El Calderón se rinde a Messi

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El palco de EL ESPAÑOL en el Vicente Calderón se llenó este sábado de colchoneros que admitieron finalmente la merecida victoria del Barcelona. Los azulgrana continúan la senda iniciada la pasada temporada en la que el conjunto de Luis Enrique venció en los cuatro enfrentamientos al conjunto del Cholo Simeone.

 

Pedro J. y Esteban Urreiztieta con algunos accionistas de nuestro periódico, este sábado, en el palco de EL ESPAÑOL del Vicente Caderón.

El Atlético de Madrid puntuó en sus 6 partidos contra el Barcelona durante la estelar temporada 2013-14, pero perdió sus cuatro enfrentamientos directos en la última campaña. La tendencia se está consolidando. El sábado, al comienzo de la segunda parte, pareció regresar el Atleti victorioso: Torres, discutido durante la primera parte, se había reivindicado con otro gol de velocidad (minuto 51) tras un buen pase en profundidad de Tiago y la duda de Ter Stegen, que no salió.

El Barsa, como decía nuestro suscriptor Coqui, “había sido mejor a los puntos en la primera parte”, pero en los primeros diez minutos de la reanudación los anfitriones habían recrudecido la presión. El equipo se había puesto por delante y nadie parecía percatarse de que en la banda calentaba sigilosamente un futbolista menudo, suplente por sus viajes recientes con la selección argentina y su reciente paternidad. Durante tres minutos, hasta el tremendo empate de Neymar en un libre directo, la ribera del Manzanares fue feliz. Justo después entró Leo Messi y pasó el resto del encuentro mascullando entre dientes “qué bueno es este enano”.

El palco de EL ESPAÑOL en el Vicente Calderón se había poblado este sábado de colchoneros y contó incluso con la amable visita de dos accionistas jerezanos, Julia y Manuel, cuyo entusiasmo con los gráficos publicados hasta ahora parece indicar que la sección de Datos camina en buena dirección. La primera parte estuvo sazonada por una conversación acerca de si Fernando Torres es o no un “ex jugador”: nadie aplaudió más que Esteban Urreiztieta el gol del hijo pródigo atlético, que nunca termina de alcanzar aquel desborde de sus inicios pero logró, sin embargo, salir ovacionado del estadio cuando le sustituyó Jackson Martínez.

Con un clásico 4-4-2 y Juanfran muy pendiente de un inspirado Neymar (“el último jugador brasileño”, se comentaba en el palco), el Atleti vivió de los robos de pelota de Griezmann, el caudillaje de Godín y el despliegue de un Óliver Torres que parece haber crecido más de un año durante su temporada en Oporto: se multiplicó en defensa y estuvo lúcido en la creación hasta que fue reemplazado por Carrasco.

El equipo de Luis Enrique, liderado por Iniesta y Neymar, tocaba mucho más y había rozado la perfección en una jugada maradoniana del ‘8’ que Rakitic remató a puerta y Oblak despejó a córner para regocijo del respetable. Suárez había mandado un balón al larguero. Vermaelen había vuelto a lesionarse. Rafinha iba de menos a más. El empate no llegaba a ser injusto.

Al descanso, como bromeaba Pedro J. Ramírez, el único gol había sido la llegada de la newsletter de EL ESPAÑOL. La carta del Arponero Ingenuo circulaba ya por las redes y empezaba a ser leída en los teléfonos móviles. Aficionados de palcos cercanos se sacaban alguna fotografía con el director del periódico.

 

Antes y después del minuto 59

Durante los canapés del entretiempo, sin embargo, también se habló sobre la imprenta de otro suscriptor madrileño, Pablo, y su trabajo para diversas administraciones públicas y juntas electorales. Para él y sus sesenta empleados sí hace falta aún papel, pero su fe (y la de su hermano Álvaro) en el proyecto de EL ESPAÑOL parecía fuera de toda duda. “¿Salimos seguro el 7 de octubre?”, preguntaba María. “Absolutamente seguro”. Coqui ensalzaba a los dos “magníficos” porteros del Calderón y recomendaba a Florentino Pérez que tomase nota.

La segunda mitad el partido se dividió en dos partes: antes y después del minuto 59. Hasta el 59, el Atleti había sido más intenso, aunque la puñalada de Neymar enfriase algo los ánimos. (Fue la única jugada en que no sería pitado). Poco después Messi entró en el campo acompañado de un rumor general. Simeone refrescó al equipo con el portugués Carrasco (bastante aplaudido), pero la ‘Pulga’ se colocó entre líneas, a la espalda de Tiago y Koke, y comenzó a amargar la vida a la afición local.

“Cómo cambia el Barsa con Messi”, se resignaba Urreiztieta. Suárez se peleaba hasta con los árbitros, como sucede muchas veces cuando se está a punto de definir un partido. Minutos después dejó un balón primoroso de primeras a Messi, que fusiló a Oblak en el área y enmudeció al estadio. Había avisado ya varias veces. Leo estaba fresco e imparable; quería dedicarle un gol a su hijo. La delantera del Barsa, vista desde el palco, parecía al final del partido casi un ejemplo de competencia desleal. No había nada que oponer al triunfo culé, reconocían los suscriptores. “¿Seguro que quieren jugar en una Liga catalana?”

¿Quieres vivir el Atlético-Barça en el palco de EL ESPAÑOL?

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12 de septiembre. Sábado. 20.30 horas. Madrid. Estadio Vicente Calderón. Atlético de Madrid vs. FC Barcelona. El primero de los grandes duelos de la temporada. El primero de los partidos clave en la pelea directa por el título de Liga. Y usted, accionista y suscriptor, pueden vivirlo en primera persona en el palco de EL ESPAÑOL en la ribera del Manzanares. El sorteo permanecerá abierto hasta las 00.00 horas del martes. Y si aún no es suscriptor, hágase ahora.

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12 de septiembre. Sábado. 20.30 horas. Madrid. Estadio Vicente Calderón. Atlético de Madrid vs. FC Barcelona. El primero de los grandes duelos de la temporada. El primero de los partidos clave en la pelea directa por el título de Liga. Y usted, accionista, y usted, suscriptor, pueden vivirlo en primera persona en el palco de EL ESPAÑOL en la ribera del Manzanares.

