En una larga entrevista con EL ESPAÑOL, la doctora Elisa Pinto denuncia el acoso y las agresiones de Javier López Madrid, yerno del empresario Juan-Miguel Villar Mir, con la complicidad de miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado.

Meterme en una batalla judicial por acoso sexual en este país contra el yerno de Villar Mir, amigo del Príncipe, era una osadía”.

La puñalada en el abdomen me provocó un dolor muy fuerte. Yo pensé que me habían matado. Fue dolorosísimo”.

Javier me dice que el policía Pepe Villarejo es experto en poner en su sitio a las putas locas como yo”.

Elisa Pinto Romero (Madrid, 1967) tiene tres hijos y es una de las dermatólogas con más clientes de Madrid. Desde hace años pasa consulta en la clínica San Camilo: un centro que se encuentra en el corazón del barrio de Salamanca y donde trata a ministros, empresarios y miembros de la alta burguesía de la capital.

Pinto ha aparecido como dermatóloga en alguna publicación de moda. Pero no habría concedido una entrevista como ésta si no fuera por su denuncia por acoso sexual contra Javier López Madrid (Madrid, 1964), imputado como consejero de Bankia, amigo de Felipe VI y yerno del empresario Juan-Miguel Villar Mir.

López Madrid llegó con su esposa Silvia a la consulta de la doctora Pinto en la primavera de 2012. Unos meses después, operó al empresario y le dio su número de móvil. Este detalle propició un cruce de mensajes que, según dice, fue degenerando en un rosario de llamadas sexuales, dos puñaladas y cuatro amenazas a su hijo mayor.

Una orden de alejamiento impide a López Madrid acercarse a menos de 500 metros de la doctora Pinto. El empresario niega las acusaciones. El escándalo lo desveló el periodista Eduardo Inda en su blog.

La dermatóloga ofrece su versión de los hechos durante una larga entrevista en uno de los despachos de la sede de EL ESPAÑOL. Gesticula y habla con voz clara. Se le quiebra la voz al mencionar a sus hijos y pone la mano izquierda sobre el pecho para enfatizar algún detalle de la conversación.

Llega con unos vaqueros azules y una chaqueta de tweed y coloca sobre la mesa dos iPhones blancos de distinto tamaño. En sus manos luce varios anillos y en el pecho, un colgante de una salamandra y otro de un trébol de cuatro hojas. “Lo que me han hecho es abominable”, dice cuando se le pregunta qué le diría a quienes no creen su versión.

A continuación se pueden leer sus palabras durante la entrevista sin interrupciones. Lo que sigue es un relato en primera persona de su denuncia. El primero que publica un medio de comunicación.


Así se conocen

“Yo conozco a Javier López Madrid desde la primavera de 2012, cuando acude a mi consulta acompañado por su mujer Silvia Villar Mir. Vienen juntos a la consulta varias veces y luego viene él solo. Le tengo que operar y luego acude a hacerse una revisión.

Es entonces cuando empieza a escribirme mensajes por WhatsApp y poco a poco empieza una especie de flirteo telefónico. Al principio intento eludirlo. Pero durante el verano empieza a enviarme mensajes subidos de tono con contenidos e imágenes de índole sexual. Eran mensajes de texto y mensajes de voz.

El momento clave llega en septiembre de 2012 cuando me pasa algo increíble al llegar al hotel Bristol de París [muy cerca de los Campos Elíseos]. Estoy allí para participar en un congreso y recibo una llamada de Javier. No respondo y unos minutos después llaman a la puerta de mi habitación.

Al abrir, me lo encuentro a él y me dice que ha venido a mantener relaciones sexuales conmigo. Que está libre toda la noche y que si quiero me paga la habitación y se marcha a la mañana siguiente. Inmediatamente le digo que se vaya. Le explico que si no se va le voy a denunciar. Que aquello es Francia y que allí sí que lo meten en la cárcel. La discusión se produce dentro de la habitación y puede durar cinco, 10 o 20 minutos. No lo sé. Justo entonces llama el mozo de maletas y con la excusa se marcha. Yo entro un poco en pánico, cambio la fecha de mi billete y regreso a Madrid esa misma noche.

