Sergio Álvarez Leiva tiene 29 años y lleva una compañía estadounidense desde Chamberí. No acabó Informática. Pero con 23 años le diseñaba mapas a Google, a la ONU o a la NASA. Ahora, 100.000 usuarios hacen mapas con su empresa CartoDB, que el año pasado recaudó siete millones de dólares. El mayor atractivo de su aventura es su mayor riesgo: compite en el mercado global.


Una mañana soleada de primavera, Sergio Álvarez Leiva se toma un café en Móstoles junto a dos máquinas tragaperras y el cartel de la peña local de fútbol. Enseguida entra alguien que le pregunta por su hermana. Al otro lado de la calle, El Perro Flaco aún tiene la persiana bajada.

Cuando era adolescente, Sergio se quejaba de que no tenía un bar donde ir porque en Móstoles sólo había “o bakalas o punkis”. A veces se pasaba horas sentado con sus amigos en un banco del parque que había detrás de su casa para desesperación de sus padres.

Hace casi cuatro años y medio, cuando ya había fundado la empresa que hacía mapas para la NASA o Google, Sergio abrió un bar con paredes pintadas de verde y decoradas con fotos de Nueva York junto a la Universidad Rey Juan Carlos I en esta ciudad a una veintena de kilómetros de Madrid. Lo hizo con tres amigos. “Ilusos de nosotros, pensamos que si montábamos un bar íbamos a estar en él con nuestros amigos y es mentira”, me cuenta Sergio mientras apura el café.

El Perro Flaco abrió en la Nochevieja de 2010. Ni siquiera habían terminado las obras. La novia de Sergio, Cristina Samarán, que es dentista, ayudó a pintar y a poner azulejos. En los baños, unas sábanas hicieron las veces del techo que aún faltaba por poner. Los primeros invitados fueron familiares y conocidos que se quedaron toda la noche. Cuando salió el sol, Sergio se sentó fuera con sus amigos fundadores, con ganas de que los asistentes se fueran a casa, y dijo: “Si esto es tener un bar, yo no quiero bar”.

Ahora Sergio consume sus días dirigiendo su empresa de mapas, CartoDB, entre Madrid y Nueva York. Apenas se pasa por El Perro Flaco, que lleva sobre todo uno de sus socios. “Es muy de noche y a mí la noche no me gusta. Soy un tío de día. Me gusta la gente de día”, dice Sergio, que prefería ir el domingo cuando daban aperitivo con bagels de salmón y venían “las familias”. No es un bar de trasnochadores. Es donde te tomas la primera copa o donde vas si no eres muy noctámbulo.

En una columna de pizarra está pintada la corona del Chrysler de Nueva York y cuelgan cuatro relojes con la hora de San Francisco, la de Río de Janeiro, la de Pan Bendito y la de Arturo Soria. Bombillas de diseño salen de un hilo fino del techo adornado con tuberías metálicas relucientes. La revista Dogway para los aficionados al monopatín reposa en una barra de madera junto a una lámpara cuya base es una botella de ginebra. Hay estanterías encima de la puerta, una tabla de surf y frases en tiza como “el jazz es cuando lo improvisado suena mejor de lo previsto”.

Sergio vive ahora en Lavapiés y esta mañana está de vuelta en Móstoles porque yo he elegido el lugar para nuestra conversación. “Cuando vuelvo a Móstoles, me doy cuenta de que lo echaba de menos. Está lleno de gente normal. Últimamente me gusta mucho la gente normal”, me cuenta sentado en el sofá que compró en el rastro para el bar.

_DPZ1336Reportaje gráfico: Dani Pozo

Sergio nació hace 29 años en Madrid. Vivió un par de años en Carabanchel y Campamento, pero pasó la mayor parte de su adolescencia en Móstoles. Sus padres ya se habían mudado a Torremolinos cuando él decidió venirse aquí a estudiar Informática a la Rey Juan Carlos. “No es un sitio malo para crecer. Tienes parques, tienes polideportivos”, dice Sergio, que surfea, corre y esquía pero se considera “la oveja negra” de la familia por no ser deportista profesional. Su padre es maratoniano. Su madre fue gimnasta, entrenadora y jueza de gimnasia rítmica. Su hermana, subcampeona de España de patinaje sobre ruedas. Su tío trabaja en el Comité Olímpico Español.

