El largo

GRA168. MATARÓ (BARCELONA), 19/09/2015.- El candidato del PPC a la presidencia de la Generalitat, Xavier García Albiol, come un trozo de sandía durante el paseo que ha realizado hoy por el mercado del barrio de Cerdanyola de Mataró (Barcelona). EFE/Quique García

Fotografía: Quique García / EFE

Xavier García Albiol es el elegido por el PP para contener el ascenso de Ciudadanos y luchar contra el soberanismo en Cataluña. Exjugador de baloncesto, aficionado a la vela y socio del Espanyol, sus años en Badalona lo convirtieron en un político conocido en todo el país.

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Xavier García Albiol es el elegido por el PP para contener el ascenso de Ciudadanos y luchar contra el soberanismo en Cataluña. Exjugador de baloncesto, aficionado a la vela y socio del Espanyol, sus años en Badalona lo convirtieron en un político conocido en todo el país.

Una mañana de septiembre de 1983, Miquel Nolis subía por la calle Prim de Badalona. Por la otra acera vio bajando a un chaval espigado de casi dos metros. Nolis iba mal de tiempo pero no se lo pensó. Cruzó la acera y le preguntó a ese joven si jugaba al baloncesto. “No, sólo a veces en el colegio”, le contestó un adolescente con una dicción peculiar. “Pues vente un día a probar al Joventut”, le contestó Nolis.

Miquel Nolis es uno de los entrenadores de baloncesto de base más prestigiosos de España. Fue seleccionador de las categorías juveniles y hasta Ricky Rubio le contrató para mejorar algunos aspectos técnicos antes de ir a la NBA. Esa mañana de 1983 acababa de fichar para el equipo a Xavier García Albiol, el futuro alcalde de la ciudad. “Nunca nadie imaginó que ese tío acabaría metido en política”, recuerda hoy el entrenador.

Tres décadas después, Xavier García Albiol (Badalona, 1967) es la apuesta del Partido Popular para presidir la Generalitat, frenar el ascenso de Ciutadans y mitigar la caída que vaticinan las encuestas.

Albiol, haciendo campaña en las calles de Badalona.
Albiol, haciendo campaña en las calles de Badalona. / ALBERTO GAMAZO

Rodeado de socialistas

El ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, recordaba hace poco en una comida con Albiol y sus allegados su primer encuentro con el candidato popular.

“¿Recuerdas cuando nos conocimos? Eras un mocoso que me vino a decir que Badalona estaba fatal y que querías ser el presidente local para arreglarlo” le recordó, según cuenta uno de los comensales. “No sé cómo te aguanté, pero con el tiempo vi que estabas destinado a hacer grandes cosas”, remachó el ministro, orgulloso de su discípulo.

Albiol sólo tenía 24 años y ninguna experiencia cuando llegó al pleno del Ayuntamiento de Badalona. Ocurrió en 1991 cuando el socialista Joan Blanch acababa de ganar las elecciones por mayoría absoluta y Albiol irrumpía como único concejal del PP en una de las ciudades más de izquierdas de Cataluña.

Badalona era entonces uno de los principales feudos del cinturón rojo, el área metropolitana de Barcelona en el que ganaban siempre los socialistas. Un municipio en el que todavía se respiraba la estela de Màrius Díaz, primer alcalde en democracia y miembro del PSUC.

Quienes recuerdan a aquel Albiol lo hacen con cierta condescendencia. Era el concejal inexperto, el conservador en un pleno progresista. Su altura además hacía que no pasara inadvertido. “Era el tonto. El blanco de todos los golpes”, recuerda un veterano del PSC.

Este socialista cree que fue precisamente el desprecio con el que se recibió a Albiol lo que le empujó a no tirar la toalla. El concejal popular encajó todos los puñetazos dialécticos y aguantó.

Arropado por pesos pesados del PP como Enric Lacalle, Jorge Fernández Díaz y Josep Piqué, el concejal de Badalona estaba decidido a convertirse en el alcalde de su ciudad.

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ALBERTO GAMAZO

Uno de los nuestros

Badalona (217.210 habitantes) es una ciudad de contrastes. Los barrios del centro tienen vecinos con buen poder adquisitivo, profesionales liberales y gente cosmopolita que vive a pocos minutos de la playa.

Fuera de esos barrios, sin embargo, existe otra Badalona más degradada y abandonada a su suerte. Barrios como Llefià, La Salut o Sant Roc, más alejados del centro, en los que el paro y la oleada migratoria de principios de siglo han generado algunos problemas de convivencia e integración.

Después de pasear durante días por los barrios de la periferia uno percibe una importante brecha social entre ambas realidades. La mayoría de gente del centro vive de espaldas a la degradación de esos distritos mientras los habitantes del extrarradio sienten que sus problemas no importan a los vecinos con más recursos de la ciudad.

Albiol irrumpió en la política local asegurando a la gente de los barrios que era uno de los suyos. Un hijo de un andaluz que se había criado en el barrio de La Morera, que no tenía estudios (dejó la carrera de Derecho a medias) y que llamaba a las cosas por su nombre. “Yo no hablo para catedráticos”, explica. “La gente no está para frases bonitas, quieren hechos”.

Albiol reforzó esta sensación de proximidad con una presencia continua en la calle y en los bares, donde se reunía con los vecinos para escuchar sus problemas. Poco a poco la gente empezó a ponerle nombre a un político al que conocían como “el largo del PP”.

Albiol fue pescando votos en los feudos socialistas. De ser el único concejal popular en 1991 pasó a tener tres colegas en 1995, cuatro en los comicios de 1999 y 2003, seis en 2007 y 10 en las elecciones de 2011, cuando obtuvo el bastón de mando de la ciudad.

“Albiol no es precisamente un lumbreras, pero es obsesivo con su trabajo”, cuenta un exdirigente del Partido Popular catalán que lo ha visto crecer políticamente. “Es como una esponja. Escucha mucho e interioriza todo lo que ve”.

Alicia Sánchez Camacho juega al futbolín delante de Albiol  EFE/Marta Pérez
Alicia Sánchez Camacho juega al futbolín delante de Albiol / EFE / Marta Pérez

El chaval de La Morera

Hijo de una peluquera catalana y de un trabajador municipal nacido en Vélez Rubio (Almería), Albiol creció en el barrio de La Morera, situado en el norte de la ciudad.

La Morera es un barrio de gente trabajadora, tranquilo y en el que se respira normalidad. A diferencia de otros distritos obreros de Badalona, no ha sido azotado por la inmigración y en sus calles se oye sobre todo el castellano. A pocas semanas de las elecciones apenas se ven esteladas en los balcones y cuesta encontrar gente que hable mal de Albiol.

Juan Gómez tiene 61 años y conoce a la familia del candidato. Recuerda a Albiol como “un golfillo sin maldad” que ocupaba las horas dando vueltas por el barrio. Joan Escalada, actual presidente de la Asociación de Voluntarios de la ciudad, recuerda cómo Albiol era un asiduo de las sesiones de tarde en la discoteca Titus. “Nunca creaba problemas”, recuerda.

Algunos compañeros del colegio público Àngelus donde estudió recuerdan que era el más alto del colegio y que era muy malo para los estudios. El contraste de su altura con la de los demás alumnos se acrecentó cuando repitió curso y empezó a ir a clase con alumnos más jóvenes que él.

