Portugal: sin Ciudadanos ni Podemos a pesar de la crisis

Pedro Passos Coelho

Pese a los cuatro años de austeridad, que han provocado numerosas protestas por parte de la población, no ha nacido en Portugal ninguna alternativa capaz de plantar cara a los partidos ya establecidos. En el país vecino no existe, al contrario que en Grecia o en España, ningún símil de Podemos o Ciudadanos y será entre el Partido Socialdemócrata (PSD) y el Partido Socialista (PS) entre los que elijan, mayoritariamente, los 10 millones de portugueses que están llamados a las urnas este domingo.

En la imagen, Pedro Passos Coelho, del PSD, durante un acto electoral.

Pedro Passos Coelho
Pedro Passos Coelho, del PSD, durante un acto electoral.

Septiembre de 2012. En 30 ciudades simultáneamente y juntando, sólo en Lisboa, a cerca de 500.000 personas, los portugueses protestan contra la última medida de austeridad anunciada. El Gobierno conservador de Passos Coelho baja la carga fiscal de las empresas y sube la de los trabajadores, igualando las dos en un 18%. Portugal despierta para una de las mayores manifestaciones desde la revolución de 1974 (que acabó con la dictadura en el país) y consigue que el Ejecutivo dé marcha atrás en la reforma.

Pese a los resultados prácticos de la movilización social, no ha surgido en Portugal una alternativa capaz de hacer tambalear a los partidos ya establecidos, el Partido Socialdemócrata (PSD) de Pedro Passos Coelho y el Partido Socialista (PS) de Antonio Costa. En Grecia ganó Syriza. En España, Podemos y Ciudadanos amenazan el bipartidismo. En Portugal parece no haber alternativas al statu quo.


Promedio de encuestas: Kiko Llaneras

“En España los nuevos partidos políticos se han impulsado a partir de distintas plataformas ciudadanas, que han sabido pasar de la protesta del 15 M, por ejemplo, a las propuestas políticas. En Portugal eso no pasó con la misma fuerza. Puede que nuestra sociedad civil sea más floja”, analiza André Freire, politólogo del Instituto Universitario de Lisboa y autor del libro Izquierda y derecha en la política europea. Portugal, España y Grecia en perspectiva comparada.

En la papeleta de las elecciones portuguesas este 4 de octubre, la novedad es la coalición Livre/Tempo de Avançar, una candidatura ciudadana, a la cabeza de la cual están el ex eurodiputado Rui Tavares y la exdiputada Ana Drago. “Queremos hacer de puente entre los ciudadanos y la política. Que sepan que hay formas de acción política que pueden cambiar la vida de las personas y que eso exige la participación de todos, más allá de las manifestaciones”, cuenta Rui Tavares.

“Los portugueses son conservadores”

Sin embargo, en los sondeos, la coalición no logra ir más allá de los 2% de la intención de voto. “Los portugueses son conservadores y necesitan tener una idea de la práctica política de un partido, antes de darle su voto. Nosotros no hemos tenido oportunidad de enseñársela”, justifica Rui Tavares.

Pero no se trata sólo de la falta de expresión de los nuevos partidos, si no que los últimos sondeos dan al Gobierno el primer puesto. “Puede que el discurso de la inevitabilidad de la austeridad, por parte de la troika y del Gobierno, haya calado en la sociedad portuguesa, pero los portugueses no están contentos con sus gobernantes”, asegura André Freire.

Entonces, ¿por qué no se vislumbra un castigo claro en las urnas al actual Ejecutivo? “El panorama político portugués siempre ha estado muy fragmentado a la izquierda. Está el Partido Socialista, el Partido Comunista, el Bloque de Izquierda, todos con mucha expresión a nivel nacional. El voto en la oposición se dispersa”, cuenta Freire.

Rui Tavares va un paso más allá: “Hace muchos años que pagamos el precio de un atrincheramiento de los partidos de izquierdas. Si analizamos los resultados, vemos que la derecha tiene tan sólo un tercio de los votos. Lo que pasa es que, si los partidos de izquierda no nos organizamos, nunca podremos ser una alternativa real. Tenemos que trabajar conjuntamente”.

Además, los dos señalan a los medios de comunicación, que no son igualitarios a la hora de distribuir el tiempo dedicado a los distintos partidos. “Los medios favorecen a los dos principales partidos, hay muy poca cobertura de los intermedios y casi ninguna de los pequeños”, señala Freire.

“Al conservadurismo de la población, hay que sumarle el conservadurismo de los medios, que insisten en volcarse con los principales partidos. Hay gente que no sabe de la existencia de nuevas fuerzas políticas”, lamenta Rui Tavares.

A escasos días de las elecciones, Rui Tavares ya se mostró abierto a negociar para viabilizar una mayoría de cambio que las urnas no parecen ser capaces de ofrecer: “Estamos dispuestos a hablar con todos los partidos de nuestra familia política y deseamos que el próximo Gobierno sea lo más amplio posible”. Este 4 de octubre, los portugueses tienen la palabra.

Podemos aplaza el debate soberanista de su lista catalana hasta después de las generales

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La coalición Catalunya Sí que es Pot (CSP), que integra a Podemos y a Iniciativa lleva en su programa de manera destacada el inicio de un proceso constituyente y tiene muchos puntos en común con el de la CUP. El partido de Pablo Iglesias, sin embargo, ha bloqueado cualquier negociación hasta después de las generales de diciembre.

La coalición Catalunya Sí que es Pot (CSP), que integra a Podemos y a Iniciativa lleva en su programa de manera destacada el inicio de un proceso constituyente y tiene muchos puntos en común con el de la CUP. El partido de Pablo Iglesias, sin embargo, ha bloqueado cualquier negociación hasta después de las generales de diciembre.

Catalunya Sí que es Pot (CSP) es la lista electoral en la que se integraron Podemos, Iniciativa, EUiA y Equo para las elecciones catalanas. Su programa defendía un referéndum pactado con el Estado e incluía de manera destacada el inicio de un proceso constituyente propio. Este proceso, asegura el programa, está fundamentado en la plena soberanía del pueblo catalán para decidir su futuro y no debe estar subordinado a ningún otro marco.

Varios miembros de CSP están molestos porque la lista liderada por Lluís Rabell se ha desmarcado de la invitación de la CUP para negociar este proceso constituyente. La hoja de ruta ideada por CSP tiene muchos elementos en común con las reclamaciones que plantea la formación anticapitalista. Diversos miembros del ala soberanista de la coalición aseguran, sin embargo, que hasta pasadas las generales de diciembre “no se moverá un dedo” en este asunto. Las mismas fuentes aseguran que Podemos ha pedido que se frene para no perjudicar las aspiraciones nacionales del partido en los comicios de diciembre.

Desde Podemos, que representa el 50% de la coalición electoral, aseguran que la CUP no ha hecho ninguna propuesta en firme. “No podemos desmarcarnos de algo que no se nos ha ofrecido”, explica un miembro del partido.

El líder de la CUP, Antonio Baños, tendió la mano a Rabell este martes y aseguró que se pondría en contacto con CSP para entablar negociaciones sobre el llamado proceso constituyente. Durante la campaña fue el propio Rabell quien apostó por un entendimiento entre la CUP y ERC para formar un frente de izquierdas. La respuesta de CSP ante los medios al ofrecimiento de Baños ha sido, por ahora, negativa. Rabell ha asegurado este miércoles que los movimientos de la CUP son una “operación de maquillaje” para acabar invistiendo a Mas.

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ALBERTO GAMAZO

La campaña más ambigua

En una campaña electoral dominada por el blanco o el negro, el gris se convirtió en el objetivo de todos los golpes. La ambigüedad de la confluencia le costó cara a CSP, que recibió reproches de todos los partidos tanto en los debates como en los mítines.

Xavier García Albiol e Inés Arrimadas acusaron reiteradamente a Rabell de ser independentista. La CUP y Junts pel Sí señalaron en repetidas ocasiones que votar a CSP significaba apoyar al bando constitucionalista y afearon a Rabell que lo fiara todo a un acuerdo con el Estado que nunca llegaría.

En la noche electoral, sin embargo, todo cambió. Ambos sectores se apresuraron a contar los 11 diputados de CSP en su bando. Junts se desdijo y ya no contó los votos de CSP en el lado unionista. PP, C’s y PSC sumaron los votos de la lista de Rabell a su bando para demostrar que el soberanismo no había ganado en votos.

