Xavier Corberó (Barcelona, 1935) es un escultor cuya obra se ha expuesto en museos tan importantes como el Metropolitan, el Victoria & Albert o el de Arte Moderno de Tokio. También en espacios públicos de ciudades como Londres, Barcelona, Chicago, Beirut o Dubai. Amigo de Salvador Dalí, Man Ray o Marcel Duchamp, habla con soltura sobre sus momentos con ellos, sobre sus obras y sobre el proceso de independencia catalán.

Hijo y nieto de broncistas, Corberó vive en Esplugues de Llobregat, donde ha ido creando su obra más personal. Su abuelo tocaba el clarinete en el trío de Pau Casals y su padre fundó junto a Llorenç Artigues la Escuela Massana donde estudió el propio Corberó. Completó su formación en el Central School of Arts and Crafts (Londres), donde adquirió un extraordinario dominio del oficio y el rigor por la obra bien hecha. Tras su paso por París, Mendrisio y Barcelona, dio el salto a Nueva York, que era el gran mercado internacional de arte.

Corberó fue quien tuvo la idea de seleccionar las esculturas de los artistas más interesantes del momento para que el Ayuntamiento de Barcelona las colocara en espacios públicos de la ciudad antes de los Juegos Olímpicos de 1992. También diseñó la medalla olímpica y consiguió que el círculo central de la de oro se hiciera con este metal y no con plata dorada como hasta entonces. A Corberó le parecía injusto que después de tanto esfuerzo los atletas recibieran una medalla falsa. Aquel año recibió la Cruz de Sant Jordi que entrega la Generalitat.

A lo largo de los últimos 46 años ha ido creando en el casco antiguo de Esplugues, a modo de testimonio artístico, su principal obra. En 1969 compró una masía del siglo XVII en un terreno de grutas y galerías subterráneas utilizadas ya por los romanos. Poco a poco fue ampliando el terreno hasta reunir casi una hectárea y lo rescató de la especulación. Sus muros llenos de vegetación hacen del carrer de Montserrat el más bonito de Esplugues. Es lo único que ven sus habitantes. Lo que hay dentro es un misterio pues casi nadie ha entrado.

Todo empezó en torno a un patio octogonal que desde una gruta fue elevándose hasta un quinto piso como un caleidoscopio. Con el paso del día, la luz reviste de distintos matices las salas unidas por arcos y escaleras de todo tipo. A través de un patio con cascada, una gran higuera y maravillosas gardenias que Corberó cuida y riega personalmente, se accede a la parte nueva empezada hace siete años donde la escala se amplía y los arcos se multiplican. En total son 12 edificios, 10 frondosos patios y miles de macetas.

Captura de pantalla 2015-09-12 a las 19.10.13Este conjunto monumental es el escenario ideal para mostrar una obra que abarca la arquitectura, la escultura, el paisajismo y la puesta en escena. Corberó es un refinado coleccionista de objetos. En la parte habitada de este espacio, sus esculturas se intercalan con muebles, figuritas, maletas, alfombras en un orden insólito donde todo tiene una intención. “Cuando me preguntan qué pretendo con esto, contesto: siempre he intentado hacer poesía”.

Todo ello se ha financiado con dinero que ha recaudado el propio artista según iba vendiendo esculturas y gracias al mecenazgo de “amigos y enemigos”. 

Hablar con Xavier Corbero es una refrescante lección de vitalidad e ingenio. Es un dandi divertido, valiente y  preclaro. Como decía su amigo el crítico de arte Robert Hughes, su espectro social  y su curiosidad son amplísimos. Hace 35 años le extirparon un pulmón y sigue fumando cigarrillos sin filtro. El médico que le operó en Houston le dio seis meses de vida. Luego le hacía una reverencia cuando iba a revisión porque era su paciente más longevo. A continuación transcribo su testimonio durante nuestra conversación en su casa durante una jornada de verano.

Español y catalán

Los españoles son como los catalanes pero por lo menos se levantan más tarde, porque los catalanes se levantan antes para poder estar más rato sin hacer nada. Los españoles hacen lo mismo (nada) pero se levantan más tarde.

Esto del soberanismo a mí me suena como algo terriblemente pecaminoso. Ser independiente no quiere decir nada ni ayer ni hoy. Samuel Johnson dijo que el nacionalismo era el último refugio de los sinvergüenzas y ésta es la puñetera realidad. Cuando uno es muy nacionalista, es que quiere robar más y no quiere que le robe otro y por eso aquí dicen que todo es culpa de Madrid. Todo lo que se ha robado en la época de Pujol no es culpa de Madrid.