En La Morera circula una anécdota que niega Albiol. Hasta tres vecinos me contaron que su madre le obligaba a quedarse en su peluquería para que no hiciera gamberradas. Lo que no rechaza Albiol es el calificativo de golfo. “¡Claro que lo era! Y a mucha honra”, exclama Albiol con su sonrisa de anuncio de dentífrico.

Llega la gomina

Socio del Espanyol y padre de dos mellizos (Sandro y Nadia), asegura que vive a caballo entre un piso de la familia de su mujer en el barrio de Les Corts de Barcelona y su piso en Badalona. “En función de lo que tenga que hacer duermo en un sitio o en otro”, cuenta. Los demás partidos de Badalona afirman que toda la familia de Albiol vive en Barcelona y que Albiol lleva años sin residir en la ciudad.

Albiol se ha refinado con los años. El pelo perfectamente engominado, la camisa arremangada, los pantalones chinos y los mocasines impolutos le hacen parecerse más a un vecino de la zona alta de Barcelona que al chico de barrio que un día fue. Desde hace 15 años es aficionado a la vela y le gusta surcar los mares con su velero de 10 metros.

Albiol cuenta que empezó a ordenar su vida cuando fichó por el Joventut de Badalona a los 16 años después de su encuentro con Nolis. “Ahí aprendí lo que eran la disciplina y cumplir unos horarios”, recuerda.

Un ala-pivot prometedor

Albiol suele contar que jugó durante cuatro años en el Joventut de Badalona. Sus antiguos compañeros y entrenadores, sin embargo, aseguran que sólo fueron dos: uno en juvenil y el otro en la categoría junior.

En España hay cuatro equipos de elite en las categorías inferiores del baloncesto: el Barcelona, el Madrid, el Estudiantes y el Joventut. Albiol empezó jugando de ala-pívot pero sus entrenadores aspiraban a convertirlo en alero. En el equipo de su ciudad compartió entrenamientos con jugadores que después darían el salto al baloncesto profesional. Entre ellos Juan Antonio Morales o Rafael Jofresa. Aunque ellos jugaban en el equipo A y Albiol nunca salió del B.

Miquel Nolis, el entrenador que lo fichó al verlo por la calle, recuerda a un chico “muy simple, nada sofisticado” al que le gustaba hacer bromas en el vestuario. “Tenía esperanzas en él pero no acabó de cuajar”.

Un compañero de vestuario que prefiere no ser citado asegura que le sorprendió ver la soltura de Albiol cuando entró en política: “Se ha preparado y se ha cultivado mucho durante los años. Era muy mal estudiante y no tenía precisamente el don de la palabra”.

“No parecía que le diera muchas vueltas a las cosas. Por eso nos sorprendió verlo en política intentando convencer a la gente”, recuerda Nolis. “Tampoco se le vio ninguna tendencia españolista ni xenófoba”.

Los miembros del Joventut con los que he hablado describen un vestuario en el que reinaba el compañerismo. Se hablaba poco de política. Pero se podría decir que la tendencia mayoritaria en el equipo era el catalanismo.

Jugar en las categorías inferiores del Joventut era una tarea exigente. Los jugadores entrenaban cuatro días a la semana durante casi tres horas. Algunos jugadores se acercaban además una hora al mediodía para trabajar algunos aspectos técnicos.

Después de jugar un año en el juvenil y otro en el equipo junior, el entrenador le dijo a Albiol que no contaba con él.

El asesor listo

Después de haberse pateado de arriba a abajo las calles de Badalona durante años, Albiol tenía detectado el caldo de cultivo que le podía hacer ganar unas elecciones.

Fue entonces cuando se dirigió a Iván Redondo, un experto en comunicación política que entonces sólo tenía 26 años. Era 2007. Entre Redondo y el entorno de Albiol armaron un vídeo que ligaba la inseguridad en Badalona con la inmigración. El vídeo, tildado de xenófobo por varios partidos y entidades, proyectó a Albiol a todos los telediarios nacionales.

Albiol y Redondo supieron ver que el granero de votos del PP estaba en los barrios desfavorecidos que hasta entonces votaban al PSC y no entre los votantes conservadores del centro de la ciudad. “Identificamos problemas de inseguridad e inmigración ilegal en los distritos clave”, recuerda Redondo.

“Lo que queríamos era introducir nuestros temas en campaña”, explica este asesor, que reconoce que se inspiraron en la línea que por entonces esgrimía Sarkozy en Francia en contra de la inmigración ilegal. “No se buscaba la polémica por la polémica, pero era el único tema que podía hacer subir al PP”.

Redondo cree que ese vídeo y las horas “pateando la calle” de Albiol fueron la primera piedra para alcanzar la alcaldía en 2011. “Hablaba de un problema real. Si su mensaje no hubiera conectado con la ciudadanía, no habría subido en votos”.

Albiol vio que la inmigración era un filón y convirtió los mensajes xenófobos en su marca personal. En 2010 repartió un tríptico que vinculaba a los gitanos rumanos con la delincuencia y que le valió una imputación por incitar al odio y a la discriminación. Antes había calificado a ese colectivo como “una plaga que sólo ha venido a delinquir”.

El asesor Redondo es experto en forjar versos sueltos que se cuelan en bastiones progresistas. Asesoró a Monago en su campaña para presidir la junta de Extremadura, trabajó con Antonio Basagoiti y diseñó la última campaña de Alícia Sánchez-Camacho. Desde que empezó a trabajar con Albiol lo ha asesorado en todas las campañas electorales menos en la actual. Hoy ambos aseguran que mantienen una amistad que va más allá de la relación profesional.

 EFE/Toni Albir
Albiol en el Ritz. / EFE / Toni Albir

El ‘sheriff’ en la alcaldía

Dos décadas después de haber llegado a aquel pleno en el que todos le menospreciaban, Albiol cumplió su sueño de ser elegido alcalde de Badalona. Lo hizo con 11 concejales después de imponerse en 28 de los 32 barrios de la ciudad y gracias a la abstención de CiU en la votación.

Lejos de acomodarse, Albiol continuó con su lucha contra los de fuera y siguió recorriendo las calles de la ciudad, preocupándose por lo que le contaban los vecinos. Después de dejarse la suela de los zapatos durante dos décadas, se había convertido en una celebridad en Badalona.

Durante la campaña de las municipales de mayo lo acompañé durante una jornada en un mercadillo y vi el enorme tirón que tenía en la ciudad. Las abuelas se arremolinaban a su alrededor pidiéndole autógrafos y fotos. Albiol transmitía la sensación de conocerlas a todas. Vecinos de todas las edades le contaban sus problemas y él prometía soluciones. Albiol mantenía además un contacto físico constante con sus votantes. Con sus robustas manos agarraba los brazos de las señoras, se abrazaba continuamente a cualquiera que le venía a saludar y no escatimaba en besos.

A los señores les ponía la mano en el hombro y se agachaba para escucharlos.

El candidato popular no reniega del término populista. “Entiendo el populismo como la proximidad con los vecinos”, explica. “Si populismo es estar constantemente en la calle con ellos, soy un populista”.

A Albiol empezaron a llamarle el sheriff en Badalona por su estilo cuando asumió la Alcaldía. Se jactaba en Twitter de las redadas policiales e intentó promover un reglamento que restringía ayudas “no imprescindibles” a los inmigrantes. Actualizó el padrón para reducir el número de foráneos e hizo campaña en contra de una mezquita.

