Por qué el independentismo se ha triplicado en Cataluña en la última década

Durante los últimos años, el independentismo en Cataluña ha experimentado un crecimiento indiscutible. Un movimiento que apenas era capaz de reunir unos pocos miles de incondicionales ha logrado realizar, en pocos años, manifestaciones multitudinarias que han dado la vuelta al mundo. Los catalanes que quieren una Cataluña independiente se han multiplicado por tres y en las próximas elecciones del 27 de septiembre las candidaturas abiertamente independentistas aspiran a ocupar la mayoría de los escaños del Parlamento Catalán. ¿Qué hay detrás de este crecimiento espectacular?

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No se puede descartar que la principal razón del independentismo de Artur Mas sea mantener su influencia política y la de su partido. En las recientes elecciones autonómicas de mayo, sólo dos de los 13 presidentes autonómicos revalidaron la presidencia. Ocurrió en Murcia y en Castilla y León, cuyos presidentes estaban muy por encima del 31 % cosechado por Artur Mas en 2012 e incluso del 38% alcanzado en 2010.

La gestión política de la crisis económica pasa factura, más aún cuando el partido está salpicado por la corrupción por los cuatro costados: Palau, ITV, Adigsa o la confesión de Pujol. Con este panorama, se antoja difícil imaginar que Mas y Convergència hubieran podido seguir gobernando Cataluña sin su reciente conversión al independentismo.

Ahora bien, las razones por las que tantos catalanes apoyan hoy la independencia no pueden confundirse con las de una elite política. Con tal de minimizar el fenómeno independentista, algunos prefieren pensar que se trata de un montaje del president y de TV3. A pesar de que la televisión pública catalana no es un ejemplo de neutralidad y de las innegables aptitudes políticas de Mas, cada ciudadano forma autónomamente sus razones para ser o no ser independentista. Conviene, por tanto, entender esas razones.

Las razones de cada independentista para apoyar un estado catalán son distintas. Además, cada independentista puede tener más de una razón para serlo e incluso alguna razón para no serlo. Hay razones de carácter identitario (quienes no se sienten españoles), razones de carácter instrumental (quienes creen que con la independencia vivirían mejor) e incluso razones de carácter estratégico (quienes apoyan la independencia como una amenaza para lograr mayor autonomía y recursos económicos para Cataluña).

El primer elemento que debemos tener en cuenta es que el independentismo no ha aumentado de forma homogénea entre quienes tienen distintos sentimientos de pertenencia. Sólo ha aumentado significativamente entre quienes se sienten más catalanes que españoles o exclusivamente catalanes. Por norma general, una preeminencia de la identidad catalana parece ser condición necesaria aunque no suficiente a la hora de adoptar actitudes independentistas.

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Sin embargo, la identidad nacional no es algo inmutable. Los catalanes que se sienten sólo catalanes o más catalanes que españoles han experimentado un aumento en los últimos años en detrimento, principalmente, de los que se consideraban tan catalanes como españoles. Es difícil predecir qué puede explicar tales cambios. Pero es probable que los debates surgidos a raíz de la reforma del Estatut cambiaran la perspectiva de algunos catalanes que hasta el momento se habían sentido cómodos con la doble identidad.

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Más allá de la identidad, otro factor a tener en cuenta son las perspectivas que los catalanes tienen de un hipotético estado independiente. El movimiento independentista durante los últimos años ha puesto especial énfasis en los beneficios económicos que tendrían los catalanes en una Cataluña independiente. El razonamiento es meridianamente simple: puesto que Cataluña aporta más a España de lo que recibe, una Cataluña independiente dispondría de mayores recursos y con estos recursos podría invertir más en servicios sociales para los catalanes.

Esta perspectiva, sin embargo, no está exenta de motivos identitarios. Si una Cataluña independiente dispondría de más recursos, es muy difícil argumentar que una España sin Cataluña no dispondría de menos. La identidad nacional y las perspectivas de la independencia no son ortogonales porque la identidad construye el sujeto sobre el que calcular los beneficios económicos de la independencia. Dejando de lado consideraciones de solidaridad, a mayor identidad catalana, menor importancia tiene el efecto de la independencia sobre el resto de España y viceversa. En realidad, incluso cuando se habla de los beneficios económicos de la independencia se está hablando de identidades.

Es difícil saber cómo acabará esta historia. Los votantes sólo consideran relevante la identidad cuando puede ser movilizada para conseguir objetivos políticos y económicos. La incapacidad de los partidos tradicionales y sobre todo de la socialdemocracia europea para dar respuesta a las necesidades sociales en los peores años de la crisis ha hecho más atractivas otras alternativas políticas. El independentismo mantendrá su salud mientras no haya una alternativa política que dé una respuesta más convincente a las necesidades de los catalanes.

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