Es triste que sea tan feo todo porque siempre pierden y continuarán perdiendo. Pero estoy seguro de que lo de Cataluña acabará mal por poco bien que vaya. Si empieza mal, acabará menos mal. Pero si empieza bien, acabará muy mal. Y además es raro: ¡España es un sitio tan bonito!

Con Franco yo me sentía muy catalán. Mi madre se murió cuando yo era niño y me acuerdo sólo de una de sus frases: “Sé un buen español y un buen catalán”. Es curioso porque yo pensé: qué tontería, ¿no? Buen español y buen catalán. Me parecía un poco cursi la frase pero ahora la entiendo.

El nacionalismo empezó en el siglo XIX y todo lo demás son inventos. En el siglo XIX, Cataluña era distinta de España. Era más rica porque vendía todo a España, que no tenía nada. Durante la II Guerra Mundial, mucho dinero que salía espantado de Europa vino a parar aquí y a esto lo llamaron la revolución industrial.

Por otro lado se inventaron una nacionalidad, igual que los vascos de Sabino Arana. Aquí todo siempre es un poquito menos aburrido que en el País Vasco porque está el Mediterráneo y los mediterráneos siempre tienen un lado gitano. Había un señor que se llamaba José Pijoán, que es el de la enciclopedia Summa Artis. Un buen día se cansó, se fue a vivir a Suiza y se hizo cuáquero. Entonces fueron de aquí a verle y le decían: “Señor Pijoán, que Cataluña le necesita porque Cataluña sin usted no es Cataluña”. Y él contestó: “¿Cata qué?”.

Las modelos. María Medina

El masajista

Mi masajista era un hermano de San Juan de Dios. Entonces se le puso tiesa y dijo que prefería casarse. Encontró una señora, se casó y fue a decirle a su padre, que era ferroviario en Zaragoza, que se casaba.”Yo estaba ‘acojonao’ porque era religioso”, me dijo. “Llegué allí y mi padre estaba con su boina en la vía y le aticé y él ni caso. Le aticé más fuerte, ni caso. Y le aticé verdaderamente fuerte, levantó la boina y me dijo: ‘¿Sabe lo que me dice? Ahora sabrás lo que es joder sin ganas, hijo”.

No me digas que no vale la pena ser español sólo para oír esto porque es aplastante. Estos detalles surrealistas que tenemos son preciosos. ¿Y queremos prohibirlos? ¿Tú crees que yo dejaré de ser español porque unos cabrones inventen un sistema? No.

Yo no me siento más de aquí que de Asturias cuando estoy en Asturias. Lo que pasa es que de aquí sé más. Hubo momentos después del franquismo en que me emocionaba oír cantar en catalán la sardana La santa espina. Era emocionante porque ya no estaba prohibido. Pero entre que esté prohibido a que sea obligatorio casi prefiero que esté prohibido. Yo quiero ir al fútbol y soy muy del Barça porque es de aquí y yo también. Pero esto no quiere decir que sea idiota, ¿eh? ¡Y también soy del Liverpool!

El otro club de Barcelona es el Espanyol. Lo pensé cuando hablábamos del periódico. Se llama español por algo porque ya entonces pasaba lo mismo: los del Espanyol son traidores a Cataluña. Lo que no sabe nadie, si lo preguntas en serio, es qué es Cataluña. Nada concreto. Porque el reino era de Aragón y Cataluña y el primer condado fue el de Empúries. Esperemos que todo esto no acabe a hostias, que podría.

Puede ser que al final no queden más cojones que traer al Ejército porque pasa otra cosa: a la primera hostia los catalanes se cagarán todos. Yo he vivido aquí 50 años de franquismo. Nací en 1935 y toda aquella gente estaba así [levanta el brazo a modo de saludo fascista] todo el santo día.

En el extranjero

Yo sabía que el mundo no podía ser como Franco lo pintaba. Pero yo nunca fui un exiliado porque pensaba que lo que tenía mérito era estar aquí y no fuera. El champagne allí era bueno y aquí malo y donde había hostias era aquí y no allí. Aquí se hicieron cosas extraordinarias porque la gente trabajó mucho después de la guerra por muy poco y se hizo esta España que hay ahora que, comparada con la de antes, es un milagro.

Yo me fui primero a Suecia un poquito porque me gustaba irme y porque tenía ideas falsas, pero ideas, de que los países nórdicos eran fantásticos. No son fantásticos y no son países: son pueblecitos. Suecia son cuatro gatos, Hospitalet es mucho más importante. Esto no lo sabía. Pero me espabilé con nada, tomaba té con mucho azúcar porque vivía del azúcar. No tenía dinero, no podía volver y me fui a Inglaterra porque tenía un billete gratis del Student Escandinavian Travel Service.

