Así fue la guerra de banderas en el Ayuntamiento de Barcelona

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Alberto Estévez / Efe

Durante el día grande de Barcelona y a tan sólo tres jornadas para las elecciones autonómicas del 27S, en el Ayuntamiento de la ciudad Condal se han vivido momentos de máxima tensión después de que el Partido Popular intentase desplegar una bandera española como respuesta al insólito gesto de ERC al colgar una estelada desde el balcón del edificio. EL ESPAÑOL reconstruye el tenso momento e identifica a los políticos implicados.

Durante el día grande de Barcelona y a tan sólo tres jornadas para las elecciones autonómicas del 27S, en el Ayuntamiento de la ciudad Condal se han vivido momentos de máxima tensión después de que el Partido Popular intentase desplegar una bandera española como respuesta al insólito gesto de ERC al colgar una estelada desde el balcón del edificio. EL ESPAÑOL reconstruye el tenso momento e identifica a los políticos implicados.

1. Alfred Bosch (ERC) despliega una ‘estelada’.uno

Durante la celebración de la Fiesta de la Mercè, el pleno del Ayuntamiento de Barcelona observa una plaza de Sant Jaume repleta de ciudadanos, cuando el portavoz de ERC, Alfred Bosch despliega una estelada ante la mirada del Gobierno local. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y su número dos, Gerardo Pisarello, animan al concejal de esquerra republicana. Todo ello ante la atenta mirada del presidente de la Generalitat, Artur Mas, -a la izquierda de la imagen-. 

2. El PP intenta colgar la bandera española.

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Minutos después aparece en escena el concejal del Partido Popular Alberto Fernández con una bandera española en sus manos y con la intención de desplegarla ayudado de su compañera de corporación Ángeles Esteller. Es entonces cuando Pisarello intenta impedírselo a Fernández mientras que Colau decide quitarse del primer plano y colocarse detrás del foco del conflicto. Bosch y Juan Puigcorbé, también concejal por ERC, sonríen ante los momentos de tensión. 

3. Bandera española desplegada…unos segundos.

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Los dos concejales ‘populares’ consiguen finalmente desplegarla a la vez que Bosch comienza a pedir calma ante la pitada de una parte de los congregados en la plaza del Ayuntamiento. En esos momentos, el número dos de Colau pasa de evitar el despliegue a observar (y escuchar) cómo reaccionan los catalanes reunidos. 

4. Artur Mas sonríe ante la tensión generada.

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No más de cinco segundos es el tiempo que está colgada la bandera del Ayuntamiento -mientras que la estelada sí sigue desplegada en todo momento-. Pisarello tira de ella y Fernández desiste en el intento. Es ahí cuando el presidente de la Generalitat pide calma con sus manos pero de su cara no se borra una media sonrisa. 

5. Los partidos reaccionan ante “la situación lamentable”.

  • Ada Colau (Barcelona en Comú): “Sabe mal que se intente utilizar electoralmente, porque a nadie se le escapa que estamos en los últimos momentos de campaña” de las elecciones catalanas.
  • Gerardo Pisarello (Barcelona en Comú): “No me esperaba esta escena en el balcón del Ayuntamiento en mitad de las fiestas de la Mercè. Me ha salido mi alma republicana”.
  • Xavier Trías (CiU): “No tiene sentido hacer según qué espectáculos y según qué números”.
  • Alberto Fernández (PPC): “Un día se promueve un escarnio a la Corona, otro se exhiben banderas independentistas, y mientras los demás a callar. Pues se ha acabado la broma”.
  • Alfred Bosch (ERC): “Esperamos que, a partir de los resultados sin duda espectaculares del 27S, estas muestras de reivindicación ya no sean necesarias”.
  • Carina Mejías (Ciutadans): “Es una situación lamentable. Los actos oficiales deben ser actos festivos y en los que todos los ciudadanos se sientan representados”. 
  • Jaume Collboni (PSC): Lamenta la “guerra de banderas”, el balcón del Ayuntamiento es para “compartir independientemente de la ideología política”.

6.Los protagonistas de la tensión al detalle.

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7. Las reacciones fuera del balcón.

 

Un afrancesado a la sombra de Pablo Iglesias

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Lluís Rabell encabeza la lista de izquierdas de Catalunya Sí Que u Pot, que incluye a Podemos, ICV, EUiA y Equo. Amante de la ‘chanson’ francesa y ligado desde siempre a los movimientos de extrema izquierda, lucha por hacer oír su voz en una campaña polarizada por el proceso soberanista.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Lluís Rabell encabeza la lista de izquierdas de Catalunya Sí Que es Pot, que incluye a Podemos, ICV, EUiA y Equo. Amante de la ‘chanson’ francesa y ligado desde siempre a los movimientos de extrema izquierda, lucha por hacer oír su voz en una campaña polarizada por el proceso soberanista.

En julio de 2015 Josep Lluís Franco Rabell (Barcelona, 1954) recibió un ultimátum telefónico. Entonces presidía  la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB) y se encontraba reunido en una junta de ese organismo. Desde la candidatura de Catalunya Sí Que es Pot (CSP) le dijeron que no tenía más tiempo para pensar. Debía decirles urgentemente si aceptaba ser el número uno de la lista de su formación.

Rabell era consciente de que no era ni el primero ni el segundo plato. Era la tercera o cuarta opción de los responsables de la lista y ya había rechazado la oferta en una ocasión. Su intención era seguir donde estaba y terminar su mandato al frente de la FAVB. Según explica, se decidió a presentarse por unas palabras de Artur Mas que hicieron que le hirviera la sangre.

Todo el movimiento que ha habido en la política catalana de los últimos 4 o 5 años ha venido por la enorme movilización del movimiento soberanista. ¿Y quién se está agrupando para el 27-S? El mundo del ‘Sí se puede’. (minuto 59 de este vídeo)

“Ese posado arrogante, de niño de casa buena, presentándose como el adalid de Cataluña y hablando con tono de menosprecio me hizo sentir realmente irritado”, rememora Rabell. Al colgar el teléfono consultó con los miembros de la junta de la FAVB. Algunos le dijeron que tirara hacia adelante. Otros, pensando en la pérdida que significaba para la entidad, optaron por no opinar.

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Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Una lista a contrarreloj

Quienes estuvieron en la mesa de negociaciones entre los partidos para elegir quién encabezaba la lista de CSP describen el proceso como “muy duro”. Agosto se echaba encima y todavía no tenían candidato. Las prisas hicieron que lo que tenía que ser una candidatura de base se acabara pareciendo más a un mero acuerdo entre partidos.

Podemos quería que el candidato fuera Albano Dante, el periodista que había ganado las primarias del partido. ICV apostaba por Joan Coscubiela, hasta entonces diputado en el Congreso. El partido Procés Constituent, que finalmente se cayó de las negociaciones, optaba por la monja progresista Teresa Forcades, pero su figura generaba muchos recelos. Al final se llegó a la conclusión de que lo mejor era designar un candidato independiente.

Se barajaron varios nombres. La principal apuesta era el economista Arcadi Oliveres. También se contempló la posibilidad de escoger a la periodista de El País Milagros Pérez-Oliva e incluso al televisivo Jordi Évole. Pérez-Oliva y Évole no se subieron al barco. Oliveres aceptó en un primer momento, pero después de consultarlo con Procés Constituent reculó alegando motivos de salud.

Sólo entonces se le ofreció el puesto a Rabell.

Marc Bertomeu, secretario general de Podemos en Barcelona, cuenta que Rabell se había ofrecido antes “para lo que hiciera falta”. Pero recuerda que les advirtió que no era ni Ada Colau ni Pablo Iglesias. “Voy a necesitar mucha ayuda”, les dijo.

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Un vecino más

“Presentarse a una lista a este nivel no estaba en el esquema mental de Rabell”, explica Joan Maria Solé, actual vicepresidente de su federación de asociaciones de vecinos. Solé cree que accedió a liderar la formación porque consideró que en ese momento se le necesitaba. He hablado con una docena de personas en el entorno de Rabell y todas coinciden en señalar que si le llegan a contar hace un año dónde estaría ahora no se lo habría creído.