Según me dice antes de irse, ha volado en un avión privado al aeropuerto de Le Bourget y lo acompañaba una persona que lo ha dejado en la terraza del hotel.

Yo no le había dicho a Javier que fuera a ir a París. Pero él siempre me decía que estaba controlada y que sabía mis movimientos”.

Cómo comienza la relación

“Medios policiales”

“Algunas veces me decía que tenía a su servicio medios policiales y que le ayudaba su amistad con la Casa Real. Que si en algún momento le denunciaba iban a enterrar las denuncias porque él tenía acceso a la policía y yo no iba a tener nada que hacer. Otras veces su actitud era muy distinta y me decía que le perdonara y que sentía mucho lo que había hecho.

Entonces mi actitud es intentar evitar la denuncia por acoso y resolver la situación de una manera pacífica. La actitud de mi marido es muy distinta. Se lo cuento por primera vez en el verano de 2012 y enseguida me dice que debo denunciar a Javier y cortar de cuajo la relación con la familia Villar Mir. Un día me llama la mujer de Javier y mi marido me dice: ‘¿Por qué no le cuentas lo que te está haciendo él?'”.

“Si le denunciaba me decía que su amistad con la Casa Real le ayudaba”

El anillo de Cartier

“En la Navidad de 2012 yo quiero un anillo de Cartier y voy a la tienda de Madrid pero no tienen mi talla. Me dicen que está agotado en todo el mundo y uno de los vendedores, Hugo Coriat, se ofrece a llamarme en cuanto lo traigan. Me llama a mediados de marzo y me dice que el anillo ya está en la tienda. No puedo ir hasta el sábado. Pero el viernes, mientras estoy operando, me dicen que hay un paciente en mi despacho.

Al llegar, me doy cuenta de que quien me espera es Javier y que está allí para pedirme disculpas. Le digo que se vaya y sólo entonces me doy cuenta de que ha dejado un paquete sobre la mesa. Lo abro y me doy cuenta de que es el anillo que yo había encargado. Yo nunca le hablé del anillo. Pero él me decía que yo tenía los teléfonos pinchados. Siempre decía que había policías y amigos suyos que me podían pinchar el teléfono.

Aquello me deja muy extrañada y me dirijo a Cartier y en Cartier me dicen que se ha llevado el anillo y que ha pagado la mitad en efectivo y la otra mitad con su tarjeta de crédito. La factura está a mi nombre porque yo había encargado el anillo. Pero la tarjeta con la que se paga es suya.

El anillo costaba 4.700 euros y lo tengo guardado en casa. ¿Que por qué no lo devuelvo? Intento devolverlo. ¿Pero adónde mando un anillo de ese valor sin estar segura? No me planteo dejarlo en Cartier porque es un asunto delicado. No quiero explicar en la tienda que lo había comprado otro señor. Me siento tan avergonzada que no he vuelto a Cartier. Hasta el punto de que se me para el reloj [de Cartier] y voy a arreglarlo a El Corte Inglés de la Castellana. Al principio intento enviar el anillo a Javier. Pero luego prefiero reservarlo como prueba porque tiene un número de serie”.

Un grupo llamado ‘J’

“Al principio esta historia sólo la conocían mi marido y dos amigas con las que teníamos un chat que se llamaba ‘J’. Allí les iba contando cada uno de estos episodios. Una vive en Madrid y otra se ha mudado fuera de España.

A mi secretaria se lo digo por primera vez justo cuando ocurre el incidente del anillo, en marzo de 2013. Lo hago porque Javier me dice que me reúna con él en su despacho para hablar. Llego allí a las ocho de la tarde y aquello no es un despacho: es una especie de piso franco en la calle Castelló. Javier intenta empujarme dentro de aquella casa y yo le digo: ‘¡Hijo de puta! Como no me dejes en paz, llamo a tu suegro’. Sólo entonces me deja marcharme.