Griezmann, Torres, Jackson Martínez, Vietto… Messi, Luis Suárez, Neymar, Iniesta… Apenas han transcurrido dos jornadas de Liga y rojiblanco y azulgranas son dos de los únicos cuatro equipos que suman sus partidos por victorias. Seis puntos de seis posibles que apuntalan las sensaciones de la pretemporada, que confirman los favoritismos de las casas de apuestas y, sobre todo, que elevan el partido del próximo día 12 a la categoría de clásico del fútbol español ya no sólo por lo que implica para esta campaña que recién comienza sino porque en los últimos tiempos se ha convertido en punto de inflexión en todas las competiciones.

Los dos últimos campeones de Liga volverán a verse las caras después de los mil y un cruces del pasado más reciente. Como aquel gol de Godín en el Camp Nou que dio a los atléticos su primer título de Liga después del histórico doblete de 1996. O los cuartos de final de la pasada Copa del Rey, cuando el Atlético mordió en la vuelta, está vez en el Calderón, y puso a los de Luis Enrique contra las cuerdas con el gol de Fernando Torres en el minuto uno. O la exhibición de la MSN en la 18ª jornada de la pasada Liga con goles de Messi, Neymar y Suárez en el Camp Nou (3-1). Y, por supuesto, el 0-1, también en el Calderón y también con gol de Leo Messi, con el que el Barça se proclamó campeón de Liga.

Cuentas pendientes, rivalidad perpetua que los accionistas y suscriptores podrán vivir en primera persona, pues todos aquellos que así lo quieran pueden participar en el sorteo del próximo 7 de septiembre de 4 entradas dobles para el palco VIP de EL ESPAÑOL en el Vicente Calderón, donde, además, ejercerán como anfitriones Pedro J. Ramírez y Esteban Urreiztieta, adjunto al director de EL ESPAÑOL. Sólo hay que apuntarse aquí (http://blog.elespanol.com/concursos/atm-fcb/). ¿Se lo van a perder? El sorteo permanecerá abierto hasta las 00.00 horas del martes. Y si todavía no son suscriptores, aún están a tiempo. Háganse ahora.

Griezmann inaugura el palco de EL ESPAÑOL en el Calderón

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Un gol de falta del francés, fiel a la “pelota parada” de Simeone, da los tres primeros puntos al Atlético de Madrid, que se impuso a la UD Las Palmas el día en que EL ESPAÑOL inauguraba su palco en el Vicente Calderón con Esteban Urreiztieta, adjunto al director del periódico, como anfitrión.

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Un gol de falta del francés, fiel a la “pelota parada” de Simeone, da los tres primeros puntos al Atlético de Madrid, que se impuso a la UD Las Palmas el día en que EL ESPAÑOL inauguraba su palco en el Vicente Calderón con Esteban Urreiztieta, adjunto al director del periódico, como anfitrión.

La Liga ya ha cortado la cinta inaugural y el Atlético de Madrid ha dado su primer paso con una victoria frente a la UD Las Palmas (1-0). Testigos de lujo del encuentro fueron los seis accionistas de EL ESPAÑOL que tuvieron la fortuna de inaugurar el palco del Vicente Calderón que nuestros suscriptores podrán disfrutar durante toda la temporada.

Junto a ellos estuvo nuestro Jackson Martínez, una de las flamantes incorporaciones del verano, Esteban Urreiztieta, Adjunto al Director, aunque, eso sí, el futbolista colombiano fue menos eficaz en un partido que Las Palmas, en su regreso a Primera, quiso dormir. Algo no muy prudente cuando enfrente se encuentra un equipo dirigido por Diego Pablo Simeone.

Se trataba del primer partido de los hombres del argentino tras una pretemporada de sensaciones positivas. 27 años hacía que no se veían las caras ambos conjuntos en Primera y el reencuentro se vivió con intensidad en la grada. Precisamente, a la hinchada atlética hicieron referencia Elena Gutiérrez y Martín Sastre, suscriptores, madridistas, pero rendidos ante los cánticos del Calderón. “He estado en el Camp Nou y en el Bernabéu, pero no animan como se anima aquí, ni parecido”, decía Martín.

Carlos Valenciano, suscriptor, también estuvo presente junto a su hijo. Una historia clásica en este campo de relación paterno-filial, pero a la inversa. Fue el hijo, futbolista aficionado, quien hizo a su padre aficionarse. Durante el encuentro aprovechó para compartir fotografías del palco en Twitter. El sitio desde el que observaron cómo el Atlético comenzó el encuentro con la ocasión que materializó la zurda de Antoine Griezmann. El francés lanzó una falta magistral, favorecida tras tocar a un hombre de la barrera, ante la que nada pudo hacer Raúl Lioziaín. ¡Gol! Fiel a la tradición del Atlético, “a pelota parada”, como le  gusta a Simeone.

Era el retorno de Óliver Torres y Filipe Luis al césped del Calderón en partido oficial. Ninguno defraudó. El mediapunta, colocado en banda derecha por Simeone, hace ilusionarse a los aficionados atléticos. Ven cómo su equipo puede dar un paso adelante más, en calidad,  y quién sabe si también en la tabla clasificatoria. También era el regreso al campo de nuestro suscriptor Javier Vicioso, que presenció el partido con su hermano, Jesús. Ambos se declararon “fans” de Pedro J. Ramírez y se animaron a aportar ideas para el proyecto de EL ESPAÑOL.

El conjunto de Paco Herrera regresaba a Primera con las ideas muy claras: juntitos atrás y a dormir la pelota con la posesión. Juan Carlos Valerón, ex rojiblanco, esperó su momento aunque nunca llegó. Había demasiado en juego. “Yo creo que van a bajar”, dijo Carlos Calvo sobre el conjunto canario. “Del único que se espera algo es de Araujo”, resumió Pablo Poza.

Primera jornada y primeros tres puntos para el Atlético de Madrid, que a pesar del pobre partido dejó una sonrisa en la cara de sus aficionados. También en los presentes en el estreno del palco de El ESPAÑOL en el Calderón, que todavía tiene por delante muchas emociones que vivir. Eso sí, “partido a partido”. Próxima cita para nuestros suscriptores, el sábado 12 de septiembre, y frente al FC Barcelona. Casi nada.

