El pintor favorito de los ricos

cortarEl Museo del Prado revisa la trayectoria de un pintor tan importante como desconocido: Luis de Morales ‘el divino’.

En la imagen, una visitante observa La Virgen de la leche, de Luis de Morales.

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Una visitante observa La Virgen de la leche, de Luis de Morales.

Hace cinco siglos Luis de Morales fue “divino” porque su pintura era la experiencia visual más sagrada que tuvieron los españoles del siglo XVI. El pintor renacentista presentaba las figuras bíblicas en primer plano, aisladas de la narración, acentuando la parte emocional para su adoración, enfatizando el detalle de lo doméstico y el carácter dramático de las expresiones, con rostros compungidos, lágrimas que cruzan los rostros y chorretones de sangre que emanan de heridas en carne viva. Y sin cruzar un ápice el decoro que marcaba las Instituciones Catholicae, el manual inquisitorial del prelado en el que se leía: “Prohibimos toda pintura sobre tabla o cualquier otro soporte que sea engaño para los ojos, corrompa la mente o incite a la voluptuosidad. Estas no deben ser pintadas. Y quien quiera que lo haga, sea excomulgado”.

Cinco siglos después Morales es “divino” en los mejores salones de las grandes fortunas de este país, porque su delicada marca mercantil no pasa de moda en las subastas. Es el artista clásico favorito en las colecciones de arte más importantes de este país, que son las que nutren en buena parte la exposición retrospectiva que acaba de inaugurar el Museo del Prado, con ayuda de la Fundación BBVA, dedicada a la figura de uno de los mayores artistas (y menos conocidos) de la historia de la pintura patria. En las cartelas de las más de 50 pinturas puede seguirse el linaje con más octanaje del país: Villar Mir, Arango, Masaveu, Marqués de Miraflores y “la de aquellos que han preferido permanecer en el anonimato”. “A todos los ricos les gusta Morales”, puntualiza Miguel Falomir, director adjunto de conservación e investigación del Prado.

“A todos los ricos les gusta Morales”, puntualiza Miguel Falomir, director adjunto de conservación e investigación del Prado

De hecho, la primera y última muestra que pudo verse -hasta hoy- en el museo sobre su obra fue en 1917, cuando se le destacaba por su valor nacional. El estereotipo con el que se le definió entonces limitó sus trabajos a la quintaesencia del pintor de muñequilla ceñida a las doctrinas católicas. Hoy, la comisaria Leticia Ruiz ha montado este extenso recorrido con la idea de “eliminar los tópicos que se han creado en torno a su pintura”. La conservadora de la pinacoteca aclara que todos los coetáneos de Morales respondieron a estos encargos devocionales, pero “él lo hizo con gran originalidad. Creó una marca propia”.

Ese estilo “divino” se caracteriza por una técnica extraordinaria y un virtuosismo único desde la preparación de las tablas (robles importados desde bosques nórdicos) a las finísimas veladuras de color, que acaban con la dureza medieval e integran la figura humana en la naturaleza. La comisaria también ha querido subrayar la diferencia entre el taller y el maestro. “Frente a las imágenes patéticas y lamentables” que se difundieron durante años en copias que no hacían justicia a la labor del autor, aquí vemos ejemplos de su mano, desde el retablo al pequeño formato.

divino2_68003297_10399_1706x1280Una máquina superventas

Salvando las distancias, el divino Morales fue el Damien Hirst de su época por su dimensión comercial. Organizó un importante taller, en el que trabajaron sus hijos y numerosos asistentes, que colaboraban y realizaban los temas más variados, siempre siguiendo la línea estilística del maestro. Él solía ocuparse del diseño y la composición de las escenas sagradas, que eran pintadas por él mismo y por sus colaboradores. En ese sentido, dos versiones enfrentadas de Las variaciones de san Esteban (lapidado acusado de blasfemo)demuestran las claras diferencias entre su mano y la de sus seguidores.

El rodillo mercantil de Morales fue inagotable en la pintura de pequeño formato: piezas de devoción privada, muy cercanas al espectador, con detalles delicadísimos en las que se observa su evolución desde una técnica más dura y menos sutil hasta el “sfumato”, cuyo mayor representante fue Leonardo da Vinci. En las tres versiones de la Virgen vestida de gitana con el niño culmina esta técnica, que no es ni más ni menos que una indefinición, un efecto atmosférico que oculta tras una leve niebla capaz de borrar los límites y los perfiles. Estamos ante el refinamiento técnico más elevado al que ha llegado la historia de la pintura en Occidente.

Morales un “pintor esponja”, que absorbe todo lo que ve, sobre todo, la de Sebastiano del Piombo

Leticia Ruiz asegura que conoció la obra del creador de La Gioconda por la circulación de estampas que corría España en aquellos años, como también la de Durero y Rafael. Falomir lo describe como un “pintor esponja”, que absorbe todo lo que ve, sobre todo, la de Sebastiano del Piombo. Del italiano recoge los fondos negros, las superficies lisas, los prototipos dramáticos que, como buen español, acentúa con la sangre.

Es un pintor para mirar de cerca, para recrearse en los fondos (primeros intentos de perspectiva aérea) y los efectos lumínicos. Así sucede con las dos versiones de Cristo, varón de dolores: la del Instituto de Bellas Artes de Minneapolis, de plano general, y la del Prado, un primerísimo plano impactante. Ha retratado al personaje pensativo, meditando sobre la muerte, después de ser azotado, coronado de espinas y vestido con un manto azul. Ha eliminado tiempo y espacio, se ha quedado con la expresión. El “divino” es mucho más carnal que espiritual.