Al día siguiente, se presenta aterrado y sin cita en mi consulta pensando que le voy a denunciar. Se tira allí una hora llorando y diciendo que le perdone.

Mi secretaria le conoce muy bien de los años en los que ella trabajaba con mi maestro, el doctor Joaquín Soto Melo. Al explicarle la historia, me dice que Javier tiene un carácter peculiar y que no le extraña nada de lo que le cuento. A ella le doy instrucciones de que no le deje entrar en mi consulta y a Javier le digo que como venga llamo a su mujer”.

En la redacción

Amenazas telefónicas

“Javier se vuelve cada vez más histriónico. Me dice que está pasando por una mala racha porque una persona de su entorno ha intentado suicidarse y que está atravesando una especie de iluminación religiosa después de viajar al santuario bosnio de Medjugorje.

Todo era una locura y yo sólo quería llegar a un acuerdo. Es cierto que yo podía haber bloqueado mis teléfonos. Pero Javier me decía que podía hablar con policías y que tenía contactos en los ámbitos médicos que profesionalmente me podían perjudicar. Todo lo que me dijo entonces se ha ido cumpliendo.

A partir de septiembre de 2013, yo adopto una actitud mucho más agresiva. Me llama y me dice que baje un momento a la puerta de mi casa. Primero empieza llorando y diciendo que lo siente, y acaba agarrándome del cuello en la calle que hay detrás de mi casa.

Sé que es absurdo bajar. Pero en ese momento creo que el diálogo es posible. Quizá uno tiene que conocer su personalidad para entender mi conducta. El acoso se establece entre dos personas que no son iguales. Si cualquiera aparece en mi consulta y me hace una mínima parte de lo que me hace él, lo habría denunciado. Si no lo denuncio, es por su poder y por sus relaciones.

Yo tengo una consulta y no vivo de un sueldo fijo. Mis pacientes son personas que pueden irse a la clínica Mayo y sin embargo vienen a mí. Hablamos de abogados o ministros.

Meterme en una batalla judicial por acoso sexual en este país contra el yerno de Villar Mir, que era el hombre ideal, el padre perfecto, el prócer de la patria y el amigo del Príncipe [hoy Felipe VI], era casi una osadía. Yo no podía hacer eso porque la respuesta que iba a tener en los juzgados es que era una loca o una puta. Si yo viviera en Estados Unidos, todo habría sido distinto. Pero no aquí.

Mis amigos son amigos suyos. Mis vecinos de abajo son sus amigos. Mi comportamiento puede parecer ridículo, pero yo intento resolver este asunto de una forma pacífica”.

“La respuesta que iba a tener en los juzgados sería que era una loca o una puta”

“Sus amigos policías”

“En junio de 2013, Javier me dice que ha contactado con unos amigos policías que le van a ayudar a ponerme en mi sitio. Uno de ellos, según me dice, es [el comisario] Pepe Villarejo, con el que ha contactado a través de su relación con Francisco Granados [consejero de la Comunidad de Madrid con Esperanza Aguirre y hoy en la cárcel por la Operación Púnica].

En septiembre empiezo a recibir mensajes anónimos desde móviles y desde cabinas telefónicas. Era una voz de mujer que me llamaba puta y que me decía que me alejara de López Madrid. Anulo el teléfono al que me llegan esas llamadas y recibo una similar en el teléfono de mi casa el 3 de noviembre de 2013. Lo recuerdo porque ocurre en el puente de Todos los Santos. Ese día estoy al teléfono con Javier hasta cinco horas en tres ocasiones y acepto mantener conversaciones amistosas con él a lo largo del mes de noviembre.

¿Que por qué me creo lo que dice? Porque al principio cumple los términos. Durante ese mes Javier no me amenaza, no me envía mensajes sexuales y sólo me dice, por ejemplo, que le recomiende una película en francés para ver en versión original. Pero de pronto se corta la comunicación y se presenta con un matón en mi despacho el 10 de diciembre de 2013.