Liga 15/16: las casas de apuestas dan favorito al Barça

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Las casas de apuestas creen que el Barcelona repetirá como campeón de la Liga 2015-2016, que arranca este fin de semana. Tras él, sitúan al nuevo Real Madrid de Rafa Benítez, seguido de Atlético y Sevilla. Las Palmas, Eibar y Sporting son los candidatos de los apostantes para el descenso.

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A mediados de los noventa los clubs estadounidenses de béisbol empezaron a rellenar sus secretarias técnicas de expertos en estadística y matemática. Después del éxito de los Oakland Athletics en la MLB, los demás equipos siguieron este modelo hasta que la nueva tendencia salpicó al resto de deportes del país norteamericano. Primero al baloncesto, luego al fútbol americano y años más tarde al hockey sobre hielo. En cambio, hasta hace relativamente poco, la estadística avanzada no llegó al fútbol europeo. Fue principalmente a los clubs anglosajones, donde la mayoría de equipos de la Premier League ya tienen al menos una persona encargada del análisis de su equipo al igual que de tareas de scouting con métodos matemáticos. Sin embargo antes de todo esto, ya existían las casas de apuestas.

Los modelos de predicción que manejan las casas de apuestas ayudan a estas a ajustar las cifras ofrecidas al público de tal forma que hacen muy difícil un éxito global por parte de los usuarios. La mentalidad detrás de la operativa reside en que nadie desde fuera podrá predecir resultados más precisos que desde dentro. De esta forma las apuestas online se han convertido en un negocio tan lucrativo que algunas de las grandes casas patrocinan a muchos de los grandes clubs europeos.

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En el fútbol, la metodología detrás de las predicciones están basadas en muchas variables con dos modelos que prevalecen en importancia, el Team Rating y el sistema de puntuación Elo. A grandes rasgos, el Team Rating mide los patrones de juego dando prioridad a las jugadas que acaben en un disparo y, a su vez, a los disparos entre los tres palos. Las variables detrás del modelo favorecen la distancia del balón y el ángulo desde la portería, el pase -si lo hay- que precede al disparo, y la velocidad a la que el balón se desplaza antes de acabar la jugada. Por ejemplo, está demostrado que las jugadas precedidas por un pase entrelíneas tienen más de un 30% de materializarse que las que no contienen un pase en profundidad.

El sistema de puntuación Elo origina en el matemático húngaro del mismo nombre que utilizaba este sistema para evaluar el nivel de los ajedrecistas de la época. El algoritmo aplicado al fútbol testa la fuerza de los conjuntos, priorizando los resultados pasados para predecir los futuros y los marcadores finales entre rivales directos. En segundo lugar favorece los cambios en plantilla que beneficien o perjudiquen al equipo según la aportación individual al global del algoritmo. Este sistema de puntuación daba como favorito al Manchester City el día antes de empezar la actual edición de la Premier League, seguido por el Chelsea, corroborando las ‘líneas’ que todas las casas de apuestas ofrecían.

En España las casas de apuestas dan como favorito al Barcelona para revalidar título de Liga en esta campaña que empieza este fin de semana. La contundencia con la que el Barcelona ganó la Liga anterior beneficia al club de la Ciudad Condal a pesar de no poder fichar nuevos refuerzos, y los expertos pronostican una victoria final superando los 90 puntos en el campeonato nacional. A pesar de no haber conseguido la Supercopa nacional y ganar la europea de forma agónica, el Barcelona contará con los refuerzos de Arda Turan y Aleix Vidal a partir del próximo enero.

El Real Madrid es el segundo favorito según los expertos. En un verano con pocos refuerzos en los puestos de ataque que hagan cambiar el 11 de gala, el Real Madrid está pronosticado a romper la barrera de los 90 puntos. Esta predicción -y todas las demás- podrían variar ligeramente hasta el cierre de mercado el próximo día 31 de agosto si los equipos se refuerzan o pierden jugadores. Este podría ser el caso del club de Concha Espina, al cual le acechan los rumores sobre una posible contratación del portero del Manchester United David de Gea.

A Barcelona y Real Madrid le siguen Atlético de Madrid y Sevilla. El club rojiblanco se ha reforzado con Jackson Martinez, que suplirá al ya juventino Mario Mandzukic. Además, el club ha fichado a Vietto, Filipe Luis y repescó a Oliver Torres del Oporto, lo cual sitúa al conjunto rojiblanco cómodamente en la tercera plaza según las casas de apuestas. El Sevilla, vigente campeón de la Europa League, cierra los puestos de Champions. El club de Nervión tiene una baja sensible con la salida de Bacca hacia el Milan, pero ha fichado mejor que bien con las adquisiciones de Immobile y Konoplyanka e incluso podría aumentar sus aspiraciones si finalmente se confirma la cesión de Fernando Llorente, procedente de la Juve.

Por abajo los expertos colocan a dos de los tres recién ascendidos -Las Palmas y Sporting- en la pelea por evitar el descenso hasta el final. En la pomada también estará el Eibar, y observando los números la continuidad de Levante, Granada o Getafe en Primera no es ni mucho menos segura. 

En el gráfico posterior se observan los resultados que la casa de apuestas Pinnacle Sports predice para esta edición de La Liga. Apostando al over/under se observa que el Barcelona es el favorito y le asignan una cifra de 93.5 puntos, seguido por el Real Madrid con 90.5 puntos.Screen Shot 2015-08-22 at 12.30.08 PMDespués de consultar una larga lista de casas de apuestas el orden del top 3 es unánime: Barcelona, Real Madrid y Atlético de Madrid. Betfair ofrece la cuota más baja a la victoria en Liga al Barcelona -1.61 euros por euro apostado-, mientras que las demás casas ofrecen 1.67. La consecución del título por parte del Real Madrid se paga a 2.5 por euro apostado, con la excepción de Bwin, que paga a 2.75. Ver al Atleti campeón oscila entre 15 y 23 euros por euro jugado.

Las apuestas por el descenso también están presentes, donde el Eibar es principal candidato a bajar de categoría con los precios oscilando entre 1.8 (Bet365) y 1.57 (Bwin). Los puestos de abajo los completarían Sporting de Gijón y la UD Las Palmas -al igual que en Pinnacle Sports- y se observa un gran salto en las cifras ofrecidas por los apostadores entre estos tres equipos y el siguiente candidato a bajar: el Granada (entre 3.5 y 4 euros).

Casas de apuestas consultadas: Bet365, Bwin, BetFair, Coral, William Hill, PaddyPower, Ladbrokes, SkyBet y TitanBet. Datos del jueves 20 de agosto.