El intento de evitar el marco plebiscitario y poner el énfasis del discurso en las políticas sociales se demostró un fracaso, y la coalición obtuvo un resultado muy por debajo de lo esperado.

Una pluralidad difícil

CSP nada entre dos aguas debido al gran número de corrientes que hay en la coalición. En el partido hay federalistas en un lado e independentistas en el otro pasando por un sector mayoritario que se define como confederalista. Es decir, partidario de convertir España en una confederación.

En Podemos existe un pequeño sector independentista, pero quien ha hecho más esfuerzos para que la formación se comprometa con ese proceso constituyente ha sido Compromís per la Independència (CxI), el sector independentista de ICV. Esta corriente representa a una minoría del partido pero aún tiene cierta influencia en el seno de la organización.

Dentro de la ejecutiva de Iniciativa (ICV) hay varios dirigentes de este sector que se han declarado abiertamente independentistas. Es el caso de su coordinadora Noe Ayguasenosa, los exdiputados Jaume Bosch y Laura Massana o el exconcejal barcelonés Ricard Gomà. 

En ICV quitan hierro a la capacidad de influencia de este sector dentro del partido. Los independentistas de ICV, sin embargo, se atribuyen la aparición en el programa de la apuesta por una “Cataluña soberana”, el inicio de un “proceso constituyente para decidir el modelo económico, social y político” y la celebración de un referéndum. “La existencia de esta hoja de ruta permitió que muchos nos quedáramos”, cuenta Sara Vilà, portavoz del sector independentista y número uno por Lleida de CSP.

Otros históricos del partido, sin embargo, no se sintieron cómodos y dieron un paso a un lado. A la fuga de Raül Romeva del pasado marzo se sumó la ausencia en esta campaña de dos veteranos del partido como Josep Maria Armengou y Enric de Vilalta. Este último defendió el voto para Junts y para la CUP. “Los de Podemos nos han alejado de los catalanes”, explica otro veterano de la formación. “Aquí mucha gente no se fía de Pablo Iglesias”.

El “cinismo” soberanista

Los independentistas de ICV no esconden su enfado con las formaciones independentistas por el trato que ha recibido CSP durante la campaña. “Ha habido mucho cinismo”, explica Vilà. “Hasta el día de las elecciones éramos los botiflers [traidores], después ya no”.

Vilà considera que se ha menospreciado la hoja de ruta constituyente que proponía CSP. “Para la ANC y Òmnium ha sido como si no existiera”, explica “y coincidía mucho con la hoja de ruta de la CUP”. Este martes los presidentes de Òmnium y ANC tendieron la mano a la formación liderada por Rabell, que mantiene buena sintonía personal con ambos dirigentes.

La portavoz de la formación reconoce que pocos soberanistas han visto CSP como el proyecto más útil para alcanzar la independencia y esto les ha perjudicado. Vilà, no obstante, sigue defendiendo que todo pasa por un referéndum pactado con el Estado. “La llave de la caja sigue en Madrid”, resume.

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Una coalición cuestionada

Los malos resultados en las elecciones catalanas han evidenciado la fragilidad de las costuras con las que se fabricó CSP. En ICV el descontento está extendido tanto entre las bases como entre muchos dirigentes. El descalabro que ha supuesto para la formación la confluencia con Podemos ha sido muy grande. De 13 diputados que obtuvieron en la legislatura anterior han pasado a 11 con la confluencia, de los cuales sólo 3 pertenecen a ICV.

Después de una reunión de cinco horas, la ejecutiva del partido decidió adelantar la asamblea nacional del partido para renovar la cúpula dirigente. Estaba prevista para mayo de 2017 y al final se celebrará a principios de 2016.

Tanto Rabell como el coordinador nacional de ICV, Joan Herrera, reconocieron que la apuesta no había funcionado como las listas de confluencia en las pasadas elecciones municipales. En la reunión de la ejecutiva del partido ecosocialista se acordó apostar por la continuidad de la lista común a la espera de que el consejo nacional lo ratifique este sábado.

Nueve claves que explican por qué Mas lo tiene cada vez más difícil para repetir

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Jesús Diges / Efe

Lejos de aclarar dudas, las elecciones del domingo en Cataluña han sembrado más incógnitas de las que había antes de la jornada electoral. ¿Cuántos votos hacen falta para ser president? ¿Se pueden entender la CUP y Convergència? ¿Quién será el elegido para conducir todo el proceso? A continuación intento responder a las preguntas más destacadas que han aparecido después de los comicios.

Radiografía del resultado: así votó Cataluña en su noche más decisiva

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Artur Mas convocó estas elecciones con la intención de impulsar el proceso soberanista. Pero menos de la mitad de los votantes ha respaldado a las dos listas que defendían abiertamente la independencia: Junts pel Sí y la CUP. Aquí una radiografía de la noche electoral: datos, análisis y contexto. 

Lejos de aclarar dudas, las elecciones del domingo en Cataluña han sembrado más incógnitas de las que había antes de la jornada electoral. El sector soberanista celebra la victoria y se siente avalado por la ciudadanía para continuar con el proceso de independencia. Las formaciones constitucionalistas consideran fracasado el plebiscito porque los independentistas no han alcanzado más del 50 % de los votos.

En el aire quedan cuestiones de vital importancia. ¿Cuántos votos hacen falta para ser president? ¿Se pueden entender la CUP y Convergència? ¿Quién será el elegido para conducir todo el proceso? A continuación intento responder a las preguntas más destacadas que han aparecido después de los comicios.

1. ¿Cuántos votos necesita Mas para ser investido?

Según el reglamento del Parlament, la sesión constitutiva del nuevo pleno deberá celebrarse antes del 26 de octubre. La sesión de investidura deberá celebrarse como muy tarde el 9 de noviembre.

Después del debate de investidura en el que intervienen los candidatos, se procede a una primera votación. Para ser investido presidente en esta primera ronda se necesitan 68 votos a favor. La lista de Mas tiene 62 diputados. La CUP ya ha anunciado que no votará a favor de Mas. Es decir, esta opción tiene pocas posibilidades de prosperar.

El propio Artur Mas especuló durante la campaña con la opción de ser investido en segunda vuelta gracias a una abstención de la CUP. Esta votación se celebra al cabo de dos días y al president le bastaría con una mayoría simple (más votos a favor que en contra) para ser elegido.

Tampoco esta fórmula parece que le pueda servir a Mas, por mucho que la CUP se abstenga. Los diputados de C’s, PP, PSC y Catalunya Sí que es Pot (CSP) suman 63 escaños, uno más que Junts pel Sí. Ninguno de estos partidos se abstendrá en una segunda votación. El líder de CSP, Lluís Rabell, ha afirmado esta mañana en la emisora RAC1 que sus diputados votarán en contra de la investidura de Mas.

Mas lo tiene muy complicado para ser presidente a no ser que la CUP cambie de criterio, cosa muy poco probable. El otro escenario es que Junts pel Sí se enroque en la defensa de Mas como candidato a la presidencia. En este caso cobraría fuerza la opción de unas nuevas elecciones.

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2. ¿Cuáles son las alternativas a Mas?

Cualquier candidato alternativo debe ser refrendado por un acuerdo entre Junts pel Sí y la CUP. La formación anticapitalista ha deslizado en más de una ocasión que no le desagradan ni Raül Romeva ni Oriol Junqueras, si bien habría que ver cómo sentaría en CDC la designación de un presidente escorado a la izquierda. En este sentido la figura de Romeva tiene más posibilidades que la de Junqueras: está más cerca de representar lo que sería un candidato independiente mientras Junqueras es el líder de ERC.

La opción de escoger un candidato independiente que no fuera en las listas tampoco es posible ya que el presidente debe figurar en alguna lista electoral. En todo caso dentro de la lista de Junts Pel Sí hay muchos candidatos progresistas que podrían ser del agrado de la CUP.

Las fuerzas constitucionalistas no tienen suficientes escaños para pactar un presidente así que la opción de una candidatura alternativa tampoco es viable.

Durante la campaña, sobre todo desde CSP, se ha planteado la posibilidad de un eje de izquierdas que incluya CSP, la CUP y ERC. Los pobres resultados de la lista de Lluís Rabell, sin embargo, hacen imposible esta opción

3. ¿Ralentizará la CUP el proceso de independencia?

Se ha hablado mucho sobre el compromiso de la CUP de requerir más del 50% de los votos para seguir adelante con el proceso soberanista. Esa afirmación tiene un matiz importante. La CUP consideraba necesario ese porcentaje para hacer una declaración unilateral de independencia el 28 de septiembre. Pero no para seguir adelante con el proceso.