En lugar de ser deportista, Sergio fundó con Javier de la Torre CartoDB, la herramienta para hacer mapas que el Wall Street Journal utilizó durante la noche electoral de las últimas presidenciales y que tiene 100.000 usuarios en todo el mundo. La empresa sacó siete millones de dólares en su primera ronda de financiación en septiembre de 2014. Hace unas semanas, CartoDB se constituyó oficialmente como una compañía estadounidense con sucursal en Madrid. “Mamá, tengo un holding” es una broma habitual entre los jefes. Sergio la remata con esta otra: “De aquí a la cárcel”.

De niño Sergio no tenía afición por los mapas. Siempre le gustó hacer con las piezas del Lego construcciones complejas y muy diferentes de las que se indicaban en la caja. Jugaba a inventar cosas en el garaje de un tío manitas. Entre sus obras, recuerda un velero con una barca hinchable y un carrito de bebé que construyó con su primo para ir al pantano. Aprendió a sumar antes que nadie y sacaba buenas notas, pero los profesores protestaban por su rebeldía. Uno que se quejó a su madre al final le dijo: “Puede que su hijo acabe vendiendo escobas. Pero será el mejor vendedor de escobas del mundo”.

Poco a poco, Sergio se pasó al mundo virtual. Empezó a hacer ensayos de programación con un Spectrum cuando tenía ocho años. Su madre se llevaba los cables al trabajo para que el niño desconectara del ordenador y de los videojuegos. Pero él se buscaba la manera de seguir enganchado.

Sergio estaba fascinado por lo que le contaba su tía materna Sonia, que era informática. El resto de su familia entendía poco sus conversaciones en jerga de programación. En las reuniones, solían quedarse solos con charlas que aburrían a los demás. “Es la que más le influyó. Sonia siempre tuvo mucha fe en él, le animó siempre”, cuenta Ana Leiva, la madre de Sergio.

Sonia murió hace ocho años. Tenía sólo 35. A Sergio, según su hermana Nerea, le cuesta citarla en público.

“Hablaban de muchos proyectos. Se enriquecían el uno al otro, aunque sabemos poco de esas conversaciones. Es como si quisiera guardar el secreto porque es algo especial”, me cuenta Nerea. “Si hubiera estado Sonia, habrían hecho algo juntos”, me dice su madre.

Sonia no vio nacer a CartoDB. Pero cada vez que hay una buena noticia para la empresa, Sergio y su familia la mencionan, a menudo por correo electrónico o por WhatsApp. “Siempre está Sonia en los mensajes. Está muy presente en todos los éxitos de Sergio”, dice Ana.

El primer mapa

“En Internet vi la posibilidad de inventar cosas a bajo coste”, cuenta Sergio. Hasta que empezó su primera empresa, Vizzuality, en 2009, el diseñador e informático dice que su único contacto con los mapas eran GoogleMaps y la guía Campsa. El primer mapa que le gustó fue uno hecho a mano: el mapa del cólera de John Snow, el médico que en 1854 localizó en un plano a las víctimas del Soho de Londres y se dio cuenta de que los muertos estaban cerca de un pozo. Consiguió que se cerrara el pozo y se acabó la epidemia. “Un mapa puede cambiar las cosas”, dice Sergio.

Estudió Informática pero dejó la carrera en tercero porque se aburría “muchísimo”. Javier Álvarez Medina, Jamón, uno de los amigos que Sergio conoció el primer día de clase, recuerda cómo su compañero dibujaba en lugar de escuchar la lección en la universidad.

Otros estaban en el bar jugando al mus. Sergio tenía poco tiempo para el ocio. El fin de semana trabajaba como camarero en un bar en el centro comercial Xanadú, a las afueras de Móstoles. Enseguida propuso rediseñar la carta y hacer una web y le dieron un despacho.

En 2006, encontró un puesto como becario para ayudar con el diseño en una empresa llamada IMASTE, que entonces se dedicaba a organizar ferias universitarias presenciales. Su fundador es Miguel Arias, un ingeniero de caminos siete años mayor que Sergio. Allí hacía carteles y guías offline. Su capacidad como programador era accesoria hasta que IMASTE decidió organizar la primera feria virtual.

