PERAL

“¿Qué tiene María Peral para que personas tan distintas como Cándido Conde Pumpido, Manuel Marchena o Juan Saavedra me hablen tan bien de ella?”, le preguntó un ex ministro a Pedro J. Ramírez a media tarde del miércoles cuando le llamó para felicitarle por la incorporación de la sobresaliente periodista a EL ESPAÑOL.

Sin haber oído la conversación entre ambos, es muy probable que Ramírez le respondiera que por una vez estaba de acuerdo con todos ellos: con el ex fiscal general de estado y ahora miembro del Tribunal Supremo, con el actual Presidente de la Sala Penal del Supremo y también con su antecesor en el cargo. Y para finiquitar la cuestión planteada por el ex ministro, le debió responder que no es de extrañar semejante coincidencia entre estos tres notables de la judicatura ya que Peral es la mejor periodista de tribunales de la prensa española.

Y aun siendo totalmente cierta esa afirmación, no es ésta, ni mucho menos, la mejor virtud de la nueva adjunta al director de EL ESPAÑOL. Si tuviéramos que enumerar las virtudes profesionales de María Peral Parrado (Ciudad Real, 1962) no empezaríamos ni con que ha sido autora de un sinfín de exclusivas desde que cubriera a finales de los 80 para ABC el juicio de El Nani en lo que fue su bautismo periodístico-judicial. Tampoco seguiríamos con que sus fuentes, fruto de un trabajo siempre impecable y profesional, son la envidia de la profesión ni acabaríamos con que nunca le ha temblado el pulso ni la equidad a la hora de abordar cualquier información afectara a quien afectara, sin importarle ni la clase ni la condición de aquéllos que han pasado por sus manos.

Lo que convierte a María Peral en una periodista sobresaliente es, en primer lugar y por encima de otras cualidades, su humildad. Después, su desbordante y contagiosa pasión por la profesión que ejerce, su insobornable defensa de la Justicia, su sabiduría y su profundo conocimiento de todos los vericuetos de la ley. Finalmente, su defensa a ultranza del rigor por encima de todas las cosas a la hora de informar sobre cualquier hecho.  “¿Publicarías una historia que tienes confirmada a un 90 por ciento o esperarías a alcanzar la seguridad absoluta sabiendo que si lo haces puedes perder la exclusiva?”, le preguntaba este miércoles a una de las aspirantes que entrevistamos estos días para formar parte de la futura redacción de EL ESPAÑOL.

Pasión por el Derecho

Peral estudio la carrera de Periodismo en Madrid, pero desde muy pronto comenzó a hacer prácticas en Lanza. Recuerda que ha estado siempre muy unida a su familia y que fue la primera de seis hermanos en viajar a la capital para estudiar en la universidad. En tercero de carrera ya logró que el periódico de su tierra le hiciera un pequeño contrato y se puso a trabajar. No le importó vivir a caballo entre Ciudad Real y Madrid, y no olvida de que con sus primeros sueldos se sacó el carné de conducir. No con el ánimo de irse de juerga siempre que pudiera, que a lo mejor también, sino con el objetivo de poder desplazarse más lejos y poder escribir más historias.

Compatibilizó entonces Lanza con la corresponsalía de El País en la zona. Ambos medios quedaron atrás cuando en 1986 se desplazó a Madrid para empezar a trabajar en la redacción central de ABC. Exactamente, recuerda, el mismo día en que dimitió Manuel Fraga de la presidencia de Alianza Popular.

Cuando en 1989 la llamaron para formar parte de la sección de Tribunales, lo primero que hizo fue ponerse a estudiar Derecho. Muy pronto se dio cuenta de que aquello iba a ser lo suyo. Rápidamente se sintió fascinada por el universo que se abría delante de ella. “El Derecho”, dice, “te enseña que la duda es buena. El reto intelectual que supone la contraposición de ideas, de argumentos, de interpretaciones… El Derecho te enseña que la duda es buena; lo creo firmemente” .

En enero de 2002 ficha por El Mundo. Según cuenta, Pedro J. Ramírez no paró de tirarle los tejos desde que un día coincidieron en la tertulia de El Primer Café (conducida por Isabel San Sebastián en Antena 3) y al final la convenció. El repaso a la hemeroteca de El Mundo de estos años debería ser de obligado cumplimiento para los periodistas que aspiran a incorporarse a las secciones de Tribunales de los medios del futuro. Políticos, empresarios, banqueros, ciudadanos de la farándula, deportistas, personas de alta cuna y de baja cama han pasado por sus informaciones. Y siempre con el rigor y la equidad que desde el primer día se impuso como norma de conducta.

Ahora llega a EL ESPAÑOL esta periodista de ley. Y su pasión ya nos envuelve a los que aquí estábamos esperándola. Su carcajada y su vitalidad, sus ganas de hacer y su ilusión, su honestidad intelectual y sus ansias de trabajar y de trabajar bien ya habitan entre nosotros. “¡Estamos empezando, Fernando, estamos empezando!” , repite sin parar una y otra vez. Y lo hace con el mismo entusiasmo que alegró sus ojos el día que publicó su primera crónica en Lanza. “¡Estamos empezando, Fernando, estamos empezando!”