Nos toman por besugos filósofos

Besugos

Empecemos el curso compartiendo ballena. El Arponero Ingenuo acaba de avistarla pero pesquémosla juntos. La maniobra de aproximación es muy sencilla. Basta teclear www.pp/actualidad-noticia/pp-recurre-ley-aborto para toparse de frente con el más desafiante surtidor de desfachatez política…

Ilustración: Javier Muñoz

Empecemos el curso compartiendo ballena. El Arponero Ingenuo acaba de avistarla pero pesquémosla juntos. La maniobra de aproximación es muy sencilla. Basta teclear www.pp.es/actualidad-noticia/pp-recurre-ley-aborto para toparse de frente con el más desafiante surtidor de desfachatez política.

Hemos entrado en la actualizada página oficial del partido gobernante. Ahí está en la parte superior izquierda el nuevo logo podemizado, con el charrán en el lugar de la gaviota y la expresión “populares” a la derecha. Su problema es que han podido cambiar de emblema pero no borrar sus huellas. Tiempo al tiempo, que pronto habrá un movimiento para que los partidos puedan acogerse al derecho al olvido en Internet.

Acerquémonos entre tanto a las fauces del Leviatán barbado. Lo primero que vemos es una foto que muestra al entonces mano derecha de Rajoy y hoy embajador en Londres, Federico Trillo, marchando apresurado con aire de quien no puede perder ni un minuto para entregar el candente dossier que lleva en la zurda. Le escoltan dos palafreneros de los grupos del Congreso y Senado y un agente de seguridad. Luego avistamos el título -“El PP recurre la Ley del Aborto”- y bien destacada la fecha: 1 de junio de 2010. Ayer como quien dice.

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Ilustración: JAVIER MUÑOZ

Que los pusilánimes den la vuelta a la chalupa porque ahora toca franquear las fauces del rorcual y adentrarse como Jonás en el corazón de las tinieblas. El río que nos lleva, en medio de una manada de refulgentes peces rosáceos de ojos saltones, es la versión oficial, con estructura de crónica periodística, de la que fue una de las principales iniciativas del PP durante la pasada legislatura. Arponeros, tensad las cuerdas que os sujetan a la quilla. Vais a necesitarlas para dominar vuestras arcadas.

El primer párrafo anuncia la presentación del recurso ante el Tribunal Constitucional y concreta la impugnación de “ocho preceptos” -no uno, ni dos… ¡ocho!- de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo aprobada por el Gobierno de Zapatero. El segundo párrafo especifica que “entre esos preceptos se halla el que prevé la posibilidad de abortar en las catorce primeras semanas por la mera decisión de la madre” porque “la vida del no nacido… queda absolutamente desprotegida”. El tercer párrafo añade que esto “resulta incompatible con el artículo 15 de la Constitución Española que reconoce que todos tienen derecho a la vida”.

Tras un cuarto, quinto y sexto párrafo dedicados a aspectos menos nucleares del conflicto -incluido el derecho de las menores a abortar sin conocimiento de sus padres- llegamos, contened todos el aliento, al tremendo párrafo séptimo en el que la prosa administrativa nos arroja frente al único absoluto de la condición humana: “Una importante novedad es que se solicita que se suspenda la aplicación de los preceptos impugnados hasta que no se resuelva el recurso de inconstitucionalidad cuya tramitación se pide que sea preferente”. ¿Por qué tan drástica demanda? “Porque la aplicación de las normas recurridas generaría perjuicios irreparables evidentes, al tratarse de vidas humanas cuya eliminación sería irremediable”.

Sí, lo han leído bien, aquí no hay eufemismos que valgan: según el PP, es decir según Mariano Rajoy Brey, de lo que se trata no es de la interrupción, obstaculización o resolución de un proceso biológico incompleto sino de la “eliminación” -zis zas, fuera, uno menos, descanse en paz, aquí yace, RIP, los tuyos no te olvidan- de “vidas humanas”. No se habla del nasciturus, ni del feto, ni del óvulo fecundado, ni de ninguna categoría presuntamente intermedia o pretendidamente ambigua. No, no… “vidas” tan “humanas” como la del niño de la isla de Bodrum. Así de claro. Y el plural no se refiere ni a dos, ni a tres, ni a cien, ni a mil… sino a diez decenas de miles al año. Casi medio millón por legislatura. Quinientos mil cadáveres extraídos del mar de nuestro sistema sanitario. O sea que Auschwitz se hizo carne y habitó entre nosotros.

Pido perdón si alguien se siente ofendido, en unas u otras convicciones, por mis expresiones literarias. No banalizo nada. No es mi opinión la que emito. Ni tampoco la que cuenta en este conflicto de suma negativa en el que se elige entre dos males. Sólo me atrevería a decir con Isaiah Berlin que del fuste torcido de la humanidad es difícil que salga nada derecho. Y a lo más que puedo llegar es a la inevitabilidad de legislar de forma ponderada. Pero ni yo ni ninguno de ustedes ganó las elecciones con mayoría absoluta el 20 de noviembre de 2011. La única opinión que a efectos prácticos cuenta es la de quien sí lo hizo. O sea la del susodicho Rajoy Brey. Y ya la conocemos: “eliminación” en masa de “vidas humanas”. Ergo…

Si tan perentorio era que el TC ejerciera de ángel bíblico interponiendo su mano cada vez que el escalpelo del cirujano fuera a acuchillar a uno de esos cientos de miles de desvalidos, sería inexorable que encontráramos en la referencia del primer Consejo de Ministros de diciembre de 2011 la remisión a las Cortes, por el procedimiento de urgencia, de un proyecto de ley que derogara al menos los ocho artículos recurridos. Pero, ¡ah, no!, aquel día no fue posible porque había que subir los impuestos.

Bueno, estará entonces entre los acuerdos del segundo, tercer, cuarto, quinto o sexto Consejo de Ministros de ese omnipotente Gobierno con ideas tan claras… Y resulta que tampoco, tal vez porque al democristiano Arenas le venía mal que se aplicara el programa de su partido cuando estaba en pleno intento de engatusar a los andaluces enarbolando el de sus adversarios.

El vértigo, el “horror vacui”, el estupor maremagno sobrevienen cuando, hoja de calendario tras hoja de calendario, resulta que a Rajoy le pasó con la “eliminación” de “vidas humanas” lo mismo que a Pujol con el dinero negro de su padre y en cuatro años nunca encontró el momento de regularizar la situación. Ni siquiera cuando su ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón le presentó un proyecto de ley que no era una futesa. Al final para todo lo que ha dado de sí la mayoría absoluta del PP es para que, reformilla de tapadillo mediante, las menores de edad sólo puedan contribuir a esa “eliminación” masiva de “vidas humanas” tras comunicarlo a sus progenitores. El sarcasmo no es mío sino del legislador.

El vértigo, el ‘horror vacui’, el estupor maremagno sobrevienen cuando, hoja de calendario tras hoja de calendario, resulta que a Rajoy le pasó con la “eliminación” de “vidas humanas” lo mismo que a Pujol con el dinero negro de su padre y en cuatro años nunca encontró el momento de regularizar la situación

El otro día me encontré con Zapatero y le comenté que, si yo fuera él, tan pronto como Rajoy disolviera las Cortes escribiría un artículo titulado “Gracias, Mariano, estás perdonado”. La primera parte incluiría la relación de los controvertidos preceptos legales aprobados durante sus dos mandatos que permanecen intactos o apenas maquillados tras la mayoría absoluta popular. Y la segunda, el catálogo de denuestos que esas iniciativas merecieron por parte de Rajoy y su equipo, empezando, claro, por lo de la “eliminación” masiva de “vidas humanas”. Zapatero me miró perplejo, como si el nefelibata fuera yo, y vino a decirme que la complejidad de la España real se abre camino cuando uno gobierna.

Pongamos que al cinismo universal se le llame ahora así; demos por hecho -de lo contrario sería cómplice consciente de una monstruosidad- que Rajoy ya no piensa que medio millón de abortos, fruto de una ley de plazos, equivalga a la “eliminación” de medio millón de “vidas humanas”; y asumamos que sólo un hombre excepcional, en el extremo opuesto del orden zoológico, sería capaz de rectificar o al menos matizar públicamente categorizaciones tan insoslayables. Pero convengamos también en que el mínimo minimorum de coherencia exigible para no merecer que te arrojen huevos podridos por la calle o te embadurnen con brea y recubran con plumas de gallina, hubiera requerido la discreta retirada del bendito recurso ante el Constitucional.

Porque, al no haber ocurrido ni eso ni lo contrario para que los refulgentes peces rosáceos de ojos saltones no se escabullan ni hacia Vox ni hacia Ciudadanos, llevamos casi cuatro años instalados en la repulsiva contradicción de que el PP de Rajoy pide a los magistrados que detengan urgentemente la matanza de inocentes, mientras el Gobierno de Rajoy se rasca la entrepierna pasmado de que una parte importantísima de sus votantes siga viendo en esos procedimientos quirúrgicos legales la misma matanza de inocentes que ellos veían y describían sólo cinco años atrás. Y no me siento capaz de dictaminar con cuál de los dos Rajoy está la razón ética o la verdad científica, pero de lo que no me cabe duda es de que su coexistencia es desalmadamente obscena.

