Mario Vargas Llosa entró en el escenario semicircular del Ateneo de Madrid y se colocó en el centro. Con traje negro y camisa blanca, inauguraba el ciclo de intervenciones de algunos de los miembros más destacados de la plataforma Libres e Iguales. Se reunían, tal y como decía el título del acto, “por la responsabilidad civil”.

La escenografía estuvo muy cuidada. Podía percibirse la mano del dramaturgo Albert Boadella, que más tarde aparecería sobre las tablas. En un escenario oscuro, un foco iluminaba al protagonista que razonaba y explicaba su punto de vista sobre Cataluña a tan sólo cinco días de las elecciones del 27S. El Premio Nobel, en su faceta de novelista, comenzó explicando la existencia de dos tipos de ficciones: las benignas y las malignas. Éstas últimas, arguyó, “se presentan como verdades absolutas y despiertan el fanatismo”. Se refirió al nacionalismo como una de ellas, aquélla que “ha dejado el mundo lleno de cadáveres”.

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Félix de Azúa, miembro de la Real Academia Española de la Lengua, advirtió de “la gravedad del desafío” independentista: “Retar al Estado nunca sale gratis. Se han dado cuenta, pero es demasiado tarde”. El catalán, que se ha definido en varias ocasiones como un “exiliado” en Madrid, sentenció: “A partir del 27 de septiembre, los catalanes empezarán a sufrir”.

Joaquín Leguina, ex presidente de la Comunidad de Madrid, comenzó diciendo que “aquello que distingue a la democracia de la tiranía es el imperio de la ley”. Como “no se puede hablar con energúmenos” –decía Leguina en referencia a los dirigentes nacionalistas– “he venido vestido con los colores de la bandera francesa: libertad, igualdad y fraternidad”. El azul, el rojo y el blanco se distribuían por sus pantalones y la cazadora, que contrastaban con la sobriedad del traje de Vargas Llosa o la americana de Azúa.

El chiste de Boadella

Después de la broma de Leguina, Carlos Herrera regaló a los asistentes un chiste de aquellos con los que obsequia a sus fósforos en la COPE: “Las elecciones en Cataluña tienen más peligro que un cable en un charco”. Sin embargo, el auditorio enmudecería para después romper a carcajadas con la aparición de un Albert Boadella que, vestido de Mosso d’Esquadra, entraba en el escenario y se excusaba en sus “hechos diferenciales como catalán” para echar al que estaba en el centro presidiendo el acto, Mario Vargas Llosa, que así podía abandonar al escenario para acudir a otro compromiso como si se tratase de parte de la función. El dramaturgo razonaba así el motivo de su disfraz: “Ni ellos mismos sabrían explicar esas diferencias de las que hablan. Admiten la diversidad de todos los españoles, pero dicen que lo suyo es mucho más importante”.

El periodista Federico Jiménez Losantos, conductor de las mañanas de esRadio, eligió un discurso grave, apoyado en diversas referencias históricas, que giró en torno a una idea que ya ha repetido en varias ocasiones: “El problema de Cataluña es consecuencia de la traición de la izquierda a la idea nacional”. El veterano comunicador terminó enardeciendo al auditorio con el grito: “¡Viva España!”, que fue recibido con vítores y contestado con la réplica habitual.

Fernando Savater, uno de los últimos en aparecer, quitó gravedad a esa “mentira que venden los nacionalistas”, “a unas elecciones que no son más que unos comicios en los que votarán todos aquéllos que estén empadronados en Cataluña, nada más que eso”. No obstante, advirtió del peligro que podría suponer una victoria nacionalista el próximo 27 de septiembre en caso de que termine en una declaración unilateral de independencia: “Sería una agresión al conjunto de los ciudadanos españoles. No podemos tolerar que los ciudadanos catalanes puedan llegar a sentirse extranjeros en su propia casa”.

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El ciclo de intervenciones lo clausuraron los focos, que de repente se apagaron y dejaron paso a la voz de la promotora de Libres e Iguales, la diputada popular Cayetana Álvarez de Toledo, que sin luz en el escenario comenzó a recitar un discurso que iba escribiéndose al mismo tiempo en una pantalla cinematográfica: “En un Estado democrático, son los ciudadanos quienes toman las decisiones políticas (…) Existe el peligro de que los no independentistas por activa terminen siéndolo por pasiva. Tras las elecciones, usted no podrá decir aquello de ‘yo no sabía’. El abstencionismo es la peor versión de la irresponsabilidad”. Al terminar su intervención, las luces se encendieron. Los miembros de la plataforma despidieron al público desde el escenario, recibiendo una gran ovación entre silbidos y algún que otro ‘viva España’, pronunciados con el mismo ímpetu con el que lo había hecho Jimenez Losantos minutos atrás.

Mucha gente fuera

El acto comenzó con más de media hora de retraso debido a la aglomeración de personas que esperaban a las puertas del Ateneo de Madrid. Decenas de espectadores tuvieron que darse media vuelta porque las filas del teatro y sus salas contiguas estaban repletas.

“Qué desastre de organización, la próxima vez que lo hagan en una plaza de toros”, pedía una asistente. “O en un estadio”, respondía otra más optimista pero con el mismo nivel de enfado.

“Estamos desbordados, no nos esperábamos esta afluencia” reconocían fuentes de la organización del acto, que explicaban que si bien el aforo del teatro principal es de 350 personas con las demás zonas habilitadas el público superaría el medio millar.

No fueron suficiente. Ante el caos, la “indignación” volvió a la calle. Esta vez no a la Puerta del Sol  sino a unas calles contiguas. Conchita y Armando, un matrimonio catalán que aprovechaba un viaje de trabajo para intentar escuchar “a gente inteligente, y no lo que escuchamos en TV3”, esperó más de una hora para oír el manifiesto.

 

Al no poder estar presentes al menos desde la platea, ellos improvisaron un discurso ante los demás indignados.

En clave económica: “Madrid no nos roba, es un discurso absurdo”. En clave política: “El PP ha alimentado todo el independentismo”. También en clave electoral: “Todo lo que huele a España les asusta. El único que no tiene miedo es Albert Rivera”.