Toda la gente que ha trabajado con él resalta su capacidad de diálogo y de generar consensos, fruto de trabajar en un movimiento como el vecinal, en el que se deben aunar distintas sensibilidades. “Es experto en acercar posiciones y buscar compromisos”, cuenta Joan Subirats, catedrático de Ciencia Política y uno de los impulsores de la candidatura de Ada Colau a la Alcaldía de Barcelona. 

En la federación de asociaciones de vecinos todos hablan muy bien de Rabell y resaltan la pérdida para la entidad que supuso su marcha. “Ha sido de los presidentes más carismáticos que hemos tenido”, dice Solé.

Como nota negativa, algunos cuentan en privado que peca de vehemencia y mal carácter cuando hay algo que no le gusta. También mencionan cierta seguridad que a veces parece impostada. “Es imposible que una persona delante de un reto como éste no presente dudas e inquietudes”, cuenta Bertomeu. “Rabell se lo queda todo para él”.

A Rabell se le ve muy cómodo en los mítines y actos de calle. Habla bien en público y tiene cierto carisma a la hora de articular sus discursos y relacionarse con la gente. En algunos mítines incluso se ha soltado y se le ha visto cantar.

 

Los allegados de Rabell explican que su pasión por cantar es compartida. Rabell toca la guitarra y forma un dueto de chanson francesa junto a su pareja, Sylviane. Cuentan que el candidato incluso compone algunas canciones y que ha actuado junto a su mujer en alguna ocasión.

Donde no se le ve tan cómodo a Rabell es en las entrevistas y en los debates televisados. No acostumbra a mirar a los ojos cuando responde y en algunos de los debates se le ha visto un poco ausente. “Es una persona que viene del mundo reivindicativo. No está acostumbrado a tener oposición a su discurso porque él siempre ha sido el opositor”, explica una persona de su entorno que prefiere no desvelar su nombre.

Años clandestino

En 1974 Rabell era un estudiante de Filosofía y Letras y de Ciencias Económicas en la Universidad de Barcelona. Militaba activamente en su universidad a través de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), de carácter trotskista, bajo el pseudónimo de Gerard. Un encargo de la organización le obligó a dejar los estudios y trasladarse a París.

Rabell no quiere explicar qué fue a hacer a la capital francesa durante tres años. “Como fue una petición clandestina de un grupo ilegal, entenderás que no lo quiera revelar”, contesta. “La vida del revolucionario, sobre todo durante la juventud, está llena de episodios interesantes cuyos detalles no tienen por qué explicarse”.

He hablado con varias personas que durante el tardofranquismo y durante la Transición militaron en la LCR y en la Liga Comunista (LC), una organización también trotskista que se escindió de la primera. Muchos de ellos hoy ocupan cargos de responsabilidad en grandes compañías, organizaciones empresariales o partidos y la mayoría de ellos no han querido que les cite en este perfil.

Todos coinciden en que el papel de Rabell en esos años era ejercer como enlace entre organizaciones, confeccionar y distribuir propaganda y tal vez infiltrarse en otras formaciones de izquierda de la época.

Los consultados describen a los miembros de la LCR y la LC como el sector más duro de la disidencia franquista en la universidad. “Nosotros éramos los de los cócteles molotov”, explica Josep Maria Rañé, exconsejero de Trabajo e Industria en el Gobierno del tripartito y exmilitante de la LC. “Abogábamos por el estilo de guerrillas mientras que los del PSUC eran más moderados en este aspecto”. Un exmiembro de la LCR que ahora tiene un cargo en el PSC también cuenta que en la LCR había cierta ambigüedad respecto al terrorismo de ETA. “Eran otras épocas”, añade.

A Rañé no le sorprende que a Rabell le mandaran dejar los estudios e irse al extranjero. “El concepto de militancia era duro. Te podían pedir cualquier cosa una vez estabas dentro”, explica. “Vi a mucha gente dejar los estudios e irse a trabajar a la obra sólo para organizar allí el frente obrero”.

En Francia Rabell hizo primero trabajos de traductor. Luego se licenció en Traducción e Interpretación en Montpellier. Su mujer es francesa y sus dos hijos nacieron en Francia. Al volver a Barcelona en 1987, Rabell se dedicó a Talleres Franco, su empresa familiar dedicada al mármol. La empresa cerró víctima de la crisis inmobiliaria durante el año 2010.

Desde su vuelta a Barcelona, Rabell formó parte de la Asociación de Vecinos de la Esquerra de l’Eixample y militó en partidos de extrema izquierda como el Partido Obrero Revolucionario (POR) y Revolta Global. Entre 2012 y 2015 presidió la FAVB.

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El azote de Trias

Durante los años al frente de la FAVB, Rabell se convirtió en uno de los grandes opositores a las políticas del alcalde de Barcelona, Xavier Trias (CiU).

Su mandato al frente de la entidad se caracterizó por un control férreo de la gestión municipal y por las críticas de muchos vecinos al modelo turístico de la ciudad. Rabell apoyó la movilizaciones vecinales en los barrios de la Barceloneta y la Sagrada Familia en contra del turismo y colaboró con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y con varias ONG. La entidad también impulsó una querella colectiva contra la familia Pujol después de que el expresidente de la Generalitat reconociera que había defraudado al fisco.

Después de unos meses de fuerte movilización vecinal en contra del alcalde, Trias insinuó en una entrevista en El Periódico que Rabell creaba agitación entre los ciudadanos para desgastar a su Gobierno ante un inminente salto a la política.

Los estatutos de la FAVB establecen que ningún miembro de la junta puede ir en una lista electoral. Rabell no estaba en ninguna candidatura pero participó activamente en la creación de Guanyem, el germen de la plataforma que al cabo de unos meses arrebataría la alcaldía a Trias. “Entre bastidores hacía lo que podía”, reconoce Rabell, que desliga esta actividad de su cargo al frente de la federación.

Las acusaciones de Trias y la actividad de Rabell generaron cierto recelo en la FAVB, que vio cómo su independencia se ponía en entredicho. La junta obligó a Rabell a enviar una carta a El Periódico dirigida a Trias. En el escrito Rabell aseguraba que “no formaría parte de ninguna lista en las siguientes elecciones [municipales] ni en cualquier otro tipo de comicios”.

Al cabo de un año Rabell fue presentado como candidato a la presidencia de la Generalitat.

El entorno de Trias no ha querido hacer ningún comentario sobre la disputa entre Rabell y el exalcalde para este reportaje.

La ausencia de Colau

Rabell no esconde que participó en la gestación del germen de la candidatura de Ada Colau mientras presidía la FAVB. Describe reuniones con Joan Subirats, con Ada Colau y con su segundo Gerardo Pisarello. “Cualquier proyecto político necesita lo que se llama cocina y yo estuve en la cocina”, explica.

“No se implicó personalmente pero sí que aportó muchas ideas”, recuerda Subirats.

Colau, sin embargo, no se ha significado a favor de Rabell, con quien le une una estrecha relación personal.  Las distintas sensibilidades respecto al soberanismo han impedido que le apoyara públicamente. “Guanyem es plural”, dice Subirats. “Dentro hay independentistas que pueden ser más próximos a la CUP”.

Los miembros de CSP consultados coinciden en que el apoyo de una figura como Colau habría sido determinante para una candidatura que no acaba de despegar en las encuestas. Rabell no esconde su decepción pero pide comprensión. “Hay que comprenderla y respetarla”, se lamenta. “Tenemos una buena alcaldesa, no la quememos antes de hora”.

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El problema de la independencia

La postura sobre el debate soberanista de CSP ha situado el partido en tierra de nadie. No están en el bloque soberanista pero tampoco se sienten cómodos en el bando unionista. Su postura es fiarlo todo a que Podemos gane en las generales de diciembre y permita un referéndum pactado.