¿A alguien le sorprende que los magistrados del Tribunal Constitucional sigan aplazando ad calendas graecas la deliberación sobre tan urgentísimo y sanguinoliento recurso, correspondido por sus promotores con cuatro años de antiséptica pasividad en el poder? ¿A alguien le sorprende que tanto los jueces cuyas opiniones coinciden con las de Rajoy en 2010 como los jueces cuyas opiniones coinciden con las de Rajoy en 2015 se sientan instrumentalizados en el altar del más zafio utilitarismo electoralista? ¿A alguien le sorprende que este precedente pese sobre sus togas cuando se dan cuenta de que con la reforma, también urgentísima, de la ley del propio TC, con Albiol ahora en el papel de Trillo, Rajoy pretende repetir la jugada con otra fruslería de nada como la unidad de España?

Si el principio de separación de poderes figura entre las primeras Obsesiones de EL ESPAÑOL no es sólo para proteger su independencia sino principalmente para estimular su responsabilidad. Los jueces juzgan, los parlamentos legislan, los gobiernos gobiernan. Es cierto que a los tribunales les corresponde también ejecutar sus sentencias y que la especial jurisdicción del Constitucional le sitúa en un cierto limbo sin resortes directos de autoridad. Pero el desafío separatista es ante todo político y es al ejecutivo al que le corresponde hacerle frente con su rica panoplia de armas jurídicas y su monopolio legal del uso de la fuerza.

Tras cuatro años cruzado de brazos, esta respuesta de Rajoy al filo de la campana, consistente en que los magistrados puedan multar o suspender a quien les desobedezca, resultaría ridícula si no escondiera mucho más. Alguien empeñado, como dice Guerra, en dar “un golpe de Estado a cámara lenta”, no va a pensárselo dos veces ni por el riesgo de tener que pagar “entre tres mil y treinta mil euros” ni por el de tener que ceder el cargo al siguiente -o más bien al precedente- de la lista.

La destitución de alguien como Mas sólo tendría sentido y eficacia si, en aplicación del artículo 155 de la Constitución, el Gobierno recurriera al Senado para suspender la autonomía catalana y sustituir sus instituciones por otras de carácter interino, tal y como ocurrió en octubre del 34. Algo que ya tenía que haberse hecho cuando el año pasado se llevó a cabo la consulta prohibida por el TC o a la vista de que, como acaba de recordar Rafael Hernández -este dechado de sindéresis que tanto nos hace añorar a su colombroño intelectual Floriández-, la Generalitat sigue costeando el fantasmagórico Consejo para la Transición Nacional, declarado anticonstitucional.

La destitución de alguien como Mas sólo tendría sentido y eficacia si, en aplicación del artículo 155 de la Constitución, el Gobierno recurriera al Senado para suspender la autonomía catalana y sustituir sus instituciones por otras de carácter interino, tal y como ocurrió en octubre del 34

Como en el caso del aborto, el estafermo con mayoría absoluta ha optado, sin embargo, por transferir la responsabilidad de gestionar una situación límite a los magistrados del alto tribunal. Eso le permite justificar su parálisis en la expectativa de una acometida institucional ajena. Y mantener abiertas todas las opciones como el monigote giraldilla que despliega a la vez la maza y el escudo.

Qué más podía querer el aprendiz de golpista que una iniciativa de dudosa constitucionalidad, atufadoramente oportunista y palmariamente divisiva de los partidos no separatistas, para alimentar su desbarre. Ahí le tienen, hablando nada menos que de la Inquisición para camuflar la mangancia organizada del 3%. La torpe cobardía gubernamental le ha permitido así acercar de nuevo el ascua de la falta de calidad democrática de las leyes vigentes a la sardina de su delirio secesionista.

Como entre ballenas y clupeidas cabe algún término medio, la situación recuerda una estampa pintoresca del Bilbao de 1915 -tendremos que volver sobre ese año para hablar de Dato y de Cambó-, recogida en las páginas de El Pueblo Vasco. Sucedió al caer la tarde cuando el guardia urbano Pablo Sáez abordó junto al Cafe del Norte al vendedor de besugos Lorenzo Hernández, conminándole a cesar en su actividad, de acuerdo con “el artículo 31, párrafo tercero, apartado 16 de las ordenanzas municipales que prohíbe terminantemente la expedición de besugos con luz artificial”. El vendedor rehusó obedecer al guardia, dando grandes voces y “manifestando a la autoridad que los besugos se imponían a toda disposición emanada del municipio”. El lance derivó en tumulto y el tumulto en gresca, en medio de “un corro de curiosos y desocupados que no bajaría seguramente de 300 a 400”.

No es tanto el conflicto entre el derecho a decidir de los besugos y un rígido marco legal, reforzado por un precepto arbitrario, lo que llama mi atención, sino la descripción y coda final del gacetillero: “Y mientras se desarrollaban tales acontecimientos los besugos, rígidos, yacentes sobre la banasta, parecían mirar con sus ojos opacos a los actores de este suceso, en el cual se veían envueltos por no haber sido capaces de escapar a las arteras redes de los hombres… Los besugos son siempre unos filósofos”.

Philosophia perennis, que diría Leibnitz. Anteayer Soraya salió en sus teles reprochando al PSOE que utilizara “frases fáciles para problemas difíciles” -¡se refería a la crisis de la inmigración!- y pronto comenzará la pesca milagrosa. Una vez que las “arteras redes” hayan hecho su cosecha el 27-S en Cataluña, asistiremos a su despliegue en toda España y la manada de refulgentes peces rosáceos de ojos saltones será conducida de nuevo hacia el vientre de la bestia. Nada sería tan coherente como que se confirmara la fecha del 20 de diciembre, apuntada por Rajoy para las elecciones generales, pues pocos platos han adquirido la tradición navideña del besugo al horno. Y habrá que tener los “ojos” muy “opacos” o sentirse muy “filósofo” para respaldar a quien pretende hacerte cómplice no ya de un asesinato en masa o de un alarde de truculencia demagógica, sino de ambas cosas a la vez.

 

Las mejores historias de la campaña electoral

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Las elecciones municipales y autonómicas de este 24 de mayo son una prueba para las costuras políticas que tradicionalmente ha tenido España. Aunque nuestro periódico nacerá en otoño, en EL ESPAÑOL no hemos querido estar al margen de esta cita. Así te hemos contado la campaña.

Las elecciones municipales y autonómicas de este 24 de mayo son una prueba para las costuras políticas que tradicionalmente ha tenido España. Aunque nuestro periódico nacerá en otoño, en EL ESPAÑOL no hemos querido estar al margen de esta cita. Así te hemos contado la campaña en nuestro blog:

España en cifras

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En este especial, coordinado por Antonio Delgado, te permite acceder a miles de datos de población, deuda, paro o destino de fondos públicos para que tengas toda la información antes de votar. Entra haciendo click aquí.

La batalla de Madrid

La alcaldía de Madrid siempre ha tenido una importancia estratégica en los cálculos electorales del PP y el PSOE. En 2015, la batalla está más abierta que nunca.

Daniel Basteiro siguió junto a Adriano Morán y Javier Álvarez, de 93 metros, a los cuatro candidatos con más posibilidades de convertirse en alcaldes: Esperanza Aguirre (PP), Manuela Carmena (Ahora Madrid), Antonio Miguel Carmona (PSOE) y Begoña Villacís (Ciudadanos). El resultado, en estos vídeos y textos:

Radiografía de los votantes

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Kiko Llaneras ha estudiado todas las encuestas para explicar, con textos y gráficos, el perfil de los votantes y sus intenciones de cara a estos comicios clave.

Las urnas en Cataluña

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En Cataluña no hay elecciones autonómicas. Están previstas para el 27 de septiembre, pero lo que pase este domingo condicionará la larga precampaña electoral y, según algunos, hasta un aplazamiento de la cita anunciada por Artur Mas.

Reportajes fotográficos: Alberto Gamazo.

Socorro: ¡#nopuedovotar!

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Puedes intentarlo de muchas maneras, pero si estás en el extranjero, quieres utilizar tu DNI electrónico o un juez ha declarado tu incapacidad total, todo son trabas. Te ofrecemos tres reportajes que te harán pensar sobre las grietas de uno de los derechos fundamentales:

Aragón, Extremadura, Murcia…

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Un total de 13 comunidades autónomas decidirán su suerte este domingo. En EL ESPAÑOL hemos querido acercarnos a muchas de ellas para contarte sus realidades y preocupaciones:

Foto de portada: IU El Viso

Madrid tiene más deuda que Barcelona, Valencia, Sevilla, Málaga y Zaragoza juntas

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Según datos del Banco de España, los ayuntamientos españoles tenían una deuda acumulada de cerca de 32.000 millones de euros a finales de 2014. El 18% de esa cifra corresponde al Ayuntamiento de Madrid.  

También en EL ESPAÑOL:

Según cifras del Banco de España, los ayuntamientos españoles tenían una deuda acumulada de cerca de 32.000 millones de euros a finales de 2014. El 18% de esa cifra corresponde al Ayuntamiento de Madrid.


La deuda de Madrid la sitúa como la ciudad más endeudada en términos absolutos. Mantiene este lugar desde 2003, año en que empezó a gobernar Alberto Ruiz-Gallardón. Madrid superó a la Barcelona post-olímpica que desde la década de los 90 se mantenía en la primera posición.

Desde diciembre de 2005, Madrid supera en deuda a la suma del resto de capitales de provincia de más de 500.000 habitantes: Barcelona, Zaragoza, Valencia, Málaga y Sevilla. El soterramiento de la M-30, la reforma del palacio de telecomunicaciones, el sueño olímpico… Sólo las obras de la M-30 supusieron pedir una financiación récord de 2.500 millones de euros (a través de la empresa Madrid Calle 30) que en 2011 asumió el ayuntamiento cuando quedaba un saldo pendiente de 2.226 millones.

