El espejismo Corbyn

 REUTERS/Toby Melville

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La elección de Jeremy Corbyn como líder laborista fue saludada en sectores de la izquierda española con una efusión que evoca ejemplos recientes, no siempre con final feliz. 

La elección de Jeremy Corbyn como líder laborista fue saludada en sectores de la izquierda española con una efusión que evoca ejemplos recientes, no siempre con final feliz. Pablo Iglesias intentó capitalizar un supuesto paralelismo, “hurtándole” a Corbyn a la familia socialdemócrata –a la que, bien es cierto, es probable que sólo pertenezca por las particularidades del sistema de partidos británico. Con el fiasco de Tsipras aún presente, quizás la prudencia aconsejaría no correr a abrazarse a figuras que en poco tiempo se consumen en la hoguera de la política real ni intentar apropiarse a toda costa de triunfos que, además de ajenos, pueden acabar amargando.

Pero, al margen del tacticismo electoral, el súbito entusiasmo con Corbyn –que antes fue Tsipras, que antes fue Hollande, que antes fue…– refleja la lectura distorsionada a la que aboca fijarse en personajes y discursos antes que en realidades subyacentes. La elección de Tsipras en enero podía significar un mandato contra la austeridad y un hartazgo respecto a los dos grandes partidos, pero difícilmente que una mayoría de griegos hubieran decidido superar el capitalismo o romper con la UE. Así lo indican a las claras la nueva victoria electoral de Syriza tras la rendición de julio pasado y el fracaso de su escisión purista. El fervor sobrevenido por Corbyn también corre el riesgo de interpretaciones excesivas.

Una de las claves de la elección de Corbyn ha sido el nuevo procedimiento, adoptado durante el mandato de Miliband. Si el antiguo sistema otorgaba el mismo peso a tres colegios electorales (sindicalistas, parlamentarios y afiliados), el nuevo consagra el principio de “un afiliado, un voto” y favorece a las bases frente a las elites del partido. Además, se han simplificado los trámites para afiliarse y votar: uno se registra por Internet y pagando una cantidad más bien simbólica. Este sistema, por cierto, despertó en su momento el miedo de que comunistas y tories se infiltrasen… para votar a Corbyn.

Esta simplificación ha tenido el efecto de multiplicar la afiliación, atrayendo entre otros a un gran número de jóvenes antes desafectos con el partido o la política en general. Hasta qué punto estos votantes jóvenes (ideológicos e hipermovilizados en internet) o las bases laboristas más a la izquierda sean representativos del votante mediano británico en unas generales está por ver, pero no parece haber demasiados motivos para el optimismo.

Como señala David Goodhart en Prospect, la elección de Corbyn no parece corresponder a ningún giro en la opinión pública sino más bien a la búsqueda entre los votantes más politizados de un mensaje distinto y una esperanza tras la mediocridad galopante del período post-Blair, y dada la dificultad de la socialdemocracia actual para ilusionar o vender un proyecto distintivo. Hay incluso quien equipara el protagonismo de Corbyn con el de Nigel Farage en la derecha: candidatos que sobresalen del adocenado discurso político del establishment, vacuo, carente de imaginación y de alternativas, más preocupado de no incurrir en incorrecciones de mensaje o valores que de proponer nada emocionante o disruptivo. Pero lo que para el UKIP puede ser un nicho satisfactorio o exitoso, para el laborismo significa quedarse al margen de las mayorías sociales que dan acceso al gobierno. Frente a las bases laboristas más ideológicas o el universitario de clase media que ha pagado tres libras para votar a Corbyn, la realidad electoral británica aún debe de parecerse más a aquel “Mondeo man” popularizado por Tony Blair: un votante tradicional laborista pero orgulloso de su modesta prosperidad y de los signos de su trabajosamente adquirido estatus, que empieza a percibir el socialismo como una amenaza antes que una esperanza.

Dato interesante: Goodhart compara desfavorablemente a Corbyn con Podemos, en cuanto el partido español sí reflejaría un cambio profundo de tendencia en el electorado. Entre las razones para la desafección de los jóvenes españoles hacia el “sistema”, y muy singularmente hacia el Partido Socialista, están sin duda la dualización y precarización del mercado de trabajo, donde la socialdemocracia y los grandes sindicatos han aparecido más como colaboradores necesarios que como protectores. Esta crisis de aspiraciones se refleja también, sin duda, en el el movimiento pro-Corbyn; aunque, como apunta Goodhart, los jóvenes británicos quizás sean en conjunto más conservadores en términos económicos que los españoles.

Sin embargo, la distribución ideológica de los españoles no ha virado más que marginalmente a la izquierda durante esta crisis. En origen, el propio 15M reflejaba no sólo descontento político y una crisis de representación, sino la frustración larvada de unas aspiraciones materiales básicas, y no exactamente revolucionarias: trabajo, vivienda, la capacidad de construir una vida autónoma y formar una familia. Nada indica que las mayorías de gobierno se ganen ahora peleando por valores extremos de la escala ideológica; ni que la propia escala se haya transformado en ese “arriba vs. abajo” que resume la hipótesis populista de Podemos; ni, en fin, que el espacio de Pablo Iglesias vaya a ser más amplio que el de un hipotético Labour radicalizado. Los problemas de la socialdemocracia, que son reales, no se van a solucionar respondiendo al reflejo de los activistas y el comentariado progresista de “girar a la izquierda” después de cada derrota. Sobre todo si eso significa idealizar el pasado antes que afrontar el presente.

John McDonnell, responsable de Hacienda en el Shadow Cabinet de Corbyn, bromeó en cierta ocasión con que le gustaría viajar al pasado y matar a Margaret Thatcher. La ocurrencia, de mejor o peor gusto, retrata un cierto talante, de nuevo más preocupado por personajes, manifestaciones y símbolos que por el trasfondo. La intelligentsia de izquierdas a menudo parece empeñada en luchar contra fantasmas, y en prepararse concienzudamente para ganar todas las guerras pasadas. Porque, por supuesto, el menor de los problemas de la socialdemocracia europea hoy es Margaret Thatcher. O el giro hacia el “rigor” de Mitterrand en 1983. O, para el caso, Angela Markel. Pese a los discursos apocalípticos, la socialdemocracia ha triunfado en más de un sentido, y muere de éxito: asumida en alguna medida su agenda económica y de valores por todo el espectro político, la paradoja es que hoy parece ofrecer poco de diferencial. Nadie que aspire al gobierno en Europa puede oponerse frontalmente al Estado de bienestar y algún grado de redistribución, e incluso EEUU comienza a mirarse en el espejo escandinavo. Los problemas de verdad atañen a cómo sostener esos Estados de bienestar con una demografía adversa y una realidad laboral compleja, cómo redefinirlos para atender las nuevas urgencias sociales, y cómo conjugarlos con el crecimiento y una inmigración que a veces las clases medias y populares perciben como amenazante.

Los partidos socialistas se enfrentan a dificultades estratégicas que encajan mal en la lógica izquierda-derecha clásica. Goodhart enumera algunas. Sus electorados tradicionales están envejecidos, y la lógica del obrerismo se disipa en economías tercerizadas. En España, como apuntábamos, la dualidad laboral agranda esta fractura entre votantes tradicionales y jóvenes precarios, subempleados y frustrados. Los jóvenes universitarios urbanos y los votantes de más edad, rentas más bajas o circunscripciones rurales divergen en valores: si los primeros comparten una perspectiva posmaterialista con buena parte de sus coetáneos, los otros a menudo defienden valores más tradicionales. Por fin, hay que sumar el dilema territorial, que en el Reino Unido se refleja en la pérdida de Escocia para el laborismo -léase en España el hundimiento del PSOE en alguno de sus feudos tradicionales. ¿Qué soluciones plantean los partidos socialistas en Europa y en España para superar estos retos? No está escrito que sean capaces de generar de nuevo grandes coaliciones sociales uniendo a los trabajadores fijos, a los jóvenes sobrecualificados, a los working poor, a los autoempleados, a los partidarios de más autonomía frente al gobierno central o la UE, a quienes reniegan de la carga fiscal que implica el bienestar, o a quienes recelan de compartir ese bienestar con inmigrantes. (Tampoco sabemos, por cierto, qué opinan de todo esto los supuestos émulos españoles de Corbyn, salvo su decidida voluntad de pescar en el caladero socialista.) Nada es para siempre: los viejos partidos liberales europeos, los socialdemócratas suecos o los laboristas israelíes son testigos de que las hegemonías desaparecen cuando las coaliciones de votantes y los equilibrios sociales que las sostienen se esfuman.

¿Significa esto que el talante y la ideología de los líderes son irrelevantes, y que Corbyn pasará sin pena ni gloria, como muchos vaticinan? Los liderazgos, cuando disfrutan de un cierto capital político, pueden reformular y hasta modelar las preferencias de sus electorados, de abrir camino por así decirlo hacia un nuevo equilibrio político. Algo de eso hubo en Thatcher, como en el tan denostado hoy Blair: supieron reconocer tendencias sociales y reforzarlas desde el gobierno para construir coaliciones ganadoras. Pero esta capacidad es limitada, y quien pretende ejercerla contra las realidades sociológicas y políticas más tozudas suele estrellarse. La lógica del activismo y la de la política no son idénticas, como algunos han aprendido en Grecia y otros están aprendiendo a marchas forzadas en España.

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Jorge San Miguel es politólogo y asesor político. Actualmente colabora con el Equipo Económico de Ciudadanos.

Así es el partido anticapitalista que amenaza con no investir a Mas

ACTO CENTRAL DE LA CUP

Anna Gabriel y Antonio Baños, candidatos de la CUP. / Alejandro García / Efe

Sus 10 escaños otorgan a la Candidatura de Unidad Popular (CUP) un papel crucial en el próximo Parlament. ¿De dónde viene y cómo se organiza esta coalición de organizaciones? Explicamos por qué un partido tildado de “antisistema” durante años por CDC puede tener la llave del futuro de Artur Mas.

La Candidatura de Unidad Popular (CUP) sólo se ha presentado dos veces a las elecciones catalanas. En 2012 consiguieron tres diputados. Ahora han triplicado aquellos resultados. Sus 10 escaños otorgan al partido un papel crucial en el próximo Parlament. ¿Por qué será tan importante la CUP? ¿De dónde viene y cómo se organiza esta coalición de organizaciones? Explicamos por qué un partido tildado de “antisistema” durante años por CDC puede tener la llave del proceso soberanista.

1. Por qué la CUP puede ser determinante.

La mayoría absoluta en el Parlament de Cataluña está en 68 escaños. A la vista de los resultados electorales, Junts pel Sí necesitará el apoyo de la formación anticapitalista para articular una mayoría soberanista en el Parlament.

El papel de la CUP es determinante no sólo desde la perspectiva de los escaños, sino también de los votos. La CUP ha sostenido que no quiere iniciar el proceso hacia el soberanismo si el independentismo no lograba el 50% de las papeletas. La candidatura de Junts pel Sí, en cambio, cree que la mayoría de diputados ya es suficiente. Las formaciones independentistas no han llegado al 48 % de los votos.