Albiol mudó su despacho del viejo consistorio a un edificio nuevo y lo decoró con dos camisetas de baloncesto firmadas por jugadores: la del Joventut y la de la selección española. Según cuentan en el pueblo, le puso el azul PP a todo lo que pudo. Se tiñeron de azul el árbol de Navidad de la ciudad, los globos de la empresa municipal Gestur y los pañuelos que se vendían en la fiesta mayor.

Los trabajadores de Badalona Comunicació, que engloba la televisión y la radio local que son propiedad del ayuntamiento, denunciaron el uso partidista que se hacía del canal. “En cuatro años no me han pedido ni siquiera una entrevista”, se lamentaba en las municipales Jordi Serra, exalcalde y líder de la oposición.

Hasta los rivales políticos de Albiol reconocen en privado que es buena persona. También un político que logró resistir una legislatura durísima sin mayoría absoluta. Aguantó un conato de moción de censura, la presión de las organizaciones sociales y varios casos de corrupción. En las siguientes elecciones mejoró los resultados de 2011. Pero una coalición de seis partidos se puso de acuerdo para desbancarle.

El dia de la investidura de la nueva alcaldesa, Dolors Sabater, las dos Badalonas se citaron en la plaza del Ayuntamiento. A un lado estaban los partidarios de Albiol y al otro los que celebraban haberlo echado del consistorio. Hubo tensión, gritos y banderas distintas. No era su día pero Albiol no lo dudó. Subió al ayuntamiento y salió al balcón a saludar.

El candidato explica que después de 20 años en la política municipal está preparado para lo que venga. En Badalona no descartan que vuelva a intentar hacerse con la alcaldía en un futuro. En el Partido Popular de Cataluña condicionan ese retorno a la posibilidad de que asuma la presidencia del partido.

En cualquier caso, Albiol seguirá nadando contracorriente: “Cuando creo en un planteamiento, lo defiendo sin tener en cuenta las consecuencias”.

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Yo vi jugar a Pau Gasol

Pau-Gasol-encuentro-Francia-REUTERS_65003500_38248_854x480 Con 35 años y renqueante desde el encuentro ante Grecia, Pau Gasol agiganta su grandeza con 18 de los últimos 28 puntos de España ante Francia para derrotar al anfitrión y actual campeón de Europa, vengar el Mundial de 2014, alcanzar la final del Eurobasket y certificar la clasificación para los JJOO de Río 2016.

Pau-Gasol-encuentro-Francia-REUTERS_65003500_38248_854x480No será este un artículo en primera persona. Ni mucho menos, pero dentro de algunos años -muchos, esperemos- usted, querido lector de EL ESPAÑOL, y yo podremos decir que vimos jugar a Pau Gasol. Será una frase que nos llene de orgullo, de recuerdos imborrables y también, delo por seguro, de nostalgia. Porque Pau Gasol, antes o después, ley de vida, terminará su recorrido con España, dejará de representar nuestra bandera, de regalarnos noches de gloria y sueños que parecían irrealizables. Porque algún día, usted y yo, descubriremos que vivimos un sueño. Tan grande como el de Rafa Nadal, igual de surrealista, igual de increíble. Pero fue verdad, lo vivimos. Usted y yo.

Se escabulle a la memoria su imagen imberbe y espigada, de aquellos tiempos cuando Sasha Djordjevic, entonces su mentor en el Barcelona, el domingo quizás entrenador del rival por el oro continental, abroncaba a Gasol y a su inseparable Juan Carlos Navarro por fumar a escondidas. Retoza en nuestra mente su aspecto de quinceañero con acné cuando David Stern le puso la gorra de los Atlanta Hawks en aquel draft de 2001. Aparece entre brumas su tímido gesto de desafío a Kevin Garnett (mirada abajo, hombro contra hombro) después de ese mate remontando la línea de fondo, botando con la izquierda, hundiéndola a dos manos…

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40 puntos, 11 rebotes, 11 faltas recibidas y 1 tapón. 52 de valoración. Pau Gasol anotó el 50% de los puntos de España en el Metropole Arena de Lille. 40 de 80, que se dice pronto. Ni los 27.000 franceses que abarrotaban las gradas ni los 100.000 hijos de San Luis habrían podido con el de Sant Boi. Con 35 años y renqueante desde el encuentro de cuartos de final ante Grecia, Pau Gasol anotó 10 de los últimos 14 puntos de España en el último cuarto (los otros cuatro fueron de Sergio Rodríguez) y ocho de los 14 puntos que la selección de Sergio Scariolo -que también tiene su mérito, y mucho- firmó en la prórroga.

La última gesta del sin duda alguna mejor jugador español de todos los tiempos. La última de muchas. Desde jugadas concretas como aquel mate ante Garnett o aquel contrataque, ya con los Lakers, con él dirigiendo la transición como si fuera un base de 1,80 pasándose el balón entre las piernas antes de dar la asistencia mirando al tendido. Desde aquella clasificación histórica de los Memphis Grizzlies para los playoffs de la NBA por primera vez en la historia de la franquicia gracias a él y a nadie más que a él a sus anillos con los Lakers.

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Desde aquel Mundial de Japón, en 2006, liderando en el parqué y también fuera de él. Sus números ante Argentina en semifinales, lesión incluida. Su capacidad para aglutinar a la selección que se proclamaría campeona del mundo en torno a su figura a pesar de que ni siquiera pudo jugar en aquella final ante Grecia.

Primeros retazos de una grandeza que no encuentra su fin, que no alcanza su cima. Ni siquiera con sus anillos de la NBA, ni siquiera cuando todo el Reedem Team pasó por el banquillo de España para rendir pleitesía al hombre que les mantuvo en jaque en las finales olímpicas de Pekín y Londres. Ni siquiera con su actuación ante Francia en un estadio de fútbol repleto de franceses, ante la actual campeona de Europa y defensora del título. Ni siquiera con una España mermada por las bajas de Calderón, Navarro o Ibaka.

Ni con todos esos condicionantes encuentra techo su grandeza, porque mientras toda España celebraba el pase a la final, la vendetta tras lo sucedido en nuestro Mundial en 2014 y la clasificación para los Juegos Olímpicos de Río 2016, él, calmado, bajas las pulsaciones y voz serena, respondía a un sencilla pregunta como sólo se puede esperar de él.

– ¿Qué le has dicho a tus compañeros?- Les he dicho enhorabuena, pero ahora queremos el oro.

Cuatro condiciones para reeditar el póker

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Lo que distingue a los mejores no es llegar, sino quedarse. Y si un equipo consigue mantener las bases que le han llevado a ganarlo todo en el baloncesto español y europeo, tiene mucho camino recorrido. Cuatro han sido los títulos levantados y cuatro deben ser los elementos a tener en cuenta en el Real Madrid de baloncesto 2015-2016.

“Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino seguir subiendo”.  La frase, de Walt Disney, está grabada a fuego en la cabeza del entrenador del Real Madrid de baloncesto, Pablo Laso. Tras pasar, en tan sólo un año, de salir expulsado y en silla de ruedas del Palau Blaugrana a conquistar el cuarto título en el campo del gran rival, es muy consciente de la dificultad que ha supuesto alcanzar la temporada perfecta, tocar el cielo… Y lo difícil que va a ser mantenerse allá arriba. Porque lo que distingue a los mejores no es llegar, sino quedarse. Y si su equipo consigue mantener las bases que le han llevado a conquistar el póquer, tiene mucho camino recorrido. Cuatro han sido los títulos levantados y cuatro deben ser los elementos a tener en cuenta en el Real Madrid 2016:

1/ Hambre

Hambre o lo que es igual: intensidad competitiva. Es muy común que tras verse ganador de todo, los jugadores cambien la mentalidad. Andrés Nocioni, vital en la final de la Euroliga y en el último partido contra el Barça, comentaba tras ganar la final de la Liga ACB: “Hemos ganado todos los títulos porque hemos salido a ganarlos todos”. Dicho así, parece que habían hecho historia porque habían querido hacerla, porque así lo habían decidido. Y esa forma de pensar y de actuar, que hace salir a los partidos con una actitud ganadora, como si fuera el último partido de sus vidas, es muy complicada de prolongar tras las últimas conquistas realizadas.