Esta financiación está concedida a través de dos préstamos sindicados (1 y 2) en los que participan 15 entidades bancarias y el ICO. En los años 2012 y 2013 la deuda viva de Madrid superaba los 7.000 millones de euros. Con el último dato disponible, publicado por el Banco de España y referido a la situación en diciembre de 2014, la deuda había bajado hasta los 5.936 millones de euros.

Entre los años 2007 y 2008, durante el estallido de la burbuja inmobiliaria, la cuarta parte de la deuda de todos los ayuntamientos pertenecía al Ayuntamiento de Madrid. Hoy ha pasado a suponer el 18% del total. El resto de capitales de provincia de más de 500.000 habitantes suman el 11,5% del total de la deuda municipal. A pesar de ser la ciudad que más debe, Madrid es la única que ha bajado su deuda desde el inicio de la crisis. La cifra ha bajado en 745 millones. Es decir, un 11,16%. Barcelona, en cambio, es la que más ha aumentado su deuda desde 2008. 207 millones al cierre de 2014.

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Sin línea de crédito

El nivel de endeudamiento sobre los ingresos es otro de los factores para conocer la salud financiera de los ayuntamientos. Se trata de un porcentaje que mide los objetivos de deuda de las entidades locales. En mayo de 2010, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero establecía una serie de medidas extraordinarias entre las que se incluía la prohibición a los ayuntamientos de endeudarse desde ese momento hasta el año 2012. Después de las críticas de algunos consistorios, el Ministerio de Economía se vió obligado a dar marcha atrás 24 horas después.

Al final la medida entró en vigor el 1 de enero de 2011 y se aplicó en los presupuestos de ese año. Aquellos municipios que superaran el 75% del nivel de endeudamiento respecto al ejercicio anterior no podían seguir pidiendo créditos a largo plazo.

Con la llegada al poder de Mariano Rajoy, se introdujeron nuevos cambios en la normativa. Se sigue fijando el umbral en el 75%. Pero aquéllos que se encuentren en una situación de endeudamiento excesivo podrán endeudarse siempre y cuando no superen el 110% establecido en el Refundido de la Ley Reguladora de las Haciendas Locales del año 2004.

Hasta 1.090 municipios de los 7.456 que publicaron información de la ejecución de sus presupuestos para 2013 (no hay información de los municipios del País Vasco y Navarra) presentaron un nivel de endeudamiento superior al 75%. Unas cifras que disminuyen su capacidad de obtener ingresos para pagar su deuda.

La deuda de un 7% de los municipios supera el 110% de los ingresos corrientes. Tres ayuntamientos, entre ellos el de la localidad burgalesa de Monasterio de la Sierra, llegan a superar el 700%. En este mapa se puede ver el nivel de endeudamiento de cada municipio en 2013.

Se podría decir que la deuda municipal ha empeorado en muchos ayuntamientos de España durante esta legislatura. En 2011 sólo 758 municipios (un 10% del total) tenían una deuda que superaba el 75% de sus ingresos . Dos años después, ese porcentaje había subido hasta el 14,6%.

2013 es el último año cuyos datos ha hecho públicos el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas. 589 pueblos han pasado de no rozar el 75% en 2011 a superarlo en el ejercicio de 2013.

Deuda por habitante

Monasterio de la Sierra es también el municipio español que encabeza el ranking de mayor deuda por habitante. A cada uno de los 46 vecinos del municipio le corresponden 8.891 euros. En el otro extremo se encuentran 3.089 municipios, que mantenían el equilibrio presupuestario al final del ejercicio de 2013. Esos 3.089 municipios representan el 38% del total.

Con 7.005 euros más que en 2011, Jalón de Cameros (La Rioja) es el municipio que en términos absolutos más ha aumentado su deuda per cápita. El ayuntamiento publicó en su página web una nota informativa donde explica que la deuda se debe a un crédito bancario pedido en 2013 por el importe de la subvención de una obra que no fue liquidada por la Consejería de Agricultura de La Rioja hasta el año siguiente.

En total, 2.845 municipios (un 35%) han visto crecer sus cifras de deuda desde el inicio de la legislatura. En el otro extremo se encuentran el 31,9% de los consistorios que han logrado reducirla. Entre ellos, 408 ayuntamientos que han conseguido liquidar su deuda al 100%.

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Hasta 17 ayuntamientos de más de 100.000 habitantes tenían una deuda declarada superior a los 1.000 euros por habitante en 2013. Encabeza la lista el municipio de Parla (Madrid) con 2.940,67 euros por habitante. En febrero de este año, su alcaldesa socialista, Beatriz Arceredillo, reconoció que el ayuntamiento tenía una deuda de 550 millones de euros y admitió que en 2014 no pagó la Seguridad Social de sus trabajadores. En esta cifra no está incluida la deuda del polémico tranvía de Parla, que ronda los 180 millones de euros. Debido a esto, el ayuntamiento tiene retenidos los ingresos por el Estado. Arceredillo relevó en noviembre al anterior alcalde, José María Fraile, detenido en la operación Púnica.

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Ingresos de los ayuntamientos

La recalificación del suelo fue una de las principales fuentes de ingresos de los ayuntamientos durante el boom del ladrillo. La llegada de la crisis económica llevó a los alcaldes a buscar nuevas fórmulas de ingresos y allí estaba el ciudadano. Un informe del Tribunal de Cuentas estudia 1.312 ayuntamientos que en 2012 tenían una población superior a los 5.000 habitantes.
El Tribunal de Cuentas analiza el periodo 2009-2012 y se centra en estudiar los ingresos municipales en el contexto de la crisis económica así como las medidas adoptadas por los consistorios para hacer frente a la nueva situación. En estos ayuntamientos, los ingresos por enajenación de inversiones reales, la partida donde está incluida la venta de suelo, pasaron de los 1.712 millones en 2007 a 384 millones en 2011. Las principales medidas adoptadas pasaron por hacer recortes de todo tipo y por un incremento de la presión fiscal a través de una fuerte subida del IBI y de la revisión de los valores del catastro.

También en EL ESPAÑOL:


 

Nota metodológica: El cálculo para conocer el nivel de endeudamiento de las entidades locales se ha obtenido dividiendo la deuda viva de los entes locales entre los ingresos corrientes de los mismos, multiplicado por 100. Para el análisis de los datos de las capitales de provincia se han tenido en cuenta los publicados por el Banco de España, al estar actualizados a diciembre de 2014. Estos datos pueden guardar diferencias de conciliación con los publicados por el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas.

Gallardón ya no está en los carteles

Después de 32 años, ocho elecciones y cinco mayorías absolutas, el nombre de Alberto Ruiz-Gallardón no estará esta vez en las papeletas del PP ni su rostro llenará las paredes de la región. “Todo tiene un tiempo en la vida”, dice.

Después de 32 años, ocho elecciones y cinco mayorías absolutas, el nombre de Alberto Ruiz-Gallardón no estará esta vez en las papeletas del PP ni su rostro llenará las paredes de la región. “Todo tiene un tiempo en la vida”, dice.


El próximo domingo 24 de mayo Alberto Ruiz-Gallardón se cogerá el día libre. Y por lo tanto es difícil que se vaya a desayunar el café con leche y churros habitual de las mañanas electorales en compañía de Marisa González y Manuel Cobo.

Por primera vez desde 1983 no va a ser candidato ni al Ayuntamiento ni a la Comunidad de Madrid. Su nombre ya no podrá leerse en las papeletas municipales del Partido Popular, tampoco en las autonómicas. Gallardón ya no está en los carteles que desde hoy ensuciarán las calles de la capital y de la región. Y tampoco habrá desayuno electoral con sus dos más estrechos colaboradores durante muchos años como hacía invariablemente tras depositar el voto en las urnas.

El ceremonial era siempre el mismo, recuerda Marisa González, responsable de comunicación de Gallardón desde 1989 hasta que dimitió como alcalde de la capital en diciembre de 2011: “Le recogía en su casa y le acompañaba a votar, bien en la calle Beneficencia, bien en la plaza del Dos de Mayo. En el colegio electoral se incorporaba Manolo Cobo y nos marchábamos los tres a desayunar hasta el ya desaparecido Riofrío en compañía de todos los periódicos del día. Era un ritual elección tras elección”.

Atrás quedan 32 años desde que el 8 de mayo del 83 participara por vez primera en unos comicios. Ocho procesos electorales, entre municipales y autonómicas, desde aquellas locales de 1983 a las también municipales de 2011. Ocho. En cinco obtuvo mayoría absoluta: dos en la Comunidad de Madrid (1995 y 1999) y tres en el Ayuntamiento de la capital (2003, 2007 y 2011). En otra ganó pero no pudo gobernar  (las autonómicas de 1991) y en las otras dos perdió (1983 y 1987). La primera como número 16 de la lista de Alianza Popular al consistorio madrileño encabezada por Jorge Verstrynge y la segunda ya como cabeza de lista a la Comunidad.

Poco importa ya que en los últimos cinco comicios en los que fue cabeza de cartel al menos uno de cada dos votantes apostara por él. Poco importa porque el otrora concejal, senador, presidente de la Comunidad de Madrid, alcalde de la capital, diputado en Cortes y ministro de Justicia se ha borrado de todo lo que tenga que ver con la política. Y muy especialmente de todo lo relacionado con su partido.