Cuando entré a la entrevista con Rabell en la sede de ICV, me crucé con los presidentes de las dos grandes organizaciones independentistas: la ANC y de Òmnium. El calendario marcaba el 3 de septiembre y todavía se especulaba con la presencia de CSP en los actos de la Diada. En la mesa de la sala de reuniones quedaban bocetos con diferentes propuestas para situar a Rabell y a los suyos en el acto sin que se sintieran incómodos. En esa reunión, sin embargo, se decidió que el partido no estaría representado en la Meridiana.

“Se nos usa por un lado y por el otro. No puedo ceder a este chantaje de Mas”, se quejaba entonces Rabell. “Aun así hemos quedado que el 28 de septiembre nos sentaremos otra vez [con Òmnium y la ANC] porque habrá que hablar muchas cosas”.

El candidato de CSP, que votó Sí-Sí en la consulta del 9N, asegura que 2015 es el primer año que no participa en la Diada. “Yo ya iba antes de que las manifestaciones fueran masivas, cuando nos reuníamos cuatro gatos por la tarde”. La gente que acudía a esas manifestaciones recuerda cómo ahí sólo se juntaba la izquierda independentista más radical. A las juventudes de ERC se las había llegado a expulsar de la movilización en alguna ocasión porque se consideraba que sus miembros estaban demasiado cerca del establishment nacionalista.

Rabell asegura que no es independentista. Algo que desde el PP y C’s se le ha reprochado continuamente durante la campaña. “Soy soberanista, que es distinto. Creo en la autodeterminación de los pueblos”, matiza.

Otro aspecto que le reprochan es que cambiara su nombre de Josep Lluís Franco Rabell a Lluís Rabell escondiendo su primer apellido: Franco. “No me avergüenzo de mi apellido”, replica, “llevo muchos años firmando mis traducciones con el segundo en honor a mi abuelo materno, que fue quien me crió”.

Rabell se enmarca en el federalismo pero asegura que CSP también es una lista soberanista. En un artículo publicado en 2009 en la revista Viento Sur Rabell escribía esto:

Defendemos sin ambigüedad la perspectiva de una República Catalana: la realidad nacional del país y lo prolongado de la injusticia a que se ha visto sometido hacen insoslayable una salida basada en el pleno ejercicio de la soberanía democrática. A partir de ahí, cabe decir que ni somos independentistas ni estigmatizamos la soberanía democrática

En ese texto Rabell se desmarcaba del discurso que liga el nacionalismo con la burguesía catalana.

Conviene huir de cierto “jacobinismo” -muy extendido incluso en la extrema izquierda- que, cuando no puede negar la problemática nacional, la aborda como un engorroso vestigio del pasado o como una inevitable concesión de veleidades culturales de la “pequeña burguesía”.

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El gran desconocido

A Rabell se le considera un clásico del movimiento reivindicativo barcelonés. Fuera de este ámbito, no obstante, es un gran desconocido. Lo avala una larga trayectoria ligada a las luchas sociales, pero muchos ciudadanos no lo conocen a falta de menos de una semana para las elecciones.

“La poca trayectoria desde que se convierte en dirigente vecinal [en 2012] hasta que es candidato es uno de sus principales defectos”, explica Subirats.

“Es un hecho objetivo: soy desconocido”, reconocía Rabell al principio de la campaña. “Me tocará picar mucha piedra”.

En una era en que las campañas también se juegan en las redes sociales, Rabell pierde la partida en Internet. En el momento en el que escribo este perfil apenas tiene 7.300 seguidores en Twitter. Sólo Ramon Espadaler (Unió), tiene menos seguidores. Colau tenía unos 220.000 cuando lanzó su candidatura a la alcaldía de Barcelona.

Este desconocimiento también se aprecia en los mítines y actos de campaña, donde Rabell se ve eclipsado por Pablo Iglesias. En todos los actos a los que he asistido he podido apreciar cómo los corrillos y las peticiones de selfies y besos se dirigen a Iglesias o incluso a Íñigo Errejón.

Todos los consultados reconocen que la falta de tiempo y una precampaña en pleno agosto han jugado en contra de CSP. La gente no conoce a su candidato y en ocasiones ni siquiera la marca con la que se presenta. “El mayor problema que tendremos el 27-S es que la gente sepa cuál es la papeleta de Podemos”, ironiza en privado un miembro de ICV.

Cuatro lecciones de la Diada más electoral

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Los comicios del próximo 27 de septiembre han sobrevolado este viernes la celebración de la Diada catalana. Repasamos los aspectos más relevantes que nos ha dejado el primer 11 de septiembre en el que las esteladas han convivido con los carteles de la campaña electoral.

Gráfico: Joaquín Vera

A diferencia de las últimas Diadas, Barcelona no se levantó este viernes sólo con señeras y esteladas en la calle. Al habitual océano de banderas que impregna la ciudad cada 11 de septiembre se le sumó la cartelería electoral, que inunda las marquesinas, las farolas, los autobuses y las paradas de metro de la ciudad.

A primera hora de la mañana convivían en la calle los primeros catalanes llegados de provincias para asistir a la manifestación con los trabajadores de empresas de cartelería que terminaban una noche de infarto en la que no han parado ni un segundo. “Me voy a dormir un rato y luego supongo que a la mani”, explicaba a las nueve de la mañana Roldán Cortés, catalán de origen suramericano mientras esparcía pegamento encima de un cartel de Xavier García Albiol en el barrio de Gracia.

Es innegable que las próximas elecciones del 27 de septiembre han planeado sobre esta Diada. A pesar de que ni la ANC ni Òmnium han querido dar a la manifestación ningún carácter electoral, entre los manifestantes se percibían muchas ganas de ir a votar en los próximos comicios. Las declaraciones al final del acto también han incluido referencias veladas a las elecciones. A continuación repasamos cuatro lecciones que nos ha dejado la Diada más electoral.

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1. El suflé apenas se desinfla

En los últimos meses se percibía en Cataluña cierto desasosiego con respecto al proceso soberanista. Después de tres años de movilizaciones masivas y de ver que casi no se apreciaban avances, un sector del soberanismo temía que la movilización de esta Diada no llegara al nivel de la de los años anteriores. La negativa a asistir a la Vía Lliure de una parte de la izquierda que hasta ahora había participado en actos como éste tampoco hacía esperar un lleno total.

El soberanismo, sin embargo, ha hecho otra demostración de fuerza llenando la Meridiana. Según la Guardia Urbana, asistieron 1,4 millones de personas. Según la Delegación del Gobierno, apenas medio millón.

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Gráfico: Joaquín Vera

A pesar del descenso y del baile de cifras al que asistiremos durante los próximos días, muchísima gente se ha agolpado en los más de 5 kilómetros de esta gran calle barcelonesa e incluso muchos no han podido asistir porque han quedado bloqueados en el metro. La celebración, un año más, se ha dado en un clima totalmente festivo, pacífico y sin incidentes.

2. El recado de la ANC a los corruptos

Al terminar el acto intervino Quim Torra, presidente de la asociación Òmnium Cultural. También Gabriel Rufián (miembro de Súmate) y Jordi Sànchez, presidente de la ANC.

La intervención de Sànchez ha sido la más jaleada y celebrada por los asistentes. Ante los diversos casos de corrupción que han aparecido durante los últimos días, Sànchez ha lanzado un dardo tanto a Artur Mas y Convergència y a los que consideran que los soberanistas tienen una venda en los ojos con respecto a la corrupción. “Quienes estamos aquí en la Meridiana no somos ni corruptos ni corruptores”, ha dicho. “Queremos un país libre de corrupción, limpio y transparente”.

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3. La ausencia de Mas y de Colau

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha mantenido la incógnita sobre su asistencia a la movilización hasta el último momento. A diferencia de las manifestaciones de los últimos años, a las que no asistió debido a su papel como president de la Generalitat, Mas barajó la posibilidad de asistir este año justificando que es también candidato electoral.

Unas horas antes del inicio, Mas anunció que no estaría en la movilización. Sí recibió, sin embargo, a los organizadores del acto -ANC y Òmnium Cultural- en el Palau de la Generalitat para expresarles su apoyo.