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El orfebre de Londres

A Londres llegué sin nada.

Yo buscaba Londres y no la encontraba. Decían que era una gran ciudad pero todas las casitas eran bajitas y eso parecía San Gervasio o La Moraleja. Un día llegué a la City y allí había un edificio muy grande que ponía Goldsmith Hall. Era la sede del gremio de orfebres y pensé: “Ésta es la mía”.

Tenía unas fotos de unas esculturas pequeñas y pedí ver al director. Le enseñé las fotos y le dije que eran unas obras de seis metros. Esas cosas en una foto no se saben. El tipo se dio cuenta de que yo era gracioso y me invitó a comer. Yo no hablaba nada de inglés. Pero este señor encantador se convirtió en un amigo.

Corberó de joven

Esto es muy inglés. Si les haces gracia por algo y te ayudan, te ayudan. Está todo preparado para funcionar. Aquí está todo preparado para no funcionar. Vender una escultura en Londres quiere decir vender muchas. Vender una aquí es no ver esa escultura nunca más. En Cataluña mucho más que en Madrid. No las ves nunca más. Y si no vas con cuidado, la venden a trozos como si fuera una longaniza o una butifarra.

A aquel orfebre de Londres no le vendí nada. Me hizo una matrícula en la Central School of Arts and Crafts [la Escuela de Bellas Artes más prestigiosa de Londres] y me paseé por Inglaterra yendo a todas las fábricas de platería y orfebrería. Allí aprendí todo lo que quería saber de orfebrería y de cincelado, y trabajé con un platero que es muy famoso ahora y que se llama Gerald Benney. También con un arquitecto que se llamaba Louis Osman y que hizo la corona de la investidura del Príncipe Carlos

Esto también es muy inglés. Me decían: “Vente a Bath”. Y entonces yo me iba a Bath en un coche alquilado gastándome el único penique que había ganado. Sólo tenía unos pantalones cortos como tiroleses y ellos se cambiaban y a menudo se ponían el esmoquin para cenar. Pero el día en que fui yo se vistieron todos de tiroleses. Los ingleses son la hostia. Yo los quiero mucho porque son al revés de lo que creemos aquí: son muy fieles y muy positivos, y pueden ser muy puñeteros. O sea, que tienen morbo.

Un catalán en Nueva York

Lo de Nueva York fue muy rápido. Yo me había prometido que no trabajaría de otra cosa. Pero claro: uno tiene que comprar la piedra y alguien tiene que comprarle la obra.

Entonces yo no tenía para comer, mi hija Ana ya había nacido y la inglesa [la madre de la niña] tenía hambre. Yo era amigo del artista Manuel Viola, que era gitano. Le dije que no quería trabajar pero que se estaban muriendo de hambre aquellas dos. Me dijo: “No te preocupes. Ha venido un americano muy rico que se llama Guasrosh y ya te comprará algo. Está en el hotel Avenida Palace”.

Yo ni me lo pensé. Me fui allí y pregunté por el señor Guasrosh. No existía, naturalmente, pero había un señor muy alto que me dijo: “Perdone usted. Pero yo ayer estuve con el pintor Viola y he oído lo que decía y a lo mejor usted me busca a mí. Pero no me llamo Guasrosh. Me llamo Gordon Washburn y soy el director del Instituto Carnegie”. Chillida, Tapies, Palazuelo… Todos habían salido por éste.

Entonces me dijo: “Mire, no le puedo comprar nada porque no soy rico, pero en cambio me gustaría ver su obra”. Vinimos a Esplugues y me dijo que fuera a verle a Cadaqués porque tenía allí un amigo que se llamaba Marcel Duchamp. ¡Cómo si fuera Pito Pérez! Y además me dijo que había allí un señor que se llama Staempfli que tenía una galería en Nueva York y era de los mejores marchantes del mundo. Me fui zumbando y ya no salí de allí. Me pasé toda la vida con Peter Harnden, que era el catalizador de todas las reuniones en Cadaqués. Bombelli, Man Ray, Max Ernst… Todos eran amigos de Washburn. Los que estaban de verdad aquí eran Duchamp y Dalí.

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El cerebro de Dalí

Es el hombre más inteligente que he conocido, era muy gracioso y muy humilde. Fue mi primer cliente. Yo exponía en la bienal hispanoamericana de Arte en Barcelona y un día me llama un señor y dice: “Alo alo, ici Dalí“.

