La semana en la que EL ESPAÑOL dio la vuelta al mundo

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Pasaban exactamente 15 minutos de la primera medianoche del año cuando Pedro J. Ramírez anunció en Twitter que este periódico “será universal pero se llamará EL ESPAÑOL”. Aún antes de nacer, nuestro proyecto ha logrado ya dar la vuelta al mundo.

Pasaban exactamente 15 minutos de la primera medianoche del año cuando Pedro J. Ramírez anunció en Twitter que este periódico “será universal pero se llamará EL ESPAÑOL”. Aún antes de nacer, nuestro proyecto ha logrado ya dar la vuelta al mundo.

En la última semana han informado del lanzamiento el Financial Times, uno de los periódicos más prestigiosos del mundo, los económicos de referencia en Alemania –Handelsblatt– y Francia –Les Echos-, The Times y The Guardian en Reino Unido, el Diario de Noticias en Portugal, la radiotelevisión pública de Austria y hasta una web de noticias en Australia, las antípodas de la madrileña Avenida de Burgos donde la redacción del periódico poco a poco comienza a llenarse de periodistas.

La publicación en el Financial Times, que tituló la información “El periódico español que envía una señal desafiante en medio de temores sobre la libertad de la prensa”, creó una auténtica bola de nieve informativa. El diario es de obligada lectura en la élite empresarial y política en todo el mundo, por lo que sus textos son habitualmente reseñadas en la prensa internacional. Pero además, el rotativo reservó una de sus páginas nobles (la 3) para el amplio artículo firmado por el corresponsal en Madrid, Tobias Buck.

“Los fundadores de EL ESPAÑOL, que han contratado a los mejores periodistas de investigación de medios rivales, aspiran a enviar una señal desafiante en un momento en el que gran parte de la prensa española sigue maniatada por la crisis”, dice el texto, que al final incluye una pregunta clave: “¿Hay gente que debería tener miedo de EL ESPAÑOL?. ‘Depende de lo que hayan hecho”, resuelve el presidente y director, Pedro J. Ramírez.

Este eco global coincide con el absoluto silencio de la prensa de ámbito nacional en España, que no ha dedicado una sola línea al lanzamiento periodístico de mayor envergadura desde 2007.

Muchos medios han publicado en los últimos meses informaciones sobre el lanzamiento, entre ellos la agencia Bloomberg y la revista especializada Columbia Journalism Review.

Esta semana, además, el equipo de EL ESPAÑOL celebraba que 9.000 suscriptores han dado ya su confianza al proyecto, cuyos detalles ultiman ya decenas de periodistas, técnicos y el equipo de gestión en una redacción que no se ha ido de vacaciones.

Medios internacionales que han informado del lanzamiento esta semana:

Además, en EL ESPAÑOL:

Adam Goodes, el fútbol y el racismo en Australia

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Adam Goodes, el número 37 de los Sydney Swans, jugador aborigen de fútbol australiano, ha pasado de tener a todo su país dividido en un debate sobre el racismo a unirlo en una campaña sin precedentes para que vuelva a los campos de juego. Goodes, dos veces campeón de Liga y dos veces mejor jugador del campeonato, además de Australiano del Año 2014, amenazó con dejarlo, harto de los insultos racistas que le gritan partido tras partido. 

En solo una semana Adam Goodes, jugador de fútbol australiano, el número 37 de los Sydney Swans, ha pasado de tener a todo su país dividido en un debate sobre el racismo a unirlo en una campaña sin precedentes para que vuelva a los campos de juego. El deporte, tan propio del país oceánico, ha actuado una vez más como reflejo de una sociedad a la que incomoda sobremanera todo lo relacionado con el racismo. Hace unos días el que fue nombrado ‘Australiano del Año 2014’, de raza aborigen, se planteaba retirarse debido a la actitud abiertamente racista de determinados seguidores rivales; incluso se negó a jugar un partido con su club.

Ahora, y tras recibir numerosas muestras de ánimo por parte de aficionados, prensa, otros indígenas, celebridades del país y australianos en general, Goodes ha regresado y está dispuesto a volver a jugar. Lo sucedido, un capítulo más en la historia del futbolista, pone de manifiesto la controversia que existe en el país ante una pregunta que no para de provocar escalofríos: ¿es Australia un país racista?

Tras los abucheos recibidos en el anterior encuentro frente a los West Coast Eagles, el deportista aborigen, todo un emblema para los suyos, se negó a jugar el pasado fin de semana con permiso de su equipo, los Sydney Swans. Una situación que Goodes lleva viviendo cada semana durante meses, y que ha trascendido las fronteras de su país por los insultos racistas a todo un defensor de los derechos de los indígenas.

Llevan pitándole años pero los abucheos se han visto incrementados desde que este año festejase un lance del juego con una danza de la guerra. La estrella australiana ha sido dos veces ganador de la liga y nombrado en otras dos ocasiones mejor jugador del torneo, pero no se ha librado nunca ni de las críticas ni de la polémica.

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Adam Goodes, en un partido reciente.

Un pasado que no gusta recordar

Algunos de sus compatriotas le acusan de ir de víctima y de que los pitos son por su actitud, no por su raza. A sus 35 años, es conocido por sus posturas y celebraciones extravagantes, siempre haciendo gala de sus orígenes, presumiendo de ello. Por eso y por sus acciones fuera del campo, combatiendo la discriminación, es considerado un quijote de la lucha contra el racismo. Esto es algo que no gusta a los australianos, que no desean que les recuerden los errores cometidos en el pasado contra los nativos.