“Tenemos el mandato democrático que nos permite tirar hacia la república catalana”, ha afirmado esta mañana el líder de la CUP, Antonio Baños. Si Junts pel Sí y la CUP salvan el escollo del nombre del president y acuerdan algunas de las reclamaciones sociales de la formación anticapitalista, la CUP estará ahí.

4. ¿Abandona la CUP el proceso soberanista?

No. El partido liderado por Baños tiene una larga tradición de desobediencia y no será esta formación quién le ponga el freno al proceso. Al contrario. “La CUP es el acelerador del proceso de ruptura con España”, afirmó Baños ayer por la noche.

Queda por ver cómo llegarán ambas formaciones a un acuerdo sobre la cuestión europea. Junts pel Sí defiende la pertenencia a la UE como pilar básico del nuevo estado. La CUP, en cambio, aboga por salir de la organización.

5. ¿Cómo decidirá la CUP si apoyar o no a Mas?

La decisión ya está tomada. La CUP no votará a favor de la investidura de Artur Mas, aseguran en el partido. La candidatura anticapitalista ha anunciado esta mañana que comenzará una ronda de encuentros para articular un nuevo Gobierno. Estas conversaciones incluyen asambleas internas y contactos con distintos agentes políticos y sociales que no militan en la formación.

En el partido afirman que las reuniones anunciadas este lunes por la CUP están dirigidas a pensar quién puede sustituir a Mas y no si se apoya al líder de CDC como president de la Generalitat.

6. ¿Estaría dispuesta CSP a facilitar la investidura de Mas?

El líder de la coalición izquierdista CSP, Lluís Rabell, ha afirmado esta misma mañana en una entrevista en RAC1 que su formación votará en contra de la investidura de Artur Mas. “Para trabajar a favor de un referéndum nos encontrarán, para apoyar a CDC no”, ha dicho Rabell.

7. ¿Sería viable una candidatura de Arrimadas?

Las fuerzas constitucionalistas (C’s, PSC y PP) suman 52 diputados. Para que Inés Arrimadas fuera presidenta de la Generalitat, necesitaría el apoyo expreso de los 11 diputados de CSP en la votación. Lluís Rabell ha dejado claro esta mañana que tampoco apoyarán a la líder de C’s: “No investiremos a Artur Mas, y aún menos a Inés Arrimadas”.

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8. ¿Pueden llegar a un acuerdo la CUP y Junts pel Sí?

El acuerdo Junts-CUP dependerá de la voluntad de consenso de ambas formaciones. Está por ver hasta dónde está dispuesto a ceder cada formación. Existen algunas reclamaciones de la CUP que pueden despertar simpatías dentro de la lista de JPS, dónde hay muchos diputados de tradición socialdemócrata. Otras, sin embargo, son inaceptables para una lista que en el fondo representa una buena parte del establishment catalán.

La CUP ha insistido en tres cuestiones: el final de los desahucios, el frenazo a las privatizaciones y la negativa a la figura de artur Mas o a cualquier otro miembro de CDC “que represente la corrupción o los recortes” como president de la Generalitat. Estas tres reclamaciones parecen escollos superables. Otros requisitos como la salida de la UE, la OTAN y el euro son inaceptables para Junts pel Sí.

A ninguna de las dos partes le interesan unas nuevas elecciones (Cataluña lleva tres en cinco años). Pero Junts pel Sí, con 62 diputados, tampoco está dispuesta a aceptar todo lo que le pida una formación que sólo ostenta 10 escaños.

9. ¿Anula el resultado el plan de los independentistas?

No. La candidatura de Junts pel Sí nunca pretendió tener más del 50% de los votos para iniciar el proceso hacia la independencia. En el primer párrafo de la llamada Hoja de Ruta ya habla de una mayoría de diputados y en ningún momento se refiere a los votos.

Evidentemente, obtener más de la mitad de los votos habría otorgado más legitimidad a la propuesta. Los soberanistas, no obstante, se sienten suficientemente legitimados con 72 diputados para iniciar este proceso de 18 meses en los que se prevé la desconexión de España y la celebración de unas elecciones constituyentes. La lista de Junts pel Sí también se apoya en la alta participación en los comicios (casi un 78%) para legitimar el Parlamento escogido en estos comicios.

Radiografía del resultado: así votó Cataluña en su noche más decisiva

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Artur Mas convocó estas elecciones con la intención de impulsar el proceso soberanista. Pero menos de la mitad de los votantes ha respaldado a las dos listas que defendían abiertamente la independencia: Junts pel Sí y la CUP. Aquí una radiografía de la noche electoral: datos, análisis y contexto.

El futuro de Mas, en manos de una asamblea

La CUP decidirá qué hacer en la sesión de investidura en una asamblea de sus militantes. Plantean tres alternativas: apoyar a Raül Romeva, proponer un candidato independiente o abstenerse en la votación de Mas. 

La Candidatura de Unitat Popular (CUP) se ha convertido en una de las claves del independentismo. El partido anticapitalista multiplicó este domingo su número de escaños y pasó de tres diputados a 10 con el 8,2% de los votos. Estos resultados convierten a la formación en un actor principal del proceso independentista después de que Junts pel Sí, con 62 escaños, se haya quedado lejos de la mayoría absoluta y necesite apoyos parlamentarios poner en marcha la hoja de ruta secesionista.

La CUP entiende los resultados como un reclamo de Cataluña para romper el statu quo e iniciar un proceso constituyente que culmine con una república catalana. El número uno de la formación, Antonio Baños, afirmó que el partido se ha convertido en “el acelerador del proceso” y que los catalanes han expedido “el certificado de defunción del autonomismo”.

La fiesta de la CUP se celebró en el Casino L’Aliança Poblenou, que estaba lleno a rebosar. Baños advirtió que “la desobediencia es la independencia” y que “a partir de ahora, la legalidad española puede y tiene que ser desobedecida por la soberanía catalana”. También enfatizó su mensaje social y advirtió que Cataluña tiene que buscar “un plan de choque” para lograr que en todos los hogares “puedan haber tres comidas al día”.

La número dos del partido, Anna Gabriel, agradeció el apoyo que ha recibido el partido y recordó a los asistentes que la CUP es una chispa en el sur de Europa y que ahora representan a todos aquellos militantes anticapitalistas. “No olvidamos el resto de pueblos del Estado y el resto de pueblos en lucha”.

El ambiente durante el acto era eufórico y había una sensación de victoria absoluta. Los asistentes que se acercaban al Casino L’Aliança hacían cálculos electorales para discutir el papel clave que tendrá la CUP en esta legislatura. Centenares de votantes llenaron la sala y vitorearon al exdiputado Quim Arrufat cuando lo enfocaban por TV3, aplaudieron los malos resultados de Unió Democrática a medida que se iban confirmando y abuchearon las comparecencias de Pedro Sánchez y Xavier García Albiol.

Una de las incógnitas que dejó la noche fue la relación política que tendrá la CUP con Junts pel Sí en el futuro. Gabriel sólo se refirió a este punto con estas palabras: “El proyecto independentista seguirá adelante, pero hoy el señor Mas ya no es imprescindible”. 

Baños ha dicho en varias ocasiones durante la campaña que el partido no apoyará la investidura del actual president de la Generalitat. Aun así, una vez terminado el acto, las conversaciones en la calle giraron en torno a cuál debe ser la posición de la CUP de ahora en adelante.

La formación decidirá esa posición en una asamblea durante los próximos días y después de hablar con una decena de militantes sólo hay una cosa clara: el partido no investirá a Mas. Las tres alternativas que dieron esos militantes anoche son más difusas: apoyar a Raül Romeva, proponer un candidato independiente o abstenerse en una eventual investidura de Mas. Sean cuales sean los próximos pasos, el futuro del independentismo pasará inevitablemente por el proceso asambleario de la CUP.

La derrota del vencedor deja en el aire a Cataluña

Junts pel Sí ha ganado aritméticamente las elecciones autonómicas, pero se trata de una victoria pírrica. Tanto el número de  escaños como el porcentaje de votos obtenidos (47%) son un freno para el proyecto separatista de Mas.

Junts pel Sí ha ganado aritméticamente las elecciones autonómicas, pero se trata de una victoria pírrica. Tanto el número de  escaños como el porcentaje de votos obtenidos (47%) son un freno para el proyecto separatista de Mas.