Para construir la nueva plataforma, la empresa contrató como jefe de Tecnología a Javier de la Torre, un ingeniero agrónomo que aprendió a programar con 13 años y que estudió en Berlín cómo aplicar la informática a la biodiversidad. Le pusieron al lado a Sergio, que se convirtió en director creativo. Ambos hicieron la plataforma en poco más de un mes.

“Funcionó pegado con celo pero funcionó”, recuerda entre risas Miguel, que hoy tiene 36 años y es el jefe de operaciones de CartoDB.

IMASTE se empezó a especializar en ferias virtuales con su nuevo tándem. Sergio tenía entonces 22 años, cobraba 1.700 euros y seguía viviendo con sus padres. A Javier le gustó desde el principio. “Me pareció de las personas más espabiladas que había en el equipo. Un chico con muchas ganas de hacer lo que fuera y muy involucrado”, me dice en un correo electrónico.

Unos meses después de empezar a trabajar juntos, Sergio y Javier ya mascullaban su propio proyecto. “Miguel y sus socios eran muy transparentes a la hora de contarte cómo era tener una empresa”, dice Sergio. “Si trabajas en Indra no lo ves posible, no ves la conexión. Si trabajas en una empresa de 30 tíos como IMASTE, ves mucho más cercano montártelo tú”, explica Miguel, que se quedó sin jefe de tecnología y sin jefe creativo en apenas unos meses. Primero se fue Javier y después Sergio. “Pensamos que podíamos hacer el mundo un poco mejor ayudando a los investigadores a comunicar mejor sus resultados científicos a través de la visualización de datos”, dice Javier.

La madre de Sergio trabaja en el Ayuntamiento de Móstoles desde que tenía 18 años. Su padre es comercial de Oracle.

“En mi familia me inculcaron el valor de la seguridad y del trabajo fijo”, me cuenta Ana Leiva. Ella y su marido no entendían al principio por qué Sergio renunciaba al “sueldazo” para perseguir la idea de un colega que quería montar una plataforma para hacer mapas de especies. Ana quería que su hijo terminara la carrera. Le insistió durante años. “Con lo fácil que sería para él”, suspira ahora pese a reconocer que su hijo ya no tiene tiempo.

El mapa de Ikea

Javier y Sergio empezaron a trabajar sin clientes y contaron su experiencia en un blog.

“Nosotros no queríamos montar una empresa. Queríamos investigar sobre datos, tecnología, conservación y biotecnología. Él programaba y yo diseñaba. Nos facturábamos el uno al otro todo el tiempo y era un lío”, dice Sergio. “Nunca tuve el sueño de montar una empresa. Simplemente vi que era la herramienta más poderosa para hacer lo que quería, que era tener impacto en una cosa concreta”. Así nació Vizzuality.

Su primer proyecto consistió en cruzar 150 áreas protegidas con 300.000 registros de localización de especies. Lo publicaron y una red de biodiversidad los contactó con una propuesta: “Poned nuestro logo y os pagamos 6.000 dólares”. A los seis meses, entró como becario Javier Álvarez, Jamón, el compañero de clase de Sergio. Entonces la empresa ya tenía varios encargos.

Vizzuality no era una herramienta de mapas abierta como CartoDB. Su modelo era muy claro: grandes proyectos para clientes sobre todo de Estados Unidos. Los primeros meses lo hacían todo los tres desde una oficina en la calle Angosto de los Mancebos de La Latina. Tenían dos mesas, un sillón, una planta y un mapa del mundo que habían comprado en Ikea.

Compartían espacio con un británico que importaba ron. Comían en el Alejo Bar, donde el menú se reducía a menudo a un solo plato. El mejor día era el que fallaba alguien en la oficina para tener un poco más de sitio en la mesa. Desde allí, recreaban el tiempo de hace un siglo con los cuadernos de bitácora de la I Guerra Mundial o buscaban planetas para la NASA a partir de los datos que generaba el telescopio Kepler, el proyecto que más llamaba la atención.