Interiormente los jugadores pierden motivación de forma natural. Es cierto que también ofrece confianza a los miembros de la plantilla, lo cual es un buen añadido siempre que no sea excesiva. Y también es verdad que hay hombres dentro del equipo que nunca se cansan de querer más y más. Ellos serán el ejemplo para sus compañeros. En ellos se fijará Laso para transmitir a sus chicos que el objetivo de repetir triunfos puede ser incluso más importante que el de vencer por primera vez.

Precisamente actitud no ha faltado durante la temporada. Es lo que se buscó a comienzos de curso con las incorporaciones y lo que se ha ido viendo en los rostros de los protagonistas en la pista: tanto en el juego desplegado como en mentalidad ganadora de todos y cada uno de los miembros de la plantilla. El mismo Nocioni protagonizó una celebración en el último partido contra el Barcelona que reflejaba esa extra-emotividad, aunque provocó una cierta y lógica polémica. Mantener esa emotividad extra, el buen ambiente y las ganas de seguir ganando será determinante para ver de lo que son capaces de hacer el curso que viene los actuales campeones de todo.

Las directrices que se han seguido para lograr los cuatro títulos responden a un esquema que va de arriba abajo y vuelve a subir. Este año la cantera también ha brillado y el Real Madrid ha sido campeón nacional en todas las categorías: desde infantil al primer equipo. E incluso ha habido tiempo para la aparición de una promesa como es Luka Doncic, que con 16 años debutó en la ACB con un triple a los pocos segundos de saltar a la pista en el choque contra Unicaja. Lo que viene también apunta maneras para seguir triunfando. Y tienen el apetito necesario. Más hambre.

La fotografía -que salió en todos medios al día siguiente de ganar la Liga- que mejor escenifica ese hambre que deben seguir teniendo los jugadores del Real Madrid es la de todos los miembros de la plantilla blanca celebrando el titulo liguero sobre el escudo del Barça en el centro de la pista del Palau. Esa imagen, que Florentino Pérez no deja de mirar,  mostraba algo más que la alegría por una victoria deportiva.

2/Fichajes y relevos

Que se haya ganado todo no significa que no se pueda mejorar la plantilla. O, si como parece, el éxito conlleva que algunos de los mejores pájaros abandonen el nido y se les tenga que sustituir. Ya antes de la final de Liga Endesa, y tras hacer la mejor temporada de su vida con el equipo blanco, Sergio Llull empezaba a escuchar la llamada de la NBA. Y el balear lo tiene mejor que nunca para marcharse allí, ya que se encuentra en el momento más álgido de su carrera. El premio a mejor jugador de los playoff de la Liga, sumado al de la Supercopa, es una muestra conmemorativa de ello. Sin embargo, todo parece indicar que se va a quedar en Madrid.

El otro Sergio, Rodríguez, también suena con fuerza para ir a Estados Unidos, aunque es casi seguro que prefiera España al país norteamericano. En el caso del `Chacho`, sería su retorno tras las cinco temporadas que pasó allí entre Portland Trail Blazers, Sacramento Kings y New York Knicks. La del canario y la de Llull, de producirse, serían bajas sensibles, ya que son pilares básicos en el dibujo que utiliza Laso, pero existen alternativas. Y en cada equipo prima una famosa máxima que consiste en renovarse o morir.

Los nombres que se barajan para suplantar al base balear, si finalmente viajara a EEUU aunque todo parece indicar que no va a ser así, son los de Jeremy Pargo, Sam Van Rossom y Dontaye Drapper, que viviría su segunda etapa de blanco, y llegaría gratis. El belga Van Rossom es el que más gusta y el Real Madrid podría pagar la cláusula de 700.000 euros al Valencia Basquet por su incorporación. Tendrá el listón alto. Y a priori no parece fácil sustituir a Llull, en caso de que hubiera que sustituirle.

Todo lo que se hizo el verano pasado bajo la dirección de Juan Carlos Sánchez y Alberto Herreros tuvo sentido, para ofrecer experiencia, polivalencia y carácter ganador. Los elegidos fueron KC Rivers, Gustavo Ayón, Nocioni y Campazzo. Este próximo curso, esa experiencia ya se tiene y quizá haga falta gente que venga con ganas de aportar cosas nuevas, que no hayan vivido el empacho de esta temporada y aspiren a sufrirlo personalmente.

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3/Confianza absoluta en el proyecto

En el baloncesto europeo solo Mobilgirgi Varese, en 1970, y Olimpia de Milán, en 1987, habían logrado cuatro trofeos en una temporada. Y los dos prolongaron su etapa victoria con éxitos en los años siguientes. De hecho el conocido actualmente como Pallacanestro Varese reeditó los cuatro títulos, con Copa Intercontinental en lugar de Supercopa, en 1973. El Real Madrid podría incluso logran un quinto título para el repóquer si vencen ese mismo trofeo al Bauru brasileño, galardón al que opta como campeón de Europa. Pero para llegar a ello ha sido necesario mucho trabajo previo y un confianza plena en lo que se estaba haciendo.

“No se resume en un jugador, se resume en un equipo”. Así simplificaba Laso al terminar el encuentro contra el Barcelona lo que ha sido la triunfal campaña de su equipo. Afirmando que él tiene 13 estrellas y desviando los elogios personalizados para ensalzar el colectivo. Y echando un vistazo a los números es difícil rebatirle. Los 53 puntos de su banquillo en el tercer partido contra el Barça frente a los 20 del rival son bastante clarificadores. Los suplentes llegaron a dobles dígitos y ese uso de una gran plantilla ha sido una de las grandes bazas blancas durante la fase decisiva del año. Precisamente lo que había faltado doce meses antes  -además del palo anímico que supuso la derrota en la final de la Euroliga-, y que se buscó solucionar con fichajes que han resultado clave para el éxito.

Pero que esta idea pudiese florecer necesitó tiempo. Es llamativo recordar que el verano pasado se daba por destituido a Laso -declarado ahora mejor coach de la Euroliga que ha ganado su equipo- y sus ayudantes llegaron a no ser renovados. También en diciembre se habló de una más que probable salida del vitoriano tras perder cuatro encuentros consecutivos. Se necesitó de un proceso de adaptación para lograr la transición de jugar bien a ganar jugando bien. De coleccionar finales, a conquistarlas.

Para ello hacía falta algo de ‘mala leche’, de ser menos espectacular en favor de la eficacia, pero sin perder el estilo. Fue fundamental mantener las bases del año anterior y corregir lo necesario, sin perder la fe en el proyecto. En vez de arrancar la hoja del cuaderno que estaban escribiendo, usaron goma de borrar intentando corregir los errores y mejorar lo que ya había sin tener que empezar de cero. Potenciando virtudes y limando las imperfecciones. Eso es lo que se debe hacer igualmente ahora mirando al futuro. Reformas sin revoluciones para dar más variantes pero sin cambiar la base.