Salvador Carmona analiza la actualidad deportiva para El Español.

 

 

Arda Turan: una operación y tres vencedores

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Arda Turan se convirtió el pasado lunes en el segundo fichaje del nuevo Barcelona. En términos oficiales, se trata de una petición del legitimado Luis Enrique. El jugador llega tras triunfar sin paliativos en el Atlético de Madrid, si bien su salida podría acabar implicando incluso un plus para el equipo de Simeone.

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Arda Turan se convirtió el pasado lunes en el segundo fichaje del nuevo Barcelona. En términos oficiales, se trata de una petición del legitimado Luis Enrique. El jugador llega tras triunfar sin paliativos en el Atlético de Madrid, si bien su salida podría acabar implicando incluso un plus para el equipo de Simeone.

Turan forma parte del gremio más selecto del fútbol, el de los genios. Dentro del mismo, existen dos categorías. La superior está compuesta por los futbolistas que dominan los partidos, lo cual incluye al balón, a sus compañeros y a sus rivales. Hombres así hay pocos y el turco no es uno de ellos. Él no domina ni a los suyos ni a los otros, él domina el balón. Sólo el balón.

Que no es poca cosa, y lo hace de maravilla. Lo controla como si fuese su quinta extremidad, es casi imposible arrebatárselo si él se empeña en protegerlo. Para sus entrenadores, contar con ello resulta excitante, aumenta su margen de maniobra hasta puntos elevadísimos. Luego, cada cual lo utiliza a su manera según el estilo que elija y las necesidades que le asolen.

En el Vicente Calderón

El Atlético de Madrid se cimienta sobre cuatro principios fundamentales: la defensa organizada, los pelotazos al delantero, la voluntad contragolpeadora y el balón parado. Siendo claros y concisos, Arda Turan no destaca en ninguno de ellos. Sin embargo, el Cholo se las apañó para convertirlo en una estrella.

Su tarea más importante consistió en colorear el proyecto. En el fútbol no solo constan la táctica, la técnica y el físico, de hecho ni siquiera son las magnitudes preponderantes. Como en cualquier actividad creativa que se nos ocurra, la fuerza motriz reside en lo emocional.

Arda fue un chute de felicidad para el Vicente Calderón. El Cholismo conecta con la grada a partir del esfuerzo, lo cual está muy bien, pero la gente no va al estadio sólo para ganar, sino también para divertirse. La magia de Arda cumplió con esa función en un contexto poco dado al espectáculo. Emocionalmente, completó la experiencia. Él se reía, y desde el sentido más pragmático posible, reírse fue clave. Ayudó a crear ese ambiente positivo, por momentos inspirador, que originó la ola del río Manzanares.

En el equipo de Simeone

No obstante, su aportación tangible no ha sido tan grande como pueda parecer, ni estadística ni futbolísticamente. Pese a tratarse del tercer jugador más ofensivo del once titular, en las dos últimas Ligas ha promediado 3,5 goles y 3,5 asistencias. Es el detalle que descubre de primeras lo que se observa cuando se le analiza con lupa: se trata de un jugador bastante incompleto.

“El balón es su quinta extremidad” para lo bueno y para lo malo. Cuando se separa de su cuerpo, no le sirve para nada. Sus pases carecen de intención y ruedan con cierta pesadez. Eso le convierte en un asistente discreto y en un lanzador de contras anodino. Para más inri, sus chuts no son nada del otro mundo. En conjunto, como instrumento atacante, aunque choque, Turan es una herramienta bastante limitada.

Astuto, Simeone dio a su fútbol un carácter defensivo. El turco fue, ante todo, un administrador de ventajas, su juego explotaba tras el primer gol del Atleti. Se pegaba a la banda, escondía el balón y desesperaba al rival. Sus escapismos protegían tanto como los despejes de Godín; si la tarea se reducía a mantener la posesión, Turan garantizaba el triunfo. De ahí su éxito en la temporada 2013/14, cuando Diego Costa casi siempre abría el marcador.

El año pasado no sucedió lo mismo. El gol tardaba en llegar, o no llegaba, o el oponente se adelantaba, y obligado a desequilibrar, Arda no respondió.

Su marcha permitirá a Simeone apostar por un futbolista verdaderamente ofensivo, alguien que dé asistencias, que meta goles y que sea un activo importante a la hora de contraatacar, ya sea lanzando la transición, conduciéndola o irrumpiendo en el área. Sería lo más coherente.

Arda en el Vicente Calderón ha sido una historia preciosa, pero también algo forzada. Separados, las dos partes están en disposición de dar un salto de calidad. El Atlético sólo necesita una excusa para seguir sonriendo. Por su parte, Turan deberá adaptarse al siempre complejo FC Barcelona. Contará con Luis Enrique, que le facilitará la misión.

En la idea de Luis Enrique

El Barça ha cambiado. Durante años utilizó un modelo táctico llamado “Juego de Posición” (aquí se profundiza en él)  enriquecido por un estilo personal basado en la posesión del balón. Ambas cosas, modelo y estilo, eran innegociables. Como resultado, el Barça era como una orquesta: cada uno tocaba su instrumento, pero todos leían la misma partitura.

Pep Guardiola, uno de los pensadores más prolíficos de la escuela, afirmaba lo siguiente: “El juego de posición es muy difícil […] Tienes que aceptar no intervenir […] Este es un proceso muy largo […] Cuando trabajas solo el ataque posicional y lo haces con jugadores que ya lo han ganado todo, y que lo han hecho en otros clubes con un modelo diferente al posicional, pueden surgir problemas”.

Turan debutará a pocos días de cumplir los 29 años y nunca se ha desenvuelto en un juego de posición. Su adaptación a un Barça natural generaría serias dudas. Eso en lo referente al modelo.

En cuanto al estilo, Xavi Hernández esgrimía lo que prosigue en una entrevista concedida a “El Mundo” en febrero de 2008: “No es lo mismo un rondo con Oleguer, con Iniesta o conmigo que con los brasileños, que pisan la pelota. Con nosotros, el balón ni lo ves. Una maravilla. A veces, Rexach estaba de espaldas y nos gritaba ‘¡bien, bien!’. ‘¡Pero si no lo ha visto!’, decíamos. ‘Pero escucho el balón y sé que va bien’, contestaba”.