Las elecciones catalanas dejan una Cataluña partida por la mitad y un escenario de manifiesta ingobernabilidad. Partida, porque los afines a la inpedendencia recogen el 47% de los votos. Ingobernable, porque Artur Mas no puede plantear la secesión con el resultado obtenido ni puede presentar un programa de gobierno o aprobar unos presupuestos de la mano de la extrema izquierda y los radicales antisistema.

Si Artur Mas tuviera un ápice de responsabilidad debería presentar hoy mismo su dimisión. Ha sometido a Cataluña a una enorme tensión en los últimos cinco años, con la convocatoria de tres elecciones en ese tiempo, un simulacro de referéndum y sucesivas Diadas y cadenas humanas para agitar la calle. Con todo a favor -el control de los resortes del poder y la unidad de fuerzas por encima de ideologías en torno al sueño independentista- no ha logrado su objetivo.

La candidatura de Junts pel sí (Convergència, ERC y colectivos de izquierda) gana las elecciones, pero consigue 62 escaños, seis menos de los que dan la mayoría absoluta y nueve menos de los que CiU y ERC sumaron en las últimas autonómicas: 71.

Es cierto que con los 10 escaños de la CUP, los partidarios de la secesión alcanzan los 72, que son, aritméticamente, cuatro más de los necesarios para ganar una votación en el Parlament. Pero incluso con la CUP, este bloque obtuvo más escaños en 2010: 74.

La realidad es que si estos comicios hubieran sido un plebiscito, que es el espíritu con el que Artur Mas los convocó, los independentistas lo habrían perdido con menos del 48% de los votos. Es decir, ni tiene margen legal para intentarlo ni ha conseguido el respaldo moral que perseguía.

Aunque intente presentar ahora los resultados como una victoria, la verdad es que, en aras de su apuesta independentista, ha acabado entregando a la extrema izquierda un partido que durante décadas defendió los intereses de la burguesía tradicional catalana. El balance que puede presentar es desolador: Mas tenía 62 escaños en 2010; cinco años después tiene los mismos, pero para lograrlos ha debido de  movilizar desde Lluís Llach a Pep Guardiola, y esos escaños ya no son sólo suyos: los comparte con Romeva y Junqueras.

Mas puede caer en la tentación de decir que el “procés” continúa, pero para seguir hinchando ese globo necesita el aire de la CUP, un partido que quiere sacar a Cataluña de la UE y de la OTAN y que ya anuncia que “desobedecerá” cualquier ley qque no sea de su agrado.

Los grandes derrotados en estas elecciones, junto a Mas, son los populares y Catalunya sí que es pot, la coalición en la que participaba el partido de Pablo Iglesias junto a ICV. El PP pierde ocho escaños y se queda como quinta fuera política con 11 escaños. Los partidarios de Iglesias obtienen otros tantos, pero ICV por sí sola, sacó 13 en 2012.

El batacazo del PP debería llevar a Rajoy a renunciar a ser el candidato de su partido en las generales de finales de año. Ya acumula tres fracasos históricos en 2015: el de las andaluzas, el de las muncipales y autonómicas, y ahora el de las catalanas. ¿Irá a por el cuarto?

Enfrente, el gran ganador es Albert Rivera y Ciudadanos. Este partido triplica sus apoyos y se convierte en la segunda fuerza política en Cataluña, con 25 escaños. Se trata de un resultado histórico que supone un trampolín para Rivera de cara a las generales.

El éxito de Ciudadanos contribuye a hacer más evidente la derrota del ganador aritmético, Artur Mas, para quien, desde hoy mismo comienza su cuenta atrás. Ni ha obtenido la pretendida mayoría absoluta ni la mayoría de votos para su proyecto rupturista. Aunque la CUP se abstenga en segunda votación, sus 62 escaños son uno menos de los que podría aglutinar Arrimadas en torno a la idea de convocar nuevas elecciones que facilitaran la gobernabilidad.

Todo sigue en el aire en Cataluña.

Ganadores y perdedores del 27S

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Las elecciones al Parlament catalán del 27S han dejado ganadores, perdedores y un puñado de lecciones. A continuación describo en 10 puntos lo que ha dado de sí la noche electoral.

Radiografía del resultado: así votó Cataluña en su noche más decisiva

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Artur Mas convocó estas elecciones con la intención de impulsar el proceso soberanista. Pero menos de la mitad de los votantes ha respaldado a las dos listas que defendían abiertamente la independencia: Junts pel Sí y la CUP. Aquí una radiografía de la noche electoral: datos, análisis y contexto. 

Las elecciones al Parlament catalán del 27S han dejado ganadores, perdedores y un puñado de lecciones. A continuación describo en 10 puntos lo que ha dado de sí la noche electoral.

Los perdedores

Catalan President Artur Mas greets supporters of Junts Pel Si (Together For Yes) after polls closed in a regional parliamentary election in Barcelona, Spain, September 27, 2015. Separatists have won a clear majority of seats in Catalonia's parliament, an exit poll showed on Sunday, in an election that could set the region on a collision course with Spain's central government over independence.   REUTERS/Andrea Comas
REUTERS/Andrea Comas

1. Artur Mas.

El president Artur Mas convocó estas elecciones con una condición para sus compañeros de la lista Junts pel Sí: que él fuera el próximo presidente. Con los resultados hasta ahora, su futuro está en manos de la CUP. El número uno de la CUP, Antoni Baños, ha dicho una vez más esta noche que no apoyarán un Gobierno dirigido por Mas.

El proceso hipotético es el siguiente. Después de la primera ronda de votos, no habrá mayoría absoluta si Mas es el candidato de Junts pel Sí. En la segunda, la jefa de la oposición, Inés Arrimadas, de Ciudadanos, podría obtener los votos a favor de PSC y PP, espoleados por sus líderes nacionales en Madrid. Esos tres partidos suman 52.

Todas las miradas se posarían entonces sobre Catalunya Sí que es Pot, cuyo candidato es el independentista Lluís Rabell. En esa coalición está también Podemos, de Pablo Iglesias, que en diciembre se la juega en las generales.

Si Inés Arrimadas propone una legislatura corta con la promesa de elecciones, con una auditoría y nueva política, ¿se apartará de ella Podemos para hacer president a Mas? En Cataluña, mientras, el flirteo con Iniciativa y su apoyo al derecho a decidir ya ha empezado. Si se abstuvieran con la CUP, darían la presidencia a Mas. Pero un Gobierno con Mas haría más difícil el camino de unión con la CUP. Todo forma parte del mismo rompecabezas.

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El modo más sencillo de facilitar el camino para el bloque independentista es buscar una alternativa a Mas que sea aceptable para la CUP. No es difícil: Raül Romeva podría ser. Pero la pregunta es cómo se lo tomaría Mas.

2. Catalunya Sí que es Pot.

El papel que les queda a Lluís Rabell, a Iniciativa y a Podemos se ha reducido a decidir quizá entre dos rivales para la presidencia. En junio la confluencia de izquierdas rivalizaba en las encuestas con 30 escaños con una CiU en caída libre. Al principio de la campaña luchaban con Ciudadanos por ser la segunda fuerza en el Parlament. Han quedado cuartos con 11 escaños, más cerca del quinto y sexto partido que del tercero.

Rabell ha culpado a la polarización y ha dicho que no ha habido debate social. Podemos pretendía usar las elecciones como plataforma para las generales y no ha funcionado. Sin querer hay una triunfadora de rebote: Ada Colau. La izquierda no creía en los personalismos hasta que se dio cuenta de su importancia.

3. PSOE y PP.

Los dos grandes partidos que aspiran a gobernar España en diciembre están lejos de gobernar Cataluña. El PSOE tiene la pregunta difícil: Cataluña ha sido un baluarte en las grandes victorias socialistas. El papel digno pero insuficiente de Miquel Iceta no despeja las dudas de qué ocurrirá en diciembre.

El PP gobierna en España y ha recibido un castigo más en Cataluña. Xavier García Albiol ha logrado parar el golpe y que el partido no quede el último pero por muy poco. No deja de ser significativo que el partido que gobierna España sea residual en Cataluña.

4. Unió.

Han sacado 100.000 votos. No les llegan para entrar en el Parlament. ¿Dónde hubieran ido a parar esos votos?

Los ganadores

5. La participación.

Los catalanes han creído que estas elecciones eran más importantes y que había que votar. La participación ha crecido a pesar de ser puente en Barcelona. Es importante tener en cuenta que con una participación del el mismo número de votos daban menos escaños que otras veces con esta participación.