Una victoria soberanista sólo en escaños no significa el fin del proceso, pero no se sabe qué papel jugará la formación anticapitalista en esta tesitura.

2. ¿Quién será el presidente?

Dado que la lista Junts pel Sí (unión de Convergència, Esquerra y las entidades civiles soberanistas) no han obtenido los 68 escaños, deberá contar con los votos de la CUP para investir a Artur Mas como presidente, al menos en la primera vuelta, para la que necesita mayoría absoluta. La formación ya ha advertido que eso no sucederá. Pero no ha sido tan clara a la hora de responder si se abstendrá en caso de una segunda votación, donde bastaría una mayoría simple.

La CUP ha avisado de que si sus votos son necesarios para llevar adelante el proceso independentista exigirán un presidente de consenso. El número uno de la lista, Antonio Baños, ha advertido que Artur Mas no cumple este requisito. En este caso Raül Romeva, más vinculado a la izquierda y con buena sintonía con la CUP, ganaría enteros para convertirse en presidente. Incluso la figura de Oriol Junqueras agradaría más a la candidatura liderada por Baños. El partido también condiciona su apoyo al nuevo Gobierno a que se asuman algunas de sus reclamaciones de corte social, como por ejemplo paralizar todas las privatizaciones y desahucios.

3. ¿Qué distingue a la CUP del resto de partidos?

La CUP ha marcado un perfil propio durante la última legislatura. Más allá de revolucionar el Parlament con su lenguaje y su puesta en escena, de sus acciones y programa electoral se deducen seis rasgos principales.

Anticapitalismo: El partido propone establecer “mecanismos de control popular de la economía”, defiende el cooperativismo como salida de la crisis y sus cargos electos tienen un tope salarial de 1.680 euros brutos al mes. En su programa para el 27S han defendido una ruptura con la Troika y el impago de la deuda hasta “resolver las necesidades de las clases populares y trabajadoras”. La formación, además, rehuye cualquier préstamo bancario para financiarse.

Lucha contra la corrupción: La CUP ha sido uno de los principales azotes de la corrupción en Cataluña. Ha denunciado todo tipo de corruptelas y se ha personado como acusación particular en varios casos como Mercurio, Catalunya Caixa o Innova. El partido también ha impulsado la web llumsitaquigrafs.cat, que recopila y explica todos los casos de corrupción de los últimos años en Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares. Los concejales del partido tienen un límite de dos legislaturas (tres en el caso de pueblos de menos de 5.000 habitantes) y los diputados sólo pueden estar en el Parlament una legislatura.

Un pie en la calle: El partido siempre ha defendido que su presencia en el Parlament es una herramienta más de su lucha. La CUP ha repetido en varias ocasiones que su principal campo de acción está en la calle, en los ateneos y en las asociaciones ciudadanas. El partido se considera un simple canal de conducción de las protestas sociales de la calle hasta el Parlament.

Unidad territorial: A diferencia del resto de formaciones soberanistas, la CUP defiende que la independencia es el primer paso para la construcción de los Países Catalanes, que incluyen Cataluña, la Comunidad Valenciana y las Baleares. En su programa también abogan por el reconocimiento de la identidad del pueblo aranés.

Organización asamblearia: La CUP se organiza en tres niveles. El nivel más bajo son las asambleas locales, en las que puede participar cualquier ciudadano pero en las que sólo pueden votar los militantes. En un nivel intermedio se encuentra el consejo político, formado por representantes de las asambleas locales. Encima de todo está la asamblea nacional, que se celebra cada año y en la que pueden votar todos los militantes. Esta asamblea nacional elige al secretariado, que es quien lleva el día a día de la formación. La organización asamblearia no significa que sus cargos deban consultarlo todo antes de votar, pero sí que cuando tienen dudas sobre algún punto que no se ha debatido antes lo deben consultar con las bases.

Salida del euro, de la UE y de la OTAN. Más allá del impago de la deuda, la CUP defiende una salida de estas dos organizaciones internacionales y el abandono de la moneda única.

4. ¿De dónde viene la CUP?

A pesar de que irrumpieron en el Parlament en 2012, la CUP lleva vinculada a la política municipal desde 1987. Fue en ese año cuando se presentó a las primeras elecciones municipales uniendo diferentes corrientes de la izquierda independentista. El partido sufrió una crisis en 1995 cuando algunas candidaturas se integraron en ICV. Unos años después, se refundó a partir del llamado Proceso de Vinaroz, que empezó en abril del 2000 y acabó en 2002. Este proceso unió diversas sensibilidades de la izquierda independentista de Cataluña, Baleares y la Comunidad Valenciana como Endavant, MDT, Maulets y otras organizaciones.

A partir de 2002 la CUP fue ampliando progresivamente su implantación territorial, aumentando el número de municipios en los que se presentaba. En 2003 fueron 12 y en 2007 fueron 50. En los comicios de 2011 presentaron 80 candidaturas y en las elecciones de 2015 estuvieron en 163 municipios. Una buena parte de las candidaturas son coaliciones con otros grupos como Procés Constituent, Podemos, Equo o EUiA.

En octubre de 2012 la asamblea nacional del partido decidió que la formación se presentara por primera vez a unas elecciones en el Parlament. La CUP obtuvo 126.000 votos y tres diputados.

Un afrancesado a la sombra de Pablo Iglesias

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Lluís Rabell encabeza la lista de izquierdas de Catalunya Sí Que u Pot, que incluye a Podemos, ICV, EUiA y Equo. Amante de la ‘chanson’ francesa y ligado desde siempre a los movimientos de extrema izquierda, lucha por hacer oír su voz en una campaña polarizada por el proceso soberanista.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Lluís Rabell encabeza la lista de izquierdas de Catalunya Sí Que es Pot, que incluye a Podemos, ICV, EUiA y Equo. Amante de la ‘chanson’ francesa y ligado desde siempre a los movimientos de extrema izquierda, lucha por hacer oír su voz en una campaña polarizada por el proceso soberanista.

En julio de 2015 Josep Lluís Franco Rabell (Barcelona, 1954) recibió un ultimátum telefónico. Entonces presidía  la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB) y se encontraba reunido en una junta de ese organismo. Desde la candidatura de Catalunya Sí Que es Pot (CSP) le dijeron que no tenía más tiempo para pensar. Debía decirles urgentemente si aceptaba ser el número uno de la lista de su formación.

Rabell era consciente de que no era ni el primero ni el segundo plato. Era la tercera o cuarta opción de los responsables de la lista y ya había rechazado la oferta en una ocasión. Su intención era seguir donde estaba y terminar su mandato al frente de la FAVB. Según explica, se decidió a presentarse por unas palabras de Artur Mas que hicieron que le hirviera la sangre.

Todo el movimiento que ha habido en la política catalana de los últimos 4 o 5 años ha venido por la enorme movilización del movimiento soberanista. ¿Y quién se está agrupando para el 27-S? El mundo del ‘Sí se puede’. (minuto 59 de este vídeo)

“Ese posado arrogante, de niño de casa buena, presentándose como el adalid de Cataluña y hablando con tono de menosprecio me hizo sentir realmente irritado”, rememora Rabell. Al colgar el teléfono consultó con los miembros de la junta de la FAVB. Algunos le dijeron que tirara hacia adelante. Otros, pensando en la pérdida que significaba para la entidad, optaron por no opinar.

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Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Una lista a contrarreloj

Quienes estuvieron en la mesa de negociaciones entre los partidos para elegir quién encabezaba la lista de CSP describen el proceso como “muy duro”. Agosto se echaba encima y todavía no tenían candidato. Las prisas hicieron que lo que tenía que ser una candidatura de base se acabara pareciendo más a un mero acuerdo entre partidos.

Podemos quería que el candidato fuera Albano Dante, el periodista que había ganado las primarias del partido. ICV apostaba por Joan Coscubiela, hasta entonces diputado en el Congreso. El partido Procés Constituent, que finalmente se cayó de las negociaciones, optaba por la monja progresista Teresa Forcades, pero su figura generaba muchos recelos. Al final se llegó a la conclusión de que lo mejor era designar un candidato independiente.

Se barajaron varios nombres. La principal apuesta era el economista Arcadi Oliveres. También se contempló la posibilidad de escoger a la periodista de El País Milagros Pérez-Oliva e incluso al televisivo Jordi Évole. Pérez-Oliva y Évole no se subieron al barco. Oliveres aceptó en un primer momento, pero después de consultarlo con Procés Constituent reculó alegando motivos de salud.

Sólo entonces se le ofreció el puesto a Rabell.

Marc Bertomeu, secretario general de Podemos en Barcelona, cuenta que Rabell se había ofrecido antes “para lo que hiciera falta”. Pero recuerda que les advirtió que no era ni Ada Colau ni Pablo Iglesias. “Voy a necesitar mucha ayuda”, les dijo.

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Un vecino más

“Presentarse a una lista a este nivel no estaba en el esquema mental de Rabell”, explica Joan Maria Solé, actual vicepresidente de su federación de asociaciones de vecinos. Solé cree que accedió a liderar la formación porque consideró que en ese momento se le necesitaba. He hablado con una docena de personas en el entorno de Rabell y todas coinciden en señalar que si le llegan a contar hace un año dónde estaría ahora no se lo habría creído.

Toda la gente que ha trabajado con él resalta su capacidad de diálogo y de generar consensos, fruto de trabajar en un movimiento como el vecinal, en el que se deben aunar distintas sensibilidades. “Es experto en acercar posiciones y buscar compromisos”, cuenta Joan Subirats, catedrático de Ciencia Política y uno de los impulsores de la candidatura de Ada Colau a la Alcaldía de Barcelona. 

En la federación de asociaciones de vecinos todos hablan muy bien de Rabell y resaltan la pérdida para la entidad que supuso su marcha. “Ha sido de los presidentes más carismáticos que hemos tenido”, dice Solé.

Como nota negativa, algunos cuentan en privado que peca de vehemencia y mal carácter cuando hay algo que no le gusta. También mencionan cierta seguridad que a veces parece impostada. “Es imposible que una persona delante de un reto como éste no presente dudas e inquietudes”, cuenta Bertomeu. “Rabell se lo queda todo para él”.

A Rabell se le ve muy cómodo en los mítines y actos de calle. Habla bien en público y tiene cierto carisma a la hora de articular sus discursos y relacionarse con la gente. En algunos mítines incluso se ha soltado y se le ha visto cantar.

 

Los allegados de Rabell explican que su pasión por cantar es compartida. Rabell toca la guitarra y forma un dueto de chanson francesa junto a su pareja, Sylviane. Cuentan que el candidato incluso compone algunas canciones y que ha actuado junto a su mujer en alguna ocasión.

Donde no se le ve tan cómodo a Rabell es en las entrevistas y en los debates televisados. No acostumbra a mirar a los ojos cuando responde y en algunos de los debates se le ha visto un poco ausente. “Es una persona que viene del mundo reivindicativo. No está acostumbrado a tener oposición a su discurso porque él siempre ha sido el opositor”, explica una persona de su entorno que prefiere no desvelar su nombre.