Como antes se señaló, Arda no destaca por su manera de soltar la pelota; él brilla por lo mismo que apuntaba Xavi sobre los brasileños: por cómo la pisa, por cómo la guarda. No cuadraría.

Pero el Barça ha cambiado con Luis Enrique, decíamos. Hoy es algo igual de efectivo pero más impersonal, más flexible, lo cual beneficia a Turan. Sus futbolistas no forman parte de un todo comprendido e inalterable; cada uno aporta su don y entre los ajustes de Luis Enrique y la interpretación de Leo Messi se va dotando de equilibrio al equipo como tal. De hecho, no existe mayor prueba del cambio que el particular rol del propio Xavi en su última campaña como culé.

Antaño, Xavi fue el epicentro de una posesión estudiada y predefinida cuyo objetivo era ir eliminando con paciencia líneas de presión del rival; siempre manteniendo ocupadas de manera fija las posiciones estipuladas por el sistema. Nadie interpretó esa partitura como el genio de Tarrasa. Con Luis Enrique, sin embargo, Xavi saltaba al campo para dormir el partido, para hacer las cuatro esquinas, para perder tiempo. Sólo para eso, a modo de recurso defensivo, como Turan en el Atlético de Madrid. Así pues, las piezas empiezan a encajar.

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En el sistema de Messi

Arda escondió el balón entre la hierba jugando en un equipo que jugaba por el aire. En el Barça, la pelota rueda todo el rato, más rápido, con más precisión y más intención. Se la pasarán mejor. Brillará aún más.

Dicho efecto podría acabar convirtiéndolo en aquello que no es: un interior apropiado para un 4-3-3. En condiciones normales, sus escasas aptitudes defensivas se lo acabarían imposibilitando.

El Barça es la excepción en la regla por un motivo muy sencillo: casi siempre tiene la pelota. Con independencia de que Luis Enrique dé menos importancia que otros a la posesión del balón, sus futbolistas poseen tal nivel técnico y talento asociativo que terminan por inercia llevando la iniciativa. Eso protegería a Arda, como protege a Iniesta o protegió a Xavi. En el Camp Nou se defiende menos. Es simple.

Aceptado el truco, toca analizar en cuál de los dos interiores se asentaría el recién llegado. Y aquí parte con una ventaja: a él le da igual. Tanto en la izquierda como en la derecha exhibe su virtuosismo sin resentirse un ápice. En base a esto, se situará en un perfil u otro dependiendo de quién sea el lateral derecho escogido. Vayamos al por qué.

Cuando Messi ejerce de extremo derecho, necesita a su vera un tipo que pare la pelota y otro que corra al espacio; alguien con quien asociarse en corto y alguien que se desmarque hacia adelante para abrir el campo y crear espacios. En 2009, Xavi se le acercaba y el joven Alves se le alejaba; en 2015, Rakitic se le alejó y el viejo Alves se le acercó. No importa quién desarrolle cada tarea, si el interior o el lateral; lo importante radica en que cada uno cumpla una función diferente.

En este sentido, Aleix Vidal representa al lateral profundo y Dani Alves, al lateral asociativo. Cuando juegue el español, Arda servirá mejor como apoyo de Messi; si en cambio juega el brasileño, Arda convendrá más en el otro lado, con Rakitic en la derecha corriendo como demostró. Recordemos que Luis Enrique fue el único entrenador de la carrera de Xavi que lo situó en el perfil zurdo. En parte, se debió a esta causa.

Para concluir, procede mencionar dos valores inmateriales que Turan ofrecerá al Barcelona como ofreció al Atlético de Madrid. En primer lugar, si rodeado por compañeros físicos abrumaba a los contrarios con su fantasía, imaginemos qué tipo de efecto no podrá causar una coreografía que una al turco con, por ejemplo, Neymar JR. Y en segundo y último término, ponderemos que estamos ante un futbolista experto y acostumbrado a competir contra los mejores que tiene un vacío en su carrera que reconoce a boca llena: necesita ganar una Copa de Europa. Como competidor, será perfecto.

Un derbi en la sala VIP

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De los catorce años de derbis asimétricos con un contendiente empequeñecido hemos pasado a una tensión de violines acelerados, como se vio tras un sorteo de Champions que no contentó ni a unos ni a otros. Y al repensar la relación de los dos grandes madrileños encontraremos que el salto de lo tabernario a lo planetario, curiosamente, les ha acercado más que nunca.

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Imagen de la Puerta del Sol con las camisetas del Real Madrid y del Atlético de Madrid en mayo de 2014, por la final de la Champions (Foto: Madrid.org)

 

La última victoria atlética antes de la llegada de Simeone se produjo en 1999 y se me ocurren tres formas de ilustrar lo lejos que queda aquel partido:

  • Por la vía estética: las camisetas de ambos equipos eran tremendamente holgadas, como sacadas de El príncipe de Bel-Air, todavía propias de esa década perdida para el buen gusto que fueron los años noventa.
  • Por la vía nostálgica: las defensas centrales de ambos equipos estuvieron formadas por Iván Campo y Julio César, en el lado blanco, y por Gamarra y Chamot, en el contrario.
  • Por la vía paradójica: Bizarri fue expulsado al comienzo de la segunda parte y saltó al campo Iker Casillas. El Bernabéu le recibió con una ovación.

De los catorce años de derbis asimétricos con un contendiente empequeñecido hemos pasado a una tensión de violines acelerados, como se vio tras un sorteo de Champions que no contentó ni a unos ni a otros. Y no lo digo precisamente por las comprometidísimas palabras de Butragueño (“podría haber sido mejor o podría haber sido peor”), sino por esa sensación de incomodidad que se apoderó de los aficionados de ambos equipos, la misma energía que se concentra a la salida de un cine tras la proyección de un thriller psicológico, cuando sólo queda encenderse un cigarrillo o guardar un rato de silencio.

Repensar las rivalidades cada cierto tiempo, no caer en la fábula moral de pobres contra ricos, es un ejercicio sano. Lo hizo David Remnick a propósito de Joe Frazier y Mohammed Ali, sobre quien escribió una hermosa biografía: “A pesar de toda la dimensión psicológica y racial que tenían sus combates en los años setenta, ahora creo que aquella lucha se situaba en un nivel casi estrictamente individual, era una disputa de fuerza interior, de condición física y de voluntad”. Es decir, que después de mucho repensarlo, aquello no era una pugna entre clases y carácteres, sino dos personas liándose a mamporros porque querían ganar.

