La diferencia entre matar a un ruiseñor y poner un centinela

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Cinco décadas después de publicar Matar a un ruiseñor llega a las librerías Ve y pon un centinela. 20 años transcurren entre ambas historias escritas por Harper Lee. El nuevo libro se presenta como la segunda parte de la primera novela, pero se escribió antes. En la reciente publicación el mito de Atticus se rompe. El abogado defensor de los negros se muestra ahora racista y segregacionista. Su hija Jean Louise, ‘Scout’ en la primera novela, cuenta cómo su padre deja de ser su ídolo para convertirse en un hombre deplorable cuyos actos la hacen vomitar. 

En la imagen, Atticus Finch (Gregory Peck) y Harper Lee.

Matar a un ruiseñor, el premio Pulitzer que dibujó como pocos el deber del buen ciudadano y el mito de la justicia y la igualdad en la Norteamérica sureña, racista y segregacionista, ha desembocado en Ve y pon un centinela. El nuevo best seller ha traído noticias de errores de imprenta, peleas de editoriales por publicar el libro del año y el morbo añadido sobre si la autora permitió o no, a sus 89 años y después de 55 de silencio, la publicación del mismo.

Más que un cambio de la primera a la tercera persona en la narración, el nuevo libro de Harper Lee es un paso de lo idílico a lo real. Matar a un ruiseñor es la historia de Atticus Finch narrada por su hija. Finch es abogado, viudo y padre de dos pequeños (Scout y Jem), que se ve en la obligación de defender a Tom Robinson, un joven negro acusado de violar a una blanca. El pueblo entero se pone en su contra pero Atticus se mantiene firme y recto en su juicio. El letrado lleva al extremo sus deseos de justicia, sin importar el color del acusado, aunque sabía que el juicio estaba perdido desde antes de empezar.

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Cinco décadas después se publica Ve y pon un centinela. La nueva trama tiene lugar 20 años después de lo narrado en Matar a un ruiseñor. El libro se presenta como la segunda parte de la primera novela, pero se escribió antes. En la reciente publicación el mito de Atticus se rompe. El abogado defensor de los negros se muestra racista y segregacionista. Su hija Jean Louise, apodada Scout en la primera novela, cuenta ahora cómo su padre deja de ser su ídolo para convertirse en un hombre deplorable cuyos actos la hacen vomitar. Pero Jean Louise también deja de ser Scout.

“Atticus se convirtió en un héroe que trascendió al racismo”, explica a EL ESPAÑOL la catedrática de literatura inglesa de la Universidad de Navarra Rocío Davis. “En Ve y pon un centinela deja de ser así y se ajusta más a la realidad. Finch vivió en la década de 1950 en el sur de Estados Unidos, donde casi toda la sociedad era racista. Él era un abogado que creía en la justicia, aunque en un momento de la primera novela dice no querer el caso”, añade. La editorial HarperCollins, que publica Ve y pon un centinela, explica que este último fue rechazado por los editores de Harper Lee y después de reescribirlo surgió el primer libro.

La publicación de lo que se suponía iba a ser la segunda parte de Matar a un ruiseñor, más que una continuación parece una contradicción.

1. El título de la inocencia y el de la defensa

El emblemático título del libro ganador del Pulitzer habla de justicia. En Matar a un ruiseñor Scout narra cómo su padre, cuando les regala a ella y a su hermano Jem unos rifles de aire comprimido, les pide que utilicen bien su nuevo juguete:

 

“… Matad todos los arrendajos azules que queráis, si podéis darles, pero recordad que matar un ruiseñor es pecado.

Aquélla fue la única vez que le oí decir a Atticus que ésta o aquélla acción fuesen pecado, e interrogué a miss Maudie sobre el caso.

–Tu padre tiene razón me respondió–. Los ruiseñores no se dedican a otra cosa que a cantar para alegrarnos. No devoran los frutos de los huertos, no anidan en los arcones del maíz, no hacen nada más que derramar el corazón, cantando para nuestro deleite. Por eso es pecado matar un ruiseñor”.

 

Es pecado hacer daño al inocente, es pecado culpar a alguien de algo que no hizo. Por eso, Atticus Finch defiende a Thomas Robinson (“Tom”), un joven negro acusado de violar a una chica blanca.

Ve y pon un centinela es un título sacado del libro de Isaías en el Antiguo Testamento que dice: “Porque el Señor me dijo así: ve y pon un centinela que haga saber lo que viere”. La desesperación de Jean Louise al descubrir que su padre asistía a reuniones en las que se defendía la segregación racial es lo que le da el título a la novela:

 

“Necesito un centinela que me diga ‘esto es lo que dice fulano y esto es lo que quiere decir de verdad’, que trace una raya en medio y diga ‘aquí hay una justicia y me haga entender la diferencia’”. [Dice Jean Louise].

 

Finalmente, el Tío Jack, hermano de Atticus Finch, tranquiliza a Jean Louise cuando le dice: “La isla de cada ser humano, Jean Louise, el centinela de cada uno, es su conciencia. Eso de la conciencia colectiva no existe”. Al mismo tiempo le explica que ella ha confundido a su padre con Dios, pues nunca fue capaz de verle como un “hombre con el corazón de un hombre”, según le explica el Tío Jack a su sobrina.