Años clandestino

En 1974 Rabell era un estudiante de Filosofía y Letras y de Ciencias Económicas en la Universidad de Barcelona. Militaba activamente en su universidad a través de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), de carácter trotskista, bajo el pseudónimo de Gerard. Un encargo de la organización le obligó a dejar los estudios y trasladarse a París.

Rabell no quiere explicar qué fue a hacer a la capital francesa durante tres años. “Como fue una petición clandestina de un grupo ilegal, entenderás que no lo quiera revelar”, contesta. “La vida del revolucionario, sobre todo durante la juventud, está llena de episodios interesantes cuyos detalles no tienen por qué explicarse”.

He hablado con varias personas que durante el tardofranquismo y durante la Transición militaron en la LCR y en la Liga Comunista (LC), una organización también trotskista que se escindió de la primera. Muchos de ellos hoy ocupan cargos de responsabilidad en grandes compañías, organizaciones empresariales o partidos y la mayoría de ellos no han querido que les cite en este perfil.

Todos coinciden en que el papel de Rabell en esos años era ejercer como enlace entre organizaciones, confeccionar y distribuir propaganda y tal vez infiltrarse en otras formaciones de izquierda de la época.

Los consultados describen a los miembros de la LCR y la LC como el sector más duro de la disidencia franquista en la universidad. “Nosotros éramos los de los cócteles molotov”, explica Josep Maria Rañé, exconsejero de Trabajo e Industria en el Gobierno del tripartito y exmilitante de la LC. “Abogábamos por el estilo de guerrillas mientras que los del PSUC eran más moderados en este aspecto”. Un exmiembro de la LCR que ahora tiene un cargo en el PSC también cuenta que en la LCR había cierta ambigüedad respecto al terrorismo de ETA. “Eran otras épocas”, añade.

A Rañé no le sorprende que a Rabell le mandaran dejar los estudios e irse al extranjero. “El concepto de militancia era duro. Te podían pedir cualquier cosa una vez estabas dentro”, explica. “Vi a mucha gente dejar los estudios e irse a trabajar a la obra sólo para organizar allí el frente obrero”.

En Francia Rabell hizo primero trabajos de traductor. Luego se licenció en Traducción e Interpretación en Montpellier. Su mujer es francesa y sus dos hijos nacieron en Francia. Al volver a Barcelona en 1987, Rabell se dedicó a Talleres Franco, su empresa familiar dedicada al mármol. La empresa cerró víctima de la crisis inmobiliaria durante el año 2010.

Desde su vuelta a Barcelona, Rabell formó parte de la Asociación de Vecinos de la Esquerra de l’Eixample y militó en partidos de extrema izquierda como el Partido Obrero Revolucionario (POR) y Revolta Global. Entre 2012 y 2015 presidió la FAVB.

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El azote de Trias

Durante los años al frente de la FAVB, Rabell se convirtió en uno de los grandes opositores a las políticas del alcalde de Barcelona, Xavier Trias (CiU).

Su mandato al frente de la entidad se caracterizó por un control férreo de la gestión municipal y por las críticas de muchos vecinos al modelo turístico de la ciudad. Rabell apoyó la movilizaciones vecinales en los barrios de la Barceloneta y la Sagrada Familia en contra del turismo y colaboró con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y con varias ONG. La entidad también impulsó una querella colectiva contra la familia Pujol después de que el expresidente de la Generalitat reconociera que había defraudado al fisco.

Después de unos meses de fuerte movilización vecinal en contra del alcalde, Trias insinuó en una entrevista en El Periódico que Rabell creaba agitación entre los ciudadanos para desgastar a su Gobierno ante un inminente salto a la política.

Los estatutos de la FAVB establecen que ningún miembro de la junta puede ir en una lista electoral. Rabell no estaba en ninguna candidatura pero participó activamente en la creación de Guanyem, el germen de la plataforma que al cabo de unos meses arrebataría la alcaldía a Trias. “Entre bastidores hacía lo que podía”, reconoce Rabell, que desliga esta actividad de su cargo al frente de la federación.

Las acusaciones de Trias y la actividad de Rabell generaron cierto recelo en la FAVB, que vio cómo su independencia se ponía en entredicho. La junta obligó a Rabell a enviar una carta a El Periódico dirigida a Trias. En el escrito Rabell aseguraba que “no formaría parte de ninguna lista en las siguientes elecciones [municipales] ni en cualquier otro tipo de comicios”.

Al cabo de un año Rabell fue presentado como candidato a la presidencia de la Generalitat.

El entorno de Trias no ha querido hacer ningún comentario sobre la disputa entre Rabell y el exalcalde para este reportaje.

La ausencia de Colau

Rabell no esconde que participó en la gestación del germen de la candidatura de Ada Colau mientras presidía la FAVB. Describe reuniones con Joan Subirats, con Ada Colau y con su segundo Gerardo Pisarello. “Cualquier proyecto político necesita lo que se llama cocina y yo estuve en la cocina”, explica.

“No se implicó personalmente pero sí que aportó muchas ideas”, recuerda Subirats.

Colau, sin embargo, no se ha significado a favor de Rabell, con quien le une una estrecha relación personal.  Las distintas sensibilidades respecto al soberanismo han impedido que le apoyara públicamente. “Guanyem es plural”, dice Subirats. “Dentro hay independentistas que pueden ser más próximos a la CUP”.

Los miembros de CSP consultados coinciden en que el apoyo de una figura como Colau habría sido determinante para una candidatura que no acaba de despegar en las encuestas. Rabell no esconde su decepción pero pide comprensión. “Hay que comprenderla y respetarla”, se lamenta. “Tenemos una buena alcaldesa, no la quememos antes de hora”.

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El problema de la independencia

La postura sobre el debate soberanista de CSP ha situado el partido en tierra de nadie. No están en el bloque soberanista pero tampoco se sienten cómodos en el bando unionista. Su postura es fiarlo todo a que Podemos gane en las generales de diciembre y permita un referéndum pactado.

Cuando entré a la entrevista con Rabell en la sede de ICV, me crucé con los presidentes de las dos grandes organizaciones independentistas: la ANC y de Òmnium. El calendario marcaba el 3 de septiembre y todavía se especulaba con la presencia de CSP en los actos de la Diada. En la mesa de la sala de reuniones quedaban bocetos con diferentes propuestas para situar a Rabell y a los suyos en el acto sin que se sintieran incómodos. En esa reunión, sin embargo, se decidió que el partido no estaría representado en la Meridiana.

“Se nos usa por un lado y por el otro. No puedo ceder a este chantaje de Mas”, se quejaba entonces Rabell. “Aun así hemos quedado que el 28 de septiembre nos sentaremos otra vez [con Òmnium y la ANC] porque habrá que hablar muchas cosas”.

El candidato de CSP, que votó Sí-Sí en la consulta del 9N, asegura que 2015 es el primer año que no participa en la Diada. “Yo ya iba antes de que las manifestaciones fueran masivas, cuando nos reuníamos cuatro gatos por la tarde”. La gente que acudía a esas manifestaciones recuerda cómo ahí sólo se juntaba la izquierda independentista más radical. A las juventudes de ERC se las había llegado a expulsar de la movilización en alguna ocasión porque se consideraba que sus miembros estaban demasiado cerca del establishment nacionalista.

Rabell asegura que no es independentista. Algo que desde el PP y C’s se le ha reprochado continuamente durante la campaña. “Soy soberanista, que es distinto. Creo en la autodeterminación de los pueblos”, matiza.

Otro aspecto que le reprochan es que cambiara su nombre de Josep Lluís Franco Rabell a Lluís Rabell escondiendo su primer apellido: Franco. “No me avergüenzo de mi apellido”, replica, “llevo muchos años firmando mis traducciones con el segundo en honor a mi abuelo materno, que fue quien me crió”.

Rabell se enmarca en el federalismo pero asegura que CSP también es una lista soberanista. En un artículo publicado en 2009 en la revista Viento Sur Rabell escribía esto:

Defendemos sin ambigüedad la perspectiva de una República Catalana: la realidad nacional del país y lo prolongado de la injusticia a que se ha visto sometido hacen insoslayable una salida basada en el pleno ejercicio de la soberanía democrática. A partir de ahí, cabe decir que ni somos independentistas ni estigmatizamos la soberanía democrática

En ese texto Rabell se desmarcaba del discurso que liga el nacionalismo con la burguesía catalana.

Conviene huir de cierto “jacobinismo” -muy extendido incluso en la extrema izquierda- que, cuando no puede negar la problemática nacional, la aborda como un engorroso vestigio del pasado o como una inevitable concesión de veleidades culturales de la “pequeña burguesía”.

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El gran desconocido

A Rabell se le considera un clásico del movimiento reivindicativo barcelonés. Fuera de este ámbito, no obstante, es un gran desconocido. Lo avala una larga trayectoria ligada a las luchas sociales, pero muchos ciudadanos no lo conocen a falta de menos de una semana para las elecciones.

“La poca trayectoria desde que se convierte en dirigente vecinal [en 2012] hasta que es candidato es uno de sus principales defectos”, explica Subirats.

“Es un hecho objetivo: soy desconocido”, reconocía Rabell al principio de la campaña. “Me tocará picar mucha piedra”.

En una era en que las campañas también se juegan en las redes sociales, Rabell pierde la partida en Internet. En el momento en el que escribo este perfil apenas tiene 7.300 seguidores en Twitter. Sólo Ramon Espadaler (Unió), tiene menos seguidores. Colau tenía unos 220.000 cuando lanzó su candidatura a la alcaldía de Barcelona.

Este desconocimiento también se aprecia en los mítines y actos de campaña, donde Rabell se ve eclipsado por Pablo Iglesias. En todos los actos a los que he asistido he podido apreciar cómo los corrillos y las peticiones de selfies y besos se dirigen a Iglesias o incluso a Íñigo Errejón.

Todos los consultados reconocen que la falta de tiempo y una precampaña en pleno agosto han jugado en contra de CSP. La gente no conoce a su candidato y en ocasiones ni siquiera la marca con la que se presenta. “El mayor problema que tendremos el 27-S es que la gente sepa cuál es la papeleta de Podemos”, ironiza en privado un miembro de ICV.

El papa puede convertirse en trampolín electoral en EEUU

U.S. President Barack Obama (4th L) and his wife and daughters applaud Pope Francis (2nd R) upon his arrival at Joint Base Andrews outside Washington September 22, 2015. REUTERS/Jonathan Ernst

El papa Francisco llega este martes a EEUU en su primera visita oficial y se espera que su paso deje una huella política visible. Los candidatos a la Casa Blanca se preparan para sacar el máximo provecho a la visita papal de cara a las urnas.

En la imagen, la familia Obama al completo recibe al Papa Francisco. Jonathan Ernst / REUTERS

 

La familia Obama al completo recibe al Papa Francisco. Jonathan Ernst / REUTERS

El pontífice, que llega procedente de Cuba,  fue recibido por el presidente Barack Obama y toda su familia. Este miércoles, iniciará una ronda de actos de cinco días que discurrirá en tres ciudades e incluye un discurso al Congreso -el primero para un papa-, una reunión con líderes mundiales en las Naciones Unidas y la canonización del español Junípero Serra.