“Lo que ocurre en Cataluña acabará mal por poco bien que vaya”

Corberó desde gruta, higuera. Julia jiménez

Xavier Corberó (Barcelona, 1935) es un escultor cuya obra se ha expuesto en los mejores museos del mundo. Amigo de Salvador Dalí, Man Ray o Marcel Duchamp, habla aquí con soltura sobre sus momentos con ellos, sobre sus obras y sobre el proceso de independencia catalán.

Xavier Corberó (Barcelona, 1935) es un escultor cuya obra se ha expuesto en museos tan importantes como el Metropolitan, el Victoria & Albert o el de Arte Moderno de Tokio. También en espacios públicos de ciudades como Londres, Barcelona, Chicago, Beirut o Dubai. Amigo de Salvador Dalí, Man Ray o Marcel Duchamp, habla con soltura sobre sus momentos con ellos, sobre sus obras y sobre el proceso de independencia catalán.

Hijo y nieto de broncistas, Corberó vive en Esplugues de Llobregat, donde ha ido creando su obra más personal. Su abuelo tocaba el clarinete en el trío de Pau Casals y su padre fundó junto a Llorenç Artigues la Escuela Massana donde estudió el propio Corberó. Completó su formación en el Central School of Arts and Crafts (Londres), donde adquirió un extraordinario dominio del oficio y el rigor por la obra bien hecha. Tras su paso por París, Mendrisio y Barcelona, dio el salto a Nueva York, que era el gran mercado internacional de arte.

Corberó fue quien tuvo la idea de seleccionar las esculturas de los artistas más interesantes del momento para que el Ayuntamiento de Barcelona las colocara en espacios públicos de la ciudad antes de los Juegos Olímpicos de 1992. También diseñó la medalla olímpica y consiguió que el círculo central de la de oro se hiciera con este metal y no con plata dorada como hasta entonces. A Corberó le parecía injusto que después de tanto esfuerzo los atletas recibieran una medalla falsa. Aquel año recibió la Cruz de Sant Jordi que entrega la Generalitat.

A lo largo de los últimos 46 años ha ido creando en el casco antiguo de Esplugues, a modo de testimonio artístico, su principal obra. En 1969 compró una masía del siglo XVII en un terreno de grutas y galerías subterráneas utilizadas ya por los romanos. Poco a poco fue ampliando el terreno hasta reunir casi una hectárea y lo rescató de la especulación. Sus muros llenos de vegetación hacen del carrer de Montserrat el más bonito de Esplugues. Es lo único que ven sus habitantes. Lo que hay dentro es un misterio pues casi nadie ha entrado.

Todo empezó en torno a un patio octogonal que desde una gruta fue elevándose hasta un quinto piso como un caleidoscopio. Con el paso del día, la luz reviste de distintos matices las salas unidas por arcos y escaleras de todo tipo. A través de un patio con cascada, una gran higuera y maravillosas gardenias que Corberó cuida y riega personalmente, se accede a la parte nueva empezada hace siete años donde la escala se amplía y los arcos se multiplican. En total son 12 edificios, 10 frondosos patios y miles de macetas.

Captura de pantalla 2015-09-12 a las 19.10.13Este conjunto monumental es el escenario ideal para mostrar una obra que abarca la arquitectura, la escultura, el paisajismo y la puesta en escena. Corberó es un refinado coleccionista de objetos. En la parte habitada de este espacio, sus esculturas se intercalan con muebles, figuritas, maletas, alfombras en un orden insólito donde todo tiene una intención. “Cuando me preguntan qué pretendo con esto, contesto: siempre he intentado hacer poesía”.

Todo ello se ha financiado con dinero que ha recaudado el propio artista según iba vendiendo esculturas y gracias al mecenazgo de “amigos y enemigos”. 

Hablar con Xavier Corbero es una refrescante lección de vitalidad e ingenio. Es un dandi divertido, valiente y  preclaro. Como decía su amigo el crítico de arte Robert Hughes, su espectro social  y su curiosidad son amplísimos. Hace 35 años le extirparon un pulmón y sigue fumando cigarrillos sin filtro. El médico que le operó en Houston le dio seis meses de vida. Luego le hacía una reverencia cuando iba a revisión porque era su paciente más longevo. A continuación transcribo su testimonio durante nuestra conversación en su casa durante una jornada de verano.

Español y catalán

Los españoles son como los catalanes pero por lo menos se levantan más tarde, porque los catalanes se levantan antes para poder estar más rato sin hacer nada. Los españoles hacen lo mismo (nada) pero se levantan más tarde.

Esto del soberanismo a mí me suena como algo terriblemente pecaminoso. Ser independiente no quiere decir nada ni ayer ni hoy. Samuel Johnson dijo que el nacionalismo era el último refugio de los sinvergüenzas y ésta es la puñetera realidad. Cuando uno es muy nacionalista, es que quiere robar más y no quiere que le robe otro y por eso aquí dicen que todo es culpa de Madrid. Todo lo que se ha robado en la época de Pujol no es culpa de Madrid.

Es triste que sea tan feo todo porque siempre pierden y continuarán perdiendo. Pero estoy seguro de que lo de Cataluña acabará mal por poco bien que vaya. Si empieza mal, acabará menos mal. Pero si empieza bien, acabará muy mal. Y además es raro: ¡España es un sitio tan bonito!