Atticus y Scout.

2. La traviesa Scout y la señorita Jean Louise Finch

La niña intrépida se ha convertido en la señorita Jean Louise. Scout golpeaba a sus compañeros de clase y jugaba como un chico más con su hermano y su mejor amigo Dill, personaje inspirado en Truman Capote.

 

–¿Retirarás lo que dijiste, muchacho?

–¡Tendrás que obligarme primero! –chilló él–. ¡Mis padres dicen que tu padre era una calamidad y que aquel negro debería colgar del depósito de agua!

Yo le asesté un golpe, y recordando lo que Atticus me había dicho, dejé caer los puños a los costados y me marché. El grito de: “¡Scout es una co…barde!”, retumbaba en mis oídos. Era la primera vez que abandonaba una pelea.

 

Dos décadas después Jean Louise sigue siendo testaruda. Aún tiene problemas con su tía Alexandra, la hermana de Atticus que se encargó de la educación de sus hijos cuando él quedó viudo. Que Jean Louise no fuese femenina ni se relacionara con la sociedad sureña siguen siendo, desde la primera novela, un problema para su tía. “Me gustaría que esta vez intentaras vestirte mejor mientras estés en casa. La gente se lleva una mala impresión de ti. Piensan que eres… eh… de barrio pobre”, dice Alexandra a Jean Louise en Ve y pon un centinela.

Jean Louise intenta ser Scout en toda la nueva novela, y mantiene su carácter: “Tía … ¿por qué no te vas a la mierda?”, le dijo a Alexandra cuando le argumentaba que no debería casarse con Hank, su novio, porque era “gentuza”. Aunque al final de la trama la nueva Jean Louise decide dejar a Hank:

 

— Tío Jack —le dijo—, ¿qué voy a hacer con Hank?
— Lo que desees hacer, cuando llegue el momento— respondió él.
— ¿Rechazarlo sin más?
— Ajá.
— ¿Por qué?
— No es de tu clase

 

“Ama a quien quieras, pero cásate con los de tu clase”, piensa y narra Jean Louise después de lo que le ha dicho su tío. Y eso hace; lo rechaza porque no es de su clase.

Atticus Finch y su defendido Tom Robinson.

3. De ejemplo de padre a abogado racista

Aunque Jean Louise siempre llamó a Atticus Finch por su nombre, el personaje del primer libro era un padre, el padre de Scout: un hombre idealizado, ícono de abogados y de todo ciudadano estadounidense. El Atticus Finch de Matar a un ruiseñor era la estrella del primer libro, que en el cine dio un oscar a Gregory Peck (quien representaba el papel del abogado).

 

–Atticus, ¿tú defiendes nigros? –pregunté a mi padre aquella noche.

–Claro que sí, Y no digas nigros, Scout. Es grosero.

–Es lo que dice todo el mundo en la escuela.

–Desde hoy lo dirán todos menos una…

 

Ese fue el padre de Scout de frases lapidarias como: “Derechos iguales para todos; privilegios especiales para ninguno”. El nuevo Atticus es otro personaje, un abogado racista que sólo conserva su caballerosidad:

 

—Entonces vamos a llevarlo al terreno práctico. ¿Quieres que haya negros a montones en nuestras escuelas, en nuestras iglesias y nuestros cines? ¿Los quieres en nuestro mundo? [Dice Atticus a Jean Louise].

—¿Son personas, no? Estuvimos muy dispuestos a importarlos cuando nos hacían ganar dinero. [Contesta Jean Louise].

—¿Quieres que tus hijos vayan a una escuela que haya bajado de nivel para integrar a niños negros?

—El nivel académico de la escuela que hay en esta misma calle no podría ser más bajo, Atticus, y tú lo sabes. Tienen derecho a las mismas oportunidades que los demás, tienen derecho a disfrutar de las mismas…

 

”Según mi experiencia lo blanco es blanco y lo negro es negro”, concluye el Atticus de 72 años.

4. La trama: los juegos y los problemas de amor

Scout, junto con Jem y Dill (su hermano mayor y el mejor amigo de ambos), llenan Matar a un ruiseñor de historias graciosas. Entre juegos y problemas de niños que en apariencia son insignificantes pero que para ellos son grandes preocupaciones, Scout cuenta cómo era la realidad del sur de Estados Unidos durante la década de los treinta con los problemas de la Gran Depresión.

El mayor misterio para Scout y sus compañeros de aventuras es la casa de los Radley. Los niños crean una historia ficticia alrededor de Boo Radley, uno de los jóvenes de la casa que es bastante excéntrico. Boo sale poco a la calle, y eso les da oportunidad para crear de él un monstruo extraño.