Yo respondí que era el obispo Modrego, y enseguida colgué porque pensé que era un amigo mío tomándome el pelo. Al día siguiente me fui a Suecia y después de un tiempo hice mi primera exposición individual en Nueva York, donde veía a Dalí casi todos los días. Un día mantuve más o menos esta conversación.

– ¿Por qué viene cada día?

– Porque lo que hace usted a mí me interesa bastante pero es una pena que sea tan maleducado.

– ¿Qué he hecho yo?

– No qué ha hecho, ¿qué no ha hecho?

– ¿Qué no he hecho?

– Pues hombre, darnos las gracias a mí y a mi mecenas Arturo López por haber comprado todo lo que tenía en la bienal hispanoamericana de Arte.

– Es que no me he enterado yo de esto.

El cerebro de Dalí es uno de los cerebros importantes de la historia de la humanidad y estoy muy agradecido por haberle conocido y por que me tuviera una especie de flojera. En Nueva York hacíamos una cena a menudo en el restaurante Laurent.

A veces Dalí traía un invitado de honor. Yo hacía muchas semanas que le quería preguntar cuál era su relación con Picasso y siempre me olvidaba. Vino con Claude Levi-Strauss, que entonces era Dios. Pero yo le quería preguntar por lo de Picasso y le dije: “Bueno, ya hablaremos con este señor tan importante pero usted me puede decir cuál es su relación con Picasso”. Dalí me dijo: “¡Ah muy buena! Yo cada año le mando una postal en julio que pone Juliol, ni dona ni escargol [en julio, ni dama ni caracol]. Si no se la envío, ya sabe como es, me manda espías. Yo lo noto y entonces se la envío. Pero yo le estoy muy agradecido porque me prestó 60.000 dólares para venir a este país y se los devolví todos. Después Gala y yo compramos un cuadro suyo y se lo hemos regalado al museo de Barcelona”.

Yo me quedé calculando cuánto eran 60.000 dólares de 1942, que era mucha pasta. Dalí se dio cuenta de que no les escuchaba ni a él ni a Levi-Strauss y entonces me mira y me dice: “Bueno, hombre, bueno. Casi tots, casi tots“.

Dalí se divertía mucho con Francesc Pujols, un filósofo catalán, y resumía así una línea de su pensamiento: “Los catalanes habremos dominado el mundo cuando entremos en un restaurante y no tengamos que pagar”. A la entrada de su Teatro Museo, escribió esta frase de Pujols: “El pensamiento catalán rebrota siempre y sobrevive a sus ilusos enterradores”.

Era un hombre encantador, muy bien educado y muy gracioso. Una de las últimas cosas  que hizo fue decirme: “¡Oiga! En el sitio éste que he comprado para Gala [el castillo de Púbol] necesito tapar los radiadores. Piense algo”. Unos días después me llama y me dice: “¿Qué? ¿Ha pensado algo? Pues no. Menos mal, porque ya lo he arreglado. Los he pintado al trompe l’oeil y los he puesto delante. Es decir, que para tapar un radiador puso un radiador pintado. Es cojonudo.

El rizo de Duchamp

Marcel Duchamp era muy inteligente. De alguna manera vio venir algunas cosas. En 1906 Duchamp decidió que la pintura de caballete se había acabado y creó otra academia. Pero el mercado ha institucionalizado una academia contra la academia y el urinario se ha convertido en academia. Exponer el urinario en 1906 en Nueva York era una cosa y exponerlo en 2015, otra muy distinta.

Entonces él no pintaba. Sólo pensaba y hacía trabajos manuales. Se podía pasar un año arreglando una persiana que era realmente una obra de arte. Después del urinario, montó una academia más académica que la academia y más hiperrealista que el hiperrealismo porque una mujer [en su obra] era de piel de tocino y parecía una señora. Un buen día le pregunté mientras jugábamos al ajedrez: “¿Tú no tienes ganas de coger una tela y pintar?”. Se quedó serio, le cayeron dos lágrimas, no hubo más respuesta y no insistí.

Corberó desde gruta, higuera. Julia jiménez

El arte de hoy

Le falta oficio pero sobre todo le sobra una cantidad de bluf… Es políticamente correcto. Si tú sabes cuatro cositas y las sabes explicar, explicas un cuadro y un cuadro que se ha de explicar es una mierda de cuadro y así son casi todos.

La universidad es una enfermedad muy grave, sobre todo para el artista. El tío que sale de la universidad y sabe que él es minimal… ¡Es como si las putas salieran un día y supieran que eran putas! Cualquier escenógrafo de ópera lo hace mejor.

Siempre hay alguien salido de la universidad que hace de comisario de una exposición y que se tira al director del museo. Han creado una especie de submundo como el del golf. Es el golf de los que no juegan al golf y no hay mujer de burgués en Cataluña que no tenga tres o cuatro amigos en este círculo.