“Ya no quise ser candidato en 2011”

“El 24 de mayo no voy a desayunar en Madrid”, afirma entre risas Alberto Ruiz–Gallardón. “Me tomaré el día libre y no estaré en la capital. Voy a estar en Gredos con Mar, mi mujer, disfrutando de Oli y Mambo, nuestros perros. Apareceré al final de la tarde para ir a votar. Y por lo tanto no podré irme a desayunar con Marisa y Manolo como he hecho durante tantos y tantos años”.

-¿Nostalgia?

-Ninguna. No voy a sentir ningún tipo de nostalgia. Con toda sinceridad. Estoy muy orgulloso de los años que he estado en política y en Madrid, pero ya es pasado. Siempre lo he dicho sin ningún tipo de falsa modestia: la política me ha dado mucho más de lo que yo le he dado a la política. Por supuesto que ha habido malos ratos, disgustos, sinsabores… Pero han sido muchas más las respuestas positivas que he tenido. Y haber conseguido cinco mayorías absolutas es algo que tiene que provocar el agradecimiento de cualquier persona. Eso siempre formará parte de mi patrimonio personal. Miraré con curiosidad, eso sí, lo que hacen los madrileños ese día después de como ha evolucionado todo tras haberme despedido de la vida municipal, de la vida política. Con infinita curiosidad. Y teniendo muy claro que mi papel ya no es estar en ese lado de la barrera, sino en este, en el de los ciudadanos que miran a los políticos para comprobar que efectivamente cumplen lo que prometen durante la campaña electoral. Al margen de esto, no voy a sentir ninguna nostalgia… Estos años pasados en Madrid son míos y conmigo siguen, pero creo que todo tiene un tiempo en la vida.

“Es más”, continúa, “tengo que decir, y es la primera vez que lo digo, que yo ya no quise ser candidato en las últimas elecciones municipales al Ayuntamiento de Madrid. No quería, la verdad. Siempre he pensado que ocho años, dos legislaturas, en cada Administración es el límite en el que tú puedes dar lo mejor de ti mismo y sobre todo arrancar lo mejor de tus colaboradores. No quise ser candidato. Fueron cuestiones políticas, me atrevo a decir que incluso ajenas a mí. Se me pidió desde el partido que fuera candidato pero yo ya sabía que estaba fuera de tiempo, que estaba en tiempo de descuento”.

Antes, mucho ante de este tiempo de descuento, Alberto Ruiz–Gallardón (Madrid, 11 de diciembre de 1958) empezó su andadura electoral pegando carteles con los rostros de Jorge Verstrynge y José María Álvarez del Manzano por las calles de Madrid. Hablamos de mayo de 1983.

De aquellos años recuerda que era muy joven, que trabajaba en la asesoría jurídica del partido y que le apasionaba el ejercicio de la política, aunque todavía le quedaba mucho por aprender. También recuerda cómo le cogió bajo su tutela Álvarez del Manzano, que era número dos en la lista que perdió frente a Enrique Tierno Galván y rápidamente se puso al frente de la oposición ya que Verstrynge ni siquiera llegó a recoger su acta de concejal.

“Me dio todas las oportunidades, me metió en su reducido equipo de confianza… Muchas veces he pensando que si José María, a quien el tiempo pondrá cada vez más en valor, no me hubiera dado esa oportunidad en mi época de concejal del Ayuntamiento de Madrid lo más probable es que el partido nunca me hubiera encargado encabezar la lista a la Comunidad en 1987”.

Marisa González

Fue cabeza de lista en 1987 y sus resultados fueron pésimos. Muy malos. Peor incluso que los que obtuvo Luis Guillermo Perinat, su antecesor en 1983: caída de casi tres puntos porcentuales y dos diputados menos en la Asamblea. “Tuve una severa derrota y habría estado justificado que el partido me hubiera cogido por banda y me hubiera dicho: ‘Mira Alberto, hemos contado contigo y no sólo no hemos ganado sino que hemos sacado peor resultado que hace cuatro años, así qué…’. El partido me podía haber sustituido sin ningún problema y no lo hizo. Tengo que agradecer a José María Aznar que me dijera que iba a repetir como candidato en las siguientes elecciones. Gracias a ese apoyo en ese momento, llegaron las cinco mayorías absolutas”.

Antes de las cinco mayorías absolutas llegó Marisa González. “Fue en la primera semana de abril de 1989”, recuerda González, actual responsable de Comunicación de Cristina Cifuentes, que estaba empezando periodismo y hacía practicas en Radio Intercontinental. “Me dedicaba a buscar personajes públicos emergentes para que mi jefe de entonces, Emilio Javier Gómez, los pudiera entrevistar. Contacté con Alberto Ruiz-Gallardón que entonces era portavoz de la oposición en la Asamblea y vino a la emisora. Como todavía faltaban unos minutos me pidieron que le diera conversación hasta que pudiera entrar en directo: ‘Entretenle, entretenle’, me dijeron. Y eso hice”.

Esa misma tarde, Jesús Pedroche, entonces secretario del grupo de Alianza Popular en la Asamblea de Madrid y mano derecha de Gallardón, la llamó para ofrecerle trabajo en el gabinete de prensa del grupo.  “Le dije que no, que era una simple becaria y que no tenía ni idea de política. Él me comentó que eran un equipo joven y que querían gente joven, gente con vistas al futuro. Le seguí diciendo que no”. Pedroche volvió a insistir al día siguiente: ‘¿Cuánto ganas en la radio?’, le preguntó. Nada. Le ofrecieron tres meses de contrato pagaderos en su totalidad aunque la echaran a los 15 días. “Era un pastón y dije que sí, aunque creía que no iba a durar mucho”.

Se equivocó de lleno aunque la primera experiencia que tuvo con su jefe de entonces fue para no olvidarla jamás. Recuerda la fecha (8 de abril de 1989) y el lugar: la quinta planta del número tres de la calle Princesa, donde estaban ubicados todos los grupos parlamentarios de la Asamblea. Era su primera reunión con el equipo. De pronto el jefe se volvió hacía ella, se le quedó mirando fijamente y le dijo:

-¿Cuál es la estrategia para hoy, Marisa?

No abrió la boca. No sabía qué decir y se quería morir. “Siempre ha sido así con él”, afirma González. “Un examen permanente: todos los días había maitines, todos los maitines eran un examen que había que aprobar. Siempre: desde aquél día de abril del 89 hasta el último que trabaje con él. El debate era permanente y no se podía bajar la guardia. Tenía un alto nivel de exigencia con todos los que trabajábamos con él, pero también consigo mismo. Todo lo que sé lo he aprendido con él”.

Gallardón también recuerda la llegada de la chica de la Inter: “Antes de Marisa nuestra política de comunicación consistía en mandar notas de prensa y en indignarnos si al día siguiente todos los medios pasaban de publicarlas. Con ella todo cambió. Marisa introdujo una auténtica revolución profesional, una revolución que no solamente se plasmó en la información en el día a día del grupo o de los gobiernos de la Comunidad o el Ayuntamiento sino que también trasladaría y con gran éxito a las campañas electorales. Creó escuela, una forma de hacer comunicación política que no existía hasta entonces”.

“Han sido muchos años de amistad y complicidad”, añade González. “Los dos hemos crecido profesionalmente juntos. Poco tienen que ver la Marisa y el Alberto que empezaron a trabajar juntos hace 26 años con los de hoy. Ella es la mejor directora de comunicación que puede tener un político y va a ser un factor determinante en el éxito de Cristina Cifuentes. En todos estos años hemos pasado momentos muy buenos y otros muy malos. Y de los dos hemos aprendido”.

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“Él era y sigue siendo tímido”, cuenta Marisa González, “obsesivo casi compulsivo con el trabajo, con la política. Muy despistado: no se fijaba en la gente porque mayoritariamente le daba igual la gente. La afectividad nunca fue su fuerte. Muy nervioso. Tenía muchos tics, con las piernas, las gafas -que eran horribles al comienzo- y los zapatos. Sabía el talante que traía sólo con oír sus pisadas; en función de la  intensidad de estas intuía si venía de buena o mala leche. Siempre fue muy disciplinado y no solamente durante las campañas electorales. Hacía caso al equipo. Nos respetaba. Lo sabía todo y de todo sabía. Incluso a veces ensayábamos que no sabía algo e incluso le pedíamos que pusiera cara de no saberlo realmente. Ya entonces se veía que iba a ser lo que acabó siendo: una máquina, una máquina repleta de ideas… una puta máquina de ganar elecciones”.

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“Ocho años aguantándole”

Antes de ganarle la primera elección autonómica a Joaquín Leguina en 1991 (aunque al final no le sirviera para gobernar), Alberto Ruiz–Gallardón perdió por un voto la moción de censura que presentó contra él en la Comunidad de Madrid. La culpa la tuvo Nicolás Piñeiro, que salió de las filas de Alianza Popular para pasarse al Grupo Mixto y votó en contra de la moción.

En mayo de 1989 Manuel Fraga y Adolfo Suárez se habían puesto de acuerdo para que AP y el CDS interpusieran sendas mociones de censura para situar a Gallardón como presidente de la región y al ya desaparecido Agustín Rodríguez Sahagún como alcalde de la capital. El segundo lo consiguió pero el primero no.