 

Ahora que Walter y yo andábamos a su lado, parecía que Jem le temía muy poco a Boo Radley. Lo cierto es que se puso jactancioso.
–Una vez subí hasta la casa– dijo.
–Nadie que haya ido una vez hasta la casa debería después echar a correr cuando pasa por delante de ella –dije yo, mirando a las nubes del cielo.
–¿Y quién echa a correr, señorita Remilgada?
–Tú, cuando no va nadie contigo.

 

Boo Radley termina defendiendo a Jem del ataque de venganza de Bob Ewell, el padre de la jovencita que acusaba a Tom Robinson de violación. Esa es otra lección más de la novela. En el proceso antes y durante el juicio de Atticus como defensor de Tom: en palabras de niños, con juegos y exageraciones la novela ahonda en temas trascendentales y deja enseñanzas que han sido objeto de estudio.

El nuevo libro hace menos aportaciones trascendentales. Boo Radley no aparece en la historia, tampoco Dill; y Jem ha muerto. Según el New Yorker durante toda la novela se apela a clichés de la época, las ya muy conocidas actuaciones de negros frente a blancos. Ejemplo de esto es el encuentro de Scout con su amada Calpurnia, la cocinera negra que la cuidó durante toda su infancia:

 

— Cal —le dijo llorando—, Cal, Cal, Cal, ¿qué me estás haciendo? ¿Qué sucede? Yo soy tu niñita, ¿es que te has olvidado de mí? ¿Por qué me apartas? ¿Qué me estás haciendo?

Calpurnia levantó las manos y las apoyó suavemente sobre los brazos de la mecedora. Su cara tenía mil pequeñas arrugas y, detrás de las gruesas gafas, sus ojos se veían apagados.

—¿Qué nos están haciendo ustedes a nosotros?— preguntó ella.

Calpurnia fue clave en la educación de los dos niños huérfanos de madre, parece increíble que actúe de tal forma. Pero es verdad que la historia de las afroamericanas trabajadoras del hogar que al pasar los años se separan de los niños que han educado es ya un cliché de principios del siglo XX; así se muestra en películas como The Help (Criadas y señoras).

Además, los problemas de Jean Louise ya no son pelear con sus compañeros porque ofendan a su padre por defender a Tom. Ahora le preocupa, como a las mujeres de su época, casarse con el hombre correcto, pues entiende que su novio Hank no es de su clase y eso puede traerles problemas después:

 

—Lo siento, cariño. —Apagó su cigarrillo—. Es solo que me da miedo casarme con quien no debo. Con un hombre con el que no congenie, quiero decir, Soy como todas las demás mujeres, y si me caso con quien no debo me convertiré en una arpía gritona en tiempo récord. [Dice Jean Louise a Hank].

 

5. Los medios del Pulitzer y los medios de la secuela

Así cubrieron los medios la salida de Matar a un ruiseñor y así lo hacen ahora con Ve y pon un centinela:

The Atlantic: Antes y ahora

Time: Antes y ahora

NYT: Antes y ahora

El País: Hace 5 años y ahora

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otros medios online han hablado de Ve y pon un centinela, como los estadounidenses Quartz y la revista Slate.  Quartz hace hincapié en la idea de que Ve y pon un Centinela es un borrador de lo que fue después el libro ganador del Pulitzer. Muestra párrafos que se repiten en ambas novelas, líneas enteras con palabras exactamente iguales. Pero en Quartz dejan abierto el debate y no se posicionan.

La revista Slate habla con personas que llamaron a sus hijos Atticus. Ellos intentaban inculcar en sus pequeños la justicia que representaba el personaje ficticio. Hoy se sienten defraudados.

Supremacistas blancos en Estados Unidos… y en España

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Las autoridades federales y locales de EEUU han descubierto que Dylann Roof, acusado de matar a nueve personas en una histórica iglesia afroamericana en Charleston, había estado en contacto con grupos de supremacistas blancos en la Red, algunos con sección en España. 

Las autoridades federales y locales de Estados Unidos han descubierto que Dylann Roof, el chico blanco de 21 años acusado de asesinar a nueve afroamericanos en una iglesia de Carolina del Sur el pasado mes de Junio, había estado en contacto con grupos de supremacistas blancos en la Red, algunos con sección en España.

En el manifiesto online, supuestamente escrito por Roof, el joven afirma que el primer sitio web que fomentó su ideología supremacista fue el del Council of Conservative Citizens, el grupo nacionalista blanco más grande de EEUU. “Había páginas y páginas sobre ataques brutales de negros contra blancos… en ese momento me di cuenta de que algo estaba muy mal”, escribe el asesino de Charleston.  

Según un análisis del Southern Poverty Law Center, una organización no gubernamental de defensa de derechos civiles, Roof también podría haber sido un participante regular del foro neonazi Daily Stormer, ya que ciertas páginas del manifiesto de Roof son muy similares a unos comentarios publicados por uno de los usuarios en este grupo.

Por último, el propio Roof también ha sido relacionado con la página de supremacistas blancos más importante de Estados Unidos, Stormfront (que también cuenta con una sección en España). Aunque la conexión entre el asesino de Charleston y el foro online sigue sin estar clara, Don Black, el fundador de Stormfront y un ex líder del Ku Klux Klan en Alabama, comenzó a solicitar donaciones hace unos días para un fondo de defensa legal después de recibir una visita del FBI.