Con Franco yo me sentía muy catalán. Mi madre se murió cuando yo era niño y me acuerdo sólo de una de sus frases: “Sé un buen español y un buen catalán”. Es curioso porque yo pensé: qué tontería, ¿no? Buen español y buen catalán. Me parecía un poco cursi la frase pero ahora la entiendo.

El nacionalismo empezó en el siglo XIX y todo lo demás son inventos. En el siglo XIX, Cataluña era distinta de España. Era más rica porque vendía todo a España, que no tenía nada. Durante la II Guerra Mundial, mucho dinero que salía espantado de Europa vino a parar aquí y a esto lo llamaron la revolución industrial.

Por otro lado se inventaron una nacionalidad, igual que los vascos de Sabino Arana. Aquí todo siempre es un poquito menos aburrido que en el País Vasco porque está el Mediterráneo y los mediterráneos siempre tienen un lado gitano. Había un señor que se llamaba José Pijoán, que es el de la enciclopedia Summa Artis. Un buen día se cansó, se fue a vivir a Suiza y se hizo cuáquero. Entonces fueron de aquí a verle y le decían: “Señor Pijoán, que Cataluña le necesita porque Cataluña sin usted no es Cataluña”. Y él contestó: “¿Cata qué?”.

Las modelos. María Medina

El masajista

Mi masajista era un hermano de San Juan de Dios. Entonces se le puso tiesa y dijo que prefería casarse. Encontró una señora, se casó y fue a decirle a su padre, que era ferroviario en Zaragoza, que se casaba.”Yo estaba ‘acojonao’ porque era religioso”, me dijo. “Llegué allí y mi padre estaba con su boina en la vía y le aticé y él ni caso. Le aticé más fuerte, ni caso. Y le aticé verdaderamente fuerte, levantó la boina y me dijo: ‘¿Sabe lo que me dice? Ahora sabrás lo que es joder sin ganas, hijo”.

No me digas que no vale la pena ser español sólo para oír esto porque es aplastante. Estos detalles surrealistas que tenemos son preciosos. ¿Y queremos prohibirlos? ¿Tú crees que yo dejaré de ser español porque unos cabrones inventen un sistema? No.

Yo no me siento más de aquí que de Asturias cuando estoy en Asturias. Lo que pasa es que de aquí sé más. Hubo momentos después del franquismo en que me emocionaba oír cantar en catalán la sardana La santa espina. Era emocionante porque ya no estaba prohibido. Pero entre que esté prohibido a que sea obligatorio casi prefiero que esté prohibido. Yo quiero ir al fútbol y soy muy del Barça porque es de aquí y yo también. Pero esto no quiere decir que sea idiota, ¿eh? ¡Y también soy del Liverpool!

El otro club de Barcelona es el Espanyol. Lo pensé cuando hablábamos del periódico. Se llama español por algo porque ya entonces pasaba lo mismo: los del Espanyol son traidores a Cataluña. Lo que no sabe nadie, si lo preguntas en serio, es qué es Cataluña. Nada concreto. Porque el reino era de Aragón y Cataluña y el primer condado fue el de Empúries. Esperemos que todo esto no acabe a hostias, que podría.

Puede ser que al final no queden más cojones que traer al Ejército porque pasa otra cosa: a la primera hostia los catalanes se cagarán todos. Yo he vivido aquí 50 años de franquismo. Nací en 1935 y toda aquella gente estaba así [levanta el brazo a modo de saludo fascista] todo el santo día.

En el extranjero

Yo sabía que el mundo no podía ser como Franco lo pintaba. Pero yo nunca fui un exiliado porque pensaba que lo que tenía mérito era estar aquí y no fuera. El champagne allí era bueno y aquí malo y donde había hostias era aquí y no allí. Aquí se hicieron cosas extraordinarias porque la gente trabajó mucho después de la guerra por muy poco y se hizo esta España que hay ahora que, comparada con la de antes, es un milagro.

Yo me fui primero a Suecia un poquito porque me gustaba irme y porque tenía ideas falsas, pero ideas, de que los países nórdicos eran fantásticos. No son fantásticos y no son países: son pueblecitos. Suecia son cuatro gatos, Hospitalet es mucho más importante. Esto no lo sabía. Pero me espabilé con nada, tomaba té con mucho azúcar porque vivía del azúcar. No tenía dinero, no podía volver y me fui a Inglaterra porque tenía un billete gratis del Student Escandinavian Travel Service.

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El orfebre de Londres

A Londres llegué sin nada.

Yo buscaba Londres y no la encontraba. Decían que era una gran ciudad pero todas las casitas eran bajitas y eso parecía San Gervasio o La Moraleja. Un día llegué a la City y allí había un edificio muy grande que ponía Goldsmith Hall. Era la sede del gremio de orfebres y pensé: “Ésta es la mía”.

Tenía unas fotos de unas esculturas pequeñas y pedí ver al director. Le enseñé las fotos y le dije que eran unas obras de seis metros. Esas cosas en una foto no se saben. El tipo se dio cuenta de que yo era gracioso y me invitó a comer. Yo no hablaba nada de inglés. Pero este señor encantador se convirtió en un amigo.

Corberó de joven

Esto es muy inglés. Si les haces gracia por algo y te ayudan, te ayudan. Está todo preparado para funcionar. Aquí está todo preparado para no funcionar. Vender una escultura en Londres quiere decir vender muchas. Vender una aquí es no ver esa escultura nunca más. En Cataluña mucho más que en Madrid. No las ves nunca más. Y si no vas con cuidado, la venden a trozos como si fuera una longaniza o una butifarra.

