MWC

Fotos: A. Ortiz

A Jim King Um no le gusta que se le cuelen cuando espera un taxi. Este año no le van a subir el sueldo y habla un inglés tan malo como para entenderse a la perfección conmigo. Durante 40 minutos hemos compartido fila en la parada de la Fira Gran Vía de Barcelona y juntos hemos constatado que un gran encuentro como éste es lo que sucede mientras pasas horas en colas.

Nuestra estampa allí, en la parada, era la metáfora perfecta del mercado mundial de móviles. Mientras mi nuevo amigo coreano aguardaba su turno con la docilidad de quien ama contribuir a un proceso más eficiente, un americano avispado se iba a la acera de enfrente para capturar un taxi sin hacer cola. Es decir, mientras el asiático observaba el proceso reglado y adecuado para optimizar la salida del recinto del Mobile World Congress (MWC), su colega estadounidense acertaba en la lectura del mercado: los incentivos del taxista que se ahorraba dar una gran vuelta y perder unos minutos preciosos. Y yo, un humilde europeo, empezaba a reflexionar sobre qué tipo de reglas y leyes habría que aprobar para evitar que esto sucediese.

El Mobile World Congress es una feria poliédrica. Un escaparate -otro más- para una ciudad en un momento dulce. Un decorado caro para los negocios. Un altavoz para que un grupo de “no elegidos” rivalice en establecer la agenda de la industria y la política. También una orgía de novedades para los seguidores de la categoría estrella en electrónica de consumo.

Más allá de los nuevos y espectaculares teléfonos, el MWC tiene que ver también con la política y con la economía. Obama apunta a que Europa legisla contra las empresas americanas porque es incapaz de innovar. Los consejeros delegados de las empresas de telecomunicaciones recuerdan que son demasiado buenas (invierten mucho y crean empleo) como para que les impongan una red neutral. China, con su ejército de empresas ausentes, no es ya sólo la fábrica de todo el mundo. Y hay ciudades con un pico de demanda de transporte incapaz de atender que sin embargo se quitan de encima a Uber.

Tan amigos

Y sin embargo el gran duelo que esperábamos como si de un combate entre Tyson y Holyfield se tratara al final no se produjo: el enfrentamiento entre los representantes de empresas de internet como Google o Facebook y los de empresas telefónicas dueñas de la infraestructura.

Con tristeza certifico que las grandes estrellas apenas se han mojado. Sundar Pichai, vicepresidente de Google, apareció primero para confirmar que sí, que a su compañía le interesa ser un operador móvil pero sólo como experimento, que es el equivalente en la industria a “te quiero pero sólo como amigo”.

Sobre Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, es más difícil explicar qué dijo. Tras escuchar sus intervenciones en la mesa sobre cómo conectar al mundo, mi conclusión es que, si entendemos decir cosas como ampliar la información existente sobre un asunto, entonces no dijo nada.

Mark Zuckerberg en el MWC15.

Lo más memorable que dijo fue “no soy un regulador” cuando le preguntaron si herramientas de comunicación como Whatsapp (con mensajes y pronto con voz) deberían estar igual de reguladas que la voz y los SMS por los que cobran empresas como Vodafone o Telefónica.

Zuckerberg podría aprender a dar titulares de César Alierta y Vittorio Colao, consejeros delegados de Telefónica y Vodafone. El primero parece encontrarse en ese momento vital en el que uno no está para la diplomacia sutil ni para morderse la lengua. Un día pronostica que vamos a llegar al 8% de paro en tres años y otro arrea contra todos los legisladores que (curiosamente) nunca legislan bien cuanto atañe a Telefónica. Esta vez Alierta hizo una intervención internacional con un nivel de inglés digno de un presidente del gobierno español. A su colega Colao, por cierto, todo el mundo le entendió cuando explicó que compartir fibra (la de Telefónica) es bueno y que los precios deberían subir.

Los operadores

Ciertamente, el MWC es el momento del año en el que las empresas de telecomunicaciones se afanan en demostrarnos que también son innovadoras. Así, Vodafone nos ha demostrado las virtudes de las “llamadas enriquecidas”, un concepto que viene a consistir en que si uno, por ejemplo, está llegando borracho a casa tras una noche de tugurios y gin tonics y le da por llamar a una ‘ex’ a las cuatro de la mañana, ésta podrá escucharnos en alta definición. Esto es importante en esas situaciones en las que no queremos que se pierdan los matices. Además, podremos añadir localización e imágenes, lo que llevará este momento de llamada necesitada a una nueva dimensión.