“La libertad de expresión de nuestros comentaristas está siendo atacada”, dijo recientemente en su programa de radio, aunque no especificó cuáles son los problemas legales a los que pueden enfrentarse. En el sitio web de Stormfront varios usuarios se han quejado en las últimas semanas de que la matanza de Charleston “les va a dar mala reputación” y que su comunidad online quiere la armonía racial, “solo que segregada”.

Éstas son las tres páginas de supremacía blanca relacionadas con el asesino de Charleston. En una conversación con el Southern Povery Law Center, la organización ha confirmado que estos tres grupos son algunos de los movimientos de supremacía blanca más influyentes de Estados Unidos.

Stormfront

Según la citada organización, Stormfront fue el primer gran foro de incitación al odio en Internet con cierta repercusión. El New York Times calcula que la website recibe unos 40.000 visitantes al día y es, por tanto, el espacio online de supremacistas blancos más popular del mundo. En mayo de 2015 contaba con más de 300.000 miembros registrados (aunque muchos menos siguen activos). Menos de la mitad de los visitantes viven en los Estados Unidos.

En un estudio del Southern Poverty Law Center, la organización de derechos civiles afirmó que una gran cantidad de usuarios de Stormfront han sido responsables de muchos de los crímenes de odio más letales desde que el sitio fue inaugurado en 1995. Sólo en los últimos cinco años varios de los usuarios de Stormfront han asesinado a casi un centenar de personas. El asesino más conocido es probablemente Anders Breivik, el terrorista de extrema derecha que mató a 77 personas en Noruega en julio de 2011. En el momento del crimen, Breivik llevaba tres años registrado de Stormfront.

Anders Breivik. Copyright: Flickr/Policía de Oslo

Los usuarios de ese foro dedican gran parte de su tiempo a lamentar la supuesta extinción de la raza blanca (o “genocidio blanco”, como lo llaman ellos) y a escribir larguísimos posts en los que declaran la superioridad de los blancos sobre negros y judíos. Una usuaria con el nombre de Bellatrix escribía en mayo de este año sobre la necesidad de informar a los jóvenes blancos del peligro de la mezcla de razas:

“Cuando hables con alguien sobre chicos o chicas, todo lo que tienes que hacer es plantar la semilla de ‘extinción blanca’ en su mente, y luego seguir con el tema de una manera amistosa”, aconseja esta usuaria.

En un extenso post titulado Entendiendo la mente del Negro, Parte III, el usuario Lord Jim afirma: “El negro es, y siempre será un gorrón y un ladrón. El negro es esa cosa que se esconde en la oscuridad y que intenta hacer lo menos posible. Aborrece cualquier tipo de trabajo productivo y busca la recompensa más fácil por el mínimo esfuerzo. El negro es una abominación del hombre y de la naturaleza y la antítesis de la civilización. En resumen, la mejor palabra para bestia es negro”.

Stormfront también cuenta con una sección para mujeres, donde se pueden encontrar fórums titulados Ladies, if it came down to it would you fight (Señoras, ¿si fuese necesario lucharíais?), How do you feel about non-white children (¿Cómo te sientes hacia los niños no blancos?) o Would you be willing to date a man that has been with a non-white woman (¿Estarías dispuesta a ir a una cita con un hombre que ha estado con una mujer no blanca?).

Esta preocupación por “la extinción blanca” también puede encontrarse en la website Stormfront España.  El esquema siguiente fue publicado en un foro titulado Genocidio blanco por el usuario Perrin.  

genocido blanco

Los negros no son los únicos a los que los usuarios de Stormfront culpan de la extinción de la raza blanca. En este foro titulado La aniquilación de la raza blanca: ¿propósito judío?, el usuario Navas de Tolosa escribe en un texto de casi 6.000 palabras: “El poder del judío para controlar al blanco mediante los medios es absolutamente enorme […] Mire la película de Disney ‘Pocahontas’ por ejemplo, que glorifica la unión interracial de un blanco y un indio. La película también menosprecia a la raza blanca como moralmente inferior”.

“Aunque parezca extraño, la razón principal por la que los judíos usan su poder para mezclar a la raza blanca es porque se sienten amenazados por el blanco, inteligente y culturalmente brillante”, afirma este mismo usuario.

El Español ha intentado ponerse en contacto con los moderadores de Stormfront España sin éxito.

Council of Conservative Citizens

La mención de Dylann Roof al Council of Conservative Citizens como influencia para su manifiesto ha sido objeto de gran controversia, ya que el presidente de esta organización ha donado miles de dólares a candidatos republicanos en los últimos años. Se trata del grupo nacionalista blanco más grande de Estados Unidos y en sus mejores momentos llegó a contar con 15.000 miembros.