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4/Potencia física

Igual que en la campaña anterior se buscó experiencia, en la próxima se tiene que intentar llegar a un término medio, a un punto justo de madurez que no lastre como consecuencia de las condiciones físicas. Las incorporaciones mencionadas, al igual que las de la cantera y sobre todo una preparación adecuada pueden ayudar a maximizar el rendimiento e intentar solventar los problemas de índole física. Estos pueden deberse a acciones concretas en un partido o entrenamiento o en algunos casos a la edad.

Aunque precisamente los años no son un problema para el capitán, Felipe Reyes, que acaba de renovar con su club. El caso del nombrado mejor jugador de la liga regular es digno de estudio, porque a sus 35 años sigue añadiendo aspectos a su juego, matices,  que van mejorando su baloncesto. Aunque es Nocioni, un año mayor, el más veterano de la plantilla.

Pero como en cualquier ámbito deportivo el mayor temor son las lesiones. Las mismas que por ejemplo han lastrado a Rudy Fernández, con problemas en la espalda. En el global de la temporada, sin embargo, no han tenido gran incidencia y así esperan en el banquillo blanco que vuelva a suceder. Existe un factor suerte innegable pero también el hecho de tener hombres polivalentes puede ayudar a cubrir las bajas que puedan suceder.

Juan Trapero, preparador físico del equipo madridista,  destaca siempre que lo importante, también para los jóvenes, es la continuidad. Una de las claves será tener a los jugadores a punto en los momentos decisivos de la temporada. De nada vale destacar el resto del año si luego se falla cuando de verdad cuenta para sumar trofeos a las vitrinas. Eso es lo que ocurrió en la anterior temporada y lo que se ha corregido ésta para que Real Madrid haya pasado a la historia.

 

10 claves del Madrid-Barça: la tendencia contra la moda

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Arranca la final de la ACB entre Madrid y Barça. El clásico del baloncesto español al mejor de cinco encuentros. La pugna entre el gran dominador actual blanco, que quiere completar su histórico póquer de títulos esta temporada, y la tendencia ganadora en liga de los hombres de Xavi Pascual, que podrían levantar su cuarto título en cinco años. 

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Este viernes arranca la final de la Liga Endesa entre Real Madrid y FC Barcelona. El gran clásico del baloncesto español al mejor de cinco encuentros. O lo que es igual: la pugna entre el gran dominador actual blanco, que quiere completar su histórico póquer de títulos esta temporada, y la tendencia ganadora en competición liguera de los hombres de Xavi Pascual, que podrían levantar su cuarto título en cinco años. Será la sexta vez que se enfrenten esta temporada, con un balance muy favorable para los hombres de Pablo Laso, y la decimotercera ocasión en que ambos se encuentren en una final, con seis títulos para cada uno. He aquí 10 claves que pueden decidir quién va a ser el Campeón de Liga 2014-2015.

1.    La lucha en los banquillos

Dos estilos opuestos los que proponen Pablo Laso y Xavi Pascual. Si uno consigue imponer su sello decantará mucho la balanza a su favor. Por una parte, el vitoriano buscará un ritmo alto e intenso, algo complicado contra una defensa como la del Barcelona que tiende a ralentizar todo lo que pasa por su lado. Esa pausa la consigue mediante el sacrificio de todos sus hombres, siempre dispuestos a ayudar al compañero, lo que lo convierte en un equipo altamente sólido y difícil. Laso apuesta más por el talento de sus jugadores; les deja plena libertad para que corran todo lo que puedan, a imagen y semejanza de un equipo  cien por cien NBA. En sus carreras individuales, ambos entrenadores se han encontrado ya en 40 ocasiones y se conocen a la perfección. Entre ellos queda poco espacio para la sorpresa.

2.    Tomic protagonista

En los últimos partidos entre ambos está siendo habitual ver a Ante Tomic, que acaba de renovar con el Barcelona, con unas cifras impresionantes. Esta temporada ya le hizo 25 puntos al Real Madrid. Sin embargo, eso conlleva que su equipo funcione de manera menos coral y efectiva como conjunto. A Laso no le importa dejar que el pívot esté más suelto por fuera ya que cuando él destaca es su equipo quien sobresale en el marcador. Además, los blancos ahorran esfuerzos y se centran en el resto de armas del Barcelona. Su pasado madridista, y que el conjunto blanco lo despreciara, también le hace vivir estos choques con una mayor intensidad.

3.    El tuya-mía

Los enfrentamientos en finales de ACB entre ambos equipos están dejando una alternancia de vencedores que no tiene nada que envidiar al bipartidismo de Cánovas y Sagasta. Esta estadística comenzó en 1989, año desde el cual Real Madrid y Barcelona se han encontrado en nueve ocasiones en la final por el campeonato. Ni uno ni otro han logrado encadenar dos triunfos consecutivos. El equipo madrileño ganó contra los blaugrana las ligas de 1994, 2000, 2007 y 2013. Su rival hizo lo propio en 1989, 2001, 2012 y 2014.

4.    El acierto de Lull y Reyes

Sergio Llull, con 101 puntos, y Felipe Reyes (98) son los máximos anotadores en lo que va de Playoff. Cómo el Barça plantee detener la aportación ofensiva de ambos será clave en el devenir de la serie. El escolta, que logró 28 puntos en el segundo choque de las semifinales ante el Valencia, está completando los mejores números de su carrera. El jugador más valorado de la Liga, Felipe Reyes, mantiene también una gran regularidad: promedia en esta fase un 65% de acierto en tiros de dos y un 86% de tiros libres. Para hallar al máximo anotador del Barcelona en esta fase de la competición  hay que desplazarse al quinto puesto, con Tomas Satoransky que lleva 87 puntos. Serán los hombres a vigilar y de si tienen o no el día dependerán en gran medida las cifras que marque el electrónico al final de cada encuentro. El juego exterior de las dos plantillas es sobresaliente y ambos andan finos en los lanzamientos de tres puntos.

5.    El rebote defensivo

Esto es algo en lo que el Real Madrid se está mostrando débil en los últimos encuentros y que seguro querrá aprovechar el equipo de Xavi Pascual. Ya fue un problema contra Valencia y Herbalife Gran Canaria y podría ser peor ante un Barcelona que no va a conceder muchos puntos. Si Laso quiere sacar una ventaja extra tendrá que centrarse en no conceder segundas oportunidades en su propia zona. Esto es lo que les ha estado inculcando a sus jugadores, ensayando esos mínimos detalles que sabe que van a ser importantes. También serán fundamentales el juego interior y el rebote ofensivo, algo de lo que el Barça sacó mucho provecho en su semifinal contra Unicaja.

6.    Sin armas contra Carroll

Las tareas defensivas del Barça se centrarán en Jayce Carroll y en Brad Oleson como su perro de presa. Sin embargo, éste no se encuentra en su mejor momento de forma. A pesar de ello es ya un habitual a la hora de ponerle los tiros difíciles al jugador blanco, que ve en él su particular pesadilla; a Oleson llegaron a llamarle el anti-Carroll por la dificultados que tenía el madridista para encontrar espacios. El escolta, por el contrario, protagonizó el pasado abril una auténtica exhibición contra el Barcelona. Sobre la final, Carroll ha asegurado que “los dos equipos vamos a sufrir mucho”.

