Siete claves para entender ‘Juego de tronos’

Captura de pantalla 2015-04-12 a la(s) 10.21.55

Sobre Juego de tronos se han publicado decenas de libros, la mayoría de ellos ilegibles. Entre los legibles, Ganar o morir. Lecciones políticas en Juego de tronos, escrito con exquisito sentido de la oportunidad por la cúpula de Podemos en pleno (Monedero, Errejón e Iglesias) junto a ex novias, satélites y acólitos varios.

Captura de pantalla 2015-04-12 a la(s) 10.21.55

Captura de pantalla 2015-04-12 a la(s) 10.21.55

1. Maquiavelo para las masas

Sobre Juego de tronos se han publicado decenas de libros, la mayoría de ellos ilegibles. Entre los legibles, Ganar o morir. Lecciones políticas en Juego de tronos, escrito con exquisito sentido de la oportunidad por la cúpula de Podemos en pleno (Monedero, Errejón e Iglesias) junto a ex novias, satélites y acólitos varios.

En Ganar o morir se compara la “destrucción civil y política” que describe la serie (con sus desollamientos, envenenamientos, violaciones, decapitaciones, incestos, amputaciones y evisceraciones) con “cierta conciencia oscura del fin de nuestra civilización occidental”. Es decir de la Constitución del 78. En la portada, Pablo Iglesias sentado en el Trono de Hierro. Con corbata.

Que nadie diga jamás que a Podemos le falta finezza.

Aunque, en realidad, para entender las conspiraciones, traiciones y conjuras de las casas reales de Juego de tronos solo hay que leer tres libros. Son las tres biblias del realismo político: Diplomacia, de Henry Kissinger; Teoría de la política internacional, de Kenneth N. Waltz; y El príncipe, de Nicolás Maquiavelo.

El realismo político es la escuela de pensamiento que defiende la idea de que son el miedo y la violencia, y no la moral o los ideales, los que permiten alcanzar el equilibrio de poder entre naciones. Equilibrio si no 100% pacífico durante el 100% del tiempo, sí soportable durante largos periodos de calma chicha para una amplia mayoría de los ciudadanos.

Juego de tronos comparte con la doctrina realista ese pesimismo de la inteligencia tan opuesto al optimismo de la voluntad, lo que le permite ostentar el galardón a la serie con una perspectiva más lúgubre sobre la naturaleza humana jamás realizada. Juego de tronos es lo más cerca que el público masivo va a estar jamás del Diálogo de los melios de Tucídides: “Los fuertes hacen cuanto pueden y los débiles sufren cuanto deben”.

Ahí tienen Juego de tronos resumido en una sola frase.

2. Mejor no encariñarse

De puro milagro ha esquivado Juego de tronos durante sus primeras cuatro temporadas el peligro de convertirse en eso que los anglosajones llaman coloquialmente one trick pony (un caballo de un solo truco).

El truco en cuestión no tiene mayor chiste: no existe ni un solo personaje de los cientos que pueblan la serie que no pueda morir en el momento más inesperado y de la forma más atroz posible siempre que a George R. R. Martin o a cualquiera de los guionistas de la serie les dé un viento malo. El espectador que quiera encontrarle la lógica a la masacre, los motivos por los que algunos personajes mueren y otros sobreviven, caerá en la demencia. Villanos, héroes o secundarios sin frase. Criaturas bonachonas o especímenes detestables. Personajes adorados o despreciados por los espectadores. Hombres o mujeres. Adultos, ancianos y niños. Feos y guapos y ornitorrincos. Todos mueren, y no precisamente de viejos, en un momento u otro de Juego de tronos.

En justa compensación, que no todo en la vida va a ser expirar, algunos de esos personajes también tienen a bien revivir.

Pero no adelantemos acontecimientos.

Durante la cuarta temporada de la serie fueron defenestrados, entre muchos otros, las muy atractivas Ygritte y Shae, el pérfido Tywin Lannister, el fallero Joffrey Baratheon (jamás un físico de gestualidad tan repulsiva ha armonizado tan impecablemente con un alma tan despreciable) y uno de los personajes más carismáticos que han pasado por Juego de tronos: el libertino aunque un tanto antoniobanderizado Oberyn Martell. Que vendría a ser el concepto que George R. R. Martin tiene de “lo español”: un tipo que se pasa la mitad del día follando con hombres y mujeres y la otra mitad reclamando venganza y sangre y muerte, aunque de forma salerosa, y al que le parece lo más normal del mundo eso de ir sembrando el mundo de hijos bastardos. Lo que viene siendo un español de toda la vida de dios.

La quinta temporada no promete mayor benevolencia con aquellos que han sobrevivido a la escabechina de la cuarta. Así que mejor no cogerle cariño a ningún personaje de Juego de tronos porque lo más probable es que acabe con la cabeza aplastada contra una roca puntiaguda más pronto que tarde.