Este grupo deja claro en su declaración de principios que se opone “a todos los esfuerzos de mezclar las razas” y que “Estados Unidos es un país cristiano y europeo”. La página web de la organización recopila casos de violencia de negros contra blancos y advierte: “Los taxistas y los repartidores de pizza están probablemente en mucho más peligro de ser asesinados mientras hacen su trabajo que los oficiales de policía. La mayor parte de estos asesinatos son por parte de negros a blancos y de negros a asiáticos”.

El sitio web también cuenta con numerosos vídeos que intentan demostrar esta epidemia de violencia contra los blancos. En este vídeo, la controvertida columnista y tertuliana Ann Coulter afirma que los inmigrantes ilegales son más peligrosos para Estados Unidos que ISIS, ya que “si no quieres ser asesinado por ISIS solamente hace falta que no vayas a Siria, mientras que si no quieres ser asesinado por un mejicano ya no sé qué decirte”.

El Council of Conservative Citizens ha condenado el ataque de Charleston ya que ellos “no apoyan la violencia”. Sin embargo mantienen que algunas de las ideas del manifiesto de Roof “son hechos correctos” y se han negado a disculparse por el contenido de su sitio.

Daily Stormer

El Daily Stormer es una mezcla de tablón de anuncios y comentarios sarcásticos neonazis cuyo fundador, Andrew Anglin, propuso el mes pasado construir una ciudad constituida  enteramente por blancos. A pesar de no tener la popularidad o los números de Stormfront o The Council of Conservative Citizens, este foro ha saltado a la fama tras las revelaciones del Southern Poverty Law Center de que Roof podría haber sido un participante regular en las discusiones de este grupo.

En un apartado titulado La guerra racial, los usuarios del foro suben vídeos sobre ataques por parte de ciudadanos negros, habitualmente acompañados por apelativos denigrantes.

(Troglodita negro enloquecido con enorme machete ataca a una mujer asiática, monstruo mestizo acusado de matar a su novia blanca en pedacitos).

El foro también cuenta con un apartado llamado El problema judío donde se recopilan artículos de la misma índole contra la comunidad judía.

El fundador de Daily Stormer ha declarado en un post que si Dylann Roof era participante del foro “hacía mucho que no comentaba” y que en Daily Stormer, al igual que en Stormfront y en el Council of Conservative Citizens no se permite incitar a la violencia. Solo a la segregación.

La raza (todavía) importa en Estados Unidos

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La raza (todavía) importa en Estados Unidos. Junio ha sido un mes trágico y difícil para la convivencia racial en el país norteamericano. En el espacio de 15 días, el asesinato de nueve personas afroamericanas en una iglesia de Charleston, la brutalidad policial en una piscina de Texas y la polémica desatada por la activista blanca que se hacía pasar por negra en Spokane han reabierto viejas heridas.

Vea el vídeo completo de la piscina de Texas.

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Barak Obama durante su alocución tras la matanza de Charleston.

Junio ha sido un mes trágico y complicado para la convivencia racial en Estados Unidos. En el espacio de 15 días, el asesinato de nueve personas afroamericanas en una iglesia de Charleston, la brutalidad policial en una piscina de Texas y la polémica desatada por la activista blanca que se hacía pasar por negra en Spokane han reabierto viejas heridas sobre la realidad racial en el país norteamericano. Allí, la raza (todavía) importa.

Activistas, escritores, medios estadounidenses y anglosajones y hasta el propio Barak Obama han participado en un debate que parece no tener fin: la realidad en la que viven los ciudadanos negros en Estados Unidos.

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Frente y perfil del presunto asesino de Charleston, Dylann Roof.

La matanza de Charleston

El 17 de junio de 2015 Dylann Roof, un chico blanco de 21 años, entró en una iglesia negra en Charleston y asesinó a nueve afroamericanos. Según un testigo que presenció los disparos, antes de abrir fuego el atacante exclamó: “Necesito hacer esto porque estáis violando a nuestras mujeres y estáis tomando el control de nuestro país”. Jamelle Boie explica en Slate cómo el miedo a que los negros violen a las mujeres blancas es utilizado desde el siglo XIX para justificar la violencia contra los afroamericanos. La bandera confederada, con la que el asesino tiene varias fotografías y que continúa izada en la capital de Carolina del Sur, ha sido objeto de controversia tras la matanza por ser un “símbolo de odio racial”. Este sábado una mujer negra trepó el mástil de 10 metros para remover esta bandera, un acto aplaudido por muchos aunque la bandera volvió a ser izada pocas horas después.

El ataque contra la iglesia afroamericana también ha reabierto el debate sobre cómo los medios cubren este tipo de tragedias cuando el asesino es un hombre blanco. La profesora de religión y estudios africanos de la Universidad de Pennsylvania Anthea Butler escribe en  The Washington Post que los medios americanos prefieren utilizar el término “lobo solitario” en vez de “terrorista” cuando se refieren a un asesino de raza blanca.

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Roof y la polémica bandera confederada.