A aquel orfebre de Londres no le vendí nada. Me hizo una matrícula en la Central School of Arts and Crafts [la Escuela de Bellas Artes más prestigiosa de Londres] y me paseé por Inglaterra yendo a todas las fábricas de platería y orfebrería. Allí aprendí todo lo que quería saber de orfebrería y de cincelado, y trabajé con un platero que es muy famoso ahora y que se llama Gerald Benney. También con un arquitecto que se llamaba Louis Osman y que hizo la corona de la investidura del Príncipe Carlos

Esto también es muy inglés. Me decían: “Vente a Bath”. Y entonces yo me iba a Bath en un coche alquilado gastándome el único penique que había ganado. Sólo tenía unos pantalones cortos como tiroleses y ellos se cambiaban y a menudo se ponían el esmoquin para cenar. Pero el día en que fui yo se vistieron todos de tiroleses. Los ingleses son la hostia. Yo los quiero mucho porque son al revés de lo que creemos aquí: son muy fieles y muy positivos, y pueden ser muy puñeteros. O sea, que tienen morbo.

Un catalán en Nueva York

Lo de Nueva York fue muy rápido. Yo me había prometido que no trabajaría de otra cosa. Pero claro: uno tiene que comprar la piedra y alguien tiene que comprarle la obra.

Entonces yo no tenía para comer, mi hija Ana ya había nacido y la inglesa [la madre de la niña] tenía hambre. Yo era amigo del artista Manuel Viola, que era gitano. Le dije que no quería trabajar pero que se estaban muriendo de hambre aquellas dos. Me dijo: “No te preocupes. Ha venido un americano muy rico que se llama Guasrosh y ya te comprará algo. Está en el hotel Avenida Palace”.

Yo ni me lo pensé. Me fui allí y pregunté por el señor Guasrosh. No existía, naturalmente, pero había un señor muy alto que me dijo: “Perdone usted. Pero yo ayer estuve con el pintor Viola y he oído lo que decía y a lo mejor usted me busca a mí. Pero no me llamo Guasrosh. Me llamo Gordon Washburn y soy el director del Instituto Carnegie”. Chillida, Tapies, Palazuelo… Todos habían salido por éste.

Entonces me dijo: “Mire, no le puedo comprar nada porque no soy rico, pero en cambio me gustaría ver su obra”. Vinimos a Esplugues y me dijo que fuera a verle a Cadaqués porque tenía allí un amigo que se llamaba Marcel Duchamp. ¡Cómo si fuera Pito Pérez! Y además me dijo que había allí un señor que se llama Staempfli que tenía una galería en Nueva York y era de los mejores marchantes del mundo. Me fui zumbando y ya no salí de allí. Me pasé toda la vida con Peter Harnden, que era el catalizador de todas las reuniones en Cadaqués. Bombelli, Man Ray, Max Ernst… Todos eran amigos de Washburn. Los que estaban de verdad aquí eran Duchamp y Dalí.

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El cerebro de Dalí

Es el hombre más inteligente que he conocido, era muy gracioso y muy humilde. Fue mi primer cliente. Yo exponía en la bienal hispanoamericana de Arte en Barcelona y un día me llama un señor y dice: “Alo alo, ici Dalí“.

Yo respondí que era el obispo Modrego, y enseguida colgué porque pensé que era un amigo mío tomándome el pelo. Al día siguiente me fui a Suecia y después de un tiempo hice mi primera exposición individual en Nueva York, donde veía a Dalí casi todos los días. Un día mantuve más o menos esta conversación.

– ¿Por qué viene cada día?

– Porque lo que hace usted a mí me interesa bastante pero es una pena que sea tan maleducado.

– ¿Qué he hecho yo?

– No qué ha hecho, ¿qué no ha hecho?

– ¿Qué no he hecho?

– Pues hombre, darnos las gracias a mí y a mi mecenas Arturo López por haber comprado todo lo que tenía en la bienal hispanoamericana de Arte.

– Es que no me he enterado yo de esto.

El cerebro de Dalí es uno de los cerebros importantes de la historia de la humanidad y estoy muy agradecido por haberle conocido y por que me tuviera una especie de flojera. En Nueva York hacíamos una cena a menudo en el restaurante Laurent.

A veces Dalí traía un invitado de honor. Yo hacía muchas semanas que le quería preguntar cuál era su relación con Picasso y siempre me olvidaba. Vino con Claude Levi-Strauss, que entonces era Dios. Pero yo le quería preguntar por lo de Picasso y le dije: “Bueno, ya hablaremos con este señor tan importante pero usted me puede decir cuál es su relación con Picasso”. Dalí me dijo: “¡Ah muy buena! Yo cada año le mando una postal en julio que pone Juliol, ni dona ni escargol [en julio, ni dama ni caracol]. Si no se la envío, ya sabe como es, me manda espías. Yo lo noto y entonces se la envío. Pero yo le estoy muy agradecido porque me prestó 60.000 dólares para venir a este país y se los devolví todos. Después Gala y yo compramos un cuadro suyo y se lo hemos regalado al museo de Barcelona”.

Yo me quedé calculando cuánto eran 60.000 dólares de 1942, que era mucha pasta. Dalí se dio cuenta de que no les escuchaba ni a él ni a Levi-Strauss y entonces me mira y me dice: “Bueno, hombre, bueno. Casi tots, casi tots“.