[su_youtube url=”https://youtu.be/urkACOwB9PI”]

3. Dos por el precio de dos

George R. R. Martin (autor de Canción de hielo y fuego, la serie de novelas en la que se basa Juego de tronos) es un escritor lento. Exasperantemente lento. Hasta el momento, Martin ha publicado cinco novelas de las siete que componen la saga, a veces con pausas de seis años entre una y la siguiente. La publicación de la sexta entrega, Vientos de invierno, está prevista para octubre de este año. De la séptima y última apenas se conocen noticias. Suponiendo que se editara en 2016, lo que es mucho suponer, habrían pasado veinte años exactos entre la publicación del primer libro de la serie y el último.

La lentitud de George R. R. Martin ha provocado que la quinta temporada de Juego de tronos atrape a las novelas y, en algunos casos, adelante acontecimientos del aún no publicado sexto volumen. Si son ciertos los rumores, el final de la saga ya ha sido decidido. Pero existirán diferencias, algunas pequeñas y otras no tanto, entre lo narrado en la serie de televisión y lo narrado en los libros.

La jugada parece clara. Los lectores de las novelas son en gran parte fans cautivos de la serie de televisión. Pero lo contrario no sucede: miles de fieles espectadores de la serie de televisión no han leído nunca las novelas de George R. R. Martin y es probable que no tengan intención de hacerlo jamás. Sin embargo, puede que cambien de opinión cuando los acontecimientos descritos en ellas empiecen a diferir. ¿Qué seguidor de la saga aceptará de buen grado quedarse sin conocer uno de los dos finales programados para ella?

4. El machismo en Juego de tronos

Los debates sobre el hipotético machismo o feminismo de Juego de tronos son habituales desde 2011. Quizá uno de los más memorables fue el que giraba en torno a las razones por las que a las mujeres no les gusta la serie. Que a las mujeres no les gusta Juego de tronos es, por supuesto, un rumor urbano no basado en dato empírico alguno. Pura sabiduría 2.0: “Me lo invento y que otro pobre desgraciado se pegue el trabajo de desmentirlo con datos”.

Las razones candidatas para ese supuesto desapego femenino eran las obvias para todo aquel que haya visto un solo capítulo de Juego de tronos: muchos desnudos femeninos y muy pocos masculinos, escenas de torturas y mutilaciones genitales alargadas hasta la extenuación del espectador más dispuesto, un mundo de espada y testosterona que parece diseñado por y para adolescentes incapaces de relacionarse de forma natural con el sexo femenino… Un artículo publicado en la revista masculina Thrillist (que tampoco es que digamos el Washington Post) llegó a decir que a las mujeres no les gusta Juego de tronos porque se trata de una serie “difícil de seguir”.

En realidad, como se explica en este artículo de la revista Wired, aproximadamente el 42% de la audiencia de la serie, con picos de hasta el 44%, es femenina. Puestos a buscar una serie “masculina”, mejor fijarse en Breaking Bad, que solo contaba durante su emisión en Estados Unidos con un 36% de espectadoras. Una diferencia de seis-ocho puntos no parece gran cosa pero es significativa. En la esquina opuesta, los datos de audiencia femenina de Mad Men y su macho alfa Don Draper, que apenas superan en unos pocos puntos a los de Juego de tronos.

Juego de tronos no es, en definitiva, ni una serie machista ni una serie feminista. Dejemos de lado la evidencia de que se trata de una saga ambientada en un mundo claramente inspirado en la Edad Media, con lo que ello conlleva respecto a los roles sexuales interpretados por hombres y mujeres. En Juego de tronos la maldad y la bondad, el vicio y la virtud, parecen repartidos equitativamente entre personajes masculinos y femeninos. Ellos ostentan el poder que les conceden la fuerza y la tradición. Ellas, el que les conceden la inteligencia y el sexo. Pero también hay personajes masculinos inteligentes (Tyrion Lannister o Meñique) y personajes femeninos fuertes como un caballo percherón (Brienne de Tarth). Los personajes ambiguos abundan y resulta difícil encontrar una sola flor de estufa en un elenco femenino formado por docenas y docenas de actrices. De hecho, hay más personajes masculinos destensados que personajes femeninos alelados. Hasta la muy bobita Sansa Stark, uno de los personajes más cansinos de la serie, se destapa en la cuarta temporada como una brillante manipuladora en ciernes.

5. El camino del exceso conduce al palacio de las audiencias

Si de algo no se puede acusar a Juego de tronos es de quedarse a medio camino de nada. Si se ha de combinar en una sola escena incesto y una ambigua violación frente al cadáver fresco y reciente del hijo del violador y la violada, se combina y ancha es Castilla. Si un armario de dos cuerpos de morfología apenas levemente humana le ha de reventar la cabeza a uno de los personajes con sus propias manos tras hundirle los ojos en las cuencas con unos pulgares tamaño bratwurst, se la revienta. Si otro personaje ha de asesinar a su padre mientras este caga en las letrinas, lo asesina y a tomar viento la dignidad del personaje. A medida que la serie se ha soltado la melena, las audiencias se han incrementado sin pausa y con mucha prisa. Y con ellas, el presupuesto para más y más litros de sangre.