El marketing ha borrado el cerebro de la gente. Un Picasso ha salido por 150 millones. Un Degas, por 200. ¿Quiere decir que un cuadro malo de Picasso vale 150 millones? Es un sistema en el que todo es mentira. Pero como casi nadie sabe nada, los que saben sólo saben el precio. Es que no saben ni el color del cuadro.

Pensar que Cataluña puede ir mejor solita… ¡Solito no puede ir mejor nada! Ni Cataluña ni Suiza. Es más, yo creo que todos estos estados pequeños tienen una tendencia grave a desaparecer porque si no viven del robatorio no sobreviven. Ni San Marino ni Suiza ni Andorra. Todos viven de robar.

Un juicio gitano

Manuel Viola era un caso. Odiaba a Dalí. Viola era muy inteligente pero Dalí era mucho más inteligente. Dalí no era nada pasional y Viola sí.

La casa de Viola en Ríos Rosas, 54 era una maravilla. Abajo vivía González Ruano y en el cuarto o en el quinto vivía Viola con una niña adoptada que se llamaba Encarnita Heredia. También vivía con la Carmuca, que era francesa y que había sido novia de Picasso, a quien se la quitó Viola. Arriba vivían Camilo José Cela y dos generales de la República con sendos policías en la puerta y una escuela de parteras sin dolor.

Era bastante curioso este sitio. He visto cada cosa… Una vez el tío de Encarnita Heredia se fugó con su cuñada y el juicio gitano se hizo en casa de Viola. Vinieron los gitanos viejos. Unas pintas y una autoridad… Me acuerdo de que el más viejo, el rey, dijo que no le cortaba la oreja al tío de Encarnita porque era guapo y que la cuñada tenía menos culpa que si fuera feo. Total que se quedó con las dos orejas. Pero me he acordado siempre de esto: por ser guapo tenía perdón. Ahora es al revés: si eres guapo, es imperdonable. Esto es otra cosa que pasa con estos soberanistas: ¡Son de un feo! ¡Son impresentables!

Podemos es un poco lo mismo: una cosa populista que quiere decir que el infeliz está contento de joder al feliz y el feo está contento de joder al guapo. La gente ha quedado un poco idiotizada y entonces busca soluciones que no tienen que ver con nada.

Cuando uno visita el castillo de Cawdor en Escocia [donde tengo una fuente de bronce], le dan un panfleto que dice: “Ustedes se preguntarán cómo hemos logrado todo esto. Es muy sencillo: asesinatos, robos y bodas”. Ya está. Aquello me pareció muy bien.

Un niño de la guerra

La guerra puede parecer dramática. Pero para un niño pequeño nada es dramático. Lo que es dramático es aburrirse y los entierros, la muerte y todo esto aburrido no es. Pasa mucha gente. En casa no había nadie. Mi padre estaba en el frente, mi madre se había muerto y con cuatro años me iba al refugio solo. No había nadie más. Mi abuela no sé si estaba. A veces estaba y a veces no. Mi tía era enfermera. El refugio lo bueno que tenía es que estaba justo debajo de casa. Sólo tenía que bajar y meterme. Como era tan pequeño, todo el mundo me quería mucho. A mí me gustaba ir al refugio. Era igual que aquí. Esto de las grutas me ha gustado siempre.

Hay un momento de silencio. Miramos por el ventanal de su cuarto mientras riegan.

Me gusta este árbol muerto, me recuerda que voy yo después de él. Quiero que me metan un poco más allá y que ponga en una piedra: siéntese y no haga cumplidos. El epitafio que más me gusta es uno del cementerio de Carmona: “Aquí sigue descansando Gonzalo”, que no había pegado ni golpe nunca.

Es increíble lo poco que la gente ve. Tengo un amigo maestro de sushi que se llama Yasuda. Lo conocí en un restaurante en Nueva York, luego fue un número uno y se volvió a Tokio. Hace poco le dijeron que yo había cumplido 80 años, tuvo miedo de que me muriera antes de verme y vino de Tokio. Me dio un abrazo, se le cayeron cuatro lágrimas y se fue. Nos despedimos. ¡Es tan japonés!

Balzac dijo una cosa estupenda: sin gran voluntad, no hay gran talento. Muy bonito. Bernard Shaw dijo que los pañales y los políticos se han de cambiar con frecuencia y por la misma razón.

Antes de despedirse, Xavier Corberó recita estos versos de ‘Don Juan’:

“Siempre vive con grandeza /quien hecho de grandeza está.”