La visita papal se produce poco después de que Francisco adjudicara una victoria política a Obama con el restablecimiento de las relaciones entre Washington y La Habana, a cuya consecución contribuyó el propio pontífice. De hecho, las agendas políticas del papa y el líder estadounidense se solapan en aspectos como el cambio climático o la inmigración, por lo que el viaje ayudará a legitimar el legado de Obama.

“Lo que pasa es que Obama no se presenta a la reelección, por lo que [la sintonía entre el papa y el presidente] va a contribuir más al legado de Obama que al posicionamiento de futuros líderes demócratas”, opina para EL ESPAÑOL Rafael Rubio, profesor de comunicación política español que trabajó en la campaña presidencial de John McCain en 2008 y las visitas del papa a Madrid y Río de Janeiro.

Pero los candidatos del Partido Demócrata podrían utilizar la visita de Francisco para rescatar el voto católico blanco de cara a las urnas. “Es más importante lo que pueda hacer el resto [que Obama]”, afirma Rubio. “Al Partido Demócrata le interesa mucho recuperar el voto católico”.

El catolicismo es la segunda confesión más común en EEUU después del protestantismo evangélico y la más representada en el Congreso, con 164 congresistas católicos. En las cuatro últimas elecciones presidenciales, los católicos votaron de manera muy igualada a demócratas y republicanos, si bien el Partido Demócrata logró más apoyo entre esta confesión en tres ocasiones, según datos del Pew Research Center (PRC), con sede en Washington. Los católicos blancos, sin embargo, escogieron en las cuatro ocasiones al candidato conservador, frente a la comunidad hispana -que representa al 31% de los católicos-, que apoyó mayoritariamente al candidato demócrata.

Un papa muy popular

Para ganar votantes, el Partido Demócrata quiere reorientar la agenda católica de luchas morales -como el aborto- a cuestiones más complejas como el cambio climático, opina Rubio, y puede afianzar su posición entre la comunidad religiosa con la visita de un papa concentrado en la cuestión social. El Partido Republicano también buscará mostrarse próximo al papa, dejando divergencias ideológicas a un lado. “Yo creo que está habiendo un esfuerzo, que se verá en la parte de la visita de Washington, de los republicanos por de repente no aparecer como una fuerza política contraria al papa”.

Este martes, tres antiguos embajadores de EEUU en el Vaticano durante el Gobierno de George W. Bush han mostrado su apoyo oficial al hermano del expresidente, el candidato conservador Jeb Bush, informa Crux.

Y es que el pontífice es una celebridad en EEUU. Siete de cada diez estadounidenses tienen una opinión positiva sobre él y sólo uno de cada diez católicos tiene una visión negativa sobre su figura, según el PRC. “Las puntuaciones de Francisco han tendido a ser un poco mayores que las de Benedicto [XVI] y se están acercando a las de Juan Pablo II, quien era un papa muy popular también”, explica Jessica Martinez, investigadora sénior en el Pew Research Center y coautora de recientes estudios sobre la población católica estadounidense.

Aunque hay diferencias dentro de la comunidad católica, muchos creyentes están de acuerdo con las ideas de Francisco y tienen una visión progresista. Por ejemplo, el 71% de los católicos considera que el cambio climático existe y el 48% piensa que es grave. Seis de cada diez católicos piensa que una pareja divorciada que no ha recibido la anulación puede recibir la comunión. Y casi el 70% piensa que es aceptable que una pareja homosexual críe un niño. “Los católicos estadounidenses no están de acuerdo con muchos aspectos de [la doctrina de] la Iglesia”, dice Martinez. “Aun así, tienen una visión positiva de Francisco y una fuerte lealtad a la Iglesia”.

“Me identifico más con Julio Anguita que con Albert Rivera”

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Marta San José (Badalona, 1996) acaba de cumplir 19 años y es la benjamina de la lista de Catalunya Sí que es Pot (CSP). Estudia Medicina, vive en un barrio obrero de Badalona y es hija de un operario de imprenta y de una empleada de un hotel. Con ella arranca la serie Generación ‘selfie’, que retrata a candidatos menores de 30 años.

Marta San José (Badalona, 1996) acaba de cumplir 19 años y es la benjamina de la lista de Catalunya Sí que es Pot (CSP). Estudia Medicina, vive en un barrio obrero de Badalona y es hija de un operario de imprenta y de una empleada de un hotel. Con ella arranca la serie Generación ‘selfie’, que retrata a candidatos menores de 30 años.

“No provengo de una familia de tradición política”, explica Marta San José sobre su vocación. “Mis padres ni siquiera solían ir a votar. Alguna vez lo habían hecho y habían dado su apoyo al PSC. ¡O incluso al PP de Albiol! Es la última opción política que votaría. Pero prefería eso a que no participasen. Por eso, cuando yo tenía 12 años, les cogí de la mano, les llevé al colegio y les obligué a pasar por las urnas. Al ver mi esfuerzo y mi interés, me cedieron su papeleta y yo “les voté a Iniciativa per Catalunya Verds (ICV)”.

Así empezó el idilio con la política de Marta San José, que ocupa el número 47 en la lista de Catalunya Sí que es Pot. Casi igual de prematura fue su primera maniobra como activista: “Sucedió en 2011. García Albiol acababa de ganar las elecciones al Ayuntamiento de Badalona. Yo me indigné tanto que me metí en Facebook y convoqué una manifestación en la Plaça de la Plana, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Sin saber cómo, aquello se propagó como la pólvora. Cuando llegué a la plaza se habían congregado casi 500 personas a las que no conocía de nada”, explica, y recuerda: “Había grupúsculos diseminados y yo no tuve el valor de pedirles que nos juntásemos todos”. Entonces San José tenía 15 años y cursaba tercero de ESO. 

Su primera toma de contacto con ICV llegó poco después: “Un chico del partido se enteró de lo de mi convocatoria por Facebook y me propuso ir a la sede de su partido a confeccionar pancartas para otra manifestación. Allí me di cuenta de que me identificaba con el partido. Era ecologista, socialista, feminista, internacionalista y todos los ista que me definen”.

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En septiembre de 2012 decidió afiliarse. Su primera contribución fue comprar disfraces para una comparsa de carnaval. “Como siempre hemos pensado que Albiol es un poco fantasma por su pose, su porte y su actitud chulesca, decidimos disfrazarnos de cazafantasmas. Yo me encargué de adquirir los trajes y de escribir ‘No más fantasmas en el Ayuntamiento’ en las pancartas”.

Desde hace dos años, San José coordina las Juventudes de ICV en su ciudad. Su primera experiencia electoral llegó en las municipales de mayo. Figuraba en el número 11 de la lista de Iniciativa. El partido perdió un concejal en el Ayuntamiento de Badalona y se quedó con dos ediles.

“Las tradicionales discrepancias de la izquierda española llevaron a ICV y Podemos a escindirse en dos ejes opuestos”, explica. “El núcleo crítico de ICV se fue con Podemos y la gente que no estuvo de acuerdo con la forma de hacer de Podemos se vino con nosotros”. Ahora aquellos dos grupos se han unido en la misma lista: “En las primeras reuniones que hemos mantenido sí que se ha notado la tensión porque hemos pasado de ser rivales a trabajar codo con codo”.

Entre Carmena y Colau

San José habla a gran velocidad pero no titubea. “Fui delegada de clase en varias ocasiones”, explica. “Lo de hablar en público lo llevo practicando desde hace mucho tiempo y tengo cierta facilidad”. No rehuye de sus orígenes españoles: “Me siento muy orgullosa de que mis antepasados procedan de Santa Cruz de Moya, un pueblo de Cuenca en el que cada año se sigue celebrando un homenaje a las tropas antifranquistas de la Guerra Civil”.

La joven apunta a Ada Colau y Manuela Carmena como sus referentes políticos actuales, aunque no se ve siguiendo su estela. “Como militante de base sí, pero como política profesional creo que no acabaré. No me veo. Me gusta hacer cosas por los demás. Estudio Medicina porque considero que es uno de los trabajos con un mayor grado de con un gran compromiso social”.

Ahora Marta afronta unas elecciones marcadas por el debate sobre la independencia: “La cuestión soberanista es tramposa porque no deja ver los otros problemas de fondo. Los independentistas de izquierdas han caído en el engaño: van a acabar apoyando al partido que recorta derechos y servicios y vota al TTIP [un tratado de libre comercio entre Estados Unidos y la UE a cuya aprobación se oponen todas las fuerzas de izquierdas]”.

San José no está en contra de que se celebre una consulta en Cataluña pero cree que se debe hacer “con todas las de la ley”. “Un referéndum significa ‘una persona/un voto'”, argumenta. “Lo que se celebrará el día 27 serán unos comicios autonómicos. Se contabilizarán escaños. Mientras la papeleta de una persona de un pueblecito de Lleida siga valiendo más que la mía, este proceso no tendrá validez como consulta”, dice en referencia al diferente peso de los votos según el sistema electoral.

San José se define como “federalista e internacionalista” y asegura que a día de hoy votaría no a la independencia. Considera que Artur Mas “se ha salido con la suya al tapar la corrupción y los recortes sociales con una bandera independentista”. También lamenta que se haya producido una “fractura social” y cree que gran parte de la culpa es de TV3: “La televisión pública que todos pagamos es tendenciosa y utiliza estrategias subliminales. No lo digo yo ni lo decimos cuatro disidentes con intereses. Lo dicen numerosos trabajadores críticos de la cadena, que han constituido una plataforma en las redes sociales llamada Més que una Tele TvTres.

Huelgas en las aulas

La llegada de San José a la política no ha acabado con su activismo en el ámbito académico. “En las últimas huelgas de la universidad me enfadaba con muchos de mis compañeros”, dice. “Muchos se iban a la playa en lugar de reivindicar sus derechos. Casi les obligaba a mandarme fotos y selfies de las manifestaciones a las que acudían”.

A pesar de su juventud, San José no hace bandera del cambio generacional: “Me siento mucho más identificada con Julio Anguita que con Albert Rivera. No podemos caer en la demagogia ni despreciar el valor de la experiencia”. En esta línea asegura que uno de los factores que le convenció a la hora de escoger a ICV fue “que se trata de una formación heredera del PSUC. No somos cuatro hippies progres sin historia. Tenemos un poso de patrimonio de la lucha de la izquierda”.

La joven candidata está siguiendo muy de cerca las primarias en Estados Unidos y de allí procede su último ídolo político: “Bernie Sanders, uno de los candidatos demócratas, se define como socialista. ¡En Estados Unidos! ¡En un país en el que ese término se utiliza casi como un insulto! La gente utiliza la palabra socialista para desprestigiar a Obama… y Sanders no tiene problema en considerarse como tal. Me parece muy valiente que se califique a sí mismo con un término tan arriesgado en su país y lo que más me emociona es que está subiendo en las encuestas”.