GRA483. BARCELONA, 27/09/2015.- La candidata a la presidencia de la Generalitat por Ciutadans, Inés Arrimadas (c) y el líder del partido, Albert Rivera (3i) durante la rueda de prensa ofrecida hoy para valorar los resultados de la formación en las elecciones catalanas. EFE/Marta Pérez
EFE/Marta Pérez

6. Ciudadanos.

En 2010 sacaron tres diputados. En 2012 sacaron nueve y en 2015, 25. La candidata, Inés Arrimadas, se estrenaba. Es natural que irrite este éxito a partidos tradicionales y a votantes independentistas, pero esos números son espectaculares. La sede de Ciudadanos era la única donde la fiesta que se vivía era real.

7. Los escaños claramente independentistas.

Los medios extranjeros decían en sus títulos que había una mayoría, aunque no aplastante, a favor de la independencia: Los partidos separatistas catalanes ganan una mayoría escasa en las elecciones regionales, titulaba el New York Times. La información iba al fondo de la portada y bien pequeña.El Guardian decía: “Los separatistas catalanes ganan las elecciones y dicen que es un sí para la ruptura”. No son los titulares obvios que harían pensar en el mundo en un mandato en favor de la independencia inmediata. Pero hay 72 diputados que representan a votantes que quieren explícitamente la independencia. Es menos de lo que debía ser al principio. Pero nunca se había visto algo así.

8. La CUP.

La CUP se ha presentado a dos elecciones autonómicas. En la primera sacó 3; en la segunda, 10. Ha triplicado sus escaños. Como en el caso de Ciudadanos, es un exitazo. Era la otra sede que estaba de fiesta. Quizá había menos alegría porque su papel en la próxima legislatura será incómodo y sus socios de gobierno no lo pondrán fácil.

El futuro

9. La lectura plebiscitaria.

Durante la campaña los votos del y del no estaban claros. Para el bloque independentista, durante la noche electoral surgió de repente un partido que no está en ninguno de los dos bloques: Catalunya Sí Que Es Pot. Ese cambio de actitud para que los resultados se vean mejor es una trampa.

Para el bloque constitucionalista, estas elecciones eran sólo autonómicas. Ahora que las listas independentistas no llegan al 50%, hay que contar también los votos, como se hace en los referéndums. Eso también es una trampa.

Nadie queda contento porque unos han ganado bien pero no cumple del todo sus expectativas. Y los que han perdido, aunque hayan subido, han perdido. Como advirtió Oriol Amat, número 7 de Junts pel Sí en una entrevista con una radio alemana, después de las elecciones generales del 20 de diciembre, los gobiernos catalán y español pueden tener motivos renovados para hablar y un Estatut negociado puede estar en la mesa.

La mayoría a favor del referéndum sí que sigue ahí. He paseado por una docena de colegios electorales. He mirado durante rato el pequeño milagro que es que una persona escoja una papeleta u otra. En un referéndum de sí o no, con sólo dos papeles, ¿las cifras que tenemos para los partidos servirían igual? No estoy seguro.

10. La lectura del próximo gobierno.

El trabajo a favor de la independencia será la labor principal del próximo gobierno si lo preside un miembro de Junts pel Sí. Pero deberá hacer más cosas. El encaje entre los dos grandes partidos no será fácil, empezando por el president.

Nueve frases que te ayudarán a entender mejor a los (posibles) aliados anticapitalistas de Artur Mas

635789948373724118wQuique García / Efe

La CUP (Candidatura de Unidad Popular) tendrá un papel decisivo en esta legislatura. Aquí explicamos cómo funcionaba la organización. Estas nueve frases reflejan algunos de sus puntos de vista en palabras de sus representantes.

La CUP (Candidatura de Unidad Popular) tendrá un papel decisivo en esta legislatura. Aquí explicamos cómo funcionaba la organización. Estas nueve frases reflejan algunos de sus puntos de vista en palabras de sus representantes.

1. La Unión Europea

“Todos sabemos quién toma las decisiones en la Unión Europea actual: el gran capital y los poderes financieros. Y las ejecutan de forma calculada y milimétrica el Consejo de Europa y la Comisión. No obstante tienen también un Parlament donde tienen a unos cuantos que van a defender los derechos de los pueblos y a criticar la troika. Es una jaula de oro con 20 y pico mil euros por diputado”.
Josep Manel Busqueta, responsable del programa económico.

2. Los lastres

“Nunca nos hubiera parecido estar en un escenario tan confortable: en una jugada, podemos deshacernos de la monarquía, de la OTAN y con un poco de suerte nos echan de la UE. Todos son un lastre”.
Josep Manel Busqueta, responsable del programa económico.

3. La independencia de todo

“Yo lo que no me creo es que alguien diga que quiere ser independiente en la UE. El tema no es si en ocho meses, 12 o 16. El tema es su concepto de independencia. Las grandes palabras, como independencia, que deberíamos estar llenando de contenido, se están quedando cada vez más vacías. Porque parece que independencia es equiparable a montar un Estado al margen del Estado español, pero dentro del marco de la Unión Europea. Eso no es independencia.”
Anna Gabriel Sabaté, número dos de la CUP en las elecciones al Parlament.

4. El euro

“El euro en estos momentos es un corsé para una economía como la nuestra. La UE es un fracaso en sí misma. Para hacerla avanzar hace falta pueblos que planteen la ruptura del euro y la unión económica y monetaria, que es un yugo”.
Josep Manel Busqueta, responsable del programa económico.

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5. La socialdemocracia

“El espacio de la izquierda socialdemócrata, por decirlo de alguna forma, no tiene futuro, y por eso se está teniendo que reinventar y repensar. Yo creo que no nos hacía falta la izquierda socialdemócrata de los últimos siete u 8 ochos años, vista la capacidad del sindicalismo alternativo y las luchas sociales de generar movilizaciones, y sus posibilidades daban para construir un discurso potente que puede ir desde la izquierda radical hasta el anticapitalismo. La idea de un discurso así no es tanto incorporar o sustituir la socialdemocracia sino sobrepasarla.”
Anna Gabriel Sabaté, número 2 de la CUP en las elecciones al Parlament.

6. El anticapitalismo

Queremos una economía de medida, adecuada al país y echar las grandes empresas que arrasan con todo y luego se van. Hay que relocalizar la producción, externalizar quiere decir explotar más lejos. Hoy día ser anticapitalista es ser moderado y tener sentido común.
Antonio Baños, número uno de la CUP a las elecciones al Parlament.

7. Los Países Catalanes

¿Pero es la lengua lo que nos une? Sí y no, nos une es la libre adscripción voluntaria a un proyecto político. Y no y sí, la lengua y la cultura son un factor clave, claro está. Aquí hay independentistas que hablan en castellano y en Valencia hay zonas de interior que no hablan valenciano y no las excluimos. Reivindicamos un espacio relacional cultural y social que son los Països Catalans, que existían antes del régimen del 78, que se encarga, bajo tutela militar, de prohibir expresamente la libre federación de comunidades autónomas. Esa prohibición de los militares, el famoso motorista de Herrero de Miñón, no la hacen pensando en Navarra y el País Vasco, que es una unión que pedía hasta el PSOE y que incluso consta en las disposiciones constitucionales, sino en los Països Catalans, que son una realidad cultural compartida, del mismo modo que puedan serlo Castilla la Nueva y la Vieja. Además, hay unos lazos históricos.
David Fernández, portavoz de la CUP en el Parlament.

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8. La asamblea

La asamblea es el menos malo de los sistemas de participación política. Permite, blinda y protege la participación de una persona un voto, la búsqueda de consenso sin minorías y mayorías, que existan todas las opiniones desde el respeto mutuo, pero también hay lógicas de poder. Ocurre en todos los movimientos sociales. Hay a quien se les escucha más, otros que son más pesados. Las lógicas de poder, de la condición humana, también se replican en la asamblea, siempre hay quien se pone de acuerdo antes de entrar. Una asamblea, no solo de la CUP, también es manipulable. Pero sigue siendo un sistema de una horizontalidad que permite hablar de todo.
Lo digo desde mi zapatismo más militante, reconozco que la asamblea es lenta. Escucha a todos, intenta hacer una síntesis… Es un proceso muy caro, muy lento, inviertes mucho tiempo, un recurso escaso.
David Fernández, portavoz de la CUP en el Parlament.