Tampoco ha asistido a la movilización la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que anunció hace 10 días que no participaría en la manifestación debido a la identificación de la movilización con la opción electoral de Junts Pel Sí. Colau, no obstante, ha pedido hoy al Gobierno español que ponga “voluntad política” para permitir un referéndum.

4. Guiños en castellano

Desde el principio del proceso soberanista, los promotores y partidarios de la independencia han hecho un esfuerzo considerable para proyectar un mensaje inclusivo que seduzca a los ciudadanos de origen español, a los extranjeros y a los catalanes castellanohablantes.

Más allá de la intervención en castellano del miembro de Súmate Gabriel Rufián (ha recordado ser “hijo y nieto de andaluces”), los demás oradores también han lanzado guiños a este colectivo. “Este país lo construiremos con toda la gente que vive aquí y con toda la gente que quiera venir aquí. Nunca hemos preguntado donde hemos nacido ni cómo nos llamamos ni qué lengua hablamos. Somos un solo pueblo y nadie nos fracturará”, ha dicho el líder de la ANC, Jordi Sànchez, a una multitud entusiasmada.

Para acabar, antes de que sonara el himno catalán de Els Segadors, un grupo ha interpretado una versión del tema Gitana Hechicera de Peret en la que se decía “Cataluña tiene el poder”.

 

Diccionario satírico burlesco (I)

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Este glosario cargado de mordacidad nos ayuda a comprender la realidad que vive hoy la sociedad catalana. Sus definiciones son fogonazos que iluminan la trastienda del proyecto secesionista.

El ‘Diccionario satírico burlesco’ que a partir de hoy y en 15 entregas ponemos en sus manos, querido lector, pretende emular al célebre ‘Diccionario crítico-burlesco’ que Bartolomé José Gallardo publicó hace algo más de dos siglos en Cádiz, en plena Guerra de la Independencia. El ilustrado español eligió la fórmula del sarcasmo para arremeter contra la Iglesia, a la que veía como enemiga del ideario liberal.

Anna Grau, periodista gerundense de reconocida trayectoria dentro y fuera de Cataluña, nos ayuda a comprender a través de este diccionario cargado de mordacidad la realidad que vive hoy la sociedad catalana. Sus definiciones son fogonazos que iluminan la trastienda del proyecto secesionista. Gallardo fue encarcelado por sus ataques al clero y, su libro, retirado. Grau se enfrenta también a la ‘religión’ imperante hoy en Cataluña, pero por fortuna no hay riesgo de que ni ella ni su obra corran la misma suerte. 

Ada Colau

Alcaldesa de Barcelona que según determinadas fuerzas vivas va a durar lo que un iPhone a la puerta de un colegio y por eso conviene ir dándole cobertura y cuerda para que ella misma se ahorque… Hay que dejarle hablar del top manta, no ir a misa por la Mercè, descolgar los retratos de los Borbones… Los que en cambio se la toman en serio subrayan su activismo inteligente y su habilidad para empalmar sujeto, verbo y predicado, talento bastante inaudito, para qué nos vamos a engañar, en la clase dirigente de los últimos 25 años. Un político de por aquí que sabe hacer la O con un canuto al primer intento es un mutante al que casi todo le está permitido. Por ejemplo, llegar al poder municipal a lomos de Podemos y de un espesito gazpacho progre lleno de tropezones históricamente antinacionalistas -cuando el nacionalismo catalán era considerado burguesazo y de derechas, y el independentismo una carlinada de payés- y, una vez allí, tomarse un chinchón con Artur Mas y descubrir que el famoso dret a decidir no está tan mal; total aquí nunca pasa nada, y mientras hay cera y arde, las elecciones las puede ganar cualquiera.

Albert Rivera

Ya le empiezan a llamar el Ausente, con ánimo de matar así dos pájaros de un solo tiro: ponerle verde por irse de candidato a la presidencia de España, dejando encabezar el cartel de Ciutadans para el 27-S a la por lo demás muy sísmica y muy perturbadora Inés Arrimadas, y compararle con José Antonio Primo de Rivera (del que no es familia), que eso siempre jode. A Albert Rivera se le puede ver como el superdotado -¿recuerdan su mítico cartel electoral en pelotas?- de la única política española que se hace sin complejos en Cataluña o como el Pepito Grillo de los partidos constitucionalistas que, pasado el frente del Ebro, llevan décadas disfrazados de indios con la excusa de que aquello es territorio comanche y otra cosa no se puede. ¿Panda de cobardes o de gandules? De momento a Rivera algunos intentan desmerecerle en España por catalán, mientras otros le mandan por correo balas dedicadas por español. Que siga la fiesta.

ANC

Assemblea Nacional Catalana. Réplica a lo que en otras épocas (que no en otros sitios) se conoció como el Movimiento Nacional. Antes de que nadie ponga los ojos en blanco o se sulfure: fue Jordi Pujol en persona, en carne presidencial y mortal, el primero en afirmar que él no aspiraba tanto a liderar un partido político (que sólo dan disgustos) sino un movimiento. Algo más impreciso y magmático… que no necesariamente menos controlable. La ventaja de los movimientos, asambleas, primaveras árabes, etcétera, es que siempre parece que van de abajo arriba, que encarnan la voz verdadera, el trino más puro del pueblo, cuando lo cierto es que ni quemándose a lo bonzo el susodicho pueblo conseguiría jamás salir en TV3 de no tener un encendido apoyo institucional. El poder pone y llena autocares, reparte estelades y bocadillos, confisca calculadoras y cualquier instrumento de cómputo capaz de desmentir las cifras oficiales (donde caben 20.000, yo digo que hay un millón), ofrece a todos los trepas del lugar que figuren como en su vida han figurado antes en nada, militariza a los niños de pecho con babies patrióticos y hala, a llamar a Madrid y a decir, “yo es que no puedo hacer otra cosa, voy en volandas del clamor popular”. Ya lo decía el gran Miguel Gila: “Oiga, ¿está el enemigo? ¿Se puede poner?”.

Andaluces de Jaén por la independencia o casi

Dejando aparte el milagro de los panes, los peces y las subvenciones, hay quien se pregunta, sobre todo desde fuera de Cataluña, cómo es posible que alguien nacido en Andalucía (o en Extremadura o en Murcia) o que desciende de padres y madres de ese origen se apunte con brioso entusiasmo al independentismo catalán o, en su defecto, a incubar un profundo asco por todo el resto de la Península. Empezando por las poblaciones de referencia de sus mayores. He aquí un primer intento de aclarar el misterio desde dentro. A tal efecto reproducimos el testimonio -por ahora, anónimo- de un señor originario de un pueblecito de la provincia de Jaén, trasplantado de niño a Barcelona, metido a trabajar 30 años en el taxi durante 14 horas diarias. Logra amasar así un ínfimo capital con el que acomete la ilusionada compra, en el susodicho pueblo de Jaén, de una parcelita de olivar… Y hete aquí lo que sucede cuando nuestro hombre se va todo emocionado de vacaciones al pueblo: “Según llego me los encuentro a todos en el bar y tengo que pagar yo todas las copas porque soy el catalán y el rico. Luego les quiero contratar para recoger mis aceitunas. Se me ríen a coro en la cara porque cobran todos el PER y no están para recoger ni un palillo del suelo del bar. Me tengo que traer a negros del Maresme para que me hagan la recogida y entonces, encima… ¡me llaman negrero! ¡Esto es muy injusto, qué mal funciona España! ¡Sin duda hay que irse!”. Nuestro hombre lía el petate para volver de estampida a Barcelona, donde le aguardan quince o veinte años más a razón de catorce horas diarias en el taxi.