Durante más de 200 años, hasta mediados del siglo pasado, a los originarios del país se les negaron los derechos básicos. Un trato que llegaba después de que los colonizadores ingleses casi les exterminaran, y muchos niños fuesen apartados de sus familias. Una situación dolorosa que tiene todavía eco en la Australia actual, generando resentimientos, y que Goodes recuerda a su manera, realizando bailes propios de los aborígenes o imitando el ataque con una lanza a los espectadores. De hecho el ‘arma’ imaginaria que ‘utilizó’ se puso a la venta en eBay por 20.000 dólares australianos (unos 13.500 euros).

Pero el futbolista lleva años tomando partido y dando la cara para mostrar su posición en este tema. El que seguramente sea el momento más famoso en esta historia contra el racismo se vivió en 2013, y tiene como coprotagonista a una niña de 13 años. Durante un partido de la Liga de Fútbol Australiana (AFL), mientras Goodes corría por la línea contigua a los aficionados, oyó una voz que le llamó “simio”. La ofensa venía de una niña a la que el australiano no dudó en señalar, provocando que los encargados de seguridad la echasen de la grada. La actuación del futbolista fue aplaudida y también criticada, por enseñar una lección y por humillar a una niña. “El racismo tiene una cara y anoche esa cara fue la de una niña de 13 años” comentó Goodes al día siguiente. Afirmó que ella no era culpable, que era la que más apoyo necesitaba, al mismo tiempo que responsabilizaba al entorno por permitir que algo así ocurriese.

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Goodes, Australiano del Año 2014.

Desde entonces se creó un debate que ahora se ha vuelto a intensificar. Por un lado quienes aseguran que pitar a Goodes muestra una actitud racista y quienes defienden que se le pita como a cualquier otro deportista, y que lo contrario sería discriminación positiva. Sostienen además que su actitud, acusando a su país de racista en declaraciones tras ser nombrado Australiano del Año, es merecedora de los abucheos: “El Día de Australia es como el ‘Día de la Invasión’”. Él mismo quiere ser reconocido por su lucha y asegura que si sólo se le recuerda por su fútbol “habrá fallado en la vida”. Señalan además sus detractores el comportamiento provocador ante aficionados rivales, llegando a pautas violentas como la famosa lanza imaginaria.

Se trata de un tema que no asusta a los políticos del país y el líder de la oposición, Bill Shorten, se ha atrevido a dar su opinión: “No hay duda de que la reacción que ha recibido se debe a su raza, y más gente se ha unido a los abucheos contra él porque es lo que otros hacen”. Hace falta sensibilidad, dijo, para que los abucheos e insultos no se conviertan en una moda. A una parte de la población australiana le ha causado un profundo malestar que Goodes recibiese premios precisamente por criticar a su país, y cree que las condecoraciones solo dan más importancia a un problema que ellos no consideran tal.

De Doug Nicholls a Cathy Freeman

No es el primer caso de discriminación en el fútbol australiano. Hace casi un siglo Doug Nicholls, que practicó además otros deportes, tuvo que abandonar el Carlton sin llegar a debutar porque a sus compañeros de equipo no les gustaba su olor. Se marchó al Northcote donde años más tarde sería campeón de la Liga. Ya en los años 70 se convirtió en el primer caballero aborigen y gobernador de Australia Meridional. Pasó a convertirse en un símbolo de integración, como también fue el caso de Cathy Freeman, campeona olímpica en 400 metros lisos en Sydney 2000. Fue la encargada de prender la antorcha en aquella edición de los Juegos Olímpicos y a pesar de tener sangre siria, escocesa y china, siempre se ha sentido orgullosa de su origen nativo.

Pero Goodes no está siendo tan respetado como Freman. El locutor australiano Alan Jones le acusaba de “hacerse la víctima” y de que los abucheos no tienen nada que ver con el racismo. Le llamó “estúpido” y criticó su puesta en escena previa a los lanzamientos. Muchos de los que abuchean al jugador indígena comparten su opinión, pero en el fútbol australiano otros actúan de esa manera, y no son pitados. Incluso otros como Hayden Bellantine, que también genera ira entre los aficionados, no son pitados de la misma manera. Del mismo modo también hay otros jugadores indígenas en la misma liga y no se les abuchea por ello. La conclusión es que Goodes, que aúna ambos elementos, forma un cóctel que estimula los insultos racistas por parte de la grada.

Tampoco agrada a sus críticos su forma de acusar de racistas a los australianos. Aunque una gran mayoría le aplaude precisamente por ello, ya que consideran que es necesario que alguien saque el problema a relucir y actúe de embajador para los indígenas, que se sienten discriminados. Fruto de ello ha sido la campaña que ha servido para que Goodes vuelva a jugar o que incluso dos periódicos líderes como The Age y The Sydney Morning Herald hayan regalado a sus lectores un póster suyo para apoyarle. Muchos aficionados se sumaron a la iniciativa colgando en redes sociales fotos con el dorsal 37, el del jugador australiano, pintado en brazos, espalda o carteles.

Aprovechando el Garma Festival, una convención anual para tratar las dificultades de los indígenas, miembros del clan Gumatj se pintaron el mismo dorsal en el cuerpo. También celebridades australianas como Cate Blanchett o Hugo Weaving dejaron unas palabras en forma de vídeo para agradecer a Goodes que diese voz a los indígenas. Su compañero de equipo Lewis Jetta, durante el encuentro en que el aborigen estuvo ausente, imitó su celebración de la danza de la guerra y la lanza invisible. Muestras muy simbólicas que han llevado a Goodes a volver a los campos, y que le animarán en su lucha contra un problema que no parece tener una cura rápida y al que Daniel Hick, en el Garma Festival, se refirió de forma clara: “El racismo siempre tiene el mismo efecto, duele”.

@diegonzalez86