Mi secretaria, aterrada, me dice que el señor López Madrid está fuera. Al entrar por la puerta, veo que viene con un hombre al que no me presenta. Es un hombre con abrigo oscuro y un jersey de pico de color granate. Un tipo corpulento, de nariz chata y tez morena. Tiene el pelo corto y canoso y camina muy despacio. Al salir, mi secretaria me dice que tiene pinta de matón.

Javier me dice que viene a verme en contra de la opinión de su abogado porque recibe llamadas anónimas cuya autora soy yo con una tarjeta de prepago falsificada a nombre de una señora de Toledo. Me cuenta que hay un montón de denuncias, que va a tener el detalle de pararlas y que van a venir a verme sus amigos policías.

Aquel encuentro me lleva a acudir al abogado Luis Rodríguez Ramos, al que llego a través de una amiga común. Sigo recibiendo mensajes desde números anónimos y lo dejo todo en manos de mi letrado, al que le digo que transmita a Javier que estoy dispuesta a no denunciar nada si me deja en paz. Pero Javier dice que no hay nada que acordar”.

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Amenazan al hijo

“Ocurrió el último día del colegio antes de las Navidades de 2013. Al salir de clase, un nombre se acerca a mi hijo mayor y le suelta: ‘Dile a tu madre que estamos pendientes de vosotros’. La descripción que mi hijo hace de esa persona casa con la del hombre canoso que había estado en mi despacho con Javier.

Se lo cuento a mi abogado de entonces y me dice en un correo electrónico que efectivamente López Madrid ha generado un dispositivo que incluye escuchas y seguimientos a mi persona. Luego me dice que es posible que esas personas se hayan extralimitado en sus funciones y hayan ido a ver a mis hijos sin decírselo a Javier.

Unos días después me voy a República Dominicana. Vuelo al día siguiente de Navidad y vuelvo el 5 de enero de 2014. Al llegar a casa, recibo la enésima llamada amenazante y decido que ya no aguanto más. Mis hijos y mi marido se van a la Cabalgata de Reyes y yo me voy a denunciar los hechos a la comisaría de Chamartín.

Al volver a casa después de poner la denuncia, recibo una llamada desde el mismo teléfono (un Motorola de color rojo) pero no es la misma persona. Es una mujer que se lo ha encontrado en la calle y que no sabe qué hacer con él. Le digo que lo lleve a la comisaría de Chamartín y lo hace pero nadie sabe quién hace la entrega. En los aledaños de la comisaría hay cámaras por todas partes pero nadie toma nota de su identidad.

Desde entonces, todo se recrudece. Mi hijo ha recibido hasta cuatro amenazas a la puerta del colegio. Siempre es la misma persona. La misma que le amenazó en diciembre de 2013. Supongo que ya no se atreve a acercarse. Pero coloca el coche en doble fila y espera a que el niño le vea. Le saluda con la mano y se va. El niño nunca lo dice en el momento porque a veces se va al parque o a casa de unos amigos después del colegio y no quiere que la persona que lo cuida se lo lleve a casa en ese momento. ‘Mamá es una preocupona’, suele decir”.

La primera agresión

“A mí me operan el 7 de enero de 2014 en la clínica Ruber y estoy de baja esos días. El 13 de enero salgo de casa en mi coche para ir a una farmacia en el paseo de La Habana. Al llegar, me doy cuenta de que no llevo el monedero y pienso en volver a casa, pero me detengo un momento en doble fila por si tengo 50 euros en un bolsillo lateral del bolso.

Al agacharme, oigo un golpe y pienso que algún coche se ha llevado por delante el retrovisor. Pero al levantarme alguien en el asiento trasero me agarra con mucha fuerza el brazo derecho, me clava un objeto punzante en el antebrazo izquierdo y me dice: ‘Estás indefensa’.

Se oyen unos pitidos fuera y el agresor dice ‘coño’ y sale del coche. Sólo le veo por el retrovisor. Es un hombre enjuto vestido con un plumas oscuro que tiene un tatuaje redondo en la mano derecha. Yo lo denuncio y la policía ni siquiera toma huellas en mi coche.