9. El Estado Español

“Confiamos durante muchos años en nuestros compañeros y hermanos de Herri Batasuna y por eso les seguimos de forma incondicional por que eso era una posibilidad de grieta profunda. Y en ese sentido y como herederos de esa tradición claro que queremos abrir grieta, y abrirla no sólo para abrir puertas al resto de pueblos del estado sino también a sus clases populares, el estado español es una cárcel de pueblos, pero es también una maquinaria oligárquica que sirve a los intereses de unas minorías. La clase trabajadora del estado español también tiene necesidad de liberación”
Anna Gabriel Sabaté, número 2 de la CUP en las elecciones al Parlament.

 

Así es el partido anticapitalista que amenaza con no investir a Mas

ACTO CENTRAL DE LA CUP

Anna Gabriel y Antonio Baños, candidatos de la CUP. / Alejandro García / Efe

Sus 10 escaños otorgan a la Candidatura de Unidad Popular (CUP) un papel crucial en el próximo Parlament. ¿De dónde viene y cómo se organiza esta coalición de organizaciones? Explicamos por qué un partido tildado de “antisistema” durante años por CDC puede tener la llave del futuro de Artur Mas.

La Candidatura de Unidad Popular (CUP) sólo se ha presentado dos veces a las elecciones catalanas. En 2012 consiguieron tres diputados. Ahora han triplicado aquellos resultados. Sus 10 escaños otorgan al partido un papel crucial en el próximo Parlament. ¿Por qué será tan importante la CUP? ¿De dónde viene y cómo se organiza esta coalición de organizaciones? Explicamos por qué un partido tildado de “antisistema” durante años por CDC puede tener la llave del proceso soberanista.

1. Por qué la CUP puede ser determinante.

La mayoría absoluta en el Parlament de Cataluña está en 68 escaños. A la vista de los resultados electorales, Junts pel Sí necesitará el apoyo de la formación anticapitalista para articular una mayoría soberanista en el Parlament.

El papel de la CUP es determinante no sólo desde la perspectiva de los escaños, sino también de los votos. La CUP ha sostenido que no quiere iniciar el proceso hacia el soberanismo si el independentismo no lograba el 50% de las papeletas. La candidatura de Junts pel Sí, en cambio, cree que la mayoría de diputados ya es suficiente. Las formaciones independentistas no han llegado al 48 % de los votos.

Una victoria soberanista sólo en escaños no significa el fin del proceso, pero no se sabe qué papel jugará la formación anticapitalista en esta tesitura.

2. ¿Quién será el presidente?

Dado que la lista Junts pel Sí (unión de Convergència, Esquerra y las entidades civiles soberanistas) no han obtenido los 68 escaños, deberá contar con los votos de la CUP para investir a Artur Mas como presidente, al menos en la primera vuelta, para la que necesita mayoría absoluta. La formación ya ha advertido que eso no sucederá. Pero no ha sido tan clara a la hora de responder si se abstendrá en caso de una segunda votación, donde bastaría una mayoría simple.

La CUP ha avisado de que si sus votos son necesarios para llevar adelante el proceso independentista exigirán un presidente de consenso. El número uno de la lista, Antonio Baños, ha advertido que Artur Mas no cumple este requisito. En este caso Raül Romeva, más vinculado a la izquierda y con buena sintonía con la CUP, ganaría enteros para convertirse en presidente. Incluso la figura de Oriol Junqueras agradaría más a la candidatura liderada por Baños. El partido también condiciona su apoyo al nuevo Gobierno a que se asuman algunas de sus reclamaciones de corte social, como por ejemplo paralizar todas las privatizaciones y desahucios.

3. ¿Qué distingue a la CUP del resto de partidos?

La CUP ha marcado un perfil propio durante la última legislatura. Más allá de revolucionar el Parlament con su lenguaje y su puesta en escena, de sus acciones y programa electoral se deducen seis rasgos principales.

Anticapitalismo: El partido propone establecer “mecanismos de control popular de la economía”, defiende el cooperativismo como salida de la crisis y sus cargos electos tienen un tope salarial de 1.680 euros brutos al mes. En su programa para el 27S han defendido una ruptura con la Troika y el impago de la deuda hasta “resolver las necesidades de las clases populares y trabajadoras”. La formación, además, rehuye cualquier préstamo bancario para financiarse.

Lucha contra la corrupción: La CUP ha sido uno de los principales azotes de la corrupción en Cataluña. Ha denunciado todo tipo de corruptelas y se ha personado como acusación particular en varios casos como Mercurio, Catalunya Caixa o Innova. El partido también ha impulsado la web llumsitaquigrafs.cat, que recopila y explica todos los casos de corrupción de los últimos años en Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares. Los concejales del partido tienen un límite de dos legislaturas (tres en el caso de pueblos de menos de 5.000 habitantes) y los diputados sólo pueden estar en el Parlament una legislatura.

Un pie en la calle: El partido siempre ha defendido que su presencia en el Parlament es una herramienta más de su lucha. La CUP ha repetido en varias ocasiones que su principal campo de acción está en la calle, en los ateneos y en las asociaciones ciudadanas. El partido se considera un simple canal de conducción de las protestas sociales de la calle hasta el Parlament.

Unidad territorial: A diferencia del resto de formaciones soberanistas, la CUP defiende que la independencia es el primer paso para la construcción de los Países Catalanes, que incluyen Cataluña, la Comunidad Valenciana y las Baleares. En su programa también abogan por el reconocimiento de la identidad del pueblo aranés.

Organización asamblearia: La CUP se organiza en tres niveles. El nivel más bajo son las asambleas locales, en las que puede participar cualquier ciudadano pero en las que sólo pueden votar los militantes. En un nivel intermedio se encuentra el consejo político, formado por representantes de las asambleas locales. Encima de todo está la asamblea nacional, que se celebra cada año y en la que pueden votar todos los militantes. Esta asamblea nacional elige al secretariado, que es quien lleva el día a día de la formación. La organización asamblearia no significa que sus cargos deban consultarlo todo antes de votar, pero sí que cuando tienen dudas sobre algún punto que no se ha debatido antes lo deben consultar con las bases.

Salida del euro, de la UE y de la OTAN. Más allá del impago de la deuda, la CUP defiende una salida de estas dos organizaciones internacionales y el abandono de la moneda única.

4. ¿De dónde viene la CUP?

A pesar de que irrumpieron en el Parlament en 2012, la CUP lleva vinculada a la política municipal desde 1987. Fue en ese año cuando se presentó a las primeras elecciones municipales uniendo diferentes corrientes de la izquierda independentista. El partido sufrió una crisis en 1995 cuando algunas candidaturas se integraron en ICV. Unos años después, se refundó a partir del llamado Proceso de Vinaroz, que empezó en abril del 2000 y acabó en 2002. Este proceso unió diversas sensibilidades de la izquierda independentista de Cataluña, Baleares y la Comunidad Valenciana como Endavant, MDT, Maulets y otras organizaciones.

A partir de 2002 la CUP fue ampliando progresivamente su implantación territorial, aumentando el número de municipios en los que se presentaba. En 2003 fueron 12 y en 2007 fueron 50. En los comicios de 2011 presentaron 80 candidaturas y en las elecciones de 2015 estuvieron en 163 municipios. Una buena parte de las candidaturas son coaliciones con otros grupos como Procés Constituent, Podemos, Equo o EUiA.

En octubre de 2012 la asamblea nacional del partido decidió que la formación se presentara por primera vez a unas elecciones en el Parlament. La CUP obtuvo 126.000 votos y tres diputados.

El viaje a ninguna parte

viaje2ok¿Cómo hemos podido llegar a la tesitura actual cuando el independentismo dentro de un Estado que ha cedido ya gran parte de su soberanía a la Unión Europea, para adaptarse a las reglas y tamaños de la era de la globalización, resulta un anacronismo ridículo y sin sentido? 

Ilustración: Javier Muñoz

Puesto que tras la lectura del “libro negro” de Jordi Pérez Colomé el género periodístico que merece ser tomado más en serio en Cataluña es el humorístico, y como no hay dos sin tres, sigamos el viaje que iniciamos con el ¡Cu-Cut!, continuamos con L’Esquella de la Torratxa y hoy nos lleva a recalar en El Be Negre -a la vez la oveja negra y el bien negro-, brillantísimo semanario satírico afín a Acció Catalana, el partido de los intelectuales nacionalistas durante la Segunda República.