Y al repensar la relación de los dos grandes madrileños encontraremos que el salto de lo tabernario a lo planetario, curiosamente, les ha acercado más que nunca. El Atlético, con unos años de retraso, ha desembarcado definitivamente en el G-20 de las pretemporadas transoceánicas, de los patrocinadores que no aparecían en los mapas de nuestra infancia, de evangelizar infieles futbolísticos con partidos amistosos, de salvar la primera ronda de Champions antes de la última jornada y de la sensación egocéntrica de que perder un solo partido es tirar la liga por la borda… La novedad de ahora mismo es que estamos ante un derbi de sala VIP.

El Real Madrid

El Real Madrid llega al partido después de unos meses extraños y con la duda de si tiene los músculos atrofiados por su falta de uso.

Es cierto que hubo lesiones tan importantes como las de Modric, James y Ramos. Especialmente importante me pareció la de Modric, porque usar al croata como mediocentro fue el primer título de Carletto con el Real Madrid. Lo recuerdo en su primera entrevista como jugador blanco, asustado, respondiendo con las uñas clavadas en el asiento, y entonces pensé que Modric era de esos a quienes sudan las manos en los actos oficiales, un muñeco para un pastel de bodas, un futbolista con botas de Lladró. Pero Ancelotti decidió ponerlo ahí. Muchas veces, el centro del campo de un equipo de fútbol se parece al reparto de ‘Los gemelos golpean dos veces’. Un tipo duro, como Arnold Schwarzenegger, encargado de asfixiar rivales. Y un tipo graciosete, como Danny DeVito, que crea el juego. Modric es ambos.

Pero es que a Modric se han sumado Kroos y James conformando el primer centro del campo radicalmente vanguardista. Lo digo porque antes en el fútbol cabía un poco más de anarquía, los entrenadores no inspiraban sus estrategias en ordenanzas cívicas. Se dejaba ver una subida valerosa de Gordillo, que no regateaba ni hacia la derecha ni hacia la izquierda, sino hacia abajo, siempre a punto de perder el equilibrio. O una carrera hipervitaminada de Stoichkov sin levantar la vista del suelo, como si diseñara autopistas o trazados para una partida de chapas.

Ahora el fútbol es milimétrico: jugadores que guardan su posición con más celo que un mayordomo británico, cambios de juego con precisión de tabla excel, controles perfectamente orientados que hacen caer de culo al rival… Y en cuanto se produce el más mínimo fallo, todos como monteros a por el rival. Fallo = gol. Así tiende a ser el fútbol moderno, atinado y casi infalible, y los arqueólogos del futuro encontrarán las primeras células de eso en Modric, Kroos y James.

Por todo esto, la capacidad de Modric y James para resistir un partido de la máxima intensidad será uno de los factores a tener en cuenta en estos cuartos de final. Porque Ancelotti no soporta su banquillo. El italiano tiene maneras de profesor en colegio de pago, es consciente de que debe mantener la compostura porque las cosas cuestan dinero, y disfruta viendo desde la línea de cal a sus once jugadores ejecutar algo delicioso, una especie de ensayo general de un coro en el Eton College. Pero todo se tuerce cuando posa la mirada en su banquillo. No puede evitarlo: en vez de ver a unos profesionales esperando su turno en un banquillo de clase business encuentra a un grupo de adolescentes deseosos de instagram en el banco de un parque. Chicharito, Coentrao, Khedira, Illarramendi, Jesé. Y lo intenta nuevamente: mira a los once del césped y el mundo es un lugar reconfortante. Devuelve su vista al banquillo y se pone nervioso y eso le lleva a los cambios raros y de ahí a la anarquía y a una experimentación de profesor chiflado, inadmisible en un buen colegio.

Entre las cosas que han salido mal en el Madrid en las últimas fechas también se encuentra Cristiano Ronaldo, irreconocible hasta que marcó cinco al Granada. Los amantes de la cámara superlenta saben que su registro de emociones sobre el césped es mecánico: rabia, alegría, puchero, alegría, alegría, queja. En los últimos partidos su paleta se había ensombrecido, él era un niño temeroso dispuesto a mandar al tercer anfiteatro las gorras a lo DJ Kun, los pendientes de brillantes y los versos de Kevin Roldan. Pero seguro que todo esto se le pasa al olor de la alta competición, así que tranquilidad para los madridistas.

En el apogeo de la melancolía ronaldiana fueron Benzema e Isco quienes sostuvieron el chiringuito: hay que reconocérselo. A Benzema, por reformular una ley de la geometría que ahora dice que la distancia más corta entre dos puntos es una carrera suya. Los buenos futbolistas, en realidad, maduran igual que los buenos escritores: se van desprendiendo de la adjetivación. Y Benzema es un jugador sustantivo. Y a Isco, por sus andares de futbolista goyesco y por agarrarse como una fiera a la ramita que separa el césped de la caída a los banquillos, habiéndose disciplinado tanto que ahora Ancelotti no puede ignorarlo: ¿James o Isco?, nos preguntamos para el martes.

El Atético de Madrid

Hace cuatro años vivimos en España el máximo apogeo de los grandes relatos gracias a Guardiola -el icono de la Super Pop que pegaban los intelectuales en sus carpetas- y a Mourinho -el parche que adherían los malotes a sus chupas-. La marcha de ambos rebajó la fiebre por las discusiones sobre qué estilo nos llevaría más rápido hacia el perfeccionamiento humano. Y el cortejo fúnebre de los grandes relatos cobrará forma de contragolpe el día en que Luis Enrique gane un título para el Barcelona con una jugada en tres pases, o a la salida de un córner.

La llegada de Simeone al Atlético enterró otro relato grande, el del “pupas”, y demos gracias. Porque estas formulaciones filosóficas son bastante tramposas: recurrir a la condición de “pupas” servía para justificar cualquier debacle sin detenerse en la horrenda gestión deportiva del club. El único problema es que se ha cambiado el relato del “pupas” por el de la brutal capacidad de motivación de Simeone. A mí eso me parece simplista, porque hay fundamentos científicos que evidencian que la motivación no basta para jugar bien al fútbol. Me refiero al debut de Salva Ballesta con la selección española: nunca hubo un jugador más motivado, y todo para acabar como un auto de choque en una persecución desesperada de la pelota.