¿Qué le depara el futuro a Marta San José? Por ahora, sumergirse de lleno en su segunda campaña electoral. “Luego quiero descansar”, reconoce. “Todo el proceso me está agotando y soy consciente de que he aparcado muchas ilusiones. Debo centrarme en mi carrera, que es prioritaria. También me gustaría retomar algunas aficiones que he ido dejando por el camino como tocar la guitarra”, afirma esta fan de los Eagles, Bob Dylan, Sabina o Silvio Rodríguez. Asegura que cuando baje el pistón se lo agradecerán en su casa: “Todos mis amigos entienden y respetan mi decisión de dedicarme a la política, pero en mi casa lo llevan peor. A menudo dejó de hacer planes con ellos porque me coinciden con algún acto y eso les fastidia”.

Empresarios catalanes buscan apoyos en Madrid contra el independentismo

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Félix Revuelta, presidente de Naturhouse, y Josep Ramon Bosch, directivo de una multinacional química suiza, animan a otros empresarios catalanes a que alcen la voz en contra de la independencia. Los dos catalanes confían en que su ruego se oiga y poder dar la vuelta a las encuestas que vaticinan que el 27S ganarán los partidos a favor de la secesión. “Cataluña adolece de un importante déficit democrático”, alertan en un informe.

El presidente y accionista mayoritario del grupo empresarial Naturhouse, Félix Revuelta, y Josep Ramon Bosch, directivo de una multinacional química suiza, buscan desesperadamente el apoyo de empresarios catalanes de altura y confían en despertar a los catalanes que, por miedo, no quieren salir a votar el 27-S. “El empresariado catalán calla porque tiene miedo a perder subvenciones, ya que el sector público en Cataluña es muy importante”, criticó Revuelta poco después de pedir al Gobierno un poco más de cariño para que se quiera a Cataluña “como al resto de España”.

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De izda. a dcha.: Rafael Arenas, Isabel Fernandez, Josep Ramon Bosch, Jose Domingo y Francesc Moreno. EFE/Juanjo Martín.

Revuelta y Bosch han presentado este jueves en Madrid, a través de la asociación Societat Civil Catalana a la que ambos pertenecen, un informe de más de cien páginas que deja en evidencia la “falta de calidad democrática” de los comicios del 27-S. El empresario de Naturhouse puso su propio ejemplo para alertar de los problemas que traerá una hipotética independencia. “Yo no me quiero ir de Cataluña, pero tengo el 80% del negocio fuera de la región. ¿Qué hago? ¿Pago aranceles en cada uno de los países con los que trabajo? No podría, me tendría que marchar obligatoriamente”.

A dos semanas de las elecciones, Bosch y Revuelta confían en tener tiempo suficiente para poder dar la vuelta a la última encuesta del CIS, que augura que Junts pel Sí logrará la mayoría absoluta con el apoyo de la CUP si los catalanes votasen hoy. “Hay una lectura optimista y otra pesimista de este resultado. La mala es que, si se confirman estos resultados, el proceso independentista va a continuar. La buena noticia es que nos moviliza, nos despierta, a los que no pensamos como ellos”, matizó Bosch.

Estos catalanes que pregonan su amor por España saben cómo conseguir movilizar a ese porcentaje de catalanes que, por miedo, se resisten a salir a votar el 27-S. “Unió Democrática puede ser el gran escondido de las elecciones. Si conseguimos que vote el catalán al que le tiemblan las piernas cuando piensa en la que nos espera con una Cataluña independiente, no damos nada por perdido”, confía Bosch. Dicen que la máquina de márketing que protege a los independentistas es un elefante comparada con la suya, una simple hormiguita. “Necesitamos que Rafa Nadal venga a Barcelona y diga que ama Cataluña” igual que los independentistas utilizan a la actriz y humorista Karmele Marchante, a la que en Madrid se le da un gran crédito pero que en Cataluña vocea que los madrileños son unos ladrones.

Los empresarios confían en que este mensaje cale en lugares del cinturón rojo como Santa Coloma de Gramanet y Hospitalet donde hasta ahora se concentraba el voto socialista. También esperan que el PP de Xavier García Albiol ilusione también a votantes del PP que no creían en Alicia Sánchez Camacho. Pese a este cambio de estrategia del PP, el presidente de Naturhouse ha afeado al Gobierno y a Mariano Rajoy el trato que recibe la región. “Siento mucho decirlo, pero el presidente sólo viene a Cataluña a ver al PP”, concluyó.

¿El Senado a Barcelona?

Los miembros de Societat Civil Catalana ya tienen pensada la fórmula para reconciliar al Ejecutivo con los catalanes. “Se podría descentralizar algún órgano y trasladarlo a Cataluña. Se habló del Senado, no estaría mal”, dejan caer.

En el informe, al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, se expone una serie de indicadores que dejan en evidencia que la independencia no sólo son bondades como dicen los independentistas. Según el documento, la independencia provocaría un efecto muy destructivo para Cataluña y para el resto de España de dimensiones todavía incalculables.

Una representación de la Junta Directiva de la entidad ha presentado el informe y ha destacado que “la Generalitat y otras instituciones y autoridades públicas catalanas han dejado de actuar en su condición de autoridades e instituciones españolas, pasando a hacerlo como la protoadministración de un estado catalán, desvinculada del ordenamiento español”. 

Déficit democrático

El informe denuncia el déficit democrático que se produce cuando la Generalitat crea organismos paralelos a los legales, con y sin resonancia mediática. La consulta del 9N supuso un fraude y una desobediencia a la ley. El documento recuerdo también el uso de organismos internacionales para fines partidistas, el adoctrinamiento ideológico en las escuelas, la discriminación lingüística en las aulas o la demonización de personas o entidades que discrepan de la línea oficial que marca el movimiento secesionista.

“Está claro que una comunidad autónoma no puede actuar con el fin de perjudicar los intereses generales del Estado”, dice el informe. “La consecución de la secesión de una parte del territorio nacional no puede ser considerada, ni siquiera en la más flexible de las interpretaciones, como compatible con dicho interés general”.

Como conclusión, los miembros de la Societat Civil Catalana han tratado de exponer y documentar de manera ordenada algunas razones por las que creen que Cataluña “adolece actualmente de un importante déficit democrático”. El informe se centra en las cuestiones que mejor conocen por haberlas vivido de cerca. “Habremos de profundizar en lo que ocurre hoy y en las raíces históricas” de esta situación.

Los guardianes del proceso

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La ANC ya no quiere llegar al gran público sino a los indecisos. La organización busca papeletas a favor del independentismo. Ha pedido que se localicen votantes en los pueblos, en los barrios y en los bares. El documento recomienda a los voluntarios que no se identifiquen como socios sino como independentistas a título personal y que los folletos que se repartan en los domicilios no porten su logotipo.

Reportaje gráfico: Dani Pozo y Toni Albir (Efe)

La Assemblea Nacional Catalana (ANC) organiza una media de 4.000 actos al año para vender la independencia y maneja un presupuesto de 6,5 millones de euros. Su presidente explica aquí las claves de su estrategia.

A Jordi Sànchez le gustaría suspender el tiempo. Ganar minutos a las horas. El 27-S está cerca y se juega demasiado.

El presidente de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) me recibe en el Centro Internacional de Prensa en Madrid. Por ahora no es un mensaje subliminal. Sànchez acaba de reunirse con los corresponsales extranjeros en España. Les ha presentado dos informes que garantizan la viabilidad del Estado catalán ante sendos escenarios: la ruptura amistosa y la unilateral. Ninguno contempla un revés de las fuerzas independentistas en las elecciones.

“El mandato claro sería la mayoría absoluta de escaños. En las elecciones lo que cuentan son los escaños”, dice sobre el debate en torno a qué resultado sería necesario para iniciar el proceso de secesión.

La prensa internacional es una de las prioridades de la Assemblea. Sus mensajes y sobre todo las grandes movilizaciones de la Diada han resonado en los medios de todo el mundo. Después de la cadena humana de 2013 y de la Vía de 2014, la ANC invadió este viernes la Meridiana de Barcelona: una avenida de siete kilómetros donde se celebró el primer gran acto de la campaña electoral.

“Ya sabemos que habrá más autocares que el año pasado, tenemos tantos o más inscritos que en 2014”, explica Sànchez. “La Meridiana volverá a ser una manifestación multitudinaria”.

Los detractores de la ANC acusan a sus líderes de engañar deliberadamente a un sector de la población desesperado por la crisis y aseguran que la realidad tiene matices. La Unión Europea, el euro, los propios catalanes que no quieren dejar España. El catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras, una de las voces catalanas más críticas con este proceso, dice que los argumentos de la ANC son una “falacia absoluta”.

“Esta organización se ha encargado de poner gente en la calle y algunos han querido interpretarlo como que el pueblo de Cataluña quiere esto (la independencia)”, señala De Carreras. “Pero la realidad es que el discurso de que con la independencia viviremos mejor es el punto más débil del independentismo”.

Jordi Sànchez es profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Barcelona y desde hace unos meses preside la ANC. Sucedió en mayo a Carmen Forcadell, que había cumplido el límite de tres años de mandato que fijan sus estatutos. Forcadell es ahora la número dos en la lista independentista Junts pel Sí, donde están integrados Convergència y Esquerra Republicana.

En los años 80, fue portavoz de la Crida a la Solidaritat (Llamamiento a la Solidaridad), un polémico movimiento para la defensa del catalán criticado por su excesiva beligerancia contra el castellano. Los activistas de la Crida solían boicotear la entrada a empresas -en especial centros comerciales y supermercados- que no utilizaban el catalán en sus comunicaciones. También trabajó como adjunto al Sindic de Greugues: el defensor del pueblo catalán.

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Los orígenes

Sànchez formó parte del núcleo fundacional de 40 personas que casi en secreto ideó esta organización como catalizador del independentismo, que hasta entonces estaba disperso. Era el año 2009 y acababa de celebrarse el referéndum de Arenys de Munt. El primero de una serie de plebiscitos no vinculantes sobre la independencia que recorrió casi 520 de los 950 municipios de Cataluña durante dos años.

La Assemblea se constituyó formalmente en 2012 sobre la tierra abonada de estas consultas. Muchos las tomaron a broma. Pero la red de voluntarios que había logrado sacarlas adelante se convirtió en la base del movimiento. Donde la ANC se hace grande no es en las portadas del New York Times sino en los pequeños detalles.

“La fuerza de la ANC es haber creado una red de comunicación política que es mucho más potente que la comunicación mediada y que nace con estos referéndums”, explica Berta Barbet, politóloga y doctoranda por la Universidad de Leicester, en el Reino Unido. “Es sorprendente la cantidad de gente que la ANC ha tenido movilizada de forma tan activa durante estos tres años”.

Nada parece intimidar a este ejército pacífico, disciplinado y comprometido. La organización cuenta con 35.000 socios de pleno derecho que pagan una cuota de 48 euros al año y a otros 40.000 simpatizantes registrados. Tiene 500 asambleas territoriales y 50 sectoriales en Cataluña, y otras 40 repartidas por el resto del mundo. Ellos son el verdadero motor del proceso de independencia.

No hay una sola razón que explique este crecimiento imparable.

La crisis económica, la institucional y la corrupción son algunas de ellas. Sànchez asegura que no han recibido un solo céntimo de la Generalitat. El músculo financiero de la ANC se sustenta en tres patas: la aportación de sus afiliados, las donaciones privadas y el maná de las esteladas. Su tienda de banderas y productos independentistas facturó 1.632.465 euros en 2014, según consta en su balance. La ANC es autosuficiente y no entiende de crisis. Sus ingresos alcanzaron los 6.533.125 euros en 2014.