“Con Joaquín Leguina tuve una buena relación en esa legislatura de 1987 hasta que llegó la moción de censura”, recuerda Gallardón. “Las relaciones entonces se crisparon mucho, una barbaridad. La verdad es que estábamos muy jodidos por la traición que habíamos sufrido. Muy jodidos. Esa moción abrió una brecha importante entre los dos que afortunadamente el paso del tiempo cerró. Supongo que fue inevitable. Aquel debate fue el más duro que he tenido en mi vida”.

El 22 de junio de 1989, Carlos Fresneda y Juan Carlos Sanz escribían en el diario EL PAIS:

“Las paredes de la Asamblea de Madrid escucharon ayer de todo. Alberto Ruiz– Gallardón, candidato del centro-derecha para suceder a Joaquín Leguina al frente de la Comunidad, se despachó a gusto antes de perder la moción de censura por un voto. De su boca salieron palabras como ‘presunto delincuente’, ‘antidemócrata’ e ‘incompetente’, todas dirigidas contra Leguina a quien acusó también de ‘haber comprado al traidor Piñeiro’… El presidente regional llamó ‘criatura’ a Ruiz–Gallardón y eludió contestar a las acusaciones”.

“Estuve ocho años aguantándole”, recuerda ahora Joaquín Leguina, presidente de la Comunidad de Madrid entre 1987 y 1995. “Alberto entonces era muy joven. Tenía una gran facilidad de palabra y era un magnífico orador. Era capaz de decir muchas más palabras por minuto que yo. Fue muy agresivo, políticamente hablando, especialmente durante la moción de censura de 1989, pero era lógico que lo fuera después de lo que pasó con Piñeiro”.

“Durante la segunda legislatura”, prosigue Leguina, “bajó mucho el nivel de agresividad. Eran los años en los que al PSOE nos caían ‘roldanes de punta’. Yo sabía que en 1995 iba a perder y él sabía que iba a ganar y a gobernar. A partir de esa certeza, la agresividad, la tensión, siempre política, bajó considerablemente. En esa segunda legislatura nos reuníamos muchas veces para hablar de todo menos de política. Después de mi derrota siempre se portó muy bien conmigo, yo le dí algunos consejos y creo que él los aceptó de buena gana. Siempre se notó su buena crianza”.

Manuel Cobo

Antes también de las cinco mayorías absolutas, antes incluso de esa inútil victoria de 1991, llegó Manuel Cobo. “Se presentó un día en mi despacho”, recuerda Gallardón, “después de que la traición de Piñeiro hiciera fracasar la moción de censura, para decirme que a partir de ese momento ofrecía su tiempo y su trabajo para recuperar en las urnas lo que oscuras maniobras de despacho habían impedido. Desde entonces, hemos trabajado juntos en la Comunidad primero y en el Ayuntamiento después”.

Manuel Cobo, actual secretario ejecutivo de Política Local del Partido Popular, lo recuerda prácticamente igual: “Me acerqué a Alberto después de haber perdido la moción de censura contra Leguina. Fundamentalmente porque había sido víctima de una injusticia brutal como fue la traición de Piñeiro. Yo tenía 34 años, trabajaba de abogado y le dije que me ponía a su disposición para lo que fuera”.

Cobo entró en las listas del Partido Popular del 1991 y salió elegido diputado. “Recuerdo que iba en el puesto 26 de las listas pero yo quería el 19; no por ambición porque me hubieran parecido igual de mal el 13, 14 o 15; prefería el 19 porque era con el que había concurrido Piñeiro en las elecciones anteriores y yo quería devolverle a Gallardón lo que Piñeiro le había arrebatado”. Muy poco tiempo después, empezó a ser pieza clave en el equipo del candidato.

El Equipo de Gallardón. Equipo con mayúscula. Siempre fue una marca en sí mismo. De sus integrantes se sabía que eran de su jefe y se tenían algunas dudas sobre si también eran del partido con la misma intensidad. “La clave de este equipo”, opina Gallardón, “fue siempre el entusiasmo. Éramos todos muy jóvenes, éramos inexpertos pero teníamos un entusiasmo desbordante. Teníamos pasión, una pasión por la política como yo no he visto desde entonces, te hablo de los años 90, y no la he visto ni en otros equipos de mi partido ni en otros partidos y a lo mejor ni tan siquiera en nosotros mismos en épocas posteriores. Aquellos años fueron únicos. No vivíamos más que para esto. No teníamos horarios. No pensábamos en otra cosa. Éramos capaces de dar cien vueltas a cada una de las ideas que teníamos y que aspirábamos a trasladar a los ciudadanos. Conseguimos reunir un equipo sobresaliente de gente maravillosa, gente que luego ha tenido su propio recorrido político”.

Los nombres propios de este equipo fueron Marisa González, Manuel Cobo, Jesús Pedroche, Antonio Beteta, Juan Van Halen, Carmen Álvarez Arenas y Juan Bravo. También Ana Román, su jefa de gabinete en todos estadios de su trayectoria política, y Nuria, su secretaria de toda la vida.

González (“siempre profesional, siempre leal, siempre amiga”) y Cobo (“es sin duda un gran responsable de las cinco mayorías absolutas que conseguimos en Madrid”) fueron hasta el final el auténtico núcleo duro de Gallardón. Pedroche, Beteta, Van Halen y Álvarez Arenas se fueron quedando por el camino y Bravo llegó más tarde pero le siguió al Ministerio de Justicia.

A Gallardón más de una vez se le ha acusado de ir dejando cadáveres del equipo por el camino. Él dice que no: “He procurado siempre que la gente que dejaba de trabajar conmigo encontrase un espacio para seguir desarrollando su trabajo, aunque no siempre lo he conseguido. ¿Cadáveres? No. No recuerdo haber dejado cadáveres por el camino. Lo que si ha sucedido es que, en determinados momentos, mi visión y la de algunos de mis entonces colaboradores era distinta. Ellos se veían en unos lugares y yo los veía en otros. Y al final mi opinión era la que debía prevalecer. Pero en política esto es inevitable”.

“¡Riega esa planta de una puta vez!”

Si el Equipo de Gallardón (con mayúscula Equipo), se ganó muy pronto el respeto de la clase política y mediática madrileña, las broncas que Gallardón repartía entre sus miembros también se ganaron muy pronto el respeto de quienes componían este elenco. “Había días”, recuerdan en su entorno más cercano de aquellos años, “en los que todo le parecía una puta mierda, días en las que todo lo hacíamos mal…. Entonces nos ponía en fila y nos arreaba lo que no está en los escritos. Muchos se quedaban lívidos. Por ejemplo, recuerdo al pobre Juan Bravo [que estuvo con él de consejero de la Comunidad, de concejal en el Ayuntamiento y de subsecretario en Justicia] que le cambiaba el semblante, se le ponía la tez pálida y hasta se le caían la pecas de la cara cada vez que Gallardón le echaba una de sus broncas”.

“En una ocasión, en los primeros tiempos, en Princesa 3″, recuerda Marisa González, “nos puso en fila a unos cuantos, creo que estábamos Beteta, Van Halen, Pedroche, Carmen Álvarez Arenas, una servidora y hasta Nuria, su secretaria, y nos empezó a dar uno por uno. Hubo para todos. Y nosotros callados como muertos. No sé lo que habíamos hecho pero debía de haber sido horrible por los gritos que nos dio. Aquello era un pim pam pum…”.

-¡Y tú, Nuria, -le dijo finalmente a su secretaria que era la última de la fila- riega esa planta de una puta vez!

-Portavoz, -le contestó ella- si quiere yo la riego, pero es de plástico.

Portavoz. Nunca para su equipo Alberto Ruiz-Gallardón fue Alberto. Fue portavoz, senador, presidente, alcalde, ministro… pero nunca Alberto a secas. “Siempre fue muy institucional. Y era muy duro con su gente. A veces, incluso, humillante, muy humillante. Pero el paso del tiempo lo fue dulcificando, por decirlo de alguna forma. Ha ido evolucionando en el trato con sus más cercanos… Podría decirse que ha ido relativizándolo todo: su comportamiento, su forma de ver lo que le rodeaba, la política, su entorno, la vida…”, destaca uno de sus allegados.

Juan Soler, actual alcalde popular de Getafe y diputado en la Asamblea en 1987, 1991 y 1995 hasta que Gallardón lo borró de la lista en 1999, recuerda esos primeros años: “Fueron tiempos hermosos. Él era hasta cariñoso y cercano, muy fácil de tratar pero  eso fue cambiando con el tiempo. Luego empezó a ser un hombre que quería ser afable pero no podía. Y cuando podía le salía completamente artificial, forzado. Pero siempre respeté su gran inteligencia. Vivía rodeado de su equipo y no le gustaba para nada trabajar con sus iguales. Creo que siempre ha ido dejando a gente por el camino, cambiando de equipo y casi siempre ha sido para peor, si exceptuamos a Marisa González”.

“Reconozco abiertamente que me he acabado llevando muy mal con él, fatal”, añade Soler. “pero le admiro profundamente. Junto con Miguel Herrero y Fernando Suárez, ha sido el mejor parlamentario de la historia del PP”.