Mientras Vodafone parece ocupada en exprimir las actuales redes 4G, Orange nos enseñaba el futuro que, para sorpresa de todos, resulta que van a ser las redes 5G. Han conseguido una velocidad de descarga de 400 Mbps, lo que significa que el vídeo en alta definición podrá ser una herramienta de comunicación de primer orden en unos años; también que seremos capaces de gastar nuestra tarifa de datos en sólo unos segundos.

Telefónica, por su parte, ha mostrado el “reloj conectado para niños”, solución que alimentará a la generación de padres más temerosa por sus cachorros de la historia. La idea es tener a la criatura geolocalizada por GPS en todo momento y capaz de hacer llamadas pero sólo a los números que le indiquemos.

Los móviles

Pero el MWC es también la gran feria de la estrella de la electrónica: el smartphone. La foto de este mercado es a la vez muy clara y muy cruel. Un ausente, Apple, es quien se come el gran pastel del negocio en el lado de los fabricantes. El resto de rivales entona una suerte de Should I stay or should I go con el dilema de si invertir a tope en producto y marketing para esa gama alta o vigilar el retrovisor por el que se aproxima una jauría de actores que tienen claro que se lo juegan todo en los móviles de menos de 300 euros.

No quedan muchos para plantar cara en serio. Los Blackberry y Lumia (marca antes conocida como Nokia cuando era finlandesa y no una división de Microsoft) se lamen las heridas mientras buscan un hueco por el que colar sus más que dignos productos. El sistema operativo Windows 10 que estará instalado en los nuevos teléfonos de la gama Lumia se antoja la última bala Microsoft para ser relevante en el móvil.

El estrellato entre los dispositivos ha sido para el Galaxy S6. Se podría decir que Samsung hace gala de la fe del converso: hace un año defendía un producto mucho más funcional con la posibilidad de ampliar la memoria y cambiar la batería y rematado en un plástico Premium. Este año propone justo lo contrario: el diseño y la estética van primero, se sacrifican elementos hasta ahora nucleares y se remata la jugada con la apuesta por el aluminio y el cristal.

Samsung necesitaba este cambio pero va a dejarse fans por el camino con el objetivo de conquistar a otros muchos. Yo no perdería de vista a su Samsung S6 Edge: un dispositivo que por primera vez en la historia de la empresa coreana tiene ese efecto wow en el primer vistazo. Todo un logro estético que ayuda a minimizar el parecido en diseño del Galaxy S6 normal con el iPhone 6. La otra sorpresa llega cuando miras el precio: el S6 clásico cuesta 699 euros y el Edge, 849.

HTC ha venido fuerte y ha sugerido que quizás tiene más futuro que presente. El HTC One M9 sigue la línea marcada por Taiwán: un diseño y acabado excelente y algunas dudas sobre su cámara. Como tiro al futuro, entran en el mercado de la realidad virtual con un socio muy bueno como Valve y eso les mete en una liga donde nadie les esperaba y en la que pueden tener el recorrido que buscan para no depender sólo del móvil.

MWC15

Otra de las conclusiones del congreso es que las tabletas no han resultado ser el gran negocio que la industria esperaba hace dos años. En un sector en el que no crece ni Apple, Sony ha lanzado el Xperia Tablet z4, una obra de arte de ingeniería por su finura y su resistencia al agua que no es la mejor noticia de los japoneses. El presidente de la compañía, Kaz Hirai, ha defendido que se quedan en el móvil y de repente miles de empleados en todo el mundo han respirado hondo.

Sony, junto a LG y otros como ZTE o Alcatel, ha venido a Barcelona con un perfil menos ambicioso pero que en la práctica le puede ser muy rentable. Su estrategia es centrarse en las gamas medias donde cada vez vemos más productos competitivos. Yo, que hasta para los teléfonos es algo sentimental, me he felicitado del regreso de Alcatel a la primera fila del sector con el recuerdo de mi primer teléfono.

Me lo llevo puesto

No se puede acabar este balance del MWC sin hablar del nuevo ámbito por el que luchan los fabricantes: los wearables o prendas conectadas. Lo más interesante del fenómeno es que las demás empresas están intentando coger posiciones antes de que en unos días aparezca Apple Watch. Todos buscan argumentos para convencernos de la magnífica idea que supone volver a tener reloj. Pero esta vez uno que tengamos que cargar todos los días.

