Pujol Jr. y su esposa fabricaron un autoalquiler como el de la Infanta

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El afán del hijo mayor del ex president por evadir impuestos le llevó a usar el mismo artificio contable que usó la Infanta Cristina. Un contrato ficticio confeccionado el 1 de enero de 2003 en el que la arrendadora y la arrendataria son la misma persona: la esposa del primogénito del president, Mercè Gironès.

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El caso Urdangarin y el caso Pujol ya tienen un elemento en común. El afán por evadir impuestos de los ex duques de Palma y del matrimonio del hijo mayor del ex president ha desembocado en ambos casos en la fabricación del mismo artificio contable para engañar a Hacienda. Tanto la Infanta Cristina como Mercè Gironès rubricaron de su puño y letra un contrato fraudulento con el que simularon alquilarse a sí mismas sus propias oficinas.

El objetivo perseguido por ambas era el mismo: generar gastos falsos en sus respectivas sociedades instrumentales para tributar menos. Tanto la hija de Don Juan Carlos como la nuera de Jordi Pujol i Soley se encontraron de pronto con el mismo problema fiscal. Una y otra disponían de entidades sin actividad alguna que utilizaban para cobrar comisiones de grandes empresarios.

En el caso de la Infanta, Aizoon percibía pagos millonarios por la prestación de asesorías inexistentes a grandes compañías internacionales. En los balances de la empresa se registraban grandes ingresos y apenas había casi gastos, por lo que el margen de beneficio por el que tributaba era máximo.

Gironès hizo algo muy similar. Su marido utilizaba empresas instrumentales para cobrar comisiones del 5% de grandes contratistas de la Generalitat que se camuflaban bajo el paraguas de hipotéticas asesorías de las que no existe rastro alguno. De nuevo los ingresos eran cuantiosos, los gastos, inexistentes y los impuestos que pagar, muy elevados. Ambos matrimonios recurrieron a diversas fórmulas para incorporar a las sociedades gastos que no habían generado con el objetivo de reducir su base imponible.

EL ESPAÑOL ha tenido acceso al contrato ficticio confeccionado por Jordi Pujol Ferrusola y su mujer el 1 de enero de 2003. Se trata de un supuesto alquiler en el que “de una parte”, en calidad de arrendadora, comparece “la Sra. Mercè Gironès i Riera”; y, de otra, como arrendataria, hace lo propio la misma “Sra. Mercè Gironès i Riera”.

Según este acuerdo mercantil, la mujer de Pujol Jr., que actúa en representación de las dos sociedades instrumentales empleadas por su marido para cobrar comisiones (Iniciatives, Marketing i Inversions, SA, y Project Marketing Cat, SL), deja constancia de que las entidades se alquilan a sí mismas el despacho profesional que habitualmente utilizan: un inmueble situado en el número 5-15 de la barcelonesa calle Ganduxer.

Según dice este documento, “la sociedad Iniciatives”, propiedad de Pujol Ferrusola y de su mujer, “se compromete a prestar servicios de carácter administrativo a favor de la sociedad Project”. Concretamente, de “recepción en sus oficinas de llamadas telefónicas, de correspondencia postal y telegráfica, de correo electrónico y de fax”. Asimismo, los Pujol fingen que sus dos empresas pantalla se intercambian “su disposición en las mismas oficinas de una sala y/o estancia para la celebración de reuniones limitando su utilización a un máximo de diez horas mensuales no acumulables” como si fueran entidades que no estuvieran vinculadas entre sí.

Para intentar otorgarle cierta veracidad, el contrato falso de autoalquiler establece también que tiene la “duración de un año prorrogable automáticamente por periodos de igual duración, salvo denuncia expresa de cualquiera de las partes, que deberá ser comunicada a la otra con al menos 15 días de antelación”. La tarifa que fijan para los servicios asciende a “480 euros” a los que se aplicará “el IVA vigente en cada momento”.

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El documento lo rematan sendas firmas idénticas de Gironés.

El Mundo ya reveló en octubre de 2013 un documento prácticamente calcado al descrito que fue diseñado por los ex duques de Palma y en el que figuraba, como arrendadora y arrendataria al mismo tiempo, Cristina de Borbón. En aquel caso, la Infanta simulaba alquilarse a sí misma su palacete de Pedralbes, que presentaba ante Hacienda como sus oficinas profesionales pese a que ni siquiera albergaba un despacho como tal. Aquel contrato, junto con otra serie de pruebas documentales que certificaban la participación directa de la Infanta en una trama de evasión de impuestos, provocó su imputación en el caso Urdangarin por delito fiscal.