“Si escuchas a los medios hablar sobre Dylann Roof puedes ver que no le llaman terrorista”, dice Butler en su artículo. “Cuando el crimen lo cometen negros o musulmanes, los medios rápidamente los caracterizan cómo terroristas o matones, y en seguida se pide algún tipo de respuesta o acción por parte de las personas que comparten su raza o religión. En cambio, cuando el asesino era blanco, los medios le caracterizan como “lobo solitario” y atribuyen sus acciones a algún tipo de enfermedad mental”. En un artículo para The New York Times, la escritora Brit Bennett afirma que cuando un terrorista es blanco la violencia de sus acciones nunca se achaca a su color de piel.

La cobertura de los medios ha sido abordada en un artículo en The Guardian. Según escribe el periodista freelance Roy Greenslade, varios periódicos británicos relegaron la noticia sobre los asesinatos de Charleston a un segundo lugar el día de la matanza. “¿Hubiesen tratado la historia de la misma manera si un hombre negro hubiese matado a nueva personas blancas en una iglesia?”, pregunta el periodista. Greenslade señala que el día de la masacre de Sandy Hook, el colegio donde 20 niños y 6 adultos fueron asesinados en 2012, la noticia salió en todas las portadas de todos los periódicos británicos.

El otro debate que esta tragedia ha reavivado es el derecho a las armas. En su alocución televisada después de la tragedia, Obama pidió nuevamente el control de armas: “En algún momento tendremos que darnos cuenta de que este tipo de violencia no ocurre en otros países”. En el servicio religioso por una de las víctimas del ataque que tuvo lugar este pasado viernes, el presidente de Estados Unidos emocionó a los asistentes con un discurso sobre el racismo y la violencia armada, que terminó con el presidente entonando el himno góspel Amazing Grace.

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Rachel Dolezal.

Rachel Dolezal quiere ser negra

Rachel Dolezal es de ascendencia alemana y checa, pero ella se considera negra. La activista y ex líder de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color en Spokane (Washington) saltó a la fama tras la revelación de sus padres de que su hija estaba fingiendo ser de una raza que no era. Según cuenta la familia Dolezal, Rachel se había hecho pasar por negra durante los últimos 10 años.

Algunas personas han defendido el derecho de la activista “a ser negra si ella quiere”. Otros, principalmente afroamericanos, han acusado a Dolezal de estar apropiándose de experiencias que no son suyas. Alicia Walters, una mujer negra que también vive en Spokane, escribe en un artículo para The Guardian que “la identidad negra no se puede poner como un par de zapatos”. “Ser una niña negra en Spokane significa estar aislada y ser rechazada. Mi proceso de convertirme en una mujer negra no tuvo que ver con ropa o con la textura de mi pelo sino con el trauma del rechazo y aislamiento de mi infancia”, afirma. “En cambio, Rachel solo tuvo que cambiarse el pelo para ser negra”.

Otro motivo de controversia que ha surgido a raíz de las declaraciones de los padres de Dolezal es el uso de la palabra “transracial”. Este término empezó a ser popular entre usuarios de Twitter para defender el derecho de la activista a ser de la raza que ella quiera. Según los defensores de este término, ¿si una mujer puede ser un hombre y viceversa por qué una persona blanca no puede ser negra?

Este argumento ha sido criticado por varios motivos. Kat Blaque, una popular vlogger transexual, ha dicho públicamente “que yo no estoy mintiendo sobre quien soy ahora. Llevé a cabo mi transición para ser quien realmente ahora y dejar de pretender ser alguien quien no soy. Rachel está viviendo una mentira.” Vanessa Urquhart afirma en un artículo de Slate que la gran diferencia entre una persona transexual y Dolezal es que “parece ser que las personas nacen con una determinada identidad de género mientras que la identidad racial no tiene ninguna base genética”.

Por último, la escritora Lisa Marie Rollins explica en el Huffington Post que el término “transracial” se utiliza en investigaciones académicas y trabajos culturales para definir a personas que han sido adoptadas por otra raza. Muchas de estas personas se han sentido ofendidas al ser comparadas con Dolezal.

Violencia policial en una piscina de Texas

El video de una joven afroamericana de 15 años siendo brutalmente arrestada por un policía blanco en una piscina de Texas ha recorrido el mundo entero. El policía arrestó a la adolescente Dajerria Becton y a sus amigos afroamericanos tras recibir una llamada de unos residentes blancos que se quejaban del comportamiento de los adolescentes. A pesar de que existen distintas versiones de cómo empezó la disputa entre los bañistas blancos y el grupo de jóvenes mayoritariamente negros, la brutalidad exhibida por el policía ha sido condenada por la mayor parte de la sociedad estadunidense.

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The New York Times describe la ciudad de McKinney como “una ciudad con grandes divisiones económicas y raciales”. En un artículo en The Atlantic, el periodista Yoni Appelbaum equipara lo sucedido en la piscina de de esta ciudad con la historia de segregación de las piscinas americanas. “Formalmente, la segregación legal es cosa del pasado. Sin embargo todavía existen divisiones marcadas”, escribe. El periodista explica que las piscinas han sido mayoritariamente privatizadas en las últimas décadas y normalmente se encuentran tras puertas cerradas en barrios lujosos. Lo que pasó en McKinney ocurrió en este contexto de privatización “donde los residentes esperaban poder controlar quien toma el sol o chapotea en la piscina con ellos”, dice Appelbaum.