Entre enero y marzo de 2014, se suceden las llamadas amenazantes que yo sigo denunciando. Esta vez las hace una voz aflautada. No podría decir si masculina o femenina pero imitando la voz de los dibujos animados. Me dice que van a matar a mis hijos y que soy ‘una puta lista’.

A partir de marzo, recibo también mensajes de texto amenazantes. ‘Hija de puta desquiciada, acabará contigo. Te la tiene jurada. Nadie hace lo que tú estás haciendo sin pagarlo caro’, dice uno de ellos. ‘Dices que tus hijos son tu vida’, dice otro. ‘Prepárate a vivir sin ellos. Esta vez será tu hijo el que sangre como un cerdo. Debimos mataros la última vez. Sin testigos no hay caso’.

Nadie investiga esos mensajes amenazantes que yo recibía desde distintos números. Pero unos meses después se redacta un oficio policial en el que el Motorola rojo que se encontró en la calle figura a nombre de Javier López Madrid con una tarjeta de prepago de la compañía Lebara”.

Cruce de denuncias

“A finales de marzo de 2014, Javier pone una denuncia ante la brigada de homicidios por unas llamadas agresivas que dice recibir. El 7 de abril soy yo quien pongo una denuncia contra él por acoso sexual en la sede de la unidad de la mujer de la Guardia Civil de Tres Cantos.

Dos días después de esa fecha viene a verme la hija de Javier, que tiene veintipocos años y que según él también ha recibido mensajes amenazantes. Ella viene sola a la consulta y mantenemos una conversación meramente profesional. Si creía que yo lo estaba amenazando, ¿por qué dejó que su hija viniera a verme?”

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La segunda puñalada

“La segunda agresión la sufro el jueves 10 de abril de 2014. Era el último día de clase antes de las vacaciones de Semana Santa y les había prometido a los niños unas hamburguesas porque nunca las comemos en casa. Eran más o menos las ocho de la tarde y era de día porque ya había cambiado la hora. Giro por la calle Triana, oigo un golpe y me doy cuenta de que mi hijo no lleva puesto el alzador. Me bajo del coche para cogerlo del maletero y veo al hombre canoso que había estado con Javier en mi consulta. Me clava un objeto punzante en el estómago y me dice: ‘López Madrid quiere que cierres la boca’.

Mi hijo lo oye y se pone a gritar. Yo me vuelvo para decirle que no salga del coche porque no sé si hay alguien más y si le pueden hacer algo a él. Al darme la vuelta, me doy cuenta de que el agresor se va caminando. Cierro corriendo el maletero y me meto en el coche. No grito porque me da miedo que nos vayan a hacer algo. Entonces me tapo la herida, arranco el coche y es mi hijo quien llama al 112.

Apenas sentí nada con la puñalada en el brazo pero la puñalada en el abdomen me provocó un dolor muy fuerte.

Yo pensé que me habían matado. Fue dolorosísimo. Llevaba puesto un pantalón vaquero, una parka militar verde y una camiseta blanca. Eso fue lo que asustó a mi hijo: ver la sangre sobre la camiseta blanca. Hace unos días hablaron de sangre en clase y se desmayó porque aún lo recuerda. Sufre un síndrome de estrés postraumático y revive la experiencia.

Al hablar con el 112, mi hijo no sabe decir dónde estamos exactamente. Pero la calle Triana está justo al lado de mi casa y le digo que les dé esa dirección. Allí llega primero la policía y se lleva a casa a mi hijo, que está rojo y sufre una crisis de ansiedad. Yo espero a que llegue una UVI móvil que me lleva al hospital Gregorio Marañón”.

La doctora declara

“Yo declaro y esa misma mañana, curiosamente, la UDEF presenta un documento provisional sobre la localización de los móviles. En él se empieza a decir que todos esos mensajes se envían desde el entorno de mi casa y de mi consulta. Luego llega el documento definitivo, que creo que está fechado a finales de julio. En esas fechas yo recibo hasta tres mensajes diarios de diferente índole.