Dalí se divertía mucho con Francesc Pujols, un filósofo catalán, y resumía así una línea de su pensamiento: “Los catalanes habremos dominado el mundo cuando entremos en un restaurante y no tengamos que pagar”. A la entrada de su Teatro Museo, escribió esta frase de Pujols: “El pensamiento catalán rebrota siempre y sobrevive a sus ilusos enterradores”.

Era un hombre encantador, muy bien educado y muy gracioso. Una de las últimas cosas  que hizo fue decirme: “¡Oiga! En el sitio éste que he comprado para Gala [el castillo de Púbol] necesito tapar los radiadores. Piense algo”. Unos días después me llama y me dice: “¿Qué? ¿Ha pensado algo? Pues no. Menos mal, porque ya lo he arreglado. Los he pintado al trompe l’oeil y los he puesto delante. Es decir, que para tapar un radiador puso un radiador pintado. Es cojonudo.

El rizo de Duchamp

Marcel Duchamp era muy inteligente. De alguna manera vio venir algunas cosas. En 1906 Duchamp decidió que la pintura de caballete se había acabado y creó otra academia. Pero el mercado ha institucionalizado una academia contra la academia y el urinario se ha convertido en academia. Exponer el urinario en 1906 en Nueva York era una cosa y exponerlo en 2015, otra muy distinta.

Entonces él no pintaba. Sólo pensaba y hacía trabajos manuales. Se podía pasar un año arreglando una persiana que era realmente una obra de arte. Después del urinario, montó una academia más académica que la academia y más hiperrealista que el hiperrealismo porque una mujer [en su obra] era de piel de tocino y parecía una señora. Un buen día le pregunté mientras jugábamos al ajedrez: “¿Tú no tienes ganas de coger una tela y pintar?”. Se quedó serio, le cayeron dos lágrimas, no hubo más respuesta y no insistí.

Corberó desde gruta, higuera. Julia jiménez

El arte de hoy

Le falta oficio pero sobre todo le sobra una cantidad de bluf… Es políticamente correcto. Si tú sabes cuatro cositas y las sabes explicar, explicas un cuadro y un cuadro que se ha de explicar es una mierda de cuadro y así son casi todos.

La universidad es una enfermedad muy grave, sobre todo para el artista. El tío que sale de la universidad y sabe que él es minimal… ¡Es como si las putas salieran un día y supieran que eran putas! Cualquier escenógrafo de ópera lo hace mejor.

Siempre hay alguien salido de la universidad que hace de comisario de una exposición y que se tira al director del museo. Han creado una especie de submundo como el del golf. Es el golf de los que no juegan al golf y no hay mujer de burgués en Cataluña que no tenga tres o cuatro amigos en este círculo.

El marketing ha borrado el cerebro de la gente. Un Picasso ha salido por 150 millones. Un Degas, por 200. ¿Quiere decir que un cuadro malo de Picasso vale 150 millones? Es un sistema en el que todo es mentira. Pero como casi nadie sabe nada, los que saben sólo saben el precio. Es que no saben ni el color del cuadro.

Pensar que Cataluña puede ir mejor solita… ¡Solito no puede ir mejor nada! Ni Cataluña ni Suiza. Es más, yo creo que todos estos estados pequeños tienen una tendencia grave a desaparecer porque si no viven del robatorio no sobreviven. Ni San Marino ni Suiza ni Andorra. Todos viven de robar.

Un juicio gitano

Manuel Viola era un caso. Odiaba a Dalí. Viola era muy inteligente pero Dalí era mucho más inteligente. Dalí no era nada pasional y Viola sí.

La casa de Viola en Ríos Rosas, 54 era una maravilla. Abajo vivía González Ruano y en el cuarto o en el quinto vivía Viola con una niña adoptada que se llamaba Encarnita Heredia. También vivía con la Carmuca, que era francesa y que había sido novia de Picasso, a quien se la quitó Viola. Arriba vivían Camilo José Cela y dos generales de la República con sendos policías en la puerta y una escuela de parteras sin dolor.

Era bastante curioso este sitio. He visto cada cosa… Una vez el tío de Encarnita Heredia se fugó con su cuñada y el juicio gitano se hizo en casa de Viola. Vinieron los gitanos viejos. Unas pintas y una autoridad… Me acuerdo de que el más viejo, el rey, dijo que no le cortaba la oreja al tío de Encarnita porque era guapo y que la cuñada tenía menos culpa que si fuera feo. Total que se quedó con las dos orejas. Pero me he acordado siempre de esto: por ser guapo tenía perdón. Ahora es al revés: si eres guapo, es imperdonable. Esto es otra cosa que pasa con estos soberanistas: ¡Son de un feo! ¡Son impresentables!

Podemos es un poco lo mismo: una cosa populista que quiere decir que el infeliz está contento de joder al feliz y el feo está contento de joder al guapo. La gente ha quedado un poco idiotizada y entonces busca soluciones que no tienen que ver con nada.

Cuando uno visita el castillo de Cawdor en Escocia [donde tengo una fuente de bronce], le dan un panfleto que dice: “Ustedes se preguntarán cómo hemos logrado todo esto. Es muy sencillo: asesinatos, robos y bodas”. Ya está. Aquello me pareció muy bien.

