Mas y Aduriz, la cruel complacencia

¿Por qué el presidente del Gobierno de España, sabedor de la que se avecinaba, no estaba en el palco del Camp Nou a la derecha del Jefe del Estado durante la sonora pitada al himno nacional en la final de la Copa del Rey el sábado? Analiza la situación Luis Sánchez-Merlo, quien fue secretario general de la Presidencia del Gobierno.

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¿Por qué el presidente del Gobierno de España, sabedor de la que se avecinaba, no estaba en el palco del Camp Nou a la derecha del Rey, o sea, del Jefe del Estado? ¿Debería el Monarca haber abandonado el estadio, ante la atronadora pitada al himno nacional o hizo bien amparando la dignidad de todos nosotros, a base de apretar los dientes y aguantar la torrentera?

La media sonrisa complacida de Artur Mas (qué cinismo hablar de provocación, simplemente porque el Gobierno -de madrugada- había anunciado la celebración de una reunión para tratar lo que pasó el sábado) y la risa lateral -indisimulada y bobalicona- del delantero centro del Atlético de Bilbao, Aritz Aduriz, (que lo tiene muy fácil no aceptando la convocatoria -si es que llega- para jugar con la selección española de fútbol) mientras sonaba el himno, han herido la sensibilidad de los que se sienten españoles y por tanto ofendidos con los pitidos al jefe del Estado, en la misa secesionista en que convirtieron la final de la Copa del Rey.

No es cuestión banal. Hay que recibir con satisfacción la reacción del Gobierno que ha sacado el genio y lamentado la afrenta por parte de los que exigen respeto a sus símbolos y no muestran la más mínima sensibilidad cuando se trata de los ajenos.

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En Cataluña, País Vasco, Navarra, Galicia, Baleares y Valencia vive un número indeterminado de españoles (sería interesante tener la cifra) que no se sienten como tales. Coincide el desamor con los territorios donde el castellano convive con otra lengua. No quiero decir que este fenómeno sea exclusivo de estas seis regiones porque en otras partes de lo que llaman el Estado -con toda la intención, para evitar la palabra impronunciable- hay habitantes con DNI español que también reniegan de esta ciudadanía.

Pero no basta con lloriquear la anomalía. Es preciso sacudirse, de una vez por todas, la pereza y empeñarse en averiguar las causas -verbigracia, un sistema educativo frágil- de su auge, tarea esta ineludible para poder entender mejor el fenómeno y aplicar la terapia adecuada. Porque no hacerlo supondrá más apostasía hacia todo lo español, con el daño moral que acarrea a quienes no adolecen de ese mal.

Se discuten el himno, la bandera, la lengua, la forma de Estado y la Constitución. Demasiadas variables en la ecuación. Cómo no van a chiflar el himno y al joven Rey, si convenimos en que impera el odio por encima de la razón. Esto, que no admite mucho debate -aunque tiene muy difícil arreglo-, no puede ventilarse cruzándose los brazos y esperando a que se cansen.

Y en lo que decidimos cómo lo arreglamos, -no bastará con unas simples sanciones- hemos celebrado el triunfo en el Giro de Italia de un gran español, Alberto Contador. En lo alto del podio, con la preciada maglia rosa, él, sus rivales y los aficionados italianos han escuchado, en medio de un respetuoso silencio, el himno -sin letra- español.

Pero qué se habrán creído estos, ¿que nosotros no tenemos sentimientos?


Luis Sánchez-Merlo, abogado y economista, fue secretario general de la Presidencia del Gobierno (1981-82)