En 1995, como estaba previsto, ganó la primera de las cinco mayorías absolutas y tocaba gobernar. Y con las victorias llegaron los problemas con su partido, problemas que le acompañaron a lo largo de casi toda su trayectoria política. “Fui muy criticado”, recuerda Gallardón, “cuando le dije a un periodista que no tenía intención de levantar ninguna alfombra cuando entrara en la sede de la presidencia, que debajo de las alfombras sólo había ladrillos. Esto provocó las iras del sector más conservador de mi partido y de la derecha mediática. Y cuando después le di a Leguina la Medalla de Oro de la Comunidad o cuando le puse su nombre a una biblioteca que él había empezado a construir o cuando establecí el estatuto del ex presidente que no conllevaba retribución alguna sino simplemente un despacho, una secretaria y un coche… las criticas que recibí fueron feroces”.

Manuel Cobo, que para entonces ya era uno sus los hombres de confianza, recuerda también estas y otras muchas presiones de un importante sector de su partido: “Y no sólo por el comportamiento que tuvimos con Leguina. Después empezaron a crucificarnos por Telemadrid; no podían soportar que dejáramos hacer a los profesionales de la cadena sin inmiscuirnos en nada que tuviera que ver con la línea informativa; las llamadas eran continuas y muchas veces amenazantes”.

“Y antes de acudir a las urnas y ganar”, insiste Cobo, “ya nos reprochaban que nos volcáramos con el sur y dejáramos de lado zonas más cercanas al PP. Mucho hablar de los principios y valores del partido pero no paraban de darnos palos por volcarnos en zonas que históricamente nos habían dado la espalda. ‘Por vuestra culpa –nos decían– vamos perder muchos votos en nuestros feudos tradicionales y no nos van a votar en aquellos sitios que siempre han votado socialista’. Se equivocaron como se han equivocado casi siempre. Sólo hay que recordar que en 1983 el PSOE sacó mayoría absoluta en el sur, que en 1991 el PP ya fue la fuerza más votada y que en 1995 los que obtuvimos mayoría absoluta fuimos nosotros. Y eso fue por nuestro trabajo allí, en todos y cada uno de los pueblos del sur de la Comunidad”.

“A Gallardón cuando va por el sur le saludan hasta las farolas”. La frase era de Jesús Pedroche, recuerda Gallardón: “El sur se convirtió en nuestra obsesión. La Comunidad de Madrid estaba tremendamente desequilibrada, y teníamos que acabar con ese desequilibrio.  Estábamos obligados a crear espacios de protagonismo en el sur. Nosotros revolucionamos el concepto: ustedes no tienen que desplazarse, nosotros les vamos a llevar todo lo que necesite; no tiene que venir a mí, yo tengo que ir a usted. Y la gente nos creyó cuando le dijimos: te vamos a llevar hospitales, universidades, transporte, parques… La calidad de vida que tienen los ciudadanos que viven en la capital”.

“No salíamos del sur”, afirma Marisa González. “nos pasábamos la vida en el autobús. Parla, Getafe, Móstoles, Leganés… Eran otros tiempos que nada tienen que ver con los de ahora. Nos pateamos toda la zona. Eran los tiempos duros de la droga, de la falta de un transporte digno… Las necesidades eran otras en aquellos años. Gallardón recorrió el sur de arriba abajo y nos daba igual que fuera el cinturón rojo”.

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“La gente nos creía”

“Toca ponerse el uniforme de campaña”. La frase, habitual en Alberto Ruiz–Gallardón, marcaba el pistoletazo de salida de la precampaña y la campaña electoral porque al final las dos acababan fundiéndose. “Los días entonces empezaban muy pronto y acababan muy tarde”.

“Nuestras campañas”, cuenta Cobo, “eran imaginativas e innovadoras”. “Siempre sorprendíamos”, cuenta González, “siempre sabíamos cómo vender ésta o aquella idea”.

“La gente nos creía”, cuenta Gallardón. “La clave del éxito fue resultar creíble: si decíamos que íbamos a llevar el Metro al sur la gente nos creyó; los ciudadanos vieron que habíamos cumplido todo lo anterior que habíamos prometido y confiaban en que siguiéramos cumpliendo nuestras promesas”.

“Muchas veces se preparaba cualquier acto en el coche”, recuerda su directora de comunicación, que le acompañaba siempre. “Tanto en campaña como fuera de ella. Cogía el dosier que le habíamos preparado. Lo ojeaba… pasaba la vista por encima. Repito, por encima. De la primera a la última página. Subrayaba lo que le parecía interesante. Luego cogía el dosier y siempre hacía lo mismo: lo introducía en el bolsillo trasero del asiento delantero. Y al acto sin ningún papel”.

Cuenta Marisa González: “A veces, cuando volvía al coche y por curiosidad volvía a mirar el dosier, me daba cuenta de que lo había clavado, de la primera a la última página. Nunca se dejaba nada importante; es más, nunca se dejaba nada. Y si luego tenía 20 segundos para el canutazo con los medios, lo mismo: mensaje claro y rotundo que empezaba con la idea que quería remarcar, seguía con la explicación, para acabar con la misma idea del comienzo. 20 segundos. Ni uno más”.

Además, siempre supo salir airoso en los momentos complicados en los que algún ciudadano le increpaba e insultaba durante un mitin. “En Móstoles, muy al comienzo”, cuenta González, “un joven que no recuerdo exactamente por qué protestaba lanzó una botella contra el escenario cuando empezaba su alocución  al grito de ‘facha de mierda’, con tan mala fortuna que se rompió y un fragmento acabó alcanzando la cara de Gallardón que rápidamente se tiñó de  sangre. No dejó que el equipo de seguridad se   llevara al agresor e incluso le ofreció el micrófono para que hablara y dijera lo que tuviera que decir. No dijo nada y él siguió su intervención sin tan siquiera limpiarse la sangre que tenía encima”.

“Hubo una anécdota mucho más divertida”, cuenta Gallardón, “en otro mitin, también por el sur, aunque no recuerdo bien el año; yo les estaba diciendo a nuestros militantes algo así como: ‘No nos debéis permitir fallar’. Aunque lo que dije realmente fue: ‘No nos debéis permitir follar’. No fui consciente de lo que había dicho hasta unos segundos después, cuando vi a Manolo Cobo que se estaba partiendo entre bastidores”.

Después de Joaquín Leguina llegó Cristina Almeida, que fue la candidata socialista a la Comunidad en 1999. “Con toda sinceridad y respeto hacia ella, creo que Cristina no entendió Madrid. El PSOE cometió un error: creer que la notoriedad y el conocimiento político adquirido, al margen de Madrid, le podía dar una oportunidad. Y se equivocó como se equivocaría después con Trinidad Jiménez y Miguel Sebastián. Como candidata Almeida fue un error. Rápidamente la gente percibió que tenía un profundo desconocimiento del territorio. Tardamos muy poco en darnos cuenta y nuestra estrategia nunca fue atacarla ni combatirla sino simplemente demostrar su desconocimiento de la realidad de Madrid y eso caló. Los ciudadanos supieron pronto que era una mujer encantadora pero que no sabía absolutamente nada sobre la comunidad que pretendía gobernar”.

Y después de Almeida asomaría Trinidad Jiménez. Pero antes de eso, exactamente el 7 de julio de 2002, Gallardón se pasó por el Palacio de la Moncloa y dejarse convencer por José María Aznar para cambiar la Comunidad por el Ayuntamiento de Madrid.

“¡Nos vamos al Ayuntamiento!”

“Creo que en un principio Aznar no tenía ninguna intención de cambiar a los candidatos y dejarlo como estaba”, piensa Gallardón”. “Álvarez del Manzano en el Ayuntamiento y yo en la Comunidad. Pero la irrupción de Trinidad Jiménez lo cambió todo. El PSOE se adelantó con ella y le fue bien. Se encendieron algunas alarmas en Génova cuando Javier Arenas encargó una serie de encuestas, cinco exactamente, que señalaban que el PP podía perder el Consistorio. Trini era una cara nueva, preparada, aunque tenía el mismo problema que Cristina Almeida, un profundo desconocimiento, en este caso, de la ciudad. Pero las encuestas estaban ahí y se las pusieron todas a Aznar encima de la mesa. Fue entonces cuando me llamó”.

Cuando Gallardón llegó a Moncloa, intuía lo que le iba a pedir el presidente y sabía que aceptaría el encargo si las intuiciones se confirmaban. Estaba tan informado de lo que ocurría cuando viajaba en su coche oficial al palacio de la carretera de La Coruña, que incluso tenía en su memoria las cinco encuestas que le había enseñado el propio Arenas. Cobo recuerda la llamada de su jefe. “Manolo me ha llamado el presidente. ¿Qué crees tú que querrá?”. Su número dos le puso sobre la mesa varios escenarios: “Recuerdo que le dije que podía ofrecerle ser ministro ya que alguno podía dejar de serlo para ser candidato en las autonómicas del año siguiente; también le comenté que no creía que prescindiera de él y, por último, que la chupa de Trini estaba dándole mucho juego al PSOE e igual quería hacer algún movimiento en este sentido aunque le dije: ‘No creo que te mande al Ayuntamiento’. ¡Que ojo tuve!”.

A media tarde, Gallardón volvió a llamarle y le invitó a cenar en el restaurante chino del Villa Magna. “¡Pero dime algo, coño!”, recuerda Cobo que le soltó por teléfono. “En la cena”, contestó aquél. Y en el chino se vieron: “¡Nos vamos al Ayuntamiento!”,  le dijo nada más llegar. “Era un reto”, afirma Gallardón. “Y creo que Aznar jugó con esa baza. Me cuesta mucho decir que no a un reto. En lugar de la rutina de repetir ya por tercera vez a la Comunidad tengo que decir que recobré el ánimo, la ilusión, la posibilidad de embarcarme en un proyecto diferente, ilusionante. Hicimos una campaña espectacular; muy diferente de las que se habían planteado hasta entonces”.