El dinero ha llevado a la Assemblea hasta el último rincón de Cataluña. A pesar de su carácter asambleario, es una organización vertical. Todas las agrupaciones comparten un único NIF (Número de Identificación Fiscal) y cada gasto debe ser aprobado por la central en Barcelona. Es la manera de controlar fugas indeseables.

La media de actos de la ANC es de 4.000 al año, según sus propias estadísticas. No ha quedado una sola sin calle sin patear. Se visitan hospitales, residencias de ancianos, mezquitas, iglesias, asociaciones de inmigrantes, de vecinos, fiestas populares, el fútbol. Los formatos varían y se adaptan al entorno. Pero nada se improvisa. Los mensajes y el modelo de actividad están consensuados de antemano por un comité especial del secretariado, que es el nombre que recibe la ejecutiva de la Assemblea. Este grupo diseña un manual de acción en el que se detalla qué debe trasladarse a la ciudadanía y cómo hacerlo.

“La capacidad de movilización, de actividades, conferencias… Es un no parar. Tenemos centenares de asambleas territoriales muy activas y todas piden apoyos, presencia”, explica Jordi Sànchez. “La base del movimiento ciudadano es una dedicación muy grande que luego recoge frutos impresionantes”.

Puerta a puerta

El manual para las elecciones del 27-S al que tuvo acceso EL ESPAÑOL ha centrado el tiro. La ANC ya no quiere llegar al gran público sino a los indecisos. La organización busca papeletas a favor del independentismo. Ha pedido que se localicen votantes indecisos en los pueblos, en los barrios y en los bares, y que se llame a su casa.

El documento recomienda a los voluntarios que no se identifiquen como socios de la Assemblea sino como independentistas a título personal y que los folletos que se repartan en los domicilios no porten su logotipo. La ANC tiene prohibido en sus estatutos hacer campaña por un partido político concreto. Sólo se sugiere el apoyo a formaciones que lleven la independencia en su programa.

Otra de sus actuaciones llegará el día de las elecciones. Las delegaciones territoriales tendrán libertad para fletar autobuses, contratar taxis y usar coches particulares para acompañar a votar a personas mayores o con movilidad reducida.

El manual pide a su gente que traslade tres mensajes básicos: ilusión, pedagogía y la épica de construir un nuevo país entre todos. Según su argumentario, la independencia será buena para Cataluña y no supondrá su salida del euro ni de la Unión Europea.

Mientras Podemos, Ciudadanos y el nuevo activismo social proponen resetear el sistema, la ANC ofrece la independencia como refugio. No por razones históricas y culturales sino económicas.

“Queremos influir en toda esa gente que duda, que cree que no es el mejor momento, que puede tener temores”, señala Sànchez. “Creemos que con una Cataluña independiente no hay que temer por las pensiones o por salir de euro”.

Si la ANC ha asumido un papel protagonista durante el proceso que inició Artur Mas en 2012, es por esta capacidad de inundar la sociedad y más en un momento de desgaste de la política tradicional.

Sin sus voluntarios, la consulta del 9 de noviembre del 2014 no hubiera sido posible. Fue la ANC la que lanzó después la idea de unas autonómicas de carácter plebiscitario. Sànchez participó en todas las reuniones que cristalizaron en la lista independentista Junts pel Sí.

“La sensación que hay, si la hay, de que son unas elecciones distintas viene en parte de la ANC, que ha sabido generar ilusión”, asegura la politóloga Barbet.

Entre balanzas fiscales

Intelectuales críticos como De Carreras creen que la ANC ha empujado al límite las decisiones de Mas y ha sido decisiva como amplificador de un nuevo mensaje económico del nacionalismo catalán muy cuestionable en su fondo.

“La ANC se ha hecho eco de este nuevo nacionalismo de balanzas fiscales y el ‘España nos roba’, que ya no lleva a la autonomía sino a la independencia. Los argumentos son una falacia”, dice De Carreras. “Pero esa labor de infiltración y de acercamiento a la gente, de llamar a las casas es mucho más efectiva desde una asociación de todos que desde un partido político concreto que siempre puede generar mayores rechazos”.

Sànchez defiende la verdad de este discurso. El presidente de la ANC sostiene que Cataluña vive una situación de emergencia social porque España le ha cortado las alas a golpe de recortes en una inversión que legítimamente les pertenece. Pero casi en la misma frase asegura que Cataluña jamás saldrá del euro porque da estabilidad económica a la eurozona.

“¿Alguien cree que Europa no está haciendo lo posible y lo imposible para que Grecia no salga del euro y va a permitir que Cataluña salga del euro?”, se pregunta Sànchez. “Mantengo que Cataluña en ningún momento dejará la zona euro y que la Unión Europea en ningún momento expulsará a los siete millones y medio de catalanes”.

Las elecciones son un hito en la corta vida de la ANC. La organización ha convencido a gente tan diversa como para someter a un asfixiante marcaje a Convergència y a Esquerra bajo la amenaza, recogida en su hoja de ruta, de constituirse en partido político si el proceso no cumplía determinadas metas. El resultado de las urnas dará un nuevo rol a la asociación.

“Una derrota [del independentismo] desinflaría la ANC de forma importante. Hay otro porcentaje que muy difícilmente podrá dejar de participar y defender el proyecto”, dice Barbet. “Pero sin una ruta política, la organización perdería influencia”.

Chaves Nogales: lecciones de un andaluz sobre Cataluña

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La realidad ha destruido las previsiones del reportero Manuel Chaves Nogales sobre Cataluña. El periodista sevillano viajó a la región durante los años 30 y expresó sus temores respecto a una sociedad convulsa que describió con maestría y exactitud.

Fotografía: cortesía de María Isabel Cintas, que escribió la biografía más completa de Chaves Nogales

La realidad ha destruido las previsiones del reportero Manuel Chaves Nogales sobre Cataluña. El periodista sevillano viajó a la región durante los años 30 y expresó sus temores respecto a una sociedad convulsa que describió con maestría y exactitud.

Chaves Nogales (1897-1944) era subdirector del diario Ahora y se definía como un “pequeño burgués liberal que se gana el pan y la libertad confeccionando periódicos”. Durante sus días en Barcelona se preguntó: ¿Qué pasará en Cataluña? A lo que respondió: “Nada”. Hoy sus palabras se han visto refutadas por la fractura social de la región.

Atraído por la pujanza del catalanismo, Chaves Nogales llegó a Cataluña para contar historias a los lectores del diario Ahora en diciembre de 1931. “Un sentimiento tan metido en la entraña de este pueblo como el del afianzamiento de su personalidad tiene fuerza bastante para subsistir soterrado y brotar pujante cuando llega su hora”, escribió el 25 de febrero de 1936.

El periodista se reunió con el presidente de la Generalitat, Francesc Macià, meses después de que éste hubiera proclamado una república catalana que apenas duró tres días. Volvió después a Barcelona en febrero y marzo del 36, cuando Lluís Companys abandonaba la cárcel y se convertía de nuevo en presidente después de haber proclamado en 1934 un estado catalán que sólo duró 10 horas.

La efervescencia y la movilización del catalanismo impactaron a Chaves Nogales: “Entusiasmo, entusiasmo, entusiasmo. En ningún lugar de España se sabe lo que es el entusiasmo popular si no es en Cataluña. Son gente fervorosa y propicia a la exteriorización de sus sentimientos”, escribió en febrero de 1936.
pagina_reportajeReproducción de uno de los artículos de Chaves Nogales en el diario ‘Ahora’.

Ocultando problemas

Las manifestaciones de aquellos días corrían frecuentes y vertiginosas por las ramblas de Barcelona como lo hacen ahora. Chaves Nogales temía que las grandes convocatorias sirvieran a los gobernantes para jugar al escondite, refugiarse en la muchedumbre y ocultar problemas como el deterioro de los servicios públicos, el paro o la corrupción.

“A nuestro pueblo le entusiasman estas grandes paradas de la ciudadanía”, relató el periodista en marzo de 1936. “No sabe pasar meses sin provocar alguna. Pero acaso entre una y otra (…) tendría alguien que preocuparse de llenar el tiempo con una tarea: la de gobernar, la de administrar, la de hacer por el pueblo algo más que ofrecerle ocasión y pretexto para estos deslumbrantes espectáculos. Si entre una manifestación y otra no hay siquiera unos meses de silencioso y honesto trabajo, llegará el día en que este pueblo catalán, tan fervoroso, tan bueno, cambiará. Y entonces será peor”.

El periodista sevillano alertó del engaño al que podían someter los políticos a una masa fervorosa y en plena movilización: “Sospecho que en aquellos momentos [en referencia a la manifestación que celebraba la victoria electoral del Frente Popular en febrero de 1936] hubiera sido facilísimo para unos agentes provocadores convertir en separatistas a los millares de catalanes que celebraban el triunfo obtenido por el catalanismo en las elecciones”.

El empeño del nacionalismo catalán por construir un estado ha confirmado aquella predicción.

Los líderes catalanes

Los nombres propios han cambiado. Pero las afiladas palabras de este periodista vuelven a rasgar el tapiz de los años para colarse en el presente. Después de entrevistar a Macià y Companys, escribió en marzo de 1936: “Los políticos catalanes son inferiores al pueblo. Es lógico que así sea. Los mejores hombres de Cataluña se consagran, por temperamento y tradición, al servicio de la industria, las artes, el comercio y la pura especulación; saben que con estas actividades pueden conquistar su bienestar material y espiritual; saben también que el servicio público no paga a sus hombres con la misma largueza que la industria privada ni con la misma consideración moral que el ejercicio de las artes o las ciencias. Esto basta para explicar por qué Cataluña no tiene el equipo de hombres públicos que el ejercicio de su autonomía requiere”.

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El retrato que hace el periodista de la clase política catalana es muy duro: “Si a esto se une el egoísmo de las clientelas políticas y el anhelo de conservar el poder en las mismas manos, el pueblo catalán no logrará el alto exponente al que tiene derecho. Ochenta y tantos hombres que quieren seguir cobrando unas dietas no tienen derecho a restar calidad a un pueblo”.

“Hoy paciencia, mañana independencia”, se decía en CiU en época de Pujol. Este aforismo revelaba la existencia de un plan a largo plazo que ha provocado la unión por los extremos de la derecha conservadora y la izquierda republicana en la lista de Junts pel Sí. Chaves Nogales percibía las aspiraciones soberanistas de parte del pueblo catalán como un asunto grave, prolongable en el tiempo y sin solución, pero también sin consecuencias fatales.

El reportero del diario Ahora veía el problema nacionalista como una falta de entendimiento entre una derecha y una izquierda que tenían un objetivo común: mantener el Estatuto, meta que hoy no convence a ninguna de estas facciones. “Si las derechas no pretendían acabar con el régimen autonómico, ¿por qué fueron contra él? Si las izquierdas no querían una nueva aventura revolucionaria, ¿por qué la intentaron? A fin de cuentas, derechas e izquierdas están de acuerdo en mantener el Estatuto. Ni la izquierda quiere más ni la derecha menos. Es, sencillamente, una cuestión de mutua desconfianza”, escribía el sevillano unos meses antes de la Guerra Civil.

