“La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido”

GRA412. MADRID, 18/04/2013.- La presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, durante la presentación del libro "Don Antonio Fontán Pérez. El espíritu de la Política", de Arturo Moreno Garcerán, hoy en Madrid. EFE/Kiko Huesca

Me sorprende la facilidad con la que los españoles dejamos de preguntar por lo que en su momento preguntamos con gran interés. Sin alcanzar las respuestas a la que como ciudadanos tenemos derecho, olvidamos centenares de importantísimas preguntas con asombrosa apatía.

Como primer ejemplo sirva la filtración de los datos de la declaración de la renta del año 2013 de la entonces candidata por el PP a la alcaldía de Madrid. Esperanza Aguirre lo calificó de delito gravísimo. Es más, aseguró que se trataba de “un ataque a la seguridad jurídica sin precedentes”. Así nos pareció a muchos. Poco después, la Agencia Tributaria negó cualquier filtración y tras las elecciones todo quedó en nada. Ya nadie pregunta por la autoría de la filtración.

¿En qué quedó la denuncia de la víctima ante la Fiscalía? ¿Qué ha hecho la propia Esperanza Aguirre para aclarar lo que considera un ataque a la seguridad jurídica? No solo a la de ella, a la de todos. La Fiscalía cobra de nuestros impuestos. ¿Lo va a dejar así? ¿Quién reveló sus datos? ¿Y los medios de comunicación? ¿Olvidaron sus portadas? ¿Ya no quieren saber de lo que en su momento consideraron un escándalo?

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El segundo ejemplo es muchísimo más doloroso: responde a otro tipo de seguridad y a un asunto mucho más triste. Si preguntáramos a diez mil ciudadanos si saben quién es Said Berraj muy pocos podrían responder. ¿Y si preguntáramos a cien periodistas? ¿Llegarían a tres los que acertarían con su  respuesta?

Según lo que nos han contado, Berraj es el único terrorista del 11-M que vive y está en busca y captura. Y no es eso lo único importante. Para cualquiera que haya investigado con un mínimo interés la masacre de Madrid, el marroquí podría aclarar mucho de lo que no sabemos. De otros terroristas huidos tras los atentados nos dijeron que habían muerto o estaban presos en Marruecos. No de Berraj.

El once de marzo de 2014, le preguntaron por él al ministro del Interior. Jorge Fernández Díaz respondió: “Lo que puedo saber no lo debo decir”. Y ahí quedó todo. Un año y cuatro meses después nada nos ha dicho sobre el que tenía que ser uno los hombres más buscados por todas las policías del mundo. ¿Qué fue de Berraj? ¿Qué hace la Policía para detenerlo? ¿A quién le importa?

Tal vez el ministro del Interior pueda escudarse en que él no puede decir lo que pueda saber, lo que cuesta mucho entender es la falta de interés de los periodistas. Dieciséis meses después ningún medio le ha preguntado públicamente a Fernández Díaz por el terrorista marroquí. Poco a poco se olvidará su nombre y se perderán sus respuestas. ¿Se trata de eso? ¿Nos conformaremos? ¿Nos hemos conformado  ya? ¿Olvidamos lo que juramos no olvidar?

Sin duda acertó García Márquez cuando dijo “la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido”. Si dejamos morir nuestras preguntas moriremos poco a poco con cada una de ellas.