Sergio y Javier hablaban de planetas con Patxi López, que entonces aún era lehendakari y congenió con ellos cuando le montaron un plan de transparencia para el Gobierno vasco. El plan creaba perfiles abiertos de políticos para que el votante pudiera hablar directamente con ellos. Cada representante tenía una aplicación en el móvil para explicar qué había hecho durante su jornada laboral (según Sergio, Patxi es “un tío súper majo” con el que “se podía hablar de cualquier cosa”).

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El ‘petamap’

Un cartel de estilo modernista con una calle de La Latina cuelga hoy en la amplia planta que ocupa CartoDB en un edificio de Eloy Gonzalo, en el centro de Chamberí. Dos fotos gigantes de Manhattan muestran sus calles desde el norte y desde el sur. Globos terráqueos de colores cuelgan del techo. Junto a la cocina abierta, una mesa de ping-pong. Hay plantas en el suelo y casi una en cada escritorio. En una pared cuelga el mapa de Ikea que tenían en la oficina de Angosto de los Mancebos.

“Hay que recordar siempre de dónde venimos. El dinero que tiene CartoDB no sale del aire”, me insiste Jamón, que fue primer empleado de Vizzuality y hoy sigue en la empresa. Es de la misma promoción que Sergio, aunque parece más joven. Lleva una camiseta con un globo y bromea a menudo. Se pone más serio cuando dice: “Ahora la sensación de velocidad es extrema”.

Junto a amplios ventanales, una treintena de personas desarrollan la herramienta que utilizan el Guardian, el BBVA o Podemos. En España, son 35. En Nueva York, otras 13. Una pantalla muestra el petamap, el mapa más popular de los últimos 20 minutos. Este mediodía es uno que dibuja la corrupción en África. El más visto de los últimos meses fue el del recorrido del avión de Germanwings que colgaron EL ESPAÑOL y el Guardian y que ha tenido más de un millón y medio de visitas. Lo hizo Sergio en 10 minutos.

Sergio sale de la reunión de la pecera en camiseta y observa alrededor. “Estamos petados”, dice, haciendo el recuento de los visitantes de hoy, algunos de otras empresas a los que se les presta una mesa. Con una mueca, anuncia: “Íbamos a hacer mojitos pero no hemos llegado”. Es la manera de celebrar en la oficina cuando se llega al objetivo de ventas mensual. Reconoce que esta vez ha habido un poco de trampa porque ha cambiado el día de cierre de las cuentas.

Este año Sergio calcula que la empresa facturará tres millones de dólares. Todos los empleados tienen acceso a un documento de Google donde está hasta cuánto dinero hay en caja y cuánto se gasta en los sueldos en total.

CartoDB nació en 2012 de Vizzuality, que era rentable pero empezaba a saber a poco. “No ayudábamos a crear más proyectos”, dice Sergio. Así decidieron comercializar su herramienta cartográfica que trabajaba con bases de datos (de ahí el DB, “data base”). Sergio dibujó el logo de un elefante, símbolo habitual de empresas de datos por su memoria, y un globo, en representación de la nube. La herramienta requería empezar de nuevo, gastarse todos los ingresos y enfrentarse a lo que Sergio llama “la montaña rusa del emprendedor”.

A los seis meses de su nacimiento, el Wall Street Journal llamó a CartoDB para utilizar su herramienta en la noche más importante del año, la de las elecciones presidenciales. “Eso en España no habría pasado en la vida”, dice Sergio. “El apoyo que hay en Estados Unidos a las start-ups no lo hay en Europa. Ya no hablo de España. Hablo de Europa. El medio más leído de Estados Unidos va con una start-up en la noche más importante. Eso no pasa aquí. Estados Unidos es el lugar donde pasan cosas. Aquí para que pasen tienes que empujar mucho”, explica.

Esa noche se cayeron hasta los servidores de Amazon pero los mapas salieron. Javier de la Torre estaba en la sede del Journal en el centro de Manhattan, pero dice que prefiere no hablar de ello. Esa cobertura les abrió las puertas a más clientes relevantes. “Nos dio muchos logos de empresas que podíamos poner en nuestras presentaciones”, dice Sergio. _DPZ1191Su primer cliente, un desarrollador de Estados Unidos, pagaba 30 dólares por una cuenta. Entre sus 100.000 usuarios, la empresa tiene ahora más de 1.000 que pagan por cuentas con más capacidad de tráfico y más funciones que las gratuitas. Entre ellos hay 150 medios con cuentas de unos 10.000 dólares al año. Pero el negocio viene sobre todo de los bancos, que utilizan las cuentas más caras de CartoDB, de 200.000 dólares anuales. Los bancos utilizan los mapas para detectar el fraude localizando una operación de crédito en París y unos minutos después en Nueva York. O para asesorar a negocios, por ejemplo para alertar a una panadería de que apenas vende a unas horas en comparación con las del resto del barrio.