¿Qué pasará en Cataluña?, se preguntó Manuel Chaves Nogales en febrero de 1936. “Nada”, se respondió. “Hay, por encima de todo, un hondo sentido conservador que se impondrá fatalmente. Yo no sé si los hombres de la Esquerra, profesionales casi de la revolución, se resignarán a aceptarlo. Si no lo hacen, peor para ellos”.

Diccionario satírico burlesco (I)

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Este glosario cargado de mordacidad nos ayuda a comprender la realidad que vive hoy la sociedad catalana. Sus definiciones son fogonazos que iluminan la trastienda del proyecto secesionista.

El ‘Diccionario satírico burlesco’ que a partir de hoy y en 15 entregas ponemos en sus manos, querido lector, pretende emular al célebre ‘Diccionario crítico-burlesco’ que Bartolomé José Gallardo publicó hace algo más de dos siglos en Cádiz, en plena Guerra de la Independencia. El ilustrado español eligió la fórmula del sarcasmo para arremeter contra la Iglesia, a la que veía como enemiga del ideario liberal.

Anna Grau, periodista gerundense de reconocida trayectoria dentro y fuera de Cataluña, nos ayuda a comprender a través de este diccionario cargado de mordacidad la realidad que vive hoy la sociedad catalana. Sus definiciones son fogonazos que iluminan la trastienda del proyecto secesionista. Gallardo fue encarcelado por sus ataques al clero y, su libro, retirado. Grau se enfrenta también a la ‘religión’ imperante hoy en Cataluña, pero por fortuna no hay riesgo de que ni ella ni su obra corran la misma suerte. 

Ada Colau

Alcaldesa de Barcelona que según determinadas fuerzas vivas va a durar lo que un iPhone a la puerta de un colegio y por eso conviene ir dándole cobertura y cuerda para que ella misma se ahorque… Hay que dejarle hablar del top manta, no ir a misa por la Mercè, descolgar los retratos de los Borbones… Los que en cambio se la toman en serio subrayan su activismo inteligente y su habilidad para empalmar sujeto, verbo y predicado, talento bastante inaudito, para qué nos vamos a engañar, en la clase dirigente de los últimos 25 años. Un político de por aquí que sabe hacer la O con un canuto al primer intento es un mutante al que casi todo le está permitido. Por ejemplo, llegar al poder municipal a lomos de Podemos y de un espesito gazpacho progre lleno de tropezones históricamente antinacionalistas -cuando el nacionalismo catalán era considerado burguesazo y de derechas, y el independentismo una carlinada de payés- y, una vez allí, tomarse un chinchón con Artur Mas y descubrir que el famoso dret a decidir no está tan mal; total aquí nunca pasa nada, y mientras hay cera y arde, las elecciones las puede ganar cualquiera.

Albert Rivera

Ya le empiezan a llamar el Ausente, con ánimo de matar así dos pájaros de un solo tiro: ponerle verde por irse de candidato a la presidencia de España, dejando encabezar el cartel de Ciutadans para el 27-S a la por lo demás muy sísmica y muy perturbadora Inés Arrimadas, y compararle con José Antonio Primo de Rivera (del que no es familia), que eso siempre jode. A Albert Rivera se le puede ver como el superdotado -¿recuerdan su mítico cartel electoral en pelotas?- de la única política española que se hace sin complejos en Cataluña o como el Pepito Grillo de los partidos constitucionalistas que, pasado el frente del Ebro, llevan décadas disfrazados de indios con la excusa de que aquello es territorio comanche y otra cosa no se puede. ¿Panda de cobardes o de gandules? De momento a Rivera algunos intentan desmerecerle en España por catalán, mientras otros le mandan por correo balas dedicadas por español. Que siga la fiesta.

ANC

Assemblea Nacional Catalana. Réplica a lo que en otras épocas (que no en otros sitios) se conoció como el Movimiento Nacional. Antes de que nadie ponga los ojos en blanco o se sulfure: fue Jordi Pujol en persona, en carne presidencial y mortal, el primero en afirmar que él no aspiraba tanto a liderar un partido político (que sólo dan disgustos) sino un movimiento. Algo más impreciso y magmático… que no necesariamente menos controlable. La ventaja de los movimientos, asambleas, primaveras árabes, etcétera, es que siempre parece que van de abajo arriba, que encarnan la voz verdadera, el trino más puro del pueblo, cuando lo cierto es que ni quemándose a lo bonzo el susodicho pueblo conseguiría jamás salir en TV3 de no tener un encendido apoyo institucional. El poder pone y llena autocares, reparte estelades y bocadillos, confisca calculadoras y cualquier instrumento de cómputo capaz de desmentir las cifras oficiales (donde caben 20.000, yo digo que hay un millón), ofrece a todos los trepas del lugar que figuren como en su vida han figurado antes en nada, militariza a los niños de pecho con babies patrióticos y hala, a llamar a Madrid y a decir, “yo es que no puedo hacer otra cosa, voy en volandas del clamor popular”. Ya lo decía el gran Miguel Gila: “Oiga, ¿está el enemigo? ¿Se puede poner?”.

Andaluces de Jaén por la independencia o casi

Dejando aparte el milagro de los panes, los peces y las subvenciones, hay quien se pregunta, sobre todo desde fuera de Cataluña, cómo es posible que alguien nacido en Andalucía (o en Extremadura o en Murcia) o que desciende de padres y madres de ese origen se apunte con brioso entusiasmo al independentismo catalán o, en su defecto, a incubar un profundo asco por todo el resto de la Península. Empezando por las poblaciones de referencia de sus mayores. He aquí un primer intento de aclarar el misterio desde dentro. A tal efecto reproducimos el testimonio -por ahora, anónimo- de un señor originario de un pueblecito de la provincia de Jaén, trasplantado de niño a Barcelona, metido a trabajar 30 años en el taxi durante 14 horas diarias. Logra amasar así un ínfimo capital con el que acomete la ilusionada compra, en el susodicho pueblo de Jaén, de una parcelita de olivar… Y hete aquí lo que sucede cuando nuestro hombre se va todo emocionado de vacaciones al pueblo: “Según llego me los encuentro a todos en el bar y tengo que pagar yo todas las copas porque soy el catalán y el rico. Luego les quiero contratar para recoger mis aceitunas. Se me ríen a coro en la cara porque cobran todos el PER y no están para recoger ni un palillo del suelo del bar. Me tengo que traer a negros del Maresme para que me hagan la recogida y entonces, encima… ¡me llaman negrero! ¡Esto es muy injusto, qué mal funciona España! ¡Sin duda hay que irse!”. Nuestro hombre lía el petate para volver de estampida a Barcelona, donde le aguardan quince o veinte años más a razón de catorce horas diarias en el taxi.

Artur Mas

Empezó de contable de los gobiernos de Jordi Pujol y su familia (a la que nunca vio meter mano en la caja, ya tiene mérito…), siguió de delfín suyo y así, degenerando, degenerando, ha llegado a president de la Generalitat. Es el quinto desde la restauración de Josep Tarradellas y el octavo si contamos la restauración republicana de 1931… Claro que si a Mas le dejan darse pote y coger carrerilla es capaz de remontarse al siglo XIV, en plan Érase una vez el hombre. Entonces nos saldrían unos 130 presidents por lo bajo (con eso ya llenaríamos dos o tres autocares de la ANC). No necesariamente este negocio ha ido mejorando con el tiempo. La tendencia de Mas a llevar traje y corbata en lugar de bermudas y chanclas ha favorecido en Madrid el equívoco de que él encarna la última esperanza de moderación y de seny o de que tiene un plan… así sea pérfido. Es peor. ¡No hay plan! En serio, Lluís Companys también improvisaba todo el rato: descontroló las calles de Barcelona hasta extremos de Chicago años 30, proclamó algo parecido a la independencia desde el balcón de la Generalitat básicamente para impresionar a su novia, perdió la guerra, el norte y el oremus y, en fin, sólo se salva de la quema total porque algún idiota decidió fusilarle y ya se sabe que un bel morire tutta una vita onora. Esa es la esperanza de Mas: ganar batallas después de muerto. En vida ha perdido elecciones a mansalva y su mayor talento es procurar que no se note, a base de convertir el resultado y hasta la lista electoral en un acertijo que no lo descifras ni piedra Rosetta en mano. Atención, pregunta: ¿quién es el candidato a la presidencia de la Generalitat de Junts pel Sí? El que lo adivine gana un fin de semana con todos los gastos pagados (en billetes de 500) en Andorra.

Siete nombres para huir de Corea del Norte

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Han pasado 18 años desde que cruzó un río helado para llegar a China. Hyeonseo es su séptimo nombre. Significa “la fortuna de la luz del sol” y se lo puso ella misma al alcanzar la libertad. Ahora ha plasmado su vida en el libro La chica de los siete nombres (Península, 2015). 

Reportaje gráfico: Moeh Atitar

Hyeonseo Lee tiene una sonrisa dulce que ni siquiera desaparece cuando la rodean recuerdos de miseria, muerte y represión. Su pelo negro contrasta con un vestido blanco, que acompaña la luminosidad y la decoración sobria de la biblioteca. Habla en inglés, un idioma que siempre creyó “enemigo” hasta que huyó con 17 años de Corea del Norte.

Al explicar lo que supone para ella la libertad, reflejada en los grandes anuncios, las tiendas y los carteles de la Gran Vía madrileña, alza sus brazos intentando abrazar el espacio y gesticula diciendo: “No sabría explicar esa sensación, la de vivir en libertad por primera vez. No es sólo el aspecto de la calle, puede sentirse en el aire, en la naturaleza, en los olores, en las miradas de la gente”.

Han pasado 18 años desde que cruzó un río helado para llegar a China. Hyeonseo es su séptimo nombre. Se lo puso ella misma cuando alcanzó la libertad: “Lo elegí porque no quería volver a las sombras”. “Hyeon” significa “luz del sol”, y “seo”, “fortuna”.

Después de refugiarse en un sinfín de identidades, sufrir interrogatorios y esquivar la deportación durante años, ha plasmado su vida en el libro La chica de los siete nombres (Península, 2015). Ahora recorre el mundo con el objetivo de lograr apoyo internacional para proteger los derechos humanos en su país, que todavía “ama y echa de menos”. Lo que sigue a continuación es su vida según la cuenta ella misma en las páginas del libro y durante nuestra conversación. foto_nc1

Reportaje gráfico: Moeh Atitar

Un ruido atronador

La historia de Hyeonseo arranca cuando apenas tiene cuatro años. Lleva un vestido azul cielo. Ha salido a jugar al terraplén de hierba que hay detrás de su casa. Se sienta en la vía del tren y juega a recoger piedras, dejándolas en su regazo. El suelo húmedo ensucia sus manos de barro y hierba. De pronto, oye un ruido atronador, huele a quemado y no ve nada, tan sólo oscuridad. A gatas, escapa de los bajos de un vagón. Su madre, corriendo, se abre paso entre la multitud y la coge en brazos. Una mujer se acerca y dice: “Sobrevivir a tal accidente es un buen presagio. Tendrás una larga vida”.