Trinidad Jiménez, su rival en 2003, recuerda aquella época: “Él nunca quiso entrar en campaña conmigo ni en ningún tipo de polémica. Pensó, y posiblemente era verdad, que no lo necesitaba. Hay que recordar que entonces yo no era ni diputada ni concejala ni nada de nada, mientras que él era presidente de la Comunidad de Madrid. Estaba permanentemente en los medios y yo tenía que buscarme la vida para meter la cabeza. Recuerdo un día que incluso se enfadó porque me metí en un acto en un colegio, un acto que él consideraba exclusivamente suyo. Así era él”.

“Nuestra relación era prácticamente inexistente”, dice Jiménez. “Siempre fue educado y amable, respetamos las formas porque somos personas educadas. Él era muy inteligente y con un olfato político que le ha servido para ganar elecciones y para conseguir el voto de electores que normalmente no votarían a su partido”.

“Sin embargo, no es mi prototipo de político. Para nada. Es frío, frío con la gente y frío en el trabajo político diario. Y yo veo la política con mucha más pasión que él. Además, es muy conservador. Entonces lo escondía muy bien pero era, y yo siempre lo supe, muy conservador. Su paso por el Ministerio de Justicia ha abierto los ojos a los que entonces no lo querían ver”.

“Tuvimos un problema al enfrentarnos a esa campaña electoral”, recuerda Gallardón. “Y era que no podíamos criticar la gestión de los anteriores equipos ya que habían sido de nuestro partido. Teníamos que cambiar de estrategia. Además, nosotros habíamos hecho muchas cosas en la Comunidad, habíamos impresionado: más de 100 kilómetros de Metro, hospitales, universidades… Habíamos logrado en ocho años una transformación brutal de la región. Y claro, los madrileños esperaban que hiciéramos lo mismo en el Ayuntamiento y eso nos obligó a buscar un proyecto que resultara emblemático y de futuro. Así fue como nació Madrid Río”.

Megalómano, faraón, prepotente… Son algunos epítetos que siempre acompañaron al político hoy ya retirado. Su pasión por las grandes obras siempre fue vista por determinados sectores, incluidos los que habitaban en su propio partido, como un ejemplo más de sus delirios de grandeza. Quizá el soterramiento de la M-30 y el proyecto de Madrid Río (el primero de ellos se realizó durante la legislatura 2003-2007 y el segundo durante la 2007-2011) hayan sido las obras que más contribuyeron a construir esa imagen. El coste superó los 9.000 millones de euros. En enero de 2012, poco después de dejar la vida municipal, los números rojos de Madrid, el ayuntamiento más endeudado de España, ascendían a 7.430 millones de euros.

Gallardón sigue defendiendo la obra del río pese al precio: “En pocas palabras: tanto el soterramiento de la M-30 a lo largo del Manzanares como el proyecto Madrid Río es la mayor operación de reequilibrio ecológico en la historia de esta ciudad. Así de sencillo. Donde antes circulaban miles y miles de coches ahora hay un gran parque de más de 1,2 millones de metros cuadrados. Madrid Río se ha convertido en uno de los grandes atractivos de la ciudad. Y creo, además, que todos los madrileños están orgullosos de lo que hemos hecho allí”.

“La deuda nunca ha sido un problema para Madrid”, afirma Gallardón. “Y nunca ha sido desorbitada por mucho que la oposición, y hasta mi propio partido en determinadas ocasiones, hayan dicho lo contrario. Para demostrar lo que estoy diciendo y que la deuda de Madrid nunca fue excesiva, sólo hay que utilizar el único parámetro admitido por la Unión Europea a efectos de contabilidad, el llamado SEC 95: la relación de la deuda con el Producto Interior Bruto (PIB). Ésta es la única manera de saber cual es el peso efectivo de la deuda sobre la economía de un país, de una región o de una ciudad”.

“Pues bien”, se defiende Gallardón, “la relación del PIB y la deuda de Madrid cuando deje el Ayuntamiento era del 5,5%. En aquella época, por ejemplo, la relación entre el PIB y la deuda de España, con el Gobierno de Zapatero, era del 49,9%. Y la de  hoy, con Rajoy, del 97,7%. Es del todo insostenible decir que la deuda de la capital era excesiva y ésa fue la razón por la que los bancos nunca nos negaron la financiación y las agencias de calificación mantuvieron la valoración de Madrid en parámetros positivos”.

Las manías de Alberto Ruiz-Gallardón iban más allá de su defensa a ultranza de Madrid Río. También llegaban, por ejemplo, a sus debates televisión, recuerda Marisa González: “Las noches de debate lo mandábamos a casa a descansar después del almuerzo. A media tarde iba a recogerlo. Subía a su casa y me tomaba una Coca-Cola y charlaba con Mar en el cuarto de estar mientras él se preparaba. Siempre se ponía la misma corbata roja, la corbata de los debates. Luego salía, nos metíamos en el coche y al debate. Siempre era igual”.

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Miguel Sebastián

En uno de aquellos debates, el que mantuvo el 16 de mayo de 2007 con el entonces candidato socialista al Ayuntamiento, Miguel Sebastián, el nudo de la corbata roja de los debates se le debió de hacer insoportable. En un momento del mismo, el cabeza de lista del PSOE sacó una revista que dirigió a la cámara para que todos vieran el rostro de la abogada Monserrat Corulla, –implicada y posteriormente condenada en el ‘Caso Malaya’ de corrupción urbanística en Marbella– y con la que en aquella época se relacionó al entonces alcalde de la capital. La abogada había pedido al Ayuntamiento un cambio de uso en un edificio histórico del centro que la trama corrupta quería convertir en hotel.

“Lo último que yo hubiese esperado en mi vida, señor Sebastián, es que usted, ante la desesperación de la derrota del debate, entrase en temas personales. Yo no lo voy a hacer”, le dijo Gallardón a Sebastián en plena refriega.

“Es la única vez en mi vida política”, afirma ahora, “que alguien ha roto las reglas del juego. Pero al final, estoy absolutamente convencido de que eso se volvió tan en contra de Miguel Sebastián que cosechó el peor resultado de la historia del PSOE en Madrid hasta esa fecha”.

Marisa González y Manolo Cobo estaban siguiendo el debate desde una sala de Televisión Española. Y saltaron de su asientos cuando vieron a Sebastián mostrar la foto de Corulla. “No nos lo podíamos creer, no dábamos crédito”, afirma la primera. “Al terminar el debate, cuando me crucé con él, no me pude contener y le solté de todo: ‘Eres un  mierda, un miserable, un sinvergüenza, un hijo de…’. Y él no abrió la boca”, recuerda Cobo.

“Guardo ese ataque personal como una herida”, afirma Gallardón. “Pero guardo también como una satisfacción no ya la reacción que tuvieron mis compañeros de partido sino de un sinfín de altos cargos socialistas, incluidos cuatro ministros del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero que me llamaron para solidarizarse y decirme que se encontraban abochornados por el comportamiento de Sebastián”.

A su última campaña electoral, la de 2011 contra el socialista Jaime Lissavetzky, Gallardón llegó con la lengua fuera. No por cansancio sino por aburrimiento. “La pasión”, señala González, “había desaparecido por completo. Fue un coñazo. Hicimos una campaña de carril. Ya no había ilusión en él. Ya estaba mirando más allá”.

El verso suelto

Y también fueron un coñazo sus meses en el Ayuntamiento. Sabía que estaba de paso y se notó. Se había notado en la campaña y estaba clarísimo en los meses que siguió al frente del consistorio. No veía la hora en la que su ‘querido Mariano’ le llamara y le librara de ese tormento. Al final, Mariano Rajoy lo llamó para ser ministro y para acabar definitivamente con él, políticamente hablando. Nunca quiso entender Alberto Ruiz-Gallardón que su poder emanaba de la Comunidad de Madrid primero y del Ayuntamiento después. Al abandonar estas fortalezas quedaba a merced de un presidente que nunca le quiso y de un partido que siempre le quiso aún menos.

-¿Qué es un verso suelto?

-Fue una denominación que se le ocurrió a Juan Van Halen que además de poeta era parte de mi equipo de los primeros años. Él lo explicaba muy bien aunque luego se simplificó interesadamente: es un verso que está fuera del canon pero dentro del poema. Y la segunda parte es la que la gente olvidaba. ¿Qué era en definitiva un verso suelto políticamente hablando? Pues es una persona que estando dentro de un proyecto tiene voz propia. Y es lo que he intentado hacer yo siempre en mi vida. Nunca me he salido del proyecto pero siempre he tenido voz propia.

“No creo que lo del verso suelto haya tenido nada que ver con mi relación con el partido”, prosigue. “Yo he cometido muchos errores en esta relación, fundamentalmente a partir de 1995 cuando accedo a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Pero siempre he sido un hombre de partido. He sido secretario general de este partido y militante desde el día de su fundación. A partir de 1995 separo completamente el partido y el ejercicio de gobierno de la comunidad. Yo no quise ser presidente del partido en Madrid y se lo dije a Aznar. Siempre he creído que el alcalde y el presidente de la Comunidad no debían ser el presidente del PP de Madrid. Y lo sigo pensando”.