Los primeros dos años fueron especialmente duros para Sergio. “Quemamos muchísimo dinero”, suspira. En medio del ansia de ver salir más de lo que entraba, CartoDB recibió varias ofertas de compra, que Sergio no detalla por haber firmado acuerdos de confidencialidad. “Una semana buscaba casa en San Francisco y a la semana siguiente buscaba casa en Móstoles porque me quedaba sin nada, volvía con mis padres”, dice.

El momento fue delicado. Javier de la Torre contesta sobre el debate de la venta que CartoDB no hace comentarios sobre operaciones de fusiones y que la posición oficial de la empresa es: “Nunca hemos estado vendiendo”.

Entretanto, en 2012, Miguel Arias vendió IMASTE a la mayor compañía de eventos virtuales del mundo, que está en San Francisco, y empezó a asesorar a CartoDB. Se define como el más pragmático del grupo y no veía tan traumático aceptar una oferta de compra. Su consejo suele ser “mejor vender pronto que tarde”. Pero entiende que para los fundadores es difícil renunciar al “niño” antes de tiempo. “Cuando estás a punto de vender, el riesgo es para otro. Cuando te vuelve a ti… ostras. Y estás a meses o años de que vuelva a pasar”.

Es el dilema clásico de cualquier empresa emergente de éxito y aceptar o no puede tener resultados muy inciertos. En 2012, Instagram aceptó la oferta de compra de Facebook por 1.000 millones de dólares y todavía no se ha apagado el debate sobre si lo hizo demasiado pronto. En 2013, la red social Snapchat rechazó un intento de compra de Facebook por 3.000 millones. Su fundador dice que ganar mucho dinero a corto plazo no era tan “interesante” como tener la oportunidad de construir un negocio así. Algo así les pasó a los creadores de CartoDB.

“Nos acabamos dando cuenta de que era demasiado pronto para nosotros”, dice Sergio. “No habíamos podido demostrarnos a nosotros ni al mundo en general que esto podía ser algo grande, que esto podía llegar más lejos”. Ahora lo cuenta más tranquilo, pero aquellas negociaciones lo agotaron. Fueron semanas tan cambiantes que Cristina, su novia, le pidió que no le contara más avances y retrocesos hasta que hubiera algo claro.

Entonces salió lo mejor y lo peor de Sergio. Su punto fuerte es “su capacidad de entusiasmar y entusiasmarse por las cosas”, me cuenta Miguel Arias. “Si se entusiasma, lo transforma en algo entendible y entusiasma a los demás. Lo peor es que para Sergio todo es emocional. Todo es blanco o negro. Le ayuda en la parte de entusiasmo, pero le impide a veces tomar distancias. Sergio es un río de emociones. Esa gestión de la emoción es algo difícil para él y también para los demás… A veces en una empresa más grande hay que dejar que las cosas pasen. Él es el guardián de la cultura desde un punto de vista emocional y a veces no es tan fácil cuando tienes 40 o 60 tíos trabajando. Ese Sergio sigue ahí desde los 20 años. Sigue igual de emocional que siempre”.

Después de decir que no a la venta, Sergio y Javier se lanzaron a conseguir más dinero por su cuenta. En una de las comidas de Chamberí Valley, un grupo informal de empresas emergentes, conocieron al emprendedor Iñaki Arrola, del fondo de inversión Vitamina K, que se enamoró de la empresa.

“Tiene que haber un mercado si desde una oficina pequeña en Chamberí han llegado tan lejos, incluso con poca capacidad comercial”, me cuenta Iñaki. A diferencia de lo que le pasa con la mayoría de los proyectos, éste le convenció sin apenas mirar los números. “Inviertes en las personas y en un concepto… Te fías de las personas. Sé que van a cuidar de mi dinero”, dice.