7.     El factor cancha

El Real Madrid, al ser campeón de la liga regular, tendrá un elemento clave a su favor. Desde el año 1987, en la que la final se empezó a disputar a cinco partidos, solo un 32% de las veces ganó el conjunto con el factor cancha en contra. El primero en hacerlo fue de hecho el Barcelona en la temporada 96-97. Y también el último cuando el año pasado ganó la liga contra los hombres de Laso. El resultado más común históricamente es el 3-2 y sería extraño ver un título decidido antes del quinto partido. Los dos primeros encuentros y el último se jugarían en la casa blanca. El ánimo de las hinchada y el conocer la pista son condicionantes más para para la mente que para el juego. Pero al final siempre influye.

8.    La batuta de Marcelino Huertas

La jerarquía que quiere imponer el Barcelona tiene nombre y apellidos: Marcelino Huertas. Él será el ingeniero y la extensión de su entrenador en la pista. Una vez superados los problemas físicos de Jaycee Carroll es muy probable que Laso lo emplee en la presión sobre el base rival, una estrategia que ya venía utilizando. Actuaría como desengranaje del contrario, tratando de obstaculizar y angustiar a los rivales. Al mismo tiempo el enfrentamiento entre esas piezas marcará las opciones del actual campeón desde el perímetro. Como alternativa, la aportación de Navarro podría desestabilizar el encuentro y quién sabe si Mario Hezonja podría explotar en esta final.

9.    Satoransky imparable

El salto de calidad que ha dado Tomas Satoransky esta temporada demuestra que está alcanzando la madurez. Ofrece algo diferente dentro del Barcelona, siendo egoísta cuando debe. Los blancos van a tener muchas dificultades a la hora de pararle. Si lleva a sus defensores al poste bajo les ganará en físico. K.C Rivers es el que mejor puede defender ante esas situaciones. El alero estadounidense ha llegado entonado al tramo final de campaña. El checo ha declarado que el Real Madrid “es un equipo que siempre te puede meter un parcial de 10 o 12-0 e irse en el marcador, como nos pasó en el último partido contra ellos. La clave es estar siempre igualados y no dejarles entrar en una de esas rachas”.

10. El juego mental

El Barcelona llega a la final sin títulos añadidos a su palmarés esta temporada. Eso supone una presión extra para el último título del año, ante su mayor rival. En el lado opuesto, es difícil discernir si los jugadores blancos verán con tranquilidad el haber cosechado ya tantos éxitos esta campaña o si la opción de lograr la guinda les provocará ansias. Tras supercopa, Copa del Rey y  con la Euroliga, todavía en las retinas de los aficionados, la Liga sería un fin de fiesta impresionante.

Curry-LeBron: la final que cambiará el baloncesto moderno

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Arranca la final de la NBA que, según todos los expertos, cambiará la historia del baloncesto moderno. Los Golden State Warriors contra los Cleveland Cavaliers. O lo que es igual Stephen Curry contra LeBron James. El más letal tirador de la historia contra el mejor jugador o, como muchos apuntan, la vanguardia del baloncesto condensada en un cuerpo humano. Los Warriors, quieren romper los tópicos y demostrar que es posible ganar está competición anotando de tres en tres. Ya lo veremos.

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Stephen Curry se ha acostumbrado a salir a las ruedas de prensa posteriores a los partidos con su hija pequeña en brazos. Ella, que se llama Riley, aún no ha cumplido dos años, así que se dedica a sabotear de la forma más encantadora y espontánea las respuestas que Papá da a los periodistas. La gente adora a Riley Curry. Su padre, elegido MVP de la temporada regular de la NBA, hace lo mismo en las canchas de baloncesto con los Golden State Warriors: sabotear a quien se ponga por delante.

Curry (27 años), el mejor tirador que ha conocido el baloncesto, todavía tiene cara de crío pese a ser padre. Si su defensor le deja más de 30 centímetros libres, Stephen Curry crea el mismo caos que un niño suelto en mitad de una juguetería. El equipo rival es como una niñera: todos los jugadores están obsesionados en vigilarle durante los 48 minutos de partido; un instante de desatención es un triple en contra. Ver a Curry solo es ver un atropello medio segundo antes de que suceda.

Ahora es el MVP de la NBA, pero el base de los Warriors es uno de los jugadores más apreciados de la liga desde mucho antes, quizá porque contagia alegría: uno de sus movimientos característicos son los saltitos de felicidad incontenida que da cuando ve que uno de sus triples imposibles va a mancillar la red. La otra explicación a su popularidad hay que buscarla en que sus tiros a canasta alcanzan su objetivo mucho más a menudo que los del resto de jugadores que ha conocido el baloncesto.

El baloncesto del mañana

Lejos de su apariencia frágil y despreocupada, Curry lidera al equipo más temible de la NBA, los Golden State Warriors, que juegan la final de la liga contra los Cleveland Cavaliers. Para empezar: 108-100 para Curry y compañía en el primer partido de la serie disputado en la madrugada de este viernes; una final que podría alargarse hasta la del 19 al 20 (también madrugada española) si se tuvieran que jugar los siete partidos.

De entrada, los Warriors han dominado la temporada regular de principio a fin. Sus 67 victorias son uno de los diez mejores registros de la historia de la NBA, conseguidas además por un margen (han ganado por 10,1 puntos de media sus partidos) que solo otros siete equipos han mejorado desde que existe la liga y seis de ellos ganaron el título. Con todo, lo más llamativo de los Warriors no es que ganen, sino cómo ganan: su manera de jugar es una apuesta por la revolución del baloncesto.

Basados en las habilidades únicas de Stephen Curry, Golden State ejecuta el baloncesto más moderno del planeta. La NBA está embarcada en una revolución liderada por las analytics, el estudio del juego mediante la estadística avanzada. Buena parte de esta ecuación nació de un cálculo muy poco avanzado: tres puntos valen más que dos. Los entrenadores se han entregado a esta máxima una vez que la capacidad para meter tiros de tres se ha extendido a la amplia mayoría de los jugadores de baloncesto.

Cinco de los diez equipos que más triples han tirado en una temporada son conjuntos de la temporada 2014-15. Entre ellos: los dos finalistas. Los Cavaliers han sido los terceros y  cuartos los Warriors. Cleveland ha tirado más triples que Golden State durante la temporada y aún así son estos últimos quienes se quedan en la memoria como el equipo triplista. ¿Por qué?

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Los Splash Brothers

Porque Golden State cuenta con el que quizá sea el mejor dúo de tiradores que haya dado la NBA, Curry y su fiel escolta Klay Thompson. Los Warriors se han radicalizado en los Playoffs y son el equipo que más triples intenta y anota en la postemporada, muy por encima de cualquier otro equipo que haya ganado el título en la historia.

Únicamente tres equipos campeones anotaban más triples por partido en los playoffs de los que meten solo entre Curry y Thompson, conocidos como los Splash Brothers. Contando desde el año que nació la línea de tres puntos en la NBA (1979), Steph Curry anota por sí solo más triples en un partido que 17 de los equipos que ganaron la NBA. Bienvenidos al baloncesto moderno.

Además de tirar de tres, los Warriors hacen otras muchas cosas bien. Son el equipo que mejor defiende de la NBA, gracias a un sistema basado en los cambios constantes: los jugadores de Golden State son tan versátiles que no tienen problema en que los grandes defiendan a los pequeños o al contrario, para anular de esta forma muchas de las ventajas que crean los ataques en el flujo natural del juego. La polivalencia, otro ingrediente del nuevo baloncesto, está expuesta especialmente por Draymond Green, un ala-pívot capaz de aportar en todo y que es el as de la defensa de Golden State, además de ser el jugador del equipo que más pases da en ataque, prueba de que es importante en los dos lados de la cancha.