Pero lo de Simeone tiene mucho mérito, no vamos a negarlo. Hay entrenadores que hacen bueno a un futbolista: ahí está el renacer futbolístico de Reyes a las órdenes de Quique Sánchez Flores, en un ejemplo dentro del Atlético. Pero es que Simeone lo ha hecho con todo el equipo: ha convertido a Juanfran en un lateral brasileño, y no solo eso, sino que también sabe defender; ha revestido de tanto aplomo a sus centrales que ahora se parecen a las estrellas del billar que poblaban las madrugadas de Eurosport, y así con todos sus futbolistas.

El Atlético, como el Madrid, tampoco llega en su mejor momento: en la Liga se encuentra más alejado de la cabeza que el año pasado y en la Champions sufrió mucho para deshacerse del Leverkusen. El equipo se ha reinventado pero ya no sorprende tanto. En parte es normal, por una cuestión de expectativas. También porque hay jugadores que no se encuentran al mismo nivel, léanse Gabi y Raúl García.

Pero sobre todo por la ausencia grande de Diego Costa, que era el anuncio de una desgracia irremediable para los defensas, un dinamitero de western: controlaba y los defensas salían volando cómicamente a su alrededor. Los tres delanteros de ahora no echan raíces y lo que es peor: hasta resultan entrañables. Un viejoven (aunque, ojo, Torres huele a policía retirado que regresa solo para dar caza a su archienemigo), un croata con pinta de regentar un emporio de lounges y un soldado de la infantería gala en una película sobre la Segunda Guerra Mundial (ojo también, que Griezmann anda especialmente encendido).

Si defendíamos lo vanguardista del centro del campo blanco, lo justo es ensalzar la democracia radical del mediocampo atlético. En algunos partidos destaca Koke (bueno, mejor dicho, en casi todos). En otros, Tiago (este año ya ha marcado más goles que en cualquier otra temporada con el Atlético). En otros, Saúl (nos sorprendió a todos con su papelón en el 4-0 de Liga al Madrid). En otros, Mario Suárez (fue el hombre grande contra el Leverkusen). Y, siempre, Arda Turan, que es bueno hasta para definirse a sí mismo: “Mi fútbol es una calle estrecha de Estambul”, le dijo a la gente de Líbero. Porque es cierto, su fútbol es una calle repleta de gente, es la obligación de conservar la pelota ante la amenaza de un mercader liante o de la banda del barrio, y al final el turco obra el encantamiento de que 21 futbolistas graviten en su órbita.

Y concluiremos el repaso a las piezas atléticas con una hermosa historia circular en la que un novelista encontraría el destino y la venganza: Moyá se hizo titular en la portería del Atlético por una lesión de Oblak y es probable que Oblak se haga definitivamente titular por una lesión de Moyá. Digo hermosa, especialmente para los atléticos, por la seguridad de ambos.

En cuestión de precedentes, los blancos se acordarán de la pasada final de Lisboa mientras que los rojiblancos enfatizarán su imbatibilidad en los seis enfrentamientos de esta temporada. En resumen, sobre los precedentes podría decirse casi cualquier cosa: hacer un Butragueño. Por un lado, parece un hecho que Simeone ha mostrado más recursos en estos encuentros: desde que su equipo juegue mejor (el ejemplo del 4-0) hasta convertirse en un malvado de la lucha libre que estampa una silla en la cabeza del juez (el ejemplo del calvote al cuarto árbitro). Pero también sabemos que la Champions es el gran fetiche blanco, el escenario para ultrajar a sus fantasmas como ocurrió el año pasado con el Bayern de Guardiola. Es decir, que hay precedentes para todo.

Más allá del resultado, que no se nos escape el hecho excepcional de que sea el segundo año con Madrid y Atleti jugándosela en Champions. ¿Cómo ilustraremos el tiempo hasta que algo así ocurra de nuevo? ¿Qué pensaremos de la estética de esta década? ¿Qué pensaremos de los centrales de ambos equipos? ¿Y qué pensaremos de Casillas?

Álvaro Llorca es periodista y editor en Libros del K.O., una pequeña editorial que publica grandes reportajes.

Por qué el Madrid no le gana al Atleti

Jugar seis veces contra el campeón de Europa y no perder ninguna debe tener truco. Simeone tiene dos. El primero radica en que su equipo se hizo el muerto 14 años seguidos. Fue involuntario y le causó dolor, pero en cierto modo dicho vía crucis supone hoy una ventaja.

Simeone (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)
Simeone (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)

Jugar seis veces contra el campeón de Europa y no perder ninguna debe tener truco. Simeone tiene dos. El primero radica en que su equipo se hizo el muerto 14 años seguidos. Fue involuntario y le causó dolor, pero en cierto modo dicho vía crucis supone hoy una ventaja. Le enrabietó y acomodó al Madrid. En ambos casos profundamente, además, pues las inercias que duran lo que aquélla acaban convertidas en folclore.

De repente llegó el argentino y cambió el derbi como tantas otras tramas. Diseñó un sistema basado en la seguridad, dotó de confianza a los suyos y el nivel futbolístico se igualó en la capital de España. Al viejo regente le cuesta asumirlo, no termina de entenderlo, aunque dice que sí, en realidad no se lo cree. Por eso suele saltar al campo menos enchufado que el dueño del Calderón, facilitando que el segundo truco del Cholo marque la diferencia.

El Atlético dispone de un plan defensivo que al Madrid le quema el cerebro. Su idea troncal consiste en vestir a Ramos y a Pepe de amos del balón. Simeone persigue que, de sus rivales, los centrales sean los que más tiempo retengan la pelota. Para conseguirlo, los deja solos. Los arietes colchoneros no trabajan sobre ellos; al menos no como tarea prioritaria. Por norma, los ignoran.

En defensa, los objetivos de Griezmann y Mandzukic –o sucedáneo- son Modric y Toni Kroos. Les aíslan si se paran y les muerden si bajan a recibir. Bajar a recibir suele implicar recibir de espaldas -gran desventaja-, propiciando que Antoine y Mario puedan robar en campo ajeno; y cuanto más arriba se inicia una contra, más peligro entraña. Intimidados, la reacción paulatina de Toni y Luka tiende a ser alejarse del balón, depositando el marrón en pies de Ramos y Pepe.