Artur Mas

Empezó de contable de los gobiernos de Jordi Pujol y su familia (a la que nunca vio meter mano en la caja, ya tiene mérito…), siguió de delfín suyo y así, degenerando, degenerando, ha llegado a president de la Generalitat. Es el quinto desde la restauración de Josep Tarradellas y el octavo si contamos la restauración republicana de 1931… Claro que si a Mas le dejan darse pote y coger carrerilla es capaz de remontarse al siglo XIV, en plan Érase una vez el hombre. Entonces nos saldrían unos 130 presidents por lo bajo (con eso ya llenaríamos dos o tres autocares de la ANC). No necesariamente este negocio ha ido mejorando con el tiempo. La tendencia de Mas a llevar traje y corbata en lugar de bermudas y chanclas ha favorecido en Madrid el equívoco de que él encarna la última esperanza de moderación y de seny o de que tiene un plan… así sea pérfido. Es peor. ¡No hay plan! En serio, Lluís Companys también improvisaba todo el rato: descontroló las calles de Barcelona hasta extremos de Chicago años 30, proclamó algo parecido a la independencia desde el balcón de la Generalitat básicamente para impresionar a su novia, perdió la guerra, el norte y el oremus y, en fin, sólo se salva de la quema total porque algún idiota decidió fusilarle y ya se sabe que un bel morire tutta una vita onora. Esa es la esperanza de Mas: ganar batallas después de muerto. En vida ha perdido elecciones a mansalva y su mayor talento es procurar que no se note, a base de convertir el resultado y hasta la lista electoral en un acertijo que no lo descifras ni piedra Rosetta en mano. Atención, pregunta: ¿quién es el candidato a la presidencia de la Generalitat de Junts pel Sí? El que lo adivine gana un fin de semana con todos los gastos pagados (en billetes de 500) en Andorra.

Inquisidores del callejero

Ada Colau

ERC quiere ‘desterrar’ a Felipe VI y sus antepasados de Barcelona, a lo que la CUP ha replicado pidiendo que se arríe la bandera española del Ayuntamiento y que se replantee la presencia del Ejército en la Ciudad Condal. Ambas propuestas se han formulado después de que Ada Colau ordenara la retirada del busto de Juan Carlos I del salón de plenos. La estrategia de independentistas y gobiernos de unidad popular es coincidente: adecuar la Historia según los propios intereses y desterrar los símbolos de unidad nacional.

La intención anunciada por ERC de eliminar del callejero de Barcelona toda referencia a la dinastía borbónica y la propuesta subsiguiente de la CUP de retirar la bandera española del Ayuntamiento y “replantear la estancia” en la Ciudad Condal de responsables del Estado y del Ejército forman parte de una misma estrategia: desterrar cualquier símbolo de unidad nacional y alentar un clima de crispación que favorezca su pulso al Estado.

Ambas iniciativas son coherentes con el empeño típicamente nacionalista que tan agrios frutos ha dado históricamente, según el cual el pasado debe ponerse al servicio de sus intereses y mitologías. También es consecuente con las primeras decisiones adoptadas por los autodenominados “gobiernos de unidad popular”, que han encontrado en la revisión de los símbolos la forma de desenterrar la dialéctica de vencedores y vencidos. Cualquiera diría que la nueva política surgida del 24-M exige también un nuevo callejero y un nueva Historia para, junto a los independentistas, jugar la carta de la división y el revanchismo.

No es casual que la supresión del nomenclátor de toda referencia a la Monarquía se formule en el preámbulo de las elecciones catalanas y tan sólo un mes después de que Manuela Carmena, en Madrid, y Ada Colau, en Barcelona, prendieran polémicas similares; una con su plan para expulsar del callejero de la capital a referentes verdaderos o ficticios de la Dictadura, y otra con la retirada de un busto del Rey Juan Carlos I del salón de plenos municipal.

Estas iniciativas van mucho más allá de la Ley de Memoria Histórica. La arbitrariedad y el maniqueísmo con que independentistas y gobiernos de izquierda radical purgan el callejero y retiran bustos y símbolos sólo persigue envenenar la convivencia y borrar de un plumazo lazos de unión que se han construido durante siglos de historia compartida. En esa tarea inquisitorial sus impulsores suplen la falta de rigor intelectual con vehemencia: lo de menos es que Calvo Sotelo, asesinado antes de que estallara la Guerra Civil, no tuviera siquiera tiempo de convertirse en franquista; o que Muñoz Seca, lejos de ser un represor, acabara sus días junto a otros 2.000 ajusticiados en Paracuellos; o que ni uno solo de los borbones a los que ERC quiere borrar para siempre de Barcelona haya tenido algo que ver con la represión del catalanismo o de las instituciones de autogobierno (más bien lo contrario en el caso de Felipe VI y de su padre). Lo principal es generar un espacio de confrontación entre Cataluña y el resto de España, establecer una división entre buenos y malos y acabar con cualquier referencia a la concordia y la fraternidad.

A cualquier persona mínimamente formada le resultarán esperpénticas las maniobras del independentismo para catalanizar a Cristóbal Colón y Teresa de Ávila, o para expulsar a Felipe VI y todos sus antepasados de Cataluña mientras se dedican calles a terroristas de Terra Lliure. Pero sólo es un paso más en la escalada de quienes hace tiempo que presentan la Guerra de Sucesión y la Guerra Civil como preludios de una lucha por la independencia aún por ganar. Por ahora, lo único que pueden conseguir estos profesionales de la revisión de parte es volver locos a turistas y servicios postales con sus cambios sumarísimos del callejero. Pero el esperpento está llegando demasiado lejos.

Foto: Barcelona en Comú / Flickr

El busto retirado

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En el mes de abril de 1904, un entonces joven don Alfonso XIII visitaba por primera vez en su reinado la ciudad de Barcelona. A ella le llevaba su primer ministro, don Antonio Maura, que sufriría -recuerda su bisnieto en este artículo-  a continuación el primero de sus atentados, obra del anarquista Artal…  Han tenido que pasar más de 110 años desde entonces, para que un alcalde de esa ciudad retire el busto de su nieto y diga que considerará la posibilidad de colocar el de su biznieto don Felipe.

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Momento de la retirada del busto de Juan Carlos I

En el mes de abril de 1904, un entonces joven don Alfonso XIII visitaba por primera vez en su reinado la ciudad de Barcelona. A ella le llevaba su primer ministro, don Antonio Maura, que sufriría a continuación el primero de sus atentados, obra del anarquista Artal.

 

Fue recibido don Alfonso en aquella ocasión por la Corporación municipal en pleno. Y aun los historiadores de la época siguen haciéndose eco de las palabras que entonces pronunciara otro joven, un concejal catalanista, cuyo nombre era Francesc Cambó. Una intervención reivindicativa, aunque mesurada, en el más puro estilo del seny catalán; por la que, pese a la inicial abstención de los solidarios respecto del viaje real, confirmaba el éxito final del mismo.

 

Han tenido que pasar más de 110 años desde entonces, para que un alcalde de esa ciudad retire el busto de su nieto y diga que considerará la posibilidad de colocar el de su biznieto  don Felipe.

 

Quien fuera uno de los fundadores de la idea democristiana en España, Ossorio y Gallardo, gobernador civil del Gobierno Largo de Maura (1907-9) en Barcelona, tenía la costumbre de despachar personalmente con su Primer Ministro. En sus cartas le decía que el problema en Cataluña era en un 20% de doctrina y en un 80% de política.

 

100 años después nadie puede poner en duda que haya existido política española en Cataluña; buena y mala, desde luego, pero política al cabo. Todavía en régimen monárquico, un gobierno Dato puso en marcha la Mancomunidad; en la República el primer estatuto de autonomía; la Constitución de 1978, en una nueva restauración monárquica, esta vez parlamentaria y plenamente democrática, el segundo y en el más reciente año 2006, el tercero de los estatutos de su historia.

 

Se ha hecho, sí, política. Quizás haya fallado más la doctrina: defender por ejemplo que España y los españoles no somos unos intrusos en esas tierras; que Cataluña -como todas las regiones de España son producto del mestizaje de los siglos; que el afecto, además de los intereses, cuenta en nuestra relación común; que Cataluña no se entiende sin España, lo mismo que esta sin aquella; que no hay robos ni atropellos, sino solo ciudadanos más ricos que pagan mayores impuestos; que no se produce en este caso ninguno de los supuestos que el Derecho Internacional exige para la autodeterminación,aunque la bauticen con la edulcorada mención de derecho a decidir.

