El sirio Fouad Aboussada es uno de los pintores más serios de la Rambla. Desde hace tres décadas se sienta en su taburete para dibujar a vecinos y turistas. Tiene dos hijas catalanas y desconfía del proceso independentista: “Me importa Cataluña y me importa España. La fuerza está en la unión”. 

El Ayuntamiento de Barcelona limitó en 2013 el número de pintores y dibujantes que trabajaban en la Rambla. Tres años antes, había hecho algo similar con las estatuas humanas. Se trataba de premiar a los mejores artistas y todas las medidas fueron en la misma dirección: reducir el número de plazas reservadas a los pintores (de un centenar a 62), limitar los días de trabajo y ubicar a los artistas en un solo lado de la Rambla.

“Decían que lo hacían para mejorar la calidad de los cuadros, pero lo que hicieron fue robarle espacio al arte para entregárselo a los bares y a las terrazas, que dan más dinero”, dice Fouad Aboussada (Sweida, 1946), un pintor sirio que lleva casi 30 años trabajando en este rincón de Barcelona. “Llegué en 1987 y en esta parte de la ciudad se respiraba más arte que ahora. No nos pedían permisos ni hacía falta tanto control”, rememora con nostalgia. 

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Aboussada es ilustrador, dibujante y pintor. Estudió Bellas Artes en la Universidad de Damasco. Al terminar la carrera, inició un viaje por el norte de África que le llevó a exponer sus obras en países como Túnez, Líbano o Argelia. Allí permaneció 10 años trabajando como profesor de dibujo. Organizó tres exposiciones en el Instituto Cervantes de Argel, donde conoció a varias personas que le sirvieron de contacto en España: “Decidí venir a Barcelona a hacer un doctorado y preparar una tesis sobre la influencia del arte árabe en la pintura moderna”.

Nunca lo acabó. Pero la ciudad le sedujo y se quedó a vivir. “Antes estuve viajando por Europa. Expuse en Viena, Berlín y Berna. Pero me afinqué en España, en Barcelona, porque este lugar es lo parecido a mi país. Es como mi tierra pero con menos líos. El clima, la gente… ¡Hasta la forma de mirarnos a los ojos! Salir a la calle y hablar con todo el mundo fue lo que me enganchó”.

Aboussada ha echado raíces en Barcelona. Se casó y ahora tiene dos hijas catalanas. “Ellas también son artistas”, explica con orgullo. “Una de ellas ya ha acabado Bellas Artes”.

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¿Qué queda de aquella Rambla que Aboussada conoció en 1987? “Bastante menos cultura. Pero eso no es culpa de los artistas sino de las instituciones que se la han ido cargando. Antes era diferente. No había tanto control y podíamos venir a pintar a diario. Ahora sólo nos dejan trabajar un día sí y un día no. Recuerdo que en aquellos tiempos se respiraba arte: teníamos que llegar a las siete de la mañana para coger el mejor sitio posible. Había personas de todas las nacionalidades y nos entendíamos bien. El idioma universal de la cultura tiene estas cosas: que puedes ver conviviendo en paz y armonía a un sirio, un iraquí y un israelí”, recuerda citando a dos compañeros ya fallecidos.

Las ordenanzas municipales han ido acorralando a los artistas. En 2000 se redactó la penúltima regulación, que impuso hasta el tipo de parasoles o taburetes que debían usar los pintores.

Luego se organizó un concurso para otorgar las licencias a los artistas. O mejor dicho para retirarlas porque el número de autorizaciones disminuyó.

Los polémicos castings de pintores tuvieron lugar en 2007 y apartaron de la Rambla a algunos dibujantes históricos. “Cuando yo llegué había una asociación de artistas. Ahora somos tres pero no hay entendimiento. Ni se preocupan por nosotros ni establecen relaciones con el ayuntamiento ni fomentan las exposiciones”, se queja Fouad, que reivindica que las instituciones “cuiden el arte para que la Rambla tenga vida”.

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Una gran alcantarilla

Esa vida de la que habla Aboussada no acompaña a la Rambla desde su origen. En sus inicios, el paseo más célebre de Barcelona no era más que un torrente por el que discurrían las aguas fecales que desembocaban en el mar. Sólo dejó de ser una gran alcantarilla en torno a 1440 cuando se desvió su caudal.

Cuentan los historiadores que la Rambla enseguida se convirtió en la zona de paseo favorita de la población pese al perfil macabro de la zona de la Boqueria, que debe su nombre a los boc o cabritos que allí vendían los judíos y donde había instaladas varias horcas para ejecutar a los condenados a muerte.

El día de Santiago de 1835 acontecieron unos hechos que cambiaron para siempre la fisonomía de la Rambla. El detonante fue una corrida de toros celebrada en el desaparecido Torín de la Barceloneta: la primera plaza de toros de España. Los animales seleccionados aquel día salieron especialmente mansos. Aquello caldeó los ánimos de un público ya exasperado a causa de la guerra civil entre liberales y absolutistas y la indignación se tradujo en una manifestación espontánea.

El sentimiento anticlerical de las clases obreras de Barcelona hizo que toda aquella ira se descargase contra los frailes. Les acusaban de quedarse con casi todo el trigo de la ciudad, de haber envenenado el agua y de tener inmovilizado gran parte del suelo urbano con conventos mientras la gente se amontonaba en casas precarias de varias alturas por falta de espacio.