La presión y el índice inquisidor de la soledad

Usemos la vista de pájaro para resituar la escena. El Atlético de Madrid, como siempre se resalta, está ejerciendo una presión intensa. Pero no sobre sus diez adversarios, sino sobre ocho. Ocho, nada más. Mientras tanto, Pepe y Ramos son señalados por el índice inquisidor de la soledad. Eso sí que es presión, aunque sea invisible. “¡Pero si están solos! ¡Que hagan algo!”

Entonces, se debaten entre dos contestaciones. La primera, ambiciosa, es salir conduciendo, seducir a un punta, atraerlo hacia sí y desmarcar indirectamente a Modric o Kroos, y tras lograrlo, entregarle la pelota. Sería estupendo. El problema reside en que si un central conduce y la pierde, hay mano a mano contra Casillas. Para prevenirlo, se acogen al recurso auxiliar del pelotazo, acción tras la cual Godín, Miranda y Tiago se transforman en gigantes. El Atlético gana casi todos los saltos. Y casi todos los rebotes.

Koke, Miranda y Griezmann (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)
Koke, Miranda y Griezmann (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)

Ahora sí, el balón es rojiblanco. Y enfrente aguarda un conjunto frustrado y partido en dos bloques. El de abajo, con Ramos y Pepe; el de arriba, con los ocho que restan. La distancia que los separa es enorme. Y Griezmann y Mandzukic la dominan en exclusiva. Ahí se asienta la gran obra de Simeone. Lo que su equipo hace en defensa deriva, pocos segundos más tarde, en una situación ofensiva idílica. Con un solo pase bien dado (uno), Ancelotti pierde ocho piezas, Pepe y Ramos la calma y Juanfran, Gabi, Koke y Arda, la gravedad. Vuelan.

Reconocemos estos instantes porque el Cholo se dirige a su grada y le indica que es la hora. El Calderón se vuelve loco. O muy listo. Evoca rituales de tribu india y al Madrid se le pone una cara de colono pardillo que no se le quita hasta el minuto 90. Conste el 4-0 como prueba tácita. Fue el teatro de un combate; Toro Sentado y un boy scout sin medallas. En la orilla norte del río Misuri.

Pero no siempre ha sido así. No hay cuatro goles de distancia entre uno y otro, ni siquiera con los trucos de Simeone alterando el escenario. Es más, aunque en el libro de La Décima se lee que su origen fue un cabezazo en el descuento, lo que pasó fue diferente. El Madrid la ganó porque jugó mejor que el Atleti. Que un Atleti que ya hacía todo lo que aquí se ha escrito. El plan del Cholo coarta, pero Ancelotti tiene con qué superarlo. Y conoce el método.

Regla de oro: no rifar la posesión

La regla principal estriba en no rifar la posesión nunca. Para ello, establecer una ruta fiable por la que salir desde atrás se antoja imprescindible. Y tanto en Lisboa como en otros derbis, Carletto supo dibujarla.

Este año, el primer trazo atañe a Kroos. Toni ve y comprende el juego como apenas un puñado de hombres. Si el Madrid consigue que reciba de cara, multiplica sus soluciones. En pos de ello, abre a sus centrales y lo fija entre los dos. Matiz: Kroos no baja; Kroos está abajo. Es distinto. De este modo, nunca mira hacia Casillas, siempre está mirando a Oblak. Así, presionarle no es tan fácil. Griezmann y Mandzukic pierden valor.

Mario Mandzukic, durante un entrenamiento (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)
Mario Mandzukic, durante un entrenamiento (Foto: Clubatleticodemadrid.com / A.G.)

Luego van Modric y James (Isco). Ambos suben y trotan hacia las bandas. Esto genera un doble efecto. Por un lado, la medular colchonera se echa para atrás, pues nada le da más miedo que no ver dónde está Luka. Por otro, Arda y Koke deben tomar una decisión. ¿Se quedan para proteger el medio o se van a tapar los costados?

No hay respuesta perfecta. Si permanecen cerrados, Kroos conecta con Modric (o con James, o con Marcelo); y si optan por abrirse, Ronaldo y Benzema hallan espacios entre líneas. Es decir, cuando emplean con fe e inteligencia su 4-3-3, sacan la pelota sin más peligro que el estándar. Y siempre a ras de suelo. Pese a Simeone.

Qué fácil parece. Y qué difícil se les hace.

Ocurre que el Real tiene una virtud que a menudo le debilita: su versatilidad. Se vislumbra tan capaz de dominar con cualquier estilo que resulta demasiado permeable a la intención de su adversario. No intentó quitarle el balón al Bayern, ni regárselo al Sevilla. Tampoco quiso frenar ante el Dortmund, ni acelerar contra la Juventus. Cree tanto en tantos planes que no siente como suyo ningún plan en concreto. Por eso nunca se esfuerza en dictar las leyes de un partido. Acepta las condiciones del otro.

Y, en virtud de las de Simeone, no puede vencer. A pelotazo limpio, mandan Miranda y Godín. Para derrotar a su Némesis, necesita una actitud que no le caracteriza, la rebeldía intelectual. De ahí aquella primera frase: “El Atlético dispone de un plan defensivo que al Madrid le quema el cerebro”.

Carlo respira porque Modric ha vuelto. Luka es el pequeño ángel blanco que se posa sobre el hombro derecho y dice la verdad; una presencia noble, sabia y respetada a la que el equipo obedece porque la experiencia le ha enseñado que merece la pena. Pedirá a su gente que ejecute el sistema debido. Desde el ejemplo, mostrará el camino de la iniciativa. Con Modric, el Madrid puede aprender.

En una eliminatoria tan gigante, los factores imperantes se contarán por decenas. El Atleti tira un balón al aire (¡no digamos un córner!) y puede marcar gol, y el Real atesora tal cantidad de talento que hasta en su peor noche aspira a meter un saco. Los credenciales de ambos superan por mucho la media; son los finalistas de la última Copa de Europa. El plan defensivo rojiblanco y su efecto sobre la salida merengue tan solo representan una de cuantas batallas formarán esta guerra. Eso sí, la más importante de todas. De ella depende la primera frontera, dominar las dos orillas del río, estar incómodo o lucir radiante. En definitiva, el fútbol.

Abel Rojas es analista en Ecos del balón