Un niño de la guerra

La guerra puede parecer dramática. Pero para un niño pequeño nada es dramático. Lo que es dramático es aburrirse y los entierros, la muerte y todo esto aburrido no es. Pasa mucha gente. En casa no había nadie. Mi padre estaba en el frente, mi madre se había muerto y con cuatro años me iba al refugio solo. No había nadie más. Mi abuela no sé si estaba. A veces estaba y a veces no. Mi tía era enfermera. El refugio lo bueno que tenía es que estaba justo debajo de casa. Sólo tenía que bajar y meterme. Como era tan pequeño, todo el mundo me quería mucho. A mí me gustaba ir al refugio. Era igual que aquí. Esto de las grutas me ha gustado siempre.

Hay un momento de silencio. Miramos por el ventanal de su cuarto mientras riegan.

Me gusta este árbol muerto, me recuerda que voy yo después de él. Quiero que me metan un poco más allá y que ponga en una piedra: siéntese y no haga cumplidos. El epitafio que más me gusta es uno del cementerio de Carmona: “Aquí sigue descansando Gonzalo”, que no había pegado ni golpe nunca.

Es increíble lo poco que la gente ve. Tengo un amigo maestro de sushi que se llama Yasuda. Lo conocí en un restaurante en Nueva York, luego fue un número uno y se volvió a Tokio. Hace poco le dijeron que yo había cumplido 80 años, tuvo miedo de que me muriera antes de verme y vino de Tokio. Me dio un abrazo, se le cayeron cuatro lágrimas y se fue. Nos despedimos. ¡Es tan japonés!

Balzac dijo una cosa estupenda: sin gran voluntad, no hay gran talento. Muy bonito. Bernard Shaw dijo que los pañales y los políticos se han de cambiar con frecuencia y por la misma razón.

Antes de despedirse, Xavier Corberó recita estos versos de ‘Don Juan’:

“Siempre vive con grandeza /quien hecho de grandeza está.”

Un cuadro histórico aparece 100 años después en el Museo Cerralbo partido en 21 trozos

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Un siglo después de que se diera por destruido en el incendio que devastó el Tribunal Supremo el 4 de mayo de 1915, un cuadro histórico, El desembarco de Fernando VII en el Puerto de Santa María, ha aparecido en el Museo Cerralbo. El enorme lienzo, de 4,62 cms de alto por 7,30 de ancho, se encuentra ahora fragmentado en 21 trozos. Uno de ellos volverá a exhibirse la próxima semana en el Palacio de las Salesas.

En la imagen, una copia del cuadro original, realizada por Aparicio en un tamaño más pequeño, que se conserva en el Museo del Romanticismo.

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Una copia del cuadro original, realizada por Aparicio en un tamaño más pequeño, se conserva en el Museo del Romanticismo

Ironía de la historia: El desembarco de Fernando VII en el Puerto de Santa María, que inmortalizó el acontecimiento que dio paso a la Década Ominosa y, con ella, a la fulminante supresión del Supremo creado por la Constitución de 1812, fue precisamente uno de los cuadros elegidos para ser exhibido en el Alto Tribunal en 1883, cuando el Museo del Prado lo entregó en depósito junto a otras 86 obras.

El severo rostro del monarca absolutista en el momento de ser recibido por el duque de Angulema, encargado por la Santa Alianza de restituirle en sus poderes frente a las Cortes liberales, pudo ser contemplado hasta el 4 de mayo de 1915 en la antesala que precedía a las Salas Primera y Segunda.

Era un “aparatosísimo” lienzo– según lo describió el humanista Elías Tormo, miembro del Patronato del Museo del Prado en esa época- que servía de “distracción de los abogados vestidos de toga a la espera de las vistas” por el gran número de personajes que en él aparecían. Incluso “en los últimos años se había colocado, para descifrarlos, un cuadrito al pie en el que, numeradas las siluetas, se ofrecían los nombres de muchos de ellos”.

Mayor tasación que un ‘goya’

El alicantino José Aparicio, pintor de cámara de Fernando VII y que, junto a José de Madrazo y Juan Antonio de Ribera, es exponente de la escuela neoclásica, retrató a más de medio centenar de celebridades del siglo XIX: los miembros de la familia real, militares franceses y españoles y representantes de la nobleza y del clero. Hasta las nodrizas de los infantes, los maceros del Ayuntamiento de El Puerto y el patrón de la falúa real tuvieron su sitio en un cuadro que Aparicio tardó en realizar cuatro años y que llegó a tasarse en 180.000 reales a la muerte de Fernando VII. Como sorprendente referencia comparativa, La Familia de Carlos IV de Goya no pasó de 80.000.

Obsesionado con la reproducción fiel de los detalles, Aparicio se desplazó a El Puerto pocas semanas después de la “liberación” de Fernando VII y en noviembre ya había dibujado la barcaza tal como se encontraba en el momento del desembarco, el 1 de octubre de 1823. Terminó el cuadro en 1827 y el Rey dispuso que se presentara al público en la exposición que en septiembre de ese año se celebró en la Academia de San Fernando, según una investigación del historiador del arte Enrique Pardo Canalís. Luego se llevó al Real Museo de Pinturas, antecedente de El Prado.

Una real orden de 9 de marzo de 1883 autorizó el traslado de la tela al monasterio de las Salesas, incautado 13 años antes por el Estado para ser la sede del Tribunal Supremo.

Cuenta Tormo en un relevante artículo publicado en junio de 1915 (“La galería de cuadros del incendiado Palacio de Justicia”) que, saturado El Prado de obras pictóricas procedentes de la desamortización, “comenzó el desfile de miles y miles de lienzos para depósitos en palacios, ministerios (…) y otros centros”.