El balance de aquella jornada fueron 12 conventos atacados y cinco destruidos por completo. Aquella revuelta hizo avanzar la desamortización de bienes eclesiásticos, regulada al año siguiente mediante el decreto del ministro Mendizábal, que liberó algunas propiedades del paseo y transformó la Rambla de forma radical.

Desde entonces la Rambla se ha convertido en el espacio de paseo por antonomasia de los vecinos y de los turistas. Cada tramo cuenta con su propia fisonomía e historia. Si se camina siguiendo el curso del agua (de la plaza de Cataluña a Colón), el paseo arranca en la Rambla de Canaletes, que recibe su nombre de su fuente más emblemática. La misma que con el tiempo se ha convertido en el punto de celebración de los títulos del Barça. Por debajo queda la Rambla dels Estudis, que debe su denominación a una antigua universidad, clausurada y convertida en cuartel por Felipe V en 1720. La siguiente zona es la Rambla de les Flors, donde aún se concentra el mayor número de floristerías por metro cuadrado de Cataluña. La parte central es la Rambla dels Caputxins, llamada así porque albergaba un convento de frailes (aquéllos que ardieron después de la fatídica corrida de toros). Esta parte también es conocida como Rambla del Centro y fue la primera zona de paseo de la sociedad barcelonesa.

La última zona es la de Santa Mónica y es la que acoge ahora a los artistas. Pero esto no fue siempre así. Además de los pintores, allí se ubican las estatuas humanas que hasta hace tres años se encontraban en mitad del paseo. La polémica ordenanza municipal las sacó del corazón de la Rambla del centro en 2012. Los artistas, tal y como asegura Aboussada, “cada vez lo tenemos más difícil, somos menos y estamos más controlados”. El sirio tiene la esperanza de que “el nuevo Gobierno municipal que acaba de entrar mejore algunos aspectos. Si no, veremos pronto más vendedores y más terrazas ocupando nuestro espacio y ahí se habrá acabado el arte en la Rambla”.

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A favor de la unión

Fouad Aboussada vive con expectación el proceso independentista en el que se halla sumida Cataluña. Asegura que prefiere que la comunidad autónoma no se separe del resto del país: “Me importa Cataluña y me importa España. No quiero una separación porque todos buscamos ser más fuertes. La fuerza está en la unión”. No obstante, el sirio se define como un demócrata convencido: “Estaré del lado de la decisión que tome la mayoría, porque esa será la visión correcta de lo que queremos”.

Aboussada tiene la percepción de que entre sus conciudadanos independentistas está primando demasiado el factor económico: “Nos dicen que teniendo nuestro propio estado seríamos más ricos y tal vez sea cierto. Pero el dinero no es lo único importante. Ni siquiera es lo más importante. Hay otros factores que conviene tener en cuenta. Yo creo que somos hermanos. Quizás algún día necesitemos la ayuda de Madrid o ellos la nuestra. Soy partidario de la unidad para ser más fuertes”.

Aboussada basa su argumentación en el conflicto que está azotando su país. Le cambia el tono de voz cuando lo aborda y su gesto se vuelve grave: “Siria es ahora un país más dividido que nunca. El Gobierno por un lado, los rebeldes por el otro, el grupo Estado Islámico por otro y los kurdos por ahí. ¿Cuál es el resultado? Millones de personas huyendo del país y muriendo en el intento de marcharse. Al final el pueblo es lo que menos importa. La gente mala tiende a organizarse para evitar que el pueblo decida e imponga la democracia. No comparo nuestra situación con la de Siria, obviamente, pero es un ejemplo de que la unión hace la fuerza”.

Los diarios de la Rambla

Fouad Aboussada tiene a casi toda su familia en Siria y lamenta que no va a poder regresar en mucho tiempo: “Allí tengo todavía muchas obras en algunas galerías y me encantaría volver”.

Por ahora debe quedarse sentado en su taburete de la Rambla de Barcelona, donde se siente a gusto: “Hay gente que no me cree, pero no hago esto sólo por dinero. Me encanta estar en la calle porque me relaciono con las personas, observo las cosas que pasan y las apunto en unas libretas a las que llamo Diarios de La Rambla. Debo de tener como seis blocs llenos de anécdotas y experiencias”.

La última que le ha emocionado tuvo lugar esta misma semana. Enciende su cámara de fotos Panasonic, enseña la imagen de una mujer llorando y explica su historia: “Hace 13 años vino un señor de Carolina del Norte con la foto de su nieto para que yo le hiciera un retrato. Se lo llevó a Estados Unidos y le gustó a toda la familia. Al poco tiempo, ese señor se murió. Su hija tuvo otra niña y quiso que tuviese un retrato como el que yo le hice a su hermanito. Lo intentó con varios pintores estadounidenses pero no le convenció el resultado. Este año ha venido a Barcelona de vacaciones sin saber donde me podía encontrar. Apareció aquí por casualidad. Reconoció la firma en uno de mis cuadros y empezó a gritar y a llorar de alegría. Ha sido una de las experiencias más gratificantes de los últimos tiempos. Como te digo, no es sólo el dinero. Estas cosas te las da el arte y te las da la Rambla”.

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