No se equivocó. Unos años más tarde, la casa de los Lee ardió en llamas. A Hyeonseo no le pasó nada. Cuando el incendio calcinaba las paredes y el humo se tornaba cada vez más negro, su padre volvió dentro. Temían lo peor, pero consiguió salir con dos objetos rectangulares bajo el brazo: los retratos de los líderes Kim Il-sung y Kim Jong-il.

Hyeonseo creció bajo aquellas miradas, acristaladas y colocadas por imperativo legal en cualquier edificio: “Los marcos tenían que ser el objeto más elevado de la estancia y estar perfectamente alineados. Los limpiábamos con un paño especial proporcionado por el Gobierno que no debía usarse para nada más. Un oficial, con guantes blancos, los revisaba una vez al mes. Si no estaban limpios, se recibía un castigo”.

De niña fue feliz, o por lo menos así lo recuerda. “Creía que todo lo que ocurría a mi alrededor era normal. No sabía que más allá de las fronteras existía un universo distinto”. Hyesan, la ciudad donde vivía, está rodeada por las montañas, que brillan en verano, y en invierno se cubren de nieve. El río Yalu, que la recorre, separa al país de China, que empieza en la otra orilla. Tiene once metros de ancho y no es muy profundo. Cuando bajan las temperaturas, el hielo lo convierte en un puente hacia el contrabandismo o la libertad, como en el caso de Hyeonseo, que lo cruzaría poco antes de cumplir los dieciocho. “Parece que en Hyesan acaba todo, que no hay nada más allá. Por eso la llaman el fin del mundo”.

Las ejecuciones públicas

Cuando tenía siete años, vio su primera ejecución. Su madre la mandó a hacer un recado. Hacía calor, la humedad era desagradable y había algo que emanaba un olor fétido. Las moscas estaban por todas partes. Una masa de gente se amontonaba bajo el puente del ferrocarril. Había un hombre colgado del cuello. Una bolsa de tela cubría su rostro y llevaba las manos atadas a la espalda.

Ya en la educación primaria es obligatorio asistir a las ejecuciones públicas. Hyeonseo recuerda una de ellas: “Había tres hombres atados a una estaca. El juez anunció que los criminales habían confesado sus crímenes y luego les preguntó si tenían algo más que decir. Estaban amordazados, con la boca llena de piedras, supongo que para que no maldijeran al régimen con su último aliento. En el momento de los disparos, colocan a los parientes en primera fila”. Ahora, explica, contar al mundo que esto ocurre es una de las partes más importantes de su mensaje.

El colegio en Corea del Norte entraña muchas obligaciones. Una de ellas, las sesiones de autocensura. “Tenían lugar cada sábado. Asistíamos las cuarenta alumnas de la clase y las presidía la maestra. Por turnos, nos levantábamos para acusar a alguien y confesar algo”. Hyeonseo explica que los coreanos del norte son introvertidos, en gran parte, por miedo a que los delaten: “El ciudadano hace el trabajo del policía. Aprendí de mi madre, desde pequeña, a ser muy reservada, a no coger confianza con aquellos que no eran de mi familia”.

Hasta los 14 años, los alumnos son ‘exploradores’ y protagonizan los juegos colectivos, grandes desfiles que hacen de ellos “unos buenos comunistas”. Preguntada por el objetivo de estas actividades, utiliza unas palabras de Kim Jong-il: “Puesto que cada niño sabe que un solo desliz puede estropear una exhibición colectiva, aprende a subordinar su voluntad a la del grupo”. A partir de los 14, los juegos colectivos desaparecen para dejar paso a la liga de las juventudes socialistas, donde se adiestra militarmente a todos y cada uno de los adolescentes.

Las asignaturas, centradas en la vida de los líderes, la ética comunista y el odio hacia los coreanos del sur y los estadounidenses, contribuyen a crear un pensamiento vengativo: “Nos ponían imágenes de tanques del sur cruzando la frontera, masacrando la población civil. Los ojos se me ponían llorosos, bullía pensando en la venganza y en hacer justicia. Era un sentimiento común”.

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El suicidio y las castas

El padre de Hyeonseo siempre había trabajado en el ejército, pero fue destinado a una empresa comercial, lógicamente en manos del Estado, lo que llevó a la familia a orillas del río, a la frontera con China, adonde el señor Lee tendría que viajar con frecuencia. “Estábamos tan cerca de China que nuestro televisor podía sintonizar sus canales”.

Un día, el padre de Hyeonseo fue arrestado en la frontera. Cinco militares entraron en casa por la noche y buscaron objetos de valor y dinero: “Rompieron las paredes, abrieron el suelo y desmontaron el techo”. Lo acusaban de soborno y abuso de poder. Fue ingresado en el hospital porque le habían dado una paliza. Le obligaban a escribir una confesión. Cuando lo hacía, los militares la rompían una y otra vez al no conseguir lo que querían. Unos días después, el hospital certificó su fallecimiento: “Suicidio con sobredosis de tranquilizantes”.

El sistema de castas que estructura Corea del Norte castiga a los familiares de quienes se quitan la vida tachándolos de “hostiles”, lo que les impide estudiar en la universidad o acceder a un buen puesto de trabajo. “Mi madre sobornó al hospital y consiguió que cambiaran el certificado”.

Con 15 años, y a pesar de los canales chinos de televisión, la música extranjera de contrabando y las luces que brillaban en el país del otro lado del río, Hyeonseo conservaba una inocencia peligrosa: “Creía que me podía quedar embarazada con tan sólo besar a un hombre. Mis amigas pensaban lo mismo. Nos enteramos de la realidad viendo una película ilegal”.

La muerte del dictador

El 8 de julio de aquel año, 1994, Hyeonseo fue al colegio, pero las clases se suspendieron. Enviaron a los alumnos a casa y les dijeron que encendieran el televisor, lo que extrañó a muchos ya que no había emisiones diurnas.

“El gran corazón ha dejado de latir”, dijo la locutora. “Kim Il-sung ha muerto”.

Semanas más tarde, muchos fueron castigados por no haber vertido lágrimas suficientes: “No conseguía llorar. Me humedecía los ojos con saliva y los frotaba. Una chica de mi clase fue castigada, pero tuve suerte”.

Al año siguiente, la gran hambruna comenzó a asolar al país. Aparecieron mendigos por todas partes, sobre todo alrededor de los mercadillos. También había niños vagabundos que iban del campo a la ciudad.

Hyeonseo recuerda las aceras vacías y las personas hablando consigo mismas, alucinando por culpa del hambre. Había cuerpos en el río, boca arriba, que los guardias fronterizos recogían para que no los vieran desde la orilla china. Pero no solo faltaban los alimentos. También escaseaban los fertilizantes.

“Los niños fueron obligados a llevar al colegio sus excrementos para usarlos con este fin”, explica. “Las familias cerraban con llave sus retretes exteriores para que los ladrones no les quitasen lo que pudieran contener”. Hyeonseo empezó a preguntarse: “¿Por qué la gente se muere de hambre? ¿No vivimos en el mejor país del mundo?”.

La muerte por inanición del profesor de acordeón de su hermano o de un ladrón escuálido que no pudo llevarse el televisor de su casa por falta de fuerza son algunos de sus recuerdos de la gran hambruna.

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La huida

Durante el invierno de 1997, poco antes de que Hyeonseo cumpliera los 18 años, una compañera del colegio le propuso cruzar el río hacia China. Las luces de neón del otro lado, los guardias chinos fornidos y uniformados y los niños que no parecían hambrientos picaban su curiosidad. Sabía que si quería cruzar aquél era el momento.

A partir de la mayoría de edad, cometer un delito podía traerle problemas mucho más graves y hubo un detalle que la ayudó: el guardia que cubría el tramo del río más cercano a su casa se enamoró de ella. Llegó incluso a proponerle matrimonio. Su fuerte amistad le animó a cruzar. Sabía que si él la detenía, no correría demasiado peligro.

Ocurrió la segunda semana de diciembre. Era de noche. Hacía frío y sobre el río helado se podía caminar. La nariz quemaba y el vapor del aliento coloreaba la oscuridad. El viento apenas soplaba y el silencio era absoluto. Cuando Hyeonseo llegó al río se encontró con el guardia, al que convenció para cruzar. Así pisó China por primera vez.

“Tenía la idea de visitar a unos parientes. Ni siquiera miré atrás. Pensaba que volvería en unos días”, explica. Ya en casa de sus tíos, a la que llegó acompañada por un contrabandista amigo de su familia, se enamoró de los brillantes colores de la ropa, la música, los anuncios y la libertad. Su estancia se prolongó, celebró allí los 18 años y para cuando se dio cuenta estuvo a punto de casarse con el hijo de unos amigos de sus tíos. “Era un matrimonio de conveniencia”, dijo. “Notaba que todo lo que me pasaba sucedía, sin que yo pudiera elegir. Huí una vez más”.

A partir de ese momento, alternó trabajos en distintos restaurantes. Superó los interrogatorios en comisaría y evitó la deportación. La compra de un documento de identidad en el mercado negro le otorgó la nacionalidad china, lo que le dio tranquilidad y la posibilidad de optar a puestos mejor remunerados.

La libertad no es todo

Mientras tanto, en Corea del Norte, su madre sufría una estrecha vigilancia. Tuvo que fingir la desaparición de su hija, lo que no convencía a las autoridades. A su hermano, después de recibir dinero y objetos de contrabando, le pegaron una paliza, intentando averiguar la procedencia del paquete de su hermana.

La preocupación por la seguridad de su familia y la soledad llevaron a Hyeonseo a la frontera a recoger a su madre y a su hermano, para sacarlos de aquel infierno. Recorrieron China los tres juntos, disfrazados de una guía que acompañaba a dos sordomudos. Ya en la frontera con Laos, donde tenían previsto que la embajada de Corea del Sur les diera asilo político, su familia fue detenida por la policía, que los retuvo tres meses en la cárcel antes de permitirles viajar a Seúl.

– En el libro cuenta que “la libertad no lo es todo”, que incluso estuvo tentada de volver a su país.

– Es cierto. Pagué un precio demasiado alto por la libertad, el de no volver a ver a mi madre, a mi hermano, a mis tíos. Me corroía por dentro. No podía soportarlo. Además, no fui realmente libre hasta que llegué a Corea del Sur. Hasta entonces estuve escondiéndome, pensando en que mi deserción podía suponer los peores peligros para los que todavía estaban allí.

Ese peligro todavía acecha a los familiares de Hyeonseo que viven en Corea del Norte. Por ello, en el libro se refiere a ellos como el tío Cine, la tía Bonita o el tío Rico. Las caras de su madre y hermano, huidos gracias a ella recientemente, aparecen difuminadas por miedo a las represalias.

Hyeonseo ama su país. Desea volver algún día. Ahora lucha por los derechos humanos de quienes no pueden escapar, de aquellos que viven en la sombra, sin saber que “existe un mundo maravilloso, de ciudades preciosas, de sitios por conocer, y de personas tan distintas”.