La brutalidad del policía que agarró y empujó al suelo a la chica negra también ha sido criticada por Brittney Cooper en Salon: “Esto jamás habría ocurrido si la chica hubiese sido blanca. No existe un lugar donde la policía pueda arrastrar del pelo a una adolescente blanca en bikini, la tire al suelo y se arrodille encima de su cuerpo sin suscitar una indignación moral masiva”, dice Cooper. “Sin embargo, a las chicas negras no se las considera lo suficientemente femeninas para que su vulnerabilidad sea evidente. Frecuentemente son vistas como agresoras por la policía y por los ciudadanos simplemente por hacer cosas de adolescente”.

Arthur Chu escribe en The Daily Beast que la parte más reveladora del video es la
que no vemos: la raza de la persona que sujeta el móvil. “Brandon Brooks, el chico blanco que hizo el vídeo, va de un lado para otro con su móvil grabándolo todo sin que le pase nada. Brooks afirmó de hecho que durante el altercado se sintió invisible”.

“Prefiero a mi hijo lejos de aquí”

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El joven de la fotografía sobrevivió a tres encuentros difíciles con la policía de Filadelfia. Brandon Brown no tuvo la misma suerte: murió acribillado por varios agentes en un incidente similar a los de Ferguson o Baltimore. Ahora su madre busca justicia y un cambio en la conducta policial.  

Reportaje gráfico: Samantha Madera

El joven de la fotografía sobrevivió a tres encuentros difíciles con la policía de Filadelfia. Brandon Brown no tuvo la misma suerte: murió acribillado por varios agentes en un incidente similar a los de Ferguson o Baltimore. Ahora su madre busca justicia y un cambio en la conducta policial.  


Se llama Tome Ellistt y es uno de los millones de muchachos afroamericanos que viven en la ciudad de Filadelfia. Tiene 20 años y suele vestir con esos pantalones holgados que cuelgan mucho más abajo de la cintura. Para la foto posa muy serio. Le gustan las camisetas grandes de colores lisos y sus brazos y su cuello dejan adivinar un cuerpo repleto de tatuajes.

Tome cumple uno por uno con los estereotipos del joven afroamericano en Estados Unidos. Filadelfia no es Ferguson ni Charleston ni Baltimore. Pero Tome es consciente de que un día un encuentro con la policía podría terminar en una tragedia similar a la de Mike Brown, Walter Scott o Freddie Gray.

La primera vez que Tome se topó con un agente tenía 13 años. Su padre le había mandado a comprar comida a un restaurante chino. El establecimiento acaba de sufrir un atraco y dos policías blancos creyeron que el joven podía ser el ladrón. “No entendía nada de lo que sucedía”, recuerda. “Les decía: ‘Dejadme ir, dejadme ir. Por favor, llamad a mi padre. No tengo nada que ver’. Me hicieron muchísimas preguntas. Yo estaba agobiado. ¿Cómo puedes demostrar que no tienes nada que ver con algo si te están culpando a ti?”.

Antes de que volviera a casa, el nombre de Tome ya estaba en una de las bases de datos de la policía de Filadelfia. “Cuando era un adolescente y me paraban sin razón alguna, me enfadaba muchísimo”, me explica durante una protesta contra la violencia policial. “Me encaraba con los guardias como un loco y les decía: ‘¿Por qué me paráis? ¿por qué puta mierda me paráis ahora?'”.

A jóvenes como Tome un encuentro con la policía les puede ocasionar un despido por llegar tarde al trabajo. A Tome nunca le han golpeado aunque sí ha sufrido “empujones, burlas y zarandeos”.

“Ahora intento tomármelo de otra manera”, dice. “No quiero problemas con ellos”.

Un arresto arbitrario

Los encuentros de los que habla Tome tienen un nombre en inglés: stop-and-frisk. Una práctica policial según la cual un agente puede parar y detener a cualquier peatón si tiene la sospecha de que ha cometido un delito.

Muchas voces entienden que esta forma de actuar supone una violación de la Cuarta Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que asegura el derecho de los ciudadanos a estar a salvo de aprehensiones arbitrarias. Pero sus defensores recuerdan que está respaldada por una decisión del Tribunal Supremo, cuyos jueces fallaron en 1968 a favor de que la policía pudiera hacer registros sin ningún indicio previo.

Según un informe de la Unión Estadounidense por los Derechos Civiles, el 37% de las 200.000 paradas de la policía de Filadelfia se hicieron sin alguna sospecha razonable. El único indicio era el color de la piel del sospechoso. Ocho de cada 10 las sufrieron hispanos y afroamericanos, que apenas representan el 54% de la población.

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El peor encuentro de Tome Ellistt con la policía sucedió cuando tenía 16 años y volvía en tren desde el centro con su novia. Habían pasado la tarde en The Gallery, un centro comercial que fue durante décadas el punto de referencia de los adolescentes afroamericanos de la ciudad.