Un novato en el banquillo

El equipo de Oakland está dirigido por Steve Kerr, gran tirador en sus tiempos como jugador –anotó una de las canastas decisivas para que Michael Jordan ganara su quinto título; Kerr ganó también cinco–, y novato en los banquillos. El entrenador de los Warriors ha rediseñado el ataque de su equipo en torno al tiro de sus dos estrellas, pero sazonándolo con un juego de pases riquísimo en matices del que todos los jugadores participan. Y además lo hacen a toda velocidad, con el ritmo de juego más alto de toda la competición.

El resultado es un baloncesto armónico y vanguardista que entierra el insistente tópico de que no se puede ganar un título a base de tiros lejanos. Stephen Curry puede. Aunque Golden State es un equipo con muchas virtudes, las más contundentes giran alrededor del hijo de Dell Curry, quien fuera uno de los grandes tiradores de la liga en los años noventa. Steph no solo es un gran tirador, sino que tiene una capacidad insólita para armar el brazo y crearse sus tiros. Con él no hay situaciones sin peligro. Entre su velocidad, su habilidad también extraordinaria para botar la pelota y su maña para finalizar las jugadas entre gigantes, Curry castiga a los contrarios desde todos los puntos imaginables.

Kobe Bryan lo explicó en Twitter diciendo que los tiros a canasta de Curry son los que sus defensores quieren que haga, pero también los que él se siente cómodo haciendo. El truco es que no hay un tiro incómodo para Stephen Curry.

Los triples de Curry alimentan el salvaje ecosistema del Oracle Arena, la cancha más caliente de la NBA. El equipo parece diseñado en paralelo a su afición: en cosa de un minuto, el rival se puede encontrar con que le han metido diez puntos seguidos y que 20.000 personas están de pie gritando como si las hubieran enviado a los infiernos. Los Warriors llevan 46 victorias y solo 3 derrotas en casa este año, en la única cancha norteamericana que podría encontrarse en Atenas.

January 16, 2015; Los Angeles, CA, USA; Cleveland Cavaliers forward LeBron James (23) during a stoppage in play in the first half at Staples Center. Mandatory Credit: Gary A. Vasquez-USA TODAY Sports  - RTR4LRQP

El más difícil todavía para LeBron

Incluso una derrota de Golden State podría significar el fin del ‘viejo baloncesto’. Los Warriors se enfrentan a un equipo que tira incluso más triples que ellos, guiados y liderados por LeBron James, que es la vanguardia del baloncesto condensada en un cuerpo humano. El jugador más famoso del mundo quizá siga siendo el mejor. Se notan síntomas de desgaste –este año está tirando, defendiendo y manejando el balón peor que en el pasado–, pero James sigue controlando como nadie todo lo que pasa en una pista de baloncesto.

Cleveland llega a la final sin uno de sus tres mejores jugadores, el ala-pívot Kevin Love, y con muchas dudas sobre el estado físico de Kyrie Irving, el base que completa su trío de estrellas. Sin embargo, David Blatt, también novato en la NBA pero campeón de todo en Europa –él dirigía al Maccabi que frustró el penúltimo intento del Madrid de Laso por ganar la Euroliga, o a la Rusia que dejó a España sin el Eurobasket 2007 en casa–, le ha dado al equipo una nueva identidad justo a tiempo: son los soldados de LeBron.

Fue llegar a las eliminatorias por el título y los Cavs empezaron a defender como leones, a luchar los rebotes como hienas y a bailar como cisnes en ataque en torno a los designios de LeBron James. Normalmente, James llama tanto la atención de las defensas que se cierran hacia él ignorando a parte de su equipo, lo que su estelar visión de juego convierte en un tiro cómodo para uno de sus compañeros.

“Un misión más allá del baloncesto”

Sin Love y con Irving mermado, la carga que soporta James en los partidos está siendo mayor que nunca, un factor a tener en cuenta al enfrentarse a la mejor defensa del mundo. LeBron, acostumbrado a ser el objetivo de las cámaras, juega su primera final desde su retorno a Cleveland. Hace once meses que anunció que volvía a la región que le vio nacer, crecer y jugar sus primeras temporadas en la NBA. Entre medias decidió irse a Miami para ganar dos títulos de campeón y además romperle el corazón a su estado natal.

La ciudad de Cleveland no festeja un título de uno de sus equipos –además de en la NBA, tienen franquicia en las ligas de fútbol americano y béisbol– desde 1964. “Siento que mi misión aquí va más allá del baloncesto”, dijo James en la famosa carta en la que anunciaba su retorno el pasado julio. “Quiero que los niños del nordeste de Ohio (…) se den cuenta de que no hay un sitio mejor para crecer. Quiero darles esperanzas mientras pueda”.

Difícilmente alguien en Cleveland le reprochará a su famoso hijo pródigo una derrota en las finales, porque los Warriors parten como claros favoritos. Pero mientras Golden State sale con las piezas blancas, LeBron James puede jugar como Bobby Fischer. Esta es la quinta final consecutiva para el ‘23’ de Akron (la misma ciudad en la que nació Curry, aunque él apenas pasó tiempo allí), un récord beneficiado por la debilidad de la Conferencia Este de la que nunca ha salido, pero un récord impresionante en cualquier caso.

Los Cavs nunca han ganado el anillo. Los Warriors lo hicieron por última vez en 1975. Nada será lo mismo en la NBA después de esta final.

¡Qué tramposos!

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El Deflategate, el reciente caso en el que Tom Brady, el quarterback de los Patriots, ha sido sancionado y su equipo multado por la Liga de Fútbol Americano (NFL) por haber desinflado los balones por debajo de lo reglamentario, ha vuelto a poner en escena a los grandes tramposos del mundo del deporte. He aquí 10 casos -como el de Maradona durante el Mundial de México- en los que se unen la picaresca, la estupidez y hasta el delito.

New England Patriots quarterback Tom Brady warms up before an NFL football game against the Baltimore Ravens, Sunday, Dec. 22, 2013, in Baltimore. (AP Photo/Nick Wass)
Tom Brady, quaterback de los Patriots.

Recostado en su sillón, Morfeo ofrece dos opciones. Si se toma la pastilla roja habrá que afrontar la realidad, con todas sus dificultades. Si se opta por la azul podrá continuarse una vida llena de facilidades, pero que no es real. En la historia del deporte, demasiados protagonistas se decantaron por la pastilla azul.

En la cuesta arriba hacia el triunfo los deportistas se encuentran bifurcaciones que acaban convirtiéndose en ramificaciones todavía más complejas. Mientras corren, nadan o escalan hacia su meta también se buscan atajos. A cambio, destruyen la misma esencia de lo que hacen, aquello que los espectadores pagan por ver. Y es entonces cuando olvidan su honor en alguno de los recovecos del recorrido. Esas triquiñuelas que aseguran o facilitan el camino pueden ser grandes o pequeñas y en muchas ocasiones no termina de clarificarse si la infracción se produjo realmente.

Prueba de ello es el reciente caso Deflategate, en el que la superestrella Tom Brady ha sido sancionado por la Liga de Fútbol Americano (NFL). El quarterback de los Patriots, al que le han caído cuatro partidos de sanción, habría participado en una artimaña para que los balones utilizados en la final de conferencia contra los Colts no llegasen al mínimo de presión al que deben estar inflados. La decisión, que también supone una multa de un millón de dólares para el equipo de Nueva Inglaterra, ha levantado polémica, ya que Brady siempre ha negado tener conocimiento alguno de lo sucedido. Tampoco se sabe a ciencia cierta cuál es la influencia real que los balones deshinchados podrían tener en el resultado del encuentro, y si la tienen porque beneficiaría más a unos que a otros.