Lo que pasó en el Palacio de Justicia es que “allí el magistrado encargado de procurar selección en el envío de depósitos era un conocido poeta y un amante de las artes, don Joaquín José Cervino” y fue él quien acudió a elegir los cuadros que habían de trasladarse al Tribunal Supremo “cuando todavía de ellos no había salido a depósitos lo mejor de lo que había de salir”.

“Se ha quemado”

A las Salesas llegaron, de ese modo, obras de Alonso Cano, Ribera, Lucas Jordán… y el lienzo de Aparicio. Las últimas referencias que tenemos de él coinciden en que desapareció en medio de las llamas que redujeron el Palacio de Justicia a poco más que a muros y paredes maestras el 4 de mayo de 1915.

El periódico La Época del día siguiente aseguraba que “entre los objetos de valor destruidos por el fuego figura un Cristo de Alonso Cano (…) También ha sido destruido un cuadro de enormes dimensiones que representaba el Desembarco de Fernando VII en Cádiz”.

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Imagen del incendio que sufrió hace 100 años el Tribunal Supremo.

Elías Tormo también afirmó en el artículo citado que “el gran cuadro (…) del desembarco de Fernando VII en la isla de León, al ser libertado de los constitucionales por el duque de Angulema y los cien mil hijos de San Luis, se ha quemado”.

Y aún hoy la ficha que puede consultarse en la Red Digital de Colecciones de Museos de España, dependiente del Ministerio de Educación, refleja que El Desembarco quedó “destruido en el incendio del Convento de las Salesas reales de Madrid en 1915 (…)”.

Según fuentes del Supremo, a principios de este año la directora del Museo Cerralbo, Lurdes Vaquero, se puso en contacto con la oficina del presidente del tribunal para informar de que en los almacenes del museo se encontraba “un cuadro quemado” que en su día había estado depositado en el Palacio de las Salesas. Tanto el presidente del TS como el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid forman parte del patronato de la Fundación Museo Cerralbo ya que así lo dispuso el XVII marqués, Enrique de Aguilera y Gamboa, al donar su legado artístico a la nación española en 1922. [El actual presidente del Poder Judicial, Carlos Lesmes, no ha asistido nunca a las reuniones del patronato, delegando en el presidente del TSJM, Francisco Vieira].

A raíz de esa llamada, una veterana y eficaz documentalista del Alto Tribunal, María Luisa Román, empezó a investigar tanto el incendio de 1915 como el expediente de El desembarco y, con sus conclusiones, responsables del TS visitaron el Cerralbo con la pretensión de que el cuadro volviera a vestir las paredes del Palacio de Justicia. No ha sido posible: en el Cerralbo se les aseguró que el lienzo está ahora fragmentado en 21 trozos que necesitan ser restaurados para su exhibición. Finalmente, uno de los fragmentos, el del retrato de Fernando VII, va a ser mostrado en la exposición que, con motivo del centenario del incendio, se inaugurará el próximo día 11.

El misterio

Quién sacó el cuadro del Supremo, quién lo troceó y cómo fue a parar a lo que, hasta la aceptación por el Estado del legado de Aguilera y Gamboa en 1924, era una una colección privada forma parte del misterio. La directora del Museo Cerralbo, que atendió amablemente a EL ESPAÑOL, declinó hacer declaraciones al tratarse de un “asunto delicado”. Vaquero, no obstante, ha anunciado su participación en una mesa redonda que se celebrará también el día 11 en el TS.

Este periódico se dirigió igualmente al Ministerio de Educación, que en la tarde de ayer informó de que “la obra, fragmentada en varios lienzos -13 retratos y ocho fragmentos-, fue adquirida en los años 20 en el rastro por el XVII marqués de Cerralbo, Don Enrique de Aguilera y Gamboa, quien a su vez ordenó su restauración para salvaguardar este patrimonio que, en un principio, se identificó como autoría de otro pintor de corte como es José Camarón y Bonanat. La obra recuperada por el marqués de Cerralbo estaba ya incompleta y recortada cuando se adquirió, habiendo sobrevivido un 75-80% del lienzo original”.

Según el Ministerio, gracias a la documentación que se conservó del lienzo, que fue fotografiado por Juan Cabré, primer director del Museo Cerralbo, en 2014 Pilar Tébar Martínez, de la Universidad de Alicante, publicó el artículo “José Aparicio Inglada: de Alicante a la corte de Fernando VII”, identificando los fragmentos con la obra que se creía desaparecida de Aparicio.

“Comienza así una intensa colaboración entre los técnicos del Museo Cerralbo y del Museo Nacional del Prado que ha permitido, entre otros aspectos, la digitalización de todos los fragmentos conservados, el acondicionamiento físico de parte de la obra que aún estaba enrollada (…) y la regularización administrativa de la adscripción de la obra como fondo fundacional del Museo Nacional del Prado”, añade Educación.

De acuerdo con documentos del Museo Cerralbo, la obra de Aparicio ingresó en 1927 por legado de Amelia del Valle y Serrano procedente de la casa que la familia tenía en Santa María de Huerta (Soria). Segunda marquesa de Villa-Huerta, Amelia del Valle era hijastra de Enrique de Aguilera y Gamboa y, a la muerte de éste en 1922, se encargó de cuidar de la colección y asegurar su trasmisión al Estado, tal como estableció el marqués en su testamento, del que Amelia fue albacea.