 

Una carencia de doctrina que ha agravado el particular protagonismo que la vigente Ley Electoral ha proporcionado a los partidos nacionalistas, en particular a Convergencia I Unió, que obtenían de forma progresiva compensaciones territoriales a cambio de votos para la mayoría en el Congreso. Ninguno de los dos partidos establecía como línea roja infranqueable la unidad de España y la igualdad de los españoles en cuanto a la prestación de los servicios públicos se refiere, residan en la parte de nuestro territorio que deseen.

 

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Ada Colau, alcaldesa de Barcelona.

Y ahora, don Juan Carlos en efigie abandona el salón de plenos de la Ciudad Condal, en tanto que el President Mas nos anuncia su muy cercano propósito del abandono de España. De esa manera, la imagen de la institución que simboliza como ninguna otra la unidad de nuestro país, anuncia un episodio de difícil solución desde la política, entendida esta como el diálogo y la negociación.

 

Urge entonces aceptar el desafío que los cantos de sirena de la independencia nos anuncian desde aquellas tierras, escoger la firmeza de nuestras convicciones democráticas -la principal, el imperio de la ley-, asumir el próximo proceso electoral en Cataluña como lo que es -unas elecciones autonómicas y no un plebiscito-, explicar a catalanes y resto de los españoles que no vamos a ceder al chantaje y a nuestros socios europeos que una Constitución no es una aproximación al Derecho, sino que es el Derecho mismo. Y, cuando llegue el momento, actuar, sin dudas ni temores.

 

Un largo ciclo parece concluir con esa imagen de unas manos que recogen el busto de don Juan Carlos para alojarlo en una caja de cartón que luego depositarán en alguna dependencia municipal.  ¿La oficina en que se guardan los objetos perdidos, una suerte de baúl de los recuerdos? ¡Quién sabe! En todo caso, habrá que volver a empezar.

21 reflexiones a vuelapluma sobre las elecciones del 24M

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Las reacciones de Ada Colau, Manuela Carmena, Juan Vicente Herrera y Mariano Rajoy, la campaña de Esperanza Aguirre, el hundimiento de IU y de UPyD o el “daño” que ha hecho Juego de Tronos a la política española. Así queda el país tras los apasionantes comicios del 24M.

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Ada Colau en campaña en Barcelona. Foto: Guanyem Barcelona.

1. Dice Ada Colau que un hipotético pacto de CiU con ERC y PSC para desalojarla de la alcaldía sería “un fraude de ley” y una alianza “contra natura”. Sorprende que una mujer teóricamente progresista recurra a un argumento tan reaccionario y meapilas como el del “orden natural de las cosas”. Nada más ordenadamente natural, por lo visto, que la superioridad moral de la izquierda. O que un enfermo de ébola sangrando por los ojos mientras los coágulos obstruyen sus órganos vitales. Habría que preguntarle a Ada si el más que probable pacto entre Badalona en Comú, PSC, ERC e Iniciativa para arrebatarle la alcaldía de Badalona al ganador Xavier García Albiol, que ha doblado en concejales al segundo más votado, es también un “fraude de ley contra natura” o algo mucho más ajustado al trino de los gorriones y los biorritmos de la madre Gaia.

2. Manuela Carmena, de 71 años, ha dicho que Esperanza Aguirre, que carga con 63 primaveras sobre sus hombros, es una “niña caprichosa” con “pataletas infantiles”. ¡Menuda condescendencia gastan las adolescentes de hoy en día! Como Carmena se cruce con Albert Rivera le pellizca los mofletes y le regala un Tigretón.

3. Ni la pérdida de 531 mayorías absolutas y de dos millones y medio de votos logró alterarle el pulso a Rajoy este lunes. Tuvo que ser Juan Vicente Herrera, el presidente de Castilla y León, el que forzara una reacción del jefe del Ejecutivo Nacional al pedir más o menos explícitamente su renuncia a presentarse como candidato a las futuras elecciones generales. Es fácil entender la frustración de Herrera y de buena parte de los barones del PP: cualquier día de estos Mariano se despierta de la siesta y descubre con sorpresa, tras leerlo en el Marca, que el presidente del Gobierno es él y no Alberto Contador.

4. El PSC y el PP están en Cataluña a un solo paso del extraparlamentarismo. Para el PP la noticia es mala, pero para el PSOE es catastrófica. Sin el voto catalán, el PSOE jamás volverá a ganar por mayoría absoluta unas elecciones generales en España.

5. Tras leer con atención el programa electoral de Ada Colau para Barcelona, que básicamente consiste en el exterminio de las fuentes de ingresos de una amplía mayoría de los barceloneses de clase media, es inevitable especular sobre quién va a pagar toda esta apología de la comuna y la autarquía de inspiración franquista. ¡Si hasta quieren crear una moneda local! Como decía un alto funcionario británico del muy austero Ghandi: “Si supiera este hombre la cantidad de dinero que nos cuesta mantenerle en la pobreza”.

6. Para Pablo Iglesias, el PSOE ya no es casta. Ahora son de los buenos. Como mucho, y si me apuran, castita. Una castita pequeñita. Nada grave. Pelillos a la mar. ¡Susana mon amour!

7. Cristina Cifuentes es en mi pequeño imaginario nihilista y liberal una Esperanza Aguirre 2.0. Una versión joven, moderna, corregida, mejorada, aumentada e infinitamente más cool que cualquier otro posible aspirante al trono de Rajoy. A diferencia del aburrido Alberto Núñez Feijóo, que viene a ser más de lo mismo y encima gallego para más déjà vu, Cifuentes es eso que los anglosajones llaman una game changer. Es decir alguien capaz de cambiar por completo las reglas del juego y sacar a la competencia del tablero a patadas. Así la describía Manuel Jabois en el diario El País hace un par de meses (cito de memoria): “Malasañera tatuada, republicana y agnóstica, partidaria del matrimonio homosexual, va a las asambleas del 15-M, partidaria de la cadena perpetua revisable, no entiende que el sistema penal esté enfocado a la rehabilitación del delincuente, habría prohibido la acampada en Sol”. Hay en esa simple descripción más programa de gobierno que en todo el PP de la última década. Aún mejor: en su partido, y especialmente en el sector más capillita del mismo, la odian. Lo cual la honra. Yo mismo la habría votado si fuera madrileño.

8. Hablando de Jabois. Esto dijo de él Salvador Sostres a raíz de una columna publicada en El País: “Los absurdos elogios de Manuel Jabois a Manuela Carmena representan la última estación del columnismo frivolón y falto de cualquier inteligencia, tan propio de los que se creen transgresores y graciosetes cuando en realidad no son más que vieja caspa políticamente correcta, carraca para entretener a chachas y peluqueras”. Si yo fuera Jabois, me lo tatuaba en la espalda con letras góticas un día antes de que me hicieran entrega oficial de mi sillón en la Real Academia.

9. La campaña de Esperanza Aguirre ha sido casi tan lamentable como la filtración de su declaración de la renta. Caótica, inconexa, confusa, desquiciada… Jaleada solo por sus fans más irredentos, Aguirre ha caído en la caricatura de lo peor de sí misma. Veremos cómo sale de ésta.

10. La práctica desaparición de IU, arrasada y fagocitada por un macho alfa mucho más joven y agresivo, no ha provocado más que indiferencia entre los españoles. Harían bien en no engañarse en IU con el éxito de las candidaturas de confluencia: su partido es ya un zombi político.

11. ¿Recuerdan cómo nos reíamos del Rajoy de la pantalla de plasma y de esas ruedas de prensa sin preguntas a las que los periodistas asistían con el único objetivo de tomar notas al dictado y reproducirlas como cotorras en sus medios? Por suerte, las cosas han cambiado. A peor, como suele suceder en este país. Aguirre propone un pacto para desbancar a Carmena de la alcaldía y Antonio Miguel Carmona responde, con gran respeto por el ciudadano, vía Twitter. Un poco más y Carmona dibuja la respuesta con plastidecores tras echarse una partidita a la Xbox y comerse un bocadillo de Nutella. Y el periodismo de este país, encantado y reproduciendo el tuit con entusiasmo. Tenemos lo que nos merecemos.