“Vimos una gran pelea y pensamos que lo mejor era marcharnos”, explica.

Ya en el tren, unos agentes le abordaron y le acusaron de haber tomado parte en la pelea. Fue el segundo error policial que sufrió Tome. El tercero ocurrió hace unas semanas, cuando entró en una tienda de DVD con la capucha puesta y los agentes creyeron que estaba robando.

El origen del mal

“¿En qué momento los afroamericanos pasamos a tener que ser protegidos por la policía para convertirnos en su objetivo?”, se pregunta Tome en este día de primavera. El origen podría estar en las cuotas de detención exigidas en los departamentos de policía, que obligan a los agentes a cumplir con un número de personas a las que paran aunque no exista un motivo aparente.

Con la intención de evitar que los chicos se metan en problemas, padres y madres e incluso organizaciones comunitarias ponen un empeño especial en educarles para los encuentros con la policía. Se les recuerda que tienen derecho a permanecer en silencio. Se les dice que respondan de forma calmada y educada pero se les anima también a que graben a los agentes si consideran que sufren un abuso.

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La activista Tanya Brown. Su hijo murió por los disparos de la policía de Filadelfia. / SAMANTHA MADERA

Nada de esto le sirvió al hijo de Tanya Brown. Se llamaba Brandon y murió por los disparos de unos policías. Los agentes detuvieron su coche de madrugada junto a su casa el 15 diciembre del año pasado. “Yo sé que mi hijo se quejó”, dice su madre. “Pero también sé que él no quería hacer nada que le llevase cárcel”.

Nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrió después. Los policías aseguran que dispararon a Brandon después de un forcejeo cuando intentó alcanzar un arma de fuego que llevaba dentro del coche. Su madre denuncia la existencia de un vídeo en el que se ve que Brandon no recibe el disparo al lado de la puerta sino mientras se encuentra en la parte trasera del vehículo.

La familia rechaza la decisión del fiscal de exonerar a los agentes y pide a las autoridades que hagan públicas las imágenes que dejan clara la violencia policial. “No era necesario que mi hijo falleciese”, apunta la madre del joven. “Brandon recibió una bala mortal en la nuca. No le dieron ninguna oportunidad”.

Tanya ha presentado una denuncia por homicidio contra el Ayuntamiento de Filadelfia. Pero su intención es que se convierta en una demanda colectiva. “Ahora soy activista por lo que me ha sucedido pero sé que habría estado aquí también si no hubiera pasado nada”, me dice este jueves durante la manifestación en apoyo de la comunidad afroamericana de Baltimore.

Ocurrió en Ferguson con los padres de Mike Brown y ha ocurrido también en Filadelfia: Tanya se ha convertido en una líder comunitaria. Vive ese nuevo rol con una resignación agridulce. Quiere justicia para Brandon pero también quiere que eso suponga un cambio para quienes sufren una persecución similar. “Me gustaría que todos se sientan seguros en Filadelfia”, dice. “Me gustaría que las madres afroamericanas no se sientan angustiadas si sus hijos se retrasan al volver a casa”.

59 heridos en seis años

La familia de Brandon pide una compensación económica pero también reformas en la policía local. Sus letrados echan mano de unas sugerencias del Gobierno federal, que analizó los casos de las 400 personas que habían sido disparadas por agentes de Filadelfia entre 2007 y 2013.

Cincuenta y nueve de esas 400 personas estaban desarmadas cuando las dispararon. En la mitad de estos casos, los agentes apretaron el gatillo porque se equivocaron al identificar como una amenaza un gesto como agarrarse de los pantalones o coger un teléfono móvil.

El Gobierno federal concluyó entonces que los policías no estaban bien formados: nadie les había explicado que el temor por sus vidas no justifica por sí solo el uso de la fuerza letal. El informe criticó también la incoherencia y la impuntualidad de las investigaciones. La policía de Filadelfia aparece como una institución fracasada y disfuncional.

Detalles como el viaje en furgoneta que le costó la vida a Freddie Gray en Baltimore tras golpearse en su interior y romperse la columna son harto conocidas en la ciudad, como denuncia en su blog Christopher Sawyer, candidato republicano a sheriff.

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El Ayuntamiento de Filadelfia afronta varias denuncias contra agentes que podrían haber falseado pruebas. Pero el cuerpo se ha mostrado incapaz de deshacerse de quienes han demostrado no estar preparados para enfrentar su responsabilidad como deben. Al menos 19 agentes han sido readmitidos después de ser despedidos por violencia doméstica, por trabajar borrachos o drogados o por algún caso de brutalidad.

Tanto Tanya Brown como Tome Ellistt están de acuerdo en que los policías convierten a Filadelfia en una ciudad peligrosa para los jóvenes afroamericanos.

Brandon tenía un hermano pero ya no vive aquí. Tanya decidió que debía abandonar la ciudad por lo que le pudiera ocurrir. Tome tiene un bebé que vive con su madre en el estado vecino de New Jersey: “Aún es pequeño pero no sé cómo decirte. Prefiero a mi hijo lejos de aquí”.