¿Existe alguna otra obra u objeto procedente del Palacio de las Salesas en poder del Cerralbo? En el Tribunal Supremo creen que sí, pero desde el museo se niega. Por el momento, al menos la parte del cuadro que inmortalizó al Rey que quiso abolir el Supremo volverá a exhibirse en él. Larga vida al Tribunal.

 

La Fiscalía estudia imputar a Jaime Botín por contrabando tras sacar su ‘picasso’ de España

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El banquero Jaime Botín, ex presidente de Bankinter, podría enfrentarse a una acusación penal por contrabando tras sacar de España sin consentimiento un Picasso valorado en 26,2 millones de euros. El cuadro, de nombre “Cabeza de Mujer Joven”, fue localizado el pasado 4 de agosto en el barco que el financiero español tenía amarrado en el puerto de Calvi, en Córcega. El cuadro estaba envuelto y listo para ser enviado a Suiza.

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El banquero Jaime Botín, ex presidente de Bankinter, podría enfrentarse a una acusación penal por contrabando tras sacar de España sin consentimiento un Picasso valorado en 26,2 millones de euros. El cuadro, de nombre “Cabeza de Mujer Joven”, fue localizado el pasado 4 de agosto en el barco que el financiero español tenía amarrado en el puerto de Calvi, en Córcega. Según el servicio francés de aduanas, el lienzo, lejos de colgar en las paredes del yate, estaba envuelto y listo para ser enviado a Suiza. Sin embargo, sobre el cuadro pesa una prohibición expresa de exportación emitida por la Audiencia Nacional.

Según fuentes del caso, la Fiscalía valora ahora si sentar a Jaime Botín en el banquillo. La decisión jurídica tiene distintas interpretaciones; primero porque el banquero no se encontraba presente en el viaje que sacó el cuadro del país (sí estaba en el velero su hijo Alfonso, vicepresidente ejecutivo de Bankinter). Y segundo porque según las alegaciones presentadas ante en Tribunal Supremo por la defensa del financiero, el cuadro está oficialmente a nombre de una empresa panameña llamada Euroshipping Charter Company y barco -pese a estar anclado en Valencia- navega bajo bandera británica. Por lo tanto, nunca habría entrado realmente en territorio español.

Adiós al cuadro

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Jaime Botín.

El periplo del liezo se inició en diciembre de 2012, cuando la casa de subastas Christies solicitó permiso al Ministerio de Cultura para exportarlo a Londres, donde saldría a subasta. A dos días de terminar el año, la cartera de José Ignacio Wert declaró la obra como “inexportable”, en una decisión que los abogados de Botín recurrieron ante la Audiencia Nacional.

La Sección Sexta de lo Contencioso Administrativo, apoyada por los informes de Patrimonio Histórico, denegó de nuevo en 2013 el permiso para sacar el cuadro de España. Los expertos alegaron que  la obra “es una de las pocas realizadas por su autor dentro del denominado período de Gósol, etapa en la que Picasso se ve claramente influenciado por la plástica del arte ibérico”.

La prohibición de sacar el cuadro del país fue recurrida de nuevo por los letrados de Botín al Tribunal Supremo, que todavía no se ha pronunciado. Mientras, el Ministerio de Cultura reclamó explicaciones sobre la ubicación del Picasso. Según fuentes del caso, los expertos de Patrimonio realizaron  una pesquisa en el velero del ex presidente de Bankinter para comprobar el cuidado de la obra. Sin embargo, cuando acudieron al barco, el cuadro no estaba.

Juzgado en Pozuelo

Tras su investigación preliminar, Cultura contactó con la familia Botín para pedir explicaciones. “Explicaciones contradictorias que nos hicieron poner el caso en manos de la Justicia”, explican fuentes del caso. Los informes de Cultura pasaron a manos del equipo de Patrimonio Histórico de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Bajo el mandato de un juzgado de Pozuelo, donde reside el ex presidente de Bankinter, los agentes comenzaron a realizar pesquisas en mayo de este año para localizar el lienzo. Fue este grupo quien recibió la primera noticia de que la pintura había sido localizada en Francia.

El pasado viernes a las 13.00 de la mañana, los agentes de la Aduana francesa realizaron una revisión rutinaria en el velero Adix, amarrado en el puerto deportivo de Calvi, en Córcega. Sus sospechas arrancaron cuando los funcionarios localizaron el lienzo perfectamente embalado, y se confirmaron cuando el capitán del navío les confirmó que iba a ser enviado a Suiza. Sin embargo, no pudo aportar ningún permiso oficial para autorizar la venta.

Los funcionarios galos llamaron desde el mismo puerto a sus compañeros españoles, que se pusieron a su vez en contacto con el Ministerio de Cultura. Fueron los funcionarios de este ministerio quienes trasladaron los datos de la aduana francesa a la Guardia Civil en Madrid.  Ahora, y según informa el portal Infolibre, la fiscalía ha abierto un “expediente gubernativo”, es decir, una información interna para analizar el grado de  responsabilidad penal que pudieran tener tanto Jaime Botín como aquellos que participaron en el viaje para sacar el cuadro de España. “Si se le imputa algún delito, será el de contrabando”, confirman fuentes de la investigación. Según la normativa vigente,  en caso de ser condenado, el banquero se enfrentaría a un período de prisión y una posible multa de 104 millones de euros, cuatro veces el valor de la obra.