Detengámonos en concreto en la portada del número del 4 de enero del 34 -diez meses antes de la declaración de independencia de octubre- y fijémonos en el chiste incrustado en la quinta y sexta columnas, dedicadas al nuevo gobierno de la Generalitat que se formó tras la muerte de Maciá. El ujier del palacio de la plaza de San Jaime recibe a Companys con una pregunta: “Ja es bé catalanista, senyor Companys?”. Y el nuevo presidente le responde: “Més que no era mariner quan vaig ésser ministre”.

be2Obsérvese que lo que el funcionario pregunta no es si el nuevo líder de Esquerra se ha hecho  “separatista” o ni siquiera “nacionalista”, sino tan sólo si es ya lo suficientemente “catalanista” como para entrar por esa puerta. Y que Companys le contesta que “más o menos como era marinero cuando fui ministro”, aludiendo a que durante el verano anterior, en el tercer gobierno presidido por Azaña, había ocupado la cartera de Marina.

Sin esa reticencia generalizada que rodeaba al político logrero y oportunista, comparado siempre en desventaja con el padre de la patria difunto, no se comprende bien su delirio del 6 de Octubre al proclamar el “Estado catalán dentro de la -inexistente- República Federal Española”. Sus pretextos eran tan nimios como que el nuevo gobierno de Lerroux incluía tres ministros “involucionistas” de la CEDA y que el TC de entonces había tumbado la Ley de Contratos de Cultivo. Algo equivalente a la mala relación de estos años con el PP y a la frustración por la sentencia del Estatut.

Poca cosa desde una visión amplia. Por eso hay que centrarse en el factor humano. De hecho las primeras palabras que Companys masculla más que pronuncia tras la arenga del balcón, al volver al salón de Sant Jordi, parecen la continuación del chiste: “Ja està fet! Ja veurem com acabarà! A veure si ara també direu que no soc catalanista!”.

Con ese “a ver si ahora también diréis que no soy catalanista” parece estar midiéndose cada día Mas desde que inició la huida hacia adelante para separarse tanto de la fétida sombra de Pujol como de la memoria de aquel muchacho ambicioso y desideologizado a quien en el colegio Aula todos llamaban Arturo. Igual que Companys trataba de emanciparse del legado de Maciá y del recuerdo del abogadillo laboralista al que los compañeros de UGT llamaban Luis.

Podríamos continuar con el paralelismo preguntándonos si el papel de Dencás que se escapó por la alcantarilla, abandonando en su huida una barba postiza, lo desempeñará esta vez Quico Homs o algún gerifalte de la ANC. Pero más que en los comparsas, el mimetismo está en el ambiente. Y de nuevo la portada de El Be Negre nos lo explica todo al mostrarnos, en fecha tan próxima ya al cataclismo como el 19 de septiembre, a dos visitantes del Observatorio Astronómico del Tibidabo, atónitos ante el gran telescopio que apunta a un cielo cuatribarrado en el que brilla, solitaria, la estrella independentista: “Com ha crescut aquesta estrella en poc temps!”.

be1¡Sí, cómo había crecido, cómo ha crecido ahora, esa estrella en poco tiempo y de la misma manera! Hoy como entonces las instituciones del Estado, emanadas de un Estatuto de Autonomía aprobado por las Cortes, sirven de palanca política y catalizador emocional de un nuevo intento de destruir a ese Estado. Y ahí está la sonrisa de Mas en el balcón del ayuntamiento, idéntica a la del Nou Camp el día del himno, regodeándose de nuevo ante la humillación de un símbolo de la legalidad de la que proceden sus poderes. Solo un gobierno de cabestros políticos como el que tenemos en Madrid ha podido consentir que lleguemos a este punto.

“Tot plegat semblava un somni…”, escribió en sus memorias el gran jurista Amadeu Hurtado al describir los sucesos del 6 de octubre. Sí, todo junto -el balcón, la arenga, el bando, la independencia…- parecía un sueño que enseguida se trocó en pesadilla cuando Lerroux declaró el estado de guerra y el general Batet desplegó unos cientos de hombres para sofocar la sublevación. “Señor ministro, acuéstese, duerma y descanse”, le dijo al titular de Defensa Diego Hidalgo. “Ordene que le llamen a las ocho… A esa hora todo habrá terminado”.

Y así fue una vez que los escamots que defendían la Generalitat salieron despavoridos. “A estos, una zurra en el culo y a dormir”, escribió el comunista Rafael Vidiella en el número de noviembre de la revista Leviatan. Pocos días después Companys daba por hecho que sería condenado a la pena capital: “Es que si no me la piden, me estafan”, le dijo a su abogado Ossorio y Gallardo.

Solo un gobierno de cabestros políticos como el que tenemos en Madrid ha podido consentir que lleguemos a este punto

Ahora también toca frotarse los ojos con incredulidad al repasar el itinerario surrealista que nos ha colocado ante unas elecciones en las que los sondeos pronostican el triunfo rotundo de quienes amenazan con declarar igualmente la independencia por las bravas: aquel “aprobaré el Estatuto que venga de Cataluña”, desmentido lógicamente por la flagrante inconstitucionalidad del texto; aquella absurda demora de cuatro años del TC para llegar a las conclusiones obvias; aquella requisitoria de Pacto Fiscal de Mas bajo amenaza secesionista; esas Diadas multitudinarias, orquestadas desde la Generalitat con las pautas de los regímenes totalitarios; ese referéndum ilegal, celebrado en abierto desafío a la resolución del Constitucional, ante la pasividad de Rajoy; esta nueva convocatoria electoral en la que los que dicen “no” a la legalidad democrática para separarse de ella, se declaran “juntos por el sí”; esta patética campaña en la que la mentira ha sido la verdad y el odio, el amor…

En efecto, “tot plegat sembla un somni”. ¿Cómo hemos podido llegar a la tesitura actual cuando el independentismo dentro de un Estado que ha cedido ya gran parte de su soberanía a la Unión Europea, para adaptarse a las reglas y tamaños de la era de la globalización, resulta un anacronismo ridículo y sin sentido? Sólo la catadura y circunstancia de los actores lo explica. Mas ha resultado ser un frívolo aventurero sin escrúpulos que ha huido así de rendir cuentas sobre la corrupción maremágnum del clan Pujol y la quiebra técnica de la Comunidad Autónoma que ha presidido. El iluminado Junqueras y el trilero Romeva han resultado ser sus perfectos compañeros de viaje y los fanáticos supremacistas de la ANC y Omnium, su fuerza de choque.

Viaje a ninguna parteIlustración: Javier Muñoz

Pero más dañina que su etiología es la de quienes están enfrente. Unos reprochan a Rajoy que no haya blandido ninguna zanahoria, otros que no haya hecho asomar al menos la punta de algún palo. Lo cierto y terrible es que la derrota electoral de las propuestas constitucionales que su mayoría absoluta le obligaba a liderar lleva camino de producirse después de cuatro años de incomparecencia y dos semanas de confusión con goles clamorosos en propia puerta.

Y es que al cabo de toda una legislatura meramente contemplativa, sin iniciativa política alguna, sesteando de manera crónica con el pretexto de no alimentar la espiral soberanista, el jefe del Gobierno y el ridículo pavo real que tiene como ministro de Exteriores han dado un grotesco bandazo, aceptando durante la campaña jugar el partido en el terreno de sus adversarios. Eso es lo que ha ocurrido cuando Rajoy se ha puesto a divagar sobre si los catalanes perderían o no la nacionalidad española -lo que para ZP era “discutido y discutible” parece para él ignorado e ignorable-, dando la misma lacia imagen que aquella noche en Veo 7 cuando me dijo que no entendía su escritura. Eso es lo que ha ocurrido cuando el PP se ha dirigido en un video exclusivamente en catalán -toma inmersión- a una comunidad bilingüe.  Y sobre todo eso es lo que ha ocurrido cuando el gallo Margallo no sólo se ha avenido a debatir con Junqueras, máximo aspirante a presidir la soñada República Catalana, como si la tele de Godó fuera el Consejo de Seguridad de la ONU, sino que ha sido capaz de plantear el símil argelino, regalándole a su rival el argumento de que Cataluña es un territorio pendiente de descolonizar. ¡Mare de Déu!

La noche anterior a la declaración unilateral de independencia Azaña, que había pasado a la oposición y se encontraba en Barcelona, advirtió al conseller de Justicia Lluhí de lo que podría ocurrirles: “No sabrían ustedes qué hacer con su victoria… Todos los resortes del Estado funcionarían de manera automática… No durarían ni dos horas”. A eso es a lo que sin duda se refería el otro día el exquisito Xavier Corberó cuando auguraba a María Marañón que “esto terminará mal a nada que vaya bien”.