Arrola entró en la ronda de financiación junto a Kibo Ventures, otro fondo de Madrid, y al alemán Earlybird, uno de los fondos más grandes de Europa. Aunque la financiación fuera europea, CartoDB sabía que su futuro estaba en el mercado americano.

“Sabíamos que íbamos a hacer mucho más ruido en Estados Unidos, que nos iban a dar una valoración más alta de la empresa”, explica Sergio, que atribuye el mérito de la expansión a su socio, Javier de la Torre, que es “el que tiene narices”.

“Es el más echado para adelante. Javier es un tío que si le dejas acaba montándose un chalet en la luna. Y yo voy tirando un poco de él hacia el otro lado. Eso hace que funcione. Si no, estaríamos en la luna o en el infierno”, dice Sergio.

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El mapa de Central Park

Javier se mudó a Nueva York y montó la primera oficina de CartoDB en la ciudad. Estaba en el edificio de Lafayette Street donde se encuentra la sede americana de Dolce & Gabbana. El ático tiene vistas panorámicas y un jardín de madera con la silueta de Central Park.

El día en que Jamón lo conoció dijo: “¿Tan bien va la empresa?”.

“Yo soy humilde, he nacido en Carabanchel, soy de clase obrera. Pedía permiso para salir a la terraza”, me cuenta. Pero la sede de CartoDB consistía entonces en una mesa dentro de la oficina de otra empresa y costaba 1.000 dólares al mes. Funcionó un año, cuando estaban sólo Javier y Andrew Hill, un programador y científico de datos. En otoño del año pasado, Andrew llegó un día y anunció que había encontrado una oficina para ellos solos en Williamsburg, Brooklyn.

En octubre del año pasado, Miguel Arias, Andrew y Javier llamaron a un coche de Uber, cargaron tres cajas y cuatro pantallas (una se rompió) y se mudaron a la calle Roebling, en el sur de Williamsburg. Es el barrio donde es difícil encontrar cafés donde los camareros y los clientes no lleven gorrito y gafas de pasta; donde los edificios semidestruidos con pintadas se mezclan con rascacielos con las mejores vistas de la ciudad, al borde del East River, que separa Brooklyn de Manhattan.

En los bajos del edificio rojizo donde hoy está CartoDB hay una tienda llamada Re-Pop que promete “muebles, reliquias, lámparas, rarezas”. Sergio me había advertido que “la entrada da miedo”. Pero, al menos de día, parece sólo lo que te esperas de este barrio de antiguas fábricas convertidas en salas de exposiciones o en naves abandonadas.

Detrás de la puerta metálica del edificio, se atraviesa un pasillo mal iluminado con techos bajos y ladrillos blancos descoloridos. El cartel rojo de No trespassing está tachado con pintadas que acompañan en la subida por unas escaleras metálicas similares a las de incendios. Una bici está apoyada en un rellano polvoriento. La pegatina de CartoDB en la puerta de la oficina también está rodeada de pintadas.

La alfombra hecha de cartones de la que se habla entre los empleados de Madrid no está la mañana de abril en la que voy a ver a Miguel Arias, jefe de operaciones de CartoDB. Dentro de la oficina, las tuberías blancas al aire no son de diseño como las del bar de Móstoles de Sergio. Son tuberías de verdad. Una está pintada de rojo. La sala de trabajo es amplia, hay mesas altas y muchas plantas como en Madrid. Los ventanales son grandes y con forma de arco. En una de las paredes, la foto de un mapa con el curso de los ríos en distintos colores según la dirección en la que fluyen dibuja la silueta de Estados Unidos.

La docena de personas que trabajan aquí está concentrada, silenciosa. El ruido viene del hombre taciturno que barre la cocina y derrama agua, descuidado, en un sillón. Miguel lo mira de reojo y hace algún comentario alarmado mientras hablamos sentados en un sofá que se parece al de la oficina de Madrid.

Miguel tiene el pelo rizado y la risa fácil. Se da un aire a Malcom Gladwell, el escritor y genio del New Yorker. Habla con cautela y expresa cierta preocupación por los detalles que me ha contado Sergio. No quiere precisar cuándo será la próxima ronda de financiación, pero recuerda los tiempos aconsejables entre una y otra: “12-18 meses”. En septiembre, se cumplirá un año de la primera. La empresa sigue perdiendo dinero porque reinvierte todo lo que tiene. “Todavía no hemos conseguido nada. El riesgo sigue siendo altísimo”, explica.

