Minutos antes de disparar el ‘selfie’, Roger Montañola ha pasado por la peluquería para cortarse las greñas. Con ellas y con sólo 24 años entró en el Parlament en las elecciones de 2010. De eso ya hace cinco años. Reconoce que entonces tuvo suerte: fue el último de la lista de CiU en entrar. “Puede que tenga una flor en el culo pero también sé cómo aguantármela”, explica.

Roger Montañola es joven pero no es nuevo. A sus 29 años ha sido diputado en el Parlament de Cataluña durante dos (breves) legislaturas. Ocupa el cargo de secretario de política sectorial en el comité de gobierno de Unió. Pero su explosión política tuvo lugar en junio: a raíz de la ruptura de CiU, fue designado portavoz en funciones de Unió Democrática de Cataluña (UDC), uno de los pocos cargos institucionales que Unió ha conservado después del divorcio de la coalición. El 27 de septiembre el joven de Premià se presenta como número cuatro de la lista de Barcelona. Ya se ha quitado el poso de “promesa”. Ahora busca ganar más poder.

Su interés por la política es precoz. Con 18 años se hizo militante de Unió. Tres años después, fue designado secretario de organización de las juventudes democristianas, Unió de Joves (UJ). El cargo le situaba en la pole position para suceder al secretario general, una posición de poder en las juventudes. Al final ganó la carrera y fue elegido para el puesto en el congreso que se celebró en Badalona en 2009. Montañola y su compañero y amigo Iban Rabasa renovaron la dirección de la UJ y formaron un tándem que revolucionó las juventudes entre 2009 y 2014.

Rabasa era el ideólogo. Montañola, el brazo ejecutor. Juntos acercaron Unió de Joves al sector más oficialista del partido, tradicionalmente mucho más moderado y contemporizador. “Los jóvenes militantes de Unió tenían algún complejo”, dice el candidato. “Querían ser más independentistas que las de ERC o las de Convergència. A menudo increpaban a nuestros dirigentes y hacían sentirles incómodos cuando nos visitaban. Eso sí, después les pedían sitios de responsabilidad. Iban y yo preferimos las reuniones con propuestas al activismo de nuestros predecesores”.

SELFIE2

En 2010 hubo elecciones en el Parlament. Roger reclamó un espacio en la lista electoral en representación de los jóvenes democristianos.Le asignaron el número 35 por Barcelona en las listas de CiU. La coalición sacó 35 diputados. Ni más ni menos. “Ni yo me lo creía”, recuerda. “Al responsable de seguridad le costó el primer día dejarme entrar en el hemiciclo. Me vio demasiado joven. Ni mi abuela daba crédito hasta que un día me vio por televisión”. Durante unos meses alternó el cargo de diputado con el de concejal del ayuntamiento de Premià, donde estuvo cuatro años en el cargo entre 2007 y 2011.

La corta edad de Montañola cotiza al alza en Unió. Hace unos días en el marco de un debate preelectoral en la Universitat Catalana d’Estiu, Montañola bromeaba acerca de sus años: “Me subieron al partido de los mayores para rebajar un poco la media de edad”.

En ese debate sustituyó al número uno de su lista, Ramón Espadaler y se enfrentó a los cabezas de lista de la CUP y de la coalición de partidos de izquierdas Catalunya Sí que es Pot.

El politólogo que juega al golf

Montañola habla mucho. Al abrir la boca, deja al descubierto unos colmillos afilados. Sabe desinflar la agresividad que proyectan sus dientes con un carácter muy extrovertido. Asegura que nunca fue tímido. En el colegio defendía a sus compañeros como delegado de clase. Le gusta tratar con gente. Tal vez por eso se hizo relaciones públicas de la hoy desaparecida discoteca Set59 en el Maresme. Las agallas para convencer a jóvenes con poco espíritu fiestero o a los ciudadanos vienen de su padre, médico de cabecera de un pueblo.

Ya con 18 años entró en la universidad Pompeu Fabra a estudiar Ciencias Políticas. No era el prototipo de estudiante que elige esta carrera: liberal, de aspecto pijo y jugador regular de golf. Reconoce que en esa época hincaba tarde los codos y frecuentaba mucho el bar. Más adelante completó sus estudios con un posgrado de gobernanza local en la Universidad Autónoma de Barcelona y otro de gestión pública en el IESE de Madrid.

Cuando era (más) joven, no participó en ligas de debate universitario como Albert Rivera. Pero sí debatió en las clases de Vicenç Navarro, profesor y coautor del programa económico de Podemos. Recuerda que en su aula hacían siempre tres grupos: , no y abstención. Acto seguido, Navarro proponía los temas. “Intuía dónde podía haber menos gente y me metía allí para poder hablar más”. Entonces empezó a debatir y a empatizar y le tocó defender posturas que muchas veces no eran las suyas. “Me ha ayudado mucho como parlamentario”, confiesa.