El ejemplo del que fuera jugador en la Universidad de Michigan, que ha recurrido la sanción,  se suma a una lista de atentados contra los valores que se presuponen al deporte y que manchan el ´fair play´ del que en muchas ocasiones se presume. Sin embargo, esas tretas también han dejado anécdotas llamativas en la que los deportistas supieron tirar de imaginación para sacar ventaja. Las argucias que vienen a continuación bien podrían formar parte de un bochornoso decálogo de la historia más negra, o casi, del deporte. Una pequeña antología de trampas y tramposos. No es la única, pero vale de muestra.

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Deam Richards y Tom Williams.

1.     Al más puro estilo Tarantino, un derroche de sangre falsa, sirvió a Tom Williams para ser sustituido, cuando su equipo ya se había cumplido el cupo de cambios permitidos. En 2009, el jugador inglés de los Harlequins mordió una cápsula de liquido rojo para simular una herida en la boca, buscando un resquicio al límite de sustituciones, que permitía ser ampliado en este tipo de situaciones. Todo un ataque contra la nobleza que representa el rugby pero que se vio castigado con tres años para el jugador y uno para su entrenador, Deam Richards, que declaró posteriormente que no era la primera vez que utilizaba esta triquiñuela cuando quería cambiar a un jugador y ya se le había acabado las sustituciones permitidas.

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Los miembros de la selección ‘paralímpica’ presumen de la medalla de oro.

2.     España no se libra de haber protagonizado auténticas infamias. En el año 2000, la selección paralímpica se proclamó campeona de baloncesto en los Juegos de Sydney. Un oro para presumir, hasta que se descubrió que 10 de los 12 componentes del equipo no eran discapacitados. Uno de los falsos paralímpicos se defendió posteriormente diciendo que era un periodista que estaba realizando un reportaje en primera persona.

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‘La mano de Dios’ de Maradona remata a gol.

3.     Hay casos en los que a los deportistas se les llega a aplaudir su picardía a la hora de realizar trampas. Quizás el ejemplo más famoso en el mundo del fútbol es el conocido como ´La Mano de Dios´, en el que Diego Armando Maradona marcó un gol usando su mano izquierda. Fue contra Inglaterra, en el estadio Azteca de la capital mexicana, en el partido de cuartos de final del Mundial de Fútbol de 1986. Ganó Argentina, que luego sería Campeón, por 2-1. Dios marcó el primero para la albiceleste. Y Maradona, el segundo. Gol, éste último, que ha pasado a ser recordado como el más bello de la historia de este deporte.

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El segundo ‘pene’ de Devis Licciardi.

4.     Hay demasiados casos de dopaje dentro del deporte. Pero no siempre la forma de encubrirlo es tan original como utilizando un pene falso. En 2013 el fondista italiano Devis Licciardi escondió orina limpia en este aparato que se ve en la foto para pasar los controles de sustancias prohibidas. Quiso engañar a los jueces diciendo que algunas cosas prefería “hacerlas en la intimidad”. Pero no coló. El juez, que andaba ya mosqueado con el atleta, al igual que la federación de su país, no se movió de allí y acabó descubriendo el otro pene del italiano.

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El combate entre Resto y Collins, y la cara que se le quedó al segundo… gracias al yeso.

5.     A veces los deportistas se ven influenciados por su entorno para tomar malas decisiones. Eso fue lo que ocurrió en otro deporte que enarbola la bandera de la nobleza, el boxeo. Lo que en principio era toda una sorpresa, la apabullante victoria de Luis Resto sobre Billy Collins en 1983, encontró su explicación más adelante. El puertorriqueño había reforzado con yeso sus guantes a instancias de su entrenador, Carlos ´Panamá´ Lewis, que fue condenado a un año de cárcel al descubrirse lo sucedido.

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Dora (más bien Hermann) Ratjen en sus años de atleta femenina.

6.     En ocasiones, la no tan clara distinción entre edades y sexo también permite resquicios para que los deportistas busquen una victoria cómoda. Esta manera de aprovecharse se remonta incluso a 1936, cuando los nazis buscaban predominar también en el deporte. Dora Ratjen, una atleta alemana, logró la cuarta posición en salto de longitud durante los Juegos Olímpicos de ese año en Berlín. Dos años más tarde en el Europeo de Viena batió el récord del mundo. Toda una proeza que se desmontó casi 20 años más tarde cuando tras unas investigaciones se comprobó que era realmente un hombre llamado Hermann. Éste alegó que había sido coaccionado por el régimen nazi para participar en categoría femenina so pena de campo de concentración y muerte.

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Nelsinho Piquet escapa de su bólido tras el accidente (provocado) de Singapur.

7.     Dentro de la Fórmula 1 las tácticas de equipo también parecen justificar algunas infracciones. En 2008 el Flavio Briatore, máximo responsable deportivo de Renault en aquella época, mandó a Nelsinho Piqué tener un accidente durante el Gran Premio de Singapur para que se parara la carrera y Fernando Alonso saliese vencedor, al tener que salir a pista el safety car. Cuando se averiguó que había sido provocado, el italiano fue inhabilitado y los dos pilotos absueltos.

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Rosie celebra su victoria en Boston… antes de saber que había utilizado el Metro.

8.     Quizás no es buena idea conseguir un resultado tan bueno que levante sospechas si los métodos utilizados para ello son una auténtica chapuza. En 1980 Rosie Ruiz, una atleta de origen cubano que corría en el maratón de Boston en 1980, completó la prueba en poco más de dos horas y media. Una cifra inferior en 25 minutos a su registro anterior durante la carrera de Nueva York. Tampoco el buen estado físico con el que acababa ayudaba a que no se iniciasen unas investigaciones. Finalmente, fue descalificada por haber utilizado el metro para completar la prueba. La acción de esta corredora popularizo la expresión “hacerse un Rosie Cruz” cuando alguien se salta una parte del recorrido.

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Onischenko tenía un sable con interruptor incorporado.

9.     El empleo de herramientas tecnológicas para engañar también ha proporcionado una manera sutil de cometer fraude en el deporte. Boris Onischenko fue un pentatleta que participó en tres ediciones de los Juegos Olímpicos de 1968 a 1976. En el campeonato de Montreal, durante la disciplina de esgrima, el ruso hizo uso de un cable en su espalda y un interruptor en su mano para marcar tocados que realmente no se producían. Al principio se pensó que se trataba de su espada pero más tarde se vio el verdadero truco y fue descalificado. Se dice incluso que fue enviado a unas minas de sal en Siberia pero no hay pruebas de ello.

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El golfista David Robertson pasará a la historia como ‘el adelantabolas’.

10.  El golf también vivió su momento vergonzoso, con una trampa más del estilo de niño pequeño que de artimaña elaborada. En 1985, durante la previa del British, David Robertson iba avanzando hoyo a hoyo antes que sus rivales, a tiempo para adelantar la bola sin ser visto algunos metros. Al final levantó sospechas que acabaron con una multa de 30.000 euros y el no poder volver a participar en un torneo del circuito profesional durante 30 años. En la historia negra del golf se conoce a Robertson como ‘el adelantabolas’.