Miguel dice riéndose que Javier y Sergio son “dos piraos”. Pero reconoce que Javier es algo más lanzado, sobre todo ahora que está instalado en Estados Unidos. “Los americanos se arriesgan mucho más. El mérito lo tiene el early adopter. En España es lo contrario: es el efecto Mallorca. Si coges el catering, que sea de Mallorca. Si sale mal, era de Mallorca y entonces da igual”.

“Javi tiene menos aversión al riesgo que Sergio. Estados Unidos te intoxica. Pasas un año aquí y crees que todo se puede hacer… A veces está bien contagiarse de ese super think big de los americanos. Si no, no lo harías. Piensas: ‘Qué locura, cómo voy a ganarle a Google’. Aquí llegas y dices: ‘Claro, hombre’. Desde España todo lo ves con más cuidado. Por eso conviene que Sergio venga mucho. España te frena”.

En Nueva York está la parte comercial y la relación con la “comunidad”. Con periodistas de datos, creadores de start-ups o ingenieros de Facebook o Google. En Madrid, sigue estando el desarrollo del producto. Contratar a un buen desarrollador en España cuesta menos dinero y los fundadores coinciden en que no hay tanta competencia por los más brillantes. “CartoDB tiene a los mejores de España”, dice un ex empleado que ahora trabaja en Estados Unidos.

La mayoría de los clientes están en Estados Unidos, Francia, Alemania y Reino Unido. Sólo después viene España. “Estamos en un mercado que se está generando. Todo llega aquí más tarde”, dice Sergio sobre su país.

Sergio y Miguel citan Crossing The Chasm, el manual de marketing de 1991 del consultor y profesor Geoffrey Moore. Superar el “abismo” por el que caen la mayoría de las empresas significa convertirse en una compañía con rutinas laborales engrasadas, fidelidad de los empleados y capacidad de resistencia a las crisis. CartoDB todavía no ha pasado al otro lado de ese abismo. Su mayor atractivo es también su principal factor de riesgo: el mercado de CartoDB es global y tiene competidores tan potentes como Google o Twitter.

A Sergio le obsesiona “preparar la empresa” para crecer. “Cómo pasas de ser 15 frikis haciendo mapas a 47 sin que la cultura de la empresa se pierda, sin dedicarte a llenar la empresa de marcas de leche y de batidos”. Sergio teme también perder el control en la selección de personal: “Eres tan bueno como la gente que tienes a tu alrededor. Cuanto mejores sean ellos, mejor eres tú”.

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El mapa de Wall Street

Tal vez la palabra más repetida por Sergio y su círculo a la hora de definir lo que quieren de CartoDB es “impacto”. Es la obsesión que citan fundadores y empleados. Por eso Global Forest Watch es uno de los proyectos favoritos de Sergio. Sirve para mapear la deforestación casi en tiempo real. El mapa se actualiza cada dos semanas, cuando todavía es posible parar la deforestación. Haciendo un análisis de colores, CartoDB puede lanzar una alerta de deforestación cuando la minería avanza o cuando hay un incendio. Varios gobiernos utilizan este sistema.

A Sergio también le gusta poner de ejemplo la creación de otros negocios, como un cliente que ha cogido la herramienta de CartoDB, le ha cambiado los colores y ha conseguido venderla a un millar de usuarios. No le preocupa la copia. “No valemos porque programemos bien. Valemos por tener una visión distinta”.

El objetivo de CartoDB es conseguir que su herramienta se utilice por defecto para hacer mapas. Sergio confiesa también un sueño americano: tocar la campana de Wall Street con un mapa detrás. “Llenar todo de mapas”, dice.

“Si todo va bien, seremos parte del mundo que viene dentro de 10 años, donde la gente toma decisiones de otra manera. Si no entienden los datos que generan, las empresas se hundirán. Si los políticos no toman decisiones a partir de los datos, la gente se les echará encima”, dice Sergio. “En el momento del cambio, estaremos ahí, si todo sale bien. Tocando la campana, por supuesto”.