Captura de pantalla 2015-04-12 a la(s) 10.23.00

Entre la temporada tres y la cuatro, las audiencias en Estados Unidos aumentaron más de un 30%. Si el pueblo quería pan y circo, Juego de tronos le ha dado una panadería entera y un circo de doce pistas. El premio es haberse convertido en la serie más vista de la historia de la HBO por delante incluso de Los Soprano, la joya de la corona del canal estadounidense.

Los lectores de las novelas critican sin embargo la impunidad con la que los responsables de Juego de tronos han soslayado algunas de las escenas más violentas de Canción de hielo y fuego. Es una crítica injusta. Los pasajes más explícitos de los libros han podido verse en pantalla sin problemas y las razones por las que se han recortado algunos detalles escabrosos, aunque reiterativos, de la trama son obvios: si hubiera que filmarlos todos no quedaría tiempo libre para los títulos de crédito.

6. Daenerys el que lo lea

La némesis del realismo político del que se habla en el punto 1 de este artículo es el idealismo. El idealismo en el terreno de las relaciones internacionales es el heredero lógico de la idea de la bondad innata del ser humano. Un idealista cree en la capacidad del diálogo entre iguales para contrarrestar los impulsos negativos de la naturaleza humana siempre y cuando se cuente con la ayuda de instituciones benévolas y moralmente correctas como la democracia, el libre mercado y el derecho internacional. El realismo es el matrimonio de conveniencia de la diplomacia internacional. El idealismo es el viejo y probablemente muy ingenuo matrimonio por amor.

Y quizá George R. R. Martin no sea un experto en las grandes escuelas filosóficas de las relaciones internacionales. Pero de lo que no cabe duda alguna es de que es un realista furibundo y convencido.

El personaje idealista por excelencia de Juego de tronos, y el más obviamente político de todos ellos, es Daenerys Targaryen. Daenerys es la apaciguadora de la serie a pesar de sus frecuentes arranques de crueldad. Arranques de crueldad motivados no por la rabia o el frio cálculo político sino por el idealismo más cándido.

[su_youtube url=”https://youtu.be/E8gxZ6Jl4t0″]

Daenerys insiste de forma bobalicona en conservar sus tres dragones, de los que se considera “madre”, a pesar de que todo parece indicar que son indomesticables. Daenerys destierra a uno de sus más leales consejeros cuando se entera de una vieja traición a pesar de que es obvio que las lealtades de este han cambiado, a su favor, con el paso del tiempo. Daenerys pretende liberar a todos los esclavos de Meereen y castigar a los esclavistas sin atender a la evidencia de que junto a la injusticia y la explotación ha florecido también un sutil equilibrio social entre amos y esclavos difícil de despachar desde la óptica binaria del blanco y el negro. Cuando un esclavo anciano le ruega a Daenerys ser puesto de nuevo a las órdenes de su amo porque los esclavos liberados más jóvenes lo maltratan, uno no puede evitar acordarse del Viridiana de Buñuel y su feroz desprecio de la ingenuidad con la que algunas almas cándidas ignoran la realidad de la naturaleza humana y los finos hilos con los que se tejen las estructuras sociales más complejas.

El hecho de que en las redes sociales se considere a Daenerys como el personaje femenino más fuerte de la saga, cuando es de forma evidente el más débil de todos ellos, es la prueba de que mucha gente cree ver cuando solo está mirando.

7. El secreto está en el reparto

Si hubiera que escoger un solo elemento que explicara el éxito de Juego de tronos apostaría por un reparto en el que apenas unas pocas piezas (Isaac Hempstead-Wright como Bran Stark, Maisie Williams como Arya Stark, Sophie Turner como Sansa Stark, Kit Harington como Jon Nieve y Stephen Dillane como Stannis Baratheon) rebajan el elevado nivel del resto del elenco. Aunque incluso en estos casos resulta difícil saber si el problema radica en el actor o en un personaje dibujado de forma levemente más perezosa o con menos escenas y diálogos memorables que el resto. O, en el caso de los tres primeros nombres de la lista, en el hecho de que muy pocos niños actores, por no decir ninguno, son capaces de aguantar un personaje levemente complejo sin resultar insoportablemente infantiles o prematuramente viejunos.

De la peculiar, y muy desinhibidamente rockera, política de contrataciones del departamento de casting de la serie da fe este artículo publicado en la página de noticias australiana news.com.au. Lean con atención el titular: “Al menos seis actrices porno en activo o retiradas han aparecido en Juego de tronos”. El término clave es “al menos”. Visto lo visto en la serie, hay que cubrirse las espaldas desde el punto de vista periodístico: son seis como podrían ser 784.