A veces me dan un detalle pormenorizado de lo que hago. Algo así como ‘hoy no has salido en todo el día’, ‘llevamos toda la mañana aquí esperando a que salgas a misa’, ‘debes de tener unas enormes habilidades sexuales para que estemos desplegando este tipo de dispositivo por tu culpa’… ¡Ese tipo de cosas! También me llaman ‘puta judía’ porque mi padre era judío. Las referencias antisemitas no son constantes pero aparecen de vez en cuando.

Al leer el informe definitivo, comprobamos que las comunicaciones se hacen desde el entorno de mi casa y de mi consulta. Pero se hacen con un teléfono a nombre de Javier. También durante las Navidades, mientras yo estaba en la República Dominicana. En marzo y abril llaman desde cerca de mi casa cuando yo estoy en mi despacho. Lo sé porque todo está digitalizado y queda registrado en mi consulta.

Entonces pedimos los datos que demuestren el lugar donde está mi teléfono en cada momento. Ellos dan los datos de geolocalización de los otros teléfonos para acusarme, pero no los datos de los míos. Yo misma pido que intervengan mis teléfonos. Todos.

En torno a las diez y cuarto del 14 de junio de 2014, recibo una llamada muy extraña como con ruido y gemidos. Yo estoy con mi entrenador dando clases en casa. Cuelgo, vuelve a sonar el teléfono y es la voz de Javier López Madrid que me dice algo así como: ‘Llevo tocándome para ti desde hace dos horas’.

Esa llamada está grabada. Pero no se solicita ni cotejo de voz ni localización. Yo siempre he dicho que esa llamada Javier la hace desde su casa y vamos a solicitar tanto la localización de mi móvil como la del suyo cuando hace esa llamada el 14 de junio. Todo esto es increíble para mí.

No he dejado de recibir mensajes. El 9 de diciembre recibo éste: ‘Qué pérdida de tiempo, puta imbécil, tanto esfuerzo para acabar muerta’. En este otro me dicen: ‘Hemos ofrecido a López Madrid unas grabaciones de unas llamadas y no quiere comprarlas. A ti te interesarían’. Y en otro: ‘¿No quieres las grabaciones? Lástima. El día que te relajes te mataremos’.

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Mi marido va por días. Hay días que está enfadado y otros preocupado. Estos días con todo el lío de la prensa está muy tranquilo. Me dice que no lea nada y que no vea la televisión. Me dice que no le dé importancia porque sabe que yo estoy fuera de mí. Él nunca ha recibido llamadas ni mensajes”.

Invierte en su firma

“Al invertir mis ahorros, yo no sé que Javier es el fundador en [la firma de inversión] Tressis. Es como si mañana invierto en Bankia y luego me entero de que él está en el consejo de administración. Yo tenía una cantidad de dinero que estaba en unos depósitos y al llegar la crisis ya no rentan nada. Por eso decido entrar en la banca de inversión y llego a Tressis a través de uno de mis pacientes. Él me dice en la consulta que es buena inversión. Llamo, pido cita con el consejero delegado y le digo que llamo de parte de este señor. Firmo la cesión y me dice: ‘Javier se retrasa porque ya sabes como es’. Y de repente aparece Javier López Madrid.

Esto ocurre antes de mi denuncia, en junio de 2013. Están Javier y el consejero delegado, José Miguel Maté. Yo estaba out y de repente dice López Madrid: ‘Qué raro, que callada estás, doctora, con lo habladora que eres’. Y yo es que no podía decir nada, estaba paralizada. No me esperaba que fuera a estar allí.

Javier alardeaba de grandes operaciones como la de Abertis pero nunca habló de Tressis. De Bankia hablaba en plan muy farrullero (sic). Decía que estaba imputado y de hecho me mandó un mensaje en el que me preguntaba si me ponían los imputados, que si me excitaban.

Al final de la reunión en Tressis, me quedé para que me explicara. Entonces me dijo que lo sentía y que estaba pasando por un mal momento y me pidió que no retirara mi dinero porque le iba a dejar en mal lugar delante de su socio. En ese momento me promete que Tressis nunca va a mantener una comunicación conmigo a través de él”.