12. A Rajoy le ocurre como a Robert Neville, el protagonista de la novela ‘Soy leyenda’, escrita por Robert Mathison en 1954. En el libro, Robert Neville es el único superviviente de una pandemia que ha convertido al resto de los seres humanos en vampiros a los que él da caza. Al final de la novela, Neville comprende que en ese nuevo mundo apocalíptico habitado por seres extraños y amenazadores, el monstruo es él. De Rajoy sorprende esa constante defensa de la “normalidad” y la “previsibilidad”. Ese reaccionar a cualquier propuesta de sus adversarios o incluso de su propio partido con un “esto es un lío”. Porque cuando todos a tu alrededor son extravagantes e imprevisibles… es que el friki eres tú. Cuando Rajoy abandone el cargo ni siquiera disfrutará de esa extraña forma de reconocimiento que es el odio. Tanta indiferencia dejará como indiferencia ha demostrado hacia los ciudadanos del país que preside.

13. Las dificultades rocambolescas de Susana Díaz para formar gobierno en Andalucía van a parecer peccata minuta cuando Podemos y Ciudadanos, que a fin de cuentas han quedado sensiblemente por debajo de los resultados que les auguraban sus mejores encuestas, empiecen a conceder y denegar apoyos en función de sus intereses electorales de cara a las próximas elecciones generales. A día de hoy, ninguno de los dos partidos sabe si le conviene apuntalar al PSOE y al PP o hacerse los estrechos. O cómo hacerlo sin que se note demasiado. Y es que resulta difícil eso de mantener una apariencia prístina y virginal mientras te paseas por el patio político con las bragas en la mano.

14. El radicalismo de Podemos es “el conservadurismo de mañana inyectado en los asuntos de hoy”. Al tiempo. La frase no es mía sino de Ambrose Bierce.

15. UPyD ha conseguido lo impensable: que decenas de miles de españoles sientan pena por un puñado de políticos. Yo mismo estoy por adoptar a uno o dos de ellos.

16. Es probable que muchos en el PP crean sinceramente que lo que ha impedido que los españoles se percaten de los éxitos económicos logrados por el gobierno durante los últimos tres años ha sido su pésima política de comunicación. Hay antecedentes. En 2011 el sueldo de los consejeros de las 100 empresas más importantes de Gran Bretaña aumentó un 55% mientras que la riqueza de los 1.000 británicos más ricos lo hacía en un 20% (tras haber aumentado el año anterior un 30%). ¡Y tampoco nadie se lo agradeció a su gobierno! En España, por suerte, somos mucho más respetuosos con la privacidad financiera de nuestros caciques que los bárbaros británicos y por eso no disfrutamos de estadísticas similares.

17. Juego de Tronos ha causado estragos entre la clase política española y muy especialmente en su sector derecho. Monjas violadas, quema de iglesias, el fin de la civilización occidental, tertulianos colgados de ganchos, vivas a Cristo rey, la democracia en peligro, los distritos de Madrid convertidos en soviets… Cualquier día vemos un muro de hielo de doscientos metros de alto separando Serrano del resto de Madrid.

18. Cada vez es más habitual ver por las calles españolas carteles electorales en los que los candidatos han escondido a conciencia el logo de su propio partido. Uno no sabe ya si admirarles la vergüenza torera, la jeta morrocotuda o el cacao mental.

19. A ver lo que le dura la ilusión a los que creen que Carmena o Colau van a convertir Madrid y Barcelona en el paraíso del proletariado. No voy a ser yo el que les afee esas primeras semanas en las que darán rienda suelta a su afán de venganza (al menos una parte de sus víctimas se merecerán la que les va a caer encima). Pero veremos qué ocurre cuando tengan que empezar a gobernar de verdad y a gestionar la recogida de basuras. Ahí se verá si más allá del rencor y de un puñado de reclamaciones de puro sentido común hay ideas suficientes para administrar dos ciudades y cinco millones de habitantes.

20. Parece ser que de las cifras del paro sí que se ha acordado alguien. Dos millones y medio de ciudadanos, más concretamente. También es mala suerte para el PP que lo hayan hecho justo el día de las elecciones. ¡Ya se podrían haber acordado el lunes!

21. Yo voté por Carina Mejías, de Ciudadanos. Supongo que es de ley que los lectores lo sepan. Los motivos tienen menos que ver con su programa electoral (desastroso en algunos puntos) que con el hecho de que es la única candidata con la que he mantenido alguna que otra conversación interesante por email. Hay motivos peores para votar a alguien.


 

TAMBIÉN EN EL ESPAÑOL: 21 reflexiones a vuelapluma sobre las elecciones andaluzas

Las tendencias del #24M en seis nombres de mujer

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Repasamos qué términos y temas protagonizaron la jornada electoral en Twitter. El seguimiento fue intenso y continuado a lo largo del domingo, y se extendió a la mañana del lunes.

Acudimos a Trendinalia para repasar qué términos y temas protagonizaron la jornada electoral en Twitter. El seguimiento fue intenso y continuado a lo largo del domingo, y se extendió a la mañana del lunes.

Revisando las tendencias de la noche encontramos hashtags y trending topics que nos remiten una y otra vez a seis mujeres, seis protagonistas de suerte muy dispar que dibujan los contrastes y el cambio de ciclo que ha supuesto el 24M.

Ada Colau

El suyo es un caso de éxito para los que buscan augurios electorales en las tendencias online. El hashtag #AdaColau24M promovido por los activistas y partidarios de Barcelona en Comú ya descollaba como tendencia antes incluso que se abrieran las urnas, y dominaría hasta bien entrada la jornada, dibujando un mosaico de mensajes esperanzados por el cambio y guiños a la candidata.

Sólo a partir del recuento electoral y a medida que la victoria se confirma Ada Colau se convierte en tendencia por derecho propio. Cobran viralidad entonces una serie de fotografías suyas siendo desalojada por los Mossos en actos de la PAH, irónicamente, hace apenas dos años.

Rosa Díez

UPyD, en cambio, ha conocido el reverso cruel de la popularidad online. El hashtag a través del cual movilizaron a sus militantes y voluntarios, #ApoderadosUPyD, rivalizó en prominencia con #AdaColau24M a lo largo del día. Bajo esa etiqueta se encontraban ‘selfies’ y mensajes de ánimo entusiastas, por parte en gran medida de los interventores del partido desde los colegios electorales.

https://twitter.com/chemijr/status/602443799953068033

Al cierre de urnas, y con los primeros sondeos pronosticando el retroceso generalizado de UPyD, el partido desaparece de las tendencias y se mantiene en tensa espera a que la líder del partido comparezca. La rueda de prensa en la que Rosa Díez anuncia que ya no será candidata en su próximo congreso de junio la catapulta como tema de la noche. Los tweets se reparten entre el análisis, el agradecimiento y el escarnio.

https://twitter.com/kortvex/status/602591366934310913

https://twitter.com/Mattheus95/status/602788655485341698

Rita Barberá

Muy a su pesar, ya lo dijo ella misma, la protagonista de la noche. No hay otro modo de decirlo, los tuiteros le tenían ganas y se notó. Desde que se divulgan los primeros sondeos y se dibuja la posibilidad de que pierda la silla de regidora de Valencia, brota una verdadera nube semántica de tendencias relacionadas: Rita, Compromís, o simple y llanamente: Lo de Valencia.

Rita Barberá no se impone como trending hasta que el resultado se define, como hemos visto en los demás casos, y ella sale a dar la cara. Los que seguimos la noche electoral coincidiremos en que su rueda de prensa, extrañamente desafiante y desaforada, fue uno de los puntos álgidos de la noche.