“Me equivoqué, tengo que reconocerlo, dedicándome en exclusiva a mi labor de Gobierno y abandonando la vida de partido. Puede que haya mucha gente en el PP que piense que a mí lo que me gustaba era el ejercicio del poder y que pasaba del partido, pero no fue nunca esa mi intención. Éste fue uno de mis grandes errores, uno de los más graves que he cometido en política: no ser consciente de lo que estaba haciendo”.

“Si diera marcha atrás seguiría sin aceptar la presidencia del partido en Madrid pero sí que creo que un presidente autonómico o un alcalde tienen que estar mucho más involucrados en la vida del partido a nivel local de lo que yo lo estuve. Mi relación con el partido fue siempre a nivel nacional, olvidándome del partido en Madrid. Y ese fue, como he dicho antes, un gran error”.

“¿Arrogancia? ¿Ambición? No. Era sencillamente un concepto equivocado por mi parte.  Creía que lo importante para los ciudadanos, y hasta para mi partido, era lo que se hacía en la Comunidad o en el Ayuntamiento. Yo creía eso. Pero en el partido no se entendió; en el partido se pensó que yo me desentendía absolutamente y que les consideraba un simple aparato instrumental para alcanzar mis objetivos. Me arrepiento enormemente de no haber podido convencer a mis compañeros”.

Manuel Cobo cree que “la ambición de transformación que tuvo Alberto Ruiz- Gallardón en la Comunidad y en el Ayuntamiento no la tuvo en el partido. Nunca se preocupó de eso. Además, cuando llegó Esperanza Aguirre se agrandó mucho más la brecha entre Alberto y el partido. Era una auténtica guerra de desgaste. ¿Tú sabes lo que es tener a 14 concejales de tu propio grupo en contra en el Ayuntamiento?”.

Cuando Esperanza Aguirre se hizo con la presidencia del partido en Madrid, en noviembre de 2004, Gallardón le pidió que Cobo fuera el secretario general, pero ella no quiso, se negó. “Mi secretario general va a ser Francisco Granados”, le dijo la actual candidata al Ayuntamiento de Madrid. Y así fue.

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“A Alberto lo que más le agotó fue Esperanza”. Su entorno lo tiene muy claro. Aunque también hay quien piensa que determinadas personas de su círculo le separaron de la realidad, de la calle… “Le hacían levitar, le aislaron del mundo, le engañaron”, dicen algunos de ellos. “Es cierto que él nunca estaba a gusto rodeado de gente, pero le hicieron ver cosas que no eran reales, le alejaron del partido y éste, lógicamente, empezó a pasar de él. Hubo colaboradores que siempre se adelantaban a lo que creían que él quería o a lo que creían que él no quería. Fue lamentable ver cómo le separaron los pies de la tierra. Y así, poco a poco, fue perdiendo el contacto con la realidad”.

Sus sueños siempre fueron más poderosos que su realidad. Y en su afán por no despertar se le pasó el tiempo sin saber exactamente cómo. Quizá era su sino acabar así. El sino de un hombre que nunca disfrutó realmente de todo lo conquistado en cada momento de su carrera política –que fue mucho– porque siempre estuvo pensando en lo siguiente por alcanzar sin sospechar que al final, tarde o temprano, tropezaría con una meta, la que fuera, que jamás conquistaría.

Ahora ya nadie recuerda sus pasadas conquistas, sus victorias, sus mayorías absolutas. 32 años después de aquél 8 de mayo de 1983 está solo, posiblemente mucho más de lo que lo ha estado en toda su vida. No lo dice, pero está solo. Lo niega, incluso, pero está solo. Da clases en la UNIR de México, viaja, va y viene, da conferencias, charlas, le piden informes, dictámenes, le piden consejo, dice estar satisfecho y feliz… Pero en el fondo se siente abandonado por algo que no es capaz de verbalizar. Al menos una parte importante de él: nadie en su partido de toda la vida parece añorarlo y en Génova 13 no lo pueden ni ver; la mayoría de sus antiguos correligionarios en la dirección popular no quiere ni mirarle a la cara.

En la tarde del 23 de septiembre, el día que presentó su dimisión de todo, el PP utilizó 137 caracteres de Twitter para zanjar a través de su cuenta oficial casi 32 años de historia conjunta: Agradecemos a Alberto Ruiz Gallardón los años de dedicación en el partido, y en las instituciones en las que nos ha representado. Gracias, rezaba la canción de despedida. 137 caracteres que sonaban a epitafio.

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Así ha descendido la concesión de indultos en España

Catalá y Santamaría

El año pasado la cifra batió un nuevo récord (a la baja), 87 medidas de gracia, siete de ellas firmadas por el nuevo ministro, Rafael Catalá. Es la cifra más baja desde 1996.

Catalá y Santamaría

En 2014 los indultos se convirtieron en un asunto a tratar en las ruedas de prensa posteriores al Consejo de Ministros. La medida, rodeada de oscurantismo (el Gobierno no justifica cuáles se conceden y cuáles no), salía de su escondite habitual, las bambalinas del Estado, para que Soraya Sáenz de Santamaría afirmara orgullosa ante la opinión pública que habían denegado la petición a Carlos Fabra y José María Del Nido. Lo hizo el 21 de noviembre, en unas declaraciones que muestran cómo la presión popular, engordada gracias a decenas de indultos polémicos, ha conseguido que el Gobierno sea mucho más cauteloso ante el uso de esta medida.

Pero la muestra más relevante de este cambio de miras ante el indulto está en el descenso drástico del número de concesiones. Si hace un año contábamos que 2013, con 204, era el año con menor número de medidas de gracia, 2014 ha batido nuevo récord (a la baja): se concedieron 87 durante todo el año. O, lo que es lo mismo, algo más de siete indultos al mes, muy lejos de la media de un indulto y medio al día que acumulan los distintos gobiernos desde 1996.

resumen-1996-2014

De esos 87 indultos, 15 llevaban la firma del ministro de Defensa (la mayoría, 11, por abandono de destino) y 72 del ministro de Justicia. Alberto Ruiz-Gallardón gestionó 65 antes de su dimisión y el nuevo ministro, Rafael Catalá, es responsable de otros siete, todos ellos concedidos en el Consejo de Ministros del 21 de noviembre. Los más habituales han sido los concedidos a condenados por delitos contra la salud pública (35), seguidos de los robos (12), delitos y faltas de lesiones (10) y tráfico de drogas (6). Entre estos últimos se encuentra el concedido a un hombre que había sido sentenciado a 15 años de cárcel en Cuba, que fue indultado en la misma tanda que otro que había intentado matar a su hermano en una comida familiar.

Pero una de las medidas de gracia más controvertidas del año fue la concedida a un guardia civil que había sido sentenciado a seis meses de inhabilitación de empleo o cargo público por un delito de omisión del deber de perseguir delitos. Según los hechos probados que narra la sentencia, el hombre subió a un tren con un amigo, que lanzó improperios de contenido sexual a una mujer sentada al lado, llegándole a tocar el pubis. Mientras, el guardia civil grababa todo con el móvil y se reía de la situación. Su compañero de viaje fue condenado por delito sexual y lesiones (agredió a otro pasajero que intentó frenar el asalto) y él se quedó con la condena por omisión de perseguir delitos que ahora ha sido convertida en una multa.

Además de destacar que no sólo no intervino para frenar la comisión del delito, sino que estuvo riéndose permanentemente, la sentencia destaca que huyó hasta en dos ocasiones de los agentes que acudieron al lugar para tratar de esclarecer los hechos. El indulto cambió la pena original, que implica la pérdida de plaza de funcionario, por una multa de unos 500 euros, por lo que pudo seguir ejerciendo en el cuerpo.

Los 21 de Semana Santa

Otro de los casos destacados del año llegó con la tradicional ronda anual de indultos por Semana Santa (21 en 2014), en los que interceden distintas cofradías del país, como la Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de la Piedad de Valladolid, que pidió la medida de gracia para Francisco Segundo Domingo Vaquero. Domingo había sido condenado por un delito continuado de falsedad en documento mercantil en concurso con otro delito continuado de apropiación indebida por extraer dinero de la cuenta de uno de sus clientes cuando era director de una sucursal del Banco Santander.

Además de director, Domingo era el único trabajador de la oficina situada en Esguevillas de Esgueva, un pequeño municipio de Valladolid de unos 300 habitantes, donde trabajó durante 11 años y hasta mayo de 2003, según relata la sentencia. Desde ese puesto, emitió y rellenó recibos de disposición de fondos, imitando la firma de uno de sus clientes, para llevarse parte de sus fondos. Así lo hizo hasta en tres ocasiones, que sumaron casi cuatro millones de pesetas. Además, engañó a un par de vecinos para, en una de sus transacciones, conseguir sacar de esa cuenta otras 1.370.000 pesetas.

Así, en total extrajo unos cinco millones de pesetas de entonces, unos 30.000 euros, que ahora deberá devolver con intereses a la familia de su cliente, que denunció estos hechos en 2005, un año después del fallecimiento del titular de la cuenta. La sentencia dictó una pena para él de dos años, cuatro meses y 15 días de cárcel, además de inhabilitación para el empleo en la banca durante el tiempo de la condena. Gracias al indulto, quedó reducida a dos años y, si el juez responsable lo decidía así, podía eludir la cárcel. Como manda la tradición de la cofradía, participó en la procesión del Jueves Santo.

Antes de acudir al Gobierno presentó sendos recursos ante el Tribunal Supremo y la Audiencia Provincial de Valladolid. Sin éxito. Hasta que el Gobierno escuchó las plegarias de su cofradía.

Foto: Moncloa.