El ‘autobombo’

El politólogo admite que usa las redes sociales con fines políticos. Tiene cuentas en Facebook, Twitter e Instagram. En campaña está mucho más pendiente de estas herramientas y publica más. A menudo cuelga selfies con el móvil, comparte noticias y se da bombo tras apariciones en debates o entrevistas en televisión.

Ni siquiera en vacaciones se desconecta del teléfono. En agosto ha tenido sólo cinco días de descanso y los ha pasado en Menorca, donde atendió entrevistas desde la playa.

A menudo aprovecha el móvil para hablar con sus amigos. Una conversación con alguno de ellos le provocó un incidente que acabó en anécdota. El año pasado durante una sesión parlamentaria alguien le hizo saber que le estaba viendo por televisión. Montañola, pensando que nadie se daría cuenta, miró a cámara y guiñó el ojo con tan mala suerte que el programa de humor de zapping catalán APM? lo descubrió y lo dio a conocer a la audiencia de TV3. El momento se puede ver en el minuto 1:30 de este vídeo.

Entre sus mejores amigos se encuentran arquitectos, ingenieros aeronáuticos, empresarios y publicistas. Algunos viven en ciudades como Brisbane, Dubái, Santiago de Chile y Luxemburgo. Hace un mes, Montañola fue a recibir en la isla de Menorca a uno de ellos, que volvía de dar la vuelta al mundo.

Un independentista ‘legal’

Cuando aún existía CiU, Montañola votó Sí-Sí en la consulta no vinculante del 9 de noviembre de 2014. Es decir, votó a favor de un estado catalán independiente. Su madre, su padre y su hermana votaron lo mismo. 

Montañola es socio de la entidad independentista Ómnium Cultural. El día de la entrevista reconoció que no había roto el carnet. Ómnium se presenta a estas elecciones a través de su presidenta Muriel Casals, que dejó el cargo en la dirección para competir como número tres de la lista Junts Pel Sí, que integra a CDC y ERC.

Pese al voto de noviembre, Montañola explica que le gustaría vivir en una Cataluña independiente pero “no a cualquier precio”. El cómo importa. Se siente catalán culturalmente pero administrativamente prefiere formar parte de un cuerpo mayor: el Estado español. Y sobre la independencia recuerda: “Malaui es independiente y nadie conoce a esa república”.

Cuando a Montañola se le pregunta por la relación Cataluña-España, no tarda en dibujar un marco institucional más grande y con más poder real: Europa. Le gustaría vivir en unos Estados Unidos de Europa y no pone techo a sus sueños: le gustaría ser el presidente de la Comisión Europea. “Eso sí, sin 18 jefes de Estado molestando”, apunta sonriendo antes de añadir: “Puede que dentro de 30 años aparezcan españolistas que quieran defender su identidad después de que Europa haya engullido el continente en un todo”. A Montañola le gusta provocar.

El candidato habla castellano, catalán, inglés e italiano. El aprendizaje de esta última lengua lo debe a su novia, a la que conoció hace dos años en una típica fiesta de “jaleo” en Sant Lluís (Menorca). Es una de esas celebraciones de pueblo donde se baila con bambas, pantalón corto y vaso de pomada en mano. Asegura que la pareja de un político “tiene que saber muy bien” dónde se mete: “La política es muy absorbente”.

Montañola estudió unos años en Göteborg (Suecia). El año pasado vivió los fines de semana en París, donde residía su novia. Allí hacía vida de ciudadano: iba al súper o al IKEA si era necesario. Llegó a sumar más de 45 vuelos que se pagaba con su sueldo de parlamentario: casi 3.000 euros al mes con las dietas aparte.

Las elecciones

Hace dos meses volvió de Estados Unidos. Fue elegido para participar durante un mes en el YEL, un programa de jóvenes líderes europeos emergentes. Fue el único representante español. ¿Cómo le eligieron? Me apunta con el dedo y dice: “Así”.

El joven político vuelve a enfrentarse a unas elecciones cinco años después de su salto a la política parlamentaria. Si el próximo 27 de septiembre consigue los votos suficientes y el sistema D’Hont se lo permite, entrará como diputado y seguirá conquistando cotas de poder.

Si por el contrario no entra en el Parlament, avisa que “actualizará el LinkedIn” y el currículum para dar el salto al sector privado. A poder ser a una empresa de tecnología. No quiere ocupar cargos periféricos como asesor. Reconoce que no se le da bien redactar informes: asegura que es un hombre de acción.