-pam-pum a las invectivas de la chusma cual monigote de feria. Ellos son los responsables directos de que una autoridad del Estado que el pasado noviembre utilizó medios del Estado para intentar destruir al Estado, desobedeciendo las resoluciones judiciales del Estado, pudiera exhibir su sonrisa rufianesca junto a Felipe VI para añadir así la albarda de la burla a la albarda del ultraje.

Cuan hiriente e insufrible, cuan ofensivo y vergonzoso sería el hecho para el ciudadano medio, sin especiales ardores patrióticos pero con un elemental sentido de la urbanidad exigible en la morada común, que incluso ese estaférmico Gobierno se sintió obligado a anunciar ipso facto la convocatoria de la Comisión Antiviolencia. Frente a la ingenuidad de los arponeros que pensábamos que al fin esta vez el decoro institucional se cobraría algún que otro cetáceo estelado, lo que se impuso fue el business as usual y la decrépita montaña volvió a parir el ridículo ratón de una mera pesquisa informativa.

Ha transcurrido toda una semana y el ya casi extinto debate sólo ha generado un prolífico catálogo de impotencias: no es posible interrumpir el acontecimiento, desalojar el estadio y jugar el partido a puerta cerrada, como prevé la legislación francesa, porque eso generaría un problema de orden público; no es posible sancionar a los clubes cuyas aficiones protagonizaron la afrenta, y menos aún clausurar durante equis jornadas el Camp Nou, porque eso estimularía el victimismo nacionalista en vísperas de unas elecciones con pretensiones decisorias; no es posible proceder contra las personas físicas, perfectamente reconocibles en los vídeos de la jornada, porque hay jurisprudencia de la Audiencia Nacional que alberga manifestaciones análogas bajo el paraguas de la libertad de expresión; no es posible reformar el Código Penal para que no quepa el equívoco y las agresiones a los símbolos nacionales en el espacio público sean equiparadas a las manifestaciones de odio, racismo y xenofobia porque no se debe legislar en caliente y estamos además próximos a la disolución de las Cortes. Frustrante letanía colgada de la tópica premisa de que no hay que fijarse en los efectos sin rastrear las causas al menos hasta los tiempos de Recesvinto.

Así las cosas, hay algo que sí es posible: incluir el abucheo en el protocolo del acto que la Federación Española de Futbol distribuye a los medios de comunicación. Rezaría de esta guisa: 21,25.- Entra en el Estadio Su Majestad el Rey, acogido con los primeros pitos e insultos. 21,27.- Suena el Himno Nacional mientras los gritos e invectivas se generalizan hasta hacerlo inaudible. 21,29.- Sonrisa rufianesca del presidente de la Comunidad Autónoma dirigida a Su Majestad el Rey, con posado ante las cámaras. 21,30.- Sorteo de campo entre los capitanes e inicio del encuentro, acompañado de los últimos insultos al Jefe del Estado.

Todos sabríamos a qué atenernos. Serían los cinco minutos rituales del odio, mucho más entretenidos que el mensaje de Navidad. Las familias se congregarían ante el televisor a ver y oír la bronca contra el Rey y su “puta España” y los comentaristas de la cadena pública ponderarían los decibelios de la pitada, el calibre de las injurias y la impasibilidad del monarca en relación a años anteriores. Naturalmente “el monarca” sería ya un sosias maquillado y el propio Felipe VI podría seguir la retransmisión por la pequeña pantalla junto a su jefe de Gobierno. Pitando se entiende la gente.

Me alegra que esta semana aciaga haya desembocado en el final feliz de un viaje inverso al de Alfonso XII y que su tataranieto haya podido encontrar en las ovaciones de la Asamblea Nacional Francesa el bálsamo para las ofensas sufridas en la soledad del Camp Nou. No es sin embargo un síntoma demasiado alentador de la salud de nuestra democracia que al Rey de España le abucheen en Barcelona y le aplaudan en París. Para eso mejor quedarnos en lo de 1883.

Con un liderazgo autonómico grotesco y una faz esclerótica y roída por la corrupción a nivel nacional, ¿qué atractivo ofrece el actual PP a esos dos tercios de catalanes que quieren continuar unidos a España o al menos dudan ante el salto en el vacío del independentismo?

O en lo de Recesvinto que, según el atrabiliario organizador de la pitada Santiago Espot, seguro que en realidad se llamaba Resesvint y, por supuesto, era catalán. Pero no sigamos engañándonos con estas disquisiciones. Poco importa que a finales del XIX ya volviera a estar en ebullición la “cuestión de Cataluña” o que sus raíces se remonten o no hasta los Reyes Godos. ¿Acaso los Pirineos marcan una división tan drástica entre dos especies del género humano como para que de un lado se rinda culto a la Nación y del otro se la ultraje por sistema?

No, la diferencia la marcan las leyes y las personas encargadas de aplicarlas. Si la Constitución del 78 dejó el modelo territorial abierto al voraz irredentismo nacionalista y la ambigüedad de Zapatero dio alas a los más radicales, es con el gobierno de mayoría absoluta de Rajoy cuando más se está notando el abandono de Cataluña por parte del Estado. La estrategia política brilla por su ausencia, la acción cultural es un páramo yerto, los proyectos económicos ni están ni se les espera. Con un liderazgo autonómico grotesco y una faz esclerótica y roída por la corrupción a nivel nacional, ¿qué atractivo ofrece el actual PP a esos dos tercios de catalanes que quieren continuar unidos a España o al menos dudan ante el salto en el vacío del independentismo?

Mucho más espantoso que el desabrido clamor de una noche de pasiones y rebuznos es en el fondo el educado coro de murmullos de las clases medias catalanas sobre la pasividad, el abandonismo y la torpeza del Gobierno. De ahí que venga tan a cuento este chiste del gran Bagaría publicado hace cien años en nuestra admirada revistaEspaña. Eduardo Dato, el Rajoy de entonces, líder de un partido conservador atestado de caciques, increpa al siempre pactista Cambó: “Ustedes quieren separarse de España…” Y Cambó -¿dónde está hoy su trasunto?- replica flemático: “Lo que queremos es separarnos de ustedes, que no es lo mismo”.

Ilustración: Bagaría. (Publicada en la revista 'España')
Ilustración: Bagaría. (Publicada en la revista ‘España’)