Mas ha resultado ser un frívolo aventurero sin escrúpulos que ha huido así de rendir cuentas sobre la corrupción maremágnum del clan Pujol y la quiebra técnica de la Comunidad Autónoma que ha presidido

 

Lluhí replicó a Azaña que lo que se avecinaba era “una demostración pacífica” y que “todo pasaría de manera alegre y sin choques”. También le desveló sus cartas: “Luego cederemos unos y otros. Aquí tendremos que ceder… en Madrid también cederán y todo pasará en paz”. O sea lo mismo que sotto voce repite hoy el entorno de Mas.

Los hechos dieron la razón a Azaña. En sus memorias de aquellos años, certeramente tituladas La pequeña historia de España pues durante toda la Segunda República la grandeza brilló por su ausencia, Lerroux presenta el pulso con Companys como una cuestión de testosterona: “Pudo inmortalizarse él, si hubiese tenido…lo que le falta. O pude inmortalizarle yo, si me hubiese faltado lo que me sobra”. Cambó, opuesto al balconazo, rebaja varios grados la dimensión del conflicto: “No fou més que una gran criaturada”, escribirá a los pocos meses.

Pues ahí vamos: de chiquillada en chiquillada hacia la gamberrada final. Pero si en aquel momento convulso en el que hasta fallaban los teléfonos, funcionaron los “automatismos del Estado”, esta vez -con cada escena televisada en directo- ocurriría lo mismo, con la diferencia de que, en lugar del estado de guerra, se aplicaría el artículo 155 de la Constitución y en lugar de un par de tanquetas, bastaría con mandar a la Generalitat la nota de prensa de la Unión Europea respaldando nuestro orden constitucional.

A ese guión es al que debería haberse ceñido el Gobierno en lugar de fantasear sobre “corralitos”, tasas de paro y una Liga sin el Barça. Nada de eso sucederá porque la guerra de Troya no tendrá lugar. Hay líneas rojas que no se pueden cruzar sin que se dinamiten los puentes. Ni siquiera Rajoy podría aceptar una declaración de independencia -o sea la destrucción de España- sin suspender de inmediato la autonomía de Cataluña, con el respaldo abrumador de la opinión pública y la comunidad internacional. Una UE cargada de corsos, bretones, bávaros y lapadanos no va a admitir jamás un precedente que la corroería  mediante el efecto contagio desde su flanco sur.

He aquí la única certeza: sea cual sea el resultado de este domingo, el independentismo catalán está inmerso en un viaje a ninguna parte, condenado a eternizarse como aquellos interminables trayectos de los renqueantes tranvías de la Barcelona de hace un siglo, en los que, según las bromas de L’Esquella de la Torratxa, de los mayores sólo quedaba el esqueleto, a los jóvenes les crecían luengas barbas, los conejos se reproducían por doquier y hasta el más pequeño cactus se hacía gigantesco, pero nunca se llegaba al destino deseado.

Lee la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu / El retratista de la Rambla / El exportador de cava

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‘El libro negro del periodismo en Cataluña’

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’ / 6. ‘La opinión dependiente’

 

 

Nada más (y nada menos) que unas elecciones autonómicas

El 27-S no es un plebiscito por mucho que se empeñen Artur Mas y los independentistas. Sin embargo, cuanto más apoyo logren las fuerzas constitucionales más claramente verá frustrado el secesionismo su proyecto de ruptura.

El 27-S no es un plebiscito por mucho que se empeñen Artur Mas y los independentistas. Sin embargo, cuanto más apoyo logren las fuerzas constitucionales más claramente verá frustrado el secesionismo su proyecto de ruptura.

La cita que este domingo tienen los catalanes con las urnas servirá única y exclusivamente para decidir quién obtendrá el mandato para gobernar en la Generalitat la próxima legislatura. Eso y no otra cosa se decide en unas elecciones autonómicas. Todo lo demás son fantasías. Ahora bien, existe una gran diferencia entre que ganen quienes tratan por todos los medios de saltarse la legalidad a que lo hagan quienes respetan el marco constitucional.

Los partidarios de romper España por las bravas, obviando las leyes, tienen el control de los resortes del poder en Cataluña. Eso les ha permitido movilizar a todos sus simpatizantes, tal y como ha quedado de manifiesto en las últimas celebraciones de la Diada. El dato de que Artur Mas ha convocado tres elecciones en cinco años, además de ser la prueba del fracaso de su proyecto político, habla a las claras del escenario de tensión que ha pretendido y logrado instalar en la sociedad catalana. Ese es el clima que le convenía a su plan rupturista.

Así las cosas, ningún separatista se quedará en casa el domingo. Creen que es la gran oportunidad para lograr su objetivo. Y no es aventurado asegurar que no tendrán otra coyuntura más favorable para tratar de hacer valer su posición.

Hay argumentos de sobra para rebatir a los independentistas. De entrada, es un movimiento que brota de la insolidaridad. Los partidarios de la secesión revisten sus intenciones con conceptos vagos como “dignidad” o “derecho a decidir”, pero de lo que se trata en el fondo es de que la comunidad más próspera de España se quede con todos sus recursos para utilizarlos en su propio beneficio. Por completar la caricatura, lejos de ser una rebelión de opresores contra oprimidos es una insurrección de ricos contra pobres. ¿Solicitarían la independencia si el PIB de Cataluña estuviera a la cola del país, o entonces primarían valores tan elevados como el de la igualdad y la fraternidad?

Hay, sobre todo, razones históricas y sociales que son las que han configurado una situación de hecho. Como dijo Julián Marías, “nada hay más anticatalán que el intento de despojar a Cataluña de sus raíces, de sus hermandades”. Nadie ha impuesto que Cataluña sea España. Todos los españoles, también los catalanes, hemos constituido un Estado de Derecho con unas normas que son garantía de nuestros derechos a la par que establecen nuestras obligaciones.

Sin embargo, todos los motivos que pueden aducirse en pro de la unidad y la convivencia han sido y son despreciados por los independentistas. Incluso los de orden pragmático, como los perjuicios que para la economía tendría una hipotética secesión.

Precisamente la habilidad que han tenido los separatistas ha sido la de que la campaña se haya jugado en su terreno, con unos políticos que, para defender la unidad, han dado pábulo a la idea de que la independencia unilateral de una parte de su territorio es una posibilidad real. Esa torpeza encontró su máxima expresión en el debate que el ministro de Asuntos Exteriores mantuvo, de igual a igual, con uno de los líderes del movimiento secesionista. Los independentistas no podían encontrar mayor reconocimiento a sus aspiraciones por parte del Estado que pretenden destruir.

El Gobierno y el PP han contribuido a la ceremonia de la confusión en la que se crece el soberanismo, ora dando a entender que el Estado desamparará a los catalanes si el batiburrillo por la independencia consuma sus amenazas, ora intentando traspasar al Tribunal Constitucional la responsabilidad de pararle los pies al presidente de la Generalitat.

El primer partido de la oposición, el PSOE, parece no haber aprendido nada del pasado y ha seguido jugando al juego de las equidistancias. Su ingenuidad le ha llevado a tratar de seducir a los separatistas con nuevas concesiones bajo el manto de un confuso federalismo.

A la izquierda del PSOE, ICV y Podemos, unidos en la plataforma Catalunya Sí que es Pot, aún bailan la yenka: lo mismo afirman que no quieren que Cataluña se independice que se adhieren al “derecho a decidir” que lo facilita.

Tampoco los independentistas de Junts pel sí tienen de qué presumir. Han articulado su campaña en torno a mentiras, manipulaciones, ocultaciones y medias verdades. Sus candidatos han mentido sistemáticamente acerca de las consecuencias sociales, económicas, jurídicas y hasta deportivas que tendría una declaración unilateral de independencia. Afirmaciones como que en una Cataluña independiente no habría corrupción y la gente sería más feliz son tan ridículas que se califican por sí solas.

Llegados a este punto, es muy importante que este domingo acudan a votar aquellos catalanes que no tienen intención de dejar de ser españoles; no porque peligre su condición de tales, sino para que quienes pretenden romper la legalidad ni siquiera tengan la oportunidad de intentarlo. Cuanto más apoyo obtengan las fuerzas constitucionales más claramente verán frustradas los independentistas sus vanas intenciones de imponer el trágala a todos los catalanes y al resto de los españoles.

Pero que nadie se lleve a engaño. El 27-S no es un plebiscito. Sólo se han convocado unas elecciones autonómicas. Y la misma ley y el mismo Estado que han permitido que se celebren en tiempo y forma, garantizan que sus resultados -sean cuales sean- sirvan exclusivamente para aquello para lo que están concebidas.