La “cuadra” de Javier

“¿Por qué doy una serie de nombres que aparecen en el sumario? Porque siempre pienso que los nombres que él da junto con las personas de su cuadra [de mujeres] son personas que le puede ayudar en este tipo de montaje telefónico, que puedan enviarse mensajes entre ellos que le sirvan a él de coartada.

Me sorprende mucho que alguna de esas personas diga en su declaración que ha recibido mensajes desde octubre de 2013 a junio de 2014. Que le han llamado a ella, a su marido, a su suegra o a su centro de trabajo y que López Madrid le ha dicho que no denuncie porque se trata de una dermatóloga obsesiva. A mí me parece un asunto lo suficientemente grave como para que lo denuncies aunque López Madrid sea un amigo tuyo encantador y que te diga que no hagas nada.

Yo hablo de una cuadra de mujeres. Javier dice que hay tres mujeres que tiene dentro de su cuadra porque mantiene relaciones con ellas. Luego habla de otras con las que lo ha intentado y no lo ha conseguido. Dice que el marido de una le ha querido pegar un puñetazo y que es una mojigata. Pero no quiero dar nombres. Hablo sólo de aquéllas que él dice que forman parte de su cuadra porque entiendo que en un momento determinado pueden prestarle ayuda. Y Ricky Fuster aparece en el sumario porque el teléfono desde que se me mandan mensajes el 18 de septiembre está a su nombre y ese teléfono lo utiliza su mujer, que es Mónica Sánchez Navarro”.

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Las chocolatinas

“Yo le hubiera enviado dos kilos de bombones a Javier si así se hubiera tranquilizado. [Javier López Madrid decía este miércoles en Voz Populi que la doctora Pinto le había enviado unas chocolatinas] Yo tenía en mi despacho una caja de chocolatinas que eran para otra persona. Él adjunta unas hojas en el sumario manuscritas en donde no recuerdo qué dijo exactamente. Pero curiosamente no aparece un encabezado (‘querido quien sea’) ni la hoja de despedida. Javier se lleva las chocolatinas de mi despacho el 10 de diciembre y retira la primera y la segunda hoja… Se lleva la caja porque cree que va destinada a una persona que le genera unos celos increíbles. Es como una obsesión, un enemigo que tiene del que no puedo dar su nombre”.

Meses abominables

“A quien crea que es un montaje le diría que esto no sólo me ha afectado a mí sino a mi familia. Hay un niño menor de 10 años que ha tenido que declarar en el juzgado y que está en tratamiento psiquiátrico. Cuando me apuñalaron, estuve una semana sin salir de mi casa. Sólo volví a salir cuando empecé a tener seguridad privada. No he pisado la calle sola desde entonces. Sólo quiero que esto pare.

Lo que me han hecho es abominable. Es inconcebible pensar que todo esto lo pueda estar generando yo: no tengo ni los medios ni las posibilidades reales de hacer esto.

Yo no sé cómo se puede fingir una puñalada abdominal de cinco centímetros. Hay una herida de arma blanca y me tienen que explorar. No sé cómo se puede fingir eso. A mi hijo se lo tuvo que llevar llorando la policía. Yo no sé cómo se puede fingir eso.

El viernes puse una denuncia en la Secretaría de Estado de Interior haciendo referencia a todos los defectos que veo en la investigación de la policía.

Yo tengo la sensación de que hay una manipulación y una intervención en la investigación del caso. Javier habla primero de policías en un sentido genérico y luego dice que ha contratado al comisario Villarejo. Me dice que Pepe Villarejo es una persona experta en generar coartadas y en poner en su sitio a las putas locas como yo”.

(Artículo elaborado con la edición de Pablo Romero, Fernando Baeta, Salugral Adriana y David Domínguez).

“Solo volví a salir de casa cuando tuve seguridad privada”
Conexiones empresariales de Javier López Madrid | Quién Manda - CIVIO

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