No exagerábamos al decir que los tuiteros le tenían ganas: todavía el lunes por la mañana era tendencia #DespeRita y la excelente fotografía de Biel Aliño, retrato de la debacle, circulaba rápidamente hasta convertirse en meme.

Manuela Carmena

La otra gran vencedora de la noche junto con Colau no aparece curiosamente hasta última hora: Ahora Madrid empieza a abrirse paso horas después de que los sondeos anunciasen que tenía grandes posibilidades de hacerse con la alcaldía, y Manuela Carmena no es trending por si misma hasta el lunes por la mañana.

¿Qué pudo pasar? La historia de la candidatura de Carmena es una carrera de fondo. Prácticamente desconocida al comienzo de la campaña, fue elevando su popularidad en la red hasta convertirse en icono. Pero sólo en las encuestas más optimistas podía verse alcaldesa. Quizás sus simpatizantes quisieron esperar hasta el final para creérselo.

Esperanza Aguirre

De nuevo el reverso de la noche electoral, comparecía antes que su rival para reconocer que pese a su victoria por un único escaño, muy difícilmente llegará a ser alcaldesa de Madrid. Aguirre pagó el precio de una campaña errática, descolgada de su partido y estrepitosa, resumida para muchos en esta foto en la que arrastra a su perrita Pecas a la salida del colegio electoral.

Esperanza Aguirre es un trending topic tardío que pervive hasta la mañana del lunes, focalizado como en casos anteriores en su rueda de prensa y en la concesión de una derrota que quizás creía inconcebible.

María Dolores de Cospedal

La Secretaria General del PP pierde la mayoría absoluta en Castilla-La Mancha y se arriesga a perder la presidencia ante un pacto PSOE-Podemos. Su breve trayectoria como tendencia en la noche del domingo respondía a la ironía de que precisamente su controvertida reforma electoral la habría abocado al desastre.

Una hora después, con el 99% escrutado, la foto cambiaba y Cospedal no hubiera podido salvarse ni con la ley anterior. Dentro de lo que cabe, puede que fuera un alivio.

¿No fueron tendencia los hombres? Los hubo, como León de la Riva, el polémico alcalde de Valladolid que repite la “photo finish”  que caracteriza al PP en estas elecciones y gana pero sin la mayoría absoluta que le permitiría gobernar. O Carlos Navarro ‘El Yoyas’, de Gran Hermano a edil de Vilanova del Camí. Pero hay una tendencia significativa ausente, igual que su protagonista:

https://twitter.com/master_petri/status/602614426303393792

Quién le ha dado la alcaldía de Barcelona a Ada Colau

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Los resultados de las elecciones de ayer dibujan una Barcelona (o mejor dicho: dos Barcelonas) cuyas diferencias socioeconómicas siempre han sido importantes en términos electorales pero que en esta ocasión han sido determinantes.

“Quiero ser la alcaldesa de todos. No la de los unos contra los otros sino la alcaldesa de la gente, de los 73 barrios, para que nunca más haya ciudadanos de primera y de segunda en esta ciudad”. Estas palabras, que decía ayer Ada Colau tras conocerse los resultados, muestran hasta qué punto la candidata de Barcelona en Comú (BeC) es consciente de la importancia de las divisiones que existen en la ciudad. Unas divisiones que nadie como ella ha sabido aprovechar electoralmente.

Los resultados de las elecciones de ayer dibujan una Barcelona (o mejor dicho, dos Barcelonas) cuyas diferencias socioeconómicas siempre han sido importantes en términos electorales, pero que en esta ocasión han sido determinantes.

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Barcelona en Comú ha sido capaz de ganar en los distritos más desfavorecidos o donde más se ha notado el aumento generalizado de la desigualdad en la ciudad. El 70,1% del voto a BeC se concentra en estos distritos mientras sólo representa el 47% para CiU. Nou Barris, Horta-Guinardó, Sant Martí, Sant Andreu y Ciutat Vella han pasado del rojo de los socialistas, que siempre habían sido la primera fuerza, al color de Barcelona en Comú. Además, los de Colau han conseguido la victoria en Sants-Montjuïc, donde CiU quedó primera en 2011, con 7.300 votos más.

En cambio, en los cuatro distritos más acomodados –Eixample, Gràcia, Les Corts y Sarrià-Sant Gervasi–, CiU ha conseguido mantener su liderazgo, si bien es cierto que los de Colau han obtenido buenos resultados en Eixample y Gràcia, y una meritoria segunda posición en Les Corts.

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Plantear el resultado como un descalabro de CiU tampoco sería acertado. La pérdida de 15.000 votos se ha traducido en cuatro concejales menos. Mucho castigo para un partido que ha aguantado decentemente en las zonas donde acostumbra a hacerlo si bien es cierto que ha sido incapaz de competir contra BeC en los barrios periféricos, especialmente en Nou Barris, así como en Sants, barrio que CiU arrebató a los socialistas hace cuatro años.

Respecto al resto de partidos, destacan la caída libre de PSC (que ni siquiera aguanta en sus feudos) y del PP, que ve como Ciutadans se lleva buena parte de su electorado y consigue ser tercera fuerza gracias a su buen papel en l’Eixample, Sarrià-Sant Gervasi y Les Corts. En los tres distritos ha quedado por delante de los populares.

ERC mejora resultados pero sus problemas en Sarrià-Sant Gervasi por un lado y en Nou Barris por otro le impiden ser la tercera fuerza de la ciudad. Por último, está la entrada en el consistorio de la CUP, que consigue tres concejales gracias a su presencia en Gràcia, Eixample y Sants.

El cuadro que resulta de todos estos movimientos es muy parecido a la pauta que vimos en el resto de los comicios de ayer. Aumento del número de partidos con representación y por tanto mayor fragmentación y necesidad de pactos múltiples para poder sumar mayorías.

Lejos quedan aquellas elecciones en las que el PSC era capaz de aglutinar los apoyos suficientes a partir de su base en los barrios periféricos y unos buenos resultados en los graneros de Convergència.

Barcelona ha pasado página. Durante la campaña, sus habitantes recibieron mensajes que pretendían explotar los asuntos que configuran la agenda política catalana y española: desde la nueva política hasta la necesidad de dar un impulso al proceso soberanista en marcha en Cataluña. Al final uno ha tenido más protagonismo que el resto, quizás porque es el que más claramente interpelaba a unos votantes que son conscientes de las distintas realidades que se viven en la ciudad.

Las elecciones se han jugado en el terreno de juego que marcó Barcelona en Comú: desigualdad entre barrios, consecuencias sociales de la crisis e instituciones que no escuchan a los ciudadanos. En CiU vieron inmediatamente la jugada y prepararon una batería de mensajes para combatir la idea de que Trias había sido el alcalde de unos pocos mientras dejaban a Esquerra pista libre para monopolizar todas las referencias al proceso independentista y a su vez alertaban del riesgo de votar a Colau. Parece que solo la tercera parte de la estrategia ha funcionado: la movilización de sus votantes tradicionales.

Artur Mas reconoció este lunes que estaba preocupado por “la gobernabilidad de la capital del país, que ahora debe estar al lado del resto de instituciones catalanas”. No es extraño que fueran sus primeras palabras al conocer los resultados. Las prioridades del Ayuntamiento y la Generalitat quizás dejen de coincidir después de años de cooperación entre gobiernos amigos. A algunos en el Govern les preocupa que esto condicione la agenda política en Cataluña.

Lo que es seguro es que Ada Colau, convencida de la necesidad de convertir su éxito electoral en medidas concretas a través de los pactos, no olvidará cuál ha sido la Barcelona que la ha llevado a convertirse en la primera mujer que gobernará la ciudad.

Así te contamos la noche electoral

Todos los detalles de la jornada con la opinión de Pedro J. Ramírez, la información de nuestros reporteros y los gráficos de Antonio Delgado, Patricia López y David Domínguez. 

Todos los detalles de la jornada con la opinión de Pedro J. Ramírez, la información de nuestros reporteros y los gráficos de Antonio Delgado, Patricia López y David Domínguez.