En esta pugna destacan Motorola y su 360. A mi juicio y a pesar de llevar ya mucho en el mercado, sigue siendo el mejor resuelto ahora que añade correa de metal. El Huawei Watch demuestra que los chinos empiezan a dar lecciones en diseño y tiene una aproximación similar a la del LG Urbane: hacer relojes que parezcan relojes y no mini naves espaciales llenas de luces.

[Nota mental para los próximos días, Apple podría llegar a la categoría con una solución estéticamente más pobre que empresas como LG o Huawei y esto con Steve Jobs no pasaba].

Hay mucho más que procesar de este MWC. Aquí dejo anotados algunos protagonistas a los que seguir próximos meses:

  • El reconocimiento de la retina o el rostro para desbloquear el teléfono. Ahí andan Fujitsu y ZTE, porque lo de la huella es tan de 2014…
  • La curva es bella pero todavía no sabemos cuál más: si la de Samsung con el S6 Edge o la de LG con el Flex 2. LG además tiene una idea muy original, dice su curvatura ayuda a mejorar las llamadas de voz. Qué raros son estos coreanos que aún usan el móvil para hablar.
  • Calidad/precio o dicho en la neolengua del MWC value for money. ¿Quién tiene ese teléfono que da más por menos? Si hacemos caso a los fabricantes, casi todos. De los que he tocado me han gustado los nuevos Sony con el M4 Aqua, Alcatel con el Idol 3 (con el que puedes escuchar las llamadas aunque lo cojas al revés), Microsoft con el Lumia 640 y Motorola con su Moto E, que tiene toda la cara de ser un superventas. Digno de anotar que ese espacio empieza a estar abarrotado.
  • Proyectores baratos integrados con el móvil. ZTE con su apuesta de proyector con Android que además permite compartir WiFi (gran invento para que los amigos que vengan a casa traigan la cerveza) y Lenovo, con uno baratito de 200 dólares al que le enchufas el móvil y empiezas a proyectar a lo loco. Como conferenciante desastre y profesor irregular, es el tipo de cacharro que me llevaría a clase.
  • Motor y más motor. Los fabricantes de coches están empezando a notar, con alarma, de que para la generación del milenio el coche es un complemento del móvil. De esa observación nacen conectividad, aplicaciones y posicionamiento gadget. En este MWC ha sido Ford quien más se lo ha creído.
  • Los móviles con Ubuntu son el nuevo móvil con Firefox. Ahí están BQ y Meizu con terminales que no están para el prime time y con ausencia notables de aplicaciones como Whatsapp (¿Cómo va a tener uno un teléfono sin memes de Julio Iglesias?). En todo caso, no hay que perder de vista a su visión de la convergencia entre sistema de ordenador y móvil. Tampoco a una compañía como Canonical.
  • Internet de las cosas. Vamos a tener esta expresión hasta en la sopa los próximos años. En las explicaciones de la tendencia aparecen desde fábricas sin empleados hasta cafeteras que se conectan a internet o proyectos de “ciudades inteligentes” regadas con fondos europeos. También puede ser la asesina de la privacidad, pero no hablemos de cosas feas, que esto es una feria.
  • A Qualcomm se le está poniendo cara de Intel. Este comentario es ligeramente ingenioso si uno sigue de cerca el mercado de los fabricantes de sistemas en un ‘chip’ (o SoC) móviles, pero es probable que baste con anotar que este MWC no ha llegado en su mejor momento: Samsung ha optado por fabricarse su propio micro para el Galaxy S6 y Mediatek viene apretando desde las gamas de abajo.
  • Pagos móviles. En EEUU, Apple Pay está consiguiendo números envidiables y no digo yo que sea por envidia pero Samsung ha anunciado… ¿adivinan? Samsung Pay con una solución muy interesante que no exige el contacto con el móvil siempre para el pago. Google ya anda diciendo que a la vuelta de la esquina habrá Google Pay para tomar el relevo de su fracasada Wallet.

Con Jim King Um ha empezado una pequeña amistad. Nuestra cola ha servido para que el confiese cómo lo ha pasado su compañía el año pasado (no muy bien) y para que yo le comentase lo que me parecen sus productos (nada mal).

El americano espabilado se lo pierde.

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